domingo, 3 de noviembre de 2024

Economía

Nota:

El presente artículo de nuestro compañero César Risso, ¿Libre Comercio o Dominación Imperialista?, publicado en la edición de diciembre del blog CREACIÓN HEROICA, desenmascara el contenido de los acuerdos de “libre” comercio.

Bajo el amparo legal de la OMC, y con el sometimiento y complicidad de las burguesías nativas de los países dependientes, los acuerdos de “libre” comercio legalizan la explotación comercial de nuestros países, con medidas proteccionistas embozadas de los países industrializados.

11.12.2016

Con este encabezado difundimos por las redes el presente artículo redactado el año 2016. Lo publicitamos nuevamente con motivo del foro APEC que se realizará en nuestro país en los próximos días, con la finalidad de despejar las dudas acerca del carácter imperialista del mismo. Como es evidente, el foro APEC funciona como complemento de la OMC, para eliminar cualquier medida independiente de los países semicoloniales, bloqueando así su posible desarrollo industrial. Aunque esta posibilidad es atajada por la burguesía nativa, sometida a los intereses de los grandes monopolios.

03.11.2024

COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM)

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

 

¿Libre Comercio o Dominación Imperialista? 

César Risso 

LA DECLARACIÓN DE LÍDERES 2016, documento que resume lo discutido en el foro APEC el mes pasado, puede ser considerada como una de las más grandes hipocresías, o expresión de un dogmatismo sin límites. Aunque puede ser una combinación de ambos. 

        Citemos algunos párrafos de la Declaración de APEC, para dar solo una muestra de la embriaguez mental en la que viven estas personas como representantes de los intereses de la burguesía imperialista. 


“[…] nos comprometemos a fortalecer nuestros esfuerzos para garantizar el trabajo decente y la calidad de vida laboral para todos, especialmente para los grupos socialmente vulnerables, proporcionando acceso a educación inclusiva de calidad y a la formación profesional; impulsando el espíritu empresarial; mejorando la protección social; y fortaleciendo la cooperación regional.” 

La solución que proponen es una: libre comercio. Pero se refieren al libre comercio capitalista. 


“Reafirmamos nuestro compromiso de mantener nuestros mercados abiertos y luchar contra todas las formas de proteccionismo reafirmando nuestro compromiso contra el proteccionismo a través de una promesa de estancamiento que acordamos extender hasta finales de 2020 y revertir medidas proteccionistas y distorsionadoras del comercio que debilitan comercio y frenan el progreso y la recuperación de la economía internacional.” 

        ¿Cuál es el fondo de estas reuniones y discusiones? 

        Salta a la vista que el papel de estos eventos no es otro que el de desarrollar una propaganda mundial para convencernos de que el libre comercio en particular y el capitalismo en general, son la solución a todos los problemas. Pero lo que no dicen es que la mayoría de estos problemas que pretenden resolver han sido creados por el capitalismo, y aquellos que el capitalismo no ha creado, han sido agudizados por este sistema económico. 

        Libre comercio, libre inversión, libre mercado, etc., en una palabra, liberalismo o neoliberalismo. Esto es, capitalismo sin ningún tipo de control ni restricción. En otras palabras, y para que se entienda con toda claridad, el neoliberalismo es la libertad absoluta de los capitalistas para explotar a los trabajadores y a naciones enteras. 

        La propuesta de Donald Trump, de cuestionar el TPP, ha sido interpretada como proteccionismo. Como consecuencia de esta interesada interpretación, el libre comercio se nos presenta como una política consecuente, por la cual deben luchar los pueblos, sobre todo, de los “países en desarrollo”. Se traslada así la lucha contra los acuerdos comerciales que someten a las economías de los países dependientes, dominados por el imperialismo, que son una de las formas de explotación de nuestros pueblos, hacia la defensa, precisamente, de los acuerdos comerciales. Es decir, se nos hace defender uno de los grilletes que el imperialismo nos impone. 

        En este sentido, el presidente de Santo Domingo, Danilo Medina, manifestó en la ONU que: 


“tras más de medio siglo en que todo el mundo se protegía de todo aquello que otros países podían producir mejor, ahora los países desarrollados se niegan a reducir el proteccionismo al interior de sus fronteras”.

 

“Al tiempo que los tratados de libre comercio se lo exigen a su contraparte de los países en vías de desarrollo, se quiere que nosotros, los países en vías de desarrollo eliminemos la protección a los bienes industriales, pero ellos no eliminan los subsidios agrícolas”.1 

Señaló también, Danilo Medina, que Estados Unidos destinará 97,800 millones de dólares anuales durante los próximos cinco años para subsidiar su agricultura, y que la Unión Europea, entre los años 2014 y 2020, utilizará 408 mil millones de euros para subsidiar su agricultura. 

        Con este multimillonario proteccionismo a su actividad agrícola los países industrializados nos imponen su libre comercio, es decir, la apertura comercial de nuestros países para que con sus excedentes agrícolas subsidiados destruyan nuestra actividad agrícola, y así cambien nuestra dieta alimentaria para hacernos más dependientes. 

        Los subsidios constituyen uno de los mecanismos que utilizan los países imperialistas para controlar el comercio mundial. Otros mecanismos están dados por las medidas fitosanitarias, las normas de etiquetado, y otros controles administrativos. De modo que los acuerdos de libre comercio no tienen nada de libres. 

        Otro mecanismo de dominio imperialista en el ámbito comercial es el de las patentes. Estas dan derecho exclusivo de producción y comercialización de las mercancías protegidas por patentes durante un periodo de 20 años. Esta situación de monopolio legal, amparado por la OMC, permite que los medicamentos se vendan a precios elevados. Pero además, en los acuerdos comerciales se reduce o elimina la importación de medicamentos genéricos, que ya no están protegidos por patentes y que se venden a precios bajos, para que se importen únicamente medicamentos de marca, esto es, protegidos por patentes, cuyos precios son significativamente mayores que los precios de los medicamentos genéricos. 

        Las consecuencias de este manejo de las patentes en los acuerdos comerciales trae como consecuencia la reducción del consumo de medicamentos, con las consecuencias de todos conocidas. 


“Por ejemplo, un estudio concluyó que la extensión del plazo de las patentes generaría en Colombia un aumento de 329 millones de dólares en los gastos farmacéuticos y una reducción de siete por ciento en el consumo de fármacos en 2025.”

 

“Con respecto al posible impacto del TPP, un estudio realizado por investigadores de Australia y Estados Unidos calcula que, en Vietnam, el gobierno solo podría brindar terapia antirretroviral a 30 por ciento de quienes viven con VIH (virus de inmunodeficiencia humana), frente al actual 68 por ciento, ya que el costo anual del tratamiento por persona subiría de los 127 dólares actuales a 501 dólares con la propuesta de Washington.”

 

“El impacto negativo de las normas de estos TLC -conocidos como TRIPS+- en el acceso a los medicamentos se confirmó incluso en países industrializados que no son exportadores netos de derechos de propiedad intelectual, como Australia y Canadá.”2 

Los perdedores en los acuerdos comerciales son los pequeños productores de los países “en desarrollo”. El caso de México, y el de Colombia, entre otros muchos, es aleccionador. 


“Dos estudios encargados por Oxfam demuestran que tras 2 años de vigencia del TLC con EE.UU, el déficit de la balanza comercial agrícola creció algo más del 300% (sin incluir flores, café y banana). Así lo confirman los agricultores: ‘En el campo no va a quedar nadie, el campo de Colombia se está acabando’.”3 

Otro aspecto del comercio entre países industrializados y países dependientes, es el del trasvase de valor de los últimos hacia los primeros. Basándose en la diferente productividad del trabajo, los países industrializados se apropian, a través del comercio, de mayores porciones del valor creado por los países dependientes. 

        Cuando comercializamos con países industrializados, lo que ocurre es que las mercancías que nos entregan a precios altos, se las cambiamos por mercancías que producimos a precios bajos, pero entregando (vendiendo) mercancías que contienen más horas de trabajo que las que recibimos en las mercancías de los países industrializados. 

        De modo que los acuerdos comerciales no son de “libre comercio”, sino de agudización de la dominación de nuestros países. 

        El libre comercio debe consistir, en las condiciones actuales, es decir en el marco del dominio del capitalismo, en la posibilidad de que las burguesías de los países dependientes puedan cumplir con la tarea de industrializar a sus países. Esta es la tarea que en la línea de progreso de la humanidad le ha correspondido a la burguesía. Pero resulta que con el advenimiento del imperialismo, las burguesías nativas de los países dependientes, se han desmarcado de la tarea histórica de industrializar a sus países, pues están sometidas a los intereses de la burguesía imperialista, parasitando de las migajas que esta les arroja. 

        En consecuencia, la posibilidad del libre comercio está dada por la superación del sistema capitalista. La libertad de comercio en el momento actual, solo puede ser una consigna que se podrá materializar con el socialismo.

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(1) http://www.elcaribe.com.do/2016/09/22/medina-queja-por-potencias

(2) http://www.ipsnoticias.net/2015/10/el-tpp-y-las-barreras-que-limitan-el-acceso-a-los-farmacos/

(3) https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2015-04-29/la-quiebra-del-agro-en-colombia-por-el-tlc-las

Internacionales

¡Después de un Año de Guerra en el Oriente Medio!

Mahmoud Elalwani

LA GUERRA EN PALESTINA entra en su segundo año, se ha extendido al Líbano y todavía parece estar en sus comienzos. Durante este año, los líderes de las grandes potencias se apresuraron a brindar apoyo al Estado ocupante de Israel y le otorgaron legitimidad para hacer lo que considerase oportuno bajo el lema del derecho a la autodefensa.

El molino de guerra sigue funcionando tal y como comenzó el primer día, matando a personas inocentes sin piedad y sin moral. Ha quedado claro que la progresión de la guerra, su expansión al Líbano y su posible extensión no constituyen una preocupación para algunos de los países occidentales y regionales más poderosos e influyentes en la política regional e internacional.

La situación actual exige mirar la escena con realismo político, teniendo en cuenta el equilibrio de poder político, militar y económico. La continuidad de la destrucción y de las matanzas en Gaza y Cisjordania, así como su extensión al Líbano sin un movimiento internacional serio para frenarlo, solo significa una cosa: existe un proyecto acordado entre Estados Unidos y algunos países occidentales para controlar el mundo árabe, y la herramienta para su implementación es el Estado ocupante de Israel con todos los elementos de poder militar que posee y con apoyo político, militar y económico ilimitado de los países que participan en el proyecto, cada uno según su capacidad y con los instrumentos que posee. El motivo por el que el Estado ocupante de Israel acepta la implementación del proyecto es porque con él consigue lograr sus intereses y sus aspiraciones estratégicas de expansión geográfica y económica en la región.

El Estado ocupante de Israel no emprendió un proceso de implementación de esta magnitud y con esta fuerza bruta hasta que obtuvo la aprobación y todas las garantías por parte de todos los países participantes en el proyecto y hasta tener garantizados la seguridad del suministro militar y el apoyo económico. Está claro que los socios se han comprometido a llevarlo a cabo y que por ahora su plan funciona. La enorme magnitud de las pérdidas humanas y materiales resultantes de esta guerra no parece sensibilizar a ninguno de los socios del proyecto; a pesar de las pruebas presentadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, de las pérdidas humanas y de la destrucción generalizada, no se ha adoptado ninguna posición seria a favor de un alto el fuego.

Israel realiza pequeños actos para acallar a la comunidad internacional y evitar objeciones, pero sigue avanzando hacia el gran objetivo acordado entre los socios del proyecto. Un ejemplo de estos actos es el de permitir una mínima ayuda humanitaria al norte de Gaza y una operación limitada en el sur del Líbano.

Paralelamente, los israelíes están tratando de volver a comercializar el concepto del ‘nuevo Medio Oriente’, están tratando de volver a implantarlo en el contexto de las repercusiones que consideran que tendrá la guerra en Gaza, en el Líbano y en una posible guerra iraní-israelí. Netanyahu parece estar en un camino sin salida; llegó a su gobierno para avanzar hacia una mayor incursión e invasión de las capitales árabes en lugar de ir hacia la paz. En la perspectiva que dibuja Netanyahu cuando dice que hay que cambiar la faz del nuevo Medio Oriente, se refiere a un Medio Oriente sin fuerzas que se opongan a la ocupación y de países que estén de acuerdo con ella, es un Medio Oriente a la carta de Israel.

Actualmente, el jefe del gobierno fascista de Israel volvió a presentar su visión de un ‘nuevo Oriente Medio’ basado en la eliminación de Palestina como estado y entidad mientras construye un “sistema completo de asentamientos” en Cisjordania y Jerusalén que sirvan como muro frente a cualquier posibilidad de existencia del Estado de Palestina y como parte de su proyecto de un “Israel ampliado” que supera sus fronteras reconocidas por las Naciones Unidas. Se van perfilando los rasgos de un futuro próximo en la región basado en una “gran integración” impuesta militarmente, sin resolver el conflicto en su esencia, solo a través de la destrucción y por la fuerza.

En cualquier caso, la paz no puede imponerse por la fuerza, con la destrucción y aniquilación de seres humanos y de todos los aspectos de la vida de los pueblos de Palestina y del Líbano de la que el mundo entero está siendo testigo directo. La generación que ha sufrido esta barbarie sin ningún partidario o ayudante que haya impuesto el cumplimiento del derecho internacional no olvidará ni perdonará, no aceptará la existencia de la ocupación y querrá tomar venganza para obtener sus derechos nacionales, lo que dificultará todavía más la aprobación de cualquier proyecto de normalización e integración para Israel en el Medio Oriente, este no será posible sin una paz justa que permita al pueblo palestino tener sus derechos nacionales y su autodeterminación.

 

 

Nota: A continuación publicamos un texto de la compañera Yohanelis Gutiérrez sobre el bloqueo económico que sufre Cuba por parte de los Estados Unidos. La importancia del texto radica en que trata de un mecanismo fundamental a través del cual se expresa la dominación imperialista de Estados Unidos hacia los pueblos del mundo: las sanciones económicas, comerciales y financieras a todos aquellos países que se atreven a desafiar su poder. Estas sanciones violan flagrantemente el derecho internacional, buscan frustrar los proyectos de desarrollo económico autónomo de los pueblos que quieren liberarse de su sometimiento y dependencia respecto al imperio y constituyen crímenes de lesa humanidad que deben ser detenidos. En el mes de octubre Cuba ha sufrido de un apagón masivo que ha detenido parte de su sistema productivo, además de que se continúa privando a la población del acceso a alimentos y medicamentos. Recientemente 187 países han votado contra este bloqueo criminal a Cuba, en la Organización de las Naciones Unidas. Desde Creación Heroica exigimos también que cese el bloqueo económico contra Cuba.

El Comité de Redacción

 

El Bloqueo Imperialista de Estados Unidos Contra Cuba

Yohanelis Gutiérrez(*)

LOS ESTADOS UNIDOS LE HAN IMPUESTO a Cuba un bloqueo económico y comercial con el objetivo de estrangular la economía cubana y buscar que el reaccione en contra del proceso revolucionario. Estados Unidos ha impuesto medidas arbitrarias y unilaterales contra Cuba sin que existiera una resolución, sin que existiera un documento firmado, en fin. Pero esto tiene su explicación en el proceso de la nacionalización que lleva la Revolución Cubana en su triunfo, en 1959, el 1° de enero. Fidel nacionaliza en su proyecto, como primer ministro del país, nacionaliza las empresas norteamericanas que existían en el país. 

            La Fruit Company, entre otras, que tenían la mitad del país, la Fruit Company tenía y dominaba los campos de Cuba, casi el 100%. Y era totalmente latifundista el proceso agrícola en Cuba, lo cual se cambia el 17 de mayo de 1959 con la ley de reforma agraria y con la ley de nacionalización en el país, el proceso auténtico de la Revolución Cubana y comienza un rumbo de socialismo en Cuba, que los yanquis jamás entendieron ni aceptaron. Y por eso, en 1961, se comienza a manipular con el gobierno de Kennedy, todo el proceso de bloquear a Cuba de una manera arbitraria y unilateral.

No es hasta el 7 de febrero, en la madrugada, a las 12 y un minuto, fíjense lo que estoy aportando, datos históricos, a las 12 y un minuto del 7 de febrero de 1962, Kennedy firma ante el Congreso de los Estados Unidos el bloqueo unilateral y permanente hacia la isla de Cuba. Por tanto, nuestro bloqueo data de 60 años, y es un país [Cuba] que sí ha resistido los resolutivos de los Estados Unidos y el Congreso norteamericano, más allá de cualquier administración, un bloqueo rancio, ilegal, oportunista, en busca de que claudique la Revolución Cubana. Y todo pasa porque no aceptaron jamás una revolución auténtica, socialista a 90 millas de su Estado, porque Cuba no tiene petróleo como Venezuela.

Por tanto, los intereses pasan por el concepto ideológico, por lo que Cuba defiende y lo que representa Cuba a nivel de América Latina y a nivel del mundo a escala global. Yo creo que siempre trato en estos espacios de resaltar los aportes del Comandante en Jefe [Fidel Castro Ruz] y su aporte fundamental en la política exterior fue no aislar a Cuba. El proceso, ante esa medida que unilateralmente toman los Estados Unidos en 1962 a las 12 de la noche de aquel 7 de febrero, Fidel le hace un contraplano a los Estados Unidos. Nos bloquean, y automáticamente Fidel comienza una estrategia de política exterior para no aislar a Cuba, que era el primer proceso de un bloqueo. El primer proceso de un bloqueo, el primer objetivo es aislar al país, que no se lo reconozca internacionalmente, que no comercialice con los países que son de la escala global. Y eso lo comenzó a hacer los Estados Unidos desde el año 1962 de manera descarada contra Cuba, un gobierno soberano e independiente.

Yo no me sé las cifras así tan bien como se las sabe César [el embajador venezolano en Bolivia, César Trompiz, ponente también en el seminario]. Yo eso sí, lo traigo bien apuntado, porque realmente no me lo sé de memoria. Pero a Cuba le ha costado 60 años de resistencia, donde Cuba todavía cohabita. Esos artículos que ya están en desecho en Unión Soviética, pues Cuba vive todavía después de 60 años, porque la resistencia nos ha hecho reciclar ante la alternativa de poder resistir.

El bloqueo, el bloqueo de Cuba, quiero decir en este espacio, quede claro para los periodistas que están presentes y otras personas que nos acompañan, el bloqueo de Cuba no es un tema bilateral con los Estados Unidos. No es diferente con los Estados Unidos. El bloqueo contra Cuba es un proceso que es extraterritorial. No solo perjudica las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, sino con Cuba y todos los países del mundo. En 1992, por primera vez, se presenta en las Naciones Unidas el resolutivo en levantamiento del bloqueo y comienza el mundo a conocer la realidad cubana. Después de casi 40 años frente a la revolución, resistiendo el proceso, el proceso de bloqueo y atentados terroristas contra Cuba, terrorismo de Estado contra Cuba.

En el 92 comienza la primera resolución y desde el 92 hasta nuestros días, Cuba presenta siempre en septiembre las Naciones Unidas su resolución en contra del bloqueo, que como ustedes conocen, siempre ha sido respaldada a nivel internacional.

En el 2014 se dio un hecho histórico para la resolución del bloqueo, porque por primera vez en el 2014 en Naciones Unidas se votan los 192 Estados miembros del mundo en contra del bloqueo, excepto la abstención de Estados Unidos e Israel, como todos ustedes conocen. Fue el año donde Cuba tuvo todos los votos a favor y eso marca un antes y un después de esa resolución de 2014. ¿Por qué pasa esto? En 2014, como ustedes conocen, el 17 de diciembre, Cuba reanuda sus relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, con el mandato de Barack Obama, y eso trajo dinámicas a lo interno de la política exterior entre Cuba y Estados Unidos, que condujo a un diálogo que ya se había comenzado desde el 2013, y un diálogo dirigido por nuestro comandante en jefe, por Raúl Castro, para poder hablar donde Chávez, por supuesto, tenía también peso y era un gran amigo de Cuba. En el 2013 se muere el comandante Chávez y en el 2014 él no pudo ver aquel paso histórico de Cuba de reanudar relaciones con los Estados Unidos.

Comenzamos a acercarnos a un diálogo, yo creo que en igualdad de condiciones, porque Cuba lo dispuso siempre así, porque hasta ese minuto todas las mesas de negociación eran asimétricas a favor de los Estados Unidos, contra un Estado tan pequeño como Cuba, y nosotros comenzamos a avanzar en las relaciones bilaterales con los Estados Unidos y en diálogos de conversación migratoria y en todos los sectores, impulsamos intercambios desde el punto de vista médico, desde el punto de vista educativo, deportivo, cultural, en fin. Después llegó el gobierno de Trump y echó por tierra todo lo que se había avanzado desde un diálogo constructivo en las relaciones Cuba-Estados Unidos. Hoy estamos frente a un gobierno de Biden, cada vez más, yo diría, descabellado, un gobierno que actúa sin compromiso político con ningún Estado, que actúa de manera totalmente descolocada en materia de política exterior.

Nunca sabemos por dónde va Biden y qué piensa hacer. Estamos frente a una era de elecciones en los Estados Unidos, donde todo parece indicar, los escenarios apuntan hacia un regreso del trumpismo, que fue tan duro para el mundo. Y aunque el trumpismo, aunque hay otras luces y señas que pudieran también cambiar de escenario si se lograra un milagro en lo interno de los Estados Unidos.

El bloqueo a Cuba le ha costado en materia de exportaciones y servicios USD 40.427,5 millones en pérdidas. Y por la ubicación geográfica de nuestro comercio, USD 19.592 millones. Afectaciones a la producción y los servicios básicos, USD 2.866,2 millones, sin contar las vidas humanas.

Y en materia de salud pública, el impacto es significativo porque tenemos enfermedades como el cáncer, por ejemplo, donde podemos llegar a acceder a los productos norteamericanos para salvar vidas a menores de edad y al adulto mayor, y no podemos, por el injusto bloqueo. Yo creo que el ejemplo de Cuba es totalmente diferente al resto de los dos estados que nos acompañan [se refiere a Nicaragua y a Venezuela], que han dado sus expresiones.

Cuba ha resistido 60 años, acompañado con el 2021. Además, el 2021 nos incluyen también de forma arbitraria en la lista de patrocinadores, de estados patrocinadores del terrorismo. Cuando todos conocemos que Cuba no patrocina ningún terrorismo y que tiene claras sus posiciones con respecto a este flagelo.

Cuba es el único país de América Latina que ha firmado los 19 resolutivos en contra del terrorismo y los mantiene, los afirma en materia de derecho internacional y defensor de todo esto en la escala multilateral. Y entonces es una más de las medidas que Estados Unidos les impone de forma arbitraria a Cuba para aislarla y a someterla a hambre en busca de un cambio que ellos llaman cambio democrático en un país donde hay una revolución socialista absoluta, marxista y con una oportunidad histórica del pensamiento de Fidel, donde eso no va a variar por muchos intentos de doblegarnos. Yo creo que esa es la esencia para no agobiarlo, porque el tema bloqueo tiene muchas cosas específicas, que estaríamos aquí hasta mañana para explicar cada ley.

La ley Torriceli fue el antecedente de la ley Helms-Burton y así las medidas coercitivas del gobierno de Trump con sus 243 medidas sobre la ley Torriceli y la ley Helms-Burton, que lo único que preside es la persecución financiera de los activos cubanos y la persecución en materia de política exterior al papel que Cuba juega a nivel internacional. Esta es la esencia del bloqueo que lo he tratado de explicar sin muchas resoluciones ni muchos conceptos del derecho internacional para que ustedes puedan llevarse de una manera concreta de qué estamos hablando. Y entonces, como les decía, desde 1962 hasta nuestros días, Cuba padece de un bloqueo hostil, ilegal, con un impacto extraterritorial que, por supuesto, somete a Cuba a unas relaciones comerciales casi siempre, casi leonianas con respecto al resto de los países, porque no nos permite comercializar. Quien comercialice con Cuba es sancionado también. El banco que nos dé préstamos es también sancionado, también el amigo Venezuela que nos da petróleo para ayudarnos, sancionan los barcos en mar.

Las navieras son sancionadas por comercializar con Cuba, así con Argelia, así con Rusia, así con los países de los Emiratos del Golfo. Todo el que quiera ayudar a Cuba es sancionado. Y entonces es una política de persecución implacable donde un país tan pequeño de 12 millones de habitantes no lo puede resistir.

Estamos en un momento realmente muy difícil de total resistencia y cada vez se le pide al pueblo más resistencia. Y eso unido a un proceso de desestabilización política o en busca de desestabilizar a Cuba, donde se pagan millones y millones de dólares para desarticular un proceso como el de la Revolución Cubana, es la realidad que Cuba enfrenta todos los días, todos los días. Entonces agradecer estos espacios para que ustedes conozcan de primera mano otra versión de la que se vende en los medios y en Internet.

Muchas gracias por esta oportunidad.

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(*) La compañera Yohanelis Gutiérrez es Encargada de Negocios a.i. de la Embajada de Cuba en Bolivia. El presente texto es el contenido de su exposición en el marco del seminario “La singularidad en la resistencia al bloqueo económico de Estados Unidos”, organizado por el Círculo de Estudios René Zavaleta Mercado y la Universidad Unión Bolivariana.

 

 

Desafíos y Peligros en el Oriente Medio

Mahmoud Elalwani

LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO en Medio Oriente es un proyecto estadounidense-occidental-regional, no es un acontecimiento aislado de la guerra que se desarrolla entre Rusia y la OTAN en Ucrania o de las alianzas chino-rusas y norcoreanas.

El evento que podría hacer estallar Medio Oriente, el Sudeste Asiático y Europa y conducir a una guerra regional o tal vez a una guerra mundial que está muy cerca, depende de la política de Netanyahu y de la nueva administración estadounidense, cuyos objetivos seguirán marcando y determinando la siguiente etapa.

El Proyecto del Nuevo Oriente Medio es un plan para fortalecer el control unipolar estadounidense sobre la región para garantizarse su sostenibilidad, y su riqueza, allanando el camino para el control del Estado israelí de ocupación y su penetración en Oriente Medio sirviendo a sus intereses y a los intereses de su patrocinador. La gran pregunta es: ¿podrán el eje de ocupación israelí y sus socios imponer este proyecto?

Todo indica que en este momento no hay lugar para soluciones políticas. El conflicto se encuentra ahora en la etapa cruel porque nadie aceptará salir públicamente derrotado de esta guerra. Estos días la región manifiesta un desgaste político y militar pero el actor más importante, Estados Unidos, no ejerce ninguna presión sobre Israel porque es el patrocinador del proyecto, y sus movimientos diplomáticos están cuidadosamente calculados en estos días previos a las próximas elecciones de principios de noviembre.

Desde que comenzó la guerra, Estados Unidos ha estado gestionando el conflicto a través de negociaciones e iniciativas relativas a acuerdos de alto al fuego e intercambios de prisioneros, pero no para encontrar soluciones al conflicto sino con la intención de dar a Israel la oportunidad de avanzar en la implementación del proyecto. Todo lo que hemos oído sobre los acuerdos de intercambio de prisioneros eran botes de humo, realmente la supervivencia de los rehenes en Gaza no le importa al Estado de Israel ocupante porque si se pone fin a este “pretexto”, no quedará ninguna justificación para continuar las operaciones militares con esta virulencia y, por lo tanto, no se lograría el objetivo previsto en el proyecto.

La situación actual indica que aún estamos lejos del fin de esta guerra injusta a pesar del gran número de víctimas, de la destrucción masiva y de las condiciones de vida infrahumanas que vive el pueblo palestino. Desgraciadamente esto significa que pasarán meses antes de que las bombas dejen de destruir, durante los cuales caerán más personas inocentes, muchas resultarán heridas y todos los ciudadanos pasarán un sufrimiento indescriptible.

El mundo occidental, que dice ser libre y que se ha autoproclamado como juez en la tierra arrogándose el derecho a implementar sus políticas coloniales frente a los pueblos oprimidos que luchan por una vida digna y por escapar de todas las restricciones del colonialismo, denomina a esta lucha terrorismo. Han utilizado y siguen utilizando todo de tipo de armas internacionalmente prohibidas contra el pueblo palestino que lleva viviendo bajo ocupación desde hace décadas ¿De qué terrorismo hablan? La maldita ocupación que practica las más atroces prácticas de asesinato, desplazamiento, abusos y privación de derechos, ¿es eso inocente?

La ocupación y sus aliados son el terrorismo y son la causa de todos los problemas que sufre el pueblo palestino. Cualquiera que siga la historia sabe muy bien que imperios más grandes y más fuertes que el sistema sionista y sus partidarios colapsaron mientras los pueblos permanecían vivos. La historia se repetirá con la desaparición de la ocupación, y el pueblo palestino seguirá vivo en su tierra en libertad y dignidad bajo su Estado independiente como el resto de los pueblos de la Tierra.

Los discursos occidentales sobre la difusión de la democracia y las libertades en el mundo árabe no son más que una herramienta para lograr sus ambiciones neocoloniales; suponen una edición moderna del proyecto para dividir los países árabes y fragmentarlos en grupos étnicos, religiosos, en cantones y en pequeños Estados sectarios para poder instaurar la teoría del “caos creativo” que ponga de manifiesto una fuerte evidencia de la división de la región que sirva como excusa para imponer una situación geopolítica funcional después de destruir o neutralizar los gobiernos existentes, con el fin de establecer un sistema político nuevo y eficaz para sus intereses.

De hecho, todos los cambios e interacciones que están teniendo lugar actualmente en el Medio Oriente apuntan hacia dónde pueden conducir estos hechos a corto plazo en la región. La gran diversidad existente: numerosos partidos políticos, intereses dispares, fuerzas superpuestas y en conflicto y con una enorme complejidad, no se resolverá aplicando el mismo enfoque al que los tomadores de decisiones estadounidenses han estado acostumbrados durante décadas. Hay puntos críticos que pueden explotar de manera incontrolable, pueden aparecer cambios y sorpresas de un momento a otro, hay alianzas que Estados Unidos no podrá impedir en un momento en el que todos buscan un punto de apoyo. En un mundo que avanza a una velocidad cada vez mayor hacia la multipolaridad y con la multiplicidad de potencias y polos, el nuevo proyecto de Oriente Medio no se logrará según el plan israelí.

 

 

El Mito del Proyecto del ‘Nuevo Medio Oriente’

Mahmoud Elalwani*

SIMÓN PÉREZ PUBLICÓ EN 1992, cuando era ministro de Asuntos Exteriores de Israel, un libro titulado “El Nuevo Medio Oriente” en el que hablaba de las negociaciones de paz que comenzaron en Madrid a finales de 1991 y que desembocaron en los Acuerdos de Oslo de 1993. El libro versaba sobre los horizontes que abrigaría el nuevo Oriente Medio y que conducirían hacia la paz en la región, donde Israel sería el motor, guía y líder para garantizar la seguridad, la prosperidad y la estabilidad de la región. Netanyahu publicó más tarde un libro titulado “Un lugar bajo el sol”, en el que enfatizaba en la construcción de relaciones con los países árabes bajo el control de Israel.

A medida que el genocidio en Gaza entra en su segundo año, los objetivos de Israel son más claros y queda en evidencia la mentalidad colonial impulsada por Benjamín Netanyahu, no sólo a través de sus declaraciones incendiarias, sino a través de sus acciones sobre el terreno. Entre esas acciones, destaca la presentada en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde exhibió un nuevo mapa de Oriente Medio que revelaba su intención de remodelar la región en línea con los intereses de Israel y de su plan de expansión, lo que significa crear una entidad en Medio Oriente como alternativa al mundo árabe. A través de esta estrategia, Israel pretende obtener un control total sobre la tierra histórica palestina para lograr lo que se conoce como el proyecto del “Gran Israel”, mediante el cual los territorios palestinos ocupados quedan abandonados o lo suficientemente debilitados como para imponer un control total sobre ellos. Para algunos sionistas fanáticos y extremistas como Smotrich, el ministro de Finanzas y su colega Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, el objetivo de Israel debe ampliarse a tierras más alejadas como son el Líbano, Jordania, parte de Egipto, Siria, Irak y Arabia Saudita, tal y como queda patente en las fronteras dibujadas en el mapa del Gran Israel que está presente en una de sus monedas nacionales conocido como el shekel.

La idea de un nuevo Medio Oriente no es una idea novedosa creada por Netanyahu, ya en febrero de 2004 el presidente Bush presentó el proyecto del Gran Medio Oriente y en la introducción de su iniciativa, Bush advirtió que el Medio Oriente estaba al borde de la explosión debido al deterioro económico y a la tiranía política y resaltó el peligro que esto representaría para Occidente y sus intereses en la región.

En junio de 2019, el expresidente Trump presentó en Bahréin un plan titulado “Acuerdo del Siglo y el Gran Oriente Medio”, este plan constaba de tres pilares: la economía, el pueblo y el gobierno y se describe a sí mismo como la apertura de un nuevo capítulo en la historia palestina que no tiene nada que ver con la historia anterior de adversidad y pérdidas. De la lectura del plan se desprende claramente que el objetivo es para perpetuar el statu quo existente, la ocupación. En su campaña electoral Trump dijo que cuando se mira el mapa del Oriente Medio se ve Israel ocupando un territorio muy pequeño y que necesita extenderse.

El apoyo estadounidense a estas políticas se manifiesta en un apoyo absoluto a la financiación militar y cobertura política, lo que da a Israel un gran espacio para moverse sin disuasión internacional.

Hoy en día se está discutiendo el mapa del nuevo Medio Oriente y su reestructuración de una forma que se adapte a la ambición estadounidense, occidental e israelí: propiciar la fragmentación y alimentar el sectarismo y la etnicidad en este vasto espacio árabe para que sea más fácil de controlar. El Nuevo Proyecto de Medio Oriente y el proyecto del Gran Israel son dos caras de la misma moneda y todo indica que la derecha religiosa sionista en Israel actualmente está planeando su control más allá de la Palestina histórica.

 

*Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.


Stalin

Stalin. Historia y Crítica de Una Leyenda Negra

(9)

Domenico Losurdo

El ministerio de asuntos exteriores «cierra la ventanilla»

La retórica patriotera y las odas nacionales, en parte "espontáneas", en parte conscientemente azuzadas, habían desembocado en la pesadilla de la guerra imperialista. La necesidad de acabar con todo ello se hace imperiosa. De este modo, en ciertos sectores del movimiento comunista surge un internacionalismo opuesto a todo realismo, y que tiende a liquidar como un simple prejuicio las diversas identidades nacionales. Veamos en qué términos, a comienzos de 1918, Bujarin se opone no solamente a la paz de Brest-Litovsk sino a cualquier intento por parte del poder soviético de utilizar las contradicciones entre las varias potencias imperialistas, estipulando acuerdos o compromisos con una u otra: «¿Qué estamos haciendo? Estamos transformando el partido en un montón de estiércol [...]. Siempre hemos dicho [...] que antes o después la Revolución rusa habría chocado contra el capital internacional. Ese momento ha llegado»126

Se comprenden bien la desilusión y la desazón de un Bujarin que, unos dos años antes, contra la guerra a muerte entre las grandes potencias capitalistas y los diversos Estados nacionales, y contra el viraje chovinista de la socialdemocracia, había defendido la perspectiva de una humanidad finalmente unificada y hermanada gracias a la «revolución social del proletariado internacional, que armado derroca la dictadura del capital financiero». Derrotados, junto a la burguesía, «los epígonos socialistas del marxismo» responsables de haber olvidado u ocultado «la conocida tesis del Manifiesto comunista» según la cuál «los proletarios no tienen patria», «se agota la última forma de limitación de la concepción del mundo del proletariado: su limitación nacional-estatal, su patriotismo»; «surge el lema de la abolición de las fronteras estatales y de la convergencia de los pueblos en una única familia socialista»127.

No se trata de la fantasía de una única persona. Al asumir el cargo de comisario del pueblo para asuntos exteriores, Trotsky había declarado: «Emitiré alguna proclama revolucionaria a los pueblos del mundo, después cerraré la ventanilla»128. Con la llegada, sobre las ruinas de la guerra y siguiendo a la revolución mundial, de una humanidad unificada a nivel planetario, el primer ministerio en mostrarse superfluo habría sido el que normalmente se ocupa de las relaciones entre los diferentes Estados. Respecto a esta perspectiva tan exaltada, ¡cuán mediocres y degenerados parecían la realidad y el proyecto político subrayados por las negociaciones de Brest-Litovsk, con el retorno de los límites estatales y nacionales, y con la reaparición incluso de la razón de Estado! No pocos militantes y dirigentes bolcheviques viven este acontecimiento como el derrumbe, es más, como el abandono vil y traicionero, de todo un mundo de ideales y esperanzas. Desde luego, no era fácil resistir al ejército de Guillermo II, pero ceder al imperialismo alemán solamente porque los campesinos rusos, mezquinamente apegados a sus intereses e ignorantes de las tareas impuestas por la revolución mundial, rechazaban continuar combatiendo... ¿no era la prueba de la incipiente «degeneración campesina de nuestro partido y del poder soviético»? A finales de 1924 Bujarin describe el clima espiritual dominante en tiempos de Brest-Litovsk entre «los comunistas de izquierda "purasangre"» y los «ambientes que simpatizaban con el camarada Trotsky»: se distinguió en particular el «camarada Riazanov, que entonces salió del partido porque en su opinión habíamos perdido la pureza revolucionaria»129. Más allá de las personalidades individuales, son importantes organizaciones de partido las que declaran: «En interés de la revolución internacional consideramos oportuno admitir la posibilidad de perder el poder soviético, que se está convirtiendo ahora en algo puramente formal». Se trata de palabras «extrañas y monstruosas» a ojos de un Lenin130 que, rodeado por la sospecha o acusación de traición, llega incluso a ser el objetivo de un proyecto —por poco claro que resultara— de golpe de Estado por parte de Bujarin131. Se requiere todo el prestigio y toda la energía del gran dirigente revolucionario para superar la crisis. Esta, sin embargo, retorna algunos años después. Con la derrota de los Imperios centrales y la irrupción de la revolución en Alemania, Austria, Hungría, y su prepotente acercamiento a otros países, la perspectiva de la que los bolcheviques tuvieron que despedirse en BresthLitovsk parece volver a adquirir nueva actualidad. Al concluir el I Congreso de la Internacional comunista, es el mismo Lenin el que declara: «La victoria de la revolución proletaria en todo el mundo está asegurada. Se aproxima la fundación de la República soviética internacional». Por tanto, a la inminente derrota del capitalismo a escala mundial le habría seguido rápidamente la fusión de las diversas naciones y los diferentes Estados en un único organismo: ¡de nuevo el ministerio de asuntos exteriores estaba a punto de quedar obsoleto!

El ocaso de estas ilusiones coincide con la enfermedad y la muerte de Lenin. Mucho más grave es la nueva crisis por el hecho de que ahora, dentro del partido bolchevique, falta una autoridad indiscutida. Desde el punto de vista de Trotsky y de sus aliados y seguidores no puede haber dudas: lo que prescribía la elección del «socialismo en un sólo país», con el consiguiente abandono de la idea de revolución mundial, no era el realismo político y el cálculo de las relaciones de fuerza, sino solamente la rutina burocrática, el oportunismo, la cobardía; en última instancia, la traición.

El primero en recibir esta acusación es Stalin, que desde el comienzo había dedicado una atención muy especial a la cuestión nacional, con miras a la victoria de la revolución a nivel internacional, pensando antes en Rusia. Entre febrero y octubre de 1917 había presentado la revolución proletaria como el instrumento necesario no solamente para construir el nuevo orden social sino también para reafirmar la independencia nacional de Rusia. La Entente intentaba obligarla por cualquier medio disponible a continuar combatiendo y a desangrarse, e intentaba igualmente transformarla de algún modo «en una colonia de Inglaterra, de América y de Francia»; peor aún, se comportaba en Rusia como si estuviese «en África central»132; de esta operación eran cómplices los mencheviques, que con su insistencia en la continuación de la guerra se plegaban al Diktat imperialista, se dirigían hacia la «venta gradual de Rusia a los capitales extranjeros», llevaban al país «a la ruina» y se revelaban por tanto como los auténticos «traidores» de la nación. En contraposición a todo ello, la revolución que debía realizarse no solamente promovía la emancipación de las clases populares sino que abría «el camino hacia la liberación efectiva de Rusia»133.

Después de Octubre, la contrarrevolución desencadenada por los Blancos, apoyados o aguijoneados por la Entente, también había sido derrotada gracias al llamado de los bolcheviques al pueblo ruso para rechazar la invasión de potencias imperialistas decididas a reducir a Rusia a colonia o semicolonia de Occidente: es por esto que al nuevo poder soviético le habían dado su apoyo también oficiales de extracción noble134. En la defensa de esta línea se había distinguido de nuevo Stalin, que había descrito así la situación durante la guerra civil:

La victoria de Denikin y de Kolcak significa la pérdida de la independencia de Rusia, la transformación de Rusia en una copiosa fuente de dinero para los capitalistas anglofranceses. En este sentido el gobierno Denikin-Kolcak es el gobierno más antipopular y más antinacional.

Y en este sentido el gobierno soviético es el único gobierno popular y nacional en el mejor significado del término, porque este lleva consigo no solamente la liberación de los trabajadores del capital, sino también la liberación de toda Rusia del yugo del imperialismo mundial: la transformación de Rusia de colonia a país libre e independiente.

En los campos de batalla se enfrentaban por un lado «oficiales rusos que se han vendido, han olvidado a Rusia, han perdido su honor y están listos para pasar al lado de los enemigos de la Rusa obrera y campesina»; por el otro los soldados del Ejército rojo, conscientes de «luchar no por los beneficios de los capitalistas, sino por la liberación de Rusia». Desde esta perspectiva, lucha social y lucha nacional se entrelazan: sustituyendo a la «unidad imperialista» es decir a la unidad basada en la opresión nacional una unidad fundada en el reconocimiento del principio de igualdad entre naciones, la nueva Rusia soviética habría puesto fin a la «disgregación» y a la «completa ruina» que había supuesto la vieja Rusia zarista; por otro lado, incrementando su «fuerza» y su «peso», la nueva Rusia soviética habría contribuido al debilitamiento del imperialismo y a la causa de la victoria de la revolución mundial.135

Sin embargo, cuando la guerra civil y la lucha contra la intervención extranjera estaban yendo hacia mejor, se había difundido la ilusión de una rápida expansión del socialismo al ritmo de los éxitos del Ejército rojo y de su avance más allá de los límites sancionados por Brest-Litovsk. Gracias a su realismo y sobre todo a su aguda sensibilidad por la cuestión nacional, Stalin había señalado los peligros derivados del internarse en profundidad dentro de territorio polaco:

La retaguardia de los ejércitos polacos [...] difiere notablemente de las de Kolcak y Denikin, en favor de Polonia. A diferencia de las retaguardias de Kolcak y Denikin, las de las tropas polacas son homogéneas y de una única nacionalidad. De ahí su unidad y su estabilidad. En el espíritu de sus pueblos predomina el "sentimiento patriótico", que se transmite al frente polaco por numerosas vías, generando en las tropas unidad nacional y firmeza.

Por tanto, una cosa era derrotar en Rusia a un enemigo desacreditado también en el plano nacional, pero otra cosa era afrontar fuera de Rusia a un enemigo nacionalmente motivado. Por tanto, las proclamas en favor de una «marcha sobre Varsovia», y las declaraciones según las cuales se podía «aceptar solamente una "Varsovia roja, soviética"» eran expresión de vacuas «fanfarronadas» y de un «sentido de autosuficiencia dañino para la causa»136.

El fracasado intento de exportar el socialismo en Polonia, que hasta hacía poco tiempo formara parte del Imperio zarista, había reforzado a Stalin en sus convicciones. En 1929 señala un fenómeno en gran parte inesperado por los protagonistas de la Revolución de octubre: «la estabilidad de las naciones es colosalmente sólida»: Parecían destinadas a ser una fuerza vital durante un largo período histórico. Por consiguiente, durante un largo período de tiempo la humanidad habría continuado dividida no solamente entre diferentes sistemas sociales, sino también entre diferentes identidades lingüísticas, culturales, nacionales.

¿Qué relación se habría establecido entre ellas? En 1936, en una entrevista a Roy Howard del Times, Stalin afirma:

La exportación de la revolución es una patraña. Cada país puede hacer su propia revolución si lo desea, pero si no quiere, no habrá revolución. Nuestro país ha querido hacer una revolución, y la ha hecho.

Escandalizado, Trotsky comenta:

Citemos literalmente. De la teoría del socialismo en un sólo país es natural el paso a la teoría de la revolución en un sólo país [...]. Hemos proclamado infinitas veces que al proletariado del país revolucionario victorioso se le considera moralmente obligado a ayudar a las clases oprimidas que se rebelan, y esto no solamente en el campo de las ideas sino también, si es posible, con las armas. No nos hemos limitado a declararlo. Hemos defendido con las armas a los obreros de Finlandia, de Estonia, de Georgia. Hemos intentado, haciendo marchar sobre Varsovia a los ejércitos rojos, ofrecer al proletariado polaco la ocasión propicia para una insurrección.

Oscurecida la perspectiva de una rápida llegada de la «República soviética internacional», con la consiguiente disolución definitiva de los límites estatales y nacionales, Stalin hacía valer el principio de coexistencia pacífica entre países con diferentes regímenes sociales. Pero este nuevo principio, que era el resultado de un proceso de aprendizaje y que en todo caso garantizaba a la Unión Soviética el derecho a la independencia en un mundo hostil y militarmente más poderoso, era a ojos de Trotsky la traición al internacionalismo proletario; el rechazo de la solidaridad recíproca entre los oprimidos y explotados del mundo como deber inexcusable. Su actividad polémica es incansable, contra la transmutación de la política «internacionalista-revolucionaria» inicial en una política «nacional-conservadora»; contra «la política exterior nacional-pacifista del gobierno soviético»; contra la obligación del principio en base al cuál el único Estado obrero debe hacer en solitario de «líder de la revolución mundial»137. En cualquier caso, como no es pensable el paso pacífico del capitalismo al socialismo, «un Estado socialista no puede integrarse y desarrollarse (hineinwachsen) pacíficamente en el ámbito del sistema capitalista mundial». Es una actitud que Trotsky defiende todavía en 1940: habría sido mejor no implicarse en la guerra contra Finlandia, Pero una vez comenzada, esta debería haber sido «conducida hasta el final, es decir, hasta la sovietización de Finlandia»138.

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(126) En Cohén 1975), p. 75.

(127) Bujarin 1966), pp. 329-31.

(128) En Carr 1964), p. 814.

(129) Bujarin 1970), pp. 104-5 y nota.

(130) Lenin 1955-70), vol. 27, pp. 54 ss.

(131) Conquest 2000), p. 35.

(132) Stalin 1971-73), vol. 3, pp. 127 y 269 = Stalin, 1952-56, vol. 3, pp. 161 y 324).

(133) Ibid, pp. 197 y 175-8 = Stalin, 1952-56, vol. 3, pp. 243 y 220-2).

(134) Figes 2000), pp. 840 y 837.

(135) Ibid, pp. 202, 199, 208 = Stalin, 1952-56, vol. 4, pp. 252, 248 y 258).

(136) Ibid, pp. 286 y 293 = Stalin, 1952-56, vol. 4, pp. 354 y 363).

(137) Trotsky 1997-2001), vol. 3, pp. 476, 554 y 566.

(138) Trotsky 1988), pp. 1001 y 1333.


Filosofía

Espíritu Crítico y Agnóstico*

Henri Wallon

¿QUÉ ES EL ESPÍRITU CRÍTICO, cuál debe ser su papel? Estos son problemas que han adquirido, hoy, una agudeza, singular y dan lugar a respuestas muy contradictorias. Garantía del conocimiento para unos, el espíritu crítico demuestra vanidad para otros. Y es por medio del espíritu cívico que algunos quisieran descalificar la actividad intelectual, y que solo es una punta que se vuelve contra ella, en provecho de actitudes que le están más directamente opuestas. Bueno para demostrar que lo real se sustrae al conocimiento, no tendrá más que callarse en presencia de las intuiciones o de las creencias que son la contrapartida habitual del agnosticismo científico.

Existe conocimiento cuando hay acuerdo entre la representación que nos hacemos y la realidad. Su desacuerdo constituye lo que se llama un error. El problema del error se planteó desde que el hombre sintió la necesidad de razonar sobre las condiciones de su propio pensamiento para asegurarse de que sus certezas corresponden a la verdad. Las precauciones a tomar para obtener este resultado se reducen, prácticamente, a lo que se llama espíritu crítico. El espíritu crítico puede ser enfocado fuera de toda doctrina filosófica. No obstante, implica ciertas actitudes, por otra parte variables, cuyas diferencias únicamente son la proyección teórica. Quisiera demostrar aquí cómo ocurre el hecho de que terminen por negar sus propios resultados.

El espíritu crítico se opone a la credulidad, por una parte, y por otra, a ciertos abusos dogmáticos del espíritu.

Los errores debidos a la credulidad son diversos. Pueden resultar de la rutina y de la tradición. Bacón, que a menudo es citado como el primer teórico del pensamiento experimental, se preocupó en particular por denunciar, bajo el nombre de idola, las diferentes formas que toma la tradición y las diferentes fuentes de error que de ella resultan. También a veces es el prestigio de una persona lo que puede imponer a otros una creencia injustificada. La aptitud para dejarse influir puede ser muy variable según los sujetos y también según las circunstancias; según los artificios empleados a veces se la denomina sugestividad. También a menudo intervienen motivos de orden afectivo. El sentimiento que se une a una cosa, a un acontecimiento, a una situación, puede modificar su aspecto. El deseo, la repulsión, la pasión, pueden transformar la realidad a tal punto que se vuelve irreconocible para los demás. Esta mezcla de disposiciones personales con hechos, está lejos de ser excepcional. Es una tendencia contra la cual cada uno debe defenderse porque es natural y primitiva. Es todopoderosa en el niño y de ella resulta su llamada mentalidad sincrética, la confusión de sí mismo con los objetos de su percepción o del pensamiento. Toda su evolución intelectual está ligada a la elaboración progresiva de planos y de conceptos que le permiten distinguir entre lo que depende de las cosas y lo que depende de su propia sensibilidad.

Mas también la actividad intelectual puede ser fuente de error. En algunos existe algo así como un fetichismo del espíritu. Parecen creer que todo razonamiento debe llevar a la verdad, que basta razonar para conocer; incluso no se les ocurre verificar si las premisas son exactas, si no las excede la extensión del razonamiento hacia nuevos objetos. A otros les agradan las hipótesis en sí mismas y sea como fueren. No controlan bastante la concordancia de las mismas con los datos de la experiencia. Un gusto excesivo por las construcciones mentales, por la simplicidad lógica, por la sistematización de las ideas arrastra, a menudo, muy lejos de lo real.

A falta de criterio riguroso, el espectáculo de los errores en que el hombre puede caer conduce a algunos al escepticismo. Tal es la actitud de Montaigne: radical, puesto que no se siente siquiera con el derecho de afirmar que nada sabe y lo expresa con la fórmula: “¿Qué soy yo?”. No solamente de su saber, sino también del no saber. Lleva el agnosticismo hasta no permitirse afirmarlo expresamente. A decir verdad, la ciencia de su tiempo se había demostrado poco eficaz tanto para obrar sobre las cosas como para prevenir su curso y, por lo demás, fue sobre todo en el dominio de los hábitos, de las costumbres, de la moral, donde ejercitó su crítica. Habiendo viajado y leído mucho, se aplicó a oponer entre sí las máximas de los pensadores y las conductas de los pueblos. De la diversidad no sacó una lección de relatividad, sino la conclusión de que todas pueden ser igualmente defendibles, cualesquiera fueran las circunstancias o la época. Por consiguiente, no para preferir unas u otras, ni, en consecuencia, para cambiar lo que existe. La sabiduría está en aceptar el hábito, la tradición.

El escepticismo de Montaigne vino a parar así a las mismas soluciones prácticas que el más conservador dogmatismo. Es absoluto como éste, aunque sea la tesis contraria. Señala, por lo tanto, una forma de revolución. El libre espíritu de Montaigne, que ignoraba las consideraciones de medios y de tiempo, las padecía por el contrario estrechamente. Por su nivel social y su fortuna, Montaigne no tenía ninguna razón para desear un cambio en el orden de las cosas. No obstante, sus razones para conservarlas se oponían a la de todos los fanáticos cuyas diferencias eran causa de las guerras de religión. Ellas condenaban la intolerancia y el desorden, pero al mismo tiempo preparaban la tranquila licuefacción de instituciones y doctrinas de las cuales la burguesía, de aquí en adelante, en plena ascensión, necesitaría liberarse. De hecho, el eco fue considerable; nacieron dos orientaciones opuestas del pensamiento, representadas a partir de la generación siguiente por Descartes y Pascal.

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Con Descartes la duda no es más una conclusión. El suyo es un método en el cual el fin es la certeza. La contradicción de las opiniones humanas, en cualquier dominio que sea, nos obliga a considerarlas provisionalmente a todas falsas o, más bien, a no admitir ninguna que no estamos obligados a aceptar como perfectamente demostrada. Así es cómo con el análisis sistemático de todas las nociones que pueblan el espíritu, Descartes se dedica a la búsqueda de principios sobre los que no quepa dudar, para establecer con ellos los principios del conocimiento. Duda con la certeza de alcanzar verdades ciertas. Y estas verdades, aunque de origen intuitivo, especulativo, de alguna manera contemplativas son, sin embargo, verdades que deben brindar al hombre la ocasión de obrar sobre el universo. Deben asegurar su poder sobre las cosas, al que Descartes no pone límite. Anuncia, entre otros progresos, que el hombre logrará prolongar la vida, cuando conozca suficientemente las leyes de la misma. Descartes ocupa un primer puesto entre los pensadores que ven en la ciencia y en la actividad a que da lugar, la promesa de un poder ilimitado sobre las cosas. Las esperanzas que expresa pertenecen a la clase que entonces pretendía, contra las antiguas aristocracias, la conquista del poder utilizando medios materiales y técnicas cuyos progresos están asegurados por la ciencia. Es la época en que la burguesía confunde gustosa su propio destino con el del saber humano.

Pascal da a la duda de Montaigne de la cual también ha sufrido la influencia, otra conclusión. Para él, no es, como para Descartes, un camino hacia la certeza, es una brecha en la certeza, al menos aquella en que el hombre cree encontrar el fundamento de su poder sobre el mundo. Pascal es un sabio que no pone en duda la posibilidad de la ciencia, o sea, que es posible encontrar medidas exactas para los hechos de la naturaleza. El número es aplicable a las cosas. Por lo tanto, es necesario observar que entre los problemas de los que se ocupó Pascal, está el cálculo de probabilidades, esto es, una aplicación del número que supone el azar y, por consiguiente, una realidad que el hombre no puede asir y seguir en sus detalles, que solamente puede conocer por aproximación más o menos grosera. Así, ya en el dominio de los hechos medibles, algo se sustraía a la apreciación intelectual del hombre. Por las relaciones con su objeto esta apreciación intelectual, cualquiera sea la aparente exactitud de sus procedimientos, resulta fundamentalmente inadecuada. La aptitud que les corresponde es también en cierta medida grosera: el espíritu geométrico. Pascal se apresura a oponerle el esprit de finesse.

De este modo el conocimiento de las cosas está para él completo. Vale para las realidades complejas en las que el espíritu geométrico fracasa. Llega también a imaginar lo que en toda realidad queda inasible para la inteligencia: la rivalidad profunda, esencial de las cosas. El esprit de finesse se convierte en un modo de conocimiento que, por su naturaleza y objeto, es radicalmente distinto del espíritu geométrico. Es el único capaz de hacernos experimentar la profunda realidad de las cosas; por lo tanto, no nos permite resolverlas en nociones claras y distintas, como diría Descartes. Es intuición y no razonamiento. Y no intuición intelectual, como la de las esencias inteligibles o principios de la razón en Descartes; es intuición del corazón, esto es, sentimiento. Es por él, y únicamente por él, que en la naturaleza podemos unirnos a la esencia de las cosas, y por medio de la naturaleza unirnos a Dios.

Hay de este modo dos fuentes, dos formas de conocimiento. Y aquella que responde al conocimiento científico resulta así, por definición, grosera, inadecuada, pues que nos tiene separados del conocimiento esencial de las cosas. Por el contrario, la que nos permite asirlas intuitiva y directamente, tiende a volverse informulable, a ser solo sentimiento y efusión; simple confesión de humildad ante lo incognoscible, agnosticismo místico.

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En Kant esta distinción tomará una precisión mucho mayor. Los dos dominios dejarán de superponerse en más o menos. La doctrina kantiana, que recibió el nombre de criticismo, es una crítica del conocimiento que tiende a justificar y a demostrar su exacta aproximación a su objeto, es decir, al universo. Por lo tanto, es una tentativa que puede parecer contraria a la de Pascal. Para explicar el acuerdo estima que la existencia de la ciencia y de la experiencia común son la prueba, y se esfuerza en analizar cuáles son las condiciones de su probabilidad. Cualquiera sea la sustancia de nuestras impresiones, el contenido de nuestros pensamientos, les descubre ciertos rasgos comunes sin los cuales sería imposible su percepción y concepción. Estas son las formas, o marcos necesarios y a priori de toda experiencia y de todo conocimiento. Nada podemos asir del universo fuera de estos marcos, sin estas formas que responden a la estructura de nuestra sensibilidad y de nuestro espíritu. La exactitud de la ciencia está así garantizada, puesto que ella se limita a descubrir relaciones fuera de las cuales el universo no podría existir para la percepción ni para la inteligencia del hombre. Pero al mismo tiempo, nuestro conocimiento de las cosas queda limitado a lo que son susceptibles de parecernos, esto es a fenómenos.

La certeza de la ciencia tiene entonces como tesis contraria un agnosticismo radical en lo referente a lo que son las cosas en sí mismas, a la consideración de la cosa en sí. Pero cada hombre pertenece al mundo de las cosas en sí y su realidad esencial no se manifiesta de ninguna manera. Excluida esta realidad del conocimiento, domina y se revela imperiosamente, categóricamente, por medio del sentimiento del deber. El deber tiene que ser justificado; no puede serle dado que es la manifestación de la cosa en sí, que está fuera del conocimiento y del razonamiento. Debe ser aceptado como imperativo categórico. Es entonces por el deber, por la moral que el hombre realiza verdaderamente su esencia; es por su intermedio que está en contacto con la realidad de la cosa en sí y con Dios.

Entre lo que es concebible y el ser, Kant pensaba haber establecido una delimitación definitiva y estable; dos dominios enteramente distintos, cuyo punto de interferencia es el hombre. Pero con otros autores esta delimitación se ha desplazado o a perdido su impermeabilidad. Unos, en partiendo del conocimiento científico han procurado determinar las fronteras: fronteras de hechos o fronteras de derecho, las de lo desconocido o la de lo incognoscible. Otros, han criticado el alcance de la ciencia a fin de salvaguardar ciertos valores que les parecen más o menos incompatibles con el determinismo, o más bien con el mecanismo que, por intermedio de sus leyes, la ciencia introducía en las cosas.

Una tentativa que recuerda al criticismo kantiano, pero bajo una forma en cierta manera laicizada, es el positivismo de Augusto Comte. Por cierto, él no habla de la cosa en sí, ni de Dios, ni de un imperativo categórico cuya fuente trascendería la existencia perceptible y la actividad motivable del hombre. Se refiere a la historia de las relaciones entre el espíritu humano y el universo. El destino de la humanidad se confunde con el desarrollo del conocimiento y de las ciencias. Es lo que cada generación recibe de las generaciones precedentes y que solo puede imponerse a la conciencia del individuo. La humanidad domina al individuo por su historia, pero no como esencia colectiva o individual. Nada hay que supere al plan de la vida.

Parecería que nos enfrentáramos con una doctrina que elimina todo problema que desborde los del conocimiento. En consecuencia, Comte limita la ciencia al conocimiento de las relaciones que existen entre los datos de la experiencia. Para salvaguardarlo de la metafísica quiere prohibir al sabio buscar la realidad íntima y fundamental. De este modo llega al agnosticismo y, por consiguiente, al misticismo, al dominio de la cosa en sí. Con su propio ejemplo ha demostrado cómo a este paso es en cierta forma fatal. En habiendo llevado la ciencia a ser un ente formal de relaciones, ha experimentado, como cualquiera, el vacío que resultaría para el hombre, y para llenarlo también él hizo un llamado a las intuiciones del corazón; las convirtió en función suprema para la cual la mujer se le aparece como un instrumento. Así subordinó el devenir, la legitimidad de la ciencia, a lo que llamó síntesis subjetiva.

La actitud agnóstica de Comte es todavía hoy la de numerosos sabios que, sin duda, rechazan a menudo para ellos mismos cualquier compensación mística y lo hacen fácilmente a pesar de su susodicho agnosticismo, dado que por sus convicciones científicas, la encuentran inadmisible y superflua, pero que la declaran admisible por sí misma ya que escapa a la crítica intelectual y a la ciencia. A sus efectos deberían, por lo tanto, reconocer cuan facticia es su neutralidad. Entre las necesidades de las ciencias y el empuje místico instalado en sus fronteras, el equilibrio es imposible. Las concepciones de la ciencia, sus datos más esenciales, sufren una constricción continua e incesantes deformaciones. Al mismo tiempo, su poder de resistencia está minado por el hecho de que se la considera extraña a los intereses más íntimos del hombre. Reducida al estado de un idealismo puro sin lazo vital con la época ni con la existencia de cada uno, es para muchos un lujo, una moda intelectual o una colección de recetas más o menos útiles. Por lo demás, es sobre una psicología ya caduca que se funda el positivismo contemporáneo. Según Franck y la escuela de Viena, por ejemplo, el hombre nada podría conocer fuera de sus sensaciones, y todo el esfuerzo de la ciencia consistiría en construcciones mentales apropiadas para dar cuenta de los sistemas que ellas constituyen.

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En otras doctrinas el agnosticismo no es solamente abstención; toma una forma más activa, un contenido más positivo. Para Henri Poincaré la ciencia no es simplemente conocimiento o ejercicio intelectual. Lo es, sin duda, pero al servicio de nuestra acción. Las hipótesis científicas, que se convierten en leyes cuando son verificadas, tiene como criterio de veracidad su éxito experimental, lo cual es evidente. Pero Poincaré concluye que cuando se remplazan es por una simple razón de utilidad en relación con la estructura de lo real. Su sucesión no implica una progresión, sino es más bien un perfeccionamiento. Todo lo que podemos decir de la naturaleza, de la materia, de la energía es que hay algo sobre lo cual nuestro espíritu trabaja.

Pero jamás tendremos derecho a decir que las operaciones de nuestro espíritu representan lo que la naturaleza es; no harían más que triunfar en las condiciones, sin duda muy limitadas, de tiempo y espacio. El conocimiento supera nuestros procederes para conocer porque el ser es lo incognoscible.

A estas observaciones del matemático Poincaré el metafísico Boutroux les dio una especie de precisión ontológica. La ciencia es incapaz de asir lo real, porque hay entre los dos una suerte de antinomia. La ciencia postula el determinismo, pero la precisión matemática de estas medidas es solo una fachada, algo así como una rejilla que se aplica a conjuntos limitados y quizás provisionales. Los resultados de la ciencia son demasiado parciales, artificiales y frágiles para que prevalezcan sobre la inmensa aspiración de libertad que el hombre experimenta en sí mismo. La libertad es la ley de la existencia. El mundo es lo incognoscible, y no ya de manera puramente negativa, por que es la contingencia, esto es, lo contrario del determinismo científico.

Esta oposición entre la ciencia y lo real es el tema que desarrolla toda la filosofía de Bergson. Por definición, la ciencia deforma lo real, puesto que introduce la medida, el número, la discontinuidad, la inmovilidad. Así, toda existencia es devenir, tendencia, élan y, por lo tanto, continuidad, unidad indivisible, momentos indiscernibles, melodía, cualidad cambiante e incomparable. Para alcanzar lo real es necesario haber repudiado el espíritu mecanicista, estabilizador, que homogeniza según el espíritu de la ciencia; asimismo, es necesario despojarse del lenguaje, que impone marcos fijos al pensamiento y sustituye las impresiones originales por la noción estereotipada de objeto. Es necesario librarse a la intuición, porque solo ella es apta para traducir inmediatamente las fuerzas de la vida, que se destrozan y se alteran a través de la inteligencia. Es necesario tomar contacto con el instinto, que es el único creador.

La subordinación de la inteligencia o de la razón a las fuerzas oscuras del instinto es el término de la evolución que no pertenece propiamente al pensamiento francés. Con los acentos más pesimistas, que están en la tradición de algunos de sus pensadores, la filosofía alemana ha seguido el mismo camino. Como consecuencia de diversas circunstancias políticas y sociales, ha sido más rápida en la vía de las consecuencias prácticas. La Alemania oficial de hoy, la del nazismo, proclama la decadencia de ciencia e inteligencia. La ciencia agosta, la inteligencia es la muerte. Solo hay vida, poder creador en el instinto. Únicamente se puede creer en la verdad del instinto. Esta verdad solo puede ser alcanzada por el sentimiento; pero no por el sentimiento individual, sino por el entusiasmo colectivo entre gente cuyas fuentes de vida son las mismas, entre gente de la misma raza. Nada debe prevalecer contra la verdad del instinto, ni en el individuo ni en el grupo, ni con respecto a lo que no es el grupo. En consecuencia, ningún deber frente a otros pueblos, de los que se podrá declarar, accesoriamente, que son bastardos de una raza inferior y perversa. El único deber existe para con la propia raza, la raza elegida. Esta apología del instinto solamente puede llevar a los más intolerables abusos y monstruosos conflictos.

Sin duda, la idea de raza no está necesariamente incluida en la de instinto. Pero preferido a la inteligencia y a la razón como fuente única de vida y de verdad, el instinto escapa a toda discusión. Lo que se da como inspirado por él debe ser aceptado ciegamente. El desarrollo, en nuestra época, de una filosofía que recusa la autoridad de la ciencia y del espíritu crítico no es el efecto de un simple azar. Mide el camino recorrido desde el siglo XVII por la clase dirigente, la burguesía. Sin temer el libre progreso de los conocimientos, en tanto que su potencia ascendente estaba en estado de utilizarlos, se sintió en la necesidad de descalificarlos desde que comenzaron a aportar un ataque a su prosperidad y a su prestigio. Sea la raza el ídolo adoptado para combatirlos o cualquier entidad mística, siempre es el fin sustraer a la crítica el principio que autorizará las violaciones o las violencias necesarias.

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A esta orientación de la filosofía se opone otra totalmente inversa. La barrera que Kant interponía entre la cosa en sí y el conocimiento no ha sido franqueada solamente con vistas a subordinar la actividad intelectual a la intuición, que se considera inmediata a la realidad; también se lo hizo en sentido contrario, para someter a la discusión a la verdadera naturaleza de la cosa en sí. La tradición de Descartes continuó a través de las antítesis que suscitan sus propias insuficiencias: Su dualismo sustancialista, por una parte, su estrecho mecanismo, por la otra. Ya las filosofías del siglo XVIII habían denunciado la dificultad en la que cae al distinguir radicalmente el pensamiento y la extensión que es, según él, la trama de la materia. Estando el conocimiento hecho de pensamientos y la naturaleza de materia, la identidad de sus leyes, la correspondencia de la ciencia con el orden de las cosas no tenía en sí nada de necesario, y fue únicamente sobre la inverosimilitud de una treta divina que logró fundar su acuerdo. Por otra parte, este acuerdo puramente providencial rechazaba, por decirlo así, la actividad fundamental del hombre fuera de la naturaleza. También los pensadores del siglo XVIII insistieron generalmente sobre los orígenes experimentales del conocimiento y sobre la importancia de las instituciones humanas, que modelan al individuo y a su poder de obrar sobre las cosas. Pero solo llegaron a formular un empirismo y un humanismo todavía demasiado superficiales. Continuaron representándose la verdad y el espíritu del hombre, a los que dan, por lo tanto orígenes contingentes, como respondiendo a un tipo inmutable y en cierta forma eterno. Esos pensadores no sacaron del punto de vista histórico que su actitud implicaba las consecuencias que comportaba.

En consecuencia, Descartes va a servir de llave maestra para resolver el problema de la cosa en sí, propuesta en fin, netamente por Kant, y para demostrar su relación con lo desconocido y con los incognoscible. Los dos términos planteados por el dualismo cartesiano: pensamiento y materia, prevalecerán cada uno a su turno. Hegel es idealista, o sea que el pensamiento como fuente de lo real y no porque para él la materia no exista, sino que, totalmente opuesta a la idea, de ella procede. La materia resulta de la decisión tomada por la idea de realizarse en el tiempo, de cambiar su ser puro en devenir, de tomar conciencia de ella misma a través del mundo material. La verdad no está, por lo tanto, dada desde el principio, sino que se hace. Pero en todo momento es todo lo que puede ser. No es una noción absoluta, inmóvil, y hay que asirla en su evolución. Sus momentos sucesivos pueden diferir y aun oponerse; tampoco son etapas necesarias de la verdad e incluso verdades en la medida en que son el único aspecto posible de las cosas en el instante en que se producen.

La noción de incognoscible está en perpetuo retroceso, o más bien, jamás existió lo incognoscible. “Si conocéis todas las cualidades de una cosa -dice Hegel- conocéis la cosa en sí”.

“Solo importa el hecho de que la cosa dicha exista fuera de vosotros, y cuando vuestros sentidos hayan asido el hecho, hayáis reducido completamente lo que queda de la cosa en sí”. Es condición fundamental de un conocimiento sensorial que el conocimiento sea total, es el momento en que deja de ser simple imagen, es la medida de todas las cosas por el espíritu, y toda medida que pueda tomar en las condiciones presentes de la experiencia. En otros términos, el conocimiento es una simple contemplación desbordada en cualquier momento por su objeto. Es un acto, una realización. En consecuencia, supone algo que es exterior. Pero al mismo tiempo no deja nada fuera de él mismo en el instante en que ase todo lo que está hecho para asir.

Con tales afirmaciones, Hegel está mucho más cerca de nuestras ideas modernas, sobre la percepción, que eso pensadores inspirados en Protágoras, para quienes es hacer prueba de espíritu positivo ver en las sensaciones del hombre su fuente única de información, y en consecuencia, un límite que les impide superar su propia sensibilidad para asir lo real directamente y en sí mismo. En la pretensión que tienen de tomar, sin añadir nada, cada cosa como es, bajo su aspecto actual y estático, no reconocen que hacen de la sensación una forma de absoluto. De hecho no es sino un escalón en las relaciones del individuo con el mundo exterior. La reacción que suscita una excitación es, en principio, un movimiento o una modificación biológica que tiende a restablecer el equilibrio, un nuevo equilibrio, entre el organismo y el medio. Si fracasa, la reacción se modifica tanto que llega a poner al organismo de acuerdo con la nueva situación, pues de no ocurrir, el organismo termina por sucumbir. La sensación que se organiza en percepción, en imagen de las cosas, solo es una reacción de orden ya superior, pero que debe también modificarse si no está suficientemente adecuada a la excitación. Un desacuerdo entre las dos entrañaría problemas de conducta de los cuales el ejemplo de los alucinados nos puede dar una idea. Aunque esos problemas, a menudo parciales, obligan a poner los sujetos bajo vigilancia.

El nivel de las reacciones tiende siempre a elevarse, su ajustamiento constante a lo real se mantiene indispensable. Sin duda parece presentar más de juego, a medida que aumenta su alcance pero la última palabra queda siempre a las necesidades experimentales. Sobre las representaciones en relación inmediata con las situaciones u objetos actuales que suscita la sensación, se desarrollan las que traspasan el momento presente o el dominio de la pura sensibilidad, y para las cuales se vuelven necesario el soporte del lenguaje o del simbolismo científico. Con ellas se extiende el poder de la acción en el tiempo y sobre la materia. Está ligado a técnicas que modifican los aportes del hombre y de las cosas. De progreso en progreso surgió una realidad nueva que no abolió las antiguas, pero que las pone en un plano con una perspectiva siempre más amplia, más profunda y mejor ordenada. La crítica deja de ser la comprobación puramente negativa de las contradicciones y de las incertidumbres en que el hombre se debate, confundiéndose con la comparación exacta de los medios y los resultados, y dando así en cualquier circunstancia la medida rigurosa de lo real.

Pero no se limita a reconocer la parte de las técnicas imaginadas por el hombre en la revelación de lo real. Se remonta hasta sus medios naturales y analiza lo que en ellos se mezcla de él. Al estudio del hombre biológico, que es uno de los complejos de fuerzas en estado de reacciones mutuas con las otras fuerzas del universo, añade la del hombre psicológico, en el cual el nivel de las reacciones se eleva siguiendo una progresión que no se detiene gracias a la aparición del lenguaje y a la socialización de las experiencias propias de cada uno, a su transmisión de una generación a otra. Detrás del hombre psicológico encuentra al hombre social, aquel cuyas reacciones naturales son modeladas desde el nacimiento por las técnicas, las instituciones, las costumbres, los pensamientos de su época así hace que la historia contribuya a la determinación de lo real, cuyo conocimiento se agranda y amplifica de generación en generación, a medida que el hombre sabe mejor confrontar las fuerzas del universo, no solamente entre ellas, sino con su propia actividad. Remontándose así de condiciones en condiciones, cierra el circuito. El estudio del universo y el del hombre son solidarios. El círculo podrá dilatarse al mismo tiempo que el poder del hombre, pero nada queda fuera de él. Descartes ponía como condición al conocimiento de las cosas que la enumeración de sus condiciones hubiese sido completa. En esta enumeración hay que hacer entrar la actitud del hombre bajo todos sus aspectos.

El sistema de Hegel, llevado hasta sus últimas consecuencias, implica así la propia inversión. Deja de ser idealismo para convertirse en historia del hombre en el mundo e historia del mundo. Inútil imaginar, ante todas las cosas, una idea total e incondicionada que para tomar conciencia de sí misma tendrá necesidad de alienarse en una materia exterior a ella misma. La idea apareció en el universo como apareciera la vida, de lo cual fue una manifestación, un medio de acción, cuando aparecieron en un medio apropiado las estructuras funcionales y orgánicas correspondientes. La ciencia terminó por reconocer, sucesivamente, el momento relativamente tardío en que el hombre apareció entre las especies animales, aquel en que la vida pudo nacer sobre la corteza terrestre ya solidificada y provista de atmósfera, aquel en que el sistema solar se desprendió de una nebulosa entre otras nebulosas. Mostrar las etapas por las que pasado el universo material es mostrar, al mismo tiempo, las que pusieron al espíritu del hombre en estado de reconocerlas. Este enmarcamiento del pensamiento humano en la evolución universal de las cosas, y su acción como retorno para conocerla, es lo que Marx y Engels han llamado materialismo dialéctico, que responde a la fusión íntima, a la identificación de las investigaciones objetivas y críticas. El progreso del conocimiento científico y del espíritu crítico se confunden en él.

Juzgad el resultado. El misterio o el agnosticismo quería ocultar al hombre lo esencial de él mismo, hundiéndolo en un ciclo de fatalidades tan temibles para él, como para los otros. Rodeado de fuerzas oscuras debe ceder a las que se agitan en él. Su miedo y su voluntad de agresión se exasperan mutuamente. Los tabús resucitan a su alrededor. La primacía dada al instinto y su asimilación con la voz de la raza lo rodean de intocables. Al contrario, las pulsaciones que el hombre experimenta en sí mismo, sean las del instinto o las de los imperativos morales, tienen, para la crítica científica, condiciones biológicas o condiciones sociales, que es posible reconocer y pesar. Según que sus consecuencias sean o no deseables, es posible, conociendo sus condiciones, procurar modificarlas. La humanidad cuenta así con su poder más auténtico y puede utilizarlo con el máximo de clarividencia.

¿Es una casualidad que la doctrina del agnosticismo haya llegado a ser la de la clase social que, sintiendo periclitar sus intereses, prefiere oponerlos al progreso humano, arrastrando así a la civilización entera a su ruina; y que el materialismo dialéctico, por el contrario, gane las regiones profundas de aquellos que identifican con el triunfo de los trabajadores un porvenir de vigor, de claridad, de bienestar creciente?

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(*) Wallon, Henri, Del acto al pensamiento, y espíritu crítico y agnóstico. Ensayos de psicología comparada. Ediciones Aries.


CREACIÓN HEROICA