Nota:
El
artículo que publicamos a continuación –cuya primera parte fue publicada en la
edición de febrero de este blog– es una contribución al desarrollo de la línea
política general del Partido y, por consiguiente, a la reconstitución del
partido de Mariátegui. Solo hace falta debatir sus términos, perfilar mejor
algunos de ellos, desagregar o agregar otros o, en su defecto, mantener sus
términos tal como están expuestos, para ser aprobados como documento básico de
la Reconstitución.
01.04.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y
Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
La Línea Política
General del Partido
(Segunda y Última Parte)
Eduardo Ibarra
EN
CUANTO A LA política internacional del Partido, Mariátegui sostuvo:
Cumplida su función
de trazar las orientaciones de una acción internacional de los trabajadores, la
Primera Internacional se sumergió en la confusa nebulosa de la cual había
emergido. Pero la voluntad de articular internacionalmente el movimiento
socialista quedó formulada. Algunos años después, la Internacional reapareció
vigorosamente. El crecimiento de los partidos y sindicatos socialistas requería
una coordinación y una articulación internacionales. La función de la Segunda
Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los partidos
socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la
fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron, por
consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas. El movimiento obrero
adquirió así un ánima y una mentalidad reformistas. El pensamiento de la
social-democracia lassalliana dirigió a la Segunda Internacional. A
consecuencia de este orientamiento, el socialismo resultó insertado en la
democracia. (…) la Segunda Internacional fue una máquina de organización… la
Tercera Internacional es una máquina de combate. (La escena contemporánea).
La revolución rusa
constituye, acéptenlo o no los reformistas, el acontecimiento dominante del
socialismo contemporáneo. (Defensa del
marxismo).
El marxismo-leninismo
es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios.
El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha. (Ideología y política).
Vosotros sabéis,
compañeros, que las fuerzas proletarias de Europa se hallan divididas en dos
grandes bandos: reformistas y revolucionarios. Hay una Internacional Obrera
reformista, colaboracionista, evolucionista y otra Internacional Obrera
maximalista, anticolaboracionista, revolucionaria. Entre una y otra ha tratado
de surgir una Internacional intermedia. Pero que ha concluido por hacer causa
común con la primera contra la segunda. (Historia
de la crisis mundial).
El C.C. del partido adhiere a la Tercera
Internacional y acuerda trabajar por obtener esta misma adhesión de los demás
grupos que integran el partido. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú).
De
esta forma el Socialismo Peruano tomó partido por la Revolución Rusa, el
marxismo-leninismo y la Tercera Internacional fundada por Lenin en 1919,
sumando su partido a las filas del movimiento comunista internacional.
Esta es, pues, expuesta suficientemente, la línea
política general del Partido en el período de su Constitución.
II
Veamos
ahora cómo se presenta esta línea en la actualidad. Como es reconocido, la
sociedad peruana ha experimentado cambios significativos desde el tiempo en que
Mariátegui trazó la línea política general del Partido. Para efecto de
actualizar esta línea, es inescapable tener en cuenta estos cambios.
Pues bien. En cuanto al carácter de la sociedad peruana,
a partir de la liquidación de la “segunda semifeudalidad” ocurrida en la
segunda mitad de los años ochenta, el modo de producción capitalista dejó de
ser el predominante para convertirse en el modo de producción exclusivo en la
formación económico-social peruana. La liquidación de la semifeudalidad por la
vía campesina y la transformación del Perú en un país capitalista semicolonial,
no semifeudal, es el cambio más importante producido en las últimas cuatro
décadas en la base económica de la sociedad peruana.
En cuanto al carácter de la revolución peruana, se
comprenderá que, como consecuencia del cambio anotado, nuestra revolución no es
ya una revolución antifeudal, sino únicamente antiimperialista. Así, el
campesinado se encuentra incorporado directamente a la lucha antiimperialista y
las tareas socialistas en la etapa novodemocrática de nuestra revolución
socialista se conservan por la vigencia de la comunidad campesina y los
latifundios capitalistas que en nuestra economía agraria han reemplazado a los
latifundios semifeudales. Esta realidad es la base de la línea política general
del Partido en el período de su Reconstitución.
En cuanto a los instrumentos de la revolución subrayados
por Mariátegui en el “Prefacio a ‘El Amauta Atusparia’”, la revolución continúa
necesitando aquellos instrumentos: el partido de clase, el frente unido
revolucionario y el ejército del pueblo.
En cuanto a la vía de la revolución, la línea política
general del Partido no ha sufrido el más mínimo cambio: dicha vía continúa
siendo la violencia revolucionaria como legítima respuesta a la violencia
contrarrevolucionaria.
En cuanto al camino de la revolución, hay que reconocer
que se ha producido un importante cambio que es necesario subrayar
especialmente. Liquidada la semifeudalidad, no existe ya el terreno económico
necesario para una guerra popular prolongada, consistente, como lo sabe todo el
mundo, en cercar las ciudades desde el campo para tomarlas finalmente. Después de
la indicada liquidación, el camino de la revolución peruana es la insurrección
urbana, lo que no significa que, dada la situación de precariedad económica en
que se encuentra la mayoría del campesinado, el campo no cumpla un papel
relevante en la lucha por el poder.
En cuanto a las formas de lucha, hay que subrayar
que no han experimentado ningún cambio.
Sin embargo, ante la explosión de organizaciones de frente unido que participan
en las elecciones y que se reclaman de izquierda, es necesario subrayar que la
participación del proletariado consciente en las elecciones se justifica solo
si las mismas son cabalmente utilizadas para propagandizar el programa de la
revolución de nueva democracia y de las ideas del socialismo proletario. Esta
política marca la diferencia entre los varios frentes de izquierda y de
“izquierda” que esgrimen programas que no trascienden el régimen capitalista, de
una parte, y el frente revolucionario, por otra. Ya Lenin señalaba a propósito
de la aspiración reformista de ser gobierno:
Sólo los canallas o los bobos pueden creer que
el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas
bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y
que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o
de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por
votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder. (Obras
escogidas en doce tomos, t. X, Editorial Progreso, Moscú, p. 164).
El
“frente electoral” es una realidad que, bien vista, es un rebajamiento de la
táctica y una anulación práctica de la estrategia revolucionaria: la táctica es
actuada apenas como medio de llegar al gobierno y la estrategia de poder
simplemente desaparece o tiene una existencia limitada al papel. La diferencia
entre un frente reformista y un frente revolucionario, es que el primero es un
frente que agrupa a todo elemento que pueda significar un voto más; mientras el
segundo es un frente con la necesaria coherencia entre su programa revolucionario
y su militancia revolucionaria (ver nuestro artículo “Acerca de las contradicciones
antagónicas en el seno del pueblo”, que republicamos en la presente edición de
CREACIÓN HEROICA); y que participa en la lucha electoral solo para desarrollar
el cauce de la revolución como es la lucha directa de las masas. En
consecuencia, tal como lo hemos recordado en el primer apartado del presente
artículo, “conforme a su práctica mundial” el proletariado consciente “asistirá
a las elecciones con meros fines de agitación y propaganda clasistas.” Por lo
tanto, a la “agitación anti-imperialista”, hay que agregar la propaganda de que
“sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla
definitiva y verdadera.”
En cuanto
a la industrialización del Perú, contra lo que implícitamente plantean los
programas de los frentes reformistas, está vigente la tesis mariateguiana de
que la opresión imperialista no permite una industrialización independiente, es
decir, que responda a los intereses del pueblo peruano. Solo la victoria de la
revolución puede viabilizar la emancipación de nuestra economía. Creer que un
eventual gobierno de izquierda o de “izquierda” puede realizar una
industrialización independiente, es, en el fondo, creer que la vía de la
revolución es la transición pacífica.
En cuanto a la política exterior del Partido,
es necesario enfatizar que ella se basa en el marxismo-leninismo y en el
internacionalismo proletario. Como es de conocimiento general, debido a una
serie de factores objetivos y subjetivos, el movimiento comunista internacional
se ha visto reducido casi a su mínima expresión. No obstante, en esta situación
es más necesario todavía mantener en alto los principios marxista-leninistas. Ciertamente
las Internacionales cumplieron su papel en la historia de la revolución
proletaria. Sin embargo, dadas las actuales condiciones del movimiento
proletario mundial, lo que hace falta establecer y desarrollar es “la
organización de un compañerismo basado en la igualdad” (Stalin). Esta nueva
forma de organización del movimiento comunista internacional, implica la
centralización ideológica, la coordinación política, la independencia teórica y
la autonomía orgánica (ver nuestro artículo “La tercera Internacional y nuestro
tiempo”, republicado en la edición pasada de CREACIÓN HEROICA). Ahora, pues, no
es necesario ni posible un nuevo “centro orgánico” que ejerza una dirección
centralizada sobre todos los partidos proletarios, sino un “centro
ideológico-político” que, al mismo tiempo que permita unir ideológicamente y
dar curso a una acción política
coordinada de los partidos proletarios, les permita también su desarrollo teórico
independiente y su proceso orgánico autónomo. Hace ya veintitrés años, escribimos
al respecto lo que sigue:
En el mundo actual…
la necesidad de impulsar la revolución socialista impone a cada miembro del
M.C.I. que su órbita sea… la verdad particular como expresión concreta
de la verdad universal, o, para decirlo en otros términos, la lucha por
encontrar el camino propio de la revolución como
expresión concreta del universal camino de la revolución proletaria. Por
eso el M.C.I. no debe promover un “centro orgánico”, sino “la organización de
un compañerismo basado en la igualdad”. (El
pez fuera del agua).
Paralelamente al
problema de la organización del movimiento comunista internacional, está la
cuestión de la táctica que el proletariado debe adoptar actualmente a escala
mundial. Entre otras cosas, la actual situación del mundo se caracteriza por
los bestiales zarpazos de la fiera herida que es el imperialismo yanqui en
declive y sus notorios preparativos de una nueva guerra mundial. Esta política
ha agudizado las contradicciones entre el imperialismo y los países oprimidos,
entre el proletariado y la burguesía, entre el socialismo y el capitalismo e
incluso entre los propios países imperialistas. En estas condiciones, se desarrolla
un movimiento internacional por la defensa de la paz mundial y, al mismo
tiempo, un proceso de alineamiento de los países y de las diversas organizaciones
políticas. Se perfila, pues, la construcción de un frente de todas las fuerzas que
se oponen a la política estadounidense de recuperar en exclusividad, mediante
la guerra, la hegemonía mundial, liquidar la independencia de diversos países y
someter a los pueblos de Asia, África y América Latina a una explotación más
despiadada y a una opresión más bárbara. En América Latina el imperialismo
yanqui ha puesto en marcha lo que su gobierno llama “el corolario de Trump a la
doctrina Monroe”. La intención es evidente: hegemonizar económica, política y
militarmente en Nuestra América y expulsar de la región a sus competidores,
especialmente a China y a la Federación Rusa.
Pues bien,
en este panorama general, el proletariado no puede asumir una posición de
indiferencia, pues ello sería una indiferencia con respecto al peligro de una
nueva guerra mundial, a la lucha decisiva contra el imperialismo yanqui y al
destino de la humanidad por decenas y decenas de años. En la situación que
vivimos, no basta decir que la guerra que tiene lugar en Medio Oriente (que de
hecho involucra no solamente a los intervinientes directos sino también a
China, a la Federación Rusa y a otros países) es una guerra imperialista y con
esta frase ponerle punto final al análisis, con lo que se abona la idea de
proponer al proletariado y a los pueblos del mundo una pretendida neutralidad.
Pero quienes plantean de este modo limitado y limitante la cuestión de la
guerra actual no se dan cuenta de que el proletariado y los pueblos intervienen
en ella de todos modos, a fortiori, pero no de la forma en que deben hacerlo,
y esta situación podría hacerse general en el caso del estallido de una nueva
guerra mundial. En la conferencia “El fracaso de la Segunda Internacional”, Mariátegui
señaló las circunstancias por las cuales en la Primera Guerra Mundial “los
proletarios europeos se asesinasen los unos a los otros” (Historia de la crisis mundial).
Así, pues, limitarse a señalar el carácter imperialista del conflicto que puede
ser el prolegómeno de una tercera guerra mundial, es insuficiente. Socialmente
fragmentado y orgánicamente debilitado, el proletariado debe cumplir de todos
modos sus deberes como la fuerza que se opone más consecuentemente que
cualquier otra al sistema capitalista. Concretamente, el imperialismo no puede
ser derrotado de una buena vez en toda la faz de la Tierra y, por esto, todo
análisis de la actual situación internacional debe, necesariamente, identificar
con toda precisión al enemigo principal de los pueblos del mundo. ¿Quién es el
enemigo principal de los pueblos del mundo?
¿La Federación Rusa? ¿La República Popular China? ¿Venezuela? ¿Irán? No,
probadamente no. El enemigo principal es el imperialismo yanqui (y sus lacayos).
La lucha por la revolución mundial exige que el proletariado aplique una táctica
única, y esta táctica no puede comprender sino dos aspectos que guardan entre
sí una determinada relación: la necesidad de desarrollar el movimiento mundial
por la paz y de desarrollar el frente unido internacional contra el
imperialismo yanqui. De este modo el proletariado y con él los pueblos del
mundo pueden cumplir sus deberes en el período actual de la lucha de clases
a escala internacional. Si puede o no
ser prevenida una nueva guerra mundial depende enteramente de la movilización
de las masas en todos los países. Por ahora esta movilización es limitada y
solamente se presenta en algunos países, pero el movimiento existe y se
desarrollará en la medida en que los hechos hagan ver a los pueblos que el
imperialismo yanqui se propone desencadenar una nueva guerra mundial que, si se
limitara a ser convencional, traería centenares de millones de muertos, heridos
y mutilados de las clases trabajadoras, y, si derivase en una guerra nuclear,
significaría la desaparición o casi la desaparición de la especie humana. Esta posibilidad
es muy grande, pues si el imperialismo estuviera siendo derrotado en la guerra
convencional, respondiendo a su naturaleza sus representantes más insanos
utilizarían la bomba atómica. Así, pues, se entenderá que el proletariado puede
y debe cumplir un importante papel en impulsar el movimiento por la paz mundial
que, como es natural, debe comprender a todos los países, naciones y pueblos amantes
de la paz mundial.
Asimismo,
el proletariado debe intervenir decididamente en la vertebración del frente
unido internacional contra el imperialismo yanqui, manteniendo en todo momento,
tanto en la lucha por la paz mundial como en el frente unido internacional, su
independencia ideológica, política y orgánica y desempeñar así un rol de
dirección en todo espacio donde ello fuera posible. El frente unido
internacional antiyanqui encierra algunos problemas que hay que saber resolver
concretamente. En la actualidad, el proletariado de cada país debe proponerse
desarrollar la lucha por la toma del poder, incluso si esta lucha es dirigida
por otras fuerzas revolucionarias. Esto es válido tanto para los países
alineados con el imperialismo yanqui como para aquellos que se alinean contra este
imperialismo, exceptuando aquellos países de posición antiyanqui directamente
involucrados en la guerra regional de Medio Oriente, pues en estos casos actuar
de otro modo sería favorecer al imperialismo yanqui, enemigo principal de los
pueblos del mundo. Esto mismo sería tanto más válido si la guerra mundial no
puede ser evitada. En este caso, en los países que mantuvieran una posición
antiyanqui el proletariado tendría que posponer la lucha por sus ideales de
clase y subordinarla a la lucha por derrotar al enemigo principal. Pero,
naturalmente, la “unidad nacional” no podría actuarse a lo Earl Browder, sino
como una forma específica de la lucha de clases en las circunstancias de la
lucha contra el imperialismo yanqui y sus lacayos y, por lo tanto, como una
política que le permita al proletariado y a los pueblos una intervención
importante en la toma de decisiones. Como se comprenderá, en las circunstancias
de una nueva guerra mundial se desarrollaría necesariamente una situación
revolucionaria en muchísimos países y, dada esta situación, el proletariado
debe aprovecharla para tomar el poder o contribuir a ello. En otras palabras,
el proletariado no tendría que dejar pasar la oportunidad de llevar hasta la
victoria la lucha por la liberación nacional en los pueblos oprimidos y la
guerra civil revolucionaria en los países capitalistas.
Esta es, brevemente
expuesta, la línea política general del Partido desarrollada conforme la actual
realidad del país y el mundo.
_________
Nota
En la primera edición
de El pez fuera del agua, se decía: “el M.C.I. no debe poner ya el acento en
un ‘centro orgánico’, sino en ‘la organización de un compañerismo basado en la
igualdad’. Esta formulación ha sido reemplazada, en la ya preparada pero aun no
publicada segunda edición del mencionado libro, por la formulación que aparece
en el presente artículo.
Nota:
Este
artículo precisa los resultados, diametralmente opuestos, que ha determinado la
implementación de las dos líneas y los dos caminos que han contendido –que
contienden todavía en cierto grado– en el proceso de la lucha por la
reconstitución del partido de Mariátegui. Cualquier marxista consciente tiene
que reconocer que el liquidacionismo, en uno de sus matices, terminó por
renunciar abiertamente a la Reconstitución, y, en otro de sus matices, acabó agitando
demagógicamente dicho término, pero promoviendo en realidad un partido
doctrinariamente variopinto y, por esto, contrario al partido de Mariátegui. El
artículo que sigue es, pues, una contribución al esclarecimiento de la lucha
entre las dos líneas en lo que respecta a la Reconstitución.
01.04.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
Dos Líneas, Dos
Caminos, Dos Resultados
Eduardo Ibarra
LA
LUCHA POR LA constitución del Partido implicó la implementación de una Línea y de
un Camino para obtener un Resultado Histórico: la fundación del Partido
Socialista del Perú.
La línea y el Camino asumidos por Mariátegui y los demás fundadores,
fue la Línea del marxismo-leninismo y el Camino la construcción de una teoría
de la realidad y la revolución peruanas, la crítica del pensamiento burgués y
de todas las desviaciones del marxismo tanto en la actividad partidaria como en
el trabajo político de masas y, en coherencia con esto, la concentración de los
elementos que representaban aquella Línea y aquel Camino. Solo así fue posible
alcanzar el Resultado Histórico esperado: la Constitución del partido del
proletariado peruano.
En consecuencia, los Continuadores de Mariátegui no
podían sino asumir la Línea del marxismo-leninismo y el Camino de llevar
adelante una consecuente lucha contra el pensamiento burgués y las desviaciones
del marxismo y, en concomitancia con esto, concentrar a los elementos que
representan dicha Línea y dicho Camino a fin de alcanzar el Resultado Histórico
que esperamos: la Reconstitución del partido de Mariátegui.
Sin embargo, ocurre que han existido y existen dos
Líneas, dos Caminos y dos Resultados en relación a la Reconstitución.
Por un lado, tenemos el liquidacionismo que, como se
comprenderá, intenta liquidar el partido de clase y con ello llevar al
despeñadero la Reconstitución; y tenemos a un contingente de Continuadores de
Mariátegui empeñados en llevar la Reconstitución hasta el fin.
El liquidacionismo está representado por dos grupos: el
grupo encabezado por Ramón García y el grupo encabezado por Jaime Lastra. Como
es de conocimiento común, hace años el primer grupo renunció formalmente a la
Reconstitución y, desde entonces, promueve un partido doctrinariamente heterogéneo;
y el segundo grupo mantiene en su discurso la palabra reconstitución, pero toda
su práctica abona la fundación de un partido amalgama.
Entre ambos grupos liquidacionistas existen dos
diferencias a destacar. He aquí la primera: mientras el grupo de García tiene desarrollada
una extensa teoría, lo que no niega ni puede negar su liquidacionismo, pues es
sabido que, en relación a la cuestión del partido, que es la cuestión central
de las divergencias, mantiene una posición contraria al partido de clase y, por
lo tanto, contraria a la Reconstitución; el grupo de Lastra tiene una teoría deficitaria
tanto por su cantidad como por su calidad: en este último aspecto puede constatarse
una evidente superficialidad, una demagogia indigna y una solapada promoción de
un partido doctrinariamente variopinto. He aquí la segunda diferencia: mientras
el grupo de García ha renunciado abiertamente a la Reconstitución, tarea que ha
suplantado por la constitución de “una organización de proyección nacional” con
la participación de revisionistas de toda laya; el grupo de Lastra utiliza la
palabra reconstitución como cubierta de su práctica de concentrar en sus medios
de propaganda a algunos elementos representativos de un partido
doctrinariamente heterogéneo y promover reuniones doctrinariamente variopintas
a espaldas de las cuales trama la constitución de un partido amalgama, como ya
ocurrió en agosto de 2024. Desde luego, quedan fuera de estas observaciones los
marxistas que pueda haber en tales medios y tales reuniones que, por ingenuidad
política, le ponen las espaldas a Lastra para que cabalgue sobre ellas.
Así, pues, la Línea de ambos matices de liquidacionismo
no es el marxismo-leninismo sino el liberalismo, su Camino no es la
concentración orgánica de los que representan dicha Línea, sino la amalgama con
toda suerte de oportunismo y, así las cosas, su Resultado no pudo ser sino la
negación, abierta en un caso, encubierta en otro, de la Reconstitución del
partido de Mariátegui.
Contrariamente a los liquidadores, desde su aparición en
2010 el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI se ratificó en la Línea
del marxismo-leninismo y en el Camino de defender, actualizar y desarrollar el
pensamiento de Mariátegui y sentar así las bases de la concentración orgánica
de los adherentes de aquella Línea y de aquel Camino.
Como Resultado de dicha ratificación, en agosto de 2025
un contingente de Continuadores de Mariátegui dejó constituido el COMITÉ DE
COORDINACIÓN POR LA RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO DE MARIÁTEGUI, que significó el
paso de la lucha por la Reconstitución a una fase superior de su desarrollo.
Este es el Resultado, hasta hoy, de la lucha por la
reconstitución del partido de Mariátegui. Falta, desde luego, un largo espacio
de tiempo hasta hacer posible la realización del Congreso Reconstituyente del
Partido. Como se comprenderá, el análisis de los diversos aspectos, los diferentes
problemas y las numerosas tareas implicados en esta nueva fase de la
Reconstitución, exige tratamiento específico. Pero la clave para un avance
victorioso de la Reconstitución reside en la formación de cuadros, es decir, en
la formación de un sólido contingente de Continuadores de Mariátegui que sepan
analizar los diversos aspectos de la Reconstitución, resolver sus problemas y
llevar adelante sus tareas.
17.01.2026.
Nota:
El
artículo que sigue a continuación aborda la cuestión de las contradicciones
antagónicas en el seno del pueblo y, como era obligado, lo hace en su relación
con la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, identidad que
se define por la contradicción principal que marca el período histórico
concreto. Este artículo es una contribución para el correcto entendimiento del
trabajo de masas del partido proletario, y tiene especial importancia en la
presente situación en que los marxista-leninistas luchan por reconstituir el
partido de Mariátegui. Llevar la Reconstitución hasta su culminación solo es
posible en medio de la lucha de clases de las masas. Esta es una verdad
elemental. Pero hay trabajo de masas y trabajo de masas. El oportunismo también
hace trabajo de masas, pero fuera de la órbita del marxismo-leninismo, mientras
el proletariado consciente desarrolla un trabajo de masas fundado en los
principios de su ideología y en una táctica ajustada a la situación concreta. Así,
pues, el lector encontrará en el artículo el fundamento filosófico del trabajo
de masas del proletariado consciente. Entre otras cosas, este fundamento sirve para
entender que quienes se llenan la boca hablando del oportunista trabajo de
masas que realizan, están lejos del marxismo y, muy especialmente, de la
dialéctica marxista. Por lo expuesto, no puede dudarse de que el artículo que
publicamos, reelaborado en algunas de sus partes, es una contribución a la
reconstitución del partido de Mariátegui.
01.02.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
Acerca de las
Contradicciones Antagónicas en el Seno del Pueblo
E. I.
PARA
TENER UNA visión completa de las contradicciones existentes en el seno del
pueblo, no solo es necesario tener en cuenta las contradicciones no
antagónicas, sino también las contradicciones antagónicas. Aunque la adopción
de una táctica correcta implica la consideración de una serie de factores
nacionales e internacionales, ella es posible solo si se parte de una correcta
comprensión de las contradicciones no antagónicas y las contradicciones
antagónicas en el seno del pueblo.
En febrero de 1957, Mao señaló:
Hablando en términos
generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se
dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de clase. (Obras escogidas, t. V, p. 421).
Como
es de conocimiento común, la identidad fundamental de los intereses de clase del
pueblo está determinada por la contradicción principal de un determinado
período histórico. Lenin señalaba que en toda nación moderna hay dos naciones.
Por eso, puede decirse que en el actual período la contradicción principal en
el Perú es entre la nación peruana, de una parte, y la gran burguesía
intermediaria y el imperialismo de otra parte (la burguesía intermediaria no
tiene sentido nacional). Así, pues, la nación de la que aquí hablamos, está
conformada por la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la
porción de la burguesía nacional (o burguesía media), que se opone al
imperialismo en la medida en que éste impide el desarrollo del capitalismo
nacional. La contradicción entre esta nación, de una parte, y la gran burguesía
y el imperialismo, de otra, es una contradicción antagónica, y tiene su resolución
en la conquista del poder político por el pueblo.
De manera pues que, la identidad
fundamental de los intereses de clase del pueblo es la línea demarcatoria que
separa a quienes luchan por resolver revolucionariamente la contradicción
principal y quienes desenvuelven una actividad limitada a procurar algunas
reformas en el marco del régimen capitalista.
La lucha por la resolución de la
contradicción principal no puede alcanzar el éxito sino sobre la base de la unidad
de las clases trabajadoras en un frente unido revolucionario. Este frente debe
presentar la necesaria correspondencia entre su programa y la posición política
de sus militantes, así como la aplicación de una justa táctica en cada
situación concreta de la lucha de clases.
Como señalaron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, “las ideas dominantes en
cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante.” Así, el reformismo en el seno del pueblo es,
precisamente, un producto de la influencia de la ideología burguesa. Por eso, este
reformismo no va más allá del régimen capitalista, pues apenas se propone
algunos cambios compatibles con el mantenimiento de sus fundamentos:
precisamente por eso es reformismo. En consecuencia, el reformismo no es parte
de la identidad fundamental de los intereses de las clases que conforman el
pueblo; por el contrario, representa una posición antagónica con respecto a
dicha identidad.
Lo mismo puede decirse de las desviaciones del marxismo. Como
se sabe, el marxismo es la ideología del proletariado, clase dirigente de las
clases trabajadoras, la cual, en consecuencia, encarna, más que ninguna otra
clase, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. Las desviaciones
del marxismo son el resultado de la influencia de la burguesía entre el
proletariado y las clases trabajadoras en general y, por eso, no hacen parte de
aquella identidad fundamental.
Lenin subrayó:
El revisionismo o
“revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la
principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción
burguesa de los proletarios. (“Quien mucho corre, pronto para”).
Específicamente
sobre el liquidacionismo, el jefe bolchevique sostuvo:
las desviaciones del marxismo las engendra
la “contrarrevolución burguesa”, las engendra “la influencia burguesa en el
proletariado”. (…) el liquidacionismo
es una desviación “peligrosa” del marxismo, una desviación contra la cual es
necesario luchar, que refleja “la influencia burguesa en el proletariado. (…)
Los intereses de la burguesía, cuyo estado de espíritu es contrario a la
democracia, y, en general, contrarrevolucionario, exigen la liquidación, la disolución del viejo
Partido del proletariado. (…) El liquidacionismo no es solamente la liquidación
(es decir, la disolución, la destrucción) del viejo Partido de la clase obrera;
es también la destrucción de la
independencia de clase del proletariado,
la corrupción de su conciencia por las ideas burguesas. (“La decisión de 1910”).
… el liquidacionismo
desde la derecha, o liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, fue un
viraje hacia el liberalismo. (…) debe estar claro para todos lo absurdo y
ridículo de pensar en la posibilidad de “unir” o “conciliar este grupo [el
grupo liquidacionista] con el partido obrero marxista. (“Marxismo y
liquidacionismo”).
Como
consecuencia, el conductor de la Revolución Rusa estableció la línea marxista
en el movimiento obrero:
La única línea
marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que
la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas
para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la
experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política
obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas. (“El imperialismo y la escisión del socialismo”).
¿Cuál
es la esencia de los citados juicios y de la línea de Lenin para el movimiento
obrero mundial? ¿Cuál es su fondo filosófico? La esencia de tales juicios y de tal
propuesta, su fondo filosófico, es que, en el seno del pueblo, existen no solo
contradicciones no antagónicas sobre la base de la identidad fundamental de sus
intereses de clase, sino también contradicciones antagónicas entre el revolucionarismo
y el reformismo, entre el marxismo y el oportunismo. Estas contradicciones se
dan sobre la base de la no identidad fundamental de los intereses de clase
del pueblo y los intereses de clase del reformismo y el oportunismo; es decir, las
contradicciones antagónicas en el seno del pueblo son formas específicas del antagonismo entre el proletariado y la burguesía.
A propósito del antagonismo entre el marxismo y el
oportunismo, Mao precisó:
Los derechistas,
aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en
realidad son enemigos. Declaramos abiertamente que lo son, que la contradicción
que nos enfrenta a ellos es una contradicción entre nosotros y el enemigo. (Obras escogidas, t. V, p. 541).
Esta
cita le alcanza también al reformismo. Así, los oportunistas y los reformistas que,
desde un punto de vista formal actúan en el seno de las clases trabajadoras,
son enemigos en la medida en que mantienen una posición contraria a la
revolución, motivo por el cual se encuentran fuera de la identidad fundamental
de los intereses de clase del pueblo. El hecho de que oportunistas y
reformistas actúen en el seno de las clases populares, solo puede confundir a quienes
no abordan el problema desde la posición del proletariado y desde el punto de
vista de la dialéctica marxista. Mao sostuvo:
[Los derechistas] son
del pueblo en un tercio de sí mismos, y de la contrarrevolución en los dos
tercios restantes. (Ibídem).
A
algunos marxistas blandengues o más o menos blandengues, estas palabras de Mao (que
les alcanza asimismo a los reformistas) pueden parecerles demasiado fuertes.
Pero es cierto: los derechistas y los reformistas son tales porque sus
posiciones son contrarias a la revolución. Socialmente, actúan en el seno del pueblo y, por
eso, algunos de ellos se ven forzados a utilizar una fraseología revolucionaria;
pero, ideológica y políticamente, son
agentes de la influencia de la burguesía entre las clases trabajadoras. Precisamente
es el caso de los liquidadores, quienes utilizan un lenguaje marxista con el
cual embaucan a algunas personas, siendo que lo que hacen en realidad es
introducir el liberalismo en el seno del pueblo, precisamente en cuestiones tan
fundamentales como el partido y el frente unido. En efecto, los liquidadores absolutizan
las contradicciones no antagónicas en el seno del pueblo hasta el punto de diluir
en ellas las contradicciones antagónicas; es decir, encubren este último tipo
de contradicciones y, sobre esta base, promueven un partido doctrinariamente
heterogéneo y un frente amalgama con la participación de reformistas y
oportunistas. Todo esto es liberalismo. ¿A quién sirve este liberalismo? Ciertamente
no al proletariado, sino a la burguesía.
Por lo expuesto, se entenderá que, en cuanto a la
organización política del proletariado,
Es
absurdo seguir considerando el oportunismo como un fenómeno interior de Partido. (…) Ahora
toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente
ese pus en el organismo, en aras de la “unificación” (con el pus), o si para
contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es
menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso, aunque este
proceso produzca temporalmente agudo dolor. (Lenin, “El oportunismo y la bancarrota
de la II Internacional”).
En
cuanto al frente unido, desde los años sesenta el Partido enfatizó que el
frente no es para compartir con revisionistas y trotskistas. Ahora hay que agregar
que tampoco es para compartir con liquidadores.
El frente revolucionario del pueblo peruano no puede
ser solamente el frente de las organizaciones de izquierda, sino fundamentalmente
de la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la porción de
la burguesía nacional que se opone al imperialismo, frente que, como bien se
sabe, no puede construirse sino sobre la base de la alianza obrero-campesina.
En consecuencia, no es
posible la construcción de un frente unido revolucionario con la pequeña burguesía
reformista y con oportunismos de todo jaez.
Por eso, si la reconstitución del Partido de
Mariátegui es posible únicamente sin el revisionismo y contra el revisionismo
(el liquidacionismo es una forma específica de revisionismo); la construcción del
frente unido revolucionario es posible únicamente sin el reformismo y contra el
reformismo, sin el oportunismo y contra el oportunismo.
Resumiendo: no obstante actuar en el seno
del pueblo, tanto el reformismo como el oportunismo son productos de la
influencia de la ideología burguesa entre las clases trabajadoras y, por esto,
sus posiciones son contrarias a la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. Sin
embargo, ¿qué hace el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo? Pues, como
está probado, postula un partido doctrinariamente heterogéneo, aunque lo niegue
de la boca para afuera y con artimañas absolutamente contrarias a la moral
revolucionaria; así como promueve también un frente amalgama con la
participación de revisionistas y otras hierbas; es decir, niega que
las desviaciones
del marxismo… las engendra “la influencia
burguesa en el proletariado”; [niega
que] El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales
manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el
proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios; [niega que] Los
derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del
pueblo, en realidad son enemigos; [niega que] Ahora toda la cuestión consiste
en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo,
en aras de la “unificación” (con el pus), o si para contribuir a la completa
curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre
del modo más rápido y cuidadoso; [niega que] La única línea marxista en el
movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con
el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución
en una lucha despiadada contra él.
Si
la independencia de clase del partido proletario está dada por su adhesión al
marxismo-leninismo y, por lo tanto, por la lucha contra el oportunismo y su
depuración de las filas partidarias; el carácter revolucionario del frente
unido está dado por la correspondencia necesaria entre el programa
revolucionario y la posición política revolucionaria de sus militantes. En el
Perú de hoy, son revolucionarios todos aquellos que, respondiendo a la
identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, luchan por la
conquista del poder, y no simplemente por algunas reformas. Ningún programa
revolucionario que pueda existir en el papel es pasible de implementarse si los
militantes del frente no son revolucionarios, sino reformistas y oportunistas.
Sin embargo, en la medida en que los reformistas y
oportunistas “son del pueblo en un tercio de sí mismos”, en algunas circunstancias
pueden actuar a favor de una u otra reivindicación concreta, o incluso de un
conjunto de reivindicaciones concretas y, en estos casos, el frente
revolucionario puede actuar conjuntamente con ellos, pero preservando en todo
momento su independencia de clase.
Empero, por aquello de que los reformistas (la
izquierda de la derecha) y los oportunistas (la derecha de la izquierda), son
de “la contrarrevolución en los dos tercios restantes” de sí mismos, lo que no
puede hacerse es incorporarlos a las filas del frente unido revolucionario.
Incorporar a estas filas a reformistas y oportunistas es negar el principio de
la correspondencia necesaria entre el programa y la militancia del frente
revolucionario y, naturalmente, esto sería oportunismo, así como es oportunismo
compartir con ellos en un frente cualquiera en las condiciones históricas consideradas
en el presente artículo.
En conclusión, el liberalismo disfrazado de
marxismo-leninismo encubre el antagonismo entre el revolucionarismo y el
reformismo y entre el marxismo y el revisionismo, y, en consecuencia, socava la
identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. De esta
forma da paso al liberalismo encarnado en la oportunista idea de la “unidad”
con tuti quanti, idea que, dados
aquel encubrimiento y aquella socavación, se revela, para cualquier marxista que
sea capaz de pensar, como una flagrante amputación de la dialéctica marxista y
un evidente oportunismo en el trabajo de masas.
14.12.2025.
Nota:
El
artículo que sigue prueba lo que el autor del mismo ha señalado hace tiempo: el
grupo de Lastra no ha defendido, ni actualizado ni desarrollado ningún aspecto
de la Reconstitución. Por el contrario, ha tergiversado la Creación Heroica de
Mariátegui en cuestiones decisivas e implementado una visión liberal tanto en
su trabajo partidista como en su trabajo frentista. Así, pues, no es culpa de
nadie sino del propio indicado grupo que, desde hace tiempo, se encuentre al
margen de la lucha por la Reconstitución.
01.09.2015.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
El Falso Marxismo-Leninismo
de Jaime Lastra
(Primera Parte)
E. I.
DURANTE
MÁS DE treinta años, Jaime Lastra estuvo suscrito a un
“marxismo-leninismo-maoísmo” completamente falso, que, sin embargo, le servía
para encubrir su liberalismo que se expresaba en su política de paz con las
desviaciones del marxismo, tanto en su actividad partidista como en su
actividad frentista. Como es evidente, esta política liberal caracteriza el
activismo de Lastra hasta hoy mismo.
Acuciado por nuestra observación de que no ha producido
nada de valor sobre ningún aspecto de la Reconstitución, en el número 36 del
blog que dirige nuestro personaje se apresuró a publicar el documento
“Reafirmación o reformulación de la base de unidad partidaria”, precedido de
una nota donde se dice que el mismo es “parte del Compendio del Socialismo
Peruano, todavía inédito, cuyos materiales, en lo principal, son de una Escuela
Política que realizó el Comité Creación Heroica desde (sic) el año 2013”.
Sin embargo, el hecho es que el mencionado Comité no
existía como tal en el año 2013. Por otro lado, por la nota citada nos
enteramos ahora que el documento “Reafirmación o reformulación…” (7 de julio de
2013), que nos fue enviado por Lastra en 2014, hace parte de los materiales de
una “Escuela Política” desarrollada en 2013. Por la misma nota quedamos
informados también de que el documento “El marxismo y su desarrollo”,
igualmente remitido a nosotros por Lastra en 2014, fue un “avance” en relación
a la aludida “Escuela”.
Sin conocer entonces estas circunstancias, procedimos a
analizar ambos documentos, y el resultado fue el artículo “La verdad universal
del proletariado y la reconstitución del partido”, publicado a la sazón en
CREACIÓN HEROICA. La lectura de este artículo le permitirá al lector juzgar si
el documento “El marxismo y su desarrollo” es un “avance significativo” “en
cuanto a nuestra mejor comprensión ideológica”: el impresentable contenido del
artículo desmiente categóricamente el elogioso calificativo con el que Lastra
mismo se refiere a su texto. Esto es una cuestión a tener en cuenta.
Sin embargo del “marxismo-leninismo-maoísmo”, defendido
por Lastra en su artículo “El marxismo y su desarrollo”, en su exposición
“Reafirmación o reformulación…” (que aparece ahora publicado como el tercer
capítulo de un texto que lleva por título “La base de unidad ideológica”), no
se refirió a aquella denominación de la doctrina, no obstante que dicho
artículo fue escrito en fecha próxima a la de esta exposición. En esta
exposición Lastra dice que “debemos reformular la Base de Unidad Partidaria”,
pero, en lo que al aspecto ideológico de esta base se refiere, se limita a
decir que “Nuestra base doctrinal es el marxismo-leninismo, que, al mismo
tiempo, defiende los aportes de Engels, Stalin y Mao de manera preferencial
respecto de tantos otros camaradas que contribuyeron con el desarrollo de la
doctrina, porque sus aportes son aportes sustantivos -integrales al
marxismo-leninismo”. En esta afirmación se constatan varios errores de
apreciación. Primero, Lastra reduce el sentido de los términos marxismo y leninismo
al pensamiento de Marx y de Lenin, respectivamente, y, después de proceder así,
dice que los aportes de Engels, Stalin y Mao son “sustantivos-integrales”; con
esta frase queda silenciado el hecho de que Stalin no desarrolló el marxismo en
el aspecto filosófico, al mismo tiempo que se sugiere que “otros camaradas” no
contribuyeron con aportes “sustantivos” al marxismo, no obstante haber dicho
antes el autor de la frase que los mismos “contribuyeron con el desarrollo de
la doctrina”. Ciertamente esta retórica demuestra que Lastra tiene un embrollo
en la cabeza.
En nuestro artículo “La verdad universal del proletariado
y la reconstitución del partido” (escrito poco después de recibir el artículo
“Reafirmación o reformulación”), se lee lo siguiente:
[Lastra] se propone “reformular
la Base de Unidad Partidaria”. Esto quiere decir que el artículo “El marxismo y
su desarrollo” (título copiado de un artículo de Ramón García, dicho sea de
paso) representa la posición personal de Lastra, quien, se sobreentiende, de
esta forma está tratando de imponer su “marxismo-leninismo-maoísmo”
como nueva base ideológica de su grupo.
Esta
conclusión se desprende necesariamente de la lamentable fundamentación que hizo
de su “marxismo-leninismo-maoísmo” en el artículo “El marxismo y su
desarrollo”. Pero, como hemos anotado, en la versión de la exposición que
comentamos no aparece la intención de Lastra de imponer su falso “m-l-m”.
¿Modificó el contenido de su exposición para su publicación este año de 2025?
Esto es, asimismo, una cuestión a tener en cuenta.
En una conversación con un miembro del CRJCM, una persona
cercana al “CCH” refirió que después de muchas horas de discusión, Lastra
terminó aceptando que el leninismo es una época en el desarrollo del marxismo,
pero no precisó cuándo ocurrió esto. En el artículo de Carlos Moreno, “Breve
respuesta al artículo de Eduardo Ibarra”, que dio lugar a una respuesta
nuestra, no se habla de “m-l-m” sino de marxismo-leninismo. En las treintaiocho
ediciones del blog de Lastra (la primera data de mayo de 2021), no hay rastro
de su “marxismo-leninismo-maoísmo”, y, contrariamente, en el número 33 de dicho
blog (15 de enero de 2025) fue publicado el artículo “Debate sobre el
marxismo-leninismo-maoísmo” bajo la firma del “CCH” (pero escrito por Lastra),
donde se hace una crítica a esta denominación de la doctrina en la cabeza de
Abimael Guzmán, pero, expresivamente, sin hacer la más mínima mención a la
desatinada fundamentación del propio Lastra de su pasado
“marxismo-leninismo-maoísmo”. Todos estos hechos indican que Lastra ha
reculado: de su “m-l-m” de varias décadas, a su actual marxismo-leninismo. ¿Este cambio expresa una real
rectificación? Más adelante veremos esta cuestión. Por ahora solo subrayaremos
algo que es muy propio de Lastra: su renuencia a la autocrítica.
En un discurso del 18 de enero de 1957, Mao señaló:
Bastó que el XX
Congreso del PCUS hiciera lo que hizo para que algunos de los que se habían
presentado como fervientes partidarios de Stalin pasaran a combatirlo con igual
fervor. En mi opinión, ellos han dejado de lado el marxismo-leninismo, no
tienen un enfoque analítico de los problemas y, en fin, carecen de moral
revolucionaria. El marxismo-leninismo conlleva, entre otras cosas, la moral
revolucionaria del proletariado. Ya que ustedes fueron antes tan ardientes
partidarios de Stalin, ¿no tendrían que haber explicado de alguna manera su
actual viraje? Pero, sin brindar la menor explicación, han dado de repente un
viraje de 180 grados, como si estas Sus Señorías nunca jamás hubieran sido
partidarios de Stalin, no obstante haberse adherido a él, en el pasado, de
manera muy fervorosa. (Obras escogidas,
t. V. pp. 385-386).
Ya
que Lastra fue tan ardiente partidario del “marxismo-leninismo-maoísmo”, ¿no
hubiera tenido que explicar de alguna manera su viraje? Sin brindar la menor
explicación, Su Señoría Lastra ha dado un viraje como si nunca jamás hubiera
sido fervoroso partidario del “m-l-m”.(1)
Pues bien, la reconstitución del partido de Mariátegui
tiene una base ideológica insustituible: el marxismo-leninismo. Por eso, es
insoslayable analizar esta cuestión teniendo en cuenta los argumentos de
quienes postulan el “marxismo-leninismo-maoísmo” (PCP-SL, PCR,EU, otras
organizaciones que fueron parte del MRI, etc.); de quienes reducen la doctrina
a solo marxismo (grupo liquidacionista encabezado por Ramón García); y de
quienes utilizan el término, pero vaciado de su contenido revolucionario (como hacen
los revisionistas a lo Jruschov y Brezhnev y sus epígonos), pues la
dilucidación de la corrección de la denominación de la doctrina como
marxismo-leninismo es un problema teórico que tiene que ver directamente con la
Reconstitución y, como se comprenderá, el Partido reconstituido requiere de una
teoría acerca del desarrollo del marxismo y su denominación.
Como se sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo
como la base de unidad ideológica del Partido Socialista del Perú (ver Ideología y política). Y, en Defensa del marxismo, fundamentó
suficientemente su adhesión a dicha denominación:
La revolución rusa constituye, acéptenlo o no
los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporáneo. Es
en ese acontecimiento, cuyo alcance histórico no se puede aún medir, donde hay
que ir a buscar la nueva etapa marxista.
(p. 22; cursivas nuestras).
Con lenguaje bíblico, el poeta Paul Valery
expresaba así en 1919 una línea genealógica: “Y éste fue Kant que engendró a
Hegel, el cual engendró a Marx, el cual engendró a…”. Aunque la revolución rusa
estaba ya en acto, era todavía muy temprano para no contentarse prudentemente
con estos puntos suspensivos, al llegar a la descendencia de Marx. Pero en
1925, C. Achelin los reemplazó por el nombre de Lenin. Y es probable que el
propio Paul Valery, no encontrase entonces demasiado atrevido ese modo de completar
su pensamiento. (…) El materialismo histórico reconoce en su origen tres
fuentes: la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el
socialismo francés. Este es, precisamente, el concepto de Lenin. Conforme a él,
Kant y Hegel anteceden y originan a Marx primero y a Lenin después de la misma
manera que el capitalismo antecede y origina al socialismo (p. 39; cursivas
nuestras).
Lenin nos prueba, en la política práctica, con
el testimonio irrecusable de una revolución, que el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx (p.
126; cursivas nuestras).
En el fondo de estas citas se encuentra la solución a dos
cuestiones concomitantes que de hecho continúan en debate: ¿posee el marxismo
la potencia generatriz de desarrollarse como verdad universal?, ¿el leninismo
es un desarrollo de valor universal del marxismo? Con su citado acuerdo,
Mariátegui respondió positivamente a estos interrogantes. Así, pues, puede
decirse que Mariátegui y el PSP contaron con una teoría sobre el desarrollo del
marxismo y su denominación contemporánea.
En la
actualidad, la solución del problema de la denominación de la doctrina se
presenta en términos que exigen, más que ayer, ir a la esencia del mismo. ¿Qué
hay en el fondo de la formulación “marxismo-leninismo-maoísmo”? ¿Qué hay en el
fondo de la formulación “marxismo”, así a secas? ¿Qué hay detrás de la
formulación “marxismo-leninismo” sin entender por esto la doctrina de Marx,
Engels, Lenin, Stalin, Mao?
_____________
Notas
[1] Quienes no son capaces
de darse cuenta de la permanente actitud reacia de Lastra a la autocrítica,
tienen aquí un ejemplo vivo de dicha actitud: en una cuestión tan importante
como es la correcta denominación de la doctrina (que encierra, como cuestión de
fondo, el problema del desarrollo del marxismo), Lastra no ha sentido la
elemental necesidad de autocriticarse de su pasado “maoísmo”, incluso hasta por
un simple respeto a sus allegados; pero el problema muestra peor semblante
todavía cuando se constata que éstos no solo no le han exigido la
correspondiente autocrítica, sino que ellos mismos (o algunos de ellos) han
pasado, dócilmente, del falso “m-l-m” al falso marxismo-leninismo.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui
de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
Socialismo Proletario y Socialismo Pequeño Burgués
E. I.
I
Como es de conocimiento general, en
el capítulo III del Manifiesto del partido comunista, Marx y Engels
analizaron el socialismo reaccionario (socialismo feudal, socialismo pequeño
burgués y socialismo alemán o socialismo «verdadero»), el socialismo conservador o
burgués y el socialismo y el comunismo crítico-utópicos.
Este análisis demuestra que en el
tiempo del Manifiesto la palabra
socialismo servía para designar una gama de corrientes reaccionarias y no proletarias, algunas de estas últimas
en coexistencia con el socialismo científico en el seno del movimiento obrero.
El desarrollo del capitalismo en los
países de Europa occidental en los veintitantos años posteriores a la
revolución de 1848 y el consiguiente desarrollo de la clase obrera y de la
lucha entre el capital y el trabajo, demostraron la omnipotencia del socialismo
científico y la impotencia de todas las tendencias del socialismo no marxista. En su «Introducción» al célebre libro La Guerra Civil
en Francia, de Marx, Engels sostuvo que la Comuna de París «fue la tumba de la escuela
proudhoniana del socialismo», pues demostró prácticamente la inconsistencia de la
posición de Proudhon contraria a la asociación de los obreros para el ejercicio
de la dirección de la producción, así como, asimismo, la tumba del blanquismo,
pues demostró, también prácticamente, que la revolución proletaria no es ni
puede ser el resultado de la acción conspiradora de un pequeño grupo de
individuos, sino el producto de la lucha de las amplias masas populares.
El resultado de este doble entierro
fue que el socialismo científico se reveló como el único socialismo realmente
contrapuesto al capitalismo, como el único socialismo con un proyecto de
sociedad que emana de la propia necesidad histórica. En su conocido artículo «Vicisitudes históricas de la
doctrina de Carlos Marx», Lenin señaló respecto a uno de los
resultados fundamentales del triunfo del marxismo:
La dialéctica de la historia es tal,
que el triunfo teórico del marxismo obliga a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. El
liberalismo, interiormente podrido, intenta renacer bajo la forma de oportunismo socialista.
Esta aserción es completamente
correcta. En efecto, después del triunfo teórico del marxismo, el liberalismo,
interiormente podrido, renació como socialismo oportunista, y muchos casos
demuestran ahora mismo esta verdad.
Por su parte, Mariátegui sostuvo:
El pensamiento revolucionario, y aún
el reformista, no puede ser ya liberal sino socialista. (7 Ensayos).
Esto significa que en el mundo
contemporáneo el pensamiento revolucionario no puede ser ya liberal sino
socialista en el sentido proletario del término, y que el reformismo no aparece
ya como liberalismo sino como oportunismo socialista, como oportunismo en el
seno del marxismo, es decir, como revisionismo. Ahora bien, este renacimiento
del liberalismo como revisionismo determina que el mismo pueda ser confrontado
en el terreno general del marxismo y, por lo tanto, pueda demostrarse mil veces
más que el revisionismo no es más que socialismo de palabra y liberalismo de
hecho.
II
Las
diversas clases sociales que conforman los pueblos del mundo, reaccionaron de
distintas formas frente a los perniciosos efectos de la aplicación del
neoliberalismo económico.
El
proletariado, fraccionado y debilitado, si bien tuvo una respuesta importante
en el plano teórico, en la práctica no ha tenido la potencia necesaria para
luchar victoriosamente contra las expresiones neoliberales de la dominación del
capital sobre el trabajo.
Por su
parte, la pequeña burguesía respondió al neoliberalismo con algunos discursos
teóricos y, en el plano práctico, alcanzó el gobierno en algunos países de la
periferia del mundo. El caso más publicitado es el del
gobierno del Partido Socialista Unificado de Venezuela, que, como se sabe, se
reclama inspirado en la teoría del «socialismo
del siglo XXI».
Pues bien,
lo característico de este gobierno –y de otros por el estilo– es que convive
con la gran burguesía intermediaria del imperialismo, tiene un respeto
supersticioso por la democracia burguesa y cree poder pasar al socialismo por
la vía pacífica.
La
convivencia con la burguesía intermediaria del imperialismo revela que, como es
natural, el reformismo no tiene la intención de liquidar dicha clase, es decir,
de confiscar sus medios de producción. Pues bien, esta convivencia
–conflictiva, sin embargo, en algunos aspectos, aunque solo hasta cierto punto–
significa que, en los países con gobierno reformista, la gran burguesía tiene,
cada cuatro o cinco años, la posibilidad de recuperar el gobierno mediante
elecciones. En otras palabras, presenta la nota de que, a pesar del tiempo que
llevan los gobiernos reformistas, el poder económico de la gran burguesía se
mantiene intacto y aun fortalecido. Este hecho expresa el respeto supersticioso
de los gobiernos reformistas por la propiedad privada de la gran burguesía y,
como es claro, esto es liberalismo y no
marxismo.
Como se sabe, el teórico del «socialismo
del siglo XXI», Heinz
Dieterich Steffan, pone un signo de igualdad entre su socialismo y la llamada democracia participativa que, incluso en
los casos en que se muestra muy participativa, no deja de ser democracia
burguesa, pues de hecho sirve para la reproducción de las relaciones
capitalistas de producción.
Mariátegui
señaló:
Por eso la
democracia burguesa, en cualquiera de sus formas y en cualquiera de sus
niveles, no es el cauce de la revolución. Los cauces legales solo sirven para
que el proletariado lleve su lucha de clase al terreno de la burguesía y
acumule fuerzas. Nada más. Por eso Mariátegui señaló que
la revolución es la gestación dolorosa, el parto sangriento del presente.(La
escena contemporánea).
Ciertamente
la idea de una vía pacífica al socialismo revela una concepción evolucionista y
no revolucionista y, esto, como es claro, es liberalismo y no marxismo.
Así, pues,
no obstante su retórica, los gobiernos reformistas cumplen el papel de
administradores del capitalismo.
Pues bien,
por su convivencia con la gran burguesía intermediaria, su concepción
democrático burguesa y su ilusoria transición pacífica al socialismo, los
gobiernos dizque socialistas, son casos en los que el liberalismo ha
reaparecido como socialismo oportunista.
III
Después de la experiencia de la
revolución socialista en el siglo XX, hablar de un socialismo que no sea de
clase y de una política que no sea de clase, es un absurdo completo y, para
decirlo francamente, es un engaño. Por eso, los marxistas deben explicar que el
único socialismo revolucionario es el socialismo marxista, y que el socialismo
reformista no es más que liberalismo reaparecido bajo una nueva forma. Es
decir, el marxismo tiene necesidad de desenmascarar al socialismo oportunista,
al revisionismo, lo que no impide que, ante un gobierno de esta tendencia,
apoye las reformas que en alguna medida respondan a los intereses inmediatos de
las clases trabajadoras, pero, naturalmente, luchando porque tales reformas se
cumplan realmente; empero, al mismo tiempo, como en cualquier circunstancia, el
socialismo marxista debe mantener su independencia ideológica, política y
orgánica, pues si bien apoya las reformas como las aludidas, no apoya en cambio
el reformismo.
En general, el socialismo marxista
debe criticar todas las concepciones ideológicas, teóricas, políticas y
orgánicas no proletarias. Este es el único modo de alcanzar la
hegemonía en el seno de las masas.
Y, ante la tergiversación del
concepto de revolución, debe reivindicar estricta e intransigentemente el
sentido clasista de este concepto fundamental del marxismo.