jueves, 2 de abril de 2026

Política

Nota: 

Esta parte final del artículo que sigue a continuación, tiene un corolario necesario y esclarecedor: la lucha de clases se presenta de tal forma, que la lucha entre las dos líneas en torno a la cuestión del partido del proletariado peruano, da cuenta de que el discurso demagógico del grupo encabezado por Jaime Lastra no le alcanza para encubrir su posición contraria a la reconstitución del partido de Mariátegui. Esta es una verdad accesible a toda persona con dos dedos de frente que no se encuentre hundido en el seguidismo, el servilismo, el amiguismo o en algún interés subalterno. 

Los activistas que mantienen su adhesión al marxismo-leninismo, al pensamiento de Mariátegui y a la Reconstitución, sabrán asumir una correcta posición con respecto al discurso engañoso del mencionado grupo y a sus ocultos, aunque ya desenmascarados afanes de llevar la Reconstitución al despeñadero. 

01.04.2026.

Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo 

(Quinta y Última Parte) 

Eduardo Ibarra 

TAMBIÉN DICE Moreno que “La participacion (sic) electoral no es prioritaria en Renovemos aunque no se descarta en condiciones de debilidad del movimiento popular y revolucionario.” 

Ciertamente con esta afirmación nuestro liquidador intenta defender Renovemos de nuestra observación de ser un frente electorero. Pero su intención es un bumerang contra él mismo. Ante todo, porque la lucha electoral es una necesidad en el actual período de vigencia de la democracia burguesa, y no puede decirse alegremente que ella “no se descarta en condiciones de debilidad del movimiento popular y revolucionario”; de esta forma Moreno pretende “corregir” la teoría del “termómetro del sufragio” de Engels. Segundo, la frase de Moreno está en contraste con esta otra de Lastra en el ya mencionado folleto del CPCH: “[después de la elección de Kuczynki] está pendiente un balance que permita sacar lecciones y continuar el avance de la construcción del frente político de masas para afrontar la lucha electoral”. Y no puede decir Moreno que esta afirmación es válida para lo que fue el Frente Amplio y no para Renovemos. Así, la confesión de Lastra sirve para demostrar sin vuelta de hoja que el primer frente fue tan electorero como lo es ahora el segundo. En el caso de Renovemos se constata fácilmente la negación del principio de la correspondencia necesaria entre el programa revolucionario y la membresía del frente: su programa “en construcción” no es revolucionario y su membresía tampoco (ya quedó claro que en sus filas la inmensa mayoría está formada por “progresistas” y “socialistas”, término este último con el que Moreno y demás liquidadores designan a oportunistas de todo pelo). Pues bien, en las condiciones de vigencia de la democracia burguesa, el frente revolucionario debe desenvolver la lucha electoral, tanto si las clases populares se encuentran en condiciones “de debilidad” como en buenas condiciones, a efecto de desarrollar la lucha directa de las masas (“El comunismo conforme a su práctica mundial asistirá a las elecciones con meros fines de agitación y propaganda clasista”, señaló Mariátegui ya en 1928), esto es, para elevar su educación política y su organización revolucionaria para la toma del poder, y no apenas con el objetivo de ser gobierno e implementar algunas reformas dentro del marco del régimen capitalista. Así que, al lado del “frente electoral” (promovido desde los años ochenta en la literatura de varias organizaciones), tenemos el “partido electoral” (ver nuestro artículo “El Manifiesto Comunista y el partido de clase”, publicado en partes en CREACIÓN HEROICA). Este es el cuadro que presenta la lucha electoral desde hace más de cuarenta años. 

Como es de conocimiento común, Moreno y Lastra apelan a cada momento a las masas como un refugio para disimular su vaciedad teórica y sus posiciones oportunistas: la reconstitución se hace en medio de la lucha de las masas, dicen, como si hubiesen descubierto la pólvora. Pero sucede que desde fines de los años sesenta el Partido sostuvo que la Reconstitución debe hacerse en medio de la lucha de clases de las masas. La afirmación de Moreno, sin embargo, no quiere decir que su grupo desenvuelva la Reconstitución en medio de dicha lucha, pues lo que hace en realidad es socavarla con su concepción oportunista del frente unido, es decir, con su práctica de impulsar un frente amalgama (también desde los mencionados años el Partido señaló que el frente unido no es para compartir con revisionistas, trotskistas, etc.) Pero hay más. La reconstitución no solo se hace en medio de la lucha de clases de las masas, sino también, al mismo tiempo, en medio de la lucha entre las dos líneas, y en este contexto el grupo de Moreno y Lastra igualmente socava la Reconstitución y, todavía más, se opone a ella. ¿Cómo se opone el grupo liquidacionista a la Reconstitución en medio de la lucha entre las dos líneas? Pues suplantando el marxismo-leninismo con el liberalismo, tergiversando el pensamiento de Mariátegui, promoviendo un partido doctrinariamente heterogéneo. De manera pues que, en el contexto de la lucha de masas, con su frente reformista y electorero el grupo liquidacionista está ubicado en una posición de derecha, precisamente a causa de que en el contexto de la lucha entre las dos líneas está ubicado en una posición contraria a la Reconstitución del partido de Mariátegui y favorable al partido doctrinariamente variopinto. 

Obviamente, de esta verdad pueden darse cuenta solo aquellos que tienen la capacidad de ver la diferencia entre lo que proclaman los Lastra y los Moreno y lo que hacen concretamente, no los que no tienen esta elemental capacidad por tener sus facultades mentales bloqueadas por el servilismo, el amiguismo, la falta de carácter, algunos intereses subalternos o directamente por el oportunismo. 

La lucha contra las desviaciones del marxismo es una condición sine qua nom de la Reconstitución, y justamente por esto exige una posición de clase y no una posición oportunista, así como, al mismo tiempo, requiere pensamiento y no simple declamación.   

       Moreno dice: “lograr una unidad doctrinal homogénea de los más afines.” 

Por lo tanto, preguntamos: ¿habrá, acaso, una “unidad doctrinal” heterogénea? Con su desafortunada frase, Moreno quiere dar a entender que dicha “unidad” será la unidad “de los más afines” (no, pues, de los afines, sino “de los más afines”), y dice que “en ese momento” “se habrá culminado el proceso de reconstitución”. Como es fácil advertir, esto es pura palabrería, con la cual Moreno intenta inútilmente impresionar a los lectores. 

       Nuestro palabrero dice: 


Indudablemente algunos quedarán en el camino porque seguramente no coincidan con los puntos de las bases de unidad de la línea política (sic). 

Es decir, en la argumentación de Moreno no aparece en ninguna parte la tarea básica de la reconstitución: defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui, sino apenas la citada generalidad. ¿Cuáles puntos, pues? ¿Qué “bases de unidad de la línea política”? Ya hemos señalado que la ambigüedad caracteriza el discurso de Moreno y sus congéneres, y en el caso de que tratamos, la base teórica de la Reconstitución es reducida a “bases de unidad de la línea política”, frase ininteligible que deja al lector sin la posibilidad de comprender exactamente qué es lo quiso decir Moreno, y esta oscuridad se explica porque, como el lector debe haber percibido, los nuevos liquidadores quieren encubrir con ella, así como con otras oscuras frases, el fondo de sus posiciones: la tergiversación de aspectos fundamentales de la Creación Heroica de Mariátegui y el truco de pasar como reconstitución el intento de fundar un partido doctrinariamente heterogéneo. 

Por otro lado, Moreno dice que 


[la] reconstitución ya se inició y el propio grupo de Ibarra forma parte de ese proceso, como también lo forma el Comité Político Creación Heroica y quizá algún otro grupo. 

Bueno, con esta afirmación nos enteramos de que el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI “forma parte” de la Reconstitución. Pero este sensacional descubrimiento encierra una trampa evidente, pues inmediatamente después Moreno suelta esta perla: “como también lo forma el Comité Político Creación Heroica”. No nos repetiremos, pero el lector sabe ya, perfectamente, que este Comité, que es el grupo de Moreno, está fuera del camino de la Reconstitución, no porque lo digamos nosotros, sino por culpa de sus propios miembros y especialmente de Lastra: ¿acaso no es un hecho su falso marxismo-leninismo, su antimariateguismo, su reconstitución tramposa? ¿Acaso no es un hecho que en tales filas nadie es capaz de desplegar una consecuente lucha en defensa del marxismo-leninismo, el pensamiento de Mariátegui y la Reconstitución? El grupo de Moreno y Lastra es, pues, un grupo “monolíticamente” liquidacionista y, por esto mismo, completamente contrario a la Reconstitución. 

Pongamos algunos ejemplos que deberían disipar todas las dudas y todas las vacilaciones de algún incrédulo que pueda haber. En la revista Pizarra Socialista, que dirigía Lastra, se publicitaron la idea de un “pueblo tawantinsuyano” paralelo al pueblo peruano y un apoyo incondicional al reformismo en el gobierno (Venezuela, Ecuador). Estas posiciones oportunistas, negadoras de la teoría mariateguiana de la cuestión nacional y del carácter de clase del reformismo, nunca fueron rebatidas por Lastra ni por ninguno de sus repetidores. Fueron, pues, asumidas con pusilánime silencio. Prueba esto el hecho de que posteriormente Lastra esgrimió –esgrime todavía– la tesis antimariateguiana y de cuño ravinista de “un Perú plurinacional” (ver nuestro libro Defensa de la creación heroica de José Carlos Mariátegui). 

Pero, claro, Moreno es ciego a estas realidades, lo que se explica por el espíritu servil y genuflexo, en relación a Lastra, que ha mostrado a lo largo de la polémica. 

Ahora aclaremos el punto que quedó pendiente. Moreno dice: 


Eduardo Ibarra, ha dedicado hasta cinco números de su blog para criticar, según el (sic), un artículo de Carlos Moreno. (…) [y] se llena de citas de Lenin y de Mariategui (sic) para "demostrar" el supuesto liquidacionismo del grupo político con quién pretende debatir. 

Lo del “supuesto liquidacionismo” del grupo de Moreno ha sido ya refutado en otro lugar con la demostración de que el liquidacionismo de dicho grupo es una realidad indiscutible (ver nuestro artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”), por lo que aquí es necesario agregar solo algo más al respecto. Según la interesada lógica de Moreno, nuestra crítica a las posiciones antimarxistas, antimariateguianas y contrarias a la Reconstitución que caracterizan a su grupo, solamente es crítica según nuestro particular punto de vista. Pero sucede que quienquiera que haya seguido nuestra polémica con Lastra y Moreno y que, además, no sea obtuso, tiene que haberse percatado de que, mientras nosotros hemos esclarecido las teorías y los hechos y, como consecuencia, desenmascarado el liquidacionismo de derecha de los mencionados personajes, estos se han limitado a esgrimir mentiras, calumnias, diversivos y otros métodos criollos. Las palabrejas alucinaciones, suposiciones, sambenitos, desubicada y otras por el estilo, prueban la pobreza argumentativa y la miseria moral de quienes las han utilizado en su desesperado afán por ocultar lo inocultable: su propuesta de fundar “un núcleo de dirección” doctrinariamente heterogéneo con el concurso de liquidadores y marxistas. Esto está en la conciencia de los lectores (de los lectores capaces de pensar basándose en los hechos, naturalmente). Esta realidad es la que Moreno intenta silenciar con la frasecilla “según el”; por lo demás, la otra frasecilla, “pretende debatir”, no es más que el producto de que, por la falsa conciencia que nuestro liquidador tiene de su grupo, cree que el mismo no es pasible de ser criticado, y que, por lo tanto, cualquier crítica que se le haga, es solamente una “pretensión” de crítica. Este tipo de afirmaciones pretenciosas y diversivas, que hacen cúmulo, es parte del mísero equipaje “teórico” que ha podido mostrar Moreno a lo largo del debate (y no solo él). 

       Pues bien, ¿cómo así Lastra, arrastrado por su complejo de director de orquesta, podría cumplir algún papel en la reconstitución del partido de Mariátegui, si, como demuestran los hechos, es un recalcitrante tergiversador de Mariátegui? Observe el lector que, por ejemplo, a siete meses de haberse demostrado la tergiversación que comete del concepto mariateguiano de un Perú Integral, con una obcecación que linda con la estulticia, continúa sosteniendo semejante suplantación. Esta obcecación prueba lo que hemos dicho en otro lugar: a Lastra le interesa su persona, no Mariátegui; concretamente en el caso que nos ocupa, le interesa no pasar por el sentimiento de autocriticarse, y no la verdad mariateguiana. Pero esta situación contraria al espíritu revolucionario se agrava por el hecho de que en su grupo nadie ha sido capaz de defender el pensamiento de Mariátegui. 

       Moreno dice: 


la reconstitución sobre el (sic) cual [Eduardo Ibarra] tiene importantes aportes. 

¿Así? No lo sabíamos, pero ya que eso dice Moreno, entonces, ¿por qué no publica y comenta positivamente esos “aportes”? ¿No es esto precisamente lo que tendría que hacer, si su citada frase no es adulación, socorrido recurso suyo y de Lastra? 

       Moreno dice: 


Eduardo Ibarra, ha dedicado hasta cinco números de su blog para criticar [un artículo de Carlos Moreno]. 

Esta frase, escrita cuando todavía no terminábamos de publicar “El trasfondo de un artículo…”, es particularmente expresiva: evidencia que a Moreno le causa escalofríos el desenmascaramiento de las posiciones liquidacionistas de su grupo y, prácticamente, equivale a gritar desesperadamente: “¡por favor, por favor, no siga publicando su artículo!”      

Pero, la crítica al liquidacionismo es absolutamente necesaria, pues Lastra se ha aderezado su propia concepción del marxismo-leninismo, del pensamiento de Mariátegui, del partido de clase, de la reconstitución, del frente unido y, de esta forma, pretende pasar gato por liebre. Y es tanto más necesaria por cuanto nuestro liquidador se “infiltró”, tanto en el Frente Amplio como en Renovemos, para “sacar de allí algunos elementos” para su grupo, así como anteriormente se había “infiltrado” en el grupo liquidacionista encabezado por Ramón García con el mismo objetivo. La prueba de esta conducta oportunista (oportunista en el sentido más prosaico de la palabra) es que, A CONFESIÓN DE PARTE, RELEVO DE PRUEBAS. Esta es, pues, la política frentista “genuina y sincera” de Lastra; este es su compartir con los oportunistas “la misma doctrina” y “un proyecto común”; esta es la política entrista –profundamente antimarxista– que viene de la Primera Internacional con Bakunin y de la revolución Rusa con Trotsky, y que, en el caso de Lastra –y como no puede ser de otro modo–, hay que desenmascarar sin cobardes miramientos. 

Toda nuestra crítica al liquidacionismo, al antimariateguismo, a la vaciedad teórica, a los métodos criollos del grupo de Moreno, crítica expuesta, una vez más, en las presentes líneas y, asimismo, en los artículos “La reconstitución del Partido de Mariátegui y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, “El concepto mariateguiano de un Perú integral”, “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”, “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra”, “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”, así como en el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, etcétera, explica el silencio impotente en el que se sumió el inefable Lastra. Esta impotencia se explica porque su cerebro anti-teórico no alcanza a comprender el marxismo-leninismo y la problemática que encierra, porque no está a la altura de defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui en la lucha por la Reconstitución y porque no tiene ninguna capacidad de entender la misma Reconstitución como la reconstitución del partido de clase de Mariátegui que resuelve positivamente la relación entre la verdad universal del proletariado y la práctica concreta de la revolución peruana, entre el pasado y el presente de nuestro proletariado consciente como momentos de su continuidad histórica y, por último, entre la vanguardia marxista-leninista, de una parte, y la clase y las amplias masas populares de otra. 

Pero, claro, el trasfondo de la impotencia de Lastra es su posición oportunista con respecto a todas y cada una de las cuestiones apuntadas en el párrafo precedente. 

Resumamos: igual que el Dios Lastra, el Dios Moreno es un Dios falsario, calumnioso, sofista, adulador, retórico, infecundo y amoral. 

Este es el tipo social que ha producido el grupo liquidacionista de los Lastra y los Moreno. 

12.11.2025.



Nota: 

En las actuales circunstancias en que se aproximan las elecciones generales, es importante tener en cuenta el uso riguroso de determinados conceptos a efecto de poder orientarnos en el mapa de las organizaciones políticas que participarán en la mencionada justa electoral. Es de esperar que la republicación del artículo que siga sirva para la reflexión del lector sobre los problemas de la lucha electoral y el discernimiento de la forma en que se presenta esta lucha en las elecciones de abril próximo. 

01.04.2026.

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

 

Izquierda y Derecha

 

E. I.

 

I


Los dos términos que dan título al presente artículo han sido desahuciados por algunos intelectuales burgueses con el espurio argumento de que son anacrónicos. Según ellos, en el mundo no existe ya la contradicción entre capitalismo y socialismo, y, en consecuencia, en todos los países ha desaparecido la división de las fuerzas políticas en izquierda y derecha. Con esta falacia buscan borrar de la conciencia de las clases trabajadoras toda precisa demarcación entre revolución y reacción. Por otro lado, hay quienes utilizan los mencionados términos de una manera abusiva, es decir, sin tener en cuenta su estricto significado. Finalmente, hay también quienes, so capa de su origen, pretenden expulsar ambos términos del lexicón marxista o, cuando menos, descalificar el término izquierda como denominación de las fuerzas revolucionarias.

 

Ciertamente estas son razones suficientes para intentar un esclarecimiento de tales cuestiones.

 

En la Convención Nacional francesa de 1791, los jacobinos, que luchaban por liquidar el feudalismo, ocuparon el lado izquierdo del foro, mientras los girondinos, que seguían el camino de la conciliación con la monarquía, ocuparon el lado derecho. De esta azarosa circunstancia se tomó la costumbre de llamar izquierda a los jacobinos y derecha a los girondinos. En consecuencia, ambos términos adquirieron un contenido político preciso: empezaron a designar las dos tendencias fundamentales de la burguesía francesa del siglo XVIII: la  tendencia revolucionaria y la tendencia oportunista.

 

Ahora bien, la clase feudal era entonces la derecha por antonomasia. En consecuencia, en la época de que tratamos, en el seno del pueblo eran de izquierda quienes luchaban por liquidar la sociedad feudal y establecer la sociedad burguesa, mientras eran de derecha quienes conciliaban con la monarquía. Esto quiere decir que, desde un principio, ambos términos definieron la posición de las distintas fuerzas políticas en el seno del pueblo por su posición ante el poder político vigente. Y, precisamente en esto reside el quid de la cuestión.

 

En virtud pues de su adquirido contenido político, los términos izquierda y derecha cobraron carta de ciudadanía más allá de los marcos de la Francia dieciochesca, y hasta terminaron trascendiendo los marcos de la lucha de la burguesía contra el feudalismo.

 

Así, los dichos términos fueron asimilados al lexicón marxista, y precisamente en la literatura del partido bolchevique. En el ¿Qué Hacer? (escrito entre 1901 y 1902), Lenin sostuvo:

 

La comparación de las dos tendencias existentes en el seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina –la Montaña– y la girondina)  fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo fue Plejánov. Los demócratas-constitucionalistas, los “sin título” y los mencheviques gustan aún ahora de hablar del “jacobinismo” en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día prefieren callar u... olvidar el hecho de que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia.

                                         

Y, en 1904, mantuvo en otro lugar:

 

De por sí el hecho de la división del Congreso (del partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y oportunista, no sólo no representa aún nada terrible ni nada crítico, sino ni siquiera absolutamente nada anormal. (Un paso adelante, dos pasos atrás.

 

De manera pues que, ya a principios del siglo XX, los términos izquierda y derecha estaban consagrados en el lexicón marxista y, como hemos visto, los mismos designan las dos tendencias fundamentales en el seno del proletariado (y por extensión en el seno del pueblo): la tendencia revolucionaria, que lucha por liquidar el capitalismo y reemplazarlo por el socialismo; y la tendencia oportunista, que lucha por atenuar algunas expresiones extremas del capitalismo, pero no por liquidarlo como sistema económico-social.

 

Con estos términos ha sucedido, pues, lo que Engels señala con toda razón en su famoso Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: las palabras valen no «lo que deberían denotar por su origen», sino lo que «significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real».

 

II

 

Exactamente como ayer la clase feudal fue la derecha por antonomasia, hoy la clase burguesa es la derecha por antonomasia. Por consiguiente, en nuestra época cualquier fuerza política en el seno del pueblo se define como de izquierda o de derecha en función de su posición ante al poder político de la burguesía.

 

Los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay, del Partido de los Trabajadores en Brasil, del Partido Socialista Unificado de Venezuela, del Movimiento al Socialismo en Bolivia, entre otros, son considerados por algunos como de izquierda. Pero la verdad es que, en rigor, ninguno de esos gobiernos es de izquierda, pues no tienen más horizonte que reformar el capitalismo.

 

No obstante, es un hecho que, con arreglo a su empleo real, el término izquierda ha cobrado una nueva acepción: designa también a las fuerzas políticas reformistas. Entonces, como consecuencia de ello, es menester aclarar que tales fuerzas son, en realidad, la izquierda de la derecha, pues, objetivamente, cumplen la función de sostener el sistema capitalista mediante su maquillaje.

 

Existe, pues, una diferencia sustancial entre la izquierda que lucha por liquidar el capitalismo y la izquierda que lucha por retocarlo, entre la izquierda revolucionaria y la izquierda reformista, entre la izquierda auténtica y la izquierda espuria.

 

Por otra parte, hay quienes creen decir algo muy profundo con aquello de que el marxismo «no es de derecha ni de izquierda, sino de avance». Con esto niegan que, con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real, el término izquierda encierra el concepto de avance, y el término derecha encierra el concepto de conservación. Ocurre, por lo tanto, que el marxismo es la doctrina de izquierda por antonomasia, sencillamente porque de su aplicación por el movimiento revolucionario dimana el avance histórico de la humanidad hacia su emancipación.

 

Contra la pretensión reaccionaria, hay que reivindicar los términos izquierda y derecha como conceptos políticos que dan cuenta del revolucionarismo y el conservadurismo, respectivamente; contra la maniobra oportunista de cubrirse detrás del término izquierda, hay que reivindicar su estricto significado revolucionario; contra la pretensión de descalificar ambos términos que tipifican las fuerzas políticas opuestas en el mundo actual, hay que reivindicar la acertada observación de Engels según la cual las palabras valen por lo que «significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real», pues el árbol del lenguaje vivo es siempre más verde que cualquier consideración etimológica.(1)

 

Nota

[1] De hecho, la última pretensión comentada es un caso de negación de la semántica diacrónica.

Reconstitución

Nota: 

El artículo que publicamos a continuación –cuya primera parte fue publicada en la edición de febrero de este blog– es una contribución al desarrollo de la línea política general del Partido y, por consiguiente, a la reconstitución del partido de Mariátegui. Solo hace falta debatir sus términos, perfilar mejor algunos de ellos, desagregar o agregar otros o, en su defecto, mantener sus términos tal como están expuestos, para ser aprobados como documento básico de la Reconstitución. 

01.04.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual! 

 

La Línea Política General del Partido 

(Segunda y Última Parte) 

Eduardo Ibarra 

EN CUANTO A LA política internacional del Partido, Mariátegui sostuvo: 


Cumplida su función de trazar las orientaciones de una acción internacional de los trabajadores, la Primera Internacional se sumergió en la confusa nebulosa de la cual había emergido. Pero la voluntad de articular internacionalmente el movimiento socialista quedó formulada. Algunos años después, la Internacional reapareció vigorosamente. El crecimiento de los partidos y sindicatos socialistas requería una coordinación y una articulación internacionales. La función de la Segunda Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los partidos socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron, por consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas. El movimiento obrero adquirió así un ánima y una mentalidad reformistas. El pensamiento de la social-democracia lassalliana dirigió a la Segunda Internacional. A consecuencia de este orientamiento, el socialismo resultó insertado en la democracia. (…) la Segunda Internacional fue una máquina de organización… la Tercera Internacional es una máquina de combate. (La escena contemporánea).

La revolución rusa constituye, acéptenlo o no los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporáneo. (Defensa del marxismo).

El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha. (Ideología y política).

Vosotros sabéis, compañeros, que las fuerzas proletarias de Europa se hallan divididas en dos grandes bandos: reformistas y revolucionarios. Hay una Internacional Obrera reformista, colaboracionista, evolucionista y otra Internacional Obrera maximalista, anticolaboracionista, revolucionaria. Entre una y otra ha tratado de surgir una Internacional intermedia. Pero que ha concluido por hacer causa común con la primera contra la segunda. (Historia de la crisis mundial).

El C.C. del partido adhiere a la Tercera Internacional y acuerda trabajar por obtener esta misma adhesión de los demás grupos que integran el partido. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú). 

De esta forma el Socialismo Peruano tomó partido por la Revolución Rusa, el marxismo-leninismo y la Tercera Internacional fundada por Lenin en 1919, sumando su partido a las filas del movimiento comunista internacional.  

Esta es, pues, expuesta suficientemente, la línea política general del Partido en el período de su Constitución. 

II 

Veamos ahora cómo se presenta esta línea en la actualidad. Como es reconocido, la sociedad peruana ha experimentado cambios significativos desde el tiempo en que Mariátegui trazó la línea política general del Partido. Para efecto de actualizar esta línea, es inescapable tener en cuenta estos cambios. 

Pues bien. En cuanto al carácter de la sociedad peruana, a partir de la liquidación de la “segunda semifeudalidad” ocurrida en la segunda mitad de los años ochenta, el modo de producción capitalista dejó de ser el predominante para convertirse en el modo de producción exclusivo en la formación económico-social peruana. La liquidación de la semifeudalidad por la vía campesina y la transformación del Perú en un país capitalista semicolonial, no semifeudal, es el cambio más importante producido en las últimas cuatro décadas en la base económica de la sociedad peruana. 

En cuanto al carácter de la revolución peruana, se comprenderá que, como consecuencia del cambio anotado, nuestra revolución no es ya una revolución antifeudal, sino únicamente antiimperialista. Así, el campesinado se encuentra incorporado directamente a la lucha antiimperialista y las tareas socialistas en la etapa novodemocrática de nuestra revolución socialista se conservan por la vigencia de la comunidad campesina y los latifundios capitalistas que en nuestra economía agraria han reemplazado a los latifundios semifeudales. Esta realidad es la base de la línea política general del Partido en el período de su Reconstitución. 

En cuanto a los instrumentos de la revolución subrayados por Mariátegui en el “Prefacio a ‘El Amauta Atusparia’”, la revolución continúa necesitando aquellos instrumentos: el partido de clase, el frente unido revolucionario y el ejército del pueblo. 

En cuanto a la vía de la revolución, la línea política general del Partido no ha sufrido el más mínimo cambio: dicha vía continúa siendo la violencia revolucionaria como legítima respuesta a la violencia contrarrevolucionaria. 

En cuanto al camino de la revolución, hay que reconocer que se ha producido un importante cambio que es necesario subrayar especialmente. Liquidada la semifeudalidad, no existe ya el terreno económico necesario para una guerra popular prolongada, consistente, como lo sabe todo el mundo, en cercar las ciudades desde el campo para tomarlas finalmente. Después de la indicada liquidación, el camino de la revolución peruana es la insurrección urbana, lo que no significa que, dada la situación de precariedad económica en que se encuentra la mayoría del campesinado, el campo no cumpla un papel relevante en la lucha por el poder. 

En cuanto a las formas de lucha, hay que subrayar que  no han experimentado ningún cambio. Sin embargo, ante la explosión de organizaciones de frente unido que participan en las elecciones y que se reclaman de izquierda, es necesario subrayar que la participación del proletariado consciente en las elecciones se justifica solo si las mismas son cabalmente utilizadas para propagandizar el programa de la revolución de nueva democracia y de las ideas del socialismo proletario. Esta política marca la diferencia entre los varios frentes de izquierda y de “izquierda” que esgrimen programas que no trascienden el régimen capitalista, de una parte, y el frente revolucionario, por otra. Ya Lenin señalaba a propósito de la aspiración reformista de ser gobierno: 


Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder. (Obras escogidas en doce tomos, t. X, Editorial Progreso, Moscú, p. 164). 

El “frente electoral” es una realidad que, bien vista, es un rebajamiento de la táctica y una anulación práctica de la estrategia revolucionaria: la táctica es actuada apenas como medio de llegar al gobierno y la estrategia de poder simplemente desaparece o tiene una existencia limitada al papel. La diferencia entre un frente reformista y un frente revolucionario, es que el primero es un frente que agrupa a todo elemento que pueda significar un voto más; mientras el segundo es un frente con la necesaria coherencia entre su programa revolucionario y su militancia revolucionaria (ver nuestro artículo “Acerca de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo”, que republicamos en la presente edición de CREACIÓN HEROICA); y que participa en la lucha electoral solo para desarrollar el cauce de la revolución como es la lucha directa de las masas. En consecuencia, tal como lo hemos recordado en el primer apartado del presente artículo, “conforme a su práctica mundial” el proletariado consciente “asistirá a las elecciones con meros fines de agitación y propaganda clasistas.” Por lo tanto, a la “agitación anti-imperialista”, hay que agregar la propaganda de que “sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera.”    

       En cuanto a la industrialización del Perú, contra lo que implícitamente plantean los programas de los frentes reformistas, está vigente la tesis mariateguiana de que la opresión imperialista no permite una industrialización independiente, es decir, que responda a los intereses del pueblo peruano. Solo la victoria de la revolución puede viabilizar la emancipación de nuestra economía. Creer que un eventual gobierno de izquierda o de “izquierda” puede realizar una industrialización independiente, es, en el fondo, creer que la vía de la revolución es la transición pacífica. 


En cuanto a la política exterior del Partido, es necesario enfatizar que ella se basa en el marxismo-leninismo y en el internacionalismo proletario. Como es de conocimiento general, debido a una serie de factores objetivos y subjetivos, el movimiento comunista internacional se ha visto reducido casi a su mínima expresión. No obstante, en esta situación es más necesario todavía mantener en alto los principios marxista-leninistas. Ciertamente las Internacionales cumplieron su papel en la historia de la revolución proletaria. Sin embargo, dadas las actuales condiciones del movimiento proletario mundial, lo que hace falta establecer y desarrollar es “la organización de un compañerismo basado en la igualdad” (Stalin). Esta nueva forma de organización del movimiento comunista internacional, implica la centralización ideológica, la coordinación política, la independencia teórica y la autonomía orgánica (ver nuestro artículo “La tercera Internacional y nuestro tiempo”, republicado en la edición pasada de CREACIÓN HEROICA). Ahora, pues, no es necesario ni posible un nuevo “centro orgánico” que ejerza una dirección centralizada sobre todos los partidos proletarios, sino un “centro ideológico-político” que, al mismo tiempo que permita unir ideológicamente y dar curso  a una acción política coordinada de los partidos proletarios, les permita también su desarrollo teórico independiente y su proceso orgánico autónomo. Hace ya veintitrés años, escribimos al respecto lo que sigue:

 

En el mundo actual… la necesidad de impulsar la revolución socialista impone a cada miembro del M.C.I. que su órbita sea… la verdad particular como expresión concreta de la verdad universal, o, para decirlo en otros términos, la lucha por encontrar el camino propio de la revolución como expresión concreta del universal camino de la revolución proletaria. Por eso el M.C.I. no debe promover un “centro orgánico”, sino “la organización de un compañerismo basado en la igualdad”. (El pez fuera del agua).

 

Paralelamente al problema de la organización del movimiento comunista internacional, está la cuestión de la táctica que el proletariado debe adoptar actualmente a escala mundial. Entre otras cosas, la actual situación del mundo se caracteriza por los bestiales zarpazos de la fiera herida que es el imperialismo yanqui en declive y sus notorios preparativos de una nueva guerra mundial. Esta política ha agudizado las contradicciones entre el imperialismo y los países oprimidos, entre el proletariado y la burguesía, entre el socialismo y el capitalismo e incluso entre los propios países imperialistas. En estas condiciones, se desarrolla un movimiento internacional por la defensa de la paz mundial y, al mismo tiempo, un proceso de alineamiento de los países y de las diversas organizaciones políticas. Se perfila, pues, la construcción de un frente de todas las fuerzas que se oponen a la política estadounidense de recuperar en exclusividad, mediante la guerra, la hegemonía mundial, liquidar la independencia de diversos países y someter a los pueblos de Asia, África y América Latina a una explotación más despiadada y a una opresión más bárbara. En América Latina el imperialismo yanqui ha puesto en marcha lo que su gobierno llama “el corolario de Trump a la doctrina Monroe”. La intención es evidente: hegemonizar económica, política y militarmente en Nuestra América y expulsar de la región a sus competidores, especialmente a China y a la Federación Rusa.

 

Pues bien, en este panorama general, el proletariado no puede asumir una posición de indiferencia, pues ello sería una indiferencia con respecto al peligro de una nueva guerra mundial, a la lucha decisiva contra el imperialismo yanqui y al destino de la humanidad por decenas y decenas de años. En la situación que vivimos, no basta decir que la guerra que tiene lugar en Medio Oriente (que de hecho involucra no solamente a los intervinientes directos sino también a China, a la Federación Rusa y a otros países) es una guerra imperialista y con esta frase ponerle punto final al análisis, con lo que se abona la idea de proponer al proletariado y a los pueblos del mundo una pretendida neutralidad. Pero quienes plantean de este modo limitado y limitante la cuestión de la guerra actual no se dan cuenta de que el proletariado y los pueblos intervienen en ella de todos modos, a fortiori, pero no de la forma en que deben hacerlo, y esta situación podría hacerse general en el caso del estallido de una nueva guerra mundial. En la conferencia “El fracaso de la Segunda Internacional”, Mariátegui señaló las circunstancias por las cuales en la Primera Guerra Mundial “los proletarios europeos se asesinasen los unos a los otros” (Historia de la crisis mundial). Así, pues, limitarse a señalar el carácter imperialista del conflicto que puede ser el prolegómeno de una tercera guerra mundial, es insuficiente. Socialmente fragmentado y orgánicamente debilitado, el proletariado debe cumplir de todos modos sus deberes como la fuerza que se opone más consecuentemente que cualquier otra al sistema capitalista. Concretamente, el imperialismo no puede ser derrotado de una buena vez en toda la faz de la Tierra y, por esto, todo análisis de la actual situación internacional debe, necesariamente, identificar con toda precisión al enemigo principal de los pueblos del mundo. ¿Quién es el enemigo principal de los pueblos del mundo?  ¿La Federación Rusa? ¿La República Popular China? ¿Venezuela? ¿Irán? No, probadamente no. El enemigo principal es el imperialismo yanqui (y sus lacayos). La lucha por la revolución mundial exige que el proletariado aplique una táctica única, y esta táctica no puede comprender sino dos aspectos que guardan entre sí una determinada relación: la necesidad de desarrollar el movimiento mundial por la paz y de desarrollar el frente unido internacional contra el imperialismo yanqui. De este modo el proletariado y con él los pueblos del mundo pueden cumplir sus deberes en el período actual de la lucha de clases a  escala internacional. Si puede o no ser prevenida una nueva guerra mundial depende enteramente de la movilización de las masas en todos los países. Por ahora esta movilización es limitada y solamente se presenta en algunos países, pero el movimiento existe y se desarrollará en la medida en que los hechos hagan ver a los pueblos que el imperialismo yanqui se propone desencadenar una nueva guerra mundial que, si se limitara a ser convencional, traería centenares de millones de muertos, heridos y mutilados de las clases trabajadoras, y, si derivase en una guerra nuclear, significaría la desaparición o casi la desaparición de la especie humana. Esta posibilidad es muy grande, pues si el imperialismo estuviera siendo derrotado en la guerra convencional, respondiendo a su naturaleza sus representantes más insanos utilizarían la bomba atómica. Así, pues, se entenderá que el proletariado puede y debe cumplir un importante papel en impulsar el movimiento por la paz mundial que, como es natural, debe comprender a todos los países, naciones y pueblos amantes de la paz mundial.

 

Asimismo, el proletariado debe intervenir decididamente en la vertebración del frente unido internacional contra el imperialismo yanqui, manteniendo en todo momento, tanto en la lucha por la paz mundial como en el frente unido internacional, su independencia ideológica, política y orgánica y desempeñar así un rol de dirección en todo espacio donde ello fuera posible. El frente unido internacional antiyanqui encierra algunos problemas que hay que saber resolver concretamente. En la actualidad, el proletariado de cada país debe proponerse desarrollar la lucha por la toma del poder, incluso si esta lucha es dirigida por otras fuerzas revolucionarias. Esto es válido tanto para los países alineados con el imperialismo yanqui como para aquellos que se alinean contra este imperialismo, exceptuando aquellos países de posición antiyanqui directamente involucrados en la guerra regional de Medio Oriente, pues en estos casos actuar de otro modo sería favorecer al imperialismo yanqui, enemigo principal de los pueblos del mundo. Esto mismo sería tanto más válido si la guerra mundial no puede ser evitada. En este caso, en los países que mantuvieran una posición antiyanqui el proletariado tendría que posponer la lucha por sus ideales de clase y subordinarla a la lucha por derrotar al enemigo principal. Pero, naturalmente, la “unidad nacional” no podría actuarse a lo Earl Browder, sino como una forma específica de la lucha de clases en las circunstancias de la lucha contra el imperialismo yanqui y sus lacayos y, por lo tanto, como una política que le permita al proletariado y a los pueblos una intervención importante en la toma de decisiones. Como se comprenderá, en las circunstancias de una nueva guerra mundial se desarrollaría necesariamente una situación revolucionaria en muchísimos países y, dada esta situación, el proletariado debe aprovecharla para tomar el poder o contribuir a ello. En otras palabras, el proletariado no tendría que dejar pasar la oportunidad de llevar hasta la victoria la lucha por la liberación nacional en los pueblos oprimidos y la guerra civil revolucionaria en los países capitalistas.

 

Esta es, brevemente expuesta, la línea política general del Partido desarrollada conforme la actual realidad del país y el mundo.

 

_________

Nota

En la primera edición de El pez fuera del agua, se decía: el M.C.I. no debe poner ya el acento en un ‘centro orgánico’, sino en ‘la organización de un compañerismo basado en la igualdad’. Esta formulación ha sido reemplazada, en la ya preparada pero aun no publicada segunda edición del mencionado libro, por la formulación que aparece en el presente artículo.

 



Nota: 

Este artículo precisa los resultados, diametralmente opuestos, que ha determinado la implementación de las dos líneas y los dos caminos que han contendido –que contienden todavía en cierto grado– en el proceso de la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Cualquier marxista consciente tiene que reconocer que el liquidacionismo, en uno de sus matices, terminó por renunciar abiertamente a la Reconstitución, y, en otro de sus matices, acabó agitando demagógicamente dicho término, pero promoviendo en realidad un partido doctrinariamente variopinto y, por esto, contrario al partido de Mariátegui. El artículo que sigue es, pues, una contribución al esclarecimiento de la lucha entre las dos líneas en lo que respecta a la Reconstitución. 

01.04.2026.

Comité de Redacción. 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual! 

 

Dos Líneas, Dos Caminos, Dos Resultados 

Eduardo Ibarra 

LA LUCHA POR LA constitución del Partido implicó la implementación de una Línea y de un Camino para obtener un Resultado Histórico: la fundación del Partido Socialista del Perú. 

La línea y el Camino asumidos por Mariátegui y los demás fundadores, fue la Línea del marxismo-leninismo y el Camino la construcción de una teoría de la realidad y la revolución peruanas, la crítica del pensamiento burgués y de todas las desviaciones del marxismo tanto en la actividad partidaria como en el trabajo político de masas y, en coherencia con esto, la concentración de los elementos que representaban aquella Línea y aquel Camino. Solo así fue posible alcanzar el Resultado Histórico esperado: la Constitución del partido del proletariado peruano. 

En consecuencia, los Continuadores de Mariátegui no podían sino asumir la Línea del marxismo-leninismo y el Camino de llevar adelante una consecuente lucha contra el pensamiento burgués y las desviaciones del marxismo y, en concomitancia con esto, concentrar a los elementos que representan dicha Línea y dicho Camino a fin de alcanzar el Resultado Histórico que esperamos: la Reconstitución del partido de Mariátegui. 

Sin embargo, ocurre que han existido y existen dos Líneas, dos Caminos y dos Resultados en relación a la Reconstitución. 

Por un lado, tenemos el liquidacionismo que, como se comprenderá, intenta liquidar el partido de clase y con ello llevar al despeñadero la Reconstitución; y tenemos a un contingente de Continuadores de Mariátegui empeñados en llevar la Reconstitución hasta el fin. 

El liquidacionismo está representado por dos grupos: el grupo encabezado por Ramón García y el grupo encabezado por Jaime Lastra. Como es de conocimiento común, hace años el primer grupo renunció formalmente a la Reconstitución y, desde entonces, promueve un partido doctrinariamente heterogéneo; y el segundo grupo mantiene en su discurso la palabra reconstitución, pero toda su práctica abona la fundación de un partido amalgama. 

Entre ambos grupos liquidacionistas existen dos diferencias a destacar. He aquí la primera: mientras el grupo de García tiene desarrollada una extensa teoría, lo que no niega ni puede negar su liquidacionismo, pues es sabido que, en relación a la cuestión del partido, que es la cuestión central de las divergencias, mantiene una posición contraria al partido de clase y, por lo tanto, contraria a la Reconstitución; el grupo de Lastra tiene una teoría deficitaria tanto por su cantidad como por su calidad: en este último aspecto puede constatarse una evidente superficialidad, una demagogia indigna y una solapada promoción de un partido doctrinariamente variopinto. He aquí la segunda diferencia: mientras el grupo de García ha renunciado abiertamente a la Reconstitución, tarea que ha suplantado por la constitución de “una organización de proyección nacional” con la participación de revisionistas de toda laya; el grupo de Lastra utiliza la palabra reconstitución como cubierta de su práctica de concentrar en sus medios de propaganda a algunos elementos representativos de un partido doctrinariamente heterogéneo y promover reuniones doctrinariamente variopintas a espaldas de las cuales trama la constitución de un partido amalgama, como ya ocurrió en agosto de 2024. Desde luego, quedan fuera de estas observaciones los marxistas que pueda haber en tales medios y tales reuniones que, por ingenuidad política, le ponen las espaldas a Lastra para que cabalgue sobre ellas. 

Así, pues, la Línea de ambos matices de liquidacionismo no es el marxismo-leninismo sino el liberalismo, su Camino no es la concentración orgánica de los que representan dicha Línea, sino la amalgama con toda suerte de oportunismo y, así las cosas, su Resultado no pudo ser sino la negación, abierta en un caso, encubierta en otro, de la Reconstitución del partido de Mariátegui. 

Contrariamente a los liquidadores, desde su aparición en 2010 el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI se ratificó en la Línea del marxismo-leninismo y en el Camino de defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui y sentar así las bases de la concentración orgánica de los adherentes de aquella Línea y de aquel Camino. 

Como Resultado de dicha ratificación, en agosto de 2025 un contingente de Continuadores de Mariátegui dejó constituido el COMITÉ DE COORDINACIÓN POR LA RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO DE MARIÁTEGUI, que significó el paso de la lucha por la Reconstitución a una fase superior de su desarrollo. 

Este es el Resultado, hasta hoy, de la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Falta, desde luego, un largo espacio de tiempo hasta hacer posible la realización del Congreso Reconstituyente del Partido. Como se comprenderá, el análisis de los diversos aspectos, los diferentes problemas y las numerosas tareas implicados en esta nueva fase de la Reconstitución, exige tratamiento específico. Pero la clave para un avance victorioso de la Reconstitución reside en la formación de cuadros, es decir, en la formación de un sólido contingente de Continuadores de Mariátegui que sepan analizar los diversos aspectos de la Reconstitución, resolver sus problemas y llevar adelante sus tareas. 

17.01.2026.



Nota: 

El artículo que sigue a continuación aborda la cuestión de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo y, como era obligado, lo hace en su relación con la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, identidad que se define por la contradicción principal que marca el período histórico concreto. Este artículo es una contribución para el correcto entendimiento del trabajo de masas del partido proletario, y tiene especial importancia en la presente situación en que los marxista-leninistas luchan por reconstituir el partido de Mariátegui. Llevar la Reconstitución hasta su culminación solo es posible en medio de la lucha de clases de las masas. Esta es una verdad elemental. Pero hay trabajo de masas y trabajo de masas. El oportunismo también hace trabajo de masas, pero fuera de la órbita del marxismo-leninismo, mientras el proletariado consciente desarrolla un trabajo de masas fundado en los principios de su ideología y en una táctica ajustada a la situación concreta. Así, pues, el lector encontrará en el artículo el fundamento filosófico del trabajo de masas del proletariado consciente. Entre otras cosas, este fundamento sirve para entender que quienes se llenan la boca hablando del oportunista trabajo de masas que realizan, están lejos del marxismo y, muy especialmente, de la dialéctica marxista. Por lo expuesto, no puede dudarse de que el artículo que publicamos, reelaborado en algunas de sus partes, es una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui. 

01.02.2026.

Comité de Redacción. 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

Acerca de las Contradicciones Antagónicas en el Seno del Pueblo 

E. I. 

PARA TENER UNA visión completa de las contradicciones existentes en el seno del pueblo, no solo es necesario tener en cuenta las contradicciones no antagónicas, sino también las contradicciones antagónicas. Aunque la adopción de una táctica correcta implica la consideración de una serie de factores nacionales e internacionales, ella es posible solo si se parte de una correcta comprensión de las contradicciones no antagónicas y las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo. 

En febrero de 1957, Mao señaló: 


Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de clase. (Obras escogidas, t. V, p. 421). 

Como es de conocimiento común, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo está determinada por la contradicción principal de un determinado período histórico. Lenin señalaba que en toda nación moderna hay dos naciones. Por eso, puede decirse que en el actual período la contradicción principal en el Perú es entre la nación peruana, de una parte, y la gran burguesía intermediaria y el imperialismo de otra parte (la burguesía intermediaria no tiene sentido nacional). Así, pues, la nación de la que aquí hablamos, está conformada por la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la porción de la burguesía nacional (o burguesía media), que se opone al imperialismo en la medida en que éste impide el desarrollo del capitalismo nacional. La contradicción entre esta nación, de una parte, y la gran burguesía y el imperialismo, de otra, es una contradicción antagónica, y tiene su resolución en la conquista del poder político por el pueblo. 

       De manera pues que, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo es la línea demarcatoria que separa a quienes luchan por resolver revolucionariamente la contradicción principal y quienes desenvuelven una actividad limitada a procurar algunas reformas en el marco del régimen capitalista. 

       La lucha por la resolución de la contradicción principal no puede alcanzar el éxito sino sobre la base de la unidad de las clases trabajadoras en un frente unido revolucionario. Este frente debe presentar la necesaria correspondencia entre su programa y la posición política de sus militantes, así como la aplicación de una justa táctica en cada situación concreta de la lucha de clases. 

Como señalaron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, “las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante.”  Así, el reformismo en el seno del pueblo es, precisamente, un producto de la influencia de la ideología burguesa. Por eso, este reformismo no va más allá del régimen capitalista, pues apenas se propone algunos cambios compatibles con el mantenimiento de sus fundamentos: precisamente por eso es reformismo. En consecuencia, el reformismo no es parte de la identidad fundamental de los intereses de las clases que conforman el pueblo; por el contrario, representa una posición antagónica con respecto a dicha identidad. 

Lo mismo puede decirse de las desviaciones del marxismo. Como se sabe, el marxismo es la ideología del proletariado, clase dirigente de las clases trabajadoras, la cual, en consecuencia, encarna, más que ninguna otra clase, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. Las desviaciones del marxismo son el resultado de la influencia de la burguesía entre el proletariado y las clases trabajadoras en general y, por eso, no hacen parte de aquella identidad fundamental. 

Lenin subrayó: 


El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios. (“Quien mucho corre, pronto para”). 

Específicamente sobre el liquidacionismo, el jefe bolchevique sostuvo: 


las desviaciones del marxismo las engendra la “contrarrevolución burguesa”, las engendra “la influencia burguesa en el proletariado”. (…) el liquidacionismo es una desviación “peligrosa” del marxismo, una desviación contra la cual es necesario luchar, que refleja “la influencia burguesa en el proletariado. (…) Los intereses de la burguesía, cuyo estado de espíritu es contrario a la democracia, y, en general, contrarrevolucionario, exigen la liquidación, la disolución del viejo Partido del proletariado. (…) El liquidacionismo no es solamente la liquidación (es decir, la disolución, la destrucción) del viejo Partido de la clase obrera; es también la destrucción de la independencia de clase del proletariado, la corrupción de su conciencia por las ideas burguesas. (“La decisión de 1910”).

… el liquidacionismo desde la derecha, o liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, fue un viraje hacia el liberalismo. (…) debe estar claro para todos lo absurdo y ridículo de pensar en la posibilidad de “unir” o “conciliar este grupo [el grupo liquidacionista] con el partido obrero marxista. (“Marxismo y liquidacionismo”). 

Como consecuencia, el conductor de la Revolución Rusa estableció la línea marxista en el movimiento obrero:

 

La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas. (“El imperialismo y la escisión del socialismo”). 

¿Cuál es la esencia de los citados juicios y de la línea de Lenin para el movimiento obrero mundial? ¿Cuál es su fondo filosófico? La esencia de tales juicios y de tal propuesta, su fondo filosófico, es que, en el seno del pueblo, existen no solo contradicciones no antagónicas sobre la base de la identidad fundamental de sus intereses de clase, sino también contradicciones antagónicas entre el revolucionarismo y el reformismo, entre el marxismo y el oportunismo. Estas contradicciones se dan sobre la base de la no identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo y los intereses de clase del reformismo y el oportunismo; es decir, las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo son formas específicas del antagonismo entre el proletariado y la burguesía. 

A propósito del antagonismo entre el marxismo y el oportunismo, Mao precisó:

 

Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en realidad son enemigos. Declaramos abiertamente que lo son, que la contradicción que nos enfrenta a ellos es una contradicción entre nosotros y el enemigo. (Obras escogidas, t. V, p. 541). 

Esta cita le alcanza también al reformismo. Así, los oportunistas y los reformistas que, desde un punto de vista formal actúan en el seno de las clases trabajadoras, son enemigos en la medida en que mantienen una posición contraria a la revolución, motivo por el cual se encuentran fuera de la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. El hecho de que oportunistas y reformistas actúen en el seno de las clases populares, solo puede confundir a quienes no abordan el problema desde la posición del proletariado y desde el punto de vista de la dialéctica marxista. Mao sostuvo:

 

[Los derechistas] son del pueblo en un tercio de sí mismos, y de la contrarrevolución en los dos tercios restantes. (Ibídem). 

A algunos marxistas blandengues o más o menos blandengues, estas palabras de Mao (que les alcanza asimismo a los reformistas) pueden parecerles demasiado fuertes. Pero es cierto: los derechistas y los reformistas son tales porque sus posiciones son contrarias a la revolución. Socialmente, actúan en el seno del pueblo y, por eso, algunos de ellos se ven forzados a utilizar una fraseología revolucionaria; pero, ideológica y políticamente, son agentes de la influencia de la burguesía entre las clases trabajadoras. Precisamente es el caso de los liquidadores, quienes utilizan un lenguaje marxista con el cual embaucan a algunas personas, siendo que lo que hacen en realidad es introducir el liberalismo en el seno del pueblo, precisamente en cuestiones tan fundamentales como el partido y el frente unido. En efecto, los liquidadores absolutizan las contradicciones no antagónicas en el seno del pueblo hasta el punto de diluir en ellas las contradicciones antagónicas; es decir, encubren este último tipo de contradicciones y, sobre esta base, promueven un partido doctrinariamente heterogéneo y un frente amalgama con la participación de reformistas y oportunistas. Todo esto es liberalismo. ¿A quién sirve este liberalismo? Ciertamente no al proletariado, sino a la burguesía. 

Por lo expuesto, se entenderá que, en cuanto a la organización política del proletariado, 


Es absurdo seguir considerando el oportunismo como un fenómeno interior de Partido. (…) Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la “unificación” (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca temporalmente agudo dolor. (Lenin, “El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional”).      

En cuanto al frente unido, desde los años sesenta el Partido enfatizó que el frente no es para compartir con revisionistas y trotskistas. Ahora hay que agregar que tampoco es para compartir con liquidadores. 

El frente revolucionario del pueblo peruano no puede ser solamente el frente de las organizaciones de izquierda, sino fundamentalmente de la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la porción de la burguesía nacional que se opone al imperialismo, frente que, como bien se sabe, no puede construirse sino sobre la base de la alianza obrero-campesina. En consecuencia, no es posible la construcción de un frente unido revolucionario con la pequeña burguesía reformista y con oportunismos de todo jaez.      

Por eso, si la reconstitución del Partido de Mariátegui es posible únicamente sin el revisionismo y contra el revisionismo (el liquidacionismo es una forma específica de revisionismo); la construcción del frente unido revolucionario es posible únicamente sin el reformismo y contra el reformismo, sin el oportunismo y contra el oportunismo. 

Resumiendo: no obstante actuar en el seno del pueblo, tanto el reformismo como el oportunismo son productos de la influencia de la ideología burguesa entre las clases trabajadoras y, por esto, sus posiciones son contrarias a la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. Sin embargo, ¿qué hace el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo? Pues, como está probado, postula un partido doctrinariamente heterogéneo, aunque lo niegue de la boca para afuera y con artimañas absolutamente contrarias a la moral revolucionaria; así como promueve también un frente amalgama con la participación de revisionistas y otras hierbas; es decir, niega que 


las desviaciones del marxismo… las engendra “la influencia burguesa en el proletariado”; [niega que] El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios; [niega que] Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en realidad son enemigos; [niega que] Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la “unificación” (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso; [niega que] La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él. 

Si la independencia de clase del partido proletario está dada por su adhesión al marxismo-leninismo y, por lo tanto, por la lucha contra el oportunismo y su depuración de las filas partidarias; el carácter revolucionario del frente unido está dado por la correspondencia necesaria entre el programa revolucionario y la posición política revolucionaria de sus militantes. En el Perú de hoy, son revolucionarios todos aquellos que, respondiendo a la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, luchan por la conquista del poder, y no simplemente por algunas reformas. Ningún programa revolucionario que pueda existir en el papel es pasible de implementarse si los militantes del frente no son revolucionarios, sino reformistas y oportunistas. 

Sin embargo, en la medida en que los reformistas y oportunistas “son del pueblo en un tercio de sí mismos”, en algunas circunstancias pueden actuar a favor de una u otra reivindicación concreta, o incluso de un conjunto de reivindicaciones concretas y, en estos casos, el frente revolucionario puede actuar conjuntamente con ellos, pero preservando en todo momento su independencia de clase. 

Empero, por aquello de que los reformistas (la izquierda de la derecha) y los oportunistas (la derecha de la izquierda), son de “la contrarrevolución en los dos tercios restantes” de sí mismos, lo que no puede hacerse es incorporarlos a las filas del frente unido revolucionario. Incorporar a estas filas a reformistas y oportunistas es negar el principio de la correspondencia necesaria entre el programa y la militancia del frente revolucionario y, naturalmente, esto sería oportunismo, así como es oportunismo compartir con ellos en un frente cualquiera en las condiciones históricas consideradas en el presente artículo. 

En conclusión, el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo encubre el antagonismo entre el revolucionarismo y el reformismo y entre el marxismo y el revisionismo, y, en consecuencia, socava la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. De esta forma da paso al liberalismo encarnado en la oportunista idea de la “unidad” con tuti quanti, idea que, dados aquel encubrimiento y aquella socavación, se revela, para cualquier marxista que sea capaz de pensar, como una flagrante amputación de la dialéctica marxista y un evidente oportunismo en el trabajo de masas. 

14.12.2025.



Nota: 

El artículo que sigue prueba lo que el autor del mismo ha señalado hace tiempo: el grupo de Lastra no ha defendido, ni actualizado ni desarrollado ningún aspecto de la Reconstitución. Por el contrario, ha tergiversado la Creación Heroica de Mariátegui en cuestiones decisivas e implementado una visión liberal tanto en su trabajo partidista como en su trabajo frentista. Así, pues, no es culpa de nadie sino del propio indicado grupo que, desde hace tiempo, se encuentre al margen de la lucha por la Reconstitución. 

01.09.2015.

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


El Falso Marxismo-Leninismo de Jaime Lastra 

(Primera Parte) 

E. I.

DURANTE MÁS DE treinta años, Jaime Lastra estuvo suscrito a un “marxismo-leninismo-maoísmo” completamente falso, que, sin embargo, le servía para encubrir su liberalismo que se expresaba en su política de paz con las desviaciones del marxismo, tanto en su actividad partidista como en su actividad frentista. Como es evidente, esta política liberal caracteriza el activismo de Lastra hasta hoy mismo. 

Acuciado por nuestra observación de que no ha producido nada de valor sobre ningún aspecto de la Reconstitución, en el número 36 del blog que dirige nuestro personaje se apresuró a publicar el documento “Reafirmación o reformulación de la base de unidad partidaria”, precedido de una nota donde se dice que el mismo es “parte del Compendio del Socialismo Peruano, todavía inédito, cuyos materiales, en lo principal, son de una Escuela Política que realizó el Comité Creación Heroica desde (sic) el año 2013”. 

Sin embargo, el hecho es que el mencionado Comité no existía como tal en el año 2013. Por otro lado, por la nota citada nos enteramos ahora que el documento “Reafirmación o reformulación…” (7 de julio de 2013), que nos fue enviado por Lastra en 2014, hace parte de los materiales de una “Escuela Política” desarrollada en 2013. Por la misma nota quedamos informados también de que el documento “El marxismo y su desarrollo”, igualmente remitido a nosotros por Lastra en 2014, fue un “avance” en relación a la aludida “Escuela”. 

Sin conocer entonces estas circunstancias, procedimos a analizar ambos documentos, y el resultado fue el artículo “La verdad universal del proletariado y la reconstitución del partido”, publicado a la sazón en CREACIÓN HEROICA. La lectura de este artículo le permitirá al lector juzgar si el documento “El marxismo y su desarrollo” es un “avance significativo” “en cuanto a nuestra mejor comprensión ideológica”: el impresentable contenido del artículo desmiente categóricamente el elogioso calificativo con el que Lastra mismo se refiere a su texto. Esto es una cuestión a tener en cuenta. 

Sin embargo del “marxismo-leninismo-maoísmo”, defendido por Lastra en su artículo “El marxismo y su desarrollo”, en su exposición “Reafirmación o reformulación…” (que aparece ahora publicado como el tercer capítulo de un texto que lleva por título “La base de unidad ideológica”), no se refirió a aquella denominación de la doctrina, no obstante que dicho artículo fue escrito en fecha próxima a la de esta exposición. En esta exposición Lastra dice que “debemos reformular la Base de Unidad Partidaria”, pero, en lo que al aspecto ideológico de esta base se refiere, se limita a decir que “Nuestra base doctrinal es el marxismo-leninismo, que, al mismo tiempo, defiende los aportes de Engels, Stalin y Mao de manera preferencial respecto de tantos otros camaradas que contribuyeron con el desarrollo de la doctrina, porque sus aportes son aportes sustantivos -integrales al marxismo-leninismo”. En esta afirmación se constatan varios errores de apreciación. Primero, Lastra reduce el sentido de los términos marxismo y leninismo al pensamiento de Marx y de Lenin, respectivamente, y, después de proceder así, dice que los aportes de Engels, Stalin y Mao son “sustantivos-integrales”; con esta frase queda silenciado el hecho de que Stalin no desarrolló el marxismo en el aspecto filosófico, al mismo tiempo que se sugiere que “otros camaradas” no contribuyeron con aportes “sustantivos” al marxismo, no obstante haber dicho antes el autor de la frase que los mismos “contribuyeron con el desarrollo de la doctrina”. Ciertamente esta retórica demuestra que Lastra tiene un embrollo en la cabeza. 

En nuestro artículo “La verdad universal del proletariado y la reconstitución del partido” (escrito poco después de recibir el artículo “Reafirmación o reformulación”), se lee lo siguiente: 


[Lastra] se propone “reformular la Base de Unidad Partidaria”. Esto quiere decir que el artículo “El marxismo y su desarrollo” (título copiado de un artículo de Ramón García, dicho sea de paso) representa la posición personal de Lastra, quien, se sobreentiende, de esta forma está tratando de imponer su “marxismo-leninismo-maoísmo” como nueva base ideológica de su grupo. 

Esta conclusión se desprende necesariamente de la lamentable fundamentación que hizo de su “marxismo-leninismo-maoísmo” en el artículo “El marxismo y su desarrollo”. Pero, como hemos anotado, en la versión de la exposición que comentamos no aparece la intención de Lastra de imponer su falso “m-l-m”. ¿Modificó el contenido de su exposición para su publicación este año de 2025? Esto es, asimismo, una cuestión a tener en cuenta. 

En una conversación con un miembro del CRJCM, una persona cercana al “CCH” refirió que después de muchas horas de discusión, Lastra terminó aceptando que el leninismo es una época en el desarrollo del marxismo, pero no precisó cuándo ocurrió esto. En el artículo de Carlos Moreno, “Breve respuesta al artículo de Eduardo Ibarra”, que dio lugar a una respuesta nuestra, no se habla de “m-l-m” sino de marxismo-leninismo. En las treintaiocho ediciones del blog de Lastra (la primera data de mayo de 2021), no hay rastro de su “marxismo-leninismo-maoísmo”, y, contrariamente, en el número 33 de dicho blog (15 de enero de 2025) fue publicado el artículo “Debate sobre el marxismo-leninismo-maoísmo” bajo la firma del “CCH” (pero escrito por Lastra), donde se hace una crítica a esta denominación de la doctrina en la cabeza de Abimael Guzmán, pero, expresivamente, sin hacer la más mínima mención a la desatinada fundamentación del propio Lastra de su pasado “marxismo-leninismo-maoísmo”. Todos estos hechos indican que Lastra ha reculado: de su “m-l-m” de varias décadas, a su actual marxismo-leninismo. ¿Este cambio expresa una real rectificación? Más adelante veremos esta cuestión. Por ahora solo subrayaremos algo que es muy propio de Lastra: su renuencia a la autocrítica. 

En un discurso del 18 de enero de 1957, Mao señaló: 


Bastó que el XX Congreso del PCUS hiciera lo que hizo para que algunos de los que se habían presentado como fervientes partidarios de Stalin pasaran a combatirlo con igual fervor. En mi opinión, ellos han dejado de lado el marxismo-leninismo, no tienen un enfoque analítico de los problemas y, en fin, carecen de moral revolucionaria. El marxismo-leninismo conlleva, entre otras cosas, la moral revolucionaria del proletariado. Ya que ustedes fueron antes tan ardientes partidarios de Stalin, ¿no tendrían que haber explicado de alguna manera su actual viraje? Pero, sin brindar la menor explicación, han dado de repente un viraje de 180 grados, como si estas Sus Señorías nunca jamás hubieran sido partidarios de Stalin, no obstante haberse adherido a él, en el pasado, de manera muy fervorosa. (Obras escogidas, t. V. pp. 385-386). 

Ya que Lastra fue tan ardiente partidario del “marxismo-leninismo-maoísmo”, ¿no hubiera tenido que explicar de alguna manera su viraje? Sin brindar la menor explicación, Su Señoría Lastra ha dado un viraje como si nunca jamás hubiera sido fervoroso partidario del “m-l-m”.(1) 

Pues bien, la reconstitución del partido de Mariátegui tiene una base ideológica insustituible: el marxismo-leninismo. Por eso, es insoslayable analizar esta cuestión teniendo en cuenta los argumentos de quienes postulan el “marxismo-leninismo-maoísmo” (PCP-SL, PCR,EU, otras organizaciones que fueron parte del MRI, etc.); de quienes reducen la doctrina a solo marxismo (grupo liquidacionista encabezado por Ramón García); y de quienes utilizan el término, pero vaciado de su contenido revolucionario (como hacen los revisionistas a lo Jruschov y Brezhnev y sus epígonos), pues la dilucidación de la corrección de la denominación de la doctrina como marxismo-leninismo es un problema teórico que tiene que ver directamente con la Reconstitución y, como se comprenderá, el Partido reconstituido requiere de una teoría acerca del desarrollo del marxismo y su denominación. 

Como se sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad ideológica del Partido Socialista del Perú (ver Ideología y política). Y, en Defensa del marxismo, fundamentó suficientemente su adhesión a dicha denominación: 


La revolución rusa constituye, acéptenlo o no los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporáneo. Es en ese acontecimiento, cuyo alcance histórico no se puede aún medir, donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista. (p. 22; cursivas nuestras).

Con lenguaje bíblico, el poeta Paul Valery expresaba así en 1919 una línea genealógica: “Y éste fue Kant que engendró a Hegel, el cual engendró a Marx, el cual engendró a…”. Aunque la revolución rusa estaba ya en acto, era todavía muy temprano para no contentarse prudentemente con estos puntos suspensivos, al llegar a la descendencia de Marx. Pero en 1925, C. Achelin los reemplazó por el nombre de Lenin. Y es probable que el propio Paul Valery, no encontrase entonces demasiado atrevido ese modo de completar su pensamiento. (…) El materialismo histórico reconoce en su origen tres fuentes: la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. Este es, precisamente, el concepto de Lenin. Conforme a él, Kant y Hegel anteceden y originan a Marx primero y a Lenin después de la misma manera que el capitalismo antecede y origina al socialismo (p. 39; cursivas nuestras).

Lenin nos prueba, en la política práctica, con el testimonio irrecusable de una revolución, que el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx (p. 126; cursivas nuestras). 

En el fondo de estas citas se encuentra la solución a dos cuestiones concomitantes que de hecho continúan en debate: ¿posee el marxismo la potencia generatriz de desarrollarse como verdad universal?, ¿el leninismo es un desarrollo de valor universal del marxismo? Con su citado acuerdo, Mariátegui respondió positivamente a estos interrogantes. Así, pues, puede decirse que Mariátegui y el PSP contaron con una teoría sobre el desarrollo del marxismo y su denominación contemporánea.      

       En la actualidad, la solución del problema de la denominación de la doctrina se presenta en términos que exigen, más que ayer, ir a la esencia del mismo. ¿Qué hay en el fondo de la formulación “marxismo-leninismo-maoísmo”? ¿Qué hay en el fondo de la formulación “marxismo”, así a secas? ¿Qué hay detrás de la formulación “marxismo-leninismo” sin entender por esto la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao? 

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Notas

[1] Quienes no son capaces de darse cuenta de la permanente actitud reacia de Lastra a la autocrítica, tienen aquí un ejemplo vivo de dicha actitud: en una cuestión tan importante como es la correcta denominación de la doctrina (que encierra, como cuestión de fondo, el problema del desarrollo del marxismo), Lastra no ha sentido la elemental necesidad de autocriticarse de su pasado “maoísmo”, incluso hasta por un simple respeto a sus allegados; pero el problema muestra peor semblante todavía cuando se constata que éstos no solo no le han exigido la correspondiente autocrítica, sino que ellos mismos (o algunos de ellos) han pasado, dócilmente, del falso “m-l-m” al falso marxismo-leninismo.




¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

 

Socialismo Proletario y Socialismo Pequeño Burgués

 

E. I.

 

I

 

Como es de conocimiento general, en el capítulo III del Manifiesto del partido comunista, Marx y Engels analizaron el socialismo reaccionario (socialismo feudal, socialismo pequeño burgués y socialismo alemán o socialismo «verdadero»), el socialismo conservador o burgués y el socialismo y el comunismo crítico-utópicos.

 

Este análisis demuestra que en el tiempo del Manifiesto la palabra socialismo servía para designar una gama de corrientes reaccionarias y no proletarias, algunas de estas últimas en coexistencia con el socialismo científico en el seno del movimiento obrero.

 

El desarrollo del capitalismo en los países de Europa occidental en los veintitantos años posteriores a la revolución de 1848 y el consiguiente desarrollo de la clase obrera y de la lucha entre el capital y el trabajo, demostraron la omnipotencia del socialismo científico y la impotencia de todas las tendencias del socialismo no marxista. En su «Introducción» al célebre libro La Guerra Civil en Francia, de Marx, Engels sostuvo que la Comuna de París «fue la tumba de la escuela proudhoniana del socialismo», pues demostró prácticamente la inconsistencia de la posición de Proudhon contraria a la asociación de los obreros para el ejercicio de la dirección de la producción, así como, asimismo, la tumba del blanquismo, pues demostró, también prácticamente, que la revolución proletaria no es ni puede ser el resultado de la acción conspiradora de un pequeño grupo de individuos, sino el producto de la lucha de las amplias masas populares.

 

El resultado de este doble entierro fue que el socialismo científico se reveló como el único socialismo realmente contrapuesto al capitalismo, como el único socialismo con un proyecto de sociedad que emana de la propia necesidad histórica. En su conocido artículo «Vicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx», Lenin señaló respecto a uno de los resultados fundamentales del triunfo del marxismo:

 

La dialéctica de la historia es tal, que el triunfo teórico del marxismo obliga a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. El liberalismo, interiormente podrido, intenta renacer bajo la forma de oportunismo socialista.

 

Esta aserción es completamente correcta. En efecto, después del triunfo teórico del marxismo, el liberalismo, interiormente podrido, renació como socialismo oportunista, y muchos casos demuestran ahora mismo esta verdad.

 

Por su parte, Mariátegui sostuvo:

 

El pensamiento revolucionario, y aún el reformista, no puede ser ya liberal sino socialista. (7 Ensayos).

 

Esto significa que en el mundo contemporáneo el pensamiento revolucionario no puede ser ya liberal sino socialista en el sentido proletario del término, y que el reformismo no aparece ya como liberalismo sino como oportunismo socialista, como oportunismo en el seno del marxismo, es decir, como revisionismo. Ahora bien, este renacimiento del liberalismo como revisionismo determina que el mismo pueda ser confrontado en el terreno general del marxismo y, por lo tanto, pueda demostrarse mil veces más que el revisionismo no es más que socialismo de palabra y liberalismo de hecho.

 

II

 

Las diversas clases sociales que conforman los pueblos del mundo, reaccionaron de distintas formas frente a los perniciosos efectos de la aplicación del neoliberalismo económico.

 

El proletariado, fraccionado y debilitado, si bien tuvo una respuesta importante en el plano teórico, en la práctica no ha tenido la potencia necesaria para luchar victoriosamente contra las expresiones neoliberales de la dominación del capital sobre el trabajo.

 

Por su parte, la pequeña burguesía respondió al neoliberalismo con algunos discursos teóricos y, en el plano práctico, alcanzó el gobierno en algunos países de la periferia del mundo. El caso más publicitado es el del gobierno del Partido Socialista Unificado de Venezuela, que, como se sabe, se reclama inspirado en la teoría del «socialismo del siglo XXI».

 

Pues bien, lo característico de este gobierno –y de otros por el estilo– es que convive con la gran burguesía intermediaria del imperialismo, tiene un respeto supersticioso por la democracia burguesa y cree poder pasar al socialismo por la vía pacífica.

 

La convivencia con la burguesía intermediaria del imperialismo revela que, como es natural, el reformismo no tiene la intención de liquidar dicha clase, es decir, de confiscar sus medios de producción. Pues bien, esta convivencia –conflictiva, sin embargo, en algunos aspectos, aunque solo hasta cierto punto– significa que, en los países con gobierno reformista, la gran burguesía tiene, cada cuatro o cinco años, la posibilidad de recuperar el gobierno mediante elecciones. En otras palabras, presenta la nota de que, a pesar del tiempo que llevan los gobiernos reformistas, el poder económico de la gran burguesía se mantiene intacto y aun fortalecido. Este hecho expresa el respeto supersticioso de los gobiernos reformistas por la propiedad privada de la gran burguesía y, como es claro, esto es liberalismo y no marxismo.

 

Como se sabe, el teórico del «socialismo del siglo XXI», Heinz Dieterich Steffan, pone un signo de igualdad entre su socialismo y la llamada democracia participativa que, incluso en los casos en que se muestra muy participativa, no deja de ser democracia burguesa, pues de hecho sirve para la reproducción de las relaciones capitalistas de producción.

 

Mariátegui señaló:

 

los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria. (Temas de nuestra América).

 

Por eso la democracia burguesa, en cualquiera de sus formas y en cualquiera de sus niveles, no es el cauce de la revolución. Los cauces legales solo sirven para que el proletariado lleve su lucha de clase al terreno de la burguesía y acumule fuerzas. Nada más. Por eso Mariátegui señaló que

 

la revolución es la gestación dolorosa, el parto sangriento del presente. (La escena contemporánea). 

 

Ciertamente la idea de una vía pacífica al socialismo revela una concepción evolucionista y no revolucionista y, esto, como es claro, es liberalismo y no marxismo.

 

Así, pues, no obstante su retórica, los gobiernos reformistas cumplen el papel de administradores del capitalismo.

 

Pues bien, por su convivencia con la gran burguesía intermediaria, su concepción democrático burguesa y su ilusoria transición pacífica al socialismo, los gobiernos dizque socialistas, son casos en los que el liberalismo ha reaparecido como socialismo oportunista.

 

III

 

Después de la experiencia de la revolución socialista en el siglo XX, hablar de un socialismo que no sea de clase y de una política que no sea de clase, es un absurdo completo y, para decirlo francamente, es un engaño. Por eso, los marxistas deben explicar que el único socialismo revolucionario es el socialismo marxista, y que el socialismo reformista no es más que liberalismo reaparecido bajo una nueva forma. Es decir, el marxismo tiene necesidad de desenmascarar al socialismo oportunista, al revisionismo, lo que no impide que, ante un gobierno de esta tendencia, apoye las reformas que en alguna medida respondan a los intereses inmediatos de las clases trabajadoras, pero, naturalmente, luchando porque tales reformas se cumplan realmente; empero, al mismo tiempo, como en cualquier circunstancia, el socialismo marxista debe mantener su independencia ideológica, política y orgánica, pues si bien apoya las reformas como las aludidas, no apoya en cambio el reformismo.

 

En general, el socialismo marxista debe criticar todas las concepciones ideológicas, teóricas, políticas y orgánicas no proletarias. Este es el único modo de alcanzar la hegemonía en el seno de las masas.

 

Y, ante la tergiversación del concepto de revolución, debe reivindicar estricta e intransigentemente el sentido clasista de este concepto fundamental del marxismo.

CREACIÓN HEROICA