lunes, 4 de mayo de 2026

Política

Nota:

El artículo que sigue es una clara identificación del problema central que afronta el proletariado peruano para resolver la cuestión de su vanguardia política, o sea, la tarea de reconstituir el partido de Mariátegui. Por eso, es una contribución a la necesidad de comprender que para que cada quien pueda aportar realmente a llevar hasta el fin la Reconstitución, tiene que empezar por reconocer dónde está la defensa, la actualización y el desarrollo del pensamiento de Mariátegui, y dónde está la tergiversación de dicho pensamiento y, por lo tanto, la oposición, abierta o encubierta, a la Reconstitución. Decir ser partidario del pensamiento de Mariátegui y, a la vez, ponerle el hombro y aun las espaldas a los tergiversadores de Mariátegui, solo revelaría una patética inconsecuencia con el marxismo peruano encarnado en Mariátegui, así como con la lucha por reconstituir su partido. 

01.05.2026.

Comité de Redacción.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


La Cuestión del Partido

es el Problema Central en Debate 

Eduardo Ibarra 

I

YA EN LOS en años veinte del siglo pasado la cuestión del partido del proletariado se destacó como uno de las cuestiones más importantes, si no la más importante,(1) que se discutieron en el seno del pueblo peruano. Esta discusión expresó la confrontación entre la posición del proletariado revolucionario y la pequeña burguesía oportunista. 

En efecto, en 1927 Haya de la Torre propuso transformar el Apra, frente unido existente entonces solamente en el papel,(2) en un partido político al estilo del Kuomintang chino: 


El Apra es partido, alianza y frente. ¿Imposible? Ya verá Ud. que sí. No porque en Europa no haya nada parecido no podrá dejar de haberlo en América. (Carta del 20 de mayo de Haya a Mariátegui, José Carlos Mariátegui Correspondencia; en adelante, Correspondencia). 

En cambio, José Carlos Mariátegui propuso un partido de clase, un partido marxista-leninista: 


Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase. (Ideología y política).

tenemos la obligación de reivindicar el derecho de la clase obrera a organizarse en un partido autónomo. (Correspondencia).

Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, [a la formación del Apra] constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas…  (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú; en adelante, Apuntes).

3º-La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. (Martínez, Apuntes). 

En estas citas de ambos debatientes se constata que Haya postulaba un partido doctrinariamente heterogéneo que engullera a los marxistas-leninistas y sobre cuya variopinta membresía planearía él como un soberbio caudillo, y que, contrariamente a este proyecto, Mariátegui reivindicaba el partido de clase del proletariado. 

En la reunión del 7 de  octubre de 1928 se constituyó el “grupo organizador del Partido Socialista”, acontecimiento que, teniendo en cuenta el desarrollo partidario en el período que comienza en la fecha indicada y termina en marzo 1930, aparece ante la historia como la Reunión Fundacional del Partido Socialista del Perú. 

Así, pues, la lucha en el seno del pueblo en el período 1927-1930 en torno a la cuestión del partido tuvo como resultado una victoria teórica y práctica del proletariado revolucionario sobre la pequeña burguesía oportunista o, para expresar el fondo de esta victoria, de la resolución positiva de la contradicción antagónica entre el marxismo y el oportunismo en el seno del pueblo. 

Como es sabido, después de la muerte de Mariátegui el Partido abandonó los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del Partido Socialista del Perú y, de esta forma, su acción fue desviada, ora hacia la izquierda, ora hacia la derecha. 

Pero, desde luego, aquellos Fundamentos quedaron vivos en la lucha del proletariado consciente como el basamento del partido que Mariátegui había concretado, como el tipo de partido que necesita el proletariado peruano para realizar sus ideales de clase. 

II 

En la Sexta Conferencia del Partido (enero de 1969), se tomó el acuerdo de reconstituir el partido de Mariátegui. No obstante, el liquidacionismo de derecha encabezado por Saturnino Paredes se opuso desde un principio a dicha tarea. Como consecuencia, la cuestión del partido volvió a aparecer en la primera línea del debate. ¿Qué tipo de partido requiere el proletariado peruano? ¿Un partido de clase, es decir, un partido doctrinariamente homogéneo o, por el contrario, un partido amalgama, o sea, un partido doctrinariamente heterogéneo? ¿Un partido con la capacidad de afrontar todas las formas de lucha y de pasar sin solución de continuidad de una forma principal de lucha a otra forma principal de lucha o, en su defecto, un partido construido alrededor de una forma principal de lucha con prescindencia o casi con prescindencia de las demás formas de lucha y sin la capacidad de pasar de una forma principal de lucha a otra forma principal de lucha? 

En octubre de 1975, Abimael Guzmán escribió sobre la Reconstitución: 


Retomar el Camino de Mariátegui es Reconstituir el Partido Comunista, su Partido; es trabajar por su construcción ideológico-política, desarrollando los fundamentos que le diera su fundador y es, simultáneamente, pugnar por su construcción organizativa reajustando lo orgánico a lo político. Reconstituir el Partido hoy, en síntesis, es impulsar su reconstitución Retomando a Mariátegui y apuntando al desarrollo de la guerra popular. (“Retomemos a Mariátegui y reconstituyamos su partido”). 

En esta cita vemos que Guzmán mantiene que la Reconstitución significa desarrollar “los fundamentos que le diera” Mariátegui al Partido, y esto es correcto. Pero también vemos que sostiene que la Reconstitución debe hacerse “apuntando al desarrollo de la guerra popular.” Es decir, si bien por un lado Guzmán acertaba con aquello de desarrollar “los fundamentos” establecidos por Mariátegui; por otro lado vemos que se equivocaba al concebir la Reconstitución como una tarea a llevarse a cabo alrededor de la preparación y desarrollo de la guerra popular (y no en torno a la organización de la revolución, concepto este último más amplio que el de guerra popular), idea que había planteado ya, con mayor precisión, en el artículo “Reconstituir el Partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”, publicado un poco antes de la Sexta Conferencia. 

Esta concepción militarista y, por lo tanto, limitada y limitante de la Reconstitución, terminó imponiéndose en las filas partidarias. 

Pero, después, la derrota de la aventura militar del PCP-SL significó, como cuestión de fondo, el fracaso de la “reconstitución para la guerra popular”. Hoy el PCP-SL ni siquiera existe como partido, y si alguna de sus facciones habla de una “segunda reconstitución”, ninguno de sus activistas sabe a ciencia cierta cuál es su contenido y cuál su camino. 

En la segunda mitad de los años ochenta, el grupo encabezado por Ramón García propuso, aunque entonces todavía con otros términos, la “dilución-integración” del PCP-SL, el PCP-BR, PCP-PR y su propio grupo (después consideró a otras organizaciones más). Desde entonces García hizo de todo para concretar su visión amalgamadora que tuvo sus expresiones más nefandas en su intención de fusionarse con el PCP-UNIDAD, en su renuncia a la reconstitución del partido de Mariátegui y en su desvergonzada apuesta por un partido amalgama de “dimensión nacional” con toda clase de revisionistas. De esta forma renegó completamente la Reconstitución, es decir, los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del partido de Mariátegui. 

Este resultado de la evolución de las ideas de García con respecto al partido del proletariado peruano significó la bancarrota de su proyecto de un partido único con membresía doctrinariamente heterogénea. 

Desde hace aproximadamente dieciséis años, el grupo encabezado por Jaime Lastra ha desarrollado una actividad de tipo partidista y de tipo frentista sin una base marxista-leninista, una actividad sin principios, una acción que se caracteriza por combatir a los marxistas partidarios de la Reconstitución, mientras se rodea de algunos renegados del marxismo-leninismo y adversarios de la Reconstitución.(1) Como se sabe, en agosto de 2024 Lastra intentó fundar “un núcleo de dirección” con la participación de liquidadores y marxistas, y, de esta forma, renegó el partido de clase y cayó en liquidacionismo de derecha (ver el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI y nuestros artículos “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno” y “Carlos Moreno pretende tapar el sol con un dedo”, publicados en este blog). Desenmascarada esta negación del partido de clase, este nuevo brote de liquidacionismo, notoriamente desesperados Lastra y Moreno procuraron silenciar los hechos con una evidente pobreza argumentativa y una vergonzosa miseria moral. La caída del grupo de Lastra en el liquidacionismo significó la bancarrota de su idea liberal según la cual “No es Malo” ser marxista (así a secas), trotskista, fidelista, guevarista, etcétera, que, in nuce, expresaba, desde hacía mucho, su irresistible propensión a la conciliación, al contubernio, a la metafísica, al partido doctrinariamente variopinto. 

Por lo expuesto, puede decirse que en la historia del Partido ha habido tanto discontinuidad como continuidad. La discontinuidad estuvo dada por la hegemonización alcanzada por el oportunismo en el CC en la reunión de mayo de 1930, hegemonización que, como se sabe, duró hasta la realización de la Cuarta Conferencia (1964). La continuidad está dada por los siempre vigentes Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, y que, como también se sabe, fue siempre la base sobre la cual los militantes marxista-leninistas lucharon, al principio con serias limitaciones, pero después con un creciente conocimiento de aquellos Fundamentos, potenciándose así, cada vez más, su lucha hasta que, finalmente, retomaron el pensamiento de Mariátegui como la piedra angular de su base de unidad. 

III 

En mayo de 1929, José Carlos Mariátegui dejó escrito estos esclarecedores conceptos: 


Para pensar con libertad, la primera condición es abandonar la preocupación de la libertad absoluta. El pensamiento tiene una necesidad estricta de rumbo y objeto. Pensar bien es, en gran parte, una cuestión de dirección o de órbita. (Defensa del marxismo, p. 126). 

El pensamiento marxista tiene pues necesidad de rumbo y objeto, de dirección y órbita, si no quiere extraviarse en el extenso cuadro de debates existentes por doquier y, particularmente, si no quiere perderse ante la cuestión del partido. 

En “Sobre la contradicción”, Mao escribió: 


En el proceso de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones y, de ellas, una es necesariamente la principal, cuya existencia y desarrollo determina o influye en la existencia y desarrollo de las demás contradicciones. 

El proceso de la lucha entre el marxismo-leninismo y las desviaciones del mismo contiene muchas contradicciones en los planos de la filosofía, la economía, la política, la ideología, la organización. Desde 1969 este proceso de lucha tiene su expresión concentrada en la confrontación entre quienes defienden el partido de clase y quienes lo niegan, entre quienes luchan por la reconstitución del partido de Mariátegui y quienes se oponen abierta o encubiertamente a esta histórica tarea, es decir, entre quienes defienden el marxismo-leninismo y quienes aplican el liberalismo, entre quienes defienden, actualizan y desarrollan el pensamiento de Mariátegui y quienes lo tergiversan. 

Como hemos visto, ya en los años veinte del siglo pasado Mariátegui proporcionó una solución concreta al problema del tipo de partido que requiere el proletariado peruano. Parte básica de esta solución son, desde el punto de vista de la Reconstitución, los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, como también hemos visto. 

       En consecuencia, quienes no son capaces de pensar con libertad, de pensar con rumbo y objeto, y, por lo tanto,  no son capaces de darle a su pensamiento una dirección y una órbita, es decir, que no son capaces de comprender que el problema central del proletariado peruano y, por lo tanto, el centro del debate es la cuestión del partido, la cuestión de la Reconstitución, fácilmente pueden ser víctimas del engaño ajeno y propio: de una retórica mentirosa y fanfarrona (engaño ajeno) y de no enfocar el pensamiento en el problema central como es la cuestión del partido (engaño propio). 

       Se comprenderá, entonces, que actualmente la posición de partidos, grupos, tendencias y personas está determinada por la posición ante la cuestión del partido. ¿Partido de clase, o partido amalgama? ¿Reconstitución del partido de Mariátegui o negación de esta tarea? Y estas dos interrogantes tienen como esencia estas dos cuestiones: ¿marxismo-leninismo, o liberalismo?, ¿pensamiento de Mariátegui o su tergiversación?      

En consecuencia, todo marxista-leninista tiene que discernir las distintas posiciones ante la Reconstitución: la que ha renegado de esta tarea (Ramón García y seguidores); la que postula una “segunda reconstitución” pero sin saber a ciencia cierta de qué se trata (algunos ex-militantes del PCP-SL); la que se llena la boca de la palabra reconstitución, pero que en realidad reemplaza el marxismo por el liberalismo, tergiversa el pensamiento de Mariátegui y, congruente con estos descarríos, todo lo que hace es abonar la idea de un partido doctrinariamente heterogéneo (Jaime Lastra y algunos más); la que nunca ha asumido la tarea de la reconstitución y mantiene una posición ambigua frente al pensamiento de Mariátegui (PCP-PR y tendencias desprendidas de su seno). 

Es menester destacar que quien cacarea sobre la Reconstitución pero cuya actividad tiene como contenido la idea de un partido amalgama, no tiene, como resulta obvio, la virtud de la coherencia, que es lo mínimo que se le puede pedir a cualquier persona. Esta falta de coherencia expresa una doble moral que oculta una soterrada oposición a la Reconstitución. Es el caso de Lastra. 

      Ahora, pues, el proletariado revolucionario y la pequeña burguesía oportunista, disfrazada esta vez de “marxista”, vuelven a confrontarse en torno a la cuestión del partido. En consecuencia, todo marxista-leninista realmente convencido de su filiación, con la personalidad suficiente y la intrepidez revolucionaria para luchar contra los enemigos abiertos y encubiertos del marxismo, del pensamiento de Mariátegui, del partido de clase y la Reconstitución, tendría que tomar posición por quienes, consecuentes con la defensa de estas cuatro cuestiones, han logrado una acertada actualización y un evidente desarrollo del pensamiento mariateguiano. Pero quien se traga los sapos de la retórica de Lastra, todo lo que estaría haciendo es mostrar que su adhesión al marxismo, al pensamiento de Mariátegui y a la Reconstitución, es pura impostura. 

Notas

[1] En “Punto de vista anti-imperialista” Mariátegui dejó escrito que el Apra era, en 1928, “un plan de frente unido” y no una “organización en marcha efectiva”.

[2] Ciertamente lo menos que puede pedírsele a cualquier persona es coherencia entre lo que dice y lo que hace. Pero Lastra, que grita a los cuatro vientos la palabra reconstitución, en los hechos publicita ideas contrarias al marxismo, al pensamiento de Mariátegui y, por lo tanto, a la Reconstitución, así como, al mismo tiempo, adula y publicita a los sustentadores de tales desviaciones (ver, a más de los artículos recomendados en el presente artículo, estos otros: “La reconstitución y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra”, “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”, todos publicados en este blog).

Economía y lucha electoral

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Segunda Vuelta, Propuestas y Demagogia

Cesar Risso

LA BURGUESÍA HA APRENDIDO de las experiencias de su propia dominación. Este “aprendizaje” consiste en la asimilación de las medidas que le han permitido sostenerse en el poder en circunstancias en las que la acción revolucionaria de las amplias masas de trabajadores la amenazaba con desplazarla del poder e imponer el dominio directo del pueblo.

En todos los casos, las clases explotadoras, frente a cualquier movimiento que pusiera en cuestión su dominio, actuó con brutal violencia. Sin embargo, lo que no ha aprendido la burguesía, puesto que se niega a hacerlo, es que a pesar de toda la violencia que utilice, las clases trabajadoras continuarán en su constante lucha hasta que finalmente logren derrocar el dominio del capital.

La burguesía ha asimilado los métodos fascistas de lucha contra el proletariado y las clases trabajadoras en general. Aunque a primera vista esto pueda parecer expresión de la fuerza de la burguesía, no es sino expresión de su debilidad. Así, con respecto a la salvaje represión ejercida por el fascismo en Alemania, se tiene que:

“[La victoria del fascismo en Alemania] debe ser considerada también como un indicio de la debilidad de la burguesía, como un síntoma de que la burguesía no está ya en condiciones de dominar por los viejos métodos del parlamentarismo y de la democracia burguesa, en vista de lo cual se ve obligada a recurrir, en la política interior, a los métodos terroristas de gobierno […]”1

En los procesos electorales la burguesía promete una serie de beneficios a favor de las clases trabajadoras. Sin embargo, el objetivo es, por parte de los políticos burgueses, llegar a representar los intereses de la burguesía asumiendo el gobierno del poder burgués.

Este es otro de los “aprendizajes” de la burguesía de la experiencia fascista.

“El fascismo prometió a los obreros un ‘salario justo’; en realidad los colocó en un nivel de vida, todavía más bajo, más miserable. Prometió trabajo a los parados; en realidad les proporcionó mayores torturas de hambre, trabajo de esclavos y trabajos forzados. En realidad, el fascismo convierte a los obreros y a los parados en parias de la sociedad capitalista desprovistos de todo derecho, destruye sus sindicatos, les arrebata el derecho de huelga y de prensa obrera, los enrola por la fuerza en las organizaciones fascistas, les roba los fondos de los seguros sociales, convierte las fábricas y los talleres en cuarteles donde reina el despotismo desenfrenado de los capitalistas.

“El fascismo prometió a la juventud trabajadora, abrirle un camino ancho hacia un porvenir esplendoroso. En realidad, trajo a la juventud despidos en masa de las empresas, campamentos de trabajo y ejercicios militares incesantes con vistas a una guerra de rapiña.

“El fascismo prometió a los empleados, a los modestos funcionarios, a los intelectuales, asegurarles la existencia, acabar con la omnipotencia de los trusts y con la especulación del capital bancario. En realidad, los lanzó a una mayor desesperación e inseguridad en el día de mañana, los somete a una nueva burocracia formada por sus partidarios más obedientes, crea una dictadura insoportable de los trusts, siembra en proporciones nunca vistas la corrupción y la descomposición.”2

Veamos qué promete el partido burgués Fuerza Popular, encabezado por Keiko Fujimori, para llegar al gobierno del poder.

En uno de los primeros párrafos de su Plan de gobierno, Fuerza Popular plantea lo siguiente:

“Con una visión al 2031, PERÚ CON ORDEN proyecta un país seguro, competitivo y justo, donde la economía social de mercado genere empleo formal y digno, y donde la gestión pública sea moderna, digital y transparente. Se busca consolidar una sociedad cohesionada en la que todos los ciudadanos, sin excepción, cuenten con las condiciones necesarias para desarrollarse plenamente, en un entorno libre de corrupción y con instituciones que protejan sus derechos y promuevan su desarrollo.”3

Absolutamente todo lo que se indica en la cita es falso, por ser contrario a lo que el criminal Alberto Fujimori, encabezando los intereses de la burguesía, implementó cuando estaba en el gobierno del poder. Además, el Partido Fuerza Popular, por medio de su presencia en el congreso y en los diversos poderes del Estado, ha propuesto, aprobado y ejecutado leyes que favorecen el crimen, el abuso de poder, la sobre explotación de la fuerza de trabajo, etc.

“El Perú ya demostró que cuando hay decisión y unión, no hay crisis que no podamos superar. A inicios de los años noventa enfrentamos el terrorismo, una hiperinflación y más de la mitad de la población en pobreza. Con orden, trabajo y coraje, los peruanos derrotamos al miedo, estabilizamos la economía y recuperamos la esperanza. Esa etapa nos enseñó una gran lección: cuando hay orden, hay futuro. Hoy, ese mismo espíritu debe guiarnos para enfrentar una nueva amenaza: la inseguridad, el estancamiento económico y la pérdida de confianza en nuestras instituciones.”

Aquí tenemos otra de las graves distorsiones que se hace de nuestra historia reciente. El fujimorismo se atribuye la derrota del “terrorismo”. Empero, lo que hizo el fujimorismo fue implementar el terrorismo de Estado: Masacres de campesinos, violaciones, torturas, desapariciones, asesinatos, etc.

Debido a que el fujimorismo lo único que puede esgrimir como política cuando enfrentó el “terrorismo” es la brutal represión a los campesinos y a los sectores populares, podemos deducir que con la propuesta “orden”, lo que entienden es que aplicarán la misma política criminal de represión.

Por eso agregan que:

“El Plan de Gobierno 2026–2031: PERÚ CON ORDEN representa ese compromiso. Es una propuesta de esperanza, pero también de acción. Sabemos lo que hay que hacer, tenemos la experiencia y la convicción para hacerlo.”

Seguramente, en un eventual gobierno del fujimorismo, alegarán que la propuesta fue expuesta con nitidez desde el inicio y que, por tanto, lo que hagan en su gestión no será más que cumplir con lo que la población aceptó.

En consecuencia, aquello de “Sabemos lo que hay que hacer, tenemos la experiencia y la convicción para hacerlo”, tiene un significado preciso. 

“Creo profundamente en la fuerza de los peruanos y en la esperanza que representan nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Ellos son la principal razón para recuperar el orden, fortalecer la economía y reconstruir la confianza en el país. Si avanzamos unidos, con responsabilidad y propósito, podemos dejarles un Perú donde estudiar, emprender y trabajar sea una oportunidad real y no un privilegio. Un Perú que recupere la confianza, mire el futuro con optimismo y que, cuando decida avanzar unido, sea capaz de superar cualquier desafío.”

Los ofrecimientos generales que hace el fujimorismo por boca de su lideresa Keiko Fujimori, se justifican en quienes fueron sus víctimas, durante el gobierno de su padre. Así, pone a los niños y las niñas como la razón para recuperar el orden. Pero fue justamente con el fujimorismo que se aplicó el brutal liberalismo del Consenso de Washington, privatizando literalmente todo, y en consecuencia generando despidos masivos y miseria, que afectó a los niños que hoy, en su falso discurso, dice proteger.

En el punto uno del decálogo de su plan de gobierno, se plantea:

Protegemos decididamente el derecho a la vida desde su concepción. Defendemos el interés superior de los niños y los adolescentes, así como a la familia que es la célula fundamental de la sociedad.”

Resulta inevitable asociar este planteamiento con las graves denuncias de esterilizaciones forzadas.

A la par con el fascismo, y en general con todos los partidos de derecha, el fujimorismo mintió en las elecciones de 1990 al plantear que aplicaría una política gradualista; sin embargo, una vez en el gobierno hizo lo contrario: aplicó la política de shock.

Aquello de economía social de mercado, es otra de las farsas que esgrime el fujimorismo en su propaganda. La Constitución que promovió el fujimorismo es neoliberal, nacida en el marco del Consenso de Washington, que retira al Estado de la actividad económica empresarial. Al igual que su padre, Keiko considera que uno de los más grandes logros ha sido la implementación del modelo neoliberal, que considera que el sector privado debe ser el motor de la economía y el mercado el mejor y principal asignador de recursos.

En el punto 9 del decálogo de su plan de gobierno dice:

Creemos en la justa redistribución de las riquezas. Somos conscientes que, para ello, la educación es el gran movilizador social y que los programas sociales permiten equiparar los derechos de los peruanos.”

Sin embargo, las exoneraciones a favor de las grandes empresas, los contratos Ley implementados en la constitución de 1993, etc., dan cuenta de que la distribución de la riqueza a la que se refiere es a favor de los grandes empresarios, aquellos que le dan millones de dólares para sus campañas.

En la visión de país al 2031, se dice:

“Se aspira a una sociedad cohesionada, donde cada ciudadano tenga acceso a servicios básicos de calidad, salud, educación y oportunidades reales para avanzar, en un país libre de corrupción y con igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional.”

Podríamos analizar cada punto y expresión utilizada en el plan de gobierno de Fuerza Popular, y en todo encontraríamos lo que realmente quiere hacer, considerando el llamado “orden”, y en base a la experiencia y decisión de Keiko Fujimori. Es sabido que cuando habla de experiencia se refiere al gobierno de su padre, puesto que, como circula por doquier, el único trabajo que puede evidenciar es el de parlamentaria, con reiteradas y prolongadas ausencias, y con objetivos totalmente ajenos al bienestar y mejora de la población.

Nos parece importante comentar aquello de “igualdad de oportunidades”. Esta propuesta defendida por la derecha y el reformismo socialdemócrata no constituye una verdadera expresión democrática. La expresión que da un paso adelante en el bienestar es el de la “igualdad de resultados”.

La igualdad de resultados no es, pues, una novedad; sin embargo, se la silencia, con la finalidad de no despertar la lucha por los “resultados” a que las clases trabajadoras aspiran.

Las referencias nos remiten a Platón y a Aristóteles, y a normas internacionales.

Así, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), se establece la igualdad de derechos como principio fundamental, pero también se interpreta como un llamado a garantizar igualdad en los resultados, no solo en las oportunidades; en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), se exige a los Estados garantizar igualdad en el goce efectivo de derechos, lo que implica resultados tangibles en educación, salud y trabajo; en tanto que, en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979), se obliga a los Estados a garantizar igualdad “de jure y de facto”, es decir, en los hechos y en los resultados.

En consecuencia, la propuesta de la “igualdad de oportunidades”, sin considerar la “igualdad de resultados”, es un paso atrás en la propuesta de la derecha en general y de Fuerza Popular en particular.

Como podemos deducir, el uso de la “igualdad de oportunidades” en el plan de gobierno de Fuerza Popular, no contempla la igualdad de resultados. También se deduce lo mismo, al conceptualizar el libre mercado como mejor asignador de recursos, puesto que, si por el libre mercado nos encontramos con gente en condición de pobreza, con desempleados, etc., esto se debe al supuesto “mejor asignador de recursos”, en consecuencia, es un resultado “válido” desde el punto de vista de dicha concepción.

Con respecto a la propuesta de política económica, se señala que uno de los fundamentos del manejo económico está en la reducción del déficit fiscal a 1% del PBI. Esto se puede lograr a través de la reducción del gasto público, o a través del aumento de los ingresos públicos. Como se sabe, lo primero que se hace es reducir los gastos públicos afectando los programas sociales. El ejemplo inmediato es el de Argentina, donde el anarcocapitalista Javier Milei, aplicando la política neoliberal, ha afectado considerablemente a los jubilados, a los niños con cáncer, a los estudiantes universitarios, a los sectores populares, etc.; a lo que hay que añadir la nula inversión pública.

Esta propuesta, resulta contradictoria con lo que el fujimorismo ha hecho en el Congreso, donde por medio de bonos y aumento de sus remuneraciones, ha generado enormes gastos, afectando considerablemente los recursos para los sectores llamados “vulnerables”.

Como una muestra más de la demagogia de la propuesta de Fuerza Popular, tomemos el caso de la construcción de colegios.

En su plan de gobierno, Fuerza Popular ofrece la “Construcción de 3,000 colegios durante el periodo de gestión.”

Esto quiere decir que en un horizonte de cinco años se prevé la construcción de 3,000 instituciones educativas, lo que representa un promedio de 1,64 colegios por día. Este cálculo supone un ritmo sostenido de ejecución, equivalente a casi dos colegios diarios, considerando jornadas continuas que incluyen domingos y feriados. La propuesta, sin embargo, resulta inverosímil. Esto revela no solo la fragilidad y el carácter ilusorio de la promesa frente a las limitaciones reales del sistema educativo, sino el burdo engaño.

Si revisamos cada una de las propuestas del plan de gobierno de Fuerza Popular, encontraremos que se habrán superado considerablemente todos los problemas que enfrentamos en nuestro país. Es decir, una agrupación política que plantea el “orden”, en el sentido que caracteriza a esta agrupación (como represión de los sectores populares y apoyo y beneficio para los grandes grupos empresariales), pretende hacer creer a las clases trabajadoras su disposición a gobernar para mejorar las condiciones de vida de todos los trabajadores.

La demagogia, contenida en el plan de gobierno de Keiko Fujimori, recurre a propuestas imposibles de alcanzar en el sistema capitalista peruano actual; en el que solo es posible acceder a los bienes y servicios necesarios (de forma limitada, con crisis y pobreza) cuando las empresas pueden obtener ganancias. En otras palabras, la posibilidad de satisfacer las necesidades de las clases trabajadoras, y del pueblo en general, en el sistema capitalista, tiene como premisa satisfacer la ambición de la burguesía y de sus representantes en el gobierno del poder. En cambio, la solidaridad y la reciprocidad corresponden a experiencias colectivistas, ajenas al individualismo burgués.

La experiencia del fascismo ha permitido a la burguesía asimilar la práctica del engaño y la demagogia, para hacerse del gobierno del poder y así dar rienda suelta a su individualismo, a su sed de ganancia, y a la crueldad con las clases trabajadoras.

__________

(1) J. V, Stalin. Informe ante el XVII Congreso del partido acerca de la labor del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. 1934.

(2) Dimitrov, Jorge. Informe ante el VII Congreso Mundial de la Internacional comunista. 1935.

(3) Las restantes citas corresponden al plan de gobierno de Fuerza Popular a las elecciones del año 2026.


Reconstitución

Nota:

El artículo que publicamos a continuación –cuya primera parte fue publicada en la edición de febrero de este blog– es una contribución al desarrollo de la línea política general del Partido y, por consiguiente, a la reconstitución del partido de Mariátegui. Solo hace falta debatir sus términos, perfilar mejor algunos de ellos, desagregar o agregar otros o, en su defecto, mantener sus términos tal como están expuestos, para ser aprobados como documento básico de la Reconstitución. 

01.04.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

La Línea Política General del Partido 

(Segunda y Última Parte) 

Eduardo Ibarra 

EN CUANTO A LA política internacional del Partido, Mariátegui sostuvo: 


Cumplida su función de trazar las orientaciones de una acción internacional de los trabajadores, la Primera Internacional se sumergió en la confusa nebulosa de la cual había emergido. Pero la voluntad de articular internacionalmente el movimiento socialista quedó formulada. Algunos años después, la Internacional reapareció vigorosamente. El crecimiento de los partidos y sindicatos socialistas requería una coordinación y una articulación internacionales. La función de la Segunda Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los partidos socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron, por consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas. El movimiento obrero adquirió así un ánima y una mentalidad reformistas. El pensamiento de la social-democracia lassalliana dirigió a la Segunda Internacional. A consecuencia de este orientamiento, el socialismo resultó insertado en la democracia. (…) la Segunda Internacional fue una máquina de organización… la Tercera Internacional es una máquina de combate. (La escena contemporánea).

La revolución rusa constituye, acéptenlo o no los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporáneo. (Defensa del marxismo).

El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha. (Ideología y política).

Vosotros sabéis, compañeros, que las fuerzas proletarias de Europa se hallan divididas en dos grandes bandos: reformistas y revolucionarios. Hay una Internacional Obrera reformista, colaboracionista, evolucionista y otra Internacional Obrera maximalista, anticolaboracionista, revolucionaria. Entre una y otra ha tratado de surgir una Internacional intermedia. Pero que ha concluido por hacer causa común con la primera contra la segunda. (Historia de la crisis mundial).

El C.C. del partido adhiere a la Tercera Internacional y acuerda trabajar por obtener esta misma adhesión de los demás grupos que integran el partido. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú). 

De esta forma el Socialismo Peruano tomó partido por la Revolución Rusa, el marxismo-leninismo y la Tercera Internacional fundada por Lenin en 1919, sumando su partido a las filas del movimiento comunista internacional.  

Esta es, pues, expuesta suficientemente, la línea política general del Partido en el período de su Constitución. 

II 

Veamos ahora cómo se presenta esta línea en la actualidad. Como es reconocido, la sociedad peruana ha experimentado cambios significativos desde el tiempo en que Mariátegui trazó la línea política general del Partido. Para efecto de actualizar esta línea, es inescapable tener en cuenta estos cambios. 

Pues bien. En cuanto al carácter de la sociedad peruana, a partir de la liquidación de la “segunda semifeudalidad” ocurrida en la segunda mitad de los años ochenta, el modo de producción capitalista dejó de ser el predominante para convertirse en el modo de producción exclusivo en la formación económico-social peruana. La liquidación de la semifeudalidad por la vía campesina y la transformación del Perú en un país capitalista semicolonial, no semifeudal, es el cambio más importante producido en las últimas cuatro décadas en la base económica de la sociedad peruana. 

En cuanto al carácter de la revolución peruana, se comprenderá que, como consecuencia del cambio anotado, nuestra revolución no es ya una revolución antifeudal, sino únicamente antiimperialista. Así, el campesinado se encuentra incorporado directamente a la lucha antiimperialista y las tareas socialistas en la etapa novodemocrática de nuestra revolución socialista se conservan por la vigencia de la comunidad campesina y los latifundios capitalistas que en nuestra economía agraria han reemplazado a los latifundios semifeudales. Esta realidad es la base de la línea política general del Partido en el período de su Reconstitución. 

En cuanto a los instrumentos de la revolución subrayados por Mariátegui en el “Prefacio a ‘El Amauta Atusparia’”, la revolución continúa necesitando aquellos instrumentos: el partido de clase, el frente unido revolucionario y el ejército del pueblo. 

En cuanto a la vía de la revolución, la línea política general del Partido no ha sufrido el más mínimo cambio: dicha vía continúa siendo la violencia revolucionaria como legítima respuesta a la violencia contrarrevolucionaria. 

En cuanto al camino de la revolución, hay que reconocer que se ha producido un importante cambio que es necesario subrayar especialmente. Liquidada la semifeudalidad, no existe ya el terreno económico necesario para una guerra popular prolongada, consistente, como lo sabe todo el mundo, en cercar las ciudades desde el campo para tomarlas finalmente. Después de la indicada liquidación, el camino de la revolución peruana es la insurrección urbana, lo que no significa que, dada la situación de precariedad económica en que se encuentra la mayoría del campesinado, el campo no cumpla un papel relievante en la lucha por el poder. 

En cuanto a las formas de lucha, hay que subrayar que  no han experimentado ningún cambio. Sin embargo, ante la explosión de organizaciones de frente unido que participan en las elecciones y que se reclaman de izquierda, es necesario subrayar que la participación del proletariado consciente en las elecciones se justifica solo si las mismas son cabalmente utilizadas para propagandizar el programa de la revolución de nueva democracia y de las ideas del socialismo proletario. Esta política marca la diferencia entre los varios frentes de izquierda y de “izquierda” que esgrimen programas que no trascienden el régimen capitalista, de una parte, y el frente revolucionario, por otra. Ya Lenin señalaba a propósito de la aspiración reformista de ser gobierno: 


Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder. (Obras escogidas en doce tomos, t. X, Editorial Progreso, Moscú, p. 164). 

El “frente electoral” es una realidad que,  bien vista, es un rebajamiento de la táctica y una anulación práctica de la estrategia revolucionaria: la táctica es actuada apenas como medio de llegar al gobierno y la estrategia de poder simplemente desaparece o tiene una existencia limitada al papel. La diferencia entre un frente reformista y un frente revolucionario, es que el primero es un frente que agrupa a todo elemento que pueda significar un voto más; mientras el segundo es un frente con la necesaria coherencia entre su programa revolucionario y su militancia revolucionaria (ver nuestro artículo “Acerca de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo”, que republicamos en la presente edición de CREACIÓN HEROICA); y que participa en la lucha electoral solo para desarrollar el cauce de la revolución como es la lucha directa de las masas. En consecuencia, tal como lo hemos recordado en el primer apartado del presente artículo, “conforme a su práctica mundial” el proletariado consciente “asistirá a las elecciones con meros fines de agitación y propaganda clasistas.” Por lo tanto, a la “agitación anti-imperialista”, hay que agregar la propaganda de que “sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera.”    

   En cuanto a la industrialización del Perú, contra lo que implícitamente plantean los programas de los frentes reformistas, está vigente la tesis mariateguiana de que la opresión imperialista no permite una industrialización independiente, es decir, que responda a los intereses del pueblo peruano. Solo la victoria de la revolución puede viabilizar la emancipación de nuestra economía. Creer que un eventual gobierno de izquierda o de “izquierda” puede realizar una industrialización independiente, es, en el fondo, creer que la vía de la revolución es la transición pacífica. 


En cuanto a la política internacional del Partido, es necesario enfatizar que ella se basa en el marxismo-leninismo y en el internacionalismo proletario. Como es de conocimiento general, debido a una serie de factores objetivos y subjetivos, el movimiento comunista internacional se ha visto reducido casi a su mínima expresión. No obstante, en esta situación es más necesario todavía mantener en alto los principios marxista-leninistas. Después que las Internacionales cumplieran su papel en la historia de la revolución proletaria, lo que le hace falta al movimiento proletario mundial es establecer y desarrollar “la organización de un compañerismo basado en la igualdad” (Stalin). Esta nueva forma de organización del movimiento comunista internacional, implica la centralización ideológica, la coordinación política, la independencia teórica y la autonomía orgánica (ver nuestro artículo “La tercera Internacional y nuestro tiempo”, republicado en la edición pasada de CREACIÓN HEROICA). Ahora, pues, no es necesario ni posible un nuevo “centro orgánico” que ejerza una dirección centralizada sobre todos los partidos proletarios, sino un “centro ideológico-político” que, al mismo tiempo que permita unir ideológicamente y dar curso  a una acción política coordinada de los partidos proletarios, les permita también su desarrollo teórico independiente y su proceso orgánico autónomo. Hace ya veintitrés años, escribimos al respecto lo que sigue: 


En el mundo actual… la necesidad de impulsar la revolución socialista impone a cada miembro del M.C.I. que su órbita sea… la verdad particular como expresión concreta de la verdad universal, o, para decirlo en otros términos, la lucha por encontrar el camino propio de la revolución como expresión concreta del universal camino de la revolución proletaria. Por eso el M.C.I. no debe promover un “centro orgánico”, sino “la organización de un compañerismo basado en la igualdad”. (El pez fuera del agua).

 

Paralelamente al problema de la organización del movimiento comunista internacional, está la cuestión de la táctica que el proletariado debe adoptar actualmente a escala mundial. Entre otras cosas, la situación del mundo se caracteriza por los bestiales zarpazos de la fiera herida que es el imperialismo yanqui en declive y sus notorios preparativos de una nueva guerra mundial. Esta política ha agudizado las contradicciones entre el imperialismo y los países oprimidos, entre el proletariado y la burguesía, entre el socialismo y el capitalismo e incluso entre los propios países imperialistas. En estas condiciones, se desarrolla un movimiento internacional por la defensa de la paz mundial y, al mismo tiempo, un proceso de reagrupamiento de los países y de las organizaciones políticas. Se perfila, pues, la construcción de un frente de todas las fuerzas que se oponen a la política estadounidense de recuperar en exclusividad, mediante la guerra, la hegemonía mundial, liquidar la independencia de diversos países y someter a los pueblos de Asia, África y América Latina a una explotación más despiadada y a una opresión más bárbara. En América Latina el imperialismo yanqui ha puesto en marcha lo que su gobierno llama “el corolario de Trump a la doctrina Monroe”. La intención es evidente: hegemonizar económica, política y militarmente en Nuestra América y expulsar de la región a sus competidores, especialmente a China y a la Federación Rusa.

 

Pues bien, en este panorama general, el proletariado no puede asumir una posición de indiferencia, pues ello sería una indiferencia con respecto al peligro de una nueva guerra mundial, a la lucha decisiva contra el imperialismo yanqui y al destino de la humanidad por decenas y decenas de años. En la situación que vivimos, no basta decir, como dicen algunos, que la guerra que tiene lugar en Medio Oriente (que de hecho involucra no solamente a los intervinientes directos sino también a China, a la Federación Rusa y a otros países) es una guerra imperialista y con esta frase ponerle punto final al análisis, con lo que se abona la idea de proponer al proletariado y a los pueblos del mundo una pretendida neutralidad. Pero quienes plantean de este modo la cuestión de la guerra actual no se dan cuenta de que el proletariado y los pueblos intervienen en ella de todos modos, a fortiori, pero no de la forma en que deben hacerlo, y esta situación podría hacerse general en el caso del estallido de una nueva guerra mundial. En la conferencia “El fracaso de la Segunda Internacional”, Mariátegui señaló las circunstancias por las cuales en la Primera Guerra Mundial “los proletarios europeos se asesinasen los unos a los otros” (Historia de la crisis mundial). Así, pues, limitarse a señalar que los actuales conflictos bélicos son “entre  imperialistas” y no hacer ningún esfuerzo por profundizar el análisis, es condenar a los hombres y a las mujeres de las masas populares a que se asesinen los unos a los otros en una lucha que no tendría el justo objetivo de una lucha contra el enemigo principal de los pueblos del mundo. Socialmente fragmentado y orgánicamente debilitado, el proletariado debe cumplir de todos modos sus deberes como la fuerza que se opone más consecuentemente que cualquier otra al sistema capitalista. Concretamente, el imperialismo no puede ser derrotado de una buena vez en toda la faz de la Tierra y, por esto, todo análisis de la actual situación internacional debe, inescapablemente, identificar con toda precisión al enemigo principal de los pueblos. ¿Quién es el enemigo principal de los pueblos del mundo?  ¿La Federación Rusa? ¿La República Popular China? ¿Irán? No, probadamente no. El enemigo principal es el imperialismo yanqui y sus socios.

 

La lucha por la revolución mundial exige que el proletariado aplique una táctica única, y esta táctica no puede comprender sino dos aspectos que guardan entre sí una muy determinada relación: la necesidad de desarrollar el movimiento mundial por la paz y de desarrollar el frente unido internacional contra el imperialismo yanqui. De este modo el proletariado y con él los pueblos del mundo pueden cumplir sus deberes en el período actual de la lucha de clases a  escala internacional. Si puede o no ser prevenida una nueva guerra mundial depende enteramente de la movilización de las masas en todos los países. Por ahora esta movilización es limitada y solamente se presenta en algunos países, pero el movimiento existe y se desarrollará en la medida en que los hechos hagan ver a los pueblos que el imperialismo yanqui se propone desencadenar una nueva guerra mundial que, si se limitara a ser convencional, traería centenares de millones de muertos, heridos y mutilados de las clases trabajadoras, y, si dicha guerra derivara en una guerra nuclear, significaría la desaparición o casi desaparición de la especie humana. La posibilidad de una conflagración nuclear es muy grande, pues si el imperialismo yanqui y sus socios estuvieran siendo derrotados en la guerra convencional, respondiendo a su naturaleza de clase sus representantes más insanos utilizarían la bomba atómica. Así, pues, se entenderá que el proletariado puede y debe cumplir un importante papel en impulsar el movimiento por la paz que, como es natural, debe comprender a todos los países, a todas las naciones y a todos los pueblos amantes de la paz mundial.

 

Asimismo, el proletariado debe intervenir decididamente en la vertebración del frente unido internacional contra el imperialismo yanqui, manteniendo en todo momento, tanto en la lucha por la paz mundial como en el frente unido internacional, su independencia ideológica, política y orgánica y desempeñar así un rol de dirección en todo espacio donde ello fuera posible. El frente unido internacional antiyanqui encierra algunos problemas que hay que saber resolver concretamente. En la actualidad, el proletariado de cada país debe proponerse desarrollar la lucha por la toma del poder, incluso si esta lucha es dirigida por otras fuerzas revolucionarias. Esto es válido tanto para los países alineados con el imperialismo yanqui como para aquellos que se alinean contra este imperialismo, exceptuando aquellos países de posición antiyanqui directamente involucrados en la guerra regional de Medio Oriente, pues en estos casos actuar de otro modo sería favorecer al imperialismo yanqui, enemigo principal de los pueblos. Esto mismo sería tanto más válido si la guerra mundial no puede ser evitada. En este caso, en los países que mantuvieran una posición antiyanqui el proletariado tendría que posponer la lucha por sus ideales de clase y subordinarla a la lucha por derrotar al enemigo principal. Pero, naturalmente, la “unidad nacional” no podría actuarse a la manera del revisionista Earl Browder, sino como una forma específica de la lucha de clases en las circunstancias de la lucha contra el imperialismo yanqui y sus socios y, por lo tanto, como una política que le permita al proletariado y a los pueblos una intervención importante en la toma de decisiones. Como se comprenderá, en las circunstancias de una nueva guerra mundial se desarrollaría necesariamente una situación revolucionaria en muchísimos países y, dada esta situación, el proletariado debe aprovecharla para tomar el poder o contribuir a ello. En otras palabras, el proletariado no tendría que dejar pasar la oportunidad de llevar hasta la victoria la lucha por la liberación nacional en los pueblos oprimidos y la guerra civil revolucionaria en los países capitalistas. 


Esta es, brevemente expuesta, la línea política general del Partido desarrollada conforme a la actual realidad del Perú y el mundo.

 

Nota

En la primera edición de El pez fuera del agua, se decía: el M.C.I. no debe poner ya el acento en un ‘centro orgánico’, sino en ‘la organización de un compañerismo basado en la igualdad’. Esta formulación ha sido reemplazada, en la ya preparada pero aun no publicada segunda edición del mencionado libro, por la formulación que aparece en el presente artículo.






Nota:

El artículo que sigue prueba lo que el autor del mismo ha señalado hace tiempo: el grupo de Lastra no ha defendido, ni actualizado ni desarrollado ningún aspecto de la Reconstitución. Por el contrario, ha tergiversado la Creación Heroica de Mariátegui en cuestiones decisivas e implementado una visión liberal tanto en su trabajo partidista como en su trabajo frentista. Así, pues, no es culpa de nadie sino del propio indicado grupo que, desde hace tiempo, se encuentre al margen de la lucha por la Reconstitución.

01.09.2015.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

El Falso Marxismo-Leninismo de Jaime Lastra 

(Segunda y Última Parte) 

E. I. 

STALIN DEFINIÓ el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, definición general de la que se desprende esta definición específica: “o más exactamente [el leninismo es] la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular”, definición que solo se comprende y tiene legitimidad en el marco de aquella definición general. 

El leninismo es una época en el desarrollo del marxismo. Stalin no dice esto explícitamente, pero con su definición del leninismo, lo da a entender sin margen a dudas. ¿Cómo podría ser que el leninismo, marxismo de nuestra época, no sea una época en el desarrollo del marxismo? El leninismo es, pues, el marxismo de nuestra época y, por lo tanto, no solo comprende el pensamiento de Lenin, sino también el de Stalin y el de Mao y, en una mirada prospectiva, puede decirse que podría comprender asimismo cualquier otro pensamiento marxista de valor universal que pueda surgir en nuestra época: la teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado es una teoría abierta y los nuevos problemas relativos al paso al comunismo que surgirán necesariamente, hacen razonable la hipótesis de una nueva etapa en el desarrollo del marxismo de nuestra época. 

Que el leninismo es el marxismo de nuestra época quiere decir que sus raíces históricas son el imperialismo y la revolución proletaria. Precisar esta cuestión es absolutamente indispensable y, dadas las circunstancias, completamente ineludible en el debate sobre el pensamiento de Mao. Por eso, un maoísta delirante pero informado como Abimael Guzmán, ensayó una solución al problema de las raíces históricas de este pensamiento. En la recopilación Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, t. II, pp. 313-314, se lee: 


El maoísmo es la aplicación del marxismo-leninismo a los países atrasados, de la ofensiva estratégica de la revolución mundial y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado. 

Sin embargo, ocurre que “los países atrasados”, la revolución proletaria mundial –que Guzmán creyó que en los años ochenta estaba a la ofensiva estratégica– y la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado, son realidades propias de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. No representan, pues, una nueva época histórica; por lo tanto, Guzmán se equivocó. Dadas sus raíces históricas, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del marxismo de nuestra época, del leninismo, y, por ello, un desarrollo del marxismo-leninismo. En consecuencia, el término leninismo abarca el pensamiento de Mao y, debido a esta razón, en la denominación de la doctrina no tiene lugar el término maoísmo; darle un lugar en la denominación de la doctrina, es reducir el leninismo a simple etapa del marxismo y hacer lo mismo con el propio marxismo. 

Por otro lado, levantar un marxismo a secas es renunciar al leninismo y, por consiguiente, abjurar del marxismo-leninismo, pues encierra la idea de que el leninismo es un fenómeno exclusivamente ruso. El fondo de esta idea es la negación de la potencia generatriz del marxismo para desarrollarse como verdad universal y, por lo tanto, la idea de que solo puede desarrollarse como verdad particular. Esta idea fue puesta de manifiesto por un seguidor de Ramón García al escribir que “Lenin es para Rusia y Mao para China”. En cuanto a lo segundo, tal idea se encuentra en la literatura del revisionismo chino, cuyos representantes niegan el valor universal del pensamiento de Mao al definir el mismo nada más como “la integración de los principios universales del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución china” («Resolución» de la VI Sesión Plenaria del XI Comité Central del PCCh, 27 de junio de 1981).      

Como es de conocimiento común, el revisionismo jruschoviano-brezhneviano no renunció formalmente a la denominación de la doctrina como marxismo-leninismo. Pero defenestró a Stalin y prácticamente congeló a Lenin. De este modo su “marxismo-leninismo” solo le sirvió como diversivo, como tapadera, como engañabobos; así, los marxista-leninistas auténticos saben que el “marxismo-leninismo” jruschoviano-brezhneviano es revisionismo. Dada esta situación, es necesario señalar que, cuando es auténticamente asumido, el marxismo-leninismo da cuenta de la adhesión a la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao. Esto significa que esta denominación tiene un valor explicativo en relación a la denominación de la doctrina como marxismo-leninismo, pero, por cuanto este término representa el nombre políticamente exacto de la doctrina, la denominación de la misma según la nomenclatura de sus representantes no tiene una plena validez política independiente de su denominación como marxismo-leninismo. 

Pues bien, como todos los que quieren saberlo lo saben, Lastra ha suplantado el marxismo-leninismo por el liberalismo (ver nuestro artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”). Por lo tanto, ¿cómo podría decirse que su marxismo-leninismo es auténtico? 

En una Intervención en la Conferencia de Representantes de Partidos Comunistas y Obreros realizada en Moscú en noviembre de 1957, Mao señaló: 


En realidad, hay diversos tipos de marxistas: marxistas en un 100 por ciento, marxistas en un noventa por ciento, marxistas en un 80 por ciento, marxistas en un 70 por ciento, marxistas en un sesenta por ciento, marxistas en un cincuenta por ciento, y algunos son marxistas sólo en un 10 ó 20 por ciento. (Obras escogidas, t. V, p. 562). 

Puesto que desde hace tiempo Lastra se muestra partidario del liberalismo y es uno de sus introductores entre las clases trabajadoras, puede decirse que es marxista solo al 10 o 20 por ciento, pero únicamente si se considera de manera relajada el lenguaje que utiliza. 

Si se mira bien, la exposición de Lastra sobre el marxismo-leninismo es descriptiva y no analítica, razón por la cual no ha sido capaz de revelar la esencia del problema en cuestión. Así, se limita a decir que tal organización plantea tal cosa, tal otra organización plantea tal otra cosa y que lo correcto es lo que él dice solo porque él lo dice: “… la desviación ultraizquierdista… [cambió] la formulación de marxismo-leninismo, pensamiento Mao-tsetung por marxismo-leninismo-maoísmo” (“El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, artículo publicado en la edición 35 de la espuria Creación Heroica, p. 5); “Las tendencias de oportunismo de derecha (sic) procedieron a desconocer la BUP queriendo reducirla a la sola mención (sic) de ‘marxismo’” (ibídem)(2); “consideramos que una formulación a la doctrina (sic) sería: adherir a la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao” (lugar citado, p. 6). 

Comprobadamente, pues, Lastra se limita a describir y, encima, tiene el descaro de decirle al lector: “[nosotros] consideramos que…”, sin explicar absolutamente porqué considera lo que considera. 

Es decir, también aquí Lastra juega a ser Dios: cree que basta su palabra, y que, puestos de hinojos, los lectores tienen que creer en ella. 

Veamos una cuestión más. Ya hemos anotado que el nombre políticamente exacto de la doctrina proletaria es marxismo-leninismo, y que, en relación a este nombre, la denominación de la doctrina como la de “Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao”, tiene un valor explicativo. Pero sucede que, como hemos visto, Lastra autonomiza esta denominación al mismo tiempo que hace a un lado la denominación políticamente exacta de la doctrina. 

Lastra dice: 


El debate de (sic) una justa y correcta denominación de la doctrina continuará, pero evitando rupturas por formalismos, cuando en lo esencial se tiene unidad.(3) 

Aquí Lastra muestra, una vez más, que suele repetir a su congénere García, quien, falseando los términos del correcto planteamiento del problema de la denominación de la doctrina, muy suelto de huesos llegó a esgrimir este sofisma: 


la discusión hasta bizantina acerca de si la doctrina se denomina Marxismo-leninismo o Marxismo–leninismo-maoísmo. Así, la posición respecto al marxismo se entiende como la lucha por un guion más o un guion menos” (“El partido de Mariátegui”, artículo publicado en la red). 

Esta necedad fue desmontada hace mucho por nosotros (ver nuestro artículo “Acerca de algunos sofismas”, publicado en CREACIÓN HEROICA. 

Es claro, pues, que, quienes postulan un pretendido “marxismo-leninismo-maoísmo”, lo que hacen es negar el leninismo como el marxismo de nuestra época; y quienes reducen la denominación de la doctrina al solo término marxismo, lo que hacen es negar la potencia intrínseca del marxismo de desarrollarse como verdad universal. Y, obviamente, ambas posiciones no son precisamente marxismo. 

No obstante, Lastra cree que el problema de la denominación de la doctrina es nada más que un “formalismo” y, además, que este “formalismo” no impide la “unidad” (partidaria, se sobreentiende, pues aquí se trata de la doctrina), porque, según agrega, “en lo esencial se tiene unidad”. Así, pues, se impone esta pregunta: ¿qué es, en la frase citada, “lo esencial”? Lastra no dice absolutamente nada acerca de esto. Por eso, hay que subrayar: el conjunto que hacen las diferentes denominaciones de la doctrina, encierra precisamente estas cuestiones esenciales: 1) potencia intrínseca del marxismo de desarrollarse como verdad universal; 2) el leninismo es una época en el desarrollo del marxismo; 3) el pensamiento de Mao tiene las mismas raíces históricas que el leninismo; 4) basta el término leninismo para dar cuenta del marxismo de nuestra época. En consecuencia, las discrepancias en torno a la denominación de la doctrina no son ni pueden ser un simple “formalismo”, sino una cuestión teórica de primera importancia. Entonces, ¿cómo hablar de unidad partidaria, como hace Lastra,  con quienes niegan las esenciales cuestiones propias del marxismo-leninismo que acabamos de reseñar? ¿Cómo puede decirse que “en lo esencial se tiene unidad” con los negadores del marxismo-leninismo? ¿Cómo? Es evidente, pues, que, hasta cuando trata de una cuestión tan básica en la construcción del Partido, tan determinante en la lucha por la Reconstitución, como precisamente es la cuestión de la doctrina marxista-leninista, Lastra no puede sofrenar su liberalismo, es decir, su proclividad a la conciliación, a la metafísica, a la adulación, a la amalgama. De esta forma promueve la unidad partidaria de los marxista-leninistas con sus adversarios (revisionistas de “izquierda” a lo Guzmán y revisionistas liquidadores del grupo de García). Por consiguiente, cualquiera que mantenga su sano juicio marxista, no puede dejar de ver que, con aquello de que “en lo esencial se tiene unidad” con los negadores del marxismo-leninismo, Lastra promueve, solapadamente, un partido doctrinariamente heterogéneo. Así revela su oposición a la Reconstitución, que, como bien se sabe, tiene como base ideológica el marxismo-leninismo, doctrina que no admite en absoluto la negación del leninismo como el marxismo de nuestra época.(3) 

Por otro lado, hay que anotar que en los textos “El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, “¿Reafirmación o reformulación de la base de unidad partidaria?” y “Debate sobre marxismo-leninismo-maoísmo (Parte 1)” (pésimamente escritos, dicho sea de paso), hay un verdadero cúmulo de equívocos, incoherencias, ambigüedades, absurdos y hasta frases ininteligibles, como por ejemplo la que sigue: “unidad ideológica doctrinalmente homogénea” (“El trabajo por la reconstitución…”, p. 5). 

Así, pues, lo anotado hasta aquí basta para mostrar que el artículo de Lastra sobre la verdad universal no es ninguna contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui, sino, por lo contrario, una argumentación que abona la propuesta de un partido doctrinariamente heterogéneo. 

Así las cosas, si llegara el momento de la amalgama Lastra se vería en un verdadero aprieto para expresar en una formulación única la “unidad” de todos los amalgamados: los que niegan el marxismo-leninismo con aquello de las “tres etapas” del marxismo, los que lo niegan con aquello del marxismo a secas y los que levantan de la boca para afuera el marxismo-leninismo. 

Como vemos, si el “marxismo-leninismo-maoísmo” de Lastra fue falso, ahora su “marxismo-leninismo” también es falso, pues el liberalismo sigue siendo el patrón que guía toda su divagación “teórica” y todo su practicismo (que no es lo mismo que práctica). No darse cuenta de esta realidad, es incapacidad; y tratar de encubrirla con un poco de fraseología, es servilismo. 

Es preciso subrayarlo: con los textos producidos en el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, la lucha por la Reconstitución cuenta con una teoría desarrollada sobre la verdad universal del proletariado y el problema de su denominación. 

Notas 

[2] Lastra tergiversa la realidad, pues esta da cuenta de que no son varias tendencias las que sostienen un marxismo a secas (“Las tendencias de oportunismo de derecha”), sino únicamente el grupo encabezado por Ramón García.

[3] Sin embargo, es posible colegir que la famosa “esencia” sea la idea según la cual entre la posición de Lastra y las posiciones del revisionismo de “izquierda” de Abimael Guzmán y del liquidacionismo de derecha García sobre la verdad universal, no debe dar lugar  a ninguna “ruptura”, pues entre las tres posiciones hay “unidad”: si, según Lastra, hay que “evitar rupturas” con respecto a tales posiciones, es decir que hay que evitar romper con el revisionismo de “izquierda” y el liquidacionismo de derecha, es porque Lastra se siente en una situación de unidad ideológica con los negadores del marxismo-leninismo y, precisamente por esto, es que quiere evitar una “ruptura” con los mismos. ¡Esta es la “esencia” de la que habla nuestro confusionista liquidador!

[4] No obstante, en el artículo “El trabajo por la reconstitución…”, Lastra se llena la boca hablando de la base de unidad partidaria: “adherir a la BUP, hoy en proceso de reformulación”; “sobre esta reformulación habrá que ir precisando y aterrizando mediante la coordinación y cooperación ante los requerimientos de las masas en resistencia y lucha contra la clase dominante”. Esta última afirmación es confusa, imprecisa, ambigua, y hay que preguntarse qué habrá querido decir Lastra realmente. ¿Cree nuestro liquidador que la “reformulación” (concepto no explicado exactamente en su artículo) de la base de unidad depende de “los requerimientos de las masas”? En lo que concierne al aspecto ideológico de la base de unidad, hay que subrayar que ninguna “coordinación” y ninguna “cooperación” es posible con los negadores del marxismo-leninismo para lo que Lastra llama “reformulación” de dicha base. Cuando Stalin escribió Los Fundamentos del Leninismo y Cuestiones del leninismo, no “coordinó” ni “cooperó” con los oportunistas; lo que hizo fue desplegar la lucha teórica contra ellos, y lo que resultó fue la fundamentación, insuperada, del leninismo como el marxismo de nuestra época. La pretendida “reformulación” de la base de unidad no depende, en su aspecto ideológico, de “los requerimientos de las masas”. No decir las cosas claramente sobre esta cuestión, da lugar, pues, a que se pueda pensar que Lastra cree que la adopción del marxismo-leninismo por el Partido depende de tales “requerimientos” y de tal “coordinación” y tal “cooperación”, cuando todo marxista sabe perfectamente que aquella adopción no es ni puede ser más que un resultado de la actividad consciente de la vanguardia. “Los requerimientos de las masas” deben ser tenidas en cuenta para la elaboración de las reivindicaciones inmediatas. En todo caso, la apelación de Lastra a “las masas en resistencia y lucha contra la clase dominante”, es una clara expresión de que las luchas masivas le sirven para disimular su insolvencia teórica y dejar en la sombra su posición oportunista en relación al marxismo-leninismo y, por lo tanto, a la Reconstitución.

CREACIÓN HEROICA