lunes, 4 de mayo de 2026

Política

Nota:

El artículo que sigue es una clara identificación del problema central que afronta el proletariado peruano para resolver la cuestión de su vanguardia política, o sea, la tarea de reconstituir el partido de Mariátegui. Por eso, es una contribución a la necesidad de comprender que para que cada quien pueda aportar realmente a llevar hasta el fin la Reconstitución, tiene que empezar por reconocer dónde está la defensa, la actualización y el desarrollo del pensamiento de Mariátegui, y dónde está la tergiversación de dicho pensamiento y, por lo tanto, la oposición, abierta o encubierta, a la Reconstitución. Decir ser partidario del pensamiento de Mariátegui y, a la vez, ponerle el hombro y aun las espaldas a los tergiversadores de Mariátegui, solo revelaría una patética inconsecuencia con el marxismo peruano encarnado en Mariátegui, así como con la lucha por reconstituir su partido. 

01.05.2026.

Comité de Redacción.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


La Cuestión del Partido

es el Problema Central en Debate 

Eduardo Ibarra 

I

YA EN LOS en años veinte del siglo pasado la cuestión del partido del proletariado se destacó como uno de las cuestiones más importantes, si no la más importante,(1) que se discutieron en el seno del pueblo peruano. Esta discusión expresó la confrontación entre la posición del proletariado revolucionario y la pequeña burguesía oportunista. 

En efecto, en 1927 Haya de la Torre propuso transformar el Apra, frente unido existente entonces solamente en el papel,(2) en un partido político al estilo del Kuomintang chino: 


El Apra es partido, alianza y frente. ¿Imposible? Ya verá Ud. que sí. No porque en Europa no haya nada parecido no podrá dejar de haberlo en América. (Carta del 20 de mayo de Haya a Mariátegui, José Carlos Mariátegui Correspondencia; en adelante, Correspondencia). 

En cambio, José Carlos Mariátegui propuso un partido de clase, un partido marxista-leninista: 


Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase. (Ideología y política).

tenemos la obligación de reivindicar el derecho de la clase obrera a organizarse en un partido autónomo. (Correspondencia).

Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, [a la formación del Apra] constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas…  (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú; en adelante, Apuntes).

3º-La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. (Martínez, Apuntes). 

En estas citas de ambos debatientes se constata que Haya postulaba un partido doctrinariamente heterogéneo que engullera a los marxistas-leninistas y sobre cuya variopinta membresía planearía él como un soberbio caudillo, y que, contrariamente a este proyecto, Mariátegui reivindicaba el partido de clase del proletariado. 

En la reunión del 7 de  octubre de 1928 se constituyó el “grupo organizador del Partido Socialista”, acontecimiento que, teniendo en cuenta el desarrollo partidario en el período que comienza en la fecha indicada y termina en marzo 1930, aparece ante la historia como la Reunión Fundacional del Partido Socialista del Perú. 

Así, pues, la lucha en el seno del pueblo en el período 1927-1930 en torno a la cuestión del partido tuvo como resultado una victoria teórica y práctica del proletariado revolucionario sobre la pequeña burguesía oportunista o, para expresar el fondo de esta victoria, de la resolución positiva de la contradicción antagónica entre el marxismo y el oportunismo en el seno del pueblo. 

Como es sabido, después de la muerte de Mariátegui el Partido abandonó los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del Partido Socialista del Perú y, de esta forma, su acción fue desviada, ora hacia la izquierda, ora hacia la derecha. 

Pero, desde luego, aquellos Fundamentos quedaron vivos en la lucha del proletariado consciente como el basamento del partido que Mariátegui había concretado, como el tipo de partido que necesita el proletariado peruano para realizar sus ideales de clase. 

II 

En la Sexta Conferencia del Partido (enero de 1969), se tomó el acuerdo de reconstituir el partido de Mariátegui. No obstante, el liquidacionismo de derecha encabezado por Saturnino Paredes se opuso desde un principio a dicha tarea. Como consecuencia, la cuestión del partido volvió a aparecer en la primera línea del debate. ¿Qué tipo de partido requiere el proletariado peruano? ¿Un partido de clase, es decir, un partido doctrinariamente homogéneo o, por el contrario, un partido amalgama, o sea, un partido doctrinariamente heterogéneo? ¿Un partido con la capacidad de afrontar todas las formas de lucha y de pasar sin solución de continuidad de una forma principal de lucha a otra forma principal de lucha o, en su defecto, un partido construido alrededor de una forma principal de lucha con prescindencia o casi con prescindencia de las demás formas de lucha y sin la capacidad de pasar de una forma principal de lucha a otra forma principal de lucha? 

En octubre de 1975, Abimael Guzmán escribió sobre la Reconstitución: 


Retomar el Camino de Mariátegui es Reconstituir el Partido Comunista, su Partido; es trabajar por su construcción ideológico-política, desarrollando los fundamentos que le diera su fundador y es, simultáneamente, pugnar por su construcción organizativa reajustando lo orgánico a lo político. Reconstituir el Partido hoy, en síntesis, es impulsar su reconstitución Retomando a Mariátegui y apuntando al desarrollo de la guerra popular. (“Retomemos a Mariátegui y reconstituyamos su partido”). 

En esta cita vemos que Guzmán mantiene que la Reconstitución significa desarrollar “los fundamentos que le diera” Mariátegui al Partido, y esto es correcto. Pero también vemos que sostiene que la Reconstitución debe hacerse “apuntando al desarrollo de la guerra popular.” Es decir, si bien por un lado Guzmán acertaba con aquello de desarrollar “los fundamentos” establecidos por Mariátegui; por otro lado vemos que se equivocaba al concebir la Reconstitución como una tarea a llevarse a cabo alrededor de la preparación y desarrollo de la guerra popular (y no en torno a la organización de la revolución, concepto este último más amplio que el de guerra popular), idea que había planteado ya, con mayor precisión, en el artículo “Reconstituir el Partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”, publicado un poco antes de la Sexta Conferencia. 

Esta concepción militarista y, por lo tanto, limitada y limitante de la Reconstitución, terminó imponiéndose en las filas partidarias. 

Pero, después, la derrota de la aventura militar del PCP-SL significó, como cuestión de fondo, el fracaso de la “reconstitución para la guerra popular”. Hoy el PCP-SL ni siquiera existe como partido, y si alguna de sus facciones habla de una “segunda reconstitución”, ninguno de sus activistas sabe a ciencia cierta cuál es su contenido y cuál su camino. 

En la segunda mitad de los años ochenta, el grupo encabezado por Ramón García propuso, aunque entonces todavía con otros términos, la “dilución-integración” del PCP-SL, el PCP-BR, PCP-PR y su propio grupo (después consideró a otras organizaciones más). Desde entonces García hizo de todo para concretar su visión amalgamadora que tuvo sus expresiones más nefandas en su intención de fusionarse con el PCP-UNIDAD, en su renuncia a la reconstitución del partido de Mariátegui y en su desvergonzada apuesta por un partido amalgama de “dimensión nacional” con toda clase de revisionistas. De esta forma renegó completamente la Reconstitución, es decir, los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del partido de Mariátegui. 

Este resultado de la evolución de las ideas de García con respecto al partido del proletariado peruano significó la bancarrota de su proyecto de un partido único con membresía doctrinariamente heterogénea. 

Desde hace aproximadamente dieciséis años, el grupo encabezado por Jaime Lastra ha desarrollado una actividad de tipo partidista y de tipo frentista sin una base marxista-leninista, una actividad sin principios, una acción que se caracteriza por combatir a los marxistas partidarios de la Reconstitución, mientras se rodea de algunos renegados del marxismo-leninismo y adversarios de la Reconstitución.(1) Como se sabe, en agosto de 2024 Lastra intentó fundar “un núcleo de dirección” con la participación de liquidadores y marxistas, y, de esta forma, renegó el partido de clase y cayó en liquidacionismo de derecha (ver el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI y nuestros artículos “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno” y “Carlos Moreno pretende tapar el sol con un dedo”, publicados en este blog). Desenmascarada esta negación del partido de clase, este nuevo brote de liquidacionismo, notoriamente desesperados Lastra y Moreno procuraron silenciar los hechos con una evidente pobreza argumentativa y una vergonzosa miseria moral. La caída del grupo de Lastra en el liquidacionismo significó la bancarrota de su idea liberal según la cual “No es Malo” ser marxista (así a secas), trotskista, fidelista, guevarista, etcétera, que, in nuce, expresaba, desde hacía mucho, su irresistible propensión a la conciliación, al contubernio, a la metafísica, al partido doctrinariamente variopinto. 

Por lo expuesto, puede decirse que en la historia del Partido ha habido tanto discontinuidad como continuidad. La discontinuidad estuvo dada por la hegemonización alcanzada por el oportunismo en el CC en la reunión de mayo de 1930, hegemonización que, como se sabe, duró hasta la realización de la Cuarta Conferencia (1964). La continuidad está dada por los siempre vigentes Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, y que, como también se sabe, fue siempre la base sobre la cual los militantes marxista-leninistas lucharon, al principio con serias limitaciones, pero después con un creciente conocimiento de aquellos Fundamentos, potenciándose así, cada vez más, su lucha hasta que, finalmente, retomaron el pensamiento de Mariátegui como la piedra angular de su base de unidad. 

III 

En mayo de 1929, José Carlos Mariátegui dejó escrito estos esclarecedores conceptos: 


Para pensar con libertad, la primera condición es abandonar la preocupación de la libertad absoluta. El pensamiento tiene una necesidad estricta de rumbo y objeto. Pensar bien es, en gran parte, una cuestión de dirección o de órbita. (Defensa del marxismo, p. 126). 

El pensamiento marxista tiene pues necesidad de rumbo y objeto, de dirección y órbita, si no quiere extraviarse en el extenso cuadro de debates existentes por doquier y, particularmente, si no quiere perderse ante la cuestión del partido. 

En “Sobre la contradicción”, Mao escribió: 


En el proceso de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones y, de ellas, una es necesariamente la principal, cuya existencia y desarrollo determina o influye en la existencia y desarrollo de las demás contradicciones. 

El proceso de la lucha entre el marxismo-leninismo y las desviaciones del mismo contiene muchas contradicciones en los planos de la filosofía, la economía, la política, la ideología, la organización. Desde 1969 este proceso de lucha tiene su expresión concentrada en la confrontación entre quienes defienden el partido de clase y quienes lo niegan, entre quienes luchan por la reconstitución del partido de Mariátegui y quienes se oponen abierta o encubiertamente a esta histórica tarea, es decir, entre quienes defienden el marxismo-leninismo y quienes aplican el liberalismo, entre quienes defienden, actualizan y desarrollan el pensamiento de Mariátegui y quienes lo tergiversan. 

Como hemos visto, ya en los años veinte del siglo pasado Mariátegui proporcionó una solución concreta al problema del tipo de partido que requiere el proletariado peruano. Parte básica de esta solución son, desde el punto de vista de la Reconstitución, los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, como también hemos visto. 

       En consecuencia, quienes no son capaces de pensar con libertad, de pensar con rumbo y objeto, y, por lo tanto,  no son capaces de darle a su pensamiento una dirección y una órbita, es decir, que no son capaces de comprender que el problema central del proletariado peruano y, por lo tanto, el centro del debate es la cuestión del partido, la cuestión de la Reconstitución, fácilmente pueden ser víctimas del engaño ajeno y propio: de una retórica mentirosa y fanfarrona (engaño ajeno) y de no enfocar el pensamiento en el problema central como es la cuestión del partido (engaño propio). 

       Se comprenderá, entonces, que actualmente la posición de partidos, grupos, tendencias y personas está determinada por la posición ante la cuestión del partido. ¿Partido de clase, o partido amalgama? ¿Reconstitución del partido de Mariátegui o negación de esta tarea? Y estas dos interrogantes tienen como esencia estas dos cuestiones: ¿marxismo-leninismo, o liberalismo?, ¿pensamiento de Mariátegui o su tergiversación?      

En consecuencia, todo marxista-leninista tiene que discernir las distintas posiciones ante la Reconstitución: la que ha renegado de esta tarea (Ramón García y seguidores); la que postula una “segunda reconstitución” pero sin saber a ciencia cierta de qué se trata (algunos ex-militantes del PCP-SL); la que se llena la boca de la palabra reconstitución, pero que en realidad reemplaza el marxismo por el liberalismo, tergiversa el pensamiento de Mariátegui y, congruente con estos descarríos, todo lo que hace es abonar la idea de un partido doctrinariamente heterogéneo (Jaime Lastra y algunos más); la que nunca ha asumido la tarea de la reconstitución y mantiene una posición ambigua frente al pensamiento de Mariátegui (PCP-PR y tendencias desprendidas de su seno). 

Es menester destacar que quien cacarea sobre la Reconstitución pero cuya actividad tiene como contenido la idea de un partido amalgama, no tiene, como resulta obvio, la virtud de la coherencia, que es lo mínimo que se le puede pedir a cualquier persona. Esta falta de coherencia expresa una doble moral que oculta una soterrada oposición a la Reconstitución. Es el caso de Lastra. 

      Ahora, pues, el proletariado revolucionario y la pequeña burguesía oportunista, disfrazada esta vez de “marxista”, vuelven a confrontarse en torno a la cuestión del partido. En consecuencia, todo marxista-leninista realmente convencido de su filiación, con la personalidad suficiente y la intrepidez revolucionaria para luchar contra los enemigos abiertos y encubiertos del marxismo, del pensamiento de Mariátegui, del partido de clase y la Reconstitución, tendría que tomar posición por quienes, consecuentes con la defensa de estas cuatro cuestiones, han logrado una acertada actualización y un evidente desarrollo del pensamiento mariateguiano. Pero quien se traga los sapos de la retórica de Lastra, todo lo que estaría haciendo es mostrar que su adhesión al marxismo, al pensamiento de Mariátegui y a la Reconstitución, es pura impostura. 

Notas

[1] En “Punto de vista anti-imperialista” Mariátegui dejó escrito que el Apra era, en 1928, “un plan de frente unido” y no una “organización en marcha efectiva”.

[2] Ciertamente lo menos que puede pedírsele a cualquier persona es coherencia entre lo que dice y lo que hace. Pero Lastra, que grita a los cuatro vientos la palabra reconstitución, en los hechos publicita ideas contrarias al marxismo, al pensamiento de Mariátegui y, por lo tanto, a la Reconstitución, así como, al mismo tiempo, adula y publicita a los sustentadores de tales desviaciones (ver, a más de los artículos recomendados en el presente artículo, estos otros: “La reconstitución y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra”, “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”, todos publicados en este blog).

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