¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y
Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo
(Cuarta Parte)
Eduardo Ibarra
MORENO DICE:
En cuanto al Movimiento Nacional Renovemos también Ibarra supone cosas y lo considera una amalgama. Renovemos no pretende ser un partido, por lo tanto no tiene porque (sic) exigir que todos sus miembros sean ML; es un frente de ciudadanos y ciudadanos para tratar de ser Alternativa de un Frente político que se propone como tarea principal orientar en lo político a las masas hacia la necesidad de construir un Perú Integral rumbo al Socialismo, entendiendo que antes de entrar a la etapa socialista de la revolución peruana, se tendrá que cumplir la etapa democrático nacional o democrático popular, para lo cual es fundamental unir a las amplias masas del pueblo en torno a esta tarea de contenido antiimperialista, antineoliberal y antifascista llegado el caso. (…) Renovemos aglutina a socialistas, democráticos revolucionarios y progresistas de izquierda; eso no es amalgama es un frente único en torno a. (sic) un Programa en construcción, en torno a un Ideario de siete ideas fuerza para el cambio social. La participacion (sic) electoral no es prioritaria en Renovemos aunque no se descarta en condiciones de debilidad del movimiento popular y revolucionario.
Pues bien, Mariátegui sostuvo:
El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única.
Esta cita da a entender claramente que, cuando se anula la filiación de los componentes del frente, cuando se impone en su seno el confusionismo ideológico, cuando se combinan las diversas doctrinas en una sola, tenemos un frente amalgama. De manera pues que, así como hay un partido amalgama, hay también un frente amalgama.
Conforme al marxismo, el reformismo y el oportunismo están fuera de la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo: el reformismo porque no tiene más horizonte que maquillar el capitalismo, y el oportunismo porque no es otra cosa que la asunción de la ideología burguesa (ver nuestro artículo “Acerca de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo”, que republicamos en esta misma edición de nuestro blog). Y ocurre que, pretendiendo defender al Movimiento Renovemos ante nuestra crítica, Moreno no ha podido evitar poner en evidencia la concepción que tiene su grupo del frente unido: hemos visto en su cita que enumera los tipos políticos que aglutina Renovemos. Pues bien, hace mucho hemos demostrado que, en el lenguaje de los liquidadores (liberales disfrazados de marxistas), el término socialista sirve para calificar a elementos de las más variadas posiciones oportunistas; esta mixtificación, que Lenin criticó, fue tomada servilmente por Lastra del grupo de Ramón García y la impuso con toda facilidad a sus copartidarios. Así, pues, los revisionistas no son ya revisionistas, sino “socialistas”; los trotskistas no son ya trotskistas, sino “socialistas”; los liquidadores no son ya liquidadores, sino “socialistas”. De manera pues que, cuando Moreno dice que Renovemos aglutina a “socialistas”, no puede dejar de entenderse que se refiere a toda clase de oportunistas. Por otro lado, cuando nuestro liquidador habla de “progresistas de izquierda”, hay que entender precisamente eso: que se trata de progresistas, o sea, de reformistas, no de revolucionarios. Y, en cuanto a los “demócratas revolucionarios”, es preciso reconocer que no es fácil saber con exactitud a quiénes se refiere.
En esta concepción oportunista del frente unido que sostiene el grupo de Moreno, el antagonismo existente entre el revolucionarismo y el reformismo y entre el marxismo y el oportunismo es, prácticamente, escamoteado y desaparecido del mapa. Es así como se consuma el frente amalgama, y cualquiera comprenderá que la filiación de los marxistas –valga la expresión– que puedan ser miembros del MNR, queda políticamente anulada por compartir con reformistas y oportunistas, esto es, con elementos que no representan la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. Estos intereses son la unidad revolucionaria de las clases trabajadoras y la lucha por la toma del poder. ¿Puede ser revolucionario un frente compuesto por reformistas y oportunistas? ¿Puede un frente con esta composición convertirse en un frente revolucionario? ¿Izquierda Unida se convirtió en un frente revolucionario? ¿El frente Unidad Popular que sustentaba el gobierno de Salvador Allende se convirtió en un frente revolucionario?
Así las cosas, el frente revolucionario que propuso y defendió Mariátegui es puesto a un lado y suplantado por un frente con la pequeña burguesía reformista y algunas tendencias oportunistas, es decir, por un frente electorero. Cualquier marxista sabe que la filiación política de la militancia de un frente se impone sobre cualquier fraseología revolucionaria que pueda estamparse en el papel y, precisamente, la militancia de Renovemos está compuesta por una mayoría de reformistas y oportunistas, y lo mismo ocurría en lo que fue el Frente Amplio, cuya composición comprendía al grupo de Moreno: “nuestra organización decidió participar en el Frente Amplio para encarar nuestras responsabilidades como socialistas en la lucha electoral”, se dice en la página 63 del folleto “Lecciones del proceso electoral. Tareas de la izquierda peruana”. Es decir, el autor del folleto, y con él otros liquidadores más, creían que cumplían sus “responsabilidades como socialistas en la lucha electoral” amalgamándose con una abrumadora mayoría de reformistas y oportunistas. Así como Moreno reconoce, sin querer, esta amalgama para el caso de Renovemos, bajo la firma de un “Comité Creación Heroica” el autor del citado folleto, Lastra, la reconoce abiertamente para el caso de lo que fue el Frente Amplio:
El sector reformista y el sector socialdemócrata… tienen predominancia en el Frente Amplio. (Lugar citado, p. 49).
Es decir, el Frente Amplio era un frente reformista, electorero, que, por lo tanto, tenía como objetivo maquillar el sistema capitalista y, de esta forma, hacerlo pasable. Aquí no hay por dónde perderse. Por lo que hemos visto, esto es válido también para Renovemos.
Con la frase “Renovemos no pretende ser un partido, por lo tanto no tiene porque (sic) exigir que todos sus miembros sean ML”, nuestro liquidador insinúa que en algún lugar hemos sostenido que Renovemos debe “exigir” que todos sus miembros sean marxista-leninistas. Pero ocurre que cualquiera que haya seguido nuestra polémica con Moreno y Lastra, tiene que darse cuenta de que su insinuación es nada más que una nueva calumnia contra nosotros.
Lo que hemos dicho de Renovemos (y de lo que fue Frente Amplio, que tantas ilusiones les provocaba a Lastra y compañía), es lo siguiente:
… el llamado Movimiento Renovemos, del cual [el grupo de Lastra] forma parte, no es un organismo que tenga como objetivo la lucha por el poder, y el Frente Amplio, del cual también forma[ba] parte, tampoco [tenía] dicho objetivo. (…) Lastra no termina de entender algo que todo marxista inteligente entiende: así como el partido se constituye para la revolución (y se reconstituye para este mismo fin), EL FRENTE TAMBIÉN SE CONSTITUYE PARA LA REVOLUCIÓN. (…) Es notorio que Lastra no tiene ni la menor idea de la noción “izquierda de la derecha”. Con esta “izquierda”, es decir, con esta derecha, Lastra se encuentra organizado en el MNP y [estuvo] organizado en el Frente Amplio. Y se entiende [esta realidad], pues, en su condición de liquidador, él mismo es un introductor de la ideología burguesa entre las clases trabajadoras… En resumidas cuentas, Lastra se opone a la táctica leninista y a la teoría mariateguiana sobre el frente unido del pueblo peruano y, por vía de consecuencia, a la estrategia revolucionaria. (“El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”)
Ciertamente el concepto de revolucionario es más amplio que el concepto de marxista. En consecuencia, si de lo que se trata es de construir un frente revolucionario –y precisamente es de esto que se trata–, su composición debe comprender a marxistas y revolucionarios de distinta filiación, y no, por supuesto, a marxistas, reformistas y oportunistas, como ocurre en el Movimiento Renovemos y como ocurría en el Frente Amplio. Esto es una verdad elemental.
En el mismo folleto citado arriba, Lastra ha escrito lo que sigue:
El frente único contra el neoliberalismo solo podrá desarrollarse… sin confundir la contradicción antagónica, que tenemos con el capitalismo neoliberal, con las contradicciones no antagónicas, que existe (sic) entre todos los que trabajamos en el frente único… (p. 8).
Entonces, es claro que para Lastra las contradicciones ANTAGÓNICAS entre el revolucionarismo y el reformismo y entre el marxismo y el oportunismo en el Frente Amplio, ¡NO SON ANTAGÓNICAS! Es decir, Lastra recurre al sofisma metafísico de unir dos en uno y, de esta forma, silencia tales contradicciones antagónicas porque a eso lo conduce su mutilación de la dialéctica marxista y porque esta mutilación le sirve para sustentar su oportunista política de frente. Esta posición oportunista es la misma que la de Moreno en relación al MNR. Pues bien, esta política es una flagrante tergiversación de las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y Mariátegui.
Como hemos visto, Moreno dice que Renovemos “es un frente
único en torno a. (sic) un Programa
en construcción, en torno a un Ideario de siete ideas fuerza para el cambio
social”. Pero sucede que su grupo no tiene ningún diagnóstico de la realidad
peruana actual en lo económico, político, social y cultural que pueda servirle
de base para la elaboración de un programa, salvo que, como otras veces, Lastra
copie ideas de aquí y de allá para elaborar el programa del MNR.(2) Más aún:
las “siete ideas fuerza” de las que se ufana Moreno, contienen una
desvergonzada tergiversación del pensamiento de Mariátegui consistente en la
suplantación de la etapa de nueva democracia de nuestra revolución socialista por
uno de sus productos: el Perú Integral, aberración que, para variar, Moreno ha
sido incapaz de captar. Así que, a más de lo apuntado anteriormente, en el
“programa en construcción” de Renovemos tenemos un concreto caso de
antimariateguismo.
Nota
[2]
En “Intermezzo polémico” Mariátegui subraya que “un programa no es anterior a
un debate sino posterior a él.” En el caso del programa de la revolución de
nueva democracia, el debate tiene que ser sobre la realidad peruana actual, que
no es exactamente la misma que en el tiempo de Mariátegui, pues, a más de haber
cambiado algunos de sus aspectos en algún grado, algunos otros aspectos han
caducado por desarrollo histórico. Entonces, el debate sobre esta realidad es
la base insustituible del programa de la revolución y, como ya señalamos, el grupo
de Moreno y Lastra no cuenta con esta base.
Nota:
El artículo de Eduardo Ibarra que republicamos a continuación es un
análisis de la experiencia histórica de la organización del movimiento
proletario internacional. En este análisis el autor muestra el proceso por el
cual el partido proletario adquiere una fisonomía marxista a costa del
partido-frente como fue la Primera Internacional, la caducidad histórica de
este tipo de partido, el oportunismo que significó la intentona de Kaustky de
resucitar el partido amalgama, la lucha de Lenin por un partido proletario de
nuevo tipo, la formulación del concepto de frente unido, la caducidad histórica
de un centro orgánico como la forma de organización del movimiento comunista
internacional y la necesidad, desde hace ocho décadas, de un centro
ideológico-político que impulse el desarrollo independiente y autónomo de los
diversos partidos proletarios. En lo concerniente a la política exterior del
Partido, este artículo es una contribución a la reconstitución del partido de
Mariátegui.
03.2026.
Comité de
Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda
Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
La Tercera Internacional y Nuestro Tiempo
(Escrito con motivo del centenario de la fundación
Tercera Internacional)
E. I.
El próximo 6 de marzo
del año en curso se cumple el Centenario de la fundación de la Tercera
Internacional y, como es obvio, ello es una circunstancia propicia para
plantear algunas ideas. Solo algunas ideas, pues, como se comprenderá, una
exposición de la historia de dicha organización y, por lo tanto, un análisis
detallado de sus méritos y sus errores, exigiría la escritura de todo un
volumen.
Así, pues,
aquí examinaremos únicamente su significación en el proceso histórico de la
organización internacional del proletariado, así como la enseñanza fundamental
que arroja su experiencia.
I
La Asociación
Internacional de Trabajadores o Primera Internacional (1864-1872), fundada por
Marx y Engels, fue una organización conformada por las diversas tendencias del
socialismo de la época. Engels se refirió a esta circunstancia en una carta del
27 de enero de 1887 a Florence Kelley Wischnewetski:
Cuando Marx fundó la
Internacional, redactó el Reglamento de manera que pudieran ingresar todos los obreros socialistas de esa
época: proudhonistas, lerouxistas e incluso el sector más avanzado de las
tradeunions inglesas; y fue sólo gracias a esta amplitud que la Internacional
llegó a ser lo que fue: el medio para disolver y absorber gradualmente a todas
estas sectas secundarias, con excepción de los anarquistas, cuya repentina
aparición en varios países no fue sino el efecto de la violenta reacción burguesa
que sucedió a la Comuna y que por ello podíamos dejar que se marchitasen solos,
como ocurrió. Si de 1864 a 1873 hubiéramos insistido en trabajar sólo con
quienes adoptaban ampliamente nuestra plataforma, ¿dónde estaríamos hoy? Creo
que toda nuestra experiencia ha mostrado que es posible trabajar junto con el
movimiento general de la clase obrera en cada una de sus etapas sin ceder u
ocultar nuestra propia posición e incluso nuestra organización, y temo que si
los alemanes norteamericanos eligen una línea distinta cometerán un grave error.
(Correspondencia Marx-Engels,
Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973, p. 364; en adelante, Correspondencia).
De estos conceptos
engelsianos, se desprenden las siguientes conclusiones:
1. La unidad
de la Primera Internacional fue de carácter programático, y no doctrinal; sobre
la base de esta unidad, Marx y Engels se propusieron absorber doctrinariamente a las diversas
corrientes no marxistas.
2. Determinada
por la situación ideológica de la clase obrera europea de la época, dicha
unidad programática hizo de la Primera Internacional un partido-frente.
3. La
experiencia de la primera organización internacional del proletariado mostró
que es posible –y necesario– trabajar con «el movimiento general de la clase
obrera en cada una de sus etapas.»
4. Este
trabajo con el movimiento no tiene por qué significar «ocultar nuestra propia
posición e incluso nuestra organización.»
En este cuadro
general, Marx y Engels educaron a los trabajadores en la conjugación de la
lucha económica y la lucha política, en el principio de que la conquista del
poder político es el gran deber de la clase obrera, en la idea rectora de que
la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera y en
el espíritu del internacionalismo proletario. Al mismo tiempo, desplegaron la
lucha contra el proudhonismo, el blanquismo, el lassallismo, el bakuninismo y
el tradeunionismo inglés, preparando así el triunfo del marxismo y los cuadros
que más tarde contribuirían a la fundación de partidos marxistas de masas en
diversos países.
Así, pues, el
resultado de la lucha ideológica contra las distintas corrientes del socialismo
premarxista fue la premisa de la ulterior unidad marxista del proletariado
revolucionario.
Mariátegui
escribió sobre la Primera Internacional:
La Primera
Internacional fundada por Marx y Engels en Londres, no fue sino un bosquejo, un
germen, un programa. La realidad internacional no estaba aún definida. El
socialismo era una fuerza en formación. Marx acababa de darle concreción
histórica. Cumplida su función de trazar las orientaciones de una acción
internacional de los trabajadores, la Primera Internacional se sumergió en la
confusa nebulosa de la cual había emergido. Pero la voluntad de articular
internacionalmente el movimiento socialista quedó formulada. Algunos años
después, la Internacional reapareció vigorosamente. El crecimiento de los
partidos y sindicatos socialistas requería una coordinación y una articulación
internacionales. (La escena contemporánea,
pp. 112-113).
La «confusa nebulosa»
de la cual emergió y en la cual se sumergió finalmente la Primera Internacional
fue, pues, su condición de partido-frente, tipo de partido que, después de
cumplir su misión, caducó históricamente como consecuencia del desarrollo de la
lucha de clases, la bancarrota del socialismo premarxista y el triunfo teórico
del marxismo en el movimiento obrero.
Por
eso, Marx señaló:
La acción
internacional de las clases obreras no depende en modo alguno, de la existencia
de la «Asociación Internacional de los Trabajadores». Esta
fue solamente un primer intento de dotar a aquella acción de un órgano central;
un intento que, por el impulso que dio, ha tenido una eficacia perdurable, pero
que en su primera forma histórica no
podía prolongarse después de la caída de la Comuna de París. (Crítica del programa de Gotha, Ediciones
en Lenguas Extranjeras, s.f., Moscú, p. 24).
Por eso mismo, Engels anunció:
Creo que
la próxima Internacional –después que las obras de Marx hayan ejercido
influencia durante algunos años– será directamente comunista, y proclamará
abiertamente nuestros principios. (Carta a A. Sorge del 12 (y 17) de setiembre
de 1874, en Correspondencia, pp.
271-272).
II
Y así fue, en efecto:
el crecimiento del movimiento obrero y de sus partidos de clase, exigió la
fundación de la Segunda Internacional (1889-1914), organización adherida al
marxismo.
Por eso,
entre otras cuestiones, la Segunda Internacional significó:
1. La
diferenciación teórica del concepto de partido doctrinariamente homogéneo del
concepto de partido doctrinariamente heterogéneo y, como consecuencia, la
diferenciación orgánica del partido marxista, es decir, su existencia autónoma.(1)
2. La
constitución, en diversos países, del partido doctrinariamente homogéneo, tipo
de partido del cual el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, fundado en 1869,
fue su primera realización.
3. La
plasmación de la más completa independencia ideológica, política y orgánica del
proletariado revolucionario.
4. La
adopción de una política específica que hizo posible, en las nuevas
condiciones, el trabajo «junto con el movimiento general de la clase obrera»,(2) aunque con la relativa limitación de que
entonces los conceptos de frente unido y hegemonía se encontraban elaborados
solo a grandes rasgos.
Pues bien, al
tener los partidos de la Segunda Internacional que desenvolver, dadas las
condiciones de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, la lucha
legal como su actividad principal, más o menos tempranamente experimentaron el
surgimiento en su seno de tendencias oportunistas, y esto ocurrió sobre todo en
el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán.
Entonces
Engels mismo empeñó la lucha contra, por ejemplo, la omisión del principio de la
dictadura del proletariado del proyecto del programa de Erfurt de la
socialdemocracia alemana y algunas otras posiciones oportunistas contenidas en
el mismo, así como contra el cretinismo parlamentario de diversos partidos.
Poco después
del fallecimiento de Engels, entre 1896 y 1897, Eduard Bernstein publicó
algunos artículos en la revista Die Neue
Zeit, en los que revisaba a Marx al reemplazar la lucha revolucionaria del
proletariado por la idea utópica de la persuasión y la educación como el camino
al socialismo, así como al sostener otras ideas antimarxistas. De esta forma
hizo su aparición el revisionismo que, corriendo ya el siglo XX, cobró un
notorio crecimiento.
Lenin
escribió al respecto:
El socialismo
premarxista ha sido derrotado. Ya no continúa la lucha en su propio terreno,
sino en el terreno general del marxismo, a título de revisionismo. (Marx-Engels-Marxismo, recopilación,
Editorial Progreso, Moscú, s.f., p. 57).
Es decir, las
diversas tendencias oportunistas se transformaron en revisionismo, el cual, no
obstante renegar los principios del marxismo, hace uso de un lenguaje
engañosamente marxista; así, pues, el revisionismo es antimarxismo disfrazado
de marxismo.
Recapitulando
la actuación de la Segunda Internacional, Stalin sostuvo en abril de 1924:
Fue ése
un período de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo… en que las
formas legales de lucha se ponían por las nubes y se creía «matar» al capitalismo con
la legalidad; en una palabra, un período en el que los partidos de la II
Internacional iban echando grasa y no querían pensar seriamente en la
revolución, en la dictadura del proletariado, en la educación revolucionaria de
las masas. (…) En vez de una política revolucionaria coherente, tesis teóricas
contradictorias y fragmentos de teorías divorciados de la lucha revolucionaria
viva de las masas y convertidos en dogmas caducos. Naturalmente, para guardar
las formas se invocaba la teoría de Marx, pero con el fin de despojarla de su
espíritu revolucionario vivo. (Cuestiones
del leninismo, ELE, Pekín, 1977, p. 12.)
Algunos
meses después, en noviembre, Mariátegui escribió sobre el mismo tema:
La función de la
Segunda Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los
partidos socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento.
Sentían que la fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron,
por consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas. El movimiento
obrero adquirió así un ánima y una mentalidad reformistas. El pensamiento de la
social-democracia lassalliana dirigió a la Segunda Internacional. A
consecuencia de este orientamiento, el socialismo resultó insertado en la
democracia. (…) La guerra fracturó y disolvió la Segunda Internacional.
Unicamente algunas minorías se reunieron en los congresos de Khiental y Zimmerwald, donde se bosquejaron las bases de una nueva
organización internacional. La revolución rusa impulsó este movimiento. (La escena contemporánea, p. 113,
negritas en el original).
Así, pues, el
revisionismo, que había logrado corromper al Partido Obrero Socialdemócrata
Alemán (así como a los demás partidos de la Segunda Internacional, excepción
hecha del partido bolchevique y del grupo Espartaco de Karl Liebknecht y Rosa
Luxemburgo, entre algunas otras organizaciones), se convirtió en nuestra época
en un fenómeno engendrado por las condiciones económicas y sociales del
imperialismo, fenómeno que, como está probado, corrompe a los partidos de la
clase obrera, desvía a las masas al camino del reformismo y traiciona a la
revolución. Esto ocurre en nuestra época como desarrollo de las condiciones
inglesas del siglo XIX que dieron lugar al surgimiento de una aristocracia
obrera y, al mismo tiempo, como continuación del oportunismo que Marx y Engels combatieron
en su época.
En las
condiciones de desborde del revisionismo, Kautsky, expresando su centrismo,
planteó la convivencia de marxistas y revisionistas en un mismo partido. Esto
significaba volver atrás, pero con una nota particular: mientras que, dadas las
condiciones históricas entre 1864 y 1872, estuvo plenamente justificado el
partido doctrinariamente heterogéneo como fue la Primera Internacional, ahora,
en nuestra época, cuando el socialismo no marxista ha puesto en evidencia en
todas partes su metamorfosis en revisionismo y ha mostrado, en diferentes
planos y distintas formas, su servicio a la burguesía, la propuesta centrista
de Kautsky significaba promover la convivencia de los marxistas y los agentes
ideológicos de la burguesía en el seno de los partidos obreros.
Lenin, por el
contrario, expresando su marxismo, planteó la expulsión de los revisionistas de
los partidos obreros, la construcción de partidos doctrinariamente homogéneos,
de partidos capaces de organizar la revolución proletaria e instaurar la
dictadura del proletariado. Concretamente, el jefe de la revolución rusa
esclareció:
La época imperialista no tolera la coexistencia en un mismo
partido de los elementos de vanguardia del proletariado revolucionario y la
aristocracia semipequeñoburguesa de la clase obrera… La vieja teoría de que el
oportunismo es un «matiz legítimo» dentro de un partido único y ajeno a los «extremismos» se ha
convertido hoy día en el engaño más grande de la clase obrera, en el mayor
obstáculo para el movimiento obrero. El oportunismo franco, que provoca la
repulsa inmediata de la clase obrera, no es tan peligroso ni perjudicial como
esta teoría del justo medio, que exculpa con palabras marxistas la práctica del
oportunismo, que trata de demostrar con una serie de sofismas la inoportunidad
de las acciones revolucionarias, etc. Kautsky, el representante más destacado
de esta teoría y al mismo tiempo el prestigio más autorizado de la II
Internacional, se ha revelado como un hipócrita de primer orden y como un
virtuoso en el arte de prostituir el marxismo. (Contra el revisionismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú,
s.f., p. 275).
III
Precisamente en esas
condiciones de lucha contra el revisionismo –y contra el centrismo, forma más o
menos sutil de revisionismo–, surgió la Tercera Internacional o Internacional
Comunista (1919-1943), partido doctrinariamente homogéneo, partido de clase,
partido distinto y opuesto a la Segunda Internacional.
Pues bien,
entre la Primera y la Segunda Internacionales, por una parte, y la Tercera
Internacional, por la otra, existen varias diferencias. Anotemos las
principales.
1. Mientras las dos primeras surgieron en la
época del capitalismo competitivo y de la preparación de las fuerzas del
proletariado para la revolución, la Tercera surgió en la época del imperialismo
y de la revolución proletaria.
2. Mientras las dos primeras fueron fundadas
por partidos que no se encontraban en el poder, la Tercera fue fundada por un
partido que había dirigido la primera revolución proletaria triunfante y que,
por lo tanto, dirigía la dictadura del proletariado.
3. Mientras la Primera Internacional surgió
cuando el marxismo coexistía con otras corrientes socialistas en el movimiento
obrero y la Segunda cuando el marxismo había alcanzado un triunfo teórico
completo en ese mismo movimiento, la Tercera surgió cuando el marxismo había
alcanzado un desarrollo de valor universal (el leninismo) y la lucha por la
revolución proletaria está a la orden del día y, además, cuando el revisionismo
se presenta como el peligro principal en el movimiento comunista internacional.
4. Mientras la Primera Internacional fue una
organización limitada a los partidos de Europa y Estados Unidos de Norteamérica
y la Segunda apenas pudo incorporar a su agenda la cuestión colonial, la
Tercera fue ya una organización de dimensión mundial.
Acerca de la
diferencia específica entre la Segunda y la Tercera Internacionales, Mariátegui
señaló lo siguiente:
Este conflicto entre
dos mentalidades, entre dos épocas y entre dos métodos del socialismo, tiene en Zinoviev
una de sus dramatis personae. (…) La guerra, según Zinoviev, ha anticipado, ha
precipitado mejor dicho, la era socialista. Existen las premisas económicas de
la revolución proletaria. Pero falta el orientamiento espiritual de la clase
trabajadora. Este orientamiento no puede darlo la Segunda Internacional, cuyos
líderes continúan creyendo, como hace veinte años, en la posibilidad de una
dulce transición del capitalismo al socialismo. Por eso, se ha formado la
Tercera Internacional. (La escena
contemporánea, p. 115).
Dos épocas: la del
capitalismo competitivo y la preparación de las fuerzas proletarias para la
revolución, y la del imperialismo y de la revolución proletaria. Dos
mentalidades: la del revisionismo, de un lado, y la del marxismo, del otro. Dos
métodos: el método reformista (revisionista), por una parte, y el método
revolucionario (marxista-leninista), por la otra.
En nuestra
época existen, en efecto, las premisas económicas de la revolución proletaria
mundial, pero, como señaló Mariátegui, hace falta el orientamiento espiritual
de las clases trabajadoras; esta orientación no puede darla el revisionismo
sino únicamente el marxismo-leninismo, como también señaló Mariátegui. Solo es
necesario agregar que para que la revolución tenga curso en cualquier país o
grupo de países, hace falta que se presente una situación revolucionaria.
Precisamente
la Tercera Internacional desarrolló aquella orientación, es decir, puso en
práctica la preparación de los partidos proletarios y de las masas trabajadoras
a efecto de instaurar la dictadura del proletariado, razón por la cual Lenin
señaló:
La importancia
histórica universal de la Tercera Internacional, de la Internacional Comunista,
reside en que ha comenzado a poner en práctica la consigna más importante de
Marx, la consigna que resume el desarrollo del socialismo y del movimiento
obrero a lo largo de un siglo, la consigna expresada en este concepto:
dictadura del proletariado. (Obras
escogidas en doce tomos,
Ediciones Progreso, Moscú, 1977, t. IX, p. 405).
Teniendo en cuenta
esta realidad, Mariátegui definió magistralmente la cualidad de la Tercera
Internacional:
Si la Segunda
Internacional no se obstinara en sobrevivir, la juventud revolucionaria se
complacería en venerar su memoria. Constataría, honradamente, que la Segunda
Internacional fue una máquina de organización y que la Tercera Internacional es
una máquina de combate. (La escena
contemporánea, p. 115).
Efectivamente, eso
fue la Tercera Internacional: una máquina de combate. Por eso las Condiciones de ingreso en la Internacional
Comunista, aprobadas por su Segundo Congreso (19 de julio-7 de agosto de
1920), expresan su objetivo de desarrollar y fortalecer los partidos
comunistas, desplegar la propaganda revolucionaria entre las masas
trabajadoras, preparar las fuerzas de la revolución, instaurar la dictadura del
proletariado. Estas Condiciones de
ingreso estuvieron vigentes hasta el momento de la disolución de la Tercera
Internacional.
En el numeral 17 de
las Condiciones, puede leerse lo que
sigue:
La Internacional
Comunista, que actúa en medio de la más enconada guerra civil, debe estar
estructurada de una manera mucho más centralizada que la II Internacional. Por
supuesto, la Internacional Comunista y su Comité Ejecutivo deberán tener en
cuenta en toda su labor la diversidad de condiciones en que se ven obligados a
luchar y actuar los distintos partidos, y adoptar decisiones obligatorias para
todos sólo en los problemas en que sean posibles tales decisiones. (Lenin, OE, t. X, p. 163).
Esto quiere
decir que la acción de los distintos partidos miembros de la Tercera
Internacional se desarrolló entre dos coordenadas: 1) la centralización; 2) la
necesidad de desarrollar en cada país el camino propio de la revolución.(4)
Precisamente
la no observancia de la relación correcta entre las mencionadas coordenadas,
explica no pocos de los problemas que experimentaron muchos de tales partidos,
incluido el soviético.
Igual que la
Primera y la Segunda Internacionales, la Tercera afrontó la tarea de «trabajar
junto con el movimiento general de la clase obrera». Pero, a diferencia de la
situación en el siglo XIX, ya en las primeras décadas del XX los marxistas
habían terminado por definir cabalmente los conceptos de frente unido y de
hegemonía, enriqueciendo así el aparato conceptual del marxismo.(5)
En efecto, desde antes de la
revolución de 1917, Lenin había desarrollado ideas de carácter frentista y,
así, el partido bolchevique puso en práctica la táctica del frente unido,
táctica que, en las condiciones de la Internacional, tuvo su primera expresión
literaria en la Carta abierta (enero 1921), de la dirección del Partido
Comunista de Alemania (KPD) a los partidos obreros (SPD, USPD y KAPD) y a las
organizaciones sindicales, a fin de concertar acciones conjuntas con vistas a
alcanzar las reivindicaciones económicas de los trabajadores, el desarme y la
disolución de las formaciones militares burguesas y la constitución de
organizaciones proletarias de defensa. Luego, bajo la consigna general «Hacia
las Masas», el Tercer Congreso de la Internacional (22 de junio-12 de julio de
1921) acordó la táctica del frente unido de la clase obrera.
Así, pues,
con la Tercera Internacional el partido proletario encontró la solución al
problema de «trabajar junto con el movimiento general de la clase obrera». Esto
quiere decir que, preservando su independencia, el partido marxista inauguró
una nueva forma de relaciones internas en el seno del pueblo. Es decir, con la
Tercera Internacional se concretó el concepto de frente unido como algo
diferente del concepto de partido de clase y, en consecuencia, los correlatos
organizativos de ambos conceptos aparecieron separados, aunque estrechamente
ligados entre sí. Desde entonces la doctrina marxista es al partido de clase,
así como el programa común es al frente unido del pueblo; de esta forma, por
primera vez en la historia, el partido y el frente unido aparecieron como dos
instrumentos fundamentales en la lucha por la toma del poder y el ejercicio del
poder.
En cuanto al
concepto de hegemonía, Stalin señaló:
Lo nuevo que Lenin
aportó en este problema es que desarrolló y amplió el bosquejo hecho por Marx y
Engels, creando una teoría armónica de la hegemonía del proletariado, una
teoría armónica de la dirección de las masas trabajadoras de la ciudad y del
campo por el proletariado, no sólo para derrocar el zarismo y el capitalismo,
sino también para edificar el socialismo bajo la dictadura del proletariado. (Lenin, recopilación, ELE, Pekín, 1976,
p. 41).
Pues bien, en los
tiempos de la Tercera Internacional, el centrismo kautskiano todavía hacía
estragos en algunas tendencias que querían ser parte suya. Un caso de estos fue
el de la «fracción unitaria» del Partido Socialista Italiano. El numeral 7 de
las Condiciones de ingreso citadas
arriba, establecía lo que sigue:
Los partidos que
deseen pertenecer a la Internacional Comunista están obligados a reconocer la
necesidad de un rompimiento total y absoluto con el reformismo y con la
política del «centro» y a propagar esta ruptura en los medios más amplios del
partido. Sin esto es imposible una política comunista consecuente. (Lenin, OE, t. XI, p. 161).
Pero la
Conferencia de la fracción «unitaria» del mencionado partido (realizada los
días 20 y 21 de noviembre de 1920, o sea cuatro meses después de aprobadas las Condiciones de ingreso) se pronunció
contra el rompimiento con los reformistas. Así, la «fracción unitaria» del PSI
se mostró muy unitaria con respecto al reformismo, pero contraria a la
Internacional Comunista.(6)
Es claro que
los méritos de la Tercera Internacional, pero también sus errores, no pueden
ser explicados sino sobre el terreno de la lucha por la toma del poder y la
instauración de la dictadura del proletariado, sobre el terreno de la lucha por
la revolución antiimperialista y antifeudal en los países coloniales, sobre el
terreno de la lucha por lo que Lenin llamó «la República Soviética universal».
En cuanto a
los errores, en las presentes líneas solo es posible señalar que, salvo en vida
de Lenin en un alto grado, en sus etapas ulteriores la Tercera Internacional
presentó problemas de dogmatismo (por ejemplo con relación al PCCh y a
determinadas posiciones del naciente PSP dirigido por Mariátegui), de
sectarismo (expresado, por ejemplo, de manera concentrada en la consigna «clase
contra clase» acordada por el VI Congreso), y, en los últimos años de su
existencia, de revisionismo (que despuntaba en algunos partidos, como el francés
y el italiano, verbigracia).
En cuanto a
sus méritos, puede decirse, en general, que su contribución al desarrollo de
los partidos comunistas, de la conciencia revolucionaria del movimiento obrero
internacional y de la revolución proletaria mundial, fue incuestionablemente
importante y, por eso, su memoria se mantiene viva en la conciencia del
movimiento comunista internacional.
IV
Plantear ahora el
partido-frente es volver atrás. Las condiciones históricas que dieron lugar y
justificaron el carácter de partido-frente de la Primera Internacional, no
existen más. Por lo tanto, después de 1872 no tiene justificación alguna la
idea de la unidad de marxistas y oportunistas en un mismo partido.
Aunque en
condiciones de una dispersión extrema y de una debilidad evidente, el
movimiento comunista de cada país tiene ante sí la tarea de constituir,
reconstituir o desarrollar su partido de clase y, sobre la base de un programa
común, construir el frente unido del pueblo. Solo así el partido proletario
puede convertirse en el partido de masas que exige la lucha directa por la toma
del poder y el ejercicio del poder.
V
Como señala el
comentario Los dirigentes del PCUS son
los mayores escisionistas de nuestra
época (4 de febrero de 1964),
la Tercera
Internacional… ejercía una dirección centralizada sobre todos los partidos
comunistas. La Internacional Comunista desempeñó un gran papel histórico en la
fundación y el crecimiento de los partidos comunistas de diversos países. Pero
cuando los partidos comunistas maduraron y la situación del movimiento
comunista internacional se volvió más y más compleja, la dirección centralizada
de la Internacional Comunista se hizo innecesaria e imposible. En su resolución
de 1943 que proponía la disolución de la Internacional Comunista, el Presídium
del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista puntualizó: «en el grado en
que la situación interna e internacional se torna cada vez más complicada, la
solución de los problemas del movimiento obrero de cada país por medio de algún
centro internacional encuentra obstáculos insuperables.» (Polémica
acerca de la línea general del movimiento comunista internacional, ELE, Pekín, 1965, p. 350).
Así, la
Tercera Internacional quedó disuelta el 15 de mayo de 1943. Entonces, con toda
razón, Stalin señaló que en adelante había que promover la «organización de un
compañerismo basado en la igualdad».
Tanto la
resolución aludida en la cita anterior como la mencionada propuesta de Stalin, correspondían
a la realidad y, por lo tanto, eran correctas.(7)
Ahora bien,
por razones obvias, la propuesta de Stalin está vigente. Por eso el movimiento
comunista internacional debe asumirla como su tarea central, y concretarla
mediante conferencias.
Como se sabe,
el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), que durante dos décadas y
pico agrupó a algunos partidos y algunos grupos, se propuso impulsar la
organización de «una Internacional de nuevo tipo basada en el
marxismo-leninismo-maoísmo» y, con este fin, propuso «establecer un comité
provisional, o sea un grupo embrionario, para dirigir el proceso general de
impulsar la unidad ideológica, política y organizativa de los comunistas». (Declaración del Movimiento Revolucionario
Internacionalista/¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, pp. 53 y 54.
No obstante,
como es de conocimiento común, el mismo MRI no existe ya desde hace algunos años y, por lo tanto,
su proyecto de establecer el aludido «comité provisional» para impulsar la
organización de «una Internacional», quedó en la nada. Esto debe hacer pensar a
más de uno.
Lo que
sucedió entonces y sucede ahora es que, en las condiciones imperantes desde
hace décadas, no es procedente organizar una nueva Internacional, aunque sus
promotores se la imaginen «de nuevo tipo», concepto este que, por lo demás,
nadie ha sido capaz de explicar.
Por otro
lado, los hechos dan al traste con cierto prejuicio que hay con respecto a la
idea de no constituir un centro orgánico como fueron las Internacionales: la
inmensa mayoría de revoluciones socialistas triunfaron después de que la
Tercera Internacional había dejado de existir, lo cual, desde luego, en modo
alguno significa que ella fuera un obstáculo para tales triunfos, como alguien
podría pensar superficialmente.
A propósito
de la experiencia organizativa del proletariado mundial, en uno de nuestros
libros escribimos lo siguiente:
La Primera Internacional
tuvo como objetivo la unidad programática del proletariado europeo y
estadounidense en la lucha contra el capitalismo. La Segunda Internacional tuvo
como objetivo la adhesión de este proletariado a la verdad universal del
marxismo y la construcción de partidos marxistas de masas. La Tercera
Internacional tuvo como objetivo la defensa de la verdad universal y la
bolchevización de los partidos del proletariado de todos los países. Esta
realidad histórica significa que: 1) de la Primera a la Tercera Internacional,
el proletariado se elevó de lo programático a lo ideológico y de una escala
continental a una escala mundial en su acción política; 2) la Segunda y la
Tercera Internacionales tuvieron como órbita la verdad universal. (El pez fuera del agua. Crítica al
ultraizquierdismo gonzaliano, editor Jaime Lastra, Lima, 2010, p. 181).
Es un hecho
que las Internacionales cumplieron su papel histórico, pero, la forma de centro
orgánico bajo la cual existieron agotó hace tiempo sus posibilidades; ahora, el
proletariado de todos los países tiene ante sí la alta tarea de organizar «un
compañerismo basado en la igualdad».
En efecto,
desde la disolución de la Tercera Internacional, las condiciones objetivas y
subjetivas no aconsejan la constitución de un centro orgánico en el movimiento
comunista internacional, sino la organización de un centro ideológico-político.
El contenido
de este centro, o sea, de la organización de un compañerismo basado en la
igualdad, es la centralización ideológica, la coordinación política, la
independencia teórica y la autonomía orgánica.
Así, pues, la
concreción de un compañerismo basado en la igualdad, es la tarea central en el
plano de la política internacional de los partidos proletarios y, como se
entenderá, su cumplimiento impulsaría la lucha de todos y cada uno de los
partidos de clase por tomar como órbita de su acción el desarrollo de la verdad
particular como expresión viva de la verdad universal del proletariado, o sea,
por desarrollar el camino propio de la revolución como expresión viva del
universal camino de la revolución socialista.
De esta forma
el proletariado internacional tendría como base de su unidad ideológica la
verdad universal del marxismo-leninismo, a lo que el proletariado de cada país
tendría que agregar su verdad particular. Esto permitiría a cada partido acordar
y aplicar una correcta línea política que haría posible «trabajar junto con el
movimiento general de la clase obrera» y, como ya señalamos, con todas las
clases y todas las capas sociales que forman el pueblo.
En el Centenario de
la Tercera Internacional, el mejor modo de honrar su memoria y continuar sus
tradiciones positivas, es que cada partido marxista-leninista contribuya a la
«organización de un compañerismo basado en la igualdad» como el nuevo tipo de
relación interna necesaria en el movimiento comunista internacional.
Notas
[1] Esta
consideración es correcta solo en el sentido de que la diferenciación teórica y
organizativa aludida cobró con la Segunda Internacional una trascendencia
decisiva en el movimiento obrero internacional, pues en el plano organizativo
tal diferenciación venía de la Liga de los Comunistas (1847-1852), organización
doctrinariamente homogénea y, en el plano teórico, de la temprana idea de Marx
y Engels que, el segundo de ellos recordó en una carta a Trier del 9 de agosto
de 1890, en los términos siguientes: «[Para que el proletariado] sea lo
bastante fuerte como para triunfar en el día decisivo, [debe] formar un partido
independiente, distinto de todos los demás y opuesto a ellos, un partido
clasista y consciente… eso es lo que Marx y yo hemos propugnado desde 1847»
(citado por Jhonstone en Teoría marxista
del partido político, autores varios, Ediciones Pasado y Presente, Córdova,
p. 133). Es decir que, para consagrarse como justo y correcto en el movimiento
obrero internacional, el concepto de partido
independiente, distinto de todos los demás y opuesto a ellos, de partido clasista y consciente, de
partido doctrinariamente homogéneo, de partido marxista, hubo de pasar por la
prueba de la lucha ideológica que, como se sabe, fue una larga lucha de más de
veinte años que tuvo su punto culminante en la fundación del Partido Obrero
Socialdemócrata Alemán y de la Segunda Internacional.
[2] El acuerdo del IV
Congreso de la Segunda Internacional (1889) de celebrar, en homenaje a los
mártires de Chicago, el 1º de mayo de cada año el día Internacional de los
Trabajadores, es prueba irrefutable de nuestro aserto.
[3] Lenin
subrayó al respecto: «los
principios revolucionarios fundamentales deben ser adaptados a las
peculiaridades de los distintos países.»
(Discursos pronunciados en los congresos
de la Internacional Comunista, recopilación, Editorial Progreso, Moscú,
s/f, p. 94).
[4] Posteriormente Mao y Dimitrov
contribuyeron a desarrollar el concepto de frente unido, así como el propio Mao
y Gramsci aportaron al desarrollo del concepto de hegemonía.
[5] Cualquier marxista puede
percatarse fácilmente de las consecuencias que puede acarrear la amalgama de
marxistas y revisionistas en un mismo partido. Pongamos un ejemplo de estas
consecuencias. El Congreso de París de 1905 selló la fusión de los socialistas
revolucionarios del Partido Obrero de Guesde y Lafargue y los socialistas
reformistas, pero, como esclareció Mariátegui, «la política del partido unificado no siguió…
un rumbo revolucionario. La unificación fue el resultado de un compromiso entre
las dos corrientes del socialismo francés. La corriente colaboracionista
renunció a una eventual intervención directa en el gobierno de la Tercera
República; pero no se dejó absorber por la corriente clasista. Por el
contrario, consiguió suavizar su antigua intransigencia.» (La
escena contemporánea, p. 124). Por eso Lenin señaló: «La primera condición del verdadero
comunismo es romper con el oportunismo.» (Discursos
pronunciados en los congresos de la Internacional Comunista, p. 93).
[6] Por eso, tanto el PCCh como el PTA
no consideraron procedente la organización de una nueva Internacional, no
obstante haberse destacado en la lucha contra el revisionismo contemporáneo.
[7] Esto exige una acotación. Después
de la segunda guerra mundial, el movimiento comunista internacional reconoció
al revisionismo como el enemigo principal en su seno (ver las Declaraciones de
Moscú de 1957 y 1960). A pesar del tiempo transcurrido, este reconocimiento se
mantiene vigente, pero la necesidad de integrar la verdad universal del
marxismo-leninismo con la práctica concreta de la propia revolución, puede, en
algunos casos, presentarse de forma tal, que el dogmatismo aparezca durante
algún tiempo como el enemigo principal en el seno del partido, aunque, en
general, el revisionismo siga siendo el enemigo principal. Cada partido debe
pues discernir esta cuestión según el principio del análisis concreto de la
situación concreta.
24.02.2019.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
La Verdad se Busca en los Hechos
César Risso/Eduardo Ibarra
PREVIAMENTE CITADO, el 17 de agosto de 2024 el suscrito César Risso se vio con Israel Terry, quien le alcanzó una propuesta de Jaime Lastra, según la cual el CRJCM estaba “invitado” a participar en “una escuela” que desarrollaría el siguiente temario: 1) la coyuntura política y la necesidad histórica del partido del proletariado; 2) el proceso de reconstitución del Partido Socialista fundado por Mariátegui; y, 3) situación actual de la reconstitución. Según la propuesta, el primer punto sería desarrollado por Ramón García (cabeza de un grupo negador del marxismo-leninismo, del partido de clase, de la Reconstitución, etc.); el segundo sería desarrollado por el suscrito Eduardo Ibarra (miembro del CRJCM); y el tercer punto por César Risso (igualmente miembro del CRJCM) y el propio Lastra (cabeza del grupo proponente de la “escuela”, grupo distinguido, hasta ese momento, por su oportunismo de derecha).
El objetivo de la “escuela”, según dijo Terry, era “fortalecer un núcleo de dirección” que asumiera la tarea de impulsar la Reconstitución. De esta forma el oportunismo de derecha del grupo de Lastra devino liquidacionismo de derecha. Cualquier marxista puede entender que amalgamar en un mismo organismo de tipo partidario a marxista-leninistas (CRJCM) y liquidadores (grupos de García y de Lastra) equivale, sin discusión, a liquidar el partido de clase y, por consiguiente, la propia reconstitución del partido de Mariátegui.
Lo que vino después es historia que resumimos del modo siguiente: “Pronunciamiento” del CRJCM (con fecha del 31 de agosto de 2024 y publicado en la edición de CREACIÓN HEROICA del 1 de setiembre del mismo año); publicación en la edición del 1 de febrero de nuestro blog el artículo “La reconstitución del partido de Mariátegui y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, de Eduardo Ibarra; publicación en el número 34 del blog que dirige Lastra (15 de febrero de 2025), de un artículo firmado por el “CCH”, pero escrito por el mencionado, así como el artículo “Breve comentario sobre un artículo de Eduardo Ibarra”, de Carlos Moreno; publicación en la edición de marzo de nuestro blog del artículo “Falsificaciones e infundios en defensa del liquidacionismo de derecha”, de César Risso, y el comienzo de la publicación en partes del artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”, de Eduardo Ibarra; un comentario de Carlos Moreno colgado en el índice, enviado por nosotros, de la edición de julio de CREACIÓN HEROICA.
Los cínicos recursos con los que, en su aludido artículo, Lastra pretendió negar su propuesta de constituir “un núcleo de dirección” como el indicado arriba, se explican no solo porque, como cualquier persona hundida en el egocentrismo pequeño burgués, no reconoce su caída en uno de los dos más extremos oportunismos, como es el liquidacionismo (el otro es el socialchovinismo), sino también, porque, según puede entenderse ahora, su propuesta de constituir el mencionado “núcleo” fue una iniciativa a espaldas de los activistas concurrentes a la “escuela”, que más tarde Lastra llamó “conferencias”. Este hecho pone al descubierto que todo lo que hace Lastra es engañar y utilizar a dichos activistas para consumar su plan de liquidar el partido de clase y, por lo tanto, liquidar la Reconstitución. Y todo esto, ¡precisamente a nombre de la Reconstitución! Así que ningún activista que se autoestime, puede seguir poniéndole las espaldas a Lastra para que cabalgue sobre ellas.
La reconstitución del partido de Mariátegui solo puede llevarse hasta el fin sin el liquidacionismo y contra el liquidacionismo. Esta es una verdad indiscutible para cualquier marxista.
Pues bien, volvamos al principio. Como marxistas sabemos
que la verdad se busca en los hechos, y lo reseñado en los dos primeros
párrafos del presente artículo son los hechos. Frente a ellos, solo caben dos
actitudes: revolcarse en la miseria moral que significa negarlos con las más escandalosas
falacias y las más viles calumnias, como han hecho Lastra y Moreno, o asumir
honradamente el reconocimiento de los mismos. Hoy Israel Terry se encuentra
ante esta disyuntiva. Si, por razones subalternas, asumiera la primera actitud,
los marxistas lo considerarán como tendrían que considerarlo; si asumiera la
segunda, ello significaría que en el grupo de Lastra todavía hay quien no se ha
olvidado que, en el plano de la conciencia, el marxismo es la dignidad del
hombre, y, en el plano de la política, la busca de la verdad en los hechos
expresa la condición revolucionaria de los luchadores de la causa proletaria.
31.08.2025.