lunes, 2 de marzo de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo 

(Cuarta Parte) 

Eduardo Ibarra 

MORENO DICE: 


En cuanto al Movimiento Nacional Renovemos también Ibarra supone cosas y lo considera una amalgama. Renovemos no pretende ser un partido, por lo tanto no tiene porque (sic) exigir que todos sus miembros sean ML; es un frente de ciudadanos y ciudadanos para tratar de ser Alternativa de un Frente político que se propone como tarea principal orientar en lo político a las masas hacia la necesidad de construir un Perú Integral rumbo al Socialismo, entendiendo que antes de entrar a la etapa socialista de la revolución peruana, se tendrá que cumplir la etapa democrático nacional o democrático popular, para lo cual es fundamental unir a las amplias masas del pueblo en torno a esta tarea de contenido antiimperialista, antineoliberal y antifascista llegado el caso. (…) Renovemos aglutina a socialistas, democráticos revolucionarios y progresistas de izquierda; eso no es amalgama es un frente único en torno a. (sic) un Programa en construcción, en torno a un Ideario de siete ideas fuerza para el cambio social. La participacion (sic) electoral no es prioritaria en Renovemos aunque no se descarta en condiciones de debilidad del movimiento popular y revolucionario. 

Pues bien, Mariátegui sostuvo: 


El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. 

Esta cita da a entender claramente que, cuando se anula la filiación de los componentes del frente, cuando se impone en su seno el confusionismo ideológico, cuando se combinan las diversas doctrinas en una sola, tenemos un frente amalgama. De manera pues que, así como hay un partido amalgama, hay también un frente amalgama. 

       Conforme al marxismo, el reformismo y el oportunismo están fuera de la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo: el reformismo porque no tiene más horizonte que maquillar el capitalismo, y el oportunismo porque no es otra cosa que la asunción de la ideología burguesa (ver nuestro artículo “Acerca de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo”, que republicamos en esta misma edición de nuestro blog). Y ocurre que, pretendiendo defender al Movimiento Renovemos ante nuestra crítica, Moreno no ha podido evitar poner en evidencia la concepción que tiene su grupo del frente unido: hemos visto en su cita que enumera los tipos políticos que aglutina Renovemos. Pues bien, hace mucho hemos demostrado que, en el lenguaje de los liquidadores (liberales disfrazados de marxistas), el término socialista sirve para calificar a elementos de las más variadas posiciones oportunistas; esta mixtificación, que Lenin criticó, fue tomada servilmente por Lastra del grupo de Ramón García y la impuso con toda facilidad a sus copartidarios. Así, pues, los revisionistas no son ya revisionistas, sino “socialistas”; los trotskistas no son ya trotskistas, sino “socialistas”; los liquidadores no son ya liquidadores, sino “socialistas”. De manera pues que, cuando Moreno dice que Renovemos aglutina a “socialistas”, no puede dejar de entenderse que se refiere a toda clase de oportunistas. Por otro lado, cuando nuestro liquidador habla de “progresistas de izquierda”, hay que entender precisamente eso: que se trata de progresistas, o sea, de reformistas, no de revolucionarios. Y, en cuanto a los “demócratas revolucionarios”, es preciso reconocer que no es fácil saber con exactitud a quiénes se refiere. 

       En esta concepción oportunista del frente unido que sostiene el grupo de Moreno, el antagonismo existente entre el revolucionarismo y el reformismo y entre el marxismo y el oportunismo es, prácticamente, escamoteado y desaparecido del mapa. Es así como se consuma el frente amalgama, y cualquiera comprenderá que la filiación de los marxistas –valga la expresión– que puedan ser miembros del MNR, queda políticamente anulada por compartir con reformistas y oportunistas, esto es, con elementos que no representan la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. Estos intereses son la unidad revolucionaria de las clases trabajadoras y la lucha por la toma del poder. ¿Puede ser revolucionario un frente compuesto por reformistas y oportunistas? ¿Puede un frente con esta composición convertirse en un frente revolucionario? ¿Izquierda Unida se convirtió en un frente revolucionario? ¿El frente Unidad Popular que sustentaba el gobierno de Salvador Allende se convirtió en un frente revolucionario? 

Así las cosas, el frente revolucionario que propuso y defendió Mariátegui es puesto a un lado y suplantado por un frente con la pequeña burguesía reformista y algunas tendencias oportunistas, es decir, por un frente electorero. Cualquier marxista sabe que la filiación política de la militancia de un frente se impone sobre cualquier fraseología revolucionaria que pueda estamparse en el papel y, precisamente, la militancia de Renovemos está compuesta por una mayoría de reformistas y oportunistas, y lo mismo ocurría en lo que fue el Frente Amplio, cuya composición comprendía  al grupo de Moreno: “nuestra organización decidió participar en el Frente Amplio para encarar nuestras responsabilidades como socialistas en la lucha electoral”, se dice en la página 63 del folleto “Lecciones del proceso electoral. Tareas de la izquierda peruana”. Es decir, el autor del folleto, y con él otros liquidadores más, creían que cumplían sus “responsabilidades como socialistas en la lucha electoral” amalgamándose con una abrumadora mayoría de reformistas y oportunistas. Así como Moreno reconoce, sin querer, esta amalgama para el caso de Renovemos, bajo la firma de un “Comité Creación Heroica” el autor del citado folleto, Lastra, la reconoce abiertamente para el caso de lo que fue el Frente Amplio: 


El sector reformista y el sector socialdemócrata…  tienen predominancia en el Frente Amplio. (Lugar citado, p. 49). 

Es decir, el Frente Amplio era un frente reformista, electorero, que, por lo tanto, tenía como objetivo maquillar el sistema capitalista y, de esta forma, hacerlo pasable. Aquí no hay por dónde perderse. Por lo que hemos visto, esto es válido también  para Renovemos. 

Con la frase “Renovemos no pretende ser un partido, por lo tanto no tiene porque (sic) exigir que todos sus miembros sean ML”, nuestro liquidador insinúa que en algún lugar hemos sostenido que Renovemos debe “exigir” que todos sus miembros sean marxista-leninistas. Pero ocurre que cualquiera que haya seguido nuestra polémica con Moreno y Lastra, tiene que darse cuenta de que su insinuación es nada más que una nueva calumnia contra nosotros. 

       Lo que hemos dicho de Renovemos (y de lo que fue Frente Amplio, que tantas ilusiones les provocaba a  Lastra y compañía), es lo siguiente: 


… el llamado Movimiento Renovemos, del cual [el grupo de Lastra] forma parte, no es un organismo que tenga como objetivo la lucha por el poder, y el Frente Amplio, del cual también forma[ba] parte, tampoco [tenía] dicho objetivo. (…) Lastra no termina de entender algo que todo marxista inteligente entiende: así como el partido se constituye para la revolución (y se reconstituye para este mismo fin), EL FRENTE TAMBIÉN SE CONSTITUYE PARA LA REVOLUCIÓN. (…) Es notorio que Lastra no tiene ni la menor idea de la noción “izquierda de la derecha”. Con esta “izquierda”, es decir, con esta derecha, Lastra se encuentra organizado en el MNP y [estuvo] organizado en el Frente Amplio. Y se entiende [esta realidad], pues, en su condición de liquidador, él mismo es un introductor de la ideología burguesa entre las clases trabajadoras… En resumidas cuentas, Lastra se opone a la táctica leninista y a la teoría mariateguiana sobre el frente unido del pueblo peruano y, por vía de consecuencia, a la estrategia revolucionaria. (“El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”) 

Ciertamente el concepto de revolucionario es más amplio que el concepto de marxista. En consecuencia, si de lo que se trata es de construir un frente revolucionario –y precisamente es de esto que se trata–, su composición debe comprender a marxistas y revolucionarios de distinta filiación, y no, por supuesto, a marxistas, reformistas y oportunistas, como ocurre en el Movimiento Renovemos y como ocurría en el Frente Amplio. Esto es una verdad elemental. 

En el mismo folleto citado arriba, Lastra ha escrito lo que sigue: 


El frente único contra el neoliberalismo solo podrá desarrollarse… sin confundir la contradicción antagónica, que tenemos con el capitalismo neoliberal, con las contradicciones no antagónicas, que existe (sic) entre todos los que trabajamos en el frente único… (p. 8). 

Entonces, es claro que para Lastra las contradicciones ANTAGÓNICAS entre el revolucionarismo y el reformismo y entre el marxismo y el oportunismo en el Frente Amplio, ¡NO SON ANTAGÓNICAS! Es decir, Lastra recurre al sofisma metafísico de unir dos en uno y, de esta forma, silencia tales contradicciones antagónicas porque a eso lo conduce su mutilación de la dialéctica marxista y porque esta mutilación le sirve para sustentar su oportunista política de frente. Esta posición oportunista es la misma que la de Moreno en relación al MNR. Pues bien, esta política es una flagrante tergiversación de las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y Mariátegui.     

Como hemos visto, Moreno dice que Renovemos “es un frente único en torno a. (sic) un Programa en construcción, en torno a un Ideario de siete ideas fuerza para el cambio social”. Pero sucede que su grupo no tiene ningún diagnóstico de la realidad peruana actual en lo económico, político, social y cultural que pueda servirle de base para la elaboración de un programa, salvo que, como otras veces, Lastra copie ideas de aquí y de allá para elaborar el programa del MNR.(2) Más aún: las “siete ideas fuerza” de las que se ufana Moreno, contienen una desvergonzada tergiversación del pensamiento de Mariátegui consistente en la suplantación de la etapa de nueva democracia de nuestra revolución socialista por uno de sus productos: el Perú Integral, aberración que, para variar, Moreno ha sido incapaz de captar. Así que, a más de lo apuntado anteriormente, en el “programa en construcción” de Renovemos tenemos un concreto caso de antimariateguismo.

 

Nota

[2] En “Intermezzo polémico” Mariátegui subraya que “un programa no es anterior a un debate sino posterior a él.” En el caso del programa de la revolución de nueva democracia, el debate tiene que ser sobre la realidad peruana actual, que no es exactamente la misma que en el tiempo de Mariátegui, pues, a más de haber cambiado algunos de sus aspectos en algún grado, algunos otros aspectos han caducado por desarrollo histórico. Entonces, el debate sobre esta realidad es la base insustituible del programa de la revolución y, como ya señalamos, el grupo de Moreno y Lastra no cuenta con esta base.



Nota:

 

El artículo de Eduardo Ibarra que republicamos a continuación es un análisis de la experiencia histórica de la organización del movimiento proletario internacional. En este análisis el autor muestra el proceso por el cual el partido proletario adquiere una fisonomía marxista a costa del partido-frente como fue la Primera Internacional, la caducidad histórica de este tipo de partido, el oportunismo que significó la intentona de Kaustky de resucitar el partido amalgama, la lucha de Lenin por un partido proletario de nuevo tipo, la formulación del concepto de frente unido, la caducidad histórica de un centro orgánico como la forma de organización del movimiento comunista internacional y la necesidad, desde hace ocho décadas, de un centro ideológico-político que impulse el desarrollo independiente y autónomo de los diversos partidos proletarios. En lo concerniente a la política exterior del Partido, este artículo es una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui.

  

   03.2026.

   Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda     Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

 

La Tercera Internacional y Nuestro Tiempo

 

(Escrito con motivo del centenario de la fundación Tercera Internacional)

 

E. I.

 

El próximo 6 de marzo del año en curso se cumple el Centenario de la fundación de la Tercera Internacional y, como es obvio, ello es una circunstancia propicia para plantear algunas ideas. Solo algunas ideas, pues, como se comprenderá, una exposición de la historia de dicha organización y, por lo tanto, un análisis detallado de sus méritos y sus errores, exigiría la escritura de todo un volumen.

 

Así, pues, aquí examinaremos únicamente su significación en el proceso histórico de la organización internacional del proletariado, así como la enseñanza fundamental que arroja su experiencia.

 

I

 

La Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional (1864-1872), fundada por Marx y Engels, fue una organización conformada por las diversas tendencias del socialismo de la época. Engels se refirió a esta circunstancia en una carta del 27 de enero de 1887 a Florence Kelley Wischnewetski:

 

Cuando Marx fundó la Internacional, redactó el Reglamento de manera que pudieran ingresar todos los obreros socialistas de esa época: proudhonistas, lerouxistas e incluso el sector más avanzado de las tradeunions inglesas; y fue sólo gracias a esta amplitud que la Internacional llegó a ser lo que fue: el medio para disolver y absorber gradualmente a todas estas sectas secundarias, con excepción de los anarquistas, cuya repentina aparición en varios países no fue sino el efecto de la violenta reacción burguesa que sucedió a la Comuna y que por ello podíamos dejar que se marchitasen solos, como ocurrió. Si de 1864 a 1873 hubiéramos insistido en trabajar sólo con quienes adoptaban ampliamente nuestra plataforma, ¿dónde estaríamos hoy? Creo que toda nuestra experiencia ha mostrado que es posible trabajar junto con el movimiento general de la clase obrera en cada una de sus etapas sin ceder u ocultar nuestra propia posición e incluso nuestra organización, y temo que si los alemanes norteamericanos eligen una línea distinta cometerán un grave error. (Correspondencia Marx-Engels, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973, p. 364; en adelante, Correspondencia).

 

De estos conceptos engelsianos, se desprenden las siguientes    conclusiones:

 

1. La unidad de la Primera Internacional fue de carácter programático, y no doctrinal; sobre la base de esta unidad, Marx y Engels se propusieron absorber doctrinariamente a las diversas corrientes no marxistas.

2. Determinada por la situación ideológica de la clase obrera europea de la época, dicha unidad programática hizo de la Primera Internacional un partido-frente.

3. La experiencia de la primera organización internacional del proletariado mostró que es posible –y necesario– trabajar con «el movimiento general de la clase obrera en cada una de sus etapas.»

4. Este trabajo con el movimiento no tiene por qué significar «ocultar nuestra propia posición e incluso nuestra organización.»

 

En este cuadro general, Marx y Engels educaron a los trabajadores en la conjugación de la lucha económica y la lucha política, en el principio de que la conquista del poder político es el gran deber de la clase obrera, en la idea rectora de que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera y en el espíritu del internacionalismo proletario. Al mismo tiempo, desplegaron la lucha contra el proudhonismo, el blanquismo, el lassallismo, el bakuninismo y el tradeunionismo inglés, preparando así el triunfo del marxismo y los cuadros que más tarde contribuirían a la fundación de partidos marxistas de masas en diversos países.

 

Así, pues, el resultado de la lucha ideológica contra las distintas corrientes del socialismo premarxista fue la premisa de la ulterior unidad marxista del proletariado revolucionario.

 

Mariátegui escribió sobre la Primera Internacional:

 

La Primera Internacional fundada por Marx y Engels en Londres, no fue sino un bosquejo, un germen, un programa. La realidad internacional no estaba aún definida. El socialismo era una fuerza en formación. Marx acababa de darle concreción histórica. Cumplida su función de trazar las orientaciones de una acción internacional de los trabajadores, la Primera Internacional se sumergió en la confusa nebulosa de la cual había emergido. Pero la voluntad de articular internacionalmente el movimiento socialista quedó formulada. Algunos años después, la Internacional reapareció vigorosamente. El crecimiento de los partidos y sindicatos socialistas requería una coordinación y una articulación internacionales. (La escena contemporánea, pp. 112-113).

 

La «confusa nebulosa» de la cual emergió y en la cual se sumergió finalmente la Primera Internacional fue, pues, su condición de partido-frente, tipo de partido que, después de cumplir su misión, caducó históricamente como consecuencia del desarrollo de la lucha de clases, la bancarrota del socialismo premarxista y el triunfo teórico del marxismo en el movimiento obrero.

      

       Por eso, Marx señaló:

 

La acción internacional de las clases obreras no depende en modo alguno, de la existencia de la «Asociación Internacional de los Trabajadores». Esta fue solamente un primer intento de dotar a aquella acción de un órgano central; un intento que, por el impulso que dio, ha tenido una eficacia perdurable, pero que en su primera forma histórica no podía prolongarse después de la caída de la Comuna de París. (Crítica del programa de Gotha, Ediciones en Lenguas Extranjeras, s.f., Moscú, p. 24).

 

   Por eso mismo, Engels anunció:

 

Creo que la próxima Internacional –después que las obras de Marx hayan ejercido influencia durante algunos años– será directamente comunista, y proclamará abiertamente nuestros principios. (Carta a A. Sorge del 12 (y 17) de setiembre de 1874, en Correspondencia, pp. 271-272).

 

II

 

Y así fue, en efecto: el crecimiento del movimiento obrero y de sus partidos de clase, exigió la fundación de la Segunda Internacional (1889-1914), organización adherida al marxismo.

 

Por eso, entre otras cuestiones, la Segunda Internacional significó:

 

1. La diferenciación teórica del concepto de partido doctrinariamente homogéneo del concepto de partido doctrinariamente heterogéneo y, como consecuencia, la diferenciación orgánica del partido marxista, es decir, su existencia autónoma.(1)

2. La constitución, en diversos países, del partido doctrinariamente homogéneo, tipo de partido del cual el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, fundado en 1869, fue su primera realización.

3. La plasmación de la más completa independencia ideológica, política y orgánica del proletariado revolucionario.

4. La adopción de una política específica que hizo posible, en las nuevas condiciones, el trabajo «junto con el movimiento general de la clase obrera»,(2) aunque con la relativa limitación de que entonces los conceptos de frente unido y hegemonía se encontraban elaborados solo a grandes rasgos.

 

Pues bien, al tener los partidos de la Segunda Internacional que desenvolver, dadas las condiciones de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, la lucha legal como su actividad principal, más o menos tempranamente experimentaron el surgimiento en su seno de tendencias oportunistas, y esto ocurrió sobre todo en el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán.

 

Entonces Engels mismo empeñó la lucha contra, por ejemplo, la omisión del principio de la dictadura del proletariado del proyecto del programa de Erfurt de la socialdemocracia alemana y algunas otras posiciones oportunistas contenidas en el mismo, así como contra el cretinismo parlamentario de diversos partidos.

 

Poco después del fallecimiento de Engels, entre 1896 y 1897, Eduard Bernstein publicó algunos artículos en la revista Die Neue Zeit, en los que revisaba a Marx al reemplazar la lucha revolucionaria del proletariado por la idea utópica de la persuasión y la educación como el camino al socialismo, así como al sostener otras ideas antimarxistas. De esta forma hizo su aparición el revisionismo que, corriendo ya el siglo XX, cobró un notorio crecimiento.

      

       Lenin escribió al respecto:

 

El socialismo premarxista ha sido derrotado. Ya no continúa la lucha en su propio terreno, sino en el terreno general del marxismo, a título de revisionismo. (Marx-Engels-Marxismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s.f., p. 57).

 

Es decir, las diversas tendencias oportunistas se transformaron en revisionismo, el cual, no obstante renegar los principios del marxismo, hace uso de un lenguaje engañosamente marxista; así, pues, el revisionismo es antimarxismo disfrazado de marxismo.

 

Recapitulando la actuación de la Segunda Internacional, Stalin sostuvo en abril de 1924:

 

Fue ése un período de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo… en que las formas legales de lucha se ponían por las nubes y se creía «matar» al capitalismo con la legalidad; en una palabra, un período en el que los partidos de la II Internacional iban echando grasa y no querían pensar seriamente en la revolución, en la dictadura del proletariado, en la educación revolucionaria de las masas. (…) En vez de una política revolucionaria coherente, tesis teóricas contradictorias y fragmentos de teorías divorciados de la lucha revolucionaria viva de las masas y convertidos en dogmas caducos. Naturalmente, para guardar las formas se invocaba la teoría de Marx, pero con el fin de despojarla de su espíritu revolucionario vivo. (Cuestiones del leninismo, ELE, Pekín, 1977, p. 12.)

 

Algunos meses después, en noviembre, Mariátegui escribió sobre el mismo tema:

 

La función de la Segunda Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los partidos socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron, por consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas. El movimiento obrero adquirió así un ánima y una mentalidad reformistas. El pensamiento de la social-democracia lassalliana dirigió a la Segunda Internacional. A consecuencia de este orientamiento, el socialismo resultó insertado en la democracia. (…) La guerra fracturó y disolvió la Segunda Internacional. Unicamente algunas minorías se reunieron en los congresos de Khiental y Zimmerwald, donde se bosquejaron las bases de una nueva organización internacional. La revolución rusa impulsó este movimiento. (La escena contemporánea, p. 113, negritas en el original).

 

Así, pues, el revisionismo, que había logrado corromper al Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (así como a los demás partidos de la Segunda Internacional, excepción hecha del partido bolchevique y del grupo Espartaco de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, entre algunas otras organizaciones), se convirtió en nuestra época en un fenómeno engendrado por las condiciones económicas y sociales del imperialismo, fenómeno que, como está probado, corrompe a los partidos de la clase obrera, desvía a las masas al camino del reformismo y traiciona a la revolución. Esto ocurre en nuestra época como desarrollo de las condiciones inglesas del siglo XIX que dieron lugar al surgimiento de una aristocracia obrera y, al mismo tiempo, como continuación del oportunismo que Marx y Engels combatieron en su época.

 

En las condiciones de desborde del revisionismo, Kautsky, expresando su centrismo, planteó la convivencia de marxistas y revisionistas en un mismo partido. Esto significaba volver atrás, pero con una nota particular: mientras que, dadas las condiciones históricas entre 1864 y 1872, estuvo plenamente justificado el partido doctrinariamente heterogéneo como fue la Primera Internacional, ahora, en nuestra época, cuando el socialismo no marxista ha puesto en evidencia en todas partes su metamorfosis en revisionismo y ha mostrado, en diferentes planos y distintas formas, su servicio a la burguesía, la propuesta centrista de Kautsky significaba promover la convivencia de los marxistas y los agentes ideológicos de la burguesía en el seno de los partidos obreros.

 

Lenin, por el contrario, expresando su marxismo, planteó la expulsión de los revisionistas de los partidos obreros, la construcción de partidos doctrinariamente homogéneos, de partidos capaces de organizar la revolución proletaria e instaurar la dictadura del proletariado. Concretamente, el jefe de la revolución rusa esclareció:

 

La época imperialista no tolera la coexistencia en un mismo partido de los elementos de vanguardia del proletariado revolucionario y la aristocracia semipequeñoburguesa de la clase obrera… La vieja teoría de que el oportunismo es un «matiz legítimo» dentro de un partido único y ajeno a los «extremismos» se ha convertido hoy día en el engaño más grande de la clase obrera, en el mayor obstáculo para el movimiento obrero. El oportunismo franco, que provoca la repulsa inmediata de la clase obrera, no es tan peligroso ni perjudicial como esta teoría del justo medio, que exculpa con palabras marxistas la práctica del oportunismo, que trata de demostrar con una serie de sofismas la inoportunidad de las acciones revolucionarias, etc. Kautsky, el representante más destacado de esta teoría y al mismo tiempo el prestigio más autorizado de la II Internacional, se ha revelado como un hipócrita de primer orden y como un virtuoso en el arte de prostituir el marxismo. (Contra el revisionismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s.f., p. 275).

 

III

 

Precisamente en esas condiciones de lucha contra el revisionismo –y contra el centrismo, forma más o menos sutil de revisionismo–, surgió la Tercera Internacional o Internacional Comunista (1919-1943), partido doctrinariamente homogéneo, partido de clase, partido distinto y opuesto a la Segunda Internacional.

 

Pues bien, entre la Primera y la Segunda Internacionales, por una parte, y la Tercera Internacional, por la otra, existen varias diferencias. Anotemos las principales.

 

  1. Mientras las dos primeras surgieron en la época del capitalismo competitivo y de la preparación de las fuerzas del proletariado para la revolución, la Tercera surgió en la época del imperialismo y de la revolución proletaria.

  2. Mientras las dos primeras fueron fundadas por partidos que no se encontraban en el poder, la Tercera fue fundada por un partido que había dirigido la primera revolución proletaria triunfante y que, por lo tanto, dirigía la dictadura del proletariado.

  3. Mientras la Primera Internacional surgió cuando el marxismo coexistía con otras corrientes socialistas en el movimiento obrero y la Segunda cuando el marxismo había alcanzado un triunfo teórico completo en ese mismo movimiento, la Tercera surgió cuando el marxismo había alcanzado un desarrollo de valor universal (el leninismo) y la lucha por la revolución proletaria está a la orden del día y, además, cuando el revisionismo se presenta como el peligro principal en el movimiento comunista internacional.

  4. Mientras la Primera Internacional fue una organización limitada a los partidos de Europa y Estados Unidos de Norteamérica y la Segunda apenas pudo incorporar a su agenda la cuestión colonial, la Tercera fue ya una organización de dimensión mundial.

 

Acerca de la diferencia específica entre la Segunda y la Tercera Internacionales, Mariátegui señaló lo siguiente:

 

Este conflicto entre dos mentalidades, entre dos épocas y entre   dos métodos del socialismo, tiene en Zinoviev una de sus dramatis personae. (…) La guerra, según Zinoviev, ha anticipado, ha precipitado mejor dicho, la era socialista. Existen las premisas económicas de la revolución proletaria. Pero falta el orientamiento espiritual de la clase trabajadora. Este orientamiento no puede darlo la Segunda Internacional, cuyos líderes continúan creyendo, como hace veinte años, en la posibilidad de una dulce transición del capitalismo al socialismo. Por eso, se ha formado la Tercera Internacional. (La escena contemporánea, p. 115).

 

Dos épocas: la del capitalismo competitivo y la preparación de las fuerzas proletarias para la revolución, y la del imperialismo y de la revolución proletaria. Dos mentalidades: la del revisionismo, de un lado, y la del marxismo, del otro. Dos métodos: el método reformista (revisionista), por una parte, y el método revolucionario (marxista-leninista), por la otra.

 

En nuestra época existen, en efecto, las premisas económicas de la revolución proletaria mundial, pero, como señaló Mariátegui, hace falta el orientamiento espiritual de las clases trabajadoras; esta orientación no puede darla el revisionismo sino únicamente el marxismo-leninismo, como también señaló Mariátegui. Solo es necesario agregar que para que la revolución tenga curso en cualquier país o grupo de países, hace falta que se presente una situación revolucionaria.

      

Precisamente la Tercera Internacional desarrolló aquella orientación, es decir, puso en práctica la preparación de los partidos proletarios y de las masas trabajadoras a efecto de instaurar la dictadura del proletariado, razón por la cual Lenin señaló:

 

La importancia histórica universal de la Tercera Internacional, de la Internacional Comunista, reside en que ha comenzado a poner en práctica la consigna más importante de Marx, la consigna que resume el desarrollo del socialismo y del movimiento obrero a lo largo de un siglo, la consigna expresada en este concepto: dictadura del proletariado. (Obras escogidas en doce tomos, Ediciones Progreso, Moscú, 1977, t. IX, p. 405).

 

Teniendo en cuenta esta realidad, Mariátegui definió magistralmente la cualidad de la Tercera Internacional:

 

Si la Segunda Internacional no se obstinara en sobrevivir, la juventud revolucionaria se complacería en venerar su memoria. Constataría, honradamente, que la Segunda Internacional fue una máquina de organización y que la Tercera Internacional es una máquina de combate. (La escena contemporánea, p. 115).

 

Efectivamente, eso fue la Tercera Internacional: una máquina de combate. Por eso las Condiciones de ingreso en la Internacional Comunista, aprobadas por su Segundo Congreso (19 de julio-7 de agosto de 1920), expresan su objetivo de desarrollar y fortalecer los partidos comunistas, desplegar la propaganda revolucionaria entre las masas trabajadoras, preparar las fuerzas de la revolución, instaurar la dictadura del proletariado. Estas Condiciones de ingreso estuvieron vigentes hasta el momento de la disolución de la Tercera Internacional.

 

En el numeral 17 de las Condiciones, puede leerse lo que sigue:

 

La Internacional Comunista, que actúa en medio de la más enconada guerra civil, debe estar estructurada de una manera mucho más centralizada que la II Internacional. Por supuesto, la Internacional Comunista y su Comité Ejecutivo deberán tener en cuenta en toda su labor la diversidad de condiciones en que se ven obligados a luchar y actuar los distintos partidos, y adoptar decisiones obligatorias para todos sólo en los problemas en que sean posibles tales decisiones. (Lenin, OE, t. X, p. 163).

 

Esto quiere decir que la acción de los distintos partidos miembros de la Tercera Internacional se desarrolló entre dos coordenadas: 1) la centralización; 2) la necesidad de desarrollar en cada país el camino propio de la revolución.(4)

 

Precisamente la no observancia de la relación correcta entre las mencionadas coordenadas, explica no pocos de los problemas que experimentaron muchos de tales partidos, incluido el soviético.

 

Igual que la Primera y la Segunda Internacionales, la Tercera afrontó la tarea de «trabajar junto con el movimiento general de la clase obrera». Pero, a diferencia de la situación en el siglo XIX, ya en las primeras décadas del XX los marxistas habían terminado por definir cabalmente los conceptos de frente unido y de hegemonía, enriqueciendo así el aparato conceptual del marxismo.(5)

 

En efecto, desde antes de la revolución de 1917, Lenin había desarrollado ideas de carácter frentista y, así, el partido bolchevique puso en práctica la táctica del frente unido, táctica que, en las condiciones de la Internacional, tuvo su primera expresión literaria en la Carta abierta (enero 1921), de la dirección del Partido Comunista de Alemania (KPD) a los partidos obreros (SPD, USPD y KAPD) y a las organizaciones sindicales, a fin de concertar acciones conjuntas con vistas a alcanzar las reivindicaciones económicas de los trabajadores, el desarme y la disolución de las formaciones militares burguesas y la constitución de organizaciones proletarias de defensa. Luego, bajo la consigna general «Hacia las Masas», el Tercer Congreso de la Internacional (22 de junio-12 de julio de 1921) acordó la táctica del frente unido de la clase obrera.

 

Así, pues, con la Tercera Internacional el partido proletario encontró la solución al problema de «trabajar junto con el movimiento general de la clase obrera». Esto quiere decir que, preservando su independencia, el partido marxista inauguró una nueva forma de relaciones internas en el seno del pueblo. Es decir, con la Tercera Internacional se concretó el concepto de frente unido como algo diferente del concepto de partido de clase y, en consecuencia, los correlatos organizativos de ambos conceptos aparecieron separados, aunque estrechamente ligados entre sí. Desde entonces la doctrina marxista es al partido de clase, así como el programa común es al frente unido del pueblo; de esta forma, por primera vez en la historia, el partido y el frente unido aparecieron como dos instrumentos fundamentales en la lucha por la toma del poder y el ejercicio del poder.

 

En cuanto al concepto de hegemonía, Stalin señaló:

 

Lo nuevo que Lenin aportó en este problema es que desarrolló y amplió el bosquejo hecho por Marx y Engels, creando una teoría armónica de la hegemonía del proletariado, una teoría armónica de la dirección de las masas trabajadoras de la ciudad y del campo por el proletariado, no sólo para derrocar el zarismo y el capitalismo, sino también para edificar el socialismo bajo la dictadura del proletariado. (Lenin, recopilación, ELE, Pekín, 1976, p. 41).

 

Pues bien, en los tiempos de la Tercera Internacional, el centrismo kautskiano todavía hacía estragos en algunas tendencias que querían ser parte suya. Un caso de estos fue el de la «fracción unitaria» del Partido Socialista Italiano. El numeral 7 de las Condiciones de ingreso citadas arriba, establecía lo que sigue:

 

Los partidos que deseen pertenecer a la Internacional Comunista están obligados a reconocer la necesidad de un rompimiento total y absoluto con el reformismo y con la política del «centro» y a propagar esta ruptura en los medios más amplios del partido. Sin esto es imposible una política comunista consecuente. (Lenin, OE, t. XI, p. 161).

 

Pero la Conferencia de la fracción «unitaria» del mencionado partido (realizada los días 20 y 21 de noviembre de 1920, o sea cuatro meses después de aprobadas las Condiciones de ingreso) se pronunció contra el rompimiento con los reformistas. Así, la «fracción unitaria» del PSI se mostró muy unitaria con respecto al reformismo, pero contraria a la Internacional Comunista.(6)

 

Es claro que los méritos de la Tercera Internacional, pero también sus errores, no pueden ser explicados sino sobre el terreno de la lucha por la toma del poder y la instauración de la dictadura del proletariado, sobre el terreno de la lucha por la revolución antiimperialista y antifeudal en los países coloniales, sobre el terreno de la lucha por lo que Lenin llamó «la República Soviética universal».

 

En cuanto a los errores, en las presentes líneas solo es posible señalar que, salvo en vida de Lenin en un alto grado, en sus etapas ulteriores la Tercera Internacional presentó problemas de dogmatismo (por ejemplo con relación al PCCh y a determinadas posiciones del naciente PSP dirigido por Mariátegui), de sectarismo (expresado, por ejemplo, de manera concentrada en la consigna «clase contra clase» acordada por el VI Congreso), y, en los últimos años de su existencia, de revisionismo (que despuntaba en algunos partidos, como el francés y el italiano, verbigracia).

   

En cuanto a sus méritos, puede decirse, en general, que su contribución al desarrollo de los partidos comunistas, de la conciencia revolucionaria del movimiento obrero internacional y de la revolución proletaria mundial, fue incuestionablemente importante y, por eso, su memoria se mantiene viva en la conciencia del movimiento comunista internacional.

 

 

IV

 

Plantear ahora el partido-frente es volver atrás. Las condiciones históricas que dieron lugar y justificaron el carácter de partido-frente de la Primera Internacional, no existen más. Por lo tanto, después de 1872 no tiene justificación alguna la idea de la unidad de marxistas y oportunistas en un mismo partido.

 

Aunque en condiciones de una dispersión extrema y de una debilidad evidente, el movimiento comunista de cada país tiene ante sí la tarea de constituir, reconstituir o desarrollar su partido de clase y, sobre la base de un programa común, construir el frente unido del pueblo. Solo así el partido proletario puede convertirse en el partido de masas que exige la lucha directa por la toma del poder y el ejercicio del poder.

 

V

 

Como señala el comentario Los dirigentes del PCUS son los mayores escisionistas de nuestra época (4 de febrero de 1964),

 

la Tercera Internacional… ejercía una dirección centralizada sobre todos los partidos comunistas. La Internacional Comunista desempeñó un gran papel histórico en la fundación y el crecimiento de los partidos comunistas de diversos países. Pero cuando los partidos comunistas maduraron y la situación del movimiento comunista internacional se volvió más y más compleja, la dirección centralizada de la Internacional Comunista se hizo innecesaria e imposible. En su resolución de 1943 que proponía la disolución de la Internacional Comunista, el Presídium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista puntualizó: «en el grado en que la situación interna e internacional se torna cada vez más complicada, la solución de los problemas del movimiento obrero de cada país por medio de algún centro internacional encuentra obstáculos insuperables.» (Polémica acerca de la línea general del movimiento comunista internacional, ELE, Pekín, 1965, p. 350).

 

Así, la Tercera Internacional quedó disuelta el 15 de mayo de 1943. Entonces, con toda razón, Stalin señaló que en adelante había que promover la «organización de un compañerismo basado en la igualdad».

   

Tanto la resolución aludida en la cita anterior como la mencionada propuesta de Stalin, correspondían a la realidad y, por lo tanto, eran correctas.(7)

 

Ahora bien, por razones obvias, la propuesta de Stalin está vigente. Por eso el movimiento comunista internacional debe asumirla como su tarea central, y concretarla mediante conferencias.

 

Como se sabe, el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), que durante dos décadas y pico agrupó a algunos partidos y algunos grupos, se propuso impulsar la organización de «una Internacional de nuevo tipo basada en el marxismo-leninismo-maoísmo» y, con este fin, propuso «establecer un comité provisional, o sea un grupo embrionario, para dirigir el proceso general de impulsar la unidad ideológica, política y organizativa de los comunistas». (Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista/¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, pp. 53 y 54.

 

No obstante, como es de conocimiento común, el mismo MRI no    existe ya desde hace algunos años y, por lo tanto, su proyecto de establecer el aludido «comité provisional» para impulsar la organización de «una Internacional», quedó en la nada. Esto debe hacer pensar a más de uno.

 

Lo que sucedió entonces y sucede ahora es que, en las condiciones imperantes desde hace décadas, no es procedente organizar una nueva Internacional, aunque sus promotores se la imaginen «de nuevo tipo», concepto este que, por lo demás, nadie ha sido capaz de explicar.

 

Por otro lado, los hechos dan al traste con cierto prejuicio que hay con respecto a la idea de no constituir un centro orgánico como fueron las Internacionales: la inmensa mayoría de revoluciones socialistas triunfaron después de que la Tercera Internacional había dejado de existir, lo cual, desde luego, en modo alguno significa que ella fuera un obstáculo para tales triunfos, como alguien podría pensar superficialmente.

 

A propósito de la experiencia organizativa del proletariado mundial, en uno de nuestros libros escribimos lo siguiente:

 

La Primera Internacional tuvo como objetivo la unidad programática del proletariado europeo y estadounidense en la lucha contra el capitalismo. La Segunda Internacional tuvo como objetivo la adhesión de este proletariado a la verdad universal del marxismo y la construcción de partidos marxistas de masas. La Tercera Internacional tuvo como objetivo la defensa de la verdad universal y la bolchevización de los partidos del proletariado de todos los países. Esta realidad histórica significa que: 1) de la Primera a la Tercera Internacional, el proletariado se elevó de lo programático a lo ideológico y de una escala continental a una escala mundial en su acción política; 2) la Segunda y la Tercera Internacionales tuvieron como órbita la verdad universal. (El pez fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano, editor Jaime Lastra, Lima, 2010, p. 181).

 

Es un hecho que las Internacionales cumplieron su papel histórico, pero, la forma de centro orgánico bajo la cual existieron agotó hace tiempo sus posibilidades; ahora, el proletariado de todos los países tiene ante sí la alta tarea de organizar «un compañerismo basado en la igualdad».

 

En efecto, desde la disolución de la Tercera Internacional, las condiciones objetivas y subjetivas no aconsejan la constitución de un centro orgánico en el movimiento comunista internacional, sino la organización de un centro ideológico-político.

 

El contenido de este centro, o sea, de la organización de un compañerismo basado en la igualdad, es la centralización ideológica, la coordinación política, la independencia teórica y la autonomía orgánica.

 

Así, pues, la concreción de un compañerismo basado en la igualdad, es la tarea central en el plano de la política internacional de los partidos proletarios y, como se entenderá, su cumplimiento impulsaría la lucha de todos y cada uno de los partidos de clase por tomar como órbita de su acción el desarrollo de la verdad particular como expresión viva de la verdad universal del proletariado, o sea, por desarrollar el camino propio de la revolución como expresión viva del universal camino de la revolución socialista.

 

De esta forma el proletariado internacional tendría como base de su unidad ideológica la verdad universal del marxismo-leninismo, a lo que el proletariado de cada país tendría que agregar su verdad particular. Esto permitiría a cada partido acordar y aplicar una correcta línea política que haría posible «trabajar junto con el movimiento general de la clase obrera» y, como ya señalamos, con todas las clases y todas las capas sociales que forman el pueblo.

 

En el Centenario de la Tercera Internacional, el mejor modo de honrar su memoria y continuar sus tradiciones positivas, es que cada partido marxista-leninista contribuya a la «organización de un compañerismo basado en la igualdad» como el nuevo tipo de relación interna necesaria en el movimiento comunista internacional.

 

   Notas

[1] Esta consideración es correcta solo en el sentido de que la diferenciación teórica y organizativa aludida cobró con la Segunda Internacional una trascendencia decisiva en el movimiento obrero internacional, pues en el plano organizativo tal diferenciación venía de la Liga de los Comunistas (1847-1852), organización doctrinariamente homogénea y, en el plano teórico, de la temprana idea de Marx y Engels que, el segundo de ellos recordó en una carta a Trier del 9 de agosto de 1890, en los términos siguientes: «[Para que el proletariado] sea lo bastante fuerte como para triunfar en el día decisivo, [debe] formar un partido independiente, distinto de todos los demás y opuesto a ellos, un partido clasista y consciente… eso es lo que Marx y yo hemos propugnado desde 1847» (citado por Jhonstone en Teoría marxista del partido político, autores varios, Ediciones Pasado y Presente, Córdova, p. 133). Es decir que, para consagrarse como justo y correcto en el movimiento obrero internacional, el concepto de partido independiente, distinto de todos los demás y opuesto a ellos, de partido clasista y consciente, de partido doctrinariamente homogéneo, de partido marxista, hubo de pasar por la prueba de la lucha ideológica que, como se sabe, fue una larga lucha de más de veinte años que tuvo su punto culminante en la fundación del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán y de la Segunda Internacional.

[2] El acuerdo del IV Congreso de la Segunda Internacional (1889) de celebrar, en homenaje a los mártires de Chicago, el 1º de mayo de cada año el día Internacional de los Trabajadores, es prueba irrefutable de nuestro aserto.

[3] Lenin subrayó al respecto: «los principios revolucionarios fundamentales deben ser adaptados a las peculiaridades de los distintos países.» (Discursos pronunciados en los congresos de la Internacional Comunista, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s/f, p. 94).

[4] Posteriormente Mao y Dimitrov contribuyeron a desarrollar el concepto de frente unido, así como el propio Mao y Gramsci aportaron al desarrollo del concepto de hegemonía.

[5] Cualquier marxista puede percatarse fácilmente de las consecuencias que puede acarrear la amalgama de marxistas y revisionistas en un mismo partido. Pongamos un ejemplo de estas consecuencias. El Congreso de París de 1905 selló la fusión de los socialistas revolucionarios del Partido Obrero de Guesde y Lafargue y los socialistas reformistas, pero, como esclareció Mariátegui, «la política del partido unificado no siguió… un rumbo revolucionario. La unificación fue el resultado de un compromiso entre las dos corrientes del socialismo francés. La corriente colaboracionista renunció a una eventual intervención directa en el gobierno de la Tercera República; pero no se dejó absorber por la corriente clasista. Por el contrario, consiguió suavizar su antigua intransigencia.» (La escena contemporánea, p. 124). Por eso Lenin señaló: «La primera condición del verdadero comunismo es romper con el oportunismo.» (Discursos pronunciados en los congresos de la Internacional Comunista, p. 93).

[6] Por eso, tanto el PCCh como el PTA no consideraron procedente la organización de una nueva Internacional, no obstante haberse destacado en la lucha contra el revisionismo contemporáneo.

[7] Esto exige una acotación. Después de la segunda guerra mundial, el movimiento comunista internacional reconoció al revisionismo como el enemigo principal en su seno (ver las Declaraciones de Moscú de 1957 y 1960). A pesar del tiempo transcurrido, este reconocimiento se mantiene vigente, pero la necesidad de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la propia revolución, puede, en algunos casos, presentarse de forma tal, que el dogmatismo aparezca durante algún tiempo como el enemigo principal en el seno del partido, aunque, en general, el revisionismo siga siendo el enemigo principal. Cada partido debe pues discernir esta cuestión según el principio del análisis concreto de la situación concreta.

 

24.02.2019.

 


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

La Verdad se Busca en los Hechos

César Risso/Eduardo Ibarra

PREVIAMENTE CITADO, el 17 de agosto de 2024 el suscrito César Risso se vio con Israel Terry, quien le alcanzó una propuesta de Jaime Lastra, según la cual el CRJCM estaba “invitado” a participar en “una escuela” que desarrollaría el siguiente temario: 1) la coyuntura política y la necesidad histórica del partido del proletariado; 2) el proceso de reconstitución del Partido Socialista fundado por Mariátegui; y, 3) situación actual de la reconstitución. Según la propuesta, el primer punto sería desarrollado por Ramón García (cabeza de un grupo negador del marxismo-leninismo, del partido de clase, de la Reconstitución, etc.); el segundo sería desarrollado por el suscrito Eduardo Ibarra (miembro del CRJCM); y el tercer punto por César Risso (igualmente miembro del CRJCM) y el propio Lastra (cabeza del grupo proponente de la “escuela”, grupo distinguido, hasta ese momento, por su oportunismo de derecha).      

El objetivo de la “escuela”, según dijo Terry, era “fortalecer un núcleo de dirección” que asumiera la tarea de impulsar la Reconstitución. De esta forma el oportunismo de derecha del grupo de Lastra devino liquidacionismo de derecha. Cualquier marxista puede entender que amalgamar en un mismo organismo de tipo partidario a marxista-leninistas (CRJCM) y liquidadores (grupos de García y de Lastra) equivale, sin discusión, a liquidar el partido de clase y, por consiguiente, la propia reconstitución del partido de Mariátegui.      

Lo que vino después es historia que resumimos del modo siguiente: “Pronunciamiento” del CRJCM (con fecha del 31 de agosto de 2024 y publicado en la edición de CREACIÓN HEROICA del 1 de setiembre del mismo año); publicación en la edición del 1 de febrero de nuestro blog el artículo “La reconstitución del partido de Mariátegui y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, de Eduardo Ibarra; publicación en el número 34 del blog que dirige Lastra (15 de febrero de 2025), de un artículo firmado por el “CCH”, pero escrito por el mencionado, así como el artículo “Breve comentario sobre un artículo de Eduardo Ibarra”, de Carlos Moreno; publicación en la edición de marzo de nuestro blog del artículo “Falsificaciones e infundios en defensa del liquidacionismo de derecha”, de César Risso, y el  comienzo de la publicación en partes del artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”, de Eduardo Ibarra; un comentario de Carlos Moreno colgado en el índice, enviado por nosotros, de la edición de julio de CREACIÓN HEROICA. 

Los cínicos recursos con los que, en su aludido artículo, Lastra pretendió negar su propuesta de constituir “un núcleo de dirección” como el indicado arriba, se explican no solo porque, como cualquier persona hundida en el egocentrismo pequeño burgués, no reconoce su caída en uno de los dos más extremos oportunismos, como es el liquidacionismo (el otro es el socialchovinismo), sino también, porque, según puede entenderse ahora, su propuesta de constituir el mencionado “núcleo” fue una iniciativa a espaldas de los activistas concurrentes a la “escuela”, que más tarde Lastra llamó “conferencias”. Este hecho pone al descubierto que todo lo que hace Lastra es engañar y utilizar a dichos activistas para consumar su plan de liquidar el partido de clase y, por lo tanto, liquidar la Reconstitución. Y todo esto, ¡precisamente a nombre de la Reconstitución! Así que ningún activista que se autoestime, puede seguir poniéndole las espaldas a Lastra para que cabalgue sobre ellas. 

La reconstitución del partido de Mariátegui solo puede llevarse hasta el fin sin el liquidacionismo y contra el liquidacionismo. Esta es una verdad indiscutible para cualquier marxista. 

Pues bien, volvamos al principio. Como marxistas sabemos que la verdad se busca en los hechos, y lo reseñado en los dos primeros párrafos del presente artículo son los hechos. Frente a ellos, solo caben dos actitudes: revolcarse en la miseria moral que significa negarlos con las más escandalosas falacias y las más viles calumnias, como han hecho Lastra y Moreno, o asumir honradamente el reconocimiento de los mismos. Hoy Israel Terry se encuentra ante esta disyuntiva. Si, por razones subalternas, asumiera la primera actitud, los marxistas lo considerarán como tendrían que considerarlo; si asumiera la segunda, ello significaría que en el grupo de Lastra todavía hay quien no se ha olvidado que, en el plano de la conciencia, el marxismo es la dignidad del hombre, y, en el plano de la política, la busca de la verdad en los hechos expresa la condición revolucionaria de los luchadores de la causa proletaria.

31.08.2025.

CREACIÓN HEROICA