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lunes, 1 de febrero de 2021

Economía

Cuarentena e Idealismo

César Risso

LA ESTRUCTURA ECONÓMICA de nuestro país no da margen para solucionar el problema que enfrentamos por la pandemia.

        La explotación capitalista ha hecho estragos en la vida y en las instituciones que se han ido forjando. Los intereses de la burguesía y las reacciones individuales, de grupo y de clases han ido configurando lo que hoy tenemos.

        Nuestra formación económico-social es capitalista; es un capitalismo que convive con las comunidades campesinas de la sierra, con las comunidades nativas de la selva, con los pequeños propietarios del campo, con los microempresarios, con los artesanos y con los trabajadores informales, así como con los trabajadores familiares no remunerados, a lo que hay que añadir la esclavitud que se da sobre todo en la extracción ilegal de oro. El capitalismo peruano sustenta sus extraordinarias ganancias en el sometimiento no solo de los obreros, sino en el sojuzgamiento de los trabajadores que se desenvuelven en todas las demás formas de organización económico y social. Todas estas otras formas económicas producen bienes-salario baratos, lo que provoca la disminución del valor de la fuerza de trabajo beneficiando a la burguesía. También producen bienes y servicios que utilizan las grandes y medianas empresas, con lo cual evidentemente reducen el costo de producción asegurándose un margen de utilidad mayor.

        El capitalismo en el Perú, por su condición de semicolonial, está dominado por el imperialismo, es decir, que para funcionar tiene necesariamente que servir a los intereses de la burguesía imperialista. Diversos sectores de la gran burguesía en el Perú se encuentran directamente asociados a los negocios del imperialismo. Para abreviar, las formas conocidas de dominación del imperialismo como la inversión extranjera directa, la deuda externa, el comercio exterior, etc., entran a configurar la formación económico-social peruana.

        La cuarentena se presenta como una medida extrema, para evitar el aumento de contagios y la secuela de muerte por el covid-19. Sin embargo, quienes viven de su trabajo diario, aquellos que si no trabajan un día no comen ese día; aquellos que se encuentran desempleados, o que han visto reducir sus remuneraciones, no tienen muchas posibilidades de superar la pandemia sin verse cruelmente afectados. Entre estos, la cuarentena es prácticamente la condena a muerte, al igual que la pandemia. Nuestra estructura económica, nuestra formación económico-social, dominada por el capitalismo, nos ha dejado en estas condiciones.

        El riesgo de contagio y de muerte es mucho mayor en personas que se ven obligadas a salir para desarrollar actividades que les permita proveerse de recursos monetarios para su sustento y el de su familia. En este grupo se encuentran los trabajadores informales, que como sabemos es la situación en la que se encuentra la mayor parte de trabajadores.

        La burguesía vive de la explotación del trabajo bajo la forma de salario. Vale decir que la remuneración del trabajador (salario) es solo una parte del nuevo valor creado por el trabajador directo, mientras que la otra parte va a parar al bolsillo de la burguesía. Esta es la esencia de la explotación capitalista. Esto es lo que hay que cambiar.

        En la actual pandemia, a la burguesía no le interesa que se paralicen las actividades económicas, puesto que esta vive de la extracción de plusvalía que se da en el proceso de utilización de la fuerza de trabajo viva. Es decir, en cada segundo, minuto u hora que el trabajador despliega su fuerza de trabajo, crea un valor que remunera su esfuerzo bajo la forma de salario, pero a la vez crea el valor que se apropia la burguesía. De modo que a la burguesía no le conviene la paralización de las actividades económicas.

        La tardía y tibia cuarentena impuesta por Francisco Sagasti responde precisamente a esta exigencia de la burguesía, de no paralizar significativamente la actividad económica. Sin embargo, por la estructura económica de nuestro país, las consecuencias de la cuarentena serán tanto o mayores que las consecuencias de la pandemia. Lo que cambia es la forma, pero no el contenido. La forma a la que nos referimos es el impacto que tiene la pandemia en la población. Las clases trabajadoras, en su diversidad, todas sometidas al interés del capitalismo, por la sobre explotación que se ejerce sobre ellas, y por el sometimiento del Estado a los intereses de la clase social a la que representa, independientemente de quién sea el partido o la persona que gobierna, hace recaer los efectos negativos sobre las clases trabajadoras.

        A pesar de la paralización de ciertas actividades económicas, el estado burgués encuentra la forma de favorecer a la burguesía, disminuyendo así el perjuicio que esta “sufre” por la paralización de actividades. La disminución del impuesto a la renta, entre otras medidas del gobierno, le permite a la burguesía conservar e incrementar sus ganancias.

        Veamos cuál es la situación a nivel planetario.


“El virus representa un riesgo mayor para los más vulnerables: los que viven en la pobreza, las personas mayores y las personas con discapacidad y enfermedades preexistentes.

En algunos países, se ven amplificadas las desigualdades en materia de salud, pues no solo los hospitales privados, sino también las empresas e incluso los particulares están acaparando equipo valioso que se necesita urgentemente para todos.

Las consecuencias económicas de la pandemia están afectando a quienes trabajan en la economía informal y en empresas pequeñas y medianas, así como a quienes tienen responsabilidades de cuidado, la mayoría de los cuales son mujeres.

Cien millones de personas más podrían verse empujadas a la pobreza extrema. Podríamos ser testigos de hambrunas de proporciones históricas.

Se ha comparado al COVID-19 con una radiografía que ha revelado fracturas en el frágil esqueleto de las sociedades que hemos construido y que por doquier está sacando a la luz falacias y falsedades:

La mentira de que los mercados libres pueden proporcionar asistencia sanitaria para todos […]”1

Como se puede apreciar, las condiciones e ideas son más o menos las mismas, lo que da cuenta de que en el mundo domina el sistema capitalista. Las ideas que se esgrimen como descripción de la situación que afrontamos se basan en la “desigualdad”, la “vulnerabilidad”, “mercados libres” (neoliberalismo), etc. Todo esto, en tanto describa la situación, puede pasar como cierto, siempre y cuando se consideren como aspectos de una totalidad, que debe incluir la causa de todos estos males. Hablar de desigualdad, de vulnerabilidad, etc., sin considerar la causa es simplemente dejar la puerta abierta para echar mano de cualquier respuesta. Por ejemplo, se dice que entre otras causas, la situación actual, incluso antes de la pandemia, se debe al patriarcado (desigualdad de género), al racismo, al “supremacismo blanco” y al neoliberalismo.

        Todas estas supuestas causas de la desigualdad, de la pobreza, etc., esquivan y ocultan la verdadera causa: la explotación capitalista.

        Basándose en estas explicaciones, promovidas por el propio imperialismo, puesto que es imposible negar lo que se vive en el mundo actualmente, las instituciones financieras internacionales están reconociendo las consecuencias catastróficas de la actual pandemia. Si la población es diezmada, ya sea por los millones de muertos que la pandemia pueda ocasionar, como por la disminución de la capacidad física e intelectual de los trabajadores, la burguesía no tendrá a quién explotar. De modo que lo que no son capaces de ver los burgueses individuales a nivel mundial, así como en los países semicoloniales como el nuestro, lo ven los organismos financieros internacionales, como representantes de la burguesía planetaria, que vigila y cuida sus intereses generales.

        Las diferentes ONGs a nivel mundial, como a nivel local, de forma inadvertida, o consciente, han ido trabajando temas parciales que unidos configuran la sustentación de la propuesta que ahora están asumiendo las instituciones financieras internacionales. Que el neoliberalismo (política de libre mercado) ha causado la desigualdad, la pobreza, el cambio climático, etc., que en el marco de la pandemia que afrontamos se agudizan hasta llevarnos a una situación en la que es insostenible seguir viviendo como hasta hoy. Por ello, ahora de la mano con las ONGs que ellas mismas han financiado, proponen superar el neoliberalismo.

        La burguesía, a nivel planetario, por medio de sus representantes, está reconociendo que el grado de explotación a la que ha sometido a los trabajadores en todo el mundo, y sobre todo en las semicolonias, ha pasado todos los límites, y por lo tanto, atribuyéndole carácter de sujeto a la expresión “neoliberalismo”, se desmarca de la responsabilidad de haber aplicado la política neoliberal. Es decir, tratan de hacernos ver que el capitalismo y el neoliberalismo son dos cosas distintas; e incluso, que el capitalismo es sinónimo de lo natural, que se encuentra en la “naturaleza humana”, que la economía no puede funcionar de otro modo, y que por lo tanto no tiene sentido luchar por cambiarla. En todo caso, nos proponen que lo que se puede dejar de lado, o abandonar, es la forma neoliberal de llevar adelante la economía. Que el “neoliberalismo” es el “responsable” de la pobreza, desigualdad, cambio climático, etc., a los que se añade, para reforzar su propuesta, el patriarcado, el racismo, etc., con lo cual desmarcan al capitalismo de lo que ha provocado, puesto que estos últimos tienen un origen anterior al dominio de la burguesía.

        Así, las ONGs con el financiamiento recibido a nivel internacional, se pueden apreciar en su verdadera dimensión: son las organizaciones que han analizado problemas parciales generados por el capitalismo, para encontrar respuestas que sumadas, den la pauta de la forma en la que la burguesía imperialista debe justificar la situación actual y la necesidad de cambiarla, sin dejar de lado la explotación capitalista.

        En otras palabras, paralelamente a la política neoliberal, la burguesía imperialista encargaba a la intelectualidad pequeño burguesa elaborar estudios parciales para llegar a una “solución” general, como alternativa para continuar con la explotación de los trabajadores en todo el mundo.

        De no ser así, no se podría entender el carácter de las siguientes afirmaciones:


“Pero otros principios de nuestro sistema económico global necesitarán ser reevaluados con una mente abierta. El principal de ellos es la ideología neoliberal. El fundamentalismo del libre mercado ha erosionado los derechos de los trabajadores y la seguridad económica, ha desencadenado una carrera desreguladora hacia el fondo y una competencia fiscal ruinosa, y ha permitido el surgimiento de nuevos monopolios globales masivos.”2

 

 

En el mismo sentido,

 

“El FMI dice que los países deberían considerar implementar impuestos sobre el patrimonio para aumentar los ingresos durante la pandemia en un documento de política publicado recientemente.

En los últimos años, el FMI ha cambiado su enfoque y ha recomendado políticas destinadas a reducir la desigualdad.”3

Al responsabilizar al neoliberalismo de todos los males, y evadir así la responsabilidad de la burguesía que domina en el sistema capitalista, lo que se hace es sustentar su análisis en el idealismo. Aunque de la forma en que desarrollan sus análisis y los publican, aparecen como coherentes, lo cierto es que bien evaluados, no son otra cosa que la imposición del idealismo (subjetivismo). Nos proponen que el efecto genera la causa, cuando es a la inversa; que la forma genera el contenido; que el fenómeno crea la esencia.

        Evaluemos rápidamente la propuesta idealista a la luz de la situación actual. La forma neoliberal aparece en estas propuestas como la responsable de la pobreza y la desigualdad, cuando lo cierto es que es el contenido del capitalismo, la explotación de los trabajadores y la extracción de plusvalía lo que genera los males del capitalismo. Esto nos conduce a luchar no solo contra la forma neoliberal, sino sobre todo contra el contenido capitalista. La pobreza, la desigualdad, la crisis, etc., son fenómenos que en su diversidad expresan la esencia de la explotación capitalista. Se deduce de esto, que debemos apreciar los fenómenos no de manera aislada, sino en su totalidad, en su generalidad para comprender que son aspectos de una misma esencia, que es justamente la que debemos cambiar. Todos estos males que se pretende superar por parte de la burguesía planetaria, son efectos de las mismas causas que han estado operando durante el predominio de la burguesía, que se sustenta en la propiedad privada de los medios de producción, y en el sistema de trabajo asalariado.

        Si bien muchos sectores de trabajadores se han dejado seducir por las propuestas burguesas, es necesario desarrollar un arduo trabajo de esclarecimiento para enrumbar las luchas de los trabajadores hacia el objetivo de superar el sistema capitalista en sus diversas variantes.

_________

(1) https://www.un.org/sg/es/content/sg/statement/2020-07-18/secretary-generals-nelson-mandela-lecture-%E2%80%9Ctackling-the-inequality-pandemic-new-social-contract-for-new-era%E2%80%9D-delivered

(2) Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, organismo responsable del foro de Davos,https://www.weforum.org/agenda/2020/10/coronavirus-covid19-recovery-capitalism-environment-economics-equality/

(3) https://www.businessinsider.fr/us/governments-wealth-taxes-imf-new-source-revenue-coronavirus-economy-consider-2020-4


miércoles, 1 de abril de 2020

Política



El Virus Corona y el Virus de la Acumulación Incesante de Capital

Santiago Ibarra

LAS NOTICIAS DE ACTUALIDAD giran prácticamente solo alrededor de la pandemia del coronavirus. Hoy en día, un tercio de la humanidad se encuentra paralizada y encerrada en sus casas para evitar la propagación del virus o controlar el ritmo de ésta. Mientras tanto, la economía se ha detenido en una proporción considerable, millones de trabajadores han sido despedidos, ha aumentado el número de personas en condición de pobreza y extrema pobreza, están más expuestos a contagiarse y a morir las personas de menores recursos económicos y sin acceso a servicios de agua potable y alcantarillado, las bolsas de valores han caído… Todo indica que asistimos a una recesión económica mundial, ya vaticinada desde hace unos pocos años atrás, pero que ahora la crisis del coronavirus no va a hacer sino agravar.

En el presente artículo quiero destacar dos aspectos de la crisis mundial en curso. El primero tiene que ver con el hecho de que la pandemia del coronavirus es real y grave, con lo cual queremos decir que no se la puede minimizar de ninguna manera, como lo han hecho algunos dirigentes políticos de la derecha. El segundo tiene que ver con lo que Marx llamó el fetichismo de la mercancía y del capital, un virus más letal que el primero, por cuanto la lógica que comanda la economía capitalista y su propia dinámica no está en correspondencia con las necesidades reales de los pueblos y por ello ocasiona verdaderas catástrofes sociales y naturales. El fetichismo de la mercancía, del dinero y del capital impiden imaginar y reconocer que una economía distinta a la del capitalismo es necesaria y posible construir, sin poner en riesgo ni mandar a la muerte a millones de seres humanos en el planeta (en el mundo, por ejemplo, 8.500 niños mueren diariamente por razones de hambre). Una vez que nos liberamos de este último virus, la humanidad podrá al fin construir una economía orientada a la satisfacción de las necesidades reales de la gente y al desarrollo multilateral de aquélla en los más diferentes ámbitos de la actividad social humana: la ciencia, el arte, la técnica, etc. A la vez, solo liberándonos de este último virus, seremos capaces de construir una economía en consonancia con el equilibrio de la naturaleza.

De acuerdo a los informes oficiales, el virus Corona mata principalmente a las personas de la tercera edad que tienen debilitado su sistema inmunológico tanto por el paso del tiempo como por enfermedades como la diabetes, fallas cardíacas, enfermedades pulmonares, entre otras. También han fallecido jóvenes sin ninguna enfermedad, pero el 80% de las personas que fallecen son las del primer grupo mencionado. En general, la tasa de mortalidad del virus Corona es aproximadamente del 3% (muy por debajo de la tasa de mortalidad que ocasionan otros virus), aunque tiene variaciones importantes según el país de que se trate (en Italia, por ejemplo, ha superado el 10%, por el importante tamaño que tiene su población de la tercera edad). Sin embargo, el virus Corona se propaga con gran velocidad y facilidad, y ya ha llevado a la muerte a más de 45 mil personas al momento en que concluimos el presente artículo.

Esta es una razón suficiente para que tomemos con seriedad la pandemia del coronavirus. El método más eficaz para hacerle frente es el aislamiento social y la búsqueda activa de las personas infectadas. Si una persona no se cuida, expone a las demás a que se contagien del virus. Trump, Bolsonaro, entre otros dirigentes políticos de derecha, no han tenido mayor reparo en ordenar que las maquinarias económicas de sus países continúen funcionando, sin importarles que miles de personas mueran a causa del virus Corona. Para estos dirigentes políticos, lo principal es la acumulación de capital y no la vida de las personas. Para nosotros, en cambio, lo principal es la vida de las personas, razón por la cual cobra especial importancia que tomemos los recaudos necesarios para no contagiarnos ni contagiar a los demás, aunque sabemos muy bien de las enormes dificultades que para tal cometido atraviesan personas y familias enteras que se desempeñan como trabajadores independientes. Con ellos debemos establecer lazos de solidaridad y los gobiernos tienen la obligación de subsidiar sus días sin trabajar. 

En segundo lugar, los acontecimientos indican que el número de víctimas mortales y de personas contagiadas por el virus Corona podía haber sido mucho menor de no haber sido porque se presentaron un conjunto de hechos íntimamente vinculados con la economía capitalista. Es decir, la organización económica capitalista incide en un grado superlativo en la magnitud que ha tomado la pandemia.

Así, podemos ver que entre los países con mayor número de personas infectadas están Estados Unidos, Italia, China y España. China, habiendo sido el primer país en presentar los primeros casos de personas infectadas con el virus Corona a principios de diciembre de 2019, controla la epidemia a partir de estrictas medidas que obligó a su población al confinamiento en sus casas. De este modo, China detuvo al menos parcialmente su maquinaria económica y redujo a cero el número de nuevas personas infectadas. China ha presentado 3.312 muertes a la fecha.

Cosa distinta sucedió en los Estados Unidos, Italia y España. En estos países no se tomaron las medidas de confinamiento para no detener sus maquinarias económicas y ya han superado largamente a China en número de muertes: Italia, con 12.428 decesos; España, con 9.053 y Estados Unidos con más de 4 mil decesos. Sin embargo, hay que decir que España, después de un tiempo de dejar pasar las cosas, ha tomado medidas para enfrentar la crisis del coronavirus, en medio de una situación muy complicada, pero, como los demás países que están planificando y empezando a obrar en un sentido de intervención estatal sobre la economía capitalista, sin combatir a esta última.

Prestemos atención a lo que narra Vincenc Navarro, acerca del conocimiento previo que se tenía en la comunidad científica sobre la inminencia de una pandemia para entender mejor cómo la economía capitalista y la lógica que la comanda tienen una fuerte incidencia en la pandemia del coronavirus y la dimensión gigantesca que ha tomado. Afirma Vincenc Navarro en su artículo Lo que se está ocultando en el debate sobre la pandemia:

Hace unos días hubo una reunión telemática de varios expertos, miembros de la International Association of Health Policy, procedentes de varios países y continentes para analizar la respuesta de los países en diferentes continentes a la pandemia actual de coronavirus. Eran profesionales procedentes de varias disciplinas, desde epidemiólogos y otros expertos en salud pública a economistas, politólogos y profesionales de otras ciencias sociales. La reunión, organizada por la revista International Journal of Health Services, tenía como propósito compartir información y conocimientos con un objetivo común: ayudar a las organizaciones internacionales y nacionales a resolver la enorme crisis social creada por la pandemia. De la reunión se extrajeron varias conclusiones que detallo a continuación.

La expansión de la pandemia era predecible y así se había alertado. En primer lugar, se repasaron varios estudios realizados durante los últimos años (el último en 2018) que habían predicho que tal pandemia ocurriría, habiéndose alertado que el mundo no estaba preparado para ello a no ser que se tomaran medidas urgentes para paliar sus efectos negativos. Tales alertas no solo no se atendieron e ignoraron, sino que muchos Estados a los dos lados del Atlántico Norte aplicaron políticas públicas que han deteriorado la infraestructura de servicios (a base de recortes de gasto público y privatizaciones), así como otras políticas públicas desreguladoras de mercados laborales que han disminuido la protección social de amplios sectores de la población, afectando primordialmente a las clases populares de tales países. La evidencia científica, ampliamente publicada en revistas académicas, ha puesto de manifiesto el enorme impacto negativo que tales políticas han tenido en la disponibilidad y calidad de los servicios sanitarios y sociales (con notables reducciones del número de camas hospitalarias y del número de médicos -por ejemplo, en Italia y España desde 2008-). Otros estudios han mostrado también el impacto de las reformas laborales neoliberales, que han deteriorado la calidad de vida de amplios sectores de las clases populares en estos y en muchos otros países (siendo el caso más conocido la reducción de la esperanza de vida entre amplios sectores de la clase trabajadora de EEUU, resultado del incremento de las enfermedades conocidas como "diseases of despair", enfermedades de la desesperación, tales como suicidios, alcoholismo, drogadicción y violencia interpersonal). Estas políticas (consistentes, como ya he indicado, en recortes del gasto público social y reformas del mercado de trabajo que incrementaron la precariedad) fueron ampliamente aplicadas en muchos países y estimuladas por organismos internacionales (el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, entre otros), dejando sin protección a amplios sectores de la población y debilitando el sistema de protección social, pieza clave en la respuesta a la pandemia en tales países. Los enormes déficits de camas, de médicos y enfermeras, de mascarillas, de ventiladores y un largo etcétera se han hecho patentes en cada uno de estos países, donde la austeridad tuvo mayor impacto (de nuevo, como en Italia y en España, y ahora EEUU). Y déficits similares aparecen en los servicios sociales de atención a las personas mayores y a las personas dependientes, especialmente agudos en estos momentos de la pandemia.

De manera que los gobiernos sí tenían conocimiento de la inminencia de la pandemia. Vincen Navarro explica que la razón por la cual las empresas farmacéuticas no trabajaron en la creación de una vacuna para hacer frente a los virus que se alojan en los cuerpos de los animales que están en relación con los seres humanos fue que ellas buscan ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible. Así, invertir en una vacuna en 2018 no hubiera rendido beneficios de modo inmediato a las empresas farmacéuticas, razón por la cual no se dedicaron a crear la mencionada vacuna: “La previsión no es el punto fuerte de estas empresas, cuya rentabilidad tiene que ser inmediata para justificar tales inversiones.”

Los gobiernos, por su parte, en lugar de obligar a la creación de esa vacuna y fortalecer sus sistemas de salud pública, los precarizaron a través del recorte del gasto público y privatizaciones, así como mediante las contrarreformas laborales.

       Tanto los gobiernos como las empresas tienen grave responsabilidad en el desencadenamiento de la pandemia. 

Si en Italia y España la pandemia ha tomado dimensiones trágicas ha sido básicamente porque las personas no tenían acceso a respiradores o a camas, razón por la cual los médicos han tenido que elegir entre darle el respirador a una persona anciana o a una de menor edad. Este factor debe sumarse al que anteriormente hemos mencionado: sus gobiernos eligieron que sus maquinarias económicas continúen adelante y no que la población entre en cuarentena.

De manera que la gran diferencia observable entre el número de contagios y de muertes entre Estados Unidos, Italia y España de un lado, y China del otro, radica en que los primeros tienen en la lógica de la maximización de la tasa de beneficio la lógica que comanda sus estados, en tanto que el segundo, con tener un sector capitalista muy fuerte, tiene un Estado no ha dejado de cumplir un rol fundamental en la regulación de la vida de conjunto de ese país con un sentido más social.

Este hecho muestra por enésima vez que el Estado no es el elemento maléfico cuando es comandado por una lógica social y que el llamado “libre mercado” no es el principio benefactor de toda sociedad, como afirma la prédica neoliberal.

     Y este hecho muestra además por enésima vez también la naturaleza criminal del sistema capitalista e imperialista mundial. 

Tenemos entonces que la economía capitalista sigue un curso que tiende a escapar al control de los hombres y que por eso se disloca de la sociedad y de las necesidades reales de las personas. De ahí que los ancianos sean para el capital material desechable, porque desde su punto de vista es improductivo, y, por tanto, inútil. Las declaraciones del vicegobernador de Texas (Estados Unidos), Dan Patrick, resultan al respecto más que esclarecedoras: “los ancianos deben sacrificarse para salvar la economía norteamericana”, de modo similar a como se expresara hace unos años Christine Lagarde, en ese entonces directora del FMI: “Los ancianos viven demasiado, debemos hacer algo”.

Marx hablaba del fetichismo de la mercancía, del dinero y del capital y es cuando entonces las cosas, las mercancías, el dinero y el capital adquieren vida propia en la mente de las personas y los gobiernan, cosificando a su vez las relaciones sociales entre las personas.

Ese es entonces el virus más peligroso que tenemos en el mundo, el de la acumulación incesante de capital, para retomar la expresión de Imamanuel Wallerstein, y es el que conduce a la muerte a millones de personas por razones de hambre y de guerra y que eventualmente nos conducirá a la muerte a la humanidad en su conjunto. Superar ese virus no solo es una operación mental, ideológica, sino que implica necesariamente transformar las estructuras materiales, esto es, las relaciones de producción sobre las que es construido el sistema mundial capitalista.

La pandemia muestra una vez más que el capitalismo y su tendencia a mercantilizarlo todo, incluida la salud, la educación, el ambiente, etc., solo nos conduce al desastre. Muestra, a la vez, que no solo los servicios sociales deben ser sacados del control privado, sino también el conjunto de la producción social. Solo así será posible superar el dislocamiento existente entre economía y sociedad y solo así los seres humanos dejarán de ser gobernados por las cosas. Más que nunca, la izquierda socialista debe reivindicar la socialización de los medios de producción, a sabiendas, desde luego, que hay un largo camino que recorrer para llegar a esa meta, pero sabiendo también muy bien que podría ser implementada en uno y otro punto del planeta tan pronto se presenten las condiciones políticas para ello y se tome la decisión de hacerlo así.

Como decíamos al principio, el mundo va hacia la recesión económica. Los países del Tercer Mundo no cuentan con los recursos monetarios para hacer frente a la crisis sanitaria ni para hacer frente a la crisis económica. El FMI ya ha establecido un monto de un billón de dólares para prestarlos a los gobiernos, estimular la demanda y hacer frente a la crisis de este modo (siguiendo la receta keynesiana). Es así que desde los centros del poder financiero internacional se aprovecha el momento como una oportunidad para recomponer el capitalismo hiperfinanciarizado y depredador. Esas deudas las pagarán con creces los pueblos. Por ello es importante construir una plataforma mínima que permita a los pueblos defender sus derechos. Las crisis no deben pagarlas los pueblos, sinos los ricos. Un alza significativa en la tasa impositiva a los grandes capitalistas extranjeros y locales sería un modo de hacerlos financiar la crisis sanitaria y económica. A la vez, el estado peruano debe obligarlas a pagar la multimillonaria deuda que tienen con él. Finalmente, se impone la nacionalización de la gran empresa como un modo de reorientar sus utilidades hacia los sectores más golpeados por la crisis.

jueves, 1 de agosto de 2019

Cine




Los Combates de Rosetta

Santiago Ibarra




Introducción

ROSETTA ES UNA PELÍCULA DE LOS HERMANOS belgas Jean Pierre Dardenne y Luc Dardenne, estrenada en 1999. El largometraje ha obtenido, entre otros premios, la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes de ese año. La actriz que interpreta a Rosetta, Emilie Dequenne, obtuvo en el mismo evento, el Premio a Mejor Actriz por su más que memorable actuación.

La película cuenta la historia de Rosetta, una joven de dieciocho años de edad, y su lucha por su sobrevivencia y la de su madre. Muestra al sector pobre de Europa, que coexiste en ese mismo continente con la abundancia, el lujo y el derroche de una minoría. Los Dardenne muestran a una entrañable Rosetta que en cierto momento cruza la frontera de lo permitido, pero que en última instancia hace prevalecer sus principios y su capacidad de “sentir el dolor ajeno”. Es por esa razón que terminamos amando a Rosetta: ella resiste el envilecimiento a pesar de todo y contra todo.

El capitalismo ha producido las mayores desigualdades sociales que registra la historia de la humanidad. Ideológicamente, estas diferencias intentan explicarse mediante la ideología de la meritocracia: los que más riquezas tienen se justifican a sí mismos afirmando que han hecho méritos para que así sea. Desde luego, repetimos, esa explicación es ideológica, esto es, es falsa conciencia, una representación mental distorsionada de la realidad social. Sabemos muy bien que los que más tienen seguirán teniendo más que los demás por mucho que no tengan “méritos”, y que los que menos tienen seguirán teniendo poco por mucho que hagan méritos, como lo ha afirmado el economista burgués Joseph Stiglitz (1).

Los Dardenne están fuera de esa representación ideológica de las causas de las desigualdades sociales. Asumen que existe un sistema económico capitalista deshumanizante que produce víctimas reales, no inventadas. Y, en la misma medida en que la ideología de la meritocracia banaliza la cuestión social, la pobreza y la pauperización de las personas, los Dardenne buscan atacar la indiferencia y hacernos sentir responsables del destino propio y el de la humanidad. Para los Dardenne, notoriamente, las cosas del estómago no son de ninguna manera triviales.

El marco económico, político, social y cultural de Rosetta

Podemos considerar cuatro elementos contextuales para hacernos una mejor idea de la historia de Rosetta: la liquidación del “Estado de bienestar”, la caída del llamado bloque del “socialismo real”, la crisis del sindicalismo, la crisis de la familia y el despliegue sin frenos de la cultura del individualismo. Como se ve, se trata de la liquidación de instituciones que se rigen por una lógica colectiva y de solidaridad en favor de los “mercados” (2).

No es una casualidad que los Dardenne hayan dado vida a Rosetta en 1999. Europa es el escenario de la eliminación de derechos sociales desde fines de la década de 1970. El “Estado de bienestar” tuvo una vida corta, de apenas poco más de tres décadas. La eliminación de derechos sociales básicos es una política sistemática impulsada por las clases dominantes que de esa forma buscan incrementar la tasa de ganancia del capital y darle “competitividad” a las empresas en los mercados nacionales y extranjeros. El capitalismo no se asemeja de ninguna forma a un orden de bienestar, sino todo lo contrario: el capitalismo engendra por fuerza un caos social que se expresa en todos los órdenes de la vida social.

Peor aún. Hacia 1999 el bloque del llamado socialismo real se había desintegrado. Algunos anunciaban el fin de la historia. Otros anunciaban el ocaso de los “metarrelatos”. El movimiento socialista había sufrido una derrota histórica, mayor que cualquier otra en el transcurso de su historia.

La revolución tecnológica y los cambios que se producen en la economía determinan la crisis del sindicalismo. Hay una reducción notoria del proletariado industrial en Europa, un incremento del número de trabajadores en el sector servicios y un creciente número de trabajadores son sustituidos por la tecnología, aunque por otra parte el proletariado ha crecido fuertemente en Asia. Los trabajadores que quedan sin cobertura sindical suelen ser trabajadores precarizados (3).

Veamos muy rápidamente algunos signos de la crisis de la familia. El padre ha dejado de ser el único proveedor de un ingreso monetario, la madre y las mujeres en general han ingresado masivamente al mercado de trabajo, ha aparecido la familia dispersa en dos países con una frecuencia mayor a lo que ocurría en el pasado, y las figuras de la madre soltera y el padre ausente han aumentado significativamente. De acuerdo a especialistas en la materia, la violencia social en sus múltiples formas, fuera y dentro de la familia, está íntimamente vinculada a la precarización del trabajo y al crecimiento de la pobreza.

El régimen neoliberal de acumulación de capital y la revolución tecnológica en curso acentúan la expulsión de millones de trabajadores fuera del espacio productivo. Aumenta el ejército industrial de reserva o, como Marx también lo llamó, la población excedente. Los trabajadores entran en la más implacable competencia entre sí. La desregulación del mercado laboral deja desprotegidos a los trabajadores que serán usados como cualquier otra mercancía. Los ciudadanos ponen a prueba sus principios morales en las más diversas situaciones, y no siempre salen vencedores. Entonces, la desintegración y el caos social se abren paso.

Entre tanto, el discurso dominante busca hacernos creer que las políticas neoliberales persiguen ponernos en sintonía con supuestas leyes económicas que están fuera de las posibilidades de control consciente de las sociedades, conforme lo exigen las necesidades de desarrollo económico-social y de progreso de las grandes mayorías.

Finalmente, en la década de 1990 se asiste a tiempos en los que la cultura del individualismo sustituye a la cultura de la solidaridad. La alienación economicista avanza a paso de galope. Rosetta se desarrolla precisamente en este contexto histórico.

Rosetta: una joven trabajadora representativa de las nuevas generaciones de trabajadores

Rosetta reúne las características del nuevo trabajador. Ella tiene solo dieciocho años de edad y vive en un campamento de caravanas en una zona marginal de Seraing -una ciudad belga-, en condiciones de precariedad. Ella es una trabajadora permanentemente eventual, desorganizada, sin conciencia de clase y sin cultura sindical. Esas son características de la inmensa mayoría de trabajadores jóvenes en Europa y el mundo: están desorganizados y no conocen la cultura sindical, aunque sufren en carne propia los renovados procesos de despojo y la intensificación de la explotación de su fuerza de trabajo, y eso les produce un tipo de conciencia.

Los Dardenne trabajan con la subjetividad de las clases trabajadoras en un momento de ofensiva del capital contra el trabajo. Los personajes de los Dardenne, y Rosetta no es la excepción, no tienen militancia sindical ni política, y el mercado los presiona hacia la angustia y el miedo. Empero, Rosetta muestra una extraordinaria fuerza interna, coraje y valor civil.

Un mundo donde los vínculos humanos se van vaciando de contenido

Las políticas que favorecen la “competitividad” de las empresas tienen graves consecuencias sobre la vida social e individual de las personas. Alientan fuertemente la competencia y el individualismo entre los trabajadores. Los atomizan y fragmentan y eso lleva a los ciudadanos a que pierdan el sentimiento de culpa y de vergüenza y la indiferencia se extiende por el conjunto de la sociedad. Las relaciones sociales entre los seres humanos quedan desprovistas de contenido. El trabajador es más que nunca reducido a un objeto, a una cosa, a una mercancía. El trabajador solo cumple un rol en el proceso de acumulación de capital: crear plusvalor, y de modo creciente, ni siquiera eso de modo directo.

Los personajes de Rosetta son seres individualistas, solitarios y agresivos: la madre de Rosetta, por ejemplo, es alcohólica y para mantener ese vicio tiene sexo con el viejo que administra la provisión de gas y agua para el campamento. Hay conflictos en los que la madre de Rosetta, incluso, amenaza a ésta con un cuchillo. Además, la madre es una carga para Rosetta. El viejo mencionado establece claramente una relación instrumental con la madre aludida. Finalmente, el dueño de negocio de gofres sustituye a Rosetta en su puesto de trabajo por su hijo. Hay degradación moral en los dos primeros y falta de compromiso en el último personaje mencionado.

De otro lado, Rosetta sufre de cólicos repentinos. Ella ha somatizado los desórdenes sociales y familiares. Su cuerpo expresa dolor. Su cuerpo no queda fuera de los efectos de la cosificación de las relaciones sociales.

Pero no todo está perdido. No todo está subsumido a las fuerzas del capital. Hay un vínculo que nace y se desarrolla: el que establecen Rosetta y Riquet. Este le brinda sinceramente su amistad y la ayuda a incorporarse en la empresa donde trabaja haciendo gofres.

El psicoanalista Christophe Dejours señala que la mejor manera de hacer frente a las psicopatologías mentales son los vínculos humanos desarrollados, la solidaridad, el estar juntos, la convivencia. Cuando aumenta la competencia, se disuelven los vínculos humanos, entonces se incrementan las psicopatologías mentales. Por eso, afirma, la cuestión de la solidaridad es una cuestión a la vez social y política (4).

La lucha por obtener un empleo: ser o no ser

En el mundo contemporáneo se ha generalizado el empleo temporal. El empleo estable garantizado por la ley es un asunto del pasado, que según los economistas atenta contra las sagradas utilidades de los empresarios que llaman “competitividad”. Tener un empleo para el trabajador común y corriente es un asunto vital, de ser o no ser, de estar integrado y obtener reconocimiento social, como lo es para Rosetta. No tener un empleo significa caer en el hoyo de la marginalidad social, representada por su madre alcohólica.

Este significado del empleo estable en Rosetta puede verse claramente cuando echada en la cama en la vivienda de su amigo Riquet, se dice a sí misma:

Me llaman Rosetta, me llamo Rosetta. Has encontrado un trabajo, he encontrado un trabajo. Has encontrado un amigo, he encontrado un amigo. Llevas una vida normal, llevo una vida normal. No te caerás al hoyo, no me caeré al hoyo. Buenas noches, buenas noches.

Christophe Dejours ha afirmado que, si el amor es la base de la realización del individuo en el campo erótico, el trabajo es la base de nuestra realización en el campo social, no tanto por la remuneración material como por el reconocimiento social que con él podemos obtener y por el sentimiento de ser parte de un equipo que ese empleo puede traer consigo. En cambio, cuando dominan la precarización, la competitividad, la noción de calidad total, las normas ISO, se abren las puertas al desequilibrio psicológico (5). Es bueno, asimismo, traer a colación que Carlos Marx señalaba que del conjunto de las relaciones sociales que establecen los seres humanos entre sí, las relaciones de producción son las fundamentales (6).

Si se contrae el empleo, y se generalizan el desempleo y el empleo temporal, entonces aumenta la competencia (incluso la “competencia desleal”), no solo entre los trabajadores descualificados, sino también entre los trabajadores cualificados.

La transgresión de la norma moral

La falta de un empleo y de un ingreso exacerban la competencia entre los trabajadores, y, como señalan los Dardenne, al verse muchas veces frente al vacío, es más probable que el trabajador transgreda las normas de convivencia social. Ahora bien, los Dardenne no juzgan al personaje, sino que lo presentan en el dilema moral en el que están insertos, además de empujar al espectador a valorar un problema moral, como sostienen los Dardenne en una entrevista. No existe el mal en abstracto, pues, por encima del conjunto de las relaciones sociales y de las situaciones concretas en las que nos encontramos.

Una escena muestra cuando Rosetta piensa en cruzar la frontera de lo bueno y lo malo, y otra muestra cuando transgrede el valor de la lealtad y la reciprocidad. A la laguna donde ella está pescando llega su amigo Riquet a ofrecerle dinero en calidad de préstamo. Ella le dice que no hace falta. Riquet entonces intenta ayudar a Rosetta a rescatar los cordeles para pescar que había tirado a la laguna. Él se cae y no puede salir del lago. Las fantasías de ella buscan dejar a su amigo ahogarse. Durante un momento, solo lo mira. Solo después le lanza unas ramas grandes para que él se sujete y salga del lago. Riquet finalmente logra salvarse.

Un segundo momento en el que los Dardenne ponen a prueba a Rosetta es cuando ella traiciona a su único amigo, Riquet. Antes de eso, Rosetta había conseguido el empleo en la empresa que hace y vende gofres gracias a su amigo, pero el patrón la saca muy pronto, después de tres días, porque su hijo ocupará ese puesto. Rosetta se desespera y le cuenta al patrón una infidencia: que Riquet hace gofres y los vende secretamente. El patrón despide a Riquet y Rosetta ocupa su lugar.

Riquet luego asedia a Rosetta con su moto increpándole por qué lo hizo. Ella le dirá que quería un empleo.

Rosetta, la lucha por la integridad

Los Dardenne no presentan únicamente los dilemas en los que sus personajes están insertos. Al mismo tiempo, ellos muestran que hay un margen de libertad del que sus personajes hacen uso. Los Dardenne parecen decir: siempre hay una historia distinta que puede ser contada.

Toda la película había tratado de la lucha de Rosetta por conseguir un empleo, que pierde rápidamente para volver a buscar otro nuevamente. Pero resulta que casi al finalizar la película, ella renuncia al empleo que había conseguido siendo desleal a su amigo Riquet. Ella toma una decisión difícil, pues no tiene ninguna otra fuente de ingreso. Rosetta dice con su conducta que es mejor mantenerse lejos de las miserias de este mundo (miseria que puede condensarse en el lema "todos los medios son buenos para conseguir un fin determinado", sean cuales sean las consecuencias), pero eso tiene un costo alto: ella se queda sin empleo y sin ingresos. De modo similar, en su película Dos días, una noche (2014), los hermanos Dardenne cuentan la historia de Sandra (interpretada por Marion Cotillard), quien en un fin de semana debe convencer a sus compañeros de trabajo de renunciar al cobro de un bono de mil euros ofertado por la empresa para que ella pueda quedarse en su puesto de trabajo. Conseguido su objetivo a duras penas, no obstante, Sandra finalmente rechaza la oferta de la patronal de darle un puesto de trabajo luego de que un trabajador eventual cumpliera su contrato. Rosetta y Sandra muestran capacidad de sentir el dolor ajeno y rechazan claramente el sistema y las políticas que ignoran el sufrimiento del trabajador.

El reconocimiento recíproco

Riquet volverá a asediarla con su moto en el campamento de caravanas, mientras Rosetta llevaba un balón de gas a su casa. Riquet no estaba enterado de que Rosetta acababa de renunciar al empleo que había conseguido a costa suya.  En determinado momento, ella tropieza y cae al piso mientras está llorando. Olvidando la traición, Riquet la ayuda a levantarse y Rosetta, dolida, compungida, sollozando, lo mira fijamente. Ella en sus ojos parece reflejar sentimiento de vergüenza, sorpresa y profundo agradecimiento. En ese momento concluye la película.

El gesto de Riquet es significativo. Es el momento en que concluye la rivalidad entre los dos. Termina la atomización y se recompone el vínculo humano. La competencia es puesta a un lado y se abre paso la amistad pura y simple y el reconocimiento recíproco. Se abre paso la humanización de la relación cosificada.

Reflexiones finales

Extrapolando, podemos decir que la alternativa en el corto plazo al capitalismo no puede reducirse a una nacionalización de los medios de producción, sino que se debe trabajar en la creación de verdaderos vínculos humanos dentro y fuera de las familias. Humanizar y enriquecer nuestras relaciones sociales, ese es el fin de la búsqueda de un nuevo mundo. Este es el sentido profundo de la tesis XI sobre Feuerbach de Marx: “Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de distintos modos, de lo que se trata es de transformarlo”.


Notas:

(2) BOURDIEU, Pierre (1997) “La esencia del neoliberalismo” en Revista Colombiana de Educación, Universidad Pedagógica Nacional, N° 35, II Semestre de 1997.
(3) ANTUNES, Ricardo (2003), Los sentidos del trabajo. Argentina, Ediciones Herramienta.
(5) Idem.
(6) MARX, Carlos (2010) La ideología alemana. Argentina, Editorial Nuestra América.


Reparto:

Rosetta      Emilie DEQUENNE
Riquet       Fabrizio RONGIONE
La madre   Anne YERNAUX

El patrón    Olivier GOURMET

CREACIÓN HEROICA