Nota:
Publicamos a
continuación un extracto del Capítulo I del libro inédito Contra el liquidacionismo. Llevar hasta el fin la reconstitución del
partido de Mariátegui. Este extracto se suma a los varios trabajos del
autor sobre el problema de la verdad universal y, como cada uno de ellos, el
que publicamos ahora es, igualmente, una contribución a la reconstitución del
partido de Mariátegui en el plano de su base de unidad ideológica.
01.09.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui
de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
La Creación Heroica de
Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha
(Extracto. Segunda Parte)
E. I.
En el plano teórico
y político, dicho antileninismo se expresa en la negación de la concepción de
Lenin de nuestra época, de su táctica respecto al oportunismo, de su tesis
según la cual la revolución no es posible por la vía de las instituciones
burguesas, de su teoría del partido de clase, etcétera, etcétera.(22)
Fernández
dice:
Mientras
estuvo con vida Lenin ¿alguna vez alentó o permitió o influyó para que
alguno de sus camaradas de partido hablase de ‘leninismo’? ¿Hay alguna
mención a ese término hasta 1,924? (…) Lenin sabía perfectamente de la
trascendencia y magnitud de su legado teórico derivado de su praxis
revolucionaria, pero también sabía perfectamente que toda su producción, en
relación a la ciencia viva del MARXISMO a la que él estaba adscrito, era para alimentarlo,
enriquecerlo, vivificarlo, restaurarlo del modo más enérgico. Y sabía también
que eso mismo habían hecho o hacían contemporáneos suyos como los Plejanov y
Kautsky antes de su desbarrancada, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Clara
Zetkin o el propio Antonio Gramsci. Esa y no otra era la concepción que él tuvo
del marxismo. (Negritas y mayúsculas en el original).
Como se ve,
nuestro personaje entiende la alimentación,
el enriquecimiento, la vivificación del marxismo, solo como
restauración de sus principios, y nada más. Es decir que, aquí, más claro que
en ninguna otra parte, se constata que todo su discurso sobre el leninismo como
desarrollo del marxismo es pura tapadera en la medida en que concibe este
desarrollo como simple restauración, y no
como el
desarrollo de nuevas teorías, no, por lo tanto,
como prosecución y superación de Marx,
según señaló Mariátegui.
Pero hay más. En las
primeras frases de la cita, nuestro liquidador dice que Lenin no permitió el
término leninismo, (omitiendo que, salvo los adversarios del bolchevismo, a lo
largo de la vida política de Lenin ningún bolchevique intentó el uso oficial de
dicho término), y de esta forma pretende descalificar su uso después de 1924.
Es así como Fernández se muestra adversario del término leninismo, o, más
exactamente, del concepto que encierra.
Lenin fue consciente
de su aporte al tesoro universal del marxismo. Por eso, si por modestia
intelectual y política no utilizó el término leninismo, en cambio utilizó el
término bolchevismo. Así, por ejemplo, en el libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky, dejó sentados los
siguientes juicios:
el bolchevismo… se ha hecho mundial, ha dado una idea, una teoría,
un programa y una táctica que se diferencian concreta y prácticamente del
socialchovinismo y del socialpacifismo. El bolchevismo ha rematado a la vieja Internacional podrida de los Scheidemann y
los Kautsky… que ahora se atropellarán unos a otros, soñando con la “unidad” y
resucitado un cadáver. El bolchevismo ha
creado la base ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente
proletaria y comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de
paz como la experiencia de la era de
revoluciones que ha comenzado. (…) El bolchevismo ha favorecido realmente
el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y en América como ningún
otro partido en ningún otro país lo había hecho hasta ahora… el bolchevismo ha
señalado el único camino seguro para salvarse de los horrores de la guerra y
del imperialismo, que el bolchevismo
sirve de modelo de táctica para todos. (…) incluso si mañana el Poder
soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial… incluso en este
caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio
extraordinario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la invencible
revolución mundial. (Contra
el revisionismo, recopilación, pp. 453 y 454; cursivas en el original).
A buen entendedor,
pocas palabras: Lenin era consciente de que su aporte al marxismo consistía en
nuevos elementos teóricos, en nuevas tesis, en nuevas conclusiones. Presentar
el hecho de que tales aportes no fueron conocidos como leninismo en tiempos de
Lenin a fin de descalificar este término, equivale a negar el término marxismo
porque Marx descalificó el mismo señalando que él no era marxista. En el fondo,
la alusión de Fernández al no uso del término leninismo en vida de Lenin es un
enfoque evasivo del problema, un intento de desenfocar sus verdaderos términos.
Los verdaderos términos del problema son si Lenin desarrolló o no el marxismo
con nuevas teorías en relación a lo aportado por Max y Engels al tesorero
universal del marxismo. Y es un hecho cien veces demostrado que Lenin
desarrolló el marxismo. La respuesta del propio Lenin a esta cuestión es, como
se ha visto, que el bolchevismo dio una
teoría, un programa y una táctica al proletariado internacional en la era de revoluciones que había
comenzado con el surgimiento del imperialismo, y que, por eso, se hizo mundial,
y que, por eso, sirve de modelo de táctica para todos. El bolchevismo, es decir, el leninismo.
Por eso,
Stalin señaló con toda razón:
El leninismo es el marxismo de la época
del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la
revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.
(Los fundamentos del leninismo, p. 3;
cursivas nuestras).
Tal como se ha
demostrado arriba, Fernández sostiene la barbaridad de que Lenin solo restauró los principios del
marxismo, y que, por eso, su pensamiento está «contenido y abarcado en el marxismo». Es decir, que el leninismo no es algo
nuevo en el tesoro universal del marxismo. Pero, como hemos visto, Stalin
planteó correctamente que la base de la concepción del mundo de Lenin es el
marxismo, y que el leninismo es lo aportado por Lenin al tesoro universal del
marxismo.
Por su
parte, Mariátegui planteó, correctamente también, que Lenin prosiguió los principios de Marx, pero
que, al mismo tiempo, lo superó.
No existe,
pues, diferencia entre el marxismo y el leninismo en cuanto a concepción del
mundo se refiere, pero, en la medida en que Lenin aportó nuevas teorías al
marxismo, entonces el leninismo es un desarrollo del marxismo de valor
universal, es decir, algo «nuevo» (Stalin) en el marco de la teoría general del marxismo,
una superación de Marx en este mismo marco.
Lenin
señaló:
Cada cual tiene perfecto derecho a
abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir el modo serio y
honrado de hacerlo, del que no es honrado. (La
revolución proletaria y el renegado Kautsky, ibídem, p. 395).
Como se ha podido
ver, el modo de Fernández de abordar el problema del leninismo no es ni serio
ni honrado.
Pues bien,
como es de conocimiento general, Ramón García pretende hacer potable su
abjuración del marxismo-leninismo falsificando la identidad ideológica de
Mariátegui y del PSP.
Esta doble
falsificación ha sido desenmascarada en varios textos (ver nuestros libros El partido de masas y de ideas de José
Carlos Mariátegui y El desarrollo de
la teoría del proletariado y nuestro artículo El pez por la boca muere),
por lo que en las presentes líneas nos limitaremos a señalar algunas nuevas
ideas sobre el tema.
Como se
sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, y
nunca será bastante señalar que de ese modo puso en claro su personal filiación
ideológica. Pretender que esto no fue así con el argumento de que Mariátegui se
definió «marxista convicto y confeso», es vender la imagen de un Mariátegui
incoherente: marxista a secas como ciudadano, y marxista-leninista como
militante y Secretario General del PSP. Esta incoherencia es sugerida por la
necia falsificación de la identidad doctrinal del maestro que García, Aragón y
demás liquidadores pretenden venderle a la izquierda peruana.
Todo
marxista informado sabe que, en su afán por descalificar el concepto de
dictadura del proletariado, el renegado Kautsky sostuvo que dicho término se
encuentra una sola vez en la obra de Marx, y que, por eso, era una «palabreja».
Este tipo de argumento estadístico de Kautsky constituye, por cierto, un «enfoque
evasivo» (Lenin) del problema. En efecto, la cuestión de la dictadura del
proletariado no se presenta como el problema de cuántas veces se encuentra este
término en la literatura marxista, sino si el mismo encierra un concepto
correcto o no.
Por eso, en
su crítica a Kautsky en punto al tema, Lenin no puso el acento en las veces que
Marx utilizó el mencionado término, sino en demostrar la verdad del concepto
que encierra. Como es de conocimiento común, aplicando el método estadístico de
Kautsky, su «enfoque evasivo», García escribió en el artículo El partido de Mariátegui lo que sigue: «Este término
[el término marxismo-leninismo] se encuentra dos veces en la obra de JCM», y,
de esta forma, quiso decir que el mencionado término es una palabreja.(23)
Pues bien,
exactamente como en el caso del término dictadura del proletariado, en el del
término marxismo-leninismo el problema tampoco es cuántas veces lo utilizó
Mariátegui, sino si encierra un concepto verdadero o no.
Por eso, en
nuestra crítica a su negación por parte de García, no hemos puesto el acento en
las veces en que se encuentra en la literatura mariateguiana,(24) sino en
demostrar su legitimidad como denominación de la verdad universal del
proletariado y en la defensa de la filiación marxista-leninista del PSP y del
propio Mariátegui.
Los
oportunistas de todos los tiempos no solo se adulan recíprocamente, sino que,
al mismo tiempo, se prestan sus métodos criollos, sus equívocos procedimientos
en su lucha contra el marxismo y los marxistas.
Por eso, no
tiene por qué extrañar que García haya copiado el argumento estadístico de
Kautsky a fin de renegar el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP. Tampoco
tiene por qué extrañar que, a su vez, Aragón y los demás liquidadores copien
servilmente a García, y que, por esta vía, no hayan hecho otra cosa que copiar
al renegado Kautsky.
Pero hay
más: la negación del leninismo no es nada nuevo, y, como lo hemos anotado en
otro lugar, todo lo que hace García es ir tras los talones de quienes, en el
Perú y en el mundo, desde hace décadas reniegan el leninismo. En el mundo, como
lo hizo, por ejemplo, el mal llamado «eurocomunismo». En el Perú, como lo
hicieron, seis o siete años antes que García, algunos teóricos del PUM,
quienes, precisamente, aducían que Mariátegui utilizó muy pocas veces el
término leninismo, es decir, el término marxismo-leninismo.(25) O sea que,
exactamente como en relación a otras cuestiones, en este caso García no tiene
tampoco el mérito de la originalidad.
Notas
[22] En
el artículo Las cinco caídas de yo el
supremo, García sostuvo: «es necesario precisar términos como… período,
etapa, estadio… pues tienen connotación
diferente» (elipsis y cursivas nuestras). Apelando, pues, a la connotación
de los mencionados términos fuera del contexto verbal donde se encuentran,
nuestro liquidador escamotea la
connotación unívoca con que Mariátegui utilizó los mismos en Principios programáticos del Partido Socialista, donde, sin
excepción, aparecen designando la época del imperialismo y de la revolución
proletaria. Pero, embaucador como es, García insinúa que, con el término estadio el maestro dijo una cosa
distinta a lo que dijo con los términos período
y etapa, y, con base en esta grosera
tergiversación, reniega el contenido de nuestra época, a más de insinuar que
Mariátegui era un tonto. Tonto es quien no es capaz de darse cuenta de la
cínica tergiversación, con la cual, de otro lado, García ha puesto en
evidencia, una vez más, su oportunismo y su catadura moral. Como es sabido, nuestro personaje
pretende «una organización de proyección nacional» con el concurso de toda clase de
revisionismo (lo cual no extraña, pues él mismo mantiene una posición
revisionista). Es conocido también el planteamiento de García de reestructurar
el Estado burgués en sus bases municipales como supuesto camino al socialismo,
con lo cual contraría el leninismo. En ¿Qué
hacer? y otros escritos, Lenin fundamentó el partido de clase como la
materialización de la doctrina, pero García reniega esta verdad y, aún más,
pretende liquidar el partido de clase en nuestro medio (con su marxismo antileninista ya lo liquidó en el marco
de su grupo).
[23] Quien ha
utilizado esta palabra ha sido Aragón, pero es indudable que solo porque García
ya la había insinuado con su «sólo dos veces», y, además, porque con
anterioridad había utilizado otra peor: en su huachafo artículo Las cinco caídas de yo el supremo, calificó el término marxismo-leninismo de
«carroña». De esto se puede dar cuenta cualquier persona que sepa leer.
[24] Aunque para
solo precisar, hemos demostrado en otro lugar que no fueron dos sino tres veces
que Mariátegui utilizó dicho término, lo que puso en evidencia que García ni
siquiera contó bien, o que contó bien y solo para hacer más convincente su
argumento estadístico (aunque solo en el marco de su grupo), falsificó la
verdad cuantitativa a favor de un número menor. En este contexto, lo que tiene
especial relevancia es que una de esas tres veces fue precisamente en un
documento de tan grande importancia como es Principios
programáticos del Partido Socialista. Este hecho demuestra que el
menosprecio de García por el término marxismo-leninismo es, de hecho,
menosprecio por la propuesta programática de Mariátegui. El temperamento
criollo de García y su monumental deshonestidad intelectual y política se
revelan precisamente –y tal vez más que en ninguna otra cosa– en no sostener su
negación del leninismo a nombre propio, es decir, en endosarles a Mariátegui y
al PSP dicha negación a efecto de servirse de ellos como coartada para engañar
y manipular a cuanto incauto pueda haber en el movimiento de masas.
[25] En efecto, en
el ya mencionado folleto Mariátegui y
el seudo mariateguismo actual,
algunas afirmaciones de su autor dan testimonio probatorio de nuestro aserto
(ver pp. 5, 7 y 12).
Nota:
Publicamos a
continuación un extracto de un capítulo del libro El Pez Fuera del Agua. Crítica al Ultraizquierdismo gonzaliano.
Como es evidente, en el extracto hay una contribución al esclarecimiento de la
cuestión de la verdad universal del proletariado y, por tanto, a la
reconstitución del partido de Mariátegui en el plano ideológico.
01.09.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender
el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función
de la Realidad Actual!
Sendero y el Movimiento Comunista Internacional
(Extracto)
E. I.
En el comunicado conjunto A los
marxista-leninistas, a los obreros y a los oprimidos de todos los países,
se puede leer en relación al aporte de Mao al marxismo:
Mao Tse-tung ha
desarrollado el marxismo-leninismo en los terrenos de la revolución democrática
antimperialista que llevan al socialismo; de la guerra popular y de la
estrategia militar en general; de la filosofía, en la cual hizo importantes
contribuciones al análisis de las contradicciones –esencia de la dialéctica– y
sobre la teoría del conocimiento, sus lazos con la práctica y con la línea de
masas; también aportó en el terreno de la revolucionarización de la
superestructura y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado
y en la lucha contra el revisionismo en los terrenos teórico y práctico... La
dirección teórica y práctica de Mao constituye un desarrollo cuantitativo y
cualitativo del marxismo-leninismo en numerosos frentes, y la concentración
teórica de la experiencia histórica de la revolución proletaria en estas
últimas décadas. Vivimos en la época del leninismo, esto es, la del
imperialismo y la revolución proletaria. Al mismo tiempo afirmamos que la obra
de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo.”
Como ha sido puesto en evidencia más arriba, Guzmán acusó a los autores del
comunicado de no reconocer la “vigencia universal” del
pensamiento de Mao y, además, de no reconocerlo como una “nueva etapa” del marxismo, pero, como acabamos de ver, tales autores
sostienen explícitamente que “Mao Tse-tung ha
desarrollado el marxismo-leninismo” y que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del
marxismo-leninismo”. Por lo tanto, la acusación de Guzmán es completamente
falsa.
Ahora bien, esa acusación contra los partidos y
organizaciones firmantes del comunicado conjunto pone en evidencia el método
polémico de Guzmán o, para decirlo francamente, su método criollo.
III
Por otro lado, hay que señalar que los firmantes del comunicado reconocían
el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución
proletaria, pero, equivocadamente, agregaban enseguida que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del
marxismo-leninismo”. Esto, sin duda alguna, es una contradicción, pues si “vivimos en la época del leninismo”, ¿cómo puede ser correcto afirmar, al
mismo tiempo, que el pensamiento de Mao es “una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”? La frase “vivimos en la época del leninismo” se explica por la definición del
leninismo como el marxismo de nuestra época; en consecuencia, teniendo en
cuenta el desarrollo del marxismo, la frase es legítima. Por otro lado, el
concepto de “nueva etapa” aplicado al pensamiento de Mao supone que el leninismo no es una época en el desarrollo de la doctrina del proletariado sino una etapa, y de esto se desprende que no vivimos en la época del leninismo. Pero no solo el leninismo,
sino tampoco el marxismo sería una época sino
una etapa. ¿Dónde queda, pues, la cuestión de la época, sustentada por Stalin
en Los fundamentos del leninismo y
subrayada por Mao en su polémica con Lin Biao? ¿Dónde queda aquello de que la
nueva época histórica determinó una nueva época en el desarrollo de la doctrina
proletaria? Es, pues, de todo punto una contradicción flagrante la posición
mantenida en el comunicado conjunto de otoño de 1980, y esta contradicción se
revela en la frase “Al mismo tiempo afirmamos”, pues no
es posible sostener que “vivimos en la época del
leninismo”, o sea que el leninismo es el marxismo de nuestra época y, al mismo
tiempo, afirmar que el pensamiento de Mao es una “nueva etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. Una de dos: o el
leninismo es el marxismo de nuestra época y, por lo tanto, el pensamiento de
Mao es una etapa del leninismo o, en su defecto, el pensamiento de Mao es una
nueva etapa del marxismo-leninismo y, por lo tanto, el leninismo no es el marxismo de nuestra época.
Ahora bien, cuatro años después, el MRI seguía sin resolver este problema. En
efecto, en la Declaración del Movimiento
Revolucionario Internacionalista, adoptada en marzo de 1984 por la Segunda
Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas, se puede leer lo
que sigue: “Stalin dijo: ‘El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y la
revolución proletaria’ (sic). Esto es completamente correcto. Desde la muerte
de Lenin, la situación mundial ha pasado por muchos cambios. Pero, la época no
ha cambiado. Los principios fundamentales del leninismo no han perdido
vigencia, siguen formando la base teórica que guía nuestra concepción hoy.
Afirmamos que el maoísmo es una nueva etapa en el desarrollo del
marxismo-leninismo” (Declaración del
Movimiento Revolucionario
Internacionalista y ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!).
El PC-SL sostuvo su adhesión al término “pensamiento Mao Tse-tung” hasta mayo de 1982, cuando en su II Conferencia
Nacional “acordó que el marxismo-leninismo-maoísmo era la tercera etapa del marxismo”
(Guerra popular en el Perú, t. I). Y
el MRI adoptó formalmente esta misma denominación de la doctrina en 1993, lo
que quedó en negro sobre blanco en el documento ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, documento en el cual no se habla ya del leninismo como el
marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Era, pues,
una de dos. Pero, en vez de resolver correctamente el problema, es decir, en
lugar de comprender el pensamiento de Mao como una etapa del leninismo, el MRI
cayó en el error de considerarlo una “tercera etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. De este modo
renunció al leninismo como el marxismo de nuestra época y, así, tenemos que,
ahora, considera como incorrecto lo que hasta hace un tiempo consideraba como “completamente correcto”, pero sin sustentar esta nueva opinión en un solo
argumento serio. Esto quiere decir que la discusión sobre Mao en el seno del
MRI se resolvió favorablemente al erróneo planteamiento de Guzmán.
Por lo demás, en la literatura actual del MRI puede verse
que esta organización ha asumido el planteamiento guzmaniano de la “vigencia general de la guerra popular” y, asimismo, que ha hecho suya la
consigna senderista de “poner el maoísmo como
mando y guía de la revolución mundial”.
En el documento Vueltas
y revueltas en la lucha entre dos
líneas, publicado en Un Mundo Que
Ganar, nº 22, el MRI habla de las “contribuciones” de Guzmán “al desarrollo político e ideológico de nuestro
movimiento”. Es seguro que el autor se refiere sobre todo a las tres cuestiones
anotadas arriba.
Pero estas “contribuciones” no son
tales. La definición del maoísmo como “nueva, tercera y superior etapa del marxismo” encierra la negación del
leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución
proletaria, y, esto es completamente erróneo.
La teoría maoísta de la guerra popular prolongada es
válida para los países donde el camino de la guerra revolucionaria es del campo
a la ciudad, pero no para aquellos
otros donde el camino es la insurrección urbana. Por lo tanto, es obvio que de
tal teoría tienen valor universal únicamente sus principios más generales, por
lo que hablar de “vigencia general de la guerra
popular” o, lo que es lo mismo, generalizar en bloque la teoría de la
guerra popular prolongada, es,
prácticamente, una manera de negar la validez del camino insurreccional urbano,
y, esto es completamente erróneo.
Finalmente, la consigna de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”, notoriamente
absolutiza el maoísmo dejando por fuera el leninismo y el marxismo, y, esto es
completamente erróneo.
De manera, pues, que, muy claramente, las llamadas
contribuciones de Guzmán al “desarrollo político e
ideológico” del MRI son más bien posiciones erróneas asimiladas por la
organización internacional.
Malgrado estas asimilaciones, los partidos y
organizaciones que conforman el MRI han mantenido una prudencial independencia
con respecto a lo que desde hace más de veinte años la propaganda senderista
publicita como “los aportes del Presidente Gonzalo
al marxismo”, excepción hecha de la definición del maoísmo.
Pero, incluso así, cae por su peso la pregunta: ¿cómo fue
posible que el MRI asumiera como correctas las erróneas posiciones guzmanianas
señaladas arriba?
Es un hecho que Guzmán indujo a error al MRI. Pero el
verdadero problema fue la permeabilidad del MRI a posiciones claramente
erróneas.
IV
En el documento Bases de discusión,
Guzmán sostuvo que “es aplicando y desarrollando la
guerra popular que” su partido “avanzó más en la
comprensión del maoísmo como tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I).
Así, pues, Guzmán cree que la comprensión del lugar que
le corresponde al pensamiento de Mao en el desarrollo histórico del marxismo
depende en última instancia de participar en una guerra popular. De hecho, esta
idea encierra la intención de utilizar una lucha armada como elemento dirimente
en la controversia sobre el pensamiento de Mao. Pero ocurre que esta
controversia es un problema teórico y, por lo tanto, su resolución depende del
análisis. Esta es una verdad elemental.
Como diría alguien, quienes creen que la solución del
problema de Mao depende en última instancia de participar en una guerra
popular, tergiversan groseramente el
principio de que la práctica es el criterio de la verdad y, de este modo,
demuestran un reconocimiento tácito de su incapacidad para resolver
teóricamente los problemas del marxismo. De hecho, recurren a la práctica como
a un refugio.
Por su parte, el MRI afirma:
La adopción del maoísmo
por el MRI, expresada en ¡Viva el
marxismo-leninismo-maoísmo!, reflejaba una comprensión superior y más
unificada de nuestra ideología que la que el movimiento mundial había podido
lograr hasta entonces. Se mostró en la práctica la importancia de esa
comprensión superior cuando los camaradas del Partido Comunista de Nepal
(Maoísta) <PCN (M)>, cuya formación estuvo íntimamente ligada a los
avances del movimiento comunista internacional y del MRI, inició una guerra
popular en 1996 que ya tiene al país en llamas con la revolución. (Un Mundo Que Ganar, nº 30).
Así, pues, el MRI sostiene que existe una “comprensión superior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término
maoísmo), y, por lo tanto, sugiere que hay también una “comprensión inferior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung”). Además, insinúa que la adhesión al término
maoísmo es prueba de revolucionarismo y que la adhesión al término “pensamiento
Mao Tsetung” es prueba de oportunismo.
Pero sucede que, por una parte, la comprensión correcta
del pensamiento de Mao consiste en reconocer su condición de etapa del marxismo
de nuestra época y, por otra, ocurre que el PC-SL, por ejemplo, inició su lucha
armada cuando adhería al término “pensamiento Mao Tsetung”
y, ahora, cuando adhiere al término maoísmo, ha claudicado con respecto a sus
propias premisas.
Esta constatación significa que el oportunismo puede
ocultarse detrás de la adhesión a
cualquiera de los dos términos y, en general, detrás de la adhesión a cualquier denominación de la doctrina del proletariado.
¿Acaso detrás de la adhesión al
marxismo no se ocultó un tiempo el revisionismo de la Segunda Internacional?
¿Acaso detrás de la adhesión al
marxismo-leninismo no se ocultó un tiempo el revisionismo contemporáneo? ¿Acaso
detrás de la adhesión al “pensamiento Mao Tsetung” no se oculta ahora el oportunismo en más de un
caso? ¿Acaso detrás de la adhesión al
maoísmo no se oculta igualmente el oportunismo, también en más de un caso?
22.12.2004.