Nota:
Publicamos a
continuación el apartado 6 del
capítulo XVII del libro Defensa de la Creación Heroica de José
Carlos Mariátegui, de Eduardo Ibarra, a efecto de que cada activista –y
especialmente los miembros del COMITÉ DE COORDINACIÓN POR LA RECONSTITUCIÓN DEL
PARTIDO DE MARIÁTEGUI– tengan en cuenta la consecuencia de Mariátegui en el
trabajo revolucionario, no obstante su condición de baldado. La grandeza de
Mariátegui no reside únicamente en su genialidad como teórico, sino también en
su absoluta entrega a la actividad práctica que desbrozaba la lucha por la
constitución del partido del proletariado peruano y, por tanto, la lucha por la
realización del Socialismo Peruano. Para un revolucionario proletario no puede
haber excusas para no cumplir las tareas y los acuerdos. En esto Mariátegui
también es un ejemplo a seguir.
01.08.2026
Comité de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
El Proyectado Viaje a Buenos Aires de José Carlos
Mariátegui
(Extracto)
E. I.
VI
EN SU TESTIMONIO publicado
el 3 de octubre de 1930 en la revista Mundial,
Fausto Posada, que había sido cronista obrero del periódico La Razón, recogió estos juicios del
escritor uruguayo Emilio Frugoni:
A Mariátegui, baldado, no se atrevió el dictador a
deportarlo; pero llegó a ponerlo bajo la vigilancia de un centinela de vista.
He ahí el mejor símbolo de su personalidad y el más gráfico reconocimiento de
su condición eximia. Aquel centinela de vista vigilando a un hombre paralítico
representa ante la Historia el cuadro vivo y la paradoja desconcertante de la
vida fecunda de ese hombre de ideas. Mariátegui imposibilitado para la acción;
pero con el cerebro despierto y la pluma en la mano era la revolución en
persona. Era la acción, a pesar de todo y era frente a él que debía colocarse,
con el alma pronta, el símbolo de la autoridad y el orden.(11) (I: Lévano:
1979: 243).
En estas condiciones
de operatividad, en las que, a partir de un momento dado, «el arma pronta»
dibujaba el extremo a que habían llegado la vigilancia, el acoso, la represión
y la amenaza gubernamentales, José Carlos Mariátegui llevó adelante el deslinde
con el socialismo reformista, la polémica con el oportunismo pequeño burgués de
Haya, el oportunismo de Luciano Castillo, el dogmatismo de algunos dirigentes
del PSP y de la Tercera Internacional, dio nacimiento y reanudó la publicación
de Amauta, publicó el periódico Labor, fundó el Partido Socialista del
Perú, redactó los «Principios programáticos» de este partido y las
fundamentales tesis «El problema indígena», «Antecedentes y desarrollo de la
acción clasista» y «Punto de vista anti-imperialista», publicó los libros La escena contemporánea y 7 ensayos de
interpretación de la realidad peruana, preparó los libros Defensa del Marxismo, Ideología y Política y El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, contribuyó a la
fundación de la Federación de Yanaconas, organizó la Confederación General de
Trabajadores del Perú, instruyó a los delegados al Congreso Sindical de
Montevideo y a la Conferencia Comunista de Buenos Aires, etcétera, etcétera.
Estos hechos dan la medida del espíritu de lucha del
fundador del Socialismo Peruano.
Después
de la Conferencia de Buenos Aires y del regreso de Paiva y Ravines al país,
José Carlos Mariátegui se vio reducido a una situación minoritaria en el CC del
PSP en punto al nombre del partido, la cuestión nacional y la política
concreta.(12) Zahorí como pocos, el maestro lo sabía perfectamente. No
obstante, su renuncia a la Secretaría General, obligada por su inminente viaje
a Buenos Aires, no significó una renuncia a su militancia, ni formal ni de
facto. No significó tomar las de Villadiego ni una expresión de anarquismo
señorial, de individualismo huachafo, de egotismo pequeño burgués que pone la
propia persona por encima de la organización. Su justificada decisión de
establecerse en Buenos Aires y, por lo tanto, su igualmente justificada renuncia
a la Secretaría General del Partido, no encerraron ninguna actitud escisionista
y, por el contrario, significaron la afirmación de su militancia.
Esta actitud da la medida del espíritu de partido del
fundador del Socialismo Peruano.
Vigilado,
acosado, reprimido, amenazado, José Carlos Mariátegui, como hemos visto,
desarrolló un inmenso trabajo teórico, político y organizativo.
Ni
cansado ni vencido, no renegó, pues, de la lucha interna del PSP. Ni cansado ni
vencido, se aprestaba a continuar la lucha contra el oportunismo, por el
partido de masas del proletariado, por el socialismo.
Todo ello y, en general, toda su obra teórica y
práctica, da la medida de la grandeza del fundador del Socialismo Peruano.
José
Carlos Mariátegui, nuestro Amauta de toda
la vida (frase feliz de un
articulista), pasó a la eternidad el 16 de abril de 1930, y esa grandeza suya es la imagen en la que
cada agonista del Socialismo Peruano debe saber encontrar permanente
inspiración.
Notas
[11]
Es indudable que la palabra alma, que aparece en la cita, es un error
tipográfico: la palabra que calza con el sentido de la cita, es la palabra
arma. Por lo tanto, debe leerse: «con el arma pronta».
[12] Paiva y Ravines
se habían convertido en partidarios de denominar Comunista al partido del
proletariado peruano, y Hugo Pesce y Julio Portocarrero regresaron de Buenos
Aires prácticamente ganados a dicha posición. Por eso no extraña que,
treintaiséis días después del fallecimiento de José Carlos Mariátegui, la
Reunión del 20 de Mayo de 1930 decidiera por mayoría absoluta el nombre de
Comunista para el partido, con el solo voto discrepante de Martínez de la
Torre, quien mantuvo la posición del maestro de denominarlo Socialista. Todavía
en vida de José Carlos Mariátegui, Ravines había publicado el artículo El problema indígena en América Latina (El Trabajador Latinoamericano,
Montevideo, marzo-abril de 1930, año IV, nº 30), cuyo texto niega las tesis
mariateguianas sobre la cuestión nacional (ver: II: 1980: 35-38). En octubre de
1930, es decir apenas seis meses después de fallecido el maestro, el Primer
Pleno de la Confederación General de Trabajadores del Perú acordó que, «Sobre
el problema indígena reconoce su carácter fundamentalmente económico y el
derecho de los indios no sólo a la reconquista de sus tierras, sino también a
disponer de sí mismos, organizando sus propias repúblicas aymaras y keshwas».
Julio Portocarrero presidió el mencionado Pleno, y suscribió el acuerdo. Desde
luego, su cambio de opinión sobre el tema (en la Conferencia Comunista de
Buenos Aires había defendido la posición mariateguiana sobre el punto) no pudo
haber sido repentino (ver: I: Kapsoli: 1980: 64-73). Finalmente, Ravines y
otros eran partidarios de la política de «clase contra clase», acordada por el
VI Congreso de la Internacional (17 de julio-1º de setiembre de 1928), política
contraria a la de José Carlos Mariátegui, la cual, por cierto, se ajustaba a la
de frente unido. Los primeros pasos de la «desamautización» del partido se
dieron, pues, en vida del maestro, pero solo pudo ser consumada después que la
muerte lo abatiera.
Nota:
El artículo que
sigue es una contribución al esclarecimiento del problema del desarrollo del
marxismo y del derivado problema de su denominación contemporánea, y, por
consiguiente, una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui.
01.08.2026.
Comité de
Redacción.
El Maoísmo Nominal de J. P. Ballhorn y
Otras Cuestiones
(Primera Parte)
E. I.
EN LOS ÚLTIMOS días un compañero tuvo
la iniciativa de remitirme el artículo «Hacia una defensa del maoísmo», de J. P. Ballhorn, publicado en dos partes, el 1 y el 11
de mayo de 2019, en el blog Viejo Topo.
En dicho artículo, su autor ha dejado escrito lo que sigue:
Eduardo Ibarra sostiene que es un error hablar de “maoísmo”,
pero en realidad solo se opone al empleo del término “maoísmo”, porque
curiosamente sí está de acuerdo en que Mao ha desarrollado el marxismo y hasta
esboza una sustentación de por qué lo considera así. Por este motivo llamo a la
postura de Ibarra la “tesis nominal”, pues su resistencia a asumir el maoísmo
se basa únicamente en una logomaquia. Cabe preguntarnos, ¿por qué esa renuencia
terminológica? Eso es algo que podría comprender un trabajo aparte. Mientras
tanto, lo que sí vamos anunciando es que las disputas sobre el lugar que le
corresponde a Mao, la distinción entre “época” y “etapa” del marxismo, entre
otras cuestiones problemáticas planteadas por Ibarra, las trataremos en el
trabajo extenso y completo sobre el tema que nos convoca.
entre quienes han tratado de negar la posibilidad del
maoísmo desde un enfoque más o menos histórico, se encuentra Eduardo Ibarra, de
quien ya comentamos algunas cosas (tesis nominal), y cuyo historicismo se ve
empantanado por la perspectiva esquemática que aún conserva…
Como es lógico, nadie está obligado a
responder cada cosa que se diga sobre las ideas de uno pero, por cuanto la
interpretación torcida de los términos de mi aludido planteamiento puede
conducir a confusión al lector en una cuestión tan importante como es el
desarrollo del marxismo, no tengo más remedio que responder a Ballhorn.
En mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado
y el problema de su denominación (junio de 2012), expuse los términos de
esta última cuestión. No está demás señalar que en otros escritos he examinado
igualmente el problema de la denominación de la doctrina: por ejemplo en los capítulos
I, II III y XXVII de mi libro El pez
fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano (enero de 2010).
Pues bien, por las
cosas que dice en su artículo, es improbable que Ballhorn desconozca los
mencionados textos, por lo que resulta escandalosa la falsificación que comete
del fundamento de mi planteamiento: la ligazón intrínseca entre la cuestión del
desarrollo del marxismo y la cuestión de su denominación actual. Esta
falsificación, de otro lado, revela que Ballhorn no ha sabido plantear los
términos del problema del desarrollo del marxismo ni, por lo tanto, los
términos del problema de su denominación.
Como he recordado
ya, en mi argumentación el problema de la denominación de la doctrina no puede
ser resuelto al margen del desarrollo del marxismo; así, es un hecho que, en el
análisis de esta cuestión, juegan tanto el valor universal del desarrollo del
marxismo concretado por Lenin como el carácter epocal del mismo.
En Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía
clásica alemana, Engels señaló que sin la obra de Marx «la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre.» Esta afirmación no significa que el pensamiento de Engels
quedara fuera del marxismo, pues, como es obvio, está comprendido en él. Del
mismo modo, en Los fundamentos del
leninismo, Stalin definió el leninismo como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución
proletaria». Esta definición no quiere decir que
el pensamiento de Stalin quedara fuera del leninismo, pues, como es evidente, está
comprendido en él. Lo mismo puede decirse del pensamiento de Mao, el cual, puesto
que tiene las mismas raíces históricas que el leninismo, no representa una
nueva época en el desarrollo de la doctrina; por eso está comprendido en el
concepto de leninismo.
Es decir, el
problema de la denominación de la doctrina quedó resuelto primero con el
término marxismo y, después, con el término marxismo-leninismo.
Es decir, Mao se
opuso a la incorporación del término maoísmo a la denominación de la doctrina;
o sea, como diría Ballhorn, «curiosamente» Mao rechazó el término maoísmo, cayendo así en una «logomaquia».
Como se ve,
nuestro articulista apunta alto.
Por lo expuesto,
se comprende que la inclusión del término maoísmo en la denominación de la
doctrina en calidad de «tercera etapa», implica la negación del leninismo como el marxismo de
nuestra época y, por esta razón, el término «marxismo-leninismo-maoísmo» se revela improcedente.
En 1998, escribí:
si la revolución china es una continuación de la revolución rusa en las condiciones de un país
semicolonial y semifeudal, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del leninismo, pues sus raíces
históricas son las mismas que las de éste. Sobre
la nueva democracia es un desarrollo de Dos
tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, y la teoría
de la continuación de la revolución en las condiciones del socialismo es un
desarrollo de las tesis planteadas por Lenin en su artículo La economía y la política en la época de la
dictadura del proletariado. En consecuencia, es correcto señalar que la teoría y la táctica de Mao sobre la nueva
democracia es un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución
proletaria en general, y su teoría y su táctica de la continuación de la
revolución en el socialismo es un desarrollo de la teoría y la táctica de la
dictadura del proletariado en particular. (El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su
denominación, Ediciones Creación Heroica, Lima, 2012, p. 65).
Esta cita da cuenta del desarrollo del
marxismo concretado por Mao y, por esto, da al traste con la antojadiza
acusación de Ballhorn de que niego «la posibilidad del maoísmo».
Víctima del
embrollo que tiene en la cabeza, Ballhorn extendió sus acusaciones al decir que
me opongo «al empleo del término “maoísmo”». Pero la siguiente afirmación de mi autoría echa por tierra
esta otra acusación, tan antojadiza como la anterior:
El pensamiento de Mao tiene valor universal y, teniendo en
cuenta esto, puede hablarse de maoísmo. Ahora bien, es de conocimiento general
que el mundo ha experimentado grandes
cambios, pero no ha cambiado la época, y, así, el aporte de Mao al
marxismo, con todo lo grande que es, no corresponde a una nueva época histórica
y, teniendo presente esto, no es correcto hablar de maoísmo, sencillamente
porque para designar al marxismo de nuestra época existe un ismo consagrado, el
leninismo, por el cual actualmente hay que entender no solo los pensamientos de
Lenin y Stalin, sino también el pensamiento de Mao. (Ob. cit., pp. 67-68).
Es decir, si bien es cierto que el
término maoísmo no se justifica en la denominación de la doctrina, puede
utilizarse sin embargo para referirnos al pensamiento de Mao que, como se sabe,
tiene valor universal. Así, he utilizado el mencionado término en diferentes
escritos, como por ejemplo no hace mucho en una nota de mi artículo «La lucha interna del partido proletario» (27 de febrero de 2019), publicado inicialmente en el blog
CREACIÓN HEROICA y, luego, en forma de folleto, de manera que está al alcance
de mi desorbitado crítico.
En el texto «Concepción y método marxistas» (escrito el 12 de noviembre de 1998 y publicado primero en
forma de folleto, después en la red y por último como primer capítulo de mi
libro El desarrollo de la teoría del
proletariado y el problema de su denominación), escribí:
La lectura de El
Capital da cuenta de que Marx era perfectamente consciente de la
contradicción como el núcleo de la dialéctica (su análisis de la mercancía así
lo demuestra). Y el despliegue de su exposición sobre el movimiento de la
economía capitalista (así como, en general, el conjunto de su obra) demuestra
que igualmente era consciente de la universalidad de la contradicción, de la
particularidad de la contradicción, de la contradicción principal y el aspecto
principal de la contradicción, de la identidad y la lucha entre los aspectos de
la contradicción y del papel del antagonismo en la contradicción. En
consecuencia, cae por su peso la pregunta: ¿en qué consisten, entonces, los
aportes de Lenin y Mao a la dialéctica marxista, o, mejor dicho, cómo entender
estos aportes?
Es posible que alguien quiera entender que la dialéctica de
Marx y Engels es una dialéctica a la que le faltan los conceptos expuestos por
Mao en su trabajo «Sobre
la contradicción».
Pero la verdad es que la dialéctica de los fundadores es completa y no incompleta, es decir, es una dialéctica
que no requiere ser completada. Esta
es una sencilla verdad. Por consiguiente, puede decirse que los aportes de
Lenin y de Mao a la dialéctica consisten en haber explicitado lo que en Marx y Engels no estaba completamente expuesto teóricamente, lo que en ellos se
encontraba en cierto grado en estado implícito,
latente, tácito, es decir, en haber expresado,
argumentado, expuesto teóricamente la dialéctica de los fundadores. Y, esto no
es poco mérito.(Ob. cit., pp. 30-31).
Ahora, veintiún años después y, como se
verá enseguida, alardeando de sus lecturas, nuestro articulista ha dicho:
Mis lecturas de Hegel fueron radicalmente depuradoras de
toda concepción vulgar que mantuviese hasta el momento acerca de la dialéctica,
pero además me hizo reparar en algo clave: Lenin y Mao no habían hecho más que
explicitar los distintos aspectos de la dialéctica marxiana, por tanto, en modo
alguno sus reflexiones sobre la dialéctica podrían considerarse “desarrollos”.
Esta conclusión no solo ponía en cuestión algún desarrollo de Mao en la
dialéctica, sino también de Lenin…
Esta afirmación contiene una evidente
repetición de mis argumentos acerca de la exposición de Lenin y Mao de la
dialéctica, aunque de forma un tanto distorsionada. Sin embargo, no voy a
reclamarle a Ballhorn, pero, eso sí, no puedo evitar subrayar que el hecho pone
en evidencia una criticable deshonestidad intelectual de su parte. Pero, además,
debo llamar la atención sobre algo particularmente expresivo: al copiarme,
Ballhorn agregó una idea de su cosecha: la negación de todo mérito de Lenin y
Mao en la exposición de la dialéctica.
Como se ve, aquí
también nuestro articulista apunta alto.
La afirmación de
Ballhorn según la cual mi «historicismo se ve empantanado por la perspectiva
esquemática que aún conserva», no merece en realidad mayor comentario, pues, como hemos
visto, mi «perspectiva esquemática» consiste precisamente en haber planteado debidamente tanto los
términos del problema del desarrollo del marxismo como del problema de su
denominación contemporánea.
En conclusión, al
reducir el problema de si el término maoísmo se justifica o no en la
denominación de la doctrina a la cuestión del valor universal de los aportes de
Mao, Ballhorn ha puesto de manifiesto que todo lo que hace es copiar el planteamiento
de Abimael Guzmán, quien, a su vez, repite lo sostenido por otros autores.
Es decir, sin ser
consciente en absoluto, Ballhorn se encuentra prisionero de una concepción
nominal del problema de la denominación de la doctrina: no importa que el leninismo
sea el marxismo de nuestra época, pues, según él, el término maoísmo debe
aparecer de todas maneras en la denominación de la doctrina. Como es claro, de
tal guisa escamotea la cuestión de las raíces históricas comunes del
pensamiento de Lenin y el pensamiento de Mao.
Así, pues, la
concepción nominal de Ballhorn –como la de algunos otros–, es un verdadero
punto muerto en su argumentación, así como, por otro lado, al calificar mi
planteamiento de «nominal», se muestra como el
ladrón que grita ¡al ladrón!
Y bien, confutadas
sus acusaciones, resta esclarecer algunas otras cuestiones contenidas en su artículo.
Veamos estas cuestiones.
Es un hecho que Ballhorn
ha tomado de Abimael Guzmán la definición del maoísmo como «nueva, tercera y superior etapa del marxismo». Sus propias palabras lo confirman:
buscar por primera vez una sustentación del maoísmo como
“nueva, tercera y superior etapa del marxismo”…
Ya he precisado las razones por las
cuales el término marxismo-leninismo-maoísmo es incorrecto como denominación de
la doctrina; ahora, para exponer lo que encierra la definición del maoísmo como
«nueva, tercera y superior etapa del
marxismo», es suficiente copiar lo que escribí
al respecto en diciembre de 2002:
analicemos la lógica del jefe senderista desde el interior
de ella misma. La definición del maoísmo como «tercera etapa del marxismo» encierra la idea de que es «una nueva etapa», pues es evidente que no podría ser una «tercera…», si no fuese una «nueva etapa». De manera que definir el maoísmo como «nueva, tercera… etapa del marxismo», es un pleonasmo. En consecuencia, la inclusión del
concepto nueva en la definición del pensamiento de Mao, sencillamente no se
justifica. En el mejor de los casos, sirve ahí como un elemento de apoyo para
darle sonoridad a la expresión, pero nada más. Y esto puede tener algo de
literario, pero no tiene nada de científico.
Por lo demás, es evidente que no es correcto plantear a
secas que el maoísmo es superior al leninismo y al marxismo. En todo caso, esto
requiere explicación. En su contenido más general, el marxismo es la concepción
del mundo del proletariado revolucionario, y ni en Lenin ni en Mao existe nada
superior a esta concepción como tal concepción, pues la concepción del mundo de
Lenin y Mao es la concepción del mundo de Marx y Engels. Por consiguiente, a
fin de esclarecer el problema, es necesario hacer una distinción entre concepción y teoría, es decir, entre principios y elementos teóricos. Precisamente Stalin hizo esta distinción en la «Entrevista con la primera delegación de obreros
norteamericanos»,
al señalar que «Lenin
no “añadió” ningún “principio nuevo”» al marxismo, sino que «aportó al tesoro general del marxismo elementos nuevos en
comparación con lo que se le pudo dar en el período del capitalismo
preimperialista».
Por eso agregó que «los
elementos nuevos que Lenin aportó al tesoro del marxismo se basan plena y
enteramente en los principios sentados por Marx y Engels». Por eso precisó que «en este sentido, precisamente, decimos nosotros que el leninismo
es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias». Esto quiere decir que en este sentido, y solo en este
sentido, puede decirse que el leninismo es un desarrollo del marxismo: en el
sentido de que, en la esfera de la teoría,
es un salto, así como en aquella otra
de los principios es una continuación del marxismo. Esto
significa que solo en un sentido especial el leninismo puede ser considerado
como superior al marxismo y el pensamiento de Mao como superior al leninismo:
en el sentido de que, entendido como una época en el desarrollo del marxismo,
el leninismo comprende elementos teóricos que representan un nivel más alto de
la praxis revolucionaria en comparación al marxismo, y que el pensamiento de
Mao comprende a su vez elementos teóricos que representan un nivel más alto de
la praxis revolucionaria en comparación al leninismo entendido, en este caso,
como el pensamiento de Lenin y Stalin. Pero, en la medida en que el jefe
senderista no utiliza el término superior en este sentido especial sino en su
acepción gruesa, lo que hace es sobrevalorar el pensamiento de Mao en
detrimento del leninismo y el marxismo. (Ob. cit., pp. 30-31).
Por otro lado, nuestro articulista niega la
existencia de la filosofía y de la economía política marxistas. Argumentando lo
primero, afirma que la tesis de las tres partes integrantes del marxismo «se cae por completo», porque en el libro La
ideología alemana sus autores no fundaron «una nueva filosofía», sino que proclamaron «el fin de la filosofía» y, argumentando lo segundo, sostiene que Marx nunca
pretendió elaborar una nueva teoría económica», sino únicamente «una crítica de la economía política». De esta forma Ballhorn castra el marxismo con el resultado
de que lo reduce a solo socialismo científico: «este aspecto, el político-práctico, es el que realmente hace
el cuerpo del marxismo como doctrina», dice en su artículo.
Pero
ocurre que, precisamente en «Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo», Lenin señaló:
Su doctrina [la de Marx] apareció como continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más
grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo.
La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es
completa y armónica, dando a los hombres una concepción del mundo íntegra… El
marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo
XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo
francés.
estas tres fuentes del marxismo… son, a la vez, sus tres
partes integrantes. (Marx, Engels,
Marxismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s.f., pp. 61-62).
Pero Ballhorn desvaloriza el texto de
Lenin porque, según dice, se trata de «un folleto de divulgación, es decir, no [de] un trabajo
teórico sobre el marxismo». De esta forma sugiere que «Tres fuentes y tres partes» no tiene ningún valor teórico y, así, pone en evidencia que
ignora que, en la literatura marxista, la diferencia entre un texto que puede
llamarse «de divulgación» y otro que puede llamarse «teórico», no reside en que el primero traiciona la exposición veraz
de los principios del marxismo, de su estructura y de sus ideas cardinales.
Ejemplo relevante de esto es el libro de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo. Como es de
conocimiento general, este libro estudia el capitalismo monopolista como la fase
superior del capitalismo y como la condición general de la revolución
proletaria mundial; por eso, constituye un hito en la historia del pensamiento
marxista; y sucede que este libro, de indudable valor teórico, lleva precisamente
el subtítulo siguiente: «ensayo de divulgación».(1)
Es preciso
señalar, además, que el intento de desintegrar las partes del marxismo apareció
hace mucho entre algunos autores, como los revisionistas de la Segunda
Internacional, quienes sostenían que el marxismo surgió sin el fundamento de
una filosofía y que, por lo tanto, se trata únicamente de una teoría económica
y política.(2) Este planteamiento es lo que Ballhorn pretende reciclar, llevando,
para peor, a un punto extremo la desintegración del marxismo. Ocurre, sin
embargo, que la crítica de Marx y Engels a la filosofía clásica alemana fue
realizada sobre la base de un determinado instrumental teórico, precisamente filosófico,
cuyo proceso de formación en las primeras obras de los fundadores resulta
expresivo por sí mismo; no obstante, esta realidad no ha merecido la más mínima
atención por parte de nuestro articulista. ¿Cómo Marx y Engels hubieran podido
desarrollar la crítica de la filosofía de Hegel y Feuerbach si no hubieran
contado con un instrumental teórico propio, con una filosofía nueva por
principio? Cualquier filosofía no puede ser criticada realmente sino sobre el
plano de la filosofía.
La crítica de la
filosofía clásica alemana implicó un doble movimiento, que en esencia fue uno
solo: la crítica del idealismo dialéctico hegeliano y del materialismo
antropológico de Feuerbach y la reelaboración de todo lo que tales tendencias
filosóficas tuvieron de correcto significó, al mismo tiempo, el surgimiento de
la filosofía marxista: fusión del materialismo y la dialéctica y extensión de
la dialéctica materialista al campo de la historia. Precisamente el
materialismo histórico es el fundamento filosófico directo del socialismo
científico.
Marx esclareció:
El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una
mistificación, no obsta para que este filósofo fuese el primero que supo
exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida,
puesta de cabeza. No hay más que darle la vuela, mejor dicho ponerla de pie, y
en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional. (El capital, t. I, postfacio a la segunda
edición, Fondo de Cultura Económica, México, 2001, p. XXIV).
Por su parte, Engels subrayó:
A la filosofía desahuciada de la naturaleza y de la historia
no le queda más refugio que el reino del pensamiento puro, en lo que aún queda
en pie de él: la teoría de las leyes del mismo proceso de pensar, la lógica y la
dialéctica.(Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1980, t. III, p. 394).
Y, precisamente aquella puesta de pie
de la dialéctica y esta superación de la filosofía especulativa, hizo que Lenin
señalara lo que sigue:
En El Capital,
Marx aplicó a una sola ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del
conocimiento materialista [no hacen falta 3 palabras: es una y la misma cosa],
que tomó todo lo que había de valioso en Hegel y lo desarrolló. (Cuadernos filosóficos, Editorial
Librerías Allende, Buenos Aires, 1974, p. 309).
Es decir, la filosofía marxista es la
dialéctica materialista, la teoría del conocimiento materialista, la lógica
dialéctica (no hacen falta tres palabras).
Por lo expuesto
sobre el punto, la afirmación de Ballhorn en el sentido de que Marx y Engels no fundaron una nueva filosofía, no
tiene el mérito de la originalidad, y se revela como un torpe intento de reciclar
una vieja posición antimarxista.
Ciertamente la
dialéctica es un método científico, pero lo es en el sentido de su
cientificidad filosófica, y no en el sentido de serlo con el alcance limitado
de la cientificidad de una ciencia particular. Pero, dando por sentado que la
dialéctica no es filosofía, nuestro articulista sugiere que apenas es «un método científico» y, de esta forma, niega su alcance universal, es decir, la
universalidad de sus leyes.
Como se ve, aquí
también nuestro articulista apunta alto.
El surgimiento y
desarrollo de la economía política marxista experimentó un movimiento semejante
al de la filosofía marxista en su proceso de surgimiento: la crítica de la
economía política burguesa y principalmente de Adam Smith y David Ricardo,
determinó la aparición de teorías, nuevas por principio, sobre el valor, el
dinero, la plusvalía, la acumulación del capital, la cuota media de ganancia,
la renta del suelo, etcétera, etcétera, etcétera, formándose y desarrollándose
así la economía política marxista. Y basta conocer El capital para persuadirse de que en sus páginas se concretó de la
forma más genial dicha economía política.
Como se sabe, la
negación de la existencia de la economía marxista tiene vieja data: economistas
burgueses y reformistas consumados sostenían que el fundador de la concepción
comunista del mundo copió su teoría económica de Ricardo, Rodbertus y los socialistas
utópicos. Es decir, aquí tampoco Ballhorn tiene el mérito de la originalidad. Pero
la existencia de una economía política marxista no solo es una realidad incuestionable,
sino que, además, proporciona los fundamentos económicos de la misión histórica
del proletariado. Por eso su negación significa desarmar al proletariado en
beneficio de la burguesía.
Como se ve, aquí
también nuestro articulista apunta alto.
En resumidas
cuentas, es notorio que Ballhorn tiene asumido un enfoque unilateral de la
concepción del mundo de Marx y Engels: habla de la crítica de los fundadores a
la filosofía clásica alemana, pero no es capaz de ver en esta misma crítica la
formación y el desarrollo de la filosofía marxista; habla de la crítica a la
economía política clásica inglesa, pero no es capaz de ver en esta misma
crítica la formación y el desarrollo de la economía política marxista.
En «Tres fuentes y tres partes», Lenin señaló con toda razón:
Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al
proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que han vegetado hasta
hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la
situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo. (Marx, Engels, Marxismo, p. 66).
No obstante, como se ha visto, Ballhorn
niega sin más la existencia de la filosofía y la economía política marxistas y,
de esta forma, niega el hecho de que, desde el principio, la concepción
comunista del mundo apareció con sus tres partes integrantes interactuando
dialécticamente entre sí.
Notas
24.05.2019.
Nota:
El
presente artículo, escrito a cuatro manos,
prueba de la manera más irrefutable la descomposición ideológica y moral de
Jaime Lastra y su acólito Carlos Moreno, su irrefrenable utilización de la
mentira, de la calumnia, de la sofistería y de otros métodos criollos, así como
la actitud servil de quienes acompañan la tramposa “reconstitución” de Lastra,
reconstitución que, como se desprende limpiamente de sus acciones, se reducen a
unificar a revisionistas, liquidadores y oportunistas de todo pelaje. ¡Los
ratones de despenseros! El hecho de que durante casi dos años (desde el
“Pronunciamiento” del CRJCM del 31 d setiembre de 2024) Israel Terry no se ha atrevido
a desmentir lo que sostenemos en el artículo que republicamos (seguramente por
no caer en la miseria moral de los Lastra y los Moreno), es la mejor prueba de
la verdad que nos asiste y de la falsaria actitud de estos dos liquidadores.
Todo
marxista sabe que si decir la verdad es revolucionario, decir mentiras es
reaccionario.
01.08.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
La Verdad se Busca en los Hechos
César Risso/Eduardo Ibarra
PREVIAMENTE
CITADO, el 17 de agosto de 2024 el suscrito César Risso se vio con Israel
Terry, quien le alcanzó una propuesta de Jaime Lastra, según la cual el CRJCM
estaba “invitado” a participar en “una escuela” que desarrollaría el siguiente
temario: 1) la coyuntura política y la necesidad histórica del partido del
proletariado; 2) el proceso de reconstitución del Partido Socialista fundado
por Mariátegui; y, 3) situación actual de la reconstitución. Según la
propuesta, el primer punto sería desarrollado por Ramón García (cabeza de un
grupo negador del marxismo-leninismo, del partido de clase, de la
Reconstitución, etc.); el segundo sería desarrollado por Eduardo Ibarra
(miembro del CRJCM); y el tercer punto por César Risso (igualmente miembro del
CRJCM) y el propio Lastra (cabeza del grupo proponente de la “escuela”, grupo
distinguido, hasta ese momento, por su oportunismo de derecha).
El objetivo de la “escuela”, según dijo
Terry, era “fortalecer un núcleo de dirección” que asumiera la tarea de
impulsar la Reconstitución. De esta forma el oportunismo de derecha del grupo
de Lastra devino liquidacionismo de derecha. Cualquier marxista puede entender
que amalgamar en un mismo organismo de tipo partidario a marxista-leninistas
(CRJCM) y liquidadores (grupos de García y de Lastra) equivale, sin discusión,
a liquidar el partido de clase y, por consiguiente, la propia reconstitución
del partido de Mariátegui.
Lo que vino después es historia que
resumimos del modo siguiente: “Pronunciamiento” del CRJCM (con fecha del 31 de
agosto de 2024 y publicado en la edición de CREACIÓN HEROICA del 1 de setiembre
del mismo año); publicación en la edición del 1 de febrero de nuestro blog el
artículo “El liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra y la reconstitución del
partido de Mariátegui”, de Eduardo Ibarra; publicación en el número 34 del blog
que dirige Lastra de un artículo firmado por el “CCH”, pero escrito por el
mencionado, así como el artículo “Breve comentario sobre un artículo de Eduardo
Ibarra”, de Carlos Moreno; publicación en la edición de marzo de nuestro blog
del artículo “Falsificaciones e infundios en defensa del liquidacionismo de
derecha”, de César Risso, y el comienzo
de la publicación en partes del artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos
Moreno”, de Eduardo Ibarra; un comentario de Carlos Moreno colgado en el índice,
enviado por nosotros, de la edición de julio de CREACIÓN HEROICA.
Los cínicos recursos con los que, en su aludido artículo,
Lastra pretendió negar su propuesta de constituir “un núcleo de dirección” como
el indicado arriba, se explican no solo porque, como cualquier persona de
mentalidad pequeño burguesa, no reconoce su caída en uno de los dos más
extremos oportunismos, como es el liquidacionismo (el otro es el
socialchovinismo), sino también, porque, según puede entenderse ahora, su
propuesta de constituir el mencionado “núcleo” fue una iniciativa a espaldas de
los activistas concurrentes a la “escuela”, que más tarde Lastra llamó
“conferencias”. Este hecho pone al descubierto que todo lo que hace Lastra es
engañar y utilizar a dichos activistas para consumar su plan de liquidar el
partido de clase y, por lo tanto, liquidar la Reconstitución. Y todo esto, ¡precisamente
a nombre de la Reconstitución! Así que ningún activista que se autoestime, puede
seguir poniéndole las espaldas a Lastra para que cabalgue sobre ellas.
La reconstitución del partido de Mariátegui solo puede
llevarse hasta el fin sin el liquidacionismo y contra el liquidacionismo. Esta
es una verdad indiscutible para cualquier marxista.
Pues bien, volvamos al principio. Como marxistas sabemos
que la verdad se busca en los hechos, y lo reseñado en los dos primeros
párrafos del presente artículo son los hechos. Frente a ellos, solo caben dos
actitudes: revolcarse en la miseria moral que significa negarlos con las más escandalosas
falacias y las más viles calumnias, como han hecho Lastra y Moreno, o asumir
honradamente el reconocimiento de los mismos. Hoy Israel Terry se encuentra
ante esta disyuntiva. Si, por razones subalternas, asumiera la primera actitud,
los marxistas lo considerarán como tendrían que considerarlo; si asumiera la
segunda, ello significaría que en el grupo de Lastra todavía hay quien no se ha
olvidado que, en el plano de la conciencia, el marxismo es la dignidad del
hombre, y, en el plano de la política, la busca de la verdad en los hechos
expresa la condición revolucionaria de los luchadores de la causa proletaria.
31.08.2025.