jueves, 4 de junio de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

Elecciones Nacionales en el Perú en el Contexto de la Ofensiva de Estados Unidos Contra América Latina

Santiago Ibarra

LA SITUACIÓN INTERNACIONAL es parte de la realidad nacional. Especialmente, la nueva estrategia de seguridad y la política expansionista de los Estados Unidos es parte de la realidad nacional de cada uno de los países latinoamericanos, del Medio Oriente, China, Rusia y otros países más. Estados Unidos es una potencia imperialista en franco declive, pero se resiste con uñas y dientes a dejar su posición hegemónica. Esto quiere decir que Estados Unidos intenta conservar tal posición a escala mundial, y no solo a nivel latinoamericano. Por eso hace guerras y perpetra genocidio en Medio Oriente, conjuntamente con Israel. Por eso busca obstaculizar la acumulación y el desarrollo de China. Por eso busca derrotar a Rusia, conjuntamente con la OTAN (aunque ha reducido la importancia de su participación económica en este último en los últimos tiempos).

Específicamente, frente al desafío que significa China para el imperio del norte, busca recolonizar y controlar a cada uno de los países latinoamericanos para acceder gratuitamente o a precio de gallina muerta a sus recursos naturales: petróleo, minerales críticos, litio, etc. A la vez, busca que cada país compre los productos manufacturas estadounidenses y que cada país expulse a China y a Rusia de sus países, como lo ha hecho Panamá, Chile (Kast ha dejado en suspenso el proyecto de los cables que conecta a este país con Asia).... En Perú, Estados Unidos busca que expulsen a China del puerto de Chancay. En Venezuela Estados Unidos se ha apoderado de su petróleo.

Las relaciones internacionales se muestran como lo que son, no como relaciones de países libres, iguales y soberanos, sino como relaciones de dominio entre países imperialistas y países subdesarrollados.

Sometiéndonos a nosotros, Estados Unidos busca conservar la primacía a nivel mundial. Sometiéndonos a nosotros, Estados Unidos busca enfrentar en mejores condiciones a la competencia china.

Así, para Latinoamérica (y, en general, para el Sur Global), Estados Unidos es el enemigo mayor. Internamente, en Latinoamérica, consiguientemente, la izquierda o, si se quiere, las izquierdas, deben unir sus fuerzas para enfrentar a la amenaza mayor. No sería la primera vez que se use una táctica de este tipo: durante la segunda guerra mundial la Unión Soviética se unió con Inglaterra, Francia, Estados Unidos y otros para enfrentar a la amenaza mayor que en ese momento eran los alemanes nazis. Y le ganaron a Alemania, gracias especialmente a la Unión Soviética.

En las próximas elecciones nacionales en el Perú hay que tener claro que Keiko Fujimori es la candidata de Estados Unidos. Ella facilitará que se hagan nuevas bases militares estadounidenses en el Perú. Ella será peón de Estados Unidos y, de acuerdo a la línea de esta potencia en decadencia, impondrá nuevas privatizaciones y mayor desregulación del mercado laboral. Y, desde luego, impondrá nuevas represiones contra el pueblo trabajador si lo considera necesario, prolongando el largo historial de masacres que el Estado ha perpetrado contra nuestro pueblo a lo largo de la historia republicana.

Votar por Sánchez es votar contra Estados Unidos y la oligarquía peruana. Eso no significa extenderle a Sánchez un cheque en blanco. Habrá que exigirle resultados y un plan de desarrollo nacional si gana. Para ello se requiere que la gente vaya a votar sin miedo al imperio del norte. Sin miedo a sus amenazas y a sus bravuconerías.

El voto nulo es un voto funcional al imperio. Para que la opción del imperio sea derrotada, no hay otra opción que votar por Sánchez.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Voto Viciado, ¿Autodefensa Táctica o Purismo Pequeño-burgués?

Marcelo Ñaupari

LOS ACTUALES DEFENSORES de la táctica del voto viciado se oponen a un apoyo cómplice electoral de algunos sectores de izquierda acrítica, que sin perspectivas de cambio olvidan su tarea propagandizar en la población el real carácter del estado burgués, crítica que también creemos necesaria.

          Sin embargo, esta segunda vuelta amenaza con posicionar con un poder totalitario a las facciones más reaccionarias y violentas de la ultraderecha, en este caso el llamado al voto viciado se presenta como el voto de “purismo ideológico”. Sin embargo, esta postura no es más que moralismo pequeño-burgués disfrazado de intransigencia revolucionaria.

       Votar por una alternativa reformista como Juntos por el Perú (JP) no cae en la creencia ingenua de que buscará una transformación sustancial de las estructuras económicas del capitalismo peruano. JP, por sus limitaciones ideológicas y programáticas, opera dentro de los márgenes del Estado burgués.

En este momento, un respaldo táctico no es una claudicación hacia el reformismo. El voto hacia la coalición JP es más un mecanismo de autodefensa de la clase trabajadora para preservar condiciones mínimas de organización y movilización, que sabemos que en un posible gobierno de Fujimori se verían criminalizadas y perseguidas con altos costos de recuperación. Especialmente porque ningún partido cuenta con la organización suficiente para hacerle frente a todo este aparato represivo; ni siquiera se tiene la capacidad de llamar al voto viciado y convocar a grandes masas, especialmente a las proletarias que sí entienden el peligro de este voto.

Votar contra la ultraderecha es un acto de legítima defensa para preservar las condiciones mínimas de organización y supervivencia del tejido popular. La opción que ofrece la reacción no es "más de lo mismo", pues la ultraderecha peruana actual representa la necesidad del gran capital de totalizar el poder mediante el uso sistemático de la violencia estatal y la liquidación de las libertades democráticas básicas.

Los que mencionan "todos son iguales" o que el triunfo de la reacción "agudizará las contradicciones", cometen un error metodológico fatal, pues caen en un idealismo metafísico que ignora la destrucción física de las herramientas organizativas del proletariado (sindicatos, frentes de defensa, partidos de vanguardia).

Quienes teorizan la necesidad de que la derecha más sanguinaria gobierne para que el pueblo "despierte", no son los que pondrán los cuerpos en los barrios populares ante la primera ráfaga del aparato represivo. Es un cinismo de la pequeña burguesía intelectual que posee la capacidad material para sobrevivir al terror de Estado. Para el proletariado y el campesinado la muerte y la prisión no son consignas poéticas, son tragedias materiales que descabezan y retrasan los procesos organizativos reales por décadas.
Un voto táctico no anula la preparación inmediata para enfrentar las contradicciones que un eventual gobierno reformista de JP desatará, muy por el contrario, crea condiciones objetivas sustancialmente más favorables para el trabajo político con las masas.

El verdadero trabajo de esclarecimiento es evidenciar los límites del reformismo ya que, al empujar al gobierno reformista a cumplir con las masas, se chocará inevitablemente contra el muro del Estado burgués y los intereses del imperialismo. Sin superar la conciencia reformista las masas no romperán con sus ilusiones reformistas. Esto se logrará solo a través de su propia experiencia práctica. Al ver que el gobierno por el que votaron se frena ante el poder de la oligarquía, la necesidad de la organización revolucionaria independiente se vuelve evidente para miles. Se esclarece empujando al gobierno reformista a buscar conquistas parciales que fortalezcan la moral, el poder organizativo y la conciencia de clase del pueblo trabajador.

Los comunistas buscamos las contradicciones de un gobierno reformista porque sabemos que supone la posibilidad de elevar la conciencia del pueblo, además de mantener condiciones de agitación política y para prepararnos mejor para los combates del mañana.

 

Reconstitución

Nota:

El presente artículo es una contribución a la construcción orgánica del Partido y, particularmente, a la reconstitución del partido de Mariátegui. El artículo analiza cada una de las cuestiones importantes de la construcción orgánica del Partido, entre las cuales destacamos aquí aquella que trata de la organización partidaria como materialización de la doctrina, materialización que no hay que entender como que ella se expresa solamente en las estructuras del Partido sino también, al mismo tiempo, en los militantes, quienes deben ser la encarnación de la doctrina tanto en su pensamiento como en su acción: adhesión incondicional al marxismo-leninismo, capacidad de fusionar la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana, capacidad de orientarse independientemente ante cada problema y de actuar mancomunadamente en la práctica común de la militancia. 

Lo que hemos sostenido sobre el artículo “La línea política general del Partido”, vale también para el artículo que publicamos ahora: si hace falta, serán perfilados mejor algunos de sus pasos, agregaremos algunos argumentos o desagregaremos algunas afirmaciones o, en su defecto, mantendremos los términos del texto a fin de aprobarlo como documento básico de la Reconstitución. 

El artículo será publicado en partes y se recomienda a los lectores debatirlo colectivamente. 

01.06.2026.

Comité de redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


La Línea Orgánica del Partido 

(Primera Parte) 

Eduardo Ibarra 

LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO es, en esencia, la materialización de su línea ideológica, su línea teórica y su línea política. Por eso, suele decirse que la organización partidaria es la materialización de la doctrina. Por eso también, la línea orgánica del Partido es una cuestión clave en la construcción partidaria en  general y, particularmente, en la reconstitución del partido de Mariátegui. 

       Para que el pensamiento partidario sea un pensamiento materialista y dialéctico, un pensamiento que se apoye íntegramente en la realidad, en los hechos, y que, por lo tanto, opere sobre el ambiente, sobre el medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades, se requiere, como es lógico, que el Partido aplique el marxismo-leninismo al conocimiento y definición de los problemas del Perú. Solo sobre esta base puede hacerse realidad la integración de la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana. Pero, naturalmente, la realización de esta tarea exige una correcta línea orgánica, esto es, la más perfecta articulación entre los principios organizativos materializados en la estructura del Partido y la cualidad ideológica, teórica y política de sus militantes.     

La línea orgánica del Partido comprende varios aspectos que pasamos a exponer. 

El partido del proletariado se construye de arriba abajo. Como se sabe, el marxismo no es un producto espontáneo del movimiento obrero. Engels señaló al respecto: 

El socialismo moderno es, en primer término, por su contenido, fruto del reflejo en la inteligencia, por un lado, de los antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y desposeídos, capitalistas y obreros asalariados, y, por otro lado, de la anarquía que reina en la producción. Pero, por su forma teórica, el socialismo empieza presentándose como una continuación, más desarrollada y más consecuente, de los principios proclamados por los grandes ilustrados franceses  del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos materiales económicos, hubo de empalmar, al nacer, con las ideas existentes. (Del socialismo utópico y al socialismo científico). 

Así, pues, en determinadas condiciones del desarrollo del capitalismo y de lucha entre la burguesía y el proletariado, el marxismo surgió como un desarrollo consecuente del pensamiento social. El movimiento obrero espontáneo solo pudo producir, para ser breves, el comunismo utópico de Weitling en Alemania y de Cabet en Francia.      

Así las cosas, se comprende que el Partido se construye de arriba abajo, es decir, desde el marxismo-leninismo. 

Ya Lenin sostuvo que el partido socialdemócrata surgió en Rusia independientemente del movimiento obrero, y el Partido Socialista del Perú surgió igualmente de forma independiente del movimiento espontáneo. 

Mariátegui señaló: 

En Lima, donde se ha constituido el primer núcleo de industrialismo, es también donde, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación, se ha balbuceado o se ha pronunciado la primera resonante palabra de marxismo. (7 ensayos). 

La Reunión de La Herradura acordó: 

1º- Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú). 

Y, la Reunión de Barranco resolvió: 

1º- Dejar constituido el grupo organizador del Partido Socialista del Perú.

3º- La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas. (Ob. cit.). 

Es decir, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación peruana, surgió el marxismo como resultado de la actividad consciente de Mariátegui y, sobre esta base, el Partido Socialista del Perú surgió como producto de la decisión de un grupo de marxistas. 

El partido del proletariado es, pues, el producto de la acción de los marxistas que se organizan para la lucha por el poder y el socialismo. Por eso, a la vez que se construye en medio de la lucha de clases, se construye también en medio de la lucha interna, y señaladamente en medio de la lucha entre las dos líneas. 

El principio de construir el Partido de arriba abajo es la primera cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer. 

El carácter clandestino del Partido. En el artículo “El partido ilegal y el trabajo legal”, Lenin señala: 

El problema del partido ilegal y del trabajo legal de los socialdemócratas en Rusia es uno de los principales que encara el Partido; viene ocupando al POSDR durante todo el período posrevolucionario y ha dado lugar a la más enconada confrontación en el seno del mismo. (Obras completas, Editorial Progreso, t. 22; cursivas en el original). 

El citado artículo de Lenin data de noviembre de 1912 y la circunstancia que analiza es el período posterior a la revolución de 1905, o sea, los años en que el Partido hubo de luchar contra el liquidacionismo que intentaba suprimir el partido clandestino y reemplazarlo por una “asociación informe” (Lenin). En la Rusia de entonces, el liquidacionismo se presentaba como el intento de liquidar el “viejo” partido marxista, clandestino, suplantándolo por un partido sin una unidad marxista, por un partido legal. Así, pues, la quintaesencia del liquidacionismo, en la Rusia zarista como ahora en el Perú, es el intento de liquidar el partido de clase. 

En el mismo lugar, Lenin agrega: 

El Partido se compone de células socialdemócratas ilegales que deben crear sus “propios puntos de apoyo para el trabajo entre las masas” en forma de una red, lo más amplia y ramificada posible de sociedades legales. (…) La conclusión básica derivada de nuestra valoración del momento, de la valoración hecha por el Partido, consiste en que la revolución es necesaria y se aproxima. Han cambiado las formas de un desarrollo que conduce a la revolución, siguen en pie las viejas tareas de la revolución. De ahí la conclusión: las formas de organización deben cambiar, las formas de las “células” deben ser flexibles, su ampliación pasará a menudo no por la ampliación de las propias células sino de su “periferia” legal, etc. Todo esto se ha dicho muchas veces en las resoluciones del Partido. (…) Ahora bien, el cambio de las formas de la organización ilegal no se encubre en modo alguno con la fórmula de “adecuarla” al movimiento legal. ¡Eso es completamente otra cosa! Las organizaciones legales son puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales. O sea, que cambiamos la forma de ejercer influencia a fin de que nuestra influencia anterior trascurra en la orientación ilegal. (…) Por la forma de las organizaciones, lo ilegal se “adecúa” a lo legal. Por el contenido del trabajo de nuestro Partido, la actividad legal “se adecúa” a las ideas ilegales. (…) Júzguese, pues, cuán insondable es el pensamiento de nuestros liquidadores cuando son capaces de aceptar la primera premisa (la forma de trabajo), mientras echan en olvido la segunda (el contenido del mismo). (…) El Partido Socialdemócrata es ilegal tanto “en conjunto” como en cada una de sus células y –lo que es mayormente esencial– en todo el contenido de su trabajo, que difunde y prepara la revolución. Por ello, el trabajo más abierto de la célula más abierta del Partido Socialdemócrata no puede ser considerado como “conducción abierta del trabajo partidista” (cursivas y negritas en el original). 

Aquí hay varios puntos a analizar. Las células del Partido solo pueden vivir en relación con las masas; por eso cada una de ellas debe ser parte nuclear de organismos legales que le sirvan no solo de cobertura sino también, a la vez, de una forma de mantenerse ligadas a las distintas capas de las masas trabajadoras, de manera tal que les sea posible ampliar y desarrollar el trabajo del Partido entre ellas; así, como ocurre en la biología, la células pueden reproducirse. 

       La revolución peruana es necesaria, aunque todavía no pueda decirse que se aproxima, salvo que se produzca una brusca agudización de la actual situación mundial que repercuta fuertemente en la situación nacional. En las presentes condiciones nacionales de democracia burguesa, la lucha legal no significa ni puede significar la caducidad de las tareas de la revolución; solo significa que su desarrollo ha cobrado nuevas formas, las mismas que deben coadyuvar al desarrollo del cauce de la revolución como es la lucha directa de las masas. El lector puede entender muy bien las consecuencias que esto tiene en los planos del programa, la táctica, la propaganda, la agitación y la organización que el Partido debe sostener en su trabajo legal. Así, pues, no es el trabajo ilegal el que debe adecuarse al trabajo legal, sino el trabajo legal el que debe adecuarse al trabajo ilegal, o sea, a la realización de las tareas revolucionarias. 

       La clandestinidad del Partido no es ni puede ser ocultismo. Como hemos visto, Lenin sostiene que “Las organizaciones legales son puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales”. ¿Cuáles son estas ideas? Pues las ideas del socialismo científico, de la teoría partidaria, y particularmente aquellas del programa y de la táctica del Partido. Esto significa que, en la lucha electoral, por ejemplo, el Partido, si de verdad está empeñado en desarrollar la conciencia de clase del pueblo, no puede renunciar a la propaganda marxista. Por eso, Mariátegui señala con toda claridad: 

Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera. (Ideología y política) 

Esta cita tiene un alcance general. En efecto, en todo momento es necesaria la propaganda antiimperialista y la propaganda de las ideas del socialismo científico y de la teoría partidaria y, específicamente en tiempos de elecciones, esta necesidad es especialmente importante. Por eso, reemplazar el programa revolucionario por uno de carácter meramente electoral, es rebajar la propaganda al nivel de reivindicaciones que no cuestionan las bases del régimen capitalista (como puede verse en los distintos programas electorales de las izquierdas con comillas y sin comillas), y, por lo tanto, es no cumplir realmente con la tarea de propagandizar el socialismo científico y la teoría partidaria. Así, pues, en los programas electorales las tareas revolucionarias son puestas a un lado, convirtiendo de esta forma el trabajo legal en algo opuesto al contenido del trabajo ilegal. Cuando el liquidacionismo dice que al gobierno se accede con el programa mínimo, lo que está diciendo es, precisamente, que hay que aspirar a ser gobierno; en otras palabras, está diciendo que el camino de la toma del poder pasa por ganar primero el gobierno. Lenin señala a propósito de esta creencia: 

Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder. (Obras escogidas en doce tomos, t. X).          

En el Manifiesto Comunista Marx y Engels sostienen que “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos”. Por eso no se entendería que el propio Partido limite su intervención en la lucha electoral reemplazando el programa revolucionario con un programa electoral y, de esta forma, prescinda de las ideas ilegales en las formas de la actividad legal, cuando, como es natural, es completamente necesario luchar por el derecho a la existencia activa del marxismo-leninismo y de la teoría partidaria. ¿No es esto lo que hizo Mariátegui al propagandizar, a plena luz del día, su interpretación marxista de la realidad peruana y el propio marxismo? ¿No es esto lo que hizo, cuando, a raíz del presunto “complot comunista”, en la carta del 10 de junio de 1927 dirigida al diario La Prensa, señaló con especial énfasis: “Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas, expresadas claramente en mis escritos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista ‘Amauta’, fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación”?; “Remito a mis acusadores a mis propios escritos, públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso…”; “No rehúyo ni atenúo mi responsabilidad. Las de mis opiniones las acepto con orgullo. Pero creo que las opiniones no están, conforme a la ley, sujetas al contralor y menos a la función de la policía ni de los tribunales?” ¿No es esto, finalmente, lo que hizo cuando, en “Lineamientos programáticos del Partido Socialista”, estableció el marxismo-leninismo como la base de unidad del Partido y concluyó que la militancia asumía “la misión de defender y propagar sus principios” y que “las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena… sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverantemente y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo”? (Ideología y política). 

El trabajo legal del Partido no debe ni puede ser legalismo. Presentar un programa electoral en lugar del programa revolucionario, es hacer que las ideas ilegales del Partido se diluyan en el trabajo legal, es, por lo tanto, rebajar los fines de la lucha de clase del proletariado y creer, como ya está dicho, que se puede acceder al gobierno como paso previo para la toma del poder. 

Naturalmente, en determinadas circunstancias electorales la intervención del proletariado consciente puede exigir la agitación de un programa electoral que, por razones obvias, no puede caer, por ejemplo, en la ingenuidad política de que es probable una industrialización independiente del Perú sin la toma del poder y en la actitud nada nacionalista de no exigir la expulsión de las bases militares del imperialismo yanqui, como puede constatarse en algunos aludidos programas. Pero, además, al presentarse la necesidad de intervenir en la lucha electoral, no hay razón ninguna para que, paralelamente a la agitación del programa electoral, se agite también el programa revolucionario. Solo haría falta deducir de la situación concreta la forma de realizar esta tarea. 

En la lucha que desarrolla el Partido en el terreno de la democracia burguesa, lo expuesto sobre los conceptos de Lenin a propósito del trabajo ilegal y el trabajo legal, tiene, naturalmente, fuerte consecuencia en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Para referirnos a lo medular del problema de la Reconstitución, dicha consecuencia puede expresarse mediante esta pregunta: ¿partido de clase, como el Partido Socialista del Perú fundado el 7 de octubre de 1928, o partido doctrinariamente heterogéneo, como lo ha intentado y sigue intentándolo el liquidacionismo de derecha en sus dos matices? 

       Así, pues, bajo la dictadura de la burguesía, incluso si ella existiera bajo su forma democrática, el partido proletario no puede ser sino un partido clandestino o, para decirlo de otro modo, un  partido con un estatus legal, pero con un aparato clandestino. Mao indica al respecto: 

En algunos países capitalistas se permite, es cierto, la existencia legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto en que éste no ponga en peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no se le permite ir más allá de ese límite. (Obras escogidas, t. II). 

Es decir, el punto hasta el cual la burguesía permite la acción legal del Partido, es aquel que no signifique la aplicación de las ideas ilegales del Partido y, sobre esta base, el desarrollo de la lucha por el poder. La dictadura de la burguesía puede, en determinadas circunstancias, aceptar la intervención del partido proletario con un programa electoral, es decir, puede aceptar la lucha por el gobierno pero no por el poder; es decir, solo puede aceptar la administración del régimen capitalista, que es lo que traducen los programas electorales de la izquierda con comillas y sin comillas.      

El Partido Socialista del Perú dio ejemplo concreto de la forma en que relacionaba su trabajo ilegal y su trabajo legal. En circunstancias en que se aprestaba a surgir públicamente o, mejor dicho, en que se disponía a posicionar su red pública en la vida política nacional, tomó el siguiente acuerdo: 

Por unanimidad se aprobó enseguida la segunda parte de la moción de orden del día, conforme a la cual, todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, suscriben el Manifiesto y documentos, reservándose el C.E. la designación de los que en delegación del P. deben suscribirlo al ser dados a la publicidad, designación para la cual el C.E. tendrá en cuenta el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia de tal elección. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t. I). 

En el libro Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui, se comenta así el citado acuerdo:      

el intentado «surgimiento público» del Partido no hubiera negado su carácter clandestino, pues si bien el Acta de la Reunión dice que «todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, deberán suscribir el Manifiesto y documentos», dice también que el Comité Ejecutivo se reserva «la designación de los que en delegación del P.» debían suscribir tales materiales, designación que debía cautelar «el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia de tal designación». Es decir, la firma de todos los miembros del CC y de los grupos de provincias, era exclusivamente para fines internos, mientras que, para fines externos, solo algunos militantes debían suscribir el «Manifiesto» y demás documentos. Este hecho prueba que el «surgimiento público» del PSP no hubiera significado su legalización, sino el surgimiento de su red legal; no la negación de su carácter clandestino, sino el posicionamiento del PSP en la vida política pública del país. 

Entonces, es claro que desde los tiempos de Mariátegui el Partido fue construido como un partido clandestino, y esta realidad histórica es absolutamente innegable. Por eso, hoy como ayer, es completamente pertinente la idea según la cual el partido es clandestino o no es nada. 

       El principio de la clandestinidad del Partido bajo la dictadura de la burguesía, es la segunda cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer. 

10.02.2026.



Nota:

 

Este artículo fue escrito cuando su autor no tenía conocimiento de la renuncia de Lastra al “marxismo-leninismo-maoísmo” y su paso al “marxismo-leninismo”. No obstante, hay que destacar que el artículo subraya que aquel “m-l-m” era falso. Y como se ha subrayado en otro artículo, su actual “m-l” también es falso. La verdad es esta: Lastra es liquidador, y esta posición suya es cosa largamente demostrada.

 

01.09.2015.

Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

La Tramposa Reconstitución

de Jaime Lastra 

E. I. 

LA LUCHA POR la defensa de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui tuvo su punto de arranque con anterioridad al uso del término Reconstitución: allá por los años treinta, después de que la camarilla de Ravines asumiera el poder en el CC del partido y diera inicio a la “desamautización” del Partido, la militancia marxista-leninista dio comienzo a la lucha por la defensa de aquellos Fundamentos. Aunque esta lucha germinal fue más intuitiva que consciente y más parcial que integral, puede considerarse que ella es el antecedente histórico de la Reconstitución. La limitación que presentaba esta lucha en defensa de Mariátegui, se explica por la dispersión de la obra escrita mariateguiana, no obstante la publicación de La escena contemporánea (1926) y de 7 ensayos (1928). En los años treinta y en las dos décadas siguientes, en las filas partidarias nadie tuvo la iniciativa de reunir en un volumen los escritos políticos de Mariátegui dispersos en Amauta, Labor y otras publicaciones, lo que le hubiera permitido a la militancia contar con un conjunto orgánico de textos sobre problemas tan fundamentales como el marxismo-leninismo, el partido de clase, el deslinde con las desviaciones del marxismo, la organización de las masas, entre otras cuestiones. Como se sabe, la recopilación La organización del proletariado fue publicada por el Partido en 1967 y la primera edición de Ideología y política data de 1969; por lo demás, las Obras completas de Mariátegui empezaron a publicarse recién a partir de la década de 1950 (la mayoría de sus volúmenes vieron la luz en 1959 y 1970). Como era natural que sucediera, la publicación de estas Obras fue un acontecimiento que impulsó poderosamente la lucha por retomar el pensamiento mariateguiano. La militancia del Partido, premunida ya de un conocimiento vasto de este pensamiento, pudo entonces asumir y acometer la lucha por su retoma en condiciones teóricas mucho mejores que aquellas con que contaron las generaciones anteriores. 

Así, pues, en los años sesenta la lucha por la Reconstitución cobró ya este nombre apropiado, y fue perfilando su contenido, aunque equivocando su objetivo por la concepción limitada y limitante de “reconstituir el Partido para la guerra popular”. Lógicamente, en la mayor parte del indicado período, la Reconstitución se presentaba como una lucha parcial y no general, legítima y no legal en la vida partidaria. Solo con la realización de la VI Conferencia Nacional en enero de 1969, la Reconstitución cobró rango de acuerdo partidario. La propuesta fue de Abimael Guzmán, quien publicó en Bandera Roja n° 44 (enero-febrero de 1969) el artículo “Reconstituir el partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”. Esta fue la concepción de la Reconstitución que se impuso en el Partido. 

Pues bien, en el artículo “El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, publicado en el número 35 del espurio blog Creación Heroica, firmado por un llamado “Comité Creación Heroica”, pero escrito por Jaime Lastra, puede leerse lo siguiente: “En un documento emitido por el Partido en el año 1973 decía” (sic), y acto seguido se cita un párrafo del escrito “El desarrollo de las ideas marxistas en el Perú”. Pero nuestro personaje se cuida de referir que lo que hace es citar a la cabeza del liquidacionismo de “izquierda” de los años setenta, el mismo que a la sazón condujo a la organización partidaria al ocultismo y a la desactivación allí donde pudo; sobre esta realidad histórica, Lastra no dice absolutamente nada; es decir, sin el menor escrúpulo, silencia el hecho de que desde el II Pleno del CC (1972) hasta el Quinto Pleno (1975), se desenvolvió la lucha contra el liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García.(1) 

Más adelante, como es característica de sus artículos, en el que nos ocupa –muy mal escrito, lo que no extraña– Lastra se limita a describir algunos hechos y no a analizarlos en relación a la línea y el camino que corresponde seguir en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. 

       Así, luego de escribir que en el “campo” de quienes “persisten en reivindicar la necesidad de culminar la tarea de la reconstitución de la vanguardia”, “se manifiestan dos tendencias fundamentales”, nuestro liquidador dice: 


Una, que reformulando la Base de Unidad Partidaria y sacando lecciones de la experiencia de estos (sic) más de medio siglo, reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui. Con esta posición ha desarrollado una lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución. (Caso de un oportunismo de derecha que renegaba de la reconstitución y caso de un oportunismo de izquierda que tergiversaba y liquidaba la reconstitución). Otra que, habiendo distorsionado base, contenido y objetivo de la reconstitución, terminó llevando a buen sector de la militancia de vanguardia y también del pueblo, a una derrota político-militar en una guerra interna que tuvo un elevado costo. 

(Entre paréntesis: hace ya doce años, en sus tiempos de “maoísta”, Lastra escribió el artículo “¿Reafirmación o reformulación de la Base de Unidad Ideológica?”, en el cual sostiene que hay que “reformular la Base de Unidad Partidaria” y, naturalmente, conforme a su “maoísmo”, reformularla a favor de la denominación de la doctrina como “marxismo-leninismo-maoísmo”, como se desprende de su artículo «El marxismo y su desarrollo», circulado en fecha próxima al anteriormente mencionado (ver nuestro artículo “La verdad universal del proletariado y la reconstitución”). Ahora, sin explicar absolutamente su renuncia al “m-l-m”, Lastra propone como base de unidad ideológica “la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao”, haciendo así a un lado la denominación políticamente exacta de la doctrina: marxismo-leninismo). 

Ahora bien, la “lucha de ideas” de la que habla Lastra, ¿contra quiénes fue? Todo indica que nuestro personaje toma un período de tiempo bastante prolongado (1970-2015 aproximadamente), para decir lo que dice “contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución”. En este período, el liquidacionismo de derecha de Saturnino Paredes se opuso desde un principio a la Reconstitución y, luego, el liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García también se opuso a la Reconstitución, aunque no en el discurso sino en los hechos al conducir a una de las bases del Partido al ocultismo y a la desactivación. En este mismo período Abimael Guzmán llevaba adelante su “reconstitución del Partido para la guerra popular” y solo en la segunda década del presente siglo García terminó renegando abiertamente de la Reconstitución. Estos hechos no han sido tomados en cuenta por Lastra, quien, además, silencia el carácter liquidacionista de la posición asumida por Paredes desde la Sexta Conferencia y el carácter igualmente liquidacionista, aunque de signo “izquierdista”, de la posición de García asumida desde principios de la década del setenta y su transformación en liquidacionismo de derecha en el presente siglo. Preguntémonos, pues: en este largo período, ¿cuál es la “lucha de ideas” que llevó adelante Lastra contra las desviaciones anotadas? Concretamente: ¿dónde están las conclusiones teóricos de la presunta “lucha de ideas” desarrollada por el aludido? Sencillamente, tales “conclusiones” no existen. La crítica que ha hecho Lastra de la desviación representada por Abimael Guzmán gira alrededor de otras cuestiones (repitiendo en algunos casos ideas nuestras y de otros autores presentadas como si fuesen suyas), y muy escasamente sobre la Reconstitución, aunque, aquí también, por lo menos en un caso, repitiendo ideas nuestras. Peor todavía: ya en el presente siglo, Lastra ha evitado reconocer el carácter liquidacionista de la posición de García con respecto a la Reconstitución y adula publicitando a algunos de sus seguidores. 

Es evidente que Lastra presenta a su grupo como representante de una de las dos “tendencias fundamentales” que “persisten” en “la reconstitución de la vanguardia”, precisamente de aquella que pretende “reformular” la BUP y que, “sacando lecciones de la experiencia… reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui”. Con respecto a esta afirmación, es necesario, en principio, precisar que la Reconstitución no es “la reconstitución de la vanguardia”, así en general (es decir en términos imprecisos), sino concretamente la reconstitución del partido de Mariátegui. En política, como en relación a cualquier otro asunto, no se puede ser ambiguo. En el caso que nos ocupa, la ambigüedad de Lastra (ambigüedad a pesar de su frase “reivindica los fundamentos ideológico-políticos…”, pues, como es de conocimiento común, en ninguna parte ha expuesto nunca tales fundamentos, limitándose, por ejemplo, a hablar de la “línea política general del Partido”, pero sin precisar sus elementos que la componen) pone en evidencia que no tiene claras las cosas ni siquiera cuando simula ser partidario de la Reconstitución. Por eso, subrayamos: la Reconstitución es la reconstitución del partido de Mariátegui o no es nada, es decir, es la defensa, la actualización y el desarrollo de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, tarea que hace la base teórica insustituible de la Reconstitución y sobre la cual el Partido puede llevar a cabo su construcción y realizar un correcto trabajo de masas (ver, a propósito del tema, nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, El partido de Mariátegui hoy: Constitución, nombre, reconstitución y Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui, así como nuestros artículos “La línea ideológica del partido”, “La línea teórica del partido”, “La línea política general del partido” y “La línea orgánica del partido”). Ocurre, sin embargo, que lo que ha hecho Lastra en catorce años es todo lo contrario: suplantación del marxismo-leninismo por el liberalismo en su trabajo partidista y frentista; tergiversación y oposición a la Creación Heroica de Mariátegui (y particularmente oposición a importantes aspectos de la línea política general de la revolución peruana: táctica, frente unido, etc.); oposición a la organización de un partido de clase (ver “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”). Así que, aquella insinuación de que su grupo “ha desarrollado una lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la reconstitución”, es una afirmación rotundamente desmentida por su larga práctica de maridaje con todo tipo de oportunismo y antimariateguismo y, ahora mismo, por su caída en el liquidacionismo de derecha, que tiene su punto de arranque en su intentona, de agosto de 2024, de fundar un organismo amalgama con liquidadores y marxistas. En cuanto a la base y el contenido de la Reconstitución, el grupo de Lastra no ha aportado absolutamente con nada de valor a la defensa, la actualización y el desarrollo de la Creación Heroica de Mariátegui; en cuanto al objetivo de la Reconstitución, es claro que dicho grupo está lejos, muy lejos, y, en realidad, en las antípodas de un trabajo partidista y frentista basado en el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mariátegui: el discurso retórico de que hace uso y abuso, no le alcanza a nuestro liquidador para encubrir esta realidad.

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Nota

[1] No sólo en su mirada a la lucha entre las dos líneas en el Partido Lastra se muestra sesgado. De hecho, nunca ha sido capaz de reconocer la realidad del liquidacionismo de derecha de Ramón García y, por el contrario, a cada paso les limpia la cara a este personaje y a sus seguidores calificándolos de “socialistas”, etcétera, publicitando, para peor, en el blog que dirige y en el blog del cual es productor, “Resistencia Ciudadana”, la literatura de los liquidadores y las actividades políticas de los mismos. Es de conocimiento común que Lastra sostiene su adhesión a la misma doctrina y al mismo proyecto de los oportunistas, y que sus “discrepancias” con ellos no atañen a esta cuestión doctrinal y a esta cuestión política, sino a cuestiones “secundarias”, según él mismo ha confesado. Desde 2024, la componenda de Lastra con los liquidadores se ha transformado en identidad, pues él mismo ha devenido liquidador. ¡Este es el significado de su “reconstitución”!

Economía y lucha electoral

Internacionales

Nota:


El texto de Julio Roldán, que va a continuación, será publicado en partes. Este texto es un capítulo del libro China ¿el nuevo centro de la civilización? La idea central del texto es que “El proyecto revolucionario orientado por el pensamiento de Mao Zedong ha sido reemplazado por la ideología Neoconfuciana plasmada en el ‘Socialismo de mercado’ o ‘socialismo con peculiaridades chinas’”. Para el lector, la realidad de la asunción del confusianismo como el fondo ideológico de la política de la dirección china, debe ser un motivo de seria reflexión. No es casual que la dirección china apele al confusianismo como la ideología propicia para alcanzar sus propósitos. Ya en los tiempos de la revolución cultural el PCCh desarrolló la lucha más grandiosa por entronizar la ideología marxista entre las amplias masas populares y, precisamente en el curso de esta lucha, hubo de desenmascarar el carácter de clase del confusianismo, tan profundamente arraigada en la sociedad china. Los textos Crítica a Lin Piao y Confucio I y Crítica a Lin Piao y Confucio II, dan cuenta de la lucha del proletariado revolucionario chino contra el confusianismo, y esta lucha permite, por sí sola, entender el papel de la ideología confusianista en la lucha entre el proletariado y la burguesía en la sociedad china.

01.06.2026.

Comité de Redacción.


De Mao Tse Tung al Neoconfucianismo 

(Primera Parte) 

Julio Roldán 

TOMANDO EN CUENTA la milenaria historia de China, la persistencia de la cultura tradicional que tiene siglos de existencia, la ideología de Confucio que orientó la vida social-moral en los últimos 2,500 años, la estructura económica-social, la práctica política de la burocracia encarnada en los mandarines, la presencia de los imperialismos en su territorio, podemos comprender mejor 4 hechos fundamentales sobre el tema que nos ocupa. A.- Hacer una revolución, construir una nueva sociedad, en esas condiciones, fue una obra heroica de las masas populares chinas. Fue una labor titánica de los nacionalistas primero, de los comunistas después. B.- Los 64 años que van desde 1912, proclamación de la Republica China, hasta 1976, muerte de Mao Tsetung, tiene importancia capital en el tiempo político; pero es un equivalente a un abrir y cerrar de ojos en el tiempo histórico. C.- La base económica, la estructura social, las formas políticas, fueron transformadas, con dificultades es verdad; pero transformadas a fin de cuentas. Estos cambios intentaron poner las bases para la construcción del socialismo según el deseo de muchos, mientras que en la realidad, como se verá décadas después, pusieron las bases para el desarrollo del capitalismo. D.- La mentalidad tradicional, la ideología confuciana, se manifestaba en las diversas formas de la cultura, por sus características propias, su dinámica interna, se mantuvieron semi-intactas en el medio siglo de revoluciones. Esto fue un problema a resolver, en la política cultural, en las pocas décadas de revolución democrática y de construcción socialista. 

El tema cultural, dentro de ello la ideología confuciana, estaba impregnada en el pensamiento, en las costumbres, en el inconsciente, incluso de los más calificados dirigentes, marxista-leninistas del Partido Comunista. Para dar crédito a nuestra afirmación, leamos lo que el filósofo Creel en torno a uno de los más distinguidos dirigentes del PCCh, Liu Shao-chi (1898-1969), informa y comenta: “Liu cita a Confucio, a Mencio y a otros filósofos chinos del pasado. Lejos de condenarlos, emplea su autoridad para reforzar los argumentos comunistas. El trasvase del vino nuevo del dogma comunista a los viejos odres de la forma china esta especialmente claro en este pasaje: `Hay algunos que dicen que es imposible, por medio del estudio y el cultivo de las propias facultades, alcanzar la valía de genios revolucionarios tales como Marx, Engels, Lenin y Stalin. Consideran que Marx, Engels, Lenin y Stalin han sido seres misteriosos desde su nacimiento. ¿Es esto correcto? Yo creo que no´. Esto es exactamente lo mismo que la discusión, en tiempos de Mencio, del problema de si los emperadores sabios Yao y Shun eran seres espirituales en posesión de cualidades a las que los hombres comunes y corrientes no podían aspirar.” 

Luego, el investigador, continúa: “Liu Shao-chi evidencia que tiene precisamente en cuenta esta discusión, pues en apoyo de su punto de vista escribe: `Mencio dijo: ‘Cualquier hombre puede llegar a ser un Yao o un Shun’´ En esta obra Liu no rechaza la filosofía tradicional de China; lejos de ello, denuncia a quienes no supieron o no quisieron vivir con arreglo a dicha filosofía. Critica a aquellos que pretendían venerar las enseñanzas de Confucio, pero en realidad solo trataban de emplearlas para oprimir al pueblo y adelantar en su carrera personal. `Naturalmente -escribe-, nosotros, los miembros del Partido Comunista, no podemos adoptar una actitud semejante al estudiar los principios de Marx y de Lenin y las excelentes y provechosas enseñanzas que nos han legado los antiguos sabios de nuestra nación. Tal como hablamos, así debemos obrar. Somos honrados y limpios; no podemos engañarnos a nosotros mismos, no podemos engañar al pueblo ni a los hombres de la antigüedad´.” (Creel, 1976: 297). 

En la cita transcrita, las ideas fueron expresadas a comienzos de la década del 50 del Siglo XX, se trasluce la concepción filosófica, la ideología, la política, que orientaba el pensamiento de Liu Shao-chi. El, en los años 60, llegó a ser el más alto dirigente del PCCh. Luego fue destituido por la revolución cultural. Póstumamente fue reivindicado por la dirección del PCCh en los años 80. Marx y Lenin son ubicados en el mismo nivel que Confucio y Mencio. Repitamos este párrafo: “Naturalmente -escribe-, nosotros, los miembros del Partido Comunista, no podemos adoptar una actitud semejante al estudiar los principios de Marx y de Lenin y las excelentes y provechosas enseñanzas que nos han legado los antiguos sabios de nuestra nación.” Precisamente la crítica de un sector de comunistas, en ese tiempo y después en los 10 años de la denominada Gran Revolución Cultural Proletaria, fue en contra de “... los antiguos sabios de nuestra nación…” expresado en el pensamiento de Confucio y secundado por el de Mencio. La crítica a los Neoconfucianos, de esos tiempos, centraba contra el agnosticismo filosófico, el eclecticismo ideológico, el oportunismo político, el pragmatismo económico. 

Finalmente. Adentrándose en los acontecimientos que ocurrieron en China, sobre el pensamiento de Confucio y la cultura tradicional en general, el filosofo escribe: “Poca duda parece subsistir de que, andando el tiempo, un sinfín de elementos de la tradición china que han sido tildados de `feudales´ y de `reaccionarios´ serán poco a poco rehabilitados y restablecidos. Lo que haya de ocurrir con Confucio no está claro todavía. Muchos chinos de este siglo, y muchos comunistas, lo han condenado como enemigo número uno del progreso. Otros, empero, son de distinto sentir. Un libro interesante en este aspecto es el escrito en 1945 por Kuo Mo-jo, que posteriormente sería Viceprimer Ministro del Gobierno de Pekín. En esta obra, Kuo describe a Confucio no solo como adalid de los derechos del pueblo llano, sino también como un promotor de la rebelión armada. Así, no es ni mucho menos imposible que el ídolo de la antigua China llegue a ser aclamado como un precursor, en la tradición revolucionaria, de Marx, Lenin, Stalin y Mao Tsetung: un héroe de la nueva China.” (Creel, 1976: 299) 

En verdad este pronóstico de que “… el ídolo de la antigua China llegue a ser aclamado como un precursor, en la tradición revolucionaria…” se inició a partir de 1978 y se materializó a comienzos del Siglo XXI. Un acto simbólico, pero significativo, fue lo ocurrido el año 2004. En esa fecha se creó El Instituto Confucio. Es un proyecto ideológico-cultural dependiente de la Oficina del Consejo Internacional de la Lengua China, es parte del Ministerio de Educación. Es el medio a través del cual el Estado chino difunde su política cultural en todo el mundo. En la actualidad (2025) existen 550 Institutos, en 162 países. A partir de esa fecha, hablar de ideología-cultura en China es referirse a la ideología confuciana. 

A la distancia política, más la práctica social, vemos que la influencia de Marx, Lenin, Mao, tuvieron importancia capital en el accionar revolucionario, fue una especie de accidente político en el proceso histórico de la milenaria China. El proyecto revolucionario orientado por el pensamiento de Mao Tsetung ha sido reemplazado por la ideología Neoconfuciana plasmada en el “Socialismo de mercado” o “socialismo con peculiaridades chinas”. Así define la dirigencia china al modelo capitalista que se desarrolla actualmente en ese país. 

El partido mantiene el nombre de Comunista. Los dirigentes chinos se reclaman comunistas. Sostienen que están construyendo el socialismo en su país. Mucho de su parafernalia viene de la tradición comunista. Sobre el tema, para ahorrar comentarios, con Lenin, diremos que son revisionistas. Revisan las bases centrales del marxismo, lo adecúan a sus intereses, mantienen el nombre; pero limando el contenido revolucionario del mismo. 

El revisionismo, como corriente ideológico-política, no viene del cielo. Tampoco es producto de la buena o mala voluntad de los individuos. Él tiene una base real que se llama historia y economía. A esto agréguese la vida socio-política. Finalmente, el accionar de las personas, que combinando el determinismo-voluntarismo, actúan en la sociedad. Solo por esta vía comprenderemos, en su verdadera dimensión, qué es el revisionismo. Teniendo en cuenta que el revisionismo destruyó la URSS y la transformó en un país capitalista. La misma historia se repitió, años después, con la República Popular China. 

El tránsito del pensamiento de Mao Tsetung, para otros: maoísmo, hacia el Neoconfucianismo fue rápido, relativamente fácil, en la medida que las condiciones, nacionales e internacionales, estaban dadas para que ello sucediera. La resistencia fue mínima de los que aún se reclamaban del Marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao Tsetung. 

La historiadora Mariola Moncada (1971), sobre el concepto de Neoconfucianismo, afirma lo siguiente: “El neoconfucianismo hace referencia a un grupo de pensadores chinos que comparte una base común, todos parten de los fundamentos morales y filosóficos de la tradición letrada china, pero heterogénea en cuanto a los planteamientos de sus representantes, e incluso con debates y discrepancias entre ellos. El punto de partida del neoconfucianismo moderno es el de reconocer que los 2 aspectos de la tradición letrada: el confucianismo político y el confucianismo moral no son contradictorios sino complementarios.” (Moncada, 2011: 208) 

Por su parte, el profesor Jesús Sole (1968), en la presentación de su libro El Nuevo Confucianismo en China del Siglo XXI (2018), escuetamente define el concepto en los términos siguientes: “El nuevo confucianismo es, en definitiva, la adaptación del discurso confucianista a la realidad contemporánea, el cual se reivindica como la ortodoxia actualizada del confucianismo, como factor relevante de la identidad nacional y como componente eficaz del soft power de China.” (Sole, 2018) 

A lo dicho por los citados, ya lo hemos advertido en otra parte de esta investigación, agreguemos el pragmatismo confuciano que se complementa con el pragmatismo norteamericano. Su diferencia estriba en que fueron sistematizados en tiempos y espacios distintos. Lo común es que expresan la filosofía, la ideología, la política, de las clases dominantes en general. De la esclavista-feudal en China en el pasado, de la capitalistaimperialista norteamericana en el último siglo. Esta conjugación de pasado-presente, interno-externo, se evidencia en los planes económicos, políticos, culturales, implementados por el PCCh desde comienzos del Siglo XXI. 

Hechos estos agregados, continuemos con la historiadora Moncada sobre el tema. Ella afirma: “En el Siglo XXI, la política china ha enterrado por completo la retórica revolucionaria (salvo en el ámbito interno de partido) que ha sido sustituida por un nuevo discurso político. Un discurso cuya inspiración no se busca en el patrón político de democracia liberal que intenta exportar Occidente, pero tampoco en las propias raíces ideológicas del partido, el marxismo-leninismo (igualmente occidentales, debiéramos añadir). La fuente de inspiración del nuevo discurso político chino está en la propia tradición china, precisamente en aquella que negó el mismo Partido durante las décadas de los años 60 y 70.” (Moncada, 2011: 204)

CREACIÓN HEROICA