viernes, 1 de junio de 2018

Política

Esclareciendo Algunas Cuestiones

Eduardo Ibarra

El Comité de Redacción de CREACIÓN HEROICA ha mantenido siempre una posición de defensa de los gobiernos que, en América Latina, han implementado un determinado tipo de anti-imperialismo, así como una política económica contraria, en un grado u otro, al neoliberalismo económico.

        Varios artículos debidos a nuestra pluma y algunos otros de autores diversos, publicados en estas páginas, son pruebas irrefutables de nuestra aludida posición, la misma que se completa con algunas críticas al reformismo.

        Pero nuestra comprensión de que en el movimiento marxista, tanto nacional como internacional, es necesario un debate que permita la centralización de las ideas correctas relativas a los problemas del socialismo, hace que las páginas de CREACIÓN HEROICA estén abiertas a opiniones distintas, siempre que representen una posición en el seno del pueblo. Pero, como es natural, en todos los casos ejercemos el derecho al debate.

        Como es de conocimiento común, las décadas finales del siglo veinte encontraron al proletariado revolucionario en una situación de precariedad de sus fuerzas materiales y de cierto desconcierto político, derivadas ambas cosas de la derrota que significó para su causa el ascenso del revisionismo al poder, la derrota de la revolución cultural china y otras experiencias negativas como la camboyana, la peruana, etc.

        En cambio, la pequeña burguesía –numerosa y radicalizada ante el neoliberalismo económico– elaboró, en algunos países, una doctrina más o menos “radical” y, sobre esta base, desarrolló una lucha antineoliberal que en algunos casos le permitió alcanzar el gobierno.

        Los gobiernos que se proclaman anti-imperialistas, han llevado adelante políticas económicas en diversos grados antiliberales y, en algunos casos, han utilizado y siguen utilizando un discurso pletórico de fraseario socialista.

        En tales condiciones, se ha observado en el seno del pueblo dos posiciones con respecto a dichos gobiernos: una, que ve revolución donde solo hay reformismo; y, otra, que apoya las reformas de dichos gobiernos, pero no su reformismo. La diferencia es notoria.

        Pues bien, lo característico de los gobiernos reformistas de América Latina es que coexisten con la gran burguesía, la cual mantiene, por tanto, el poder económico; muestran un respeto supersticioso por la democracia burguesa; y postulan el tránsito pacífico al socialismo. Esto lo hemos subrayado hace tiempo en otro lugar, lo que nos parece debió ser motivo de seria reflexión.

        Los hechos demuestran que la lucha contra las políticas neoliberales no es necesariamente una lucha contra el capitalismo y que lo que hace el reformismo es oponer una modalidad de capitalismo (populista, según cierto lenguaje) a otra modalidad de capitalismo (neoliberalismo).

        Entre el populismo de la pequeña burguesía y el neoliberalismo de la gran burguesía, hay una diferencia a favor del primero: no sería justo condenar a la miseria a las clases trabajadoras con el pretexto de que las reformas son realizadas por el reformismo y, por tanto, sostenemos que todas las reformas que significan una mejora en la vida material y cultural de las masas trabajadoras, son bienvenidas.

        Pero los marxistas diferencian y están obligados a diferenciar entre reforma y reformismo, y, por esto, hacen –y no pueden dejar de hacer– las críticas necesarias a los gobiernos reformistas que, más allá de su discurso, no tienen por objetivo el socialismo, y aquí hablamos, como es claro, del único socialismo del que tiene caso hablar: el socialismo de Marx y Engels; y, este socialismo, no se divide en socialismo del siglo XX, socialismo del siglo XXI, etc. El socialismo marxista es uno solo en cualquier tiempo, y cualesquiera diferencias que derivan de su aplicación, se debe a los cambios operados en la situación objetiva, pero esto es algo muy distinto a concebir un “socialismo” diferente al socialismo de Marx.

        Pues bien, de acuerdo al socialismo marxista, una revolución es el desplazamiento en el poder de la clase conservadora por la clase revolucionaria, lo cual, en el caso de la revolución socialista, significa la liquidación de la burguesía como clase. La revolución rusa liquidó a la nobleza zarista; la revolución china liquidó a la burguesía burocrática; la revolución cubana liquidó a la burguesía. Por eso, es claro que, cuando no se realiza esta liquidación de la clase explotadora, simplemente no hay revolución.

        Y, precisamente, dicha liquidación no ha ocurrido en ninguno de los países bajo gobiernos reformistas, no obstante el tiempo transcurrido.

        Lo que realmente pasa en tales países es algo notorio: mientras el poder político está ahí en manos del reformismo, el poder económico continúa estando en manos de la gran burguesía. Es decir el poder es compartido, con la nota particular de que, en algunos de los aludidos países, la burguesía ha ganado como nunca y, por tanto, se ha fortalecido.

        Por eso ha sido posible que, en los cauces de la política burguesa (elecciones), la burguesía neoliberal haya podido desplazar al gobierno reformista, como en Argentina, por ejemplo.

        Es previsible que ese sea el camino que seguirá el resto de países bajo gobiernos reformistas.

        La posición de las organizaciones marxistas ante los gobiernos reformistas de nuestro continente no puede ser otra que la de apoyar las reformas que signifiquen una mejora en las condiciones de vida de las clases trabajadoras, así como, al mismo tiempo, de criticar el reformismo que, de hecho, condena a esas mismas clases a volver, debido a las periódicas crisis del capitalismo, a las condiciones anteriores, tal como está empezando a ocurrir.

        Lo primero permite hacer causa común contra las maniobras y embestidas del imperialismo y de la gran burguesía nativa, y lo segundo permite educar a las masas en la idea revolucionaria de que solo el socialismo proletario puede significar su verdadera emancipación.

        Por eso Mariátegui señaló tajantemente: “Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera” (Ideología y política, p. 91).

        De esta forma, y solo de esta forma, puede el proletariado revolucionario mantener su independencia ideológica y política.

        No hacer causa común con el reformismo en la lucha contra el imperialismo (no importando que el anti-imperialismo del reformismo sea un anti-imperialismo limitado), es ultraizquierdismo. Y hacer causa común con el reformismo en el indicado terreno sin mantener la debida independencia, es actuar como furgón de cola de su política.

        Entendemos, desde luego, que, puestos ante la realidad de la derrota de las revoluciones socialistas en el siglo XX, muchas personas abriguen la idea de que todo lo que es posible esperar es “una sociedad más justa”, como suelen decir, y que, por tanto, hay que entregarse completamente al reformismo.

        “Una sociedad más justa” es una forma vergonzante de referirse a una “mejora” de las condiciones de existencia de los trabajadores en el marco de la sociedad capitalista, o sea, una forma de embellecer el capitalismo.

        Llegada la humanidad al capitalismo, a la mundialización del capitalismo, a la más completa realización del mercado mundial, el desarrollo de la historia se revela lineal: capitalismo, socialismo, comunismo. Creer que puede haber “una sociedad más justa” que no sea capitalista ni socialista, es un absurdo tan absoluto, que no merece especial refutación en las presentes notas.

        Por eso, más allá de cualquier protesta, la frase que examino expresa la renuncia a la lucha por el socialismo.

        En nuestros países latinoamericanos, aun siendo de capitalismo atrasado, la verdadera contradicción es entre la burguesía y el proletariado, entre el capitalismo y el socialismo, y no, por supuesto, entre el neoliberalismo y el reformismo. Esto es así, porque “Ni la burguesía ni la pequeña burguesía en el poder pueden hacer una política anti-imperialista” (ibídem, p. 90).

        Es decir, dadas las circunstancias de precariedad política del proletariado consciente y de exaltación anti-imperialista de la pequeña burguesía, la contradicción entre el capitalismo y el socialismo aparece en la superficie como contradicción entre el neoliberalismo y el reformismo, pero, de hecho, lo que se agita en el fondo, sin expresarse todavía en sus propios términos, es la contradicción entre el capitalismo y el socialismo, contradicción que solo puede tener su solución verdadera en el marco de una política marxista-leninista, es decir, en el marco de la acción del proletariado revolucionario.

        Por eso es necesario saber manejar la contradicción entre el neoliberalismo y el reformismo, ganando a las masas activas a la idea del socialismo proletario. Pero, como es lógico, ello tomará tiempo.

        Finalmente, es menester no caer en los prejuicios democrático-burgueses de las masas y, por el contrario, explicarles y demostrarles a las mismas que la liquidación de la gran burguesía como clase solo es posible mediante la forma superior de lucha.

        Por otro lado, así como sostenemos que el único país socialista en América Latina es Cuba, sostenemos también que en China se restaura el capitalismo desde hace tiempo.

        Y, así como no puede haber pretexto ninguno para no defender, contra las acechanzas y las agresiones del imperialismo, la primera revolución socialista de nuestro continente; así también sostenemos sólidas críticas a la dirección revisionista china y a la restauración del capitalismo en la patria de Mao. Ningún marxista puede ser ciego a la verdad de que la función del revisionismo en el poder en un país socialista es subvertir la dictadura del proletariado y restaurar el capitalismo, y no continuar la construcción del socialismo, como ingenuamente –o interesadamente– creen algunos.  Una larga experiencia histórica demuestra nuestro aserto de manera irrefutable. Tampoco ningún marxista puede ser ciego ante la realidad de que, como parte de la restauración del capitalismo, el gobierno chino realiza ingentes inversiones de capital en el extranjero (Perú incluido), y que, de esta forma, extrae plusvalía del proletariado no-chino.

        Por todo lo expuesto, afirmaciones como “el desarrollo inicial del socialismo en ese país” (en Venezuela), “su proyecto socialista” (del gobierno de Nicaragua),  “compartir parte de la riqueza”, “[Rusia] no dejó de tener rastros socialistas”, “[China es una] potencia socialista”, etc., son afirmaciones que no tienen ningún asidero en el marxismo-leninismo ni en la realidad de las cosas.

        Para resumir –y para decirlo con palabras de nuestro compañero Roque Ramirez– “después de todo [los modelos de desarrollo aplicados en algunos países latinoamericanos] siguen siendo modelos nacionales no neoliberales ligados al sistema capitalista”.

        Concluyo las presentes notas ratificando nuestro apoyo a los gobiernos que en alguna medida se enfrentan al imperialismo, así como nuestra independencia ideológica y política que nos permite “explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera”.

27.05.2018.

Economía

Política Fiscal y Explotación Capitalista

César Risso

LAS MEDIDAS TRIBUTARIAS impuestas recientemente por el Ejecutivo, así como aquellas que se ventilaron públicamente, pero que se dejaron de lado, muestran la desorientación de la burguesía con respecto a cómo enfrentar la situación de precariedad en que se encuentra. Pero en cuanto a lo que quieren, es perfectamente claro: aumentar sus beneficios al máximo a costa de cualquier sacrificio de las clases explotadas.

        La disminución de la valla para gravar con el impuesto a la renta a los trabajadores dependientes e independientes (impuesto a la renta a la cuarta y quinta categorías), si bien quedó de lado, sin embargo ha sido puesta como una de las medidas que en cualquier oportunidad serán implementadas. El plan ha consistido en ver la reacción de la población frente a esta medida. El momento ha sido inapropiado para el ejecutivo, dado que el destape de los gastos en el congreso para halagar el gusto burgués de sus miembros, obteniendo comodidades que insultan la situación de pobreza de varios millones de peruanos, incluyendo los sobrecostos en la adquisición de estas mercancías, por la cual los representantes de la burguesía en el ejecutivo ha tenido que batirse en retirada.

        De haber prosperado esta medida, se habría producido la reducción de la capacidad de compra de 1 millón 700 mil trabajadores formales, quienes habrían sido afectados por la disminución de la valla a 4 UIT (según los cálculos del IPE), es decir, se habría pasado de 1 millón 500 mil trabajadores que pagan impuesto a la renta a 3 millones 200 mil.

        A pesar de que la burguesía se queja del alto nivel de informalidad que existe en nuestro país, por lo cual solo el 27,5% son formales, un porcentaje de los cuales serían afectados por el pago del impuesto a la renta, la informalidad la beneficia.

        La informalidad laboral permite que las grandes y medianas empresas reciban bienes y servicios a muy bajo precio; además, la mayoría de los trabajadores pueden recibir el salario mínimo legal o menos, sin morirse literalmente de hambre o enfermedades, debido a que los informales producen bienes salario a muy bajo precio. La informalidad, es, a pesar de los reclamos de la burguesía, una necesidad para mantener el sistema capitalista en el Perú.

        En el caso del aumento del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), se argumentó por parte de los representantes del ejecutivo, que se buscaba con este aumento reducir las externalidades negativas que produce el uso de combustibles altamente contaminantes, así como el consumo de bebidas alcohólicas, y de bebidas azucaradas.

        La externalidades negativas son las consecuencias negativas que se producen debido a una determinada acción, o consumo en este caso. Por ejemplo, el consumo de bebidas alcohólicas provoca accidentes automovilísticos, los cuales causan la muerte o heridas graves que requieren atención médica, usando recursos que bien pudieron haberse ahorrado. En el caso del consumo de bebidas azucaradas, se trata de evitar enfermedades provocadas por las gaseosas, lo que requiere el uso de medicamentos y servicios de atención en salud, los cuales pudieron haberse ahorrado para destinarlos a la atención de otros males.

        De creer al ejecutivo que la intención era reducir las enfermedades y accidentes provocados por el consumo de estos bienes, hubiéramos esperado que todos los productos azucarados hubiesen sido gravados con un alto ISC; que se hubiesen regulado y controlado las actividades mineras altamente contaminantes en todo el territorio nacional, etc. Pero sencillamente esto no es así. La intención ha sido otra.

        El déficit fiscal acumulado en los últimos 12 meses es de 2,6 % del PBI. Esta brecha es la que se quiere cubrir, además de enfrentar la caída de la inversión privada desde el 2014. Situación que se refleja en el aumento de la pobreza en más de 300 mil personas.

        Es práctica común de la burguesía peruana trasladar el aumento de los impuestos a los consumidores finales. El aumento del costo del transporte de personas y de mercancías, que ya se ha empezado a sentir, que está provocando los paros y reclamos en el interior del país, ha provocado la disminución de la capacidad de consumo sobre todo de las personas de escasos recursos.

        Pero si se trata de cubrir la brecha fiscal, y de enfrentar la disminución de la inversión privada, entonces lo lógico sería cobrarle a las grandes empresas, incluidas las transnacionales que operan en nuestro país, las llamadas exoneraciones tributarias, que son de alrededor de 16 mil 500 millones de soles. Monto con el cual podrían cubrir 10 veces lo que pretenden recaudar con el aumento del ISC. O si no permitiesen que, en el marco de las disposiciones de la OCDE, con respecto al tema de la llamada doble imposición, las empresas extranjeras que invierten en nuestro país tributen en el suyo.

        Por qué no se hace lo lógico. Porque de actuar así, el ejecutivo afectaría la confianza del sector privado, con lo cual seguiría disminuyendo la inversión, aumentando la pobreza, etc. “La inversión privada es la única que puede hacer caer la pobreza con rapidez vía la creación de empleo y el aumento de ingresos.” (http://www.ipe.org.pe/portal/la-fragil-inversion-privada/)

        En realidad, el aumento de la inversión privada, lo que hará es aumentar la explotación de las clases trabajadoras.

“Lo único que puede hacer el presidente Vizcarra es concentrarse en lograr disminuir el número de obstáculos que el Estado hoy pone a la generación de riqueza. Esto que parecería un objetivo relativamente modesto requiere de un alto nivel de liderazgo, habilidad política y claridad en los instrumentos a utilizar.”

        “El presidente tiene que comprender que lo que el país necesita con más urgencia es una mayor inversión para generar más empleo, más ingresos y reducir la pobreza. Tiene que poner todos sus esfuerzos en promover la confianza que sustenta esa inversión y, al mismo tiempo, evitar cualquier acción o postura que reste confianza. Si no se cuida la confianza, la inversión privada simplemente no se recuperará. Declarar, por ejemplo, que “el crecimiento económico no depende de la flexibilización laboral”, cuando el país tiene una situación laboral absurdamente rígida, no ayuda a generar confianza.”

Estos argumentos de un intelectual que representa los intereses de la burguesía, son los que vienen repitiendo una y otra vez desde hace varias décadas. Si la situación económica sigue empeorando, serán las medidas que implementarán.

        La burguesía no tiene problemas en recurrir a cualquier medida para lograr sus objetivos, como por ejemplo exigir y defender la semiesclavitud del régimen laboral a que someten a los trabajadores en el sector de la agroexportación. Así, dicen: “Cuando no se reacciona políticamente ante el intento de la izquierda conservadora de dinamitar el éxito de la agroexportación generadora del pleno empleo en las regiones productoras, simplemente se deprime la confianza.” (http://www.ipe.org.pe/portal/la-fragil-inversion-privada/)

        Si, como ya hemos afirmado en otro artículo, el salario se reduce a cero, entonces habría pleno empleo. Este es el sueño de la burguesía. Pero de ser así, no tendría consumidores en nuestro país, así que terminaría quebrando. La burguesía no puede existir sin las clases a las que explota. Por ello, a pesar de la vehemencia, y de la euforia que pone en la argumentación de medidas en contra de los trabajadores, el Estado tiene, de alguna manera, que preservar a la fuerza de trabajo, para beneficio del sistema capitalista y de la burguesía.

Filosofía


El Marxismo y el Fin de la Filosofía

César Risso

FEDERICO ENGELS, en su trabajo Anti-Dühring, plantea lo siguiente:

“En los dos casos es este materialismo sencillamente dialéctico, y no necesita filosofía alguna que esté por encima de las demás ciencias. Desde el momento que se presenta a cada ciencia la exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas, se hace precisamente superflua toda ciencia de la conexión total. De toda la anterior filosofía no subsiste al final con independencia más que la doctrina del pensamiento y de sus leyes, la lógica formal y la dialéctica. Todo lo demás queda absorbido por la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia.”

Afirma F. Engels que la filosofía, como ciencia de la conexión total, ha concluido. Sin embargo, esto entra en contradicción con la afirmación de que la filosofía de Marx es el materialismo filosófico acabado, es decir, el materialismo dialéctico e histórico, así como su reflejo en el pensamiento.

        La propuesta de Federico Engels hay que entenderla en el sentido de que la filosofía pasa a tener un nuevo contenido, que es el de la ciencia de las leyes más generales de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento. Esto sucede al fusionarse el materialismo con la dialéctica. Entonces lo que concluye, lo que finaliza, no es la filosofía, sino la filosofía cuyo contenido era el de la ciencia general, o de la ciencia generalizada, en la que se mezclaba el contenido positivo de las ciencias particulares, con las especulaciones que se imponían en el ánimo de completar el “conocimiento” de las diversas formas de movimiento de la materia que aún no se había logrado descubrir. La nueva filosofía, descubierta por Marx y Engels, cuyo contenido es radicalmente distinto a la anterior, tenía que partir necesariamente de los aportes del conocimiento humano anterior, para arribar finalmente a ser la ciencia de las leyes del movimiento de la materia así como de este reflejo en el cerebro del hombre.

“Por esa misma razón se hicieron superfluas la filosofía de la historia, la filosofía del derecho, etc.; fueron sustituidas por ciencias que pusieron de manifiesto las verdaderas leyes que rigen el desarrollo de la sociedad. Los intentos realizados por los filósofos burgueses de resucitar la vieja filosofía de la naturaleza constituyen, a nuestro juicio, un paso hacia atrás en su desarrollo. Pero el fin de la filosofía de la naturaleza no significa que toda la filosofía haya perdido importancia, como aseguran los positivistas. Por el contrario, la filosofía, en su desarrollo, pasa de un estado prehistórico a una nueva fase, a la fase con que se inicia su verdadera historia. A partir de ese momento, la filosofía adquiere su propio objeto, diferente al objeto de cualquier rama especial de la ciencia. Este nuevo periodo está vinculado a la aparición del marxismo, a una nueva interpretación del objeto y de las tareas de la filosofía.” (Kopnin. Lógica dialéctica)

Lenin recoge como uno de los aspectos centrales de la filosofía marxista esta diferencia entre la filosofía marxista y la filosofía premarxista:

“Este aspecto revolucionario de la filosofía hegeliana es el que Marx recoge y desarrolla. El materialismo dialéctico ‘no necesita de ninguna filosofía situada por encima de las demás ciencias’. De la filosofía anterior queda en pie ‘la teoría del pensamiento y sus leyes, es decir, la lógica formal y la dialéctica’. Y la dialéctica, tal como la concibe Marx, y también según Hegel, abarca lo que hoy se llama teoría del conocimiento o gnoseología, ciencia que debe enfocar también su objeto desde un punto de vista histórico, investigando y generalizando los orígenes y el desarrollo del conocimiento, y el paso de la falta de conocimiento al conocimiento.” (Lenin. Carlos Marx. Breve esbozo biográfico con una exposición del marxismo)

Una segunda cuestión es: qué hay de común entre la antigua filosofía (premarxista) y la filosofía marxista. En el folleto Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Federico Engels plantea que “El gran problema cardinal de toda la filosofía, especialmente la moderna, es el problema de la relación entre el pensar y el ser.” Y este problema “[…] encierra, además, otro aspecto, a saber: ¿qué relación guardan nuestros pensamientos acerca del mundo que nos rodea con este mismo mundo?”

        Hemos afirmado, siguiendo a Federico Engels, que la anterior filosofía era especulativa, en el sentido de reemplazar con el pensamiento aquello que todavía no se había descubierto. En la filosofía marxista no se niega la especulación. Esta tiene ahora un carácter científico, pues se atiene permanentemente a la realidad. Esta especulación científica se expresa en dos sentidos: primero, en la aplicación de los métodos singulares y particulares, así como en la aplicación de las categorías del materialismo dialéctico; segundo, en el proceso del pensamiento, es decir, en la elaboración de nuevas ideas, pero que se asientan en la realidad.

        Consideremos el primer aspecto de la especulación científica que nace con la filosofía marxista:

“Desde el punto de vista del contenido, el concepto es la condensación, la suma de conocimientos alcanzados acerca de un objeto o fenómeno. Lo principal en el concepto es lo universal, puesto que así es como se manifiesta la esencia del objeto. Sin embargo, si hablamos del concepto árbol, sabemos que no existe el árbol en general, sino los árboles concretos. Lo que existe es el conjunto de propiedades que posee cada árbol. Lo universal tiene existencia concreta en lo singular, en los atributos o propiedades de los árboles reales.”

“Kopnin nos dice a este respecto lo siguiente: ‘El idealismo utiliza el carácter peculiar de los vínculos entre lo universal y lo singular en el concepto, su índole compleja y velada, para divorciar lo universal de lo singular y convertir el concepto en una esencia independiente, absoluta, separada de los objetos singulares de la vida real. El divorcio entre lo universal y lo singular en el concepto conduce a la separación de los conceptos del mundo exterior y constituye una de las fuentes gnoseológicas del idealismo.’” (Cesar Risso. Fuentes de error en la investigación científica. https://creacionheroica1928.blogspot.pe/2013/09/metodologia.html)

Atendiendo al segundo aspecto, E. Shorojova sostiene:

“El análisis y la síntesis de los estímulos presentes y de las impresiones que de estímulos anteriores quedan en el sistema nervioso, constituyen la base para una independencia relativa de la actividad refleja del sistema nervioso. Los sistemas inorgánicos no poseen ese reflejo relativamente independiente al reflejar los objetos y fenómenos del mundo exterior. Gracias a la compleja actividad del cerebro humano, el hombre no solo reproduce en su mente las impresiones experimentales en otros tiempos, sino que forma nuevas ideas y realiza nuevos descubrimientos. Si no se admite una cierta independencia en la actividad nerviosa superior, sería imposible imaginarse que en la mente humana pueda surgir algo nuevo y creador”. (Shorojova. La conciencia. Pág. 221)

A la vez que se considera la especulación científica, teniendo en cuenta el proceso del pensamiento, se tiene también la posibilidad del error a través de las raíces epistemológicas del idealismo.

        Lenin escribe lo siguiente al respecto, aunque como crítica al idealismo:

“El conocimiento humano no es (o no sigue) una línea recta, sino una curva que se aproxima infinitamente a una serie de círculos, a una espiral. Todo fragmento, segmento, sección de esta curva puede ser trasformado (trasformado unilateralmente) en una recta independiente, completa, que entonces (si los árboles impiden ver el bosque) conduce al pantano, al oscurantismo clerical (donde queda fijada por los intereses de las clases dominantes). El avance rectilíneo y la unilateralidad, la rigidez y la petrificación, el subjetivismo y la ceguera subjetiva: he ahí las raíces epistemológicas del idealismo. Y el oscurantismo clerical (= idealismo filosófico), por supuesto, tiene raíces epistemológicas, no carece de fundamento; es, sin duda, una flor estéril, pero una flor estéril que crece en el árbol vivo del conocimiento humano, vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente, objetivo, absoluto.”

[…]

        “El idealismo filosófico es solo una tontería desde el punto de vista del materialismo tosco, simple, metafísico. Por otra parte, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, el idealismo filosófico es desarrollo unilateral, exagerado, überschwengliches (Dietzgen) (inflación, distensión) de una de las características, aspectos, facetas del conocimiento, que se convierte así en un absoluto divorciado de la materia, de la naturaleza, y es llevado a la apoteosis. El idealismo es oscurantismo clerical. Es cierto. Pero el idealismo filosófico es (“más correctamente” y “además”) un camino hacia el oscurantismo clerical a través DE UNO DE LOS MATICES del conocimiento infinitamente complejo (dialéctico) del hombre.” (Lenin. Sobre la dialéctica, en Cuadernos filosóficos. )

El materialismo filosófico de Marx considera como principio en el campo de la historia de la sociedad, que el ser social determina la conciencia social. Esto significa que la conciencia de las diferentes clases sociales está sometida a las condiciones materiales de existencia. Por eso señala Lenin: “La filosofía de Marx es el materialismo filosófico acabado, que ha dado una formidable arma de conocimiento a la humanidad, y sobre todo, a la clase obrera.” (Lenin. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo).

        La burguesía y sus representantes, se ven afectados por su situación de clase:

“En toda sociedad de clases, la separación entre el pensamiento ordenador y la producción material crea la ilusión, no solo de la independencia del pensamiento, que planea por encima de la realidad material y de la acción práctica, sino también de la primacía del pensamiento.”

“Para una clase que ya no está en contacto directo con las cosas, que actúa sobre el mundo a través de los símbolos del pensamiento y del lenguaje para concebir el trabajo, y mediante órdenes dirige su ejecución, el pensamiento es prisionero de la ilusión de ser la fuerza suprema y ordenadora del mundo.” (Garaudy, Roger. 1980. Introducción al estudio de Marx. Ediciones ERA, México. 4ta edición en español. Pp. 50-51.)

Por eso señala José Carlos Mariátegui que: “El intelectual, como cualquier idiota, está sujeto a la influencia de su ambiente, de su educación y de su interés. Su inteligencia no funciona libremente.” (J. C. Mariátegui. El grupo Clarté, en La escena contemporánea)

        ¿Por qué el materialismo en general (a lo largo de la historia, desde la aparición de las clases sociales), y el método dialéctico en particular (desde el inicio del capitalismo), puede convertirse en un arma de conocimiento de las clases explotadas (progresistas)? Porque a diferencia de los explotadores, pone en evidencia la explotación, y trata de explicar su esencia. Porque dándose la lucha de clases, la ubicación de cada individuo en una clase social determinada, le permite ver desde una perspectiva específica la situación de la sociedad, y particularmente la suya propia. Esta es la perspectiva del explotado, lo que le obliga a explicar las causas de su situación y a tratar de superarla, liberándose así de sus cadenas.

        Sin embargo, esto no es algo mecánico. Aníbal Ponce, en su escrito sobre Erasmo de Rotterdam, afirma, criticando la postura de Erasmo al abdicar frente al empuje de las masas, que no basta con enunciar la verdad para que esta se imponga. La filosofía marxista no se agota en la enunciación de sus principios.

“El marxismo-leninismo no ha agotado en modo alguno la verdad, sino que en el curso de la práctica abre sin cesar el camino hacia su conocimiento. Nuestra conclusión es la unidad concreta e histórica de lo subjetivo y lo objetivo, de la teoría y la práctica, del saber y el hacer, y nos oponemos a todas las ideas erróneas, de ‘izquierda’ o de derecha, ideas que se separan de la historia concreta.” (Mao Tsetung. Sobre la Práctica)

No basta comprender los principios de la filosofía marxista para ser un materialista consecuente. Hay que realizar un arduo trabajo de investigación. En la sociedad, los individuos somos ganados por el pensamiento marxista a costa de mucho esfuerzo. Esto quiere decir que partimos de la influencia burguesa, y que, por lo tanto, asumir la filosofía marxista implica ir despojándonos de todas las creencias que nos ha impuesto la burguesía, es decir, que en nuestro pensamiento, no obstante los principios que asumimos, se mezclan las ideas burguesas con las proletarias. Se puede ser materialista dialéctico por los principios, pero por el contenido, esto es, por el nivel de conocimientos alcanzados, aun se puede seguir siendo idealista.

        Cuando Marx y Engels descubren la concepción materialista de la historia, salen del campo del idealismo, pero en muchos aspectos siguen siendo idealistas, hasta que como consecuencia de la aplicación del materialismo dialéctico al estudio y la investigación de la realidad en la cual se desenvuelven, descubren las leyes del desarrollo de la sociedad, y sobre todo la ley de la plusvalía que rige el sistema capitalista.

        En el periodo histórico en el que se despliega la filosofía premarxista, el hombre no había comprendido el proceso del conocimiento, ni las leyes del pensamiento. En este sentido actuaba un poco a ciegas, más o menos intuitivamente, pero actuaba. Es decir, investigaba, daba solución a los problemas que enfrentaba en la práctica, buscaba explicaciones a lo que acontecía, avanzaba en el conocimiento del mundo sin llegar a tener una visión del proceso del conocimiento y del pensamiento en su conjunto. Correspondió a Marx y Engels esta tarea, cuya expresión es la filosofía marxista.

        La intuición del hombre, desde su origen hasta llegar al hombre actual, puede interpretarse como el arduo proceso que va desde la actuación práctica aguijoneado por sus necesidades vitales, elaborando explicaciones que mezclaban el conocimiento positivo con suposiciones arbitrarias, y en base a ciertas reglas que le daban el éxito inmediato, hasta la comprensión de los procesos naturales y sociales, así como del proceso del conocimiento. Es como si se pasase de la intuición común a la intuición científica. En ambos casos, la actividad práctica y la especulación científica, en la observación y comprensión de la realidad, encajan espontáneamente en el esquema conceptual, en la cultura, que tiene el observador, como individuo o ser social: nivel cultural y pertenencia a una clase social.

        La aplicación de la filosofía marxista a la realidad permite comprender hechos que se revelan como inconscientes, esto es, que aparecen como intuitivos, espontáneos. Así, los procesos revolucionarios incorporan a la acción a las multitudes, a individuos pertenecientes a las clases explotadas, que actúan para el logro de un objetivo común. En el intento de comprender este hecho, José Carlos Mariátegui se nutre de los elementos positivos de la filosofía de Bergson a través de George Sorel. El mito, que aparece inicialmente como un intento de explicar fenómenos naturales y luego sociales, asume en la concepción materialista de la historia el papel de explicar cómo se orientan las masas explotadas por el camino de su liberación. Carlos Marx lo dice en otros términos: Cuando la teoría prende en las masas deviene fuerza material. (C. Marx. Crítica de la filosofía del derecho de Hegel)

        J. C. Mariátegui desarrolla el siguiente análisis:

        “Pirandello, relativista, ofrece el ejemplo adhiriéndose al fascismo. El fascismo seduce a Pirandello porque mientras la democracia se ha vuelto escéptica y nihilista, el fascismo representa una fe religiosa, fanática, en la jerarquía y en la Nación. (Pirandello que es un pequeño-burgués siciliano, carece de aptitud psicológica para comprender y seguir el mito revolucionario). El literato de exasperado escepticismo no ama en política la duda. Prefiere la afirmación violenta, categórica, apasionada, brutal. La muchedumbre, más aún que el filósofo escéptico, más aún que el filósofo relativista, no puede prescindir de un mito, no puede prescindir de una fe. No le es posible distinguir sutilmente su verdad de la verdad pretérita o futura. Para ella no existe sino la verdad. Verdad absoluta, única, eterna. Y, conforme a esta verdad, su lucha es, realmente, una lucha final.”

        “El impulso vital del hombre responde a todas las interrogaciones de la vida antes que la investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad de su mito. No le sería dable siquiera comprenderla. Pero generalmente encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir, combate. Nada sabe de la relativa insignificancia de su esfuerzo en el tiempo y en el espacio. Su instinto lo desvía de la duda estéril. No ambiciona más que lo que puede y debe ambicionar todo hombre: cumplir bien su jornada.” (J. C. Mariátegui. La lucha final, en El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy)

“Pasa, sobre todo, que a la revolución no se llega por una vía fríamente conceptual. La revolución más que una idea, es un sentimiento. Más que un concepto, es una pasión. Para comprenderla se necesita una espontánea actitud espiritual, una especial capacidad psicológica.” (J. C. Mariátegui. El grupo Clarté en La escena contemporánea)

Como se puede apreciar, la aplicación de la concepción materialista de la historia conduce a comprender fenómenos sociales como el de la revolución socialista, caracterizada por ser un movimiento de masas, analizando sus diferentes aspectos, comprendiendo cómo el estudio y la explicación de la realidad, es decir, la transformación de las formas de movimiento de la materia, se reflejan y se hacen conscientes, hasta ser captadas subjetivamente no solo por los cuadros marxistas, sino también por las masas explotadas bajo la forma de lucha final, de mito, de objetivo inmediato. Se convierte así la teoría en una suerte de “elemento” de doble carácter, en el sentido de ser reflejo de la realidad objetiva, y a la vez la envoltura ideal de la realidad futura, que opera en la conciencia de las clases explotadas como voluntad, como acción colectiva.

        La aplicación de la filosofía marxista al estudio de los fenómenos sociales, pone al alcance de la mano de las clases explotadas su liberación:

“Al niño que sigue a la mariposa puede ocurrirle que no la aprese, que no la coja jamás; pero para que corra tras ella es indispensable que la crea o que la sienta relativamente a su alcance. Si la mariposa va muy lejos, si su vuelo es muy rápido, el niño renuncia a su imposible conquista. La misma es la actitud de la humanidad ante el ideal. Un ideal caprichoso, una utopía imposible, por bellos que sean, no conmueven nunca a las muchedumbres. Las muchedumbres se emocionan y se apasionan ante aquella teoría que constituye una meta próxima, una meta probable; ante aquella doctrina que se basa en la posibilidad; ante aquella doctrina que no es sino la revelación de una nueva realidad en marcha, de una nueva realidad en camino.” (J. C. Mariátegui. Internacionalismo y nacionalismo en Historia de la crisis mundial.)

Si lo que queda en pie de la filosofía premarxista corresponde a las formas y a las leyes del pensar, tenemos que pasar al estudio de estas leyes. Pero, precisamente, al ser estas leyes el reflejo de las leyes del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, la dialéctica objetiva se revela como dialéctica subjetiva, es decir, como método general de conocimiento. “La dialéctica es la teoría del conocimiento de (Hegel y) el marxismo. Este es el ‘aspecto’ del asunto (no es un ‘aspecto’, sino la esencia del asunto) al que Plejánov, por no hablar de otros marxistas, no prestó atención.” (Lenin. Sobre la dialéctica)

“La dialéctica para Marx como para todo materialista, engloba a la vez el acto subjetivo del pensamiento y el contenido objetivo de aquello en lo que está fijado el pensamiento […] El método es inseparable del contenido. No es únicamente una lógica del pensamiento sino también una lógica de lo real, es decir, de lo que no es el concepto, de lo que el concepto examina y reconstruye idealmente.” (R. Garaudy. Introducción al estudio de Marx. Pág. 118)

Se trata, pues, de comprender la realidad en desarrollo, de empalmar con el curso general de la historia, de reflejar el mundo, y a través de la práctica transformarlo. Se señalan aquí dos tareas: comprender el mundo, y transformarlo. En la primera tarea, hay que ser consecuente en la aplicación del principio materialista dialéctico, de reconocer que tenemos que reproducir lo real, no de producirlo. En la segunda tarea, se trata de producir lo real a través de la actividad práctica, no en el sentido de crearlo de la nada, sino en el de producirlo con la materia prima de la realidad existente, de la transformación de la realidad.

“[…] en la perspectiva materialista, el método por el que el espíritu se eleva de lo abstracto a lo concreto es un método consistente en apropiarse lo real, en reproducirlo y no en producirlo.” (R. Garaudy)

En la descripción y explicación del método de la Economía política, Carlos Marx expone un caso concreto de la aplicación del método dialéctico:

“Así, pues, si comenzase por la población, me formaría una representación caótica del todo y, por medio de una determinación más precisa llegaría, analíticamente, a conceptos más simples; partiendo de lo concreto representado llegaría a abstracciones cada vez más sutiles, hasta acabar en las determinaciones más simples. Y, arrancando de aquí, tendría que emprenderse de nuevo el viaje hacia atrás, hasta llegar, otra vez, por último, a la población, pero ahora no ya como la representación caótica de un todo, sino como la rica totalidad de muchas determinaciones y relaciones. El primer camino fue el que la economía siguió históricamente al nacer. Los economistas del siglo XVII, arrancan siempre de la totalidad viva, de la población, de la nación, del Estado, de varios Estados, etc., pero terminan siempre desentrañando por medio del análisis algunas relaciones determinantes generales y abstractas, tales como la división del trabajo, el dinero, el valor, etc. Una vez más o menos fijados estos momentos singulares, comenzaban los sistemas económicos, que partían de lo simple, del trabajo, la división del trabajo, la necesidad, el valor de cambio, [etc.], para remontarse hasta el Estado, el cambio entre las naciones y el mercado mundial. No cabe duda de que este es el método científicamente exacto. Lo concreto es concreto porque constituye la síntesis de muchas determinaciones y, por tanto, la unidad de lo múltiple. En el pensamiento aparece, por tanto, como un proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, a pesar de que es el punto de partida real y también, por tanto, el punto de arranque de la intuición y la representación. Por el primer camino toda la representación se evaporaría en [pura] determinación abstracta; por el segundo, las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por la vía del pensamiento. De aquí que Hegel cayera en la ilusión de concebir lo real como resultado del pensamiento concentrado en sí mismo, que se profundiza y se mueve por sí mismo, siendo así que el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto es para el pensamiento el [único] modo [que tiene] de asimilarse lo concreto, de reproducirlo como un concreto espiritual. Pero no, en modo alguno, el proceso de nacimiento de lo concreto mismo. Por ejemplo, la más simple de las categorías económicas, digamos el valor de cambio, presupone la población, una población que produce dentro de determinadas relaciones; y presupone también un determinado tipo de familia, de comunidad o de Estado, etc. No puede nunca existir fuera de la relación abstracta, unilateral de un todo concreto y vivo ya dado. En cambio, como categoría, el valor de cambio tiene una existencia antediluviana. De aquí que, para la conciencia –y la conciencia filosófica está determinada así–, para la que el pensamiento conceptual es el hombre real y, por tanto, el mundo concebido en cuanto tal lo real mismo, el movimiento de las categorías se manifiesta como el acto real de la producción –que, desgraciadamente, solo recibe un impulso desde fuera–, cuyo resultado es el mundo, y esto –aunque ello representa a su vez una tautología– es exacto en la medida en que la totalidad concreta, en cuanto totalidad de pensamiento, como un concreto pensado, es en realidad un producto del pensamiento, de la concepción; pero en modo alguna del concepto que nace por sí mismo fuera o por encima de la intuición y la representación, sino la elaboración de la intuición y la representación [como producto] en el concepto. El todo, tal como se manifiesta en la mente, como un todo discursivo, es un producto de la cabeza pensante que se asimila el mundo del único modo que puede hacerlo, modo que se diferencia de la asimilación artística, religiosa o prácticamente espiritual. El sujeto real permanece lo mismo que antes fuera de la cabeza, con su independencia, mientras que la cabeza, queremos decir, solo se comporte especulativamente, teóricamente. Por tanto, también en el método teórico tiene que estar siempre como premisa, ante el sujeto, la sociedad.” (C. Marx. Grundisse. T. I. pp 15-16)

En El Capital, C. Marx nos presenta de forma acabada la reproducción de lo real en lo ideal, el desenvolvimiento del análisis como resultado de la elevación de lo abstracto a lo concreto, la reproducción de la dialéctica de la realidad económica capitalista.

“Si Marx no nos dejó una ‘Lógica’ (con mayúscula), dejó en cambio la lógica del Capital, que en este problema tiene que ser utilizada a fondo. En el Capital, Marx aplicó a una sola ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento del materialismo [no hacen falta tres palabras: es una y la misma cosa], que tomó todo lo valioso que había en Hegel y lo desarrolló.”

        “El comienzo –el ‘Ser’ más simple, común, inmediato, de masas: la mercancía singular (el ‘Sein’ en economía política). Su análisis como relación social. Un doble análisis, deductivo e inductivo– lógico e histórico (formas del valor)”

        “La prueba por los hechos o por la práctica, respective, se encuentra aquí a cada paso del análisis”. (Lenin. Cuadernos filosóficos. “Plan de la dialéctica de Hegel (lógica)”)

La aplicación de la filosofía marxista a las ciencias concretas exige el conocimiento tanto de las leyes de la dialéctica como las categorías de la misma.

        “Si se observa la historia de la filosofía, resulta que los filósofos idealistas han subrayado con más fuerza que los materialistas metafísicos el carácter activo del pensamiento, si bien los primeros no llegan a comprender el verdadero carácter del proceso cognoscitivo y presentan bajo forma tergiversada la relación existente entre el pensamiento y los objetos.”
       
“Dentro de la época moderna, el problema de las categorías y de los conceptos ha sido ampliamente estudiado en las doctrinas filosóficas idealistas de Kant y Hegel.” (Rosental y Stracks. Categorías del materialismo dialéctico)

La aplicación del método dialéctico haciendo uso de las categorías le permitió a Carlos Marx penetrar en la esencia de la producción capitalista, descubriendo, por ejemplo, que el cambio entre mercancías es intercambio de equivalentes, y por esto encierran determinada cantidad de trabajo socialmente necesario expresado en horas; o que en el intercambio privado, se revela el carácter social de la producción, pues este trabajo privado incorporado en cada mercancía representa partículas de trabajo social.

        “Así pues, el materialismo dialéctico da una clara respuesta al problema concerniente a la naturaleza de las categorías filosóficas. Las categorías y los conceptos reflejan la esencia objetiva de los fenómenos y los objetos mismos; es decir, tienen un contenido objetivo, y solo en virtud de ello pueden servir de puntos de apoyo a nuestro conocimiento y actividad práctica. Las categorías, lo mismo que las sensaciones, percepciones y representaciones, son imágenes del mundo objetivo, pero imágenes más complejas y profundas. Estas imágenes, en efecto, no reflejan los objetos en su singularidad, sino en su universalidad y necesidad; reflejan su esencia y las leyes por las que se rigen.” (Rosental. Categorías del materialismo dialéctico. Págs. 30-31)

La vigencia de la filosofía, su expresión como dialéctica objetiva y subjetiva, consiste en la permanente confrontación contra las limitaciones propias del conocimiento, y contra las clases sociales interesadas en perpetuar la forma de explotación en la que someten a las clases trabajadoras.

        “Una vez que se ha penetrado en la conexión de las cosas –escribía Marx en 1868– se viene abajo toda la fe teórica en la necesidad permanente del actual de orden de cosas, se viene abajo antes de que dicho estado se desmorone prácticamente. Por tanto, las clases dominantes están absolutamente interesadas en perpetrar esta insensata confusión.” (Rosental. Categorías del materialismo dialéctico. Pág. 92)

El reconocimiento únicamente de lo singular, sin lo universal, y su expresión en categorías, elimina los conceptos de capitalismo, burguesía, etc. Así, por ejemplo no hay clase social burguesa, y por lo tanto la explotación se reduce al maltrato de un empresario a un trabajador.

        “Es natural que, empleando semejante método idealista subjetivo, puede campear la más absoluta arbitrariedad en la ciencia y en el estudio de los problemas sociales. Siguiendo este ‘método’, los conceptos de ‘capitalismo’, ‘clase obrera’, ‘burguesía’, ‘racismo’, ‘libertad’, ‘esclavitud’ y otros, no son más que signos vacíos, nacidos de las insuficiencias del lenguaje. Muchos filósofos y economistas burgueses difunden la peregrina idea de que, cambiando las palabras, modificando los nombres con que se designan los hechos o fenómenos, se puede cambiar el orden social, superar las más hondas contradicciones entre las clases, etc.” (Rosental. Categorías del materialismo dialéctico. Pág. 28)

La filosofía marxista ha permitido comprender cabalmente el mundo objetivo y su reflejo subjetivo, haciendo pasar al proletariado en particular, y a la humanidad en general, de la necesidad a la libertad, de la posibilidad del socialismo a la realidad del mismo, en el proceso de liberación del hombre de toda forma de explotación.

Internacionales

Nota:

A continuación reproducimos la sexta y última parte del libro del compañero Jorge Beinstein, Macri. Orígenes e Instalación de una Dictadura Mafiosa, con el deseo de que el mismo constituya un material de estudio y de discusión acerca de las características de la coyuntura política latinoamericana, la construcción del sujeto político y la formulación de estrategias acordes a la instauración de procesos de democratización real y de superación del capitalismo contemporáneo en decadencia, que perpetúa el poder de los grandes grupos económicos sacrificando a nuestros pueblos con el hambre, la penuria económica y la falta de acceso a los servicios básicos de educación y salud.

El comité de redacción


Macri. Orígenes e Instalación de una Dictadura Mafiosa
(Sexta y última parte)

Jorge Beinstein

Capítulo 10

La instalación hegemónica del parasitismo argentino


Este texto fue escrito en el exilio en 1981 y publicado en la revista francesa “Les Temps Modernes” (*) fundada por Jean-Paul Sartre, fallecido un año antes, y en ese momento bajo la dirección de Simone de Beauvoir. Se trató de una edición de la revista dedicada al tema argentino. El artículo redactado en francés y sometido luego a la “corrección de estilo” de la revista, había sido pensado en “argentino”, cargado con el espíritu de la época. Reeditarlo 36 años después en el idioma en que fue pensado obliga a un intenso esfuerzo de memoria y de adaptación. Lo que yo allí trataba de explicar era que esa dictadura militar, además de ser la más sanguinaria de la historia argentina, marcaba una mutación decisiva en la clase dominante del país: el parasitismo pasaba a ser su característica principal. Los aspectos “productivos” (agrario, industrial, minero, etc.) quedaban subordinados a un comportamiento decadente que como se pudo constatar en lo años posteriores y hasta la actualidad explica la dinámica del capitalismo argentino. No se trataba de un fenómeno inesperado sino de la culminación de un proceso perverso que hundía sus raíces en la historia nacional. (*) Jorge Beinstein, “Argentine à l’heure du bilan”, Les Temps Modernes, Juillet-Aout 1981, nª 420- 421, París.


“Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta nacionalidad argentina que tiene que formarse, como las pirámides de Egipto y el poder de los imperios, a costa de la sangre y el sudor de muchas generaciones”.
General Julio A. Roca, 23 de abril de 1880 (39)

“Ahora escribimos este letrero en las paredes: la vida es subversiva”
Ernesto Cardenal (40)



LA TRAGEDIA ARGENTINA PODRÍA SER SINTETIZADA con la ayuda de la siguiente paradoja: la élite dominante ha demostrado su “ineficacia” para desarrollar un país rico en recursos naturales y dotado de una población calificada. Y sin embargo se ha mostrado bastante “eficaz” para impedir que las clases populares, víctimas de su dominación, impongan cambios de estructuras radicales eliminando así las trabas que se oponen al progreso.

Eficacia para dominar y parasitar, ineficacia para superar un sistema socioeconómico decadente. Modernismo mezclado con conservadurismo, absorción de ciertos progresos técnicos, incorporación de formas culturales nuevas... pero que se adaptan a estructuras parasitarias cuya rigidez impide al país salir del círculo vicioso del subdesarrollo.

Esta “dualidad” en el comportamiento de la alta burguesía local expresa bien el carácter contradictorio, casi aberrante, de un capitalismo periférico condenado desde su nacimiento a reproducir eternamente (y de manera cada vez más bárbara) el subdesarrollo, a través de diferentes niveles de urbanización, de industrialización, etc. Ha transcurrido un siglo desde que, hacia 1880, la oligarquía cívico-militar fundó la República, la Argentina moderna. Durante todo ese tiempo se han sucedido las reformas fracasadas, las revueltas populares, un vasto proceso de industrialización... pero la hegemonía elitista-conservadora no pudo ser anulada.

Finalmente llegamos a la degradación actual, proceso dramático que combina la putrefacción, la disgregación de las fuerzas productivas y la instalación de un Estado totalitario, elitista, que invade completamente la sociedad civil (alimentándose de su desarticulación) en un combate que no está aún zanjado y que tiene como objetivo su domesticación total, su transformación en un conjunto caótico de actividades vegetativas.

Desde hace cerca de medio siglo la economía rural permanece estancada (leer aclaración en el pie de página)41. La industria, que representa actualmente cerca del 35% del Producto Bruto Nacional, no ha conocido, en el transcurso de los veinticinco últimos años, sino algunas innovaciones parciales que le han permitido adaptarse anárquicamente a los cambios (modernizaciones) introducidos en el sistema de consumo, pero al precio de un alto nivel de desnacionalización y de monopolización, acentuando todavía más su dependencia tecnológica y financiera externa. Esta dinámica económica (principalmente entre 1955 y 1975) donde predominaron las prácticas parasitarias, con débiles tasas de inversión productiva y beneficios elevados a corto plazo, ha contribuido de manera decisiva a la inestabilidad general del sistema.

En cuanto al sector agrícola, centrado en la gran propiedad, ha podido hasta ahora compensar sus bajos niveles de productividad mediante fuertes transferencias de ingresos a su favor, gracias a un poder político que, luego del golpe de Estado de 1955, se mostró excesivamente sensible a sus demandas.

Todo esto ha provocado durante el último cuarto de siglo un proceso de concentración de ingresos que ha socavado el mercado de consumo de masas, sostén de la industria y de una buena parte de la actividad rural.

Fue sobre la base de la inestabilidad de los precios (causada por la sucesión de rapiñas de la alta burguesía) combinada con el estancamiento o crecimiento muy lento de la demanda interna (en una sociedad moderna muy urbanizada) que diversas firmas multinacionales penetraron en el país en el transcurso de los años sesenta ocupando los sectores más dinámicos de la industria. Su desarrollo se integró al proceso general de lumpen-aristocratización social desencadenado por el golpe de 1955, dándole un impulso decisivo. El capital extranjero funcionó desde el comienzo con tasas de ganancia extremadamente elevadas y tomando muy pocos riesgos. Sus estrategias tenían como objetivo central la recuperación ultra-rápida de las inversiones.

Una componente fundamental del comportamiento del empresario argentino es la inmediatez, la subestimación del largo plazo, la búsqueda de ganancias fáciles y rápidas. Conducta típica del subdesarrollo que no ha obedecido a ninguna casualidad histórica, a ninguna desviación psicológica momentánea; por el contrario constituye un verdadero factor estructural que hunde sus raíces en los orígenes de la sociedad argentina y que se perpetúa a través del tiempo. Más aún, el conjunto de nuestra cultura nacional (subcultura periférica) ha estado siempre impregnada por la inmediatez, la mayor parte de las actividades sociales no han podido liberarse de esta forma primitiva de racionalidad que ha inhibido, bloqueado el desarrollo de la conciencia en las masas populares.

El pragmatismo cínico, disfrazado de “viveza criolla”, que ha sido a veces considerado como uno de los elementos fundamentales del “comportamiento argentino”, es para la élite dominante y para los arribistas que aspiran desesperadamente al poder y a la riqueza, una especie de justificación legitimadora de su degradación moral; para las masas dominadas, para las clases populares, esta manera de ser funciona como una justificación de la impotencia, como una escapatoria individual (y a veces colectiva), como un verdadero opio. Para el conjunto del cuerpo social, todo esto toma la forma de una esquizofrenia que se exacerba con el tiempo y conduce inexorablemente al desastre.

El oportunismo provechoso para una minoría tal como se ha presentado históricamente en Argentina, es uno de los productos del bloqueo oligárquico; aparece para las mayorías como un conjunto de ilusiones destinadas al fracaso: ilusión de arreglo negociado en la antecámara de la represión, ilusión de prosperidad en medio de la decadencia...

Los bloqueos estructurales (desde monopolio oligárquico sobre la tierra hasta el actual protagonismo de las camarillas financieras) se han convertido a nivel cultural en trabas ideológicas al desarrollo de la racionalidad social, como interiorización por parte del pueblo de mitos, normas de conducta producidos por la élite dominante. La sumisión física de los de abajo obtenida durante el siglo XIX mediante una larga y sanguinaria guerra civil fue coronada por un profundo sometimiento cultural que se ha expresado al interior de los movimientos populares opuestos al régimen, inhibiendo su capacidad crítica y por consiguiente, su potencial de lucha.

En estos últimos cinco años se ha producido un gigantesco salto cualitativo, el capitalismo oligárquico tradicional, incluidas sus extensiones burguesas (industrial, comercial, etc.) se ha transformado en saqueo, en destrucción de fuerzas productivas, la dominación elitista se ha convertido en represión feroz. La miseria y el genocidio borran de un plumazo numerosos mitos, numerosas ilusiones... el terror es hoy el instrumento principal en el proceso de reproducción del capitalismo argentino. Pero, como la clase dominante que está a la cabeza de la República Militar sabe que ese terror es insuficiente, que su eficacia se deteriora con el tiempo, busca hacer revivir la antigua comedia recurriendo a los juegos de la vieja política elitista. Pero es probable que el círculo vicioso, constituido por el bloqueo estructural y las ilusiones de cambio, esté en la actualidad seriamente dañado.

Resulta difícil hacer pronósticos acerca de la capacidad de la élite, en medio de la mayor crisis social de la historia argentina, para organizar una nueva red de compromisos en paralelo al despliegue represivo así como anticipar rupturas y rebeliones populares… el futuro es muy incierto…
                        
La oligarquía
Es posible localizar las raíces del subdesarrollo argentino en la forma específica, periférica, a la vez degradada y caótica, que ha revestido en esta parte del mundo la civilización burguesa. Reproducida sobre la base del bloqueo elitista, del recurso cíclico a la violencia, la subcultura oligárquica aparece como el fundamento del “fascismo” argentino, combinación de despotismo, pragmatismo sin escrúpulos y cinismo político. Es necesario remontarnos al fin de la colonización española en 1810 y aún antes, la élite que nace en Buenos Aires, engendrada por el contrabando y la especulación, se transformó poco a poco, para convertirse, a través de una larga ruta marcada con sangre, en la clase dominante que conocemos hoy.

Basada en la ciudad-puerto fue en sus orígenes una burguesía comercial urbana inestable que fortaleció sus vínculos con el mercado mundial (en especial con el Imperio Británico) apropiándose luego de vastas extensiones de tierra en la pampa, gigantesco espacio fértil.

Las exportaciones de cueros, carnes saladas, lana, carne bovina y cereales marcan diferentes etapas en el proceso de incorporación del territorio al comercio internacional.

Al final de la primera etapa de su formación, hacia 1880, la oligarquía ya consolidada en tanto élite rural y urbana (propietaria de tierras y grandes empresas en Buenos Aires y otras ciudades) había dejado detrás una vasta obra de destrucción. La población indígena había sido exterminada, las masas populares del interior aplastadas sin piedad; Paraguay fue sometido a un gran genocidio, más de la mitad de su población fue masacrada por los ejércitos combinados de Argentina, Brasil y Uruguay.

La trayectoria del general Roca, verdadero fundador de la Argentina moderna y de su ejército, son muy esclarecedoras. Combatió en la guerra del Paraguay, enfrentó militarmente a los caudillos del interior como Felipe Varela, López Jordán o Peñaloza, y dirigió finalmente la famosa “Campaña del Desierto”, amplia operación de exterminio de las poblaciones indígenas cuyo objetivo era la apropiación de millones de hectáreas de tierras fértiles42 .

Desde su nacimiento, la oligarquía fue una clase inestable que se desarrolló a través de una sucesión de golpes de suerte, gracias a los avatares de la guerra civil, de un comercio internacional imprevisible, de la apropiación fraudulenta de las “tierras públicas” que eran en realidad propiedad de los indios, de la especulación urbana, etc. Aparece en consecuencia como una amalgama de poder económico y militar, de intereses rurales y urbanos, locales y extranjeros.

A lo largo de los últimos cien años pudo reproducirse principalmente en tres escenas políticas diferentes: la República Civil Fraudulenta (entre 1880 y 1916, durante los años 30 y entre 1958 y 1966), la República Militar (durante el golpe de 1930, entre 1955 y 1958, entre 1966 y 1973, a partir de 1976) o bien bajo regímenes populares democratizadores (1916-1930, 1945-1955, 1973-1974) durante los cuales efectuaba repliegues tácticos hábiles que le permitían conservar su dominación estratégica sobre los sectores clave de la economía y del aparato de Estado. Esta habilidad, esta capacidad de adaptación política combinando la represión con las negociaciones tramposas, se extendió también a la economía; es así como atravesó la etapa de las exportaciones agrícola-ganaderas (hasta la Segunda Guerra Mundial), la industrial-nacionalista (1945-1955) y la industrial colonizada (1955-1976) para asumir ahora las características de una lumpenburguesía cívico-militar.

Diversificación de intereses, división-recuperación-represión de sus enemigos internos sobre la base no negociable del mantenimiento-transformación-adaptación del modelo elitista que traba simultáneamente el desarrollo de las fuerzas productivas y de las formas democráticas de organización social.

Las Fuerzas Armadas

Las Fuerzas Armadas argentinas constituyen la expresión institucional más elaborada de la subcultura oligárquica. Nacidas en la últimas décadas del siglo XIX sobre la base de la represión interna (exterminio de pueblos originarios, aplastamiento de los movimientos populares del interior del país) y de la guerra colonial contra el Paraguay, fueron formadas en base al modelo prusiano. Garante sólido de los regímenes civiles más elitistas o asumiendo otras veces abiertamente el poder político para preservar “el orden social”, el poder militar constituye uno de los factores esenciales del proceso de reproducción del subdesarrollo. Su imagen actual, en tanto “aparato represivo-fascista” no es el producto de una situación extraordinaria, sino el resultado de toda su historia.

Es necesario señalar la existencia de dos mitos, de dos falsificaciones obstinadamente preservadas contra viento y marea.

Un primer mito es el del lazo que los militares (y el conjunto de la cultura oficial) han pretendido establecer entre el actual ejército profesional y los ejércitos improvisados (en realidad milicias populares) que libraron a comienzos del siglo XIX la guerra de la independencia contra el colonialismo español.

Intentan establecer una suerte de legitimidad de origen del aparato represivo actual. En realidad el ejército de la independencia se disolvió a lo largo de las guerras civiles que devastaron al país durante el siglo XIX. El ejército profesional apareció mucho después como instrumento de represión interna, animado por un espíritu elitista, como producto (y artífice) de la consolidación de la oligarquía. La legitimidad de origen se convierte en pecado original, marca sangrienta antipopular. El fundador de las Fuerzas Armadas argentinas no fue el general San Martín –héroe de la independencia–, sino el general Roca: “héroe” de las masacres de gauchos, indios y paraguayos, de la corrupción económica, de la sumisión al Imperio Británico.

El segundo mito, es el de la existencia de una importante tradición a la vez nacionalista y popular en las Fuerzas Armadas. Durante los últimos veinticinco años han surgido, en varias oportunidades, en el campo civil, personas a la búsqueda del militar “patriota”, “amigo del pueblo”. La realidad marcada por una sucesión de golpes de Estado militares reaccionarios, se encargó de desmentir esas esperanzas.

El nacimiento del peronismo, alrededor de 1945, ha sido a veces interpretado como el producto de una suerte de alianza entre las masas populares y las Fuerzas Armadas. En realidad, Perón mismo, durante su largo exilio, se encargó de desmentir muchas veces dicha afirmación.

Esto no impide que, incluso hoy, a pesar de lo ocurrido en estos últimos años, haya quienes nos recuerden que “en 1945 los militares se unieron al pueblo”. Pero la realidad fue diferente. Los militares argentinos, influenciados por las ideas autoritarias (que habían animado el golpe de 1930 que derrocó al régimen popular-liberal de Hipólito Yrigoyen) realizaron un golpe de Estado en 1943 con el doble objetivo de llenar el vacío político dejado por un gobierno conservador decadente y de “adaptarse” a la nueva configuración mundial donde Alemania aparecía en plena guerra mundial como potencia central emergente.

El aislamiento del poder militar, hostigado por las fuerzas políticas tradicionales y mal ubicado frente al rápido cambio en el curso de la guerra provocó una profunda crisis en su seno43.

Perón, entonces coronel, emergió como líder de las masas populares sobre la base de tres fenómenos principales: en primer lugar la crisis militar que quebrantó seriamente la estructura jerárquica del Ejército, luego la incapacidad de los políticos tradicionales (comprometidos con el viejo régimen oligárquico) para recuperar el poder; por último, la irrupción, gracias al proceso de industrialización a partir de los años 30, de un nuevo proletariado industrial, así como de un amplio abanico de grupos sociales modernos (una burguesía urbana innovadora, nuevas clases medias, etc.). Fueron estas fuerzas sociales emergentes (especialmente la clase obrera) las que consolidaron al movimiento peronista. La oligarquía en su conjunto, los partidos tradicionales y la derecha militar, efectuaron en ese momento uno de sus repliegues tácticos tan conocidos, destinados, por un lado a calmar y a moderar al movimiento popular naciente, y por el otro a recuperar fuerzas, a reconstruir su cohesión interna.

Cinco años más tarde, desde comienzos de los años 50, la derecha pasó al ataque aprovechando contradicciones y debilidades de un régimen prisionero del conservadorismo que esos sectores habían contribuido a imponer.

La ofensiva reaccionaria culminó en 1955 con el golpe de estado antiperonista que abrió un largo período (de 18 años) de dictaduras militares o de “gobiernos civiles” (bajo el control más o menos directo de las Fuerzas Armadas), surgidos de “elecciones” donde el movimiento peronista mayoritario había sido excluido.

El liderazgo de Perón no fue el resultado de la convergencia entre las masas populares y el Ejército, por el contrario, el peronismo triunfó en 1945 con un militar atípico a la cabeza gracias precisamente al quiebre de la tradición militar más sólida, del elitismo, del conservadorismo, fuertemente impregnado de elementos ideológicos autoritarios.

La recomposición ideológica y política de las Fuerzas Armadas fue uno de los elementos clave de la contrarrevolución de 1955.

Por otra parte no es exagerado atribuir las dudas e inhibiciones conservadoras de Perón principalmente a su educación militar.

El proceso de concentración de ingresos iniciado en 1955 provocó la resistencia tenaz de la clase obrera (agrupada en los sindicatos creados bajo el peronismo) y de sectores crecientes de las clases medias.
El descontento social ascendente paralelo a su cada vez mayor radicalización política se encontró frente a un aparato represivo centrado en las Fuerzas Armadas, cuyo desarrollo fue proporcional a la oposición popular.

1976 simbolizó el salto decisivo en la evolución militar; en su interior la relación de fuerzas fue cada vez más favorable a las estructuras operacionales y de inteligencia especializadas en la represión; las Fuerzas Armadas completaron una transformación laboriosamente preparada. Es entonces que emerge un ejército de ocupación que va a enfrentar a la sociedad civil en tanto “enemigo” a someter integralmente. Nacidas del gigantesco baño de sangre de las últimas décadas del siglo XIX las Fuerzas Armadas, gracias a la crisis y al desmoronamiento económico y social asumen su rol original, su más profunda razón de ser.

La debilidad estratégica de los movimientos populares

Hemos visto cómo la oligarquía, mezcla elitista de militares, terratenientes y especuladores diversos, ha logrado, gracias a un juego complejo de repliegues tácticos y represiones feroces, de “adaptaciones” económicas y de parasitismo, conservar los fundamentos de la república burguesa.

Frente a ella, las fuerzas populares se han mostrado impotentes no sólo para obtener un cambio definitivo de estructuras sino, incluso, para garantizar la permanencia de algunas reformas democráticas.

Dejando de lado la evaluación de la oposición mas radicalizada que no pudo transformarse en un gran movimiento antioligárquico mayoritario44 observamos que, tanto el radicalismo yrigoyenista (hasta la Segunda Guerra Mundial) como el peronismo histórico, entre 1945 y el inicio de la dictadura militar en 1976, fueron vencidos, víctimas de sus debilidades estratégicas.

La causa principal de estas debilidades reside en el nivel de penetración lograda en su seno de un conjunto de valores, normas de conducta y mitos que formaban parte del núcleo duro de la subcultura oligárquica (es decir, de la cultura burguesa con las características particulares que reviste en el caso argentino).

La composición social de los dos movimientos y sus tramas culturales, en particular de sus sectores más amplios pueden ayudarnos a entender el fenómeno. El yrigoyenismo alimentado por una clase media plebeya emergente, que oscilaba entre la rebelión antioligárquica y el ascenso al interior de la sociedad existente; el peronismo, alimentado por un proletariado urbano inmaduro que accedió rápidamente a las ventajas obtenidas por la prosperidad capitalista de la posguerra, parecían condenados a una moderación y a un autocontrol de sus ofensivas que los privó de una victoria definitiva.

Ello se tradujo por un lado en el refuerzo de las direcciones personalistas que tenían como función conservar la unidad popular impidiendo los “desbordes”, la radicalización de las aspiraciones democráticas del pueblo45 y, por otro lado, el predominio de los “estilos políticos” que privilegiaban el pragmatismo, “la inmediatez” (particularmente en el peronismo), y subestimaban las formulaciones de carácter estratégico, la profundización de la crítica social, es decir, el desarrollo en profundidad de la racionalidad, de la conciencia popular.

Porque se mostraban incapaces para conquistar la democracia, para cambiar las estructuras, porque se quedaban paralizados frente a los bastiones de poder de la alta burguesía, esta última pudo vencerlos. La debilidad estratégica de estos movimientos populares, incapaces de realizar una ruptura radical con la cultura dominante los dejó prisioneros de los procesos de reproducción de los bloqueos sociales.

Los grandes cambios de los últimos cinco años

Es posible constatar un conjunto de cambios en la sociedad argentina entre 1976 y 1981, los mismos maduraron gradualmente durante un largo período (aproximadamente veinte años) de inestabilidad institucional y decadencia económica y cultural.

La República Militar no ha surgido del azar; muy por el contrario es la resultante (fascista) de la descomposición de un sistema social bloqueado.

No tengo intención de hacer aquí un análisis completo de los cambios que han marcado el ascenso de un régimen dictatorial con bajo nivel de actividad económica, me limitaré solamente a señalar tres tendencias dominantes: el desarrollo de la especulación en detrimento de las actividades productivas, la militarización de un amplio conjunto de actividades sociales y finalmente el incremento de la dependencia externa (en suma, la conformación bajo la forma de República Militar de un esquema de dominación elitista dictatorial, parasitario y colonial46).

A-  La hegemonía parasitaria

Durante el período que va entre 1976 y 1980, haciendo la medición en términos reales, mientras que el sector productor de bienes (agricultura y ganadería, minería, industria y construcción) crecía un 5,7 % el sector financiero lo hacía en un 44,5 %47. Estas cifras revelan la enorme transferencia de capitales operada desde la producción hacia la especulación.

La caída de la demanda interna causada principalmente por la reducción de los salarios reales, la reducción de las barreras aduaneras y la introducción de una política monetaria contraria a las inversiones productivas48 han provocado el desmoronamiento de la industria. En efecto, el volumen de la producción industrial en 1980 se situó por debajo del promedio de los años 60. Las inversiones productivas en el sector agrícola (para no citar más que la compra de tractores) cayeron igualmente en forma espectacular. El doble efecto producido por la alta inflación y la recesión instauró un clima propicio para el crecimiento del “sector financiero” y de otras actividades parasitarias; la continuidad de este proceso engendró a comienzos de los años 80 una crisis profunda en el seno mismo del “sector financiero” (ocasionado por la sobreacumulación de deudas impagas). Esta crisis tuvo, a su turno, repercusiones desfavorables en el sector productivo conformándose un proceso de “bola de nieve” que arrastró a los principales bancos privados del país y a miles de empresas.

Se puede considerar esta degradación económica general como un elemento esencial de la desarticulación del conjunto de la sociedad civil. A la caída de los índices de producción se agregan los de salud, educación, etc.

B – Militarización económica

En el plano económico, la desarticulación del sector de la producción privada estuvo “compensada” por un refuerzo relativo del sector estatal controlado por las Fuerzas Armadas. Es lo que se puede observar, tanto en el caso de la absorción de empresas en quiebra por parte del gobierno como en el aumento espectacular de los gastos militares y otros gastos del Estado, a los cuales habría que agregar la ampliación sin precedentes del aparato represivo así como de otros instrumentos de control social lo que tiende a conformar una suerte de Estado militar parasitario hipertrofiado expandiéndose sobre una sociedad civil desarticulada.

En 1976, los recursos corrientes del Estado representaban el 22% del Producto Bruto Interno, en 1980, ese porcentaje se elevó a 31% (el incremento fue asignado en su mayor parte a gastos improductivos).

Teniendo en cuenta el descenso del consumo nacional entre 1975 y 1979, el consumo del Estado se aceleró a una tasa media anual de 7,7% mientras que en el mismo período el consumo privado disminuía alrededor del 2% anual.

Este Estado militar, especie de carcelero-devorador de la sociedad civil, aparece bajo la forma de un bloque parasitario, donde domina la corrupción bajo diversas formas. Asocia a sectores decisivos de la oligarquía civil en el seno de lo que aparece como una siniestra combinación de negocios y represión. La lumpenburguesía cívico-militar aparece como la fuerza dominante de la contrarrevolución.

C - Agravamiento de la dependencia

La difícil situación financiera de las empresas, a la que se agregó en 1980 el déficit de la balanza comercial, provocó un gigantesco endeudamiento externo. La deuda externa total, que era inferior a 10 mil millones de dólares en 1976, cuando se instaló la dictadura, es hoy superior a 30 mil millones de dólares. El sector del Estado pesó de manera definitiva en el endeudamiento general del país. En 1976, la deuda externa del Estado era inferior a 6 mil millones de dólares; a fin del año 80, llegaba casi a 16 mil millones de dólares.

Con respecto a la deuda externa global (pública y privada), el endeudamiento a corto plazo se reforzó de manera significativa. El déficit comercial y los vencimientos a corto plazo exceden ampliamente al valor de las exportaciones y de las entradas previsibles de capitales, lo que vuelve a poner en el orden del día el fantasma de la cesación de pagos. Recientemente, un grupo de representantes de la alta burguesía industrial propuso al gobierno interrumpir las importaciones durante seis meses.

Autoritarismo, democracia y subversión

Terrorismo de Estado y lumpen-capitalismo constituyen las dos caras de una misma moneda: la reproducción bárbara del capitalismo subdesarrollado.

El capitalismo argentino es naturalmente autoritario, su reproducción a largo plazo (crecientemente degradada) se contrapone estratégicamente al funcionamiento pleno de un sistema de democracia representativa basada en el libre ejercicio de la soberanía popular, solo podría coexistir, de manera inestable, con gobiernos civiles muy limitados por barreras “institucionales” o de otro tipo, expresión de factores de poder desplegando los bloqueos económicos y sociales propios de la dominación oligárquica, de su evolución decadente.

Nuestra burguesía histórica, la oligarquía, se adaptó a los grandes cambios económicos (en particular, a la industrialización), deformándolos y reduciéndolos al nivel de su capacidad de control. La preservación del elitismo y del parasitismo afectó de manera decisiva desde fines de los años 20, cuando terminaba la etapa de la expansión agroexportadora, todas las tentativas posteriores de industrialización y de democratización social y política. Finalmente, el estancamiento se volvió involución, descomposición de las fuerzas productivas, en ese momento el autoritarismo tomó la forma dictadura militar.

En síntesis, democracia y oligarquía son históricamente incompatibles, la incomprensión de este hecho mayor ha estado en el origen de la derrota de los grandes movimientos populares.

Ninguna democratización real, seria, de la vida argentina es posible sin la eliminación del lumpen-capitalismo y su aparato represivo.

Ahora bien, el impulso democrático de las masas populares pudo a veces expresarse frente al poder oligárquico, sin embargo este impulso no pudo hasta el presente desprenderse del peso de la cultura dominante lo que redujo su potencial de combate. El burocratismo sindical, las tradiciones políticas e ideológicas autoritarias, la inmediatez, el elitismo, el desprecio del pluralismo, la subestimación del pensamiento crítico, co      nstituyeron los aliados objetivos de la oligarquía desde el interior de los movimientos populares.

En el transcurso de estos últimos cinco años, se expresaron en Argentina diversas formas de resistencia civil. Estallaron numerosos conflictos obreros, a menudo acompañados de importantes movilizaciones en las cuales participaban diversos sectores sociales. Éstos conflictos, así como las luchas por los derechos humanos, fueron tomando cada vez más amplitud a pesar del terrorismo de Estado.

En el último semestre, como lo señala incluso la prensa de Buenos Aires (pese a estar sometida a la censura) el malestar social aumentó en proporciones considerables. La mayor parte del tiempo estos conflictos sociales no obedecen a ninguna fuerza política tradicional ni a los viejos aparatos sindicales. Se trata de movimientos nacidos en la base, que expresan, en mi opinión, el impulso democrático siempre latente en nuestro pueblo. El futuro dirá si a partir de esas luchas, de esta práctica popular democrática, emergerá un movimiento de emancipación social. Es muy difícil hacer pronósticos sobre su programa, sin embargo, se impone una observación: el poder militar intentó librar una guerra a muerte contra lo que calificó de “subversión”, este concepto, utilizado en principio para designar a los movimientos de guerrilla se extendió luego a las manifestaciones más diversas de la vida civil que no están controladas por la dictadura. Para los militares “la subversión” es un monstruo de mil cabezas que se disimula detrás de los obreros en huelga, de los intelectuales que no son conservadores o que reivindican un poco de libertad.

En suma, para la oligarquía civil y militar la democracia es subversiva (salvo sus caricaturas autoritarias). El carácter multidimensional del fenómeno democrático (económico, político, cultural) siembra pánico en las filas de una élite que comprendió que la atomización del mismo (la separación voluntarista, por ejemplo, entre “democracia política” y democratización económica) es a largo plazo imposible.

La crisis redujo en proporciones considerables la capacidad de maniobra de la clase dominante. La dictadura se encarga de mostrar cada día a los oprimidos que toda tentativa para librarse del nihilismo fascista, es decir la voluntad de vivir, no es otra cosa que “subversión”.

Vivir o someterse a la barbarie, combatir un régimen injusto, cruel, o resignarse a morir cada día un poco más… millones de argentinos aprenden a través de su dura experiencia que los milagros no son de este mundo, que sólo una lucha consecuente, tenaz, podrá abrir el camino de la libertad.



Notas:
(39) Carta del general Julio A. Roca a Dardo Rocha, 23 de abril de 1880, en Natalio E. Botana, El orden conservador, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1979.
(40) Ernesto Cardenal (antología de Antonio Melis). La vita e’souversiva, Edizioni Accademia, Milán, 1977.
(41) Nota del autor algo más de 35 años después: en 1981 era imposible prever el futuro boom sojero de la agricultura argentina, que sin embargo no superó (en realidad reforzó) la trampa del subdesarrollo, menos previsible aún era que uno de los grandes clientes de esa producción sería China, convertida en la segunda potencia económica capitalista del mundo.
(42) “Durante los 18 años que transcurrieron entre 1862 y 1880, Roca sirvió al ejército de su país en todas las acciones que contribuyeron a la consolidación del poder político central: estuvo bajo las órdenes del general Paunero contra Peñaloza, combatió en la guerra del Paraguay, se enfrentó con Felipe Varela en la batalla de Salinas de Pastos Grandes, derrotó a Ricardo López Jordán en la batalla de Ñaembé, dirigió la Campaña del Desierto que culminó con la anexión de 1500 leguas de tierras nuevas. Esta trayectoria militar le permitió a Roca mantener contactos permanentes con las clases gobernantes emergentes”. N. E. Botana, op. cit. p. 33.
(43) El golpe militar se produjo el 4 de Junio de 1943, pero algunos meses antes (febrero de 1943) terminaba la Batalla de Stalingrado, punto de inflexión en la guerra que marcó la declinación del poderío militar alemán, aunque muchos estrategas occidentales y por supuesto alemanes, consideraban en ese momento la posibilidad de una rápida recomposición de la ofensiva nazi en el frente oriental. Pero llegó la Batalla de Kursk (julio-agosto de 1943) que señaló el principio del fin del militarismo alemán y el comienzo de la ofensiva soviética que terminó en mayo de 1945 con la caída de Berlín.
(44) Por ejemplo, el proletariado anarquista de comienzos del siglo XX, incapaz de romper su aislamiento, o bien las organizaciones armadas de los años 1960-1970 que no pudieron desplegar una dinámica de masas arrolladora.
(45) El democratismo espontáneo de las masas populares era deformado, “controlado” por sus direcciones. El autoritarismo, el bloqueo social impuesto por las clases dominantes era así interiorizado por los movimientos populares, reproduciendo en su seno formas jerárquicas conservadoras. El débil desarrollo de la democracia interna inhibía la radicalización de la base, el despliegue de una dinámica democrática “incontrolable” que pudiera hacer estallar el sistema burgués subdesarrollado. La democracia (como estilo militante) era reemplazada en muchos casos por una mezcla de folklore sectario, de pragmatismo y de oportunismo.
(46) Comentario del autor en 2017: lo que deja abierta la posibilidad teórica de una “república civil” cubriendo un entramado de dominación parecido.
(47) Clarín Económico, página 8, Buenos Aires, 3 de mayo de 1981.
(48) El gobierno fomentó la instauración de una tasa de interés que es, en dólares, una de las más altas del mundo. Gracias a esta política monetaria obtuvo una entrada de capitales especulativos del exterior cuya importancia no tiene precedentes y una caída brutal de las inversiones productivas.




Tres Ejes del Sionismo: Expansión, Oscurantismo y Crisis



El estado israelita reprime a los palestinos en la Franja de Gaza.

Expansión

Los palestinos nunca han sido el único objetivo en los planes de dominio y ocupación sionista sino el prioritario, puesto que su presencia independiente y viable como pueblo niega la esencia de la entidad sionista. Una entidad que, a fin de cuentas, no es más que una base terrenal del sionismo. O sea, de una concepción que, como tal, representa precisamente los intereses del gran capital financiero internacional que pretende dominar el mundo. Por lo que cada estado árabe, y especialmente aquellos con direcciones nacionalistas claras y cohesionadas que atisben como oponentes, han sido y son también su objetivo real tarde o temprano, como lo son Siria e Irak, o Yemen, y lo fue Sudan.

Expresión de esas ambiciones fue la guerra sionista de 1967, la cual les permitió no sólo apoderarse del territorio palestino que luego de la guerra del 48 había quedado bajo el control egipcio y jordano, sino además de la península del Sinaí hasta las márgenes del Canal de Suez, territorio egipcio que se ve obligado a devolver en el año 1979 tras los acuerdos de Camp David. Y también apoderarse de las Alturas del Golán, de soberanía siria, que ocupo durante la Guerra de Yom Kipur (1973) expulsando a más de 90000 de sus habitantes. Territorio que desde 1981 fue anexado en la práctica por los sionistas como parte de su entidad, a pesar de que en la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de la ONU se declaró que la decisión israelí de imponer sus leyes, su jurisdicción y su administración al territorio sirio ocupado de las Alturas del Golán es nula y sin valor, aunque lamentablemente en la realidad nada hizo ni hace para implementarla y obligar a la entidad sionista a devolverlo.

El denominado Plan Yinon, conocido Plan sionista para debilitar y dividir el Medio Oriente, es también una manifestación más de esas ambiciones conformando, junto a la concepción norteamericana del “Arco de Crisis” y el “Caos Constructivo”, los más viejos cimientos de la geopolítica que actualmente aplica Estados Unidos en esa zona, o sea, la “Balcanización”. Geopolítica que busca desmembrar esa región en territorios enfrentados entre sí, atomizados y políticamente débiles, reconfigurando la zona en función de los intereses sionistas e imperialistas y de sus aliados occidentales y árabes. Y la cual, desde el ángulo de su impacto práctico ha provocado una nueva “catástrofe”, una Nabka que amenaza a todo el Medio Oriente con divisiones y guerras, y lo ha convertido en un verdadero infierno.

“Balcanización” que pretendieron buscar a través del uso táctico de los grupos terroristas mal llamados “islámicos”, y que ahora el Parlamento de la entidad sionista (Knesset) intenta legalizar a través de un proyecto de ley que explora las formas en las que el régimen de Tel Aviv podría ayudar a los separatistas kurdos a establecer un estado independiente que apoye al régimen sionista y que tome partes de Siria, Iraq y Turquía.

La ocupación y destrucción sionista de Palestina, así como la expulsión masiva de la población nativa y la instauración allí de una entidad gendarme, no ha sido más, por consiguiente, que el primer paso de todos esos planes. A ello debe seguir la ocupación y destrucción de, por lo menos, Líbano, Siria, Jordania, Irak y partes de Egipto y Arabia Saudita, hasta crear el sueño sionista, o sea, un estado que abarque - y no es casualidad - desde el Nilo al Éufrates, pretensión que explica la constante negativa de esa entidad a fijar fronteras. Y todo ello para que el imperial-sionismo norteamericano domine dos de las tres zonas con mayor producción mundial de petróleo: el Oriente Medio y una parte importante de la correspondiente a la antigua URSS: el Cáucaso y el Asia central. Todo lo cual le permitiría someter y controlar todo el planeta, apoderarse de sus recursos naturales y tener mayor poder sobre los demás.

Oscurantismo

Decimos que no por casualidad, refiriéndonos al territorio con el que sueñan los sionistas porque, aunque parezca casi imposible de creer en pleno siglo XXI y difícil de detectar por su camuflaje y sutileza, tanto la creación como la existencia de la entidad sionista están basados en un oscurantismo de tipo medieval que evita deliberadamente que se conozca la historia del pueblo originario de la región: el palestino, sustituyéndola por la historia herencial sionista que hace exclusivos a los judíos y atribuye un origen divino a esa exclusividad.

Un oscurantismo que, manipulando los mitos de la fe popular cristiana y judía, así como las ideas místicas sustentadas en lo fundamental en los mitos cristianos hiperbolizados por la Reforma Protestante, deforma e invierte las condiciones materiales reales del surgimiento de la fe judía para crear un origen, una nacionalidad y una razón de ser política a la existencia de los judíos que, aunque falsa, les ha permitido lograr sus fines y legitimar sus intereses. Un oscurantismo que se ha convertido a su vez en una herramienta de exclusión social, ya que al absolutizar la historia sionista e impedir por todos los medios consciente y deliberadamente la difusión de la realidad, ignoran y desconocen la de los palestinos.

Este oscurantismo se ha multiplicado en un conjunto de estrategias que incluyen su utilización como instrumento movilizador para la importación de judíos hacia su base terrenal, la entidad sionista. Muestra de lo cual es la lucha sionista para evitar la llamada “asimilación” judía”, dirigida a desnaturalizar a los judíos, estimular su emigración para usarlos como instrumento de colonización, ocupación y destrucción y, sobre todo, asimilarlos a su entidad para integrarlos como células conformantes de la misma. Y también lo es el fomento del antisemitismo, dirigido a estigmatizar a todos aquellos que se opongan a ellos. Estrategias que persiguen mantener los mitos y mentiras formalizadas para ocultar la verdadera esencia reaccionaria, racista y genocida del sionismo. Y condenar a todo aquel que lo denuncia. Y oscurantismo del cual, podría decirse, hacen ostentación de forma abierta, sin que nadie les salga al paso, se conmueva ni inmute.

Un ejemplo de lo anterior ha sido el caso, hace sólo unos días, de la inauguración de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, donde Benjamín Netanyahu, en su discurso de apertura, mientras sus soldados asesinaban palestinos en Gaza, justificó la ocupación sionista de esa ciudad por el pretendido papel que jugaron y las supuestas acciones que realizaron en ella, según su historia herencial, personajes como Abraham y los reyes David y Salomón. O sea, dando como verdades absolutas e indiscutibles el papel de personajes que los científicos y la arqueología han demostrado que son sólo figuras literarias, cuya existencia real no puede ser históricamente documentada  [1]. E ignorando, a su vez, que Jerusalén es una ciudad Santa no sólo para una fe, sino que lo es para las tres grandes religiones monoteístas - la judía, la cristiana y la islámica -, todas ellas asociadas a la figura de Abraham. Lo que hace evidente que los argumentos sionistas lo que persiguen es ocultar y encubrir el hecho real de que Palestina fue un territorio en el cual vivieron y compartieron una misma tierra y un solo país los judíos, cristianos y musulmanes con su única identidad de palestinos [2].

Y lo más terrible aún, un oscurantismo que persigue que su pretendida y auto-adjudicada acreditación como elegidos por Dios, les dé derecho a ocupar y destruir territorios, y a someter, actuar bestialmente y asesinar impunemente la población palestina.

Crisis

En cuanto a la consolidación de su base territorial como territorio libre de oponentes, los sionistas y sus aliados, incluyendo por supuesto a las monarquías feudales y los gobiernos reaccionarios árabes, han ido logrado que el pueblo palestino, a pesar de los casi dos siglos de lucha contra la colonización y la ocupación de su territorio, esté enfrentando hoy una profunda crisis territorial, demográfica, política y económica. Crisis agravada desde Oslo, además, por una nueva y más compleja estrategia imperial-sionista diseñada para un largo plazo la cual ha buscado minar, dividir y debilitar al propio pueblo palestino desde dentro, a partir del colaboracionismo de ciertos sectores palestinos y el incremento de sus contradicciones internas. Pero crisis generada conscientemente por los sionistas con el fin de hacerlo desaparecer y/o claudicar en su lucha.

En efecto, los sionistas han dejado al pueblo palestino prácticamente sin territorio, y el que disponen está formado por un rompecabezas de pedazos fraccionados sin coherencia territorial ni continuidad, desconectados entre sí y bordeado por puntos de control sionistas y obstrucciones de todo tipo.

Al igual que el territorio, la población palestina ha sido convertida por el sionismo en un rompecabezas de pedazos fraccionados, estando parte de ella imposibilitada de retornar a su país, obligada a permanecer viviendo en muchos casos – como otros dentro de la misma Palestina - en campamentos de refugiados de la UNRWA, organización a la cual Washington recortó en enero su aportación como método de presión a la Autoridad Palestina. Mientras que los que viven en la entidad sionista, a los que concedieron tarjetas de identificación y reconocieron “teóricamente” la ciudadanía - no para incorporarlos a la vida cívica y política, sino para evitar el retorno de los que habían sido expulsados - sufren una discriminación sistemática generalizada en casi todos los aspectos de la vida y viven en inferioridad de derechos con respecto a los colonos judíos que allí habitan.

Por otro lado, el sionismo se ha ocupado de convertir la economía Palestina en una economía de “de-desarrollo”, denominación que dio la economista norteamericana Sara Roy de la Universidad de Harvard, para caracterizar una economía que presenta una constante erosión o debilitamiento de la capacidad de crecimiento y expansión debido al continuo robo de tierras y recursos naturales que desgastan su base productiva, cuyas fronteras han sido y están controlados por los sionistas y la importación de insumos restringida, todo lo cual incrementa los costos de producción, deprime las inversiones e, inevitablemente, sitúa a la economía en una trayectoria distorsionada de alto desempleo y pobreza generalizada.

Una economía en la que el de-desarrollo coexiste con una ANP con un aparato de estado desproporcionado que se ha convertido en el primer proveedor de empleo - la mitad de ellos en fuerzas de seguridad -, cuyos ingresos provienen de los impuestos recaudados lo que genera una amplia red de clientelismo y de corrupción, los impuestos controlados por los sionistas y la ayuda internacional los cuales son utilizados como instrumentos políticos de presión sobre ella.

Los resultados anteriores, sin hablar ya de las masacres, los asesinatos, los bombardeos, las acciones punitivas, los cortes de electricidad y de agua, los prisioneros y los atropellos que se están cometiendo contra los niños palestinos, los asentamientos y las agresiones de los colonos y el robo constante de tierra. Sin hablar de ello, los resultados descritos anteriormente de por sí, constituyen condiciones materiales reales que, junto a la voluntad y concepciones sionistas, limitan y/o imposibilitan la creación de un estado palestino medianamente creíble en la actualidad. Lo que en cierta forma explica que el gobierno norteamericano, bajo la presidencia hoy de Donald Trump, haya pretendido, aplicando la fuerza, encaminar las negociaciones con la Autoridad Palestina, entre otras variantes y en el mejor de los casos, hacia la aceptación de un status quo que reduzca los palestinos a Gaza y algunas partes de Cisjordania; o permita, quizás, una solución federativa jordano-palestina, o la expulsión de éstos hacia el Sinaí, con la anuencia del gobierno colaboracionista de Egipto.

En cualquier caso, no obstante, se trata sin dudas de liquidar la causa Palestina, posibilitando así la aceptación pública de la entidad sionista y su coalición en una alineación regional junto a las naciones árabes reaccionarias y monárquicas más fuertes para lograr el dominio de la región.

La Palestina de hoy, sin dudas, es sólo el espejo más representativo de lo que espera a otros. O mejor, de lo que nos espera a los demás…

Notas:

[1] Ver, entre otras obras, Albert de Pury. Abraham. what kind of an ancestor is he? http://www.unige.ch/theologie/distance/courslibre/atjacobdt2005/lecon2/abraham.pdf. Emmanuel Anati. Palestine before the Hebrews: a history, from the earliest arrival of man to the conquest of Canaan.  http://science.sciencemag.org/content/140/3562/41.1  .
[2] Suhail Hani Daher Akel. La tierra palestina, su pérdida y su día.  http://akelwww.suhailakeljerusalem.com/elind020408.html.


Fuente: Artículo tomado de Rebelión.
CREACIÓN HEROICA