Nota:
El presente artículo es una
contribución a la construcción orgánica del Partido y, particularmente, a la
reconstitución del partido de Mariátegui. El artículo analiza cada una de las
cuestiones importantes de la construcción orgánica del Partido, entre las
cuales destacamos aquí aquella que trata de la organización partidaria como
materialización de la doctrina, materialización que no hay que entender como
que ella se expresa solamente en las estructuras del Partido sino también, al
mismo tiempo, en los militantes, quienes deben ser la encarnación de la
doctrina tanto en su pensamiento como en su acción: adhesión incondicional al
marxismo-leninismo, capacidad de fusionar la verdad universal del proletariado
con la práctica concreta de la revolución peruana, capacidad de orientarse
independientemente ante cada problema y de actuar mancomunadamente en la
práctica común de la militancia.
Lo que hemos sostenido sobre
el artículo “La línea política general del Partido”, vale también para el
artículo que publicamos ahora: si
hace falta, serán perfilados mejor algunos de sus pasos, agregaremos algunos
argumentos o desagregaremos algunas afirmaciones o, en su defecto, mantendremos
los términos del texto a fin de aprobarlo como documento básico de la
Reconstitución.
El artículo será publicado en
partes y se recomienda a los lectores debatirlo colectivamente.
01.06.2026.
Comité de redacción.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y
Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
La
Línea Orgánica del Partido
(Primera
Parte)
Eduardo
Ibarra
LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO es, en esencia, la materialización de su
línea ideológica, su línea teórica y su línea política. Por eso, suele decirse
que la organización partidaria es la materialización de la doctrina. Por eso
también, la línea orgánica del Partido es una cuestión clave en la construcción
partidaria en general y,
particularmente, en la reconstitución del partido de Mariátegui.
Para que el pensamiento
partidario sea un pensamiento materialista y dialéctico, un pensamiento que se
apoye íntegramente en la realidad, en los
hechos, y que, por lo tanto, opere sobre el ambiente, sobre el medio, sin
descuidar ninguna de sus modalidades, se requiere, como es lógico, que el
Partido aplique el marxismo-leninismo al
conocimiento y definición de los problemas del Perú. Solo sobre esta base
puede hacerse realidad la integración de la verdad universal del proletariado con
la práctica concreta de la revolución peruana. Pero, naturalmente, la realización
de esta tarea exige una correcta línea orgánica, esto es, la más perfecta
articulación entre los principios organizativos materializados en la estructura
del Partido y la cualidad ideológica, teórica y política de sus militantes.
La línea orgánica del Partido comprende
varios aspectos que pasamos a exponer.
El
partido del proletariado se construye de arriba abajo. Como se sabe, el marxismo no es un producto espontáneo del movimiento
obrero. Engels señaló al respecto:
El socialismo moderno es, en primer término,
por su contenido, fruto del reflejo en la inteligencia, por un lado, de los
antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y
desposeídos, capitalistas y obreros asalariados, y, por otro lado, de la
anarquía que reina en la producción. Pero, por su forma teórica, el socialismo
empieza presentándose como una continuación, más desarrollada y más
consecuente, de los principios proclamados por los grandes ilustrados franceses del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el
socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos materiales económicos, hubo
de empalmar, al nacer, con las ideas existentes. (Del socialismo utópico y al socialismo científico).
Así, pues, en determinadas condiciones del desarrollo del capitalismo y
de lucha entre la burguesía y el proletariado, el marxismo surgió como un
desarrollo consecuente del pensamiento social. El movimiento obrero espontáneo
solo pudo producir, para ser breves, el comunismo utópico de Weitling en
Alemania y de Cabet en Francia.
Así las cosas, se comprende que el Partido
se construye de arriba abajo, es decir, desde el marxismo-leninismo.
Ya Lenin sostuvo que el partido
socialdemócrata surgió en Rusia independientemente del movimiento obrero, y el
Partido Socialista del Perú surgió igualmente de forma independiente del movimiento
espontáneo.
Mariátegui señaló:
En Lima, donde se ha constituido el primer
núcleo de industrialismo, es también donde, en perfecto acuerdo con el proceso
histórico de la nación, se ha balbuceado o se ha pronunciado la primera
resonante palabra de marxismo. (7 ensayos).
La Reunión de La Herradura acordó:
1º- Constituir la célula inicial del
Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido
Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas.
(Martínez de la Torre, Apuntes para una
interpretación marxista de historia social del Perú).
Y, la Reunión de Barranco resolvió:
1º- Dejar constituido el grupo organizador
del Partido Socialista del Perú.
3º- La lucha política exige la creación de
un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente
por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo
con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la
constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas
organizadas. (Ob. cit.).
Es decir, en perfecto acuerdo con
el proceso histórico de la nación peruana, surgió el marxismo como
resultado de la actividad consciente de Mariátegui y, sobre esta base, el
Partido Socialista del Perú surgió como producto de la decisión de un grupo de
marxistas.
El partido del proletariado es, pues, el
producto de la acción de los marxistas que se organizan para la lucha por el
poder y el socialismo. Por eso, a la vez que se construye en medio de la lucha
de clases, se construye también en medio de la lucha interna, y señaladamente
en medio de la lucha entre las dos líneas.
El principio de construir el Partido de
arriba abajo es la primera cuestión de su línea orgánica que había que
esclarecer.
El
carácter clandestino del Partido. En el
artículo “El partido ilegal y el trabajo legal”, Lenin señala:
El problema del partido ilegal y del trabajo
legal de los socialdemócratas en Rusia es uno de los principales que encara el
Partido; viene ocupando al POSDR durante todo
el período posrevolucionario y ha dado lugar a la más enconada confrontación en
el seno del mismo. (Obras completas, Editorial
Progreso, t. 22; cursivas en el original).
El citado artículo de Lenin data de noviembre de 1912 y la circunstancia
que analiza es el período posterior a la revolución de 1905, o sea, los años en
que el Partido hubo de luchar contra el liquidacionismo que intentaba suprimir
el partido clandestino y reemplazarlo por una “asociación informe” (Lenin). En la Rusia de entonces, el liquidacionismo se presentaba como el
intento de liquidar el “viejo” partido marxista, clandestino, suplantándolo por
un partido sin una unidad marxista, por un partido legal. Así, pues, la quintaesencia
del liquidacionismo, en la Rusia zarista como ahora en el Perú, es el intento
de liquidar el partido de clase.
En el mismo lugar, Lenin agrega:
El Partido se compone de células
socialdemócratas ilegales que deben crear sus “propios puntos de apoyo para el
trabajo entre las masas” en forma de una red, lo más amplia y ramificada
posible de sociedades legales. (…) La conclusión básica derivada de nuestra
valoración del momento, de la valoración hecha por el Partido, consiste en que la revolución es necesaria y se aproxima.
Han cambiado las formas de un
desarrollo que conduce a la revolución, siguen en pie las viejas tareas de la
revolución. De ahí la conclusión: las formas de organización deben cambiar, las
formas de las “células” deben ser flexibles, su ampliación pasará a menudo no
por la ampliación de las propias células sino de su “periferia” legal, etc. Todo esto se ha dicho muchas veces en
las resoluciones del Partido. (…) Ahora bien, el cambio de las formas de la
organización ilegal no se encubre en modo alguno con la fórmula de “adecuarla”
al movimiento legal. ¡Eso es completamente otra cosa! Las organizaciones
legales son puntos de apoyo que
permiten llevar a las masas las ideas de las
células ilegales. O sea, que cambiamos la forma de ejercer influencia a fin
de que nuestra influencia anterior trascurra en la orientación ilegal. (…) Por la forma de las organizaciones, lo ilegal se “adecúa” a lo legal.
Por el contenido del trabajo de nuestro Partido, la actividad legal “se
adecúa” a las ideas ilegales. (…) Júzguese, pues, cuán insondable es el
pensamiento de nuestros liquidadores cuando son capaces de aceptar la primera premisa (la forma de trabajo),
mientras echan en olvido la segunda (el contenido
del mismo). (…) El Partido Socialdemócrata es ilegal tanto “en conjunto” como en cada una de sus células y –lo que es mayormente esencial– en todo
el contenido de su trabajo, que difunde y prepara la revolución. Por ello, el
trabajo más abierto de la célula más abierta del Partido Socialdemócrata no
puede ser considerado como “conducción abierta del trabajo partidista”
(cursivas y negritas en el original).
Aquí hay varios puntos a analizar. Las células del Partido solo pueden
vivir en relación con las masas; por eso cada una de ellas debe ser parte
nuclear de organismos legales que le sirvan no solo de cobertura sino también,
a la vez, de una forma de mantenerse ligadas a las distintas capas de las masas
trabajadoras, de manera tal que les sea posible ampliar y desarrollar el trabajo
del Partido entre ellas; así, como ocurre en la biología, la células pueden
reproducirse.
La revolución peruana es necesaria, aunque todavía no pueda
decirse que se aproxima, salvo que se
produzca una brusca agudización de la actual situación mundial que repercuta
fuertemente en la situación nacional. En las presentes condiciones nacionales
de democracia burguesa, la lucha legal no significa ni puede significar la
caducidad de las tareas de la revolución; solo significa que su desarrollo ha
cobrado nuevas formas, las mismas que deben coadyuvar al desarrollo del cauce
de la revolución como es la lucha directa de las masas. El lector puede entender
muy bien las consecuencias que esto tiene en los planos del programa, la
táctica, la propaganda, la agitación y la organización que el Partido debe
sostener en su trabajo legal. Así, pues, no es el trabajo ilegal el que debe
adecuarse al trabajo legal, sino el trabajo legal el que debe adecuarse al
trabajo ilegal, o sea, a la realización de las tareas revolucionarias.
La clandestinidad del
Partido no es ni puede ser ocultismo. Como hemos visto, Lenin sostiene que “Las
organizaciones legales son puntos de
apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células ilegales”. ¿Cuáles son estas ideas? Pues las ideas del
socialismo científico, de la teoría partidaria, y particularmente aquellas del
programa y de la táctica del Partido. Esto significa que, en la lucha
electoral, por ejemplo, el Partido, si de verdad está empeñado en desarrollar
la conciencia de clase del pueblo, no puede renunciar a la propaganda marxista.
Por eso, Mariátegui señala con toda claridad:
Sin prescindir del empleo de ningún elemento
de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los
sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra
misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista
opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera. (Ideología y política)
Esta cita tiene un alcance general. En efecto, en todo momento es
necesaria la propaganda antiimperialista y la propaganda de las ideas del
socialismo científico y de la teoría partidaria y, específicamente en tiempos
de elecciones, esta necesidad es especialmente importante. Por eso, reemplazar el
programa revolucionario por uno de carácter meramente electoral, es rebajar la
propaganda al nivel de reivindicaciones que no cuestionan las bases del régimen
capitalista (como puede verse en los distintos programas electorales de las
izquierdas con comillas y sin comillas), y, por lo tanto, es no cumplir
realmente con la tarea de propagandizar el socialismo científico y la teoría
partidaria. Así, pues, en los programas electorales las tareas revolucionarias
son puestas a un lado, convirtiendo de esta forma el trabajo legal en algo
opuesto al contenido del trabajo ilegal. Cuando el liquidacionismo dice que al
gobierno se accede con el programa mínimo, lo que está diciendo es,
precisamente, que hay que aspirar a ser gobierno; en otras palabras, está
diciendo que el camino de la toma del poder pasa por ganar primero el gobierno.
Lenin señala a propósito de esta creencia:
Sólo los canallas o los bobos
pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las
votaciones realizadas bajo el yugo de la
burguesía, bajo el yugo de la
esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es
el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de
clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo
poder. (Obras escogidas en doce tomos, t. X).
En el Manifiesto
Comunista Marx y Engels sostienen que
“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos”. Por eso no
se entendería que el propio Partido limite su intervención en la lucha
electoral reemplazando el programa revolucionario con un programa electoral y,
de esta forma, prescinda de las ideas ilegales en las formas de la actividad
legal, cuando, como es natural, es completamente necesario luchar por el
derecho a la existencia activa del marxismo-leninismo y de la teoría partidaria.
¿No es esto lo que hizo Mariátegui al propagandizar, a plena luz del día, su
interpretación marxista de la realidad peruana y el propio marxismo? ¿No es
esto lo que hizo, cuando, a raíz del presunto “complot comunista”, en la carta
del 10 de junio de 1927 dirigida al diario La
Prensa, señaló con especial énfasis: “Acepto íntegramente la
responsabilidad de mis ideas, expresadas claramente en mis escritos de las
revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista ‘Amauta’,
fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su
presentación”?; “Remito a mis acusadores a mis propios escritos, públicos o
privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso…”;
“No rehúyo ni atenúo mi responsabilidad. Las de mis opiniones las acepto con
orgullo. Pero creo que las opiniones no están, conforme a la ley, sujetas al
contralor y menos a la función de la policía ni de los tribunales?” ¿No es esto,
finalmente, lo que hizo cuando, en “Lineamientos programáticos del Partido
Socialista”, estableció el marxismo-leninismo como la base de unidad del
Partido y concluyó que la militancia asumía “la misión de defender y propagar
sus principios” y que “las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las
minas y el campesinado indígena… sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y
de esta doctrina, combatir perseverantemente y esforzadamente por ellas y
encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del
socialismo”? (Ideología y política).
El trabajo legal del Partido no debe ni
puede ser legalismo. Presentar un programa electoral en lugar del programa
revolucionario, es hacer que las ideas ilegales del Partido se diluyan en el
trabajo legal, es, por lo tanto, rebajar los fines de la lucha de clase del
proletariado y creer, como ya está dicho, que se puede acceder al gobierno como
paso previo para la toma del poder.
Naturalmente, en determinadas circunstancias
electorales la intervención del proletariado consciente puede exigir la
agitación de un programa electoral que, por razones obvias, no puede caer, por
ejemplo, en la ingenuidad política de que es probable una industrialización
independiente del Perú sin la toma del poder y en la actitud nada nacionalista
de no exigir la expulsión de las bases militares del imperialismo yanqui, como
puede constatarse en algunos aludidos programas. Pero, además, al presentarse la
necesidad de intervenir en la lucha electoral, no hay razón ninguna para que,
paralelamente a la agitación del programa electoral, se agite también el
programa revolucionario. Solo haría falta deducir de la situación concreta la
forma de realizar esta tarea.
En la lucha que desarrolla el Partido en el
terreno de la democracia burguesa, lo expuesto sobre los conceptos de Lenin a
propósito del trabajo ilegal y el trabajo legal, tiene, naturalmente, fuerte
consecuencia en la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Para
referirnos a lo medular del problema de la Reconstitución, dicha consecuencia
puede expresarse mediante esta pregunta: ¿partido de clase, como el Partido
Socialista del Perú fundado el 7 de octubre de 1928, o partido doctrinariamente
heterogéneo, como lo ha intentado y sigue intentándolo el liquidacionismo de
derecha en sus dos matices?
Así, pues, bajo la dictadura de la burguesía,
incluso si ella existiera bajo su forma democrática, el partido proletario no
puede ser sino un partido clandestino o, para decirlo de otro modo, un partido con un estatus legal, pero con un
aparato clandestino. Mao
indica al respecto:
En algunos países capitalistas se permite,
es cierto, la existencia legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto
en que éste no ponga en peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no
se le permite ir más allá de ese límite. (Obras
escogidas, t. II).
Es decir, el punto hasta el cual la burguesía permite
la acción legal del Partido, es aquel que no signifique la aplicación de las
ideas ilegales del Partido y, sobre esta base, el desarrollo de la lucha por el
poder. La dictadura de la burguesía puede, en determinadas circunstancias,
aceptar la intervención del partido proletario con un programa electoral, es
decir, puede aceptar la lucha por el gobierno pero no por el poder; es decir,
solo puede aceptar la administración del régimen capitalista, que es lo que
traducen los programas electorales de la izquierda con comillas y sin comillas.
El Partido Socialista del Perú dio ejemplo
concreto de la forma en que relacionaba su trabajo ilegal y su trabajo legal.
En circunstancias en que se aprestaba a surgir públicamente o, mejor dicho, en
que se disponía a posicionar su red pública en la vida política nacional, tomó
el siguiente acuerdo:
Por unanimidad se aprobó enseguida la
segunda parte de la moción de orden del día, conforme a la cual, todos los
miembros del C.C. y de los grupos de provincias, suscriben el Manifiesto y
documentos, reservándose el C.E. la designación de los que en delegación del P.
deben suscribirlo al ser dados a la publicidad, designación para la cual el
C.E. tendrá en cuenta el interés del P. y las razones de oportunidad y eficacia
de tal elección. (Martínez de la Torre, Apuntes
para una interpretación marxista de
historia social del Perú, t. I).
En el libro Algunas
cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de
Mariátegui, se comenta así el citado acuerdo:
el intentado «surgimiento público» del
Partido no hubiera negado su carácter clandestino, pues si bien el Acta de la
Reunión dice que «todos los miembros del C.C. y de los grupos de provincias, deberán
suscribir el Manifiesto y documentos», dice también que el Comité Ejecutivo se
reserva «la designación de los que en delegación del P.» debían suscribir tales
materiales, designación que debía cautelar «el interés del P. y las razones de
oportunidad y eficacia de tal designación». Es decir, la firma de todos los
miembros del CC y de los grupos de provincias, era exclusivamente para fines
internos, mientras que, para fines externos, solo algunos militantes debían
suscribir el «Manifiesto» y demás documentos. Este hecho prueba que el
«surgimiento público» del PSP no hubiera significado su legalización, sino el
surgimiento de su red legal; no la negación de su carácter clandestino, sino el
posicionamiento del PSP en la vida política pública del país.
Entonces, es claro que desde los tiempos de Mariátegui
el Partido fue construido como un partido clandestino, y esta realidad histórica
es absolutamente innegable. Por eso, hoy como ayer, es completamente pertinente
la idea según la cual el partido es clandestino o no es nada.
El
principio de la clandestinidad del Partido bajo la dictadura de la burguesía, es
la segunda cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer.
10.02.2026.
Nota:
Este
artículo fue escrito cuando su autor no tenía conocimiento de la renuncia de
Lastra al “marxismo-leninismo-maoísmo” y su paso al “marxismo-leninismo”. No
obstante, hay que destacar que el artículo subraya que aquel “m-l-m” era falso.
Y como se ha subrayado en otro artículo, su actual “m-l” también es falso. La
verdad es esta: Lastra es liquidador, y esta posición suya es cosa largamente
demostrada.
01.09.2015.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
La Tramposa Reconstitución
de Jaime Lastra
E. I.
LA
LUCHA POR la defensa de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y
Orgánicos establecidos por Mariátegui tuvo su punto de arranque con
anterioridad al uso del término Reconstitución: allá por los años treinta,
después de que la camarilla de Ravines asumiera el poder en el CC del partido y
diera inicio a la “desamautización” del Partido, la militancia
marxista-leninista dio comienzo a la lucha por la defensa de aquellos
Fundamentos. Aunque esta lucha germinal fue más intuitiva que consciente y más
parcial que integral, puede considerarse que ella es el antecedente histórico
de la Reconstitución. La limitación que presentaba esta lucha en defensa de
Mariátegui, se explica por la dispersión de la obra escrita mariateguiana, no
obstante la publicación de La escena
contemporánea (1926) y de 7 ensayos
(1928). En los años treinta y en las dos décadas siguientes, en las filas
partidarias nadie tuvo la iniciativa de reunir en un volumen los escritos
políticos de Mariátegui dispersos en Amauta,
Labor y otras publicaciones, lo que
le hubiera permitido a la militancia contar con un conjunto orgánico de textos
sobre problemas tan fundamentales como el marxismo-leninismo, el partido de
clase, el deslinde con las desviaciones del marxismo, la organización de las
masas, entre otras cuestiones. Como se sabe, la recopilación La organización del proletariado fue publicada por el Partido en 1967 y la primera
edición de Ideología y política data
de 1969; por lo demás, las Obras
completas de Mariátegui empezaron a publicarse recién a partir de la década
de 1950 (la mayoría de sus volúmenes vieron la luz en 1959 y 1970). Como era
natural que sucediera, la publicación de estas Obras fue un acontecimiento que impulsó poderosamente la lucha por
retomar el pensamiento mariateguiano. La militancia del Partido, premunida ya
de un conocimiento vasto de este pensamiento, pudo entonces asumir y acometer
la lucha por su retoma en condiciones teóricas mucho mejores que aquellas con
que contaron las generaciones anteriores.
Así, pues, en los años sesenta la lucha por la
Reconstitución cobró ya este nombre apropiado, y fue perfilando su contenido,
aunque equivocando su objetivo por la concepción limitada y limitante de
“reconstituir el Partido para la guerra popular”. Lógicamente, en la mayor
parte del indicado período, la Reconstitución se presentaba como una lucha
parcial y no general, legítima y no legal en la vida partidaria. Solo con la
realización de la VI Conferencia Nacional en enero de 1969, la Reconstitución
cobró rango de acuerdo partidario. La propuesta fue de Abimael Guzmán, quien
publicó en Bandera Roja n°
44 (enero-febrero de 1969) el artículo “Reconstituir el partido para la
guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”. Esta fue la
concepción de la Reconstitución que se impuso en el Partido.
Pues bien, en el artículo “El trabajo por la
reconstitución de la vanguardia”, publicado en el número 35 del espurio blog
Creación Heroica, firmado por un llamado “Comité Creación Heroica”, pero
escrito por Jaime Lastra, puede leerse lo siguiente: “En un documento emitido
por el Partido en el año 1973 decía” (sic), y acto seguido se cita un párrafo
del escrito “El desarrollo de las ideas marxistas en el Perú”. Pero nuestro
personaje se cuida de referir que lo que hace es citar a la cabeza del
liquidacionismo de “izquierda” de los años setenta, el mismo que a la sazón condujo
a la organización partidaria al ocultismo y a la desactivación allí donde pudo;
sobre esta realidad histórica, Lastra no dice absolutamente nada; es decir, sin
el menor escrúpulo, silencia el hecho de que desde el II Pleno del CC (1972)
hasta el Quinto Pleno (1975), se desenvolvió la lucha contra el liquidacionismo
de “izquierda” de Ramón García.(1)
Más adelante, como es característica de sus artículos, en
el que nos ocupa –muy mal escrito, lo que no extraña– Lastra se limita a
describir algunos hechos y no a analizarlos en relación a la línea y el camino
que corresponde seguir en la lucha por la reconstitución del partido de
Mariátegui.
Así, luego de escribir que en el “campo”
de quienes “persisten en reivindicar la necesidad de culminar la tarea de la
reconstitución de la vanguardia”, “se manifiestan dos tendencias
fundamentales”, nuestro liquidador dice:
Una, que reformulando
la Base de Unidad Partidaria y sacando lecciones de la experiencia de estos (sic)
más de medio siglo, reivindica los fundamentos ideológico-políticos legados por
José Carlos Mariátegui. Con esta posición ha desarrollado una lucha de ideas
contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos
de la reconstitución. (Caso de un oportunismo de derecha que renegaba de la
reconstitución y caso de un oportunismo de izquierda que tergiversaba y
liquidaba la reconstitución). Otra que, habiendo distorsionado base, contenido
y objetivo de la reconstitución, terminó llevando a buen sector de la
militancia de vanguardia y también del pueblo, a una derrota político-militar
en una guerra interna que tuvo un elevado costo.
(Entre
paréntesis: hace ya doce años, en sus tiempos de “maoísta”, Lastra escribió el
artículo “¿Reafirmación o reformulación de la Base de Unidad Ideológica?”, en el cual sostiene que hay que
“reformular la Base de Unidad Partidaria” y, naturalmente, conforme a su
“maoísmo”, reformularla a favor de la denominación de la doctrina como
“marxismo-leninismo-maoísmo”, como se desprende de su artículo «El marxismo y su
desarrollo», circulado en fecha próxima al anteriormente mencionado (ver
nuestro artículo “La verdad universal del proletariado y la reconstitución”).
Ahora, sin explicar absolutamente su renuncia al “m-l-m”, Lastra propone como
base de unidad ideológica “la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao”,
haciendo así a un lado la denominación políticamente exacta de la doctrina:
marxismo-leninismo).
Ahora bien, la “lucha de ideas” de la que habla Lastra,
¿contra quiénes fue? Todo indica que nuestro personaje toma un período de
tiempo bastante prolongado (1970-2015 aproximadamente), para decir
lo que dice “contra
posiciones que distorsionan la base, el contenido y objetivos correctos de la
reconstitución”. En este período, el liquidacionismo de derecha de Saturnino
Paredes se opuso desde un principio a la Reconstitución y, luego, el
liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García también se opuso a la
Reconstitución, aunque no en el discurso sino en los hechos al conducir a una
de las bases del Partido al ocultismo y a la desactivación. En este mismo
período Abimael Guzmán llevaba adelante su “reconstitución del Partido para la
guerra popular” y solo en la segunda década del presente siglo García terminó
renegando abiertamente de la Reconstitución. Estos hechos no han sido tomados
en cuenta por Lastra, quien, además, silencia el carácter liquidacionista de la
posición asumida por Paredes desde la Sexta Conferencia y el carácter
igualmente liquidacionista, aunque de signo “izquierdista”, de la posición de
García asumida desde principios de la década del setenta y su transformación en
liquidacionismo de derecha en el presente siglo. Preguntémonos, pues: en este
largo período, ¿cuál es la “lucha de ideas” que llevó adelante Lastra contra
las desviaciones anotadas? Concretamente: ¿dónde están las conclusiones
teóricos de la presunta “lucha de ideas” desarrollada por el aludido? Sencillamente,
tales “conclusiones” no existen. La crítica que ha hecho Lastra
de la desviación representada por Abimael Guzmán gira alrededor de otras
cuestiones (repitiendo en algunos casos ideas nuestras y de otros autores presentadas
como si fuesen suyas), y muy escasamente sobre la Reconstitución, aunque, aquí
también, por lo menos en un caso, repitiendo ideas nuestras. Peor todavía: ya
en el presente siglo, Lastra ha evitado reconocer el carácter liquidacionista
de la posición de García con respecto a la Reconstitución y adula publicitando
a algunos de sus seguidores.
Es evidente que Lastra presenta a su grupo como
representante de una de las dos “tendencias fundamentales” que “persisten” en
“la reconstitución de la vanguardia”, precisamente de aquella que pretende
“reformular” la BUP y que, “sacando lecciones de la experiencia… reivindica los
fundamentos ideológico-políticos legados por José Carlos Mariátegui”. Con
respecto a esta afirmación, es necesario, en principio, precisar que la
Reconstitución no es “la reconstitución de la vanguardia”, así en general (es
decir en términos imprecisos), sino concretamente la reconstitución del partido
de Mariátegui. En política, como en relación a cualquier otro asunto, no se
puede ser ambiguo. En el caso que nos ocupa, la ambigüedad de Lastra (ambigüedad
a pesar de su frase “reivindica los fundamentos ideológico-políticos…”, pues,
como es de conocimiento común, en ninguna parte ha expuesto nunca tales
fundamentos, limitándose, por ejemplo, a hablar de la “línea política general
del Partido”, pero sin precisar sus elementos que la componen) pone en
evidencia que no tiene claras las cosas ni siquiera cuando simula ser
partidario de la Reconstitución. Por eso, subrayamos: la Reconstitución es la reconstitución del partido de Mariátegui o no
es nada, es decir, es la defensa, la actualización y el desarrollo de los
Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por
Mariátegui, tarea que hace la base teórica insustituible de la Reconstitución y
sobre la cual el Partido puede llevar a cabo su construcción y realizar un
correcto trabajo de masas (ver, a propósito del tema, nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, El partido de Mariátegui hoy:
Constitución, nombre, reconstitución y Algunas
cuestiones sobre el partido del proletariado
y la reconstitución del partido de Mariátegui, así como nuestros artículos
“La línea ideológica del partido”, “La línea teórica del partido”, “La línea
política general del partido” y “La línea orgánica del partido”). Ocurre, sin
embargo, que lo que ha hecho Lastra en catorce años es todo lo contrario:
suplantación del marxismo-leninismo por el liberalismo en su trabajo partidista
y frentista; tergiversación y oposición a la Creación Heroica de Mariátegui (y
particularmente oposición a importantes aspectos de la línea política general
de la revolución peruana: táctica, frente unido, etc.); oposición a la
organización de un partido de clase (ver “El trasfondo de un artículo de Carlos
Moreno”). Así que, aquella insinuación de que su grupo “ha desarrollado una
lucha de ideas contra posiciones que distorsionan la base, el contenido y
objetivos correctos de la reconstitución”, es una afirmación rotundamente
desmentida por su larga práctica de maridaje con todo tipo de oportunismo y
antimariateguismo y, ahora mismo, por su caída en el liquidacionismo de
derecha, que tiene su punto de arranque en su intentona, de agosto de 2024, de
fundar un organismo amalgama con liquidadores y marxistas. En cuanto a la base
y el contenido de la Reconstitución, el grupo de Lastra no ha aportado
absolutamente con nada de valor a la defensa, la actualización y el desarrollo
de la Creación Heroica de Mariátegui; en cuanto al objetivo de la
Reconstitución, es claro que dicho grupo está lejos, muy lejos, y, en realidad,
en las antípodas de un trabajo partidista y frentista basado en el
marxismo-leninismo y el pensamiento de Mariátegui: el discurso retórico de que
hace uso y abuso, no le alcanza a nuestro liquidador para encubrir esta realidad.
_____________
Nota
[1]
No sólo en su mirada a la lucha entre las dos líneas en el Partido Lastra se
muestra sesgado. De hecho, nunca ha sido capaz de reconocer la realidad del
liquidacionismo de derecha de Ramón García y, por el contrario, a cada paso les
limpia la cara a este personaje y a sus seguidores calificándolos de
“socialistas”, etcétera, publicitando, para peor, en el blog que dirige y en el
blog del cual es productor, “Resistencia Ciudadana”, la literatura de los
liquidadores y las actividades políticas de los mismos. Es de conocimiento
común que Lastra sostiene su adhesión a la misma doctrina y al mismo proyecto
de los oportunistas, y que sus “discrepancias” con ellos no atañen a esta
cuestión doctrinal y a esta cuestión política, sino a cuestiones “secundarias”,
según él mismo ha confesado. Desde 2024, la componenda de Lastra con los
liquidadores se ha transformado en identidad, pues él mismo ha devenido
liquidador. ¡Este es el significado de su “reconstitución”!