jueves, 1 de octubre de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

El Socialismo Peruano

y la Lucha Electoral 

(Tercera Parte) 

Eduardo Ibarra 

El PCP-PR ha dado como vigente lo que dice el Informe Político de su VII Congreso, pues, en el “Plan de la Patria Venceremos” (plan que responde a la idea de que “El Nuevo Curso estaría incompleto si no es acompañado de un Proyecto Nacional y Democrático…”), de la alianza electoral de la que formó parte en la primera vuelta de las últimas elecciones generales, bajo el subtítulo “Cambiar el Perú, Refundar La República”, acordó la consideración según la cual “Cambiar el Perú implica refundar la República, recuperar la democracia y reconstruir el Estado al servicio de la mayoría. Para ello es indispensable un Nuevo Acuerdo Constitucional, expresado en una Nueva Constitución…” (negritas en el original). 

El Informe Político al VII Congreso del PCP-PR, no dice en ninguna parte desde aproximadamente cuándo la República surgida de la Independencia terminó de agotarse. Entre otras frases, el Informe dice, por ejemplo, que “La vieja democracia liberal está agotada en medio de sus propias trampas”. Y, así, no resuelve el interrogante planteado. ¿Acaso no es importante saber desde cuándo la República burguesa perdió todas sus posibilidades, como hemos visto que, con otras palabras, dice el Informe? 

También dice el Informe: 

Entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo no existe… ningún abismo que los separa, sino más bien una lógica trabazón dialéctica. El Nuevo Curso no niega, ni sustituye ni vela aquellas tareas [el desarrollo libre de las fuerzas productivas y el bienestar general del pueblo]. Las asume íntegramente pero, al mismo tiempo responde a las condiciones de la lucha de clases de hoy, a la situación en que se encuentra la correlación de fuerzas y a los reacomodos que se producen a escala nacional y mundial. En segundo lugar, el Nuevo Curso “es ajeno a cualquier postura evolucionista, reformista o de conciliación de clases”. En tercer lugar, “tiene la ventaja de convocar la unidad de las fuerzas democráticas y progresistas” del país. 

Expongamos, pues, algunas incongruencias encontradas en las citas cortas y en la cita larga de los párrafos inmediatamente anteriores. 

Veamos ante todo la cuestión de “las condiciones de la lucha de clases de hoy” (la palabra “hoy” hace referencia aquí no solo al año 2000, sino también al hoy de 2026, lo cual se evidencia cuando el “Plan de la Patria Venceremos”, presentado en las últimas elecciones generales, propone luchar por “una Nueva República”). ¿Cuáles son, pues, las condiciones más relevantes de la situación actual? En escala internacional, pues las agresiones y amenazas del imperialismo estadounidense por recuperar en exclusiva su ya perdida condición de hegemón a escala mundial. Por otro lado, el proceso de realineamiento de países, pueblos y naciones y la alianza de la República Popular de China y la Federación Rusa contra el imperialismo yanqui, enemigo principal de los pueblos del mundo. Finalmente, el expansionismo colonial del Estado genocida de Israel en Oriente Medio y la guerra entre la Federación Rusa y Ucrania, este último país como avanzada y carne de cañón del imperialismo europeo. En el plano nacional, la alienación ideológica y política de amplios sectores de las masas populares y la hegemonía del reformismo en el seno de las masas restantes. Enseguida, la reducción de las fuerzas revolucionarias a su mínima expresión. Por último, la necesidad de estas fuerzas de votar, en las últimas elecciones, por el reformismo a fin de cerrarle el paso a las fuerzas más reaccionarias o, en uno o dos casos, actuando un estéril abstencionismo electoral.

Como hemos visto, cuando el PCCh afrontaba una situación especial (lucha final contra el imperialismo japonés, relaciones políticas internas en un estado de extrema gravedad precisamente en medio de dicha lucha, peligro de una nueva guerra civil después de vencer al imperialismo japonés), propuso, en el Consejo Político Nacional (septiembre de 1944), la demanda de que este Consejo aboliese inmediatamente la dictadura unipartidista del Kuomintang y se formase un gobierno democrático de coalición. Pero obsérvese que a la sazón el PCCh contaba con un Ejército Popular de Liberación con el cual podía afrontar cualquiera de las dos posibilidades encerradas en la situación dada: la formación de un gobierno de coalición y una nueva guerra civil. Desde luego, todo el mundo sabe cuál fue la posibilidad que se convirtió en realidad, y cómo la existencia de dicho Ejército Popular hizo posible finalmente la victoria de la revolución china. 

Pero ¿qué significaba un “gobierno de coalición”, según el PCCh? Pues, como ya hemos citado del artículo de Mao sobre el tema, significaba “un gobierno provisional democrático de coalición que agrupe a los representantes de todos los partidos y grupos políticos así como a personalidades sin partido...” 

Es decir, significaba “crear una república de nueva democracia.” Sobre esta república de nueva democracia, Mao había escrito, como hemos visto, lo siguiente: “La república democrática china que queremos establecer ahora sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado…” 

Y, después de señalar que “Los múltiples sistemas de Estado en el mundo pueden reducirse a tres tipos fundamentales, si se clasifican según el carácter de clase de su Poder”, sostiene que “la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias” es “una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las revoluciones de los países coloniales y semicoloniales.” 

Estos planteamientos, desde luego, deben ser aplicados a nuestra actual situación concreta de manera vívida. Pero la esencia de la cuestión es ésta: la “nueva república” que se propone en el Informe al VII Congreso del PCP-PR no tiene ningún ejército que la haga posible y que la sostenga si se diera el caso de un triunfo electoral, no se argumenta nada acerca del camino legal elegido en su relación con un seguro enfrentamiento violento entre las clases. Por eso, en el “Plan de la Patria” se dice que hay que “derrotar electoralmente a quienes han destruido el país”, y punto. En el mencionado plan, sin embargo, se resuelve el problema en los términos siguientes: 


La Seguridad y la Defensa Nacional son una tarea de todos los peruanos (as), incluyendo su participación en un servicio civil y/o militar de carácter obligatorio. Las FF. AA (sic) son las encargadas de prevenir, disuadir y responder frente a cualquier amenaza externa e interna…  (cursivas nuestras). 

Interpretada como tiene que interpretarse, la “amenaza interna” subrayada en la cita se refiere a una “amenaza” cualquiera, esto es, a una eventual amenaza que pueda venir de la burguesía tanto como de las clases trabajadoras. Es decir, en el “Plan de la Patria” el ejército, aparato principal del Estado burgués, es el garante de “la nueva república”. ¿Puede un marxista creer en esta barbaridad? 

A propósito de la democracia, mientras el Informe al VII Congreso del PCP-PR dice que “La vieja democracia liberal está agotada…”, el “Plan de la Patria” propone “recuperar la democracia”. ¿Cuál democracia? Pues la única democracia que ha existido en el Perú: la democracia burguesa, minusválida y precaria, que, no se sabe por qué razones, tendría que ser “recuperada”. 

Así, pues, la propuesta de una “nueva república” se hace sobre el soporte del ejército del Estado burgués. Por eso, no puede extrañar que el “Plan de la Patria” vacile entre estos dos conceptos: “recuperar el Estado” y “reconstruir el Estado”. Es decir, entre ocupar el Estado mediante un gobierno “al servicio de la mayoría” y reconstruir el Estado mediante “una transformación profunda del país”, pero sin afectar en ninguno de los dos casos la propiedad privada de los medios de producción de la gran burguesía intermediaria y del propio imperialismo y creyendo ingenuamente poder servirse del aparato principal del Estado burgués para garantizar aquel “al servicio de las mayorías” o aquella “transformación profunda”. ¿Puede un gobierno que conserva intactos los fundamentos del régimen capitalista en un país atrasado como el nuestro, beneficiar a “las mayorías”? ¿Puede este hipotético gobierno realizar “una transformación profunda del país” sin afectar la opresión imperialista y la explotación que ejerce sobre las clases trabajadoras la gran burguesía intermediaria? 

Como hemos visto, el PCCh planteó un gobierno de coalición definiendo claramente el enemigo contra el cual tenía que concentrar su lucha el frente unido del pueblo chino: el imperialismo japonés. “En la China de hoy –señalaba el PCCh– el frente único antijaponés representa esta forma de Estado de nueva democracia”. Y, precisamente, subrayaba que el gobierno de coalición significaba “crear una república de nueva democracia”, y esta república “sólo [podía] ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado…” Entonces, el “viraje táctico” del PCCh con su propuesta de un “gobierno de coalición, no significaba hacer a un lado el tipo de Estado y el tipo de democracia que implicaba la revolución china en su primera etapa, sino únicamente buscar incorporar a “las autoridades del Kuomintang” en el gobierno de coalición a fin de evitar una nueva guerra civil que hiciera caer sobre el pueblo chino más sufrimientos todavía. Sin embargo, como puede comprobarlo el lector, el “Plan de la Patria” no identifica, concretamente, al enemigo del pueblo peruano: el imperialismo yanqui, y esto no contribuye en absoluto a elevar la conciencia política del pueblo peruano. 

Es decir, “entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo”, existe un abismo insondable y no existe ninguna “lógica trabazón dialéctica”. 

Pero hay más. El Informe propone 

una patria nueva, democrática, independiente, unificada, próspera, desarrollada y moderna 

No obstante, cualquier marxista puede entender que no es posible un Perú con las características señaladas en la cita precedente, si no se logra, en primer lugar, una industrialización independiente. A propósito, Mariátegui sostiene lo que sigue: 

La economía del Perú es una economía colonial. Su movimiento, su desarrollo, están subordinados a los intereses y a las necesidades de los mercados de Londres y de New York. Estos mercados miran en el Perú un depósito de materias primas y una plaza para sus manufacturas. La agricultura peruana obtiene, por eso, créditos y transportes sólo para los productos que puede ofrecer con ventaja en los grandes mercados. La finanza extranjera se interesa un día por el caucho, otro día por el algodón, otro día por el azúcar. El día en que Londres pueda recibir un producto, a mejor precio, y en cantidad suficiente, de la India o del Egipto, abandona instantáneamente a su propia suerte a sus proveedores del Perú. Nuestros latifundistas, nuestros terratenientes, cualesquiera que sean las ilusiones que se hagan de su independencia, no actúan en realidad sino como intermediarios o agentes del capitalismo extranjero. (…) Esta dependencia de la economía peruana se deja sentir en toda la vida de la nación. (…) Y así, en cada uno de los trances, en cada uno de los episodios de la experiencia histórica que vamos cumpliendo, nos encontramos siempre de frente al mismo problema: el problema de peruanizar, de nacionalizar, de emancipar nuestra economía. (Peruanicemos al Perú). 

De este modo subrayó que en la época del imperialismo no existe posibilidad ninguna de que un país oprimido pueda tener un desarrollo capitalista independiente, pues cualquier precaria industrialización que pueda darse respondería a los intereses del imperialismo y de la gran burguesía intermediaria. De esto se desprende que la industrialización independiente del Perú tiene una condición política ineludible: el triunfo de la revolución, pues solo con un poder popular es posible una industrialización que responda a los intereses del pueblo peruano. Por lo tanto, aquello de “una patria nueva, etcétera”, es pura retórica. 

El análisis ha demostrado, pues, que “la nueva república” del PCP-PR no es otra cosa que un plan de reestructurar el Estado burgués, ahora desde la izquierda, a diferencia de lo que ha ocurrido en el pasado cuando se ha intentado hacerlo –o se ha hecho en alguna medida– desde la derecha. 

17.08.2026.

Internacionales

Cuba Vencerá 

Atilio A. Boron 

PASAN LOS DÍAS y la autocracia trumpista en Estados Unidos persiste en su criminal política de endurecimiento del bloqueo en contra de Cuba. Desgraciadamente, lo hace ante la indiferencia de la mal llamada “comunidad internacional”, que si lo fuera debería haber reaccionado de inmediato exigiendo –y logrando- poner fin a esa política. 

Indiferencia compartida por los vasallos de Estados Unidos: la gran mayoría de los gobiernos europeos, de la Unión Europea (cuyos mandamases, Ursula von der Leyen y Kaja Kallas, son dos burócratas intoxicadas por su odio a Rusia y a todos los pueblos que resisten la dictadura imperial, de la cual ellas son incondicionales secuaces). Y también de Canadá, de Japón, de Corea. 

En suma, más allá de la geografía, de ese núcleo en avanzado proceso de pudrición que es el así llamado Occidente colectivo y sus instituciones, sumidas en una irreparable bancarrota. Pasividad, complicidad no solo con la agresión que sufre Cuba. También puesta en evidencia por su escandalosa insensibilidad ante el genocidio del pueblo palestino (y de Líbano, de Siria, de Cisjordania) perpetrado por el régimen sionista israelí, amén de su perpetua agresión en contra de Irán y los hutíes en Yemen. 

En suma, es todo el orden imperial que se ha venido abajo producto de la lenta pero inexorable putrefacción de sus fundamentos morales, dejando al desnudo su rapiña, sus intereses económicos y la monstruosa imagen del Leviatán imperial personificado en ese megalómano semisenil que habita la Casa Blanca y que se cree, o pretende ser, el dueño del mundo. 

En Asia se lo oye refunfuñar, pero sin mayores consecuencias prácticas. En África no se lo escucha. Peleado con sus peones europeos, ha reducido a las naciones de esa parte del mundo a la nulidad en materia de política internacional. Trump quiere, pero ya no puede, y eso lo enfurece e incentiva su agresividad. Pero todavía su presencia suena fuerte en Nuestra América, aunque no inspira el temor o la sumisión que antes lograba en el resto del mundo. 

La Argentina de Milei es un caso inigualable de prostibularia obsecuencia, de imposible generalización. El energúmeno de la Casa Rosada, antes furibundo partidario de la “autodeterminación” de los malvinenses, que deberían votar con sus pies si querían o no pertenecer a la Argentina, ahora habla de una “población implantada” que no puede imponerse por encima del principio de integración territorial que consagran las Naciones Unidas y que siempre defendió la Argentina. 

Por otra parte, nadie cree en lo que dice Milei, un bufón que no es sino un prescindible adminículo que Trump va a usar y luego descartar para renegociar el financiamiento británico de la OTAN. No en todos nuestros países, obvio, pero sí en varios hay una sorda rebeldía ante la prepotencia de Trump, rebeldía que a veces, en dependencia de qué tipo de gobierno hay en esos países, cuán organizado esté el campo popular y cuán profunda haya sido la labor de concientización antiimperialista realizada en el pasado, puede o no dar lugar a inesperadas reacciones populares. Creo firmemente que hay más pueblos antiimperialistas que gobiernos antiimperialistas en Latinoamérica y el Caribe, y también creo que esa ecuación en algún momento está destinada a revertirse. 

Retomando el hilo de nuestra argumentación, digamos que en este contexto global no podemos sino reclamar una solidaridad efectiva mundial con Cuba, no solo discursiva o retórica, sino concreta, traducida en ayuda material que le permita sobrevivir al vendaval del bloqueo al país más solidario del mundo. Necesitamos más gobiernos que tengan la audacia de desobedecer las órdenes del imperio, no solo por Cuba, sino también por interés propio, para evitar que el Leviatán desatado arrase con todo. 

Si logramos que cuatro o cinco de ellos organicen una caravana de tanqueros petroleros destinados a la ayuda humanitaria a Cuba, Washington tendría que hacer lo que ha hecho ya varias veces con Trump: tragarse sus amenazas. Ojalá aparezcan esos gobiernos. Por ahora y por razones tácticas, prefiero no convocarlos públicamente a esta empresa. Pero es “por ahora”, como decía Chávez.      

Termino expresando mi admiración por la notable resiliencia del pueblo y el gobierno cubanos, plantando cara a un sinfín de dificultades, privaciones e inconvenientes de todo tipo que están magníficamente retratados en la bella canción Un abrazo en medio del vendaval de María Isabel Perdigón Gutiérrez, que quiero compartir con ustedes. 

Cuba resiste y resistirá, pagando un precio exorbitante como lo hizo en su lucha por independizarse del dominio español en el siglo XIX. Pero lo hará una y mil veces por su honor nacional y su valentía; por ser la digna heredera de Martí y de Fidel. Es duro, y lo será tal vez más, pero tengo plena confianza en que esa isla indispensable para quienes queremos un mundo mejor saldrá victoriosa ante el desafío que le plantea, lo que para eterno desprestigio de Estados Unidos, el más criminal bloqueo jamás sufrido por pueblo alguno a lo largo de toda la historia de la humanidad.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/09/07/cuba-vencera/

 

 

Cuba: Seis Décadas de Ataques Terroristas y Violencia Contra la Revolución 

Gabriel Vera Lopes 

AL CUMPLIRSE VEINTICINCO años de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez recordó las palabras pronunciadas por Fidel Castro aquel día, vinculándolas con la historia de los ataques terroristas que Cuba ha enfrentado durante más de seis décadas. 

“Creo que este hecho tan insólito debiera servir para crear la lucha internacional contra el terrorismo”, afirmó Fidel Castro aquel fatídico día. 

Agregando que “la lucha internacional contra el terrorismo no se resuelve eliminando a un terrorista por aquí y otro por allá; matando aquí y allá, usando métodos similares y sacrificando vidas inocentes. Se resuelve poniendo fin, entre otras cosas, al terrorismo de Estado y otras formas repulsivas de matar, poniendo fin a los genocidios, siguiendo lealmente una política de paz y de respeto a normas morales y legales que son ineludibles”. 

Al recordar aquellas palabras, Díaz-Canel denunció que actualmente Cuba sufre “un plan genocida para rendir por hambre al pueblo”, en referencia a la asfixia energética y a la ampliación de las políticas de guerra económica que el país enfrenta desde finales de enero de este año.      

“Cuba, que ha sufrido por más de 60 años ataques terroristas de diverso tipo, con un saldo de más de 3.400 muertos y 2.099 lesionados, hoy enfrenta un plan genocida para rendir por hambre al pueblo. Eso también es terrorismo, terrorismo de Estado”, afirmó el presidente cubano a través de sus redes sociales. 

Los ataques terroristas sufridos por Cuba 

Desde el triunfo de la Revolución, en 1959, Cuba debió enfrentar atentados, sabotajes e incluso incursiones armadas contra el proceso revolucionario. 

La explosión del buque francés La Coubre, en 1960; el incendio de la tienda El Encanto, en 1961; y la invasión de Playa Girón, ese mismo año, fueron algunos de los primeros episodios de una larga cadena de acciones violentas dirigidas contra la Revolución desde sus primeros años. 

Tras la derrota de las fuerzas mercenarias que intentaron invadir la isla por Playa Girón, Estados Unidos impuso el bloqueo como su principal política de agresión contra Cuba. A la vez, brindó apoyo, directa o indirectamente, a organizaciones contrarrevolucionarias asentadas principalmente en Estados Unidos, que durante las décadas siguientes llevaron adelante acciones armadas y atentados contra objetivos cubanos dentro y fuera de la isla. 

Uno de los episodios más graves ocurrió el 6 de octubre de 1976. Ese día, poco después de despegar de Barbados, dos bombas colocadas a bordo de un vuelo comercial de la aerolínea estatal Cubana de Aviación explotaron en pleno vuelo. Inmediatamente, las 73 personas que viajaban a bordo murieron. Entre las víctimas había 57 cubanos, entre ellos los 24 integrantes del equipo nacional juvenil de esgrima, además de 11 ciudadanos guyaneses y cinco ciudadanos norcoreanos. 

El atentado fue realizado por la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), una alianza clandestina de grupos paramilitares creada en junio de 1976 en República Dominicana, con el beneplácito de la CIA, con el objetivo de coordinar acciones armadas y atentados contra el gobierno cubano y sus representaciones en el exterior. 

Entre los principales dirigentes vinculados a la CORU estuvieron Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. Bosch fue detenido en Venezuela tras el atentado, pero posteriormente recuperó su libertad. En 1990, el entonces presidente estadounidense George H. W. Bush le concedió un perdón administrativo, después de una intensa campaña de presión política impulsada por grupos de derecha en Florida. 

Bosch se estableció posteriormente en Miami, donde vivió durante años. Murió por causas naturales el 27 de abril de 2011, a los 84 años. 

Posada Carriles, por su parte, se trasladó a El Salvador y utilizó la identidad falsa de Ramón Medina mientras participaba en redes de abastecimiento vinculadas a la Contra nicaragüense durante el escándalo Irán-Contra. En la década de 1990 fue uno de los principales responsables de una serie de atentados con explosivos contra instalaciones turísticas en La Habana. 

Entre abril y septiembre de 1997, en pleno llamado Período Especial, Cuba sufrió una serie de atentados con explosivos contra instalaciones turísticas en La Habana. Por aquellos años, tras la caída de la Unión Soviética, el país había comenzado a desarrollar el sector turístico con el objetivo de obtener divisas. 

Los ataques tuvieron un claro propósito: aterrorizar al turismo para impedir que el país lograra consolidar esa industria. Los hoteles Copacabana, Capri, Nacional y Tritón, además del emblemático restaurante La Bodeguita del Medio, fueron algunas de las instalaciones que sufrieron atentados. En el Hotel Copacabana, una de las explosiones provocó la muerte del turista italiano Fabio Di Celmo y dejó cerca de una docena de personas heridas. 

La campaña de atentados estuvo organizada por una red de organizaciones de la derecha cubana en Miami, relacionadas con la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), además de Posada Carriles, quien murió en Miami el 23 de mayo de 2018, a los 90 años, tras vivir impunemente durante años en el sur de Florida. 

El 25 de febrero de este año, poco después de que el gobierno de Estados Unidos amenazara con sancionar a cualquier país que “venda o suministre petróleo” a la isla, una unidad de las Tropas Guardafronteras de Cuba detectó una lancha rápida con matrícula del estado de Florida que navegaba ilegalmente en aguas territoriales cubanas. Al ser interceptados, los ocupantes de la embarcación abrieron fuego contra los efectivos militares cubanos. 

Como resultado del enfrentamiento en el mar, cuatro de los ocupantes de la lancha fallecieron y seis resultaron heridos, y posteriormente fueron detenidos y trasladados a centros de salud. La embarcación llevaba fusiles de asalto y de precisión, pistolas y cócteles molotov, así como diversos equipos de asalto y visión nocturna, bayonetas, ropa de camuflaje y munición de diferentes calibres, entre otros materiales. El gobierno cubano calificó el hecho como una “infiltración con fines terroristas”. 

 

Fuente: https://rebelion.org/cuba-seis-decadas-de-ataques-terroristas-y-violencia-contra-la-revolucion/

Reconstitución

Nota: 

Publicamos a continuación un extracto del Capítulo I del libro inédito Contra el liquidacionismo. Llevar hasta el fin la reconstitución del partido de Mariátegui. Este extracto se suma a los varios trabajos del autor sobre el problema de la verdad universal y, como cada uno de ellos, el que publicamos ahora es, igualmente, una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui en el plano de su base de unidad ideológica. 

01.09.2026.

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

  

La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha 

(Extracto. Segunda Parte)

E. I. 

En el plano teórico y político, dicho antileninismo se expresa en la negación de la concepción de Lenin de nuestra época, de su táctica respecto al oportunismo, de su tesis según la cual la revolución no es posible por la vía de las instituciones burguesas, de su teoría del partido de clase, etcétera, etcétera.(22) 

Fernández dice: 


Mientras estuvo con vida Lenin ¿alguna vez alentó o permitió o influyó para que alguno de sus camaradas de partido hablase de ‘leninismo’? ¿Hay alguna mención a ese término hasta 1,924? (…) Lenin sabía perfectamente de la trascendencia y magnitud de su legado teórico derivado de su praxis revolucionaria, pero también sabía perfectamente que toda su producción, en relación a la ciencia viva del MARXISMO a la que él estaba adscrito, era para alimentarlo, enriquecerlo, vivificarlo, restaurarlo del modo más enérgico. Y sabía también que eso mismo habían hecho o hacían contemporáneos suyos como los Plejanov y Kautsky antes de su desbarrancada, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Clara Zetkin o el propio Antonio Gramsci. Esa y no otra era la concepción que él tuvo del marxismo. (Negritas y mayúsculas en el original). 

Como se ve, nuestro personaje entiende la alimentación, el enriquecimiento, la vivificación del marxismo, solo como restauración de sus principios, y nada más. Es decir que, aquí, más claro que en ninguna otra parte, se constata que todo su discurso sobre el leninismo como desarrollo del marxismo es pura tapadera en la medida en que concibe este desarrollo como simple restauración, y no como el desarrollo de nuevas teorías, no, por lo tanto, como prosecución y superación de Marx, según señaló Mariátegui. 

Pero hay más. En las primeras frases de la cita, nuestro liquidador dice que Lenin no permitió el término leninismo, (omitiendo que, salvo los adversarios del bolchevismo, a lo largo de la vida política de Lenin ningún bolchevique intentó el uso oficial de dicho término), y de esta forma pretende descalificar su uso después de 1924. Es así como Fernández se muestra adversario del término leninismo, o, más exactamente, del concepto que encierra.      

Lenin fue consciente de su aporte al tesoro universal del marxismo. Por eso, si por modestia intelectual y política no utilizó el término leninismo, en cambio utilizó el término bolchevismo. Así, por ejemplo, en el libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky, dejó sentados los siguientes juicios: 


el bolchevismo… se ha hecho mundial, ha dado una idea, una teoría, un programa y una táctica que se diferencian concreta y prácticamente del socialchovinismo y del socialpacifismo. El bolchevismo ha rematado a la vieja Internacional podrida de los Scheidemann y los Kautsky… que ahora se atropellarán unos a otros, soñando con la “unidad” y resucitado un cadáver. El bolchevismo ha creado la base ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente proletaria y comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de paz como la experiencia de la era de revoluciones que ha comenzado. (…) El bolchevismo ha favorecido realmente el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y en América como ningún otro partido en ningún otro país lo había hecho hasta ahora… el bolchevismo ha señalado el único camino seguro para salvarse de los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos. (…) incluso si mañana el Poder soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial… incluso en este caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio extraordinario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la invencible revolución mundial. (Contra el revisionismo, recopilación, pp. 453 y 454; cursivas en el original). 

A buen entendedor, pocas palabras: Lenin era consciente de que su aporte al marxismo consistía en nuevos elementos teóricos, en nuevas tesis, en nuevas conclusiones. Presentar el hecho de que tales aportes no fueron conocidos como leninismo en tiempos de Lenin a fin de descalificar este término, equivale a negar el término marxismo porque Marx descalificó el mismo señalando que él no era marxista. En el fondo, la alusión de Fernández al no uso del término leninismo en vida de Lenin es un enfoque evasivo del problema, un intento de desenfocar sus verdaderos términos. Los verdaderos términos del problema son si Lenin desarrolló o no el marxismo con nuevas teorías en relación a lo aportado por Max y Engels al tesorero universal del marxismo. Y es un hecho cien veces demostrado que Lenin desarrolló el marxismo. La respuesta del propio Lenin a esta cuestión es, como se ha visto, que el bolchevismo dio una teoría, un programa y una táctica al proletariado internacional en la era de revoluciones que había comenzado con el surgimiento del imperialismo, y que, por eso, se hizo mundial, y que, por eso, sirve de modelo de táctica para todos. El bolchevismo, es decir, el leninismo. 

Por eso, Stalin señaló con toda razón: 


El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. (Los fundamentos del leninismo, p. 3; cursivas nuestras). 

Tal como se ha demostrado arriba, Fernández sostiene la barbaridad de que Lenin solo restauró los principios del marxismo, y que, por eso, su pensamiento está «contenido y abarcado en el marxismo». Es decir, que el leninismo no es algo nuevo en el tesoro universal del marxismo. Pero, como hemos visto, Stalin planteó correctamente que la base de la concepción del mundo de Lenin es el marxismo, y que el leninismo es lo aportado por Lenin al tesoro universal del marxismo. 

Por su parte, Mariátegui planteó, correctamente también, que Lenin prosiguió los principios de Marx, pero que, al mismo tiempo, lo superó. 

No existe, pues, diferencia entre el marxismo y el leninismo en cuanto a concepción del mundo se refiere, pero, en la medida en que Lenin aportó nuevas teorías al marxismo, entonces el leninismo es un desarrollo del marxismo de valor universal, es decir, algo «nuevo» (Stalin) en el marco de la teoría general del marxismo, una superación de Marx en este mismo marco. 

Lenin señaló: 


Cada cual tiene perfecto derecho a abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir el modo serio y honrado de hacerlo, del que no es honrado. (La revolución proletaria y el renegado Kautsky, ibídem, p. 395). 

Como se ha podido ver, el modo de Fernández de abordar el problema del leninismo no es ni serio ni honrado. 

Pues bien, como es de conocimiento general, Ramón García pretende hacer potable su abjuración del marxismo-leninismo falsificando la identidad ideológica de Mariátegui y del PSP. 

Esta doble falsificación ha sido desenmascarada en varios textos (ver nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui y El desarrollo de la teoría del proletariado y nuestro artículo El pez por la boca muere), por lo que en las presentes líneas nos limitaremos a señalar algunas nuevas ideas sobre el tema. 

Como se sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, y nunca será bastante señalar que de ese modo puso en claro su personal filiación ideológica. Pretender que esto no fue así con el argumento de que Mariátegui se definió «marxista convicto y confeso», es vender la imagen de un Mariátegui incoherente: marxista a secas como ciudadano, y marxista-leninista como militante y Secretario General del PSP. Esta incoherencia es sugerida por la necia falsificación de la identidad doctrinal del maestro que García, Aragón y demás liquidadores pretenden venderle a la izquierda peruana. 

Todo marxista informado sabe que, en su afán por descalificar el concepto de dictadura del proletariado, el renegado Kautsky sostuvo que dicho término se encuentra una sola vez en la obra de Marx, y que, por eso, era una «palabreja». Este tipo de argumento estadístico de Kautsky constituye, por cierto, un «enfoque evasivo» (Lenin) del problema. En efecto, la cuestión de la dictadura del proletariado no se presenta como el problema de cuántas veces se encuentra este término en la literatura marxista, sino si el mismo encierra un concepto correcto o no. 

Por eso, en su crítica a Kautsky en punto al tema, Lenin no puso el acento en las veces que Marx utilizó el mencionado término, sino en demostrar la verdad del concepto que encierra. Como es de conocimiento común, aplicando el método estadístico de Kautsky, su «enfoque evasivo», García escribió en el artículo El partido de Mariátegui lo que sigue: «Este término [el término marxismo-leninismo] se encuentra dos veces en la obra de JCM», y, de esta forma, quiso decir que el mencionado término es una palabreja.(23) 

Pues bien, exactamente como en el caso del término dictadura del proletariado, en el del término marxismo-leninismo el problema tampoco es cuántas veces lo utilizó Mariátegui, sino si encierra un concepto verdadero o no. 

Por eso, en nuestra crítica a su negación por parte de García, no hemos puesto el acento en las veces en que se encuentra en la literatura mariateguiana,(24) sino en demostrar su legitimidad como denominación de la verdad universal del proletariado y en la defensa de la filiación marxista-leninista del PSP y del propio Mariátegui. 

Los oportunistas de todos los tiempos no solo se adulan recíprocamente, sino que, al mismo tiempo, se prestan sus métodos criollos, sus equívocos procedimientos en su lucha contra el marxismo y los marxistas. 

Por eso, no tiene por qué extrañar que García haya copiado el argumento estadístico de Kautsky a fin de renegar el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP. Tampoco tiene por qué extrañar que, a su vez, Aragón y los demás liquidadores copien servilmente a García, y que, por esta vía, no hayan hecho otra cosa que copiar al renegado Kautsky. 

Pero hay más: la negación del leninismo no es nada nuevo, y, como lo hemos anotado en otro lugar, todo lo que hace García es ir tras los talones de quienes, en el Perú y en el mundo, desde hace décadas reniegan el leninismo. En el mundo, como lo hizo, por ejemplo, el mal llamado «eurocomunismo». En el Perú, como lo hicieron, seis o siete años antes que García, algunos teóricos del PUM, quienes, precisamente, aducían que Mariátegui utilizó muy pocas veces el término leninismo, es decir, el término marxismo-leninismo.(25) O sea que, exactamente como en relación a otras cuestiones, en este caso García no tiene tampoco el mérito de la originalidad. 

Notas

[22] En el artículo Las cinco caídas de yo el supremo, García sostuvo: «es necesario precisar términos como… período, etapa, estadio… pues tienen connotación diferente» (elipsis y cursivas nuestras). Apelando, pues, a la connotación de los mencionados términos fuera del contexto verbal donde se encuentran, nuestro liquidador escamotea la connotación unívoca con que Mariátegui utilizó los mismos en Principios programáticos del Partido Socialista, donde, sin excepción, aparecen designando la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Pero, embaucador como es, García insinúa que, con el término estadio el maestro dijo una cosa distinta a lo que dijo con los términos período y etapa, y, con base en esta grosera tergiversación, reniega el contenido de nuestra época, a más de insinuar que Mariátegui era un tonto. Tonto es quien no es capaz de darse cuenta de la cínica tergiversación, con la cual, de otro lado, García ha puesto en evidencia, una vez más, su oportunismo y su catadura moral. Como es sabido, nuestro personaje pretende «una organización de proyección nacional» con el concurso de toda clase de revisionismo (lo cual no extraña, pues él mismo mantiene una posición revisionista). Es conocido también el planteamiento de García de reestructurar el Estado burgués en sus bases municipales como supuesto camino al socialismo, con lo cual contraría el leninismo. En ¿Qué hacer? y otros escritos, Lenin fundamentó el partido de clase como la materialización de la doctrina, pero García reniega esta verdad y, aún más, pretende liquidar el partido de clase en nuestro medio (con su marxismo antileninista ya lo liquidó en el marco de su grupo).

[23] Quien ha utilizado esta palabra ha sido Aragón, pero es indudable que solo porque García ya la había insinuado con su «sólo dos veces», y, además, porque con anterioridad había utilizado otra peor: en su huachafo artículo Las cinco caídas de yo el supremo, calificó el término marxismo-leninismo de «carroña». De esto se puede dar cuenta cualquier persona que sepa leer.

[24] Aunque para solo precisar, hemos demostrado en otro lugar que no fueron dos sino tres veces que Mariátegui utilizó dicho término, lo que puso en evidencia que García ni siquiera contó bien, o que contó bien y solo para hacer más convincente su argumento estadístico (aunque solo en el marco de su grupo), falsificó la verdad cuantitativa a favor de un número menor. En este contexto, lo que tiene especial relevancia es que una de esas tres veces fue precisamente en un documento de tan grande importancia como es Principios programáticos del Partido Socialista. Este hecho demuestra que el menosprecio de García por el término marxismo-leninismo es, de hecho, menosprecio por la propuesta programática de Mariátegui. El temperamento criollo de García y su monumental deshonestidad intelectual y política se revelan precisamente –y tal vez más que en ninguna otra cosa– en no sostener su negación del leninismo a nombre propio, es decir, en endosarles a Mariátegui y al PSP dicha negación a efecto de servirse de ellos como coartada para engañar y manipular a cuanto incauto pueda haber en el movimiento de masas.

[25] En efecto, en el ya mencionado folleto Mariátegui y el seudo mariateguismo actual, algunas afirmaciones de su autor dan testimonio probatorio de nuestro aserto (ver pp. 5, 7 y 12).



Nota: 

Publicamos a continuación un extracto de un capítulo del libro El Pez Fuera del Agua. Crítica al Ultraizquierdismo gonzaliano. Como es evidente, en el extracto hay una contribución al esclarecimiento de la cuestión de la verdad universal del proletariado y, por tanto, a la reconstitución del partido de Mariátegui en el plano ideológico. 

01.09.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Sendero y el Movimiento Comunista Internacional 

(Extracto)

E. I. 

En el comunicado conjunto A los marxista-leninistas, a los obreros y a los oprimidos de todos los países, se puede leer en relación al aporte de Mao al marxismo: 


Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo en los terrenos de la revolución democrática antimperialista que llevan al socialismo; de la guerra popular y de la estrategia militar en general; de la filosofía, en la cual hizo importantes contribuciones al análisis de las contradicciones –esencia de la dialéctica– y sobre la teoría del conocimiento, sus lazos con la práctica y con la línea de masas; también aportó en el terreno de la revolucionarización de la superestructura y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado y en la lucha contra el revisionismo en los terrenos teórico y práctico... La dirección teórica y práctica de Mao constituye un desarrollo cuantitativo y cualitativo del marxismo-leninismo en numerosos frentes, y la concentración teórica de la experiencia histórica de la revolución proletaria en estas últimas décadas. Vivimos en la época del leninismo, esto es, la del imperialismo y la revolución proletaria. Al mismo tiempo afirmamos que la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo.” 

Como ha sido puesto en evidencia más arriba, Guzmán acusó a los autores del comunicado de no reconocer la “vigencia universal” del pensamiento de Mao y, además, de no reconocerlo como una “nueva etapa” del marxismo, pero, como acabamos de ver, tales autores sostienen explícitamente que “Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo” y que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”. Por lo tanto, la acusación de Guzmán es completamente falsa. 

Ahora bien, esa acusación contra los partidos y organizaciones firmantes del comunicado conjunto pone en evidencia el método polémico de Guzmán o, para decirlo francamente, su método criollo. 

III 

Por otro lado, hay que señalar que los firmantes del comunicado reconocían el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, pero, equivocadamente, agregaban enseguida que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”. Esto, sin duda alguna, es una contradicción, pues si “vivimos en la época del leninismo”, ¿cómo puede ser correcto afirmar, al mismo tiempo, que el pensamiento de Mao es “una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”? La frase “vivimos en la época del leninismo” se explica por la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época; en consecuencia, teniendo en cuenta el desarrollo del marxismo, la frase es legítima. Por otro lado, el concepto de “nueva etapa” aplicado al pensamiento de Mao supone que el leninismo no es una época en el desarrollo de la doctrina del proletariado sino una etapa, y de esto se desprende que no vivimos en la época del leninismo. Pero no solo el leninismo, sino tampoco el marxismo sería una época sino una etapa. ¿Dónde queda, pues, la cuestión de la época, sustentada por Stalin en Los fundamentos del leninismo y subrayada por Mao en su polémica con Lin Biao? ¿Dónde queda aquello de que la nueva época histórica determinó una nueva época en el desarrollo de la doctrina proletaria? Es, pues, de todo punto una contradicción flagrante la posición mantenida en el comunicado conjunto de otoño de 1980, y esta contradicción se revela en la frase “Al mismo tiempo afirmamos”, pues no es posible sostener que “vivimos en la época del leninismo”, o sea que el leninismo es el marxismo de nuestra época y, al mismo tiempo, afirmar que el pensamiento de Mao es una “nueva etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. Una de dos: o el leninismo es el marxismo de nuestra época y, por lo tanto, el pensamiento de Mao es una etapa del leninismo o, en su defecto, el pensamiento de Mao es una nueva etapa del marxismo-leninismo y, por lo tanto, el leninismo no es el marxismo de nuestra época. Ahora bien, cuatro años después, el MRI seguía sin resolver este problema. En efecto, en la Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista, adoptada en marzo de 1984 por la Segunda Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas, se puede leer lo que sigue: “Stalin dijo: ‘El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y la revolución proletaria’ (sic). Esto es completamente correcto. Desde la muerte de Lenin, la situación mundial ha pasado por muchos cambios. Pero, la época no ha cambiado. Los principios fundamentales del leninismo no han perdido vigencia, siguen formando la base teórica que guía nuestra concepción hoy. Afirmamos que el maoísmo es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo” (Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista y ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!). 

El PC-SL sostuvo su adhesión al término “pensamiento Mao Tse-tung” hasta mayo de 1982, cuando en su II Conferencia Nacional “acordó que el marxismo-leninismo-maoísmo era la tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I). Y el MRI adoptó formalmente esta misma denominación de la doctrina en 1993, lo que quedó en negro sobre blanco en el documento ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, documento en el cual no se habla ya del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Era, pues, una de dos. Pero, en vez de resolver correctamente el problema, es decir, en lugar de comprender el pensamiento de Mao como una etapa del leninismo, el MRI cayó en el error de considerarlo una “tercera etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. De este modo renunció al leninismo como el marxismo de nuestra época y, así, tenemos que, ahora, considera como incorrecto lo que hasta hace un tiempo consideraba como “completamente correcto”, pero sin sustentar esta nueva opinión en un solo argumento serio. Esto quiere decir que la discusión sobre Mao en el seno del MRI se resolvió favorablemente al erróneo planteamiento de Guzmán. 

Por lo demás, en la literatura actual del MRI puede verse que esta organización ha asumido el planteamiento guzmaniano de la “vigencia general de la guerra popular” y, asimismo, que ha hecho suya la consigna senderista de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”. 

En el documento Vueltas y revueltas en la lucha entre dos líneas, publicado en Un Mundo Que Ganar, nº 22, el MRI habla de las “contribuciones” de Guzmán “al desarrollo político e ideológico de nuestro movimiento”. Es seguro que el autor se refiere sobre todo a las tres cuestiones anotadas arriba. 

Pero estas “contribuciones” no son tales. La definición del maoísmo como “nueva, tercera y superior etapa del marxismo” encierra la negación del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, esto es completamente erróneo. 

La teoría maoísta de la guerra popular prolongada es válida para los países donde el camino de la guerra revolucionaria es del campo a la ciudad, pero no para aquellos otros donde el camino es la insurrección urbana. Por lo tanto, es obvio que de tal teoría tienen valor universal únicamente sus principios más generales, por lo que hablar de “vigencia general de la guerra popular” o, lo que es lo mismo, generalizar en bloque la teoría de la guerra popular prolongada, es, prácticamente, una manera de negar la validez del camino insurreccional urbano, y, esto es completamente erróneo. 

Finalmente, la consigna de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”, notoriamente absolutiza el maoísmo dejando por fuera el leninismo y el marxismo, y, esto es completamente erróneo. 

De manera, pues, que, muy claramente, las llamadas contribuciones de Guzmán al “desarrollo político e ideológico” del MRI son más bien posiciones erróneas asimiladas por la organización internacional. 

Malgrado estas asimilaciones, los partidos y organizaciones que conforman el MRI han mantenido una prudencial independencia con respecto a lo que desde hace más de veinte años la propaganda senderista publicita como “los aportes del Presidente Gonzalo al marxismo”, excepción hecha de la definición del maoísmo. 

Pero, incluso así, cae por su peso la pregunta: ¿cómo fue posible que el MRI asumiera como correctas las erróneas posiciones guzmanianas señaladas arriba? 

Es un hecho que Guzmán indujo a error al MRI. Pero el verdadero problema fue la permeabilidad del MRI a posiciones claramente erróneas. 

IV 

En el documento Bases de discusión, Guzmán sostuvo que “es aplicando y desarrollando la guerra popular que” su partido “avanzó más en la comprensión del maoísmo como tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I). 

Así, pues, Guzmán cree que la comprensión del lugar que le corresponde al pensamiento de Mao en el desarrollo histórico del marxismo depende en última instancia de participar en una guerra popular. De hecho, esta idea encierra la intención de utilizar una lucha armada como elemento dirimente en la controversia sobre el pensamiento de Mao. Pero ocurre que esta controversia es un problema teórico y, por lo tanto, su resolución depende del análisis. Esta es una verdad elemental. 

Como diría alguien, quienes creen que la solución del problema de Mao depende en última instancia de participar en una guerra popular, tergiversan groseramente el principio de que la práctica es el criterio de la verdad y, de este modo, demuestran un reconocimiento tácito de su incapacidad para resolver teóricamente los problemas del marxismo. De hecho, recurren a la práctica como a un refugio. 

Por su parte, el MRI afirma: 


La adopción del maoísmo por el MRI, expresada en ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, reflejaba una comprensión superior y más unificada de nuestra ideología que la que el movimiento mundial había podido lograr hasta entonces. Se mostró en la práctica la importancia de esa comprensión superior cuando los camaradas del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) <PCN (M)>, cuya formación estuvo íntimamente ligada a los avances del movimiento comunista internacional y del MRI, inició una guerra popular en 1996 que ya tiene al país en llamas con la revolución. (Un Mundo Que Ganar, nº 30). 

Así, pues, el MRI sostiene que existe una “comprensión superior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término maoísmo), y, por lo tanto, sugiere que hay también una “comprensión inferior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung”). Además, insinúa que la adhesión al término maoísmo es prueba de revolucionarismo y que la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung” es prueba de oportunismo. 

Pero sucede que, por una parte, la comprensión correcta del pensamiento de Mao consiste en reconocer su condición de etapa del marxismo de nuestra época y, por otra, ocurre que el PC-SL, por ejemplo, inició su lucha armada cuando adhería al término “pensamiento Mao Tsetung” y, ahora, cuando adhiere al término maoísmo, ha claudicado con respecto a sus propias premisas. 

Esta constatación significa que el oportunismo puede ocultarse detrás de la adhesión a cualquiera de los dos términos y, en general, detrás de la adhesión a cualquier denominación de la doctrina del proletariado. ¿Acaso detrás de la adhesión al marxismo no se ocultó un tiempo el revisionismo de la Segunda Internacional? ¿Acaso detrás de la adhesión al marxismo-leninismo no se ocultó un tiempo el revisionismo contemporáneo? ¿Acaso detrás de la adhesión al “pensamiento Mao Tsetung” no se oculta ahora el oportunismo en más de un caso? ¿Acaso detrás de la adhesión al maoísmo no se oculta igualmente el oportunismo, también en más de un caso? 

22.12.2004.

CREACIÓN HEROICA