miércoles, 9 de septiembre de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

El Socialismo Peruano

y la Lucha Electoral 

(Segunda Parte) 

Eduardo Ibarra 

EN EL INFORME POLÍTICO al VII Congreso del PCP-PR (noviembre de 2000), se recuerda algo de lo sustentado por el VI Congreso de esa misma agrupación política: 


El Nuevo Curso es una política y táctica audaz que planteó el VI Congreso. Su necesidad y fundamentos iniciales fueron expuestos en el Manifiesto: ¡Abrir un nuevo curso para construir una patria nueva y popular! de enero de 1992. (…) La tragedia del Perú consiste justamente en que no ha contado, a lo largo de su historia republicana, con una clase dirigente capaz de asumir un proyecto nacional y democrático (…) La crisis de la izquierda peruana y el movimiento popular no se explica por la crisis de sus postulados revolucionarios… sino más bien por el agotamiento reiteradamente de la política reformista y economicista… La gran responsabilidad de los comunistas y la izquierda peruana es forjarse como la alternativa integral a esta realidad. (…) Nos corresponde, junto a los sectores verdaderamente democráticos, patrióticos y progresistas de la sociedad abrir un nuevo curso… para construir una patria nueva, democrática, independiente, unificada, próspera, desarrollada y moderna. (…) Entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo no existe, pues, ningún abismo que los separa, sino más bien una lógica trabazón dialéctica. El Nuevo Curso no niega, ni sustituye ni vela aquellas tareas. Las asume íntegramente pero, al mismo tiempo responde a las condiciones de la lucha de clases de hoy, a la situación en que se encuentra la correlación de fuerzas y a los reacomodos que se producen a escala nacional y mundial. En tercer lugar, “tiene la ventaja de convocar la unidad de las fuerzas democráticas y progresistas” del país. 

Y más adelante se dice en el aludido Informe Político: 


Sólo más tarde alcanzamos a resolver algunos criterios centrales como: su alcance táctico no obstante su estrecha relación con la estrategia de la revolución democrática y antiimperialista, su íntima vinculación con conceptos como transición y proceso, hegemonía, Proyecto Nacional, Segunda República o Nueva Constitución, el papel que le corresponde a la clase obrera, al pueblo trabajador en general y a los sectores medios de la burguesía. (…) 

Pues bien, once años después del Manifiesto “¡Abrir un nuevo curso…!” y tres años después del VII Congreso del PCP-PR, Ramón García escribió en noviembre de 2003: 


el objetivo del Frente de clases es una nueva República. Dada la situación actual de aplastamiento de la forma superior de lucha, la tarea del momento es la movilización por una nueva República, mediante la oposición contestataria que exprese un nuevo derecho, un nuevo municipio, una nueva democracia. Así se diferenciará de la oposición protestataria hasta ahora en uso. (“Frente unido, para qué”) 

Entonces, hay que esclarecer las cosas. En el citado Informe Político, se alude al gobierno de coalición propuesto por el PCCh en su VII Congreso, al “viraje táctico del VII Congreso de la Internacional Comunista en 1935” y a “la táctica contenida en «La Historia me absolverá» de Fidel Castro”, como experiencias que explican y justifican el “viraje táctico” que el PCP-PR propone para el Perú de 2000 en adelante. Consideramos que, por razones obvias, para esclarecer la cuestión es suficiente analizar la experiencia del “gobierno de coalición” propuesto por el PCCh en su VII Congreso. En el Informe Político a este Congreso (23 de abril de 1945), Mao señaló: 


ha surgido una nueva situación: se ha logrado la victoria decisiva en la sagrada y justa guerra en escala mundial contra los agresores fascistas, y se avecina el momento en que el pueblo chino, en coordinación con los países aliados derrotará a los agresores japoneses. Pero China continúa desunida y sigue atravesando una grave crisis. En tales circunstancias, ¿qué debemos hacer? Sin duda alguna, en China se necesita urgentemente establecer un gobierno provisional democrático de coalición que agrupe a los representantes de todos los partidos y grupos políticos así como a personalidades sin partido, para realizar las reformas democráticas, superar la actual crisis, movilizar y unificar a todas las fuerzas anti-japonesas del país y, luchando en eficaz coordinación con los países aliados, derrotar a los agresores japoneses de modo que el pueblo chino se libere de sus garras. 

En el folleto “Sobre la nueva democracia”, escrito en enero de 1940, o sea cinco años antes del Informe Político acabado de citar, Mao había señalado: 


Estas clases [“el proletariado, el campesinado y los intelectuales y demás sectores de la pequeña burguesía”], unas ya conscientes y otras en vías de serlo, necesariamente se convertirán en los elementos básicos en la estructura del Estado y del Poder de la república democrática china, con el proletariado como fuerza dirigente. La república democrática china que queremos establecer ahora sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado, es decir, una república de nueva democracia, una república de los nuevos Tres Principios del Pueblo auténticamente revolucionarios con sus Tres Grandes Políticas. (…) La república de este tipo que se establezca en China debe ser de nueva democracia no sólo en su política, sino también en su economía. (…) Los grandes bancos y las grandes empresas industriales y comerciales deben ser propiedad estatal en esta república. (…) La república adoptará ciertas medidas necesarias para confiscar las tierras de los terratenientes y distribuirlas entre los campesinos que no tienen tierra o tienen poca, haciendo realidad la consigna del Dr. Sun Yat-sen de “La tierra para el que la trabaja”, con el fin de abolir las relaciones feudales en el campo y convertir la tierra en propiedad privada de los campesinos. 

Ahí tenemos el contenido político y económico de la revolución de nueva democracia en China que, más o menos, es el contenido esencial de la revolución de nueva democracia en los países coloniales y semicoloniales. 

Ahora bien, ¿cuál fue el camino que siguió la revolución china para establecer la república de nueva democracia? Refiriéndose al frente único, el gobierno de coalición propuso:      


Fue durante estos dos años [1934-1936] cuando, en consonancia con la nueva situación, el Partido Comunista de China estableció y comenzó a aplicar una línea política nueva e integral, la línea de frente único antijaponés, cuyo objetivo era lograr la unidad para la resistencia al Japón y crear una república de nueva democracia. (…) Con el fin de derrotar y construir una nueva China, y para prevenir una guerra civil, el Partido Comunista de China... planteó en septiembre de 1944 , en el Consejo Político Nacional, la demanda de que aboliese inmediatamente la dictadura unipartidista del Kuomintang y se formase un gobierno democrático de coalición. (…) A propósito de la abolición de la dictadura unipartidista, de la formación de un gobierno de coalición y de la realización de las reformas democráticas necesarias, más de una vez hemos sostenido negociaciones con el gobierno del Kuomintang, pero todas nuestras proposiciones han sido invariablemente rechazadas… He aquí por qué las relaciones políticas en China se encuentran en un estado de extrema gravedad. (…) Esperamos que, teniendo en cuenta la tendencia general de los acontecimientos en el mundo y la voluntad del pueblo chino, las autoridades kuomintanistas se decidan a cambiar su actual política errónea, a fin de facilitar la victoria en la Guerra de Resistencia contra el Japón, aliviar los sufrimientos del pueblo chino y acelerar el surgimiento de una nueva China. 

Así, pues, desde 1944 el PCCh planteó un frente unido con todas las fuerzas antijaponeses, incluidas las fuerzas antijaponesas que había en el Kuomintang a fin de vencer a Japón, evitar una nueva guerra civil y establecer un gobierno de coalición, es decir, un Estado de nueva democracia. 

En “Sobre la nueva democracia”, Mao había precisado: 


Los múltiples sistemas de Estado en el mundo pueden reducirse a tres tipos fundamentales, si se clasifican según el carácter de clase de su Poder: 1) república bajo la dictadura de la burguesía; 2) república bajo la dictadura del proletariado, y 3) república bajo la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias. (…) El tercer tipo es una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las revoluciones de los países coloniales y semicolonias. Cada una de dichas revoluciones tendrá necesariamente características propias, pero éstas representarán ligeras diferencias dentro de la semejanza general. Siempre que se trate de revoluciones en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del Poder será forzosamente idéntico en lo fundamental, es decir, se establecerá un Estado de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de las diversas clases antiimperialistas. En la China de hoy, el frente único antijaponés representa esta forma de Estado de nueva democracia. 

Es decir, la república democrática china que se propugnaba en “Sobre la nueva democracia” era una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado, es decir, una república de nueva democracia. Esta dictadura conjunta era el sistema de Estado de la nueva democracia, sistema que comportaba el frente único del pueblo chino. 

En el mismo lugar, Mao había planteado el frente único antijaponés, conformado por el proletariado, el campesinado y los intelectuales y demás sectores de la pequeña burguesía. Estamos en enero de 1940. Cuatro años y ocho meses después, en septiembre de 1945, el PCCh, como hemos visto, presentó en el Consejo Político Nacional la demanda de un gobierno democrático de coalición. Entonces la situación internacional había experimentado un cambio fundamental: se había alcanzado la victoria decisiva contra el fascismo, y se aproximaba el momento de la victoria del pueblo chino sobre el imperialismo japonés. Pero, al mismo tiempo, las negociaciones entre el PCCh y el Kuomintang no habían logrado ningún acuerdo por la renuencia de este último partido a realizar las necesarias reformas democráticas, por lo cual las relaciones políticas internas de China se encontraban en un estado de suma gravedad y el peligro de una tercera guerra civil se cernía en el horizonte. No obstante, el PCCh esperaba que el Kuomintang rectificara su errónea política a fin de aliviar los sufrimientos del pueblo chino y acelerar el surgimiento de una nueva China. Es en estas circunstancias y ante esta perspectiva, que el PCCh consideraba que debía luchar por un gobierno de coalición. 

Pues bien, ¿en consonancia con la situación actual del Perú, qué es lo que se impone hacer en el ámbito de la unidad político-programática del pueblo peruano en función de llevar a la victoria la revolución de nueva democracia? Esto es lo que es necesario analizar.

 

17.08.2026.

 

¡Viva el centenario de la revista Amauta!

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

En el Centenario de la Revista Amauta 

Eduardo Ibarra 

NO ES ESTE un artículo con pretensión de desarrollar extensamente el tema –que tiene muchos aspectos–, pues solo busca centrar algunas ideas sobre la primera revista marxista del Perú. No, pues, la “primera revista socialista” del Perú, calificación que algunos hacen de Nuestra Época, calificación ciertamente vaga y equívoca que intenta diluir el socialismo marxista en el nebuloso socialismo en general. 

En la “Presentación” de Amauta, José Carlos Mariátegui escribió: 


Hace dos años, esta revista habría sido una voz un tanto personal. Ahora es la voz de un movimiento y de una generación. 

“Un tanto personal” no significa que dos años antes de setiembre de 1926, Amauta no hubiera sido la “voz de un movimiento y de una generación”; significa, simplemente, que en la fecha indicada, llegó a ser ya, netamente, “la voz de un movimiento” histórico que surgía como resultado natural de la evolución intelectual en la sociedad peruana, representada por una generación de jóvenes intelectuales y artistas que dirigía su crítica contra la hegemónica cultura feudal-burguesa de nuestro medio. 

También dice Mariátegui en la mencionada “Presentación”: 


“Amauta” cribará a los hombres de la vanguardia –militantes y simpatizantes– hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración. 

Y, un poco más adelante: 


En el prólogo de mi libro “La Escena contemporánea”, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna. 

¿Cuál fue la ideología de Mariátegui? Por cierto, el marxismo. ¿Cuál fue su fe? La revolución socialista. Entonces, es claro que la frase “Lo mismo puedo decir de esta revista”, significa que, de acuerdo al maestro, Amauta era una revista marxista orientada a impulsar la revolución socialista.

    En la tesis “Antecedentes y desarrollo de la acción clasista”, Mariátegui declaró: 


En setiembre de 1926, como órgano de este movimiento, como tribuna de “definición ideológica”, aparece “Amauta”… “Amauta, en su Nº 17, el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de “definición ideológica”, afirmándose, categóricamente, marxista. 

De esta forma, pues, quedó separada la paja del grano: los hombres del oportunismo pequeño burgués fueron la paja que quedó separada del grano: 


La originalidad a ultranza, es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera, inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico). 

Y lo mismo ocurrió con los hombres del socialismo reformista, domesticado: 


El editorial [«Aniversario y balance»] se refiere, por una parte, al vanguardismo genérico e indefinido de los oportunistas habituales y, por otra parte, a cierta desviación que ha intentado propagarse en nuestras propias filas, a propósito del Apra. (Carta a Carlos Aramburú del 29 de diciembre de 1928, en José Carlos Mariátegui Correspondencia (1915-1930), EEA, Lima, tomo II, p. 444. 

Naturalmente, el grano fueron los marxistas, los partidarios de la revolución socialista. Por eso, Mariátegui subrayó: 


El trabajo de definición ideológica nos parece cumplido. En todo caso, hemos oído ya las opiniones categóricas y solícitas en expresarse. Todo debate se abre para los que opinan, no para los que callan. La primera jornada de “Amauta” ha concluido. En la segunda jornada, no necesita ya llamarse revista de la “nueva generación”, de la “vanguardia”, de las “izquierdas”. Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista socialista. (…) “Nueva generación” “nuevo espíritu”, “nueva sensibilidad”, todos estos términos han envejecido. Lo mismo hay que decir de estos otros rótulos: “vanguardia”, “izquierda”, renovación”. Fueron nuevos y buenos en su hora. Nos hemos servido de ellos para establecer demarcaciones provisionales, por razones contingentes de topografía y orientación. Hoy resultan ya demasiado genéricos y anfibológicos. Bajo esos rótulos, empiezan a pasar gruesos contrabandos. La nueva generación no será efectivamente nueva sino en la medida en que separa ser, en fin, adulta, creadora. 

Por eso también, resaltó: 


Los que damos a “Amauta” tonalidad, fisonomía y orientación, somos los que tenemos una filiación y una fe, no quienes no las tienen y que admitimos, sin peligro para nuestra integridad y nuestra homogeneidad, como accidentales compañeros de viaje. Somos los vanguardistas, los revolucionarios, los que tenemos una meta, los que sabemos a dónde vamos. 

En consecuencia, tanto la primera como la segunda jornada de Amauta, fecundaron la constitución del Partido Socialista del Perú. Esto estaba ya previsto en el pensamiento estratégico de Mariátegui, lo que queda probado cuando leemos en la “Presentación” de Amauta esta confesión: “Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista.” Y cuando, en “Antecedentes y desarrollo de la acción clasista”, leemos esta revelación: “Mariátegui regresa en ese tiempo de Europa [marzo de 1923] con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase”. He ahí, pues, la relación entre Amauta y el Partido Socialista del Perú. 

       Amauta es, pues, la primera revista marxista del proletariado peruano, la primera revista marxista del Perú. Precisamente esta inconfundible y relevante filiación hizo de ella una revista histórica.

 

01.09.2026.


Internacionales

Las Granjas de Goebbels «Bots» 

Fernando Buen Abad Domínguez(*) 

GOEBBELS COMPRENDIÓ algo elemental y monstruoso: la guerra cognitiva alcanza su máxima eficacia cuando deja de parecer guerra. El propagandista mediocre ordena creer. El propagandista sofisticado consigue que el sujeto desee aquello que previamente fue dispuesto para él. 

La granja digital lleva esa lógica a una escala vertiginosa. Ya no necesita solamente fabricar discursos, puede fabricar atmósferas. No necesita demostrar que todos piensan igual, necesita producir suficientes señales para que cada persona tema ser la única que piensa distinto. El objetivo no es conquistar una cabeza, es modificar el campo psicológico donde millones de cabezas toman decisiones. Una cuenta falsa puede ser insignificante. Diez mil cuentas coordinadas pueden fabricar una realidad política. La mentira deja de ser una proposición y se convierte en ambiente. Detrás de esta canallada hay ahora presidentes, empresarios y todo tipo de perturbaciones ideológicas burguesas. Con mucho dinero. 

Es probable que el signo más perfecto de una dictadura de la percepción sea aquel que consigue que la víctima crea que está pensando por sí misma. Ahí está la trampa decisiva de las granjas de Goebbels-bots: no fabrican simplemente mentiras, fabrican el espejo social en el que una mentira aparece acompañada por miles de rostros, miles de voces, miles de supuestas conciencias. Cuando el individuo observa su entorno y descubre su propia indignación repetida de manera constante, la repetición adquiere la forma de evidencia. La cantidad suplanta a la verdad. El eco se enmascara de multitud. La multitud, de consenso. El consenso, de realidad. Esta es la operación semiótica brutal: conseguir que el signo falsificado gobierne la conducta verdadera. 

Y aquí aparece el verdadero escándalo: los bots no son lo más importante. Lo verdaderamente peligroso es la multitud humana que aprende a comportarse como un bot. Repetir sin leer. Reaccionar sin comprender. Condenar antes de investigar. Compartir antes de verificar. Convertir una emoción en argumento y una consigna en identidad. La máquina no reemplaza al individuo: lo capacita. Lo acostumbra a responder con patrones. Le enseña que pensar equivale a elegir inmediatamente un bando. Le recompensa por la furia. Le castiga con invisibilidad cuando introduce matices. Gradualmente, el individuo conserva su semblante, su nombre, su historia e incluso la ilusión de autonomía, mientras sus movimientos comunicativos adoptan la regularidad de una pieza industrial. 

Por eso hay que abandonar la ingenuidad de imaginar la granja como una habitación oscura llena de operadores frente a cinco mil teléfonos. Esa imagen es demasiado cómoda. Nos permite identificar al monstruo y regresar tranquilamente a casa. La granja auténtica es un circuito social mucho mayor: alguien fabrica contenidos, alguien financia su circulación, una plataforma organiza la visibilidad, un algoritmo detecta qué provoca reacción, una red coordinada amplifica, miles de usuarios completan el trabajo gratuitamente y una industria de la atención convierte todo aquello en dinero, influencia o poder. La operación funciona porque el capital humano más abundante de nuestro tiempo ya no es solamente la fuerza de trabajo: es la capacidad de reaccionar. 

Cada indignación es susceptible de ser cosechada. Cada miedo puede segmentarse. Cada humillación tiene el potencial de transformarse en tráfico. Cada sesgo puede convertirse en una comunidad económicamente eficiente. Cada conflicto puede ser optimizado. Tiene conocimiento de una ley fundamental de la economía contemporánea: aquello que atrae la atención puede transformarse en poder. Y nada queda en el olvido. Y nada captura la atención con tanta eficacia como el enemigo. Por consiguiente, el ciudadano contemporáneo se encuentra constantemente alimentado por amenazas: la mujer emancipada que presuntamente destruye la familia, el migrante que supuestamente usurpa el futuro, el pobre que supuestamente subsiste gracias al esfuerzo ajeno, el trabajador organizado que supuestamente obstaculiza el progreso, el científico que presuntamente conspira contra la libertad, y el vecino que presuntamente pertenece al bando incorrecto. El enemigo cambia de rostro porque la función permanece intacta. 

Y la operación de fondo consiste en una inversión monstruosa de las relaciones sociales. Quien está abajo aprende a mirar hacia los costados. El individuo que sufre una pérdida de salario se dirige al extranjero, a un individuo joven que padece precariedad. Quien padece precariedad mira a quien recibe una ayuda pública. Quien experimenta violencia estructural mira a una mujer que exige autonomía. La persona que ha sido privada de poder encuentra un reducido territorio en el que puede experimentar poder: el comentario, el insulto, la persecución digital y la humillación del otro individuo. El sistema ha identificado un método sumamente económico para gestionar el malestar: conceder permiso para odiar a una persona de mayor vulnerabilidad. 

También la violencia de género encuentra aquí un laboratorio especialmente fértil. La maquinaria digital puede transformar la misoginia histórica en una forma industrial de castigo. Una mujer en el ojo público puede recibir, en cuestión de minutos, muchos insultos, amenazas, sexualización y críticas. Este mensaje no solo afecta a la persona en particular, sino que también sirve de advertencia para todas las demás: esto ocurre cuando una mujer habla más de lo esperado, ocupa demasiado espacio, desafía, da órdenes, investiga, denuncia o simplemente no acepta su rol esperado. La granja no necesita que todos sus operadores sean conscientes de la operación. Basta con que una estructura cultural haya enseñado durante generaciones qué cuerpos merecen autoridad y cuáles deben ser disciplinados. El algoritmo encuentra esa desigualdad ya preparada y la convierte en combustible. 

Entonces la dimensión ecológica revela otra obscenidad. Se nos presenta la esfera digital como si careciera de cuerpo, territorio y naturaleza. Una opinión parece aparecer de la nada. Un video circula como si no necesitara electricidad. Una nube parece literalmente una nube. No lo es. La infraestructura digital se compone de minerales extraídos de territorios específicos, cadenas energéticas, agua, servidores, centros de procesamiento de datos, transporte, trabajadores y residuos. La supuesta inmaterialidad de la red es una de las grandes ilusiones ideológicas de nuestra época. La economía digital posee una ecología material. Extrae de la Tierra para producir abstracciones y luego devuelve desechos, emisiones y desigualdades a territorios que rara vez aparecen en la pantalla. La granja de bots también tiene suelo, aunque sus usuarios no puedan verlo. 

Por consiguiente, el problema no radica en cuestionar de manera infundada si una publicación es «verídica». Hay que preguntar qué realidad produce. ¿Qué conducta desencadena? ¿Qué miedo organiza? ¿Qué relación social deforma? ¿Quién logra obtener beneficios cuando miles de individuos debaten sobre un adversario artificial? ¿Qué problema desaparece del campo visual mientras todos miran hacia allí? ¿Qué trabajo deja de hacerse porque la indignación ocupa el tiempo? ¿Qué conversación queda clausurada porque la plataforma recompensa la velocidad y castiga la complejidad? El descubrimiento decisivo es que la propaganda no necesita destruir la verdad. 

Puede hacer algo más eficaz: inundarla. El acto genera cien versiones, cada evidencia suscita cien sospechas y cada dato es sepultado bajo un torrente de ruido. El ciudadano no necesariamente concluye creyendo una falsedad específica. Puede terminar creyendo que ya no existe ninguna verdad posible. Esa es una victoria todavía más profunda. El cinismo absoluto desarma la capacidad de juicio. Si todo puede ser manipulación, nada merece ser investigado. Si todos mienten, nadie responde. En caso de que toda realidad sea propaganda, la única certeza remanente parece ser la propia tribu. La granja produce entonces no solamente falsedad: produce impotencia epistemológica. 

Y esa impotencia es políticamente rentable. Un ciudadano persuadido de que nada puede ser conocido es considerablemente más sencillo de gobernar que un ciudadano que puede verificar, organizarse, comparar experiencias y reconocer intereses compartidos. La confusión permanente despolitiza. El exceso de información puede convertirse en una forma de oscuridad. Tener millones de mensajes disponibles no significa tener más conocimiento. Una biblioteca incendiada produce más información dispersa que una biblioteca intacta, pero menos posibilidad de leer. 

Aquí pensar es resistir la velocidad que otros han diseñado para nosotros. La conciencia comienza cuando una persona interrumpe el reflejo. Previo a la divulgación, realice una pregunta. Antes de odiar, investiga. Previo a seleccionar adversarios, se debe analizar la relación de poder que se encuentra fuera del encuadre. Antes de aceptar una multitud, pregunta quién la fabricó. Previo a apreciar una tendencia, cuestione quién percibe valor de ella. Previo a la convicción de que la historia está segmentada entre «ellos» y «nosotros», se debe preguntar quién obtiene beneficios de dicha división. La verdadera revolución de las conciencias comienza precisamente ahí, en el instante microscópico en que el individuo deja de ser una reacción automática. 

Ese instante puede parecer insignificante frente a una maquinaria de millones de dólares, plataformas planetarias y ejércitos de cuentas falsas. No lo es. Una maquinaria de propaganda necesita que la conducta se vuelva previsible. El pensamiento crítico introduce una discontinuidad. La organización colectiva introduce otra. La solidaridad introduce una tercera. Cuando aquellos entrenados para competir descubren que comparten las mismas condiciones materiales; cuando aquellos educados para odiarse reconocen que experimentan presiones similares; cuando una mujer descubre que su agresor visible es también manipulado por una estructura que le incita a descargar su frustración hacia abajo; cuando el trabajador descubre que el supuesto adversario cultural no determina su remuneración; cuando la sociedad comprende que la destrucción ambiental y la precarización son parte del mismo metabolismo económico, la granja pierde una porción de su cosecha. La inversión conceptual queda entonces completa. 

Pensábamos que las granjas de bots eran máquinas que manipulaban sociedades humanas. Ahora podemos ver algo más inquietante: son sociedades organizadas de tal manera que ciertas máquinas pueden manipularlas con extraordinaria facilidad. El problema no comienza con el bot. El bot es el síntoma tecnológico de una enfermedad social más antigua: la concentración del poder sobre los medios de producción de la realidad simbólica. La persona que ejerce control sobre la facultad de producir visibilidad adquiere una forma de poder que no requiere la prohibición del pensamiento; basta con determinar lo que se presenta ante sus ojos de manera infinita. 

Por eso la pregunta final no es cuántos bots existen. Es mucho más incendiaria: ¿cuánta humanidad estamos dispuestos a entregar para que nuestras propias máquinas nos devuelvan una falsa imagen de nosotros mismos? Porque una sociedad que necesita miles de identidades ficticias para fabricar consenso ya está confesando algo sobre su consenso real. Y cuando una multitud necesita ser falsificada para parecer mayoritaria, quizá la verdadera mayoría esté en otra parte, todavía dispersa, todavía sin nombre, todavía sin reconocerse. La tarea histórica consiste en encontrarla. No en la oscuridad de la pantalla, aguardando una nueva tendencia, sino en el mundo material donde se labora, se ama, se cuida, se lucha, se contamina, se enferma, se organiza y se imagina. La realidad que ninguna granja de robots de Goebbels puede construir en su totalidad. 

 

(*) Tomado de Rebelión: https://rebelion.org/las-granjas-de-goebbels-bots/


Reconstitución

Nota:

Publicamos a continuación un extracto del Capítulo I del libro inédito Contra el liquidacionismo. Llevar hasta el fin la reconstitución del partido de Mariátegui. Este extracto se suma a los varios trabajos del autor sobre el problema de la verdad universal y, como ellos, es una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui en lo que se refiere a su base de unidad ideológica.

01.09.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha 

(Extracto. Primera Parte) 

E. I. 

EN UN ARTÍCULO publicado en la red, Gustavo Fernández, cobardemente oculto tras el seudónimo de Leyva, argumentó así la posición de los liquidadores ante el marxismo-leninismo: 

El marxismo antecede, abarca, supone el leninismo, el bolchevismo, el gramscianismo, el mariateguismo, los aportes de Rosa Luxemburgo, de los Plejanov y Kaustki antes de su desbarrancamiento como oportunistas, de Mella y Guevara, del Palmiro Togliatti en la época del fascismo y del George Sorel que leyó Mariátegui, de el (sic) Luckas de "Historia y Conciencia de Clase" añada usted lector lo necesario.

Como es notorio, Fernández hace un uso indebido de la afirmación mariateguiana sobre la revolución latinoamericana. (14) Que el marxismo antecede al leninismo, es una verdad de Perogrullo, y blandirla no permite adelantar un solo paso en el planteamiento y la resolución del problema del leninismo. Que el marxismo supone el leninismo tiene una explicación que no es la que se sugiere en la cita. Veamos esto. En carta a Sombart del 11 de marzo de 1895, Engels esclareció:

toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación. (Correspondencia Marx-Engels,

Y, en Anti-Dühring, llamó la atención sobre la necesidad de “distinguir entre el método y los resultados con él alcanzados.”(15) Es decir, sobre la necesidad de distinguir entre la concepción (método) y la doctrina (teoría); entre el método marxista y las conclusiones teóricas alcanzadas con su aplicación. Por eso, en Los fundamentos del leninismo, Stalin distinguió entre la concepción marxista y los fundamentos del leninismo, y, en Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos, expuso esta distinción como una entre principios (principios generales) y elementos (elementos teóricos). Por lo tanto, el leninismo tiene por base los principios establecidos por Marx y Engels. Esto es indiscutible. Por esta sencilla razón, en Cuestiones del leninismo, Stalin señaló: “Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo.”

Pero, en el plano del tesoro universal del marxismo, el leninismo es algo nuevo en relación a la teoría proporcionada por Marx y Engels. Esto también es indiscutible. Por eso, en el libro anteriormente citado, Stalin sostuvo:

Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural.

Así, por ejemplo, la teoría leninista del imperialismo no es precisamente una teoría que se encuentre en la obra de Marx y Engels, por la sencilla razón de que Lenin aplicó el marxismo a las condiciones del capitalismo monopolista que, por razones conocidas, los fundadores no alcanzaron a analizar.

En general, Lenin aplicó a las condiciones de nuestra época los puntos de partida y el método de Marx y Engels, y de esta forma restauró los principios marxistas abandonados por la Segunda Internacional, así como, al mismo tiempo, fecundó la teoría de los fundadores con nuevos elementos, probando así que “el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx. (Defensa del marxismo”, p. 126).(16)

Así, pues, del mismo modo como «no es posible separar el leninismo del marxismo» (Stalin), tampoco es posible suponerlo existente en el cuerpo teórico del marxismo entendido como el pensamiento de Marx y Engels. El leninismo, desarrollo del marxismo, no existió sino hasta el momento en que empezó a existir: fines del siglo XIX y principios del XX.

Lo que del marxismo hay en el leninismo es el método, pero el leninismo es un cuerpo de nuevas conclusiones teóricas aportadas por Lenin y otros teóricos marxistas (entre ellos, señaladamente Mao).(17)

También escribió Fernández: 

Sin duda ni discusión alguna Lenin hizo un aporte valiosísimo al aplicar el método marxista a la realidad de la Rusia a principios del siglo XX. José Carlos Mariátegui aplicó esa misma ciencia, ese mismo instrumental… al conocimiento e interpretación de nuestra realidad peruana (…) Lo mismo que decimos de Lenin y de Mariátegui en relación al marxismo podemos decirlo de otras figuras señeras que han contribuido a enriquecerlo. (…) Lo que nos legó V.I. Lenin fue pues su vastísima experiencia revolucionaria producto de la aplicación del método marxista a la realidad concreta y específica de la Rusia… Así “hizo marxismo”. (Cursivas y subrayados en el original).

Estas afirmaciones constituyen una apreciación demasiado gruesa y notoriamente superficial, pues, por un lado, no distinguen entre el desarrollo del marxismo plasmado por Lenin y el concretado por otros teóricos del proletariado, y, por el otro, reducen el leninismo a la condición de aplicación del marxismo a las condiciones rusas. El leninismo es un desarrollo de valor universal del marxismo y, por eso, lleva el sello de nuestra época en el sentido más pleno del término (expresa amplia y profundamente su contenido fundamental y sus tendencias fundamentales, así como el contenido fundamental y las tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado). En efecto, Lenin desarrolló la teoría del imperialismo; la teoría de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado; la estrategia y la táctica de la revolución; la teoría del partido proletario; la teoría de la cuestión nacional y colonial; la teoría de la hegemonía del proletariado; la fundamentación teórica del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, etcétera, etcétera. Obras de valor universal como ¿Qué Hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Materialismo y empiriocriticismo, Cuadernos filosóficos, El estado y la revolución, La bancarrota de la Segunda Internacional, El imperialismo, fase superior del capitalismo, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, entre otras, prueban el leninismo como el marxismo de nuestra época.

Así, pues, el peso específico del leninismo es comparativamente mayor y más trascendente que el de cualquier otro teórico marxista contemporáneo.(18) Esta conclusión no tiene por qué extrañar a nadie. Analizando el aporte de Marx y el suyo propio en la creación de la nueva concepción del mundo, Engels señaló:

la parte más considerable de las principales ideas directrices, particularmente en el terreno económico e histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a Marx. Lo que yo aporté –si se exceptúa, todo lo más, dos o tres ramas especiales– pudo haberlo aportado también Marx aun sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido jamás lo que Marx alcanzó. Marx tenía más talla, veía más lejos, atalayaba más y con mayor rapidez que todos nosotros juntos. Marx era un genio; nosotros, los demás, a lo sumo, hombres de talento. Sin él la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre. (Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, 1980, t. III, p. 380, nota).

De esta forma, pues, el cofundador del marxismo proporcionó la pauta para discernir los ulteriores aportes de los distintos teóricos marxistas tanto a escala de cada país como a escala mundial. En el Perú, por ejemplo, Mariátegui no es, por cierto, el único que ha aplicado el marxismo a nuestra realidad, pero no cabe ninguna duda de que es quien, con más amplitud, profundidad, coherencia y talento, ha contribuido a darle una forma nacional, y, por eso, el camino de la revolución peruana es legítimamente conocido como el Camino de Mariátegui. En el mundo, es un hecho que, sin la creación heroica de Lenin, el marxismo de nuestra época no sería, ni con mucho, lo que es, y, por esta razón, dicho marxismo lleva legítimamente su nombre.

Sin embargo, como se ha visto, Fernández nivela la cualidad del leninismo a la de otros teóricos marxistas. Por otro lado, reduce el leninismo a la condición de un fenómeno puramente ruso. Pero sucede que, como se ha visto también, Lenin desarrolló el marxismo aplicándolo no solo a Rusia, sino igualmente a las nuevas condiciones del capitalismo mundial y de la lucha de clase del proletariado. Así, pues, debido a lo uno y lo otro, el leninismo es el marxismo de nuestra época. No obstante, con su definición unilateral, reduccionista, arbitraria, tendenciosa del leninismo, Fernández niega esta verdad.

Compárese dicha definición con esta otra de Stalin:

El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. (Cuestiones del leninismo, p. 3).

Como se ve, esta definición pone de manifiesto las raíces históricas del leninismo, su carácter internacional y su ligazón orgánica con el marxismo. En cambio, con su definición, Fernández afirma equívocamente la ligazón del leninismo con el marxismo, niega tendenciosamente sus raíces históricas y escamotea deliberadamente su carácter universal. Puesto que el leninismo es un desarrollo de valor universal del marxismo, es, pues, marxismo, pero marxismo enriquecido, marxismo desarrollado, marxismo de nuestra época.

Fernández dice: “[Lenin] Aplicó esta herramienta [el marxismo] para interpretar una nueva fase que se abría en el capitalismo.(19)

De hecho, la cita alude, formalmente, al valor internacional del leninismo. Sin embargo, tal alusión se disuelve en la opinión de que el leninismo solo tiene un valor particular relativo a Rusia. Como se comprenderá, la definición del leninismo debe dar cuenta, necesariamente, de los aportes de Lenin al marxismo y, al mismo tiempo, del valor universal de los mismos. Precisamente así ocurre en la definición de Stalin: por un lado, se da cuenta allí de que «el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular» (aportes); por otro lado, se precisa que «El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria» (carácter universal de los aportes de Lenin y sus raíces históricas). En cambio, en la definición de Fernández, el desarrollo del marxismo plasmado por Lenin está referido exclusivamente a Rusia, y, así, aquello de que Lenin aplicó el marxismo «para interpretar una nueva fase que se abría en el capitalismo», no aparece expresado en absoluto. De esta forma niega el carácter universal del leninismo. Por eso su citada afirmación sobre la interpretación leninista del imperialismo, se revela como pura tapadera. La afirmación de un seguidor de Ramón García en el sentido de que «Lenin es para Rusia y Mao para China», expresa sin ambages la posición de los liquidadores frente al leninismo y al pensamiento de Mao: el marxismo tiene, según ellos, únicamente diversos desarrollos de valor particular. De esta forma tratan de justificar su abjuración del leninismo (vale decir del marxismo-leninismo) y su exclusión de la base de unidad de su grupo.

Mao señaló que el análisis del leninismo realizado por Stalin «nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión.» (Obras escogidas, t. I, ELE, Pekín, 1972, p. 352).

No obstante, como se ha visto, Fernández escamotea la interconexión entre lo particular y lo universal en el leninismo.

En conclusión, nuestro liquidador reniega el carácter universal del leninismo; por lo tanto, la necesidad de reconocerlo como una nueva época en el desarrollo del marxismo; por lo tanto, como parte de la verdad universal; por lo tanto, la obligatoriedad, para todo partido proletario, de reconocer el marxismo-leninismo.

Cualquier marxista informado sabe que el marxismo es una verdad universal, y que esto significa la universalidad de su método y de su teoría (particularmente aquella relativa a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado). Por eso el marxismo es aplicable a cualquier particular concreto y a cualquier universal concreto, y, por esta razón, encierra la necesidad inmanente (la tendencia, la propensión, la potencia) de desarrollarse como tal verdad universal. Pero, al negar el carácter universal del leninismo (y este mismo carácter en el desarrollo del marxismo-leninismo plasmado por Mao), Fernández reniega de hecho la aludida característica esencial del marxismo: su necesidad inmanente, su potencia intrínseca de desarrollarse como verdad universal. Esta negación de la potencia generativa del marxismo para desarrollarse como verdad universal, es el trasfondo de la cuestión.

Así, pues, el antileninismo de los liquidadores (negación de su condición de nueva época en el desarrollo del marxismo),(20) implica la negación de aquella potencia generativa del marxismo. O sea que el antileninismo de los liquidadores encierra una posición contraria al propio marxismo.

Notas

[14] Indebido, porque, como se sabe, nuestra época es la del imperialismo y de la revolución socialista; por lo tanto, allí donde la revolución democrática no se produjo en su momento, ella aparece, en nuestra época, como parte de la revolución socialista mundial; por eso, precisamente, la revolución socialista antecede y supone la revolución democrática. Como puede entenderse, este no es el caso de la relación entre el marxismo y el leninismo.

[15] La afirmación de Engels no significa en modo alguno que el marxismo sea dualista. En nuestro libro El desarrollo de la teoría del proletariado, escribimos sobre el punto: «[En el marxismo] la teoría se transforma constantemente en método, es decir, adquiere valor metodológico, y a la inversa, el método se transforma, también constantemente, en teoría. El Capital, por ejemplo, es una teoría del modo de producción capitalista, pero en Plan de la dialéctica (lógica) de Hegel, Lenin señaló con toda razón: «Si Marx no nos dejó una “Lógica” (con mayúscula), dejó en cambio la lógica de El capital, y en este problema debería ser utilizada a fondo. (…) La comprensión engelsiana y mariateguiana de la concepción marxista del mundo da cuenta de la indisoluble unidad de concepción y método, aspectos diferenciables únicamente por medio de la abstracción».

[16] Fernández ha escrito: «José Carlos Mariátegui lo califica [a Lenin] como el restaurador más enérgico y fecundo del marxismo». (…) Esta palabra es para reflexionar: “restaurador"». Es notorio que, con estas afirmaciones, nuestro personaje intenta concentrar la atención del lector exclusivamente en la palabra restaurador, ignorando así la palabra fecundo. Puesto que de reflexionar se trata, entonces hay que comenzar por reconocer que la primera palabra no se entiende sino en su relación con la segunda: la restauración de la que habló Mariátegui está referida al hecho de que Lenin restauró los principios marxistas abandonados por el revisionismo de la Segunda Internacional (lo que omite señalar Fernández), y que, justamente sobre la base de esta restauración, y, por consiguiente, de la aplicación de dichos principios a las nuevas condiciones, fecundó el marxismo con nuevos elementos teóricos, con nuevas conclusiones teóricas que significaron un desarrollo del marxismo (cuestión que Fernández deja fuera de su argumentación). En esta unilateralidad y en este escamoteo ha consistido la «reflexión» de nuestro liquidador. Como hemos visto, con base en una visión dialéctica, Mariátegui llegó a la conclusión de que «el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx», es decir, de que Lenin desarrolló a Marx y Engels, o sea, de que es en la Revolución Rusa «donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista» (Defensa del marxismo, p. 22).

[17] La negación del leninismo como desarrollo de valor universal del marxismo y su exclusión como base de unidad ideológica del proletariado traen aparejadas la misma negación y la misma exclusión del pensamiento de Mao.

[18] Esta realidad no comporta ninguna subestimación de los otros teóricos marxistas, sino simplemente un reconocimiento objetivo del lugar que tienen en el universo del marxismo de nuestra época.

[19] Como que así ha ocurrido, efectivamente, con el surgimiento y el desarrollo del leninismo. Para evitar malos entendidos, reiteramos aquí lo que hemos señalado, hace mucho, en otro lugar: por marxismo-leninismo entendemos la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao.

[20] Los forzados elogios a Lenin que Fernández hace a lo largo de su discurso («Lenin fortaleció como nadie la ciencia del marxismo»; «La gigantesca e imparangonable producción intelectual revolucionaria de Lenin»; «el genial discípulo de Marx y Engels»; «conocía mejor que nadie el inmenso legado intelectual de Carlos Marx», etcétera, etcétera), no le alcanzan para disimular su antileninismo. Tampoco al revisionismo jruschoviano le alcanzaron los múltiples elogios a Lenin y la edición de millones de ejemplares de sus obras, pues al mismo tiempo que así procedía, levantaba sus antileninistas «tres pacíficas» y sus «dos todos» que revisaban oportunistamente el leninismo. El antileninismo de Fernández (que es el antileninismo de todos los liquidadores del grupo de García), reside en la suplantación del marxismo-leninismo por un marxismo a secas, en la negación de la obligatoriedad de la adhesión al marxismo-leninismo por todo partido proletario. Esta suplantación y esta negación encierran el negro designio de liquidar el partido de clase, como veremos más adelante.




Nota: 

El artículo que sigue es una contribución al esclarecimiento del problema del desarrollo del marxismo y del derivado problema de su denominación contemporánea, y, por consiguiente, una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui. 

01.09.2026.

Comité de Redacción.

 

 

El Maoísmo Nominal de J. P. Ballhorn y Otras Cuestiones 

(Segunda Parte) 

E. I. 

EN CONCLUSIÓN, en manos de Ballhorn el marxismo aparece sensiblemente empobrecido. 

Arrastrado por su castración del marxismo, Ballhorn tergiversa el método de Stalin en el estudio del desarrollo histórico de la doctrina del proletariado. Dice él: 


Esto [el marxismo concebido solo como socialismo científico] es lo que comprendió Stalin al momento de definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo. 

(Entre paréntesis: Stalin no definió el leninismo como dice Ballhorn, sino como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria». La diferencia es obvia, y había que señalarla). 

Pues bien, hay que precisar que Stalin no tenía una concepción reduccionista del marxismo como la de Ballhorn, por lo que la afirmación de éste en el sentido expresado en la cita anterior, es una gruesa tergiversación. En Los fundamentos del Leninismo, Stalin dejó sentados estos conceptos esclarecedores: 


Exponer los fundamentos del leninismo no es aún exponer los fundamentos de la concepción del mundo de Lenin. La concepción del mundo de Lenin y los fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la misma cosa. Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural. Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias de los fundamentos del leninismo. (…) Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin le otorgaba a la teoría, sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan grande como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. «Cada descubrimiento trascendental –decía Engels– obliga al materialismo a cambiar de forma.» Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su notable libro Materialismo y Empiriocriticismo, cumplió esta tarea en relación con su época). (…) es natural que mis conferencias no puedan ser consideradas como una exposición completa del leninismo. Serán tan sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer este resumen, a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo. (Cuestiones del leninismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977, pp. 1-2 y 21) 

Es evidente que en estas afirmaciones el término teoría es utilizado como sinónimo del término filosofía. Pero lo que hay que destacar es que, contrariamente al torcido entendimiento de Ballhorn, Stalin no concebía el marxismo como un cuerpo de doctrina sin filosofía y sin economía política, aunque sobre esta última parte del marxismo se limitase, en su citado libro, a señalar brevemente algunas tesis de Lenin sobre el imperialismo. Por otro lado, la cita da cuenta de que para Stalin eran posibles dos tipos de exposición del leninismo: una «completa», que debe comprender los aportes de Lenin al marxismo en la esfera de la filosofía, y otra que se limita a ser «un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo», que es precisamente la que hizo el sucesor de Lenin en Los fundamentos, en Cuestiones y en la «Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos», «a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo». Cabe agregar que, por cuanto Stalin reconocía la existencia de la economía política marxista (a la que aportó con la formulación de la ley económica fundamental del socialismo), la exposición «completa» del leninismo debe comprender, asimismo, los aportes de Lenin a dicha parte integrante del marxismo. 

Estas constataciones demuestran, pues, que lo que hace Ballhorn es achacarle a Stalin su propia concepción reduccionista del marxismo, es decir, su propia posición revisionista. 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto. 

Ballhorn dice:


Estas son las razones por las cuales pienso que una sustentación del maoísmo como nueva, tercera y superior etapa del marxismo tendría que ir más o menos en la línea de acontecimientos que postula Alain Badiou: la Comuna de París, la Revolución de Octubre y la Gran Revolución Cultural Proletaria.
 

De hecho, con esta cita nuestro crítico se refiere a la relación existente entre las condiciones históricas y el desarrollo del marxismo. Acerca de esta cuestión, Stalin señaló: 


Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria) cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se despliega la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets. (Ob. cit., p. 3) 

En las páginas 64-65 de mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado, dejé escrito sobre la misma cuestión: 


El pensamiento de Mao tuvo su cuna en la vieja China punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo, y se desarrolló no solo en función de esta realidad particular, sino también en función de la realidad de la revolución proletaria mundial. Pero la vieja China no era un país imperialista, como lo era la Rusia zarista de principios de siglo, sino un país semicolonial y semifeudal. En consecuencia, «la tarea a resolver» ahí no era la lucha contra el capitalismo sino contra «las supervivencias del medioevo». Pero, como es obvio, estas condiciones particulares de China eran parte de las condiciones generales del imperialismo, pues, como ha quedado dicho, el imperialismo es una época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una mayoría de países coloniales, semicoloniales y dependientes, y, precisamente por esto, Lenin señaló que «la revolución social sólo puede producirse bajo la forma de una época que una la guerra civil del proletariado contra la burguesía en los países avanzados con toda una serie de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de liberación nacional, en las naciones subdesarrolladas, atrasadas y oprimidas.» Por tanto, si la revolución china es la continuación de la revolución rusa en las condiciones de un país semicolonial y semifeudal, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del leninismo, pues sus raíces históricas son las mismas que las de éste. Sobre la nueva democracia es un desarrollo de Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, y la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones del socialismo es un desarrollo de las tesis planteadas por Lenin en su artículo La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado. En consecuencia, es correcto señalar que la teoría y la táctica de Mao sobre la nueva democracia es un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, y su teoría y su táctica de la continuación de la revolución en el socialismo es un desarrollo de la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. 

Como es evidente, lo copiado da cuenta de las raíces históricas del marxismo, del leninismo y del pensamiento de Mao. Mientras el marxismo surgió y se desarrolló en la época del capitalismo competitivo y de la preparación del proletariado para la revolución, el leninismo surgió y se desarrolla en la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Por eso el leninismo presenta 


el sello de nuestra época, por cuanto su contenido es la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales del imperialismo y, al mismo tiempo, la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. (El desarrollo de la teoría del proletariado, p. 56) 

En consecuencia, la definición de Stalin del leninismo como el marxismo de nuestra época no solo es correcta, sino que, precisamente por serlo, demuestra que el leninismo es una época del desarrollo del marxismo. Por esta razón es completamente acertado sostener que el pensamiento de Mao es una etapa del leninismo. 

Así, pues, las raíces históricas del marxismo no pueden ser reducidas, de forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Comuna de París, aunque esta experiencia hiciera posible descubrir «la forma política… que permitía realizar la emancipación económica del trabajo» (Marx). Igualmente, las raíces históricas del leninismo no pueden ser reducidas, en forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Revolución Rusa, aunque esta experiencia permitiera desarrollar la teoría marxista de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Asimismo, las raíces históricas del pensamiento de Mao no pueden ser reducidas, de forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Revolución Cultural Proletaria China, aunque esta experiencia demostrara la validez de la teoría maoísta de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado. 

Estas aclaraciones son pertinentes debido al hecho de que el leninismo es el marxismo de nuestra época, y a que, por lo tanto, solo en el marco de esta definición general se explica su definición específica como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular». 

(Entre paréntesis: en una conversación de hace ya casi diez años, con aire de triunfador un «senderista» me decía que, para definir el maoísmo como tercera etapa del marxismo, su partido se basa en la definición del leninismo como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular», y no en su definición como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.» Así, pues, más o menos como Ballhorn ahora, el aludido «senderista» disociaba la definición general del leninismo de su definición específica, ambas debidas a Stalin, y, de esta forma, creía validar la definición del maoísmo como «tercera etapa del marxismo»). 

Veamos, ahora, esta cuestión en el marco del debate con Ballhorn. Solo con el surgimiento del imperialismo la revolución proletaria cobró actualidad histórico-universal; es decir, la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular, cobraron actualidad (como teoría y como práctica a la vez) y universalidad (como proceso histórico concreto que entrelazó en un solo frente la lucha del proletariado internacional por el socialismo con la lucha de los pueblos oprimidos del mundo por su liberación), solo con el paso del capitalismo competitivo al capitalismo imperialista. Esto significa que la actualidad y la universalidad del imperialismo, determinaron la actualidad y la universalidad de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Por consiguiente, la definición específica del leninismo tiene, como ya anoté, su fundamento en su definición general y, por tener dicha revolución y dicha dictadura un lugar central en la doctrina marxista, Stalin señaló que la definición específica del leninismo es más exacta. Pero Stalin no disoció esta definición de la definición general del leninismo, es decir, no disoció la teoría y la táctica leninistas de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado de sus raíces históricas; por el contrario, la definición específica del leninismo la derivó de su definición general y, así, formuló aquella después de esta última: esta última expresa explícitamente la ligazón del leninismo con sus raíces históricas, ligazón que, por cierto, está implícita en la definición específica del leninismo, pues esta definición es un caso particular de la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época. Para los marxistas, pues, la definición específica del leninismo al margen de las condiciones de nuestra época no tiene ningún sentido, del mismo modo como no tiene ningún sentido la pretensión de entender el desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado, realizado por Mao, al margen de tales condiciones; es decir, hablando en general, para los marxistas el desarrollo de la doctrina proletaria no se explica al margen de lo universal concreto en el proceso histórico del capitalismo y de la revolución proletaria. Como lo reconocerá cualquier marxista consecuente con su materialismo, el desarrollo de la teoría y de la táctica de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado concretado por Lenin y Mao, corresponden por igual a las condiciones de nuestra época; en consecuencia, es evidente que, incluso en el marco específico de esta teoría y de esta táctica, el pensamiento de Mao se revela como una etapa del marxismo de nuestra época, es decir, como una etapa del leninismo. 

Ahora bien, la definición específica del leninismo encierra, adicionalmente, el valor particular de expresar la centralidad de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado en el cuerpo entero del marxismo.

 

[La] centralidad de la teoría y la táctica de la revolución proletaria tiene su explicación. La concepción marxista del mundo tiene como principio suyo la dialéctica materialista. Precisamente, el mérito imperecedero de Marx y Engels en el campo filosófico fue incorporar la dialéctica al materialismo… fundando así el materialismo dialéctico y la concepción materialista de la historia. En el postfacio a la segunda edición de El Capital, Marx escribió que su método, es decir la dialéctica, es «crítica y revolucionaria por esencia». Y es así, sin lugar a dudas, pero, como es lógico, solo a condición de que se le aplique. Justamente, al aplicar este método a las condiciones del capitalismo y de la lucha de clase de la época preimperialista, Marx y Engels fundaron la economía política marxista y el socialismo científico, teoría y programa de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización y, por consiguiente, método de lucha por la emancipación del proletariado. La emancipación del proletariado y, en general, de la humanidad entera, no se decide, como es evidente, en el terreno de la filosofía, sino en el de la política. El proletariado no actúa, pues, como filósofo colectivo sino como político colectivo, aunque es indudable que su filosofía revolucionaria sirve a su política revolucionaria, o, para decirlo de otro modo, que la filosofía marxista sirve para transformar el mundo, pero a condición de ser mediada por la acción política del proletariado. Este hecho demuestra la centralidad de la lucha política en la praxis marxista, y esta centralidad determina la centralidad de la teoría de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización en el cuerpo entero del marxismo… El socialismo científico le remarcó al proletariado la vía práctica que conduce a la expropiación de los expropiadores y a la dictadura del proletariado como punto necesario de transición para la extinción de las clases, la lucha de clases y el Estado. Si en el estudio del desarrollo del marxismo se pusiera el acento en los aportes a la filosofía marxista y no en la teoría de la revolución proletaria, se estaría privilegiando la interpretación del mundo sobre su transformación, cuando de lo que se trata es de transformar el mundo, tal como señaló Marx en su onceava tesis sobre Feuerbach. Por eso, Stalin consideró la teoría de la revolución proletaria en general y la teoría de la dictadura del proletariado en particular, como el lugar donde centralmente hay que ir a buscar el desarrollo del marxismo. (Ob. cit., pp. 49-52) 

Ciertamente todo marxista tiene que reconocer que, en el cuerpo del marxismo, la centralidad de la teoría y de la táctica de la revolución proletaria en general y de la dictadura del proletariado en particular, es un hecho indudable. Pero, como hemos visto, Ballhorn, retorciendo la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época, cree que su definición como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria, etcétera», expresa no la centralidad de esta cuestión, sino todo el leninismo, todo el marxismo, es decir, cree que todo el marxismo-leninismo es nada más que la cuestión de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto. 

Ballhorn dice: 


La tesis más difundida, por lo menos en el ámbito nacional, es la que sostiene que un «desarrollo» dentro del marxismo significa un desarrollo en sus «tres partes integrantes». 

En cuanto a mí se refiere, debo precisar que en mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación, señalo que el pensamiento de Mao es un desarrollo del marxismo en sus tres partes integrantes pero, como puede comprobar el lector, esta afirmación no aparece en mi argumentación como un factor del que haya inferido el desarrollo del marxismo por Mao, sino solamente para dar cuenta del peso específico de este desarrollo. 

Ballhorn dice que definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, significa condenar al marxismo «a no tener más desarrollos en su historia». 

Es decir, después de interpretar torcidamente la definición del leninismo hecha por Stalin, ahora nuestro articulista sale con un disparate absoluto, con el cual intenta desautorizar a los adherentes del marxismo-leninismo. Pero ocurre que ninguno de ellos ha planteado nunca que la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época implica que, después de Lenin, no haya habido ni pueda haber ningún desarrollo del marxismo. Concretamente, con su gratuita afirmación, Ballhorn pretende desautorizar, entre otros, al propio Stalin, autor de la definición aludida, y a Mao, quien, como hemos visto, adhirió a la misma. 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto. 

Ballhorn dice: 


en contraposición a la «tesis de las tres partes integrantes», la «tesis fatalista» y la «tesis nominal», sostengo la tesis de la concreción histórica, la cual, pienso, es la que empleó Stalin para definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo, y es la que debemos asumir para fundamentar cabalmente el maoísmo como nueva, tercera y superior etapa. Este método («tesis de la concreción histórica»), que no es más que el método marxista, es el que debemos emplear en la elaboración de una Defensa del Maoísmo. 

La verdad de las cosas, sin embargo, es que «la tesis de Stalin» reside en argumentar el desarrollo del marxismo en función de la ley según la cual el ser social determina la conciencia social: ser social (imperialismo, lucha de clase del proletariado), conciencia social (leninismo); en otras palabras, en explicar el desarrollo del marxismo a partir del contenido universal concreto de las diferentes épocas históricas del capitalismo, así como del contenido universal concreto de las distintas épocas de la revolución proletaria. 

Pero, en su afán de aparecer original (apenas en cuanto a palabras), Ballhorn utiliza la frase «concreción histórica» para definir el método de Stalin (que tergiversa, como ya vimos) y contraponerlo a lo que llama la «tesis fatalista» (la de Stalin y Mao) y a la tesis «nominal» (la mía, según su óptica torcida). 

Pero nada de ello le sirve para salir del mar de confusión en que se encuentra, pues, no obstante reconocer, aunque con evidente sesgo, el leninismo como el marxismo de nuestra época, nuestro articulista, como hemos visto, considera que el término maoísmo debe aparecer de todos modos en la denominación de la doctrina en calidad de «tercera etapa del marxismo». 

En su confusión, Ballhorn pretende que en la fundamentación del leninismo por Stalin, no hay una delimitación entre los conceptos de teoría y táctica y, por otro lado, que el marxismo no se aplica: «Con este concepto de “aplicación”… hay que tener mucho cuidado», dice en su artículo. 

Con respecto a lo primero, basta entender el sentido de la definición del leninismo que se encuentra en Los Fundamentos: «el leninismo es la teoría y la táctica, etcétera», pues, como vemos, las palabras teoría y táctica (que encierran distintos conceptos) aparecen allí diferenciadas por la conjunción y, pero esta diferenciación es escamoteada por Ballhorn con el pretexto de que «una y otra se identifican, son lo mismo», dando lugar de esta forma a que el lector pueda elegir, ad libitum, cualquiera de las dos palabras para asumir el leninismo. Pero, como es claro, si elige la palabra teoría, de hecho estaría concibiendo el leninismo nada más como una teoría sin ningún correlato práctico y, si elige la palabra táctica, de hecho estaría concibiendo el leninismo como una mera práctica sin fundamento teórico alguno. Esto es lo que puede originar Ballhorn con su «son lo mismo». 

Con respecto a lo segundo, basta recordar que el marxismo es, a un tiempo mismo, una teoría y un método, y que, si bien como teoría no es aplicable por igual en todas las latitudes sociales y en todos los climas históricos, en cambio como método es universalmente aplicable. Por eso, en su trabajo «Sobre la contradicción», Mao habla de «la aplicación del marxismo». Esta aplicación, elemento inherente al método marxista, es cosa que escapa a Ballhorn. 

El libro Materialismo y empiriocriticismo es una crítica profunda del empiriocriticismo, una generalización filosófica de los nuevos datos proporcionados por la revolución operada en las ciencias naturales entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, una confirmación magistralmente fundamentada del materialismo filosófico como la única concepción y el único método que permiten interpretar correctamente el mundo y transformarlo en beneficio de la humanidad. En este libro Lenin no tuvo por finalidad exponer las leyes de la dialéctica, pero dio ejemplos vivos de aplicación creadora de las mismas en el análisis de la teoría del reflejo, del papel de la práctica en la cognición, de la relación entre la verdad absoluta y la verdad relativa, de la inagotabilidad del electrón, etcétera, etcétera. Pero, además, en sus páginas el jefe de la revolución rusa expuso y defendió los fundamentos del materialismo histórico. En suma, Materialismo y empiriocriticismo representó un cambio en la forma del materialismo filosófico en comparación a la forma que presentaba en la sección primera de Anti-Dühring y en Dialéctica de la naturaleza de Engels. Este hecho habla por sí solo de la importancia y la trascendencia del libro de Lenin. 

Pero, víctima de los prejuicios de la filosofía universitaria contra el Lenin filósofo, Ballhorn dice que en Materialismo y empiriocriticismo hay «poca originalidad, desde el punto de vista de la dialéctica y el materialismo». 

¿En qué quedamos? Pregunto, pues en lo que acabo de citar, es perceptible que las palabras materialismo y dialéctica aparecen como conceptos filosóficos, en flagrante contradicción con la negación de la filosofía marxista que comete Ballhorn. 

Como se ve, aquí nuestro articulista se dispara a los pies. 

La labor de investigación marxista es una cosa muy seria, y la principal cualidad del intelectual marxista es la modestia. Sin embargo –y pese a la probada falsedad de sus argumentos– Ballhorn se refiere a todos y cada uno de los trabajos que se han producido en el mundo sobre el problema del desarrollo del marxismo, en términos de petulante menosprecio: 


se trataba de discursos limitados, poco profundos y carentes de una verdadera investigación [del desarrollo del marxismo]. (…) podía notar una completa fatuidad de dichos sermones [sobre el «maoísmo»]. (…) me llevó a buscar por primera vez una sustentación del maoísmo como «nueva, tercera y superior etapa del marxismo», lo cual me dirigió a un destino decepcionante (…) busqué textos públicos, casi no encontré y los que encontré eran igual de esquemáticos y limitados. Ninguno lograba convencerme de ser una verdadera sustentación del maoísmo. (…) en realidad no existía un trabajo con la suficiente seriedad (…) La cuestión del desarrollo del marxismo solo puede definirse en su concreción histórica, no en una sentencia asumida como dogma al estilo de quienes dicen «Stalin definió el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo», y con aires de autosuficiencia creen que ya resolvieron el asunto encubriendo en realidad la más vil de las mediocridades. 

Como vemos, Ballhorn convierte en escombro literario todo lo que se ha escrito hasta hoy acerca de la cuestión del maoísmo, pero, en este acto de demolición, todo lo que hace, como está ya subrayado, es repetir la fórmula de Abimael Guzmán, aunque dándole a este una patada por debajo de la mesa: «buscar por primera vez una sustentación del maoísmo…» (Cursivas mías) 

       Ballhorn dice: 


un trabajo mucho más extenso y detallado sobre el maoísmo. (…) entonces acepté que la fundamentación del maoísmo era un asunto pendiente y pensé que en algún momento alguien debería hacerlo. (…) [la solución teórica del problema del desarrollo del marxismo, y específicamente del «maoísmo», es] una tarea pendiente a la cual sería importante aportar (…) la distinción entre «época» y «etapa» del marxismo, entre otras cuestiones problemáticas planteadas por Ibarra, las trataremos en el trabajo extenso y completo sobre el tema que nos convoca. (…) si implícitamente hubo hasta hoy un proyecto detrás de mis avances en la teoría marxista, uno de ellos ha sido precisamente el de contribuir a una sustentación cabal del maoísmo. Esto último es algo que se me tornó más claro una vez que mis estudios me llevaron a cuestionar los esquemas heredados por las tradiciones marxistas «militantes» en el Perú, y todo esto adoptó un rumbo definido a partir de la cuestión de la dialéctica. 

Aquí, como vemos también, Ballhorn da muestras de maloliente pedantería que, como es sabido, es defecto típico del intelectual pequeño burgués.       

        Desde luego, no es fácil imaginarse cómo, con un arsenal teórico tomado enteramente de autores burgueses y revisionistas, con sus desvergonzadas tergiversaciones, su erróneo planteamiento tanto del problema del desarrollo del marxismo como del problema de su denominación actual y, en general, con su demostrada confusión y su evidente confusionismo, nuestro articulista podría «contribuir a una sustentación cabal del maoísmo». Curiosamente, en este extravío reside la pretendida «seriedad» de su prometido «trabajo extenso y completo sobre el tema».       

        Sin haber examinado las flojedades idiomáticas del artículo de Ballhorn, pero habiendo esclarecido sus oscuras afirmaciones y revelado sus flagrantes desatinos, cabe terminar las presentes líneas dejando sentado que su delirante maoísmo puramente verbal no le alcanza para disimular su enfoque sesgado, reduccionista, falseador del marxismo, es decir, no le sirve en absoluto para ocultar su apolillado revisionismo. 

24.05.2019.



Nota: 

Publicamos a continuación el Acta de constitución de un Comité de Coordinación que cumple el papel de centralizar la lucha por la reconstitución del Partido de Mariátegui, impulsar el trabajo de masas y dar los pasos necesarios para una Conferencia que sea un paso decisivo para la realización del Congreso Reconstituyente del Partido de Mariátegui, histórico evento a partir del cual la militancia deberá potenciar su lucha para convertir el partido de cuadros e ideas en un partido de masas e ideas. 

En algo más de un año de constituido, ¿qué ha avanzado el Comité de Coordinación para cumplir sus objetivos? Esta es una pregunta que cada activista del Comité de Coordinación debe responder con toda objetividad, con toda puntualidad y con toda responsabilidad. Es la hora de un balance. 

01.09.2026.

Comité de Redacción. 

 

Acta de Constitución del Comité Coordinador por la Reconstitución del Partido de Mariátegui

 

Los grupos y activistas abajo firmantes, declaramos: 

1.º Nuestra adhesión al marxismo-leninismo (o doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao), así como a la Creación Heroica de Mariátegui, piedra angular del desarrollo del marxismo peruano. 

2.º Nuestra adhesión al internacionalismo proletario y, en consecuencia, a la lucha por la «organización de un compañerismo basado en la igualdad» como el tipo de organización que desde hace tiempo corresponde a la situación del proletariado internacional. 

3.º Nuestra firme determinación de alcanzar la necesaria unidad en torno a todas las cuestiones básicas de la línea política general de la revolución peruana y a todos los aspectos destacados de la situación mundial. 

4.º Nuestra determinación de contribuir a la construcción de un Frente Unido Revolucionario que comprenda al proletariado y a la pequeña burguesía revolucionaria y tenga como base la alianza obrero-campesina. 

5.º Nuestra determinación de desarrollar el trabajo de masas necesario bajo el principio de que las masas hacen la historia y bajo la política de que hay que ir a las masas profundas. 

6.º Nuestra convicción de que el partido de cuadros y de ideas emergente del Congreso Reconstituyente, deberá ser transformado en un partido de masas y de ideas tan pronto la situación de la lucha de clases lo exija. 

7.º Nuestra posición resueltamente contraria al intento oportunista de liquidar el partido de clase suplantándolo por un partido doctrinariamente heterogéneo. 

8.º Nuestra independencia con respecto a los frentes reformistas y electoreros existentes en la escena nacional, a la vez que nuestro convencimiento de la necesidad de llevar adelante la lucha electoral con una posición netamente de clase, esto es, como factor de educación y organización revolucionarias de las masas, así como de la necesidad de realizar los circunstanciales pactos con organizaciones de masas de la pequeña burguesía no revolucionarias a fin de desenvolver determinadas luchas concretas. 

9.º Que, en virtud de todo lo anterior, nos hemos constituido en un Comité de Coordinación que asumirá la histórica tarea de centralizar la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui y que deberá cesar en sus funciones con la realización de una Conferencia que tendrá que acordar, en primera instancia, la línea política general de la revolución peruana y seleccionar una Dirección Provisional encargada de preparar el Congreso Reconstituyente. Que, con la autodisolución del Comité de Coordinación, los grupos integrantes del mismo deberán igualmente autodisolverse. Que, por consiguiente, la aludida Conferencia expresará la unidad alcanzada. 

10.º El Congreso Reconstituyente deberá aprobar el Informe Político, los Estatutos del Partido y el Programa de la Revolución, así como seleccionar a los miembros del Comité Central del Partido. 

11.º Tener la seguridad de que más grupos y activistas adherentes del marxismo-leninismo y de la Creación Heroica de Mariátegui, se sumarán a esta histórica centralización de la lucha por la reconstitución del Partido. 

12.º Nuestra determinación de publicar una revista virtual teórica como órgano del Comité de Coordinación y una revista igualmente virtual –o, en su defecto, impresa– dirigida a las amplias masas trabajadoras. 

06.08.2025. 

Firmas.

 


CREACIÓN HEROICA