¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
El
Plan de Gobierno de Fuerza Popular y el Dominio del Capital
Cesar
Risso
EN EL PLAN DE GOBIERNO de
Fuerza Popular, Keiko Fujimori ha planteado la necesidad de corregir el déficit
fiscal, con la finalidad de realizar obras que favorezcan a la ciudadanía por
medio de la inversión en servicios públicos esenciales. Sin embargo, si
únicamente consideramos el periodo 2021-2026, periodo en el que, a través del
congreso, el fujimorismo impuso su política pública, encontramos que,
violentando la ley, dio normas que favorecieron a las grandes empresas, además
de sostener y ampliar las ventajas tributarias como las exoneraciones y los
contratos ley.
Veamos
cuáles serán las consecuencias de la aplicación de las propuestas económicas de
Fuerza Popular. Pero primero analicemos los antecedentes.
Las
propuestas económicas de Fuerza Popular se dan en el marco de la política
neoliberal, profundizada por el fujimorismo desde su primer gobierno. Uno de
los aspectos del neoliberalismo es el impacto sobre la situación de los
trabajadores.
“La
reforma laboral neoliberal se orienta a flexibilizar el mercado de trabajo, es
decir, a la «eliminación de trabas o rigideces que impiden la libre operación
del mecanismo de la oferta y la demanda». Entre estas trabas o rigideces se
encuentran no solo los contratos colectivos y la sindicalización, sino también
otros derechos y beneficios laborales que, según el discurso neoliberal,
encarecen la mano de obra. En la lógica de este discurso, el abaratamiento de
la mano de obra es fundamental para incentivar las inversiones y, en
consecuencia, el crecimiento del empleo. Por esta razón, entonces, se propone
reducir los costos de producción de las empresas a costa de los trabajadores.
De otro lado, los neoliberales sostienen que un país compite mejor con otros
por inversiones extranjeras cuando tiene los salarios más bajos. Se fomenta,
así, una competencia espuria, rentista o extractivista en empresas que producen
para los mercados internacionales, y se reduce el mercado interno al disminuir
o estancar la capacidad de compra de los salarios para empresas que producen
para el mercado interno.”1
En otras palabras, las
empresas privadas son incapaces de aumentar la productividad, o mejor dicho,
prefieren no aumentar la productividad sino exacerbar la explotación de los
trabajadores, por lo cual tratan por todos los medios de reducir y hasta
eliminar una serie de derechos laborales, a los que llaman sobrecostos
laborales; con lo cual se vuelven “competitivas”, y en consecuencia pueden
hacer frente a la competencia (anarquía de la producción). Así, pretenden
aumentar sus ganancias a costa de las condiciones de vida de los trabajadores y
sus familias; pero también, tratando de sumar más trabajadores como
consecuencia de haber abaratado la mano de obra. No les basta con haberse
apropiado del esfuerzo de más trabajadores y de sus familias, así como del
esfuerzo de los trabajadores familiares no remunerados.
Cómo
se evalúa la situación del déficit fiscal en el Plan de Gobierno de Fuerza
Popular:
“Desde
hace varios años el déficit fiscal se ha mantenido con una tendencia alejada a
la regla fiscal y ello trae como consecuencia una visión negativa hacia el
manejo del Estado pues no está en la capacidad de invertir en servicios
públicos esenciales y cubrir las reales necesidades de la ciudadanía.”2
Cuáles fueron la política fiscal
y monetaria aplicadas durante el gobierno de Alberto Fujimori:
“La
política fiscal de la década se orientó a servir la deuda externa […] Esta
política afectó negativamente al crecimiento de largo plazo porque redujo y
estancó los gastos en educación y salud, y descuidó la infraestructura social y
económica […] La política monetaria también fue contraria al crecimiento porque
encareció el crédito.” (Jiménez, 2017, p. 16).
¿Será, entonces, la
propuesta de Keiko Fujimori una crítica velada a la gestión de su padre?
Desde
la década de 1990 hasta la actualidad, la política fiscal peruana ha estado
marcada por una lógica de disciplina y restricción, diseñada para garantizar
estabilidad macroeconómica y credibilidad internacional. Sin embargo, esta
política ha tenido un costo social y económico significativo: al ser
procíclica, la política fiscal ha profundizado las recesiones en lugar de
amortiguarlas, limitando la capacidad del Estado para impulsar inversión
pública y atender las necesidades sociales más urgentes.
En consecuencia,
la política fiscal se convirtió en un instrumento de ajuste y control, más que
en una herramienta de desarrollo. El énfasis en cumplir con metas de déficit y
deuda, bajo reglas rígidas, subordinó las decisiones fiscales a la lógica de
los mercados y organismos internacionales, dejando de lado la función
redistributiva y estabilizadora que debería cumplir en una economía con
profundas desigualdades producto del sistema capitalista, agudizada por su
versión neoliberal.
La
política fiscal ha servido como un mecanismo para proteger los intereses del
imperialismo, así como para favorecer a las grandes empresas en nuestro país.
Un
enfoque socialdemócrata, plantearía superar este modelo mediante la
flexibilización del gasto público de acuerdo con el ciclo económico,
reorientando la inversión hacia sectores estratégicos que fortalezcan la
productividad y reduzcan las llamadas brechas sociales. Por lo tanto, la
política fiscal debería, según la visión socialdemócrata, recuperar un rol
contra cíclico y transformador, capaz de sostener el crecimiento “inclusivo” y
garantizar derechos básicos, en lugar de limitarse a ser un mecanismo de
disciplina macroeconómica.
Para
decirlo brevemente: la política fiscal de la burguesía en nuestro país se
desenvuelve según la siguiente regla: cuando la economía está en una etapa
recesiva, es decir, cuando cae la producción, se reduce el gasto público, con
lo cual se profundiza la crisis; mientras que cuando la economía crece, se
considera que la “economía está caliente”, esto es, que hay mucha demanda, que
la gente tiene más dinero del que debería (esto se considera así a pesar de los
millones de pobres, del más del 70% de informalidad, y de los más de 2 millones
de trabajadores familiares no remunerados), y en consecuencia reducen la
capacidad de gasto de los trabajadores.
En
conclusión, cuando la economía cae, los trabajadores pagan las consecuencias, y
cuando la economía crece, también los trabajadores se ven afectados
negativamente. Y qué sucede con las empresas. Estas se benefician en ambos
casos.
La
política fiscal de la burguesía no trata de mejorar las condiciones de vida de
las clases trabajadoras; trata de mejorar las condiciones en las que se explota
a las clases trabajadoras. El supuesto bienestar que se lograría con el
equilibrio fiscal es una forma de encubrir los intereses de la burguesía. Por
ello, cualquiera que sea la política económica, la existencia del sistema de
trabajo asalariado significa que hay trabajo no remunerado del cual se apropia
la burguesía. Esto involucra otro aspecto, que se refiere a la fuente de los
ingresos del Estado. Así, la burguesía financia el funcionamiento del
capitalismo y las mejores condiciones para la explotación de los trabajadores,
con la extracción de plusvalía, es decir, con el uso de la propia fuerza de
trabajo; mientras que, de otro lado, exonera a las empresas del pago de
tributos y les asegura esta condición con los contratos ley.
Durante
el periodo 2021–2026, el Perú ha enfrentado una serie de incumplimientos en su
regla fiscal, reflejando tensiones entre la disciplina presupuestaria y las
presiones políticas y sociales.
La
regla fiscal peruana, establecida en el Marco de Responsabilidad y
Transparencia Fiscal (Decreto Legislativo N.º 1276, 2016), tiene como objetivo
mantener el déficit fiscal del Sector Público No Financiero por debajo del 2,2%
del Producto Bruto Interno (PBI) y la deuda pública por debajo del 30%. Sin
embargo, los últimos cinco años han evidenciado una tendencia de incumplimiento
que pone en riesgo la sostenibilidad fiscal y la credibilidad del marco
macroeconómico.
Evidentemente
el verdadero objetivo de la política fiscal, y de la llamada meta fiscal, es
sostener el dominio del capitalismo, y mejorar las condiciones para explotar en
mejores condiciones y con mejores resultados a las clases trabajadoras.
Entre
las causas del incumplimiento de la meta fiscal, se tiene: Incremento del gasto
público por parte del Congreso; volatilidad de los ingresos fiscales, que
dependen de los ingresos mineros y de la limitada base tributaria; y el impacto
de las exoneraciones tributarias.
Las
exoneraciones tributarias constituyen uno de los factores más persistentes de
erosión fiscal. El MEF (Informe de Transparencia Fiscal, 2024) estima que el
Estado deja de recaudar entre 1,5% y 2% del PBI anual, equivalente a más de S/
15.000 millones. Estas exoneraciones, muchas de ellas sin evaluación de
costo-beneficio, reducen la capacidad del Estado para financiar gasto social y
cumplir la regla fiscal. El Fondo Monetario Internacional (FMI, Artículo IV,
2023) recomienda racionalizar estos beneficios para ampliar la base tributaria
y fortalecer la disciplina fiscal.
Los
intelectuales burgueses han cuestionado el manejo fiscal, lo cual revela las
contradicciones propias del capitalismo, así como los conflictos internos entre
los diversos sectores empresariales.
Entre
las críticas a la política fiscal se tiene, por ejemplo, que el Consejo Fiscal
advirtió el año 2024 que el incumplimiento se produjo “sin choques externos
significativos”, lo que evidencia debilidad institucional en la gestión del
gasto. En cuanto al Instituto Peruano de Economía (IPE), el 2025 calificó la
falta de consolidación fiscal como “la principal fuente de inestabilidad
macroeconómica”. El FMI, el año 2023 recomendó fortalecer el marco fiscal y
eliminar exoneraciones ineficientes. Finalmente, el Ministerio de Economía y
Finanzas (MEF), el año 2025 reconoció que el cumplimiento de la meta fue
coyuntural y dependió de ingresos extraordinarios, no de reformas
estructurales.
Durante
los últimos cinco años, la consolidación fiscal (reducción del déficit de –4,7%
en 2021 a –1,0% en 2025) se presentó como un éxito técnico. Sin embargo, esta
disciplina se logró mediante recortes en el gasto social y mantenimiento de
exoneraciones tributarias que benefician a grandes grupos empresariales.
Así,
la política fiscal no fue neutral, como pretenden los intelectuales y políticos
burgueses, más bien sirvió para garantizar la reproducción del capital y la
confianza de los inversionistas, mientras las clases trabajadoras enfrentaron
limitaciones en salud, educación y empleo.
Además,
la regla fiscal funcionó como un mecanismo de control ideológico, imponiendo la
idea de que el equilibrio presupuestario es más importante que la satisfacción
de necesidades sociales.
En
cuanto a la política monetaria, el BCRP endureció la política monetaria en
2022–2023, elevando la tasa de referencia a 7,75% para contener la inflación. Aunque
se presentó como defensa del “poder adquisitivo de los hogares”, en realidad protegió
la estabilidad del capital financiero y la confianza de los acreedores
internacionales.
La
inflación, causada en gran parte por choques externos (energía, alimentos), fue
combatida con medidas que encarecieron el crédito y afectaron a pequeñas
empresas y consumidores.
En consecuencia,
la política monetaria priorizó la estabilidad del valor del dinero como
condición de acumulación capitalista, incluso a costa de restringir el consumo
popular.
El
conjunto de la política fiscal y monetaria tuvo un mismo objetivo: asegurar la
reproducción del capital y la disciplina macroeconómica exigida por organismos
internacionales.
Esta
coordinación refleja lo que Marx denominaba la “ley general de la acumulación
capitalista”: el Estado interviene para sostener las condiciones de
valorización del capital, incluso si ello implica generar un “ejército
industrial de reserva” mediante desempleo y precarización.
En
el siguiente cuadro podemos apreciar la evolución de la producción, de la
inflación y el déficit fiscal:
|
Año
|
PIB (%)
|
Inflación (%)
|
Déficit Fiscal (% PBI)
|
Evaluación
|
|
2021
|
10,5
|
6,4
|
–4,7
|
Expansión fiscal y monetaria para
salvar al capital tras la pandemia.
|
|
2022
|
4,8
|
8,5
|
–3,7
|
Inflación global; ajuste monetario que
golpea a trabajadores endeudados.
|
|
2023
|
3,1
|
5,6
|
–2,7
|
Consolidación fiscal; reducción de
gasto social.
|
|
2024
|
3,8
|
3,2
|
–1,7
|
Normalización monetaria; disciplina
fiscal.
|
|
2025
|
4,2
|
2,6
|
–1,0
|
Cumplimiento de regla fiscal, pero con
exclusión social.
|
|
2026
|
4,0 (proy.)
|
2,8
|
–1,0
|
Estabilidad aparente, contradicciones
estructurales intactas.
|
La
políticas fiscal y monetaria en el Perú entre 2021–2026 no fueron instrumentos
neutrales de gestión técnica, sino mecanismos de reproducción del orden
capitalista. La disciplina fiscal y la estabilidad monetaria garantizaron la
confianza de inversionistas y acreedores, pero profundizaron la desigualdad
social al limitar el gasto en los llamados sectores vulnerables.
Estas
políticas deben entenderse como parte de la superestructura estatal que asegura
la acumulación de capital, con la consecuente sobre explotación de las clases
trabajadoras.
En
síntesis, la experiencia peruana muestra que el Estado en el capitalismo actúa
como “comité de negocios de la burguesía”, administrando las crisis a través de
una supuesta disciplina para sostener la valorización del capital.
Si
adicionamos al análisis el resultado en la tasa o cuota media de ganancia, se
tienen los siguientes resultados:
|
Año
|
Contexto
|
Política
fiscal
|
Política
monetaria
|
Tasa
de ganancia (estimada)
|
|
2021
|
Recuperación
pospandemia, crecimiento 10,5%
|
Déficit
–4,7% del PBI, gasto expansivo
|
Tasa
de referencia 0,25%
|
Alta
(≈18%) por recuperación
rápida y bajos costos financieros.
|
|
2022
|
Inflación global, crecimiento 4,8%
|
Déficit –3,7%
|
Subida agresiva de tasas (7,75%)
|
Moderada (≈14%), caída por encarecimiento del crédito
y presión inflacionaria.
|
|
2023
|
Desaceleración,
crecimiento 3,1%
|
Déficit
–2,7%
|
Política
contractiva
|
Baja
(≈11%), menor inversión
y consumo, aumento de costos financieros.
|
|
2024
|
Normalización, crecimiento 3,8%
|
Déficit –1,7%
|
Tasa baja a 6%
|
Recuperación parcial (≈13%), gracias a estabilidad inflacionaria.
|
|
2025
|
Consolidación
fiscal, crecimiento 4,2%
|
Déficit
–1,0%
|
Tasa
4,5%
|
Moderada-alta
(≈15%), mejora por
disciplina fiscal y crédito más barato.
|
|
2026
|
Proyección 4% crecimiento
|
Déficit –1,0%
|
Tasa 4,25%
|
Estable (≈15%), sostenida por confianza empresarial y
estabilidad macro.
|
Como
se puede apreciar, en los años 2021–2022, la tasa de ganancia se sostuvo
gracias al gasto público expansivo y crédito barato. El Estado actuó como
garante de la acumulación capitalista tras la crisis sanitaria. Durante los
años 2022–2023, la subida de tasas redujo la rentabilidad empresarial,
mostrando cómo la política monetaria protege el valor del dinero y a los
acreedores, incluso sacrificando inversión productiva. En el periodo 2024–2026,
la consolidación fiscal y la normalización monetaria estabilizaron la tasa de
ganancia, pero a costa de limitar el gasto social y mantener privilegios
tributarios para grandes capitales.
El
impacto de la política fiscal y monetaria entre los años 2021 y 2026 logró
asegurar la reproducción del capital. La disciplina fiscal y la estabilidad
monetaria favorecieron al capital financiero y a las grandes empresas, mientras
las clases trabajadoras fueron sometidas a peores condiciones
materiales de existencia, y a una mayor sobre explotación.
Consideremos
ahora la tasa de ganancia. Esta se mantuvo relativamente alta en promedio (14–15%),
lo que explica la continuidad de la inversión extranjera directa y la
resistencia del modelo neoliberal, pese a las tensiones sociales.

A
partir de los datos macroeconómicos y la evolución de la tasa de ganancia que
ya analizamos, se puede estimar el volumen de ganancias obtenidas por las
empresas privadas en el Perú entre 2021 y 2026, considerando el contexto fiscal
y monetario.
|
Año
|
Tasa
de ganancia estimada
|
Capital
total (US$ miles de millones)
|
Ganancia
total (US$ miles de millones)
|
Contexto
político-económico
|
|
2021
|
18%
|
420
|
75,6
|
Expansión
fiscal y monetaria; recuperación pospandemia.
|
|
2022
|
14%
|
430
|
60,2
|
Inflación global; subida de tasas;
caída de rentabilidad.
|
|
2023
|
11%
|
435
|
47,9
|
Ajuste
fiscal y monetario; desaceleración productiva.
|
|
2024
|
13%
|
440
|
57,2
|
Normalización monetaria; estabilidad
inflacionaria.
|
|
2025
|
15%
|
445
|
66,8
|
Consolidación
fiscal; mejora del crédito y confianza empresarial.
|
|
2026
|
15%
|
450
|
67,5
|
Estabilidad macroeconómica; continuidad
del modelo neoliberal.
|
El
volumen de plusvalía se mantuvo elevado gracias al papel del Estado como
garante de la acumulación: gasto público expansivo en 2021–2022 y disciplina
fiscal posterior.
La
política monetaria contractiva (2022–2023) redujo temporalmente la
rentabilidad, pero protegió el valor del dinero y los intereses del capital
financiero.
La
recuperación de la tasa de ganancia desde 2024 muestra cómo la estabilidad
macroeconómica sirvió para restaurar la confianza empresarial, no
necesariamente el bienestar social.
En consecuencia,
el Estado burgués actuó para asegurar que la caída de la rentabilidad no se
transformara en crisis estructural, sino en ajuste sobre el trabajo y el gasto
público.
Entre
los años 2021 y 2026, las empresas privadas peruanas acumularon aproximadamente
US$ 375 mil millones en ganancias, reflejando una tasa de ganancia promedio de
14–15%.
Por
lo tanto, está claro que la política fiscal y monetaria no redistribuyó la
riqueza, sino que preservó la rentabilidad del capital. Asimismo, la
estabilidad macroeconómica fue funcional al capital financiero y a la inversión
extranjera directa; mientras que la aparente “recuperación” económica ocultó
una transferencia sistemática de valor desde el trabajo hacia el capital,
sostenida por el Estado.
Veamos,
ahora sí, las consecuencias de la aplicación del Plan de gobierno de Fuerza
Popular.
La
síntesis de la propuesta del fujimorismo puede ser la siguiente: Reducción del
déficit al 1 % del PBI, digitalización del 80 % de trámites, entrega directa del
40 % del canon a familias; atracción de US$ 5 000–7 000 millones anuales en
inversión privada, desregulación y estímulo a la competitividad; crecimiento
sostenido con reducción de pobreza a 15 % en cinco años.
En
base a estas propuestas, la proyección de la tasa de ganancia puede ser la
siguiente:
|
Año
|
PBI real
(US$ millones)
|
Inversión
privada anual (US$ millones)
|
Tasa de
ganancia estimada
|
Ganancia
total (US$ millones)
|
Evaluación
|
|
2026
|
190 000
|
7 000
|
15 %
|
67 500
|
Punto de partida: estabilidad macroeconómica.
|
|
2027
|
198 000
|
6 500
|
16 %
|
72 000
|
Expansión del capital por desregulación y digitalización.
|
|
2028
|
205 000
|
6 000
|
17 %
|
77 000
|
Aumento de productividad y concentración
empresarial.
|
|
2029
|
212 000
|
5 500
|
17,5 %
|
80 000
|
Consolidación del modelo liberal; presión sobre salarios.
|
|
2030
|
220 000
|
5 000
|
18 %
|
83 000
|
Rentabilidad máxima; auge de inversión
extranjera.
|
|
2031
|
228 000
|
5 000
|
18 %
|
85 000
|
Estabilidad aparente; desigualdad estructural persistente.
|
La
política fiscal restrictiva y la política monetaria estable favorecerían la acumulación
de capital al reducir la incertidumbre y los costos financieros.
La
digitalización y desregulación aumentarían la productividad del capital
constante, elevando la tasa de ganancia.
Sin
embargo, la redistribución limitada del canon y la ausencia de reforma
tributaria profundizarían la desigualdad: el Estado seguiría actuando como
garante de la rentabilidad del capital.
Por
consiguiente, el periodo 2026–2031 consolidaría una fase de expansión del
capital con tendencia a la concentración, donde la ganancia empresarial crece
más rápido que el salario real.
Así, el programa de Fuerza
Popular implicaría: Aumento de la tasa de ganancia del capital privado (del 15 al 18 %);
ganancias acumuladas superiores a las del quinquenio anterior (US$ 465 000 millones);
reproducción ampliada del capital, sostenida por disciplina fiscal y
estabilidad monetaria; y, persistencia de la contradicción central: crecimiento
de la plusvalía frente al estancamiento del ingreso laboral.
Con respecto a la pobreza, el
programa promete reducirla a 15 %, pero por la disciplina fiscal y la entrega
directa del canon no compensan la falta de reforma tributaria. Una proyección
crítica plantearía que la pobreza podría estancarse en torno al 22–23 %.
Con
respecto a la informalidad y el empleo informal, la desregulación y
flexibilización laboral propuestas por Fuerza Popular tienden a aumentar el
empleo informal, pues facilitan contratación precaria. Así, la informalidad
laboral podría subir a 72–73 %, consolidando un mercado dual (formal en grandes
empresas, informal en microempresas y servicios).
En
el caso del desempleo, la atracción de inversión privada puede sostener el empleo,
pero mayormente en sectores extractivos y servicios de baja productividad. Se
tendría como resultado que el desempleo abierto se mantendría en 6–7 %, pero
acompañado de subempleo creciente.
En el caso de la concentración
de la riqueza, mientras que en el periodo 2021–2026 el 10 % más rico concentró alrededor
del 50 % del ingreso nacional; el 40 % más pobre apenas obtuvo el 12 %. En
cambio, para el periodo 2026–2031, la política fiscal restrictiva y la ausencia
de reforma tributaria favorecen la acumulación de capital en grandes grupos. En
consecuencia, de la aplicación del Plan de Gobierno de Fuerza Popular, se
tendría como resultado que el 10 % más rico podría llegar a concentrar 52–55 %
del ingreso, mientras el 40 % más pobre caería a 10–11 %.
Si
consideramos ahora el tiempo de trabajo, sabiendo que este se divide en dos
partes: el tiempo de trabajo necesario, que es el tiempo en que el trabajador crea
un valor que corresponde al salario que le pagan; y de otro lado el tiempo de
trabajo adicional, que es el tiempo que el trabajador labora para crear el
valor del que se apropia la burguesía, aunque es creado por el trabajador, se
tiene que, de acuerdo con el Plan de Gobierno de Fuerza Popular, el tiempo de
trabajo adicional aumentará. Esto es, la burguesía se apropiará de más tiempo
de trabajo, o lo que es lo mismo, el trabajador laborará más tiempo para “su”
capitalista que para sí mismo.
|
Año
|
Tasa de
ganancia
|
Tasa de
explotación (aprox.)
|
Tn
(horas)
|
Ta
(horas)
|
Evaluación
|
|
2021
|
18%
|
150%
|
3,2
|
4,8
|
Recuperación pospandemia: crédito barato y alta
plusvalía.
|
|
2022
|
14%
|
120%
|
3,6
|
4,4
|
Inflación y subida de tasas reducen rentabilidad.
|
|
2023
|
11%
|
100%
|
4,0
|
4,0
|
Ajuste fiscal y monetario: equilibrio precario
entre salario y plusvalía.
|
|
2024
|
13%
|
115%
|
3,7
|
4,3
|
Normalización monetaria: recuperación parcial de plusvalía.
|
|
2025
|
15%
|
130%
|
3,5
|
4,5
|
Consolidación fiscal y crédito más barato elevan
explotación.
|
|
2026
|
15%
|
130%
|
3,5
|
4,5
|
Estabilidad macroeconómica: jornada laboral con fuerte tiempo
adicional.
|
Con el
gobierno de Fuerza Popular, se espera un incremento de la tasa de explotación, la
misma que se refleja en el aumento del tiempo de trabajo adicional, del que la
burguesía se apropia bajo la forma de ganancia.
|
Año
|
Tasa de ganancia proyectada
|
Tasa de explotación
|
Tn (horas)
|
Ta (horas)
|
Evaluación
|
|
2027
|
16%
|
140%
|
3,3
|
4,7
|
Desregulación laboral aumenta plusvalía relativa.
|
|
2028
|
17%
|
150%
|
3,2
|
4,8
|
Productividad
creciente, salarios estancados.
|
|
2029
|
17,5%
|
160%
|
3,1
|
4,9
|
Mayor concentración de capital, precarización laboral.
|
|
2030
|
18%
|
165%
|
3,0
|
5,0
|
Auge de
inversión extranjera, intensificación de explotación.
|
|
2031
|
18%
|
165%
|
3,0
|
5,0
|
Estabilidad aparente, desigualdad estructural consolidada.
|
Podemos
apreciar que la burguesía en su conjunto será beneficiada con mejores
condiciones para la explotación de las clases trabajadoras en el gobierno de
Keiko Fujimori; aunque también es cierto que se presentarán conflictos entre
los diversos sectores de la burguesía para ver como se reparten la plusvalía
que le extraen a los trabajadores.
No
hemos considerado los periodos de crisis económica que constituye una ley del
sistema capitalista, porque era necesario aislar y destacar el papel de la
política económica de los representantes de la burguesía en el poder. Habría
que agregar las crisis económicas para ampliar el cuadro del dominio burgués,
así como las luchas de las clases trabajadoras.
Este es un caso concreto del
dominio del capital, pero que refleja la característica común de todas las
versiones del capitalismo: la extracción de trabajo no remunerado, cuyo nombre
científico es plusvalía, y que en su forma fenoménica se llama ganancia. Así
que, de lo que se trata no es de maquillar la explotación en el capitalismo, ni
de moderar o suavizar la explotación. Se trata de cambiar el sistema capitalista.
__________
(1) Jiménez, F. (2017). Veinticinco
años de modernización neocolonial: Crítica de las políticas neoliberales en el
Perú (pp. 452–453). Lima: Instituto de Estudios Peruanos (IEP).
(2) Fuerza Popular. (2026). Plan
de gobierno 2026–2031: Perú con orden (p. 21). Lima: Jurado Nacional de
Elecciones.