La
Concepcion del Objeto y de las Tareas de la Filosofía a la Luz de los Trabajos de
Engels
P.
V. Kopnin
LOS TRABAJOS DE ENGELS desempeñan
un enorme papel —como lo subrayó con fuerza Lenin— en la formación y el desarrollo
de la filosofía del materialismo dialéctico e histórico. Con la modestia que le
era inherente, escribió en una de las notas aclaratorias de su trabajo Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: “Que antes y durante
los cuarenta años de mi colaboración con Marx tuve una cierta parte
independiente en la fundamentación y, sobre todo, en la elaboración de la
teoría, es cosa que ni yo mismo puedo negar. Pero la parte más considerable de las
principales ideas directrices, particularmente en el terreno económico e
histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a
Marx. Lo que yo aporté —si se exceptúa, todo lo más, un par de especialidades—
pudo haberlo aportado también Marx sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido
jamás lo que Marx alcanzó’’.1
La
ciencia que se ocupa de la historia de la filosofía marxista-leninista,
operando sobre la base de los principios leninistas para su estudio, ha
establecido que Engels ocupa un lugar mucho más importante en la formación y la
elaboración de la teoría —que ostenta legítimamente el nombre de Marx— en comparación
con lo que él mismo evaluara en términos muy modestos. Esto se refiere, en
especial, a la filosofía. Se puede correr el riesgo de afirmar que sin obras tales
como el Anti-Dühring, Dialéctica de la naturaleza y Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, no cabe concebir a la
filosofía marxista, el materialismo dialéctico e histórico, como una doctrina
integral. Ello, principalmente en lo que respecta a partes como la teoría del
materialismo dialéctico, incluida la gnoseología, las investigaciones acerca de
la dialéctica sobre la base de la generalización de los datos de las ciencias
naturales del siglo XIX, etcétera.
No es
casual que los pensadores burgueses contemporáneos y sus seguidores
revisionistas pretendan quebrantar la filosofía marxista despojándola de la
contribución que le hizo Engels. Si se consideran erróneas sus ideas o —como dicen
algunos— “no marxistas” y aun “desnaturalizadoras” del marxismo, resulta
entonces efectivamente mutilada la filosofía marxista, puesto que aquéllas
completaron en gran medida los puntos de vista de Marx y dieron un poderoso
impulso al desarrollo de las ideas filosóficas marxistas de finales del siglo pasado
y de la primera mitad del presente. Estas ideas están vivas también en la
actualidad y en torno de ellas se libra una aguda lucha entre las concepciones
antagónicas del mundo que reflejan la lucha actual de clases en la sociedad.
1. ¿Es posible concebir una
filosofía científica?
El estudio del objeto y del
contenido del materialismo dialéctico ocupa un lugar destacado en el patrimonio
filosófico engelsiano. El planteó este problema en estrecha relación con la
comprensión de la filosofía en general y con su destino histórico. Las ideas de
Engels sobre el objeto de la filosofía suscitan en la actualidad la atención
general y provocan diferentes reacciones en los estudiosos contemporáneos. Se
halla muy difundida entre los marxólogos burgueses la idea de que su concepción
de la filosofía se aparta de los puntos de vista de Marx al respecto. La
diferencia entre Marx y Engels en lo referente a sus enfoques de la filosofía
—desde el punto de vista de los principios— tendría su origen primario en el pluralismo,
el cual habría encontrado un reflejo más pleno en las actuales corrientes del
pensamiento marxista. Tal diferencia se percibiría en lo siguiente: 1) Marx se habría
ocupado preferentemente de los problemas de la filosofía de la sociedad
mientras que su compañero habría desplazado el centro de la filosofía de la
dialéctica de la vida social a la dialéctica de la naturaleza; 2) Engels habría
reflejado el cientificismo en la filosofía mientras que Marx habría sido el
portador del humanismo; 3) según Engels la filosofía sería la ciencia de las
leyes más generales mientras que para Marx se trataría de la toma de conciencia
del hombre sobre sí mismo; 4) Engels habría sido un materialista dialéctico
mientras que Marx habría sido “un economista objetivista”, “un
humanista-naturalista”, que empleó el término “materialismo” no en el sentido
ontológico, sino simplemente como una expresión metafórica, y (5) la concepción
filosófica engelsiana sería una prolongación de las tradiciones del
materialismo iluminista francés, sobre todo en su versión holbachiana, al
tiempo que el auténtico marxismo sería ante todo “el fruto y la continuación
del idealismo clásico alemán”.
Nuestros
adversarios ideológicos caracterizan la concepción filosófica de Engels como positivista,
la cual habría servido de fuente teórica del dogmatismo y de las ulteriores deformaciones
de la filosofía marxista. De aquí la tendencia manifestada, por ejemplo, por
algunos filósofos yugoslavos agrupados en torno de la revista Praxis, a depurar
a la filosofía marxista de las ideas engelsianas —y, junto con ellas, de las de
Lenin— para arribar de este modo al “auténtico” Marx. "Es triste consignar
—razona M. Kangra— cómo Engels interpretaba a Hegel, basándose en los aspectos
más débiles de su Enciclopedia y en su concepción de la dialéctica. El resultado
fue la Dialéctica de la naturaleza, incompatible con las premisas y con las
ideas filosóficas esenciales de Marx. Hay que decir que esta línea tiene su
raíz en la vieja metafísica... El fruto de todo esto es, pues... el llamado
materialismo dialéctico e histórico”.2
Es
así como las ideas del coautor del Manifiesto Comunista y el sentido de la
filosofía marxista en general y, en particular, sobre el materialismo
dialéctico, se convirtieron en un terreno de lucha que afecta a muchos campos
de la actualidad ideológica.
Cuando
se trata de dos pensadores como Marx y Engels y se procede a analizar el
carácter y las particularidades de sus ideas filosóficas, no puede dejar de
considerarse una circunstancia tan importante como la siguiente. En la
elaboración de la concepción materialista dialéctica del mundo, cada uno de
ellos, a la par que trabajaban en problemas generales, concentró su atención en
algunas cuestiones específicas por cuyo estudio tenía mayor vocación. Por
ejemplo, a Engels le atraían más la gnoseología y la dialéctica en el campo de
las ciencias naturales mientras que a Marx lo seducían lo problemas económicos
e históricos. Y esto no perjudicó en lo más mínimo la actividad teórica de
ambos en la fundación de una concepción del mundo cualitativamente nueva y
unitaria. Por el contrario, dicha circunstancia les dio la posibilidad de incluir
en el campo de su análisis un material mucho más rico, proveniente de diferentes
dominios de la ciencia, les permitió abarcar todas las facetas de la concepción
materialista dialéctica del mundo.
No
existe ninguna diferencia de principios entre ellos en la concepción del objeto
mismo de la filosofía y en los fundamentos básicos de su elaboración, y no
puede haber en el marxismo diferentes escuelas, distintas orientaciones, que se
distinguen entre sí de manera cardinal en lo que respecta al punto de partida
para enfocar y concebir el significado, el contenido y las tareas de la
concepción científica del mundo, de sus leyes y categorías esenciales. Cuando
surgen orientaciones de este tipo, ello revela un apartamiento de la concepción
marxista y científica del mundo en dirección a alguna escuela filosófica
burguesa.
Entre
los fundadores del socialismo científico existe una profunda unidad en los
principios básicos, en la concepción del objeto y las tareas de la filosofía.
Uno de los principios rectores para Engels era la idea de que la filosofía, en
su desarrollo, debía transformarse y convertirse en ciencia. El mismo, con toda
su labor, posibilitó la transformación de la filosofía en un sistema de
conocimientos científicos. La idea de la necesidad de que la filosofía se
convierta en una ciencia está contenida en la propia definición engelsiana del
materialismo dialéctico.
No
sólo el materialismo dialéctico sino que toda la filosofía marxista plantea y
resuelve sus problemas de una manera propia de la ciencia. El autor de
Dialéctica de la naturaleza puso de relieve la diferencia entre la filosofía
científica y la no científica, tomando en calidad de ejemplo los últimos
razonamientos de E. Dühring.
Este
consideraba que el objeto de la filosofía estaba dado por los principios de todo
conocimiento y voluntad y por ello pretendía construir una filosofía que derivase
de principios establecidos a priori, mediante el método especulativo, a la
manera de los mejores modelos del pasado. Esta concepción de la filosofía fue
sometida a crítica por Engels no en lo referente a la idea de que la filosofía formula
principios, sino en lo que respecta a cómo lo hace y al significado de tales principios
desde el punto de vista del modo científico de concebir la realidad.
"...Su
análisis —escribe Engels acerca de Dühring— versa sobre principios extraídos del pensamiento y no del
mundo exterior, sobre los principios formales que deben aplicarse a la
naturaleza y la humanidad y de acuerdo con
los cuales, en consecuencia, deben conformarse
la naturaleza y el hombre”.3 En la ciencia, los principios se desprenden
no de la cabeza (el pensamiento) sino de la realidad mediante el uso de la
cabeza, “los principios no son el punto
de partida de las investigaciones sino su resultado final... no son la
naturaleza y el hombre quienes se ajustan a principios sino, por el contrario,
los principios son justos sólo en tanto
que corresponden a la naturaleza y a la historia”.4
En
relación con ello es que utiliza términos tales como “La filosofía como tal”, “la
vieja filosofía” o “La filosofía como disciplina separada”. El empleo de esos
términos tiene en vista no el contenido concreto de tal o cual sistema
filosófico del pasado sin un determinado método del arte mismo de filosofar.
Desde el punto de vista de algunas tesis aisladas, estos sistemas pueden tener cierto
significado positivo, acertar en lo referente al verdadero desarrollo de determinados
fenómenos de la naturaleza y la sociedad, pero está viciado el método general mismo
para encarar la resolución de los problemas filosóficos y para la toma de
conciencia de éstos (la metodología) porque sobre la base de él no es posible una
concepción científica de la realidad. El desarrollo de dicha “vieja filosofía”,
en lo fundamental, discurrió en dos direcciones vinculadas entre sí: la mística
y la especulativa. La primera buscaba el camino hacia la verdad al margen de la
razón; la segunda, reconocía el conocimiento racional; sin embargo, como señala
Engels, sus representantes lo encaraban como “ideólogos puros”, que operaban a
partir no de los hechos sino de principios construidos en la cabeza.
Desde
tales posiciones, los representantes de la orientación especulativa arribaron a
la creación de “sistemas filosóficos” sobre la base de algunos principios
establecidos en forma apriorística. Este "demiurgo”, al no poseer el conocimiento
concreto de toda la naturaleza y la historia, pero pretendiendo construir un sistema
filosófico omnímodo que pudiese servir para todos los tiempos y para todos los
pueblos, “se vio precisado a llenar la innumerable cantidad de lagunas con
verdaderas invenciones: es decir, se vio obligado a fantasear en forma irracional,
a ocuparse con ideologizaciones”.5
Engels
consideraba que a mediados del siglo XIX, esta "filosofía como tal” (“la
vieja filosofía”, “la filosofía como disciplina separada”) se extinguió por sí
misma, llegó a su punto final. Ya no había más necesidad de una filosofía de ese
tipo, se había tornado innecesario cualquier “sistema” filosófico.
“Cuando queremos inferir el tal esquematismo universal no de la cabeza, sino sólo
mediante la cabeza, partiendo del mundo real, y los principios del ser partiendo
de lo que es, no necesitamos filosofía alguna, sino conocimientos positivos del
mundo y de lo que en él ocurre; y lo que entonces resulta no es tampoco una filosofía,
sino una ciencia positiva”.6 Sin embargo, no era enemigo de los “sistemas”
en general en el campo del conocimiento, sobre todo en el de la filosofía. La ciencia
que funda una teoría necesariamente construye un sistema de conceptos; pero de
este modo sólo pone de relieve el sistema de vínculos existentes entre los fenómenos
que estudia y, por consiguiente, se disuelve la filosofía en tanto creadora de
sistemas especulativos.
Tales
ideas provocan los más variados comentarios en los medios filosóficos burgueses
contemporáneos y se consideran, a menudo, como la evidencia de las supuestas posiciones
positivistas engelsianas o de sus presuntas afinidades con ellas. Su “positivismo”
fue una invención de los marxólogos burgueses, adoptada luego por algunos
filósofos extranjeros que subjetivamente se consideran marxistas, los cuales construyen sus concepciones sobre la base de la
contraposición de las ideas de Marx a las de Engels.
Ya
no hay más lugar para la filosofía: ¿qué significa esto? ¡Si es lo mismo que afirmaron
los positivistas, los cuales destacaron el reemplazo de la filosofía por las
ciencias positivas! En efecto, existe una semejanza exterior entre las reflexiones
positivistas y las concepciones de Engels. Pero la filosofía mística y puramente
especulativa está presta a declarar como positivista a cualquier concepción del
mundo que opere sobre la base de un enfoque científico de la realidad. La
concepción marxista de la filosofía, la cual fue desarrollada también por Engels,
se distingue de manera radical no sólo de los sistemas especulativos sino también
del desdén positivista hacia las peculiaridades del conocimiento filosófico. El
positivismo no ha ahorrado palabras para desenmascarar el carácter metafísico de la filosofía
especulativa, pero no estaba en condiciones de superar, desde el punto de vista
práctico, a esta concepción del mundo porque no ofrecía ninguna alternativa, al
limitarse meramente a una pobre e inútil negación de la filosofía anterior.
Engels
planteó el problema de un modo totalmente distinto. Al negar una filosofía, trabajaba
en la elaboración de otra, liberada de los vicios del apriorismo, del "sistema”,
etcétera. Para él, el fin de la vieja filosofía no significa de ningún modo la
desaparición de toda filosofía, no significa su reemplazo por la suma de las distintas
disciplinas científicas. Surge una nueva filosofía que se funda en el
conocimiento positivo del mundo, la cual, por la propia fuerza que ello le
proporciona, no se contrapone a las ciencias sino que ella misma se constituye
en una forma de comprensión científica del universo. El materialismo dialéctico
como negación "no es la mera restauración —escribe en su Anti-Dühring— del
viejo materialismo, sino que se inserta en los permanentes fundamentos del primero
todo el contenido mental de una evolución bimilenaria de la filosofía y de la
ciencia natural, así como de esa misma historia de dos mil años. La filosofía es
pues, aquí 'superada', es decir, ‘tanto superada cuanto conservada’; superada
en cuanto a su forma, conservada en cuanto a su contenido real”.7
Por lo
tanto, la filosofía es superada en lo que respecta a su forma, al tiempo que se
conserva en lo que hace a su contenido real. La forma de la filosofía como disciplina
separada de un enfoque científico de la realidad desaparece con el pasado; no se
necesita ninguna filosofía que esté ubicada por encima de las demás ciencias. No
obstante ello, una filosofía de esta índole subsiste aún hoy en el mundo
burgués contemporáneo; pero, desde el punto de vista histórico, ha dejado de tener
vigencia real y ha perdido su base racional de sustentación. Su lugar ha sido
ocupado por la filosofía como conocimiento sustancial y positivo del mundo. Es
decir, que se trata de una concepción del mundo, la cual no sólo conserva su
significación sino que ve abrirse ante sí un vasto cauce para su desarrollo.
Todo aquello que en la filosofía precedente tenía relación con la comprensión
de un conocimiento de ese tipo se ha mantenido, se ha conservado en la nueva filosofía.
A decir verdad, el conocimiento positivo que hallaba su lugar en la vieja
filosofía no puede transferirse en su totalidad al materialismo dialéctico porque
la filosofía de la antigüedad reunía todo el saber de su época, cosa que hoy ya
no puede ocurrir. Una gran parte de la filosofía se desplazó hacia los dominios
especializados de la ciencia, separándose de la filosofía y constituyendo determinadas
disciplinas científicas. “Desde el momento — escribe Engels— en que se presenta
a cada ciencia la exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión
total de las cosas y del conocimiento de las cosas, se hace precisamente superflua**
toda ciencia de la conexión total. De toda la filosofía anterior no subsiste al
final con independencia más que la doctrina del pensamiento8 y de
sus leyes, la lógica formal y la dialéctica. Todo lo demás queda absorbido por
la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”.9
Esta
tesis se ha prestado a las más diversas interpretaciones. Las más difundidas son
aquellas que sostienen que Engels limita la filosofía al estudio del pensamiento
y, por consiguiente, fuera de la lógica formal y de la dialéctica no hay nada más
en la filosofía ni puede haberlo. La realidad objetiva es el objeto únicamente
de las disciplinas científicas especiales que versan sobre la naturaleza y la
historia. Es indudable que esta interpretación, según la cual Engels sólo se
diferencia de todo positivismo por el hecho de que, según él, la doctrina
filosófica del pensamiento no se limita a la lógica formal sino que implica también
e incluye en su interior a la dialéctica, no corresponde al espíritu de las concepciones
engelsianas de la filosofía, tal como ellas surgen del conjunto de sus obras.
Ante
todo, Engels no restringió a la dialéctica misma dentro de los límites de la
doctrina del pensamiento sino que siempre entendió y señaló que se la debía definir
como la ciencia de las leyes generales del movimiento, de todo movimiento y no sólo
de aquél referido a las ideas, como la ciencia de las leyes más generales “del movimiento
y la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento”,10
y no sólo esto. Además, nunca restringió a la propia filosofía marxista a los límites
de la dialéctica; con frecuencia hablaba acerca del materialismo moderno, el
cual “es... sencillamente dialéctico...,”11 En fin, para él, el materialismo
dialéctico no está separado del histórico, de la concepción materialista de la historia,
merced a la cual "se descubría el camino para explicar la conciencia del
hombre a partir del ser del hombre, en vez de explicar, como se había hecho hasta entonces, el ser del
hombre partiendo de su conciencia”.12
En
la vieja filosofía había algunas ideas que conservaban una significación
racional en todas sus partes. Al subrayar el papel del viejo materialismo,
Engels veía en su contenido un elemento permanente de verdad filosófica: los
filósofos materialistas del pasado, en primer término, trazaron una justa línea
filosófica en la concepción de la naturaleza y en lo que respecta al
tratamiento de la sociedad, a veces en algunos momentos, se aproximaron a la
concepción materialista de la historia. Pero, junto a estas ideas que tenían un
sentido racional, en la vieja filosofía se conformó una doctrina independiente
del pensamiento bajo la denominación de lógica formal y, asimismo, de dialéctica.
En este caso, es particularmente evidente el resultado alcanzado por el
movimiento de las ideas filosóficas, puesto que el análisis del modo de pensar
y conocer se proyectó con fuerza hacia adelante, en especial gracias a los
esfuerzos de Aristóteles y Hegel.13
Al subrayar
en reiteradas oportunidades la idea de que “cuando las ciencias naturales e
históricas asimilan la dialéctica, sólo entonces toda la costra filosófica —con
la excepción únicamente de la teoría del pensar— se torna superflua**, se
disuelve en las ciencias positivas”,14 F. Engels de ninguna manera
se proponía disminuir la importancia de los resultados alcanzados por el
pensamiento filosófico anterior, y reducir la filosofía misma pura y
simplemente al estudio del pensamiento. Ante todo, entendía por “costra
filosófica” no un determinado resultado concreto del conocimiento de la
naturaleza y de la sociedad que hubiesen logrado los filósofos del pasado, en
particular los materialistas, sino un método de filosofar, apartado de la
ciencia, especulativo, la construcción de un
sistema de la naturaleza (también
de un sistema de la historia y de un Derecho) derivado de una filosofía de la naturaleza.
En efecto, de este sistema pasa a ocuparse la ciencia positiva,
desembarazándose de dicha “costra”. ¿Cómo entender el hecho de que la “ciencia
positiva” viene a ocupar el lugar de la vieja filosofía? El positivismo
contrapone las ciencias positivas a la filosofía, entendiendo bajo esa denominación
a las ciencias naturales y a la sociología concreta. A veces también se comprende
su pensamiento en términos semejantes: ha llegado el fin de la filosofía; únicamente
subsisten la teoría del conocimiento (la lógica formal y la dialéctica) y las disciplinas
concretas de las ciencias naturales y humanas.
En realidad,
la idea engelsiana es absolutamente distinta. El lugar de la filosofía, la
cual, a pesar de algunos resultados positivos, estaba lastrada por un método no
científico, lo ocupan las ciencias naturales e históricas. La ciencia de la historia
tiene muchas ramas diferentes, secciones, entre las cuales se halla la
filosofía misma, con su objeto y su método específicos.
En otras
palabras, el reemplazo de la vieja filosofía, la premarxista, por la ciencia no
sólo significa el establecimiento de las diferentes disciplinas de las ciencias
naturales y humanas, sino también la transformación de la filosofía misma en
una disciplina científica positiva sobre la naturaleza y la historia. Es decir,
en el campo de la indagación tendiente a obtener un conocimiento objetivo y
verdadero de las cosas y los procesos reales y sus leyes. En este sentido, la
filosofía no debe distinguirse ni un ápice de las demás ciencias y necesita romper
definitivamente con el misticismo y la especulación infundada. Pero, bajo tales
condiciones la filosofía se mantiene en tanto dominio específico e
independiente del conocimiento. Su objeto, sus tareas y sus funciones en la sociedad
están determinados sobre la base de su situación peculiar respecto de las demás
ciencias y formas de la conciencia social.
La
historia indica que en el proceso de desarrollo de la filosofía se han
enfrentado dos tendencias: la científica y la anticientífica. La primera apuntó
a convertir a la filosofía en una variedad de la comprensión científica de la
realidad mientras que la segunda, por el contrario, dirigió sus esfuerzos hacia
el divorcio de la filosofía de las ciencias y hacia su contraposición. Esta
tendencia anticientífica se expresó en forma particularmente neta en la línea
irracionalista de la filosofía burguesa de fines del siglo XIX y de la primera
mitad de la presente centuria. La “especificidad” del conocimiento filosófico,
la peculiaridad de su objeto y su método, fueron erigidas en premisas sobre
cuya base se realizó el divorcio entre la filosofía y las ciencias, no obstante
que ya a mediados del siglo XIX esas particularidades fueron claramente
precisadas.
El
positivismo, que pretendía desarrollar la idea de la cientificidad de la
filosofía dentro del marco de la concepción burguesa del mundo, aspiraba a introducirla
dentro de un dominio especial del conocimiento, asimilando el objeto y el
método de la filosofía a un campo parcial del conocimiento. Se propusieron
distintas variantes de esta reducción: la filosofía está llamada sólo a
ordenar, clasificar y sistematizar los conocimientos, a construir “un sistema
general de conceptos del hombre” (Comte); la filosofía debe seguir ocupándose
de la lógica de la ciencia, del análisis de su lenguaje (Carnap), etcétera. Los
fenomenólogos, los representantes de la “filosofía de la vida” y los
existencialistas tomaron la imposibilidad de una reducción de esa índole como prueba
de la justeza de la contraposición entre la filosofía y el conocimiento
científico, como índice del acierto de establecer una separación entre ambos.
El marxismo —y, en particular, Engels— plantea el problema de una manera
absolutamente distinta de lo que lo hacen los positivistas y los irracionalistas.
Sólo una filosofía de este tipo puede servir como arma segura para la
comprensión y la transformación práctica del mundo, la cual se desarrolla en el
cuadro de una concepción científica de la realidad. Pero, en tales condiciones,
la filosofía conserva su peculiaridad en tanto sistema del conocimiento
científico que opera en calidad de determinada forma de la conciencia social.
___________
(*) Engels y la filosofía
de Hegel, varios autores. Academia de ciencias de la URSS. Editorial
PAIDOS, Buenos Aires. 1975.
(**) La expresión que
aparece en el texto es “superfina”, pero consideramos que es un error de
traducción.
(1) C. Marx y F. Engels: Obras
Completas, Moscú, t. XXI, págs.
300-301, nota. Véase F. Engels: Ludwig Feuerbach y el fin de la
filosofía clásica alemana, en C. Marx y F. Engels: Obras Escogidas,
Buenos Aires, Cartago, 1957, pág. 702, nota.
(2) Praxis, 1966, n°
6, págs. 772-773.
(3) C. Marx y F. Engels: Obras
Completas, Moscú, t. XX, pág. 33.
(4) Ibídem, pág. 34.
(5) Ibídem, pág. 630.
(6) Ibídem, pág. 36.
Véase E. Engels: Anti-Dühring. México, Grijalbo, 1964, pág. 23.
(7) 7 C. Marx y F. Engels: Obras
Completas. Moscú, t. XX, pág. 142.
Véase F. Engels: Anti-Dühring. México, Grijalbo, 1964, pág. 129.
(8) El autor se refiere aquí
a la teoría del conocimiento. [T.]
(9) Ibidem, pág. 11.
(10) Ibidem, pág. 131.
(11) Ibidem, pág. 11.
(12) C. Marx y F. Engels: Obras
completas. Moscú, t. XX, pág. 26. Véase F. Engels: Anti-Dühring.
México, Grijalbo, 1964, pág. 12.
(13) “...La investigación de
las formas del pensamiento, de las categorías lógicas es una tarea muy
grata y necesaria. Luego de Aristóteles, sólo Hegel se abocó a la resolución
sistemática de este cometido” (C. Marx y F. Engels: Obras completas.
Moscú, t. XX, pág. 566).
(14) Ibídem, pág. 526.