jueves, 1 de octubre de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

El Socialismo Peruano

y la Lucha Electoral 

(Tercera Parte) 

Eduardo Ibarra 

El PCP-PR ha dado como vigente lo que dice el Informe Político de su VII Congreso, pues, en el “Plan de la Patria Venceremos” (plan que responde a la idea de que “El Nuevo Curso estaría incompleto si no es acompañado de un Proyecto Nacional y Democrático…”), de la alianza electoral de la que formó parte en la primera vuelta de las últimas elecciones generales, bajo el subtítulo “Cambiar el Perú, Refundar La República”, acordó la consideración según la cual “Cambiar el Perú implica refundar la República, recuperar la democracia y reconstruir el Estado al servicio de la mayoría. Para ello es indispensable un Nuevo Acuerdo Constitucional, expresado en una Nueva Constitución…” (negritas en el original). 

El Informe Político al VII Congreso del PCP-PR, no dice en ninguna parte desde aproximadamente cuándo la República surgida de la Independencia terminó de agotarse. Entre otras frases, el Informe dice, por ejemplo, que “La vieja democracia liberal está agotada en medio de sus propias trampas”. Y, así, no resuelve el interrogante planteado. ¿Acaso no es importante saber desde cuándo la República burguesa perdió todas sus posibilidades, como hemos visto que, con otras palabras, dice el Informe? 

También dice el Informe: 

Entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo no existe… ningún abismo que los separa, sino más bien una lógica trabazón dialéctica. El Nuevo Curso no niega, ni sustituye ni vela aquellas tareas [el desarrollo libre de las fuerzas productivas y el bienestar general del pueblo]. Las asume íntegramente pero, al mismo tiempo responde a las condiciones de la lucha de clases de hoy, a la situación en que se encuentra la correlación de fuerzas y a los reacomodos que se producen a escala nacional y mundial. En segundo lugar, el Nuevo Curso “es ajeno a cualquier postura evolucionista, reformista o de conciliación de clases”. En tercer lugar, “tiene la ventaja de convocar la unidad de las fuerzas democráticas y progresistas” del país. 

Expongamos, pues, algunas incongruencias encontradas en las citas cortas y en la cita larga de los párrafos inmediatamente anteriores. 

Veamos ante todo la cuestión de “las condiciones de la lucha de clases de hoy” (la palabra “hoy” hace referencia aquí no solo al año 2000, sino también al hoy de 2026, lo cual se evidencia cuando el “Plan de la Patria Venceremos”, presentado en las últimas elecciones generales, propone luchar por “una Nueva República”). ¿Cuáles son, pues, las condiciones más relevantes de la situación actual? En escala internacional, pues las agresiones y amenazas del imperialismo estadounidense por recuperar en exclusiva su ya perdida condición de hegemón a escala mundial. Por otro lado, el proceso de realineamiento de países, pueblos y naciones y la alianza de la República Popular de China y la Federación Rusa contra el imperialismo yanqui, enemigo principal de los pueblos del mundo. Finalmente, el expansionismo colonial del Estado genocida de Israel en Oriente Medio y la guerra entre la Federación Rusa y Ucrania, este último país como avanzada y carne de cañón del imperialismo europeo. En el plano nacional, la alienación ideológica y política de amplios sectores de las masas populares y la hegemonía del reformismo en el seno de las masas restantes. Enseguida, la reducción de las fuerzas revolucionarias a su mínima expresión. Por último, la necesidad de estas fuerzas de votar, en las últimas elecciones, por el reformismo a fin de cerrarle el paso a las fuerzas más reaccionarias o, en uno o dos casos, actuando un estéril abstencionismo electoral.

Como hemos visto, cuando el PCCh afrontaba una situación especial (lucha final contra el imperialismo japonés, relaciones políticas internas en un estado de extrema gravedad precisamente en medio de dicha lucha, peligro de una nueva guerra civil después de vencer al imperialismo japonés), propuso, en el Consejo Político Nacional (septiembre de 1944), la demanda de que este Consejo aboliese inmediatamente la dictadura unipartidista del Kuomintang y se formase un gobierno democrático de coalición. Pero obsérvese que a la sazón el PCCh contaba con un Ejército Popular de Liberación con el cual podía afrontar cualquiera de las dos posibilidades encerradas en la situación dada: la formación de un gobierno de coalición y una nueva guerra civil. Desde luego, todo el mundo sabe cuál fue la posibilidad que se convirtió en realidad, y cómo la existencia de dicho Ejército Popular hizo posible finalmente la victoria de la revolución china. 

Pero ¿qué significaba un “gobierno de coalición”, según el PCCh? Pues, como ya hemos citado del artículo de Mao sobre el tema, significaba “un gobierno provisional democrático de coalición que agrupe a los representantes de todos los partidos y grupos políticos así como a personalidades sin partido...” 

Es decir, significaba “crear una república de nueva democracia.” Sobre esta república de nueva democracia, Mao había escrito, como hemos visto, lo siguiente: “La república democrática china que queremos establecer ahora sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado…” 

Y, después de señalar que “Los múltiples sistemas de Estado en el mundo pueden reducirse a tres tipos fundamentales, si se clasifican según el carácter de clase de su Poder”, sostiene que “la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias” es “una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las revoluciones de los países coloniales y semicoloniales.” 

Estos planteamientos, desde luego, deben ser aplicados a nuestra actual situación concreta de manera vívida. Pero la esencia de la cuestión es ésta: la “nueva república” que se propone en el Informe al VII Congreso del PCP-PR no tiene ningún ejército que la haga posible y que la sostenga si se diera el caso de un triunfo electoral, no se argumenta nada acerca del camino legal elegido en su relación con un seguro enfrentamiento violento entre las clases. Por eso, en el “Plan de la Patria” se dice que hay que “derrotar electoralmente a quienes han destruido el país”, y punto. En el mencionado plan, sin embargo, se resuelve el problema en los términos siguientes: 


La Seguridad y la Defensa Nacional son una tarea de todos los peruanos (as), incluyendo su participación en un servicio civil y/o militar de carácter obligatorio. Las FF. AA (sic) son las encargadas de prevenir, disuadir y responder frente a cualquier amenaza externa e interna…  (cursivas nuestras). 

Interpretada como tiene que interpretarse, la “amenaza interna” subrayada en la cita se refiere a una “amenaza” cualquiera, esto es, a una eventual amenaza que pueda venir de la burguesía tanto como de las clases trabajadoras. Es decir, en el “Plan de la Patria” el ejército, aparato principal del Estado burgués, es el garante de “la nueva república”. ¿Puede un marxista creer en esta barbaridad? 

A propósito de la democracia, mientras el Informe al VII Congreso del PCP-PR dice que “La vieja democracia liberal está agotada…”, el “Plan de la Patria” propone “recuperar la democracia”. ¿Cuál democracia? Pues la única democracia que ha existido en el Perú: la democracia burguesa, minusválida y precaria, que, no se sabe por qué razones, tendría que ser “recuperada”. 

Así, pues, la propuesta de una “nueva república” se hace sobre el soporte del ejército del Estado burgués. Por eso, no puede extrañar que el “Plan de la Patria” vacile entre estos dos conceptos: “recuperar el Estado” y “reconstruir el Estado”. Es decir, entre ocupar el Estado mediante un gobierno “al servicio de la mayoría” y reconstruir el Estado mediante “una transformación profunda del país”, pero sin afectar en ninguno de los dos casos la propiedad privada de los medios de producción de la gran burguesía intermediaria y del propio imperialismo y creyendo ingenuamente poder servirse del aparato principal del Estado burgués para garantizar aquel “al servicio de las mayorías” o aquella “transformación profunda”. ¿Puede un gobierno que conserva intactos los fundamentos del régimen capitalista en un país atrasado como el nuestro, beneficiar a “las mayorías”? ¿Puede este hipotético gobierno realizar “una transformación profunda del país” sin afectar la opresión imperialista y la explotación que ejerce sobre las clases trabajadoras la gran burguesía intermediaria? 

Como hemos visto, el PCCh planteó un gobierno de coalición definiendo claramente el enemigo contra el cual tenía que concentrar su lucha el frente unido del pueblo chino: el imperialismo japonés. “En la China de hoy –señalaba el PCCh– el frente único antijaponés representa esta forma de Estado de nueva democracia”. Y, precisamente, subrayaba que el gobierno de coalición significaba “crear una república de nueva democracia”, y esta república “sólo [podía] ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas y antifeudales, dirigidas por el proletariado…” Entonces, el “viraje táctico” del PCCh con su propuesta de un “gobierno de coalición, no significaba hacer a un lado el tipo de Estado y el tipo de democracia que implicaba la revolución china en su primera etapa, sino únicamente buscar incorporar a “las autoridades del Kuomintang” en el gobierno de coalición a fin de evitar una nueva guerra civil que hiciera caer sobre el pueblo chino más sufrimientos todavía. Sin embargo, como puede comprobarlo el lector, el “Plan de la Patria” no identifica, concretamente, al enemigo del pueblo peruano: el imperialismo yanqui, y esto no contribuye en absoluto a elevar la conciencia política del pueblo peruano. 

Es decir, “entre el Nuevo Curso y la revolución antiimperialista y democrática y el socialismo”, existe un abismo insondable y no existe ninguna “lógica trabazón dialéctica”. 

Pero hay más. El Informe propone 

una patria nueva, democrática, independiente, unificada, próspera, desarrollada y moderna 

No obstante, cualquier marxista puede entender que no es posible un Perú con las características señaladas en la cita precedente, si no se logra, en primer lugar, una industrialización independiente. A propósito, Mariátegui sostiene lo que sigue: 

La economía del Perú es una economía colonial. Su movimiento, su desarrollo, están subordinados a los intereses y a las necesidades de los mercados de Londres y de New York. Estos mercados miran en el Perú un depósito de materias primas y una plaza para sus manufacturas. La agricultura peruana obtiene, por eso, créditos y transportes sólo para los productos que puede ofrecer con ventaja en los grandes mercados. La finanza extranjera se interesa un día por el caucho, otro día por el algodón, otro día por el azúcar. El día en que Londres pueda recibir un producto, a mejor precio, y en cantidad suficiente, de la India o del Egipto, abandona instantáneamente a su propia suerte a sus proveedores del Perú. Nuestros latifundistas, nuestros terratenientes, cualesquiera que sean las ilusiones que se hagan de su independencia, no actúan en realidad sino como intermediarios o agentes del capitalismo extranjero. (…) Esta dependencia de la economía peruana se deja sentir en toda la vida de la nación. (…) Y así, en cada uno de los trances, en cada uno de los episodios de la experiencia histórica que vamos cumpliendo, nos encontramos siempre de frente al mismo problema: el problema de peruanizar, de nacionalizar, de emancipar nuestra economía. (Peruanicemos al Perú). 

De este modo subrayó que en la época del imperialismo no existe posibilidad ninguna de que un país oprimido pueda tener un desarrollo capitalista independiente, pues cualquier precaria industrialización que pueda darse respondería a los intereses del imperialismo y de la gran burguesía intermediaria. De esto se desprende que la industrialización independiente del Perú tiene una condición política ineludible: el triunfo de la revolución, pues solo con un poder popular es posible una industrialización que responda a los intereses del pueblo peruano. Por lo tanto, aquello de “una patria nueva, etcétera”, es pura retórica. 

El análisis ha demostrado, pues, que “la nueva república” del PCP-PR no es otra cosa que un plan de reestructurar el Estado burgués, ahora desde la izquierda, a diferencia de lo que ha ocurrido en el pasado cuando se ha intentado hacerlo –o se ha hecho en alguna medida– desde la derecha. 

17.08.2026.

Reconstitución

Nota: 

Publicamos a continuación un extracto del Capítulo I del libro inédito Contra el liquidacionismo. Llevar hasta el fin la reconstitución del partido de Mariátegui. Este extracto se suma a los varios trabajos del autor sobre el problema de la verdad universal y, como cada uno de ellos, el que publicamos ahora es, igualmente, una contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui en el plano de su base de unidad ideológica. 

01.09.2026.

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

  

La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha 

(Extracto. Segunda Parte)

E. I. 

En el plano teórico y político, dicho antileninismo se expresa en la negación de la concepción de Lenin de nuestra época, de su táctica respecto al oportunismo, de su tesis según la cual la revolución no es posible por la vía de las instituciones burguesas, de su teoría del partido de clase, etcétera, etcétera.(22) 

Fernández dice: 


Mientras estuvo con vida Lenin ¿alguna vez alentó o permitió o influyó para que alguno de sus camaradas de partido hablase de ‘leninismo’? ¿Hay alguna mención a ese término hasta 1,924? (…) Lenin sabía perfectamente de la trascendencia y magnitud de su legado teórico derivado de su praxis revolucionaria, pero también sabía perfectamente que toda su producción, en relación a la ciencia viva del MARXISMO a la que él estaba adscrito, era para alimentarlo, enriquecerlo, vivificarlo, restaurarlo del modo más enérgico. Y sabía también que eso mismo habían hecho o hacían contemporáneos suyos como los Plejanov y Kautsky antes de su desbarrancada, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Clara Zetkin o el propio Antonio Gramsci. Esa y no otra era la concepción que él tuvo del marxismo. (Negritas y mayúsculas en el original). 

Como se ve, nuestro personaje entiende la alimentación, el enriquecimiento, la vivificación del marxismo, solo como restauración de sus principios, y nada más. Es decir que, aquí, más claro que en ninguna otra parte, se constata que todo su discurso sobre el leninismo como desarrollo del marxismo es pura tapadera en la medida en que concibe este desarrollo como simple restauración, y no como el desarrollo de nuevas teorías, no, por lo tanto, como prosecución y superación de Marx, según señaló Mariátegui. 

Pero hay más. En las primeras frases de la cita, nuestro liquidador dice que Lenin no permitió el término leninismo, (omitiendo que, salvo los adversarios del bolchevismo, a lo largo de la vida política de Lenin ningún bolchevique intentó el uso oficial de dicho término), y de esta forma pretende descalificar su uso después de 1924. Es así como Fernández se muestra adversario del término leninismo, o, más exactamente, del concepto que encierra.      

Lenin fue consciente de su aporte al tesoro universal del marxismo. Por eso, si por modestia intelectual y política no utilizó el término leninismo, en cambio utilizó el término bolchevismo. Así, por ejemplo, en el libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky, dejó sentados los siguientes juicios: 


el bolchevismo… se ha hecho mundial, ha dado una idea, una teoría, un programa y una táctica que se diferencian concreta y prácticamente del socialchovinismo y del socialpacifismo. El bolchevismo ha rematado a la vieja Internacional podrida de los Scheidemann y los Kautsky… que ahora se atropellarán unos a otros, soñando con la “unidad” y resucitado un cadáver. El bolchevismo ha creado la base ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente proletaria y comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de paz como la experiencia de la era de revoluciones que ha comenzado. (…) El bolchevismo ha favorecido realmente el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y en América como ningún otro partido en ningún otro país lo había hecho hasta ahora… el bolchevismo ha señalado el único camino seguro para salvarse de los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos. (…) incluso si mañana el Poder soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial… incluso en este caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio extraordinario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la invencible revolución mundial. (Contra el revisionismo, recopilación, pp. 453 y 454; cursivas en el original). 

A buen entendedor, pocas palabras: Lenin era consciente de que su aporte al marxismo consistía en nuevos elementos teóricos, en nuevas tesis, en nuevas conclusiones. Presentar el hecho de que tales aportes no fueron conocidos como leninismo en tiempos de Lenin a fin de descalificar este término, equivale a negar el término marxismo porque Marx descalificó el mismo señalando que él no era marxista. En el fondo, la alusión de Fernández al no uso del término leninismo en vida de Lenin es un enfoque evasivo del problema, un intento de desenfocar sus verdaderos términos. Los verdaderos términos del problema son si Lenin desarrolló o no el marxismo con nuevas teorías en relación a lo aportado por Max y Engels al tesorero universal del marxismo. Y es un hecho cien veces demostrado que Lenin desarrolló el marxismo. La respuesta del propio Lenin a esta cuestión es, como se ha visto, que el bolchevismo dio una teoría, un programa y una táctica al proletariado internacional en la era de revoluciones que había comenzado con el surgimiento del imperialismo, y que, por eso, se hizo mundial, y que, por eso, sirve de modelo de táctica para todos. El bolchevismo, es decir, el leninismo. 

Por eso, Stalin señaló con toda razón: 


El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. (Los fundamentos del leninismo, p. 3; cursivas nuestras). 

Tal como se ha demostrado arriba, Fernández sostiene la barbaridad de que Lenin solo restauró los principios del marxismo, y que, por eso, su pensamiento está «contenido y abarcado en el marxismo». Es decir, que el leninismo no es algo nuevo en el tesoro universal del marxismo. Pero, como hemos visto, Stalin planteó correctamente que la base de la concepción del mundo de Lenin es el marxismo, y que el leninismo es lo aportado por Lenin al tesoro universal del marxismo. 

Por su parte, Mariátegui planteó, correctamente también, que Lenin prosiguió los principios de Marx, pero que, al mismo tiempo, lo superó. 

No existe, pues, diferencia entre el marxismo y el leninismo en cuanto a concepción del mundo se refiere, pero, en la medida en que Lenin aportó nuevas teorías al marxismo, entonces el leninismo es un desarrollo del marxismo de valor universal, es decir, algo «nuevo» (Stalin) en el marco de la teoría general del marxismo, una superación de Marx en este mismo marco. 

Lenin señaló: 


Cada cual tiene perfecto derecho a abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir el modo serio y honrado de hacerlo, del que no es honrado. (La revolución proletaria y el renegado Kautsky, ibídem, p. 395). 

Como se ha podido ver, el modo de Fernández de abordar el problema del leninismo no es ni serio ni honrado. 

Pues bien, como es de conocimiento general, Ramón García pretende hacer potable su abjuración del marxismo-leninismo falsificando la identidad ideológica de Mariátegui y del PSP. 

Esta doble falsificación ha sido desenmascarada en varios textos (ver nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui y El desarrollo de la teoría del proletariado y nuestro artículo El pez por la boca muere), por lo que en las presentes líneas nos limitaremos a señalar algunas nuevas ideas sobre el tema. 

Como se sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, y nunca será bastante señalar que de ese modo puso en claro su personal filiación ideológica. Pretender que esto no fue así con el argumento de que Mariátegui se definió «marxista convicto y confeso», es vender la imagen de un Mariátegui incoherente: marxista a secas como ciudadano, y marxista-leninista como militante y Secretario General del PSP. Esta incoherencia es sugerida por la necia falsificación de la identidad doctrinal del maestro que García, Aragón y demás liquidadores pretenden venderle a la izquierda peruana. 

Todo marxista informado sabe que, en su afán por descalificar el concepto de dictadura del proletariado, el renegado Kautsky sostuvo que dicho término se encuentra una sola vez en la obra de Marx, y que, por eso, era una «palabreja». Este tipo de argumento estadístico de Kautsky constituye, por cierto, un «enfoque evasivo» (Lenin) del problema. En efecto, la cuestión de la dictadura del proletariado no se presenta como el problema de cuántas veces se encuentra este término en la literatura marxista, sino si el mismo encierra un concepto correcto o no. 

Por eso, en su crítica a Kautsky en punto al tema, Lenin no puso el acento en las veces que Marx utilizó el mencionado término, sino en demostrar la verdad del concepto que encierra. Como es de conocimiento común, aplicando el método estadístico de Kautsky, su «enfoque evasivo», García escribió en el artículo El partido de Mariátegui lo que sigue: «Este término [el término marxismo-leninismo] se encuentra dos veces en la obra de JCM», y, de esta forma, quiso decir que el mencionado término es una palabreja.(23) 

Pues bien, exactamente como en el caso del término dictadura del proletariado, en el del término marxismo-leninismo el problema tampoco es cuántas veces lo utilizó Mariátegui, sino si encierra un concepto verdadero o no. 

Por eso, en nuestra crítica a su negación por parte de García, no hemos puesto el acento en las veces en que se encuentra en la literatura mariateguiana,(24) sino en demostrar su legitimidad como denominación de la verdad universal del proletariado y en la defensa de la filiación marxista-leninista del PSP y del propio Mariátegui. 

Los oportunistas de todos los tiempos no solo se adulan recíprocamente, sino que, al mismo tiempo, se prestan sus métodos criollos, sus equívocos procedimientos en su lucha contra el marxismo y los marxistas. 

Por eso, no tiene por qué extrañar que García haya copiado el argumento estadístico de Kautsky a fin de renegar el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP. Tampoco tiene por qué extrañar que, a su vez, Aragón y los demás liquidadores copien servilmente a García, y que, por esta vía, no hayan hecho otra cosa que copiar al renegado Kautsky. 

Pero hay más: la negación del leninismo no es nada nuevo, y, como lo hemos anotado en otro lugar, todo lo que hace García es ir tras los talones de quienes, en el Perú y en el mundo, desde hace décadas reniegan el leninismo. En el mundo, como lo hizo, por ejemplo, el mal llamado «eurocomunismo». En el Perú, como lo hicieron, seis o siete años antes que García, algunos teóricos del PUM, quienes, precisamente, aducían que Mariátegui utilizó muy pocas veces el término leninismo, es decir, el término marxismo-leninismo.(25) O sea que, exactamente como en relación a otras cuestiones, en este caso García no tiene tampoco el mérito de la originalidad. 

Notas

[22] En el artículo Las cinco caídas de yo el supremo, García sostuvo: «es necesario precisar términos como… período, etapa, estadio… pues tienen connotación diferente» (elipsis y cursivas nuestras). Apelando, pues, a la connotación de los mencionados términos fuera del contexto verbal donde se encuentran, nuestro liquidador escamotea la connotación unívoca con que Mariátegui utilizó los mismos en Principios programáticos del Partido Socialista, donde, sin excepción, aparecen designando la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Pero, embaucador como es, García insinúa que, con el término estadio el maestro dijo una cosa distinta a lo que dijo con los términos período y etapa, y, con base en esta grosera tergiversación, reniega el contenido de nuestra época, a más de insinuar que Mariátegui era un tonto. Tonto es quien no es capaz de darse cuenta de la cínica tergiversación, con la cual, de otro lado, García ha puesto en evidencia, una vez más, su oportunismo y su catadura moral. Como es sabido, nuestro personaje pretende «una organización de proyección nacional» con el concurso de toda clase de revisionismo (lo cual no extraña, pues él mismo mantiene una posición revisionista). Es conocido también el planteamiento de García de reestructurar el Estado burgués en sus bases municipales como supuesto camino al socialismo, con lo cual contraría el leninismo. En ¿Qué hacer? y otros escritos, Lenin fundamentó el partido de clase como la materialización de la doctrina, pero García reniega esta verdad y, aún más, pretende liquidar el partido de clase en nuestro medio (con su marxismo antileninista ya lo liquidó en el marco de su grupo).

[23] Quien ha utilizado esta palabra ha sido Aragón, pero es indudable que solo porque García ya la había insinuado con su «sólo dos veces», y, además, porque con anterioridad había utilizado otra peor: en su huachafo artículo Las cinco caídas de yo el supremo, calificó el término marxismo-leninismo de «carroña». De esto se puede dar cuenta cualquier persona que sepa leer.

[24] Aunque para solo precisar, hemos demostrado en otro lugar que no fueron dos sino tres veces que Mariátegui utilizó dicho término, lo que puso en evidencia que García ni siquiera contó bien, o que contó bien y solo para hacer más convincente su argumento estadístico (aunque solo en el marco de su grupo), falsificó la verdad cuantitativa a favor de un número menor. En este contexto, lo que tiene especial relevancia es que una de esas tres veces fue precisamente en un documento de tan grande importancia como es Principios programáticos del Partido Socialista. Este hecho demuestra que el menosprecio de García por el término marxismo-leninismo es, de hecho, menosprecio por la propuesta programática de Mariátegui. El temperamento criollo de García y su monumental deshonestidad intelectual y política se revelan precisamente –y tal vez más que en ninguna otra cosa– en no sostener su negación del leninismo a nombre propio, es decir, en endosarles a Mariátegui y al PSP dicha negación a efecto de servirse de ellos como coartada para engañar y manipular a cuanto incauto pueda haber en el movimiento de masas.

[25] En efecto, en el ya mencionado folleto Mariátegui y el seudo mariateguismo actual, algunas afirmaciones de su autor dan testimonio probatorio de nuestro aserto (ver pp. 5, 7 y 12).



Nota: 

Publicamos a continuación un extracto de un capítulo del libro El Pez Fuera del Agua. Crítica al Ultraizquierdismo gonzaliano. Como es evidente, en el extracto hay una contribución al esclarecimiento de la cuestión de la verdad universal del proletariado y, por tanto, a la reconstitución del partido de Mariátegui en el plano ideológico. 

01.09.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Sendero y el Movimiento Comunista Internacional 

(Extracto)

E. I. 

En el comunicado conjunto A los marxista-leninistas, a los obreros y a los oprimidos de todos los países, se puede leer en relación al aporte de Mao al marxismo: 


Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo en los terrenos de la revolución democrática antimperialista que llevan al socialismo; de la guerra popular y de la estrategia militar en general; de la filosofía, en la cual hizo importantes contribuciones al análisis de las contradicciones –esencia de la dialéctica– y sobre la teoría del conocimiento, sus lazos con la práctica y con la línea de masas; también aportó en el terreno de la revolucionarización de la superestructura y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado y en la lucha contra el revisionismo en los terrenos teórico y práctico... La dirección teórica y práctica de Mao constituye un desarrollo cuantitativo y cualitativo del marxismo-leninismo en numerosos frentes, y la concentración teórica de la experiencia histórica de la revolución proletaria en estas últimas décadas. Vivimos en la época del leninismo, esto es, la del imperialismo y la revolución proletaria. Al mismo tiempo afirmamos que la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo.” 

Como ha sido puesto en evidencia más arriba, Guzmán acusó a los autores del comunicado de no reconocer la “vigencia universal” del pensamiento de Mao y, además, de no reconocerlo como una “nueva etapa” del marxismo, pero, como acabamos de ver, tales autores sostienen explícitamente que “Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo” y que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”. Por lo tanto, la acusación de Guzmán es completamente falsa. 

Ahora bien, esa acusación contra los partidos y organizaciones firmantes del comunicado conjunto pone en evidencia el método polémico de Guzmán o, para decirlo francamente, su método criollo. 

III 

Por otro lado, hay que señalar que los firmantes del comunicado reconocían el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, pero, equivocadamente, agregaban enseguida que “la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”. Esto, sin duda alguna, es una contradicción, pues si “vivimos en la época del leninismo”, ¿cómo puede ser correcto afirmar, al mismo tiempo, que el pensamiento de Mao es “una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo”? La frase “vivimos en la época del leninismo” se explica por la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época; en consecuencia, teniendo en cuenta el desarrollo del marxismo, la frase es legítima. Por otro lado, el concepto de “nueva etapa” aplicado al pensamiento de Mao supone que el leninismo no es una época en el desarrollo de la doctrina del proletariado sino una etapa, y de esto se desprende que no vivimos en la época del leninismo. Pero no solo el leninismo, sino tampoco el marxismo sería una época sino una etapa. ¿Dónde queda, pues, la cuestión de la época, sustentada por Stalin en Los fundamentos del leninismo y subrayada por Mao en su polémica con Lin Biao? ¿Dónde queda aquello de que la nueva época histórica determinó una nueva época en el desarrollo de la doctrina proletaria? Es, pues, de todo punto una contradicción flagrante la posición mantenida en el comunicado conjunto de otoño de 1980, y esta contradicción se revela en la frase “Al mismo tiempo afirmamos”, pues no es posible sostener que “vivimos en la época del leninismo”, o sea que el leninismo es el marxismo de nuestra época y, al mismo tiempo, afirmar que el pensamiento de Mao es una “nueva etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. Una de dos: o el leninismo es el marxismo de nuestra época y, por lo tanto, el pensamiento de Mao es una etapa del leninismo o, en su defecto, el pensamiento de Mao es una nueva etapa del marxismo-leninismo y, por lo tanto, el leninismo no es el marxismo de nuestra época. Ahora bien, cuatro años después, el MRI seguía sin resolver este problema. En efecto, en la Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista, adoptada en marzo de 1984 por la Segunda Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas, se puede leer lo que sigue: “Stalin dijo: ‘El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y la revolución proletaria’ (sic). Esto es completamente correcto. Desde la muerte de Lenin, la situación mundial ha pasado por muchos cambios. Pero, la época no ha cambiado. Los principios fundamentales del leninismo no han perdido vigencia, siguen formando la base teórica que guía nuestra concepción hoy. Afirmamos que el maoísmo es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo” (Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista y ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!). 

El PC-SL sostuvo su adhesión al término “pensamiento Mao Tse-tung” hasta mayo de 1982, cuando en su II Conferencia Nacional “acordó que el marxismo-leninismo-maoísmo era la tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I). Y el MRI adoptó formalmente esta misma denominación de la doctrina en 1993, lo que quedó en negro sobre blanco en el documento ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, documento en el cual no se habla ya del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Era, pues, una de dos. Pero, en vez de resolver correctamente el problema, es decir, en lugar de comprender el pensamiento de Mao como una etapa del leninismo, el MRI cayó en el error de considerarlo una “tercera etapa” en el desarrollo del marxismo-leninismo. De este modo renunció al leninismo como el marxismo de nuestra época y, así, tenemos que, ahora, considera como incorrecto lo que hasta hace un tiempo consideraba como “completamente correcto”, pero sin sustentar esta nueva opinión en un solo argumento serio. Esto quiere decir que la discusión sobre Mao en el seno del MRI se resolvió favorablemente al erróneo planteamiento de Guzmán. 

Por lo demás, en la literatura actual del MRI puede verse que esta organización ha asumido el planteamiento guzmaniano de la “vigencia general de la guerra popular” y, asimismo, que ha hecho suya la consigna senderista de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”. 

En el documento Vueltas y revueltas en la lucha entre dos líneas, publicado en Un Mundo Que Ganar, nº 22, el MRI habla de las “contribuciones” de Guzmán “al desarrollo político e ideológico de nuestro movimiento”. Es seguro que el autor se refiere sobre todo a las tres cuestiones anotadas arriba. 

Pero estas “contribuciones” no son tales. La definición del maoísmo como “nueva, tercera y superior etapa del marxismo” encierra la negación del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, esto es completamente erróneo. 

La teoría maoísta de la guerra popular prolongada es válida para los países donde el camino de la guerra revolucionaria es del campo a la ciudad, pero no para aquellos otros donde el camino es la insurrección urbana. Por lo tanto, es obvio que de tal teoría tienen valor universal únicamente sus principios más generales, por lo que hablar de “vigencia general de la guerra popular” o, lo que es lo mismo, generalizar en bloque la teoría de la guerra popular prolongada, es, prácticamente, una manera de negar la validez del camino insurreccional urbano, y, esto es completamente erróneo. 

Finalmente, la consigna de “poner el maoísmo como mando y guía de la revolución mundial”, notoriamente absolutiza el maoísmo dejando por fuera el leninismo y el marxismo, y, esto es completamente erróneo. 

De manera, pues, que, muy claramente, las llamadas contribuciones de Guzmán al “desarrollo político e ideológico” del MRI son más bien posiciones erróneas asimiladas por la organización internacional. 

Malgrado estas asimilaciones, los partidos y organizaciones que conforman el MRI han mantenido una prudencial independencia con respecto a lo que desde hace más de veinte años la propaganda senderista publicita como “los aportes del Presidente Gonzalo al marxismo”, excepción hecha de la definición del maoísmo. 

Pero, incluso así, cae por su peso la pregunta: ¿cómo fue posible que el MRI asumiera como correctas las erróneas posiciones guzmanianas señaladas arriba? 

Es un hecho que Guzmán indujo a error al MRI. Pero el verdadero problema fue la permeabilidad del MRI a posiciones claramente erróneas. 

IV 

En el documento Bases de discusión, Guzmán sostuvo que “es aplicando y desarrollando la guerra popular que” su partido “avanzó más en la comprensión del maoísmo como tercera etapa del marxismo” (Guerra popular en el Perú, t. I). 

Así, pues, Guzmán cree que la comprensión del lugar que le corresponde al pensamiento de Mao en el desarrollo histórico del marxismo depende en última instancia de participar en una guerra popular. De hecho, esta idea encierra la intención de utilizar una lucha armada como elemento dirimente en la controversia sobre el pensamiento de Mao. Pero ocurre que esta controversia es un problema teórico y, por lo tanto, su resolución depende del análisis. Esta es una verdad elemental. 

Como diría alguien, quienes creen que la solución del problema de Mao depende en última instancia de participar en una guerra popular, tergiversan groseramente el principio de que la práctica es el criterio de la verdad y, de este modo, demuestran un reconocimiento tácito de su incapacidad para resolver teóricamente los problemas del marxismo. De hecho, recurren a la práctica como a un refugio. 

Por su parte, el MRI afirma: 


La adopción del maoísmo por el MRI, expresada en ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!, reflejaba una comprensión superior y más unificada de nuestra ideología que la que el movimiento mundial había podido lograr hasta entonces. Se mostró en la práctica la importancia de esa comprensión superior cuando los camaradas del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) <PCN (M)>, cuya formación estuvo íntimamente ligada a los avances del movimiento comunista internacional y del MRI, inició una guerra popular en 1996 que ya tiene al país en llamas con la revolución. (Un Mundo Que Ganar, nº 30). 

Así, pues, el MRI sostiene que existe una “comprensión superior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término maoísmo), y, por lo tanto, sugiere que hay también una “comprensión inferior” de Mao (que se expresa en la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung”). Además, insinúa que la adhesión al término maoísmo es prueba de revolucionarismo y que la adhesión al término “pensamiento Mao Tsetung” es prueba de oportunismo. 

Pero sucede que, por una parte, la comprensión correcta del pensamiento de Mao consiste en reconocer su condición de etapa del marxismo de nuestra época y, por otra, ocurre que el PC-SL, por ejemplo, inició su lucha armada cuando adhería al término “pensamiento Mao Tsetung” y, ahora, cuando adhiere al término maoísmo, ha claudicado con respecto a sus propias premisas. 

Esta constatación significa que el oportunismo puede ocultarse detrás de la adhesión a cualquiera de los dos términos y, en general, detrás de la adhesión a cualquier denominación de la doctrina del proletariado. ¿Acaso detrás de la adhesión al marxismo no se ocultó un tiempo el revisionismo de la Segunda Internacional? ¿Acaso detrás de la adhesión al marxismo-leninismo no se ocultó un tiempo el revisionismo contemporáneo? ¿Acaso detrás de la adhesión al “pensamiento Mao Tsetung” no se oculta ahora el oportunismo en más de un caso? ¿Acaso detrás de la adhesión al maoísmo no se oculta igualmente el oportunismo, también en más de un caso? 

22.12.2004.

Filosofía

Nota: 

No obstante la importancia de los trabajos de I. V. Ilénkov realizados en el campo de la filosofía, la lógica y la teoría del conocimiento, es necesario advertir a los lectores del carácter de la crítica que realizara a los trabajos filosóficos de Mao Tsetung. Esta se da en el marco de la llamada polémica ruso-china, en la cual Iliénkov toma posición, ciertamente ambigua, por el revisionismo soviético. Esta postura, de Iliénkov, se da en parte como acomodamiento político al socialimperialismo soviético, con el que cubre la crítica a Mao Tsetung, negando que este haya realizado algún aporte al marxismo-leninismo. Sin embargo, particularmente en el campo de la dialéctica, los escritos Sobre la práctica y Sobre la contradicción, dan cuenta de las contribuciones de Mao Tsetung en el campo de la filosofía. La crítica a la supuesta simplificación de la exposición de los problemas filosóficos es una crítica a la necesidad del trabajo de propaganda en el seno del Partido Comunista chino. Así, lo que cuestiona Iliénkov, es la capacidad de Mao Tsetung de desarrollar una forma discursiva que haga accesible a los cuadros comunistas conceptos complejos. 

Es necesario indicar que Iliénkov fue acusado por el revisionismo en la URSS de desviación idealista, viéndose afectado personal y académicamente, situación que al parecer lo condujo al suicidio en 1979. 

Comité de Redacción Creación Heroica

28.09.2026 

 

La Determinación de lo Concreto en Marx* 

E. V. Iliénkov 

Como es bien conocido, Marx determinó a lo concreto como a la síntesis de múltiples determinaciones".1 Desde el punto de vista de la tradicional lógica formal esta definición puede parecer paradójica: en efecto, la reducción2 de la diversidad carnalmente dada3 en unidad se presenta, a primera vista, como la tarea no de la confección de lo concreto, sino justamente de lo inverso, del conocimiento abstracto de las cosas. Desde el punto de vista de esta lógica tener consciencia de la unidad en la diversidad de fenómenos sensiblemente asimilados, quiere decir poner de manifiesto aquello que es abstracto y general, lo idéntico, eso de lo que todos estos fenómenos están dotados. Esta unidad abstractamente abstracta,4 fijada en la consciencia con el auxilio del término común, también se presenta, a primera vista, como esa mismísima "unidad" acerca de la cual, en lógica, es la única sobre la que puede decirse algo. 

Ciertamente, si se va a comprender la transición desde la contemplación viva y la representación hasta el concepto, desde el nivel sensible del conocimiento al racional, solo como un proceso de reducción de la diversidad sensiblemente dada a simple unidad abstracta, aquella definición de Marx parecerá, sin falta, una expresión injustificable desde el punto de vista de la terminología "lógica". Toda esta cuestión es, no obstante, el parecer de Marx y descansa en una noción absolutamente diferente acerca del pensamiento, acerca de sus objetivos y de sus tareas, de aquella sobre la que se fundamentó al construir su teoría la vieja lógica no dialéctica. Esto se refleja no sólo en la esencia de la resolución de los problemas lógicos, sino también en la terminología. Y de modo inevitable: "Todo nuevo aspecto de una ciencia, implica una revolución en sus términos técnicos."5 

Si Marx determina a lo concreto como la síntesis de múltiples determinaciones, aquí se presupone la concepción dialéctica de la unidad, la diversidad y las relaciones de lo uno con lo otro. La unidad en dialéctica se comprende en primer lugar como el vínculo, como la correlación e interacción de distintos fenómenos en el cuerpo de cierto sistema, de cierta totalidad, y en lo absoluto como la semejanza abstracta de estos fenómenos, es decir, de los unos con los otros. Esta acepción dialéctica del término "unidad", también se presupone en la determinación de Marx. La determinación de lo concreto, dada por Marx, si se desdoblara en algo su breve fórmula aforística, denotará, al pie de la letra, lo siguiente: lo concreto, el carácter concreto, es, antes que nada, sinónimo del vínculo real de los fenómenos, de trabazón e interacción de todas las aristas y momentos del objeto, dados a la persona en contemplación y representación. Lo concreto se concibe como esa mismísima totalidad internamente desmembrada de distintas formas de existencia del objeto de estudio, combinación sin par, la cual es característica solo al objeto en cuestión. La unidad, así entendida, se cristaliza en la realidad no a través de la semejanza de los fenómenos, los unos con los otros, sino justamente a la inversa, a través de sus distinciones y antítesis. 

Tal concepción de la unidad en lo múltiple (o de lo concreto), evidentemente, no solo que no coincide con aquella concepción de la cual emana la vieja lógica, sino que le es directamente contradictoria. Aquí ella se halla próxima al significado del concepto de integridad, y Marx a menudo también emplea en calidad de sinónimo de lo concreto al término "totalidad", el cual en idioma ruso se corresponde justamente a las palabras "integridad" o "en su conjunto".6 A estos términos recurre Marx en aquellos casos, cuando se aproxima a la caracterización del objeto como un todo único, coherente en todas sus múltiples manifestaciones, como "sistema orgánico" de fenómenos interdependientes los unos de los otros en antítesis a la noción metafísica acerca de estos como un agregado mecánico de inalterables partes integrantes, vinculadas entre sí solo de manera externa, más o menos fortuita. Lo más importante en la determinación marxista de lo concreto consiste en que este resulta ser, en primer lugar, una característica objetiva del objeto de estudio, considerado de modo absolutamente independiente a cualquier evolución que proceda del sujeto que conoce. El objeto es concreto de por sí, "en sí", independientemente de si este es concebido en el pensamiento o asimilado por los órganos de los sentidos. El carácter concreto no se crea en el proceso de reflejo del objeto en el sujeto, ni en el nivel sensible del reflejo, ni en el lógico-racional. En otras palabras, "lo concreto" es, en primer lugar, en sí mismo, una categoría objetiva del objeto de estudio, como lo es cualquier otra categoría de la dialéctica materialista, como lo es "necesidad" y "casualidad", como lo es "esencia" y "apariencia". Ésta expresa en sí la forma universal de desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. En el sistema de ideas de K. Marx, "lo concreto" bajo ningún concepto es sinónimo de lo sensiblemente palpable, de lo directamente contemplado. 

En la medida en que "lo concreto" se opone a "lo abstracto", esto último también es tratado por Marx materialmente. Para Marx, éste en ningún caso es sinónimo únicamente de lo "puramente mental", solo del producto de la actividad intelectual, solo del fenómeno subjetivo psicológico que tiene lugar únicamente en el cráneo del individuo. Marx muy a menudo utiliza este término en calidad de característica de los fenómenos y relaciones reales que existen ajenas a la consciencia, independientemente de si ellas se reflejan o no en la consciencia. Así, por ejemplo, Marx habla en "El Capital" de "trabajo abstracto". Aquí "lo abstracto" surge como característica objetiva de la forma adquirida por el trabajo humano en la producción mercantil-capitalista desarrollada. El autor de "El Capital" con perseverancia subraya que la reducción de las distintas variedades de trabajo a trabajo desprovisto de distinción alguna, homogéneo, sencillo, "es una abstracción que se cumple diariamente en el proceso de la producción social". Esta "no es menos real (una abstracción) que la conversión de todos los cuerpos orgánicos en el aire."7 

En la definición del oro como "ser material de la riqueza abstracta" se expresa también su función específica en el organismo de la formación mercantil-capitalista, de forma alguna en la consciencia del teórico o práctico. Semejante empleo del término "abstracto" no es ni por asomo un capricho terminológico de Marx; ello se liga con la esencia misma de sus criterios lógicos, con la concepción dialéctica de la relación entre formas de pensamiento y formas materiales, de la realidad objetiva con la concepción de la práctica (actividad sensible-material) como criterio de veracidad de las abstracciones del pensamiento. Menos aún, este uso de las palabras puede explicarse como un "atavismo hegeliano": justamente es en contra de Hegel que se dirigen las conocidas tesis de Marx sobre que "la categoría económica más simple -digamos el valor de cambio-... no puede existir jamás como no sea bajo la forma de una relación unilateral y abstracta de un todo concreto, vivo, ya dado."8 Lo "abstracto" en semejante contexto, bastante frecuente en Marx, adquiere el sentido de “lo simple", no desarrollado, unilateral, fragmentario, "lo puro" (es decir, sin el influjo de complicaciones que lo deforman). No hace falta decir, que "lo abstracto" en este sentido puede intervenir plenamente en calidad de característica objetiva del fenómeno real, y no sólo como un fenómeno de la consciencia.

 

"El estado de pureza (determinación abstracta) en que aparecieron en el mundo antiguo los pueblos comerciantes —fenicios, cartagineses— está determinado por el predominio de los pueblos agricultores"9 y esto, por supuesto, no fue por el predominio del "poder abstracto del pensamiento" de los fenicios o de los académicos que escribieron la historia de Fenicia. Lo "abstracto" en el sentido dado no es, en ningún momento, producto y resultado de la actividad mental. Este hecho depende del pensamiento en tan poca medida como la circunstancia de que "la ley abstracta de la reproducción solo existe para plantas y animales". 

Según Marx, lo "abstracto" (como su concepto opuesto, lo "concreto") es una categoría de la dialéctica, como ciencia de las formas universales de desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento; y ya sobre esta base, es también una categoría lógica, pues la dialéctica es la Lógica del marxismo. 

Semejante interpretación materialista de la categoría de lo abstracto dirige la punta de su polémica en contra de toda variedad posible de lógica y gnoseología neokantiana,10 que groseramente contrapone, a la manera metafísica, las "formas puras de pensamiento" ante las formas de realidad objetiva. Para estas escuelas en lógica, "lo abstracto" es solo una forma del pensamiento, al tiempo que "lo concreto" es una forma de imagen sensiblemente palpable. Esta interpretación estrechamente gnoseológica, característica a todos los representantes de la tradición mill-humeana y kantiana en lógica (como por ejemplo, Chelpanov y Vvedensky en Rusia), es del todo ajena y hostil a la esencia misma de la dialéctica como lógica y teoría del conocimiento. 

En la filosofía burguesa contemporánea se halla sólidamente establecida esta estrecha interpretación gnoseológica (es decir, en esencia psicológica, a fin de cuentas) de las categorías de lo abstracto y lo concreto. He aquí un ejemplo fresco, las definiciones del "Diccionario filosófico" de Max Apel y Peter Ludz: 


"ABSTRACTO: sustraído de cierta correlación dada y considerado por sí mismo (für sich allein). De este modo, lo abstracto tiene el sentido de lo conceptual, pensado en antítesis a lo contemplado de modo evidente.

 

"ABSTRACCIÓN: actividad lógica, por intermedio de la cual se deja de lado ciertos rasgos elevándose desde lo evidente en la contemplación dada a una noción general, y desde un concepto dado a uno más general. La abstracción reduce el contenido y extiende el volumen. Opuesto a la determinación.

 

"CONCRETO: contemplación directa, evidente. Los conceptos concretos indican eso que es contemplado, los objetos singulares de la contemplación. Opuesto a lo abstracto."11 

Esta definición unilateral (la abstracción es, naturalmente, prescindir intelectualmente, pero en ningún caso se reduce a aquello) va, con insignificantes variaciones, de diccionario en diccionario, y cualquiera que se a la variedad de idealismo esta no le pertenece al autor. Ha sido pulida a través de docenas de ediciones y ha llegado a ser universalmente admitida entre los filósofos burgueses. Esto, naturalmente, no certifica en lo absoluto su justeza. Solo certifica hasta qué punto son ajenos a la dialéctica los filósofos y lógicos burgueses contemporáneos. 

Un "concepto concreto" es reducido por estas definiciones a ser "designación" de cosas individuales contempladas de modo evidente, a un simple signo o símbolo. En otras palabras, en el pensamiento "lo concreto" existe sólo nominalmente, sólo en calidad de "nombre denominador". Por otro lado, "lo concreto" es convertido en sinónimo de lo "sensualmente dado" impensado, desconocido. Ni lo concreto, ni lo abstracto, de acuerdo a estas definiciones, pueden ser empleados en calidad de características del conocimiento teórico en razón de su contenido real material. Estos caracterizan sólo la "forma del conocimiento": "lo concreto" es la forma de conocimiento sensible; y "lo abstracto " es la forma del pensamiento, la forma del conocimiento racional. En otras palabras, se relacionan a diversas esferas psíquicas, a distintas materias. Allí, donde existe lo concreto no existe lo abstracto, y viceversa. He aquí toda la sabiduría de estas definiciones. 

La cuestión de la relación de lo abstracto y lo concreto tiene un aspecto totalmente diferente desde el punto de vista de Marx, desde el punto de vista de la dialéctica, como lógica y teoría del conocimiento. 

Este problema solo a primera vista podría parecer como una cuestión únicamente "gnoseológica", como la cuestión de la relación entre la abstracción intelectual con la imagen asimilada de modo sensible. En efecto, su contenido real es mucho más amplio y profundo que eso, y en el curso del análisis inevitablemente deviene en un problema completamente diferente, el problema de la relación del objeto de estudio para consigo mismo, es decir, la relación entre los distintos momentos de la realidad material, los unos con los otros, dentro del cuerpo de un cierto todo concreto. Por ello, esta cuestión se resuelve, en primer lugar, en el plano de la dialéctica objetiva, en el plano del estudio de las formas universales y las leyes de desarrollo de la naturaleza, la sociedad y del propio pensamiento, y no en el plano estrechamente gnoseológico, como en los neokantianos y en los positivistas. Por cuanto aquí tomamos a Marx en el aspecto gnoseológico del problema, es que por abstracto se entiende a todo lo extremadamente unilateral, incompleto, al reflejo unilateral del objeto de estudio en la consciencia; en antítesis al conocimiento concreto, como conocimiento desarrollado, profundo, completo. Careciendo de toda importancia, en que forma psicológica subjetiva este conocimiento surja como "vivencia" del sujeto; sea en forma de imágenes sensiblemente palpables o en forma verbal abstracta. La lógica (dialéctica) de Marx y Lenin, establece sus distinciones no desde el punto de vista de la forma subjetiva de la vivencia, sino desde el punto de vista del sentido material y objetivo, y de la importancia [del] conocimiento. Bajo el aspecto de imágenes palpables bien se puede estudiar un conocimiento extremadamente pobre, magro y unilateral. La lógica en este caso debe calificarlo como conocimiento "abstracto", a despecho de toda su apariencia palpable. Al contrario, en forma verbal abstracta, en el lenguaje de las fórmulas, de modo estupendo se puede expresar un conocimiento extremadamente rico, desarrollado, profundo y completo, es decir, concreto. 

Lo "concreto" no es ni sinónimo, ni privilegio de la forma sensible figurativa de reflejo de la realidad en la consciencia, como lo "abstracto" tampoco es una característica específica del conocimiento racional teórico. Si bien es cierto que, muy a menudo, hablamos de imagen sensible concreta y de pensamiento abstracto. 

Pero estaba en lo justo el profundo pensamiento de Kozmy Prutkov:

 

"Antonov come fuego, pero esto no es una ley,

como para que el fuego siempre le pertenezca a Antonov". 

La imagen sensible, la imagen de la contemplación, de manera muy frecuente puede ser en extremo abstracta. Basta con recordar un diseño geométrico o una obra de pintura abstracta. Y viceversa, pensar en conceptos no solo suele ser, sino que debe ser concreto en el completo y estricto sentido de la palabra. Sabemos que "no hay verdad abstracta", que "la verdad siempre es concreta". Y esto en absoluto significa que sólo es verdad la imagen carnalmente palpable, la contemplación de una cosa singular. 

Lo concreto en el pensamiento surge, en efecto, acorde a la definición de Marx, con la forma de combinación (síntesis) de numerosas definiciones. Un sistema lógico coherente se determina justamente y es aquella forma "natural" en la cual se realiza la verdad concreta en el pensamiento. Cada una de sus determinaciones, al entrar a este sistema reflejan, sin ninguna duda, solo una parte, un fragmento, un momento, un aspecto de la realidad concreta, y es por ello que estas, de por sí, tomadas en aislamiento de las otras definiciones, son abstractas. En otras palabras, lo concreto en el pensamiento se cristaliza en la realidad a través de lo abstracto, por medio de su contrario y sin este le sería imposible. Pero en dialéctica, en general, esto no es la excepción sino la regla. La necesidad se halla precisamente en igual relación con la casualidad, y la esencia con el fenómeno, etc. 

Por otro lado, cada una de las numerosas determinaciones que entran en la constitución del sistema de conceptos de una ciencia concreta, pierden lo que tienen de abstracto al llenarse con el sentido y significado de todas las otras definiciones vinculadas a ésta. Las definiciones abstractas singulares se completan, recíprocamente, unas a otras, gracias a lo cual se supera el carácter abstracto presente en cada una de ellas tomadas por separado. En pocas palabras, en esto consiste la dialéctica de la relación entre lo abstracto y lo concreto en el pensamiento, que es el reflejo de lo concreto en la realidad. La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en el proceso de elaboración teórica de los datos de la contemplación viviente, en el proceso de transformación de la contemplación y representación en conceptos, es el objeto de investigación del trabajo aquí presente. 

Naturalmente, no podemos pretender la completa elucidación del problema de lo abstracto y lo concreto en todas las etapas del proceso del conocimiento en general; en todas las formas del reflejo. El curso de formación de la imagen carnalmente palpable de una cosa, también posee su propia dialéctica de lo abstracto y lo concreto y una que es en extremo complicada, y lo es más en la formación de la representación vinculada al lenguaje, a las palabras. La memoria también juega un rol colosal en el proceso del conocimiento, y en su constitución incluye relaciones no menos complejas de lo abstracto con lo concreto. Estas categorías atañen además al proceso de creación artística. Nos vemos forzados a desatender todos estos aspectos, como objeto de investigación especial. 

El camino del conocimiento, camino que va de la contemplación viviente al pensamiento abstracto, y de aquel a la práctica, es un camino bastante complejo. En cada uno de sus eslabones se realiza un complicado proceso dialécticamente contradictorio de transformación de lo concreto en lo abstracto y de lo abstracto en lo concreto. Incluso la sensación "coagula" la realidad concreta, al igual que el proceso de percepción directa que es poseedor de sus momentos de transición, desde lo concreto en la realidad hasta lo abstracto en la consciencia. Y la transición desde la contemplación viviente al pensamiento abstracto no es, en modo alguno, lo mismo que el movimiento "de lo concreto a lo abstracto". De ningún modo se reduce a este momento, aunque este momento en sí, siempre está presente. Ambos son lo mismo solo para aquellos que entienden lo concreto como sinónimo de una imagen directamente palpable, y lo abstracto como sinónimo de lo mental, lo conceptual. Pero en nuestros días, en este punto de vista sólo se atascan las frívolas escuelas del neokantismo y positivismo.

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(*) E. V. Iliénkov, Dialéctica de lo abstracto y lo concreto en “El Capital” de Marx, Capítulo primero, La concepción dialéctica y la concepción metafísica de lo concreto: La determinación de lo concreto en Marx.

(1)  Marx, Karl: Contribución a la crítica de la Economía Política, ed. Estudio, Buenos Aires, 1975, pp. 213.

(2) En ruso el término "сведение" (svedenie) tiene varias acepciones como son unificar, agrupar, reducir, contraer. (N. del trad.)

(3) En el original "чувственно-даннава многообразия" (chuvstvenno-dannava mnogoobraziya) lo que puede traducirse como 'diversidad (variedad) sensiblemente dada", "diversidad (variedad) carnalmente dada". En todo caso la expresión se refiere a lo percibido por los órganos de los sentidos y que existe materialmente (carnalmente). (N. del trad.)

(4) En el original “абстракно отличное единство” (abstrakno otbliochennoie edinstvo). (N. del trad.)

(5) Engels, Friedrich: El Capital, Prefacio 1886, Editorial Ciencias del Hombre, 1ª ed., Buenos Aires, 1973, pp. 38, traducción de Floreal Mazia.

(6) En el original, "totalidad": тотальность (totalinosti). "Integridad": целостность (tzelostnosti). "En su conjunto": целокупность (tzelokupnosti). (N. del trad.)

(7) Marx, Contribución a la Crítica de la Economía Política, pp. 19, ed. cit.

(8) Marx, Contribución a la Crítica de la Economía Política, pp. 213, ed. cit.

(9) Marx, Contribución a la Crítica de la Economía Política, pp. 221, ed. cit.

(10) Neokantismo: corriente idealista surgida en la segunda mitad del siglo XIX, en Alemania, con el lema de "¡Vuelta a Kant!". El neokantismo reproduce y desarrolla los momentos idealistas y metafísicos de la filosofía de Kant, haciendo caso omiso de sus elementos materialistas y dialécticos. Los revisionistas utilizaron el neokantismo en su lucha contra el marxismo y lo convirtieron poco menos que en el dogma filosófico oficial   de los oportunistas de la II Internacional. (N. del editor)

(11) Philosophisches Wörterbuch. Dr M. Apel, Dr P. Ludz, Berlin, 1958, p. 4—5, 162.

 

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