miércoles, 1 de junio de 2022

Lineamientos programáticos

Nota:

Con el artículo que sigue termina la publicación de la serie sobre los puntos que debe considerar el Programa General del partido proletario en cualquier país del mundo.

01.06.2022.

Comité de Redacción.

Lineamientos programáticos

 

La Realización del Comunismo en el Programa General del Partido

Eduardo Ibarra

EL PASO AL COMUNISMO tiene determinadas premisas económicas, políticas, sociales y culturales, así como, al mismo tiempo, una premisa de orden internacional. Veamos.

En Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, Marx expuso el camino de la emancipación del proletariado y, en general, de la humanidad:


Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.

Y, en Crítica del programa de Gotha, precisó algunas cuestiones del mencionado camino y de la propia sociedad comunista:

 

En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división de trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con  el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades!

Como vemos, la concepción marxista de la dictadura revolucionaria del proletariado es de una revolución permanente cuyo objetivo es tres supresiones y una subversión, que comprenden tanto lo económico y lo político como lo social y lo ideológico. Esta revolución permanente debe significar, concretamente, la progresiva eliminación de la división del trabajo (entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, entre la ciudad y el campo, entre el trabajo masculino y el trabajo femenino), la transformación del trabajo en la primera necesidad vital del ser humano (trabajo emancipado, creador, realizador de la esencia humana), el desarrollo libre y universal de los individuos (libre de toda enajenación, universal en sus necesidades y relaciones), el desarrollo de la riqueza social hasta el punto de que corra a chorro la riqueza colectiva, el rebasamiento completo del derecho burgués y la puesta en práctica del principio “De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”.

        De esta forma Marx hizo la necesaria distinción entre el socialismo y el comunismo, y, al mismo tiempo, la relación entre el camino (la revolución permanente) y la meta (la realización del comunismo).

Obviamente, a más de las cuestiones señaladas por Marx en las citas, existen otras más que pasamos a reseñar brevemente.

La emancipación de la mujer es la emancipación de la mitad de la humanidad y, como cualquier marxista puede entenderlo, no podría haber paso al comunismo si previamente tal emancipación no alcanza su plenitud. Ya Engels recordaba en el Anti-Duhring que Fourier sostuvo la verdad incuestionable de que en cualquier sociedad el grado de emancipación de la mujer es el criterio natural de la emancipación general. La emancipación general de la humanidad implica pues la previa emancipación de la mujer.

Señalemos otras premisas del paso al comunismo: la extinción de la producción mercantil (en el comunismo la producción es producción de valores de uso), y, por lo tanto, la desaparición de las relaciones mercantiles y del dinero, en suma, la extinción de la ley del valor; la redistribución espacial de las fuerzas productivas, el consiguiente reordenamiento demográfico, la ruralización relativa de la ciudad (agricultura urbana) y la urbanización relativa del campo (industria rural).

Brevemente, en el comunismo no existen ya las clases, la lucha de clases y el Estado. ¿Pero cómo se habría extinguido el Estado? La extinción del Estado es un proceso histórico bastante prolongado, cuya esencia es la progresiva apropiación por las masas trabajadoras de las funciones estatales, es decir, la progresiva extinción de los aparatos especializados que ejercen diversas funciones.

Así, pues, para llegar a la eliminación de las clases, la lucha de clases y el Estado, las masas trabajadoras deberán crear, en una lucha extraordinariamente compleja, las premisas materiales y espirituales del paso al comunismo.

Todas estas gigantescas realizaciones no son, en conjunto, como lo entenderá todo marxista, un proceso que pueda llevarse a cabo por medio de la violencia.

En El estado y la revolución, Lenin señaló:

 

La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres, es la fuerza más terrible.

Tenemos, pues, que la dictadura revolucionaria del proletariado es una lucha que tiene dos funciones: una destructiva y otra constructiva, y si bien no puede cumplir esta última sin cumplir la primera (no hay construcción sin destrucción), ambas funciones son distintas por su contenido, sus métodos y sus fines. Es decir, sin bien es cierto que la dictadura del proletariado –como la dictadura de la burguesía y de cualquier otra dictadura– se apoya en la fuerza, no se reduce sin embargo a la violencia. En otras palabras, la violencia revolucionaria en las condiciones del socialismo no presenta ya la misma forma ni tiene la misma magnitud que cuando la lucha por el poder: existe en ligazón indisoluble con la lucha pacífica, económica, pedagógica y administrativa contra las relaciones sociales, las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. Sería un absurdo completo creer que la fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de individuos puede ser eliminada por medio de la violencia. La dictadura revolucionaria del proletariado solo recurre a la violencia en su versión militar si el país es objeto de una agresión externa o se produce una revuelta contrarrevolucionaria interna.

Ciertamente Marx y Engels escribieron en el Manifiesto comunista que “El poder político, hablando propiamente, es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra”. Pero los fundadores se referían al poder político tal como ha existido en la historia y existe actualmente en el capitalismo. El poder político del proletariado no es ya un poder en el sentido indicado, sino un poder en extinción, un poder, por lo tanto, que mientras tiene que suprimir “por la fuerza las viejas relaciones de producción” y, como consecuencia de ello, determina “las condiciones para la existencia del antagonismo de clase y de las clases en general”, tiene, por otro lado, que suprimir “su propia dominación como clase” (Marx-Engels).

Por lo tanto, si la supresión de las viejas relaciones de producción es un acto de fuerza que crea las condiciones para suprimir el antagonismo de clase y las clases en general, la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción y la subversión de todas las ideas que brotan de esas relaciones sociales, no puede ser ya resultado del uso de la fuerza.  

Por eso, en una entrevista con una delegación militar albanesa en 1967, Mao sostuvo: 


… la meta [de la revolución cultural es] resolver el problema de la concepción del mundo [y] la concepción del mundo no se les puede imponer [a las masas populares].

Aquí pues, como se ve, no entra la fuerza. Por eso, uno de los dieciséis puntos de la “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la gran revolución cultural proletaria”, reza así: 


Durante el debate, se debe de recurrir al razonamiento y no a la coacción o a la fuerza. 

Así, pues, la revolución cultural tuvo por objetivo la transformación de la concepción del mundo de millones y decenas de millones de hombres y mujeres, y esta transformación fue actuada por la posición proletaria por medio de métodos racionales, mientras la posición ultraizquierdista recurrió a métodos violentos (desviando así la revolución cultural).

        Estrechamente ligado a lo expuesto hasta aquí, tenemos la cuestión de las condiciones internacionales del paso al comunismo. Este paso no puede tener sino una dimensión universal: nadie pasa al comunismo si no pasamos todos a la vez. Ahora bien, el comunismo supone la desaparición de las naciones, herencia del capitalismo. Así, la extinción de las naciones es una de las premisas internacionales del paso al comunismo.

Lenin entendió la Revolución Rusa no como un hecho nacional, particular, sino como el punto de arranque de la revolución proletaria mundial y, por esta razón, señaló la perspectiva de “la República Soviética universal”. Con esta frase no quiso decir que la forma soviética del poder proletario se instaurase en cada país por separado, aunque al principio y durante un largo período tenga, inevitablemente, que ser así, sino a la instauración de un Soviet Universal, de una República Soviética Universal, o sea, de un único poder soviético a escala mundial. Esta perspectiva es una cuestión generalmente no tratada en la literatura de los partidos proletarios. Pero la instauración de un Soviet Universal (o Comuna Universal) comporta un problema: ¿cuál sería su base económica?

        En la conferencia Internacionalismo y nacionalismo, Mariátegui señaló:


La crisis capitalista, en uno de sus principales aspectos, reside justamente en esto: en la contradicción de la política de la sociedad capitalista con la economía de la sociedad capitalista. En la sociedad actual la política y la economía han cesado de coincidir, han cesado de concordar. La política de la sociedad actual es nacionalista: su economía es internacionalista. El Estado burgués está construido sobre una base nacional; la economía burguesa necesita reposar sobre una base internacional. El Estado burgués ha educado al hombre en el culto de la nacionalidad, lo ha inficionado de ojerizas y desconfianzas y aun de odios respecto de las otras nacionalidades; la economía burguesa, necesita, en cambio, de acuerdos y de entendimientos entre nacionalidades distintas y aun  enemigas. (…) Esta contradicción entre la estructura política del régimen capitalista y su estructura económica es el síntoma más hondo, más elocuente de la decadencia y de la disolución de este orden social. Es, también, la revelación, la confirmación, mejor dicho de que la antigua organización política de la sociedad no puede subsistir porque dentro de sus moldes, dentro de sus formas rígidamente nacionalistas no pueden prosperar, no pueden desarrollarse las nuevas tendencias económicas y productivas del mundo, cuya característica es su internacionalismo. Este orden social declina y caduca porque no cabe ya dentro de él el desenvolvimiento de las fuerzas económicas y productivas del mundo. Estas fuerzas económicas y productivas aspiran a una organización internacional que consienta su desarrollo, su circulación y su crecimiento. Esa organización internacional no puede ser capitalista porque el Estado capitalista, sin renegar de su estructura, sin renegar de su origen, no puede dejar de ser Estado nacionalista.

Y bien, la experiencia histórica da cuenta de que la sociedad socialista encierra una contradicción de signo inverso a la contradicción entre la política y la economía en la sociedad capitalista. La política de la sociedad socialista es internacionalista, pero su economía es nacionalista. Esta cuestión no es posible exponerla aquí en toda su extensión y en toda su complejidad, pero sí es posible subrayar algunos de sus aspectos directamente ligados con la cuestión del paso al comunismo. Eliminado el capitalismo de la faz de la tierra (o reducido a una mínima existencia), el socialismo deberá instaurar el Soviet Universal del que hablara Lenin, como la forma culminante del internacionalismo proletario. Pero este Soviet Universal requeriría, como es lógico, de una base económica. La organización de la base económica del Soviet Universal sería pues un factor fundamental en la solución que exige la contradicción entre la política internacionalista y las economías nacionales de la formación socialista.

En La ideología alemana, Marx y Engels sostuvieron:


… sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa “desposeída” se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos histórico-universales, empíricamente mundiales, en vez de individuos locales. Sin esto, 1.º el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local; 2.º las mismas potencias del intercambio no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples “circunstancias” supersticiosas de puertas adentro, y 3.º toda ampliación del intercambio acabaría con el comunismo local.

El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción “coincidente” o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado.

… el proletariado solo puede existir en un plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos directamente vinculados a la historia universal.

Por lo tanto, eliminado por completo el capitalismo de la faz de la tierra, una de las tareas del Soviet Universal tendría que ser la superación de las diferencias en el desarrollo de las premisas materiales y espirituales del comunismo alcanzado en los diversos países: pasamos todos al comunismo sobre la base de condiciones iguales en todas la regiones del mundo, o nadie pasa.

Pues bien, como decía Mariátegui, dentro de los moldes de la organización política del capitalismo no puede prosperar ya el desarrollo de las fuerzas económicas y productivas del mundo, las mismas que pugnan por una organización internacional que permita su desarrollo y su circulación, pero, por obvias razones, esa organización internacional no puede ser capitalista. Y los hechos han corroborado esta puntualización mariateguiana. En efecto, hace algunas décadas, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) elaboró un documento, filtrado en 1998, que, de hecho, es una especie de manifiesto del gran capital internacional privado, donde se plantea como cuestión fundamental la reducción de las facultades de los Estados nacionales y el traslado de las mismas a las grandes empresas internacionales privadas. De este modo las soberanías nacionales quedarían extraordinariamente reducidas ante el robustecimiento de los gigantescos consorcios del capital privado. Pero ocurre que las contradicciones entre los intereses de los capitalismos nacionales (contradicciones que se desarrollan hasta el antagonismo), hicieron que la propuesta de la OCDE naufragara prontamente. De hecho, esta propuesta es irrealizable.

Hay que señalar, siguiendo a Mariátegui, que la organización internacional que promueva y estimule el desarrollo de las fuerzas productivas y económicas del mundo, tiene que ser socialista. Pero, naturalmente, ella no es posible sino en el socialismo avanzado, entendiendo por esto el socialismo global. La República Soviética Universal o Comuna Universal con una economía de estructura universal sería pues la solución de la contradicción entre la política internacionalista y las economías nacionales del proletariado.

En la medida en que el paso al comunismo es la sustitución de un tipo de relaciones de producción por otro tipo de relaciones de producción, y, al mismo tiempo, el reemplazo del viejo sistema social por un nuevo sistema social, dicho paso es un cambio cualitativo, es decir, una revolución. Pero, como es obvio, esta revolución no implica el derrocamiento de una clase por otra; por lo tanto, al comunismo no se arriba ni puede arribarse mediante la violencia; puede decirse entonces que el paso al comunismo es una revolución pacífica, la única revolución pacífica de la historia. 

A lo expuesto hasta aquí sobre el paso al comunismo, puede y debe agregarse la cuestión de la ecología, es decir, el problema de la relación dinámica entre el ser humano y su hábitat como otra de las premisas internacionales del paso al comunismo. Si el comunismo es el reino de la libertad, entonces, ¿cómo sería posible que no lo sea también en el plano de la relación entre los seres humanos y su hábitat? ¿Cómo sería posible que, en su lucha por el comunismo, las masas productoras no se coloquen en la situación de alcanzar por fin la unidad entre los seres humanos y la naturaleza, es decir, de  solucionar el conflicto entre el hombre y la naturaleza, de realizar la reconciliación de la humanidad con la naturaleza? La solución en lo fundamental del problema que entraña el sistema hombre-biosfera es una premisa de la realización del comunismo y, al mismo tiempo, tarea suya: es premisa en la medida en que las primeras fases de la aplicación de un plan único para la optimización de dicho sistema en todo el planeta tendrán lugar en las condiciones del socialismo global; y, es tarea del comunismo, por cuanto en sus condiciones el mencionado plan único debe ser plena y permanentemente desarrollado.

Pues bien, el lector puede captar ahora la dimensión colosal de la lucha de las masas productoras por crear las premisas materiales y espirituales del comunismo, su grandiosa lucha por suprimir toda la herencia negativa del capitalismo y realizar el comunismo; al mismo tiempo, puede reconocer la teoría marxista que sustenta dicha lucha, teoría que, para solo referirnos a su contenido esencial, tiene su punto de partida en el concepto de revolución permanente de Marx y su desarrollo por Lenin y Mao.

Sin embargo –como también puede captar el lector–, el revisionismo de “izquierda”, reduciendo a solo violencia aquella lucha multidimensional de las masas productoras, niega de hecho la necesidad de transformar las circunstancias y los hombres; además, tergiversando los métodos y el objetivo de la revolución cultural, niega la revolución permanente sustentada por Marx, las tesis de Lenin sobre las clases y la lucha de clases en el socialismo expuestas en el trabajo Economía y política en la época de la dictadura del proletariado y la teoría de Mao sobre la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado. 

 He aquí lo que dice el mencionado revisionismo:

 

… mantendremos la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado con violencia revolucionaria mediante las revoluciones culturales y, al comunismo sólo iremos con la violencia… (Guerra popular en el Perú, t. II).

… guerra popular hasta el comunismo (Sol Rojo, nº 25).

Estas afirmaciones demuestran que el revisionismo de “izquierda” concibe la revolución cultural como un hecho violento y el paso al comunismo como un acontecimiento posible solo “cortando cabezas”. De esta forma muestra a la luz del día toda su pobreza teórica y todo su culto a la violencia.

Era necesaria esta acotación, pues este revisionismo de “izquierda” surgió precisamente en el Perú de los años ochenta.

Pues bien, siendo la realización del comunismo el objetivo supremo del Programa General del partido proletario, se entenderá que en su texto debe ocupar un lugar de privilegio.

 

25.08.2019.

Economía

La Supuesta “Recuperación Equitativa” del Mundo Capitalista

Cesar Risso

EL INFORME SOBRE EL DESARROLLO MUNDIAL del Banco Mundial, propone para una restauración equitativa de la economía mundial, contemplar el aspecto financiero para sortear o mitigar los riesgos que conlleva.

Para orientar en la “recuperación equitativa”, el Banco Mundial nos propone tener cuidado con el riesgo de la tasa de interés, con el riesgo cambiario, etc. Vale decir que nos alecciona acerca de los cambios que se pueden dar en estos aspectos, en el sentido de una variación que perjudique a la economía en su conjunto, tanto de los hogares, como de las empresas privadas, como del Estado. Pero lo que no nos dice es que estos cambios y los riesgos que conllevan se deben a lo que se denomina libre competencia o, en lenguaje llano, anarquía de la producción.

Fíjense como inicia el prefacio del Informe: “En medio de una incertidumbre excepcional.”

Pareciera que la intención del Banco Mundial fuera la de trasladar el origen de las crisis económicas a fenómenos naturales como la actual pandemia, e igualmente las consecuencias, como las muertes, la pobreza y la desigualdad, a estos mismos fenómenos naturales, dejando fuera del análisis y sin responsabilidad alguna al sistema capitalista, y más bien, poniendo al capitalismo como solución a la crisis, con el “buen” manejo que corresponde, para, incluso, superar estos problemas de manera equitativa.

Diversos estudios basados en datos anteriores a la crisis indican, por ejemplo, que más del 50 % de los hogares de las economías emergentes y avanzadas no podrían sostener el consumo básico durante más de tres meses en caso de perder sus ingresos. Del mismo modo, las reservas de efectivo de una empresa promedio alcanzarían para cubrir los gastos correspondientes a menos de 55 días. Muchos hogares y empresas de economías emergentes ya cargaban con niveles de deuda insostenibles antes de la crisis y tuvieron dificultades para hacer frente a los pagos cuando la pandemia y las medidas de salud pública conexas provocaron una disminución abrupta en sus ingresos.*

Los datos que toma el Banco Mundial son los de los países emergentes. Curiosamente, el Fondo Monetario Internacional considera al Perú como un país emergente. Pues bien, según nos dice el Informe, la mitad de hogares de Perú, dado que es un país emergente, podrían tener un consumo básico solo durante tres meses luego de perder sus ingresos. Quiere decir que estos hogares tienen ahorros, que los utilizarían en caso de quedarse sin ingresos. Sin embargo, la situación de desempleo y la informalidad, dan cuenta de que la gente vive del ingreso diario que percibe, esto es, si un día no obtiene algún ingreso, entonces ese día no come.

Además de los programas de apoyo directo a los ingresos, los Gobiernos y los bancos centrales recurrieron a políticas sin precedentes destinadas a proporcionar alivio temporal de la deuda, como las moratorias para los hogares y las empresas. Si bien estas iniciativas mitigaron la falta de liquidez a corto plazo que experimentaban los hogares y las empresas, también tuvieron la consecuencia imprevista de ocultar la verdadera situación financiera de los prestatarios, lo que creó un nuevo problema: la falta de transparencia sobre el alcance real del riesgo crediticio en la economía.

Uno de los problemas que considera importante el Banco Mundial como consecuencia de las políticas aplicadas, es el riesgo crediticio. Al haber “falta de transparencia”, debido a que no se puede conocer la situación real de los usuarios de los beneficios crediticios, entonces las entidades financieras no están en condiciones de conocer la probabilidad de devolución de los préstamos. La alarma en este sentido del Banco Mundial, viene dada por la posibilidad de que el negocio financiero, específicamente crediticio, se vea seriamente afectado, privando así de una considerable porción de las ganancias a la burguesía financiera, y reduciendo con ello, ante las eventuales quiebras, el crédito, afectando a la economía en su conjunto.

Las políticas de apoyo para reducir los efectos de la pandemia, significaron un enorme endeudamiento público. Pero resulta que ese era un riesgo que desde el 2019 ya se había previsto por el propio Banco Mundial. Lo que ahora se manifiesta es en endeudamiento público mucho mayor. Pero este endeudamiento, tiene como correlato un mayor control de nuestras economías por parte de las instituciones financieras internacionales.

Con respecto a la deuda pública, es necesario plantear que a pesar de la paralización de la producción, hubo recursos monetarios para atender las necesidades a gran escala de gran parte de los hogares, así como de las empresas. Ese dinero excluido de la circulación, del que disponen las instituciones financieras internacionales, representa capacidad de compra, es decir, es el equivalente general de mercancías no producidas como consecuencia de la pandemia y de las medidas restrictivas. Esto provocó la inflación debido a la introducción de dinero, y a la reducción de la producción.

Se trata de que la lógica del desenvolvimiento del capitalismo no se puede ignorar. Las leyes de funcionamiento y desarrollo del capitalismo se manifiestan de diversas formas. En el caso señalado, las soluciones aplicadas generaron otros problemas, como la inflación. En consecuencia, el impacto del apoyo fue en parte absorbido por el incremento de los precios, y de otro lado, sirvió para que en la pugna entre capitalistas, el fenómeno inflacionario sirviera para que trataran de sacar una mayor tajada de la plusvalía extraída a los trabajadores.

Así, el normal mecanismo de obtención y distribución de las ganancias, se vio seriamente afectado al reducirse la actividad económica y no contar con la utilización de la fuerza de trabajo. Los trabajadores en actividad no podían sostener las ganancias esperadas de la burguesía. De modo que se recurrió a inyectar dinero, pero cuyo valor era menor, lo cual provocó la inflación. Pero, a la vez, la inflación fue la forma en la cual los diversos sectores de la burguesía, podían aspirar a obtener una mayor porción de ganancia.

[…] los Gobiernos, los bancos centrales y los entes reguladores utilizaron diversos instrumentos de política para brindar asistencia a las instituciones financieras y evitar que los riesgos se extendieran a otros segmentos de la economía. Los bancos centrales redujeron las tasas de interés y aliviaron las condiciones de liquidez. De esta manera, los bancos comerciales y las instituciones financieras no bancarias, como las entidades microfinancieras, pudieron refinanciarse más fácilmente, lo que les permitió continuar suministrando créditos a los hogares y las empresas.

Evidentemente la asistencia económica no fue solo a los hogares, sino a las empresas y a las instituciones financieras. Así, la reducción de las tasas de interés se debió precisamente a la acción del gobierno, quien asumió el “costo” de ofrecer efectivo para el funcionamiento de la economía. Se trataba de garantizar las ganancias de las empresas y de las instituciones financieras, para que sigan ofreciendo sus mercancías y sus servicios. Con esto se permitió que las empresas sigan ganando, y que la población pueda encontrarse en cantidades suficientes y con buena salud para que sigan poniendo su fuerza de trabajo a disposición de la burguesía.

Con su informe, el Banco Mundial ha puesto en evidencia el gran temor que ha sentido la burguesía de verse privada de la utilización de la fuerza de trabajo. Por ello se vio obligada a sostener a los trabajadores, aunque en cierta medida, para no colapsar como negocio, como sistema capitalista, ni como clase dominante.

_____________

(*) Todas las citas corresponden al Informe sobre el Desarrollo Mundial del 2022: Finanzas al servicio de la recuperación equitativa, del Banco Mundial. https://www.bancomundial.org/es/publication/wdr2022/brief/chapter-1-introduction-the-economic-impacts-of-the-covid-19-crisis

Internacionales

 

Nota: A continuación publicamos un artículo de Bob Avakian rico en ideas, aunque no necesariamente las compartimos todas.

El comité de redacción 

La Guerra En Ucrania y Los Intereses De La Humanidad: Un Enfoque Revolucionario Científico Contra la Confusión Nociva Y Los Delirios Chovinistas 

Bob Avakian

HACE POCO, el artículo mío “Ucrania: Una Tercera Guerra Mundial es el verdadero peligro, y no una repetición de la Segunda Guerra Mundial” fue enviado a varios antiguos miembros de la SDS (Estudiantes por una Sociedad Democrática), que llegó a ser un importante movimiento radical durante la década de 1960 que se opuso fuertemente a la guerra imperialista de Estados Unidos en Vietnam. En respuesta, varias personas plantearon argumentos en oposición a mi artículo — argumentos que reflejan el pensar actual de una cantidad exageradamente grande de personas en Estados Unidos con opiniones “liberales”, “progresistas” y “socialdemócratas”1. Si bien parte de estas respuestas traía mezquinos “ataques bajos”, también señalaban temas sustantivos los cuales (a diferencia de los “ataques bajos”) son dignos de una respuesta seria. En este escrito, voy a abordar algunos de los puntos más relevantes y sustantivos que se plantearon.

Empecemos por el siguiente desacuerdo con mi artículo:

Esta es mi reacción: estipulemos que Estados Unidos tiene una historia vergonzosa de guerras imperialistas y que no debiera haber lanzado una bomba nuclear sobre Japón. También se puede hacer un argumento razonable de que la OTAN no debiera haber acogido como miembros a las antiguas repúblicas controladas por la Unión Soviética. Sin embargo, también es cierto que el ingreso en la OTAN es exactamente lo que querían las grandes mayorías de esos países. En cuanto a Yemen, no estoy lo suficientemente informado como para tener una opinión en cuanto si el papel de Estados Unidos ahí es equivalente al de Rusia en Ucrania. Lo investigaré, pero me sorprendería que lo fuera.

Lo siguiente es lo principal: el resultado inevitable de la política estadounidense por la que usted argumenta en el conflicto actual dejaría a los ucranianos a merced de Putin. ¿Es eso lo que quiere?

En lo que es una línea de argumentación demasiado típica, por parte de quienes no se interesan en defender la “historia vergonzosa de guerras imperialistas” de Estados Unidos (y el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón al fin de la Segunda Guerra Mundial), se reconoce esta “historia vergonzosa de guerras imperialistas” — y luego efectivamente la ignoran, o la descartan. Esto equivale a decir: “Toda esa historia vergonzosa no tiene nada que ver con lo que está pasando ahora, y lo único que tenemos que hacer es ver las cosas terribles que Putin-los rusos están haciendo en Ucrania”. En respuesta a eso, cabe señalar que esta “historia vergonzosa” no es simplemente “historia” — guarda una estrecha relación con lo que Estados Unidos está haciendo ahora con respecto a Ucrania (y más en general). Y lo que es más importante, esta “historia vergonzosa” tiene que ver con la propia naturaleza del sistema que rige en Estados Unidos, el sistema del capitalismo-imperialismo, y con la posición dominante del imperialismo estadounidense en el mundo, y su necesidad y determinación de retener, y fortificar, esa posición dominante.

En otro artículo, tomando de una observación de un amigo mío de antaño, me referí a los imperialistas, de ambos lados de este conflicto en Ucrania, como “gángsteres legítimos” —gángsteres que están peleándose entre sí no sólo sobre el “territorio” en una ciudad, sino sobre la dominación en el mundo en su conjunto— y, muy significativamente, son gángsteres con arsenales masivos de destrucción masiva, inclusive armas nucleares que podrían aniquilar la civilización humana2. Si esta analogía es válida —y lo es—, pues, es pertinente preguntarse: ¿Consideraríamos como legítimo un argumento de alguien que formara parte de una “familia” mafiosa (o cártel criminal) que dijera: “Sí, hemos hecho cosas muy malas, pero lo que cuenta ahora es lo que está haciendo ese otro grupo de gángsteres por allá, y la forma en que nosotros estamos ayudando a las víctimas de su actividad criminal asesina”? ¿Adoptaríamos la postura de que la naturaleza criminal de la organización a la que pertenece esta persona de repente se ha vuelto irrelevante para lo que está pasando — o incluso que, en este caso, de alguna manera esta organización había dejado de ser criminal, o de actuar de manera criminal? O, ¿reconoceríamos —muy correctamente— que las declaraciones y acciones de esta organización criminal eran una continuación de toda su historial criminal, y surgían de toda su naturaleza criminal?

Volveré a examinar esa cuestión.

Además, existe otro argumento que “da con la mano izquierda” y “quita con la mano derecha” — el argumento de que tal vez estuviera mal que la OTAN, la organización militar imperialista liderada por Estados Unidos, se expandiera a países que estaban muy cerca de Rusia, o incluso colindaban con Rusia, pero “también es cierto que el ingreso en la OTAN es exactamente lo que querían las grandes mayorías de esos países”.

Esta línea de argumentación es muy peligrosa — y encierra una norma y un criterio que dudo que las personas amantes de la justicia en realidad quieran aplicar de forma sistemática y convertir en una especie de principio general. Por ejemplo, casi a ciencia cierta es verdad que, hasta la década de 1960 (al menos), una mayoría de la gente en Estados Unidos quería que se mantuviera la segregación y la discriminación contra los negros. O, volviendo a un ejemplo histórico ya citado, es una terrible realidad que una mayoría de personas en Estados Unidos apoyó el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón en el momento en que eso ocurrió (y una cantidad exageradamente grande de personas todavía defienden eso, al igual que lo hace el gobierno de Estados Unidos, el que se ha negado a reconocer que estuvo mal). Se podrían citar muchos otros ejemplos, pero debería quedar claro que este tipo de argumento “populista” puede llevar a defender, o al menos a racionalizar, todo tipo de cosas terribles. (Esto también se relaciona con los argumentos que, en nombre del “realismo”, terminan por apoyar a este sistema capitalista-imperialista, y en particular al Partido Demócrata, que, como un representante de este sistema, ha perpetrado algunos de sus crímenes más horrendos, entre ellos los ataques con la bomba atómica a Japón. También sobre esto volveré en adelante. Pero volvamos a los argumentos citados anteriormente.)

Se hace la afirmación: “En cuanto a Yemen, no estoy lo suficientemente informado como para tener una opinión en cuanto si el papel de Estados Unidos ahí es equivalente al de Rusia en Ucrania. Lo investigaré, pero me sorprendería que lo fuera”.

Pues bien, objetivamente, no hay duda de que el papel de Estados Unidos en Yemen no es simplemente “equivalente” al papel ruso en Ucrania, pero la devastación y el sufrimiento que ha causado es muchísimo peor. En primer lugar, no como un ataque personal, sino como un comentario sobre el pésimo estado de las cosas entre las personas “progresistas” de Estados Unidos, que gustan en pensarse que se preocupan y están relativamente informadas sobre los acontecimientos mundiales de importancia, llama la atención que tantas de hecho no sepan lo que ha estado pasando, desde hace años ya, en Yemen, y el papel de Estados Unidos en ello. Si “se investiga” la situación con seriedad (y si no simplemente se confían en los mismos medios de comunicación estadounidenses que ahora están librando una ofensiva propagandística masiva para justificar las acciones de Estados Unidos en Ucrania), se encontrará que la guerra librada por Arabia Saudita en Yemen —que ha contado con el apoyo y suministro de ayuda de equipo militar pesado y de otro tipo por parte de Estados Unidos, desde la época de la administración de Obama-Biden— ha causado un sufrimiento casi increíble para el pueblo de Yemen, en particular para los niños, de los cuales masivas cantidades han muerto como resultado de las condiciones creadas por esta guerra, lo que incluye una terrible epidemia de cólera. (Además de otras fuentes, en revcom.us se puede encontrar un análisis importante de la guerra en Yemen, del horrendo sufrimiento de la gente de allá y de la responsabilidad de Estados Unidos en todo ello.)

Y luego llegamos a este argumento: “Lo siguiente es lo principal: el resultado inevitable de la política estadounidense por la que usted argumenta en el conflicto actual dejaría a los ucranianos a merced de Putin. ¿Es eso lo que quiere?”

No. Lo que quiero (y por lo que he llamado en el artículo en cuestión, y en otros también) es que las masas de personas, de “ambos lados” de este conflicto —y en el mundo en su conjunto— actúen según sus propios intereses, en contraposición a los intereses de los imperialistas de ambos bandos de este conflicto. Como argumenté fuertemente en otro artículo reciente:

 

Todo esto pone de relieve por qué es vitalmente importante que las masas de personas, en Estados Unidos, y en otros países que se alinean con él, así como en Rusia —que las masas de personas en todas partes— se despierten ya por fin y completamente, que reconozcan la realidad y la profunda importancia de lo que está en juego, y que actúen de acuerdo con nuestros verdaderos intereses — los intereses de toda la humanidad: exigiendo que SE PONGA FIN a esta guerra en Ucrania, y a la injerencia (directa e indirecta) de los imperialistas de ambos lados en esta guerra, antes de que no sólo inflija aún más sufrimiento al pueblo de Ucrania sino que posiblemente se intensifique hasta un conflicto mucho más terrible que cause masiva destrucción y muerte, a un nivel mucho mayor, e incluso posiblemente represente una amenaza a la propia existencia de la misma humanidad3.

 

¿Una guerra por la independencia nacional o una “guerra de sustitutos” entre imperialistas?

Al centro de todo esto se halla la cuestión de la verdadera naturaleza de la guerra en Ucrania ahora, y la aplicación, sí, de la ciencia a esta cuestión, en contraposición al revoltijo de ideas fuertemente influenciado por el chovinismo pro estadounidense y su tergiversación de la historia. Esto se concentra en el siguiente argumento:

Quizá Putin no sea Hitler, pero lo que él está haciendo en Ucrania me trae recuerdos. FDR tenía razón al salvar a Europa de los nazis, y yo diría que Biden tiene razón al hacer lo que pueda, sin ir al extremo de una Tercera Guerra Mundial, para salvar a Ucrania de los rusos. ¿Guerras de sustitutos o guerras de liberación nacional? ¿Por qué Ucrania es un sustituto de los imperialistas de la OTAN más de lo que el FLN y los norvietnamitas fueran un sustituto de los imperialistas rusos y chinos? La historia nos impone decisiones liosas. En mi opinión, los ucranianos están combatiendo por su país con el mismo fervor que el FLN luchó por el suyo. Por último, Bob, quisiera saber qué hay en la historia vivida del comunismo revolucionario por lo que vale la pena esforzarse ahora.

Este argumento es un verdadero “tesoro” de ideas equivocadas, fuertemente influenciadas precisamente por el chovinismo pro estadounidense anticientífico y anti-histórico (con una acre dosis de anticomunismo rancio). Responder en detalle a este argumento rebasa el ámbito de lo que es posible en este escrito, pero el contenido de lo que se argumenta aquí sí exige una respuesta. En primer lugar, en mi artículo con el que este argumento está en desacuerdo, abordé importantes razones por las que está mal comparar a Putin y sus acciones ahora con lo que hizo Hitler al entrar en la Segunda Guerra Mundial, y hacer semejante comparación abarca una importante tergiversación e ignorancia (o ignorancia deliberada) de las diferencias cruciales entre la situación de ese entonces y la de ahora. No voy a repetir todo eso aquí, aunque definitivamente cabe enfatizar una vez más lo siguiente: tanto Estados Unidos como Rusia poseen miles de armas nucleares — armas que no existían en el período que condujo a la Segunda Guerra Mundial (y durante casi toda esa guerra). Pero no puedo dejar sin comentar la afirmación de que “FDR tenía razón al salvar a Europa de los nazis”. Se tiene aquí otro llamativo “punto ciego” creado por el resplandor del chovinismo pro estadounidense.

Si vamos a poner las cosas en los términos un tanto crudos de este argumento, no fue FDR (Franklin Delano Roosevelt, el presidente de Estados Unidos durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial) quien “salvó a Europa de los nazis” — fue mucho más esa vieja bête noire de los anticomunistas de todo el mundo, José Stalin. La realidad es que fue la Unión Soviética, encabezada en aquel momento por Stalin, la que le rompió el lomo a la maquinaria de guerra NAZI y creó efectivamente un punto de viraje en la guerra que condujo a la derrota final de los NAZIs alemanes y sus aliados japoneses (e italianos). Esto es un hecho histórico (y fue el líder británico durante la guerra, Winston Churchill, por ejemplo, quien le hizo alusión, y quien reconoció que los combates decisivos contra los NAZIs se dieron en el frente oriental, donde se concentraba la gran mayoría de las fuerzas NAZIs, contra las fuerzas soviéticas, durante la parte crucial de la guerra en Europa).

El ataque de los NAZIs a la entonces socialista Unión Soviética, y la resistencia y repulsión soviética a la invasión NAZI, costaron la vida a entre 20 y 30 millones de personas en la Unión Soviética, junto con una destrucción masiva en la propia Unión Soviética. Aunque tengo mis críticas a la forma en que la dirección soviética condujo esa guerra —como la crítica importante de que se libró esencialmente sobre una base nacionalista (e incluso sobre una base de chovinismo gran ruso), en lugar de una base revolucionaria—, si adoptáramos el criterio que, erróneamente, le atribuye a FDR “salvar a Europa de los nazis”, pues la verdadera derrota de los NAZIs ciertamente debería contar entre las cosas que deberían celebrarse en “la historia vivida del comunismo revolucionario”, en este caso la Unión Soviética. (De hecho, hay mucho en esta “historia vivida” por lo que “vale la pena esforzarse ahora”, aunque, con el nuevo comunismo que he desarrollado, se ha analizado de manera crítica, como debe ser, con un método y enfoque consecuentemente científico, identificando de esta manera tanto su aspecto principal, definitivamente positivo, como su lado negativo secundario pero real, y a veces incluso grave. Abordaré este tema en mayor detalle en adelante).

Esto me lleva a un argumento esgrimido por otro crítico de mi artículo:


Sin entrar en una polémica con el Presidente Avakian, dios no lo quiera —dado que él es el teórico más grande del comunismo desde Mao Tse Tung y yo simplemente soy un humilde socialdemócrata que no confía ni remotamente en mi análisis sociopolítico como “ciencia”—, mi opinión es que él elude por completo cualquier agencialdad por parte de los ucranianos. Eso es profundamente problemático.

Dejando de lado los “ataques bajos” al principio de esta declaración, en realidad hay algo muy importante de Mao que tiene una relación definitiva con las cuestiones en contienda aquí, en particular la cuestión decisiva de cuál es la verdadera naturaleza ahora de la guerra en Ucrania.

En el transcurso de dirigir la revolución china durante varias décadas, Mao hizo importantes aportes a, sí, la teoría científica comunista, en particular su discusión de contradicción, en la sociedad y en la vida en general. Más específicamente, es muy relevante aquí el enfoque de Mao de entender la relación entre el aspecto principal de una contradicción, en oposición al aspecto secundario. El aspecto principal de una contradicción, señaló Mao, determina la esencia, o el carácter básico, de esa contradicción en un momento dado. Sin embargo, también subrayó que, dado que toda la vida está constantemente en movimiento —y cualquier cosa (o contradicción) particular está interactuando constantemente con otras cosas—, el aspecto principal de una contradicción puede cambiar, y lo que era secundario puede convertirse en principal, y viceversa. (Para ilustrar esto con un simple ejemplo de la vida cotidiana, si está nublado y está lloviendo fuertemente mientras el sol apenas comienza a “asomarse” entre las nubes, en ese momento la condición de nubosidad y lluviosidad es lo principal, mientras que la aparición del sol es secundaria; pero, si las cosas cambian de tal manera que el sol emerge por completo y la lluvia se reduce a una mera llovizna, pues ocurre que la luz del sol se ha convertido en el aspecto principal, y es muy posible que la lluvia cese por completo.)

Este entendimiento básico tiene una aplicación definitiva, y muy importante, a la guerra en Ucrania — y particularmente en respuesta a este argumento (citado anteriormente):

 ¿Guerras de sustitutos o guerras de liberación nacional? ¿Por qué Ucrania es un sustituto de los imperialistas de la OTAN más de lo que el FLN y los norvietnamitas fueran un sustituto de los imperialistas rusos y chinos? La historia nos impone decisiones liosas. En mi opinión, los ucranianos están combatiendo por su país con el mismo fervor que el FLN luchó por el suyo.

 La respuesta es que podría argumentarse que, al principio de la guerra en Ucrania, el aspecto principal, en el bando opuesto a Rusia, era la resistencia de Ucrania a la invasión rusa (en ese sentido, una guerra por la independencia nacional por parte de Ucrania), mientras que el papel de Estados Unidos-la OTAN, al suministrar armamento a Ucrania y librar una guerra económica contra Rusia mediante sanciones, era secundario en ese momento. Sin embargo, incluso desde muy temprano en esta guerra, Volodymyr Zelenski, el jefe del gobierno ucraniano, solicitó repetida e insistentemente la participación directa de Estados Unidos y sus “aliados” de la OTAN en esta guerra —mediante la imposición por parte de Estados Unidos-la OTAN de una “zona de exclusión aérea” sobre Ucrania—, lo que cambiaría y transformaría cualitativa, y rápidamente, la guerra en una guerra cuyo carácter era abrumadoramente un conflicto entre imperialistas rivales (Estados Unidos-la OTAN contra Rusia). Y, a medida que la guerra ha ido avanzando, incluso sin esa “zona de exclusión aérea”, el carácter esencial de la guerra ha cambiado a una guerra entre imperialistas. Esto se debe principalmente a que las acciones y los objetivos de los imperialistas estadounidenses (y de sus “aliados” de la OTAN) han escalado de manera importante, en particular con su armamento cada vez más masivo a Ucrania, mientras que también proporcionaba inteligencia a las fuerzas ucranianas, y así sucesivamente — todo ello con el objetivo ahora abiertamente declarado de debilitar a Rusia y su capacidad para desafiar al dominio de Estados Unidos. Como un resultado, el aspecto principal se ha convertido en una guerra entre imperialistas, en la que hasta ahora Estados Unidos-la OTAN están librando una guerra “de sustitutos” con Rusia, pero a la vez en el peligro muy concreto y creciente de que esta guerra podría convertirse en una guerra directa entre estos imperialistas opuestos, con todas las terribles consecuencias, incluso una amenaza existencial muy real para la humanidad, que esto podría implicar.

 En contraste, la guerra en Vietnam, en el bando opuesto al imperialismo, fue desde el principio, y siguió siendo durante toda esa guerra, principalmente (y en su carácter esencial) una guerra de liberación nacional: un país (Vietnam) que combatía por liberarse, primero de los imperialistas franceses que habían colonizado a Vietnam, y luego de los imperialistas estadounidenses, que pasaron de respaldar fuertemente a Francia a meterse directa y masivamente en intentar subyugar a Vietnam y a su población — una guerra que le costó la vida a dos millones de civiles vietnamitas y que se caracterizó por atrocidades estadounidenses a una escala que fueron mucho más allá de lo que Rusia ha hecho en Ucrania.

 En cuanto a la afirmación de que está mal ver a los ucranianos ahora como meros “peones” en esta guerra actual entre imperialistas, lamentablemente es cierto que en esencia sí se han convertido en “peones”. O, como Raymond Lotta ha dicho muy agudamente —en una entrevista en el episodio 99 de El Show RNL — ¡Revolución, y Nada Menos! de YouTube—, los ucranianos ahora se han convertido en “carne de cañón” para los objetivos imperialistas de Estados Unidos en la guerra en Ucrania (lo que, una vez más, amenaza con convertirse en una guerra mucho más amplia y mucho más destructiva). Esta es una razón muy importante por la que todos los que realmente se preocupan por el pueblo ucraniano, así como por la humanidad en su conjunto, deberían exigir activamente que esta guerra, y las acciones de los imperialistas de ambos bandos en esta guerra, se detengan, antes de que la destrucción y el terrible sufrimiento que implica se vuelvan mucho más grandes.

 En cuanto al carácter esencial de una guerra, lo que es decisivo no es qué tanto “fervor” lo es con el que combaten las personas envueltas en esa guerra (de uno u otro bando). (Para citar un ejemplo extremo para hacer entender la cuestión, podría decirse que, al menos durante una buena parte de la Segunda Guerra Mundial, los soldados del ejército NAZI combatían con mucho “fervor”.) Incluso si aceptáramos que “los ucranianos están combatiendo por su país con el mismo fervor que el FLN luchó por el suyo”, eso no necesariamente quiere decir que ése sea el carácter que define la guerra en la que los ucranianos ahora están envueltos. Más bien, se trata de cuál es el carácter concreto y objetivo de la guerra, tal como se determina por su aspecto principal — y que ese aspecto principal puede cambiar, y ha cambiado en la realidad concreta de la guerra en Ucrania, a una guerra principalmente entre imperialistas.

 Una vez más, en el caso de Vietnam, la ayuda suministrada a la guerra de liberación vietnamita, por parte de China y la Unión Soviética, fue un factor secundario. Y, lo que es muy importante, en aquella época China no era, muy decididamente, un país imperialista, sino, de hecho, un país socialista revolucionario, y su abnegada ayuda a Vietnam estaba al servicio del apoyo a la lucha vietnamita por la liberación nacional, como parte de la promoción de la revolución en contra del imperialismo en todo el mundo. (El capitalismo no se restauró en China sino hasta 1976, a partir de un golpe de estado por parte de los “seguidores del camino capitalista” en China poco después de la muerte de Mao. Esto se analiza en profundidad en obras mías, y en otros materiales importantes, a los que se puede acceder en revcom.us.) Y, aunque el propio Partido vietnamita ya tenía un carácter pronunciadamente contradictorio durante el período de la guerra allá —con una especie de combinación ecléctica de comunismo y nacionalismo revolucionario—, no existe comparación alguna, y es obsceno hacer cualquier comparación, entre el carácter revolucionario de ese Partido en ese momento y lo que representa ahora la clase dominante de Ucrania, que en realidad incluye a un elemento de extrema derecha, en realidad fuerzas fascistas, y que en todo caso constituye una burguesía completamente desprovista de inspiración (aunque se pudiera apoyar a su resistencia contra los imperialistas rusos — siempre y cuando esa resistencia, y no la injerencia del imperialismo de Estados Unidos-la OTAN, definiera esencialmente la oposición a la invasión rusa, lo que ya no es cierto).

 Antes de terminar esta discusión en cuanto a la diferencia entre la actual guerra en Ucrania y la guerra en Vietnam durante las décadas de 1960 y 1970, y la forma en que esto se relaciona con la naturaleza esencial de la guerra en Ucrania ahora, y con la responsabilidad de la gente en Estados Unidos respecto a esa guerra, es necesario subrayar que existe la realidad —y la muy importante diferencia— de que la clase dominante de Estados Unidos libraba la guerra imperialista en Vietnam, mientras que uno de los principales rivales de esta clase dominante de Estados Unidos está llevando a cabo la invasión a Ucrania. Para la gente en Rusia, su responsabilidad es principalmente oponerse a su propia clase dominante en esta guerra; mientras que, para la gente en Estados Unidos (y en los países “alineados” de la OTAN), la responsabilidad es al contrario: oponerse a propósito a los objetivos y acciones de “sus propios” imperialistas en esta guerra, mientras que también se oponen a la agresión rusa. O, como he dicho anteriormente:


Por supuesto, este acto de agresión imperialista de parte de Rusia merece condena. Pero especialmente para personas que viven en Estados Unidos —que ostenta, cabe repetir, el récord para semejantes actos de agresión, con mucho— es cuestión de principio básico y de importancia profunda no hacerse eco a las posiciones ni servir a los objetivos de “nuestros” imperialistas, sino que al contrario poner muy en claro nuestra oposición a los objetivos y las acciones de estos imperialistas (estadounidenses), que están utilizando la oposición a la invasión rusa a Ucrania —no para promover “la paz” o “el derecho de las naciones a la autodeterminación”—, sino como un mecanismo para promover los intereses del imperialismo estadounidense, en oposición a los imperialistas rusos rivales. Por lo tanto, de acuerdo con este principio crucial, toda oposición a la invasión rusa a Ucrania, especialmente de parte de personas en este país imperialista, debe incluir una posición clara y definida de también oponerse al papel de Estados Unidos en el mundo, incluidas las guerras que éste libra a continuo, y a las otras formas en que interviene violentamente en otros países4.

Aquí también es necesario responder a la afirmación, por parte de uno de los críticos de mi artículo, de que el artículo sólo contiene una mención mínima de las acciones de Putin contra el pueblo ucraniano (“Las acciones de Putin contra los ucranianos no se mencionan casi en absoluto, excepto con un poco de carraspeo”). Suponiendo que no se trate de una lectura errónea deliberada de mi artículo, se trata de un ejemplo más de estar cegado por el chovinismo pro estadounidense, sea que fuera consciente o inconsciente. En este artículo (y en varios otros), mi oposición a la agresión rusa es muy clara — y mi énfasis en que el sufrimiento del pueblo en Yemen es incluso mucho peor que lo que sufre el pueblo en Ucrania no es una forma de negar el terrible sufrimiento al que esta guerra está sometiendo al pueblo en Ucrania, sino de enfatizar la total hipocresía por parte de los imperialistas de Estados Unidos (y de aquellos que les hacen eco) en presentar las atrocidades rusas en Ucrania como una suerte de crímenes de guerra “sin precedente”, a la vez que estos imperialistas estadounidenses son culpables de ser responsables de atrocidades incluso mucho peores, como se evidencia en Yemen. Y es cierto que pongo mucho énfasis en oponerse a la forma en que la clase dominante imperialista de Estados Unidos está aprovechando la agresión rusa en Ucrania, y el sufrimiento del pueblo ahí, a fin de promover sus propios objetivos imperialistas — lo que es exactamente lo que alguien debería hacer en una situación como ésta: poner énfasis en oponerse a los objetivos y acciones imperialistas de “su propia” clase dominante imperialista. Además, el artículo mío al que se critica supuestamente por ser “blando” con lo que Rusia está haciendo en Ucrania contiene una sección, “Los verdaderos objetivos de Putin y el imperialismo ruso”, la que examina esos objetivos con cierto detalle, precisamente con el análisis y la caracterización de ellos como los objetivos y las acciones del imperialismo ruso (¡y no hace falta decir que considero al imperialismo como un fenómeno muy negativo, no de alguna manera “positivo” o “neutral”!). 

Por último, sobre el tema de la guerra en Ucrania, y simplemente para aclarar algo en torno a lo cual podría haber confusión (o tergiversación deliberada): en el artículo en cuestión, no dije que no hay base para creer que Putin podría invadir a otros países. Más bien dije —y ésta es una distinción muy crucial— que no hay evidencia que respalde la afirmación de que Putin tiene la intención de invadir, o atacar, a otros países de la OTAN (algo que, como subrayé en ese artículo, “detonaría” una respuesta militar inmediata por parte de Estados Unidos). Esto era parte de un análisis de que ambas partes en este conflicto —es decir, tanto el imperialismo ruso como el bloque imperialista de Estados Unidos-la OTAN— están tratando de alcanzar sus objetivos sin entrar en un enfrentamiento militar directo con su adversario imperialista. Pero, como también señalé, existe la muy peligrosa realidad de que las dinámicas de esta guerra de hecho podrían conducir a un enfrentamiento militar directo entre Rusia y Estados Unidos-la OTAN:


Sin embargo, independientemente de las intenciones, tal como se ha demostrado una y otra vez, los acontecimientos —especialmente las dinámicas de la propia guerra, una vez lanzada— pueden “rebasar las intenciones” y llevar a circunstancias y consecuencias que ninguna de las partes quería o esperaba al principio. En la situación actual, con la guerra en Ucrania, hay un peligro muy real de que semejante “dinámica” podría “apoderarse” y llevar a consecuencias verdaderamente terribles — a la posibilidad muy real de una guerra entre Estados Unidos-la OTAN y Rusia, con el uso de armas nucleares lo que podría conllevar una amenaza muy real a la civilización humana en su conjunto5.

 

La “realidad vivida” concreta, principalmente muy positiva, del comunismo revolucionario

Dado que se hizo esta pregunta agudamente, en una de las respuestas a mi artículo, es necesario responderle directamente: “Por último, Bob, quisiera saber qué hay en la historia vivida del comunismo revolucionario por lo que vale la pena esforzarse ahora”.

Por supuesto, como indiqué al principio, no es posible examinar aquí está pregunta con la extensión y la profundidad necesarias para responder a todas las mentiras, calumnias y tergiversaciones las que los instrumentos de propaganda de este sistema capitalista-imperialista y sus cómplices intelectuales han vomitado, y siguen vomitando, y las que una cantidad exageradamente grande de personas se han tragado acríticamente, y a menudo se han regurgitado, quienes deberían tener mejor criterio (y quizás alguna vez lo tuvieran). Con eso en mente, y sin dejar de mencionar solamente algunas de las hazañas más destacadas de la “realidad vivida del comunismo revolucionario” (y sin dejar de señalar la importancia de una evaluación científica no sólo de su experiencia principalmente positiva, sino también de sus deficiencias y errores reales, algunos de ellos muy serios y en algunos casos incluso graves), remitiré a cualquiera que busque auténticamente una respuesta adicional, seria y sustantiva a esta cuestión al sitio web revcom.us, y en particular al número especial que puede encontrarse ahí: No sabes lo que crees que “sabes” sobre… La revolución comunista y el VERDADERO camino a la emancipación: Su historia y nuestro futuro, Una entrevista a Raymond Lotta.

Pero, brevemente, con respecto a la Unión Soviética (el primer estado socialista del mundo, creado por la Revolución Rusa de 1917), durante su primer período, hasta principios de la década de 1930, se dieron tremendas transformaciones liberadoras, liberando a las masas de personas de los elementos que quedaban de la opresión feudal y de la ignorancia y superstición impuestas, particularmente en el vasto campo, mientras que al mismo tiempo tomaban medidas para eliminar la explotación capitalista centrada en las ciudades. Un ejemplo destacado de ello fue la emancipación de las mujeres de la opresión patriarcal brutal y asfixiante, de maneras que no tenían precedentes en aquella época. Y todo ello fue acompañado de un florecimiento de la creatividad y el contenido revolucionario en el ámbito del arte y la cultura.

Es cierto que, incluso durante este período, desde la época de la Revolución Rusa en 1917 hasta principios de los años 1930, se cometieron errores, incluidos algunos errores serios — lo que no es de extrañar, dado que se trataba del primer intento de transformación socialista de una sociedad, en el contexto de una amarga oposición de las fuerzas reaccionarias que quedaban en la propia Unión Soviética en sí y del cerco antagónico de parte de poderosos países imperialistas. Y, particularmente después de los primeros años de la década de 1930, muchas de las iniciales transformaciones inspiradoras y expresiones de entusiasmo revolucionario, en muchas esferas diferentes de la sociedad soviética, fueron socavadas, o incluso revocadas, y una cierta atmósfera asfixiante, en política y cultura, comenzó a echar raíces a un importante grado. Un importante punto de viraje en relación con todo esto fue el triunfo del fascismo en Alemania a principios de la década de 1930, con el aplastamiento del Partido Comunista en ese país, que había constituido la oposición directa más poderosa a los NAZIs y fue el primer blanco de la represión y del asesinato masivos y concentrados por parte del régimen NAZI. Especialmente ante la amenaza de invasión directa de parte del régimen NAZI alemán, y en los preparativos y maniobras del gobierno soviético para hacer frente a esta creciente amenaza a lo largo de la segunda mitad de la década de 1930, Stalin y la dirección soviética cometieron errores y violaciones serios de los principios comunistas, lo que abarcó una campaña de severa represión contra las personas que ellos percibían y denunciaban como enemigos, muchas de las cuales en realidad no lo eran. Y luego se dio la invasión NAZI en 1941, con la terrible destrucción y masiva pérdida de vida en la Unión Soviética (el número de civiles y soldados soviéticos que murieron en esa guerra fue aproximadamente 50 veces mayor que el de las muertes de Estados Unidos).

Tras esa guerra, el socialismo en la Unión Soviética pendía, en efecto, de un hilo — un hilo que Nikita Jrushchov y otros dirigentes de la Unión Soviética cortaron a mediados de la década de 1950, lo que puso a la Unión Soviética en el camino de la restauración del capitalismo.

Como debería ser obvio incluso en lo que sólo he podido tocar aquí, ésta es una historia muy compleja (y, de nuevo, para leer una discusión más completa de este tema, remito a la gente al número especial que he mencionado), pero no hay duda de que una evaluación honesta y científica de esta experiencia en la Unión Soviética, cuando era socialista, lleva a la conclusión de que, incluso con los errores serios que se cometieron —y aunque es necesario, y posible, hacerlo aún mejor en la revolución comunista, de cara al futuro—, sin duda tuvo mucho de positivo la “experiencia vivida” de ese primer estado socialista “por lo que vale la pena esforzarse ahora”.

Y eso es aún más cierto —y es cierto en una dimensión mucho más amplia— con la experiencia de la China socialista, durante su existencia demasiado corta, de 1949 a 1976. Llama la atención que esta pregunta, sobre lo que “vale la pena esforzarse ahora” en la “experiencia vivida” del comunismo revolucionario, provenga de alguien (un veterano de la SDS) que vivió durante el período de tremendo auge de lucha revolucionaria en el mundo, durante los años 1960 y la primera mitad de los 1970, en el que la experiencia revolucionaria en China fue el ejemplo más destacado e inspirador. ¿Usted, que ha planteado esta “cuestión”, ha olvidado (o de alguna manera no notó en su momento) las transformaciones tremendamente liberadoras que se llevaron a cabo, en pocas décadas, en la China socialista, las que alcanzaron su punto álgido en la Revolución Cultural en ese país?

¿Usted no es consciente del modo en que la revolución china, y las transformaciones socialistas que realizó, liberaron a cientos de millones de campesinos chinos de la indeciblemente amarga explotación feudal y penurias, incluidas situaciones en las que las familias fueron obligadas a vender a sus propios hijos, especialmente a sus hijas, en un intento desesperado por sobrevivir?

¿No se dio cuenta de la manera en que se puso fin a las terribles enfermedades, y a la adicción masiva al opio, mediante campañas con la participación de masas de personas en lucha consciente por superar estos flagelos de modo que contribuyeran a la transformación revolucionaria de la sociedad en su conjunto?

¿De alguna manera no se enteró, o ignoró, que estas transformaciones liberadoras liberaron especialmente a las mujeres de siglos, incluso milenios, de terrible opresión, incluida la degradación de la prostitución, la cual fue eliminada como fenómeno social importante en la China socialista (pero que ha reaparecido como fenómeno social importante desde que se ha restaurado el capitalismo en China)?

¿No se enteró de que la esperanza de vida se duplicó en China durante los años socialistas (de una media de 32 años a 65) y de que la tasa de mortalidad infantil en la gran ciudad de Shanghái era en ese entonces menor a la de Nueva York?

¿Ha olvidado (o de alguna manera no notó) la cultura revolucionaria que se creó por medio de la Revolución Cultural en China, incluidos los ballets revolucionarios en los que las mujeres, por primera vez en la historia, desempeñaron un papel principal en producciones de alto valor artístico y contenido revolucionario inspirador?

¿Ha olvidado (o de alguna manera no notó) las transformaciones radicales en la economía de la China socialista, en particular por medio de la Revolución Cultural, donde los aspectos que quedaban de la gestión y explotación capitalista fueron abolidos, y reemplazados por nuevas formas de relaciones socialistas emancipadoras — tal como se concentraban en el lema y el enfoque de “empeñarse en la revolución, promover la producción”, que dirigía el desarrollo de una economía socialista planificada, orientada a satisfacer las necesidades de las masas de personas, y a apoyar la revolución mundial, en lugar de basarse en el trabajo enajenante, en condiciones de cruel explotación, al servicio del implacable afán de ganancias de los capitalistas en competencia?

¿De alguna manera se le pasó por alto el hecho de que la Revolución Cultural en China abarcó el mayor florecimiento de una verdadera democracia de masas en la historia de la humanidad? Esto abarcó literalmente a cientos de millones de personas, con un gran número de jóvenes especialmente, pero también otros, quienes crearon “carteles de grandes caracteres” y otras formas de expresión de masas que criticaban a los funcionarios y las políticas del gobierno que estaban promoviendo la explotación capitalista y las relaciones sociales opresivas. Se trataba de un proceso de debate de masas y de lucha ideológica sobre cuestiones relativas a la transformación revolucionaria, en China y en el mundo en general. Y la dirección revolucionaria, encabezada por Mao, le dio su apoyo a esta efusión de participación de masas. Sí, esto incluyó algunos excesos. ¿Cuándo se haya dado un estallido revolucionario verdaderamente masivo que no contenga algunos excesos? Pero los portavoces de los imperialistas y otros que odiaban y se oponían a este levantamiento revolucionario han exagerado mucho estos excesos (y otros “excesos” que han inventado). Y el hecho es que Mao criticó y dio lineamientos concretos para oponerse a estos excesos y dirigir la lucha hacia sus objetivos principales: llevar a cabo más transformaciones revolucionarias en la economía, las estructuras políticas, las relaciones sociales y la ideología y la cultura, y vencer los intentos, por parte de personas en posiciones de autoridad, de restaurar el capitalismo.

Al parecer, usted está enterado de la ayuda que China le dio al pueblo vietnamita en su guerra de liberación contra el imperialismo estadounidense — aunque usted la calumnia como un acto de imperialismo, en lugar de un acto inspirador y abnegado de internacionalismo revolucionario.

Yo podría continuar — pero la cuestión debería estar clara.

Sí, una vez más, se cometieron errores, y se dieron deficiencias en la orientación y método, así como en las acciones prácticas, de la dirección; pero no hay duda de que un análisis objetivo y científico lleva a la conclusión de que esta “experiencia vivida” fue definitivamente, y de forma abrumadora, muy positiva, en términos históricos. Y la cuestión es que, al abordar esto con una orientación y método científico, ha sido posible extraer lecciones cruciales de esta experiencia abrumadoramente positiva, pero también de sus aspectos negativos, y esto ha resultado en una nueva síntesis del comunismo (popularmente llamada el nuevo comunismo) que posibilita que la lucha por la emancipación de la humanidad avance sobre una base aún más sólida y tenga la base para hacerlo aún mejor en la lucha por el objetivo del comunismo a fin de plasmar esa emancipación.

 

La política de lo “posible” ES la política de la monstruosidad

Por último, es importante responder a lo siguiente, de uno de los desacuerdos suscitados por mi artículo:

A decir verdad, odio al maldito Partido Demócrata, pero es la única formación electoral utilizable que existe en Estados Unidos para una política nacional seria desde mi perspectiva socialdemócrata pragmática. Y aunque ciertamente no es mi único enfoque organizativo, es crítica la política electoral en el terreno existente, especialmente para los más vulnerables y los que no están envueltos en los debates intelectuales sobre teorías. Cualquier cosa de la izquierda más grandiosa y desconectada de las contiendas por el poder realmente existentes entre coaliciones amplias y complicadas da a entender una primacía de la fe religiosa doctrinal ante la que reacciono con la misma indiferencia que tengo hacia los Testigos de Jehová.

La única parte de esta declaración con la que es posible unirse, por parte de cualquiera que busque con seriedad una sociedad y un mundo más justos, es el sentimiento expresado al principio: “A decir verdad, odio al maldito Partido Demócrata”.

Como también se ha demostrado ampliamente en un extenso material en revcom.us, el Partido Demócrata —como uno de los dos partidos gobernantes de los imperialistas capitalistas estadounidenses— es, y siempre ha sido, un instrumento de repetidos, masivos y monstruosos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, al día de hoy. Especialmente para alguien que declara que realmente odia al Partido Demócrata —y en este caso sólo se puede suponer que esto tiene que ver con su papel en la promulgación y aplicación de injusticias de muchos tipos—, insistir luego en que el Partido Demócrata es, de alguna manera, el único vehículo práctico para un supuesto cambio positivo, requiere ignorar deliberadamente el verdadero papel del Partido Demócrata y los terribles crímenes de los que ha sido repetidamente culpable. En lo más fundamental, se trata de reducir las aspiraciones y reducir la visión a los términos verdaderamente nefandos de este sistema, e insistir en que la actividad política permanezca dentro de los límites de este sistema — todo ello en nombre del “realismo”. Esto ilustra a la perfección mi declaración de que la política de lo “posible” es la política de la monstruosidad. Y también subraya la verdad de mi declaración “acompañante” de que si se procura convertir al Partido Demócrata en algo que no es y nunca será, uno termina por convertirse en lo que el Partido Demócrata en realidad es. Y hay que decir que, particularmente para cualquiera que conozca al menos parte de la verdad sobre los crímenes cometidos por el Partido Demócrata al presidir este sistema del capitalismo-imperialismo, insistir sobre esa base en que es necesario trabajar con el Partido Demócrata y por medio de él a fin de efectuar algún tipo de cambio que supuestamente tenga sentido — es volverse cómplice de los crímenes verdaderamente monstruosos de este sistema.

Claro que puedo identificarme con el espíritu de la siguiente crítica a una buena parte de la llamada “izquierda” — y esto debería aplicarse también al “fenómeno concienciado”: 


Llevo más de 50 años viviendo en el Área de la Bahía de San Francisco y he llegado a odiar las pretenciosas necedades “progresistas” del rumbo. La “izquierda” progresista de alto perfil tiene una base en el mundo de las fundaciones-el ala liberal de la clase dominante. Mantiene a flote a las organizaciones y a cierta marca de “liderazgo” sin importar lo incompetentes que sean.

Pero la respuesta a esas falsas necedades de la “izquierda” y de los “concienciados” no es caer en otra variante de lo que Lenin describió muy acertadamente como “los esfuerzos por cobijarse bajo el ala de la burguesía”, en particular su ala “liberal”, representada por el Partido Demócrata.

Y, en cuanto a la declaración de que todo lo que está “desconectado de las contiendas por el poder realmente existentes” dentro de este sistema es de alguna manera irrelevante — pues, esa declaración no sólo es otra expresión de la realidad de que la política de lo “posible” es la política de la monstruosidad, sino que es una expresión gráfica de la ruindad total de este supuesto enfoque “realista” de la política.

Recordemos que se está pronunciando esta declaración ahora, en una situación en la que este sistema del capitalismo-imperialismo, y la rivalidad entre las potencias imperialistas, no sólo está causando un tremendo sufrimiento para las masas de la humanidad, sino que está presentando definitivamente, y cada vez más, una amenaza existencial para la humanidad, por medio de su acelerada destrucción del medio ambiente y el aumento del peligro de una guerra entre los imperialistas de Rusia y los imperialistas del bloque Estados Unidos-la OTAN. En este caso, en oposición a afirmar de manera desdeñosa que cualquier política que no confíe en última instancia y en lo fundamental en el Partido Demócrata (y en el sistema al que sirve) está tan desconectada de la realidad como los Testigos de Jehová, la verdad es que es muy poco realista, y definitivamente está desconectado de la realidad, pensar que trabajar dentro de este sistema puede conducir de alguna manera a que se convierta en una fuerza para el bien en el mundo, una fuerza que actúe al servicio de los intereses de las masas de personas, no sólo en Estados Unidos, sino en el vasto mundo fuera de él, incluidos los miles de millones de personas en el tercer mundo (América Latina, África, Asia y el Medio Oriente) que son explotadas y saqueadas sin piedad por este autoproclamado “paladín de la democracia”, pero que en realidad es el Estados Unidos imperialista parásito.

¿Cuál es, después de todo, el enfoque del Partido Demócrata, encabezado por Biden? Es poner un énfasis abrumador en dejar estropeado al imperialismo ruso rival, y fortalecer la alianza imperialista “occidental”, mediante la guerra, librada al menos por ahora como una guerra “de sustitutos” que, sí, está reduciendo al pueblo de Ucrania a “peones” y “carne de cañón” y que está presentando cada vez más el peligro de una escalada hacia una guerra directa entre Estados Unidos-la OTAN y Rusia, con las terribles consecuencias correspondientes.

Y, a pesar de las audiencias del Congreso sobre el intento de golpe de estado de Trump-los republicanos en relación con las últimas elecciones presidenciales, los demócratas —y en particular Biden y la dirigencia del Partido Demócrata— no sólo no están oponiéndose, sino que, de hecho, están negándose a oponerse con seriedad, a la escalada de acciones fascistas del Partido Republicano. Aparentemente, la “estrategia” de Biden (si es que tiene alguna) para oponerse a este fascismo y “superar las divisiones en el país” es unir a la gente en torno a sus propósitos imperialistas con la guerra en Ucrania — algo que, por desgracia, ha logrado sus objetivos en una medida muy grande, al menos hasta ahora. Y, aunque en su mayor parte los políticos del Partido Republicano fascista están perfectamente contentos con apoyar los objetivos imperialistas de Estados Unidos en la guerra en Ucrania, esto para nada ha estado acompañado de una disminución de su ofensiva fascista agresiva — la que, por el contrario, se está intensificando y acelerando repetidamente, en muchas dimensiones.

Si la gente, como los antiguos miembros de la SDS que expresan estos desacuerdos con lo que he analizado sobre la guerra en Ucrania, quiere librar una lucha contra una amenaza muy real, y la que se está intensificando a continuo, del fascismo, no necesitan ver más allá de su propio país. Y si realmente quieren crear una sociedad y un mundo más justos, tienen que ir más a fondo, a la naturaleza fundamental de este sistema del capitalismo-imperialismo y el terrible presente, y el futuro aún más horrendo, que supone y presagia para la humanidad — y llegar a ser parte de lo que es, sí, la lucha revolucionaria muy difícil pero urgentemente necesaria, y posible, contra todo imperialismo, con un énfasis especial en oponerse a “su propia” clase dominante imperialista, y con el objetivo fundamental de por fin deshacerse de este sistema a favor de la humanidad en su conjunto, y crear algo mucho mejor: un sistema socialista, con el objetivo final de un mundo comunista, libre de toda explotación y opresión, de todas las guerras y otros conflictos antagónicos entre las personas.

En esta conexión, me veo impelido a discrepar fuertemente con lo siguiente, que figura en uno de los argumentos suscitados por el artículo mío en cuestión:

El Presidente Bob y yo estábamos en la escuela secundaria en aquella época y me atrevo a decir que ninguno de nosotros ha desarrollado una estrategia política más coherente o utilizable que la de [Martin Luther] King. No tengo ningún problema en admitirlo — a pesar de lo desagradable que tiende a ser asociarse con los demócratas del establecimiento.

Permítanme poner muy en claro que estoy agudamente consciente de los retos grandes y verdaderamente formidables a los que hay que hacer frente si uno se toma en serio la posibilidad de llevar a cabo un cambio que realmente aborde las injusticias profundas y los peligros muy reales en el mundo tal y como está hoy (y tal y como está amenazando con volverse). Y definitivamente comparto las frustraciones que cualquier persona que busque con sinceridad hacer nacer un mundo más justo no puede dejar de sentir ante los obstáculos aparentemente intratables que uno encuentra al trabajar para hacer que nazca — lo que incluye, cabe decir, la resistencia de entre aquellos que definitivamente, y de entre muchos que desesperadamente, necesitan este cambio radical. Es precisamente por estas razones por las que he seguido dedicándome a forjar, y dirigir un esfuerzo colectivo por seguir desarrollando y aplicando precisamente un enfoque que pueda hacer frente a los problemas muy reales y en concreto superar las fuerzas extremadamente poderosas que están desplegadas en oposición al cambio radical emancipador, y el que se necesita con urgencia.

Y la verdad es que, por medio de este proceso y como resultado de un trabajo decidido que abarca muchas décadas (¡si es que no se remonta tanto a la escuela secundaria!), he desarrollado una orientación y enfoque estratégico que no consta en pedir apoyo a los políticos de la clase dominante ni en tratar de obtener concesiones reformistas de ellos (tal como hizo Martin Luther King en relación con el entonces presidente Lyndon Johnson), lo que en el mejor de los casos puede aliviar temporalmente algunas de las atrocidades de este sistema, pero nunca puede poner fin a estas atrocidades, ni puede arrancar de raíz la base para ellas. En cambio, he desarrollado el enfoque que es realmente necesario para abolir todo esto: una estrategia sobre la manera de hacer una revolución real —sí en contra de la poderosa clase dominante de este sistema— así como un marco, y lineamientos concretos, para un sistema socialista emancipador y radicalmente nuevo, en el camino hacia un mundo comunista.

Se aborda esta estrategia en varios discursos y escritos míos, siendo el más reciente y extenso “Algo terrible, o algo verdaderamente emancipador”6. (Esta obra fue escrita antes de la invasión rusa a Ucrania, pero contiene un análisis esencial y una orientación estratégica en términos de realmente hacer una revolución en este país poderoso, y los principios y métodos básicos los que aborda son de aplicación definitiva a la situación actual, tras esta invasión rusa y los acontecimientos que se han desenvuelto en relación con ella.) Y una visión panorámica y un plano concreto para una sociedad radicalmente nueva y emancipadora están contenidos en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de mi autoría7.

Es este enfoque revolucionario el que, con todos los desafíos muy reales y profundos, representa la única alternativa “realista” al presente verdaderamente terrible y al futuro potencialmente desastroso que será el destino de la humanidad, mientras esté encerrada y encadenada dentro de las realidades y las dinámicas de este sistema del capitalismo-imperialismo. Es esta “alternativa” revolucionaria verdaderamente emancipadora la que necesita explorar con seriedad todo aquel que realmente se preocupe por el estado y el destino de la humanidad — y la que necesitan hacer suya todos aquellos que puedan reconocer que representa la única posibilidad real, y “realista”, de hacer nacer algo fundamentalmente diferente y mucho mejor.

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Nota de la redacción: Junto con el número especial No sabes lo que crees que “sabes” sobre… La revolución comunista y el VERDADERO camino a la emancipación: Su historia y nuestro futuro, Una entrevista a Raymond Lotta, los siguientes artículos y otras obras de Bob Avakian, citados anteriormente, también están disponibles en revcom.us.

1. Ucrania: Una Tercera Guerra Mundial es el verdadero peligro, y no una repetición de la Segunda Guerra Mundial.

2. “Gánsteres legítimos” — Gánsteres con armas nucleares (Versión larga — el panorama más completoVersión corta — La verdad básica).

3. Una tercera guerra mundial e idioteces peligrosas.

4. Parasitismo imperialista y “democracia”: Por qué tantos liberales y progresistas son sin vergüenzas partidarios de “su” imperialismo.

5. Ucrania: Una Tercera Guerra Mundial es el verdadero peligro, y no una repetición de la Segunda Guerra Mundial.

6. Algo terrible, o algo verdaderamente emancipador: Crisis profunda, divisiones crecientes, la inminente posibilidad de una guerra civil — y la revolución que se necesita con urgencia, Una base necesaria, una hoja de ruta básica para esta revolución.

7. Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte.

CREACIÓN HEROICA