César
Vallejo: Dialéctico Marxista
Julio
Carmona
Uno de los libros que César
Vallejo (CV, en adelante) no pudo publicar en vida es El Arte y la
revolución. A él solía referirse —según Georgette Vallejo— como su «libro
de pensamientos». Es un texto en el que su pensamiento está imbuido de la
ideología marxista, en el que trata temas del arte y la literatura, y la
vinculación de estas disciplinas con la revolución, aparte de plantear sus
puntos de vista sobre el arte en general, el mismo que no deja de estar
influido por la política, pero no es una política necesaria o directamente
ligada a la revolución. Vale decir que si, en el pensamiento de CV, algo había que
estaba desterrado, casi como profilaxis, era el dogmatismo. Eso no quiere decir
que fuera un heterodoxo del marxismo. El marxismo no es un dogma. Es un guía
para la acción. Y lo que el marxismo exige para ser considerado un ortodoxo
dentro de él: es su línea de principios. Y eso se constata en el trabajo de CV
cuando se percibe en él la confrontación dialéctica de contrarios. Lo cual se
ve que no deja de manejarla en el ámbito artístico tanto como acción, como
pensamiento. El siguiente texto —que pongo como ejemplo— es prueba de ello,
aunque es una idea que figura como apéndice de EAR, en tanto son —afirma Georgette Vallejo— «anotaciones afines a
su temática que figuran en las libretas de apuntes del autor». En el texto
aludido dice:
Hay la revolución en literatura (que no es
necesariamente revolución en política: Proust, Giradoux, Morand, Stravinsky,
Picasso1) [a] y hay la revolución en literatura (que es
necesariamente revolución en política: Prokofiev, Barbuse, Diego Rivera) [b]. Esta última revolución es de temas y, a veces, va
acompañada de técnica. La primera es de técnica y, a veces, va
acompañada de temas. [c] En Rusia solo se
tiene en cuenta o, al menos, se prefiere, la revolución temática. En París, la
revolución técnica. [d] He aquí toda la diferencia entre revolucionarios y
reaccionarios, entre vanguardistas y retaguardistas, etc. [e] (1973, El arte y la revolución: 141).
A continuación, voy a
«desgranar» las partes que he destacado con una letra entre corchetes.
a)
Esta
propuesta de «revolución en literatura que no es revolución en política» está
de acuerdo con la propia «teoría del compromiso2» de CV, para quien
la unidad de la conciencia humana es indivisible3; por lo tanto, no
cabe la posibilidad de que haya un escritor que pueda sustraer de su obra su
concepción política; por ejemplo, ya en 1925 (cuando CV aun no era marxista)
escribía: «Los literatos obran en la política internacional y en forma
traumática» (B-1987: 51). Y, dos años después (1927), escribe:
El artista es inevitablemente un sujeto político.
Su neutralidad, su carencia de sensibilidad política, probaría chatura
espiritual, mediocridad humana»; [sin embargo, ahí mismo aclara que] la
política en él no es la del uso «doméstico», de propagandista o catecúmeno (op
cit.: 253).
Obsérvese que en las dos citas precedente el mismo CV está haciendo una
referencia a sí mismo, cuando —como vengo diciendo— él aun no era marxista.
Pero, ya en 1934, cuando ha llevado esa visión —todavía— idealista del artista,
a un nivel ya materialista, llega a esta visión concluyente:
Hasta la metafísica y la filosofía a base de
fórmulas algebraicas, de puras categorías lógicas, sirven, subconscientemente,
a intereses y necesidades concretas, aunque «refoulés»4 del
filósofo, relativas a su clase social, a su individuo o a la humanidad. Lo
mismo acontece a los demás intelectuales y artistas llamados «puros». La poesía
«pura» de Paul Valéry, la pintura «pura» de Gris, la música «pura» de
Schoenberg, —bajo un aparente alejamiento de los intereses, realidades y formas
concretas de la vida— sirven, en el fondo, y subconscientemente, a estas
realidades, a tales intereses y a cuáles formas (Op. cit.: 12).
Más adelante, en esta misma obra va más allá de quienes todo lo reducen a
lo económico, y dice:
No hay que engañar a la gente diciendo que lo único
que hay en la obra de arte es lo económico. No. Hay que decir claramente que ese
contenido de la obra es múltiple —económico, moral, sentimental, etc.— pero
que en estos momentos es menester insistir sobre todo en lo económico, —porque
ahí reside la solución total del problema de la humanidad (op. cit: 150-151).
O sea que (volviendo a la alerta «a» de la cita) al referirse CV a quienes
hacen «revolución en la literatura que no es revolución política», no está
diciendo que no haya política en su obra, sino que su política no es
revolucionaria, no es proletaria, no es bolchevique (expresión esta última en
la que ‘en esos momentos también era menester insistir’). Pero eso no quita que
a ese escritor se le dé el merecido reconocimiento por su aporte revolucionario
en materia artística, es decir, solo en lo formal (y es lo que ha ocurrido con
la misma obra de CV, especialmente en algunos poemas de sus primeros libros).5
Los cinco artistas mencionados en el texto aquí comentado6 (Proust,
Giradoux, Morand, Stravinsky, Picasso: literatos los tres primeros, músico y
pintor los dos últimos, respectivamente), en efecto eran exponentes de la
revolución técnica que dominaba en el arte de esos momentos, y en sus obras no
se percibía la intención de expresar una confrontación política con el sistema
imperante. En sus obras se puede detectar su filiación política que no es
revolucionaria, aunque técnicamente sí lo sean.
b)
Contrariamente,
en las obras de los siguientes tres artistas referidos (Prokofiev, Barbuse,
Diego Rivera: músico, literato y pintor, en ese orden) sí se percibe una
identificación con la causa de los pueblos por construir una nueva sociedad
opuesta al capitalismo. En este punto CV aclara que, contrariamente a los
anteriores, hay artistas que hacen ‘revolución en arte y que asimismo hacen
revolución en política’, porque no solo están contribuyendo al enriquecimiento
del arte en sí en su nivel formal, sino que además lo están cargando con un
mensaje político, para enriquecer la conciencia de la humanidad (y es el mismo
caso de CV, especialmente en la mayor parte de los poemas de sus últimos
libros).
c)
En esta
parte de la cita: «Esta última revolución es de temas y, a veces, va acompañada
de técnica. La primera es de técnica y, a veces, va acompañada de temas», CV
hace la síntesis clasificatoria que identifica a la primera como una
«revolución de técnica» y a la segunda como una «revolución de temas», lo que
podría equipararse a la confrontación del tópico forma/fondo, que después
derivaría en lo puro y lo social. Una oposición dialéctica que en esa época
(los años treinta) tenía su razón de ser, debida a la insurgencia de esa nueva
sociedad que se forjaba en la Rusia zarista con el nombre de Unión Soviética.
Aquí, a propósito del punto precedente, aclara que en el trabajo artístico se
ha incidido más en el nivel temático,
es decir, en el contenido. Pero,
obviamente, si es la obra de un verdadero poeta, no puede dejar de ir
acompañada de técnica, aunque a veces no ocurra así, mas no por eso se
devaluará esa obra si es que ha cumplido con su objetivo de usar un mínimo de
técnica artística para cumplir con su rol estrictamente revolucionario. Creo
pertinente precisar que esto ocurre no solo en el trabajo literario y
artístico, sino también en la prosa reflexiva (que también es verificable en lo
que a CV compete), y que puede ilustrarse con una observación hecha por el
teórico marxista alemán Karl Korsch a propósito de El Capital de Karl Marx. Dice Korsch:
… sería extremadamente precipitado desechar sin
sustituirlo, por ser mero artificio, todo el método dialéctico marxista, tal
como se lo emplea en El Capital y cómo determina toda su estructura, a
causa de estas incomodidades que a primera vista parecen superfluas, y plantear
—como una vez lo hizo Trotski— la herética pregunta de si en última instancia
no hubiese sido mejor que «no hubiese sido el doctor en filosofía Marx, de
cultura universal, el creador de la teoría de la plusvalía, sino el tornero
Bebel quien ascéticamente ahorrativo en su vida y en su pensamiento, con su
razonamiento tan afilado como un cuchillo, la hubiese formulado de una manera
más popular, sencilla y unilateral». La verdadera diferencia entre el método
dialéctico de El Capital y los demás métodos predominantes en las
ciencias económicas en tiempos de Marx, y en lo esencial y sin alteraciones
hasta el día de hoy, no reside en modo alguno, como parece presuponerlo la
interrogación anterior, sólo o principalmente en el terreno de la forma
científica (o artística) del desarrollo y exposición de las ideas. Por el
contrario, el método dialéctico empleado por Marx en El Capital resulta
máximamente adecuado también por su contenido para una ciencia que no apunta,
en su tendencia, a la conservación y ulterior desarrollo, sino al
soterramiento, por la lucha y la subversión revolucionaria del orden económico
y social capitalista actual»7.
d)
Y, en
esta parte de la cita: «En Rusia solo se tiene en cuenta o, al menos, se
prefiere, la revolución temática. En París, la revolución técnica.» Y es aquí
que el CV dialéctico, en el acontecimiento real, inmediato, que está ocurriendo
en Rusia ‘se tenía en cuenta o se prefería a la revolución temática’, mientras
en París (centro cultural del capitalismo) tenía predominio la ‘revolución
técnica’. Pero vistas las cosas dialécticamente —como lo está haciendo CV— esa
oposición (aunque en el fondo sea una lucha de contrarios irreconciliable) no
debe conducir a que, recíprocamente, se nieguen calidad artística, ni que se
aborrezcan (como en pleito de comadres) al extremo de no poder mantener un
diálogo civilizado.
e)
Y en la
última parte de la cita: «He aquí toda la diferencia entre revolucionarios y
reaccionarios, entre vanguardistas y retaguardistas, etc.», lo interesante es
que CV deriva hacia el objetivo central: a comparar la literatura que se está
haciendo en el primer país que ha instaurado una nueva forma de gobierno
opuesta al capitalismo, la Unión Soviética, Rusia, y lo opone al otro que es, a
su vez, un representante de los gobiernos capitalistas: Francia. Y en ambos
países se presenta la oposición literaria previamente expuesta: en Rusia la
revolución literaria temática, y en París la revolución literaria técnica. Y es
así que llega a la conclusión definitiva de que esa oposición entre lo temático
y lo técnico es lo que marca la diferencia entre revolucionarios y
reaccionarios. Y lo más interesante es que hace la relación paralela de
vanguardistas y retaguardistas, es decir, que lo lleva al terreno estrictamente
político, pues en este caso no relaciona el vanguardismo con lo
artístico, sino con lo político. Y la última síntesis dialéctica CV la lleva al
terreno de lo estrictamente político, cuyos elementos contrarios los resume en
las expresiones aplicadas a sus autores: revolucionarios (temas) y
reaccionarios (técnicas), llevando su progresión a un nivel paradójico porque,
si bien en París los artistas revolucionarios técnicos se hacen llamar
vanguardistas, CV prefiere reservar esta denominación en su acepción política
para los artistas revolucionarios temáticos, mientras que deja para los otros
la de retaguardistas. Obviamente, CV está aplicando el calificativo de
«retaguardistas» a los seudo-vanguardistas (que devalúan a este último
término). En sus «Apuntes para un estudio»8, CV anota un tema que
pensaba desarrollar, y dice: «Vanguardismo y seudo (bohemios anacrónicos 1830,
no trabajan y trasnochan con drogas)» (1973, El arte y la revolución:
166). Obviamente, la frase está recortada. La coherencia textual obliga a
agregar «seudo-vanguardismo». Y, tácitamente, establece el vínculo con los
románticos del siglo XIX.
____________
(1) Hay quienes piensan que
CV adhería a las ideas estéticas de Picasso, más que nada tomando en cuenta el
siguiente texto: «Una nueva poética: transportar al poema la estética de
Picasso. Es decir: no atender sino a las bellezas estrictamente poéticas, sin lógica,
ni coherencia, ni razón. como cuando Picasso pinta a un hombre y, por razones
de armonía de líneas o de colores, en vez de hacerle una nariz, hace en su
lugar una caja o escalera o vaso o naranja» (1973, Contra el secreto
profesional: 74). Obviamente, el sentido irónico de este texto encierra su
negación de lo dicho. Pero subyacente está la idea de que los artistas
revolucionarios (no solo en la técnica) sí pueden utilizar sus técnicas para
hacer mejor viables sus temas.
(2) Cf. David Sobrevilla,
«La teoría del compromiso de César Vallejo», en: Varios, 1988: 57-84.
(3) Y en esto hay
coincidencia con J. C. Mariátegui, quien dice: «Declaro, sin escrúpulo, que
traigo a la exégesis literaria todas mis pasiones e ideas políticas (…) Pero
esto no quiere decir que considere el fenómeno literario o artístico desde
puntos de vista extraestéticos, sino que mi concepción estética se unimisma, en
la intimidad de mi conciencia, con mis concepciones morales, políticas y
religiosas» (1980, 7 Ensayos…: 231).
(4) Inhibidas, contenidas,
reprimidas.
(5) Esto no tiene que ver
necesariamente con la dificultad de lectura que ofrezcan los poemas. Esto lo
aclara CV en el siguiente texto: «La gramática, como norma colectiva en poesía,
carece de razón de ser. Cada poeta forja su gramática personal e intransferible,
su sintaxis, su ortografía, su analogía, su prosodia, su semántica. Le basta no
salir de los fueros básicos del idioma. El poeta puede hasta cambiar, en cierto
modo, la estructura literal y fonética de una misma palabra, según los casos. Y
esto, en vez de restringir el alcance socialista y universal de la poesía, como
pudiera creerse, lo dilata al infinito. Sabido es que cuanto más personal
(repito, no digo individual) es la sensibilidad del artista, su obra es más
universal y colectiva» (1973, El arte y la revolución: 64).
(6) Se tiene que reconocer
el desliz propositivo en que ha incurrido CV, pues la premisa «la revolución en
literatura» no coincide con los consecuentes, pues no todos los personajes
mencionados son literatos.
(7) Korsch, Karl: El método dialéctico en El Capital.
Extracto en versión PDF, pp. 96-97.
(8) ‘Apuntes’ a los que alude Georgette Vallejo en la presentación del libro: «Se agrega a este volumen —dice— anotaciones hechas por Vallejo en una de sus libretas, para un trabajo que no llegó a redactar».