domingo, 3 de mayo de 2026

Literatura

César Vallejo: Dialéctico Marxista

Julio Carmona

Uno de los libros que César Vallejo (CV, en adelante) no pudo publicar en vida es El Arte y la revolución. A él solía referirse —según Georgette Vallejo— como su «libro de pensamientos». Es un texto en el que su pensamiento está imbuido de la ideología marxista, en el que trata temas del arte y la literatura, y la vinculación de estas disciplinas con la revolución, aparte de plantear sus puntos de vista sobre el arte en general, el mismo que no deja de estar influido por la política, pero no es una política necesaria o directamente ligada a la revolución. Vale decir que si, en el pensamiento de CV, algo había que estaba desterrado, casi como profilaxis, era el dogmatismo. Eso no quiere decir que fuera un heterodoxo del marxismo. El marxismo no es un dogma. Es un guía para la acción. Y lo que el marxismo exige para ser considerado un ortodoxo dentro de él: es su línea de principios. Y eso se constata en el trabajo de CV cuando se percibe en él la confrontación dialéctica de contrarios. Lo cual se ve que no deja de manejarla en el ámbito artístico tanto como acción, como pensamiento. El siguiente texto —que pongo como ejemplo— es prueba de ello, aunque es una idea que figura como apéndice de EAR, en tanto son —afirma Georgette Vallejo— «anotaciones afines a su temática que figuran en las libretas de apuntes del autor». En el texto aludido dice:

Hay la revolución en literatura (que no es necesariamente revolución en política: Proust, Giradoux, Morand, Stravinsky, Picasso1) [a] y hay la revolución en literatura (que es necesariamente revolución en política: Prokofiev, Barbuse, Diego Rivera) [b]. Esta última revolución es de temas y, a veces, va acompañada de técnica. La primera es de técnica y, a veces, va acompañada de temas. [c] En Rusia solo se tiene en cuenta o, al menos, se prefiere, la revolución temática. En París, la revolución técnica. [d] He aquí toda la diferencia entre revolucionarios y reaccionarios, entre vanguardistas y retaguardistas, etc. [e] (1973, El arte y la revolución: 141).

A continuación, voy a «desgranar» las partes que he destacado con una letra entre corchetes.

a)    Esta propuesta de «revolución en literatura que no es revolución en política» está de acuerdo con la propia «teoría del compromiso2» de CV, para quien la unidad de la conciencia humana es indivisible3; por lo tanto, no cabe la posibilidad de que haya un escritor que pueda sustraer de su obra su concepción política; por ejemplo, ya en 1925 (cuando CV aun no era marxista) escribía: «Los literatos obran en la política internacional y en forma traumática» (B-1987: 51). Y, dos años después (1927), escribe:

El artista es inevitablemente un sujeto político. Su neutralidad, su carencia de sensibilidad política, probaría chatura espiritual, mediocridad humana»; [sin embargo, ahí mismo aclara que] la política en él no es la del uso «doméstico», de propagandista o catecúmeno (op cit.: 253).

Obsérvese que en las dos citas precedente el mismo CV está haciendo una referencia a sí mismo, cuando —como vengo diciendo— él aun no era marxista. Pero, ya en 1934, cuando ha llevado esa visión —todavía— idealista del artista, a un nivel ya materialista, llega a esta visión concluyente:

Hasta la metafísica y la filosofía a base de fórmulas algebraicas, de puras categorías lógicas, sirven, subconscientemente, a intereses y necesidades concretas, aunque «refoulés»4 del filósofo, relativas a su clase social, a su individuo o a la humanidad. Lo mismo acontece a los demás intelectuales y artistas llamados «puros». La poesía «pura» de Paul Valéry, la pintura «pura» de Gris, la música «pura» de Schoenberg, —bajo un aparente alejamiento de los intereses, realidades y formas concretas de la vida— sirven, en el fondo, y subconscientemente, a estas realidades, a tales intereses y a cuáles formas (Op. cit.: 12).

Más adelante, en esta misma obra va más allá de quienes todo lo reducen a lo económico, y dice:

No hay que engañar a la gente diciendo que lo único que hay en la obra de arte es lo económico. No. Hay que decir claramente que ese contenido de la obra es múltiple —económico, moral, sentimental, etc.— pero que en estos momentos es menester insistir sobre todo en lo económico, —porque ahí reside la solución total del problema de la humanidad (op. cit: 150-151).

O sea que (volviendo a la alerta «a» de la cita) al referirse CV a quienes hacen «revolución en la literatura que no es revolución política», no está diciendo que no haya política en su obra, sino que su política no es revolucionaria, no es proletaria, no es bolchevique (expresión esta última en la que ‘en esos momentos también era menester insistir’). Pero eso no quita que a ese escritor se le dé el merecido reconocimiento por su aporte revolucionario en materia artística, es decir, solo en lo formal (y es lo que ha ocurrido con la misma obra de CV, especialmente en algunos poemas de sus primeros libros).5 Los cinco artistas mencionados en el texto aquí comentado6 (Proust, Giradoux, Morand, Stravinsky, Picasso: literatos los tres primeros, músico y pintor los dos últimos, respectivamente), en efecto eran exponentes de la revolución técnica que dominaba en el arte de esos momentos, y en sus obras no se percibía la intención de expresar una confrontación política con el sistema imperante. En sus obras se puede detectar su filiación política que no es revolucionaria, aunque técnicamente sí lo sean.

b)    Contrariamente, en las obras de los siguientes tres artistas referidos (Prokofiev, Barbuse, Diego Rivera: músico, literato y pintor, en ese orden) sí se percibe una identificación con la causa de los pueblos por construir una nueva sociedad opuesta al capitalismo. En este punto CV aclara que, contrariamente a los anteriores, hay artistas que hacen ‘revolución en arte y que asimismo hacen revolución en política’, porque no solo están contribuyendo al enriquecimiento del arte en sí en su nivel formal, sino que además lo están cargando con un mensaje político, para enriquecer la conciencia de la humanidad (y es el mismo caso de CV, especialmente en la mayor parte de los poemas de sus últimos libros).

c)    En esta parte de la cita: «Esta última revolución es de temas y, a veces, va acompañada de técnica. La primera es de técnica y, a veces, va acompañada de temas», CV hace la síntesis clasificatoria que identifica a la primera como una «revolución de técnica» y a la segunda como una «revolución de temas», lo que podría equipararse a la confrontación del tópico forma/fondo, que después derivaría en lo puro y lo social. Una oposición dialéctica que en esa época (los años treinta) tenía su razón de ser, debida a la insurgencia de esa nueva sociedad que se forjaba en la Rusia zarista con el nombre de Unión Soviética. Aquí, a propósito del punto precedente, aclara que en el trabajo artístico se ha incidido más en el nivel temático, es decir, en el contenido. Pero, obviamente, si es la obra de un verdadero poeta, no puede dejar de ir acompañada de técnica, aunque a veces no ocurra así, mas no por eso se devaluará esa obra si es que ha cumplido con su objetivo de usar un mínimo de técnica artística para cumplir con su rol estrictamente revolucionario. Creo pertinente precisar que esto ocurre no solo en el trabajo literario y artístico, sino también en la prosa reflexiva (que también es verificable en lo que a CV compete), y que puede ilustrarse con una observación hecha por el teórico marxista alemán Karl Korsch a propósito de El Capital de Karl Marx. Dice Korsch:

… sería extremadamente precipitado desechar sin sustituirlo, por ser mero artificio, todo el método dialéctico marxista, tal como se lo emplea en El Capital y cómo determina toda su estructura, a causa de estas incomodidades que a primera vista parecen superfluas, y plantear —como una vez lo hizo Trotski— la herética pregunta de si en última instancia no hubiese sido mejor que «no hubiese sido el doctor en filosofía Marx, de cultura universal, el creador de la teoría de la plusvalía, sino el tornero Bebel quien ascéticamente ahorrativo en su vida y en su pensamiento, con su razonamiento tan afilado como un cuchillo, la hubiese formulado de una manera más popular, sencilla y unilateral». La verdadera diferencia entre el método dialéctico de El Capital y los demás métodos predominantes en las ciencias económicas en tiempos de Marx, y en lo esencial y sin alteraciones hasta el día de hoy, no reside en modo alguno, como parece presuponerlo la interrogación anterior, sólo o principalmente en el terreno de la forma científica (o artística) del desarrollo y exposición de las ideas. Por el contrario, el método dialéctico empleado por Marx en El Capital resulta máximamente adecuado también por su contenido para una ciencia que no apunta, en su tendencia, a la conservación y ulterior desarrollo, sino al soterramiento, por la lucha y la subversión revolucionaria del orden económico y social capitalista actual»7.

d)    Y, en esta parte de la cita: «En Rusia solo se tiene en cuenta o, al menos, se prefiere, la revolución temática. En París, la revolución técnica.» Y es aquí que el CV dialéctico, en el acontecimiento real, inmediato, que está ocurriendo en Rusia ‘se tenía en cuenta o se prefería a la revolución temática’, mientras en París (centro cultural del capitalismo) tenía predominio la ‘revolución técnica’. Pero vistas las cosas dialécticamente —como lo está haciendo CV— esa oposición (aunque en el fondo sea una lucha de contrarios irreconciliable) no debe conducir a que, recíprocamente, se nieguen calidad artística, ni que se aborrezcan (como en pleito de comadres) al extremo de no poder mantener un diálogo civilizado.

e)    Y en la última parte de la cita: «He aquí toda la diferencia entre revolucionarios y reaccionarios, entre vanguardistas y retaguardistas, etc.», lo interesante es que CV deriva hacia el objetivo central: a comparar la literatura que se está haciendo en el primer país que ha instaurado una nueva forma de gobierno opuesta al capitalismo, la Unión Soviética, Rusia, y lo opone al otro que es, a su vez, un representante de los gobiernos capitalistas: Francia. Y en ambos países se presenta la oposición literaria previamente expuesta: en Rusia la revolución literaria temática, y en París la revolución literaria técnica. Y es así que llega a la conclusión definitiva de que esa oposición entre lo temático y lo técnico es lo que marca la diferencia entre revolucionarios y reaccionarios. Y lo más interesante es que hace la relación paralela de vanguardistas y retaguardistas, es decir, que lo lleva al terreno estrictamente político, pues en este caso no relaciona el vanguardismo con lo artístico, sino con lo político. Y la última síntesis dialéctica CV la lleva al terreno de lo estrictamente político, cuyos elementos contrarios los resume en las expresiones aplicadas a sus autores: revolucionarios (temas) y reaccionarios (técnicas), llevando su progresión a un nivel paradójico porque, si bien en París los artistas revolucionarios técnicos se hacen llamar vanguardistas, CV prefiere reservar esta denominación en su acepción política para los artistas revolucionarios temáticos, mientras que deja para los otros la de retaguardistas. Obviamente, CV está aplicando el calificativo de «retaguardistas» a los seudo-vanguardistas (que devalúan a este último término). En sus «Apuntes para un estudio»8, CV anota un tema que pensaba desarrollar, y dice: «Vanguardismo y seudo (bohemios anacrónicos 1830, no trabajan y trasnochan con drogas)» (1973, El arte y la revolución: 166). Obviamente, la frase está recortada. La coherencia textual obliga a agregar «seudo-vanguardismo». Y, tácitamente, establece el vínculo con los románticos del siglo XIX.

____________

(1) Hay quienes piensan que CV adhería a las ideas estéticas de Picasso, más que nada tomando en cuenta el siguiente texto: «Una nueva poética: transportar al poema la estética de Picasso. Es decir: no atender sino a las bellezas estrictamente poéticas, sin lógica, ni coherencia, ni razón. como cuando Picasso pinta a un hombre y, por razones de armonía de líneas o de colores, en vez de hacerle una nariz, hace en su lugar una caja o escalera o vaso o naranja» (1973, Contra el secreto profesional: 74). Obviamente, el sentido irónico de este texto encierra su negación de lo dicho. Pero subyacente está la idea de que los artistas revolucionarios (no solo en la técnica) sí pueden utilizar sus técnicas para hacer mejor viables sus temas.

(2) Cf. David Sobrevilla, «La teoría del compromiso de César Vallejo», en: Varios, 1988: 57-84.

(3) Y en esto hay coincidencia con J. C. Mariátegui, quien dice: «Declaro, sin escrúpulo, que traigo a la exégesis literaria todas mis pasiones e ideas políticas (…) Pero esto no quiere decir que considere el fenómeno literario o artístico desde puntos de vista extraestéticos, sino que mi concepción estética se unimisma, en la intimidad de mi conciencia, con mis concepciones morales, políticas y religiosas» (1980, 7 Ensayos…: 231).

(4) Inhibidas, contenidas, reprimidas.

(5) Esto no tiene que ver necesariamente con la dificultad de lectura que ofrezcan los poemas. Esto lo aclara CV en el siguiente texto: «La gramática, como norma colectiva en poesía, carece de razón de ser. Cada poeta forja su gramática personal e intransferible, su sintaxis, su ortografía, su analogía, su prosodia, su semántica. Le basta no salir de los fueros básicos del idioma. El poeta puede hasta cambiar, en cierto modo, la estructura literal y fonética de una misma palabra, según los casos. Y esto, en vez de restringir el alcance socialista y universal de la poesía, como pudiera creerse, lo dilata al infinito. Sabido es que cuanto más personal (repito, no digo individual) es la sensibilidad del artista, su obra es más universal y colectiva» (1973, El arte y la revolución: 64).

(6) Se tiene que reconocer el desliz propositivo en que ha incurrido CV, pues la premisa «la revolución en literatura» no coincide con los consecuentes, pues no todos los personajes mencionados son literatos.

(7) Korsch, Karl: El método dialéctico en El Capital. Extracto en versión PDF, pp. 96-97.

(8) ‘Apuntes’ a los que alude Georgette Vallejo en la presentación del libro: «Se agrega a este volumen —dice— anotaciones hechas por Vallejo en una de sus libretas, para un trabajo que no llegó a redactar».

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