lunes, 1 de diciembre de 2025

Economía

El Mito de Julio Velarde y la Estabilidad Económica Peruana

Marcelo Ñaupari

EXISTE UN DISCURSO bastante difundido que insiste en presentar al Perú como un modelo de estabilidad macroeconómica en la región, un "milagro peruano" respaldado por cifras de baja inflación y una moneda relativamente estable frente al dólar. Esta narrativa burguesa esconde una intención clara: la imposición de políticas represivas y precarizadoras contra la clase trabajadora, bajo excusas incluso de orgullo nacional. Esta narrativa es funcionalmente útil también al capitalismo internacional que ve al Perú como un “ejemplo” en la región de cómo garantizar la acumulación de capital.

La figura de Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), ha sido elevada a la categoría de "gurú" de la economía y la moneda, unánimemente elogiado por organismos financieros internacionales (como el FMI y el Banco Mundial) y la prensa local. No obstante, este mito se desmorona al analizar la realidad social del país y los resultados dispares de sus políticas, que solo benefician a la clase dominante.

La llamada "flotación sucia" no es una fórmula monetaria mágica exclusiva del Perú; se ha implementado en diversos países con resultados variados. El problema central es que el éxito de estas políticas se mide únicamente en términos de estabilidad de ganancias para el capital financiero, ignorando la calidad de vida y las condiciones materiales de existencia de la población.

No existe tal "milagro peruano", sino un persistente aumento de la pobreza que no puede regresar a niveles anteriores a la pandemia (27% de pobreza según datos recientes del INEI). Mientras la riqueza se concentra en pocas manos y la tasa de ganancia se maximiza para la burguesía, la economía peruana demuestra ser un caos para la mayoría, donde los precios siguen aumentando y no se disparan justamente porque los trabajadores ya no podrían pagar más, además de que los campesinos están sometidos a niveles de superexplotación laboral.

Sin embargo, uno de los mayores dinamizadores de nuestra economía es justamente la expansión de diversas economías ilegales, especialmente el narcotráfico y la minería ilegal. Estas actividades tienen ganancias exorbitantes y, en conjunto, representan hasta el 4% del PBI del Perú, movilizando miles de millones de dólares anualmente. Estos flujos de capital ilegal son una gran fuente de liquidez monetaria que se entrelaza con el sistema financiero "legal". Este crecimiento criminal viene acompañado de mafias que buscan recursos en otros rubros como la trata de personas y la extorsión, lo que explica el fenómeno de que estas bandas tienen el control de la economía de varias regiones del Perú y aumentan cada día en todas las ciudades.

Además, la explotación intensiva de recursos naturales genera pasivos ambientales masivos, como la degradación del suelo y la contaminación del agua. Las ganancias a corto plazo del modelo extractivista no alcanzan para reparar los daños ecológicos, comprometiendo el futuro del país que sigue un proceso de acumulación por desposesión.

La conclusión obvia es que debemos develar este discurso de supuesta estabilidad cuando el país es altamente inestable y solo entendible por los trabajadores peruanos. Debemos enfrentar este discurso que oculta el bienestar de unos pocos y que oculta y hasta promueve el incremento criminal en el Perú.

El papel del BCRP y la figura de Velarde demuestran cómo las instituciones estatales, presentadas como "técnicas" e "imparciales", son en realidad instrumentos diseñados para salvaguardar los intereses del capital financiero y la burguesía local, garantizando la disciplina fiscal que mantiene a raya las demandas populares.


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