El
Mito de Julio Velarde y la Estabilidad Económica Peruana
Marcelo
Ñaupari
EXISTE UN DISCURSO bastante
difundido que insiste en presentar al Perú como un modelo de estabilidad
macroeconómica en la región, un "milagro peruano" respaldado por
cifras de baja inflación y una moneda relativamente estable frente al dólar.
Esta narrativa burguesa esconde una intención clara: la imposición de políticas
represivas y precarizadoras contra la clase trabajadora, bajo excusas incluso
de orgullo nacional. Esta narrativa es funcionalmente útil también al
capitalismo internacional que ve al Perú como un “ejemplo” en la región de cómo
garantizar la acumulación de capital.
La
figura de Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú
(BCRP), ha sido elevada a la categoría de "gurú" de la economía y la
moneda, unánimemente elogiado por organismos financieros internacionales (como
el FMI y el Banco Mundial) y la prensa local. No obstante, este mito se
desmorona al analizar la realidad social del país y los resultados dispares de
sus políticas, que solo benefician a la clase dominante.
La
llamada "flotación sucia" no es una fórmula monetaria mágica
exclusiva del Perú; se ha implementado en diversos países con resultados
variados. El problema central es que el éxito de estas políticas se mide
únicamente en términos de estabilidad de ganancias para el capital financiero,
ignorando la calidad de vida y las condiciones materiales de existencia de la
población.
No
existe tal "milagro peruano", sino un persistente aumento de la
pobreza que no puede regresar a niveles anteriores a la pandemia (27% de
pobreza según datos recientes del INEI). Mientras la riqueza se concentra en
pocas manos y la tasa de ganancia se maximiza para la burguesía, la economía
peruana demuestra ser un caos para la mayoría, donde los precios siguen
aumentando y no se disparan justamente porque los trabajadores ya no podrían
pagar más, además de que los campesinos están sometidos a niveles de superexplotación
laboral.
Sin
embargo, uno de los mayores dinamizadores de nuestra economía es justamente la
expansión de diversas economías ilegales, especialmente el narcotráfico y la
minería ilegal. Estas actividades tienen ganancias exorbitantes y, en conjunto,
representan hasta el 4% del PBI del Perú, movilizando miles de millones de
dólares anualmente. Estos flujos de capital ilegal son una gran fuente de
liquidez monetaria que se entrelaza con el sistema financiero
"legal". Este crecimiento criminal viene acompañado de mafias que
buscan recursos en otros rubros como la trata de personas y la extorsión, lo
que explica el fenómeno de que estas bandas tienen el control de la economía de
varias regiones del Perú y aumentan cada día en todas las ciudades.
Además,
la explotación intensiva de recursos naturales genera pasivos ambientales
masivos, como la degradación del suelo y la contaminación del agua. Las
ganancias a corto plazo del modelo extractivista no alcanzan para reparar los
daños ecológicos, comprometiendo el futuro del país que sigue un proceso de
acumulación por desposesión.
La
conclusión obvia es que debemos develar este discurso de supuesta estabilidad
cuando el país es altamente inestable y solo entendible por los trabajadores
peruanos. Debemos enfrentar este discurso que oculta el bienestar de unos pocos
y que oculta y hasta promueve el incremento criminal en el Perú.
El
papel del BCRP y la figura de Velarde demuestran cómo las instituciones
estatales, presentadas como "técnicas" e "imparciales", son
en realidad instrumentos diseñados para salvaguardar los intereses del capital
financiero y la burguesía local, garantizando la disciplina fiscal que mantiene
a raya las demandas populares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.