viernes, 19 de abril de 2013

Política III



¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

Acerca de la Demagogia de una Carta Abierta


Eduardo Ibarra


I

En una carta abierta dirigida a César Risso y al suscrito, Manuel Velázquez ha afirmado querer “responder, sin tardanza, el artículo titulado Acerca del cuarto seminario del revisionismo peruano”. César Rizzo le contestó rápidamente, y, luego, suscribí los términos de esta respuesta, con lo que he quedado eximido de contestar aquella misiva. Pero no he quedado eximido del deber de extenderme sobre algunos puntos, de manera que los activistas del movimiento puedan ejercer su derecho a informarse más ampliamente.

Pues bien. Es de conocimiento general que la idea de negar el marxismo-leninismo es de Ramón García, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente semejante negación; que la idea de falsificar la identidad doctrinal de Mariátegui es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente semejante falsificación; que la idea de tergiversar el carácter marxista-leninista del PSP es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es asumir servilmente semejante tergiversación; que la idea de reestructurar las bases municipales del Estado burgués es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es seguir servilmente esa táctica reformista; que el proyecto de un partido de masas doctrinariamente homogéneo, o sea de un partido no de clase, con dos niveles, uno secreto, restringido, y otro nivel público, masivo, es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es seguir servilmente ese proyecto.

También es de conocimiento general que la idea de mixtificar el Socialismo Peruano diluyendo el socialismo marxista en el variopinto socialismo en general, es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente semejante mixtificación; que la idea de celebrar el centenario del socialismo reformista en 2018, y no el centenario del socialismo marxista en 2021, es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente semejante desaguisado; que la idea de titular socialista a su partido, fue de RG, y que lo que hicieron sus partidarios fue simplemente seguir servilmente esa idea; que la idea de cambiar dicho título por el de minga, fue de RG, y que lo que hicieron sus partidarios fue asumir servilmente el cambio; que la idea de volver al título de socialista, fue de RG, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente semejante bandazo; que RG asumió el estilo polémico de Haya de Torre y reinauguró los  métodos criollos, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente ese estilo y esos métodos; que hace cinco años RG se autoproclamó “Yo el Supremo”, y que lo que hicieron sus partidarios fue simplemente ponerse de hinojos ante semejante egotismo y así hasta ahora; que la idea de mixtificar el Camino de Mariátegui, infiltrándole ideas oportunistas y métodos y actitudes criollas como los señaladas en el parágrafo anterior y en el presente, es de RG, y que lo que hacen sus partidarios es simplemente seguir servilmente semejante mixtificación.

Además, son de conocimiento general los numerosos artículos donde RG diseña los pasos concretos que tienen que dar sus partidarios para avanzar la fundación del nivel público de su partido (plan quinquenal, cuatro pasos, etcétera), y que lo que hacen sus partidarios es seguir servilmente tal diseño.

Todo esto demuestra: 1) que Manuel Velásquez y sus correligionarios de tendencia no tienen ninguna autonomía intelectual respecto a Ramón García, lo que dibuja una realidad que Miguel Aragón, activista de la misma tendencia, con diez por ciento de dicha autonomía, llama “sumisión-servil”; 2) que el INOPERANTE desde hace casi cuarenta años, Ramón García, ejerce sobre sus NO PENSANTES partidarios (1) un despotismo ilustrado que se revela en el hecho de que sus ideas no son debatidas ni acordadas por ningún congreso, conferencia, pleno o simple reunión siquiera, sino acatadas sin más tan pronto publica sus artículos; 3) que, por tanto, la dirección ideológica, teórica y política del grupo revisionista la ejerce absolutamente RG.   

En este escenario, el lector puede comprender perfectamente la inutilidad del esfuerzo de Velásquez por aparentar autonomía con respecto a RG. De manera que su autonomía –y la de sus correligionarios de tendencia– ¡se reduce a las acciones físicas para coordinar, acordar, organizar el seminario o cualquier otra cosa!

Pero ese esfuerzo tiene, sin embargo, un propósito: SILENCIAR LA REALIDAD DE QUE EL SEMINARIO ES PARTE DE UN PLAN DIRIGIDO POR LA INSTANCIA SECRETA DE SU PARTIDO, INSTANCIA EN PLENA ACTIVIDAD. Hace más de tres años, Miguel Aragón reveló, con pelos y señales, la fundación del mencionado nivel secreto (2).  

Así que Velásquez puede desgañitarse escribiendo que rechaza “tajantemente” que la iniciativa del seminario “esté dirigida o digitada por el compañero Ramón García o por cualquier otro compañero de su generación”, y puede, además, decir todas las veces que quiera que tal iniciativa responde a un “grupo de personas que no militamos en la misma organización”, pero nada de esto cambia la realidad. La realidad es que su seminario y el objetivo del mismo están inspirados en todo y por todo EN LOS PRESUPUESTOS IDEOLÓGICOS, TEÓRICOS, POLÍTICOS Y ORGANIZATIVOS DADOS POR RG Y RESEÑADOS ARRIBA.

Del mismo modo como el grupo de Velásquez ha aparecido bajo varios membretes a fin de crear la falsa ilusión de que los convocantes a su seminario no son pocos (y eventualmente para hacer mayoría respecto a los otros organismos), pretenden también crearles a estos organismos la igualmente falsa ilusión de que comparten la iniciativa del seminario con total independencia de Ramón García y del mencionado nivel secreto en plena actividad. ¡Estos son los métodos criollos del grupo revisionista!

Velásquez dice: “La idea de realizar un Seminario… es una iniciativa de frente ùnico, y tiene como objetivo final… la constituciòn [de un] partido de clase” (sic) (3). Por el momento, hay que subrayar únicamente que si el aludido frente único tiene como propósito constituir un partido de masas doctrinariamente heterogéneo, no de clase, como es el plan del grupo revisionista (y no ningún otro tipo de partido), entonces es claro que hablar de frente único es simplemente un señuelo, pues, en buen romance, quiere decir confluir en un seminario para consumar el plan partidario del grupo revisionista. ¡A esto se reduce el frente único de que habla Mamuel Velásquez! Si ocurriese otra cosa, distinta a la señalada, como ocurrió en el tercer seminario, no sería porque es el propósito del grupo revisionista, sino por la acción autónoma de los otros organismos.

II

El proyecto de partido de RG es de un partido de masas doctrinariamente heterogéneo, o sea de un partido no de clase, con dos niveles orgánicos: uno secreto, doctrinariamente homogéneo, restringido, formado por “marxistas” no leninistas, y otro nivel público, masivo, doctrinariamente heterogéneo, formado por todos los que por sí y ante sí se reclaman del socialismo (del socialismo de RG, no de Mariátegui). La dirección de este partido es, obviamente, el nivel secreto, y el sector dirigido (léase manipulado) es el nivel público.

Para probar nuestra aserción, citemos al propio Ramón García: “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primer gran partido de masas e ideas de toda nuestra historia republicana’” (4).

En esta sibilina falsificación de la realidad histórica del Partido de Mariátegui basa RG su proyecto de partido. Quienquiera que haya estudiado las pruebas documentales (escritos de Mariátegui, intervenciones de Portocarrero y Pesce en la Conferencia Comunista de Buenos Aires de 1929, etcétera) tiene que saber que lo que hace RG es reciclar la concepción que levantaron los mencionados delegados peruanos a dicha Conferencia, concepción con la que nada tuvo que ver Mariátegui. Mariátegui fue partidario del partido de clase, es decir, marxista-leninista, sin dos compartimientos orgánicos, con una militancia básicamente de obreros y campesinos y basado en las masas obreras y campesinas organizadas, o sea, de un partido de masas doctrinariamente homogéneo, o, lo que es lo mismo, de un partido de clase bajo la forma de partido de masas (“partido y de masas y de ideas”).

Por supuesto, la sibilina falsificación de RG fue oportunamente criticada por el suscrito en varios artículos.

Luego, dicha falsificación tuvo su expresión desvergonzada en un artículo de Gustavo Pérez: “Una lectura atenta de este numeral del Acta [de constitución del PSP], da cuenta de que en el se reconoce la necesidad de la creación de un Partido ’de clase’, pero que, de acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, concurrirá a la constitución de un Partido ‘basado en las masas obreras y campesinas organizadas. Es decir que las condiciones concretas actuales del Perú requerían no de un Partido de clase sino de uno basado en las masas obreras y campesinas, lo que acredita que éstas condiciones concretas, a que hace referencia Mariátegui en este párrafo, no son justificatorias del nombre de Socialista para el Partido sino simplemente social, lo que no se apreciaba correctamente por la cita mutilado o fragmentada del texto de Mariátegui” (sic) (5).

Por supuesto, esta falsificación desembozada de un acuerdo de la Reunión de Barranco, reunión fundacional del PSP, ni más ni menos, fue oportunamente criticada por el suscrito en Un artículo revelador.

Pero la tergiversación de la verdad histórica del PSP se deriva de la negación de la concepción leninista del partido de clase, del partido proletario.

Para probar nuestra aserción, citemos al propio RG: “El problema que enfrentó JCM es el mismo que el proletariado enfrenta desde hace más de un siglo” (6). Este problema es “la relación teoría-práctica” y “la relación disolución-dilución”. La frase “desde hace más de un siglo” fue escrita en 2007, o sea que toca al ¿Qué Hacer? ¿Qué significa esto? Pues que la solución al doble problema (las dos relaciones señaladas), es el partido doctrinariamente heterogéneo, o sea el partido no de clase (que, falsificando la verdad histórica, RG pretende hacer pasar como de Mariátegui), y no el partido doctrinariamente homogéneo sustentado magistralmente por Lenin.

Esta negación sibilina del ¿Qué Hacer?, tuvo después su expresión desvergonzada en esta afirmación de Gustavo P   érez: “Forma parte de esta última manifestación [“el abandono paulatino de la copia mecánica de la experiencia revolucionaria de realidades histórico-concretas distintas a la nuestra”]  la necesaria ‘desacralización’ de la teoría del Partido de Cuadros, magistralmente resumida por V.I.I Lenin en el ‘¿Qué Hacer’, la misma que desde hace mucho viene siendo mal interpretada como ‘concepción leninista del partido proletario’ de ‘valor universal’ que ‘está vigente’, como teoría del Partido proletario aplicable a toda circunstancia histórica-concreta. Esta pésima herencia producto de nuestra histórica insuficiente asimilación del socialismo revolucionario tras la muerte de Mariátegui, nos hizo olvidar que en dicha obra Lenin no se planteó como tarea un concepto suprahistórico de Partido o modelo para cualquier país y cualquier momento, que no se trataba de una forma organizativa general surgida de un manual de sociología con pretensiones de universalidad y eternidad. Que era estrictamente ¿Qué Hacer?... frente a la autocracia zarista de 1902, la más feroz y atrasada de la Europa de entonces. ¿Cómo adecuar la táctica a las circunstancias imperantes y construir un instrumento político adecuado para luchar contra dicha autocracia?” (sic) (7).

Por supuesto, esa pretendida y pretenciosa “desacralización” del ¿Qué hacer?, fue oportunamente criticada por Jaime Lastra en el artículo Lenin, el ¿Qué Hacer” y el partido de clase, y por el suscrito en Un artículo revelador.

Es sabido que Ramón García reniega el marxismo leninismo. Para probar nuestra aserción, citémoslo a él mismo: “… con la disolución de la Komintern, Profintern, Kresintern, toda la terminología subsidiaria también cayó en desuso. Y de las tres consignas básicas, precisamente las cuestionadas por JCM, sólo queda el Marxismo-Leninismo, pero cada vez más limitada a la URSS. Este término sólo se encuentra dos veces en la obra de JCM, y ambas indicando el método marxista, no la doctrina. Y menos como nueva época. No es casual que su obra se llame Defensa del Marxismo, a secas, y no, por ejemplo, Defensa del Marxismo-Leninismo” (8).

Esta negación del marxismo-leninismo (que tiene el agravante de utilizar a Mariátegui como coartada), fue criticada por el suscrito en varios artículos, y, en la nota 72 del libro El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación, puede encontrarse un desarrollo de dicha crítica (9).

Pues bien. ¿Qué dijo en su momento Manuel Velásquez, o cualquier otro miembro de su grupo, sobre estas tergiversaciones de la verdad histórica del PSP y de la concepción leninista del partido de clase? ¿Qué de la negación del marxismo-leninismo? Pues nada, nadie dijo nada, y, por el contrario, todos las asumieron y, así, se convirtieron en instrumentos de un proyecto de partido contrario al modelo de Mariátegui.

Cualquier activista proletario sabe que sin marxismo-leninismo no hay partido de clase, sencillamente porque el partido del proletariado es la materialización de la doctrina. Pero el grupo de RG ha renegado el marxismo-leninismo, y, sin embargo, MV ha declarado que “el objetivo” del seminario es “la constitución” de “un partido de clase”.

ENTONCES, NATURALMENTE, HAY QUE ENTENDER DICHA DECLARACIÓN COMO UNA TRAMPA (10).

Tenemos, pues, que, probadamente, RG y sus repetidores niegan el marxismo-leninismo y, por esta vía, la concepción leninista del partido de clase. Puesto que el marxismo-leninismo y el partido de clase son cuestiones que atañen a la verdad universal, se entiende que SU NEGACIÓN CONFIGURA UNA POSICIÓN REVISIONISTA.

Entonces, no es que el suscrito haya querido descalificar a seminario al titular su artículo Acerca del cuarto seminario del revisionismo peruano, sino que, en la medida de sus conocidas posiciones oportunistas y revisionistas y de sus desmesuradas ambiciones de imponer tales posiciones al resto de organizaciones, el propio grupo de Ramón García inhabilita al seminario como tribuna de un verdadero debate que pudiera conducir a conclusiones marxista-leninistas.

El Partido de Mariátegui, el Partido Socialista del Perú, fue un partido adherido al marxismo-leninismo, y, por esto, fue un partido de clase concebido bajo la forma de partido de masas. ESTE CONCEPTO ES EL CONTENIDO DE LA FRASE MARIATEGUIANA “PARTIDO DE MASAS Y DE IDEAS”. Para convencerse de esto, cualquier activista puede leer o releer los siguientes textos: t.13, p.100 y 160; Martínez, Apuntes para una interpretación de historia social del Perú, t.II, p.398 y pp.511-512; Correspondencia, t.II, p.611; t.12, p.69.

Pero García vacía la frase mariateguiana del concepto que encierra y la utiliza como si con ella el maestro se hubiese referido a un partido de masas doctrinariamente heterogéneo, o sea, a un partido no clasista. Por tanto, es claro que aquí también García utiliza a Mariátegui como coartada. Y sus partidarios hacen servilmente lo mismo.

Notas:
[1] En el sentido, obviamente, de que no son capaces de pensar teóricamente, y cuando parece lo contrario es porque repiten las papillas que les proporciona RG. Entre numerosos escritos, la carta abierta que comento es un ejemplo más de ello.
[2] Efectivamente, en una carta a Luis Miguel del 28.10.09, puso en conocimiento de la opinión pública lo que sigue: “ (…) En toda esta confusión, que ellos han armado y en la cual se debaten, están entremezclando su intrascendente “Conferencia Consultiva Política”, con su llamamiento a crear un nuevo partido, o mejor dicho, a formalizar abiertamente, la constitución del partido que ellos ya formaron el 6 de febrero, en aplicación de la propuesta de Ramón del partido de dos niveles: uno “secreto”, y otro “de masas y de ideas”. (Revisar folleto del 7 de octubre de 2008)” “En la red hay abundante material que confirma esta hipótesis, y es fácilmente demostrable, incluso identificando a quienes han incluido en el primer nivel y en el segundo nivel. Basta con… Los que estamos en esa relación (preparada expresamente por Ramón) de más de 20 nombres, según ellos, conformamos “el partido de masas y de ideas”… ¿Y quiénes conforman el partido secreto constituido el 6 de febrero? La respuesta es muy fácil deducirla, son precisamente…, seguidos de los sumisos peones ya conocidos. A… le han asignado la tarea de divulgar los documentos de Ramón entre lo que ellos consideran “el partido de masas y de ideas”, y a otra persona, le han encargado divulgar los mismos documentos, entre los miembros del “partido secreto”. En computación eso se llama “comandos por defecto” (las negritas y las elipsis son nuestras). Entonces, tenemos que el nivel secreto del partido socialista de RG está formado hace ya tres años y medio. ¿Y cuál es la función de este nivel secreto, VERDADERA DIRECCIÓN DEL PROYECTADO PARTIDO SOCIALISTA? Pues fundar el nivel público del mismo, utilizando los seminarios. Habría que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de esto. Entonces, es imposible creer que RG no tenga nada que ver con la dirección del grupo revisionista. O sea que para decir lo que ha dicho Velásquez sobre este punto, ES NECESARIO SER UN DEMAGOGO. Por razones obvias, hemos eliminado en la cita los nombres de los que conforman la instancia secreta, mencionados por Aragón sin embargo.
[3] Las elipsis son nuestras.
[4] La creación heroica de José Carlos Mariátegui. 80 aniversario, p.21, Editora Perú Nuevo, Lima, 2008, p.22.
[5] Lenin, Mariátegui y el partido de masas.
[6] La creación heroica de José Carlos Mariátegui…, p.23.
[7] Lenin, Mariátegui y el partido de masas.
[8] El movimiento comunista. En el último trimestre del año pasado, ocultándose tras el seudónimo de Eusebio Leyva, en un artículo titulado Hablemos de Lenin, Ramón García ha hecho malabares para justificar su negación de la obligatoriedad para cualquier partido proletario de reconocer el desarrollo del marxismo concretado por Lenin.
[9] Este desarrollo consiste en haberse subrayado que el reconocimiento del leninismo no es una cuestión individual sino colectiva. Es decir que este reconocimiento es obligatorio para el partido del proletariado. Si el leninismo es un desarrollo del marxismo, entonces no hay ninguna razón para que el Partido no lo reconozca. Si se dice que se reconoce el desarrollo del marxismo realizado por Lenin, pero se escamotea la adhesión del Partido al marxismo-leninismo, entonces de hecho no se reconoce el leninismo. Para el proletariado lo que cuenta es el reconocimiento colectivo, orgánico, partidario del leninismo. Escamotear la adhesión del Partido al marxismo-leninismo constituye una expresión extrema de liberalismo burgués. Dejar hacer y dejar pasar en relación al leninismo es dejar al libre albedrío de cada militante asumirlo, no asumirlo y hasta negarlo. Este liberalismo burgués es lo que ha impuesto Ramón García a su grupo y lo que ahora intenta imponerles a otras organizaciones y tendencias. Este liberalismo burgués, no es, por supuesto, propio de un partido de clase, y, por tanto, el lector puede convencerse de que, cuando el grupo revisionista habla de “partido de clase”, lo que hace es intentar engañar al resto. En suma, el proyectado partido socialista de Ramón García es un partido no de clase, con un nivel de dirección secreto y restringido (“marxista” no leninista, o “rojo”, como dice el propio RG), y un nivel público y masivo (doctrinariamente heterogéneo, o “verde”, como también dice el propio RG). Con este proyecto de partido oportunista colaboran algunas tendencias, y, sin embargo –dicho sea de paso– al autocalificarse a sí mismo de “rojo”, el grupo de RG expresa todo su creídismo (léase egotismo burgués), al mismo tiempo que, al calificar de “verde” a las tendencias que le colaboran, expresan el pobre concepto que tiene de las mismas.   
[10] Pero, no obstante lo afirmado al final de la nota anterior, no tenemos razones para dudar de la sinceridad de los otros organismos convocantes, los cuales, seguramente, han tomado el término en su verdadero significado, lo que desde el principio determina una contradicción fundamental al interior del seminario.









Economía



COMPETENCIA, TIPO DE CAMBIO Y RIQUEZA

César Risso


Partiendo de la premisa de que todos los bienes y servicios producidos dependen de la cantidad de fuerza de trabajo disponible, y que la productividad del trabajo permanece constante, entonces, no se puede crear más riqueza de la que equivale a la fuerza de trabajo total.

Si nos encontramos en una nación hipotética, compuesta de 100 personas, y cada una puede trabajar en condiciones normales 8 horas al día, entonces, la riqueza que se puede crear equivale a 800 horas al día.

Disponemos entonces de una riqueza de 800 horas, que puede estar expresada en alimentos, prendas de vestir, vivienda, medios de producción (máquinas, herramientas, etc.), educación, recreación, etc. De qué depende el uso de la fuerza de trabajo. En el capitalismo esta decisión está dada por la ley del valor.

Esta ley se expresa, dada la competencia, como un promedio. Esto es, la anarquía de la producción, en la que cada capitalista invierte su capital en las actividades más rentables, obteniendo en promedio una cuota media de ganancia, expresa la rentabilidad del capital  invertido. Pero la rentabilidad de cada capital puede estar por debajo, o por encima, o en el nivel de la cuota media de ganancia. Por la lógica del capital, aquellos que están por debajo de la cuota media de ganancia, migrarán hacia las actividades que obtienen una rentabilidad mayor a la de la cuota media de ganancia. De modo que hay una permanente migración del capital de una a otra actividad.

Cuando los capitales, en cantidad considerable, se invierten en aquella actividad cuya rentabilidad es más alta, lo que logran es obtener una cantidad mucho mayor de la mercancía que producen. Esto genera un exceso de oferta (producción) de dicha mercancía, que frente a un mismo nivel de demanda, genera una caída de los precios de dicha mercancía, indicando que se ha producido en exceso, y que por lo tanto se ha distribuido, en términos sociales, mal el capital. De otro lado, aquellas mercancías cuya producción disminuye, debido a que los capitales abandonan dicha actividad por la baja rentabilidad, provoca un alza del precio, puesto que la oferta disminuye frente a una demanda que no ha cambiado. Así, el mercado a través del precio indica que se ha producido poco de dicha mercancía.

Cuando hablamos de demanda, nos referimos a la demanda solvente, esto es a la demanda sobre la base de la remuneración de los trabajadores, y no a la demanda en función de las necesidades de los trabajadores.

La consecuencia de la ley del valor es que se desperdicia fuerza de trabajo. Aquello que se ha producido en exceso, expresa la mala distribución de la fuerza de trabajo, y en consecuencia su desperdicio. Evidentemente esto se debe a la necesidad de los capitalistas de obtener plusvalía.

Al igual que con las mercancías, sucede con el dinero. El dinero, sin considerar el signo monetario, es el oro. Cuando este se produce en exceso, o se produce por debajo de la demanda, nos encontramos frente a la misma situación descrita líneas arriba. Si añadimos el signo monetario, o sea, las monedas y billetes, acontece lo mismo. E igualmente si consideramos los dólares, que aunque no los “producimos”, los obtenemos a través del comercio exterior. Con la diferencia que en el caso del dólar, su precio en moneda nacional se llama tipo de cambio (*).

Veamos en primer lugar la cantidad de fuerza de trabajo total de que dispone el Perú. Según datos del INEI, la población en edad de trabajar en el año 2011 fue de 16’564,100 de personas. Si tomamos el total de días de trabajo, al año se trabaja 300 días aproximadamente. Descontando los domingos y feriados, obtenemos 2400 horas de trabajo al año por persona. Con estos datos calculamos que la riqueza que podría haberse creado equivale a 39,753’840,000 horas de trabajo. Sin embargo, la población ocupada fue de 11’251,700 personas, que multiplicadas por las 2400 horas al año, da un riqueza de 27,004’080,000. La diferencia entre una y otra, nos da la riqueza que se dejó de crear (12,749’760,000 horas de trabajo).

Aclaramos, que estamos considerando la fuerza de trabajo como igual en todos los casos. Es decir, no estamos considerando el trabajo complejo, que es superior al trabajo simple debido a la capacitación y la experiencia laboral.

Los cálculos realizados no consideran la fuerza de trabajo desperdiciada como consecuencia de la competencia entre los capitalistas.

La competencia, o para ser más exactos, la anarquía de la producción, aparte del exceso de determinadas mercancías y de la escasez de otras, tiene como consecuencia la quiebra de empresas; lo cual es también un desperdicio de fuerza de trabajo, así como de la riqueza creada por esta. Esto se produce porque en este sistema al funcionar la ley del valor, queda en manos de los capitalistas privados individuales, la decisión de invertir en tal o cual actividad en función de sus intereses.

He aquí un primer argumento a favor de la planificación económica, pero que tiene asidero cuando la propiedad de los medios de producción está en manos de todo el pueblo. Y cuando la ley económica fundamental es la satisfacción de todas las necesidades, tanto materiales como espirituales, de todo el pueblo.

En relación al tipo de cambio (soles por dólar), se tiene que del 2006 al 2012, el dólar ha perdido el 20% de su valor en términos de nuevos soles. O, lo que es lo mismo, que la moneda nacional se ha apreciado aproximadamente el 24%.  Esto quiere decir que la producción en el Perú tiene más valor en términos de dólares.

Si comparamos el valor producido por la fuerza de trabajo, utilizando la población ocupada del 2011, tomando como referencia que el precio por hora de la fuerza de trabajo es de 3,60 nuevos soles, obtenemos un valor monetario de valor anual de 97,214’688,000 nuevos soles. Ahora, expresemos esto en términos del tipo de cambio del año 2006. Esto da 29,683’874,198 dólares. Si expresamos la misma cifra con el tipo de cambio del 2012, obtenemos 36,823’745,454 dólares. Es decir, que sin variar el volumen de producción, ni el valor de las mercancías producidas, el monto en dólares es mayor en 24%.

Lo que ha sucedido es que las mercancías producidas en el Perú se han hecho más caras en términos de dólares. Y, sin embargo, la riqueza producida no ha aumentado ni un céntimo, o para evitar confusiones, la mayor suma en dólares no significa que se haya producido un solo alfiler más. Es un fenómeno estrictamente monetario. Está claro que estamos haciendo abstracción de otras variables como las remuneraciones, la masa monetaria en moneda nacional, etc.

Nuestro mayor volumen de exportación está dado por las exportaciones tradicionales: productos mineros y harina y aceite de pescado. Pues bien, el precio internacional de las materias primas ha venido subiendo considerablemente a causa de la crisis. De modo que quienes se benefician de este mayor precio de nuestras exportaciones, como consecuencia de la variación del tipo de cambio, son las transnacionales que extraen y exportan materias primas.

Como la burguesía no mide la rentabilidad de su inversión en términos de la cantidad de valores de uso producidos, esto es, de riqueza, sino en términos de porcentaje de dinero adicional respecto del dinero invertido, la variación del tipo de cambio le crea la ilusión de que son más ricos. Incluso, a pesar de toda la fuerza de trabajo no utilizada, y de la fuerza de trabajo desperdiciada en la competencia.

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[*] Para evitar cualquier equívoco, decimos que este análisis corresponde a una economía de libre mercado. La situación se complica aún más con la presencia de los monopolios.







Desarrollo Desigual y Formas Históricas del Capitalismo


Samir Amin


DESDE LA ANTIGÜEDAD, LA HISTORIA SE HA CARACTERIZADO por el desigual desarrollo de las regiones, si bien hay que esperar a la era moderna para que la polarización se convierta en el subproducto inmanente de la integración de la totalidad del planeta en el sistema capitalista. Por consiguiente, podemos decir que la polarización (capitalista) moderna ha aparecido en formas sucesivas durante la evolución del modo de producción capitalista. Concretamente, podemos singularizar cuatro grandes fases, a saber:

1.     La forma mercantilista (1500-1800), previa a la revolución industrial y moldeada por la hegemonía del capital mercantil en los centros atlánticos dominantes, así como por la creación de zonas periféricas (América) cuya función presuponía su total aceptación de la lógica de acumulación del capital.

2. El denominado modelo clásico, surgido de la revolución industrial, que definió a partir de entonces las formas básicas del capitalismo. Por su parte, las periferias (a América Latina se agregaron progresivamente toda Asia, excepto Japón, y África) siguieron siendo rurales, no industrializadas, y su participación en la división internacional del trabajo se produjo a través de la agricultura y la producción mineral. Este importante rasgo de polarización estuvo acompañado de otro no menos importante: la cristalización y establecimiento de sistemas netamente industriales como sistemas nacionales autocentrados, acaecido en paralelo a la construcción de los estados nacionales burgueses. Ambas características explican las líneas dominantes de la ideología de la liberación nacional, la respuesta al reto planteado por la polarización: a) el objetivo de considerar la industrialización como sinónimo de progreso liberador y un instrumento para ponerse al día; b) el objetivo de construir Estados-nación inspirados en los modelos de los países del centro. De esa forma se concibió la ideología de la modernización. Por consiguiente, esta forma clásica de polarización caracterizó el sistema mundial desde la revolución industrial (es decir, después de 1800) hasta la Segunda Guerra Mundial.

3.     El período de posguerra (1945-1990) supone la progresiva erosión de las dos características que acabamos de mencionar. Durante el período se produjo la industrialización de las periferias, un proceso obviamente desigual que resultó el factor dominante en América Latina y Asia, con el movimiento de liberación nacional afanándose en acelerar el proceso en aquellos Estados periféricos que acababan de recobrar su autonomía política. En esos años se produjo también, simultáneamente, el progresivo desmantelamiento de los sistemas de producción nacional autocentrados y su recomposición como elementos constitutivos de un sistema integrado de producción mundial. Esta doble erosión supuso una nueva manifestación de la profundización de la globalización.

4.     El período más reciente (a partir de 1990), en que la acumulación de esas transformaciones ha provocado el colapso del equilibrio característico del sistema mundial de posguerra.

Esta evolución, empero, no apunta hacia un nuevo orden mundial caracterizado por nuevas formas de polarización, sino hacia el desorden
global. El caos al que nos enfrentamos proviene de un triple fracaso del
sistema, que ha sido incapaz de desarrollar: a) nuevas formas de organización social y política que vayan más allá del Estado-nación, un nuevo requisito del sistema globalizado de producción; b) relaciones políticas y económicas capaces de reconciliar el auge de la industrialización en las nuevas zonas periféricas competitivas de Asia y América Latina con el objetivo del crecimiento mundial; y c) una relación que no sea excluyente con la periferia africana, que no está implicada en modo alguno en una industrialización competitiva. Este caos resulta visible en todas las regiones del planeta y en todas las facetas de la crisis política, social e ideológica. Está en la base de las dificultades de la actual construcción europea, así como en la incapacidad del continente de alcanzar la integración económica y establecer a la vez estructuras políticas integracionistas. Es también la causa de las convulsiones que se observan en todas las periferias de Europa oriental, del viejo Tercer Mundo semiindustrializado y del nuevo y marginado Cuarto Mundo. Así las cosas, el caos actual lejos de apuntalar el incremento de la globalización revela su extrema vulnerabilidad.

No obstante, el predominio del caos no debe impedirnos pensar en escenarios alternativos para un nuevo «orden mundial», si bien es cierto que existen muchos y diferentes «órdenes mundiales» posibles. Quiero llamar la atención sobre cuestiones que fueron ignoradas por el triunfalismo que suscitó la idea de la inexorabilidad de la globalización, pese a que, como ya he señalado, se ha revelado su precariedad.

El lector habrá descubierto ya que este análisis del capitalismo mundial no se centra en la cuestión de las hegemonías, puesto que no me adscribo a la escuela de las hegemonías sucesivas de cierta historiografía. El concepto de hegemonía es a menudo estéril y acientífico merced a la vaguedad de las definiciones al uso, de modo que no creo que deba constituir el centro del debate. He llegado a la conclusión, por el contrario, que la hegemonía es la excepción a la norma, a saber, el conflicto entre las partes que pone fin a la hegemonía. La hegemonía de Estados Unidos, aparentemente vigente en la actualidad, quizás por ausencia de rival, es tan frágil y precaria como la globalización de las estructuras a través de las que opera.

El Actual Sistema Mundial y los Cinco Monopolios del Capitalismo

En mi opinión, el debate debería empezar con un debate a fondo de los rasgos novedosos del sistema mundial actual, provocados por la erosión del sistema anterior. Creo que existen dos elementos nuevos, a saber:

1.     La erosión del Estado-nación centrado en sí mismo y la consiguiente desaparición del vínculo entre la esfera de la reproducción y la de la acumulación, que acompaña al debilitamiento del control político y social que hasta el momento había sido determinado precisamente por las fronteras de ese Estado-nación autocentrado;

2.     La erosión de la gran fractura entre un centro industrializado y las regiones periféricas no industrializadas, es paralela a la emergencia de nuevas dimensiones de polarización.

La posición de un país en la jerarquía global viene definida por su capacidad para competir en el mercado mundial. Aceptar esa evidencia no supone en modo alguno compartir la opinión del economista burgués que considera que dicha posición se debe al resultado de adoptar medidas racionales, una racionalidad —dicho sea de paso— que se mide a partir de las denominadas «leyes objetivas del mercado». Por el contrario, creo que dicha competitividad es un producto complejo en el que confluyen múltiples factores económicos, políticos y sociales. En esta lucha desigual, los centros usan lo que me gusta denominar sus «cinco monopolios», monopolios que constituyen un desafío a la totalidad de la teoría social. Dichos monopolios son:

1.     Monopolio tecnológico. Requiere gastos enormes, que sólo un Estado poderoso y rico puede afrontar. Sin el apoyo estatal, en particular a través de la inversión y gasto militar (algo que el discurso liberal no menciona), la mayor parte de esos monopolios no podrían perdurar.

2.     Control de los mercados financieros mundiales. Dichos monopolios poseen una eficacia sin precedentes merced a la liberalización de las normas y reglas que gobiernan su establecimiento. Hasta hace poco, la mayor parte de los ahorros de una nación sólo podía circular dentro del ámbito, en gran medida nacional, de sus instituciones financieras. En la actualidad, estos ahorros se gestionan de manera centralizada por instituciones cuyas operaciones tienen un alcance mundial. Hablamos de capital financiero, es decir, del componente más mundializado del capital y, sin embargo, la lógica de esa globalización de las finanzas puede ponerse en un brete por la simple decisión política de optar por la desconexión, aun si esa desconexión se limitara al dominio de las transferencias financieras. Es más, creo que las directrices que rigen el libre movimiento del capital financiero se han vuelto inservibles. Antaño el sistema se basaba en la libre flotación de las divisas en el mercado (de acuerdo con la teoría que sostiene que el dinero es una mercancía como cualquier otra) con el dólar actuando de facto como moneda universal. No obstante, considerar el dinero una simple mercancía no es una teoría científica y, por otro lado, la posición preeminente del dólar sólo se debe a la falta de algo mejor. Una moneda nacional no puede cumplir las funciones de una divisa internacional a menos que exista un excedente de importaciones en el país cuya moneda sirve de divisa internacional, lo que obliga a ajustes estructurales en otros países. Ése era el caso de Gran Bretaña en el siglo XIX, pero no el de Estados Unidos en la actualidad, que en realidad financia su déficit mediante préstamos que el resto del mundo se ve obligado a aceptar. Ni tampoco es el caso de los competidores de Estados Unidos: el excedente japonés (puesto que el alemán desapareció tras la unificación en 1991) no basta para cubrir las necesidades financieras ocasionadas por los ajustes estructurales de los demás. En estas condiciones, la globalización financiera, lejos de ser un proceso «natural», resulta ser algo extremadamente frágil. A corto plazo sólo conduce a una inestabilidad permanente y no a la estabilidad necesaria para la actuación eficiente de los procesos de ajuste.

3. Acceso monopolista a los recursos naturales del planeta. Los peligros de la explotación indiscriminada de esos recursos adquieren ahora naturaleza planetaria. El capitalismo, basado en una racionalidad a corto plazo, no puede superar los peligros que conlleva ese comportamiento imprudente e indiscriminado, por lo que acaba reforzando los monopolios de los países ya desarrollados. La publicitada preocupación medioambiental de estos países se limita a no permitir que otros sean tan irresponsables como ellos.

4.     Monopolio de los medios de comunicación. Dicho monopolio no sólo lleva a la uniformidad cultural, sino que abre la puerta a nuevos medios de manipulación política. La expansión del mercado moderno de los medios de comunicación constituye ya uno de los principales componentes de la erosión de las prácticas democráticas en el propio Occidente.

5.     Monopolio de las armas de destrucción masiva. Desafiado y mantenido a raya merced a la bipolaridad de posguerra, el monopolio es una vez más, como sucedió en 1945, posesión exclusiva de Estados Unidos. Aunque se corre el riesgo de que la proliferación nuclear se descontrole, la proliferación constituye, en ausencia de un control democrático internacional, la única forma de luchar contra ese inaceptable monopolio estadounidense.

Estos cinco monopolios, tomados en su conjunto, definen el marco en el que opera la ley del valor mundializada. La ley del valor es la expresión abreviada de todas estas condiciones y no la expresión de una racionalidad económica «pura», objetiva. El condicionamiento de todos estos procesos anula el impacto de la industrialización en las periferias, devalúa su trabajo productivo y sobrevalora el supuesto valor agregado derivado de las actividades de los nuevos monopolios de los que se beneficia el centro. El resultado final es una nueva jerarquía, más desigual que ninguna de las anteriores, en la distribución de los ingresos a escala mundial, que subordina las industrias de las periferias y las reduce a la categoría de subcontratadas. Éste es el nuevo fundamento de la polarización, presagio de sus formas futuras.


*Este texto hace parte del primer capítulo del libro El Capitalismo en la Era de la Globalización, publicado en inglés en 1997, Zed Books Ltd., Londres y New Jersey, y republicado en castellano en 1999, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. (El Comité de Redacción).

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