sábado, 1 de agosto de 2026

Política

El Socialismo Peruano

y la Lucha Electoral 

(Primera Parte) 

Eduardo Ibarra 

ES UN HECHO incontrovertible que desde hace cuatro décadas aproximadamente, el movimiento comunista internacional se encuentra reducido a su mínima expresión. En esta situación los partidos y grupos marxista-leninistas parecen haber descubierto la lucha electoral como la forma mediante la cual podrían recuperar fuerzas y superar su aislamiento. Por eso es necesario analizar la actividad de partidos y grupos en las elecciones generales habidas en el Perú al menos en lo que va de la última década, así como la teoría que sustenta dicha actividad. 

Examinemos algunos antecedentes que derivaron en la indicada situación de aislamiento. El ascenso del revisionismo al poder en la URSS y otros países entre las décadas de los cincuenta y los sesenta, significó el ascenso de la burguesía al poder y la consecuente restauración del capitalismo sobre todo bajo la forma de capitalismo monopolista de Estado. El paso de la URSS y otros países de su órbita de influencia al capitalismo tipo occidental, no fue sino el resultado de aquella restauración del capitalismo. Las dificultades económicas en las que estuvieron sumidos en los años ochenta la URSS y los demás países aludidos, no tuvo salida por la vía de la recuperación del poder por el proletariado y una política económica socialista coherente, sino en la implosión de la dictadura de las burguesías burocráticas que terminaron llevando a sus respectivos países al campo capitalista encabezado por el imperialismo norteamericano, con la sola excepción de la Unión Soviética, la cual, por una serie de factores endógenos y exógenos que no es posible analizar en estas líneas, no terminó incorporándose al campo capitalista-imperialista. Así surgió la Federación Rusa, pero, como es de conocimiento común, sin la participación de una serie de naciones que habían sido parte de la URSS. 

Así, pues, es claro que el revisionismo facilitó la configuración de un mundo unipolar con el imperialismo estadounidense a la cabeza. En esta situación la propaganda global de la reacción mundial impuso en vastos sectores de las masas del mundo, la tramposa idea del “fracaso del socialismo”, la falaz idea de la “superioridad del capitalismo” y la absurda idea del “fin de la historia” y, sobre esta base, la inútil intención de imponer un “pensamiento único”. 

De esta forma el proletariado no solo perdió el poder en la URSS y otros países, sino que, desde los años noventa del siglo pasado, perdió también, en el marco de las masas del mundo, la lucha de ideas (aunque solo relativa y  temporalmente). 

En el Perú, la acción armada del PCP-SL, que a algunos les pareció oportuna, se reveló más o menos pronto como una aventura militar sin perspectiva cierta de victoria. En el año de 1980 no existía en el Perú una situación revolucionaria que justificara la lucha militar aludida: las luchas de las masas habían entrado en un franco descenso el año anterior. Esta situación fue silenciada con la idea de Guzmán (¿tomada del MRI?) según la cual en el Perú la situación revolucionaria es permanente, y que, por lo tanto, bastaba que el partido estuviese preparado. Así, el romanticismo revolucionario llevó al PCP-SL a lanzar una lucha armada en las condiciones del retorno en el país del régimen democrático burgués, en cuyas condiciones era previsible que no podía prosperar hasta la victoria. El resultado de esta aventura es que, habiendo contado al principio con cierto apoyo de masas en Ayacucho y algunas otras zonas, las necesidades de la expansión de la lucha armada llevaron al PCP a desarrollar una política autoritaria con respecto a las propias masas, para terminar, como es sabido, reprimiéndolas sin más. La realidad de los llamados “Comités Populares”, finalmente conocida por testimonios de personas que fueron parte de los mismos, confirma el extravío del PCP-SL. Después, fracasada la aventura militar, fue inevitable que, en una parte mayoritaria del pueblo peruano, se instalara un primitivo sentimiento anticomunista, que intelectuales pequeño burgueses, llamados “senderólogos”, completaron con algunas ideas antimarxistas, especialmente con respecto a la violencia revolucionaria, desbordadamente actuada por el PCP-SL. Toda esta situación desfavorable al socialismo se puso de manifiesto en los resultados de las ulteriores elecciones generales. Después, las organizaciones que se reclaman marxista-leninistas se mostraron en una situación tal que, hasta hoy mismo, no tienen posibilidad de intervenir en la lucha electoral con un programa revolucionario que haga factible la propaganda y la organización socialistas y, distintamente a ello, intervienen en dicha lucha en alianza con organizaciones reformistas que no representan la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano, sino únicamente el interés momentáneo de evitar la victoria de una organización que representa el neoliberalismo. De esta forma la estrategia revolucionaria se disuelve en una táctica reformista y el programa revolucionario en un programa igualmente reformista. 

Es sabido que en el siglo XIX Federico Engels trazó una táctica para la democracia alemana de las últimas décadas de dicho siglo, táctica sustentada detalladamente en el prólogo al libro de Carlos Marx La lucha de clases en Francia: 1848-1850, y abordada en términos generales en el Origen de la familia, la propiedad privada y el estado (ver el capítulo XV de nuestro libro Defensa de la creación heroica de José Carlos Mariátegui). 

Si se lee bien, Engels subraya que la premisa de la lucha electoral del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, es su condición de partido de clase, de partido marxista. En nuestro país, esta premisa es ineludible, a condición, claro está, de que sea adaptada a cada situación concreta que se configura en nuestra realidad.  

Pues bien, en el Perú –así como en otros países– las masas trabajadoras, acicateadas por la experiencia de la explotación capitalista bajo el modelo neoliberal, se agrupó en frentes programáticamente reformistas y, como es lógico, con una membresía que no veía más allá de la lucha contra el modelo neoliberal. En estas condiciones, algunas organizaciones que se reclaman marxista-leninistas, se sumaron a dichos frentes y, hasta las últimas elecciones generales, esta incorporación ha sido el signo de su participación electoral. Con diversos resultados en las sucesivas elecciones, en la del año 2021 el frente Perú Libre alcanzó la victoria llevando a Pedro Castillo al gobierno. Pero esta victoria presentaba, entre otras cosas, la nota de no ser una victoria revolucionaria sino una victoria contra Fuerza Popular, organización neoliberal encabezada por Keiko Fujimori. La naturaleza reformista del gobierno de Castillo no tuvo expresiones relevantes y, en cambio, dio muestras de la arraigada debilidad del reformismo ante los intereses de la gran burguesía. El golpe de Estado contra Castillo puso de manifiesto algo peor: la incapacidad de las masas de enfrentarse, como hubiera correspondido según un entendimiento libresco de la teoría del termómetro del sufragio, al golpe de Estado de la reacción. Es decir, no se llegó ni de lejos al “punto de ebullición”. Si la victoria de Perú Libre dio cuenta de la lucha antineoliberal de las masas, la incapacidad de las mismas de luchar contra el golpe de Estado dio cuenta de su limitación. No obstante, considerando los hechos desde el punto de vista del proceso histórico de larga duración, la lucha electoral y, en general, las luchas políticas actuales, con todas sus evidentes limitaciones, constituyen los prolegómenos de la solución revolucionaria en la lucha contra el propio régimen capitalista. Para que esto sea así efectivamente, solo hace falta que se cumpla la premisa de contar con una vanguardia marxista-leninista y que, en el seno de las masas, la idea revolucionaria prevalezca sobre la idea reformista y el frente unido que las unifique cumpla con el principio de la correspondencia necesaria entre su programa revolucionario y su membresía. 

En las últimas elecciones generales, organizaciones que se reclaman marxista-leninistas han participado en frentes renunciando a sus propios programas, aunque una de ellas ha presentado un programa que merece ser analizado en sus puntos principales, lo que haremos más adelante. Es el caso del frente Venceremos que, como se sabe, obtuvo el 0.84 por ciento en la primera vuelta, porcentaje que expresa su situación electoral deficitaria. Como se sabe, en la segunda vuelta el frente Venceremos se alineó con la candidatura de Roberto Sánchez (como lo hicieron otros frentes), pero todo lo que ocurrió, una vez más, es que el frente que compitió con Keiko Fujimori, es un frente en el cual existe correspondencia entre el programa reformista y la membresía reformista, frente por el cual votaron incluso las corrientes marxista-leninistas, siempre en la lógica de la lucha contra el neoliberalismo, representado esta vez por Fujimori, sierva absoluta del imperialismo yanqui, encabezado actualmente por el gobierno de Trump, guerrerista a escala planetaria y que, en América Latina, implementa la doctrina Monroe con un agregado de su cosecha, y que, además, ha organizado con países de este continente un bloque de gobiernos proyanquis: el llamado “Escudo de las Américas”. 

¿Cómo superar esta situación en que los marxista-leninistas están reducidos a votar a favor del reformismo que, como está probado, no lucha por el cambio del sistema capitalista? ¿Cómo tramontar esta situación que, de hecho, significa posponer la bandera de la revolución a favor de la bandera del reformismo? ¿Qué hay que hacer para construir un frente en el que se concrete la correspondencia necesaria entre su programa revolucionario y su membresía? 

Como se sabe, el imperialismo yanqui prepara una cumbre de sesenta países aliados en la que, según ha anunciado, aprobará la política de lucha contra la izquierda en el sentido más dilatado del término, es decir, contra todo aquello que le huela a comunismo y progresismo, y que resultará en que cada uno de los sesenta países tiene que liquidar las fuerzas contrarias a los intereses del imperialismo (no solo ya del imperialismo yanqui, sino del imperialismo en general). Es pues un “plan Cóndor” de alcance mundial que, sin duda, apelará a la represión más brutal y a la persecusión más indiscriminada. Obviamente, esto es una aplicación de la “Estrategia de seguridad nacional estadounidense” (7 de diciembre de 2025). También juega aquí el proyecto “Palantir”, cuyo objetivo es el control de la población mundial y cuya aplicación está ya en curso. Por supuesto, todos estos delirantes planes del imperialismo yanqui son una realidad que hay que tener muy en cuenta en el análisis de nuestro tema.

 

17.07.2026.


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