jueves, 2 de abril de 2026

Política

Nota: 

Esta parte final del artículo que sigue a continuación, tiene un corolario necesario y esclarecedor: la lucha de clases se presenta de tal forma, que la lucha entre las dos líneas en torno a la cuestión del partido del proletariado peruano, da cuenta de que el discurso demagógico del grupo encabezado por Jaime Lastra no le alcanza para encubrir su posición contraria a la reconstitución del partido de Mariátegui. Esta es una verdad accesible a toda persona con dos dedos de frente que no se encuentre hundido en el seguidismo, el servilismo, el amiguismo o en algún interés subalterno. 

Los activistas que mantienen su adhesión al marxismo-leninismo, al pensamiento de Mariátegui y a la Reconstitución, sabrán asumir una correcta posición con respecto al discurso engañoso del mencionado grupo y a sus ocultos, aunque ya desenmascarados afanes de llevar la Reconstitución al despeñadero. 

01.04.2026.

Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo 

(Quinta y Última Parte) 

Eduardo Ibarra 

TAMBIÉN DICE Moreno que “La participacion (sic) electoral no es prioritaria en Renovemos aunque no se descarta en condiciones de debilidad del movimiento popular y revolucionario.” 

Ciertamente con esta afirmación nuestro liquidador intenta defender Renovemos de nuestra observación de ser un frente electorero. Pero su intención es un bumerang contra él mismo. Ante todo, porque la lucha electoral es una necesidad en el actual período de vigencia de la democracia burguesa, y no puede decirse alegremente que ella “no se descarta en condiciones de debilidad del movimiento popular y revolucionario”; de esta forma Moreno pretende “corregir” la teoría del “termómetro del sufragio” de Engels. Segundo, la frase de Moreno está en contraste con esta otra de Lastra en el ya mencionado folleto del CPCH: “[después de la elección de Kuczynki] está pendiente un balance que permita sacar lecciones y continuar el avance de la construcción del frente político de masas para afrontar la lucha electoral”. Y no puede decir Moreno que esta afirmación es válida para lo que fue el Frente Amplio y no para Renovemos. Así, la confesión de Lastra sirve para demostrar sin vuelta de hoja que el primer frente fue tan electorero como lo es ahora el segundo. En el caso de Renovemos se constata fácilmente la negación del principio de la correspondencia necesaria entre el programa revolucionario y la membresía del frente: su programa “en construcción” no es revolucionario y su membresía tampoco (ya quedó claro que en sus filas la inmensa mayoría está formada por “progresistas” y “socialistas”, término este último con el que Moreno y demás liquidadores designan a oportunistas de todo pelo). Pues bien, en las condiciones de vigencia de la democracia burguesa, el frente revolucionario debe desenvolver la lucha electoral, tanto si las clases populares se encuentran en condiciones “de debilidad” como en buenas condiciones, a efecto de desarrollar la lucha directa de las masas (“El comunismo conforme a su práctica mundial asistirá a las elecciones con meros fines de agitación y propaganda clasista”, señaló Mariátegui ya en 1928), esto es, para elevar su educación política y su organización revolucionaria para la toma del poder, y no apenas con el objetivo de ser gobierno e implementar algunas reformas dentro del marco del régimen capitalista. Así que, al lado del “frente electoral” (promovido desde los años ochenta en la literatura de varias organizaciones), tenemos el “partido electoral” (ver nuestro artículo “El Manifiesto Comunista y el partido de clase”, publicado en partes en CREACIÓN HEROICA). Este es el cuadro que presenta la lucha electoral desde hace más de cuarenta años. 

Como es de conocimiento común, Moreno y Lastra apelan a cada momento a las masas como un refugio para disimular su vaciedad teórica y sus posiciones oportunistas: la reconstitución se hace en medio de la lucha de las masas, dicen, como si hubiesen descubierto la pólvora. Pero sucede que desde fines de los años sesenta el Partido sostuvo que la Reconstitución debe hacerse en medio de la lucha de clases de las masas. La afirmación de Moreno, sin embargo, no quiere decir que su grupo desenvuelva la Reconstitución en medio de dicha lucha, pues lo que hace en realidad es socavarla con su concepción oportunista del frente unido, es decir, con su práctica de impulsar un frente amalgama (también desde los mencionados años el Partido señaló que el frente unido no es para compartir con revisionistas, trotskistas, etc.) Pero hay más. La reconstitución no solo se hace en medio de la lucha de clases de las masas, sino también, al mismo tiempo, en medio de la lucha entre las dos líneas, y en este contexto el grupo de Moreno y Lastra igualmente socava la Reconstitución y, todavía más, se opone a ella. ¿Cómo se opone el grupo liquidacionista a la Reconstitución en medio de la lucha entre las dos líneas? Pues suplantando el marxismo-leninismo con el liberalismo, tergiversando el pensamiento de Mariátegui, promoviendo un partido doctrinariamente heterogéneo. De manera pues que, en el contexto de la lucha de masas, con su frente reformista y electorero el grupo liquidacionista está ubicado en una posición de derecha, precisamente a causa de que en el contexto de la lucha entre las dos líneas está ubicado en una posición contraria a la Reconstitución del partido de Mariátegui y favorable al partido doctrinariamente variopinto. 

Obviamente, de esta verdad pueden darse cuenta solo aquellos que tienen la capacidad de ver la diferencia entre lo que proclaman los Lastra y los Moreno y lo que hacen concretamente, no los que no tienen esta elemental capacidad por tener sus facultades mentales bloqueadas por el servilismo, el amiguismo, la falta de carácter, algunos intereses subalternos o directamente por el oportunismo. 

La lucha contra las desviaciones del marxismo es una condición sine qua nom de la Reconstitución, y justamente por esto exige una posición de clase y no una posición oportunista, así como, al mismo tiempo, requiere pensamiento y no simple declamación.   

       Moreno dice: “lograr una unidad doctrinal homogénea de los más afines.” 

Por lo tanto, preguntamos: ¿habrá, acaso, una “unidad doctrinal” heterogénea? Con su desafortunada frase, Moreno quiere dar a entender que dicha “unidad” será la unidad “de los más afines” (no, pues, de los afines, sino “de los más afines”), y dice que “en ese momento” “se habrá culminado el proceso de reconstitución”. Como es fácil advertir, esto es pura palabrería, con la cual Moreno intenta inútilmente impresionar a los lectores. 

       Nuestro palabrero dice: 


Indudablemente algunos quedarán en el camino porque seguramente no coincidan con los puntos de las bases de unidad de la línea política (sic). 

Es decir, en la argumentación de Moreno no aparece en ninguna parte la tarea básica de la reconstitución: defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui, sino apenas la citada generalidad. ¿Cuáles puntos, pues? ¿Qué “bases de unidad de la línea política”? Ya hemos señalado que la ambigüedad caracteriza el discurso de Moreno y sus congéneres, y en el caso de que tratamos, la base teórica de la Reconstitución es reducida a “bases de unidad de la línea política”, frase ininteligible que deja al lector sin la posibilidad de comprender exactamente qué es lo quiso decir Moreno, y esta oscuridad se explica porque, como el lector debe haber percibido, los nuevos liquidadores quieren encubrir con ella, así como con otras oscuras frases, el fondo de sus posiciones: la tergiversación de aspectos fundamentales de la Creación Heroica de Mariátegui y el truco de pasar como reconstitución el intento de fundar un partido doctrinariamente heterogéneo. 

Por otro lado, Moreno dice que 


[la] reconstitución ya se inició y el propio grupo de Ibarra forma parte de ese proceso, como también lo forma el Comité Político Creación Heroica y quizá algún otro grupo. 

Bueno, con esta afirmación nos enteramos de que el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI “forma parte” de la Reconstitución. Pero este sensacional descubrimiento encierra una trampa evidente, pues inmediatamente después Moreno suelta esta perla: “como también lo forma el Comité Político Creación Heroica”. No nos repetiremos, pero el lector sabe ya, perfectamente, que este Comité, que es el grupo de Moreno, está fuera del camino de la Reconstitución, no porque lo digamos nosotros, sino por culpa de sus propios miembros y especialmente de Lastra: ¿acaso no es un hecho su falso marxismo-leninismo, su antimariateguismo, su reconstitución tramposa? ¿Acaso no es un hecho que en tales filas nadie es capaz de desplegar una consecuente lucha en defensa del marxismo-leninismo, el pensamiento de Mariátegui y la Reconstitución? El grupo de Moreno y Lastra es, pues, un grupo “monolíticamente” liquidacionista y, por esto mismo, completamente contrario a la Reconstitución. 

Pongamos algunos ejemplos que deberían disipar todas las dudas y todas las vacilaciones de algún incrédulo que pueda haber. En la revista Pizarra Socialista, que dirigía Lastra, se publicitaron la idea de un “pueblo tawantinsuyano” paralelo al pueblo peruano y un apoyo incondicional al reformismo en el gobierno (Venezuela, Ecuador). Estas posiciones oportunistas, negadoras de la teoría mariateguiana de la cuestión nacional y del carácter de clase del reformismo, nunca fueron rebatidas por Lastra ni por ninguno de sus repetidores. Fueron, pues, asumidas con pusilánime silencio. Prueba esto el hecho de que posteriormente Lastra esgrimió –esgrime todavía– la tesis antimariateguiana y de cuño ravinista de “un Perú plurinacional” (ver nuestro libro Defensa de la creación heroica de José Carlos Mariátegui). 

Pero, claro, Moreno es ciego a estas realidades, lo que se explica por el espíritu servil y genuflexo, en relación a Lastra, que ha mostrado a lo largo de la polémica. 

Ahora aclaremos el punto que quedó pendiente. Moreno dice: 


Eduardo Ibarra, ha dedicado hasta cinco números de su blog para criticar, según el (sic), un artículo de Carlos Moreno. (…) [y] se llena de citas de Lenin y de Mariategui (sic) para "demostrar" el supuesto liquidacionismo del grupo político con quién pretende debatir. 

Lo del “supuesto liquidacionismo” del grupo de Moreno ha sido ya refutado en otro lugar con la demostración de que el liquidacionismo de dicho grupo es una realidad indiscutible (ver nuestro artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”), por lo que aquí es necesario agregar solo algo más al respecto. Según la interesada lógica de Moreno, nuestra crítica a las posiciones antimarxistas, antimariateguianas y contrarias a la Reconstitución que caracterizan a su grupo, solamente es crítica según nuestro particular punto de vista. Pero sucede que quienquiera que haya seguido nuestra polémica con Lastra y Moreno y que, además, no sea obtuso, tiene que haberse percatado de que, mientras nosotros hemos esclarecido las teorías y los hechos y, como consecuencia, desenmascarado el liquidacionismo de derecha de los mencionados personajes, estos se han limitado a esgrimir mentiras, calumnias, diversivos y otros métodos criollos. Las palabrejas alucinaciones, suposiciones, sambenitos, desubicada y otras por el estilo, prueban la pobreza argumentativa y la miseria moral de quienes las han utilizado en su desesperado afán por ocultar lo inocultable: su propuesta de fundar “un núcleo de dirección” doctrinariamente heterogéneo con el concurso de liquidadores y marxistas. Esto está en la conciencia de los lectores (de los lectores capaces de pensar basándose en los hechos, naturalmente). Esta realidad es la que Moreno intenta silenciar con la frasecilla “según el”; por lo demás, la otra frasecilla, “pretende debatir”, no es más que el producto de que, por la falsa conciencia que nuestro liquidador tiene de su grupo, cree que el mismo no es pasible de ser criticado, y que, por lo tanto, cualquier crítica que se le haga, es solamente una “pretensión” de crítica. Este tipo de afirmaciones pretenciosas y diversivas, que hacen cúmulo, es parte del mísero equipaje “teórico” que ha podido mostrar Moreno a lo largo del debate (y no solo él). 

       Pues bien, ¿cómo así Lastra, arrastrado por su complejo de director de orquesta, podría cumplir algún papel en la reconstitución del partido de Mariátegui, si, como demuestran los hechos, es un recalcitrante tergiversador de Mariátegui? Observe el lector que, por ejemplo, a siete meses de haberse demostrado la tergiversación que comete del concepto mariateguiano de un Perú Integral, con una obcecación que linda con la estulticia, continúa sosteniendo semejante suplantación. Esta obcecación prueba lo que hemos dicho en otro lugar: a Lastra le interesa su persona, no Mariátegui; concretamente en el caso que nos ocupa, le interesa no pasar por el sentimiento de autocriticarse, y no la verdad mariateguiana. Pero esta situación contraria al espíritu revolucionario se agrava por el hecho de que en su grupo nadie ha sido capaz de defender el pensamiento de Mariátegui. 

       Moreno dice: 


la reconstitución sobre el (sic) cual [Eduardo Ibarra] tiene importantes aportes. 

¿Así? No lo sabíamos, pero ya que eso dice Moreno, entonces, ¿por qué no publica y comenta positivamente esos “aportes”? ¿No es esto precisamente lo que tendría que hacer, si su citada frase no es adulación, socorrido recurso suyo y de Lastra? 

       Moreno dice: 


Eduardo Ibarra, ha dedicado hasta cinco números de su blog para criticar [un artículo de Carlos Moreno]. 

Esta frase, escrita cuando todavía no terminábamos de publicar “El trasfondo de un artículo…”, es particularmente expresiva: evidencia que a Moreno le causa escalofríos el desenmascaramiento de las posiciones liquidacionistas de su grupo y, prácticamente, equivale a gritar desesperadamente: “¡por favor, por favor, no siga publicando su artículo!”      

Pero, la crítica al liquidacionismo es absolutamente necesaria, pues Lastra se ha aderezado su propia concepción del marxismo-leninismo, del pensamiento de Mariátegui, del partido de clase, de la reconstitución, del frente unido y, de esta forma, pretende pasar gato por liebre. Y es tanto más necesaria por cuanto nuestro liquidador se “infiltró”, tanto en el Frente Amplio como en Renovemos, para “sacar de allí algunos elementos” para su grupo, así como anteriormente se había “infiltrado” en el grupo liquidacionista encabezado por Ramón García con el mismo objetivo. La prueba de esta conducta oportunista (oportunista en el sentido más prosaico de la palabra) es que, A CONFESIÓN DE PARTE, RELEVO DE PRUEBAS. Esta es, pues, la política frentista “genuina y sincera” de Lastra; este es su compartir con los oportunistas “la misma doctrina” y “un proyecto común”; esta es la política entrista –profundamente antimarxista– que viene de la Primera Internacional con Bakunin y de la revolución Rusa con Trotsky, y que, en el caso de Lastra –y como no puede ser de otro modo–, hay que desenmascarar sin cobardes miramientos. 

Toda nuestra crítica al liquidacionismo, al antimariateguismo, a la vaciedad teórica, a los métodos criollos del grupo de Moreno, crítica expuesta, una vez más, en las presentes líneas y, asimismo, en los artículos “La reconstitución del Partido de Mariátegui y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, “El concepto mariateguiano de un Perú integral”, “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”, “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra”, “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”, así como en el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, etcétera, explica el silencio impotente en el que se sumió el inefable Lastra. Esta impotencia se explica porque su cerebro anti-teórico no alcanza a comprender el marxismo-leninismo y la problemática que encierra, porque no está a la altura de defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui en la lucha por la Reconstitución y porque no tiene ninguna capacidad de entender la misma Reconstitución como la reconstitución del partido de clase de Mariátegui que resuelve positivamente la relación entre la verdad universal del proletariado y la práctica concreta de la revolución peruana, entre el pasado y el presente de nuestro proletariado consciente como momentos de su continuidad histórica y, por último, entre la vanguardia marxista-leninista, de una parte, y la clase y las amplias masas populares de otra. 

Pero, claro, el trasfondo de la impotencia de Lastra es su posición oportunista con respecto a todas y cada una de las cuestiones apuntadas en el párrafo precedente. 

Resumamos: igual que el Dios Lastra, el Dios Moreno es un Dios falsario, calumnioso, sofista, adulador, retórico, infecundo y amoral. 

Este es el tipo social que ha producido el grupo liquidacionista de los Lastra y los Moreno. 

12.11.2025.



Nota: 

En las actuales circunstancias en que se aproximan las elecciones generales, es importante tener en cuenta el uso riguroso de determinados conceptos a efecto de poder orientarnos en el mapa de las organizaciones políticas que participarán en la mencionada justa electoral. Es de esperar que la republicación del artículo que siga sirva para la reflexión del lector sobre los problemas de la lucha electoral y el discernimiento de la forma en que se presenta esta lucha en las elecciones de abril próximo. 

01.04.2026.

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

 

Izquierda y Derecha

 

E. I.

 

I


Los dos términos que dan título al presente artículo han sido desahuciados por algunos intelectuales burgueses con el espurio argumento de que son anacrónicos. Según ellos, en el mundo no existe ya la contradicción entre capitalismo y socialismo, y, en consecuencia, en todos los países ha desaparecido la división de las fuerzas políticas en izquierda y derecha. Con esta falacia buscan borrar de la conciencia de las clases trabajadoras toda precisa demarcación entre revolución y reacción. Por otro lado, hay quienes utilizan los mencionados términos de una manera abusiva, es decir, sin tener en cuenta su estricto significado. Finalmente, hay también quienes, so capa de su origen, pretenden expulsar ambos términos del lexicón marxista o, cuando menos, descalificar el término izquierda como denominación de las fuerzas revolucionarias.

 

Ciertamente estas son razones suficientes para intentar un esclarecimiento de tales cuestiones.

 

En la Convención Nacional francesa de 1791, los jacobinos, que luchaban por liquidar el feudalismo, ocuparon el lado izquierdo del foro, mientras los girondinos, que seguían el camino de la conciliación con la monarquía, ocuparon el lado derecho. De esta azarosa circunstancia se tomó la costumbre de llamar izquierda a los jacobinos y derecha a los girondinos. En consecuencia, ambos términos adquirieron un contenido político preciso: empezaron a designar las dos tendencias fundamentales de la burguesía francesa del siglo XVIII: la  tendencia revolucionaria y la tendencia oportunista.

 

Ahora bien, la clase feudal era entonces la derecha por antonomasia. En consecuencia, en la época de que tratamos, en el seno del pueblo eran de izquierda quienes luchaban por liquidar la sociedad feudal y establecer la sociedad burguesa, mientras eran de derecha quienes conciliaban con la monarquía. Esto quiere decir que, desde un principio, ambos términos definieron la posición de las distintas fuerzas políticas en el seno del pueblo por su posición ante el poder político vigente. Y, precisamente en esto reside el quid de la cuestión.

 

En virtud pues de su adquirido contenido político, los términos izquierda y derecha cobraron carta de ciudadanía más allá de los marcos de la Francia dieciochesca, y hasta terminaron trascendiendo los marcos de la lucha de la burguesía contra el feudalismo.

 

Así, los dichos términos fueron asimilados al lexicón marxista, y precisamente en la literatura del partido bolchevique. En el ¿Qué Hacer? (escrito entre 1901 y 1902), Lenin sostuvo:

 

La comparación de las dos tendencias existentes en el seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina –la Montaña– y la girondina)  fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo fue Plejánov. Los demócratas-constitucionalistas, los “sin título” y los mencheviques gustan aún ahora de hablar del “jacobinismo” en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día prefieren callar u... olvidar el hecho de que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia.

                                         

Y, en 1904, mantuvo en otro lugar:

 

De por sí el hecho de la división del Congreso (del partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y oportunista, no sólo no representa aún nada terrible ni nada crítico, sino ni siquiera absolutamente nada anormal. (Un paso adelante, dos pasos atrás.

 

De manera pues que, ya a principios del siglo XX, los términos izquierda y derecha estaban consagrados en el lexicón marxista y, como hemos visto, los mismos designan las dos tendencias fundamentales en el seno del proletariado (y por extensión en el seno del pueblo): la tendencia revolucionaria, que lucha por liquidar el capitalismo y reemplazarlo por el socialismo; y la tendencia oportunista, que lucha por atenuar algunas expresiones extremas del capitalismo, pero no por liquidarlo como sistema económico-social.

 

Con estos términos ha sucedido, pues, lo que Engels señala con toda razón en su famoso Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: las palabras valen no «lo que deberían denotar por su origen», sino lo que «significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real».

 

II

 

Exactamente como ayer la clase feudal fue la derecha por antonomasia, hoy la clase burguesa es la derecha por antonomasia. Por consiguiente, en nuestra época cualquier fuerza política en el seno del pueblo se define como de izquierda o de derecha en función de su posición ante al poder político de la burguesía.

 

Los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay, del Partido de los Trabajadores en Brasil, del Partido Socialista Unificado de Venezuela, del Movimiento al Socialismo en Bolivia, entre otros, son considerados por algunos como de izquierda. Pero la verdad es que, en rigor, ninguno de esos gobiernos es de izquierda, pues no tienen más horizonte que reformar el capitalismo.

 

No obstante, es un hecho que, con arreglo a su empleo real, el término izquierda ha cobrado una nueva acepción: designa también a las fuerzas políticas reformistas. Entonces, como consecuencia de ello, es menester aclarar que tales fuerzas son, en realidad, la izquierda de la derecha, pues, objetivamente, cumplen la función de sostener el sistema capitalista mediante su maquillaje.

 

Existe, pues, una diferencia sustancial entre la izquierda que lucha por liquidar el capitalismo y la izquierda que lucha por retocarlo, entre la izquierda revolucionaria y la izquierda reformista, entre la izquierda auténtica y la izquierda espuria.

 

Por otra parte, hay quienes creen decir algo muy profundo con aquello de que el marxismo «no es de derecha ni de izquierda, sino de avance». Con esto niegan que, con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real, el término izquierda encierra el concepto de avance, y el término derecha encierra el concepto de conservación. Ocurre, por lo tanto, que el marxismo es la doctrina de izquierda por antonomasia, sencillamente porque de su aplicación por el movimiento revolucionario dimana el avance histórico de la humanidad hacia su emancipación.

 

Contra la pretensión reaccionaria, hay que reivindicar los términos izquierda y derecha como conceptos políticos que dan cuenta del revolucionarismo y el conservadurismo, respectivamente; contra la maniobra oportunista de cubrirse detrás del término izquierda, hay que reivindicar su estricto significado revolucionario; contra la pretensión de descalificar ambos términos que tipifican las fuerzas políticas opuestas en el mundo actual, hay que reivindicar la acertada observación de Engels según la cual las palabras valen por lo que «significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real», pues el árbol del lenguaje vivo es siempre más verde que cualquier consideración etimológica.(1)

 

Nota

[1] De hecho, la última pretensión comentada es un caso de negación de la semántica diacrónica.

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