miércoles, 1 de abril de 2026

Literatura

La Crítica Literaria y la Política, a Propósito de la Obra de César Vallejo

Julio Carmona

POR EL CARÁCTER hondamente polisémico de la poesía de César Vallejo, los estudios críticos han sido muy diversos al momento de abordarla, desde disímiles perspectivas: la raza, la religión, la técnica formal, la política, etc. Y, desde luego, eso ratifica su riqueza, originalidad e importancia. Y yo considero que todas esas posturas críticas merecen respeto, tienen su razón de ser. Cada cual, en su propia especificidad, se defienden o se devalúan solas. Y también todas están sujetas a crítica. Sin embargo, cuando se critica a los críticos a veces se pretende hacerlos ver como que sus enfoques ya deben ser puestos en cuarentena, como que ya son obsoletos o que siguen machacando en fierro frío. Y sobre esta reacción (que, por decir lo menos, considero injusta) voy a comentar una opinión de Marco Martos Carrera (1942). Tratando el tema referido, escribe:

Se creyó, en los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil Española, que eran la historia y la ideología los pilares de su magnífica poesía, y se siguió pensando de ese modo en los años de la Guerra Fría, [primera página de la «Presentación» al libro Vallejo 2014. Lima: Cátedra Vallejo, tomo 1, p. 11],

obsérvese que MM alude a un tipo de crítica bastante alejada en el tiempo (años 40 del siglo pasado) y aun agrega que continuó hasta los años 90, que es cuando termina la Guerra Fría; y de esa propuesta se colige que la intención es insinuar su obsolescencia. Y cuál era el punto central de esa crítica: ‘que la historia y la ideología eran los pilares de la poesía de CV’. Pero decir eso induce a creer o a hacer creer que en los períodos señalados solo existió ese tipo de enfoque crítico (ideológico/historicista), como si la crítica formalista no hubiera existido desde entonces y aun antes, y también se entiende que recién en el año que MM escribe su texto se estaría manifestando ese enfoque crítico formalista, opuesto al (o superador del) «historicista-ideológico». No es gratuito que termine su texto indicando que «Principiamos esta tarea y seguiremos con Vallejo siempre» (op. cit. 13). Pero queda flotando la siguiente pregunta: ¿quién hacía esa crítica sesgada ideológico/historicista?, porque hasta ahí no se ha precisado esto; no se menciona a ninguno de sus cultores. Sin embargo, el texto sigue así:

pero el marxismo, años después, ha dejado de ser una filosofía de la acción, como quería Marx mismo, y se ha transformado, como hubiera temido su creador, solo en una manera de analizar el mundo (Ibídem).

Y, como no ha especificado quién o quiénes hacían ese tipo de crítica, y en tanto el lector espera esa aclaración, MM, indirectamente, lo insinúa y dice que «… el marxismo, años después, ha dejado de ser una filosofía de la acción, como quería Marx mismo». Es decir, no asevera que esa crítica sea la marxista (pues para ello hubiera sido honesto que indicase a uno o dos autores que —desde el marxismo— así lo hicieron), pero solo lo sugiere, porque —inmediatamente— pasa a hablar no de la crítica literaria marxista, que es lo que correspondía hacer, sino de su filosofía.

Sin embargo, no debe perderse de vista que esto lo dice después de esta previa aseveración: que lo que creyó la crítica literaria después de la Guerra Civil española y en los años de la guerra fría, es decir, casi toda la segunda mitad del siglo XX: «que eran la historia y la ideología los pilares de su magnífica poesía [de CV]», y, si se relacionan ambas aseveraciones, se tiene que llegar a la conclusión de que —según MM— la crítica literaria del marxismo se reducía a esa prescripción ideológico/historicista. Y, en el supuesto de que así lo fuera, esa es responsabilidad absoluta del marxismo, como el formalismo lo es de la crítica que hacen sus adeptos formalistas. Y ni uno ni otro tienen autoridad para prohibirse la respectiva acción contraria.

Pero MM todavía agrega algo sobre el marxismo que merece ser confrontado, pues dice de este que —de ser una filosofía de la acción— «se ha transformado, como hubiera temido su creador, solo en una manera de analizar el mundo»; entonces, resulta que la crítica marxista ya no tiene nada qué decir sobre la poesía de CV, no solo por decrepitud sino, además, porque el marxismo que hay en su poesía es prescindible; y así lo dice más adelante: «Independientemente de la misma ideología que aparecía en sus textos, la escritura de Vallejo sigue siendo potente y conmovedora» (ibíd.)

Es obvio que MM está contrastando dos concepciones críticas: la del formalismo y la del marxismo, nada más que lo hace sibilinamente. Y, más aun, de toda esa prescripción también ha de entenderse que el propio marxismo también es prescindible, pues no tiene ya cómo transformar la realidad puesto que, hoy por hoy, reduce todo su esfuerzo a analizarla. Y, en el fondo, esa es la intención subyacente a todo lo expuesto, escuetamente, en la presentación analizada e interpretada aquí. Sin embargo, hay que aclarar algo sobre esa devaluación del marxismo, porque su filosofía no ha dejado de ser una filosofía de la acción; decir lo contrario, es declarar su certificado de defunción. Y, hoy por hoy, pasados doce años de que MM escribiera su texto, el marxismo sigue tan vivo como cuando nació, hace más de 170 años y nos sobrevivirá a todos. Y esto lo demuestran los pueblos del mundo que luchan contra su enemigo principal, el sistema capitalista que Marx desnudara y, ahora, contra su evolución imperialista; y la prueba más contundente de esto es lo realizado por la República Popular China para la cual el marxismo sigue siendo su guía para la acción ¿o es que MM ha descubierto otra doctrina filosófica que lo suplante?

Ahora bien, si existió ese tipo de crítica —que reducía sus alcances a lo meramente «histórico-ideológico»— hubiera sido interesante que MM ilustrase su existencia con los nombres de sus cultores, como más adelante lo hará con ‘las personas que habían conocido y que apreciaban’ a Vallejo, y que al ocuparse de su obra «con agudeza hacían observaciones pertinentes». Y, entre esas personas, MM menciona a Haya de la Torre. Pero, aparte de que MM no precisa cuál es el trabajo en que Haya ‘con agudeza hubiera hecho esas observaciones pertinentes’ sobre la poesía de CV, hay testimonio de otros amigos que señalan una relación tirante entre ambos:

Vallejo no era un desconocido para Haya, pues ambos habían trabado ya amistad en Trujillo, cuando el cholo estudiaba en la universidad de esa ciudad. Pero me parece haber advertido siempre que Haya, aunque bien hubiera querido tenerlo en sus filas, sentía por él cierto recelo, a causa de la fuerte personalidad del poeta (More, 1988: 61).

Y la misma mención, MM la hace con «los investigadores universitarios»; pero respecto de los ‘críticos histórico-ideológicos’ los lectores nos quedamos en ayunas. Y en el supuesto caso de que existieran esos críticos, no creemos que sus textos merezcan el desprecio o la remisión al ostracismo, pues alguna ‘observación pertinente’ de ellos ha de ser rescatable. Y el hecho de que MM diga que ese tipo de crítica pertenezca al pasado tampoco clausura el hecho de que en el presente también se traten los temas de la realidad, la historia y la ideología en la obra poética de CV. Una muestra de esto es el libro de Víctor Vich (2021, que aborda el tema de la política en la poesía de CV).

El afirmar lo contrario resulta, más bien, una intención ideológica como, al parecer, es la de MM en el desarrollo de su texto. Que diga, por ejemplo:

Independientemente de la misma ideología que aparecía en sus textos, la escritura de Vallejo sigue potente y conmovedora (Ibíd.),

Se ve, entonces, que con la expresión puesta en cursiva ¿da a entender que esa ‘ideología ya no aparece’ en los textos de CV? Entonces, el lector tiene la sensación de que lo que se quiere no es solo desterrar del campo de la crítica los enfoques que tratan esos temas de la realidad, la historia y la ideología, poniendo entre paréntesis esos temas aunque sigan estando presentes en los textos de CV, sino que, además, se está induciendo a aislarlos, y proponer como única válida a la concepción crítica formalista, pues destaca el hecho de que «la escritura de Vallejo sigue potente y conmovedora»: independientemente de su ideología. Esta opción crítica que propugna la desatención de la ideología de un autor, está bien que sea privativa de alguien o de un grupo; pero no como una devaluación de otros que quieren —con igual derecho— hacer lo contrario. Y no otra cosa se desprende de la siguiente aseveración (por demás severa) de MM:

De otro lado, aquellos que interpretan la poesía de nuestro autor buscando aquello real irreductible o el sentido inalienable de las cosas, en palabras de Roland Barthes, suelen en ocasiones encontrarse en verdaderos callejones sin salida y se encuentran con un muro de silencio al final de su jornada, porque la lírica de Vallejo, más que ninguna otra de Occidente, se resiste al camino unívoco de las verdades de a puño como quisieron algunos estudiosos que endiosaban un método u otro de estudio (op. cit. págs. 11-12).

Veamos, primero, la parte de esta cita en que se dice que quienes hacen la crítica política «se encuentran con un muro de silencio al final de su jornada»: porque esto mismo lo dice MM —en otro texto— que le pasa a los críticos formalistas de la poesía: «… pese a los espectaculares avances de la lingüística y de la interpretación de textos literarios, estamos todavía (y tal vez lo estemos siempre) en el principio del principio de la interpretación global de la escritura surrealista» (Martos, 2013: 35). O sea que de ese muro de silencio detectado por MM tampoco escapan los formalistas.

Ahora bien, volviendo a la cita precedente. En su parte final nos encontramos otra vez con el «ayuno», pues no se cubre nuestra expectativa por saber quiénes son esos «algunos estudiosos» que buscaban solo lo ‘real irreductible o el sentido inalienable de las cosas o el camino unívoco de las verdades de a puño’ y que además «endiosaban un método u otro de estudio». Aunque toda la recusación a ese tipo de crítica resulta volverse, en retroceso como búmeran, a su punto de procedencia, pues el hecho de descartar ese método que se ha caricaturizado, implica estar proponiendo otro que resulta, a su vez, «endiosado» pues desestima al que pone como ejemplo negativo, y si no se quiere ser ‘un estudioso que endiosa un método u otro de estudio’, pues se debe ser tolerante con todos los métodos que en el mundo han sido, aunque no sean gratos a quien los denuesta, y aunque se tenga preferencia por uno en especial. Como, al parecer, es el caso de MM, quien —después de la cita precedente— sugiere cuál es el tipo de estudio que el releva:

Es cierto que la poesía de Vallejo es compleja, la más compleja en varios siglos, desde Góngora y Quevedo, y es cierto que su grandeza se va asimilando poco a poco, pero es verdad también que como aquella de Mallarmé a la que el vate peruano tanto admiraba, deja siempre una pista para el lector de buena voluntad que encuentra en esos renglones pergeñados hace más de setenta años un camino de perfección de su propia humanidad. Vallejo se ha convertido en un escritor clásico, porque independientemente de la ideología marxista de su adultez, independientemente también del pensamiento cristiano que puede rastrearse en toda su escritura, tiene algo básico universal que latía en los hombres de la horda y que vive todavía en el cuerpo y en la mente del hombre que habita las grandes urbes contemporáneas. Y eso lo capta cualquier lector acucioso. (Ibíd.)

Con esta expresión: «la poesía de Vallejo es compleja, la más compleja en varios siglos, desde Góngora y Quevedo», se está privilegiando la estructura formal de la poesía de CV y, de preferencia, su complejidad, dada la premisa discriminante de las citas anteriores, y, más aun, si se la relaciona con dos de los paradigmas formalistas del barroco español: Góngora y Quevedo. Y esto se ratifica con la inclusión de otro representante paradigmático del formalismo moderno (siglo XIX), Stephane Mallarmé, y se hace más evidente cuando se dice que la «grandeza» de Vallejo, igual que la de Mallarmé, «se va asimilando poco a poco», aunque —dice MM— ambos dejan «siempre una pista para el lector de buena voluntad» (…) Y aquí bien vale hacer una pausa sobre esta tendencia de vincular a CV con escritores como Baudelaire (y en este caso Mallarmé) como si su «admiración» fuera garantía de identificación estética. En todo caso, CV no exoneraba a Mallarmé de su relación con lo social y lo político. Dice:

Mallarmé vivió en perpetua abstención política, neutral ante el flujo y reflujo de los parlamentos y ausente de los comicios, asambleas y partidos políticos. ¿Se colegirá de aquí que “La siesta del fauno” carece de espíritu político y de sentido social? Evidentemente, no. (Vallejo, 1973-2: 48).

Y de esta forma se presentan «verdades que no requieren demostración», pues en todos los textos informativos de CV (crónicas, opiniones estéticas, en sus textos poéticos, salvo el que acabamos de citar) no aparece el nombre de Mallarmé. Cabe preguntar ¿de dónde ha sacado MM la idea de que ‘el vate peruano admiraba tanto la grandeza de Mallarmé’?

Pero volvamos a la cita de MM; y ahí se ve esta frase: lector de buena voluntad que resulta ser un tanto sibilina, pues lleva a deducir que los hay de «mala voluntad» y que, obviamente, serían los arriba estigmatizadosque buscaban solo lo real irreductible o el sentido inalienable de las cosas o el camino unívoco de las verdades de a puño’. Y, más aun, se entiende que solo este «lector de buena voluntad» ‘encuentra un camino de perfección de su propia humanidad’. Y con esta otra expresión: «independientemente de la ideología marxista de su adultez, independientemente también del pensamiento cristiano que puede rastrearse en toda su escritura», encontramos una aseveración segregacionista de otras posibilidades de interpretación que no sean las puramente formalistas, lo que es, al mismo tiempo, contradictorio, porque si se admite que la obra de CV se puede analizar ‘independientemente de sus ideologías marxista y cristiana’ y eso es porque están vivas y actuantes ahí, ¿por qué decir que esa escritura se puede estudiar independientemente de ellas? Y está bien que se haga así, pero sin excluir a quienes se inclinan por lo otro.

Ahora bien, tomemos del inciso anterior la primera frase: «Vallejo se ha convertido en un escritor clásico», pues encaja perfectamente con la que inicia este apartado, no solo porque es su continuación sino porque establece una conclusión también segregacionista, que se puede plantear con una pregunta: ¿solo ‘lo clásico’ «tiene algo básico universal que latía en los hombres de la horda y que vive todavía en el cuerpo y en la mente del hombre que habita las grandes urbes contemporáneas»?, y que esto ¿solo puede ser percibido por «cualquier lector acucioso»?, frase esta última que recuerda a una anterior: «lector de buena voluntad», es decir que ambos calificativos son atribuibles al lector formalista que estudia la obra de CV «independientemente de la ideología marxista de su adultez», pues, quienes hacen lo contrario no son ‘lectores acuciosos ni de buena voluntad’.

Y todo esto que hemos destacado y se desprende de esa presentación al libro citado, es controvertido por el mismo MM en la presentación a otro libro (Hart, 2014), en la que dice lo siguiente:

En el esquema de la comunicación, durante mucho tiempo se nos ha dicho que lo único importante es el texto en sí mismo y que del resto se puede prescindir, lección que no es sino una distorsión de lo que sostenían los llamados formalistas rusos. Debemos a Georg Lukács, especialmente, el llamado de atención sobre los hechos sociales en la producción de la obra literaria. Y no olvidemos que Walter Benjamin estudió la poesía de Baudelaire a través del pulso de la vida de París. Y desde esa perspectiva nos introducimos de nuevo en el individuo, en la suma de individuos, con sus vivencias, sus pasiones, sus intereses, sus conflictos, que tienen sin duda repercusión en los textos de los escritores (2014: 12).

A lo dicho por MM, debe acotarse que, por la misma época que Lukács, Bertolt Brecht también realizó su incursión teórica, y ambos dentro de la tradición teórico-crítica del marxismo, y cuya descripción por MM: «el llamado de atención sobre los hechos sociales en la producción de la obra literaria», no tendría por qué considerarse como solo atribuible a Lukács; y, más bien, dentro de esa tradición, hay que precisar la existencia de dos tendencias no necesariamente coincidentes y que en la época de Lukács y Brecht adoptarían los sellos de la ortodoxia (Brecht) y la heterodoxia (Lukács), y esta divergencia no ha de soslayarse sin riesgo de desviación.

Por otro lado, cuando se dice «una distorsión de lo que sostenían los llamados formalistas rusos», se sugiere que lo dicho por estos formalistas rusos era diferente a esta «lección» (que es así que la llama MM): «que lo único importante es el texto en sí mismo y que del resto se puede prescindir», y, en primer lugar, hay que aclarar que no es que los formalistas rusos fueran llamados así por otros, sino que ellos mismos adoptaron dicha denominación de buen grado, aunque hubiera tenido su origen en una calificación externa a ellos; porque el formalismo tiene su punto de partida en la adopción que de él se hizo como método. Y así lo explica, por ejemplo, Shklovski —uno de los formalistas rusos— «El método formal —dice— es en el fondo sencillo: es una vuelta a la profesión» (Volek, 1985: 49): es decir, a estudiar el objeto en sí mismo, sin relacionarlo con circunstancias externas a él. En lo que respecta a la denominación, se dio algo similar a lo acaecido con el impresionismo en pintura. Y, en todo caso, se podría asumir la distorsión en el sentido de que la propuesta formalista incluía al contenido dentro de la forma. Como dice Volek: «Al identificar todo en la obra con la forma, el “contenido” no se evapora sin más» (53). Pero lo cierto es que el formalismo se quedó en eso que MM describe como distorsión. Y, en segundo término, si bien la «lección» sintetizada por MM no necesariamente es una versión literal de algún formalista, ello no quiere decir que sea desfasada o «una distorsión» de su teoría en sí.

Y todo esto es preciso aclararlo desde el inicio porque son nexos introductorios que se convierten en cimientos de lo que vendrá después. En efecto, líneas más adelante, MM, pasa a hablar del tema psicológico, y dice: «… el autor, vilipendiado como algo superfluo, un señuelo que desvía la atención sobre lo secundario, vuelve a ser materia de interés desde varios ángulos; uno, sin duda, el psicológico, que Freud trabajó con denuedo en sus textos teóricos y en sus propios análisis literarios y psicoanalíticos». (Cabe preguntar aquí, de paso: ¿por qué al referirse a la psicología se remite a su máximo exponente, Freud, y cuando se refirió a la sociología no hizo lo mismo con Marx y derivó hacia Lukács?)

Y, luego, MM agrega: «Al discurso del paciente, a su libre asociación de ideas o al texto del autor, el analista o el lector se enfrentan con una atención libre flotante que permite descubrir y precisar las alteraciones a la normalidad del discurso, para aislar o un síntoma o un recurso literario valioso, que no es más que la esencia de lo diferente y finalmente bello» (Ibíd.) En este agregado se percibe aquello que venimos denunciando como una mecánica interpolación de ciertos sucesos acaecidos en la vida de un autor como motivadores o generadores de su dicción o adicción poéticas. Y lo más curioso de esto es que MM lo llega a considerar como algo ineludible: «Entonces —dice—, de manera categórica, podemos decir que en (sic: en el) terreno de los estudiosos ya no se puede desdeñar la biografía de los autores, y si alguien lo hiciera corre el peligro de dejar en la oscuridad pasajes muy interesantes, sobre todo en poesía.»

Esta primera conclusión a que llega MM es, por decir lo menos, tardía. Vemos, pues, que con esto último comentado, se puede establecer la contradicción sugerida que hay con la posición formalista defendida antes por MM. Y tanto así que él mismo lo reconoce, a pie juntillas: «Pero una cosa es lo que ocurre en los predios universitarios y otra afuera. Los lectores comunes y corrientes, a lo largo de los siglos, no han dejado de creer nunca que la biografía de un autor importante es de interés». Y, después de mencionar varios casos que ilustran su aserto, concluye con el caso emblemático de Dante, y dice que «El gran número de florentinos que están en los círculos del infierno solo puede explicarse por la animadversión del poeta por quienes, siendo sus paisanos, lo habían expulsado de su ciudad natal.»

Una última pregunta que hace MM es opinable también: «¿Borró el marxismo el cristianismo inicial del poeta?» En principio, es esta (marxismo/cristianismo) una oposición inexistente: el marxismo es ciencia, el cristianismo es creencia. Cuando Marx dijo que «la religión es el opio de los pueblos» no lo dijo solo con referencia al cristianismo, sino a toda religión. Mientras el marxismo lucha por liberar al ser humano en la tierra (liberarlo incluso de su ilusión post morten), el cristianismo pretende hacerlo «en el cielo» (manteniéndolo atado a esta ilusión en la tierra). De ahí que no sea contradictorio (o, en todo caso, es una contradicción por unidad de contrarios) que haya sacerdotes cristianos o católicos que adhieran a los reclamos de justicia marxistas, y que hasta tomen las armas para su consecución. Si alguna relación cristiana o marxista se encuentra en la poesía de CV, no debe servir para tratarlas con maniqueísmo, porque incluso pueden estar siendo utilizadas como mecanismo de construcción poética y no necesariamente como confesiones de filiación ideológica, para —por ellas— determinar que CV fue un «poeta marxista» (denominación que no existe en la ciencia literaria de esta doctrina) o un «poeta metafísico y cristiano». ¿Quién que ha nacido en un hogar católico no ha sido conminado por su familia a aceptar la idea de un dios omnipotente? Pero de esta imposición muchos se liberaron al adoptar una ideología científica que les quitó la venda de los ojos y de la consciencia. Y es esta última concepción la que prima o prevalece en el resumen de su vida. Vallejo no tiene por qué ser una excepción.

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Hart, Stephen M. (2013). César Vallejo. Una biografía literaria. Lima: Cátedra Vallejo et. al.

Martos, Marco (2013). En las fronteras de la poesía. Lima: Lápix.

Martos, Marco (2014). Poéticas de César Vallejo. Lima: Cátedra Vallejo et. al.

More, Ernesto (1988).  Vallejo, en la encrucijada del drama peruano. Lima: Moisés Bendezú.

Vallejo, César (1973). El arte y la revolución. Lima: Mosca Azul Editores.

Vich, Víctor (2021). César Vallejo: Un poeta del acontecimiento. Lima: Horizonte.

Volek, Emil (1985). Metaestructuralismo. Madrid: Fundamentos.

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