La Crítica
Literaria y la Política, a Propósito de la Obra de César Vallejo
Julio
Carmona
POR EL CARÁCTER hondamente
polisémico de la poesía de César Vallejo, los estudios críticos han sido muy
diversos al momento de abordarla, desde disímiles perspectivas: la raza, la
religión, la técnica formal, la política, etc. Y, desde luego, eso ratifica su
riqueza, originalidad e importancia. Y yo considero que todas esas posturas
críticas merecen respeto, tienen su razón de ser. Cada cual, en su propia
especificidad, se defienden o se devalúan solas. Y también todas están sujetas
a crítica. Sin embargo, cuando se critica a los críticos a veces se pretende
hacerlos ver como que sus enfoques ya deben ser puestos en cuarentena, como que
ya son obsoletos o que siguen machacando en fierro frío. Y sobre esta reacción
(que, por decir lo menos, considero injusta) voy a comentar una opinión de
Marco Martos Carrera (1942). Tratando el tema referido, escribe:
Se creyó, en los años inmediatamente posteriores a
la Guerra Civil Española, que eran la historia y la ideología los pilares de su
magnífica poesía, y se siguió pensando de ese modo en los años de la Guerra
Fría, [primera página de la «Presentación» al libro Vallejo
2014. Lima: Cátedra Vallejo, tomo 1, p. 11],
obsérvese que MM alude a un
tipo de crítica bastante alejada en el tiempo (años 40 del siglo pasado) y aun
agrega que continuó hasta los años 90, que es cuando termina la Guerra Fría; y
de esa propuesta se colige que la intención es insinuar su obsolescencia. Y
cuál era el punto central de esa crítica: ‘que la historia y la ideología eran
los pilares de la poesía de CV’. Pero decir eso induce a creer o a hacer creer
que en los períodos señalados solo existió ese tipo de enfoque crítico
(ideológico/historicista), como si la crítica formalista no hubiera existido
desde entonces y aun antes, y también se entiende que recién en el año que MM
escribe su texto se estaría manifestando ese enfoque crítico formalista,
opuesto al (o superador del) «historicista-ideológico». No es gratuito que
termine su texto indicando que «Principiamos esta tarea y seguiremos con
Vallejo siempre» (op. cit. 13). Pero queda flotando la siguiente pregunta:
¿quién hacía esa crítica sesgada ideológico/historicista?,
porque hasta ahí no se ha precisado esto; no se menciona a ninguno de sus
cultores. Sin embargo, el texto sigue así:
pero el marxismo, años después, ha dejado de ser
una filosofía de la acción, como quería Marx mismo, y se ha transformado, como
hubiera temido su creador, solo en una manera de analizar el mundo (Ibídem).
Y, como no ha especificado
quién o quiénes hacían ese tipo de crítica, y en tanto el lector espera esa
aclaración, MM, indirectamente, lo insinúa y dice que «… el marxismo, años
después, ha dejado de ser una filosofía de la acción, como quería Marx mismo».
Es decir, no asevera que esa crítica sea la marxista (pues para ello hubiera
sido honesto que indicase a uno o dos autores que —desde el marxismo— así lo
hicieron), pero solo lo sugiere, porque —inmediatamente— pasa a hablar no de la
crítica literaria marxista, que es lo que correspondía hacer, sino de su
filosofía.
Sin
embargo, no debe perderse de vista que esto lo dice después de esta previa
aseveración: que lo que creyó la crítica literaria después de la Guerra Civil
española y en los años de la guerra fría, es decir, casi toda la segunda mitad
del siglo XX: «que eran la historia y la ideología los pilares de su magnífica
poesía [de CV]», y, si se relacionan ambas aseveraciones, se tiene que llegar a
la conclusión de que —según MM— la crítica literaria del marxismo se reducía a
esa prescripción ideológico/historicista.
Y, en el supuesto de que así lo fuera, esa es responsabilidad absoluta del
marxismo, como el formalismo lo es de la crítica que hacen sus adeptos
formalistas. Y ni uno ni otro tienen autoridad para prohibirse la respectiva acción contraria.
Pero
MM todavía agrega algo sobre el marxismo que merece ser confrontado, pues dice
de este que —de ser una filosofía de la acción— «se ha transformado, como
hubiera temido su creador, solo en una manera de analizar el mundo»; entonces,
resulta que la crítica marxista ya no tiene nada qué decir sobre la poesía de
CV, no solo por decrepitud sino, además, porque el marxismo que hay en su
poesía es prescindible; y así lo dice más adelante: «Independientemente de la
misma ideología que aparecía en sus textos, la escritura de Vallejo sigue
siendo potente y conmovedora» (ibíd.)
Es
obvio que MM está contrastando dos concepciones críticas: la del formalismo y
la del marxismo, nada más que lo hace sibilinamente. Y, más aun, de toda esa
prescripción también ha de entenderse que el propio marxismo también es
prescindible, pues no tiene ya cómo transformar la realidad puesto que, hoy por
hoy, reduce todo su esfuerzo a analizarla. Y, en el fondo, esa es la intención
subyacente a todo lo expuesto, escuetamente, en la presentación analizada e
interpretada aquí. Sin embargo, hay que aclarar algo sobre esa devaluación del
marxismo, porque su filosofía no ha dejado de ser una filosofía de la acción;
decir lo contrario, es declarar su certificado de defunción. Y, hoy por hoy,
pasados doce años de que MM escribiera su texto, el marxismo sigue tan vivo
como cuando nació, hace más de 170 años y nos sobrevivirá a todos. Y esto lo
demuestran los pueblos del mundo que luchan contra su enemigo principal, el
sistema capitalista que Marx desnudara y, ahora, contra su evolución
imperialista; y la prueba más contundente de esto es lo realizado por la
República Popular China para la cual el marxismo sigue siendo su guía para la
acción ¿o es que MM ha descubierto otra doctrina filosófica que lo suplante?
Ahora
bien, si existió ese tipo de crítica —que reducía sus alcances a lo meramente
«histórico-ideológico»— hubiera sido interesante que MM ilustrase su existencia
con los nombres de sus cultores, como más adelante lo hará con ‘las personas
que habían conocido y que apreciaban’ a Vallejo, y que al ocuparse de su obra
«con agudeza hacían observaciones pertinentes». Y, entre esas personas, MM menciona a Haya
de la Torre. Pero, aparte de que MM no precisa cuál es el trabajo en que Haya
‘con agudeza hubiera hecho esas observaciones pertinentes’ sobre la poesía de
CV, hay testimonio de otros amigos que señalan una relación tirante entre
ambos:
Vallejo no era un desconocido para Haya, pues ambos
habían trabado ya amistad en Trujillo, cuando el cholo estudiaba en la
universidad de esa ciudad. Pero me parece haber advertido siempre que Haya,
aunque bien hubiera querido tenerlo en sus filas, sentía por él cierto recelo,
a causa de la fuerte personalidad del poeta (More, 1988: 61).
Y la misma mención, MM la
hace con «los investigadores universitarios»; pero respecto de los ‘críticos
histórico-ideológicos’ los lectores nos quedamos en ayunas. Y en el supuesto
caso de que existieran esos críticos, no creemos que sus textos merezcan el
desprecio o la remisión al ostracismo, pues alguna ‘observación pertinente’ de
ellos ha de ser rescatable. Y el hecho de que MM diga que ese tipo de crítica
pertenezca al pasado tampoco clausura el hecho de que en el presente también se
traten los temas de la realidad, la historia y la ideología en la obra poética
de CV. Una muestra de esto es el libro de Víctor Vich (2021, que aborda el tema
de la política en la poesía de CV).
El
afirmar lo contrario resulta, más bien, una intención ideológica como, al
parecer, es la de MM en el desarrollo de su texto. Que diga, por ejemplo:
Independientemente de la misma ideología que
aparecía en sus textos, la escritura de Vallejo sigue potente y conmovedora
(Ibíd.),
Se ve, entonces, que con la
expresión puesta en cursiva ¿da a entender que esa ‘ideología ya no aparece’ en
los textos de CV? Entonces, el lector tiene la sensación de que lo que se
quiere no es solo desterrar del campo de la crítica los enfoques que tratan
esos temas de la realidad, la historia y la ideología, poniendo entre
paréntesis esos temas aunque sigan
estando presentes en los textos de CV, sino que, además, se está induciendo
a aislarlos, y proponer como única válida a la concepción crítica formalista,
pues destaca el hecho de que «la escritura de Vallejo sigue potente y
conmovedora»: independientemente de su ideología. Esta opción crítica
que propugna la desatención de la ideología de un autor, está bien que sea
privativa de alguien o de un grupo; pero no como una devaluación de otros que
quieren —con igual derecho— hacer lo contrario. Y no otra cosa se desprende de la
siguiente aseveración (por demás severa) de MM:
De otro lado, aquellos que interpretan la poesía de
nuestro autor buscando aquello real irreductible o el sentido inalienable de
las cosas, en palabras de Roland Barthes, suelen en ocasiones encontrarse en
verdaderos callejones sin salida y se encuentran con un muro de silencio al
final de su jornada, porque la lírica de Vallejo, más que ninguna otra de
Occidente, se resiste al camino unívoco de las verdades de a puño como
quisieron algunos estudiosos que endiosaban un método u otro de estudio (op.
cit. págs. 11-12).
Veamos, primero, la parte de
esta cita en que se dice que quienes hacen la crítica política «se encuentran
con un muro de silencio al final de su jornada»: porque esto mismo lo dice MM
—en otro texto— que le pasa a los críticos formalistas de la poesía: «… pese a
los espectaculares avances de la lingüística y de la interpretación de textos
literarios, estamos todavía (y tal vez lo estemos siempre) en el principio del
principio de la interpretación global de la escritura surrealista» (Martos,
2013: 35). O sea que de ese muro de silencio detectado por MM tampoco
escapan los formalistas.
Ahora
bien, volviendo a la cita precedente. En su parte final nos encontramos otra
vez con el «ayuno», pues no se cubre nuestra expectativa por saber quiénes son
esos «algunos estudiosos» que buscaban solo lo ‘real irreductible o el sentido
inalienable de las cosas o el camino unívoco de las verdades de a puño’ y que
además «endiosaban un método u otro de estudio». Aunque toda la recusación a
ese tipo de crítica resulta volverse, en retroceso como búmeran, a su punto de
procedencia, pues el hecho de descartar ese método que se ha caricaturizado,
implica estar proponiendo otro que resulta, a su vez, «endiosado» pues
desestima al que pone como ejemplo negativo, y si no se quiere ser ‘un
estudioso que endiosa un método u otro de estudio’, pues se debe ser tolerante
con todos los métodos que en el mundo han sido, aunque no sean gratos a quien
los denuesta, y aunque se tenga preferencia por uno en especial. Como, al
parecer, es el caso de MM, quien —después de la cita precedente— sugiere cuál
es el tipo de estudio que el releva:
Es cierto que la poesía de Vallejo es compleja, la
más compleja en varios siglos, desde Góngora y Quevedo, y es cierto que su
grandeza se va asimilando poco a poco, pero es verdad también que como aquella
de Mallarmé a la que el vate peruano tanto admiraba, deja siempre una pista
para el lector de buena voluntad que encuentra en esos renglones pergeñados
hace más de setenta años un camino de perfección de su propia humanidad.
Vallejo se ha convertido en un escritor clásico, porque independientemente de la
ideología marxista de su adultez, independientemente también del pensamiento
cristiano que puede rastrearse en toda su escritura, tiene algo básico
universal que latía en los hombres de la horda y que vive todavía en el cuerpo
y en la mente del hombre que habita las grandes urbes contemporáneas. Y eso lo
capta cualquier lector acucioso. (Ibíd.)
Con esta expresión: «la
poesía de Vallejo es compleja, la más compleja en varios siglos, desde Góngora
y Quevedo», se está privilegiando la estructura formal de la poesía de CV y, de
preferencia, su complejidad, dada la premisa discriminante de las citas
anteriores, y, más aun, si se la relaciona con dos de los paradigmas
formalistas del barroco español: Góngora y Quevedo. Y esto se ratifica con la
inclusión de otro representante paradigmático del formalismo moderno (siglo
XIX), Stephane Mallarmé, y se hace más evidente cuando se dice que la
«grandeza» de Vallejo, igual que la de Mallarmé, «se va asimilando poco a
poco», aunque —dice MM— ambos dejan «siempre una pista para el lector de buena
voluntad» (…) Y aquí bien vale hacer una pausa sobre esta tendencia de vincular
a CV con escritores como Baudelaire (y en este caso Mallarmé) como si su
«admiración» fuera garantía de identificación estética. En todo caso, CV no
exoneraba a Mallarmé de su relación con lo social y lo político. Dice:
Mallarmé vivió en perpetua abstención política,
neutral ante el flujo y reflujo de los parlamentos y ausente de los comicios,
asambleas y partidos políticos. ¿Se colegirá de aquí que “La siesta del fauno”
carece de espíritu político y de sentido social? Evidentemente, no. (Vallejo,
1973-2: 48).
Y de esta forma se presentan
«verdades que no requieren demostración», pues en todos los textos informativos
de CV (crónicas, opiniones estéticas, en sus textos poéticos, salvo el que
acabamos de citar) no aparece el nombre de Mallarmé. Cabe preguntar ¿de dónde
ha sacado MM la idea de que ‘el vate peruano admiraba tanto la grandeza de
Mallarmé’?
Pero
volvamos a la cita de MM; y ahí se ve esta frase: lector de buena voluntad que resulta ser un tanto sibilina, pues
lleva a deducir que los hay de «mala voluntad» y que, obviamente, serían los
arriba estigmatizados ‘que
buscaban solo lo real irreductible o el sentido inalienable de las cosas o el
camino unívoco de las verdades de a puño’. Y, más aun, se entiende que solo
este «lector de buena voluntad» ‘encuentra un
camino de perfección de su propia humanidad’. Y con esta otra expresión:
«independientemente de la ideología marxista de su adultez, independientemente
también del pensamiento cristiano que puede rastrearse en toda su escritura»,
encontramos una aseveración segregacionista de otras posibilidades de
interpretación que no sean las puramente formalistas, lo que es, al mismo
tiempo, contradictorio, porque si se admite que la obra de CV se puede analizar
‘independientemente de sus ideologías marxista y cristiana’ y eso es porque
están vivas y actuantes ahí, ¿por qué decir que esa escritura se puede estudiar
independientemente de ellas? Y está bien que se haga así, pero sin excluir a
quienes se inclinan por lo otro.
Ahora
bien, tomemos del inciso anterior la primera frase: «Vallejo se ha convertido
en un escritor clásico», pues encaja perfectamente con la que inicia este
apartado, no solo porque es su continuación sino porque establece una
conclusión también segregacionista, que se puede plantear con una pregunta:
¿solo ‘lo clásico’ «tiene
algo básico universal que latía en los hombres de la horda y que vive todavía
en el cuerpo y en la mente del hombre que habita las grandes urbes
contemporáneas»?, y que esto ¿solo puede ser percibido por «cualquier lector
acucioso»?, frase esta última que recuerda a una anterior: «lector de buena
voluntad», es decir que ambos calificativos son atribuibles al lector
formalista que estudia la obra de CV «independientemente de la ideología
marxista de su adultez», pues, quienes hacen lo contrario no son ‘lectores
acuciosos ni de buena voluntad’.
Y
todo esto que hemos destacado y se desprende de esa presentación al libro
citado, es controvertido por el mismo MM en la presentación a otro libro (Hart,
2014), en la que dice lo siguiente:
En el esquema de la
comunicación, durante mucho tiempo se nos ha dicho que lo único importante es
el texto en sí mismo y que del resto se puede prescindir, lección que no es
sino una distorsión de lo que sostenían los llamados formalistas rusos. Debemos
a Georg Lukács, especialmente, el llamado de atención sobre los hechos sociales
en la producción de la obra literaria. Y no olvidemos que Walter Benjamin
estudió la poesía de Baudelaire a través del pulso de la vida de París. Y desde
esa perspectiva nos introducimos de nuevo en el individuo, en la suma de
individuos, con sus vivencias, sus pasiones, sus intereses, sus conflictos, que
tienen sin duda repercusión en los textos de los escritores (2014: 12).
A lo dicho por MM, debe acotarse que, por la misma época que Lukács,
Bertolt Brecht también realizó su incursión teórica, y ambos dentro de la
tradición teórico-crítica del marxismo, y cuya descripción por MM: «el llamado
de atención sobre los hechos sociales en la producción de la obra literaria»,
no tendría por qué considerarse como solo atribuible a Lukács; y, más bien,
dentro de esa tradición, hay que precisar la existencia de dos tendencias no
necesariamente coincidentes y que en la época de Lukács y Brecht adoptarían los
sellos de la ortodoxia (Brecht) y la heterodoxia (Lukács), y esta divergencia
no ha de soslayarse sin riesgo de desviación.
Por otro lado, cuando se dice «una distorsión de lo que
sostenían los llamados formalistas rusos», se sugiere que lo dicho por estos
formalistas rusos era diferente a esta «lección» (que es así que la llama MM):
«que lo único importante es el texto en sí mismo y que del resto se puede
prescindir», y, en primer lugar, hay que aclarar que no es que los formalistas
rusos fueran llamados así por otros, sino que ellos mismos adoptaron dicha
denominación de buen grado, aunque hubiera tenido su origen en una calificación
externa a ellos; porque el formalismo tiene su punto de partida en la adopción
que de él se hizo como método. Y así lo explica, por ejemplo, Shklovski —uno de
los formalistas rusos— «El método formal —dice— es en el fondo sencillo: es una
vuelta a la profesión» (Volek, 1985: 49): es decir, a estudiar el objeto en sí
mismo, sin relacionarlo con circunstancias externas a él. En lo que respecta a
la denominación, se dio algo similar a lo acaecido con el impresionismo en
pintura. Y, en todo caso, se podría asumir la distorsión en el sentido de que
la propuesta formalista incluía al contenido dentro de la forma. Como dice
Volek: «Al identificar todo en la obra con la forma, el “contenido” no se
evapora sin más» (53). Pero lo cierto es que el formalismo se quedó en eso que
MM describe como distorsión. Y, en segundo término, si bien la «lección»
sintetizada por MM no necesariamente es una versión literal de algún
formalista, ello no quiere decir que sea desfasada o «una distorsión» de su
teoría en sí.
Y todo esto es preciso aclararlo desde el inicio porque
son nexos introductorios que se convierten en cimientos de lo que vendrá
después. En efecto, líneas más adelante, MM, pasa a hablar del tema
psicológico, y dice: «… el autor, vilipendiado como algo superfluo, un señuelo
que desvía la atención sobre lo secundario, vuelve a ser materia de interés
desde varios ángulos; uno, sin duda, el psicológico, que Freud trabajó con
denuedo en sus textos teóricos y en sus propios análisis literarios y
psicoanalíticos». (Cabe preguntar aquí, de paso: ¿por qué al referirse a la
psicología se remite a su máximo exponente, Freud, y cuando se refirió a la
sociología no hizo lo mismo con Marx y derivó hacia Lukács?)
Y, luego, MM agrega: «Al discurso del paciente, a su
libre asociación de ideas o al texto del autor, el analista o el lector se
enfrentan con una atención libre flotante que permite descubrir y precisar las
alteraciones a la normalidad del discurso, para aislar o un síntoma o un
recurso literario valioso, que no es más que la esencia de lo diferente y
finalmente bello» (Ibíd.) En este agregado se percibe aquello que venimos
denunciando como una mecánica interpolación de ciertos sucesos acaecidos en la
vida de un autor como motivadores o generadores de su dicción o adicción
poéticas. Y lo más curioso de esto es que MM lo llega a considerar como algo
ineludible: «Entonces —dice—, de manera categórica, podemos decir que en (sic:
en el) terreno de los estudiosos ya no se puede desdeñar la biografía de los
autores, y si alguien lo hiciera corre el peligro de dejar en la oscuridad
pasajes muy interesantes, sobre todo en poesía.»
Esta primera conclusión a que llega MM es, por decir lo
menos, tardía. Vemos, pues, que con esto último comentado, se puede establecer
la contradicción sugerida que hay con la posición formalista defendida antes
por MM. Y tanto así que él mismo lo reconoce, a pie juntillas: «Pero una cosa
es lo que ocurre en los predios universitarios y otra afuera. Los lectores
comunes y corrientes, a lo largo de los
siglos, no han dejado de creer nunca que la biografía de un autor
importante es de interés». Y, después de mencionar varios casos que ilustran su
aserto, concluye con el caso emblemático de Dante, y dice que «El gran número
de florentinos que están en los círculos del infierno solo puede explicarse por
la animadversión del poeta por quienes, siendo sus paisanos, lo habían
expulsado de su ciudad natal.»
Una última pregunta que hace MM es opinable también:
«¿Borró el marxismo el cristianismo inicial del poeta?» En principio, es esta
(marxismo/cristianismo) una oposición inexistente: el marxismo es ciencia, el
cristianismo es creencia. Cuando Marx dijo que «la religión es el opio de los
pueblos» no lo dijo solo con referencia al cristianismo, sino a toda religión.
Mientras el marxismo lucha por liberar al ser humano en la tierra (liberarlo
incluso de su ilusión post morten),
el cristianismo pretende hacerlo «en el cielo» (manteniéndolo atado a esta
ilusión en la tierra). De ahí que no sea contradictorio (o, en todo caso, es
una contradicción por unidad de contrarios) que haya sacerdotes cristianos o
católicos que adhieran a los reclamos de justicia marxistas, y que hasta tomen
las armas para su consecución. Si alguna relación cristiana o marxista se
encuentra en la poesía de CV, no debe servir para tratarlas con maniqueísmo,
porque incluso pueden estar siendo utilizadas como mecanismo de construcción
poética y no necesariamente como confesiones de filiación ideológica, para —por
ellas— determinar que CV fue un «poeta marxista» (denominación que no existe en
la ciencia literaria de esta doctrina) o un «poeta metafísico y cristiano».
¿Quién que ha nacido en un hogar católico no ha sido conminado por su familia a
aceptar la idea de un dios omnipotente? Pero de esta imposición muchos se
liberaron al adoptar una ideología científica que les quitó la venda de los
ojos y de la consciencia. Y es esta última concepción la que prima o prevalece
en el resumen de su vida. Vallejo no tiene por qué ser una excepción.
__________
Hart, Stephen M. (2013). César
Vallejo. Una biografía literaria. Lima: Cátedra Vallejo et. al.
Martos, Marco (2013). En las fronteras de la poesía. Lima: Lápix.
Martos, Marco (2014). Poéticas de
César Vallejo. Lima: Cátedra Vallejo et. al.
More, Ernesto (1988). Vallejo, en la encrucijada del drama peruano.
Lima: Moisés Bendezú.
Vallejo, César (1973). El arte y la revolución. Lima: Mosca Azul
Editores.
Vich, Víctor (2021). César Vallejo: Un poeta del acontecimiento.
Lima: Horizonte.
Volek, Emil (1985). Metaestructuralismo. Madrid: Fundamentos.
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