domingo, 1 de enero de 2017

Internacionales

Fidel


Porque él nació del pueblo y en medio del pueblo permanece,
y por eso su grandeza es la del pueblo cubano.
(Jorge Amado)

Santiago Ibarra

UN GIGANTE –el Comandante en jefe Fidel Castro- ha dejado de existir, físicamente, porque sus ideas, su praxis política y su legado ético nos acompañará a las nuevas generaciones y a las que vendrán en la lucha por el nuevo mundo en el que la “igualdad” y la “libertad plenas” así como el “ser tratado y tratar a los demás como seres humanos” –como sostuvo Fidel en su discurso del 1° de mayo del 2000-, sean una realidad en la vida cotidiana de miles de millones de seres humanos. Porque Fidel fue un hombre digno, íntegro, y luchó sin descanso contra el imperialismo, el capitalismo y toda forma de opresión hasta el último de sus días, y se fue en esa lucha invicto y victorioso, Fidel es y será una ineludible y permanente fuente de inspiración y de enseñanzas para los revolucionarios del mundo.

Como ha dicho Fidel, el socialismo, incluso con sus imperfecciones, ha mostrado ser inmensamente superior que el capitalismo, porque, precisamente, el socialismo constituye la lucha por la concreción de la igualdad real, la libertad plena y la fraternidad entre los seres humanos, elementos que el capitalismo no garantiza y, por el contrario, niega cada vez más. Lucha, el socialismo, pues, por la eliminación paulatina de las desigualdades sociales, la realización de la libertad individual de las grandes mayorías posibilitando para ellas el acceso a la educación, a la ciencia, a la creación literaria y artística, y, lo que no es menos importante, posibilitándole su acceso a la toma de decisiones sobre los asuntos comunes. Lucha, además, contra la cultura del individualismo y del consumismo, del chovinismo, la xenofobia y el racismo.

Su hermano Raúl Castro señaló en su discurso de despedida del 3 de diciembre del 2016, retomando sus propias palabras pronunciadas en su discurso del 26 de julio de 1994, que la permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que sí se pudo y que sí se podrá si no cejamos jamás en el empeño de conquistar nuevas y más grandes victorias, incluso en las condiciones más hostiles, adversas, difíciles, severas y duras:

“…el más preclaro hijo de Cuba en este siglo, aquel que nos demostró que sí se podía intentar la conquista del Cuartel Moncada; que sí se podía convertir aquel revés en victoria”, que logramos cinco años, cinco meses y cinco días, aquel glorioso Primero de Enero de 1959, esto último añadido a las palabras textuales que dije en aquella ocasión.

Nos demostró “que sí se podía llegar a las costas de Cuba en el yate Granma; que sí se podía resistir al enemigo, al hambre, a la lluvia y el frío, y organizar un ejército revolucionario en la Sierra Maestra tras la debacle de Alegría de Pío; que sí se podían abrir nuevos frentes guerrilleros en la provincia de Oriente, con las columnas de Almeida y la nuestra; que sí se podía derrotar con 300 fusiles la gran ofensiva de más de 10 000 soldados”, que al ser derrotados el Che escribió en su Diario de Campaña, que con esa victoria se le había partido la columna vertebral al ejército de la tiranía; “que sí se podía repetir la epopeya de Maceo y Gómez, extendiendo con las columnas del Che y Camilo la lucha desde el oriente hasta el occidente de la isla; que sí se podía derrocar, con el respaldo de todo el pueblo, la tiranía batistiana apoyada por el imperialismo norteamericano.

“Aquel que nos enseñó que sí se podía derrotar en 72 horas” y aún menos, “la invasión mercenaria de Playa Girón y proseguir al mismo tiempo la campaña para erradicar el analfabetismo en un año”, como se logró en 1961.

Que sí se podía proclamar el carácter socialista de la Revolución a 90 millas del imperio, y cuando sus naves de guerra avanzaban hacia Cuba, tras las tropas de la brigada mercenaria; que sí se podía mantener con firmeza los principios irrenunciables de nuestra soberanía sin temer al chantaje nuclear de Estados Unidos en los días de la Crisis de los misiles en octubre de 1962.

“Que sí se podía enviar ayuda solidaria a otros pueblos hermanos en lucha contra la opresión colonial, la agresión externa y el racismo.

“Que sí se podía derrotar a los racistas sudafricanos, salvando la integridad territorial de Angola, forzando la independencia de Namibia y asestando un rudo golpe al régimen del apartheid.

“Que sí se podía convertir a Cuba en una potencia médica, reducir la mortalidad infantil a las tasas más bajas del Tercer Mundo, primero, y del otro mundo rico después; porque en este continente por lo menos, tenemos menos mortalidad infantil de menores de un año de edad que Canadá y los propios Estados Unidos (Aplausos), y, a su vez, elevar considerablemente la esperanza de vida de nuestra población.

“Que sí se podía transformar a Cuba en un gran polo científico, avanzar en los modernos y decisivos campos de la ingeniería genética y la biotecnología; insertarnos en el coto cerrado del comercio internacional de fármacos; desarrollar el turismo, pese al bloqueo norteamericano; construir pedraplenes en el mar para hacer de Cuba un archipiélago cada vez más atractivo, obteniendo de nuestras bellezas naturales un ingreso creciente de divisas.

“Que sí se puede resistir, sobrevivir y desarrollarnos sin renunciar a los principios ni a las conquistas del socialismo en el mundo unipolar y de omnipotencia de las transnacionales que surgió después del derrumbe del campo socialista de Europa y de la desintegración de la Unión Soviética.

“La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios.”

Esas palabras que expresé hace más de dos décadas sobre quien, tras el desastre del primer combate en Alegría de Pío, del que pasado mañana se cumplirán 60 años, nunca perdió la fe en la victoria, y 13 días después, ya en las montañas de la Sierra Maestra, un 18 de diciembre del año mencionado, al reunir siete fusiles y un puñado de combatientes, exclamó: “¡Ahora sí ganamos la guerra!

Ese es el Fidel invicto que nos convoca con su ejemplo y con la demostración de que ¡Sí se pudo, sí se puede y sí se podrá! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Sí se puede!)  O sea, repito que demostró que sí se pudo, sí se puede y sí se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo,  ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria!” (1)

El socialismo ha sido en el siglo XX el fruto de las heroicas luchas de los pueblos, el fruto de su indeclinable voluntad de vencer a los grandes y verdaderos enemigos de la humanidad: el imperialismo y el capitalismo. Porque este enemigo tiene un gigantesco poder económico, político e ideológico, el socialismo en el siglo XXI no puede sino ser nuevamente el fruto de las heroicas luchas de los pueblos, de esa misma voluntad de vencer, convirtiendo con su trabajo, esfuerzo y sacrificio, la derrota en victoria, sustituyendo así la lógica individualista y alienante del capital por la lógica de la solidaridad y la fraternidad del socialismo.

Esa voluntad de vencer es también la que deben desplegar los comunistas en esos momentos políticos que son las crisis políticas, porque, como señalaba Lenin, las “situaciones revolucionarias” son momentos excepcionales. El capitalismo puede estar en crisis, pero no caerá solo; las crisis pueden pasar de largo o dar lugar a situaciones políticas altamente reaccionarias y degradantes. Es en esos momentos que los comunistas deben desplegar esa “voluntad de vencer”. Audacia, audacia y más audacia, exigía Lenin. Con tal fin, es necesario prepararse con antelación.

Mención especial merecen ciertos aspectos del liderazgo de Fidel. Su liderazgo no ha sido solamente político, sino al mismo tiempo, y quizá principalmente, ético. Hace falta revisar el comportamiento que mantuvo de un modo principista en la lucha contra la dictadura batistiana y el imperialismo estadounidense desde antes de la toma del poder, desde el Asalto al Cuartel Moncada en 1953, el reinicio de la lucha guerrillera en 1956 con solo doce guerrilleros sobrevivientes y siete fusiles, hasta la toma del poder el 1ero de enero de 1959, y desde este año en la gestión del poder socialista hasta la fecha en que falleció. Fidel aplicó una consecuente política de no asesinar jamás al enemigo desarmado y de darle un tratamiento humano cuando ha sido capturado. El gobierno cubano, con Fidel a la cabeza, no ejecutó jamás asesinatos políticos, ni hizo desaparecer a personas, ni organizó nunca escuadrones de la muerte, cosas que sí, en cambio, hemos tenido en el Perú y Latinoamérica, bajo gobiernos abiertamente dictatoriales y bajo gobiernos supuestamente democráticos. Por el contrario, Fidel impulsó la educación, la alimentación suficiente y la salud en Cuba, llevando a este digno país a constituirse en una verdadera potencia en estos fundamentales temas, llevando incluso médicos y educadores a muchos países del mundo, avergonzando a los ojos de los progresistas y socialistas del mundo a gobiernos de países que con una riqueza económica muy superior no han sido capaces de dar solución a esos problemas en sus propios países.

Este aspecto del liderazgo de Fidel crece todavía más si tomamos en cuenta que Cuba ha sido una revolución aislada del mundo desde 1990 más o menos, y desde un principio permanentemente atacada y boicoteada, militarmente, propagandísticamente y económicamente, mediante centenares de intentos de asesinato a Fidel, falacias propagadas por los grandes medios de comunicación y el criminal bloqueo impuesto por los Estados Unidos, que ha significado para Cuba pérdidas que se cuentan en miles de millones de dólares. Cuba ha debido hacer frente a los ataques de la más grande potencia económica y militar  imperialista de la historia de la humanidad, los Estados Unidos, situada a solo 90 millas de su territorio, y la respuesta de Fidel y de Cuba ha sido en gran medida -no únicamente, porque legítimamente se ha debido armar para disuadir y hacer frente a eventuales ataques e invasiones militares del enemigo-, una verdadera revolución en la educación, la salud y la calidad de vida de los cubanos.

Este es en mi criterio uno de los aspectos que explican la enorme autoridad política y moral que el Comandante Fidel logró en Cuba, y señala el camino que deben seguir los revolucionarios en el mundo para alcanzar el necesario liderazgo político y moral sobre el conjunto del país y la sociedad, porque, como dicen unos versos de José Martí, “solo el amor/alumbra lo que perdura/solo el amor/convierte en milagro el barro/solo el amor/engendra la maravilla/solo el amor/consigue encender lo muerto”.

Deseo mencionar una característica más del liderazgo moral, ético, de Fidel. “Revolución… es modestia”, afirmó en su discurso en el que expone el “concepto de revolución”. Y esa actitud la conservó Fidel desde que tomaran el poder en Cuba hasta el final de sus días, sin envanecerse jamás, sin sentirse nunca una nueva cima ni un modelo del desarrollo político de los pueblos y sin sentirse jamás una nueva cima en el desarrollo del marxismo. Fidel no quiso ser embalsamado y solicitó además que no se le construya ningún monumento, busto o estatua y que ninguna calle, parque, universidad, instituto o cualquier otra entidad lleve su nombre. Fidel era un acérrimo enemigo del culto a la personalidad. Señalaba Fidel en una entrevista con Oliver Stone, unas palabras de José Martí: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Podemos rendirle homenaje a Fidel fuera de Cuba con un monumento o un mural, conscientes sin embargo de que ninguno de ellos por sí solos podrá rendir un tributo cabal al conductor de la Revolución cubana. Fidel está presente en cada cubano y en cada revolucionario en el mundo, y el mejor modo de rendirle homenaje es siendo consecuentes con el ideal luchando por hacerlo realidad.

“El luchador incansable”, “el quijote de todos los tiempos” –como le ha llamado Jennifer Bello, joven presidenta de la Federación de Universitarios de Cuba y miembro del Consejo de Estado de Cuba-, afirmó:

“Las ideas no necesitan ni de las armas, en la medida en que sean capaces de conquistar a las grandes masas…”.

Es esa una idea, una tesis fundamental, estratégica, que los comunistas del mundo debemos hacer nuestra. La “batalla de las ideas” debe continuar, mejorar, profundizarse y extenderse. Fidel logró unificar política e ideológicamente al pueblo cubano, y esa es la meta que buscamos conquistar: unificar al pueblo peruano en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.
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Notas:


(1)http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/12/04/raul-castro-la-permanente-ensenanza-de-fidel-es-que-si-se-puede/#.WGQ7VFXhDIU





Debemos Entender a Siria Como una Lucha Popular, a Pesar de sus Complicaciones*

El levantamiento popular en Siria se acerca a su sexto año, pero el debate en las redes, asociaciones, partidos políticos, e individuales que conforman la izquierda continúan.

Autor: Joseph Daher

ALGO ALARMANTE es que algunas secciones del discurso izquierdista sobre la revolución Siria a menudo emulan la retórica ofrecida por la burguesía dominante, los medios e incluso los grupos de extrema derecha.

        Por ejemplo, escribiendo para The Guardian en Septiembre 2013, el filósofo esloveno Slavoj Zizek caracterizó el levantamiento sirio como una “pseudo-lucha”. Como él escribió: “no hay apuestas políticas claras, no hay signos de una amplia coalición democrático-emancipadora, sólo una red compleja de alianzas étnicas y religiosas sobredeterminadas por la influencia de las superpotencias.”

        En una entrevista con RT un año antes, el periodista Tariq Ali de forma similar declaró que lo que estábamos presenciando en Siria es “una nueva forma de re-colonización por Occidente, como ya hemos visto en Irak y Libia”. Bajo el punto de vista de Ali,

Muchas de las personas que en un principio se levantaron contra el régimen del Assad en Siria han sigo marginadas, quedando el pueblo sirio con opciones limitadas, las cuales, además, son rechazadas: ni un régimen impuesto por Occidente y compuesto por sirios que trabajan para agencias occidentales de inteligencia, ni el régimen del Assad.

Otros como en periodista veterano Seymour Hersh, describió el levantamiento en términos demasiado simplistas como una casi-conspiración para “desestabilizar Siria” la cual estaba planificada desde los tiempos de la presidencia de George W. Bush y continuó durante el mandato del presidente Obama.

        Figuras políticas como el ex-diputado británico, George Galloway, han apoyado movimientos antibélicos como la Coalición Stop the War, pero también han defendido al régimen criminal de Bashar el Assad en muchas ocasiones. En 2013, por ejemplo, Galloway declaró que Assad es “bastante hombre” por “él se opone a Israel, Gran Bretaña, América y Qatar”.

        Éstas son sólo algunas muestras de las muchas figuras del ala izquierda que analizan el proceso revolucionario Sirio usando un enfoque “top-down”. Caracterizan el levantamiento popular Sirio en términos maniqueos como una oposición entre dos campos: los estados Occidentales, las monarquías del Golfo, y Turquía (los “agresores”) en un lado, e Irán, Rusia, y Hezbollah (la “resistencia”) en el otro. Haciendo esto, ignoran las dinámicas políticas y socio-económicas a nivel de base. Además, se centra de forma desproporcionada en los peligros del ISIS mientras que ignoran el rol que ha jugado el régimen del Assad en su ascenso. Estas discrepancias deben ser abordadas dentro de los círculos y movimientos de izquierdas.

Autoritarismo y resistencia popular

Citando la expansión del ISIS y otras fuerzas extremistas, algunos sectores de la izquierda afirman que Siria ya no vive una revolución, sino que, más bien, está en los puños de una guerra de proporciones conspiratorias. Por esto, ellos argumentan, que tenemos que “escoger un campo”, para poder encontrar una solución concreta al conflicto. De hecho, esto significa que tenemos que lanzar nuestro apoyo detrás de Assad y sus fuerzas aliadas rusas e iraníes. Tareq Alí afirmó, por ejemplo, en una manifestación en el 2015, que “si quieres luchar contra el ISIS, tendrías que ir y luchar al lado de Rusia y al lado de Assad”.

        Tristemente, un discurso sin base como este devino especialmente prominente después de los ataques de París, en noviembre del 2015, cuando los afiliados del ISIS mataron aproximadamente a 140 parisinos en un acto terrorista. Después del ataque, muchos en Occidente empezaron a abogar por una “guerra global contra el ISIS”. Los de la izquierda y la derecha defendieron la necesidad de colaborar con el régimen del Assad, o al menos buscar una solución en la cual la dinastía Assad quedara con el control del país.

        Aquéllos, como yo mismo, que se oponen a esta perspectiva llevan el peso de ser idealistas. Nuestros críticos nos dicen que tenemos que tomar un enfoque “más realista” hacia Siria, para poder salvar vidas.

        Lo que estas personas no pueden apreciar, de todas formas, es que no es suficiente con destruir el ISIS. La fuerza militar bruta solo asegura que otros grupos militares tomarán su lugar, como lo demuestra al-Qaida en Irak. Las soluciones reales a la crisis de Siria deben abordar las condiciones socioeconómicas y políticas que han permitido el crecimiento del ISIS y otras organizaciones extremistas.

        Tenemos que entender que la expansión del ISIS es un elemento fundamental de contra-revolución en el Medio Oriente, que ha emergido como resultado de los regímenes autoritarios que aplastan los movimientos populares vinculados a la Primavera Árabe del 2011. Las intervenciones de los estados regionales e internacionales han contribuido asimismo al desarrollo del ISIS. Por último, las políticas neo-liberales que han empobrecido las clases populares, junto con la represión de las fuerzas democráticas y sindicales, han sido claves en ayudar al crecimiento del ISIS y de las fuerzas fundamentalistas islámicas.

        La izquierda debe entender que sólo con liberar a la región de las condiciones que permitieron al ISIS y a otros grupos fundamentales desarrollarse, se puede resolver la crisis. Al mismo tiempo, el empoderamiento de aquellos que en el terreno están luchando por derrocar un régimen autoritario y se enfrentan a grupos reaccionarios, es parte integrante de este enfoque.

Dinámicas Complejas

Los revolucionarios en Siria que están luchando por la libertad no son diferentes de los revolucionarios en Túnez, Bahréin, Libia, Egipto, y otros lugares, que se oponen tanto a régimen autoritarios que los masacran como a los fundamentalistas que rechazan nociones significativas de libertad.

        Esta resistencia popular ha sido el aspecto más desatendido del levantamiento Sirio. Desde el que empezó la revolución, Siria ha sido testigo de niveles notables de autoorganización más que cualquier otro país de la región que se enfrenta a circunstancias similares.

        Es cierto que la militarización del levantamiento ha influido en su propia autoorganización. De hecho, la evolución de la guerra ha ahogado el espacio para las demostraciones masivas y el compromiso cívico, los cuales fueron comunes durante los primeros años del levantamiento. Sin embargo, todavía existen vestigios de la revolución original, no obstante, en forma de movimientos democráticos y progresistas, los cuales se han opuesto sistemáticamente a todos los elementos contrarrevolucionarios, incluyendo el régimen del Assad y las fuerzas extremistas. Lejos de estar muertas, estas fuerzas populares se dieron a conocer a ellas mismas y a sus aspiraciones democráticas en febrero del 2016. Tras el cese parcial de los ataques aéreos rusos y del régimen, cientos de manifestaciones civiles tuvieron lugar en las áreas liberadas de Siria. Los cantos y las banderas de las fuerzas extremistas estuvieron notablemente ausentes en estas protestas.

        Entre las iniciativas cívicas en Siria, existen en algunas regiones los concejos locales ciudadanos, elegidos o establecidos por consenso, que prestan servicios a la población local.  No es una coincidencia que las regiones libres de Alepo y Douma, ambas administradas por concejos locales, estén entre los objetivos más masacrados del régimen y de los bombardeos rusos. Que estas zonas representen alternativas democráticas, a parte del régimen y de los movimientos fundamentalistas, es algo que Assad y sus aliados temen.

        Los concejos locales no son las únicas organizaciones cívicas que han sido establecidas durante el conflicto. La Defensa Civil Siria, comúnmente conocidos como los Cascos Blancos, trabajan para salvar las víctimas de los ataques aéreos y prestar servicios públicos a casi 7 millones de personas. Otras organizaciones populares también han emprendido una serie de actividades y campañas en torno a la educación, la salud, los derechos humanos, el empoderamiento de la mujer, por nombrar algunos. Estos incluyen Women Now For Development, Keshk, The Day After Tomorrow, The Fraternity Center, y Raqqa Is Being Slaughtered Silently, entre otros.

        También ha habido una oleada de periódicos y radios libres y democráticos en todo el país, especialmente en las áreas liberadas. Ejemplos de estos incluyen Arta FM, Syrian Media Action Revolution Team (SMART), ANA Press, Enab Baladi, y Souriatna.

        Es imperativo que los izquierdistas aprecien estas realidades, y que separan las aspiraciones de los sirios sitiados de aquellas de los actores internacionales e imperialistas. Acercarse a Siria desde una perspectiva de “abajo hacia arriba” en lugar que desde “arriba hacia abajo” puede ayudar con esto.

Imperialismo manos a la obra

Es importante recordar que, incluso si existe un conflicto de intereses entre los poderes internacionales y regionales que están interviniendo en Siria, a ninguno de estos actores le importa el levantamiento o los revolucionarios. Más bien, han intentado socavar el movimiento popular contra Assad y han trabajado de forma exitosa para reforzar las tensiones étnicas y sectarias en el país. Estas fuerzas intervencionistas han, por ejemplo, ayudado a estabilizar el régimen de Assad para que pudiera oponerse a la autonomía Kurda (en el caso de Turquía) y para derrotar grupos extremistas como el ISIS (en el caso de los Estados Unidos).

        Los poderes intervencionistas están unidos en su oposición a la lucha popular. Buscan imponer el statu quo a expensas de los intereses de las clases trabajadoras y populares. Esta es precisamente la razón por la que la visión de la revolución siria solo a través de la lente de la competición imperialista y las dinámicas geopolíticas no es suficiente. Esta lente, inherentemente, obscurece las frustraciones políticas y socioeconómicas soportadas por la población siria, las cuales provocaron el levantamiento.

El enemigo en casa

Algunas secciones de la izquierda y los movimientos anti-guerra, especialmente en Reino Unido y los Estados Unidos, se han negado a actuar en solidaridad con el levantamiento popular bajo el pretexto que “el principal enemigo está en casa”. En otras palabras, es más importante derrotar a los imperialistas y a la burguesía en las propias sociedades, incluso si eso significa implícitamente apoyar al régimen de Assad o el estado ruso.

        Entre estas secciones de la izquierda, el pensador comunista Karl Liebknecht es muy citado. Liebknecht es conocido por su declaración de 1915 que dice “el enemigo está en casa”, una afirmación hecha condenando la agresión imperialista contra Rusia dirigida por su natal Austria-Alemania. Citando Liebknecht, muchos han descontextualizado sus puntos de vista. Desde su perspectiva, luchar contra el enemigo en casa no significaba olvidarse de los regímenes que oprimían su propio pueblo o no mostrar solidaridad con los oprimidos. De hecho, Liebknecht creía que teníamos que enfrentarnos a la presión de nuestra clase dirigente por la guerra “cooperando con el proletariado de otros países cuya lucha es contra sus propios imperialistas”.

        Entre muchos izquierdistas occidentales, no ha habido ni cooperación con el pueblo sirio, ni colaboración con movimientos anti-guerra de ideas afines. También han fallado en oponerse a las políticas de sus propios estados burgueses al aplastar la revolución en Siria.

        La izquierda debe hacerlo mejor. La solidaridad con el proletariado internacional significa apoyar a los revolucionarios sirios contra las varias fuerzas internacionales e imperialistas regionales, así como al régimen de Assad, las cuales están tratando de poner fin a la revolución popular por la libertad y la dignidad. Ninguna organización izquierdista o movimiento anti-guerra puede hoy ignorar la necesidad de apoyar las personas en la lucha, mediante la oposición a todas las intervenciones extranjeras (internacionales y regionales), especialmente desde nuestros propios gobiernos.

Re-orientando a la izquierda

El rol de los progresistas y los izquierdistas hoy no es, al contrario de lo que sugieren figuras como Ali y Higgins, elegir entre dos fuerzas imperialistas o “sub-imperialistas” que compiten por ganancia políticas y la explotación de los recursos y las personas. Es,  en su lugar, el apoyo a la lucha popular, la cual muy obviamente existe en Siria. Hacer lo contrario no solo socava la lucha, sino que también ignora el hecho que las fuerzas progresistas siempre tienen que apoyar los intereses de las clases trabajadoras y populares. Escoger entre un tipo de imperialismo y autoritarismo sobre otro es más que nada garantizar la estabilidad del sistema capitalista, y la explotación y la opresión de las personas.

        Es por esta razón por la que, cuando lo activistas se manifiestan en frente de las embajadas rusas alrededor del mundo para exigir el fin del bombardeo ruso sobre el pueblo sirio, no deberíamos problematizarlo o referirnos a sus acciones como “alimentar el sentimiento anti-ruso”.  Como argumentó Alex Kokcharov, el principal analista ruso en el centro de investigación IHS Country Risk, “la prioridad de Rusia es prestarle apoyo militar al gobierno del Assad, muy probablemente, transformando la guerra civil siria desde un conflicto multipartidario hacia un binario entre el gobierno sirio y los grupos yihadistas como el Estado Islámico.” Esto significa, que la gran mayoría de los ataques aéreos de Rusia no se dirigen en absoluto al ISIS.

En solidaridad

Como izquierdistas, nuestro apoyo tiene que ir con la gente revolucionaria en la lucha por la libertad y la emancipación. Solo a través de su propia acción colectiva pueden los sirios alcanzar sus metas. Este concepto, el cual yace en el corazón de las políticas revolucionarias, se enfrenta a un escepticismo profundo por parte de algunos sectores de la izquierda. Sin embargo, esto no debería impedirnos que construyamos nuestra solidaridad sobre esta base.

        Como dijo Liebknecht: “Aliaos a la lucha de la clase internacional contra las conspiraciones de la diplomacia secreta, contra el imperialismo, contra la guerra, por la paz dentro del espíritu socialista.” No podemos excluir ninguno de estos elementos de nuestra lucha con tal de construir una plataforma progresista de izquierdas sobre el conflicto sirio.
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Traducción: Jessica Buendia
Publicado originalmente en inglés: http://www.muftah.org/we-must-understand-syria-as-a-popular-struggle-despite-its-complications/#.WFml4vnhDIX

Publicado originalmente en castellano en: https://revolucionsiriasg.wordpress.com/2016/12/20/debemos-entender-a-siria-como-una-lucha-popular-a-pesar-de-sus-complicaciones/


De Trump al Planeta Tierra: Váyase al Carajo
Planes Para Poner Fin a la Investigación Climática de la NASA*

Raymond Lotta

DONALD TRUMP HA DECLARADO que el cambio climático, un hecho científico bien establecido, es una “patraña”. Ha prometido reimpulsar las minas de carbón, una de las fuentes de energía más destructivas para el planeta. Se ha comprometido a derogar las regulaciones ambientales nacionales y retirar a Estados Unidos de los pocos y lamentablemente inadecuados acuerdos internacionales que limitan las emisiones de dióxido de carbono.

        En pocas palabras, Donald Trump pretende eliminar todas y cada una de las restricciones sobre la capacidad del capital estadounidense de saquear el planeta en busca de ganancias y mayor imperio. Pero eso es sólo una parte de sus intenciones ominosas.

        En las últimas pocas semanas, Trump también ha mencionado su intención de despojar a la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio) de $2 mil millones erogados para la investigación del clima. La NASA es un organismo del gobierno federal que supervisa la exploración espacial civil y realiza investigaciones sobre la atmósfera de la Tierra. Trump lo ha hecho mediante sus llamados “asesores de la política sobre la ciencia”, unos bufones peligrosos y mentirosos que niegan la realidad del calentamiento global (aunque al parecer uno de ellos le da la bienvenida).

        Los asesores de “ciencia” de Trump hacen la absurda afirmación de que la investigación sobre el clima no es más que “monitorear el medio ambiente de forma políticamente correcta”, y por lo tanto la NASA debería dedicarse al espacio exterior. De hecho, su propuesta de despojar de fondos a la investigación sobre el clima es un intento específico de impedir y bloquear el conocimiento sobre el calentamiento global inducido por los seres humanos que tendría graves implicaciones para la humanidad y el planeta, y para la ciencia misma.

I. Si se adoptara el plan para parar la investigación de las ciencias de la tierra de la NASA, eso tendría efectos desastrosos sobre los esfuerzos de monitorear y combatir el calentamiento global.

» La NASA ha ayudado a construir, lanzar y operar 15 satélites de la ciencia de la tierra que monitorean en una escala global la precipitación, el aumento de las temperaturas de la superficie, las emisiones de gases del efecto invernadero (las que atrapan el carbono), el deshielo de los glaciares y las capas de hielo, la humedad del suelo y el crecimiento de la vegetación, y mucho más. Estos satélites que observan la Tierra son los más avanzados del mundo. Proporcionan información detallada, como lo hace una radiografía en un hospital.

» Los laboratorios de investigación de todo el mundo utilizan el monitoreo y los modelos del clima de la NASA. Para los especialistas en la ciencia de la tierra esta información es indispensable.

» Con esta tecnología e información de los satélites, es posible monitorear inundaciones, sequías y huracanes; detectar patrones de humedad del suelo que afectan los sistemas de producción agrícola; los cambios oceánicos que afectan la navegación y el transporte marítimo; las condiciones ambientales que permiten que los trabajadores de la salud prevean la propagación de las enfermedades causadas por mosquitos.

II. La criminalidad imperialista es una navaja de dos filos.

» Por un lado, Estados Unidos es el mayor contribuidor cumulativo a los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, lo que está integralmente relacionado con el hecho de que en su historia el capitalismo-imperialismo estadounidense se ha desarrollado según caminos altamente destructivos para el medio ambiente de la Tierra. Los combustibles fósiles llegaron a ser, y siguen siendo, esenciales para el funcionamiento rentable del capital de Estados Unidos y para el domino global destructor de la vida de Estados Unidos (las fuerzas armadas genocidas de Estados Unidos están potenciadas por combustibles fósiles).

» Por otro lado, como resultado de la posición dominante de Estados Unidos, su imperio global en el mundo y la concentración desigual de la riqueza y de las fuerzas productivas avanzadas en Estados Unidos, una parte desproporcionada del personal científico, tecnología y capacidad técnica también está concentrada en Estados Unidos.

Además, una gran parte del mundo depende de las investigaciones que hace la NASA sobre lo que le pasa al planeta Tierra. Cualquier obstáculo importante a estas investigaciones tendría profundos efectos en todo el mundo, y trabaría el trabajo de los científicos de la tierra. Perjudicaría la red mundial de estaciones que miden la temperatura, la salinidad del agua (niveles de sal) y corrientes de aire. Perjudicaría la capacidad de los gobiernos, instituciones y organismos para formular políticas que responden y prevén cambios de temperatura, lluvia, fuertes condiciones climatológicas, etc.

Lo anterior en tiempos del rápido calentamiento global, eventos climáticos extremos, el aumento del nivel del mar, etc., que afectarán directa e indirectamente la vida de miles de millones de personas en el planeta. ¡Eso es criminal! El sistema del capitalismo-imperialismo, impulsado por la búsqueda competitiva de más y más ganancias, es la causa subyacente del calentamiento global. Y ahora este mismo sistema, en la extrema encarnación de Donald Trump, se erige cada vez más como una barrera que impide que la humanidad actúe con la necesaria velocidad y alcance para hacerle frente a una crisis climática que pone en peligro los ecosistemas y la vida misma.

Toda la investigación llevada a cabo por la NASA bajo Obama no impidió que éste presidiera la expansión vertiginosa de la producción de petróleo y gas natural, especialmente la fracturación hidráulica y todas sus consecuencias ambientales adversas. La diferencia ahora, si es que Trump se sale con la suya, es que la NASA oficialmente se cerrará los ojos ante el calentamiento global.

III. El ataque a la investigación sobre el calentamiento global: una arremetida a la ciencia y al pensamiento basado en la evidencia al servicio de un programa político e ideológico vilmente chovinista.

» El programa fascista que Trump pretende aglutinar y ejecutar amenaza y se burla de ciertas esferas de la ciencia. Su objetivo no sólo es suprimir las observaciones de la Tierra de la NASA desde el espacio y la capacidad de analizar y comprender el cambio climático, sino que también se burla de la ciencia y del método científico de conocer el mundo tal como está en concreto y cómo efectivamente está cambiando. Las fuerzas fascistas ponen en ridículo al calentamiento global como un pasatiempo indulgente, un “interés especial” de los mimados activistas ambientalistas y científicos. Los hechos no importan, el pensamiento empírico y racional no importa. Al contrario. Todo lo que declaren que es cierto, es cierto.

» Además, el programa fascista de “hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza” —¡nunca la tenía!— promueve un desprecio ultra-chovinista por todo lo que no sea el Estados Unidos blanco y territorial. La expansión de la industria del carbón y la exportación de carbón contribuye a la elevación del nivel del mar que podría inundar a los isleños del Pacífico... a quién le importa... al carajo todos y, de remate, al planeta.

Todo lo anterior recalca que: ¡En nombre de la humanidad, nos NEGAMOS a aceptar a un Estados Unidos fascista!
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(*) 26 de diciembre de 2016 | Periódico Revolución | revcom.us

Un Artículo de Mariátegui


Freudismo y  Marxismo

José Carlos Mariátegui

EL RECIENTE LIBRO DE Max Eastman, La Ciencia de la Revolución, coincide con el de Henri de Man en la tendencia a estudiar el marxismo con los datos de la nueva Psicología. Pero Eastman, que resentido con los bolcheviques, no está exento de móviles revisionistas, parte de puntos de vista distintos de los del escritor belga y, bajo varios aspectos, aporta a la crítica del marxismo una contribución más original. Henri de Man es un hereje del reformismo o la social-democracia; Max Eastman es un hereje de la Revolución. Su criticismo de intelectual super-trotskysta, lo divorció de los Soviets a cuyo jefes, en especial Stalin, atacó violentamente en su libro Depuis la Morte de Lenin.

        Max Eastman está lejos de creer que la psicología contemporánea en general, y la psicología freudiana en particular, disminuyan la validez del marxismo como ciencia práctica de la revolución. Todo lo contrario: afirma que la refuerzan y señala interesantes afinidades entre el carácter de los descubrimientos esenciales de Marx y el de los descubrimientos de Freud, así como de las reacciones provocadas en la ciencia oficial por uno y otro. Marx demostró que las clases idealizaban o enmascaraban sus móviles y que, detrás de sus ideologías, esto es, de sus principios políticos, filosóficos o religiosos, actuaban sus intereses y necesidades económicas. Esta aserción, formulada con el rigor y el absolutismo que en su origen tiene siempre toda teoría revolucionaria, y que se acentúa por razones polémicas en el debate con sus contradictores, hería profundamente el idealismo de los intelectuales, reacios hasta hoy a admitir cualquier noción científica que implique una negación o una reducción de la autonomía y majestad del pensamiento, o, más exactamente, de los profesionales o funcionarios del pensamiento.

        Freudismo y marxismo, aunque los discípulos de Freud y de Marx no sean todavía los más propensos a entenderlo y advertirlo, se emparentan, en sus distintos dominios, no sólo por lo que en sus teorías había de "humillación", como dice Freud, para las concepciones idealistas de la humanidad, sino por su método frente a los problemas que abordan. "Para curar los trastornos individuales —observa Max Eastman— el psicoanalista presta una atención particular a las deformaciones de la conciencia producidas por los móviles sexuales comprimidos. El marxista, que trata de curar los trastornos de la sociedad, presta una atención particular a las deformaciones engendradas por el hambre y el egoísmo". El vocablo "ideología" de Marx es simplemente un nombre que sirve para designar las deformaciones del pensamiento social y político producidas por los móviles comprimidos. Este vocablo traduce la idea de los freudianos, cuando hablan de racionalización, de substitución, de traspaso, de desplazamiento, de sublimación. La interpretación económica de la historia no es más que un psicoanálisis generalizado del espíritu social y político. De ello tenemos una prueba en la resistencia espasmódica e irrazonada que opone el paciente. La diagnosis marxista es considerada como un ultraje, más bien que como una constatación científica. En vez de ser acogida con espíritu crítico verdaderamente comprensivo, tropieza con racionalizaciones y "reacciones de defensa" del carácter más violento e infantil".

        Freud, examinando las resistencias al Psicoanálisis, ha descrito ya estas reacciones, que ni en los médicos ni en los filósofos han obedecido a razones propiamente científicas ni filosóficas.

        El Psicoanálisis era objetado, ante todo, porque contrariaba y soliviantaba una espesa capa de sentimientos y supersticiones. Sus afirmaciones sobre la subconsciencia, y en especial sobre la libido, infligían a los hombres una humillación tan grave como la experimentada con la teoría de Darwin y con el descubrimiento de Copérnico. A la humillación biológica y a la humillación cosmológica, Freud podría haber agregado un tercer precedente: el de la humillación ideológica, causada por el materialismo económico, en pleno auge de la filosofía idealista.

        La acusación de pan-sexualismo que encuentra la teoría de Freud, tiene un exacto equivalente en la acusación de pan-economicismo que halla todavía la doctrina de Marx. Aparte de que el concepto de economía en Marx es tan amplio y profundo como en Freud el de libido, el principio dialéctico en que se basa toda la concepción marxista excluía la reducción del proceso histórico a una pura mecánica económica. Y los marxistas pueden refutar y destruir la acusación de pan-economicismo, con la misma lógica con que Freud defendiendo el Psicoanálisis dice que "se le reprochó su pan-sexualismo, aunque el estudio psicoanalítico de los instintos hubiese sido siempre rigurosamente dualista y no hubiese jamás dejado de reconocer, al lado de los apetitos sexuales, otros móviles bastante potentes para producir el rechazo del instinto sexual". Asimismo, en los ataques al Psicoanálisis no ha influido más que en las resistencias al marxismo el sentimiento anti-semita. Y muchas de las ironías y reservas con que en Francia se acoge al Psicoanálisis, por proceder de un germano, cuya nebulosidad se aviene poco con la claridad y la mesura latinas y francesas, se parecen sorprendentemente a las que ha encontrado siempre el marxismo, y no sólo entre los anti-socialistas, en ese país, donde un subconsciente nacionalismo ha inclinado habitualmente a las gentes a ver en el pensamiento de Marx el de un boche* oscuro y metafísico. Los italianos no le han ahorrado, por su parte, los mismos epítetos ni han sido menos extremistas y celosos en oponer, según los casos, el idealismo o el positivismo latinos al materialismo o la abstracción germanas de Marx.

        A los móviles de clase y de educación intelectual que rigen la resistencia al método marxista, no consiguen sustraerse, entre los hombres de ciencia, como lo observa Max Eastman, los propios discípulos de Freud, proclives a considerar la actitud revolucionaria como una simple neurosis. El instinto de clase determina este juicio de fondo reaccionario.

        El valor científico, lógico, del libro de Max Eastman —y esta es la curiosa conclusión a la que se arriba al final de su lectura, recordando los antecedentes de su Depuis la Morte de Lenin y de su ruidosa excomunión por los comunistas rusos— resulta muy relativo, a poco que se investigue en los sentimientos que inevitablemente lo inspiran. El Psicoanálisis, desde este punto puede ser perjudicial a Max Eastman como elemento de crítica marxista. El autor de La Ciencia de la Revolución le sería imposible probar que en sus razonamientos neo-revisionistas, en su posición herética y, sobre todo, en sus conceptos sobre el bolchevismo, no influyen mínimamente sus resentimientos personales. El sentimiento se impone con demasiada frecuencia al razonamiento de este escritor, que tan apasionadamente pretende situarse en un terreno objetivo y científico.

*Se dice, despectivamente, de los alemanes.

Historia

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¿Filosofía en el Tawantinsuyo?

(Segunda Parte)
    

Víctor Mazzi Huaycucho


Respuestas desde el universalismo asuntivo

Se define universalismo asuntivo como el enfoque metafilosófico que concibe la filosofía como universalidad de la cultura humana que tiene su origen en la tradición occidental, desde la cual hace descender sus productos reflexivos a otros conjuntos humanos.

Los universalistas asuntivos aplican un razonamiento deductivo respecto al estudio del pensamiento surgido en el Tawantinsuyu: consideran que la cultura resultante de contenido universal sólo es la surgida en Grecia. Ésta sirve como prototipo, modelo o marco común aplicable a cualquier cultura factible de estudiar, aplicando indistintamente determinados requisitos para saber si cumplen con todo lo establecido por dicho marco general.

Normalmente un universalista asuntivo no considera las peculiaridades que pueda mostrar un pensamiento reflexivo autóctono respecto al marco general establecido. No admite procesos originales del pensamiento reflexivo que no se ajusten a lo establecido en el pensamiento occidental.

La idea de enlazar y unir los pensamientos reflexivos autóctonos con la cultura europea resultaría una inaceptable condición del concepto mismo de filosofía, postura regida por una constelación de prejuicios que conducen a negar lo peculiar y propio que pudo haber surgido en otros territorios.

Los universalistas asuntivos consideran que la diversidad cultural humana sólo puede ser concebida desde el modelo griego, asumen que la única filosofía que debemos atender es la generada por la escolástica tardía traída al Perú por religiosos hispanos. Consideran banal siquiera hablar de reflexión en la cultura propia, argumentan que no existen fuentes confiables en las que se hayan preservado los pensamientos autóctonos; además, todo lo que se pueda decir sobre el tema, ya fue zanjado por el universalismo filosófico.

Señalemos los pensadores peruanos que representan algunos rasgos de una postura universalista asuntiva.

Alberto Wagner de Reyna

Sostiene (1949: 59 y ss) que la filosofía producida en Iberoamérica resulta un producto cultural donde colisionan dos culturas: helénico-cristiano y la aborigen de América. Sobre tal condición de facto sostiene que históricamente prevaleció la helénico-cristiana, indicando que en la reivindicación de la reflexión nativa «sea lícito expulsar una cultura superior (hispana) por una inferior (aborigen)»; es decir, la consideración programática sostenida por el indigenismo de retomar la sabiduría ancestral equivaldría el regreso a una civilización sin rueda, sin escritura, y bajo la bóveda de un comunismo despótico. Inserta una condición de «superioridad cultural occidental» en desmedro de lo autóctono, condición que impide cualquier pretensión de trastrocamiento cultural que eleve el runasimi como vehículo auténtico del pensamiento autóctono sustituyendo el idioma de Castilla, la revalorización del ayllu sobre la civitas, la restitución del culto ancestral al Sol sobre el cristianismo, propuesta sobre la cual «no puede, en verdad, tomarse en serio».

La evolución reflexiva en Iberoamérica —sostiene Wagner— corresponde a un filosofar integrado a la tradición europea, «podemos y debemos continuar en la elaboración de la Historia de la filosofía en paridad de derechos y posibilidades con Francia o Alemania». En oposición a una filosofía que ha seguido siempre el ritmo europeo; por lo mismo, considera que «No ha habido metafísica indígena ni mestiza». Por lo tanto, «El indio y el mestizo no tienen una mentalidad propia», el indigenismo que lo reivindica sólo valdría en aquellos países en que la «cultura precolombina» fue «avanzada» y debido a la «benevolencia colonial» se preservó en Bolivia, Ecuador, México y Perú.3 Una postura intermedia que permite rechazar el indigenismo sería tomar los adelantos tecnológicos de la civilización europea preservando las formas fundamentales de las viejas tradiciones.

Sostiene que el remedo es uno de los peligros que imposibilita construir una filosofía original en las ex-colonias hispanas, «quien remeda se acerca de fuera a las cosas que juzga por razones externas (de conveniencia o de moda) y se apronta a imitarlas, a realizar en sí como algo sobreañadido, lo que en otro generalmente es genuino y arraigado». Esta condición edifica una reflexión artificial, un estado de alejamiento de los criterios adecuados para discernir sobre la propia condición. «Nuestro occidentalismo —proclama— en modo alguno nos condena a devorar los relieves del banquete europeo, a ser siempre imitadores y divulgadores».

Para Wagner la reflexión autónoma es inexistente: lo propio y peculiar queda bajo criterios excluyentes. El pensamiento nativo queda reducido a un producto cultural sumido en sus consecuencias coloniales. El nacimiento cultural debe situarse en la tensión entre occidente y «lo aborigen», colocado «en una dialéctica de fuerzas centrífugas y centrípetas», relación asimétrica en cuyo diálogo sólo es permisible si acepta la propia condición «consciente de su sentido helénico-cristiano». La única forma de reconocer un pensamiento autóctono es desde la esfera occidental, para Wagner resulta imposible pensarlo en términos autóctonos.

César Guardia Mayorga

El filósofo ayacuchano se apega al universalismo asuntivo bajo la perspectiva del marxismo. En su artículo ¿Es posible la existencia de una Filosofía Nacional o Latinoamericana? (1966: 41), es contrario a la posibilidad que exista una filosofía latinoamericana o peruana, identificando tal posibilidad como expresión de un «nacionalismo burgués tardío». Guardia Mayorga acoge el universalismo el cual «no conoce fronteras ni nacionalidades», el concepto de universalismo es planteado como tensión predominante que constantemente intenta convertir, subsumir todas las culturas en una única categoría de valores filosóficos, éticos, políticos, económicos y culturales, no atendiendo las condiciones particulares de cada conjunto humano. Su noción de filosofía autóctona sólo es concebible como posibilidad. Escribe (1966:44):

«Si partimos de los pueblos nativos más adelantados como los kechwas, aztecas o aymaras, observamos que ellos no llegaron a una concepción filosófica, sin que esto signifique descartar la posibilidad de que hubiesen arribado a ella de seguir desarrollándose normalmente como otros pueblos.»

El desarrollo normal de las civilizaciones en el Nuevo Mundo fue interrumpido abruptamente por la dominación colonial hispana. Centra su atención en las potencialidades de la evolución del pensamiento religioso Inka, ubicándolo dentro de contextos de animismo y totemismo, los que «evolucionaron hacia un monoteísmo», de haber continuado la evolución era presumible que «los inkas hubiesen pasado de la concepción mítica a la concepción filosófica». Sostiene (1966:45) que, una filosofía autóctona debería mostrar rasgos y modalidades comunes que la vinculen con los contextos de la universalidad reflexiva; ello implicaba buscar el «desenvolvimiento autónomo de su ideología, como por el planteamiento de los problemas y las soluciones posibles». Si bien, desde el dominio colonial «los nativos quedaron al margen de la cultura [universal] durante siglos» la búsqueda de sus reflexiones originales debía empezar por el estudio del runasimi, en él quedaban partes vivas del pensamiento de los Inkas.

Un giro de su postura inicial en favor del universalismo asuntivo se encuentra en la Introducción a su Gramática Kechwa (1973:7), postula las posibilidades para indagar el pensamiento autóctono mediante el estudio del runasimi como un arduo proceso de «creación y desarrollo de nuestra cultura», ya que sus propios actores —hatunrunakuna— están aún «desconectados de su glorioso pasado». Se pregunta: «¿Acaso no sería más rica nuestra literatura, si pudiese desarrollarse al mismo tiempo en castellano, kechwa, aymara o cualquier otro idioma aborigen que sea eficaz para ello?» Considera que no se puede culturizar a un pueblo «al margen de su idioma nativo», sostiene que el runasimi contiene estructura gramatical donde es posible filosofar. Coherente con dicho criterio Guardia Mayorga solía publicar textos en runasimi (poesía y prosa) bajo el seudónimo Kusi Paukar. Un ejemplo de esto es su texto filosófico Kay mana kay (1973:189), el cual sugiere la posibilidad de una «ontología» andina.

Augusto Salazar Bondy

El debate sobre aceptar o rechazar alguna forma de filosofía autóctona, fue estudiado por Salazar Bondy al publicar un texto bajo título sugerente: ¿Existe una filosofía en nuestra América? Sus objeciones al proyecto de un auténtico filosofar latinoamericano tiene como principio que la presencia de filosofía en nuestro continente sólo puede concebirse «a partir del descubrimiento de América y de la conquista española», de la cual podría «trazarse una línea de desarrollo suficientemente prolongada como para determinar épocas y fijar rasgos característicos», no obstante atiende la objeción de la arbitrariedad que estudia el proceso sólo a partir de la penetración europea «dejando a la sombra todo el rico pasado cultural de los pueblos indígenas». Sostiene la carencia de una filosofía propia generada en civilizaciones muy avanzadas como Maya e Inka (1968:38), y lo explica por las consecuencias históricas que produjo la dominación colonial hispana. Argumenta Salazar Bondy que:

«La filosofía fue traída por los españoles porque éstos vinieron a conquistar y a dominar a tierra americana e importaron con ellos las armas intelectuales de la dominación. No puede extrañarnos, entonces, que en gran parte el examen de la filosofía hispanoamericana se convierta en el relato de la llegada de la filosofía occidental a nuestros países y de su paso por ellos, la narración del proceso de la filosofía europea en América hispano india, más que el de una filosofía generada en nuestro propio ambiente espiritual, de una filosofía de nuestra América.»
Salazar Bondy, pone de manifiesto que la filosofía en Perú acusa una evidente ruptura histórica, un fraccionamiento de su evolución que impide hablar de un proceso del pensamiento en la época «prehispánica», argumento que propone corregir el uso «ambiguo y nada riguroso» del concepto mismo de filosofía. Señala (1967: 12), que el pensamiento anterior al siglo XVI, «... que si bien posee algunos caracteres comunes con la reflexión filosófica, debe incluirse más bien en las formas de la Weltanschauungo en las del pensamiento mítico». Esta propuesta se ha convertido en criterio extendido al momento de estudiar la reflexión de los hamut'aq.

A pesar de su oposición a aceptar la existencia de un pensamiento reflexivo entre los hamut'aq, Salazar Bondy entre 1970 y 1974 estuvo elaborando los fundamentos para el estudio de una antropología de la dominación, con lo cual aportó uno de los elementos conceptuales más importantes para el entendimiento sobre nuestro proceso evolutivo de reflexión autóctona. Dicha antropología replantea la visión eurocéntrica y su postura anatópica como legitimadores del pensamiento generado en el Perú, antes y después de 1533. La reflexión filosófica nativa requirió comprenderse como un sistema abierto que ofrece distintos modelos de reflexión. Si permite la integralidad de reflexiones en su edificación, ésta filosofía debe ser liberadora, debe integrar y admitir todas las formas del pensamiento generadas por otras culturas.

La crítica planteada por Salazar Bondy del uso arbitrario «ambiguo y nada riguroso» del concepto mismo de «filosofía» por quienes postulan una filosofía original, servirá de soporte conceptual para hilvanar réplicas y añadir elementos de juicios que justifiquen la impropiedad de hablar sobre filosofía en el Tawantinsuyu.

Francisco Miró Quesada Cantuarias

Se sitúa en el decurso de oscilación entre la posible tradición filosófica autóctona y la recepción de la filosofía occidental que le sucede desde una propuesta original y crítica. Distintas publicaciones dan referencia de su obstinada búsqueda de un filosofar original. En 1974, había publicado Despertar y proyecto del filosofar latinoamericano-, en 1984, ampliará sus reflexiones en su ponencia, El problema de la autenticidad en la filosofía latinoamericana, y, finalmente, en el año 2000, su estudio La filosofía en el Perú. En todas éstas publicaciones dejó sentadas las bases de lo que debería considerarse productos de un filosofar sistemático y fijará las condiciones del filosofar en el Perú y Latinoamérica.

En (1974:25), subraya la condición y categorización en la distinción del «filosofar» y «filosofía» latinoamericana. El primero, implica un sentido psicológico, «un sentido de esfuerzo mental encaminado a pensar ideas filosóficas» sustentado en ideas originales. Mientras que el segundo, «apunta hacia una filosofía creada por la mentalidad latinoamericana».

La filosofía en Latinoamérica —sostiene Miró Quesada— «nace por inseminación artificial», surge después de un prolongado y «oscuro lapso», no toma en cuenta la condición del «otro», del aborigen como protagonista de su propia existencia. Éste filosofar nace «desnudo y flaco» como «huérfano desvalido», siendo su origen desconocido, no se afirma ni se afianza en tradición nativa alguna; por el contrario, la niega suplantando sus rasgos más esenciales. Si hay referencia a las dos civilizaciones más importantes del continente la maya e Inka, concluye que ambas «no tuvieron filosofía» tal como la concibieron los griegos. Sin embargo, durante un congreso de Filosofía, en conjunto con Mario Mejía, traduce del griego al español el libro E de la Física de Aristóteles y, a la vez, Mejía lo hace del español al runasimi, estableciendo equivalencias reflexivas entre ambos. Esta metodología servirá para establecer cuadros comparativos entre ambos sistemas de reflexión.

La orfandad de reflexión en la filosofía latinoamericana muestra ausencia de tradición, como «comprensión espiritual», la filosofía debe fundamentarse dentro de una perspectiva histórica, que se mutila al momento de instalarse. Fragmentación que la muestra como un trasplante artificial sin legitimidad entre sus habitantes nativos. Esta condición implica un nacimiento sui generis, muestra una condición de carencia frente al modelo evolutivo occidental.

Se aproxima al pensamiento originario autóctono al señalar que en América «hubo por cierto mitos», aunque comparados con la evolución filosófica griega «estos murieron antes de que pudieran cuajar» en la transformación del pensamiento mítico hacia la filosofía. El aborto en el que «nada tuvieron que hacer con el despuntar de nuestra actividad filosófica». Esta idea sugiere una postura universalista, la que no resulta en el mismo sentido al aplicarse hacia el desentrañamiento de la filosofía oriental.

Descartada las fuentes de reflexión provenientes de la tradición autóctona, Miró Quesada sostiene (1990:57) que, el ideal de hacer filosofía auténtica tanto en Perú como en Latinoamérica puede reducirse a tres direcciones:

1. Universalismo. La autenticidad de la filosofía consiste en hacer contribuciones de interés al tratamiento de los grandes problemas de la filosofía universal. Abrir una nueva perspectiva sobre el tema que se está tratando (aportes) cuando hace notar algo que aún no se había visto. Si es repetitiva, la filosofía no es auténtica.
2.      Regionalismo. Implica filosofar sobre problemas propios de América Latina generando los propios instrumentos y conceptos originados desde nuestra propia condición y realidad.
3.      Futurismo. Sostiene que no habrá filosofía auténtica mientras no se libere de la dominación en que se está sumida frente a las grandes potencias occidentales. Así, es imposible crear nada original, hacer algún aporte de interés para el pensamiento universal.

Estas tres corrientes dominan y trascienden el esfuerzo por crear nuevos sistemas filosóficos a partir de la propia condición, conducen a plantearnos un proyecto de filosofar que ofrezca productos desde una reflexión auténtica, aunque ésta nazca sin su rasgo esencial: la tradición autóctona.

La tradición universalista es considerada como condición natural de la cual debemos tomar sus elementos y herramientas reflexivas, situación que nos conduce a observar una función impropia. En (1990:55) sostiene:

«El hecho de basar todo nuestro pensamiento sobre una filosofía importada, nos induce a pensar que lo estamos haciendo es repetir conceptos filosóficos que no hemos creado y es, entonces, inevitable que nos preguntemos si somos capaces de crear conceptos nuevos, resultado de un pensamiento que no sea mera copia de otro pensamiento sino expresión de nuestro propio poder creador.»

Miró Quesada considera que nuestra reflexión filosófica jamás dejará de pertenecer a occidente por el uso de sus conceptos reflexivos básicos, implicando la aceptación de la universalidad de la filosofía. La ausencia de originalidad en el pensamiento filosófico es producida por el uso de los instrumentos de reflexión que, hegemónicamente son occidentales; esta condición resulta ser la causa que impide edificar y crear nuevos sistemas filosóficos, alternativos a la tradición europea.

Esta condición devela la vivencia de un desenfoque, por múltiples causas. Su «parentesco bastardo» con la cultura europea la ha llevado a un engaño, la recepción de sistemas filosóficos en la cuales «pudieron entender lo que leían, pero no podían darse cuenta que no la comprendían».

        La necesidad de situarse como filosofía rigurosa implica asimilar con efectividad y rapidez los grandes sistemas filosóficos occidentales, equiparándose a ellos, considerándola como producto último y acabado, quedando sólo conformarse con enseñarla e imitarla. Este diagnóstico pone de relieve el mecanismo del «desenfoque». En (1974:35-36) señala: «La comprensión estructural no se basta ya a sí misma. Empieza a vivirse con intensidad el estado de carencia radical de nuestro filosofar. Se empieza a sentir que la única manera de comprender a los grandes filósofos contemporáneos es conocer la misma filosofía que ellos conocieron, poseer el mismo instrumento intelectivo que ellos poseyeron, sumitse en la gran corriente que condujo hacia ellos. Es decir que se empieza a experimentar la situación esencial de nuestro filosofar, la dificultad que significa llegar a comprender verdaderamente una gran producción filosófica. Se empieza a comprender que se estaba viendo a la filosofía europea en doble imagen, desenfocada, y surge la gran decisión de empezar a ajustar el objetivo para hacer que las dos imágenes coincidan y obtener al fin nitidez.»

Los criterios de Miró Quesada respecto al proyecto del filosofar sin más, propuesto por Zea, plantean una respuesta para superar tal desenfoque en que se encuentra sumido el filosofar en Latinoamérica: filosofar con autenticidad. Testimonia (1974:9) que:

«Tanto Zea corno yo queríamos hacer filosofia auténtica. La manera de hacerla era, para cada uno de nosotros, diferente. Pero la meta era la misma: hacer filosofia autentica, es decir, hacer una filosofia que no fuera una copia mal repetida de filosofías importadas, sino que fuera expresión de un pensamiento filosoficamente vivo, que emergiera desde nuestra propia circunstancia latinoamericana utilizando todos los medios intelectuales disponibles.» La inquietud inicial se transforma en tarea, ¿cuáles son los conceptos reflexivos que sustentan tal proyecto? El esquema se sostiene en conceptos existencialistas como autenticidad, proyecto y trascendencia.

Se define autenticidad como la condición que muestra la conciencia de lo que es, un estado de pertenencia y afirmación de identidad consigo misma. En cambio, la idea de proyecto está asociada con el de trascendencia, ambos implican trazar un esquema para la acción, lograr capacidad para proyectarse al futuro concretando y afirmando posibilidades de su realización.

¿Qué es hacer filosofía auténtica? La autenticidad en distintas etapas de la reflexión se ha tomado como sinónimo de universalismo filosófico, concibiéndose la reflexión europea como la máxima expresión del espíritu humano. Miró Quesada señala (1974:53) que, tal postura hace preferencia de la filosofía occidental como aquella que resulta verdadera, de suma importancia, que se merece asimilar e imitar. Producto de esto se concibe que «hacer filosofía auténtica será en consecuencia, filosofar a la europea». Superar una condición de inautenticidad implica también plantearse grandes problemas filosóficos y con ellos, ensayos de soluciones de gran envergadura. En el filosofar latinoamericano se percibe que distintos problemas filosóficos pueden conservar «un núcleo de invariancia» a través de cada etapa histórica, pues la mente filosofante resulta dinámica y siempre se muestra en perspectiva.

        El reto del filosofar auténtico señala (1990:50) una circunstancia afirmativa. Sostiene: «El punto central de esta toma de conciencia es una pregunta sencilla, pero llena del más hondo sentido para el filósofo latinoamericano: ¿existe la posibilidad de una filosofía latinoamericana?, con mayor precisión, ¿existe la posibilidad de que el latinoamericano empiece a filosofar auténticamente? La importancia del planteamiento es que en la pregunta está ya la respuesta.»
       
        Afirmar una condición de autenticidad apartándose de la imitación reflexiva tipo occidente, significaba ya haber formado un proyecto sobre la manera como debíamos ser nosotros mismos, y este proyecto influirá de manera decisiva en todas las manifestaciones de nuestro filosofar. Esta condición señala un camino: la ruptura como receptores, consumidores y difusores de reflexiones que tienen un ritmo y evolución muy distinta a nuestra realidad.

        La renuncia a ser considerados como reflejo inautèntico de la reflexión europea, implicaba la tarea de transformar tal condición en irradiación propia. Este reto señalaba un giro en la manera de tratar los problemas filosóficos, el cambio de una perspectiva acostumbrada a recepcionar productos filosóficos elaborados renunciando a crearlos de manera original, giro que vuelca la mirada hacia la propia realidad, la que se percibía sin tradición filosofica.

        La realización del proyecto del filosofar está surcada de originalidad, y en su evolución resulta una respuesta a la condición dominativa que se arrastró por más de 500 años. Si bien Salazar Bondy consideraba que el mayor impedimento para el filosofar implicaba el desenlace de librarnos primero de la condición dominariva, ya en 1973, emerge en Argentina la filosofía de la liberación. Señala (1999:65) que, «la filosofía de lo americano desemboca en una filosofía de la liberación que considera que la misión de la filosofía es contribuir, mediante la denuncia y la crítica, al proceso de liberación que confiere carácter y sentido a la historia de América Latina».

        Si bien las condiciones de un auténtico filosofar latinoamericano se reducen a un conjunto de reflexiones que indican un reconocimiento: «Siempre existió filosofía en América Latina. Pero existió más bien como actividad aislada de algunos individuos, o como enseñanza académica estereotipada, sin verdadera intensidad intelectual». Esta condición deriva que en la realización del proyecto, se concibe un filosofar entronizado en los propios problemas que nos caracterizan, determinando un contexto de organicidad y normalidad que debe caracterizarse por mostrar una «etapa creadora» la que se acentuará en los años venideros.

David Sobrevilla Alcázar

Inicialmente mostró una cerrada oposición a posturas «autoctonistas», continuando en parte las ideas de Miró Quesada y Salazar Bondy, pero aportando nuevos criterios, se muestra contrario a sostener la idea sobre la posibilidad de un presunto filosofar «Inka». Dos tópicos que nos interesan de sus argumentos sobre el tema en debate son: 1) sus reflexiones sobre «heterogeneidad de la filosofía», y, 2) sus criterios respecto a la reflexión autóctona Inka.

        En 1984, durante el I Congreso de Filosofía (1990:138 y ss.) propuso sus reflexiones sobre filosofías distintas a la tradición griega. Plantea su tesis sobre las filosofías heterogéneas, recurriendo a la noción de filosofía como «sistema de conocimientos racionales a partir de conceptos» planteada por Inmanuel Kant. Desde esta definición, del fundador de la filosofía criticista, sostuvo que existían dos conceptos muy diferenciados del ejercicio filosófico: «un concepto escolar y otro cósmico». Esta diferenciación establece dos condiciones para distinguir originalidad del ejercicio filosófico y su legitimidad sobre las otras culturas. Sobre este criterio Sobrevilla establece que «...denominaríamos a la tradición filosófica nacida de Grecia filosofía en sentido estricto, y las otras tradiciones filosofía en sentido amplío». Las tradiciones filosóficas en sentido amplío a las que se refiere son China e India, las destaca en su condición de «filosofías heterogéneas». Dicha condición no alcanza a otros universos reflexivos surgidos en Japón, Bantú (Africa), Nahualt (Centroamérica) e Inka (Sudamérica).

        Heterogéneo es un concepto que identifica un proceso compuesto de partes de diversa naturaleza que concurren en un mismo instante a la conformación evolutiva. Cornejo Polar (1981:12; 1978:7-21), construye el concepto de heterogeneidad para desarrollar sus estudios sobre la complejidad del proceso de la literatura peruana como «totalidad contradictoria», indicando que «se trata en síntesis, de un proceso que tiene, por lo menos, un elemento que no coincide con la filiación de los otros y crea, necesariamente una zona de ambigüedad y conflicto». Extendiendo el concepto heterogeneidad-A estudio del pensamiento reflexivo de diversa y distinta naturaleza a la tradición griega, se comprende que cada civilización representa una zona de ambigüedad y conflicto respecto al modelo legitimador universal, mostrando cada una de ellas sus respectivas características y tópicos de reflexión.

        Sobrevilla (1992:163), extendiendo las consecuencias de la heterogeneidad en la búsqueda de filosofías fuera del modelo legitimador griego nos conduce a interrogar por lo siguiente:

«El de saber si se puede emplear la noción de filosofía para formas de pensamiento no- occidentales. Este problema surge en las culturas heterogéneas o híbridas: culturas que funcionan con dos o más códigos culturales: el o los códigos que tenían originalmente las culturas no-occidentales y el código que adoptaron de Occidente cuando se vieron expuestas al impacto del colonialismo europeo.»

        Tal interrogación implica una reestructuración de nuestros criterios sobre las consecuencias de la dominación colonial en nuestra evolución reflexiva, de manera que las estructuras de la heterogeneidad no toquen el develamiento de las «zonas de ambigüedad y conflicto» que muestran las peculiaridades de las reflexiones vernáculas. Una aplicación restrictiva de heterogeneidad\mpX\aL una privación de su uso extensivo tal como propuso Kant para determinar un concepto «cósmico, mundano» de filosofía. Aquí es necesario distinguir una definición básica: filosofía en sentido estricto toma una definición de condición cultural originada de la tradición griega, mientras que en sentido lato se le refiere como pensamiento reflexivo generado en distintas tradiciones culturales.

        Sobrevilla (1992:164), previniendo de no caer en contradicción sobre este sentido «cósmico» de la filosofía aplicada a las condiciones reflexivas en las culturas «precolombinas», se interroga:

«Lo interesante e importante no es por supuesto preguntar si en el mundo precolombino existió filosofía en el sentido amplio, sino en un sentido estricto: si en él hay algo realmente semejante a la filosofía que comienza en Grecia con los presocráticos, o sea que participe, aunque sea de un modo aproximado, de sus rasgos.»

        El argumento puede ser válido a consecuencia de que se muestren los rasgos de aquella «filosofía en sentido amplio» del murido «precolombino», lo cual Sobrevilla no niega que existan, para luego estudiar las semejanzas y comparaciones con el «sentido estricto de la filosofía».

        Un intento de mostrarnos la presencia de una «filosofía en sentido amplio» se encuentra en su disertación en las Jornadas de Filosofía organizada por el Centro Bartolomé de las Casas (Qusqu, 1992)2. Toma como eje de su análisis sobre el pensamiento Inka el texto de Miguel León-Portilla: La filosofía Náhuatl estudiada en susfuentes (México, 1983), «a falta de estudios sobre el pensamiento Inka». En su preámbulo (1992: 163) sostiene:

«En este texto tratamos de indagar si en el mundo precolombino existió un pensamiento filosófico o sólo un pensamiento mítico. En realidad esta interrogación cubre únicamente un grupo de casos de un problema más vasto: el de saber si se puede emplear la noción de filosofía para formas de pensamiento no-occidentales. Este problema surge en las culturas heterogéneas o híbridas: culturas que jüncionan con dos o más códigos culturales: el o los códigos que tenían originalmente las culturas no-occidentales y el código que adoptaron de Occidente cuando se vieron expuestas al impacto del colonialismo europeo. Debido a este choque dichas culturas asumieron, entre otras cosas, la filosofía occidental. ¿Son las formas de pensamiento original también filosofía?» (Las cursivas son nuestras).

        Esta última interrogante propone discernir sobre las cualidades del pensamiento no occidental, evaluadas y sojuzgadas por parámetros y sistemas legitimadores desde el mismo pensamiento occidental, y no estudiados en la referencia que puedan surgir desde sus fuentes propias.

        Sobrevilla se sirve del texto filosofía nahualt escrito por Miguel León Portilla como fuente de reflexión para aplicar el argumento a parí para luego arribar a conclusiones sobre su similar Inka: «no existe filosofía Nahualt» —por tanto— «tampoco existe filosofía Inlca». La razón suficiente es que ambas no pertenecen a la tradición filosófica griega, por tanto, es equivocado sostener la existencia de alguna filosofía en cualesquiera de los dos casos.

        El estudio de la reflexión de los hamut'aq es lejana en sus presupuestos de la heterogeneidad a la que apela; considera (1992:207) que una investigación sobre presencia de alguna filosofía heterogénea en el Tawantinsuyu obedecería a motivaciones subjetivas. Escribe:

«Una dificultad artificial pero perceptible en los estudios sobre el pensamiento inca en el Perú, es que parece constituir una cuestión de prestigio el que este pensamiento posea una índole filosófica. En este sentido, no se lo investiga desprejuiciadamente para tratar de establecer después si su carácter es mítico o filosófico, sino que se juzga a priori que tiene que ser filosófico.»

La objetividad del estudio de filosofías heterogéneas pasa a segundo plano, y convierte lo accesorio en tópico central: una condición subjetiva de la búsqueda del prestigio del pensamiento Inka como filosófico y no de la búsqueda de sus fuentes de reflexión. La conclusión a priori a la que llega (1996:13) es que «no existió un pensamiento filosófico en sentido estricto, sino sólo una cosmovisión de carácter religioso y mítico».

Las fuentes del pensamiento de los hamut'aq no se hallan reflejadas en el esquema de estudio de Sobrevilla, las crónicas del siglo XVI son invalidadas a priori, aunque ellas ya mostraran los perfiles de una reflexión «heterogénea» de acuerdo al esquema de Cornejo Polar. Sobrevilla (1992:206) señala no existen fuentes confiables que muestren evidencia de un pensamiento reflexivo Inka. Él sostiene que:

«...el mayor obstáculo sea que la cultura inca fue predominantemente oral, de modo que las fuentes para estudiar su pensamiento son sobre todo las relaciones y crónicas indígenas y españolas posteriores a la conquista. Contamos también con obras de arte de un rico contenido simbólico, pero con respecto a las cuales el margen de inseguridad para la interpretación es muy grande. No disponemos en cambio de códices o manuscritos indígenas originales[1], como sí sucede en el caso de las culturas prehispánicas de México.»

La confiabilidad de las fuentes para concebir un pensamiento de los hamut'aq implicaba un desarrollo de nuevas técnicas para su decodificación y traducción. La eliminación intencional de buena parte de los sistemas comunicativos autóctonos (khipu y tukapu) no destruyó totalmente las fuentes de la reflexión de los hamut'aq, muchos khipu de contenido reflexivo quedaron intactos aún después de la imposición colonial.

La conclusión de rechazar alguna forma de condición heterogénea en el pensamiento Inka ya había sido escrita con mucha anterioridad por nuestro pensador huanuqueño. En un artículo[2] de publicación colectiva (1978:36), propone las bases argumentativas de lo que considera un tesis equivocada:

«... es erróneo hablar de una filosofía prehispánica en el Perú. Obviamente, se puede buscar equivalentes a ella en las antiguas culturas peruanas, pero en el fondo se trata de algo distinto —y por ello, difícilmente comparable—. En verdad, no ha existido ni una epistemología Mochica ni una metaphysica generalis Inca. De allí que no nos refiramos a un presunto pensar filosófico anterior a la conquista. Para esta exclusión existen además otras razones que ya han sido ofrecidas por ej. por [Augusto] Salazar [Bondy].» (Las cursivas son nuestras) Este argumento de que se trata de «algo distinto» no aclara las características de un pensamiento reflexivo en el Tawantinsuyu. Si bien se respalda en los argumentos que ya antes habían esbozado Wagner de Reyna y Salazar Bondy sobre la inexistencia de «filosofía prehispánica», no sustenta cuales serían las características y rasgos que hacen diferente el pensamiento Inka. Sobrevilla (1999:59) sostiene que no debe aplicarse al «pensamiento prehispánico» conceptos que no le corresponden, como el de «filosofía».

Sin embargo, hemos de reconocer que sus reflexiones han marcado un derrotero para quienes desarrollan investigación filosófica sobre el «pensamiento Inka». Preguntado Sobrevilla (1999:58-59), si está aplicando impropiamente al pensamiento «prehispánico» categorías occidentales, su respuesta resulta esclarecedora para entender el sentido de las investigaciones sobre el pensamiento en el Tawantinsuyu, él sostiene:

«...estoy tratando de que no se aplique al pensamiento prehispánico conceptos que no le corresponden, como el de filosofía, sino que, dentro de lo posible estoy invitando a que se lo estudie desde sí mismo y que a partir de esta investigación se desarrolle las categorías hermenéuticas que le son pertinentes o adecuadas. Esta reflexión implicaba desde el inicio reconsiderar exclusiones del mundo reflexivo Inka, hay diversos estudios en los últimos 30 años que han avanzado considerablemente en campos como antropología, arqueología y etnohistoria.»

Al final deja pendiente distintas áreas de investigación sobre el pensamiento del Tawantinsuyu, sugiere las siguientes: 1) que su estudio debe ser desarrollado por conocedores del runasimi; 2) los investigadores tendrán sólida preparación metodológica y hermenéutica; 3) poseer como base un estudio sistemático de fuentes documentales sobre cronistas españoles e «indígenas»; 4) deben estar actualizados respecto a los últimos estudios sobre interculturalidad. Es decir, quedan premisas pendientes por confirmar para alcanzar alguna conclusión definitiva. Esta invitación implica el reconocimiento que aún es temprano para sugerir exclusiones y, por el contrario, urge la necesidad de contar con estudios que permitan un mayor conocimiento del pensamiento generado por los hamut'aq.

Marta Luisa Rivara de Tuesta

Siguiendo un criterio mucho más personal en sus estudios sobre el pensamiento Inka10 Rivara (1992:128) sostiene que:

«...no es posible hablar ni sería propio hablar de filosofía en el imperio incaico, ya que el término está referido a una forma de pensamiento del hombre occidental. De lo que cabe hablar es de una estructura de pensamiento genuina y original.»

Esta idea sigue criterios establecidos por anteriores filósofos peruanos para introducirse en el estudio del pensamiento autóctono, plantea la condición de su originalidad y de los conceptos propios que hay que crear para estudiarlos.

Considera que antes del siglo XVI no pudo discurrir la reflexión filosófica sobre temas propios de la tradición griega, aparte de la distancia geográfica, no hay contacto cultural entre ambas culturas, por lo que cada una ha presentado sus propios productos reflexivos. Propone que en el caso Inka, debe comprenderse como una de las formas de pensamiento original.

Inserta una categoría más universal para aplicarse a los productos de la reflexión autóctona, como «pensamiento inca» en sustitución a «filosofía inca», tratando de superar el problema de referencias del Inka Garcilaso y Waman Puma que mencionan a los hamut'aq como los «filósofos del Inka».

Los estudios posteriores de nuestra pensadora se orientan al estudio del pensamiento Inka mediante el análisis de su ideología religiosa. Los fundamentos sobre ideología Inka muestran tópicos referidos a principios de lo existente, aunque aclara que no es su intención reconstruirlos o restaurarlos.

María Luisa Rivara (1992:128), sostiene que al pensamiento Inka debe estudiársele según la jerarquía: Dios (Wiracocha), mundo (Pacha) y hombre (Runa), tesis que resulta desprenderse de una influencia religioso hispánica: la tripartición desde la trinidad cristiana que trata de trasladarla como propia al pensamiento de los hamut'aq, lo cual puede constatarse en la Doctrina christianay catecismo de 1584. Su propuesta se inicia en el estudio de las características del mito, siguiendo la poesía y culminando bajo apreciaciones de carácter reflexivo.

Recurre a fuentes sobre religiosidad Inka escritas por religiosos hispanos que proporcionan elementos culturales autóctonos mezclados con las propias convicciones cristianas, las que sirven para proponer una comprensión de un supuesto «Dios Wiracocha» como «el supremo poder y mando de todas las cosas», tal como Polo de Ondegardo había sugerido. Brinda interpretación sobre las versiones míticas sobre este supuesto «Dios andino» de acuerdo a las crónicas de Cristóbal de Molina y Pedro Sarmiento de Gamboa como: El agua como elemento primordial y su tránsito al elemento solar (fuego); La primera creación por Wiracocha (En la oscuridad), y, Segunda creación de Wiracocha (La claridad).

Al estudiar la poesía Inka indaga, en la composición de sus versos, todos los significantes que puedan atribuírsele. Presenta las diferentes conceptualizaciones de Wiraqucha entre ellos: a) como hacedor y creador; b) como incomprensible Dios; c) movedor y causa de las demás causas; d) el principio (¿iniciador?), y; e) como poder y mando de todo lo existente. La interpretación sobre Wiraqucha como Dios de los Inkas había sido cuestionada por Pierre Duviols y señalada como «invención de frailes». Tal deidad fue introducida en los hatunrunaskuna para su conversión al cristianismo, tergiversando lo original y auténtico que aún subsistía en el Qusqu cuando recogieron sus informaciones.

AI proponer una interpretación de pacha, acoge la propuesta de la división tripartita del universo11 (hananpacha, urinpacha, hinanpacha), se aproxima a la reconstrucción muy parcial de una cosmovisión Inka y de un sistema de universo referida por Joan Santa Cruz Pachakuti. Al tratar sobre el hombre (runa), se aproxima a reconstruir la acción desde un enfoque moral, pues dicha acción se guía por leyes morales que fueron superiores en sus formas de organización social y familiar.

El reto planteado por Rivara de Tuesta señala la necesidad de reconstruir la estructura de pensamiento genuino y original entre los hamut'aq, tarea nada fácil considerando los sesgos y manipulación que se presentan en muchas crónicas.

Mario Mejía Huamdn

Siguiendo las reflexiones de Sobrevilla y Rivara de Tuesta, Mejía Huamán ha introducido nuevos elementos sobre el debate del pensamiento Inka y sus formas de reflexión. El autor ha reactualizado el Diccionario Quechua-Castellano (2008) del religioso Jorge A. Lira publicado en 1944. Dicha actualización recurre a criterios de modernización y refonetización, lo que implica adoptar una tabla de correspondencias ortográficas y fonéticas que resultan aproximadas respecto a Lexicones y Vocabularios del siglo XVI, dada la evolución del runasimi y la inserción de grafemas después de 1533, los que configuran una modificación del runasimi hablado en el Qusqu y la región yunga.

Mejía se sitúa dentro del universalismo asuntivo, es reacio a aceptar la heterogeneidad filosófica (filosofía en sentido amplio), se inclina a aplicar conceptos restrictivos respecto a las condiciones del pensamiento reflexivo autóctono, considera que no existió alguna forma de pensamiento filosófico entre los hamut'aq.

En su artículo ¿Existió una filosofía Inka.? (Actas del VI Congreso de Filosofía, 2001, pp. 351-362), realiza un análisis minucioso sobre los tópicos e ideas que sustentaban la existencia de una filosofía Inka. Al evaluar las distintas posturas favorables a reconocer alguna forma de pensamiento reflexivo, dada las evidencias documentales de cronistas en el siglo XVI, en su respuesta (2001:355) indica que:

«No es correcto afirmar que existió filosofía inka, porque así lo dijeron Garcilaso, Guarnan Poma, Luis E. Valcárcel; los mencionados sabios no fueron filósofos, sino, historiadores y cronistas. Por otro lado, la existencia de conceptos de carácter filosófico, en las culturas arcaicas, no necesariamente prueba que en ellas se haya cultivado la filosofía. Las categorías son conceptos con los que se hace reflexión filosófica, pero, de ninguna manera son la filosofía. La filosofía es todo un discurso de la razón y no la aglutinación de categorías o proposiciones sueltas. Como enseña Aristóteles, los conceptos y las palabras sueltas no son proposiciones, menos juicios.»

Esta oposición a reconocer valor a las fuentes documentales indica una postura de rechazo porque «no hay nada a lo cual pueda llamarse específicamente Filosofía Inka», sólo es aceptable denominarle «pensamiento prefilosófico» o «cosmovisión ancestral», dado que no se ajustan al requisito de «un saber crítico, racional, teorético y trascendental» que exige la filosofía en sentido estricto. Sostiene que los «amautas incas» no hicieron reflexión filosófica, no usaron la razón para teoretizar, sino para hacer ciencia.

Posteriormente, Mejía ha ido traduciendo los contextos de sus debates con pensadores que sostienen alguna forma de reflexión entre los hamut'aq, para luego tender aproximaciones menos restrictivas a lo que se considera reflexión en términos generales. En Teqse. La cosmovisión andina y las categorías quechua como fundamentos para una Filosofìa Peruana y de América Andina (Lima, 1999) y Hacia unafibsofía andina (Lima, 2005), indaga tópicos reflexivos en muchos casos considerados de naturaleza filosófica-, en el segundo texto inserta la idea de interculturalidad como patrón comparativo entre la cultura occidental y la andina. Así, notamos que dos conceptos muy distintos se alternan en sus textos: Inka y andino. El primero señala una condición cultural surgida en el Tawantinsuyu que se prolonga de forma paralela durante el dominio colonial como expresión de vivencia cultural; mientras que lo andino resulta una consecuencia del dominio colonial y es la forma actual en la que se manifiestan patrones culturales tanto ancestrales como modernos, en la que se hallan incluidos elementos impropios de la cultura autóctona. No se puede comprender lo andino si no se comprenden sus raíces desde el Tawantinsuyu o de sus naciones confederadas.

Mejía considera que, en sentido estricto, la filosofía andina «está en proceso de elaboración»; dicha filosofía constituiría en el futuro su ápxv (arché) teórico. Aunque no disiente del eurocentrismo filosófico, tan común en estudiosos del proceso andino, su discurso rescata los valores y pensamiento con distinto valor filosófico. Este ejercicio comparativo de conceptos reflexivos entre el griego y runasimi encaminó sus estudios sobre el pensamiento de los hamut'aq, desde fuentes manuscritas del siglo XVI, al compararlo con el proceso de inicio de la filosofía. Determinó conceptos que guardan similitud: kay (ser, haber); kashay (existencia); yachay (saber, saber de vida); Reqsiy, (conocer teórico); Rikhuy (conocer por contemplación); Cheqaq y Sullul (verdad), entre otros conceptos de naturaleza filosófica.

Sostiene que en la concepción andina del mundo, no existe el concepto de bien y de mal sino del bien y no bien, que el «hombre andino» tiene una visión estética del mundo, que el papel del trabajo y la convivencia han jugado un rol decisivo en la humanización del «hombre andino».

El afán de estructurar un pensamiento propio en los Andes peruanos lo ha llevado al estudio crítico de fuentes primarias, bajo la necesidad de establecer las condiciones de lo propio de nuestra cultura. Sostiene (2000:649) que, «cuando estemos en condiciones de separar lo propio de lo extraño y lo auténtico de lo inautèntico de nuestro discurso racional» podremos establecer un discurso auténtico. Tarea difícil, pero no imposible, debido a la profusión de estudios interdisciplinarios sobre el pensamiento Inka.

Existen publicaciones conocidas como enfoques interculturales de la filosofía andina, las cuales abordan el problema de la existencia de una filosofia autóctona, trasladando tópicos reflexivos del pasado a la actualidad; es decir, no necesariamente se abocan al estudio de sus orígenes en el Tawantinsuyu. Las metodologías a las cuales se han recurrido son distintas y contrapuestas, pero todas toman como referencia la matriz histórica Inka, sin definir lo esencial de sus rasgos y características, dentro de la peculiaridad histórica en que se ha desarrollado dicho pensamiento.

        Para Mejía, la búsqueda de un discurso auténtico implica una consideración de posibilidad la que debe imponerse en el pensamiento peruano. Cito sus palabras (2001:362): «...debemos contribuir creativamente al desarrollo de una Filosofía Universal, haciendo una reflexión desde nuestra pacha, (espacio, tiempo y naturalezas andinas) a través de las categorías del Runasimi que es nuestro idioma y refleja nuestra identidad y autenticidad andinas.»
Tarea nada fácil, si se trata de encontrar lo original que había surgido en elTawantinsuyu, y que al reconstruirlos aún lo hacemos con herramientas conceptuales muy impropias de la reflexión creada por los hamut'aq.


Dos artículos suscritos por Pablo Quintanilla[3] ponen de relieve el resumen evolutivo de la pregunta inicial planteada desde la postura universalista asuntiva. Se pregunta; ¿hubo filosofía prehispánica? ¿Hay filosofía peruana? Las respuestas resumen dos propuestas que han evolucionado a largo de este debate: «cada pueblo tiene su peculiar cosmovisión, [por lo tanto] deben tener su propia filosofía»; esta propuesta nos conduce a una «explicitación conceptual de esa cosmovisión, lo que generaría una diversidad de filosofías análoga a la diversidad de cosmovisiones». Quintanilla concibe que el objetivo de la filosofía no es explicitar cosmovisiones sino «contestar preguntas eternas». Considera que «aunque los problemas filosóficos se constituyen culturalmente, inevitablemente tienen pretensiones de universalidad». En la pretensión de universalidad se generan los conflictos de interpretación sobre lo peculiar que resultan los modos del pensar y reflexionar propios, respecto al pensamiento filosófico surgido en Grecia.

En la respuesta a la interrogante sobre posibilidad de filosofía en sentido estricto fuera de los orígenes occidentales, los primeros filósofos griegos también partían de cosmovisiones, sólo que desde su admiración sobre el cosmos se erigió un saber que se apartaba de argumentos teológicos. Critica que sostener si existió «filosofía» en elTawantinsuyu sería caer en el «eurocentrismo soterrado». Sin embargo, tal crítica esquiva la posibilidad que puedan encontrarse «puntos de comparación» y establecer similitudes reflexivas a pesar de la distancia cultural entre dos universos reflexivos distintos que funcionaron entre hamut'aq e hispanos.

Quintanilla sostiene (2004:53), que es necesario realizar una distinción entre lo que resulta filosofía como origen:

«El concepto de filosofía es occidental y quizá la pregunta misma está viciada, ya que ella podría estar juzgando con criterios inapropiados fenómenos culturales complejos y elaborados que no siempre son asimilables mediante las categorías occidentales.» Esta idea pone de manifiesto que no se pueden generalizar determinadas condiciones de evolución cultural bajo los mismos patrones culturales, hay un conjunto de peculiaridades al cual hay que poner atención para distinguir lo que se aproxima comparativamente a la filosofía, con lo que no es propiamente filosofía. Estos criterios permiten comprender otra forma distinta de reflexión que no es propiamente filosofía en sentido estricto. Este conjunto de características de ejercer pensamiento filosófico implica atender el modelo de su surgimiento en la democracia esclavista, sus tópicos de crítica, indicando (2004:53) que «aquellas sociedades que han tenido una práctica social de cuestionamiento y crítica radical, con características meta-conceptuales, cabe decir apropiadamente que hubo filosofía».

Cuando este esquema se aplica a sociedades no-occidentales surgen argumentos para diferenciar, distinguir filosofía y cosmovisión. Sostiene (2004:52) que:

Los pueblos indígenas prehispánicos tuvieron, naturalmente, complejas cosmovisiones. Lo que es más discutible es si tuvieron un concepto de "filosofía" y una actividad que pudiera ser llamada de esa manera. La mayor parte de los autores piensa que, en sentido estricto, no hubo filosofía en el mundo andino anterior a la llegada de los europeos o que, si la hubo, no nos ha quedado rastros de ella, de manera que no podemos afirmar que la hubiera. Esta afirmación plantea un contexto ambiguo al referir un ejercicio de sentido estricto de filosofía. Se pueden argumentar distintos criterios, pero dos son contundentes: 1) la distancia geográfica que evitó algún contacto entre ambas generando intercambio de saberes, y; 2) la evidente distancia cultural que hubo entre cada una de ellas. Esta condición de distanciamiento implica que es imposible buscar alguna forma conceptual de filosofía tal como fue ejercida en Grecia. Los tiempos y sistemas de saber son distintos, por lo que no es posible aplicar sistemas de igualdad para ambos casos, lo que si puede realizarse es buscar similitudes, a partir de las grandes preguntas que se han planteado en cada civilización, posibilitando la reconstrucción de algunos rastros peculiares de reflexión que puedan descubrirse. Aunque Quintanilla no específica cuales serían aquellos rastros y quienes serían aquellos pensadores que cumplían alguna función similar a los «filósofos».

Al señalar que existen «sentidos relevantes» que deben discriminarse para aplicarlo en el estudio de lo que es propiamente original antes de la invasión hispánica. Se pregunta (2006a:4), cuáles son esos sentidos relevantes en cada dirección:

«...nuestros antepasados precolombinos tenían sutiles cosmovisiones que incorporaban temas que hoy llamaríamos religiosos, científicos y también filosóficos. Es sumamente probable que hubiera individuos que se plantearon cuestiones que ahora denominaríamos éticas o epistemológicas, y seguramente también se plantearon problemas existenciales. En ese sentido, casi con certeza los pueblos precolombinos formularon preguntas que actualmente llamamos filosóficas y esbozaron respuestas para ellas.»

El asunto exige determinar las cosmovisiones que integraban distintas secuencias que aglutinan un conjunto de características que en el pensamiento occidental, y establecer los sujetos pensantes que los ejercían.

El debate de las condiciones del surgimiento de la filosofía en el Perú le lleva a una afirmación de convicción que lo aproxima al autoctonismo afirmativo. Quintanilla (2006b:3), señala una conclusión inesperada:

«No negué la existencia de filosofía en el Perú prehispánico, sino distinguí dos sentidos de "filosofía". En un sentido amplio, que involucra respuestas a preguntas que hoy llamamos éticas o epistemológicas, entre otras, ciertamente hubo un pensamiento filosófico prehispánico, como lo hay en cualquier otra sociedad.»

Esta afirmación abre nuevos contextos en su propuesta: No debatimos si existió o no filosofía en Perú antes de la invasión hispánica, el debate se desplaza al sentido amplío
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Notas
(1) Aunque tal "benevolencia" jamás existió, hubo activa resistencia al dominio colonial desde 1536 con Manqu Inka, la resistencia de los Inka del Willkapampa se mantuvo hasta 1571, con la captura y ase­sinato del Inka Tupa Amaru en el Qusqu. La resistencia cultural fue el motivo de las campañas contra la idolatría para destruir las costumbres y logros culturales autóctonos. Durante la dominación colonial hispana hubieron levantamientos cuyo programa central proclamó la reinstauración del Tawantinsuyu.
(2) Véase ¿Pensamiento filosófico o pensamiento mítico precolombino? (1992:161-209), versión ampliada en Repensando la tradición de nuestra América (1999:19-71).
[1] Aún falta investigar sobre los códices textiles en el Tawantinsuyu. Sobre el caso de la oralidad en la literatura Inka véase los argumentos de Edmundo Bendezú (2003: XXI-XXVII) y Tom Zuidema (1989:491-493).
(3) Aunque la denominada «concepción tripartita del espacio andino» es una interpretación muy discutible entre los cronistas religiosos hispanos, quienes transponen la triada: Dios-espíritu santo-hijo, modifi­cando intencionalmente la información que recibieron de los khipukamayuq. El modelo espacial inka es cuatripartito, y contiene a su vez una división dual entre hanan y urin.
(4) Sobrevilla, David (1978). «1880-1980: 100 años de filosofía en el Perú». En: Podestá, Bruno ed. Cien


CREACIÓN HEROICA