jueves, 1 de septiembre de 2016

Internacionales

Nota:

Publicamos a continuación dos textos en los que sus autores se pronuncian acerca de la dramática y difícil situación que atraviesan Venezuela y Brasil. El comunicado del ALBA llama a rechazar el golpe de Estado que se fragua en Venezuela y a solidarizarnos consiguientemente con el gobierno de Nicolás Maduro, llamado que suscribimos, poniendo a un lado nuestras diferencias ideológicas y teóricas con la dirección venezolana. La reacción interna venezolana y latinoamericana, así como el imperialismo estadounidense, se encuentran detrás de la desestabilización del régimen venezolano, al que no han dejado de atacar mediante el sabotaje económico, intentos de golpe de estado y otras medidas ilegales desde sus primeros tiempos. El segundo artículo es de autoría del pensador argentino Atilio Borón, en el que denuncia el golpe de estado parlamentario contra Dilma Rousseff por parte de un grupo de delincuentes congresistas, por eso sin ninguna moral para hacerlo, a la vez que muestra una justa actitud crítica con la política de Lula y de la propia Dilma Rousseff. Pero la reacción interna latinoamericana y el imperialismo norteamericano son los grandes y principales enemigos de Nuestra América, a la que quieren recolonizar y reencaminarla por el camino de la sumisión a los dictados del imperio yanqui. Desde Creación Heroica nos solidarizamos con los gobiernos y los pueblos de Venezuela y Brasil, porque, especialmente estos últimos son las primeras y grandes víctimas de las políticas del imperialismo y del capitalismo. Argentina es el ejemplo más gráfico de las consecuencias sociales para las grandes mayorías del regreso de la reacción interna. A la vez, los acontecimientos producidos en Brasil y los que están en curso en Venezuela deben llamarnos profundamente a la reflexión  acerca de los aciertos y las limitaciones de la izquierda latinoamericana, y, en especial, de la izquierda que lucha por el socialismo. Más que nunca está a la orden del día la lucha en el campo ideológico-cultural para desde ahí construir la hegemonía socialista. Más que nunca está a la orden del día la organización y movilización de los trabajadores. Más que nunca está a la orden del día la unidad latinoamericana frente a los embates del miserable sistema imperialista y capitalista que lleva al sufrimiento a miles de millones de personas en el mundo.

Comité de Redacción de Creación Heroica    

Comunicado Especial de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América
Tratado de Comercio de los Pueblos

Los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), manifiestan su solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela, ante el llamado de factores antidemocráticos nacionales e internacionales, para derrocar su gobierno legítimo y constitucional el 01 de Septiembre de 2016.

El ALBA-TCP manifiesta su preocupación ante las amenazas contra el sistema democrático que ponen en riesgo la estabilidad política y la paz en la hermana República Bolivariana de Venezuela, lo que a su vez puede afectar la estabilidad de la Región.

Las oligarquías nacionales en asociación con factores internacionales intentan reeditar los lamentables hechos del 11 de abril de 2002, cuando propiciaron un golpe de Estado que generó violencia y muerte de ciudadanos inocentes, con el propósito de desconocer la voluntad del pueblo venezolano que, a través del voto popular, eligió en el año 2013 al Presidente Nicolás Maduro como sucesor del Comandante Eterno Hugo Chávez Frías.

El ALBA-TCP alerta a la comunidad internacional sobre la estrategia de desestabilización golpista que se desarrolla actualmente en Venezuela, enmarcada en un plan contra los gobiernos progresistas, populares y de izquierda de la Región, para dar al traste con sus sistemas de protección de derechos humanos y con los procesos de integración y unidad regional.

Caracas, 31 de agosto de 2016

La Tragedia Brasileña

Atilio A. Boron


Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.

Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Indonesia en 1965, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954?


Fuente: Revista electrónica Rebelión.

Economía


La Economía Política Marxista y el Subjetivismo

César Risso

EL RETORNO A TEORÍAS SUPERADAS por la ciencia económica es expresión de los conflictos de clases existentes en la actualidad. La economía política marxista logró desentrañar el secreto de la explotación capitalista. A pesar de lo cual, de tiempo en tiempo, nos plantean como novedad el retorno a teorías sin base científica, pero que nos las presentan como una novedad.

Una de estas teorías, apareció con fecha 5 de agosto del año en curso, en el blog Tacna Comunitaria, en el artículo del Dr. Hugo Salinas, No es culpa de Karl Marx sino de los marxistas.

En dicho artículo, el autor pretende demostrar que el fracaso en la construcción del socialismo y del comunismo, en la Unión Soviética, en China, etc., no es culpa de Carlos Marx, sino de los marxistas. Aunque, en realidad, lo que trata de demostrar es que todo el problema radica en la “Repartición Individualista”, negando la concepción materialista de la historia, así como las leyes de la producción capitalista.

Hugo Salinas trata de aleccionarnos en que el problema es la distribución, y que en consecuencia, la imposibilidad de eliminar la pobreza y la desigualdad estriba en que Marx no llegó a desarrollar una teoría del cambio.

Veamos qué dice Carlos Marx de las relaciones capitalistas, las mismas que Hugo Salinas rechaza como problema:

“Ahora bien, el proceso de trabajo, considerado como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, presenta dos fenómenos característicos. El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su trabajo pertenece. […] Pero hay algo más, y es que el producto es propiedad del capitalista y no del productor directo, es decir, del obrero.” (Carlos Marx. El Capital. T. I.)

No se da cuenta Hugo Salinas, a pesar de lo que concluye (teoría del cambio), que al eliminar la forma específica del modo de producción capitalista, reduciéndola a un aspecto puramente técnico, y con él las relaciones de propiedad de los medios de producción, elimina la mercancía, quitándole su contenido social, dejándola solo como valor de uso, abandonando el valor de cambio de las mismas, es decir, eliminando la célula de la economía capitalista, reduciendo así el problema de la explotación del trabajo asalariado a un tema de voluntad sin base material. Niega, en esta forma arbitraria, que las relaciones sociales de producción jueguen algún papel en la explotación capitalista.

En cuanto a la plusvalía, Carlos Marx señala su origen:

“La segunda etapa del proceso de trabajo, en que el obrero rebasa las fronteras del trabajo necesario, le cuesta, evidentemente, trabajo, supone fuerza de trabajo desplegada, pero no crea valor alguno para él. Crea la plusvalía, que sonríe al capitalista con todo el encanto de algo que brotase de la nada. Esta parte de la jornada de trabajo es la que yo llamo tiempo de trabajo excedente, dando el nombre de trabajo excedente (surplus labour) al trabajo desplegado en ella. Y, del mismo modo que para tener conciencia de lo que es el valor en general hay que concebirlo como una simple materialización de tiempo de trabajo, como trabajo materializado pura y simplemente, para tener conciencia de lo que es la plusvalía, se la ha de concebir como una simple materialización de tiempo de trabajo excedente, como trabajo excedente materializado pura y simplemente. Lo único que distingue unos de otros los tipos económicos de sociedad, v. gr. la sociedad de la esclavitud de la del trabajo asalariado, es la forma en que este trabajo excedente le es arrancado al productor inmediato, al obrero.” (Carlos Marx. El Capital. T. I.)

Es decir, las sociedades divididas en clases sociales, tienen en común el arrancar trabajo excedente al productor directo (inmediato), esto es la explotación del trabajador directo o inmediato; pero se diferencian por la forma en que lo hacen. Esta diferencia se debe al tipo de propiedad de los medios de producción.

En el siguiente párrafo nos aclara Hugo Salinas a qué se refiere con la teoría del cambio:

“Para visualizar el error, les presento un resumen de lo vendría a ser la Teoría del Cambio. Toda actividad socio-económica tiene dos elementos: el proceso de trabajo con el cual se resuelve la pregunta, ¿qué producir?, y la decisión socio-económica con la cual la sociedad resuelve la pregunta, ¿cómo repartir el resultado neto (los beneficios) de la actividad económica?” (Hugo Salinas)

Su teoría del cambio no es otra que la repartición del resultado neto.

Armado con estas dos preguntas, reduce todo el problema al proceso de trabajo y a la decisión socioeconómica en la repartición del resultado neto. Sin embargo, no atiende al problema de las condiciones materiales de existencia, esto es, a las condiciones materiales de la producción, o más claro aún, a las relaciones de propiedad existentes entre los hombres en el proceso de producción.

La forma de apropiación del trabajo excedente en la sociedad capitalista se llama plusvalía. Y esta plusvalía se presenta en esta sociedad porque se basa en la explotación del trabajo asalariado.

“Hay dos formas de repartir: la Repartición Individualista mediante la cual el 100% de las ganancias de la empresa pertenece a quien puso el capital, y la Repartición Igualitaria que facilita la repartición del total de ganancias entre el total de la población, en partes iguales.” (Hugo Salinas)

Hugo Salinas no diferencia los modos de producción, por lo cual considera a la plusvalía como el excedente de todo tipo de sociedad. Es más, brota de sus expresiones y propuestas una concepción naturalista de la economía, pues considera dos formas de repartir la ganancia. Así lo afirma cuando señala que “[…] y la Repartición Igualitaria que facilita la repartición del total de ganancias entre el total de la población, en partes iguales.” (Hugo Salinas)

Este naturalismo considera que las categorías económicas son eternas, es decir, que siempre han existido. Pero la ciencia económica es una ciencia histórica, y en consecuencia las categorías económicas van cambiando conforme cambia la sociedad. Es un absurdo hablar, por ejemplo, de la categoría capital en la esclavitud. Sin embargo, los economistas burgueses señalan que todo medio de producción es capital. En cambio, Carlos Marx señaló que el capital es una relación social, que consiste en que hay propietarios privados de los medios de producción, que contratan trabajadores asalariados, para a través del proceso de trabajo extraerles trabajo excedente. Por lo tanto, la categoría capital no pertenece a todas las épocas históricas.

“[…] el causante de los efectos perversos del Capitalismo es la Repartición Individualista, porque a través de ella solamente el propietario de la empresa puede vivir una vida holgada mientras que los trabajadores están destinados a morirse de hambre.” (Hugo Salinas)

Según Hugo Salinas, la explotación capitalista se debe a la decisión de repartir la plusvalía de forma individualista. Si desde un comienzo la burguesía hubiese optado por la repartición igualitaria, la sociedad se hubiese ahorrado varios siglos de abusos.

“Entonces, pretender resolver los males del Capitalismo eliminando la plusvalía es imposible, porque la plusvalía es la denominación del “resultado neto” de la actividad económica en Repartición Individualista. El “resultado neto” existirá en cualquier tipo de repartición porque es un elemento del proceso de trabajo (en este caso de una actividad industrial, empresarial).” (Hugo Salinas)

Aquí destaca la importancia de dar una denominación específica a esencias distintas. Ahora llama al excedente económico resultado neto. En lugar de aclarar las cosas las embrolla. El excedente económico en general, y la plusvalía en particular, es creación de la fuerza de trabajo, que en el capitalismo se remunera por su valor de cambio, pero que tiene un valor de uso que le permite crear más valor que el que ella misma tiene.

“La solución del Capitalismo no se encuentra en el lado del proceso de trabajo sino en la Repartición Individualista. Es ella la que dio nacimiento a la dicotomía pobreza / riqueza, y la que luego crea el desempleo y la marginación de grandes masas de la población.” (Hugo Salinas)

Como se ve, Hugo Salinas pone las cosas al revés. La “Repartición Individualista”, esto es, la voluntad de los propietarios, ha generado la pobreza, y la riqueza, así como todos los males materiales que sufre la población. La base de esta teoría está en la concepción idealista de la historia.

Fíjense como rechaza, haciendo pasar por marxismo el idealismo, el análisis de Lenin en la construcción del socialismo en la URSS:

“Igual tipo de error lo cometió Lenin, cuando toma a la letra una expresión de Marx sobre la ‘propiedad privada’ de los medios de producción como causa de los efectos perversos del Capitalismo. Precedido de un lamento, Lenin dice: ‘suprimir las clases no es solamente botar a los terratenientes y a los capitalistas, lo que nos ha sido relativamente fácil, es también suprimir los pequeños productores de mercaderías […]. Es mil veces más fácil de vencer a la gran burguesía centralizada, que de vencer a los millones y millones de pequeños patronos.’

En este caso, la noción de ‘propiedad privada’ no pertenece ni al proceso de trabajo ni a la Repartición Individualista; es decir, no pertenece a la esfera de la actividad socio-económica. La  ‘propiedad privada’ es una institución que refleja la base socio-económica en condición de Repartición Individualista. Una vez más el objetivo de la ‘revolución’ fue equivocado.” (Hugo Salinas)

He aquí la concepción materialista de la historia que niega implícitamente Hugo Salinas:

“En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social.” (Carlos Marx. Prólogo a la Crítica de la Economía Política)

La crítica a los supuestos errores de Paul Sweesy y Charles Bettelheim, no radican en lo que cuestiona Hugo Salinas, puesto que el dinero y los precios como formas históricas cambiarán al cambiar la forma social de producción.

El dinero no es otra cosa que una mercancía. Y las mercancías encierran cuotas de trabajo social, que en el proceso de producción capitalista aparecen como trabajo privado, pero que en el cambio al igualarse en determinadas proporciones, revelen su contenido social. Pero el mercado, al ser consecuencia de trabajos privados, y al estar los capitalistas movidos por la obtención de plusvalía, son parte de una lucha, que refleja la anarquía de la producción. En el comunismo el mercado dejará de existir, pues la producción será planificada, debido a que no se tratará de la producción y extracción de plusvalía, sino de la satisfacción de todas las necesidades, tanto materiales como espirituales de todos los seres humanos.

Qué sucederá con el dinero. Ya no tendrá razón de ser. Pues su función principal es la de servir como medio general de intercambio. Al desaparecer la base material de la producción capitalista, desaparecerá también el fetichismo de la mercancía, esto es, la atribución de poderes sobrenaturales a un objeto que es creación humana, de fuerza humana de trabajo.

        Decíamos al comienzo que Hugo Salinas niega la concepción materialista de la historia y las leyes de la producción capitalista. Pues bien, citamos aquí dos textos de Carlos Marx, que comprueban que quien no entendió a Marx no fue Lenin, sino Hugo Salinas.

“En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.” (Carlos Marx. http://www.inpahu.edu.co/biblioteca/imagenes/libros/Contribucion.pdf )

“La distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción. Y ésta es una característica del modo mismo de producción. Por ejemplo, el modo capitalista de producción descansa en el hecho de que las condiciones materiales de producción les son adjudicadas a los que no trabajan bajo la forma de propiedad del capital y propiedad del suelo, mientras la masa sólo es propietaria de la condición personal de producción, la fuerza de trabajo. Distribuidos de este modo los elementos de producción, la actual distribución de los medios de consumo es una consecuencia natural. Si las condiciones materiales de producción fuesen propiedad colectiva de los propios obreros, esto determinaría, por sí solo, una distribución de los medios de consumo distinta de la actual. El socialismo vulgar (y por intermedio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada, desde hace ya mucho tiempo, la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver a marchar hacia atrás?” (file:///D:/Documents/CREACION%20HEROICA/SETIEMBRE%202016/Karl%20Marx%20-%20Critica%20del%20programa%20de%20Gotha.pdf)

        Juzgue el lector de la supuesta novedad de Hugo Salinas al plantear su anacrónica teoría.

Literatura

Una Revisión de la Narrativa Vargasllosiana.
Introducción


Julio Carmona


EN ESTA REVISIÓN DE LA NARRATIVA de Mario Vargas nos vamos a centrar en la búsqueda de aquellos elementos de base que sustenten el segundo término del título de este trabajo: el escribidor. Es decir, vamos a demostrar que el confusionismo teórico visto en los capítulos precedentes se manifiesta también en sus errores de escritura. Y, por supuesto, las impertinencias señaladas en los parágrafos anteriores contribuyen a lo mismo. Y esta obnubilación se demuestra —en principio— con una atingencia que hace en la presentación a la edición de Los Jefes y Los Cachorros (A-1982), ahí —aludiendo a la época en que escribe Los jefes— dice:

«Me gustaba Faulkner pero imitaba a Hemingway. Estos cuentos deben mucho también al legendario personaje que, en esos años precisamente, vino al Perú a pescar delfines y cazar ballenas. Su paso nos dejó un relente de historias aventureras, diálogos parcos, descripciones clínicas y datos escondidos al lector. Hemingway era una buena lectura para un peruano que comenzaba a escribir hace un cuarto de siglo: una lección de sobriedad y objetividad estilísticas. Aunque había pasado de moda en otras partes, entre nosotros todavía se practicaba una literatura de campesinas estupradas por ignominiosos terratenientes, escrita con muchas esdrújulas, que los críticos llamaban “telúrica”. Yo la odiaba por tramposa, pues sus autores parecían creer que denunciar la injusticia los eximía de toda preocupación artística y hasta gramatical» (p. IX.)

En principio, hay que rectificar el dato referido a Hemingway. En Cabo Blanco (puerto de la costa norte peruana) hasta ahora recuerdan que el escritor norteamericano venía, exclusivamente, a pescar ejemplares del famoso pez espada (llamado “merlín” por los lugareños)1 que abunda en esas aguas, y no ‘a pescar delfines ni a cazar ballenas’. Y, evidentemente, MV está exagerando la nota respecto a la literatura que se practicaba en esa época (a comienzos de los sesenta), ya que si con esa expresión hace referencia a los escritores de las décadas anteriores (que por entonces todavía publicaban): Arguedas, Alegría, Hernández, Izquierdo, etc., no es cierto que sus temas se redujeran a los que ahí señala MV, y menos puede restringírseles calidad artística; el hecho de que esa calidad sea distinta a la que él preconiza no quiere decir que fuera inexistente o deficiente.2 Los contrarios no se anulan por ser diferentes; la diferencia, en todo caso, los hace independientes, con cualidades peculiares, cada cual. Y hay más, porque si lo relativo a lo artístico es una exageración, cuando se refiere a la gramática se vuelve injusticia. Pues se puede discrepar del canon estético de los autores mencionados, pero no se les puede mezquinar el uso adecuado de la lengua, en el  que  son  maestros. Y quizá  más  que el mismo MV. A ellos no se les hubiera ocurrido usar la siguiente construcción gramatical: “era una buena lectura para un peruano que comenzaba a escribir hace un cuarto de siglo”, pues seguro habrían escrito: ‘era una buena lectura para un peruano que hacía un cuarto de siglo comenzaba a escribir’ (estableciendo la correspondencia entre los dos pretéritos imperfectos, o copretéritos, como los llama Andrés Bello); y, más aún, al nivel del significado, no cabe la relación de ‘haber empezado a escribir hacía un cuarto de siglo’, pues si lo que quiso decir es que tenía veinticinco años cuando Hemingway influyó en él que es cuando escribió Los jefes (1961), no puede decir que ‘hacía un cuarto de siglo que había empezado a escribir’, pues entonces se entiende que lo hizo desde el momento de nacer (1936, más un cuarto de siglo = 1961.)

Aquí es pertinente mencionar otras fallas de escritura de MV que lo desautorizan como censor, en ese sentido, de los escritores aludidos. En la p. 111 de Conversación en la catedral, describe cómo un ave de rapiña (halcón o gavilán, no se precisa) atrapa a ¿una iguana? (así con interrogación.) Pero lo más probable es que no fuera una iguana porque es demasiado grande para un halcón o un gavilán (a no ser que se tratase de un águila o un cóndor, que en los desiertos de la costa peruana no los hay), y, de tratarse de halcón o gavilán, la presa debió ser, en todo caso, una lagartija. Pero MV hace la siguiente descripción:

el ave rapaz aleteó a flor de tierra, la atrapó con el pico, la elevó, la ejecutó mientras escalaba el aire, metódicamente la devoró sin dejar de ascender.

El error radica en que el ave de rapiña no atrapa a sus presas con el pico sino con las garras. A propósito, vamos a transcribir el párrafo de una novela en el que se trata una escena parecida. Dice: “Un pájaro sólo sabe lo que es morir en el suelo cuando él mismo está en el suelo, cuando es un zorro o un lobo o un lince el que se le abalanza súbitamente desde la espesura.” Y agrega: «Si no, es el chillido de algún ave más grande, de un águila, silbantes sus alas, perversamente prontas las garras mientras desciende en picado a arrebatar la presa recién cazada».3

Por otro lado, es imposible que el ave devore su presa en pleno vuelo, esto lo hace siempre detenida. Y el error se proyecta líneas más adelante cuando dice que el ave rapaz: “Seguía subiendo, digiriendo obstinado y en tinieblas...” Y, en primer lugar, no se olvide que está hablando del ‘ave rapaz’, que es femenino, y, no obstante eso, MV la califica con el adjetivo masculino ‘obstinado’ (segunda cursiva de la cita.) Y, en lo que respecta a la primera cursiva, al ave le correspondía subir “ingiriendo”, mas no “digiriendo”. Asimismo, también aquí es pertinente traer a colación las observaciones de tipo gramatical que el psiquiatra Carlos Alberto Seguín hace a la novela El elogio de la madrastra, en especial la que sigue:

«Termino con una duda que los gramáticos podrían disipar: ¿No debería haberse dicho “Elogio a la madrastra” en lugar de “Elogio de la madrastra”? En el primer caso se usa la preposición a, que indicaría destino: se elogia a alguien; en el segundo caso de parece más bien indicar que el elogio se origina en la madrastra (pues de “manifiesta de dónde son, provienen o salen las cosas o las personas”.») (D-2001-a: 287.)

Es tan evidente el yerro denunciado por el doctor Seguín que hay críticos de MV que no escriben el título del libro como realmente aparece (Elogio de la madrastra) sino como debió ser: “Elogio a la madrastra”, y es el caso de Miguel Gutiérrez, que lo hace así, en su libro Los Andes en la novela peruana actual, al consignar la bibliografía de MV. (Gutiérrez, D-1999: 199.)
____________
(1) Como lo indica Víctor Borrero Vargas en su cuento “Cabo Blanco” (que da título al libro): “Ya sé —dijo— usted viene a Cabo Blanco en busca de historias, esto me hace recordar a Hemingway (...) ese gringo venteado que vino por el merlín dorado de mil kilos.” Cabo Blanco, Piura, Editorial Santa Ángela, 2002, p. 83.
(2) El mismo MV, haciendo su paralelo con otros escritores del “boom” dice que “no hay un denominador común en lo que se refiere a criterio estético, a criterio artístico” (C-2004: 49.)

(3) David Osborn, Temporada de caza, Barcelona, Grijalbo, p. 141. Realicé una relectura de esta novela con ánimo de matizar este trabajo de redacción. Y, ciertamente, fue gratificante.

Comentarios de Libros


Khipu: Alternativa Comunicativa de textos y Cifras

(Segunda y Última Parte)

Roque Ramírez Cueva.

EN LA PARTE UNO obviamos mencionar –no correspondía- que la idea de proponer al Khipu como una forma alternativa de cumplir los mismos usos y funciones de la escritura ha tenido sus pioneros. Cuando en anteriores notas críticas sobre el tema, afirmamos que es el profesor V. Mazzi Huaycucho (V.M.H. en adelante) uno de los contados investigadores en proponer al khipu como un sistema comunicativo y registral, lo decíamos desde la experiencia peruana y de los peruanos. La misma y vasta referencia bibliográfica dada por el propio V.M.H. en su libro nos da una idea de los muchos investigadores comprometidos en el estudio del Khipu. Por no ser de interés de la presente sólo aludiremos a unos.

Así, Williams Burns, indagador inglés, mientras trataba de demostrar en Perú el hallazgo de una escritura de signos geométricos usada en tiempo de los Inka, iba constituyendo su ensayo “Decodificación de Quipus”, o sea ya trataba de averiguar qué datos guardaban. Y desde la Universidad de Harvard otros dos investigadores norteamericanos, Gary Urton y Carrie Brezine, concluían que los Inka tenían control administrativo sobre el proceso de la producción y sabían de las diferentes ocupaciones de todos los trabajadores a su cargo para lo cual se apoyaron en los khipu.(1)

La web, o revista digital, Khipu Database Project, vocero del proyecto del mismo nombre y dirigida por la Fundación Nacional de Ciencia y la Universidad de Harvard, en la ventana on line “What is a Khipu?”(2) menciona a otros investigadores, entre ellos Locke, a los esposos Ascher y, al ya mencionado, Urton. Leamos:

“Leland Locke (…) was the first to show that the knots had numerical significance. The Inkas used a decimal system of counting. Numbers of varying magnitude could be indicated by knot type and the position of the knot on its cord. Beginning in the 1970’s, Marcia and Robert Ascher conducted invaluable research into the numeric significance of khipu, and developed a system of recording khipu details which is still in wide use today among khipu researchers. More recently, researchers such as Gary Urton have recognized the depth of information contained in non-numeric, structural elements of khipu.”

No tengo el dato comparativo necesario para concordar si Locke fue el primero en demostrar que los nudos del khipu tenían significado numérico, pero es muy interesante informarse que los Ascher por 1970 desarrollaron un sistema de grabación (registro) de datos del khipu muy útil a investigadores de la materia. Gary Urton, por su parte, ha reconocido la profundidad de la información contenida en los elementos estructurales no numéricos del khipu. Es decir, ya se permitía deducir que hay información más que solamente numérica en los khipu. Gary Urton(3) en sus indagaciones hechas en base a los khipu hallados en el sitio de Puruchuco (Vitarte, Lima) puntualiza que la data registrada o incorporada en los khipu tenía movilidad muy dinámica al intercambiarse entre los funcionarios de alto y bajo nivel en el sistema administrativo de los Inka.

Sin embargo, para Urton aún no puede develarse con claridad la funcionalidad del khipu, por eso termina preguntándose, en ese mismo ensayo publicado en Science, “How did the khipu-keepers of the Inka administrative system record the identities of objects—people, animals, produce, manufactured goods, etc.—in the three-dimensional forms of their knotted-string records? ¿Cómo hicieron los Khipucamayuq del sistema administrativo del Inka para grabar las identidades de objetos personales, de animales, de lo producido y bienes manufacturados, etc., en las formas tridimensionales de sus registros en cuerdas anudadas? Aquí, acotamos que ya en el 2005 Urton se está refiriendo a los Khipu como una forma tridimensional de registros, en la nota de comentario al libro Inkas y Filósofos de Mazzi se dijo que Flores Quelopana los llama una escritura tridimensional.

Entonces, volviendo a la línea de nuestro comentario, ante estas y otras dudas e interrogantes V. Mazzi H. justamente propone sí o sí que los Khipu son –ya se dijo atrás- la alternativa comunicativa de cifras y textos que los Inka emplearon en lugar de la escritura alfabética o de ideogramas; también fundamenta la diversa funcionalidad que el Inka Pachacuti le dio al khipu, y hay solidez en dar evidencias al discurrir acerca de un khipu de tipo narrativo que registra relatos, historias, biografías, e incluso pensamientos reflexivos.

De esta manera, los abundantes testimonios de crónicas presentados por V.M.H. en su libro Inkas y Filósofos significan una fuente que sustenta con validez los argumentos de sus proposiciones. Sigamos leyendo lo que nos dicen tales cronistas. Siguiendo con Joseph de Acosta (citado por Mazzi) da fe: “Es increíble lo que en este modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de historias, y leyes y ceremonias, y cuentas de negocios, todo eso suplen los khipus tan puntualmente, que admira”

El cronista Martín de Murúa menciona las funciones importantes del Khipu, y las dimensiones que, en calidad de sistema comunicativo, alcanzó esta invención tawantisuyana genial. Murúa escribió, “Todos cuanto refieren cosas deste reino lo ha alcanzado y sabido por este medio, único y solo de entender los secretos y antigüedades deste reino…”. Y hablando de lo antiguo, el khipu no registraba únicamente el presente, además contiene información que registró sucesos y asuntos del pasado, desde los tiempos tempranos del surgimiento del Tawantisuyu. Murúa, agrega: “…los casos sucedidos en infinidad de años [antiguos] los referían los indios, que los tenían por oficio, tan puntual y distintamente que los mejores y más diestros lectores de nuestras escrituras  no se les aventajaran en el decirlos, en señalar los tiempos [épocas] y ocasiones, las personas, edades y circunstancias que en ellos concurrieron, cosa maravillosa [su capacidad de registrar información] y [es] de tener estima en una gente ignorante, y tenida en nuestras provincias [opinión de invasores] por inculta y bárbara”. (corchetes nuestros).

Murúa se refiere al papel vital de los khipucamayuq y lo compara con mejores escritores-lectores hispanos, los cuales no serían menos entre unos y otros. A Murúa le sorprende que tan elevada cualidad la puedan tener dichos indios khipucamayuq, si se consideraba que en tiempo de los Inka no tenían escritura similar al alfabeto, aparte de considerarlos ignorantes por no ser cristianos. En todo caso Murúa no percibe que ambos sectores sociales (invasor y ancestros) ignoraban los logros que habían alcanzado las dos sociedades, tawantisuyana y española, cada una en su ámbito y perspectiva cultural. Pero en qué nos adelantaban los europeos, tal vez en disponer de inventos que no eran suyos sino de sus conquistadores los árabes, ciencias y tecnologías eran de los fieles de Alá. En cambio, nosotros dominamos la hidráulica con más dominio de sus postulados geométricos y físicos que de sus elementos de tecnología de los que no se disponía tanto.

No obstante Murúa amplía testimonios acerca de las dimensiones funcionales del khipu como registro contable y como texto narrativo, su diversidad referida a varias áreas del conocimiento, a múltiples tareas administrativas. En realidad Murúa y los otros cronistas, con sus testimonios, preservaron la memoria de su crónica, y la otra memoria contenida en nuestras cuerdas anudadas:

“Por estos nudos contaban las sucesiones de los tiempos y cuando reinó cada Inka, los hijos que tuvo, si fue bueno o malo, valiente o cobarde, con quién fue casado, que tierras conquistó, los edificios que labró, el servicio y riqueza que tuvo, cuántos años vivió, donde murió, a qué fue aficionado; todo en fin lo que los libros nos enseñan y muestran se sacaba de allí [los khipu], y así todo lo que en este libro se refiere del origen, principio, sucesión, guerras, conquistas, destrucciones, castigos, edificios, gobierno, policía, tratos, vestidos, comidas, autoridad, gastos y riquezas, de los Yngas, todo sale de allí [khipu].” (Corchetes nuestros).

Hasta aquí, es evidente y queda claro que el khipu fue un sistema comunicativo y registral en el que se preservó datos contables y, lo más importante, se guardó información de tipo descriptiva, expositiva y narrativa. Existe un tipo de khipu que Mazzi denomina narrativo-ritual se utilizó hasta comienzos del estado colonial, después de concluida la conquista. Ello nos infiere que también registraron temas culturales y religiosos, incluso de reflexión filosófica, muy importantes para la evolución de las sociedades. Sin embargo, se le proscribió.

Bartra, citado por V.M.H., transcribe una directiva dada por el Tercer Concilio Limense, con el fin que se destruyan estos khipu porque contenían asuntos del demonio, supersticiones. Sin quererlo, se enfatiza en que los Khipu guardaban información no sólo de contabilidad, sino asuntos culturales y de su religiosidad, aparte de que se les concebía de similar parecido a la función de los libros, pero en otro soporte, de cuerdas. No obstante contra lo dispuesto por la Iglesia Católica, intolerante ante las manifestaciones religiosas en el Tawantisuyu, nosotros hoy debemos interpretar tales asuntos desde otra visión, allí donde se lee “superstición” “cosas del demonio” “ceremonias y culturas maléficas”, debemos entenderlas como ceremonias y rituales de religiosidad andina. Bartra, escribió:

“y porque en lugar de libros lo indios han usado y usan como registros hechos de diferentes hilos que ellos llaman khipus, y con esto conservan la memoria de su antigua superstición y ritos ceremonias y costumbres perversas, procuren con diligencia los obispos que todos los memoriales o khipus que sirven para su superstición, se les quiten totalmente a los indios”.

El testimonio es claro, los saberes, pareceres e ideas sobre las cosas de la religiosidad en el Tawantisuyo es otro tema de información que se ha registrado en los khipu. Esto lo entendían así, no cualquier persona del estado colonial, sino un conjunto de doctos obispos reunidos en Concilio. Los Obispos no tenían dudas que el instrumento que reemplazaba al libro, fue el khipu. Y como en todas las sociedades a los libros se les cuidó pero también quemó. Igual pasó con los khipu se confiscaron, otras veces destruyeron como consecuencia de guerras fratricidas, y por el desenlace de la invasión europea por lo cual los últimos Inka destruyeron miles de khipu con tal que el enemigo no se enterara cómo funcionaba y estaba constituida la sociedad tawantisuyana.

Y, volviendo a las huellas que nos mostraban el asomo evidente de un sistema comunicativo diferente a la escritura, se entiende que este es otro rastro que no se supo interpretar. ¿Por qué los obispos del Concilio decretaron la eliminación de los khipus, si eran simples instrumentos de cuerdas? ¿Por qué la destrucción de los nudos y cuerdas, también fue ordenada por los capitanes y sucesores del Inka Atawualpa? ¿Lo harían por qué sólo conservaban información numérica? Obviamente no.

Los capitanes Quisquis y Calcuchimac(5) ordenan en el Cusco la quema de miles de khipu, cuando tomaron prisionero a Huascar, para que no se contaran las hazañas y vidas de todos los anteriores Inka y sólo se preservara la existencia de Atahualpa y la leyenda que, imaginaron, empezaría con él. Y los obispos del Concilio Limense, lo hicieron porque el khipu contenía información de la religiosidad y de la función de los waka. Por tanto, todo indica que hubo sucesos históricos y manifestaciones religiosas contenidos en los khipu.  
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Notas Bibliográficas:
(1) http://pueblosoriginarios.com/sur/andina/inca/quipu.html .- El ciber diario Pueblos Originarios documenta su información desde el link, http://khipukamayuq.fas.harvard.edu/espanol/index_sp.html
(3) REVISTA Science,  12 Aug 2005: Vol. 309, Issue 5737, pp. 1065-1067.
(4) Mazzi Huaycucho, Víctor. Inkas y Filósofos. Lima, edición de autor. 2016.

(5) Valcárcel, Luis Eduardo. Historia del Perú Antiguo. Lima. Tomo III. Religión, Magia Mito Juego. Editorial Universitaria S.A. 1964.

Filosofía


La Dialéctica Antigua Como Forma de Pensamiento

(Primera Parte)

Edwald V. Iliénkov

LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA fue situada por Vladímir Ilich Lenin en primer lugar en la relación de aquellos “campos del saber de los cuales debía formarse la teoría del conocimiento y la dialéctica”; y este lugar lo ocupa, claramente, no solo por orden, sino también por su significado, el cual le corresponde por derecho propio en la labor de elaboración y exposición de la teoría general de la dialéctica como teoría del conocimiento y como lógica del materialismo contemporáneo.

De esto poco puede dudarse si se toma en cuenta que Lenin formuló todos sus postulados fundamentales en este punto precisamente en medio del análisis crítico de los hechos histórico-filosóficos, como conclusiones resultantes de este análisis.

Esto es perfectamente natural, puesto que en el centro de la atención de Lenin se encuentra en este caso “la dialéctica propiamente como ciencia filosófica”: como una ciencia especial con un objeto históricamente formado, con un sistema específico de conceptos y con la terminología a él adecuada, con su propio “idioma”. Se trata aquí de la dialéctica en calidad de ciencia especial, y no en calidad de método, el cual puede y debe, según Lenin, aplicarse en cualquier rama del conocimiento; y, por tanto, en absoluto se realiza solo bajo la forma de una teoría filosófica especial, sino también en forma de una comprensión teórica concreta de cualquier esfera del saber que entre dentro de la cosmovisión científico-materialista contemporánea. Se trata aquí no de la tarea de la aplicación de la dialéctica a la reelaboración de otras esferas del saber, sea la economía política o la física, la psicología o la matemática, la política económica o la esfera de las cuestiones políticas actuales, sino de la reelaboración del propio aparato de la dialéctica, es decir, del sistema de sus conceptos especiales, de sus categorías.

Aquí se da la misma situación que en la matemática: una cosa es la aplicación de los medios matemáticos a la elaboración de los datos de la física o de la economía, y otra cosa es la reelaboración teórica de su propio aparato, el cual puede y debe ser empleado después en cualquier otra esfera; y será aplicado con más éxito mientras con más rigurosidad haya sido reelaborado en sí mismo, de forma general. Pruebe a confundir estas dos tareas y en la solución de ambas surgirá una confusión, más cuando el asunto no cambia para nada por el hecho de que precisamente la aplicación del aparato matemático a la solución de tareas particulares lleva tarde o temprano a la necesidad de su propio perfeccionamiento, de su propia concreción.

Exactamente así prueba también la dialéctica los jugos vitales de la realidad, solo a través del proceso de su aplicación a la solución de problemas ya no especialmente filosóficos, o, para ser más exactos, no solo especialmente filosóficos, sino también de problemas de cualquier otra esfera del saber, lo que, sin embargo, no significa en absoluto que la “aplicación” de la dialéctica coincida automáticamente con el desarrollo de su propio aparato teórico. Los logros y los fracasos de la “aplicación” del aparato categorial de la ciencia deben ser asimilados y comprendidos en los conceptos especiales que ya posee esta ciencia que fueron formados históricamente; solo en ese momento se torna claro si necesitan o no de correcciones.

Puede pasar, lo que ocurre con bastante frecuencia, que las categorías desarrolladas históricamente no necesiten de ningún “mejoramiento” en absoluto, sino tan solo de saberlas “aplicar” competentemente, es decir, de una representación sobre el verdadero contenido de estas categorías ya elaboradas en la filosofía. En nuestros días con mucha frecuencia hay que escuchar decir que las categorías de la dialéctica clásica envejecieron, que necesitan de una reelaboración radical, llevándolas a un acuerdo con los “novísimos logros de la ciencia”. Pero de hecho por doquier y a menudo resulta que lo que envejeció no fue la determinación de las categorías, sino aquella comprensión de las mismas de la que parten en determinado caso...

Un caso típico de este género fueron los razonamientos sobre la “desaparición de la materia”, populares a inicios del siglo XX. V. I. Lenin más claro que el agua explicó entonces a los naturalistas que estos razonamientos fueron provocados no por los “novísimos logros de las ciencias naturales”, sino por la ingenuidad de los naturalistas en la esfera de los conceptos especialmente filosóficos. No “envejeció” el concepto de materia, sino que ustedes, naturalistas, usan representaciones hace tiempo envejecidas sobre el contenido de este concepto. Por eso a ustedes “se la dan con queso” los representantes de sistemas filosóficos que hace tiempo quedaron envejecidos, haciendo pasar por “contemporáneas” sus representaciones (todavía más arcaicas) sobre la “materia”...

Absolutamente lo mismo ocurre en nuestros días en relación con otras categorías de la dialéctica filosófica. Ahora hablan de que “envejeció” la comprensión marxista clásica de la matemática como ciencia ligada al aspecto cuantitativo de la realidad; la matemática contemporánea hace tiempo dejó de ser “cuantitativa”, hace tiempo rebasó las fronteras de la categoría “cantidad” e investiga la “cualidad”.

A la pregunta directa de: ¿y qué entienden ustedes, precisamente ustedes, al afirmar esto, por “cantidad” y por “calidad”?, le sigue o un embarazoso silencio o una respuesta por la cual se torna evidente que con esas palabras “tienen en cuenta” cualquier cosa menos la comprensión elaborada por la filosofía, es decir, filosóficamente culta, de las correspondientes categorías. Sobre todo, aquel límite del conocimiento y de la captación del aspecto cuantitativo de la realidad que alcanzó la matemática en los tiempos de Engels y el cual desde entonces fue realmente superado, sobrepasado por ella. Aquel mismo límite con el cual ella cien años atrás identificaba el concepto de “cantidad en general”... Y el resultado de esta ingenuidad filosófica (es decir, la ausencia de un conocimiento simple de aquello que se entiende en filosofía, en dialéctica, por “cantidad”) es una representación equivocada sobre la relación de la cantidad con la calidad, sobre los límites razonables del “paso” de la determinación cualitativa a su expresión cuantitativa matemática, etc., etc. (hasta las conclusiones acerca de que las máquinas computadoras tarde o temprano sustituirán el cerebro humano en el proceso de conocimiento del mundo circundante). En otras palabras, que el “pensamiento” en principio y en final se reduce sin reservas a un conjunto de operaciones limpiamente matemáticas, es decir, de nuevo se reduce única y exclusivamente a su aspecto cuantitativo, por encima de cuyos límites no salta la matemática, al igual que cien años atrás, aunque lo conoce y lo expresa mucho más profunda y completamente que la matemática de los tiempos de Engels. Engels, dando su definición de la matemática, en última instancia se representaba claramente qué es la cantidad, como categoría lógico-filosófica, y sus [actuales] “refutadores” no lo saben y parten de erróneas y primitivas representaciones sobre la “cantidad”... Y encima de esto dan estas representaciones equívocas por un “paso adelante” (¡y no en cualquier lugar, sino precisamente en el campo de la filosofía, en el campo de las categorías de la dialéctica!).

Estos dos ejemplos demuestran con claridad que, antes de “desarrollar” las categorías de la dialéctica sobre la base de los “logros de la ciencia contemporánea” (de por sí esta tarea es necesaria, y provechosa, y filosóficamente justificada), es necesario primero comprender claramente qué precisamente quieren desarrollar ustedes; hablando de otro modo: entender aquel contenido real de las categorías lógicas, que cristalizó como resultado de más de dos milenios de desarrollo de la filosofía como ciencia especialmente dedicada a estos asuntos. En relación con la definición científica de las categorías lógicas, la filosofía tiene una experiencia especialmente larga, que comprende tanto logros como fracasos, conquistas como derrotas; con todo, el análisis de los fracasos y de las derrotas de la filosofía en este asunto no es menos valioso que el análisis de las vías que la llevaron al objetivo. Por eso mismo, para la historia de la dialéctica (de sus principios, de sus categorías, de sus leyes) el análisis de la concepción de Locke no es menos aleccionador que el análisis del pensamiento de Spinoza, y el “metafísico” Holbach necesita de un análisis no menos cuidadoso que el dialéctico Hegel. La historia de la filosofía entendida así, ([es decir, como] la historia del desarrollo de todas sus categorías especiales, y no como el registro empírico de las “opiniones” intercambiadas por distintos motivos) ocupa también por eso el primer lugar (tanto por orden como por esencia) en la lista de “los campos del saber, de los cuales deberá formarse la teoría del conocimiento y la dialéctica”. Este lugar se determina también porque la dialéctica es una ciencia filosófica con su propio aparato de conceptos formado históricamente, y porque este aparato es hito, resultado y conclusión de un largo proceso histórico: de la historia de la filosofía en cuanto ciencia especial, en cuanto campo especial del saber.

Sí, por su propia esencia la dialéctica es resultado, conclusión, resumen “de toda la historia del conocimiento”, y en general no solo de la historia de la filosofía. De todas formas, en la historia de la filosofía, en comparación con la historia de cualquier otra ciencia se conserva siempre aquella ventaja de que ella misma es también la historia del surgimiento y desarrollo de aquellos mismos conceptos, en los cuales debe expresarse el trabajo conclusivo en la generalización de la experiencia de la historia de todas las otras ciencias, –la historia de las categorías lógicas: de las categorías de la dialéctica.

No se puede ni siquiera emprender la tarea de la generalización dialéctico-filosófica de cualquier otra esfera del saber, de la “elaboración dialéctica de la historia del pensamiento humano, de la ciencia y de la técnica” (en lo que también debía consistir, según Lenin, “la continuación de la obra de Hegel y Marx”) sin un previo autoesclarecimiento del contenido de todos aquellos conceptos que surgieron, se desarrollaron y por siglos se pulieron precisamente en el ámbito del desarrollo histórico de la filosofía, en las colisiones de su historia específica. Por eso mismo, el análisis crítico de la historia de la filosofía (de la historia de todos sus conceptos propios) se presenta también como una premisa necesaria de todo el restante trabajo de generalización dialéctica de la historia de cualquier otra ciencia, de la historia de todas las otras esferas del saber. Por eso la historia de la filosofía figura también en primer lugar en la lista de aquellas esferas del saber, que solo como resultado de la investigación (de la “elaboración dialéctica”) de las cuales puede ser fundada la teoría materialista de la dialéctica, entendida como teoría del conocimiento y como lógica del desarrollo de toda la comprensión (científico-materialista) contemporánea.

Crudamente hablando, para extraer “generalizaciones filosóficas” de la historia de otras ciencias es necesario tener ya una seria instrucción filosófica especial, es decir, una comprensión crítica de la historia de su propia ciencia, tener en cuenta toda la experiencia  que tiene la filosofía en relación a esta ocupación: la de la “generalización filosófica”.

De lo contrario esto será no una “elaboración dialéctica” de la historia de otras ciencias, sino tan solo un relato acrítico de lo que se observa en la superficie del proceso histórico, de aquello que piensan y hablan de sí (o de su propia ciencia) los propios economistas, psicólogos y otros especialistas. Y el asunto no cambia un ápice por que este relato acrítico se produzca utilizando una terminología filosófica, se produzca con ayuda de los giros “filosóficos” del discurso. La simple traducción de las verdades de la física o la química desde el lenguaje de la física o la química al lenguaje “filosófico” estará muy lejos de ser aquella “generalización filosófica” de los logros de las otras esferas del saber, para la cual Lenin preparó a la filosofía.

Esto es solo una traducción de un “lenguaje” a otro “lenguaje”, no exigiendo del traductor alguna otra capacidad que no fuera el conocimiento de los dos “lenguajes”, de las dos series de términos.

El “lenguaje de la filosofía” se puede tomar fácil y rápidamente de un Diccionario filosófico. La comprensión de la filosofía, de sus problemas, de sus conceptos y de las vías de “elaboración filosófica” de la historia de otros campos del saber la atrapas así de fácil. Para esto se necesita estudiar no el diccionario, sino la historia real de la filosofía, incluida la historia de su correlación con otras esferas del saber. La humanidad hasta hoy no ha concebido otro método distinto del estudio de toda la filosofía anterior para el desarrollo de la capacidad de pensar dialécticamente, escribió Federico Engels cien años atrás. Esta situación se mantenía en tiempos de Lenin y se mantiene también en nuestros días con toda su fuerza. Por esta razón es que está la historia de la filosofía en el primer lugar de la lista de los campos del saber que es necesario investigar para crear al final la teoría de la dialéctica: la teoría del desarrollo en general, de la Lógica con mayúscula.


Lamentablemente, hasta hoy los trabajos sobre historia de la dialéctica que se tienen no se acercan ni remotamente al nivel que se exige para el cumplimiento de la tarea establecida por Lenin. La historia de la dialéctica debe ser la historia (precisamente la historia, en el sentido estricto de esta palabra) de todos los conceptos fundamentales de esta ciencia, de las categorías lógicas. Y esta historia es de por sí profundamente dialéctica, la historia de la dialéctica es también la más evidente demostración de la propia dialéctica, y precisamente en su forma lógica descarnada. Así –privada de detalles innecesarios y de casualidades– es que debe presentarse la historia de la filosofía. En ella debe destacarse, iluminarse, pasarse a primer plano las líneas fundamentales del desarrollo (los hilos entreverados que atraviesan los siglos y milenios hasta nuestros días, rompiéndose a veces, pero uniéndose de nuevo, si es que ellos pertenecen en realidad a la esencia de la cuestión, a la solución de aquella tarea en pos de la cual los hombres alguna vez encontraron la filosofía. ¿Qué tipo de tarea es esta? Esto también lo puede responder solo la historia de la filosofía (y solo ella).
CREACIÓN HEROICA