domingo, 1 de noviembre de 2015

ECONOMÍA

El Cáncer Imperialista de los Acuerdos Comerciales

César Risso

David Alfaro Siqueiros, La cura del cáncer

LA NECESIDAD DE REPONER la capacidad física e intelectual de los trabajadores (además de la reproducción de los trabajadores mismos a través de su descendencia) para recomenzar la jornada de trabajo día a día es el valor de la fuerza de trabajo. Así, los alimentos, para reponer la energía y los medicamentos para reponer la salud, entre otras mercancías, constituyen el valor de la fuerza de trabajo.

Sin embargo, la burguesía imperialista en su afán de apropiarse de una mayor proporción de la plusvalía generada por los trabajadores, promueve acuerdos comerciales como el TPP (acuerdo de asociación transpacífico), recientemente firmado, en el cual a través de la protección por medio de patentes, prohíbe la libre fabricación de medicamentos, para que se ejerza el monopolio de su producción y colocar en el mercado estos medicamentos a precios sumamente elevados.

Desde el punto de vista de la producción capitalista, es un problema la baja productividad del trabajo. Pero, a pesar de esto, le restan importancia a la salud de los trabajadores. Aunque en la medida en que los trabajadores asalariados no estén en condiciones económicas de adquirir los medicamentes protegidos por patentes, serán los gobiernos de los países en desarrollo, es decir, de los países semicoloniales, como el Perú, los que se vean en la obligación de adquirir estos medicamentos. Esto se debe no a la actitud filantrópica de los gobernantes, sino a la imperiosa necesidad de mantener una fuerza de trabajo en condiciones de ser explotada por la burguesía nativa. De lo contrario, la burguesía no tendrá a quien estrujar hasta la médula para poder obtener plusvalía.

Las formas en las que la burguesía ha venido barajando argumentos teóricos han pasado desde la expresión capital natural hasta la de servicios ambientales. Todo este “esfuerzo” realizado tiene la finalidad de convencer a los mismos trabajadores de que todo es privatizable: desde lo material hasta lo espiritual, como en el caso de la propiedad intelectual. La sed de ganancias no tiene límites. Pero el ser humano, desde el punto de vista físico sí los tiene. Por ello el capitalista, que en un inicio de su paraíso terrenal, explotaba a la fuerza de trabajo por largas jornadas, y tenía en consecuencia el límite en un día de 24 horas, en el cual se consideraba que el mínimo de descanso era de 6 horas, no podía hacerlo trabajar más de 18 horas al día (Referencia tomada de El Capital de Carlos Marx).

Luego, el burgués optó por reducir el valor de la fuerza de trabajo, logrando que el trabajador necesitase menos horas de trabajo para crear un valor equivalente a su valor, con lo cual consiguió ampliar el número de horas que creaba el valor que se apropiaba el capitalista bajo la forma de ganancia.

Ahora, las formas que adquiere la extracción de plusvalía, por parte de los imperialistas, pasan por aparentar encarecer el valor de la fuerza de trabajo, a través de los elevados precios de los medicamentos, efectivizando esta plusvalía a través de la participación de los Estados, quienes pagarán los elevados precios de los medicamentos; con lo cual obligarán a que los gobiernos burgueses de las semicolonias aumenten los impuestos, ya sea directamente, o a través de una mayor explotación de los trabajadores para así tener una mayor base imponible, y poder pagar los elevados precios de los medicamentos protegidos por las patentes.

Esta modalidad, que beneficia a la burguesía imperialista, es la agudización de la explotación imperialista sobre los países semicoloniales.

La burguesía imperialista explota a las semicolonias a través de sus elevados precios, apropiándose por este mecanismo de parte de la plusvalía que por “nuestra soberanía” debería quedar en manos de nuestros explotadores burgueses (nacionales); y nuestros burgueses tratan de salvar parte de la plusvalía creada por los trabajadores asalariados peruanos, reduciendo el valor de la fuerza de trabajo a través de las micro y pequeñas empresas, que producen bienes salario a precios más bajos; manteniendo a las comunidades campesinas, que también producen en parte bienes salarios a bajo precio, y además manteniendo a los campesinos comuneros como reserva de mano de obra asalariada. Aunque como sabemos, por boca del presidente Ollanta Humala, estos comuneros de las comunidades campesinas de la sierra y los de las comunidades nativas de la selva, serán incorporados al mecanismo de mercado tarde o temprano.

Los medios a través de los cuales la burguesía imperialista promueve sus intereses se dan por la especulación que los lleva a sostener una u otra alternativa como argumento, en los cuales esgrimen puntos de vista absurdos, pero que terminan imponiéndose en los organismos multilaterales.

“El surgimiento de la biotecnología le confirmó a la industria química y farmacéutica lo que las empresas agroindustriales ya veían en la década del 70: los seres vivos del planeta son fuente interminable de riqueza y bienestar. Hasta el momento, gran parte de esa riqueza era creada como un don del que hacían uso los pueblos del mundo, sin que necesariamente intermediaran mecanismos de mercado. Desde el punto de vista de la industria, era necesario corregir esta situación, y una de sus primeras herramientas fue la propiedad intelectual.”

“Cuando en 1986 se inició la ronda de negociaciones en torno al Acuerdo General Sobre Aranceles y Comercio (GATT) denominada "Ronda de Uruguay" (la que finalmente llevó a la formación de la OMC), pocos habrían predicho que algunas de las exigencias más duras hechas por el gobierno de Estados Unidos serían en torno a la propiedad intelectual. La postura de Estados Unidos causó asombro en el momento, ya que su consigna era ‘sin excepciones’. Es decir, exigían propiedad intelectual ya no sólo para las invenciones industriales y las obras intelectuales, sino que exigían derechos monopólicos de propiedad especialmente pero no exclusivamente a través de patentes sobre seres vivos y sobre el conocimiento. En otras palabras, exigían un marco legal que les permitiese apropiarse de semillas, plantas, animales, microorganismos, genes, y de la información técnica y científica. En otras palabras, apropiarse del conocimiento y de la vida en el planeta, a fin de hacernos pagar cada vez que hiciésemos uso de ellos para vivir o producir.” (http://servindi.org/pdf/Serv_61_AguaII.pdf).

        La situación de los medicamentos es un tema sensible, por lo cual provoca reacciones en los propios representantes de la burguesía imperialista. A raíz de la firma del Acuerdo de Promoción Comercial entre Perú y los Estados Unidos, doce representantes de la Cámara Baja de este último enviaron una carta a la oficina de comercio de los Estados Unidos. En la misiva señalaban entre otras cosas lo siguiente:

“Las estipulaciones de los TLC también parecen amenazar el equilibrio importante que debe existir entre la innovación y el acceso al regular la propiedad intelectual a costa de la salud pública. Es resultado final es que amenazan con restringir el acceso a medicinas que pueden salvar vidas y crean condiciones en las que los países pobres tendrían que esperar aun más que los Estados Unidos para contar con medicamentos genéricos asequibles.”

“Le escribimos para instarla a reconsiderar de manera inmediata dichas estipulaciones en los recientes TLC negociados con Colombia, Perú y Panamá, y en los inminentes acuerdos con Tailandia, Malasia y otros.” (Propiedad Intelectual y Comercio en el Perú. Impacto y Agenda Pendiente. Santiago Roca. ESAN).

A la vuelta de casi una década, los Estados Unidos y los gobiernos genuflexos, han unimismado sus visiones al respecto, facilitando las negociaciones para beneficio del imperialismo. Por ello, aunque todavía no se ha publicado oficialmente el acuerdo TPP ya firmado, se sabe de la gravedad del problema del manejo de los medicamentos. En esta última negociación al parecer se ha puesto el acento en los medicamentos biológicos (vacunas, proteínas, etc), aunque son muchos los temas que se han discutido y acordado.

Una de las particularidades de las negociaciones de estos acuerdos comerciales consiste en que se manejan de forma reservada. El secreto de las negociaciones se debe, según dicen fuentes oficiales, a la necesidad de evitar afectar negativamente las negociaciones. Por ello resulta curioso enterarnos de la formación de una comisión técnica especializada por parte del ministerio de salud para evaluar el impacto de los acuerdos en el acceso a los medicamentos biológicos. Es decir, se negoció sin conocer los posibles impactos en este campo. Lo que quiere decir que la posición peruana se sometió a los intereses del imperialismo norteamericano.

Así pues, en estas últimas negociaciones, nuestros representantes han actuado como siempre, es decir, como representantes de los intereses de la burguesía imperialista.

LITERATURA


Un Teórico Que No Quiere Serlo
(Tercera Parte)
Julio Carmona

ADEMÁS, ES PERINENTE DESTACAR QUE en el estudio teórico-crítico que MV dedica a Gustave Flaubert dice: “Flaubert descubrió, hacia comienzos de 1854, la interacción de la teoría y la práctica de la literatura, es decir, que toda obra de creación contiene implícitamente, lo perciba o no su autor, una concepción general de la escritura y la estructura textuales y de las relaciones entre ficción y realidad. A los dos años y medio de estar trabajando en Madame Bovary escribió a Louise: « Chaque ouvre à faire a sa poétique en soi, qu’il faut trouver » (el énfasis es suyo.)” (B-1975: 82.) Una traducción aproximada —o literal— de la cita de Flaubert sería la siguiente: “Cada obra a hacer tiene su poética en sí, que es necesario encontrar.” Y siendo Flaubert el otro pater familiae de MV es también preocupante el que, contradictoriamente, sea reticente a que se llame teoría a sus propuestas (que él reduce a hipótesis), cuando en la cita relacionada con Flaubert está relevando “la interacción de la teoría y la práctica de la literatura” y, por lo tanto, si se trata de un trabajo de crítica literaria igualmente la interacción con la teoría es un imperativo. La explicación a esa reticencia puede achacarse a la situación generada por las observaciones de carácter teórico hechas por ÁR a sus propuestas de la misma índole, sintiendo MV que, en dicho terreno, perdía piso. Y es, en tal medida, que buscó mediatizarlas.

Pese a sus aprehensiones contra la teorización, y en la medida que el texto García Márquez: Historia de un deicidio (que, a partir de ahora, citaremos así: HD, más la página) es relevado por todos, como condensador de los postulados teóricos de MV, lo tomaremos como punto de partida para analizar dichos postulados. Es cierto que, en la década de los sesenta —antes de esta ‘condensación teórica’—, enunció algunas ideas de orden teórico en artículos periodísticos (Contra viento y marea 1), pero no menos cierto es que no sólo no conformaron un cuerpo orgánico sino que muchas de ellas después serían desechadas, imponiéndose las del trabajo aludido, que abarcan toda la década del 70 y que ha mantenido hasta ahora invariablemente. En dicho texto MV platea el siguiente apotegma:

... una ficción es, por su misma naturaleza -reflejo y negación de la realidad- algo cualitativamente tan complejo como el modelo debido al cual nace y contra el cual insurge. Su composición tanto material como formal, consta de elementos de origen muy diverso, que al reunirse en una estructura verbal pierden su carácter imaginario y adoptan otro, que depende de la función que cumplen como partes integrantes de esa ficción precisa. (HD: 137.)

Vemos, pues —con las propias palabras de MV—, que el problema no era tan simple. Ahí no sólo se refiere al descubrimiento de los puntos de partida de la ficción, de los cuales ésta es ‘reflejo’, el problema es que de esta “verificación” (realista, relativamente cierto: y que es una propuesta teórica, sin atenuantes) MV pasa a otra conclusión tajante: que la obra no sólo es ‘reflejo de la realidad’ sino, asimismo, ‘negación de la realidad’, puesto que —una vez compuesta, dice— la ficción narrativa pasa a convertirse en ‘un mundo aparte’, a ser un ‘ente con vida propia’, es decir, a adquirir una ‘autonomía absoluta’, y aquí está entrando en el otro dominio teórico: es decir, pasa a plantear la propuesta teórica del formalismo (también sin atenuantes.) Y, entonces, se ve que su ‘hipótesis’ no era tan hipótesis. En realidad, lo que está haciendo MV es la sustentación “vergonzante” de la teoría del reflejo del realismo “por debajo de cuerda” para “renegar de él públicamente” y admitir abiertamente la teoría contraria: la autonomía del formalismo.1

Lo problemático del caso es, entonces, que MV sí está incursionando en la “dimensión científica” de la literatura, o sea, de la ciencia literaria, que es la que se encarga del estudio de ésta, ya sea desde el punto de vista sólo teórico (que no es el caso) o de los puntos de vista crítico-teóricos (que sí es el caso.) Y lo censurable es que, al abordar esa dimensión científica de estudio literario, MV no opte por plantearse y plantear perspectivas científicas, sino emotivas o irracionales. Y esa es, al parecer, la crítica que le hace ÁR.2 Es por eso que, aunque MV declare —como hemos visto— que no se propone hacer “una definición ‘científica’ del novelista”, el producto final de su trabajo sí da por resultado esa pretensión, puesto que si se realiza el estudio crítico de un novelista, debe partirse de una visión teórica del novelista, aunque sea una visión personal. Pero siempre será una visión que responde a otra visión del mundo más general —es decir: ligada a la de otros que coinciden con él: y el mismo MV reconoce asumir la base teórica de otros autores— y es, por lo tanto, una visión social. Y las visiones del mundo personales son también sociales, responden a concepciones del mundo definitivamente sociales, y no sólo personales, porque el hombre piensa en la sociedad.3 Máxime si, en la obra criticada por ÁR, dice MV: “El origen de la vocación del novelista no es necesariamente un trauma particular; puede serlo un trauma general, sentido más profunda o más ciegamente por él, hasta el extremo de llegar a esa reacción excesiva: la negación de la realidad, el deseo de sustituirla.” (HD: 112.) Y en tal medida MV, aunque no lo crea o no lo quiera, está haciendo “una definición ‘científica’ del novelista”. Está planteando una concepción teórica, totalmente legítima, pero perfectamente censurable, opinable, controvertible.

Notas:
(1) La idea de ‘actitud vergonzante’ la tomamos de Federico Engels planteada en su Ludwig Feurbach y el fin de la filosofía clásica alemana; ahí dice: “Si los neokantianos pretenden resucitar en Alemania la concepción de Kant y los agnósticos quieren hacer lo mismo con la concepción de Hume en Inglaterra (donde no había llegado nunca a morir del todo), estos intentos, hoy, cuando aquellas doctrinas han sido refutadas en la teoría y en la práctica desde hace tiempo, representan científicamente un retroceso, y prácticamente no son más que una manera vergonzante de aceptar el materialismo por debajo de cuerda y renegar de él públicamente.” (Marx y Engels, E-1969: 641.)
(2) Lamentablemente, no he tenido acceso a los artículos de ÁR. Deduzco lo dicho, de la confutación que hace MV en sus artículos citados. (Esto lo escribí a comienzos del año 2004-. Y a comienzos de 2005 —estando prácticamente terminado el trabajo— me fueron proporcionados los artículos de Ángel Rama, C-1973, por mi amigo, el profesor Adolfo Venegas Jara —a quien reitero aquí mi agradecimiento—; mas debo también expresar mi desazón, porque algunas de las ‘mentiras’ y ‘metidas de pata’ que creí estar descubriendo en la obra de MV, ya habían sido detectadas por el insigne crítico uruguayo.)
(3) “Las teorías de un hombre sobre el lugar y la función de la poesía no son independientes de su visión de la vida en general.” (Eliot, E-1968: 131.)

CULTURA


Alfonso La Torre, ¿Qué Debe Hacer un Crítico?

¿CULTURA CAMALEÓNICA O CULTURA DE LA MENDACIDAD?


Roque Ramírez Cueva

HAY DE COTIDIANO UN QUEHACER incesante de nuestras amistades dándole a los libros y a la escritura, tanto que damos por asunto común el que lo hagan. Y claro que los leemos, después los comentamos en privado no estricto o en público misterio. Mas no prestamos atención a su llamada para alistarnos en su campaña temática des alienante desde el debate. Los dejamos que, a su suerte, solos pugnen por orientar o remover ideas y nociones esenciales. Desde esta premisa, voy a reescribir un artículo que se publicó en la “Página del lector” del diario La República (1) como respuesta a interrogantes de Alfonso La Torre, infatigable creador y lúcido crítico, además de lector empedernido.

Alfonso La Torre, qosqo runa de sepa, aparentaba no concebir el mundo desde las nociones de Marx, a quien había leído, se le veía estructuralista o indiferente a la política. Sin embargo, nos da evidencia contraria de ello en su obra de teatro El halcón y la serpiente, cuya temática se relaciona con la militancia de la mujer en la insurrección de Túpac Amaru. Sus crónicas las redactaba en ese interés de mover el avispero de las controversias. Y la cultura era un asunto de sumo interés no de algunas veces o a menudo, sino de constante.

Alfonso tenía varias columnas en tres diarios no afines en su línea editorial, quizá fue el único que se lo permitió. Justo en una crónica de Diario Ínfimo, La Torre (2), tomando como pretexto el comentar sobre una revista, propuso una discusión sobre un asunto puntual de la cultura. Allí propuso la hipótesis acerca de nuestro abismal retraso en el campo de la cultura, proposición suscitada a partir de una interrogante que le sugirió el editorial de Arquinka (revista de arquitectura). En su mencionada columna, se interrogaba con gran agudeza ¿Qué puede y debe hacer un crítico para abrir los ojos a un pueblo cegado por su estoica y camaleónica habilidad para adecuarse imaginativamente a la manipulación de gobiernos y clases dirigentes enquistados de molicie y de irresponsabilidad histórica?

Esta sola interrogante contiene la respuesta en sí misma, es el símil de un haiku en versión de ensayo. Plantea temas vastos y grafica de manera áspera y en síntesis el errático y perverso proceso de la parte de la historia peruana que aún predomina y que no hemos podido revertir. Las vacas sagradas del intelecto peruano no abrieron la boca, arrinconados por los daños colaterales que aún producían el conflicto interno esos años noventa. Una parte de los voceros de izquierda que se mantuvieron al margen del conflicto, por su confusión e indecisión, tampoco contestaron. Y los “líderes” de la izquierda involucrada en el conflicto, con la soberbia de sus armas en ristre, menos le dieron interés a los debates; éstos imaginaron que, con un fusil manipulado por gente no pensante, iban a enderezar los rumbos de nuestro pueblo. No tomaron en cuenta que sólo la pasión no bastaba; olvidaron aquello de la mente fría, la genial vivencia de Lenin.

Con su interrogante, La Torre afirma que el pueblo enfrenta todo tipo de carencias -yo digo miserias- cargadas sobre su espalda, generando una forma de cultura que él mismo denomina de camaleónica. La cual se resume en que el pueblo apela a una gran imaginación para adaptarse a sobrevivir a los desastres y/o conflagraciones económicas, sociales y culturales provocados por los sucesivos gobiernos que el Perú ha tenido desde comienzos del siglo veinte hasta el presente.

Esta proposición, una cultura camaleónica, de La Torre, de manera explícita abre y vuelve a poner en debate antiguas y actuales controversias en la sociología, en la política y cultura peruanas. Responderle o, mejor, participar de la contienda nos obliga, siguiendo la tónica del cronista, también a interrogar si es válida la categoría usada para nominar de “camaleónica” a la cultura que nos influye y/o caracteriza. De esta manera, la interrogante uno, es, ¿el pueblo sobrevive a los mencionados cataclismos, gracias a esa cultura camaleónica que estaría autogenerando?

La anterior proposición de La Torre no es inédita, no olvidemos que el sistema capitalista, en su actual versión neoliberal, en las décadas del 50 y 70 ya originó circunstancias económicas de miseria desde las cuales se proyectó una cultura de la pobreza. Acertada categorización dada a la misma. Entonces, proponer otro tipo de cultura en un contexto y categoría diferentes merecía debatirse. Por tanto, esa proposición de la existencia de la cultura camaleónica en la sociedad peruana resultará sumamente importante porque averiguaremos sus orígenes, también sus estructuras; lo cual, tal vez sirva, no para mitigar la sobrevivencia en medio de los desastres, sino con el propósito de que el pueblo reconstruya mejores niveles y formas de vida.

Ahora, se hace de interés plantear una segunda interrogante, ¿la cultura en sí, situada en una u otra categoría, desarrolla conflictos, pugnas inter sociales? o ¿cobija elementos de cambio que hagan posible transformar una sociedad vetusta? Ante esta pregunta, precisamente, escritores como Carlos Fuentes; K. S. Karol y Rodríguez Monegal, entre otros (3), ya estuvieron preocupándose por averiguar y conocer la potencialidad innovadora o revolucionaria de la cultura de la pobreza. Igual e pretendió indagar por las capacidades de cambio de la Teología de la Liberación, hoy vindicada por el Papa Francisco.

Volviendo a la propuesta de la cultura camaleónica, ahora planteamos de modo explícito las interrogantes necesarias a esta controversia, relacionadas con la proposición de Alfonso La Torre, ¿La cultura camaleónica se opone a las otras categorías, o es consecuencia de otra forma de cultura que, por cierto, sería la continuidad de la cultura de la pobreza? En el sucinto esbozo de su hipótesis, La Torre ofrece respuesta parcial a las interrogantes.

Afirma que, implícitamente, la cultura camaleónica es autogenerada en el seno del mismo pueblo; segundo, es una cultura que se opone a otra cultura la cual es impuesta por las clases dominantes que han presidenciado el país, es decir por las clases que han usurpado y vendido el país, por una parte. Por otra, el crítico, señala que dicha cultura camaleónica mantiene obnubilado cuando no cegado al pueblo y a un sector importante de intelectuales de los seudo y de los renombrados.

Otra indicación que nos sugiere y es de interés procesar en la discusión la vamos a entender desde la siguiente pregunta, ¿Aceptada como una categoría validada, cuánto la cultura camaleónica es diferente de la cultura de la pobreza o de su continuidad? Y, por supuesto, cuál podría ser esta última, ¿hay indicios que nos evidencien sus asomos?

Ya en la década pasada, por los años ochenta y tres, ochenta y cuatro, se dijo y aseguraba que el país estaba abandonando sus debacles económicas, por tanto se estaba alejando de la “difamada” cultura de la pobreza. En todo caso se argumentó que ésta presentaba variación en sus características; sino nuevas, con diferencia en sus rasgos anteriores. Por esos años, mencionados al inicio de este párrafo, conversamos, con un sector importante del magisterio agremiado en torno al Sutep del cono norte, acerca de esta preocupación.

Con los colegas se discutió, “si ya no éramos un país envuelto en la cultura de la pobreza, ¿en qué categoría andaba la susodicha?” Las reflexiones nos llevaron a inferir que las nuevas manifestaciones indicaban los rasgos de una cultura de la mendicidad. Hoy décadas después, me reafirmo en tales apreciaciones, el asistencialismo ha sido política central de gobierno de los últimos cinco presidentes.

Aparte de lo anterior, haciendo un recuento de los indicios que nos llevó a ver esta nueva categoría, por cierto no refrendada por sociólogos sesudos, nos lleva a remontar y evaluar los paquetazos económicos en los años del gobierno militar de Morales Bermúdez. Desde esos tiempos y medidas de ajuste dadas, las clases dominantes que nos han presidenciado –o en estos tiempos de una casi república debemos seguir hablando de regencia, propia de épocas de reyes y virreyes- nos fueron introduciendo y orientado a aceptar nuevas prácticas de “acatación” ciudadana; sería mejor decir, de convivencia con actitudes propias de mendicantes, con tal de sobrevivir.

El pueblo, golpeado por las constantes crisis en que los gobiernos lo fueron involucrando, como que optó por adaptarse e irse acostumbrando a estas condiciones económicas y sociales, en tanto los sindicatos habían sido arrinconados o quebrados. Las federaciones, comités de lucha sindical o popular y cualquier otro núcleo de reivindicación social se había auto restringido a las acciones burocráticas de negociar sólo menos abusos, por parte de la patronal o de los gobiernos de turno, incluido el actual.

Esta nueva manifestación cultural toma impulso desde el segundo gobierno presidido por el acciopopulista Belaúnde Terry. Estas costumbres de acomodar su sobrevivencia al asistencialismo mendicante se aceleran en el primer gobierno de García Pérez, con los primeros “paquetazos” de ajustes económicos y la especulación de los grandes comerciantes y financieros. Y aumenta sus ritmos y se eleva a los picos más altos con el fujimontesinismo del gobierno de, ahora condenado por crímenes de lesa humanidad, A. Fujimori.

Sin embargo -justamente a raíz de las acciones opresivas y del atentado contra los derechos humanos más elementales por parte del gobierno fujimorista- las juventudes universitarias, las trabajadoras y los sectores democráticos e intelectuales del país empiezan a desarrollar protestas que fueron in crescendo, a fines del gobierno cleptocrático de Fujimori, hasta que lo sacaron del poder. Obviamente, el pueblo se estaba cansando de convivir dentro de las características de la mendicidad. Sacar al tirano, por supuesto, no bastó para salirse de manera definitiva de éstas características culturales. Es posible que, sin duda alguna, se esté gestando un nuevo tipo de cultura, nada permanece demasiado tiempo; lo cual se observará apenas surjan esas evidencias que hoy no logramos percibir. Tal vez su asomo empiece a manifestarse por el lado de los reclamos y protestas ambientalistas y/o anti mineras, petroleras, etc.

PERO un asunto que si nos queda muy claro, volviendo al otro aspecto interesante de la pregunta inicial de Alfonso La Torre (primeros párrafos de esta nota), es el hecho de la irresponsabilidad histórica de las clases, no diríamos  dirigentes -nunca lo fueron- sino dominantes del país. También, la manipulación de los diferentes gobiernos que nos presidenciaron es responsabilidad de dichas clases “enquistadas de molicie”, su ideología y propósito es eso, manipular, en el sentido amplio del vocablo. Hasta aquí, debo decir que todas las formas de cultura en debate tienen como matriz la cultura de la pobreza.

Para no darle largas a la controversia, resulta de interés preguntarse, como ya lo hicieron el escritor mexicano Carlos Fuentes y compañía (2), ¿es posible un cambio de concepción en la estructura mental y espiritual de la gente, en particular de los sectores populares y trabajadores, respecto de su arraigo a adaptarse a una cultura de la pobreza (antes) o mendicidad (hoy)? En opinión nuestra, la respuesta no va a ser positiva sino se desarrolla un movimiento social organizado que impulse cambios de toda índole, además de las estructurales, en el conjunto de la sociedad peruana. Los movimientos sociales y populares desarrollados son aislados y no articulados a estrategias programáticas integrales. Mientras tanto, el pueblo, los trabajadores, la gente democrática progresista y las juventudes se verán obligados a permanecer en la manipulación de que son y seguirán siendo objeto, si es que no se les ofrece opciones diferentes y transformadoras.

A la parte primera de su pregunta, el mismo Alat (seudónimo del cronista de Diario Ínfimo) le da una respuesta certera, sugiriendo que a los críticos les queda cumplir la parte importante de su rol: Debatir.

Notas:
(1) Diario La República - Perú. Sección “Página del Lector”. Roque Ramírez C. “¿Cultura camaleónica o cultura de la mendicidad?  Martes 17/03/1988, p. 22
(2) Publicado en diario La República. Sección editorial, en columna “Diario Ínfimo”, del 28/02/98.
(3) El tema de la cultura de la pobreza es debatido ampliamente en la revista Mundo Nuevo. Número 11. Mayo 1967, Ediciones Illari, París.
(4) Nuevo Mundo, Ibid.

INTERNACIONALES


Declaración de Perspectiva Marxista Internacional sobre el conflicto fronterizo entre Colombia y Venezuela (*)

LA POSICIÓN de los marxistas revolucionarios frente al conflicto fronterizo entre Colombia y Venezuela no puede ni debe ser encarada desde el ángulo de los hechos que aparentemente lo han detonado: el cierre de las fronteras a lo largo de casi todo el límite entre ambos países y la deportación de miles de inmigrantes colombianos por parte del gobierno de Maduro. Si bien ambos países son semicoloniales y ambos gobiernos son burgueses, Colombia y Venezuela son países políticamente diferentes.

Desde la firma con Estados Unidos del Plan Colombia en 2001, Colombia se convirtió en el portaaviones político y militar del imperialismo yanqui en la región. En su territorio hay siete bases militares estadounidenses reconocidas, pero en realidad hay doce, y los Estados Unidos disponen de permiso para usar «en caso necesario» todos los puertos y aeropuertos del país con fines bélicos. La base de Palanquero ha sido modernizada para que desde ella puedan operar aviones de guerra de última generación capaces de alcanzar todo el Sur del continente, controlar el Atlántico e intervenir en África.

Las fuerzas armadas colombianas, con 500.000 efectivos, son las más numerosas de Sudamérica. Han sido y son entrenadas, equipadas y financiadas por los yanquis; el monto de la «ayuda» de Estados Unidos destinada a ello es el tercero mayor del mundo, sólo superado por las que le brinda a Israel y Egipto; sus recursos tecnológicos de última generación son manejados directamente por personal estadounidense, y en varias bases hay instalaciones cuyo acceso está vedado a los militares (y civiles) colombianos.

La subordinación militar de Colombia al imperialismo yanqui se desarrolló al máximo durante los gobiernos de Uribe y del actual presidente, Santos, que había sido ministro de Defensa de aquél. En 2009 se reunieron el jefe del ejército colombiano y el comandante militar de la OTAN, la mayor entidad militar imperialista contrarrevolucionaria del planeta, para acordar el establecimiento de bases militares de esa organización y, aunque el acuerdo quedó congelado por objeciones de la Justicia colombiana, siguió en pie el ofrecimiento colombiano de enviar «asesores» y «tropas de paz» para las operaciones de la OTAN al servicio, por ejemplo, de la política yanqui contra Rusia en Ucrania. Y Santos pactó un nuevo convenio de cooperación militar con Estados Unidos, que se firmará en marzo de 2016.

Las fuerzas armadas y los servicios de Inteligencia colombianas ya han operado fuera de sus fronteras violando la soberanía de países vecinos cuyos gobiernos no se someten servilmente a Estados Unidos. En 2004, capturaron en territorio venezolano al dirigente de las FARC Rodrigo Granda. En 2008, en una operación conjunta yanqui-colombiana, bombardearon territorio ecuatoriano —donde el presidente Correa había obligado a los yanquis a desmantelar su base militar en Manta— para masacrar a los guerrilleros de las FARC allí refugiados.

También en el terreno político los gobiernos colombianos son agentes del imperialismo. Para no dar más que un ejemplo, en 2002 concedieron asilo político a Pedro Cardona, quien había sido proclamado presidente por el golpe de estado contra Chávez propiciado desde Washington.

Finalmente, en el terreno económico, Colombia firmó con Estados Unidos un tratado de libre comercio que profundiza la semicolonización del país por el imperialismo yanqui.

En Venezuela no hay bases militares norteamericanas y sus fuerzas armadas no reciben dólares ni entrenamiento de Estados Unidos.

Desde la asunción de Chávez, el gobierno venezolano independizó políticamente al país del imperialismo yanqui. Junto con el brasileño y el argentino, en la IV Cumbre de las Américas (realizada en Mar del Plata, Argentina, en 2005) hizo fracasar el proyecto estadounidense de imponer en toda Sudamérica un tratado colonizante de libre comercio, el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

Venezuela ha sido agredida sistemáticamente por los yanquis: instrumentación y apoyo al golpe militar de 2002 contra Chávez; apoyo político, financiero y mediático a la oposición proimperialista; sanciones económicas (congelación de cuentas bancarias) y diplomáticas (retiro de visados a funcionarios venezolanos); declaración de Venezuela como amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, etcétera.

En síntesis, Colombia es la punta de lanza política y militar del imperialismo yanqui en Sudamérica, mientras que Venezuela es un país política y militarmente independiente del imperialismo. El peor peligro para los trabajadores de los dos países son el imperialismo yanqui, los gobiernos colombianos serviles a éste —desde el de Pastrana (1998-2002) hasta el actual— y las bases militares yanquis y las fuerzas armadas colombianas, que son la herramienta contrarrevolucionaria que intentará aplastar a sangre y fuego cualquier levantamiento obrero y popular que amenace al sistema capitalista y al dominio semicolonial yanqui a uno u otro lado de la frontera. La política marxista revolucionaria no puede ignorar o poner en un segundo plano esta realidad; por el contrario, debe tomarla como punto de partida para responder a esta coyuntura.

Un segundo elemento fundamental de la situación actual es la dinámica de la economía mundial. La relación de los dos países con el mercado mundial sigue siendo sustancialmente la de ser exportadores de materias primas. Sus respectivos gobiernos, aunque el venezolano pregone un «Socialismo del Siglo XXI», son defensores del sistema capitalista semicolonial, y por eso fueron incapaces de aprovechar la década de altísimos precios de esas commodities para sacarlos del subdesarrollo. Hoy, el colapso de aquellos precios, especialmente del petróleo y de la minería, es el detonante de crisis económicas a uno y otro lado de la frontera, y esas crisis devienen en crisis políticas.

El régimen venezolano ve desmoronarse la economía del país y, como todo gobierno burgués, el de Maduro avanza en medidas de «ajuste» contra las conquistas logradas por las masas durante el anterior período de «viento de cola» de la economía mundial. La creciente impopularidad de esas medidas amenaza al régimen con una derrota electoral.

En Colombia, si bien la crisis no es tan aguda como la venezolana, se produjo un duro enfrentamiento entre diferentes sectores de la burguesía, que giró en torno de las conversaciones de paz con la guerrilla de las FARC: el gobierno de Santos trataba de llevarlas a buen puerto desarmando a las FARC; el sector representado por Uribe se oponía a las negociaciones y postulaba el aplastamiento militar de las guerrillas. Si bien el uribismo ha ido aceptando a regañadientes el plan de paz, hay un serio conflicto económico derivado de éste: los acuerdos gobierno-FARC sobre la «reforma agraria» y las «tierras improductivas», que los terratenientes —que constituyen una de las bases más sólidas del uribismo— ven como una amenaza a sus propiedades.

El detonante de la situación actual fue la muerte de tres militares venezolanos en un enfrentamiento con traficantes colombianos en la frontera. La respuesta de Maduro fue el cierre y militarización de la frontera —primero en algunos departamentos y luego a lo largo de casi toda su extensión—, el establecimiento del «estado de excepción» y la expulsión de colombianos en situación «ilegal», esto último con el argumento de que Venezuela no estaba en condiciones de afrontar el costo que significaba para su economía mantener tantos extranjeros recibiendo alimentos, combustible, etcétera a precios subsidiados, que luego eran contrabandeados a Colombia a precios muy superiores. La expulsión de colombianos dio lugar a una campaña unánime de todos los sectores de la burguesía colombiana, desde el presidente Santos hasta el ex presidente Uribe, su actual y feroz adversario, en defensa de los «derechos humanos» de los expulsados. Lejos estamos de defender las expulsiones, pero lo primero que un revolucionario debe denunciar es que quienes han violado masivamente los derechos humanos han sido los gobiernos colombianos por la miseria en la que hundieron al pueblo y por los asesinatos masivos que marcaron los enfrentamientos contra las guerrillas del ejército y sus aliados paramilitares. Aunque hay diferentes estimaciones, se calculan en unos seis millones los colombianos «desplazados» dentro del propio país, en centenares de miles los que emigraron a Ecuador, y en más de cinco millones los que residen en Venezuela. Hasta las recientes expulsiones, los gobiernos de Chávez y de Maduro habían acogido a esos inmigrantes, incluso promulgando leyes y abriendo oficinas para que pudieran regularizar su situación en el país.

Están en curso conversaciones diplomáticas y propuestas de mediación de gobiernos sudamericanos; además, por el momento el imperialismo yanqui (con el apoyo incondicional del papa Francisco) apuesta a la combinación de la diplomacia y las negociaciones con la penetración económica para triunfar en tres de sus objetivos fundamentales para Sudamérica: desarmar a la única guerrilla que sobrevive en la región, restaurar el capitalismo en Cuba de la mano de los hermanos Castro y liquidar la independencia de Venezuela por la vía «democrática», es decir, que la oposición burguesa proimperialista a Maduro gane las elecciones. Esto aleja la posibilidad de que el conflicto fronterizo escale a un enfrentamiento militar. Pero no la elimina: no se puede descartar que cualquiera de los dos gobiernos opte por «resolver» sus problemas económicos y políticos con acciones militares que les sirvan unificar el frente interno y pedir «sacrificios» a las masas apelando a las invocaciones al patriotismo.

Los marxistas revolucionarios sostenemos que los trabajadores no tienen patria, somos internacionalistas proletarios y nos oponemos a que los trabajadores colombianos y venezolanos terminen masacrándose entre ellos al servicio de sus respectivas «patrias» burguesas. Pero precisamente porque somos internacionalistas, somos luchadores intransigentes contra el imperialismo, que es el estado mayor, económico, político y militar del capitalismo explotador de los obreros y los pueblos pobres del mundo entero. Por eso, la política revolucionaria debe ser defender a una Venezuela independiente frente a una Colombia agente política y militar del imperialismo yanqui en América del Sur. Consecuentemente con ello, en caso de conflicto militar entre ambos países, independientemente de quién lo haya iniciado, nuestra posición será la de preconizar una misma política antiimperialista a ambos lados de la frontera: el proletariado venezolano debe defender a su país; el colombiano debe asumir una política de derrotismo revolucionario: luchar por la derrota de su propio país.

La defensa de Venezuela no implica en modo alguno el apoyo político al gobierno de Maduro ni al régimen inaugurado por Chávez. Le reconocemos a Venezuela el derecho a impedir el contrabando de combustible y alimentos subsidiados por el Estado para ser revendidos a precios muchísimo más elevados en Colombia. Le reconocemos el derecho a expulsar de su territorio a los colombianos que colaboren con los paramilitares que proliferan al otro lado de la frontera o con el ejército colombiano. Pero nos oponemos a la expulsión de los colombianos «ilegales» que no estén comprometidos con los paramilitares ni sean agentes del gobierno o de los militares colombianos; por el contrario, defendemos que Venezuela debe abrir más que nunca sus fronteras y recibir como hermanos latinoamericanos a todos los colombianos que quieran radicarse allí. ¡Ésta es la mejor manera de dar un contundente mentís a la hipócrita campaña patriotera del gobierno y la burguesía colombiana y de ganar a millones de colombianos para la defensa de una Venezuela independiente frente a una Colombia agente del imperialismo yanqui! También nos oponemos de manera absoluta a la implantación por el gobierno venezolano del «estado de excepción» porque sabemos, por incontables experiencias con gobiernos «nacionalistas burgueses», que cualquier limitación general de las libertades democráticas puede ser y será usada por el gobierno de Maduro contra las luchas y movilizaciones de los trabajadores venezolanos.

En el terreno interno, denunciamos al gobierno de Maduro porque no toma medidas revolucionarias para solucionar la crisis económica de manera favorable a los trabajadores y el pueblo pobre, empezando por la expropiación de los bancos y entidades financieras privadas que mantienen el control de la economía nacional en manos del capital financiero dominado por los imperialistas mientras se llenan los bolsillos con el saqueo del país. Denunciamos a los partidarios del castro-chavismo y a los burócratas sindicales que llaman a los trabajadores a no luchar por sus propios intereses porque según ellos, eso equivaldría a «hacerle el juego a los yanquis y a la oposición burguesa proimperialista». Contra el gobierno de Maduro y todos los sectores de la gran burguesía venezolana, sean opositores o pro gobierno, propiciamos la movilización independiente de la clase obrera colombiana en defensa de sus condiciones de vida y de trabajo para que se haga permanente y culmine con la toma del poder por el proletariado. Y mantendremos esta línea de movilización independiente incluso si el conflicto con Colombia se escala, llamando a no confiar en la dirección de Maduro ni en el ejército venezolano para derrotar al frente yanqui-colombiano, y a reclamar y poner en práctica, como única garantía de triunfo, el armamento del proletariado.

Con tanta más razón preconizamos que la clase obrera colombiana no debe dejarse arrastrar por el patrioterismo proimperialista. Por el contrario, debe luchar contra su propio gobierno, que entregó la economía del país a los monopolios imperialistas yanquis a través del Tratado de Libre Comercio, al que defendió reprimiendo ferozmente el paro de los campesinos condenados a la ruina, y que también está aplicando planes de ajuste contra los trabajadores, que se enfrentan a la resistencia de éstos, emblematizada por el reciente paro nacional masivo de los trabajadores de la educación. En relación al conflicto fronterizo en curso, llamamos a los trabajadores colombianos a pronunciarse categóricamente por la defensa de Venezuela, lo que significa, de manera concreta, luchar en primer lugar por la expulsión de las bases militares yanquis.

Los marxistas revolucionarios luchamos por las relaciones fraternales entre todos los pueblos del mundo, en este caso, de los latinoamericanos. Pero más allá de episódicos acuerdos entre gobiernos, ellas no estarán garantizadas mientras éstos defiendan el sistema capitalista (no importa si en su forma «neoliberal» o «populista», o si se autodenomina «capitalismo humanizado» o «Socialismo del Siglo XXI», para usar el engañoso lenguaje de moda), es decir, mientras estén al servicio de las respectivas burguesías y sometidos a la semicolonización imperialista.

La fraternidad entre los pueblos sólo se podrá lograr por la acción revolucionaria de la clase obrera, la única clase social que, como dice el Manifiesto Comunista, «no tiene nada que perder, sino sus cadenas». Es tarea del proletariado de América latina derrocar a través de su movilización permanente, de su insurrección, el poder de la burguesía, tomar el poder en sus propias manos apoyándose en el campesinado y el pueblo urbano pobre, acabar con las fronteras nacionales establecidas por los capitalistas y unir fraternalmente a todos nuestros países en una Federación Socialista Latinoamericana.

Perspectiva Marxista Internacional
Octubre de 2015
(*) Tomado de http://perspectivamarxista.blogspot.pe/

PÁGINAS DE MARXISMO LATINOAMERICANO


Crítica a la Teoría del “Espacio-Tiempo-Histórico” de Haya de la Torre

(Séptima y Última Parte)

Guardia Mayorga


BASE ECONÓMICA: Capitalismo de Estado. (Fig. 3) Para realizar una comparación representemos por este mismo gráfico, la concepción marxista, pe­ro invirtiendo previamente la pirámide. Así tenemos:

    1. — Materialismo dialéctico.
    2. — Dictadura del proletariado.
    3. —Sociedad sin clases.

      Base económica: socialización de los medios de producción i de los productos. (Fig. 4)

      Como fácilmente se puede observar las diferencias son notables. Según el materialismo dialéc­tico las ideas surgen cuando existen las condiciones materiales que informan su existencia. El marxismo no pudo surgir en la Edad Media porque no exis­tía aún el capitalismo ni el proletariado. El ser debe determinar al pensamiento.

      "Ningún régimen social desaparece antes de haber desenvuelto sus fuerzas productoras hasta el máximo de lo que pueda alcanzar tal régimen, i ningún régimen social nuevo puede aparecer, si no halló previamente las condiciones necesarias en el régimen antiguo" (Marx). El socialismo aún no ha sido implantado en la práctica como sistema ecuménico. Se marcha hacia él. Aún no ha cum­plido su misión histórica. Está en su etapa de an­títesis i no de síntesis. Es indudable que en el pro­ceso de su implantación i desarrollo, surja la nueva antítesis que deba negarlo dentro de nuevas formas económicas i sociales, puesto que ya ha desaparecido la explotación del hombre por el hombre. ¿Cómo se va a producir entonces la negación del marxismo cuando aún no se ha implantado ni de­sarrollado? ¿Cómo puede negar el niño al hombre que en sí lleva? Sin embargo esta es la pretensión utópica del Sr. Haya de la Torre. Fichte niega a Kant, Hegel a Fichte, Marx a Hegel i Haya de la Torre a Marx.

      Líbedinskí, en su libro "El materialismo dialéctico" ya ha realizado esta refutación. Cedámosle la palabra.

      "Ciertos ideólogos de un partido popular sudamericano hablan de marxismo congelado, querien­do significar que el marxismo, como doctrina, no es un dogma, i quienes lo consideran con criterio in­flexible son, en realidad, unos dogmáticos, que han congelado al marxismo, interpretándolo con un cri­terio excesivamente rígido.
      "Tales anatematizadores, que son los apristas peruanos, se proclaman los únicos i verdaderos herederos i continuadores del marxismo. Tal afirmación la basan en que, según dicen, son ellos los únicos que lo han negado en sus alcances i directivas originales, modificándolo, ampliándolo, ajustándolo a situaciones locales, etc.

      "Se trata de una interpretación sencillamente capciosa. El marxismo no está congelado, ni pue­de estarlo. Está en plena, brillante i vigorosa materialización.

      "El marxismo no es ni nunca ha sido una doctrina inflexible que no permita ser aplicada a situaciones diferentes. En la época en que fue elaborado, cada nación de Europa, de América i de Asia estaba en condiciones económicas diferentes de las demás. Estas diferencias locales no han sido jamás ignoradas ni subestimadas.

      "Marx, en su carta escrita en 1877 al soció­logo ruso Mikhailovski, escribía:

      "Mi interpretador ha creído deber transformar mi esquema histórico del nacimiento del capitalis­mo en Europa Ocidental en una filosofía general de la historia, pretendiendo prescribir a todos los pueblos una evolución inmutable, sin tener en cuen­ta las condiciones particulares de su existencia his­tórica. Pero vemos que fenómenos asombrosa­mente análogos producen, en condiciones históricas diferentes, resultados diametralmente opuestos. Es estudiando cada una de esas evoluciones particulares i confrontándolas de inmediato, como podemos hallar la solución. Pero esta solución nunca sere­mos capaces de hallarla por medio de una ganzúa..."

      "Por esto, la afirmación de que "el aprismo formula una nueva interpretación del marxismo para la América Latina nos recuerda una frase for­midable de Plejanov: "Pero qué le importa a Yi- khomirov los méritos de Hegel. Ya ha dicho, de una vez para siempre, que las teorías occidentales no son aplicables a Rusia".

      "Dice L. Pachacútec:
      ".. .Si Marx niega para continuar a Hegel i éste a Fichte i Fichte a Kant, etc., el aprismo no puede librarse de negar a Marx para que dialécticamente lo continúe. Pretender que el movimiento dialéctico del pensamiento se detiene en Marx i que sus propias leyes filosóficas valen para todo el universo con excepción de ellas mismas, es absurdo. Tal conclusión supondría que la dialéctica del pensamien­to humano llega a paralizarse, ¡ transformándose en un dogma estático i consecuentemente, antidialéctico”.

      "El comunismo ha planteado, por razones políticas, tal oposición, i a ese quieto, frío i fijo concepto de lo que es la concepción de Marx — subconsciente en la mayoría de los comunistas — es lo que llama Haya de la Torre "el marxismo congelado".

      "A esto, debemos contestar: la posibilidad de que en un futuro más o menos lejano, lleguemos, guiados por la misma ciencia dialéctica experimental, a una nueva concepción del mundo diferente de la actual, está prevista por la propia dialéctica”.

      "Por otra parte, los apristas parecen conocer muy poco la esencia de la dialéctica. Fichte no negó a Kant, ni Hegel a Fichte. No existen, aquí, las negaciones que ven los apristas, sino solamente evoluciones. I son evoluciones que no afectan ni remotamente la calidad —pues no llegan a su pun­to crítico—de la doctrina idealista, que, fundamentalmente, se mantiene la misma. Recién cuando se ha sobrepasado la última posibilidad de evolución, es cuando se puede producir i se produce la nega­ción dialéctica, revolución o salto en las ideas i en los hechos. I este salto o negación dialéctica recién se produce con Marx, con el intermedio de Feuerbach”.
      "Las geniales aportaciones de Lenin i de Stalin representan formidables pasos hacia adelante, no alcanzando a ser negaciones dialécticas. Por eso, la afirmación de que "el aprismo niega i continúa al marxismo" es, por lo menos, divertida. Niega, sí, pero interrumpe el devenir histórico. Es, en el me­jor de los casos, una negación pueril. Por otra parte, los negadores de esta clase, del marxismo, forman legión”.

      "Negar dialécticamente el marxismo es una pretensión que, por lo que representa de grande i de profundo, revela un apresuramiento sospechoso. El marxismo sólo podrá ser negado dialécticamente, esto es, superado, cuando haya triunfado incontestablemente en un cierto número de naciones. En­tonces, i previo un largo período de vida i de evo­lución cuantitativa, se producirá el salto cualitativo a la nueva concepción del mundo. Pero, hasta entonces, no podemos imaginar cuántos siglos pa­sarán".

      Después de haber negado "el marxismo congelado" ¿cuál es el nuevo sistema económico, po­lítico i social que corresponde a la nueva concepción "hayista"? El lector pensará inmediatamente que se trata de un sistema que está más allá del socia­lismo; pero quedará muy asombrado cuando el Sr. Haya de la Torre le diga:

      "El Apra sostiene que antes de la revolución socialista que llevará al poder al proletariado -cla­se en formación en Indoamérica- nuestros pueblos deben pasar por períodos previos de transformación económica i política i quizá por una revolución so­cial - no socialista - que realice la emancipación nacional contra el yugo imperialista i la unificación económica i política índoamericana. La revolución proletaria, socialista, vendrá después.

      "El capitalismo de Estado es una solución a la que debemos tender i una de sus formas de aplicación, más factible es el cooperativismo integral de producción i de consumo".

      Es decir que a una concepción filosófica que está más allá del marxismo corresponde una economía i una política precapitalistas. Esto demuestra con qué velocidad avanza el pensamiento hayista i con qué lentitud le sigue la realidad.

      Así queda revelado el misterio del relativismo hayista. Resumiéndolo con sus propias palabras podemos escribir: La revolución empieza "en los campos recónditos del pensamiento" "por la crisis de la estimativa histórica", "en el tiempo filosófico que nace en el hombre i se pierde en el futuro", "en el misterio de las realidades geográficas" que nos conducen a "la metafísica de la Historia".

      El más fanático de los adeptos del hayismo no podrá negar que esto es idealismo puro, i todo ¿para qué? Para fundamentar una simple aspiración política caudillista: la conquista del poder.

      Después de haber leído todas las obras del Sr. Haya de la Torre, a veces pienso si no trata de desempeñar el mismo papel de Carneades, aquel filósofo ascéptico que, enviado a Roma, dio un día una conferencia defendiendo a la Justicia i al día siguiente dio otra negándola i en ambas consiguió que el público lo aplaudiese.

      El hayismo resulta anacrónico cuando los pueblos marchan al universalismo, sin que éste anule la personalidad de los pueblos, así como la sociedad no anula la personalidad del individuo. Es anacrónico en estos tiempos en que los países abandonan sus estrechos nacionalismos para ensanchar sus horizontes dentro de postulados de con­vivencia continental i mundial. En el mundo del futuro se dará la pluralidad dentro de la unidad i no se cumplirá la predicción hayista de que "tanto más avanzados los pueblos, tanto más diferentes en la aplicación de sus necesidades", sino el profundo pensamiento de Goethe que también podríamos aplicarlo a los pueblos:

      "Cuanto más perfectamente se nos muestra la criatura viviente, tanto más desemejantes se nos presentan sus partes. En un caso el todo es más o menos semejante a las partes i en el otro desemejante a ellas. Cuanto más se parecen las partes entre sí, tanto menor es su mutua subordinación; esta última significa una mayor perfección del ser".

I así llego al final, fortalecido i optimista; fortalecido, porque esta labor ha servido para afianzar mis puntos de vista ideológicos, i optimis­ta, porque creo haber prestado un servicio a la causa de la democracia i porque ojalá este modes­to trabajo, sin pretensión de ninguna clase, contri­buya a enmendar rumbos en la política del Partido del Pueblo i que, en un futuro no muy lejano, las izquierdas del Perú se unifiquen i luchen en la aspiración común de defender a nuestro pueblo de las dictaduras, de la minería i de todo temor.
CREACIÓN HEROICA