domingo, 8 de diciembre de 2013

Literatura



En el 2013: Se Recuerdan los Ciento Veintiún Años de Vida de César Vallejo, los Ciento Dieciocho de José Carlos Mariátegui, los Ciento Dos de José María Arguedas y los Setenta y Uno de Javier Heraund 


Vallejo y el Vanguardismo


Julio Carmona


Vanguardia y revolución son dos conceptos que marcan a la literatura que surge en América al comenzar el siglo XX. El concepto de revolución surge bajo el influjo de las revoluciones mexicana (1910) y rusa (1917). Y su reflejo en la literatura marcha paralelo a la “evolución” artística que se está dando en Europa con el vanguardismo, que, en cierta medida, busca “revolucionar” el arte. Por ello, los límites entre ambas corrientes socio-culturales de comienzos del siglo XX, son muy sutiles, pero son. Y tal vez el más notorio sea el que marcan las características del orden y la aventura con sus signos específicos en relación con la realidad: de acercamiento (el primero) y alejamiento (la segunda).

La literatura americana moderna no es flor de invernadero, no nace por partenogénesis, como ciertos organismos unicelulares. Es una literatura, pues, que está marcada por un hecho palmario: la existencia de dos maneras contrapuestas de entender el arte: aquella que lo aleja de la realidad y lo aísla valorándolo sólo por su forma, y de ahí le viene la denominación de formalismo, y la otra que acerca el arte a la realidad considerando, incluso, que su misma forma es deudora de ella, y por esa cercanía a lo real adopta la denominación de realismo. El vanguardismo, con su pretensión declarada de hacer avanzar al arte más allá de lo que había ocurrido desde el renacimiento (y los movimientos que lo sucedieron), circunscribió ese impulso a los límites puramente formales, y no trascendió a buscar el vínculo con la revolución social, a pesar de la postura política asumida por el superrealismo (que no pasó de eso: postura). Contrariamente, el realismo en su afán de no aislarse de la realidad, asumió de ésta la dimensión irrevocable de la revolución social que, indirectamente, implicaba una transformación artística, la misma que no tenía por qué ser solamente formal.

Para definir al vanguardismo (formalismo) y al realismo suele usarse, también (aparte del orden y la aventura), las expresiones de pesimismo y optimismo. Pero, en realidad, lo que debe hacerse respecto de éstas, para deslindar sus diferencias, es determinar el carácter de clase que las sustenta. Y entonces se verá que ambas pueden darse en cualquiera de las clases sociales. Un poema burgués o un poema proletario pueden ser optimistas o pesimistas. De donde se deduce que tanto el optimismo como el pesimismo no deciden la dirimencia. Es más, no se pierda de vista que tanto el pesimismo como el optimismo suelen ser estados de ánimo extremos en que se debate la pequeña burguesía. Y en ese sentido se puede decir con William George Ward que "El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas", es decir, que las dos primeras opciones son insuficientes, porque no son dialécticas; mientras que la del realismo sí lo es, porque el hombre realista es el que sabe estar en la realidad, creando sentidos y posibilidades positivas para la vida humana. Realista –como ha dicho alguien– es aquél que convierte sus diferencias con otros en un espacio de crecimiento personal y colectivo, y se responsabiliza de sus actos y decisiones frente a las opciones de solución y de construcción de consenso. Realista es aquél que –al decir de José Vasconcelos y lo admitía Mariátegui– proclama un pesimismo de la realidad basándose en un optimismo del ideal.  

Muchas veces el término ‘vanguardismo’ se usa de manera indiscriminada para clasificar como tales a algunos poetas, considerando, por ejemplo, sólo la época en que les tocó actuar (de preferencia las tres primeras décadas del siglo XX) que coincide con el movimiento vanguardista europeo del período de entreguerras (1918-1939). El criterio de peso para esa clasificación es el hecho de que esos poetas impulsaron con su obra la transformación formalista que había iniciado el modernismo, y que con el vanguardismo llegó a límites insospechados. Y, en ese sentido, la mayoría de los poetas de dicho período, en efecto, rompen con la poesía tradicional de manera casi absoluta. Y este fue un paso que los poetas modernistas no se atrevieron a dar. Pero no todos esos poetas hicieron una poesía puramente formalista, esteticista o deshumanizada (según la calificación acuñada por Ortega y Gasset). Los hay que, aprovechando ese impulso formal, apostaron por una propuesta de transformación total, de la realidad, de la sociedad, de la humanidad. Lo lamentable es que a los poetas de este esfuerzo se les trata de incluir sólo dentro del esteticismo, del purismo o del vanguardismo.

Desde esta perspectiva, es que algunos estudiosos incluyen a César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892-1938) dentro de la literatura de vanguardia, y otros a Alberto Hidalgo (Arequipa, 1897; Buenos Aires, 1967) dentro de la literatura de la revolución. Pero no hay que perder de vista un hecho crucial. Que ambas corrientes se imbrican decididamente con las posturas ideológicas y políticas de sus representantes. Y así podemos decir que, por ejemplo, en el caso de Hidalgo –pese a la constancia de varios de sus poemas que tratan el tema revolucionario– no deja de percibirse “la confesión de su individualismo absoluto”, como lo define Mariátegui, y, en esa medida, como dijo el mismo Mariátegui: “Hidalgo está -como no podía dejar de estar– en la vanguardia. Se siente –según sus palabras– en la izquierda de la izquierda.” Y en el caso de Vallejo no habría de ocurrir eso. Todo lo contrario. Él se ubicó –exento de todo megalomanismo, al decir de Mariátegui– sólo en la izquierda. Y el haber mantenido esa posición, sin dejarse seducir por el oropel de los malabarismos formales, su ubicación de ninguna manera se condice con los parámetros de la vanguardia artística, sino de la vanguardia política. Y por eso se le considera como el iniciador de la literatura proletaria peruana. Quizá la siguiente frase del mismo Vallejo defina el problema de manera frontal: “Yo amo a las plantas por la raíz y no por la flor.”[1]   

Según la opinión autorizada del insigne estudioso de la literatura peruana, el español don Luis Monguió[2], la literatura de la modernidad peruana tendrá dos grandes impulsores: José María Eguren (Lima, 1874-1942) y César Vallejo. Y el mismo Monguió establece la bifurcación de la poesía peruana inmediatamente posterior al modernismo en dos grandes corrientes: la pura y la social, ambas vinculadas a cada uno de los dos poetas nombrados, Eguren y Vallejo, respectivamente. Y serán esas las dos grandes líneas de fuerza que estarán marcando el desarrollo de la literatura peruana durante todo el siglo XX, aunque con una más precisa nominación: tendencia formalista y tendencia realista.

Y el caso emblemático es el de César Vallejo, a quien un crítico enterado (aunque esquemático) como Ricardo González Vigil califica de “vanguardista” –de manera casi obsesiva–: ‘la cristalización definitiva de la modernidad’ –dice– “recién llegó a cuajar en toda su dimensión, en lo tocante a las letras de lengua española, en el período de la ‘aventura’ vanguardista. En el Perú eso acaeció con Trilce (1922).”[3] Y, más adelante (en la p. 31), vuelve a insistir: “El primer fruto completamente ‘moderno’ fue Trilce, la expresión más genial y radical del período vanguardista en toda el área hispánica.” Y aun ha llegado a lamentarse que otros críticos (como Luis Alberto Sánchez y Augusto Tamayo y hasta Alberto Escobar) ‘desdeñando al vanguardismo, rescaten[4] de él a Vallejo’ y “lo hacen casi un postmodernista o, en todo caso, un postvanguardista).” (Op. cit.: 27).

Pero, en verdad, esa inclusión de Vallejo en el vanguardismo sólo porque con Trilce logra revolucionar la literatura en lengua española de una manera radical (no sólo formalmente), equivale a considerar la experimentación formal como exclusiva del vanguardismo, como si dijéramos que de no haber existido el movimiento vanguardista Vallejo no hubiera hecho lo que hizo, porque –según ese criterio– “la experimentación formal” tenía patente de exclusividad vanguardista. Cuando el caso de Vallejo no debe inscribirse sólo en la experimentación formal (que, además, era propia de la época, y había tenido sus antecedentes en Walt Whitman o en los mismos modernistas americanos, que bebieron en la fuente de los modernistas franceses, parnasianos y simbolistas, grandes experimentadores de la forma), porque Vallejo es consciente que se debe hacer una revolución formal (“Quiero escribir, pero me sale espuma”), sin embargo, siente que ésta es inseparable de una revolución humana (que incluye la social: “no hay cifra hablada que no llegue a suma”). Por eso nos parece pertinente esta reflexión de Jorge Puccinelli acerca de la asunción vallejiana de ‘la palabra justa’, y dice que en Vallejo se hace carne: “el amor ‘del verbo que salva las distancias’, de la palabra justa y del acento justo que mueve al mundo. La palabra justa tiene en él una doble valencia: es no sólo la palabra exacta y precisa sino la palabra que expresa la justicia, porque para él la cultura está ‘basada en la idea y la práctica de la justicia, que es la única cultura verdadera’.”[5]

A Cesar Vallejo, pues, no debe llamársele “poeta de la vanguardia” sino poeta de la revolución. Incluso si nos remitimos a su propia convicción respecto de las escuelas de vanguardia, a las que consideraba meras fábricas de “poemas sobre medida”. Veamos cómo lo dice:

La inteligencia capitalista ofrece, entre otros síntomas de su agonía, el vicio del cenáculo. Es curioso observar cómo las crisis más agudas y recientes del imperialismo económico -la guerra, la racionalización industrial, la miseria de las masas, los cracs financieros y bursátiles, el desarrollo de la revolución obrera, las insurrecciones coloniales, etc.- corresponden sincrónicamente a una furiosa multiplicación de escuelas literarias, tan improvisadas como efímeras. Hacia 1914, nacía el expresionismo (Dvorak, Fretzer). Hacia 1915, nacía el cubismo (Apollinaire, Reverdy). En 1917, nacía el dadaísmo (Tzara, Picabia). En 1924, el superrealismo (Breton, Ribemont-Dessaignes). Sin contra las escuelas ya existentes: simbolismo, futurismo, neosimbolismo, unanimismo, etc. Por último, a partir de la pronunciación superrealista, irrumpe casi mensualmente una nueva escuela literaria. Nunca el pensamiento social se fraccionó en tantas y tan fugaces fórmulas. Nunca experimentó un gusto tan frenético y una tal necesidad por estereotiparse en recetas y clichés, como si tuviesen miedo de su libertad o como si no pudiese producirse en su unidad orgánica. Anarquía y desagregación semejantes no se vio sino entre los filósofos y poetas de la decadencia, en el ocaso de la civilización greco-latina. Las de hoy, a su turno, anuncian una nueva decadencia del espíritu: el ocaso de la civilización capitalista.[6]

Un sentido lógico, elemental, obliga a respetar ese punto de vista del poeta y evitar incluirlo en un ámbito con el que sólo tiene la afinidad de la experimentación formal, que es común a todos los grandes poetas de todos los tiempos y que, en este caso, no es el decisivo para definir esa grandeza. Vamos a transcribir aquí un poema de él que corrobora nuestra apreciación de llamarlo poeta de la revolución:

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: “tanto amor y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate, hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

Por eso advertimos que el término ‘vanguardismo’ debe usarse “con pinzas”, e insistimos también en señalar que quienes lo usan lo hacen sólo para relevar el aporte de experimentación formal que los poetas así calificados realizan. Tal sería el caso, en el Perú de los primeros años del siglo XX, como ya hemos dicho, de Alberto Hidalgo, quien además de ese aporte formal –muy significativo en su poética– también –como Vallejo– participó en la creencia de la liberación del hombre. En ese sentido, incluimos aquí el siguiente poema:

¿Quién fue el que impidió el libre acceso a la cañigua
al indio que era propietario de ella
quién abusó de cercos
su fundo que era como mano abierta
quién colocó a su paso tantas vallas
para que no siguiese pastoreando sus mieses
para que no pudiera seguir produciendo sus matitas de quinua
por entre esteros y quebradas
quién lo obligó a pedir un pasaporte
para entrar en su campo
para caber bajo su techo
para vivir a su mujer?
Él quería muy poco
ni siquiera quería libertad
(es ésta una palabra convencional moderna
aunque menciona una pasión asidua)
no reclamaba libertad
y lo forzaron a tenerla
pero qué libertad
la libertad de acumular pobreza
la libertad de enriquecer a otros
libertad de sufrir y tener hambre
libertad de ser mudo
libertad de ser sordo
libertad de ser ciego
libertad de dolor y de lloro y de luto
libertad
libertad
qué libertad.

Ese también es el caso del –sí– más grande vanguardista peruano Carlos Oquendo de Amat (Puno, 1905; Navacerrada, 1936), quien publicó sólo un libro de poesías: 5 metros de poemas (1929), y estuvo en España cuando allí se desarrollaba la cruenta guerra civil (1936-1939), adhiriendo a favor de la causa de la República (como lo hizo la parte sana de la intelectualidad mundial). Leamos el siguiente poema:

poema del manicomio

Tuve miedo
y me regresé de la locura
Tuve miedo de ser
una rueda
un color
un paso

PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS 
Y mi corazón
 un botón
       más
         de
mi camisa de fuerza

Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos
veo a la calle que está mendiga de pasos.

Pero también en esta época de vanguardismo y de revolución hay que mencionar a José Carlos Mariátegui, el más preclaro conductor de la revolución en el Perú, quien desarrolló una intensa actividad literaria en su juventud (su, por él mismo llamada, “edad de piedra”): poemas y cuentos, reunidos póstumamente bajo el título de Escritos juveniles[7], así lo confirman, y no obstante, no deja testimonio de una poesía militante. De Mariátegui transcribimos aquí su hermoso poema en prosa:

LA VIDA QUE ME DISTE

Renací en tu carne cuatrocentista como la de la Primavera de Botticelli. Te elegí entre todas porque te sentí la más diversa y la más distante. Estabas en mi destino. Eras el designio de Dios. Como un bajel corsario, sin saberlo, buscaba para anclar la rada más serena. Yo era el principio de muerte; tú eras el principio de vida. Tuve el presentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos. Empecé a amarte, antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu gracia antiguas esperaban mi tristeza de suramericano pálido y cenceño. Tus rurales colores de doncella de Siena fueron mi primera fiesta. Y tu posesión tónica, bajo el cielo latino, enredó en mi alma una serpentina de alegría. Por ti mi ensangrentado camino tiene tres auroras. Y ahora que estás un poco marchita, un poco pálida, sin tus antiguos colores de madona toscana, siento que la vida que te falta es la vida que me diste.

Y es así, entonces, que las opciones estéticas (o poestéticas) pueden intercambiar tácticas, pero no pueden confundirse en sus estrategias, en sus principios, sin riesgo de anonadamiento. El formalista Alberto Hidalgo y el mismo Carlos Oquendo, sin abdicar de sus experimentalismos poéticos, pudieron escribir poemas realistas de hondo sentido humano; del mismo modo, los realistas José Carlos Mariátegui y César Vallejo pudieron experimentar con técnicas formalistas sin depreciar su estética de “decir muchísimo”. Cuánta diferencia entre ese característico “quiero decir muchísimo y me atollo” vallejiano, y aquel otro precepto (también justo definidor) de la poética de Martín Adán: “Poesía no dice nada/ poesía se está callada”.

La definición de la época –en el caso de Vallejo– obligaba a deslindar entre “vanguardismo y revolución”, y obviamente la segunda es la definición que más calzaba con él. Hoy por hoy, en que la revolución ha dado un paso atrás (para el salto que implique dos adelante), en el ámbito literario se debe optar ya no entre “vanguardismo y revolución”, sino entre formalismo y realismo. Y en este último Vallejo encuentra su mejor ubicación. En las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado (no tenemos por qué dudarlo) Vallejo hubiera estado en las mazmorras del fujimorismo. Pero hoy –sin perder su espíritu revolucionario– reclamaría del hacer poético un decidido realismo.

La tendencia realista todavía es, y Vallejo sigue siendo realista; el movimiento vanguardista ya fue, y a él no perteneció Vallejo; por lo tanto, es erróneo que ahora se pretenda encasillarlo en él.

Notas:
 
(1) Contra el secreto profesional, Lima, Mosca Azul, 1973, p. 77.
(2) Luis Monguió, La poesía postmodernista peruana, México, Fondo de Cultura Económica, 1954.
(3) Ricardo González Vigil, Poesía Peruana: Siglo XX, Lima, PetroPerú, 1999, tomo I, p. 26. Y sobre el mismo tema ha insistido en otros trabajos, Ver: Retablo de autores peruanos, Lima, Ediciones Arco Iris, 1990. 
(4) Como si quisiera decir “lo raptan, lo secuestran de él”.
(5) Cesar Vallejo, Desde Europa. Crónicas y Artículos, recopilación, prólogo, notas y documentación de Jorge Puccinelli, Lima, Ediciones Fuente de Cultura Peruana, 1987, p. XVII. 
(6) César Vallejo, El arte y la revolución, Lima, Mosca Azul Editores, 1973, pp. 72-73.
(7) José Carlos Mariátegui, Escritos juveniles. La Edad de Piedra 1. Poesía, cuento, teatro, Lima, Empresa Editora Amauta, 1987.

Economía



El “Nerviosismo” Económico Burgués


César Risso


La reducción de la tasa referencial de interés por parte del Banco Central de Reserva del Perú, da cuenta de la preocupación de la burguesía por la “desaceleración” de la economía peruana. Saben que la situación es preocupante, aunque criticaron duramente a Ollanta Humala cuando señaló que la crisis había llegado al Perú. A pesar de que están tratando de sortear la crisis con tranquilizantes para el estrés, su proceso depresivo es inevitable, y su histeria colectiva una necesidad.

La plusvalía que extrae la burguesía a los trabajadores, se reparte a través de la competencia entre la burguesía industrial, la burguesía comercial, la burguesía financiera y la burguesía propietaria de la tierra y de la infraestructura. Entre estos se da una despiadada lucha por arrebatarse el nuevo valor creado por los obreros. Adicionalmente, y con cada vez mayor presencia en la economía, a través de la especulación en la Bolsa de Valores, como un mercado de apuestas, se incentiva aún más esta suerte de rifa de las porciones de la plusvalía, en la que los burgueses se entretienen apostando el trabajo no remunerado que se apropian constantemente.

En su afiebrada interpretación de la economía, que finalmente consideran como psicología, tratan de desarrollar dosis crecientes de confianza para que la economía siga creciendo. Esta confianza no es otra cosa que una serie de medidas que favorecen al inversionista, es decir, menor presencia del estado en la economía, reducción o eliminación de los controles y, enseguida, menor protección a los trabajadores. Sin embargo, si la burguesía lograra todo esto, la crisis, como fenómeno objetivo que responde a las leyes del capitalismo, igual se haría presente. Es como si la burguesía se quisiera esconder de su sombra.

De acuerdo a la Encuesta Mensual de Expectativas Macroeconómicas: Octubre 2013 del BCR (Notas de estudios del BCRP No. 67 – 8 de noviembre de 2013), las expectativas en el nivel de ventas, en los inventarios, y en las órdenes de compra, respecto al mes anterior, son negativas. Sin embargo en los demás rubros, como situación financiera, acceso al crédito, etc., las expectativas son positivas. Es curioso que si las empresas consideran que no pueden realizar las mercancías (venderlas), crean que su negocio pueda ir bien. Entre otras cosas, a esto parecen referirse cuando hablan de confianza, es decir, que se proponen creer que les va a ir bien a pesar de que todo indica que les va a ir mal, incluso sus propias expectativas.

Esta misma encuesta, pero de noviembre del 2013 (Notas de estudios del BCRP No. 73 – 6 de diciembre de 2013), da como expectativas positivas el aumento del nivel de ventas, inventarios y órdenes de compra son positivas. Es decir, todo lo contrario del mes anterior. En cambio, la situación financiera de la empresa, expectativa de demanda de sus productos a tres meses y la expectativa de la economía a tres meses, son negativas.

Los agentes económicos burgueses no se ponen de acuerdo. Muestran en el muy corto plazo confianza y desconfianza; confianza en algunas variables y desconfianza en otras, en tanto que el mes siguiente sus expectativas cambian, tornando la confianza en desconfianza en unas variables, y lo contrario en otras. Es la anarquía de la producción reflejándose en el pensamiento de los burgueses.

En la NOTA INFORMATIVA del programa monetario de noviembre 2013, donde se señala que el BCRP redujo la tasa de interés de referencia a 4,0%, el Directorio consideró la siguiente situación: “i) el crecimiento económico se viene desacelerando a tasas por debajo de su potencial; ii) los indicadores recientes muestran un menor crecimiento de la economía mundial; iii) las expectativas de inflación se han reducido y permanecen ancladas dentro del rango meta; y iv) los factores de oferta que han elevado la inflación transitoriamente se revertirán.” Asimismo, señaló en el punto tres del mismo documento, que “Los indicadores actuales y adelantados de la actividad productiva muestran un debilitamiento en el nivel de actividad económica, que refleja un menor crecimiento de nuestras exportaciones, vinculado a la desaceleración.”

Los economistas burgueses consideran la medida del BCR como positiva, pues enfrenta el problema de la disminución de la inversión privada. Esta ha venido creciendo a tasas menores, de 20% en el 2011, a 13% en el 2012, con una proyección de crecimiento para este año de entre 5 a 6%.

La disminución de la tasa de interés reduce el costo del crédito e incentiva la inversión, pero reduce las utilidades de la burguesía financiera. Si el BCR puede controlar de alguna manera la tasa de interés, lo que no puede controlar es el precio de las materias primas. A mediados de año el precio de los metales a nivel mundial disminuyó. La situación empeoró como consecuencia de la salida de capitales de nuestra economía. Esto ha conducido al aumento del tipo de cambio, es decir que nuestra moneda nacional ha perdido valor frente al dólar, lo cual perjudica a quienes se han endeudado en dólares.

Así como va la economía, el empleo no crecerá y más bien empezará a decrecer.

Podrá la burguesía, con las cuotas de confianza que reclama, que le sirven de autoconsuelo, sortear la crisis, cuyos aspectos objetivos se van agudizando, y se pueden medir con la precisión de las ciencias naturales.





El Capital, las Estrategias de Desarrollo Local y las ONG:
Una Reflexión Crítica de Interrelaciones


Jan Lust Van Zeeland


Resumen: El objetivo del proyecto capitalista de desarrollo es facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital. Las estrategias de desarrollo local tienden a desmovilizar la población, a desviar la atención de los pobres de las estructuras de poder político y económico reales y asegurar los pilares locales del sistema capitalista global. Las ONG, que son financiadas por las agencias de cooperación internacional para el desarrollo, son las transmisoras adecuadas de estas estrategias y podrían ser consideradas como las bases locales del imperialismo.

Introducción

Desde hace unos sesenta años los teóricos del desarrollo están discutiendo el problema del “subdesarrollo” y las cuestiones relacionadas con la misma en lo que se ha denominado como el Tercer Mundo. Hasta la fecha, no han sido capaces de encontrar e introducir soluciones duraderas al problema de “subdesarrollo”.

Las estrategias que han sido implementadas para hacer frente a la cuestión del “subdesarrollo” tomaron, y toman aún, las restricciones del modo capitalista de producción y distribución como algo dado. De hecho, aunque los teóricos del desarrollo que elaboraron sus estrategias en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, criticaron las estructuras externas e internas que hicieron el “progreso” muy difícil y elaboraron propuestas que apuntaron a un cambio de estas estructuras; sin embargo, estas proposiciones fueron confinadas dentro del marco general capitalista. Se podría argumentar que estos teóricos estaban más preocupados por la expansión del sistema capitalista y la mejora de su funcionamiento que por las causas fundamentales del “subdesarrollo” en si.

En la actualidad, las estrategias de desarrollo no cuestionan las causas del “subdesarrollo”, al igual que los teóricos de desarrollo de los años 50 y 60. Todo esto es comprensible, ya que la correlación de fuerzas de clase al nivel internacional favorece las clases dominantes y estos no están interesados ​​en erradicar las raíces de “subdesarrollo”. Incluso podría decirse que todas las estrategias de desarrollo que no rompen las restricciones del modo de producción capitalista se oponen a los intereses (históricos) de las clases dominadas, ya que tratan de desviar la atención de las clases populares del proceso hacia la creación de una sociedad basada en los principios socialistas.

En este artículo se discute la relación entre el proyecto capitalista de desarrollo, las estrategias de desarrollo local y el papel de las organizaciones non-gubernamentales (ONG) financiadas internacionalmente. Intentamos mostrar que las estrategias de desarrollo local, como parte del proyecto capitalista de desarrollo general, son las más apropiadas para mantener la base de la acumulación de capital. Las iniciativas de desarrollo local financiadas por las agencias de cooperación internacional para el desarrollo y ejecutados por los ONG podrían, incluso, ser consideradas como reaccionarias, ya que encierran a la población en sus comunidades y parecen tener la intención de desviarla de la lucha contra las causas reales de la explotación, la opresión y la miseria.

El Proyecto Capitalista de Desarrollo y la Transformación Social de la Sociedad

El proyecto de desarrollo que surgió a finales de los años 40 ─el Programa de Cuatro Puntos lanzado en 1949 por el expresidente de los Estados Unidos, Harry Truman─ estaba destinado a mantener a los países recientemente descolonizados en el “mundo libre” de la explotación capitalista y la opresión. Durante el paso del tiempo, este proyecto no ha cambiado su objetivo esencial, es decir, facilitar y crear bases para la expansión de la acumulación de capital por parte de las empresas del “Norte”.

El modo de producción capitalista se basa en la propiedad privada de los medios de producción. Sobre la base de esta propiedad, el capitalista individual es capaz de extraer plusvalía de los productores directos y transformarla en capital con el fin de sobrevivir en la “batalla” con otros capitalistas y para expandir su producción. Esta relación de explotación muestra que los explotadores (capitalistas) no solo necesitan a los explotados (los productores) para su propia supervivencia como capitalistas, sino también deben mantener (reproducir) esta relación para sobrevivir como clase. Una transformación social de la sociedad implicaría la transferencia de los medios de producción en manos de la sociedad a través de un proceso de nacionalización y socialización y, por tanto, la eliminación política y económica, como clase, de los dueños de los medios de producción. Los programas de desarrollo descartan esta posibilidad o, más bien, intentan aumentar la base económica, social e ideológica del modo de producción capitalista.

El estado, en la sociedad capitalista, es un colectivo de todos los organismos institucionales que sirven al propósito del capital colectivo. Su tarea principal es la de mantener las condiciones generales para la reproducción del modo de producción capitalista. Sin embargo, los proyectos de desarrollo incluyen, en muchas ocasiones, organismos del estado como socios y no los consideran como enemigo de clase. Una transformación social de la sociedad apunta a la destrucción del estado capitalista y de una democratización profunda de la sociedad.

La globalización neoliberal es la forma institucionalizada, al nivel mundial, de la explotación y la opresión por parte del centro capitalista. Bajo el liderazgo de los Estados Unidos, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) sirven a los intereses de las corporaciones transnacionales. Los proyectos de desarrollo financiados por instituciones internacionales no tienen el objetivo de superar las causas fundamentales del “subdesarrollo”, sino “para allanar el camino para el capital, para crear las condiciones necesarias para el desarrollo económico y social”. (Petras y Veltmeyer, 2011: 105).

Las relaciones entre el centro y la periferia podrían definirse en términos políticos, económicos y militares como dominación y dependencia. Estas relaciones son, sin embargo, no lineales y estáticas, sino dinámicas y cambian con el tiempo (Petras y Veltmeyer, 2011: 105). Aunque los capitalistas del “Norte” y del “Sur” tienen conflictos de intereses económicos y pueden tener objetivos políticos opuestos, sin embargo, estos conflictos se desvanecen cuando el propio sistema está cuestionado o está en peligro. Es precisamente por estas razones que los proyectos de desarrollo financiados internacionalmente tienen la intención de: i) ayudar a mantener la estabilidad política que podría verse afectada por la rebelión de las masas empobrecidas y hambrientas, ii) encerrar a la población en proyectos de pequeña escala como un medio para mistificar las estructuras que yacía en el fondo de su situación socio-económica particular, y iii) el desarrollo de los pequeños mercados locales como mecanismos para la generación de ingresos y para la difusión de la ideología capitalista. Una sociedad en camino a la transformación social rompe las cadenas con el centro capitalista, levanta su población de la miseria y la convierte en objeto y sujeto de su propio desarrollo.

Estrategias de Desarrollo Local: Sus Limitaciones y su Idoneidad para el Capital

La elaboración y la implementación de las estrategias de desarrollo local están recibiendo cada vez mayor atención. La resistencia contra las políticas neoliberales impuestas por Washington formó exactamente una de las principales razones para la implementación de nuevas estrategias de desarrollo. Las estrategias que apuntaron a la participación de los pobres en la elaboración y ejecución de proyectos de desarrollo (“empoderamiento”) y que podrían ser convertidas en pilares locales del sistema capitalista en general fueron consideradas como las más apropiadas.

El “empoderamiento” de los pobres, es decir, dar a los pobres la capacidad de toma de decisiones sobre cuestiones relacionadas a los proyectos de desarrollo local, no es más que una construcción ideológica ya que las clases dominantes no son dispuestas a transferir o compartir su poder real. Dado que estos proyectos se limitan a pequeñas comunidades y no son una amenaza para las estructuras que causan su pobreza, el “empoderamiento” de los pobres es ilusorio. Además, al dar a los pobres la administración y la responsabilidad sobre su “propio desarrollo”, distrae su atención a las estructuras de poder político y económico real y restringe sus actividades al entorno local (Veltmeyer, 2011: 188). El “empoderamiento” sirve al objetivo de mantener a los pobres lejos de los movimientos sociales que cuestionan las estructuras de explotación y opresión de la sociedad.

Es posible identificar tres razones generales porque las estrategias de desarrollo local podrían ser consideradas como las más adecuadas para los intereses del capital, además de la pertinencia de las estrategias de desarrollo en general para el capital como se ha descrito en la sección anterior. En primer lugar, estas estrategias no cuestionan el sistema. Están permitidas y controladas por el estado. En realidad, como reproducen las estructuras sociales y económicas “externas” y, en cierto modo, agrandan el mercado interno (local), las estrategias de desarrollo local sostienen, difunden y profundizan la ideología capitalista en la sociedad.

En segundo lugar, las estrategias de desarrollo local no toman en cuenta las existentes estructuras de clase dentro de las comunidades. Como Veltmeyer (2003: 44) sostiene, las comunidades no sólo están divididas en clases, pero con frecuencia están sumergidas en conflictos de clase. Aunque, como era de esperar, esto hace la implementación de estas estrategias bastante difíciles porque ningún proyecto es capaz de incluir o representar a toda la población o comunidad, esto no es de ninguna preocupación como las estrategias de desarrollo local tienen el objetivo de ocultar y distraer la atención de estas estructuras de clase.

En tercer lugar, las estrategias que apuntan al desarrollo local están condicionadas y limitadas por las estructuras externas y los intereses nacionales e internacionales, muchas veces plasmados en los tratados bilaterales de libre comercio y acuerdos de cooperación firmados con el FMI, el BM y la OMC. A medida que estas estructuras son consideradas como dadas y no pueden ser cambiadas y retadas, las estrategias de desarrollo local contribuyen a la desmovilización de la población contra la invasión “extranjera” de sus territorios. En el contexto de la creciente presencia de las industrias extractivas en las zonas de las comunidades indigenas, estas estrategias tienen el objetivo de moldear la aceptación de esta población ante el ataque a sus hábitats y medios de subsistencia mediante la introducción de proyectos que podrían proporcionar fuentes alternativas de generación de ingresos.

Las agencias que promueven las estrategias de desarrollo local tienen sus oficinas en los centros imperialistas. Aquellos que con frecuencia ponen en práctica estas estrategias, tienen sus bases en los países que son objeto de estas estrategias. A estos organismos nos dirigimos en la siguiente sección.

Organizaciones Non-Gubernamentales: Transmisores del Proyecto Capitalista de Desarrollo

Las estrategias de desarrollo local han sido, frecuentemente, elaboradas y ejecutadas por las ONG.[1] No ponemos en duda los objetivos, a menudo bien intencionados, de personas que trabajan para estas organizaciones. Sin embargo, esto no nos puede retener de un análisis crítico del significado político de las ONG y su función para el capital.

Las ONG están, en muchos casos, financiadas por las agencias internacionales de cooperación para el desarrollo.[2] Estas agencias fueron creadas para facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital por parte de las corporaciones del “Norte”. Las ONG tienen la tarea de introducir una retórica colaboracionista de clase. Destacan los proyectos y no los movimientos, y se centran en los aspectos financieros-técnicos de la ayuda de los proyectos en vez en las condiciones estructurales que moldean la vida de la gente todos los días (Petras y Veltmeyer, 2003: 169, 172).

Las ONG no solo son directas e indirectamente funcionales para el capital, sino también su existencia se ajusta perfectamente dentro de la ola de la globalización neoliberal que atormentaba a los llamados países en desarrollo en los años 80 y 90. Como “pertenecen” a lo que se ha denominado la sociedad civil, convenía increíblemente bien a la agenda neoliberal. El retiro del estado de su “función de desarrollo” en la década de 80 permitió a estas organizaciones a hacerse cargo, en cooperación con el estado (Petras, 2011: 94), de algunas de sus funciones sociales claves. Además, al pasar estas funciones a la “sociedad civil”, las clases dominantes lograron dirigir la atención de las masas empobrecidas a sí mismas en lugar de las estructuras opresoras que causan su miseria.

Las agencias de cooperación internacional para el desarrollo, y en particular las ONG financiadas por estas agencias, podrían ser consideradas como las suaves manos reaccionarias del capital como su función política es contribuir a evitar todos los caminos posibles hacia un sistema en el cual los seres humanos son las fuerzas impulsoras de desarrollo de la sociedad en lugar de los intereses y necesidades del capital (transnacional). Estas ONG están creadas para hacer la práctica de la explotación y la opresión menos cruel y políticamente aceptable para la población, los encierran a alternativas de desarrollo local que no forman ninguna amenaza para la burguesía local y mistifican y desvian el descontento con respecto a las estructuras de poder de las corporaciones con el fin de evitar el análisis de clase del imperialismo y la explotación capitalista (Petras y Veltmeyer, 2003: 166).

Conclusiones: Transformación Social en Vez de Desarrollo

Las estrategias de desarrollo local que se implementan dentro de una sociedad capitalista sirven, esencialmente, a los intereses de las clases dominantes, ya que estas estrategias no apuntan a una transformación social, sino más bien tratan de ampliar y profundizar las bases para la acumulación del capital. En las sociedades capitalistas que apuntan, en cierto modo, a la transformación social, como es actualmente en Venezuela y Bolivia, consideramos, sin embargo, las estrategias locales de desarrollo cruciales para la continuación, profundización y aseguramiento de este proceso, ya que podría aumentar sus bases de apoyo en la sociedad.

La idoneidad de las estrategias de desarrollo local para el capital no nos lleva a rechazar estas estrategias ya que consideramos que estas son importantes no sólo para la reducción de la pobreza, sino también podrían ser utilizadas por las fuerzas revolucionarias para elevar la conciencia de clase de la población cuando ellos vinculan la “problemática local” con el sistema social; cuando son capaces de conectar cuestiones locales con temas nacionales e internacionales y estructuras de poder.

La lucha para la transformación social al nivel local, no debe conducir a las fuerzas revolucionarias a tratar de convertir a las ONG que son financiadas por las agencias imperialistas de apoyo en catalizadores de un proceso revolucionario hacia el socialismo. Las iniciativas que apuntan a este objetivo estarán, indudablemente, sujetas a la corrupción y provocan un debilitamiento general de las fuerzas para la transformación social. La obra política e ideológica devastadora de estas ONG ha de ser combatida creando estructuras locales independientes para la transformación social y desarrollar y promover alternativas concretas revolucionarias.[3]

Una estrategia que apunta a la transformación social de la sociedad necesariamente tiene que estar basada en la conciencia social de la población y su situación socio-económica, ya que es la única manera de conectar el proyecto de transformación social a la realidad de las masas y conquistar su conciencia. La necesidad de cambio comienza con la conciencia de que esto es posible.

Bibliografía

Petras, James (2011), “Globalización, imperialismo y desarrollo”, en Henry Veltmeyer (coord.), Herramientas para el cambio: Manual para los estudios críticos del desarrollo, La Paz, Plural editores.

Petras, James & Henry Veltmeyer (2011), “Rethinking imperialist theory and US imperialism in Latin America”, en HAOL, no. 26.

Petras, James & Henry Veltmeyer (2003), La globalización desenmascarada. El imperialismo en el siglo XXI, México D.F., Miguel Ángel Porrúa, UAZ.

Veltmeyer, Henry (2011), “Capital social y desarrollo local”, en Henry Veltmeyer (coord.), Herramientas para el cambio: Manual para los estudios críticos del desarrollo, La Paz, Plural editores.

Veltmeyer, Henry (2003), “La dinámica de la comunidad y las clases sociales”, en Henry Veltmeyer & Anthony O’ Malley (coords.), En contra del neoliberalismo. El desarrollo basado en la comunidad en América Latina, México, Miguel Ángel Porrua, UAZ.





[1] Con el fin de ser absolutamente claro acerca de este asunto, nos gustaría hacer hincapié en la palabra “frecuentemente”. Las ONG no son las únicas agencias que elaboran e implementan estrategias de desarrollo local. Va más allá del propósito de este artículo para identificar los otros actores.
[2] En lo que sigue, nos referimos específicamente a las ONG que son financiadas por las agencias internacionales de cooperación para el desarrollo. Somos conscientes de la existencia de ONG que no se ubican en la categoría de “'transmisores del proyecto capitalista de desarrollo” y tampoco están financiadas por estas agencias.
[3] Cuando se habla sobre la construcción de las estructuras locales de transformación social, no nos referimos a la creación de estructuras de poder dual, sino más bien a las bases políticas y sociales a nivel local.
CREACIÓN HEROICA