sábado, 4 de diciembre de 2010

EL PUNTO DE VIRAJE:
LA REVOLUCIÓN CUBANA*

                                                                                                                         Julio Roldán


En 1958 Vargas Llosa, después de su estadía en Madrid, viajó a París; su deseo de convertirse en escritor en Europa comenzaba a materializarse. Para ese entonces él militaba en la Democracia Cristiana y mantenía una estrecha relación con su ex-profesor y empleador, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Manuel Prado, Raúl Porras Barrenechea.

El primero de enero de 1959 los guerrilleros cubanos, encabezados por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, entre otros, toman el poder en Cuba. Las repercusiones fueron muy grandes en el continente americano. El gobierno de los EE. UU inmediatamente presionó a los gobiernos latinoamericanos para que voten a favor de la expulsión de este país de la Organización de Estados Americanos y con ese aval, iniciar el bloqueo a la isla. En la reunión de cancilleres celebrada en Costa Rica en 1960, Porras, como canciller peruano, votó en contra de esta orientación, que era también de su gobierno, motivando la posterior renuncia al cargo.

Vargas Llosa viviendo en París y emocionado con el triunfo de la revolución, y en solidaridad con su ex-maestro, sin mayores problemas ideológicos da una vez más un giro de 180°; repentinamente abandona la contrarrevolución, ignora la reforma, y se reconcilia con la revolución, con el socialismo concretizado en Cuba. Vargas Llosa se aleja sin mayores problemas teóricos-conceptuales del espiritualismo y la metafísica, que es la base teórico-conceptual de la Democracia Cristiana, para volver al materialismo dialéctico, del cual "ya no creía ni una palabra" cuatro años antes. El novelista, de la manera más natural, explica este giro así: "Sin embargo no me aparté de la Democracia Cristiana (renunciaría a ella años después, desde Europa, por su tibieza en defender a la revolución cubana, cuando ésta se convirtió para mí en apasionada causa) ...". (Vargas Llosa 1993: 301)

Desde el triunfo de la revolución en la isla, hasta los primeros meses de 1967, Vargas Llosa es dentro del contexto de los escritores latinoamericanos, y especialmente del BOOM, uno de los más entusiastas adherentes a la causa cubana; incluso fue quien incitó y convenció a Julio Cortázar de la necesidad política y humana, no sólo de apoyar, sino hasta de militar en las filas de la revolución. Vargas Llosa militó desde el año 1965 hasta 1971 (no en el partido), entre otras formas, como miembro del Comité de dirección de la revista Casa de las Américas.

En 1962, en un artículo periodístico titulado EN CUBA, PAÍS SITIADO, denuncia el bloqueo estadounidense en estos términos: "Los pasajeros del Britania de la Compañía Cubana de Aviación experimentamos en carne propia el bloqueo impuesto a Cuba por los Estados Unidos antes de llegar a La Habana, en el mismo aeropuerto de México". (Vargas Llosa 1990: 23)

Y en otro artículo del mismo año, escribe: " ... la revolución está sólidamente establecida y su liquidación sólo podría llevarse a cabo mediante una invasión directa y masiva de Estados Unidos, operación que tendría consecuencias incalculables; y, en segundo lugar, el socialismo cubano es singular, muestra diferencias flagantes con el resto de los países del bloque soviético y este fenómeno puede tener repercusiones de primer orden en el porvenir del socialismo mundial". (Vargas Llosa 1990: 30)

En estos años escribe una serie de ensayos y artículos donde denunciaba al sistema capitalista y su expresión político-social, el Estado y la burguesía, como los causantes de los terribles males que padecen los pueblos. Su adhesión a la revolución, al socialismo, y naturalmente a Cuba, ocupaba un lugar preferente en su vida; además Vargas Llosa materializaba otras acciones de solidaridad en apoyo a las luchas de los pueblos, tanto en Perú como en el extranjero.

En el nivel de sus escritos, los artículos HOMENAJE A JAVIER HERAUD, TOMA DE POSICIÓN, UNA VISITA A KARL MARX, EN UN PUEBLO NORMANDO, RECORDANDO A PAUL ESCOBAR, los comentarios y homenajes a Sebastián Salazar Bondy y Jean-Paul Sartre, son bastante reveladores del compromiso del novelista con la revolución y el socialismo.

En 1965, en TOMA DE POSICIÓN, ante el inicio de las guerrillas en Perú Vargas Llosa escribe: "... para que el campesinado disfrute de la tierra que trabaja, para que el obrero lleve una vida digna, para que las clases medias no vivan bajo un complejo permanente de frustración, para que el país sea el beneficiario de sus riquezas y para que el Estado sea el árbitro de su destino no queda otro camino que la lucha armada. Por ello, aprobamos la lucha armada iniciada por el MIR, condenamos a la prensa interesada que desvirtúa el carácter nacionalista y reinvidicatorio de las guerrillas, censuramos la violenta represión gubernamental -que con el pretexto de la insurrección pretende liquidar las organizaciones más progresistas y dinámicas del país- y ofrecemos nuestra caución moral a los hombres que en estos momentos entregan su vida para que todos los peruanos puedan vivir mejor". (Vargas Llosa 1990: 92)

En el artículo SARTRE Y EL MARXISMO, y en directa alusión a la democracia liberal, afirma: "La explicación de las falacias de la democracia liberal ('donde todo el mundo tiene los mismos derechos, pero no el mismo derecho de disfrutar de ellos'), de la mentira sutil que es la libertad en una sociedad donde la desigual distribución de la riqueza que hace de los individuos privilegiados o desamparados desde que nacen, es convincente y, por desgracia, actual. También, el análisis de esa invisible alquimia mediante la cual el ejercicio del derecho de voto -aun en elecciones puras, con participación de todos los partidos y una previa campaña electoral irreprobable-, se convierta en una ceremonia vacía, en pura forma, si las bases sobre las que reposa la vida de una nación están viciadas".

Y en cuanto a la violencia político-social, continúa: "La sociedad reconoce esta violencia cuando ella se traduce en refriegas callejeras, huelgas, atentados y, explicablemente, la condena. ¿Pero nacen esos hechos por generación espontánea? ¿Son, los obreros, turbulentos por vocación? Sartre describe con lujo de detalles esa otra violencia, solapada y constante, que no muestra la cara y sin embargo también mata y destruye, y que tiene, como una hiedra, mil cabezas: analfabetismo, desempleo, desnutrición, miseria. Aquellos estallidos son, en realidad, respuestas directas por la cólera o la extrema penuria a un sector de la sociedad contra el que otro sector ejerce, permanentemente, una violencia, más discreta, sí, pero mucho más cruel". (Vargas Llosa 1990: 89 y 90)

Y en otro artículo de 1966 cuando se refiere a la situación en América Latina, dice: "Las clases dominantes latinoamericanas, en cambio, han sido en el campo cultural tan ineptas, ruines e injustas como en la economía o en las relaciones sociales; los países que nos han entregado son países analfabetos, sin vida cultural, con una vida literaria y artística embrionaria o alienada, sin escritores, sin editoriales. No tenemos, pues, nada que defender del sistema imperante: somos sus adversarios y debemos luchar por su desaparición, no sólo como ciudadanos sino también como intelectuales. Y el sistema que reemplace al actual sólo puede ser socialista". (Vargas Llosa 1990: 105)

En ese mismo año, tomando como ejemplo al escritor Sebastián Salazar Bondy en el caso de Perú, afirma: "El escritor no puede pedir cuenta por falta de una cultura nacional a quienes no tuvieron jamás la oportunidad de crearla porque vivieron vejados y asfixiados. Su resentimiento, su furor se vuelven lógicamente hacia ese sector privilegiado del Perú que sí sabe leer y sin embargo no lee, a esas familias que sí están en condiciones de comprar libros y no lo hacen, hacia esa clase que tuvo en sus manos los medios de hacer del Perú un país culto y digno y no lo hizo: No es extraño, por eso, que en nuestro país se pueda contar con los dedos de una mano a los escritores de algún valor que hayan hecho causa común con la burguesía. ¿Qué escritor que tome en serio su vocación se sentiría solidario de una clase que lo castiga, por querer escribir, con frustraciones, derrotas y el exilio?. Por el hecho de ser un creador, aquí se ingresa en el campo de víctimas de la burguesía. De ahí hay sólo un paso para que el escritor tome conciencia de esta situación, la reivindique y se declare solidario de los desheredados del Perú, enemigo de sus dueños". (Vargas Llosa 1990: 132)

Por último, en otra parte del mismo ensayo en torno la juventud, añade: "Pero, ya sabemos, la 'juventud es idealista e impulsiva' y no es difícil tomar una decisión audaz cuando se tienen veinte años; lo notable es ser leal a ella contra viento y marea a lo largo del tiempo, seguir nadando contra la corriente cuando se han cumplido cuarenta o más. El mérito de Sebastián está en no haber sido, como la mayoría de los adolescentes peruanos que ambicionan escribir, un desertor". (Vargas Llosa 1990: 115)

En 1966 Vargas Llosa expresó por primera vez, públicamente, su desacuerdo con el "socialismo soviético". Fue con motivo del enjuiciamiento y condena a los escritores Andrei Siniavski y Yuli Daniel, (hecho que se repitió un año más tarde con el novelista Alexander Solzhenitsin). Vargas Llosa sostiene: "Los escritores que creemos en el socialismo y que nos consideramos amigos de la URSS debemos ser los primeros en protestar, con las palabras más enérgicas, (...) los primeros en decir sin rodeos nuestro estupor y nuestra cólera. Este acto injusto, cruel e inútil no favorece en nada al socialismo y sí lo perjudica ...". (Vargas Llosa 1990: 107)

En 1967 Vargas Llosa recibió el Premio Rómulo Gallegos otorgado por el gobierno venezolano, en mérito a su novela LA CASA VERDE. Conociendo la posibilidad de ser premiado, semanas antes Vargas Llosa informó a los cubanos de esta posibilidad. Años después Vargas Llosa rememoró los hechos de esta manera: "A mí me comunicaron un día en París que yo estaba entre los finalistas del premio Rómulo Gallegos. (...) Yo tenía una relación muy estrecha con la revolución cubana en ese tiempo y cometí el error -aunque al final resultó totalmente positivo haberlo hecho- de decirle a Alejo Carpentier, que era el agregado cultural de Cuba en París, que yo quería conocer la opinión de Cuba sobre este premio, porque había la posibilidad que me lo otorgasen". (Setti 1989: 147 y 148)

La opinión de Cuba fue positiva y además preguntaron a Vargas Llosa, a través de una carta de Haydée Santamaría a Alejo Carpentier, si él podría donar el monto del premio a la guerrilla que dirigía el Che Guevara en la selva boliviana;  luego Cuba, según la versión de Vargas Llosa, le devolvería el dinero para no perjudicarlo. Vargas Llosa consideró que eso era una farsa y no aceptó. Años después recordando este hecho, declaró: "Es una cosa que a mí me ofende muchísimo". (Setti 1989: 149)

Este episodio fue el primer disentimiento entre la revolución y el novelista. Los cubanos sostienen que el fondo del problema fue el dinero. Vargas Llosa, por el contrario, que fue la moral. De cualquier modo, en el discurso de recibimiento del premio Vargas Llosa, cuando menciona a Cuba, lo considera como ejemplo a seguir en América Latina: "Pero dentro de diez, veinte o cincuenta años habrá llegado a todos nuestros países, como ahora a Cuba, la hora de la justicia social y América Latina entera se habrá emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y la reprimen. Yo quiero que esa hora llegue cuanto antes y que América Latina ingrese de una vez por todas en la dignidad y en la vida moderna, que el socialismo nos libere de nuestro anacronismo y nuestro horror". (Vargas Llosa 1990: 179)

Por estos tiempos para Vargas Llosa el "socialismo auténtico" estaba representado por la Unión Soviética y Cuba. En la polémica desarrollada a partir del XX Congreso del PCUS, la que se hizo pública a comienzos de la década del 60, a la cual se le denominó "marxismo-revisionismo", cuando Mao Tse Tung denunciaba al PCUS de "revisionista" y a la vez sostenía que en este país se "restauraba aceleradamente el capitalismo" ya que "una nueva burguesía se había adueñado del poder en la patria de Lenin", Vargas Llosa, luego de una visita a este país en 1968, toma posición en favor de los rusos y lo hace público, en estos términos: "La primera de las 'ideas recibidas' sobre la URSS, que, desde la polémica chino-soviética, está enormemente arraigada es la siguiente: la revolución se ha aburguesado. Esta convicción significa que en la URSS se ha iniciado un proceso, todavía lento pero inequívoco, de renacimiento del capitalismo. Para otros, que el socialismo soviético ha perdido su carácter internacionalista, (...) La primera de estas afirmaciones me parece falaz. No hay indicio en el sistema soviético de una resurrección del capitalismo. Las reformas económicas interpretadas en tal sentido, son medidas de descentralización, destinadas a dar una autonomía mayor a las industrias y a estimular el desarrollo regional, a aligerar la producción de trabas burocráticas y despertar la iniciativa local e individual que el excesivo centralismo sofocaba. Pero nada indica que, aun de tímida y oblicua manera, se esté restaurando la propiedad privada de los medios de producción". (Vargas Llosa 1990: 206)

Un año después del problema crematístico o moral a consecuencia del Premio Rómulo Gallegos, vino el segundo desencuentro entre el novelista y la revolución cubana y esto tuvo que ver con la invasión de Checoslovaquia por las fuerzas del Pacto de Varsovia en mayo de 1968. Tres meses después Vargas Llosa se manifiesta en contra de esta acción, lo hace en estos términos: "La intervención militar de la Unión Soviética y de sus cuatro aliados del pacto de Varsovia contra Checoslovaquia es, pura y simplemente, una agresión de carácter imperial que constituye una deshonra para la patria de Lenin, una estupidez política de dimensiones vertiginosas y un daño irreparable para la causa del socialismo en el mundo". (Vargas Llosa 1990: 219)

Esta opinión está en total contradicción con la de los dirigentes cubanos, la que fue expuesta a través de Fidel Castro en el llamado Discurso sobre Checoslovaquia, pronunciado el 30 de agosto de ese año. Lo central del discurso se puede resumir en esta línea: "Aceptamos la amarga necesidad que exigía mandar tropas a Checoslovaquia". En la polémica que se desarrolló por ese entonces con el crítico Óscar Collazos, la que se prolongó hasta 1970, Vargas Llosa defiende sus puntos de vista discrepantes con los de Castro; pero a la vez reconociendo los logros de la revolución en Cuba, escribe: "Una revolución, si es auténtica, suprime un cierto tipo de injusticias radicales, establece una relación más racional y humana entre los hombres y a mí no me cabe duda, por ejemplo, que en Cuba ha ocurrido así". (Vargas Llosa 1990: 236)

En enero del 1971, Vargas Llosa y otros miembros del comité de la revista CASA DE LAS AMÉRICAS, saludan un aniversario más de la revolución en la isla y lo hacen en estos términos: "A doce años del triunfo de la Revolución Cubana, la fisonomía política y social de la América Latina muestra inequívocamente que el proceso de liberación de nuestros pueblos alcanza ya su dimensión continental. Ello solo bastaría para probar que el sacrificio de hombres como el Che y tantos otros combatientes, además de heroico y generoso, ha sido útil". (Autores varios 1995: 119)

En el mes de marzo del mismo año será detenido, entre otros intelectuales, el poeta Heberto Padilla. Uno de los intelectuales que individual y colectivamente protestó por esta detención y la posterior autocrítica de Padilla, fue Vargas Llosa. En la primera carta colectiva de protesta de los intelectuales se observa un tono bajo y conciliador. La respuesta de Fidel Castro fue tajante y sostenía que estos intelectuales burgueses eran agentes de la CIA y por eso no pondrían más los pies en Cuba.

Por su parte la respuesta colectiva de los intelectuales al discurso de Castro fue mucho más enérgica, el redactor principal fue Vargas Llosa, en uno de sus párrafos dicen: "Con la misma vehemencia con que hemos defendido desde el primer día la Revolución Cubana, que nos parecía ejemplar en su respeto al ser humano y en su lucha por su liberación, lo exhortamos a evitar a Cuba el oscurantismo dogmático, la xenofobia y el sistema represivo que impuso el estalinismo en los países socialistas, y del que fueron manifestaciones flagrantes sucesos similares a los que están ocurriendo hoy en Cuba". (Autores varios 1971: 124)

Vargas Llosa escribió una carta personal dirigida a Haydée Santamaría, directora de la CASA DE LAS AMÉRICAS. La misiva comienza con estos términos: "Le presento mi renuncia al Comité de la revista de la Casa de las Américas, al que pertenezco desde 1965, y le comunico mi decisión de no ir a Cuba a dictar un curso, en enero, como le prometí durante mi último viaje a la Habana. Comprenderá que es lo único que puedo hacer luego del discurso de Fidel fustigando a los 'escritores latinoamericanos que viven en Europa', a quienes nos ha prohibido la entrada a Cuba `por tiempo indefinido e infinito' ". Vargas Llosa termina su carta con estas líneas: "Sé que esta carta me puede acarrear invectivas: no serán peores que las que he merecido de la reacción por defender a Cuba". (Autores varios 1971: 122)

La Directora de la revista respondió: "Usted sabe que el comité de la revista Casa de las Américas al cual supuestamente renuncia, de hecho no existe ya, pues, a sugerencia de este organismo se acordó en enero de este año, en declaración que usted mismo suscribió, ampliarlo en lo que significaba sustituirlo por una amplia lista de colaboradores de la revista -y de la institución-. Y esta medida obedeció al hecho evidente de que hacía mucho tiempo que era inaceptable la divergencia de criterios en dicho comité: criterios que iban desde los realmente revolucionarios, y que eran los de la mayoría, hasta otros cada vez más alejados de posiciones revolucionarias, como habían venido siendo los de usted".

En cuanto a las invectivas, Haydée le recordó los hechos del 67: "Sin embargo, Vargas Llosa, pocos como usted conocen que no ha sido nunca costumbre nuestra proferir invectivas contra gentes como usted. Cuando en abril de 1967 usted quiso saber la opinión que tendríamos sobre la aceptación por usted del premio venezolano Rómulo Gallegos, otorgado por el gobierno de Leoni, que significaba asesinato, represión, traición a nuestros pueblos, nosotros le propusimos un acto audaz, difícil y sin precedentes en la historia cultural de nuestra América: le propusimos que aceptara ese premio y entregara su importe al Che Guevara, a la lucha de los pueblos. Usted no aceptó esa sugerencia: usted se guardó ese dinero para sí, usted rechazó el extraordinario honor de haber contribuido, aunque fuera simbólicamente, a ayudar al Che Guevara".

Además de insistir en sus críticas por el caso Checoslovaquia y el financiamiento de la revista LIBRE, de la cual era Vargas Llosa miembro del Comité Directivo, con el dinero del "zar del estaño" el boliviano Patiño le dice: "Ella lo presenta de cuerpo entero como lo que nos resistimos a aceptar que usted fuera: la viva imagen del escritor colonizado, despreciador de nuestros pueblos, vanidoso, confiado en que escribir bien no sólo hace perdonar actuar mal, sino permite enjuiciar a todo un proceso grandioso como la revolución cubana, que, a pesar de errores humanos, es el más gigantesco esfuerzo hecho hasta el presente por instaurar en nuestras tierras un régimen de justicia". (Autores varios 1971: 124)

De esta manera las contradicciones entre Vargas Llosa y la línea que orientaba la Revolución Cubana quedaron, a través de la ruptura, aclaradas. Vargas Llosa se alejó del socialismo, de la revolución; y piensa que la dirigencia cubana utilizó a los escritores y llegado el momento dado, cuando ya no le servían, buscó pretextos para deshacerse. Los cubanos y algunos estudiosos, como Lauer y Gutiérrez, en sus trabajos aquí citados, sostienen todo lo contrario, especialmente, en el caso del novelista peruano.

A pesar del distanciamiento Vargas Llosa aún en 1974 escribió: "Sé las razones y me he repetido miles de veces todos los atenuantes. El duro imperio de las realidades económicas, los recursos escasos de una pequeña isla subdesarrollada y el gigantesco y salvaje bloqueo impuesto por el imperialismo para ahogarla, no podían permitir que prosperara ese socialismo en libertad del principio. (...) Sé también que la desaparición de toda forma de discrepancia y de crítica interna, no es inconciliable en Cuba -como no lo es en ningún país socialista- con la preservación de las reformas esenciales que, básicamente, establecen un orden social, para la mayoría, más equitativo y decente que el que puede garantizar el sistema capitalista. Por eso, a pesar del horror biológico que me inspiran las sociedades policiales y el dogmatismo, los sistemas de verdad única, si debo elegir entre uno y otro, aprieto los dientes y sigo diciendo: 'con el socialismo' ". (Vargas Llosa 1990: 299)

Y finalmente el año 1978 reconocerá, por última vez, los logros del sistema socialista, lo hace en estos términos: "... quiero advertir que aunque mi crítica al sistema de censura en el socialismo es frontal, estoy lejos de sostener, como lo hacen los anticomunistas conservadores, que todo en los países socialistas es negativo. Eso es injusto y falso. Hay, en ellos, logros indiscutibles y muy dignos de servir de ejemplo a un país como el nuestro, donde casi todo está por hacer. Por ejemplo, es admirable lo que el socialismo ha conseguido en el campo de la alfabetización y de la educación, en el de la salud pública, en el de los deportes, en el abaratamiento y popularización de la cultura, etc". (Vargas Llosa 1986: 72)

Desde esta fecha hasta iniciado el nuevo milenio, Vargas Llosa ha mantenido una actitud de lucha constante contra el régimen cubano. En una actitud algo nostálgica, en 1998, explicó su interés por Cuba, así: "Para mí Cuba es algo muy importante, es uno de los temas centrales en mi vida. Entonces sería absurdo si yo fuera a Cuba y no tocara el tema político. Pero si puedo ir y dialogar sobre lo que yo pienso, mañana mismo". (Méndez 1998: 53)

Deseamos terminar este punto con una reflexión del ex-comunista Ernesto Sábato, el novelista argentino relacionando escritores, revolución y rebeldía, escribió: "El escritor de ficciones profundas es en el fondo un antisocial, un rebelde, y por eso a menudo es compañero de ruta de los movimientos revolucionarios. Pero cuando las revoluciones triunfan, no es extraño que vuelva a ser un rebelde". (Sábato 1997: 109) Claro que lo único que falta saber es en que dirección se orienta esa, casi siempre justificada, rebeldía.

En estos años de militante en las filas de la Revolución Cubana es cuando, en el plano de creación, Vargas Llosa publicó LA CIUDAD Y LOS PERROS, LA CASA VERDE, y según él, junto a LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO, su mejor novela: CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL. De esta última novela, ambientada en Perú de los años 50, deseamos transcribir un diálogo desarrollado entre Santiago y Carlitos. Allí se rememora una reunión con Jacobo (Félix Arias Schreiber), Aída (Lea Barba) y Santiago (Vargas Llosa) en un restaurante ubicado en el centro de Lima, después de una reunión partidaria:

"-¿Te puedo hacer una pregunta? -dijo Aída-. ¿Por qué no te inscribiste? ¿Qué dudas tienes? -Ya te hablé una vez -dijo Santiago-. Todavía no estoy convencido de algunas cosas. Quisiera...
-¿Todavía no estás convencido de que Dios no existe? -se rió Aída.
-Nadie tiene por qué discutir su decisión -dijo Jacobo-. Déjalo que se tome su tiempo.
-No se la discuto, pero te voy a decir una cosa -dijo Aída, riéndose-. Nunca te inscribirás, y cuando termines San Marcos te olvidarás de la revolución, y serás abogado de la International Petroleum y socio del Club Nacional.
-Consuélate, la profecía no se cumplió -dijo Carlitos-. Ni abogado ni socio del Club Nacional, ni proletario ni burgués, Zavalita. Sólo un pobre mierdecita entre los dos". (Vargas Llosa 1993: 162)

*Este acápite es parte del Capítulo III del libro Vargas Llosa Entre el Mito y La Realidad. Posibilidades y Límites de un Escritor Latinoamericano comprometido.
Internacionales

Africa, Africa*

 Juan Gelman

Maniobras conjuntas de las fuerzas armadas de EE.UU. y de 22 países africanos y europeos, entrenamiento impartido por marines a tropas de Liberia, Ghana y Senegal, libre acceso del Pentágono a puertos y aeropuertos de Kenia, Etiopía, Marruecos, Namibia, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Túnez, Uganda y Zambia, operaciones encubiertas en Somalia y otras naciones. El Comando Africa de EE.UU. (Africom, por sus siglas en inglés) está a cargo de estas actividades, y aun otras, con el propósito declarado de combatir al terrorismo mediante sus relaciones militares con los 53 países del continente negro (http://www.africom.mil/). En realidad, este interés comenzó en Washington antes del 11/9.
El entonces vicepresidente Dick Cheney mantuvo en mayo de 2001 una reunión secreta con asesores y representantes de los megapolios petroleros que hizo pública días después. Se emitió un comunicado en el que se recomendaba al presidente que asignara a las secretarías de Estado, de Energía y de Comercio la tarea “de profundizar los compromisos bilaterales y multilaterales (con los países africanos) a fin de promover la creación de un ambiente receptivo para las inversiones y operaciones comerciales estadounidenses de petróleo y gas natural”. (www.whitehouse.gov/energy, 21-5-01). Y aún antes, el republicano Ed Royce se ocupaba del tema en su calidad de presidente del Subcomité para Africa de la Cámara de Representantes: “El Subcomité examinó el tema en una audiencia realizada en 2000. Es de interés nacional diversificar nuestras fuentes de abastecimiento de petróleo. La expansión de la producción energética africana atiende ese interés” (http://www.accra-mail.com/, 30-3-10). La “guerra antiterrorista” de W. Bush vino después.
El Instituto de Estudios avanzados políticos y estratégicos (Iasps, por sus siglas en inglés) –un think tank israelí con asiento en Jerusalén y una filial en Washington– desempeñó un papel protagónico en la instauración del Africom: en enero de 2001 convocó un simposio en Washington que recomendó la creación de un subcomando estadounidense para garantizar la seguridad regional (http://www.iasps.org/, 16-5-01), es decir, la seguridad de las inversiones petroleras. En Angola –un ejemplo– la Chevron controla el 75 por ciento de la producción de oro negro. Y el Iasps estima que hacia el 2015, un 25 por ciento del consumo de EE.UU. de energía fósil provendrá de Africa. Esto explica algunas cosas.
El presupuesto del Africom aumentó de 50 millones de dólares en el año fiscal 2007 a 310 millones en 2010 sólo en el rubro de gastos corrientes. La ayuda militar a los países africanos es otro apartado: “El Africom está invirtiendo miles de millones de dólares en entrenamiento y armas. Se calcula que esa inversión no será inferior a los 20.000 millones en 2010 y beneficiará a los ejércitos de muchos regímenes represivos” de Africa (http://www.accra-mail.com/, 30-3-10). En esto consiste la “invasión tranquila” de EE.UU., al decir de un periódico nigeriano (http://www.vanguardngr.com/, 30-9-02). Es una tranquilidad que intranquiliza: a pesar de haber condenado a Sudán por el genocidio de Darfur, Washington trasladó clandestinamente a EE.UU. al jefe del espionaje sudanés, el mayor general Abdallah Gost, para que asesorara a la CIA sobre los intereses militares norteamericanos en el Cuerno de Africa (//articles.latimes.com, 29-4-05). Ocurrió mientras el mayor general era un “wanted” de la Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad. La lucha del Pentágono y la Casa Blanca para que la libertad y la democracia imperen en el mundo entero tiene, en verdad, ribetes muy peculiares.
El continente negro produce hoy más de 4 millones de barriles de petróleo diarios, tanto como Irán, Venezuela y México juntos. En diez años, el incremento de su producción fue del 36 por ciento, contra el 16 por ciento en el resto del mundo. Sudán, Nigeria, Angola, Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial, Chad y otros poseen alrededor del 10 por ciento de las reservas mundiales de crudo y, para EE.UU., ofrecen dos ventajas: salvo Nigeria, ninguno de esos países forma parte de la OPEP; y luego, las crisis que padecen están exentas de las complicaciones de un Medio Oriente inconquistable.
Etiopía invadió Somalia en el 2006 so capa de una influencia creciente del extremismo musulmán allí. El Africom proporcionó apoyo logístico, dinero, supervisión y entrenamiento a las tropas etíopes para una operación más bien destinada a garantizar la futura explotación de las reservas de petróleo somalíes, que se consideran ingentes. No hubo soldados estadounidenses en el campo de batalla, pero no hacía falta: fue y es una guerra a cuenta del Pentágono.
Fuerzas de Uganda, la República Democrática del Congo y el sur de Sudán atacaron en el 2008 un reducto de los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor en un parque nacional congolés: 17 asesores del Africom participaron en el planeamiento del operativo y abastecieron a las tropas ugandesas de celulares y un millón de dólares en gasolina (http://www.nytimes.com/, 7-2-09). Quedó claro que esta presunta acción antisubversiva se limitó a despejar el terreno de los yacimientos petrolíferos.
Hay más que petróleo y gas natural en los países africanos: el Congo acumula el 80 por ciento de las reservas mundiales de cobalto, elemento clave para la industria electrónica. El Africom se encarga de que nunca falte a las empresas occidentales del ramo.

*El presente artículo del poeta argentino ha sido tomado de http://www.pagina12.com.ar/, 23 de mayo de 2010. (El Comité de Redacción)
Creación



Mensurando el Porvenir

  Julio Carmona



2

Nada interesa el cielo porque de tierra
somos o de agua sí de agua y fuego.
Esa es la realidad y no hay escape
(a no ser el suicidio pero no hablo
de cobardes). Ese es el único espejo
para enfrentar bellezas y crueldades.
Es este nuestro reino y vale más
el fruto trabajado que una nube
por ganar. Donde comienza el miedo
debemos atizar una esperanza
remover las cenizas del silencio
enrostrarnos lo poco que sabemos
del amor y la guerra. Acostumbrados
a la muda soledad hemos caído
en la cuenta del escombro el desespero.
Hagamos cuenta nueva comencemos
de cero si es preciso que ya es algo
pues equivale a saber cuál el terreno
el punto de apoyo y lo repito
no es el cielo con sus nubes y luceros
lo que nos mueve va amar y ser amados
si hasta nuestros rencores y tormentos
nacen de aquel amor por todo esto
ojos y manos corazón y pueblo
muera el tirano viva el recuerdo
de la vida nueva construida
con ese sedimento de marisma
que no flota en el aire
sino en el centro
en pleno centro
del corazón
del tiempo
o del mundo nuevo
que queremos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

ECONOMÍA

La Polarización: Ley del
Sistema Capitalista Mundial


Santiago Ibarra *



Introducción

A mediados del siglo pasado se fabricó un discurso que prometía a las periferias alcanzar a los centros a través de su industrialización. La industrialización de las periferias tuvo lugar (aunque  de modo desigual), y, luego de realizada, muy lejos de reducir hasta eliminar sus diferencias con los centros, las desigualdades entre éstos se han acentuado todavía más. En realidad, este discurso no constituyó sino la forma renovada de aquel otro que desde fines del siglo XVIII y principios del XIX veía en la industrialización el medio que ineluctablemente llevaría a todas las naciones del orbe al progreso y a la prosperidad.

Fracasado el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, desde principios de la década de 1980 los centros imponen a las periferias un conjunto de (contra) reformas que, como décadas atrás, prometía su crecimiento económico y la reducción sistemática de la pobreza. Los resultados, sin embargo, han sido exactamente al revés.

Los neoliberales hacían del mercado un mecanismo autorregulador de los factores del crecimiento económico. A su vez, promovieron la reconversión de los aparatos productivos con destino al mercado nacional a industrias con destino al mercado externo, así como la apertura irrestricta de los mercados nacionales a los capitales transnacionales. Como era previsible, ninguna de estas medidas logró hacer realidad los objetivos señalados. La resistencia de los trabajadores afectados con las políticas neoliberales no estuvo ausente, y a fines de la década de 1990 y principios de la de 2000 tendrían lugar varias rebeliones masivas en el continente.

En primer lugar, la tasa anual de crecimiento económico alcanzada en América Latina durante el período neoliberal ha sido inferior a la lograda durante el período estatista: “Entre 1990 y 2000, el PIB real de la región (medido en dólares a precios constantes), se incrementó a una tasa anual media del 3.3 por ciento. Dicho crecimiento, aunque mayor al 1.1 por ciento anual registrado en los años ochenta, fue mucho más bajo que el 5.5 por ciento de alza anual lograda a medias en 1950-80” (1).

Asimismo, tampoco se revirtió el descenso sistemático de la tasa de crecimiento del producto interno bruto mundial: si hasta la década de 1960 éste fue superior al 5%, en la década de 1970 cae al 4,5%, en la de 1980 al 3,4%, y en la de 1990 al 2,9% (2).

Este fenómeno está sin duda asociado a la hiperfinanciarización que la economía capitalista mundial viene experimentando en las últimas décadas. La hiperfinanciarización de la economía capitalista es la estrategia de las clases dominantes para aumentar sus ganancias al máximo en el menor tiempo posible, sin recorrer el tortuoso camino de la producción, en un contexto de decreciente capacidad de consumo de las masas.

En segundo lugar, es esencial mostrar que desde la década de 1950 el porcentaje de precarios (con baja capacidad de negociación, súperexplotados, desempleados, empleados en el sector informal) dentro de las clases populares en la población urbana mundial se ha incrementado –como indica Samir Amin- de menos del 25% a más del 50%, de 250 millones a 1.500 millones de personas, llegando a representar en las periferias cerca del 80%, “registrando una tasa de crecimiento que supera aquella que caracteriza la expansión económica, el crecimiento de la población o el propio proceso de urbanización.” (3)

Por el otro lado, las clases dominantes representan necesariamente a un pequeño sector de la sociedad, pero son quienes más concentran las riquezas producidas por los trabajadores. Así, para algunos casos de países de América Latina tenemos que “a finales de los años noventa, el 10 por ciento de los hogares más ricos de Brasil concentraba cerca del 50 por ciento del ingreso nacional total, en tanto que el 40 por ciento de los hogares más pobres alcanzaba sólo el 10 por ciento del ingreso correspondiente. En Chile, la más moderna y dinámica economía de la región, la participación en el ingreso nacional del 10 por ciento de los hogares más ricos fue del 40 por ciento, y la del 40 por ciento de los más pobres estuvo por abajo del 15 por ciento. Las cifras de México y Argentina, así como las de las otras grandes economías de la región, también muestran una acentuada concentración del ingreso.” (4)

Acumulación de riquezas por un lado, crecimiento de la miseria por el otro. Dos fenómenos que se dan simultáneamente dentro de un mismo proceso: la acumulación de capital a escala mundial. La pobreza es condición absoluta del capitalismo. No es pobreza que se origine en la escasez: es pobreza que se produce como resultado de una creciente capacidad de acumulación de capital, como producto de un incremento de la productividad del trabajo. Bajo el capitalismo, cuanto mayor capacidad de producir riquezas, mayor número de pobres, de excluidos, de población sobrante, y mayor sufrimiento, mayor degradación moral. Marx, precisamente, expresaba en los siguientes términos la contradicción inmanente a la acumulación de capital:

“Esta ley es la que establece una correlación fatal entre la acumulación del capital y la de la miseria, de modo que la acumulación de riqueza en un polo es igual a la acumulación de pobreza, sufrimiento, ignorancia, embrutecimiento, degradación moral, esclavitud, en el polo opuesto, del lado de la clase que produce el capital mismo.” (5)

¿Cómo explicaba Marx la acumulación de capital por un lado y el incremento de la pauperización por el otro? ¿Cómo se explica la concentración de las riquezas en los centros y la concentración de la miseria en las periferias del sistema capitalista mundial?

Marx: La ley general de la acumulación de capital

La producción de plusvalía es ley absoluta del capitalismo. Tras las apariencias, Marx da con la realidad profunda. En la superficialidad de las cosas, la plusvalía aparece como ganancia: no sólo el trabajo, sino también la tecnología y el dinero aparecen como creadores de valor. Marx, por el contrario, demuestra que la ganancia del capital tiene su origen en el trabajo no remunerado del obrero. Vale decir, la acumulación de capital tiene su partida de nacimiento en la explotación de los trabajadores que, a su vez, es posible por la propiedad privada sobre los medios de producción de los capitalistas. El capitalista no tiene otro fin que la maximización de sus beneficios, el incremento permanente de la tasa de plusvalía, con consecuencias desastrosas sobre el hombre y la naturaleza. Este es el secreto de la acumulación del capital, la realidad profunda que Marx develó. 

Concentración y centralización del capital: acumulación de capital en la clase capitalista. La libre competencia conduce forzosamente a la concentración y a la centralización del capital. La concentración del capital tiene lugar por la vía de la creciente apropiación por capitales individuales del plusvalor producido por los trabajadores. La centralización del capital tiene lugar por la vía de la absorción y de la fusión de capitales distintos, dando origen a uno mayor.  

Incremento de la composición orgánica del capital: creciente pauperización de los desposeídos. El desarrollo del capitalismo, mediatizado por las luchas sociales de los trabajadores y la competencia entre los capitalistas, implica un crecimiento constante de la composición orgánica del capital: la inversión en capital constante es cada vez mayor en comparación a la inversión en capital variable. Hay un menor uso relativo e incluso absoluto de fuerza de trabajo en las industrias, pero hay una mayor capacidad de producción de riquezas. El trabajo muerto sustituye y desplaza al trabajo vivo. A esta población que es expulsada del centro productivo o que queda fuera de él, Marx la llamó ejército industrial de reserva o población excedente. A su vez, esta población sobrante presiona a la baja los salarios y al deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores activos.

Acumulación de riquezas, de capital, y población excedente, sobrante, y precarización del trabajo en el sector productivo, esto es, pauperismo creciente, son entonces un resultado inmanente al despliegue del capitalismo, “ley absoluta, general, de la acumulación capitalista”.

El desarrollo de las fuerzas productivas, de la ciencia y la técnica, bajo el capitalismo –nos dice Marx-, sigue necesariamente un camino contradictorio: 

“Todos los medios para desarrollar la producción se transforman en medios de dominar y explotar al productor: hacen de él un hombre truncado, fragmentario, o el apéndice de una máquina. Le oponen, como otras tantas potencias hostiles, las fuerzas científicas de la producción. Sustituyen el trabajo atractivo por el trabajo forzado. Hacen que las condiciones en que se desarrolla el trabajo sean cada vez más anormales, y someten al obrero, durante su servicio, a un despotismo tan ilimitado como mezquino. Convierten toda su vida en tiempo de trabajo, y arrojan a su mujer y sus hijos bajo las ruedas del Yaggernat capitalista." (6)

Franz Hinkelammert (7) sostiene la tesis de que lo que se produce en el mundo capitalista es un estancamiento dinámico, que lleva consigo una creciente exclusión de las grandes mayorías. Hay crecimiento intensivo –explica Hinkelammert-, pero no hay crecimiento extensivo. Hay crecimiento intensivo cuando el aumento de la productividad del trabajo es mayor al crecimiento del producto. Hay crecimiento extensivo cuando el crecimiento del producto es mayor al incremento de la productividad del trabajo. Lo que en el mundo hay es crecimiento del producto, en la industria y en la agricultura, y todavía más incremento de la productividad del trabajo, pero no hay generación de empleo. El crecimiento intensivo tiene su fundamento en la incorporación de nuevas tecnologías en los procesos productivos. Tecnología que sustituye y desplaza a los trabajadores. El sector excluido, que proviene del crecimiento demográfico vegetativo y, en las periferias, de la migración campo–ciudad, crece rápidamente. Para no morir de hambre esta población excluida, se autoemplea, y entonces aparece el denominado “sector informal” de la economía, caracterizado por sus bajos ingresos y la precariedad de sus condiciones de vida.

Circunstancias especiales que modifican (relativamente) la ley de la pauperización. La globalización neoliberal, nuevo viraje histórico: la ley de la pauperización se expresa con toda su fuerza.

Intelectuales al servicio del sistema capitalista han intentado más de una vez refutar la ley marxista de la creciente pauperización. Luego de la II guerra mundial, el mundo en su conjunto, pero, sobre todo, Estados Unidos, Europa occidental y Japón, experimentaron altas tasas de crecimiento económico, y, a su vez, en estas regiones, los salarios de los trabajadores aumentaban conforme se incrementaba la productividad del trabajo. Samir Amin -destacado marxista egipcio- explica, a partir del materialismo histórico, que este período de bonanza fue breve y especial, pues sólo duró hasta mediados de la década de 1970. Y fue especial porque estuvo determinado fundamentalmente por la existencia en el mundo de un triple sistema: a) el sistema soviético, b) el Estado de bienestar de Europa occidental y c) los regímenes populistas de América Latina, todos ellos producto de la lucha de los pueblos por su liberación nacional y por el socialismo. Luego de que se desintegrara el bloque soviético, la suerte de los otros dos sistemas no fue distinta (8).

Periclitado este triple sistema, la correlación de fuerzas habría de ser largamente favorable a las clases dominantes del mundo. En especial, al capital financiero. Y, entonces, la transferencia de excedentes, de valor, de trabajo desde las periferias hacia los centros no impedirá que en las últimas décadas la situación material de los trabajadores de estos mismos países sufra un deterioro cada vez mayor. Marx había sido claro: “La acción de esta ley, como la de cualquier otra, resulta modificada, por supuesto, por circunstancias especiales” (9). Estas “circunstancias especiales”, como queda claro, las constituyeron una relación de fuerzas en el mundo más favorable a las clases populares.

Hoy por hoy, en el centro del sistema capitalista mundial, el 40% de las clases populares en actividad son precarias. Ilustremos el crecimiento de la precariedad en el centro con tres ejemplos. En los Estados Unidos, en la década de 1990, el porcentaje de trabajadores que perdía sus puestos de trabajo se incrementó en un 15%, al tiempo que los que luego conseguían reubicarse ganaban un 14% menos en sus nuevos empleos (10). En Francia, el 75% de los contratos tienen duración definida (11). Bajo la lógica unilateral del capital, el trabajo se precariza también en el centro. No de otra manera pueden entenderse las movilizaciones sociales que en las últimas semanas se vienen produciendo en Francia contra una reforma del sistema de pensiones -promovida por el gobierno de Sarkozy-, que atenta contra los intereses de los trabajadores, al aumentar en dos años la edad de jubilación de los trabajadores, de 60 a 62 años de edad, sino como la necesaria respuesta de éstos a los intentos del capital de reducir aún más los costos de la fuerza de trabajo. Mientras tanto, la precariedad dentro de las clases populares urbanas ha pasado a representar del 50% alrededor de 1950 a cerca del 80% en la actualidad. 

Lenin: el capitalismo imperialista.

Aunque el imperialismo (no el “Imperio”, como plantean Negri y Hardt) haya sufrido cambios fundamentales en las últimas décadas, es importante referirse a algunos aspectos del mismo estudiados y subrayados por Lenin. Lenin destacaba que el imperialismo es el capitalismo monopolista, que surge del capitalismo de libre competencia. (Lenin, a partir de esta premisa, criticaba ásperamente la crítica pequeñoburguesa al imperialismo, que busca sustituir a éste por el capitalismo de libre competencia; Lenin retrucaba: ¡el capitalismo monopolista, el imperialismo, es un engendro de la libre competencia!). El imperialismo se caracteriza por el predominio del capital financiero, por la superioridad de éste sobre el resto de capitales, por su política colonial, de pillaje y sometimiento de muchas naciones por un grupúsculo de asociaciones monopolistas, a través de la exportación de capitales y otros mecanismos, lo que le da al imperialismo un carácter rentista, parasitario: “El mundo ha quedado dividido entre un puñado de Estados usureros y una mayoría gigantesca de Estados deudores” (12) Por esto, la cuestión nacional bajo el imperialismo se convierte en un problema álgido, pues la tendencia natural del imperialismo es a la dominación, no a la libertad, a la violación de la independencia política de los Estados nacionales, no al respeto de su soberanía. Los ejemplos actuales sobran, sólo mencionemos la actual guerra imperialista que Estados Unidos y sus aliados libran contra Irak.  

Samir Amin: La polarización a escala global

El capitalismo unifica al mundo, pero no lo homogeneiza: lo polariza crecientemente. Samir Amin es tal vez el teórico marxista que en las últimas décadas ha insistido más en la naturaleza polarizante del sistema capitalista mundial, y la ha explicado. El capitalismo integra, unifica al mundo por primera vez en la historia de la humanidad, pero no lo homogeneiza; al contrario, lo polariza crecientemente. Hay que combatir decididamente las ilusiones que siembran las potencias imperialistas, y que tienen eco en la burguesía y la pequeña burguesía de las periferias, ilusiones que tienen que ver con la idea de que las periferias pueden alcanzar alguna vez a los centros. El capitalismo es un sistema mundial, y la ley de la pauperización hay que constatarla también a este nivel. Mientras que Marx analizaba la ley de la pauperización al nivel del modo de producción capitalista, Samir Amin lo hace al nivel del capitalismo como sistema mundial, que tiene, sin embargo, su fundamento en aquél.  

Cuando los países del centro se constituyeron como tales construyeron economías autocentradas (construcción de industrias de bienes de consumo masivo e industria de bienes de capital en sus propios espacios nacionales), mientras que en los países de las periferias se construían economías extravertidas, especializadas, cuyo motor no se sitúa dentro de las mismos, sino en los centros; vale decir, se constituyeron desde el principio como satélites, como apéndices de las economías capitalistas del centro, al servicio de la acumulación de capital dentro de éstos. Esto fue y es posible porque en los países periféricos sus clases dominantes tienen intereses solidarios con el capital monopolista. 

La polarización entre centros y periferias es inmanente al despliegue del capitalismo a escala mundial. Mientras que la riqueza se concentra en los centros, la pobreza se concentra en las periferias. Samir Amin explica la situación privilegiada de los centros por la posición de dominio que tienen en el sistema capitalista mundial, por la transferencia de valor que se produce desde las periferias hacia sus espacios nacionales. A su vez, la situación de las periferias se explica por el bloqueo a que están sujetas por la posición que ocupan en el sistema capitalista mundial, por la forma en que se relacionan con el mercado mundial, con las economías capitalistas del centro, por su sometimiento a los intereses de los grandes capitales monopolistas.  

Es pertinente recordar que en el Perú, nuestro Amauta José Carlos Mariátegui visionariamente comprendió la naturaleza del desarrollo capitalista periférico en la época del imperialismo:

“La condición económica de estas repúblicas [latinoamericanas], es, sin duda, semicolonial, y, a medida que crezca su capitalismo y, en consecuencia, la penetración imperialista, tiene que acentuarse este carácter de su economía” (13).

Cómo funciona la polarización a escala global: el intercambio desigual. Hay que destacar que el subdesarrollo de nuestros países no es tanto igual a la persistencia de formas precapitalistas de producción, como lo pretenden algunos analistas al servicio del gran capital. El subdesarrollo es ante todo un producto de la penetración del capital monopolista en nuestras economías - que las clases dominantes locales hacen posible-, a través de formas como a) la explotación de sus recursos naturales, b) la exportación e inversión de sus capitales excedentes en nuestras regiones y c) la venta de sus productos manufacturados en los mercados de las periferias (14). Ahora bien, Amin no analiza el intercambio desigual en el plano del intercambio, sino que va al fondo de las cosas, al plano del proceso de producción. En primer lugar, Amin afirma que la producción de mercancías está destinada al mercado mundial y el trabajo que cristaliza en las mercancías tiene también carácter mundial. Una hora de trabajo en dos países distintos, uno del centro y otro de la periferia, produce el mismo valor. Pero el salario del trabajador de la periferia está muy por debajo del salario del trabajador del centro. Esta situación no se debe a las diferencias de productividades, sino a la inmovilidad del trabajo. En las periferias hay superexplotación de la fuerza de trabajo, una tasa de plusvalía muy superior a la tasa de plusvalía que se produce en los centros. Amin lo explica de la siguiente manera:

“Es evidente que la hora de trabajo aquí y allá crea el mismo valor, y si la fuerza de trabajo tiene aquí un valor inferior, es decir, si el salario real es inferior, la tasa de plusvalía es necesariamente superior. Los bienes salariales que constituyen la contrapartida real del valor de la fuerza de trabajo son mercancías internacionales que tienen un valor internacional. Si la jornada de trabajo es igual en A y en B (por ejemplo 8 horas), si la remuneración real del trabajador es diez veces superior en B (salario real en B igual a 10 kilogramos de trigo por día contra solamente un kilogramo en A), y si 10 kilogramos de trigo son producidos en el mundo (allí donde la productividad en esta actividad es la más elevada) en 4 horas, la tasa de plusvalía en B será del 100% (4 horas de trabajo necesario y 4 horas de sobretrabajo), mientras que se elevará a 1.900% en A (24 minutos de trabajo necesario y 7 horas 36 minutos de sobretrabajo). Para mantener este razonamiento, no hay que comparar la productividad en las dos producciones capitalistas en las que A y B se especializan: eso no tiene sentido” (15)

Samir Amin concluye: 1) hay transferencia de valor, desde las periferias hacia los centros, por la superexplotación del trabajo en las periferias, lo que contribuye a aumentar la masa de plusvalía relativa en los centros, al abaratar así en éstos los medios de subsistencia, y 2) hay intercambio desigual cuando las diferencias salariales son mayores a las diferencias de productividad.

Cómo funciona la polarización a escala global: la ley del valor mundializada. Ahora bien, ¿por qué existen grandes diferencias salariales entre los trabajadores del centro y de las periferias en ramas de la economía que tienen análogos niveles de productividad? Samir Amin llama la atención sobre el hecho de que Marx teoriza sobre la ley del valor de un modo “general, abstracto e indeterminado”, dentro del marco de un espacio nacional. Dentro de éste, hay un triple mercado integrado: de mercancías, de capitales y de trabajo. En el sistema capitalista mundial, empero, hay sólo un doble mercado libre: de mercancías y de capitales. El mercado de trabajo, por el contrario, se encuentra compartimentado en lo fundamental en el marco de los estados nacionales. A escala mundial la ley del valor está truncada. Es así como Samir Amin explica las diferencias salariales existentes entre los trabajadores de los centros y las periferias, dentro de sectores de la economía que tienen similares niveles de productividad. En palabras de Amin, “la ley del valor mundializada engendra por fuerza la polarización, y expresa la pauperización que supone la acumulación a escala mundial. Se trata de un fenómeno nuevo, sin precedentes en la historia anterior” (16) (las cursivas son nuestras).

Las clases dominantes del mundo levantan la ideología del “libre mercado”, pero conservan en lo esencial sus fronteras cerradas a los trabajadores de las periferias. La construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, y las leyes aprobadas o por aprobarse en países de Europa y los Estados Unidos contra los inmigrantes de las periferias, de América Latina, de África y de Asia, ilustran dramáticamente el hecho mencionado.

Los cinco monopolios del centro. La polarización es ley del desarrollo del sistema capitalista mundial, pero cambia de formas.  Entre 1500 y 1800 el “capital mercantil es hegemónico en los centros atlánticos dominantes” y se forman “zonas periféricas (América) cuya función presuponía su total aceptación de la lógica de acumulación del capital” (17). Entre 1800 y 1945 la polarización toma la forma de contraposición entre países industrializados versus países no industrializados (exportadores de materias primas y productos agrícolas). Luego, gradualmente, con los procesos de industrialización que impulsaran las periferias gracias a los movimientos de liberación nacional y a los regímenes del “socialismo real”, la polarización global irá cobrando una forma histórica distinta.

Así, desde 1945 a la actualidad la polarización global irá adquiriendo su fundamento en los cinco monopolios de los centros sobre los que Amin llama la atención desde hace más de una década (18):

1) Monopolio tecnológico.
2) Control de los mercados financieros mundiales.
3) Control de los recursos naturales del planeta.
4) Monopolio de los medios de comunicación.
5) Monopolio de las armas de destrucción masiva.

Resulta decisivo por varias razones comprender en profundidad la nueva forma que ha tomado la polarización global. La industrialización que cobró impulso en las periferias a mediados del siglo pasado no ha dado fin con la polarización a escala mundial. Reconocido este hecho, no se trata de negar importancia al impulso del desarrollo de las fuerzas productivas en las periferias. Y de ninguna manera aceptar y adaptarse genuflexamente al sistema imperialista. Un gran número de países de las periferias lograron muy bajos niveles de industrialización, incluso dentro de la industria de bienes de consumo masivo. Estos países continúan dependiendo en gran medida de la exportación de materias primas y productos agrícolas, y su industrialización es una tarea pendiente. De lo que se trata, en cambio, es de subrayar la importancia que en la actualidad tiene para las periferias hacer frente a los monopolios indicados, condición insoslayable de su desarrollo. La industrialización de las periferias, dentro de este nuevo marco mundial de polarización, sobre todo, dentro del marco del monopolio de las tecnologías y del capital financiero por los centros, “puede volverse una especie de sistema moderno de putting out (de encargos), controlado por los centros financieros y tecnológicos” (19).

Amin anota que la diferenciación entre un “Cuarto Mundo” y un “Tercer Mundo”, “en vías de industrialización”,

“no es inofensivo en el espíritu de quienes lo proponen: supone que el Tercer Mundo de los NIC (Newly Industrializad Countries, Países de Reciente industrialización) está ‘cubriendo la brecha’ (o puede hacerlo), mientras que el Cuarto Mundo se hunde. Olvida que la industrialización ya no es el fundamento de la polarización. Prefiero decir por ende que el corazón de la periferia de mañana –en formación- está constituido por los países que tendrán como función esencial suministrar los productos industriales; y que el “Cuarto Mundo” ilustra el carácter destructivo de la expansión capitalista, lo que no es nuevo, sino que siempre acompañó la historia real del capitalismo.” (Las cursivas son nuestras) (20)  

De lo que se trata, pues, es de llamar la atención acerca del nuevo contexto internacional bajo el que las periferias continúan su industrialización. De lo que se trata, pues, es de hacer la crítica radical de los proyectos desarrollistas en cualquiera de sus versiones. De lo que se trata es de hacer la crítica radical de los proyectos “socialistas” que rinden culto al desarrollo de las fuerzas productivas, reproduciendo, así, la alienación economicista propia del modo de producción capitalista. De lo que se trata, pues, como sostiene Amin, es de “asociar… los objetivos de cierto desarrollo de las fuerzas productivas de las periferias del sistema a los objetivos de superar las lógicas de conjunto de la gestión capitalista de la sociedad” (alienación economicista, creciente polarización) (21).

Hasta el día de hoy la inversión extranjera directa sigue produciéndose en países como los nuestros básicamente en el sector primario exportador, pero –y esto es menos reconocido en general-, las inversiones en la industria manufacturera de exportación, que se fundamentan en la superexplotación de la fuerza de trabajo, están perfectamente integradas en la nueva división internacional del trabajo.

Por lo demás, el incremento de las tasas de crecimiento económico de los países de América Latina en la década de 2000, determinada por una coyuntura internacional favorable consistente en el incremento de la demanda de materias primas, no constituye sino el “desarrollo del subdesarrollo”, como sentenciara André Günder Frank.

Transformar el mundo. El socialismo: única alternativa a la barbarie del capitalismo

El discurso de “lucha contra la pobreza” de instituciones financieras internacionales al servicio del gran capital como el Banco Mundial no puede sino ser comprendido como el cinismo de los expropiadores. Siembran ilusiones: ¡pero no cosechan paz! Porque la resistencia de los pueblos ha estado presente en la historia desde los orígenes del capitalismo hasta la actualidad. El día de mañana no será diferente. En este sentido, la revolución social constituye la forma más alta que cobra la resistencia de los desposeídos a su deshumanización objetiva y subjetiva, para utilizar la expresión de Hinkelammert.

La alienación economicista impide ver las causas profundas de la creciente pauperización de las masas, y a no pocos de reconocer el problema mismo. Revertir cualitativamente la actual situación implica una nueva correlación de fuerzas a nivel mundial, favorable a las clases populares. De aquí la urgente necesidad de construir un verdadero internacionalismo de los pueblos del mundo. De aquí la imperiosa necesidad de la militancia revolucionaria. De aquí la perentoria necesidad de que esta militancia se articule decididamente con los excluidos del sistema capitalista para atacar el problema por la raíz.

Hace mucho que el capitalismo dejó de coincidir con el progreso. El capitalismo no ofrece a las inmensas mayorías sino más miseria, mayores sufrimientos. Ningún proyecto de “capitalismo nacional”, de “capitalismo popular” o de “capitalismo con rostro humano” es capaz de dar fin con la pauperización creciente de las masas. El socialismo mundial es la única alternativa verdaderamente humana a la creciente deshumanización que nos impone el capitalismo mundial. Mas el socialismo no puede ser reducido a un proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas. Debe retomarse el proyecto de socialismo como la conquista de una civilización cualitativamente superior al capitalismo. Y el socialismo en el siglo XXI, así como en el siglo XX, será otra vez el resultado de las luchas de los trabajadores contra el capital.


Notas:

(1) Moreno Brid, Juan Carlos, Pérez Caldentey, Esteban y Ruiz Nápoles, Pablo, “El consenso de Washington: aciertos, yerros y omisiones” en: Perfiles Latinoamericanos, diciembre, número 25. Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales, Distrito Federal, México, 2004, pp. 149-168. La cita es de la página 153. Como puede verse por el título de este artículo, se trata de autores no marxistas, que utilizamos como muestra de lo afirmado por nosotros.
 
(2) Datos de la OCDE, trabajados por Beinstein, Jorge, La larga crisis de la economía global. Argentina-Buenos Aires, Corregidor, 1999.
 
(3) Amin, Samir, “Pobreza mundial, pauperización y acumulación de capital” en www.rebelion.org, 26 de octubre de 2003.
 
(4)Moreno Brid, Juan Carlos, Pérez Caldentey, Esteban y Ruiz Nápoles, Pablo, op. cit., p. 157.
 
(5) El Capital (Tomo I). Argentina, Editorial Cartago, 1974, p. 620.
 
(6) Ibid., p. 619.
 
(7) “Estancamiento dinámico y exclusión en la economía mundial” en Herramienta. Revista de debate y crítica marxista. Número 22, Buenos Aires, otoño de 2003, pp. 45-54.
 
(8) Amin hace referencia a este período histórico en varios pasajes de su obra.
 
(9) Marx, Carlos, op. cit., p. 618.
 
(10) Brenner, Robert, Turbulencias en la economía mundial. Santiago de Chile, Editorial LOM-Encuentro XXI, 1999, p.387, citado por Sotelo, Adrián, La reestructuración del mundo del trabajo. Superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo. México D.F., Universidad Obrera de México-Escuela Nacional para Trabajadores-Editorial Itaca, 2003, p. 56.
 
(11) Coutrot, Thomas, “Crítica de la organización del trabajo” en www.rebelion.org, 14 de febrero de 2001, citado por Sotelo, Adrián, op. cit., p. 56.
 
(12) Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo en Obras Escogidas en tres tomos, Tomo I, Moscú, Progreso, 1970, p. 775.
 
(13) “Punto de Vista Anti-imperialista” en: Obras Completas de José Carlos Mariátegui, Tomo 13. Perú-Lima, Empresa Editora Amauta, 1978.
 
(14) Ver Roffinelli, Gabriela, Samir Amin y la mundialización del capital. España-Madrid, Campo de Ideas, 2004, p. 72. Hemos organizado los dos acápites acerca de cómo funciona la polarización a escala mundial con la ayuda de la didáctica exposición que hiciera G. Roffinelli del pensamiento de Samir Amin.
 
(15) Palabras de Samir Amin, citado en Roffinelli, Gabriela, op.cit., pp. 75-76.
 
(16) “3. Capitalismo y sistema-mundo” en: Amin, Samir, Los desafíos de la mundialización. México D.F.-España, Siglo XXI Editores, 1999, p. 59.

(17) “El futuro de la polarización global” en: Amin, Samir, El capitalismo en la era de la globalización. España-Barcelona, Ediciones Paidós, 1999,  pp.15-26.
 
(18) Ibid.
 
(19) “3. Capitalismo y sistema-mundo” en Amin, Samir, Los desafíos…, p. 68.
 
(20) Ibid., p.70.

(21) Amin, Samir, Más allá del capitalismo senil. Por un siglo XXI no norteamericano. Argentina-Buenos Aires, Editorial Paidós SAICF, 2003, p. 14.


(*) Santiago Ibarra es miembro del Comité de Redacción de Creación Heroica. Tiene escrito el trabajo Despolitización de la Central Obrera Boliviana y actualmente trabaja el tema de la explotación capitalista y la reproducción de la fuerza de trabajo entre los trabajadores de la industria manufacturera de exportación en Bolivia (El Comité de Redacción).



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