Marx y Engels y el Materialismo Dialéctico*
Jorge Plejánov
UNO DE LOS MAYORES méritos de Marx y Engels a
propósito del materialismo, es el de haber creado un método justo. Concentrando
todos sus esfuerzos en la lucha contra el elemento especulativo de la filosofía
de Hegel, Feuerbach no había apreciado ni utilizado debidamente el elemento
dialéctico. A este propósito Feuerbach declaraba:
“La verdadera dialéctica no es un monólogo del
pensador solitario consigo mismo; es un diálogo entre el yo y el tú”.
En primer lugar, la dialéctica no tenía en Hegel el
valor de “un monólogo del pensador solitario consigo mismo”, y, en segundo
lugar, la observación de Feuerbach definió de manera justa el punto de
partida, pero no el método de la filosofía. Han sido Marx y Engels quienes
han llenado esta laguna habiendo comprendido que, aun combatiendo la filosofía
especulativa de Hegel, era necesario no ignorar su dialéctica. Algunos críticos
afirman que desde los primeros tiempos que siguieron a su ruptura con el
idealismo, Marx manifestaba una gran indiferencia ante la dialéctica. Pero tal
opinión, que parece exacta a primera vista, se halla desmentida por el hecho
señalado más arriba, de que ya en los Deutsch-französische Jahrbücher,
Engels se ocupaba del método dialéctico como del alma misma del nuevo sistema.
En todo caso, la segunda parte de la Miseria de la
Filosofía no deja ninguna duda sobre el hecho de que Marx, en la época de
su polémica con Proudhon, apreciaba perfectamente el valor del método
dialéctico y sabía servirse de él. En esta discusión, la victoria de Marx fue
la de un hombre que sabía pensar dialécticamente sobre otro que no había sabido
comprender la esencia de aplicar el método dialéctico al análisis de la
sociedad capitalista. Y esta misma segunda parte demuestra que la dialéctica,
que en Hegel tenía un carácter puramente idealista, que se conserva también en
Proudhon en la medida en que éste la había asimilado habría sido colocada por
Marx sobre un fundamento materialista.1
Mas luego, caracterizando su dialéctica materialista,
Marx escribía: “Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte
incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de
lo real, y esto la simple forma externa que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no
es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza
del hombre”2. Esta característica presupone un acuerdo completo con
Feuerbach, primero en cuanto concierne a la opinión sobre la “idea” de Hegel, y,
después, en lo que se refiere a las relaciones entre el ser y el pensar. Sólo
un hombre convencido de la verdad del principio fundamental de la filosofía de
Feuerbach: no es el pensar el que condiciona al ser, sino el ser el que
condiciona el pensar, era capaz de “poner sobre sus pies” la dialéctica
hegeliana.
Mucha gente confunde la dialéctica con la doctrina de
la evolución. La dialéctica es, en efecto, una doctrina de la evolución. Pero
difiere esencialmente de la “vulgar teoría de la evolución”, que descansa fundamentalmente
sobre el principio de que ni la naturaleza ni la historia dan saltos y
que todos los cambios se realizan en el mundo gradualmente. Hegel ya
había demostrado que comprendida así la teoría de la evolución era inconsistente
y ridícula.
“Cuando se quiere representar la aparición o
desaparición de alguna cosa [dice Hegel en el primer tomo de su Lógica]
se las representa ordinariamente como una aparición o desaparición graduales.
Sin embargo, las transformaciones del ser no consisten solamente en el cambio
de una cantidad en otra, sino también en el de la cantidad en calidad, e
inversamente; cambio que, al suponer la sustitución de un fenómeno por otro,
constituye una ruptura de la progresividad”.
Y cada vez que hay ruptura de la progresividad
se produce un salto en el curso del desarrollo. Hegel demuestra después por una
serie de ejemplos con qué frecuencia se producen saltos en la naturaleza, lo
mismo que la historia, y pone de manifiesto el error ridículo que sirve de base
a la vulgar “teoría de la evolución”.
“En la base de la doctrina de la progresividad
[escribe] se encuentra la idea de que lo que surge existe ya efectivamente y
permanece imperceptible únicamente a causa de su pequeñez. Lo mismo cuando se habla
de desaparición gradual de un fenómeno, se supone que esta desaparición es un
hecho cumplido y que el fenómeno que ocupa el lugar del precedente existe ya,
pero que no son perceptibles todavía ni uno ni otro... Pero de esta manera se
suprime de hecho toda aparición y toda desaparición. Explicar estas fases de un
fenómeno dado, por la progresividad de la transformación es referir todo a una
tautología engorrosa, puesto que es considerar como realizado de antemano (es decir,
como ya aparecido o desaparecido) lo que está en vías de aparecer o
desaparecer”3.
Marx y Engels han adoptado enteramente esta concepción
dialéctica de Hegel sobre la inevitabilidad de los saltos en el proceso del
desarrollo. Engels trata de ella de una manera detallada en su polémica con
Dühring, y en esta ocasión la “pone sobre sus pies”, es decir, sobre una base
materialista.
Así, por ejemplo, demuestra que el paso de una forma u
otra no puede cumplirse sino por medio de un salto4. Encuentra, a
este respecto, en la química moderna la confirmación del principio dialéctico
de la transformación de la cantidad en calidad. En general, las leyes del pensamiento
dialéctico son confirmadas, según él, por las propiedades dialécticas
del ser. Aquí todavía, el ser condiciona el pensar.
Sin entrar en una caracterización más detallada de la
dialéctica materialista (sobre sus relaciones con la que se puede llamar lógica
elemental, paralelamente a la matemática elemental, ver nuestro prefacio a
nuestra traducción del folleto Ludwig Feuerbach), recordaremos al lector
que la teoría, que no veía en el proceso de la evolución más que modificaciones
progresivas, y que dominó en el curso de estos últimos veinte años, ha comenzado
a perder terreno aun en el dominio de la biología, donde era casi universalmente
reconocida.
A este respecto, los trabajos de Armando Gautier y de
Hugo De Vries parecen marcar una época. Basta decir que la teoría de las
mutaciones de Vries no es otra cosa que la teoría de la evolución de las
especies por saltos. (Ver su obra, en dos tomos, Die Mutationstheorie,
Leipzig, 1901-1903; su informe Die Mutationen und die Mutationsperioden bei
der Entstehung der Arten, Leipzig, 1901, así como sus conferencias en la
Universidad de California, editadas en traducción alemana, con el título de Arten
und Variatäten und ihre Entstehung durch die Mutation, Berlín, 1906).
Según la opinión de este eminente naturalista, el
lado débil de la teoría de Darwin sobre el origen de las especies es
precisamente la idea de que tal origen puede ser explicado por cambios
graduales. Muy interesante y justa es igualmente la observación de De Vries
cuando comprueba que la teoría de los cambios graduales que domina en la
doctrina del origen de las especies ha ejercido una influencia desfavorable
sobre el estudio experimental de las cuestiones de esta naturaleza.
Conviene agregar que en los medios naturalistas
modernos, y muy particularmente entre los neolamarckianos, se observa una
difusión rápida de la teoría de la materia animada, considerada por
algunos como en oposición directa con el materialismo (ver, por ejemplo, el
libro de R. H. Francé: Der heutige Stand der Darwin’schen Frage,
Leipzig. 1907), que no representa, en realidad, si es comprendida de manera
justa, sino la traducción en el lenguaje naturalista moderno, de la doctrina
materialista de Feuerbach, de la unidad del ser y del pensar, del objeto y del
sujeto5. Se puede afirmar con toda certidumbre que Marx y Engels
habrían demostrado el más vivo interés por esta corriente que se manifiesta en
las ciencias naturales, y que, a decir verdad, está todavía, por el momento muy
insuficientemente estudiada.
Alejandro Herzen dijo, con razón, que la filosofía de
Hegel, considerada por muchos como conservadora, a primera vista, es una
verdadera álgebra de la revolución. Sin embargo, en Hegel esta álgebra
permanecía sin ninguna aplicación a las cuestiones palpitantes de la vida
práctica. El elemento especulativo tenía necesariamente que introducir el espíritu
de conservadurismo en la filosofía del gran idealista. Algo muy diferente
ocurre con la filosofía materialista de Marx. El “álgebra” revolucionaria
aparece allí en toda la potencia invisible de su método dialéctico. Marx dice:
“La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en
Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Reducida a su forma
racional, provoca la cólera y es el azote de la burguesía y de sus portavoces
doctrinarios, porque en la inteligencia y explicación positiva de lo que existe
abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte forzosa; porque, crítica
y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno
movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse
intimidar por nada”6.
Si se considera la dialéctica materialista desde el
punto de vista de la literatura rusa, se puede decir que ella fue la primera
que suministró un método necesario y suficiente para la solución de la cuestión
del carácter racional de todo lo que existe, cuestión que tanto había
atormentado a nuestro genial Bielinsky. Sólo el método dialéctico de Marx,
aplicado al estudio de la vida rusa, nos ha demostrado lo que había de real en
esta última y lo que solamente parecía serlo.
___________
(*) Jorge Plejánov, Cuestiones fundamentales del
marxismo, parte V. Tomado de http://www.abertzalekomunista.net.
Alejandría Proletaria. Valencia, agosto de 2017. germinal_1917@yahoo.es
(1) [1910] Ver la Miseria de la filosofía,
segunda parte, primera y segunda observación [Miseria de la filosofía,
Editorial Aguilar, Madrid, 1971, páginas 154-162]. Hay que observar, sin
embargo, que Feuerbach también había criticado la dialéctica hegeliana desde el
punto de vista materialista. “¿Qué puede decirse [se preguntaba] de una
dialéctica que está en contradicción con el origen y la evolución de la
Naturaleza? ¿Cuál es, pues, su “necesidad”? ¿Cuál la “objetividad” de una psicología,
de una filosofía que hace abstracción de la única objetividad categórica e
imperativa, fundamental y sólida, la objetividad de la naturaleza física, y que
va hasta situar la verdad absoluta, la perfección del espíritu, el fin de los
fines de la filosofía en el alejamiento completo de la naturaleza física, en la
subjetividad absoluta y no limitada por ningún “no yo” de Fichte, por ninguna
“cosa en sí” de Kant.” (K. Grün, tomo I, página 399).
(2) [Carlos Marx, El Capital, Tomo I, FCE,
México, 1972, página XXIII].
(3) En lo que se refiere a la cuestión de los “saltos”
ver nuestro trabajo El infortunio del señor Tijomirov, San Petersburgo,
edición de M. Malyj, páginas 6-14. [De próxima publicación en Alejandría
Proletaria].
(4) [1910] “Pese a toda la paulatinidad, la transición
de una forma de movimiento a otra es siempre un salto, una inflexión decisiva.
Tal es el caso de la transición entre la mecánica de los cuerpos celestes y la
de las masas menores situadas en uno de ellos; también la transición de la
mecánica de las masas a la mecánica de las moléculas, la cual incluye los
movimientos que estudiamos en lo que suele llamarse propiamente física: calor,
luz, electricidad, magnetismo; así también tiene lugar la transición entre la
física de las moléculas y la de átomos (la química), con un salto decisivo; y aún
más visiblemente es éste el caso en la transición de la acción química común al
quimismo de la albúmina, al que llamamos vida. Dentro de la esfera de la vida
los saltos se hacen cada vez más escasos e imperceptibles. Otra vez es Hegel el
que tiene que corregir al señor Dühring.” [F. Engels, Anti-Dühring,
Editorial Grijalbo, México, 1968, página 54].
(5) Sin hablar de Spinoza, es necesario no olvidar que
muchos materialistas franceses del siglo XVIII se inclinaban hacia la teoría de
la “materia animada”.
(6) [Carlos Marx, El Capital, Tomo I, FCE,
México, 1972, página XXIV].
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.