miércoles, 1 de abril de 2015

Política

Nota:

La primera parte del artículo que sigue fue publicada en la edición del 1º de marzo de esta revista digital. Puesto que en esta segunda parte se toca la cuestión de la “célula secreta de los siete”, publicamos como material adjunto el artículo Notas Sobre la “Célula Secreta de los Siete”.

01.04.2015

Comité de Redacción.



El Liquidacionismo Histórico y la Reunión de Barranco

(Segunda Parte)


Eduardo Ibarra

    
LA NEGACIÓN DE LA EXISTENCIA HISTÓRICA del PSP y de la necesidad del partido del proletariado peruano hasta hoy. Esta doble negación que comete Aragón no puede captarse sino en el marco del artículo que comento en las presentes notas y de su carta a Gustavo Pérez anteriormente mencionada.

Precisamente, en esta carta puede leerse: “El frente unido en nuestro país existe desde 1905 hasta el presente. Mientras que el partido del proletariado peruano hasta el presente nunca ha existido, y no ha existido porque todavía no era ni es necesario. La constitución del partido del proletariado peruano es una tarea del futuro cuando su existencia sea realmente necesaria, cuando la maduración de las condiciones objetivas y subjetivas así lo reclamen y lo exijan, y no cuando a un caudillo personalista se le ocurra como uno de sus ocasionales caprichos” (cursivas mías).

Como se ve, Aragón sostiene que el partido del proletariado peruano nunca ha existido, e incluso que en los años 1920 no era necesario y que ahora mismo tampoco lo es, y, con base en estas afirmaciones, indirectamente pero sin disimulo, agravia a Mariátegui con aquello de “ocasionales caprichos” y aquello de “caudillo personalista”.

Pues bien, en Ideología y política, Mariátegui señaló: “El feudalismo español se superpuso al agrarismo indígena, respetando en parte sus formas comunitarias; pero esta misma adaptación creaba un orden extático, un sistema económico cuyos factores de estagnación eran la mejor garantía de la servidumbre indígena. La industria capitalista rompe este equilibrio, interrumpe este estancamiento, creando nuevas fuerzas productoras y nuevas relaciones de producción. El proletariado crece gradualmente a expensas del artesanado y la servidumbre. La evolución económica y social de la nación entra en una era de actividad y contradicciones que, en el plano ideológico, causa la aparición y desarrollo del pensamiento socialista” (p.31). Y puntualizó en los 7 Ensayos: “En Lima, donde se ha constituido el primer núcleo de industrialismo, es también donde, en perfecto acuerdo con el proceso histórico de la nación, se ha balbuceado o se ha pronunciado la primera resonante palabra de marxismo” (p.253).

Por otro lado, confesó: “Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase” (Ideología y política, p.100). “No cejaré en el empeño de dar vida a un partido de masas y de ideas, el primer gran partido de masas y de ideas de toda nuestra historia republicana” (carta a César Vallejo del 14 de octubre de 1929, Anuario Mariateguiano, Nº1, p.146) (6).

Y, así, en marzo de 1930 Mariátegui, presionado por el desarrollo de los acontecimientos, se aprestó, como lo hemos recordado arriba, a fundar públicamente el PSP, pues entendió que si bien no había alcanzado la condición de partido de masas, como estaba concebido en su proyecto, de todos modos había logrado convertirse en una realidad como partido de cuadros.

Lo esclarecido basta para poner al desnudo el liquidacionismo histórico de Aragón.

Como seguramente se sabe, el 1º de enero del año en curso publiqué el artículo Contra el liquidacionismo histórico, donde critiqué los desaguisados de nuestro personaje, citados arriba, y, por esto, desde entonces el aludido se encontró frente la disyuntiva de proceder con espíritu autocrítico o, en su defecto, como un político criollo.

Después de veintiún días, optó por lo segundo: en el artículo que comento, publicado entre el 22 y el 29 de enero, silenció su negación de la existencia histórica del PSP y el agravio que cometió contra Mariátegui, e intentó desviar el debate trastrocando los términos del mismo con aquello de que el PSP nunca fue fundado pública y legalmente.

La Reunión de La Herradura. Empeñado en negar la validez de esta reunión y sus acuerdos, Aragón ha escrito: “Portocarrero trajo consigo una Propuesta del Secretariado de la ISR, en la cual se proponía  ‘constituir el Partico Comunista en el Perú’”. “Algunos pocos  militantes del Comité de Lima, del Comité de Paris y del Comité del Cusco, acicateados por esa entrometida e impertinente  comunicación, comenzaron a presionar con impaciencia en el Comité de Lima, para constituir de inmediato el partido, posición apresurada que no era compartida por Mariátegui”.Incluso  en su desesperación, algunos de esos ‘impacientes’, sorprendiendo  con engaños a otros militantes,   convocaron y realizaron a espaldas de Mariátegui una  Reunión en la Herradura el día domingo 16 de setiembre de 1928…”. En La Herradura… acordaron ‘constituir la célula inicial del Partido… cuyo nombre sería el de Partido Socialista del Perú’ (negritas en el original; elipsis mías).

“Posición apresurada que no era compartida por Mariátegui”, dice Aragón. Pero ocurre que, tal como he recordado arriba, el maestro señaló que el proceso de constitución del PSP fue “indirectamente acelerado por lo que podemos llamar la desviación ‘aprista’”. Precisamente la Reunión de Barranco, la aprobación del programa del partido (cosa que examinaré más adelante) y el intento de fundar públicamente el PSP en marzo de 1930, son tres casos relevantes de aceleramiento en el proceso de constitución. Así, pues, si Aragón fuese consecuente con su lógica, tendría que acusar al maestro de haber sido víctima del “temperamento criollo” y, por lo tanto, calificarlo de “impaciente”.

Portocarrero trajo consigo una Propuesta del Secretariado de la ISR en la cual se proponía  ‘constituir el Partico Comunista en el Perú’”, dice Aragón, y, unas líneas después, recuerda que la Reunión de la Herradura acordó “constituir la célula inicial del Partido… cuyo nombre sería el de Partido Socialista del Perú”.

Pues bien, si “algunos pocos militantes”, “acicateados por esa entrometida e impertinente  comunicación” del Secretariado de la ISR, hubieran convocado y realizado la Reunión de La Herradura “a espaldas de Mariátegui”, como cree Aragón, entonces, como es lógico, dicha Reunión hubiese acordado la propuesta de dicho Secretariado de fundar el partido con el nombre de Partido Comunista, y no con el de Partido Socialista (7).

Sin embargo, como es de conocimiento general, la Reunión de la Herradura acordó el punto de vista de Mariátegui y, de esta forma, rechazó la propuesta del Secretariado de la ISR.

Esta constatación basta para probar que la Reunión de la Herradura no se realizó “a espaldas de Mariátegui”, y, por otro lado, para probar la absoluta falta de lógica de la conjetura de Aragón.

Pero también para confirmar el testimonio de Martínez: “José Carlos Mariátegui no pudo asistir, pero sus puntos de vista los presentó Martínez de la Torre” (Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.397) (8).

La Reunión de Barranco. Aragón dice: “En esa reunión conspirativa [la Reunión de La Herradura],  ellos llegaron a cuatro acuerdos… puntos que en lo fundamental no fueron aprobados en la reunión del 7 de octubre en Barranco”.En La Herradura… acordaron “constituir la célula inicial del Partido...”. Mientras que, en Barranco el 7 de octubre… se aprobó “dejar constituido el grupo organizador del Partido  Socialista del Perú”. El 16 de setiembre en La Herradura acordaron ‘afiliar (sic) la célula inicial del partido a la III Internacional’. El 7 de octubre en Barranco, no se aprobó esa afiliación…”. “El 7 de octubre, no se constituyó ningún ‘comité ejecutivo’ del Partido, sino ‘el grupo organizador’ del Partido” (elipsis mías).

Aunque sin explicarse claramente, Aragón recuerda que la Reunión de La Herradura acordó constituir “la célula inicial del Partido”, mientras la Reunión de Barranco constituyó “el grupo organizador del Partido”. Pero ocurre que, habiendo sido “la célula inicial” precisamente “la célula secreta de los siete”, la Reunión de Barranco, en la cual participaron algunos militantes que no eran parte de dicha célula (Luciano Castillo y Chávez León), no pudo sino aprobar la fundación del “grupo organizador del Partido” con todos los asistentes.

No dice Aragón qué quiere decir con aquello de que la Reunión de Barranco no acordó la afiliación a la Tercera Internacional, pero aquí es necesario señalar que este hecho no significó ninguna oposición de nadie a dicha afiliación, y esto basta para que el hecho, referido crudamente por nuestro personaje, resulte irrelevante para su posición, pues, como él mismo lo recuerda, aunque sin precisión, la Reunión del 4 de marzo de 1930 aprobó la moción de afiliación del CC del PSP a la Internacional (9).

Aragón dice: “El 7 de octubre, no se constituyó ningún ‘comité ejecutivo’ del Partido”. De esta forma silencia el hecho –tremendamente expresivo– de que, en la moción presentada por Mariátegui y aprobada por la Reunión, se señala que “Los suscritos declaran constituido un Comité”, el mismo que es mencionado también en los numerales 2, 3 y 6 de la misma moción.

Eso quiere decir que la Reunión de Barranco tomó dos acuerdos en el plano organizativo: uno, dejar constituido “el grupo organizador del Partido” con la totalidad de los asistentes; otro, dejar constituida una instancia de Dirección: el “Comité Ejecutivo del Partido”, al que precisamente se había referido la Reunión de La Herradura.

La cuestión de “la célula secreta de los siete”. En la Reunión de Barranco, esta célula copó el mencionado Comité. De esta forma se concretó lo que la Reunión de la Herradura había acordado en su numeral 3: “El Comité Ejecutivo del Partido Socialista estará formado por la ‘célula secreta de los siete’”.

Esta célula, como es obvio, no estaba conformada únicamente por los seis elementos que participaron en la Reunión de La Herradura, pues Mariátegui también era parte suya.

Ello explica que el Comité Ejecutivo del Partido fuera copado por los siete miembros de la célula secreta, con  Mariátegui a la cabeza (10).

El partido del proletariado hoy: necesidad y posibilidad. La necesidad del partido proletario surge con el desarrollo de la industria y de la clase obrera. En el Perú, esto ocurrió en el primer tercio del siglo pasado, y, como se ha visto, Mariátegui teorizó sobre el tema. 

Hoy, con un mayor desarrollo de la industria, una clase obrera comparativamente más numerosa y un importante desenvolvimiento de la lucha de clases, el partido proletario es tanto más necesario.

Sin embargo, Aragón dice: “… hay que lamentar que muchos socialistas saturados del  ‘temperamento criollo’ todavía insuperado, se comporten con absoluta impaciencia, y hoy como ayer, pretendan ‘constituir’, ‘reconstituir’ o ‘reivindicar’ la organización del partido de clase, al margen del desarrollo de las condiciones objetivas y subjetivas del proceso real de la lucha de clases en el país, y al margen de las enseñanzas del Camino de Mariátegui”.

Ciertamente con aquello de “al margen del desarrollo de las condiciones objetivas y subjetivas”, nuestro personaje niega tanto la necesidad del partido como la posibilidad de luchar por la Reconstitución en las circunstancias actuales.

Negar la existencia del partido del proletariado peruano desde los años 1920 hasta hoy, es el “desarrollo” que ha hecho Aragón del liquidacionismo de derecha de su grupo.

El partido del proletariado hoy: constitución y fundación. Aragón dice: “La tarea de fundación del Partido Socialista del Perú, del ‘partido de clase’ del proletariado peruano, del primer ‘partido de masas y de ideas’ también sigue siendo una tarea pendiente. Es muy posible que su ejecución corresponda a los militantes de la próxima generación” (negritas en el original).

Como se ve, Aragón reduce toda la cuestión del partido a solo fundación. Confunde, desdeña o escamotea la diferencia entre los conceptos de constitución y fundación, es decir, entre el proceso histórico de la lucha por la Reconstitución y el acto de establecer formalmente el partido.

Ciertamente la posibilidad de impulsar la Reconstitución existe actualmente en un grado reducido: tanto el PCP-SL con su errónea concepción de la Reconstitución, como el grupo liquidacionista con su proyecto de un partido doctrinariamente heterogéneo y el grupo de Jaime Lastra con su oportunismo de derecha, han abandonado la tarea de la Reconstitución (11). Y punto, pues ninguna otra tendencia asumió esta tarea.

De paso, es menester subrayar que el grupo liquidacionista es tal precisamente porque, con su proyecto de partido, pretende liquidar el partido de clase (ya lo liquidó en su propio seno). Por eso la frase “La tarea de fundación del Partido Socialista del Perú, del ‘partido de clase’ del proletariado peruano”, que se gasta Aragón, revela una actitud demagógica, pues su propuesta es la de su grupo. Pero sobre este punto me extenderé más adelante.

No obstante todas las vicisitudes y todas las dificultades, un pequeño grupo de luchadores, más o menos disperso, mantiene en alto la bandera de la Reconstitución.

Este grupo ha cumplido hasta hoy el honroso papel de haber defendido la filiación marxista-leninista de Mariátegui y la verdad doctrinal y orgánica de PSP contra la campaña antimariateguiana del grupo liquidacionista, contra la desviación del PCP-SL y contra el conciliacionismo con el liquidacionismo promovido por el oportunismo de derecha.

Puesto que la cuestión es reconstituir el Partido de Mariátegui según su proyecto original (12), es necesario reimpulsar el proceso de reconstitución concretando la necesaria concentración orgánica.

La lucha por la Reconstitución deberá terminar en la realización de un Congreso que refundará el Partido de Mariátegui: NO HAY RECONSTITUCIÓN SIN REFUNDACIÓN NI REFUNDACIÓN SIN RECONSTITUCIÓN.

Notas
[6] Como es evidente, con la primera cita el maestro se refirió a la maduración, en el Perú de su tiempo, de las condiciones objetivas que hicieron necesario el partido del proletariado, y, con la segunda, a su voluntad organizadora derivada de su conciencia de esa necesidad.
[7] Téngase en cuenta que el nombre del partido era, precisamente, la cuestión central en debate con la ISR y, en general, con la Tercera Internacional. 
[8] Aquí también hay que llamar la atención sobre el hecho de que ninguno de los concurrentes a la Reunión de La Herradura pudo negar jamás este testimonio.
[9] El texto de esta moción, escrita por Mariátegui, es el siguiente “El C.C. del partido adhiere a la Tercera Internacional y acuerda trabajar por obtener esta misma adhesión de los demás grupos que integran el partido”. Obsérvese, pues, que, en marzo de 1930, Mariátegui hablaba de “partido” y de “Comité Central”, y no de “grupo organizador del Partido” o de “Comité”, como en la Reunión de Barranco.
[10] Un análisis más extenso de la célula secreta se encuentra en el artículo Notas sobre “la célula secreta de los siete”, del suscrito.
[11] Ramón García y su grupo han renunciado públicamente a este camino: (ver Organización: contenido y forma).
[12] En marzo de 1930, el PSP, bajo la dirección de Mariátegui, no era un partido de masas sino un partido de cuadros. Esta realidad histórica plantea un problema: ¿qué es lo que hay que reconstituir? ¿El PSP tal como existió en el momento indicado? Ciertamente el proyecto original de Mariátegui cobró una fisonomía distinta en el proceso de su aplicación. Por eso la Reconstitución debe entenderse como la lucha por reconstituir el PSP en lo que tuvo del proyecto original de Mariátegui. En consecuencia, la misma debe llevarse adelante sobre la base de tres premisas: 1) la realidad histórica del PSP; 2) el proyecto original de Mariátegui; 3) la realidad actual. El proyecto original de Mariátegui fue de un partido de clase bajo la forma de partido de masas, es decir, de un partido adherido al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario, con una correcta teoría de la realidad y la revolución peruanas, con una militancia masiva de obreros y campesinos básicamente y una influencia efectiva entre las clases trabajadoras organizadas, militancia que debía ser pensante y operante y, finalmente, con un estatus legal. Este conjunto hace lo que Mariátegui llamó “partido de masas y de ideas”, y es, al mismo tiempo, el contenido de la Reconstitución.




Notas Sobre la “Célula Secreta de los Siete”


Eduardo Ibarra


LA NEGACIÓN DE LA “VALIDEZ HISTÓRICA” de los Acuerdos de la Reunión de la Herradura (1), que he confutado en el artículo A propósito de algunas “Observaciones”, obliga a un análisis puntual de la cuestión de “la célula secreta de los siete”, que es contra lo que centralmente apunta el negador (2).

       Como se sabe, en el tomo 2 del libro Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú (3), de Martínez de la Torre, aparece el Acta de la Reunión de la Herradura, realizada el 16 de setiembre de 1928.

       De acuerdo al numeral 1 de este documento, la Reunión constituyó “la célula inicial del Partido”. Precisamente esta célula fue “la célula secreta de los siete”, que se menciona en el numeral 3, donde se especifica su razón de ser: copar el Comité Ejecutivo del Partido.

En la Reunión de Barranco, realizada con la participación de dos nuevos elementos, Luciano Castillo y Chávez León, la célula secreta copó el Grupo Organizador del Partido. Así comenzó a cumplir con su razón de ser.

En la Conferencia Comunista de Buenos Aires, junio 1929, Julio Portocarrero aludió, con el nombre de “grupo”, la existencia de la célula secreta, aunque distorsionando su carácter y su alcance (3).

Pues bien, ninguno de los nombrados por Martínez como participantes en la Reunión de la Herradura, negó jamás la realización y los acuerdos de esta Reunión: ni en 1942, cuando Jorge del Prado la mencionó en su libro Mariátegui y su obra; ni en 1948, cuando Martínez publicó sus Apuntes

Por estas constataciones, en nuestro artículo mencionado arriba asumimos la constitución de la célula secreta como un hecho.

Ahora bien, para comprender esta constitución, hay que tener en cuenta las condiciones objetivas en las que el grupo de Mariátegui desarrolló su actividad organizadora de lo que debió ser el primer partido de masas y de ideas de nuestra historia republicana.

         En los años 1920, tales condiciones no facilitaban el trabajo legal con vistas a un tal objetivo. El gobierno de Leguía, como es de conocimiento general, sometió a Mariátegui a una constante vigilancia y a una sañuda represión: asalto a su casa, apresamiento y clausura de su revista Amauta y de su periódico Labor. Esta acción represiva afectó asimismo al movimiento popular: “complot comunista”, confinamiento y deportación de activistas, etcétera (4).

Debido, pues, a esas condiciones adversas, Mariátegui y sus compañeros adoptaron, como era lógico que hicieran, ciertas medidas a fin de preservar su actividad organizativa partidaria. Entre ellas se destacaron dos: 1) la realización de una reunión secreta (5); y, 2) la constitución del “grupo organizador del Partido” y del Comité Ejecutivo del Partido” en una reunión clandestina.
 
 La reunión secreta de “los compañeros de más solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento, una buena dirección al Partido que se trataba de fundar” (Martínez, Apuntes, t.II, p.397), tuvo como uno de sus objetivos la constitución de “la célula secreta de los siete” con el propósito arriba señalado y la preparación de la Reunión de Barranco.

Reunión secreta-reunión clandestina. Dadas las condiciones de operatividad, estos fueron los primeros pasos organizativos de los fundadores.

Tanto la Reunión de la Herradura como la Reunión de Barranco, sentaron las bases doctrinales y organizativas para la fundación pública del Partido.

La fundación del Comité Ejecutivo del Partido con los miembros de la célula secreta buscaba asegurar el éxito del proceso de constitución, proceso que debía concluir con la mencionada fundación pública. Con este evento la “célula secreta” habría perdido su razón de ser.

La fundación pública del Partido fue un objetivo expresado por el propio Mariátegui: “La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, para crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fundación pública de esta agrupación” (Ideología y política, p.164).

Y expresado también, con cierto detalle, por Martínez: “… cuando discutimos con Mariátegui el Manifiesto con el que surgía públicamente el Partido Socialista…” (Apuntes, t.I, p.209). Este Manifiesto “… debía llevar la firma de todos nosotros…” (ibídem, t.II, p.508).

Así, pues, por la vía de la labor organizativa clandestina, el Partido marchó hacia su fundación pública.

Ahora bien, en marzo de 1930, cuando se intentó esta fundación, su Comité Ejecutivo estaba conformado también por militantes que no eran parte de la “célula secreta”, la misma que, desde la Conferencia Comunista de Buenos Aires, prácticamente había dejado de existir debido al curso que habían cobrado los acontecimientos (6).

Puede decirse, no obstante, que, durante algunos meses, la célula secreta cumplió un papel positivo en el desarrollo del proyecto de partido de José Carlos Mariátegui (7).

En conclusión: la célula secreta fue concebida con un alcance estrictamente temporal.

Trabajo orgánico partidario clandestino-fundación pública: he aquí la vía concebida –y actuada en parte– para constituir el PSP como un partido de clase bajo la forma de partido de masas (8).

 Naturalmente, la idea de la fundación del PSP no fue una idea secreta ni clandestina.

 En el debate con Haya, Mariátegui había anunciado: “Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación [del Apra], constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas…” (Martínez, Apuntes, t.II, p.301).

  Y, paralelamente a la Reunión de la Herradura, anotó: “En nuestra bandera, inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico)” (Ideología y política, p.246).

         Así, pues, en el marco del debate en el movimiento político popular, Mariátegui comunicó explícitamente la próxima fundación del partido proletario, mientras que, en el marco del trabajo legal, lo hizo en lenguaje alusivo.

  Que en este marco Mariátegui apelara al aludido lenguaje, da cuenta de lo que pensaba acerca de las condiciones objetivas en las que desarrollaba su actividad partidaria y, por consiguiente, de las medidas que tales condiciones imponían.

  En conclusión: Mariátegui y sus compañeros consideraron que, dadas las condiciones objetivas de operatividad, la fundación pública del Partido tenía que alcanzarse a partir de una actividad clandestina previa y, dadas las condiciones subjetivas en el naciente movimiento marxista, bajo la dirección temporal de una instancia secreta.

  En términos generales, puede decirse, por consiguiente, que si la labor de propaganda (Amauta, Labor, etc.) contribuyó poderosamente a preparar la base de masas del PSP (CGTP, etcétera.), la actividad organizativa clandestina coadyuvó potentemente al trabajo por fundar públicamente el Partido.

En el numeral 1 de los Acuerdos de la Reunión de la Herradura se puede leer esta esclarecedora afirmación: “Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional…”.

Cualquiera que sepa leer, puede entender perfectamente que lo citado sostiene la afiliación del Partido a la Tercera Internacional, y no de la célula secreta en particular. 

Por lo tanto, la célula secreta no sólo que fue una instancia orgánica de alcance temporal, sino que no se distinguió, por ninguna diferencia doctrinal, del resto de los organismos partidarios.

En conclusión: la célula secreta fue un recurso temporal de carácter estrictamente orgánico.
      
II

Como se ha señalado, nada más nueve meses después de la Reunión de la Herradura, Julio Portocarrero tergiversaba el carácter y el alcance de la célula secreta en la Conferencia Comunista de Buenos Aires (9).

       En ese evento, en efecto, presentó a dicha célula como doctrinariamente diversa al resto de los organismos partidarios: “¿El partido socialista es la expresión de nuestro pensamiento, de nuestra línea? El partido socialista lo hemos constituido como táctica, como medida de ligazón con las masas. No venimos a decir  que el partido socialista es la expresión profunda de los que luchamos por los intereses del proletariado” (ibídem, p.422). “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista” (ibídem, p.423.).

       Pero además, la presentó como si hubiera sido concebida con un alcance permanente: “Si con nuestro grupo podemos controlar el partido y dirigir sus acciones, ¿no es acaso un medio bueno de ligazón con las masas?” (Martínez, Apuntes, t.II, p.422).

       Después, Jorge del Prado presentó también la célula secreta como permanente: “… dentro del Comité Organizador del Partido, formado en 1928, él [Mariátegui] se preocupó de organizar una <<célula>> (o fracción)  comunista, encargada de garantizar, en forma permanente, la justa línea política del Partido”. Y, sin solución de continuidad, agregó: “Por si esto fuera poco, Mariátegui en ningún momento dejó de pensar que dicho partido debería adherirse a los principios marxistas-leninistas de la III Internacional…” (Mariátegui y su obra, Ediciones Nuevo Horizonte, Lima, 1946, p.99. Cursivas nuestras).

        Estas afirmaciones obligan a preguntarse: si el partido era adherente del marxismo-leninismo, ¿para qué, pues, una célula secreta permanente?
         
        En los años 1960, Ramón García se sumó a la falsificación de la verdad histórica del PSP: “Un punto importante de la discusión para la formación del Partido, fue el concerniente a su carácter legal. Como consta en el Acta [de Constitución], de acuerdo a las circunstancias concretas, el Partido fue denominado Socialista, para poder aprovechar en algo las posibilidades legales. Pero todos estuvieron de acuerdo en constituir, dentro de la organización, los grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido” (La organización del proletariado, p.197, nota al pie de página).

        Como se ve, en García la falsificación cobraba un aspecto más grotesco: no se trataba ya de un grupo –como en Portocarrero o de una “fracción” como en Del Prado–, sino de muchos grupos, es decir, de toda una estructura dentro del Partido, o sea, de un partido dentro de otro partido.

        Así, pues, García concebía al PSP con dos estructuras orgánicas, una dentro de otra, pero sin diferenciarlas todavía doctrinariamente.

        Por otro lado, su afirmación “los grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido”, obliga a preguntarse: si el PSP era un partido marxista-leninista (como entonces admitía García), ¿para qué, pues, “grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido”?

        Ni Jorge del Prado ni Ramón García fueron capaces, cada uno en su momento, de explicar cómo así una fracción secreta en el caso del primero y toda una estructura de grupos secretos en el del segundo, podía ser garantía de consecuencia en un partido marxista-leninista (10).

        La consecuencia de la militancia con respecto al marxismo-leninismo resulta de su lucha en dos frentes (lucha permanente contra el dogmatismo y el empirismo), y, asimismo, de la lucha entre dos líneas (lucha recurrente contra el oportunismo y el revisionismo), y no de la vigilancia de algunos pocos o muchos encapuchados (11).

         Cuarenta años después, en 2007, Ramón García insistió en su monserga: “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primer partido de masas e ideas (sic) de toda nuestra historia republicana” (La creación heroica de José Carlos Mariátegui. 80 aniversario, p.22).

         Así, a su antigua falsificación de presentar al PSP con dos niveles orgánicos, García le ha agregado ahora el supuesto negado de que ambas estructuras eran doctrinariamente diversas.

         Siguiendo, pues, la línea iniciada por Julio  Portocarrero y Hugo Pesce y continuada por Jorge del Prado, García ha profundizado su falsificación de la verdad histórica del Partido de Mariátegui. 

  Precisamente con base en esa falsificación, promueve ahora un partido de dos niveles: uno secreto, restringido, doctrinariamente homogéneo (marxista a secas, es decir marxista no leninista), y otro público, masivo, doctrinariamente híbrido.

  Así las cosas, el partido de García no solo que no sería un partido de clase, sino que tampoco sería un partido de masas en el sentido marxista del término.

  En la concepción de Mariátegui, el PSP debió ser un partido de masas con un carácter de clase, mientras el proyecto de García es de un partido de masas con un carácter policlasista (12).

  Por lo tanto, el pretendido partido de García es absolutamente contrario al Partido de Mariátegui.

  Pero la marrullería del grupo revisionista es tal, que pretende disimular su desenmascarada trastienda con el señuelo que es la frase “[nuestro] objetivo… [es] la constitución [de un] partido de clase” (Manuel Velásquez).

  También con el señuelo que es la frase “reconstitución del PS” (Propuesta de plan 2012-2018) (13).

Asimismo con el señuelo que es levantar la frase “partido de masas y de ideas”, pero vaciada del concepto que encierra en Mariátegui.

  Igualmente con el señuelo que es la idea de “una organización de proyección nacional” (14).

  Tales señuelos, sin embargo, no le han servido en todos los casos, pues la mayoría de tendencias y activistas que pretendió sorprender, tuvo la capacidad de calar, más o menos tempranamente, en el carácter oportunista de su proyecto de partido (15).

III

En carta del 04.11 del año en curso, dirigida a César Risso, Aragón ha planteado sus reparos al proyecto de un partido de dos niveles.

  Así, intenta sustentar su posición en la conjetura de que los acuerdos de la Reunión de la Herradura no tienen “validez histórica” (16).

  Por lo demás, sostiene que, entre esos acuerdos, el “central fue la propuesta de formación de la ‘célula secreta de los siete’" (cursivas en negritas en el original), a la que considera como el Punto de referencia, que más de un caudillo personalista ha utilizado posteriormente para dar sustento a la antojadiza propuesta del ‘partido de dos niveles’" (17).

  Como se ve, sus observaciones se limitan al aspecto orgánico, y no tocan en absoluto el aspecto doctrinal del proyecto de García.

  Pero ocurre que el proyecto de García no sólo se basa en la falsificación de la verdad orgánica del PSP, sino también en la falsificación de su verdad doctrinal.

  Ahora bien, entre esas dos falsificaciones, existe una relación de causa y efecto: la idea de un partido de “dos niveles” se presenta como la materialización orgánica de la heterogeneidad doctrinaria que significa un marxismo sin leninismo en el “nivel secreto” y una diversidad doctrinaria en el “nivel público”.

  Así, pues, este proyecto de partido: 1) reniega el modelo de partido legado por Mariátegui; 2) reniega el principio del centralismo democrático; 3) sobrevalora el papel del individuo en las personas que forman el nivel secreto y subvalora este papel en las personas que formarían el nivel público; 5) conculca la independencia ideológica, política y orgánica del proletariado, es decir, reniega el partido de clase.

Desde luego, no es que la crítica de Aragón no sea justa. Un partido con dos niveles orgánicos permanente es una concepción contraria al marxismo. Pero, por no ver Aragón el aspecto doctrinal de la cuestión, es decir su esencia, su crítica no contribuye a esclarecer cabalmente el carácter oportunista del proyecto de García. Como se sabe, Aragón comparte el proyecto de un partido del variopinto socialismo en general, es decir, de un partido no de clase, y, debido a esto, no está en condiciones de hacer una crítica de fondo a dicho proyecto.

Para decirlo de una vez por todas: lo que Aragón pone en evidencia con su crítica limitada a lo orgánico, es una completa incapacidad de desembarazarse de la carga oportunista y revisionista que hace mucho García le colgó en las espaldas: negación del marxismo-leninismo, negación de la filiación marxista-leninista de Mariátegui y el PSP, etcétera.

  Puede decirse, por otra parte, que dicha crítica expresa el límite al que se puede llegar en un grupo donde el seguidismo y el servilismo han hecho fáciles víctimas.

  Finalmente, quienquiera puede darse cuenta hasta dónde puede llegar, en el marco de la izquierda, el grupo revisionista con su negación del marxismo-leninismo; su tergiversación de cuestiones fundamentales dirimentes del pensamiento de Mariátegui; su falsificación de la filiación doctrinal del maestro y de la realidad doctrinal y orgánica del PSP; su plan de reestructurar el Estado burgués en sus bases municipales; su negación del partido de clase; su binomio egotismo burgués-servilismo feudal; sus métodos criollos.

   Desde luego, no está descartado que un grupo oportunista pueda convertirse en un partido de masas. En los años treinta el grupo de Haya (tipificado como oportunista pequeño burgués por José Carlos Mariátegui), se convirtió en el primer partido de masas y de ideas de nuestra historia republicana. Esto es un hecho que sólo la más extrema ceguera intelectual puede negar.

   El drama del Socialismo Peruano en su período auroral fue, pues, que, debiendo haber constituido el primer partido de masas y de ideas de nuestra historia republicana, esta condición la alcanzó un grupo oportunista, por razones que no es el caso analizar en el presente artículo.

   Los agonistas del Socialismo Peruano –tú, yo, él, nosotros, vosotros, ellos– debemos tener en cuenta esa negativa experiencia y, en estos tiempos decisivos, saber deslindar con el proyecto de un partido doctrinariamente variopinto, no de clase, revisionista, al mismo tiempo que centralizar los esfuerzos por llevar adelante la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

   La Reconstitución implica construir un partido adherido al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario, con una correcta concepción de la revolución y una justa estrategia de masas, una militancia pensante y operante y, de continuar las condiciones actuales, con un estatus legal.

  ESTE PARTIDO DE CLASE SERÍA EL PRIMER PARTIDO DE MASAS Y DE IDEAS EN LA HISTORIA DEL PROLETARIADO PERUANO.

Notas:
[1] En su carta a César Risso del 4 de noviembre del presente, Aragón cuestiona “la validez histórica” de los acuerdos de la Reunión de la Herradura. Dice: “Hasta donde yo he podido avanzar en mis investigaciones, en el transcurso de los dos últimos decenios, ese texto es de dudosa procedencia”. Pero no dice por qué es “de dudosa procedencia”, lo que constituye un vicio de argumentación.
[2] Puesto que Aragón no ha presentado ni una sola prueba, su negación de la constitución de una célula secreta en la Reunión de la Herradura no pasa de ser una mera conjetura. Aragón dice: “Mariátegui en ninguna de sus cartas y artículos posteriores al 16 de setiembre,  nunca  informó ni comentó sobre los supuestos ‘acuerdos’ de  esa  reunión”. ¿Pero cómo puede creer Aragón que Mariátegui podía comentar en artículos y cartas UNA REUNIÓN SECRETA? Mariátegui no era infidente, y tampoco ingenuo para creer que sus cartas no eran pasibles de ser reveladas o caer en manos de la policía. 
[3] La presencia de Hugo Pesce en la Conferencia de Buenos Aires obliga a preguntarse: ¿la célula secreta fue ampliada con este militante? Por otro lado, es menester señalar que la publicación de los debates habidos en la Conferencia de Buenos Aires reveló ante la militancia partidaria la existencia de un “Grupo”, y, de esta forma, la célula secreta dejó de ser tal.
[4] Para una idea más precisa de la represión contra Mariátegui y el movimiento popular de su tiempo, puede verse el ensayo El proyectado viaje a Buenos Aires de José Carlos Mariátegui, publicado en los grupos de correo y, particularmente, en la revista digital CREACIÓN HEROICA.
[5] Con el término secreta enfatizo el hecho de que la Reunión de la Herradura fue realizada sin el conocimiento de otros elementos que después participarían de la Reunión de Barranco. Pero, obviamente, esta Reunión fue también, al mismo tiempo, clandestina.
[6] Como se sabe, en dicha Conferencia Julio Portocarrero había distorsionado la concepción mariateguiana del PSP, y, además, había retornado al país con la actitud de cambiarle el nombre al Partido. En la Reunión de Santa Eulalia del 20 de mayo de 1930 –a poco más de un mes de la muerte de Mariátegui– votó a favor del cambio de nombre.
[7] Incluso en la Conferencia de Buenos Aires, la actuación de Julio Portocarrero fue contradictoria. Mientras por una parte distorsionó –junto a Hugo Pesce– la concepción de Mariátegui del PSP, por ejemplo, por otra parte defendió –también junto a Hugo Pesce– sus tesis Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, Punto de vista anti-imperialista y El problema indígena, que hace parte del trabajo El problema de las razas en América Latina.
[8] Para la fundación clandestina del “grupo organizador del Partido” bastó un pequeño número de cuadros como los que se reunieron en Barranco el 7 de octubre de 1928. Para la fundación pública del PSP hacía falta una extensa militancia de obreros y campesinos y, al mismo tiempo, era necesario concretar una dirección directa, centralizada, operativa sobre las amplias masas obreras y campesinas organizadas. Pero, en el marco de la lucha contra el oportunismo pequeño burgués del Apra naciente, el Partido no podía esperar alcanzar dicha situación en su grado más óptimo: la lucha por la hegemonía en el movimiento popular obligó a saltar algunas etapas y, así, en marzo de 1930, el Partido intentó su fundación pública, cosa que no se produjo por la oposición del ala reformista.
[9] Llama la atención que en la revelación, en mencionada Conferencia, de la “célula secreta”, estuviera involucrado Hugo Pesce (que no era parte suya). Esto quiere decir: o bien Pesce había sido incorporado a dicha célula, o bien al hacer la revelación Julio Portocarrero, enteró a Pesce quien, entonces, simplemente la asumió.
[10] Eso de más solventes y más responsables es un factor relativo. Así lo prueba el propio derrotero de la célula secreta. En un plano general, es un hecho que ninguna instancia orgánica secreta puede garantizar consecuencia con respecto a las premisas establecidas. Conocedor de la dialéctica en el Partido, Mariátegui no concibió, por eso, la célula secreta como una instancia permanente, sino temporal. Concebir un nivel orgánico permanente en el Partido no solo es una flagrante negación del principio del centralismo democrático, sino también de la dialéctica inherente al Partido, o sea, del reflejo de la lucha de clases en todas sus instancias orgánicas. Esto es lo que hacen Ramón García y sus repetidores.
[11] Precisamente el proyecto de García de un partido de “dos niveles” expresa una concepción que niega a la militancia la función de luchar conscientemente contra el dogmatismo, el empirismo, el oportunismo y el revisionismo, pues en dicho proyecto la suerte del partido está librada a la vigilancia del nivel secreto. Ahora mismo puede observarse esta desviación en la relación del nivel secreto del grupo revisionista con su inicial nivel público que, como es de conocimiento común, se limita a repetir el discurso y los ucases del primer nivel. Esto es lo que García pretende hacer extensivo a la entera izquierda peruana, probando así su despotismo, directamente proporcional a su egotismo burgués.
[12] Para que las cosas queden claras: el carácter de clase del Partido está determinado no por la extracción social de sus militantes, sino por la ideología a la que adhieren. Por lo tanto, el Partido es de clase porque sus militantes adhieren al marxismo-leninismo. Ahora bien, un partido doctrinariamente heterogéneo, tampoco tiene esta condición por la extracción social de sus militantes, sino porque estos adhieren a diversas ideologías. Es por eso que el proyecto de García es de un partido policlasista.
[13] Hace tiempo que el grupo revisionista ha renunciado públicamente a la Reconstitución. En el artículo Organización: contenido y forma, García escribió: La propia experiencia, la propia lucha enseñó a través de la investigación de continuadores, que la Reconstitución se hundía en un círculo vicioso”. “La ‘reconstitución’ ha devenido fiasco en el país”. Y, en el artículo  Organización: nombre posible, reveló con qué pretende reemplazar la Reconstitución: con “una organización de proyección nacional”, integrada, por supuesto, por toda clase de oportunismo y toda clase de revisionismo. Así, pues, el hecho de que en su cuarto seminario el grupo revisionista haya pretendido sorprender a los participantes con aquello de “reconstitución del PS”, da la medida de sus métodos criollos y, por lo tanto, de su descomposición moral.
[14] Señuelo, porque es la forma en que el grupo de  García pretende que la izquierda se una partidariamente bajo su línea revisionista. Por lo demás, un partido-amalgama es la más completa negación de lo que fue el PSP. Dadas las notorias y notables diferencias doctrinales, la unidad de la izquierda peruana no es posible bajo la forma de partido, pero sí de frente. Hacia esta meta que tienen que moverse las diversas tendencias.
[15] Algunas tendencias y activistas, sin embargo, han participado –en calidad de “organizadores” unos, de invitados otros– en los seminarios y eventos promovidos por el grupo revisionista a fin de fundar el nivel público de su partido. De esta forma evidenciaron un cierto espíritu seguidista, pero, después, en el curso de los eventos, tuvieron el suficiente criterio para no caer en la emboscada.
[16] Aragón es ambiguo. En una parte de su carta habla de “los supuestos ‘acuerdos’” de la Reunión de Barranco, mientras en otras partes pone en duda “la validez histórica del mencionado texto”, y apunta esta frase: “la mencionada reunión supuestamente realizada en La Herradura el 16 de setiembre de 1928”. ¿Supuestamente? ¿Qué es, pues, lo que niega Aragón? ¿La fecha de la Reunión? ¿La realización de la Reunión misma? ¿Son “supuestos” los Acuerdos de la Reunión de la Herradura? ¿Considera reales estos Acuerdos, pero, como dice, no tienen “validez histórica”? Ciertamente Aragón tiene un embrollo en la cabeza, no obstante que su pesquisa lleva dos décadas.
[17] Es menester apuntar que el “punto central” de la Reunión de la Herradura no fue la cuestión de la “célula secreta”, sino la declaración de afiliación del Partido a la Tercera Internacional, pues ello representó su definición como partido marxista-leninista, cosa que se hizo evidente en el Programa del Partido, redactado por Mariátegui a solicitud del Grupo Organizador.

20.11.13.


El Socialismo Heroico y Creador:
«Defensa del Marxismo»

(Décimo Cuarta Parte)



                                                          Jorge Oshiro


"...y la masa...va pasando de caos-pueblo a entidad de pensamiento cada vez más ordenado, y cada vez es más consciente de su potencia, de su capacidad de hacerse con la responsabilidad social, de convertirse en  árbitro de su propio destino".

Retengamos esta triple identidad: conocerse a sí mismo=ser sí mismo=conocer la propia potencia. Es decir, que el conocimiento de sí mismo es al mismo tiempo el conocimiento de la propia potencia, que es a la vez la misma esencia del hombre Y esta triple identidad nos va a llevar al siguiente concepto: voluntad. Veamos ahora qué significa "voluntad" para el joven Gramsci:

"Voluntad, en el sentido marxista, significa consciencia del fin, que a su vez significa noción exacta de la propia potencia y de los medios para expresarla en la acción.Significa por lo tanto en primer lugar distinción, individuación de la clase, vida política independiente de aquella otra clase, organización compacta y disciplinada a los fines propios específicos sin desviaciones ni vacilaciones. Significa impulso rectilíneo al fin máximo".

Se aprecia la casi identidad entre los conceptos cultura y voluntad. Digo la "casi" identidad entre voluntad y cultura, pues es necesario aún especificar el concepto "voluntad", como voluntad colectiva.

        La conquista de la propia personalidad, del yo "trascendental"  implica en el pensamiento del joven Gramsci la existencia de una voluntad colectiva. Retomemos ahora la cita en la cual dice Gramsci que los hombres son "pigri" y agrega:

"...necesitan organizarse, exteriormente primero, en corporaciones y ligas y luego íntimamente, en el pensamiento, en las voluntades".

Este pasaje es de vital importancia, pues en él nos dice nuestro autor que la "voluntad", lejos de ser una fenómeno "innato" tal como lo explica la filosofía idealista desde Descartes hasta Sartre, es un producto histórico, social, que ella es una forma de relación humana, que primero aparece como organización colectiva, "exteriormente" y sólo luego, (poi), en la subjetividad, "íntimamente", en el pensamiento, en la voluntad.[1]

        Tanto para Spinoza como para Gramsci el alma, es decir el hombre en tanto que piensa, es activo. Y es esta actividad que la filosofía idealista (Descartes) la reservan solamente a la voluntad que independiente del pensamiento deviene una sustancia metafísica. Muy diferente la concepción gramsciana de la voluntad-pensamiento(conocimiento).

        La cultura deviene así en el pensamiento de Gramsci en la expresión de una voluntad colectiva, que no sería, por lo tanto, otra cosa que una cierta forma de ver, de concebir, de pensar y modificar el mundo a partir de determinados intereses.

        Así la sociedad capitalista, basada en la explotación de las clases subalternas se articula a través de una voluntad colectiva, la voluntad colectiva de la clase burguesa o de un sector de ella, que aparece, es su forma "democrática", como voluntad colectiva de la totalidad social.

        Esta voluntad colectiva de un sector minoritario -pero poseedor de los instrumentos de producción- mantiene, para la conservación y reproducción constante de la articulación social, una relativa atomización del cuerpo social. Esta atomización del cuerpo social es lo que Gramsci llama, como ya se ha mencionado, "blocco amorfo del popolo", "caos popolo", "materia amorfa, caos sociale".

        Decimos "relativa atomización", pues ella expresa una evidente contradicción entre la articulación rigurosa de la producción y la desarticulación entre los miembros de las clases productoras, sumido cada cual "en su vida privada".

        En otras palabras: la contradicción entre la articulación rigurosa del trabajo (social) y la desarticulación manifiesta de la vida (social); los hombres trabajan juntos colectivamente, pero viven separados, cada cual en su pequeño mundo. La expresión política de esta manifiesta contradicción es el "democratismo-parlamentario burgués", en el cual, "cada cual", en voto secreto, es decir "privado" elije "libremente" a "su" candidato, que en su conjunto no hace otra cosa que llevar adelante los negocios de la "voluntad colectiva" burguesa.

        El proceso revolucionario y la construcción de una sociedad sin clases, es decir, la creación de la sociedad civil, capaz de absorber la sociedad política, depende de esta voluntad colectiva de las masas trabajadoras.

        Esta categoría de la voluntad colectiva es fundamental en los «Escritos juveniles», pero su importancia, ya se puede apreciar, se extiende a toda la obra gramsciana, pues ella está  a la base de conceptos tan conocidos y (ab)usados como "hegemonía", "bloque histórico" (que es el desarrollo posterior de ese "blocco amorfo" inicial), "intelectuales", "práctica" etc.etc..

        De allí que hayamos hablado de la importancia de "horizonte", de "norte" que tiene los escritos juveniles dentro del contexto total del pensamiento de Gramsci. ¿Cómo se forma esta voluntad colectiva? Gramsci:

"Una voluntad de ese tipo necesita para formarse normalmente de un largo proceso de infiltraciones capilares; de una larga serie de experiencias de clases. Los hombres son "pigri", lerdos, pasivos y tienen la necesidad de organizarse primeramente en corporaciones, en asociaciones, luego íntimamente, en el pensamiento, en la voluntad... de una incesante continuidad y multiplicidad de estímulos exteriores".



[1] Agreguemos de pasada, que esta última parte del pasaje, "nel pensiero, nelle vollontà…" señala un aspecto importante de su pensamiento filosófico. El joven revolucionario italiano no hace ninguna diferencia esencial entre estas dos categorías, es decir, concibe el pensamiento como movimiento dinámico, como potencia, de allí que el "conocerse" a sí mismo pueda ser al mismo tiempo "ser-sí-mismo" y "ser-potente" como se ha aludido más arriba. La referencia a Spinoza es aquí de importancia para comprender adecuadamente lo que aquí se está  diciendo. En ET.II. la definición 3. escribe Spinoza: "Por idea entiendo un concepto del alma, que el alma forma por ser una cosa pensante. Explicación: Digo concepto más bien que percepción, porque le nombre de percepción parece indicar que el alma padece en virtud del objeto; en cambio, el concepto parece expresar una acción del alma".También en el pensamiento de Gramsci hay que acentuar este carácter de "acción del alma".

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