miércoles, 1 de marzo de 2017

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

De Cómo los Liquidadores Abjuran del Marxismo-Leninismo y Falsifican la Creación Heroica de Mariátegui

(Tercera Parte)



Eduardo Ibarra



Sobre la línea política: táctica y estrategia

Como es sabido, con aquello del “nuevo municipio”, García promueve la reestructuración del Estado burgués en sus bases municipales.

En efecto, al plantear que “el nuevo municipio es el ‘por dónde empezar’ de la lucha por el cambio social”, y que “tiene que planificar su economía, asumiendo sus funciones de producción, administración y gobierno”, García propone la reestructuración del municipio en las condiciones de la sociedad actual.

        Es decir, propone que hay que “planificar” la economía municipal, es decir, la economía capitalista local.

Porque, incluso si la economía municipal adquiriese en algunos de sus sectores una forma colectiva (cooperativa, etc.), dicha economía no deja de ser economía capitalista.

La reestructuración del Estado burgués en sus bases municipales es, pues, una propuesta reformista, que, sin embargo, García intenta disimular con un lenguaje maximalista (“trabajo emancipado”, “cambio social”).

Este reformismo se confirma sobre todo por el siguiente hecho. En el artículo Plan de publicación, publicado en Polémica, año II, nº5, García plantea el derecho al trabajo emancipado como una reivindicación básica, es decir, inmediata. 

Es decir, en la propuesta de García, el trabajo emancipado, máximo objetivo de la revolución socialista, aparece como realizable en los marcos del capitalismo.

La función del Estado burgués (de todos sus aparatos sin excepción, y, por tanto, también del municipio) es reproducir las relaciones de producción capitalistas y las condiciones de esta reproducción.

Por tanto, en el marco de los municipios y, en general, en la sociedad capitalista, es simplemente imposible el trabajo emancipado.

La propuesta reformista de García tiene su antecedente en la consigna de “poder municipal” (recuérdese el experimento de Villa El Salvador) levantada por Izquierda Unida en los años ochenta.

Así, pues, aparte su demagógico discurso maximalista, en este caso tampoco tiene García el mérito de la originalidad.

En la línea de Marx y Lenin, Mariátegui sostuvo que “la praxis marxista… propone precisamente la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza”.

Y agregó: “… los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria”.

De estos asertos mariateguianos se desprende que la conquista del poder político solo es posible mediante la violencia revolucionaria, y no mediante el voto: mediante este procedimiento puede lograrse únicamente el gobierno del poder municipal, y, por tanto, creer que la suma de “nuevo municipios” puede dar como resultado el nuevo poder a nivel nacional (que es precisamente lo que creen los liquidadores), constituye de hecho: 1) sucumbir a los prejuicios democrático burgueses; 2) constreñir la lucha de los trabajadoras a los cauces legales; 3) plantear vergonzantemente la transición pacífica.

La revolución (para emplear este término marxista en lugar del término neutro “cambio social”) implica precisamente lo contrario: una ruptura con los cauces legales de la lucha.

Es decir, la revolución es una insurrección de las clases trabajadoras contra el aparato del Estado burgués, sin excepción de ninguno de sus aparatos.

Así, la Comuna de París fue una insurrección al margen y contra el aparato del Estado burgués. Los soviets rusos surgieron al margen y contra el aparato del Estado monárquico. Las Asociaciones Campesinas en China surgieron al margen y contra el aparato del Estado burgués. Etcétera, etcétera.

Pero, tanto creen los liquidadores en su “camino municipal al socialismo” (esencialmente semejante al “camino parlamentario al socialismo” del revisionismo jruschoviano), que, en un artículo venenosamente titulado Acerca de un comentario insustancial sobre política concreta (17. 11. 2014), Miguel Aragón sugirió que la Comuna de París no se constituyó el 18 de marzo de 1871, sino que “ya existía… desde muchos años antes como forma de gobierno local reconocida por el pueblo parisiense”.

Sin embargo de esta alegre afirmación, la verdad es que las comunas parisinas no eran otra cosa que una forma de organización del Estado burgués, que como tal, por tanto, reproducía las relaciones de producción capitalistas y las condiciones de esa reproducción, mientras la Comuna de París liquidó las relaciones de producción capitalistas y las condiciones de reproducción de las mismas.

 Para los marxistas, pues, el problema no está en la forma de las instituciones, sino en el contenido de clase de su política. Prueba nuestro aserto el hecho de que, por ejemplo, en Rusia hubo los soviets mencheviques y social-revolucionarios y en Alemania los soviets de Ebert-Scheidemann.

Por eso Marx señaló en La guerra civil en Francia: “Generalmente, las creaciones históricas por completo nuevas están destinadas a que se las tome por una reproducción de formas viejas e incluso difuntas de la vida social, con las cuales pueden presentar cierta semejanza. Así, esta nueva Comuna, que quiebra el Poder estatal moderno, ha sido confundida con una reproducción de las comunas medievales, que, habiendo precedido a ese Estado, le sirvieron luego de base” (cursivas nuestras).

Así, pues, si luego de la Comuna de París hubo quienes confundieron la forma del nuevo poder con las comunas medievales, ahora Aragón la confunde con las comunas municipales existentes inmediatamente antes del 18 de marzo de 1871.

Contra semejantes confusiones, se alza el hecho incontrovertible de que la Comuna de París fue una creación histórica por completo nueva, tal como señaló Marx.

En la línea del Togliatti revisionista (teórico de las famosas “reformas estructurales” dentro del Estado burgués), García cree que el trabajo emancipado, objetivo máximo de la revolución socialista, es realizable en el marco de los municipios, es decir, cree que los cauces legales pueden contener una acción revolucionaria.

Es oportuno recordar que Ravines planteó en su programa la “Instauración de los municipios obreros, campesinos y soldados en lugar de la dominación de clase de los grandes propietarios de la tierra y de la Iglesia” (Martínez, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.421).

Malgrado diferencias argumentales, en el fondo tanto la propuesta de Ravines (de tinte izquierdista) como la de García (de tinte derechista), guardan entre sí un común denominador: la creencia de que el municipio encierra la posibilidad de una acción revolucionaria.

García cree pues que el trabajo emancipado es posible bajo la dictadura de la burguesía, y, como es obvio, esta creencia encierra la idea de la transición pacífica.

Esto explica que, intentando contestar, de forma indirecta, nuestra crítica a la ilusión del gobierno venezolano de un tránsito pacífico al socialismo (véase nuestro artículo La reconstitución y la política concreta III, 11.02.2015), García, en una nota del 31.10.2014 al pie del artículo El estado comunal, una realidad revolucionaria pendiente (31.10.2014), de Homar Garcés, no dijera absolutamente nada sobre nuestra aludida crítica. Esto no es ni puede ser casualidad.

En cambio, en la misma nota, nuestro liquidador se extendió sobre el Estado-Comuna y, así, validó el discurso de Garcés sobre el Estado-Comunal en Venezuela, siendo que los Consejos Comunales en este país no son el producto de una insurrección de las clases trabajadoras, como fue la Comuna de París, sino organismos burocráticos al servicio del reformismo.

Así, pues, si se mira bien, el discurso de García sobre el Estado-Comuna comporta la ecuación transición pacífica-Estado-Comuna.

Que de tanto en tanto nuestro liquidador apele, en términos generales, a la idea de la revolución violenta (Jorge del Prado, partidario empedernido de la transición pacífica, también de tanto en tanto apelaba en términos generales a la idea de la revolución violenta), no le sirve para encubrir su reformismo concreto, es decir, su “camino municipal al socialismo”.

        Este mal disimulado reformismo explica el apoyo de García al “socialismo del siglo XXI” (el socialismo de Marx es uno solo en todos los siglos), que, como se sabe, levanta precisamente la tesis de la transición pacífica (véanse los libros El socialismo del siglo XXI, de Heinz Dieterich Steffan, y América Latina y el socialismo del siglo XXI. Inventando para no errar, de Marta Harnecker), y cuya experimentación más publicitada es el gobierno venezolano.
       
Explica, asimismo, que García haya tomado del novísimo “socialismo” de Dieterich la promoción de la democracia participativa, que, como se sabe también, el autor alemán iguala al socialismo.

        Pero ¿qué es la democracia participativa en las condiciones de la sociedad capitalista?

Como es evidente, la propia burguesía promueve la democracia participativa, y esto significa que promueve la participación de la población en la política burguesa.

Por su parte, el liquidacionismo (y algunos gratuitos repetidores) promueven también la democracia participativa en el nivel municipal, y esto quiere decir que promueve la participación de la población en la política reformista.

Así las cosas, resulta obvio que la base filosófica del reformismo de García (y de Aragón, etc.) es el evolucionismo vulgar, contrario por principio a la dialéctica marxista.

Todo lo expuesto sobre el “nuevo municipio” hasta aquí, da cuenta del contenido concreto del “cambio social” de los liquidadores, o sea, el significado específico que tiene en ellos dicho término.

Por supuesto, el proletariado consciente debe intervenir organizadamente y con programa propio en todas las formas de lucha. Esto está fuera de discusión.

Pero debe hacerlo sin la ilusión pequeño burguesa de que el cauce municipal o cualquier otro cauce estatal puede llevar al poder popular, y en la convicción de que la experiencia de su propia lucha directa al margen de la legalidad burguesa le dará el cauce de su creación heroica.

Debe hacerlo, pues, para, en el curso de su gestión, propagandizar la idea de la revolución, organizar a las masas y descomponer así el aparato estatal burgués.

Lenin señaló que “reducirse a indicar la necesidad de ‘organizar a las masas’ no explica absolutamente nada; de otra parte, quien se limitase a ello no sería más que un acólito de los liberales, porque son los liberales, quienes precisamente desean, para afianzar su dominación, que los obreros no vayan más allá de sus organizaciones habituales, ‘legales’ (desde el punto de la sociedad burguesa ‘normal’), es decir que los obreros se limiten simplemente a afiliarse a su partido, a su sindicato, a su cooperativa, etc., etc.”

Y agregó: “Gracias a su instinto de clase, los obreros han comprendido que en un período de revolución necesitan una organización completamente distinta, no sólo habitual, y han emprendido con acierto el camino señalado por la experiencia de la revolución de 1905 y de la Comuna de París de 1871: han creado el Soviet de diputados obreros, se han puesto a desarrollarlo, ampliarlo y fortalecerlo, atrayendo a él a diputados de los soldados y, sin duda alguna, también a diputados de los obreros asalariados rurales y, además (en una u otra forma), de todos los campesinos pobres” (OE en doce tomos, t.VI, p.222; cursivas en el original).

Estas enseñanzas quieren decir, precisamente, que creer, como creen los liquidadores, que el municipio (aparato del Estado burgués encargado, como los otros, de reproducir las relaciones de producción capitalistas y las condiciones de esta reproducción) es el cauce al socialismo, significa: 1) alimentar la ilusión de que los cauces legales encierran la revolución; 2) oponerse desde ahora mismo a la creación heroica de las masas, es decir, al Camino de Mariátegui, o sea, al camino de las clases trabajadoras que terminarán por crear la forma organizativa de su lucha revolucionaria por el poder y, por tanto, la forma de su propio poder.

20.12.2016.


Nota:

Publicamos a continuación tres capítulos del folleto inédito Crítica al oportunismo de derecha de Jaime Lastra (aunque sus capítulos circularon oportunamente en la red), de nuestro compañero Eduardo Ibarra, los mismos que dan cuenta de algunos aspectos del derechismo de Lastra, así como de sus métodos criollos.

Esta publicación obedece al hecho de que, una vez más (ya fracasó dos veces en el intento) Lastra pretende abortar el proceso de la Reconstitución del Partido de Mariátegui, y ya no es posible dejar de criticar directamente semejante pretensión.

La lectura honrada de los aludidos capítulos, permitirá a los lectores tomar conocimiento de las posiciones de Lastra opuestas a Mariátegui y a la reconstitución del PSP, o, como puede ser en algunos casos, recordar los términos de la crítica a dicha oposición.

La Reconstitución supone un prolongado trabajo de esclarecimiento, crítica, toma de posición y deslinde en relación a la verdad universal, la Creación Heroica de Mariátegui, la política concreta y la cuestión del partido.

Por eso, pretender ahora “una conferencia política con miras a la reconstitución”, sin la preparación necesaria, es abortar el proceso reconstitutivo del Partido de Mariátegui.

Con “miras a la reconstitución”, Lastra hubiera tenido que desarrollar los diversos aspectos del trabajo prolongado señalado arriba, pero, como bien se sabe, prefirió perder el tiempo poniéndole el hombro al proyecto de partido del grupo liquidacionista y desenvolver su idea inconfesa de que el frente dirige al partido.

Y, ambas cosas no significaron ni un solo paso adelante en la lucha por la Reconstitución.

De esta forma, Lastra terminó perdiendo el camino.

Cualquier apresuramiento en la lucha por la Reconstitución, no puede entenderse sino como resultado de la incomprensión del contenido de esta magna tarea, de su camino propio y de su método de realización.

Lastra representa una variante del oportunismo de derecha, y, como es claro, el oportunismo de derecha no tiene lugar en la lucha por la Reconstitución.

Pero además, Lastra ha demostrado una impresionante insolvencia teórica que el lector sabrá captar (si no lo ha captado ya) con la lectura de los capítulos que publicamos.

Finalmente, Lastra ha mostrado ser partidario impenitente de los métodos criollos, que el lector también sabrá captar (si no lo ha captado ya) con la lectura de los aludidos capítulos.

El derechismo de Lastra se expresa concentradamente en su oposición al Pensamiento de Mariátegui en más de un punto y en su falsificación del contenido, el camino propio y el método de la Reconstitución.

Su insolvencia teórica se expresa, también concentradamente, en su argumentación sobre la verdad universal, sobre el frente unido y otras cuestiones.

Y sus métodos criollos se expresan, asimismo concentradamente, en su obstinación por abortar el proceso de reconstitución, es decir, por encubrir su oportunismo de derecha tras el manto de la reconstitución.

Si Lastra quiere ocupar un puesto en la lucha por la Reconstitución del Partido de Mariátegui, tendría que comenzar por desembarazarse por completo de su oportunismo de derecha y de sus métodos criollos y hacer el esfuerzo necesario para comprender marxistamente el contenido de la Reconstitución, su camino y su método.

Pero ocurre que, no obstante que la crítica a su derechismo y a sus métodos (crítica que data, redondeando, de hace tres años), Lastra no ha mostrado ninguna capacidad de desembarazarse de los fardos que carga.

Puede decirse, entonces, que Lastra no tiene ninguna autoridad política y ninguna autoridad moral para promover eventos “con miras a la reconstitución”.

La Reconstitución supone un prolongado trabajo de esclarecimiento, crítica, toma de posición y deslinde en relación a la verdad universal, la Creación Heroica de Mariátegui, la política concreta y la cuestión del partido.

Precisamente, desde hace tiempo el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM), lleva adelante dicho trabajo necesario.

Esta es una realidad ante la cual nadie puede cerrar los ojos.

Es de suponer que otros organismos y otros activistas van por el mismo camino.

Sin embargo, no obstante lo avanzado, el CRJCM considera que falta todavía un trecho para terminar de sentar las bases ideológicas, teóricas, políticas y orgánicas que permitan abordar prácticamente y de lleno la etapa organizativa de la Reconstitución.

Pero tampoco falta demasiado y, por tanto, más temprano que tarde llegaremos, todos a una, a atacar la cuestión orgánica con temario y cronograma consensuados.

         Por eso, el CRJCM llama a evitar el nuevo intento de abortar la Reconstitución promoviendo una “juntucha” (así llaman en Bolivia a las unificaciones sin principios), y, naturalmente, a tomar posición firme y definida con respecto al Camino de Mariátegui (que no admite ningún confusionismo), a la Reconstitución (que no es una aventurilla orgánica), a su camino propio (que no es conciliacionismo) y a su método (que implica sentar las bases ideológicas, teóricas, políticas y orgánicas necesarias para la unidad principista de los marxista-leninistas peruanos en una sola organización).

        Esto es lo que se llama llevar adelante la Reconstitución con un sentido estratégico.

En la próxima edición de CREACIÓN HEROICA publicaremos algunos capítulos más del mencionado folleto de nuestro compañero.

01.03.2017.

CRJCM


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


La Reconstitución y la Verdad Universal del Proletariado


E.I.


En la segunda mitad de 2010 un pequeño grupo de activistas hizo un esfuerzo por organizar un grupo de debate que debía definir la cuestión de la Reconstitución a fin de contribuir a su desarrollo y culminación.

Pero los acuerdos tomados con vistas a ese objetivo fueron rápidamente pisoteados por Jaime Lastra, quien, por circunstancias perfectamente explicables, apareció entonces como cabeza orgánica del aludido grupo (1).

A cuatro años de ese malogrado intento, se constata el desarrollo de dos líneas antagónicas entre quienes originalmente lo asumieron.

Como es de conocimiento común, la constitución del Partido Socialista del Perú comprendió una lucha en los planos ideológico, teórico, político y orgánico.

En el presente artículo me limitaré a un rápido análisis del aludido antagonismo en el plano ideológico.

Brevemente: en los tiempos de Mariátegui, la cuestión del leninismo era una controversia fundamental. Entonces el maestro escribió Defensa del marxismo y acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP. En el Programa del Partido puede leerse esta terminante afirmación: “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (t.13, p.160).

Así, pues, la adhesión al marxismo-leninismo fue el contenido ideológico de la Constitución del Partido.

Ahora bien, la Reconstitución comprende igualmente una lucha en los cuatro planos anteriormente mencionados.

En el ideológico, la lucha se presenta hoy como la defensa del leninismo en tanto marxismo de nuestra época y el reconocimiento del pensamiento de Mao en cuanto desarrollo directo del leninismo.

       Lenin señaló: “La época se llama precisamente época porque abarca toda una suma de diversos fenómenos y guerras, típicos y no típicos, grandes y pequeños, propios de los países avanzados y de los atrasados. Eludir estas cuestiones concretas por medio de frases generales acerca de la ‘época’, como hace P. Kíevsky, significa abusar del concepto ‘época’” (Sobre la caricatura del marxismo y el ‘economismo imperialista’, en OE en doce tomos, t.VI, Editorial Progreso, Moscú, 1976, p.69).

       Es decir, toda época histórica tiene un contenido concreto.

       Stalin señaló: “Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria) cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se despliega la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets” (Fundamentos del leninismo, en Cuestiones del leninismo, compilación, ELE, Pekín, 1977, p.3).

       Es claro, pues, que entre las condiciones en las que actuaron Marx y Engels y las condiciones en que actuó Lenin, hay, dentro del marco general de la continuidad del capitalismo, una discontinuidad: el paso del capitalismo competitivo al capitalismo imperialista, es decir, el cambio de época histórica.

       Por eso, entre la teoría de la revolución de los primeros y la teoría de la revolución del segundo, hay, también, en este caso dentro del marco general de la continuidad de los principios del marxismo, una discontinuidad: el leninismo es marxismo, pero es marxismo de nuestra época. 

       Es un hecho incontrovertible que tanto el pensamiento de Lenin como el pensamiento de Mao surgieron en la misma época histórica; en otras palabras, que tanto el uno como el otro tienen las mismas raíces históricas.

       Por eso, entre las condiciones en que actuó Lenin y las condiciones en las que actuó Mao, no hay ninguna discontinuidad de naturaleza epocal, sino una comunidad directa: el imperialismo es la época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una mayoría de países coloniales y semicoloniales. Por eso, entre el pensamiento de ambos dirigentes, no hay, tampoco, una discontinuidad epocal, es decir en cuanto a las raíces históricas se refiere, sino una comunidad igualmente epocal, inmediata, directa.

       Es decir, tanto el pensamiento de Lenin como el pensamiento de Mao, llevan el sello de nuestra época, y, por esto, el segundo es un desarrollo directo del primero.

       No tener en cuenta la interconexión entre los países imperialistas y los países del mundo colonial, es no comprender el contenido de nuestra época, y, no tener en cuenta la comunidad epocal entre el pensamiento de Lenin y el pensamiento de Mao, es escamotear la realidad de sus comunes raíces históricas, y, por lo tanto, desconocer la verdad de que el pensamiento de Mao es una etapa del marxismo de nuestra época, una etapa del leninismo.

       La revolución proletaria mundial es un proceso único e indivisible que se da en las condiciones generales del imperialismo. Fallecido Lenin en 1924 y vigente nuestra época, el leninismo cobró un importante desarrollo ulterior con el pensamiento de Mao. El pensamiento de Mao se desarrolló: 1) en función de la lucha de clase del proletariado en las condiciones generales del imperialismo; 2) en función de la particular realidad de un país como la China prerrevolucionaria; 3) en función de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado.

       Pues bien, en la segunda mitad del año pasado, Lastra hizo circular un conjunto de documentos, entre los cuales hay uno de su autoría, El marxismo y su desarrollo (¿07.07.2013?), en el cual intenta argumentar el “marxismo-leninismo-maoísmo” que ha tomado de Abimael Guzmán.

       En dicho documento, Lastra ha dejado escrito: “en mis estudios sobre esta cuestión cada vez me queda claro que la denominación de la doctrina no tiene que ver mecánicamente con la ‘época’, como que si bastara la aparición de esa nueva época para que automáticamente surja el conocimiento que le corresponda, sino con el tipo de conocimiento que se ha producido en esa época determinada. Y esto lleva, inevitablemente, a ver la causa del salto de la teoría (el desarrollo doctrinal) no en un determinado lapso de tiempo, sino en el contenido teórico de las soluciones a los nuevos problemas, logrado mediante la aplicación de la doctrina frente a una determinada realidad; es decir, el desarrollo de la teoría marxista se comprueba en un nuevo aporte teórico-práctico, corroborado por la experiencia. Resulta evidente que el nuevo aporte se da en un tiempo específico; es decir, en un periodo determinado, pero no es el tiempo el que genera el conocimiento, sino la práctica social correspondiente. Sabemos, como  caso similar, que tanto el tiempo como el espacio son formas fundamentales de la materia, pero no explican el cambio de la materia. Lo que explica su desarrollo son las contradicciones que operan al interior de la materia. Y es frente a esas contradicciones como se desarrolla la teoría. Tiempo y espacio reflejan solo la forma en que se plasma el desarrollo en tanto son condicionantes, más no determinantes. Por eso, es conocido el razonamiento materialista dialéctico de que no puede existir materia sin movimiento fuera del espacio y tiempo” (se ha respetado la redacción del autor de la cita).

       Este es el argumento central de Lastra, resultante de sus “estudios de esta cuestión”, y, por ello, es suficiente que en estas líneas me limite a la crítica de sus términos.

       Como se ha podido ver, Lastra califica de “mecánica” la relación establecida entre nuestra época y el leninismo en la definición de este último, pero, no ha tenido la honradez intelectual de mencionar a quiénes critica por el supuesto mecanicismo.

       En Los fundamentos del leninismo (1924), Stalin señaló: “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria”.

       En el Programa del Partido (1928), Mariátegui sostuvo: “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios” (2).

       En Sobre la contradicción (1938), Mao mantuvo: “Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria” (OE, ELE, Pekín, 1972, t.I, p.352).

       Como se ve, los mecanicistas son Stalin, Mariátegui, Mao, entre otros teóricos marxistas obviamente.

       En el prólogo a la segunda edición de Materialismo y empiriocriticismo, Lenin señaló: "Cuando los ortodoxos han tenido que manifestarse contra ciertas concepciones anticuadas de Marx (como, por ejemplo, Mehring respecto de ciertas tesis históricas), lo han hecho siempre con toda precisión y de forma tan detallada, que nadie ha encontrado jamás en sus trabajos la menor ambigüedad" (cursivas nuestras).

       Si Lastra cree que los dirigentes mencionados arriba cayeron en mecanicismo al comprender el leninismo como el marxismo de nuestra época –y es esto, precisamente, lo que cree–, debió decirlo francamente y demostrarlo con toda precisión y de forma detallada, pero está claro que no ha sido capaz de proceder de acuerdo a esta norma marxista.

       Luego dice que no basta el surgimiento de una nueva época “para que automáticamente surja el conocimiento que le corresponda”. Pero ¿quién ha planteado jamás que el surgimiento de, por ejemplo, la época del imperialismo y de la revolución proletaria, bastó para que surgiera “automáticamente” el leninismo?

       De suyo se comprende que el surgimiento del leninismo se debió a las nuevas condiciones epocales y a la creación teórica de Lenin, la cual, como es obvio, se derivó de su participación en la lucha de clase del proletariado en tales condiciones. La afirmación de Lastra no pasa, pues, de ser una falacia con la que busca escamotear las raíces históricas del leninismo, y, así, renegar el método de Stalin en el análisis del desarrollo del marxismo.

       También dice Lastra que “la denominación de la doctrina” tiene que ver “con el tipo de conocimiento que se ha producido en esa época determinada”.

       Pero ¿qué quiere decir “tipo de conocimiento”? Ciertamente la frase es ambigua. Pero inmediatamente después, agrega Lastra que “esto lleva, inevitablemente, a ver la causa del salto de la teoría… no en un determinado lapso de tiempo, sino en el contenido teórico de las soluciones a los nuevos problemas” (3). Y redondea su idea diciendo que “no es el tiempo el que genera el conocimiento, sino la práctica social”.

       Como se ve, Lastra utiliza el concepto tiempo en su acepción más general, en su acepción física, lo que se revela de un modo indubitable en sus afirmaciones finales: “tanto el tiempo como el espacio son formas fundamentales de la materia, pero no explican el desarrollo de la materia”; “Tiempo y espacio reflejan solo la forma en que se plasma el desarrollo en tanto son condicionantes, más no determinantes”.

       Es decir, Lastra entiende nuestra época histórica–y toda época histórica– como mera fluencia de los días y los años, haciendo desaparecer, de esta forma, su contenido concreto.

       Ciertamente es la práctica social la que genera el conocimiento, pero, puesto que Lastra ha suprimido en su argumentación el contenido concreto de nuestra época, su “práctica social” se revela como un concepto sin ninguna determinación concreta, y, por lo tanto, como un concepto sin un contenido concreto, como un concepto sin referente objetivo, como un concepto vacío. Lo mismo hay que decir de sus frases “los nuevos problemas”, “una determinada realidad”, “corroborado por la experiencia”, “nuevo aporte”.

       Porque ¿cuáles “nuevos problemas”, cuál “determinada realidad”, corroboración de cuál “experiencia” y cuál “nuevo aporte” si, como se ve, nuestro “maoísta” pretende que la época del imperialismo y de la revolución proletaria es únicamente un “lapso de tiempo”?

       Es un hecho, pues, que, en sus “estudios” sobre el leninismo, a Lastra le quedaba cada vez más claro que nuestra época histórica es un “lapso de tiempo” que, según se desprende del contexto de su argumentación, se limita a reflejar “la forma en que se plasma el desarrollo” del marxismo (“de la materia”, dice, o sea que para él el marxismo es materia), pues, según le quedaba cada vez más claro también, el tiempo, es decir nuestra época histórica (en traducción nuestra), es condicionante pero no determinante de dicho desarrollo.

       Este es el materialismo de Lastra: el ser social (las condiciones concretas de nuestra época), no determinan la conciencia social (el desarrollo del marxismo), y, de esta forma inverosímil, termina por escamotear absolutamente las raíces históricas del leninismo y por convertir el propio desarrollo del marxismo en algo completamente místico.

       La verdad, sin embargo, es que las concretas condiciones de nuestra época determinaron la creación teórica de los marxistas, y es así precisamente como surgió el leninismo (4).

       En consecuencia, la verdad, simple y sencilla, es que el leninismo es el marxismo de nuestra época, justamente porque su contenido expresa el contenido fundamental y las tendencias fundamentales del imperialismo y de la revolución proletaria, y esta realidad no tiene absolutamente nada de mecanicismo. Es profundamente dialéctica, tal como lo demostró Mao (5).

       Ahora bien, puesto que la época del imperialismo y de la revolución proletaria no ha cambiado, entonces el pensamiento de Mao se define, por sí mismo, como un desarrollo inmediato del leninismo.

       En conclusión: 1) Lastra reniega el método de Stalin en el análisis del desarrollo del marxismo; 2) no ha sido capaz de plantear ni siquiera medianamente bien la cuestión del leninismo; 3) sus argumentos, analizados aquí, son una suma de disparates; 4) por lo tanto, su “marxismo-leninismo-maoísmo” no tiene ninguna base argumental.

       En el documento ¿Reafirmación o reformulación de la Base de Unidad Ideológica?, circulado al mismo tiempo que el documento analizado arriba en su contenido nuclear, puede leerse la siguiente afirmación: “Nuestra base doctrinal es el marxismo-leninismo, que al mismo tiempo, defiende los aportes de Engels, Stalin y Mao”. Pero también puede leerse que se plantea “reformular la Base de Unidad Partidaria”. Esto  quiere decir que el documento El marxismo y su desarrollo (título copiado de un artículo de Ramón García, dicho sea de paso) representa la posición personal de Lastra, quien, se sobreentiende, de esa forma está proponiendo su “marxismo-leninismo-maoísmo” como nueva base ideológica de su grupo.

       La lucha por la Reconstitución del Partido de Mariátegui implica la adhesión de la militancia al marxismo-leninismo, es decir, a la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao. Este es el contenido ideológico de la Reconstitución y, por lo tanto, la base de la unidad doctrinal del Partido: se unen los elementos doctrinariamente homogéneos, no los heterogéneos. Y, como es obvio, en esta cuestión no caben ni eclecticismo ni conciliacionismo. Menos todavía capitulación.

       Así, pues, es deber de los marxista-leninistas deslindar con el rebajamiento del leninismo y la desubicación del pensamiento de Mao que promueve Lastra.

       Como seguramente se sabe, mi modesta contribución a la solución del problema suficientemente analizado en las presentes notas, se encuentra, sobre todo, en el folleto El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación, en los tres primeros capítulos del libro El pez fuera del agua y en los artículos El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, Mariátegui y el leninismo y Mariátegui y la base de unidad del partido, que hacen parte del opúsculo que lleva el mismo título del primer artículo. No estaría demás que los activistas del grupo de Lastra consulten nuevamente estos textos.

       No sé si otros autores lo hagan, pero yo no pienso reclamar derecho de autor sobre algunas cuestiones que Lastra dice en su documento, aunque no puedo dejar de llamar la atención acerca de su irresistible inclinación a copiar de aquí, de allá y de acullá, haciendo de todo un indigesto menjunje.

Notas
[1] Si en 2010 apoyamos que Lastra asumiera la condición de cabeza orgánica del grupo, no fue porque consideramos que reúne las condiciones necesarias para ejercer dicha función. En la porción de la tendencia que se aprestaba a organizarse, había compañeros con más nivel teórico que él, pero, infortunadamente, los mismos no tenían la necesaria voluntad política para asumir dicha responsabilidad. Lastra sí la tenía y, por lo tanto, no tuvimos más salida que apoyarlo. Nuestra idea era que cumpliese con organizar el grupo y diera los primeros pasos. Después veríamos qué compañero podía asumir con mayor solvencia las tareas acordadas. Pero, por cuanto tan pronto regresó al país, Lastra cometió la deslealtad de pisotear los acuerdos (por ejemplo de acordar un temario común de debate), de hacer a un lado ciertas propuestas nuestras (por ejemplo la consigna ¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!), de ocultar documentación (por ejemplo algunas cartas de mi autoría) y escamotear todo debate verdadero, planteamos las críticas que correspondían y asumimos una actitud de prudencial independencia con respecto al grupo organizado. Así quedamos fuera del grupo, así quedó truncado el proyecto, así Lastra se perpetuó como cabeza orgánica. No obstante, durante más de tres años esperamos pacientemente que corrigiera sus errores y sus prácticas reñidas con el marxismo, pero los hechos demostraban cada vez que se hundía más y más en el eclecticismo, el conciliacionismo, el derechismo. Puesto que, con la rapidez de un rayo, Lastra hizo a un lado el proyecto acordado e implementó el suyo propio, es un hecho que su viaje a esta ciudad solo tuvo como propósito utilizar el manto de nuestro respaldo a fin de autorizarse ante los ojos de quienes estaban por organizarse. Esto revela su temperamento criollo.
[2] Con el término etapa, Mariátegui se refirió a nuestra época histórica. Esto es indiscutible.
[3] Aquí también es menester preguntar: ¿quién ha planteado nunca que “la causa del salto de la teoría” es “un determinado lapso de tiempo”? Pero lo que hay que remarcar, es que Lastra cree –fíjese el lector– que “la causa” del desarrollo del marxismo (¡la causa!), es “el contenido teórico de las soluciones a los nuevos problemas”. Por cierto, esto es una enormidad, pues dicho “contenido teórico” es más bien el propio marxismo desarrollado. Esta enormidad está en evidente contradicción con lo que sigue inmediatamente: que es “la práctica social” la que “genera el conocimiento”. Esta contradicción demuestra, pues, que Lastra dice y se desdice, es decir, que tiene un embrollo en la cabeza.
[4] La lucha de clase del proletariado (“práctica social” le llama Lastra), es, ella misma, parte constitutiva de nuestra época, siendo, precisamente, uno de sus contenidos fundamentales: ¿acaso nuestra época no es, al mismo tiempo que la del imperialismo, la de la revolución proletaria?
[5] En efecto, en su genial artículo Sobre la contradicción, Mao señaló: “Stalin, al explicar las raíces históricas del leninismo en su famosa obra ‘Los fundamentos del leninismo’, analizó la situación internacional en que nació el leninismo, analizó las distintas contradicciones del capitalismo, llegadas a su grado extremo bajo las condiciones del imperialismo, y mostró cómo ellas hicieron de la revolución proletaria una cuestión práctica inmediata y crearon condiciones favorables para el asalto directo al capitalismo. Además, analizó por qué Rusia fue la patria del leninismo, por qué la Rusia zarista constituía el punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y por qué el proletariado ruso se convirtió en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. De esta manera, Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, al mismo tiempo, analizó lo que de particular tenían estas contradicciones generales en el caso del imperialismo de la Rusia zarista, explicando por qué Rusia llegó a ser la cuna de la teoría y las tácticas de la revolución proletaria y cómo dicha particularidad encerraba la universalidad de la contradicción. Este análisis de Stalin nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión” (OE, ELE, Pekín, 1972, t.I, p.352).
02.07.2014.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


La Reconstitución y el Pensamiento de Mariátegui


E.I.


Planteamiento de la cuestión. En el Programa del Partido, José Carlos Mariátegui señaló: “El Partido Socialista del Perú es la vanguardia del proletariado, la fuerza política que asume la tarea de su orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase” (t.13, P.162). Es decir la Constitución del Partido tuvo como objetivo el único que podía tener: organizar la revolución.

Como se sabe, en 1969 se acordó reconstituir el Partido de Mariátegui. De suyo se comprende que, como la Constitución, la Reconstitución tiene como objetivo el único que puede tener: organizar la revolución.

Pero si en el proceso de Constitución había que adherir al marxismo-leninismo como la base de unidad ideológica del Partido (Defensa del marxismo, etc.); construir la teoría de la realidad peruana (7 Ensayos, etc.); construir la teoría de nuestra revolución (Ideología y política, etc.); establecer una concepción del PSP y de la militancia (documentos partidarios, carta a César Vallejo del 14.10.1929, El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, etc); ahora, en el proceso de Reconstitución, hay que entender el marxismo-leninismo como la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao; hay que desarrollar la teoría de Mariátegui de la realidad peruana; hay que desarrollar su teoría de nuestra revolución; hay que desarrollar su concepción del partido del proletariado nacional.

Es necesario subrayar que la Reconstitución solo puede llevarse exitosamente a su culminación sobre la base de la unidad partidaria: marxismo-leninismo, Camino de Mariátegui, línea política general.

Pero hay que destacar que la piedra angular de la Reconstitución es el pensamiento de Mariátegui. Sin pensamiento de Mariátegui, no hay Reconstitución.

Y, exactamente como en la Constitución, los cuatro aspectos de la Reconstitución forman un todo único, un sistema, una unidad indisoluble. Bastaría que faltase uno solo de dichos aspectos, para que se consuma un apartamiento del Pensamiento de Mariátegui, un apartamiento de la Reconstitución.

Pues bien, en el presente artículo nos limitaremos a analizar las posiciones de Jaime Lastra con respecto a las de Mariátegui en punto a los cuatro planos de la Reconstitución, aunque, en la medida en que en el artículo La reconstitución y la verdad universal del proletariado, hemos analizado ya más o menos extensamente sus argumentos sobre el marxismo-leninismo, aquí nos imitaremos a agregar sobre esta cuestión una sola cosa. 

En lo ideológico. En el Programa del Partido, Mariátegui dejó sentado: “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (ibídem, p.160).

No se necesita ser especialmente inteligente para darse cuenta de que con esta definición del marxismo-leninismo, Mariátegui dejó en claro que comprendió el leninismo como el marxismo de nuestra época.

Pero, como se ha visto en otro lugar, Lastra se opone furtivamente a la mencionada comprensión mariateguiana. Furtivamente quiere decir aquí que, en lugar de proceder como marxista, o sea cuestionando francamente tal comprensión, ha procedido con rodeos, ambigüedades, divagaciones.

Y, obviamente, con esa manera de proceder  no hay ni puede haber Reconstitución.

En lo teórico. En este período donde la tarea central del proletariado peruano es la Reconstitución del Partido de Mariátegui, es cuestión fundamental no sólo defender el pensamiento mariateguiano, sino desarrollarlo. Pero en décadas, Lastra se ha mostrado completamente incapaz de dar un solo paso adelante en cualquiera de los aspectos que conforman dicho pensamiento. Peor aún, lo tergiversa inescrupulosamente y se le opone en cuestiones importantes relativas a lo ideológico, lo teórico, lo político y lo orgánico.

Y, obviamente, con esa incapacidad y esa oposición no hay ni puede haber Reconstitución.

        En lo político. Mariátegui señaló: “En virtud de una orden del día de Serrati, el partido declaró su adhesión a la Internacional de Moscú y, en consideración al programa de Génova superado por los acontecimientos y por las condiciones internacionales creadas por la guerra, introdujo en él varias reformas. Conforme a estas reformas, el partido conceptúa que los instrumentos de dominación del estado burgués no pueden en ninguna forma transformarse en órganos de liberación del proletariado. Que a ellos deben ser opuestos nuevos órganos proletarios -consejos de obreros, de campesinos, etc.-, que, funcionando por ahora bajo la dominación burguesa como instrumentos de lucha, serán mañana los órganos de transformación social y económica del orden de cosas comunista. Que el régimen transitorio de la dictadura del proletariado debe marcar el paso del poder de la burguesía a los trabajadores”  (t.15, p.71-72; cursivas mías).

        También señaló: “Turati y su fracción observan que dos son las concepciones socialistas de la actualidad, basadas naturalmente en una diversa apreciación del instante histórico. La primera es la concepción maximalista de que frente a la crisis burguesa, la acción socialista debe ser exclusivamente insurreccional y revolucionaria. Y la segunda es la concepción evolucionista de que la acción socialista debe ser constructiva y no debe despreocuparse de los problemas de la crisis sino, más bien, trabajar porque aboquen a soluciones socialistas o semisocialistas. En suma, que el socialismo debe preparar dentro de la sociedad actual las bases de la sociedad futura” (Ibídem, p.189; cursivas mías).

        Por eso concluyó: “la praxis marxista… propone precisamente la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza” (Defensa del marxismo, p.26, elipsis mía). “Los hechos se encargaron de demostrar a los radicales chilenos que los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria” (Temas de nuestra América, p.143).

        Pero, como es de conocimiento general, seguidistamente Lastra ha asumido la táctica reformista de reestructurar el Estado burgués en sus bases municipales que propone el grupo liquidacionista que encabeza Ramón García.

        Pues bien, esta táctica reformista, evolucionista, demagógica, es opuesta a la táctica mariateguiana.

        Mariátegui sostuvo: “La pequeña burguesía, sin exceptuar a la más demagógica, si atenúa en la práctica sus impulsos más marcadamente nacionalistas, puede llegar a la misma estrecha alianza con el capitalismo imperialista. El capital financiero se sentirá más seguro, si el poder está en manos de una clase social más numerosa, que satisfaciendo ciertas reivindicaciones apremiosas y estorbando la orientación clasista de las masas, está en mejores condiciones que la vieja y odiada clase feudal de defender y los intereses del capitalismo, de ser su custodio y su ujier” (Ideología y política, p.92). “Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera” (ibídem, p.91). “En conclusión, somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo, porque en la lucha contra los imperialismos extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa” (ibídem, p.95).

Pero Lastra ha terminado convirtiendo Pizarra Socialista, revista que dirige, prácticamente en tribuna de la “revolución bolivariana” (socialismo pequeño burgués) y de la  “revolución ciudadana” (nacionalismo pequeño burgués). Y, esto, a título de “frente único”.

Mariátegui subrayó: “El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. (…) Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. (…) Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia”.

Pero Lastra confunde frente con amalgama doctrinal, y, de este modo, ha suprimido la filiación que parecía tener su grupo. Por eso hemos sostenido en otro lugar que lo que se constata en la mencionada revista es la abdicación de su grupo a favor de concepciones no proletarias. Prueba nuestro aserto el siguiente hecho: un activista del grupo de Lastra ha sostenido que “los logros alcanzados por el proceso bolivariano [alienta] un camino de mayor profundización para la revolución” (Pizarra Socialista, p.25). Si se tiene en cuenta que el mismo activista dice en el mismo artículo que la nacionalización de la industria petrolera por el gobierno venezolano fue una política “nacionalista revolucionaria” (p.24); que “El índice de la desigualdad social en Venezuela” es de “0,468, según medición de INE” (sic, ibídem); que allí “el desempleo se redujo al 6,2%” (ibídem); que “Respecto a los indicadores sociales, tenemos la erradicación del analfabetismo, la reducción de la tasa de mortandad infantil y un nivel de calidad educativa solo superada por Cuba” (ibídem); que países como Brasil, Ecuador, Venezuela, etcétera, están logrando “emanciparse de su dependencia económica” (ibídem); cualquier marxista puede darse cuenta de qué entiende por revolución este otro “marxista-leninista–maoísta”, cómo ha bastardeado el concepto de revolución y cómo a procesos reformistas los embellece con el rótulo de revolución, creando así confusión entre los lectores. Esta abdicación ideológica prueba, pues, el oportunismo de derecha que ha sentado sus reales en el grupo de Lastra.   

En conclusión, Lastra y algunos activistas de su grupo han renunciado a la independencia ideológica y política del proletariado que alegan representar.

Y, obviamente, con esa abdicación no hay ni puede haber Reconstitución.  

En lo orgánico. En la moción aprobada por la reunión del 4 de marzo de 1930 del CC del PSP, Mariátegui señaló: “El P.S. es un partido de clase”.

El carácter de clase del PSP estaba dado por su adhesión al marxismo-leninismo, adhesión que se expresa en la Creación Heroica de Mariátegui. La teoría mariateguiana de la realidad y la revolución peruanas, por una parte, y, por otra, la lucha del fundador del PSP contra el dogmatismo, el revisionismo y, en general, contra todas las concepciones ideológicas, políticas y orgánicas no proletarias, son pruebas fehacientes de dicha adhesión. En otras palabras, tales luchas prueban la adhesión real, verdadera, efectiva de Mariátegui y el PSP al marxismo-leninismo.

Pero ocurre que Lastra no ha contribuido absolutamente con la teoría mariateguiana de la realidad y la revolución peruanas, por una parte, y, por otra, no desarrolla ninguna lucha contra el dogmatismo ni el revisionismo y hasta continúa haciendo de furgón de cola de este último y, en general, no solo que tampoco desarrolla ninguna crítica a las concepciones ideológicas, políticas y orgánicas no proletarias, sino que incluso las publicita.

Así, pues, su proclamado “marxismo-leninismo maoísmo” solo le sirve de tapadera de su oportunismo de derecha.

¿Qué tipo de organización puede ser la que pretende Lastra si alcanza a imponer a sus dirigidos su falso “marxismo-leninismo-maoísmo” y su verdadero oportunismo de derecha? ¿Qué tipo de Reconstitución puede haber con ese falso “marxismo-leninismo maoísmo” y con ese verdadero oportunismo de derecha?

Que el partido es la materialización de la doctrina quiere decir que sus militantes son la encarnación de la doctrina. Pero, como se ha visto, Lastra no es precisamente la encarnación de la doctrina, sino del oportunismo de derecha.

Por eso cualquier marxista tiene que percatarse de que el proyecto partidario de Lastra no tiene nada que ver con la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

Y, obviamente, por ese camino no hay ni puede haber Reconstitución.

10.10.2014.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


La Reconstitución y la Política Concreta II


E.I.


La Reconstitución es un proceso de construcción ideológica, teórica, política y orgánica del partido del proletariado peruano, sobre la base del modelo de partido legado por José Carlos Mariátegui, a efecto, claro está, de que pueda cumplir su papel de dirigir la revolución.

Como es de conocimiento común, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP y de esto da cuenta el Programa del Partido.

Por eso, en la reunión del CC del 4 de marzo de 1930, se aprobó una moción donde aparece esta afirmación incuestionable: “El P.S. es un partido de clase, y por consiguiente, repudia toda tendencia que signifique fusión con las fuerzas u organismos políticos de las otras clases. Condena como oportunista toda política que plantee la renuncia momentánea del proletariado a su independencia de programa y de acción, que en todo momento debe entenderse íntegramente” (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.487).

Marxista-leninista consecuente, Mariátegui desarrolló en el trabajo de masas una intensa y extensa crítica de todas las concepciones ideológicas, políticas y orgánicas no proletarias que circulaban en su tiempo y, de este modo, pudo alcanzar la hegemonía en el frente unido.

Sin una base ideológica común el partido apenas sería una unidad mecánica. Por eso, su unidad orgánica tiene que ser la materialización de su unidad ideológica. Solo así puede tener unidad de pensamiento y acción. Esta es una necesidad absoluta de la Reconstitución.

El trabajo del partido entre las masas, tanto de arriba como de abajo, tiene como guía ideológica el marxismo-leninismo y como base teórica el pensamiento de Mariátegui. Solo así puede alcanzarse la necesaria unidad de pensamiento y acción del binomio partido-masas. Esta unidad es una necesidad absoluta de la Reconstitución.

Pues bien, hoy como ayer, es necesario desarrollar en el trabajo de  masas una crítica intensa y extensa de todas las concepciones ideológicas, políticas y orgánicas no proletarias. De otro modo no se puede construir un partido proletario arraigado en las masas, es decir, no puede alcanzarse la hegemonía en el frente unido, o sea,  no puede haber Reconstitución.

En el plano ideológico, hay que llevar adelante la lucha contra el dogmatismo y el revisionismo, y principalmente contra el revisionismo (1).

El partido necesita desarrollar un trabajo intelectual con plan y equipo propios; necesita medios de propaganda y de agitación propios; necesita realizar un trabajo de masas propio; etcétera.

En general, el partido requiere un camino propio en su construcción. Sin este camino propio, no hay ni puede haber Reconstitución.

Por lo tanto, sin una dirección firme en lo ideológico, solvente en lo teórico, audaz en lo político y potente en lo orgánico, no es posible la Reconstitución.

Pues bien, ocurre, sin embargo, que Lastra, atrapado en una concepción frentista, se pasó alrededor de una década haciendo de furgón de cola del plan partidario del grupo revisionista que encabeza Ramón García. Tercamente, se negó durante años a seguir el consejo de darle una organicidad a la tendencia.

Cuando finalmente en 2010 cedió ante la presión, visitó esta ciudad y tomamos algunos acuerdos que pisoteó tan pronto regresó a Lima. Desde entonces actuó un proyecto ajeno a los acuerdos y extraño a la Reconstitución, como veremos en seguida.

Durante su breve estadía en esta ciudad en el indicado año, se opuso a la aparición de la revista digital CREACIÓN HEROICA con el argumento de que publicara mis artículos en un blog del grupo liquidacionista a fin “de no dispersar el trabajo de propaganda”.

De este modo expresó su concepción frentista, y precisamente con respecto al revisionismo liquidacionista, peligro principal en la lucha por la Reconstitución.

Obviamente, cualquier marxista puede percatarse de que con esa concepción no hay ni puede haber Reconstitución.

En 2012 Lastra y Mauricio Domínguez participaron en un seminario organizado por el grupo revisionista que tenía por objetivo exclusivo y excluyente la fundación de un partido doctrinariamente heterogéneo, es decir, que pretendía liquidar el partido de clase.

Así, pues, en lugar de desenmascarar el siniestro designio liquidacionista y denunciarlo ante el Socialismo Peruano, ambos se prestaron a ponerle el hombro al evento.

Como no podía ser de otro modo, uno y otro fueron criticados con toda justicia en el artículo Algo más que una respuesta a Miguel Aragón.

A propósito, no conocemos ninguna autocrítica de Domínguez, pero tampoco ningún intento de justificarse; el silencio culposo ha sido hasta ahora su reacción ante nuestra crítica.

Pero Lastra, en lugar de autocriticarse, en una carta al COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM), del 31.10.12, intentó, más o menos indirectamente, justificar su oportunismo aduciendo que lo que pasa es que no es sectario, y aprovechó la ocasión para acusarnos de sectarios (2).

Pues bien, explicando el frente unido sindical de la clase obrera, Mariátegui señaló: “Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente” (t.13, p.109).

Obviamente, este juicio puede hacerse extensivo al plano político de la lucha de clases, y, por lo tanto, puede decirse que en todos los casos tanto el sectarismo como el no sectarismo son cuestiones que pueden ser identificadas únicamente en relación a la solidaridad o no solidaridad con respecto a un problema concreto, a una necesidad urgente, o, para decirlo de otro modo, en relación a si hay o no una determinada comunidad de objetivo que obligue o no a una acción común.

En el plano metodológico, esa constatación exige analizar concretamente tanto el sectarismo como el no sectarismo, y no a referirse a ambas cuestiones en forma abstracta, como hace Lastra.

Por lo tanto, en la medida en que los miembros del CRJCM no somos solidarios con el objetivo de liquidar el partido de clase, no teníamos por qué participar del seminario liquidacionista y, por esto, mal se nos puede acusar de sectarios.

Ahora bien, ¿en qué pudo consistir la solidaridad de Lastra y Domínguez con el grupo revisionista que había organizado el seminario con el exclusivo y excluyente objetivo de liquidar el partido de clase? Es en torno a este objetivo, y no a ninguna otra cosa, que puede detectarse el sectarismo o no sectarismo de cualquier activista o tendencia. Cualquier otro argumento que prescinda del objetivo del evento, es pura fraseología.  

Por eso, no se entiende en absoluto que personas partidarias del partido de clase le hayan puesto el hombro a un evento que tenía por objetivo liquidar el partido de clase.

Así, pues, las razones de esa bochornosa participación hay que buscarlas en otro lugar: en el frentismo a ultranza de Lastra y Domínguez, en sus debilidades personales y, en el caso específico del primero, en su conocida actitud conciliadora y adulante con respecto a oportunistas y revisionistas. Pero, desde luego, cualquier marxista puede darse cuenta de que ninguna de estas “razones” es marxismo (3).

Ahora bien, en la medida en que Lastra aduce no ser sectario, habría que preguntar: ¿por qué, entonces, se retiró finalmente de las sesiones del evento? ¿Por qué, posteriormente, no participó del quinto seminario del grupo liquidacionista? ¿Por qué en esta oportunidad no aplicó “dialécticamente” los principios? ¿Se olvidó de las enseñanzas de la nociva “experiencia de trabajo político sectario”? ¿No cayó entonces en “un trabajo político purista”? ¿No quedó así su “política de frente único” “solamente en  cliché”? ¿No fue su abstención una de esas “prácticas erradas del trabajo político”? ¿No fue su inasistencia expresión del “estilo sectario en el trabajo político”? ¿No era que “Un seminario es un espacio de debate no vinculante orgánicamente”? ¿Su abstención no fue como pararse y decir “no voy porque ese seminario es revisionista”? ¿No es así como tiene que entenderlo “cualquier público sensato”? ¿Así no quedó Lastra “en ridículo”? (4).

No cabe duda: el no sectario terminó enredado en la gruesa telaraña de su propia cháchara fanfarrona.

Es necesario desenmascarar el sentido de la siguiente afirmación que aparece en la carta de Lastra: “Lo contrario de participar en ese seminario sería boicotearlo. ¿Eso es lo que podrían proponer, acaso? Toda abstención contradice la política revolucionaria del m-l-m” (cursivas mías).

Lastra se refiere al quinto seminario del revisionismo peruano. Como se ve, primero sostiene que no participar en tal evento, sería boicotearlo. ¡Qué horror! ¡Como puede alguien atreverse a “boicotear” un seminario que tiene como objetivo liquidar el partido de clase! Después, dice que toda abstención contradice, etcétera, es decir que, según él, la política revolucionaria del marxismo-leninismo-maoísmo ¡exige ponerle el hombro a un seminario que tiene como objetivo exclusivo y excluyente la liquidación del partido de clase! Finalmente, contra su cacareada “política de frente único”, terminó él mismo absteniéndose de participar en el mencionado seminario (5). ¡Entiéndalo quien pueda!

Si desde hace una década o más Lastra actúa un frentismo a ultranza con el grupo revisionista, ahora lo practica también con otras tendencias: en el segundo número de la revista Pizarra Socialista, que él dirige, ha publicitado ampliamente el “socialismo bolivariano” y la “revolución ciudadana”.

El CRJCM apoya las medidas de algunos gobiernos latinoamericanos que, de alguna forma y en algún grado, signifiquen una oposición al imperialismo, pero no compartimos la publicitada teoría del “socialismo del siglo XXI” (Heinz Dieterich Steffan, Marta Harnecker, etc.), así como tampoco el discurso nacionalista pequeño burgués de la “revolución ciudadana”.

Más allá de toda fraseología, el “socialismo del siglo XXI” es socialismo pequeño burgués que vende la vieja tesis revisionista de la transición pacífica y que concibe el socialismo como una cuestión de distribución “equitativa” de la riqueza y no como la liquidación de la propiedad privada de la gran burguesía y la socialización de sus medios de producción. Por eso, después de casi quince años de chavismo, la contradicción fundamental en la sociedad venezolana continúa siendo entre el capital y el trabajo, es decir, continúa allí la explotación de la fuerza de trabajo de las clases populares, o sea, Venezuela sigue siendo un país capitalista.

Por otro lado, el nacionalismo pequeño burgués de la “revolución ciudadana” no ha cambiado ni puede cambiar absolutamente el carácter capitalista de Ecuador (6).

En relación al “socialismo del siglo XXI”, la “revolución ciudadana” y otras experiencias semejantes, no olvidamos nosotros esta luminosa enseñanza de Mariátegui: “Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera” (t.13, p.91).

¿Dónde están, en las páginas de Pizarra Socialista, la necesaria explicación y la necesaria demostración de que solo la revolución socialista inspirada en el marxismo-leninismo, y no el socialismo ni el nacionalismo pequeño burgueses, pueden oponer al imperialismo una valla verdadera? ¿Dónde está la crítica a las concepciones ideológicas no proletarias del “socialismo bolivariano” y de la “revolución ciudadana”? ¿Dónde está este deslinde necesario?

En ninguna parte. Por eso está por verse a qué tipo de socialismo se refiere el título de la revista.

Mariátegui señaló: “El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única” (t.13, p.108).

Como lo sabe cualquier marxista (y tal vez sobre todo cualquier “maoísta”, pues Mao es uno de los grandes teóricos del frente unido), todo trabajo frenteunitario supone unidad y lucha, solidaridad y crítica.

Pero, como hemos visto, en Pizarra Socialista se publicita el socialismo y el nacionalismo pequeño burgueses sin que sean confutados absolutamente, y esto prueba que no es una revista de frente unido sino una revista-amalgama, en la que, notoriamente, sacan partido concepciones no proletarias. Esta amalgama no sirve en absoluto a la Reconstitución.

En lugar de llevar adelante una resuelta lucha contra el revisionismo, Lastra concilia vergonzosamente con este peligro principal en la lucha por la Reconstitución.

En lugar de llevar adelante una amplia crítica a todas las concepciones ideológicas, teóricas, políticas y orgánicas no proletarias, hace un venenoso revuelto de ellas y su falso marxismo-leninismo-maoísmo.

Por eso, puede decirse, como conclusión, que tanto su conciliacionismo con respecto al grupo liquidacionista como su cocinado con el “socialismo bolivariano” y la “revolución ciudadana”, son expresiones de la ideología realmente existente en la cabeza de Lastra.

Notas
[1] Tanto en la construcción del partido como en el trabajo entre las masas, el peligro principal es el revisionismo en sus diversas variantes. Esto es indiscutible.
[2] La carta de Lastra respondía a una mía del 16.10.2012, en la que le alcanzamos algunas críticas a varios aspectos de su práctica. La acusación que me hace de sectario es una repetición ciega de la acusación que me hizo Miguel Aragón a raíz de mi crítica a Lastra y Domínguez, y que fuera rápidamente desmontada en el artículo Algo más que una respuesta a Miguel Aragón. En el presente artículo no analizaré todas las falacias, todos los métodos criollos y todas las veces que Lastra toma prestadas algunas trampas de Manuel Velásquez (véase mi artículo Acerca de la demagogia de una carta abierta).
[3] La participación de Lastra y Domínguez en el cuarto seminario del grupo liquidacionista tiene, obviamente, otras aristas que, sin embargo, no es posible analizar aquí.
[4] Todos los términos y todas las frases entrecomilladas pertenecen a la ya mencionada carta de Lastra del 31.10.12.
[5] No solo contra su “política de frente único”, sino también contra su “m-l-m”, pues, según se ha visto, dice que “toda abstención contradice la política revolucionaria del m-l-m”. ¡Este es el m-l-m monstruosamente adulterado por Lastra! ¡Este es el m-l-m que trata de imponer a su grupo! ¡Este es el m-l-m que utiliza para encubrir su oportunismo de derecha! ¡Este es el m-l-m que pretende imponer a la Reconstitución!
[6] En pleno genocidio de Israel contra el pueblo de la Franja de Gaza, Correa, en una entrevista, se desbordó en elogios a los judíos y a Israel, con lo cual puso en evidencia por quién late realmente su corazón.







El Rol de la Guerrilla Peruana en el Proyecto Guerrillero Continental

del Che


(Primera Parte)


Jan Lust

Es un hecho conocido que uno de los principales objetivos de la guerrilla del Che en Bolivia era servir como un catalizador y un centro de formación para la lucha guerrillera en el resto de América Latina. Sin embargo, las investigaciones sobre la relación concreta entre la guerrilla boliviana y los intentos guerrilleros que surgieron en otras partes de América Latina como consecuencia de la lucha en Bolivia son inexistentes o no han sido difundido ampliamente. Eso es muy curioso porque en su Diario Guevara habla sobre la internacionalización de la guerrilla. Además, también en las comunicaciones entre Guevara y La Habana durante la guerrilla boliviana la dinámica revolucionaria internacional de la guerrilla en Bolivia fue mencionada (Soria, 2005).

Se ha sugerido que el Che quería lanzar una lucha guerrillera en Argentina sobre la base de las columnas guerrilleras que se estaban desarrollando en Bolivia (Estrada, 2005: 12; Suárez, Zuazo y Pellón, 2006; Castañeda, 1997: 419; Debray, 1978: 74-75, Anderson, 2010: 643, Gleijeses, 2007: 171, 237). Consideramos, sin embargo, de acuerdo con Harry Villegas (1997: 33), uno de los sobrevivientes de la guerrilla boliviana y también conocido como Pombo, que no sólo Argentina sino también Perú formó parte de los planes guerrilleros continentales del Che.

Sorprendentemente, la importancia del ELN peruana para el proyecto guerrillero del Che parece ser ignorado por la literatura sobre la guerrilla del Che. Biógrafos como Anderson (2010), Taibo II (2006), Castañeda (1997) Kalfon (1997) y O 'Donnell (2003) han dado escasa atención a la relación entre el ELN peruano y boliviano. Más específicamente, ninguno de estos biógrafos menciona el intento guerrillero peruano en el departamento de Puno, ubicado cerca de la frontera con Bolivia, aunque deberían haber tenido acceso a las comunicaciones entre Guevara y La Habana que se refieren a este intento guerrillero. Además, en el Diario podemos, incluso, encontrar una ckara referencia al supuesto intento guerrillero en Puno. El 2 de diciembre de 1966, Guevara (1977a: 32) escribió: “También decidí darles apoyo para que enviaran 5 peruanos a establecer enlace para pasar las armas a una región cercana a Puno, del otro lado del Titicaca”. Por supuesto, su objeto de estudio no era el proyecto guerrillero continental de Guevara sino el hombre mismo. Sin embargo, es curioso descubrir que una de las biografías anteriores menciono el intento guerrillero en Puno (Lavretsky, 1974: 318).

En este artículo se describe el papel del ELN peruana en el proyecto guerrillero continental de Guevara. El objetivo inicial del Che fue fortalecer la lucha guerrillera en el Perú dirigido por el ELN en el departamento peruano de Ayacucho. La idea de desarrollar la guerrilla boliviana, sin embargo, surgió después de la derrota del ELN peruana en diciembre de 1965. Esta derrota no implicaba el fin del rol del ELN peruano en el proyecto guerrillero continental del Che. De hecho, en el mismo período que se levantó la guerrilla boliviana, también en el departamento peruano de Puno cerca de la frontera con Bolivia se intentó construir una fuerza guerrillera. Nuestros argumentos se basan en una revisión bibliográfica y entrevistas y correspondencia con exmilitantes del ELN peruana. El mapa que acompaña este artículo visualiza el papel estratégico del Perú para la guerrilla boliviana y, más en particular, el rol estratégico de la guerrilla peruana en el departamento de Puno.

Este artículo está estructurado en seis partes. En la primera parte se presentan las ideas de Guevara con respecto a la necesidad de una lucha guerrillera continental. La segunda parte ofrece una breve reseña de la aparición y evolución del ELN peruana y su relación con Cuba desde septiembre de 1962 hasta su derrota en diciembre de 1965 en el departamento de Ayacucho. La tercera parte discute el objeto principal de la guerrilla del Che: Perú o Bolivia. Con el fin de poner este tema en perspectiva, hemos incluido una narración sobre las supuestas relaciones entre la guerrilla boliviana y guerrilleros argentinos. En la cuarta parte analizamos la ubicación de la guerrilla boliviana y en la quinta parte describimos las intenciones del ELN peruano para construir una guerrilla en el departamento peruano de Puno, es decir, en la provincia de Sandia. Por último, en la sexta parte presentamos nuestras conclusiones.

1. El proyecto continental guerrillero del Che Guevara

        El desarrollo de las ideas del Che sobre la lucha revolucionaria continental se remonta a principios de la década del sesenta. Ulises Estrada, un internacionalista cubano, escribe que desde 1961 el Che comenzó a hacer planes que le debería permitir desencadenar la lucha armada revolucionaria en otros países, en particular en la Argentina (Estrada, 2005: 12).
       
En su discurso con motivo del 152.o Día de la Independencia de la Argentina, el 25 de mayo de 1962, el Guevara (1962) no dejó ninguna duda de que la revolución debería tener un carácter continental.

La necesidad de organizar la resistencia revolucionaria a nivel continental tenía que ver, además, de acuerdo con Guevara (1977b: 247-248), que el imperialismo estaba preparando la represión contra los pueblos latinoamericanos y a eso se debería responder conjuntamente. Mientras más frentes guerrilleros fueron abiertos, más difíciles eran para ser combatidos.

En 1962, Guevara escribió el texto “Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana”. En este trabajo, que se publicó el 6 octubre de 1968 en la revista cubana Verde Olivo, Guevara (1977c: 237-238) decía que los Estados Unidos harían todo para destruir el poder revolucionario. Eso haría difícil que la victoria se lograría en un país aislado. Por eso, según el Che, “a la unión de las fuerzas represivas debe contestarse con la unión de las fuerzas populares. En todos los países en que la opresión llega a niveles insostenibles, debe alzarse la bandera de la rebelión y esta bandera tendrá, por necesidad histórica, caracteres continentales”.

La lucha contra el imperialismo solamente podía tener éxito, dijo Che Guevara (1977d: 367), cuando se la lleve a cabo en todo el mundo porque hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo”. Crear “muchos Vietnam” podría dividir las esfuerzas enemigas. Como un paso táctico en la lucha revolucionaria, Guevara (1977d: 371) proponía “la liberación gradual de los pueblos, uno por uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno; liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes”.

El ataque al imperialismo en las naciones en Suramérica debería ejecutarse, según Manuel Piñeiro, ex jefe del Departamento de América Latina del Ministerio del Interior de Cuba, en base a una columna madre que se fundaría en Bolivia. Columnas guerrilleras que se desprenderían como resultado de la guerrilla boliviana liderado por el Che podrían provocar “una alianza entre los gobiernos y los ejércitos de los países fronterizos, apoyados por el imperialismo” y, como consecuencia, contribuiría a la propagación de la lucha armada revolucionaria en la región” (Suárez, Zuazo and Pellón, 2006: 50).

El proyecto continental guerrillero del Che no fue, sin embargo, un asunto muy centralizado. Según Debray (1978: 75) “las fuerzas del Che se limitarían en muchos casos a realizar la conjunción, ya que no física al menos política, con las fuerzas y los frentes guerrilleros implantados ya en su periferia, bien para reforzarlos o para coordinarlos […]”.

2. El surgimiento y la evolución del ELN peruana y sus relaciones con Cuba

El ELN peruana fue fundado en septiembre de 1962. Surgió del deseo de los jóvenes peruanos por seguir el ejemplo de la Revolución Cubana. Eran personas que habían salido por voluntad propia o que fueron expulsados del Partido Comunista Peruano (PCP). También había estudiantes becados por el Gobierno cubano que, impresionados por los éxitos de la Revolución Cubana, se motivaron para organizar la guerrilla. Además había gente que vino de otras organizaciones.

Es importante hacer hincapié en la formación del ELN en Cuba, ya que ayuda a comprender las relaciones específicas entre el ELN y el gobierno cubana. Por esta razón, no puede ser una sorpresa que, más adelante, el ELN peruana fue completamente insertada en el proyecto guerrillero continental del Che.

El ELN ha pasado por tres fases. La primera comenzó en 1961, cuando algunos exmiembros del PCP viajaron a Cuba con el fin de prepararse para la lucha armada en el Perú. Este período termina con la primera derrota del ELN en mayo de 1963 en la ciudad peruana de Puerto Maldonado. Esta primera fase fue organizada en cooperación con el gobierno cubano.

La idea era que los peruanos viajarían a La Paz (Bolivia) y desde allí cruzarían la frontera con Perú para establecer unidades guerrilleras en los departamentos de Cerro de Pasco, Junín y Cusco. En ese momento, en estos departamentos, los movimientos campesinos libraron fuertes batallas por la tierra (entrevista, Elías, 2003, 14/05/2003; entrevista, Béjar, 24/03/2003; entrevista, Guevara, 12/11/2005; entrevista, Márquez, 25/05/2005). En La Paz, Cuba había instalado una base de apoyo con miembros del Partido Comunista Boliviano (PCB), la Juventud Comunista Boliviana (JCB) y con los cubanos como Ulises Estrada y Orlando Pantoja (entrevista, Béjar, 31/03/2003; 09/06/2003; Kohan, 2005: s.p.).

Los guerrilleros peruanos no llegaron a su destino porque en mayo de 1963 su vanguardia había sido sorprendida por la policía en la ciudad fronteriza peruana de Puerto Maldonado. Durante un tiroteo el poeta y guerrillero Javier Heraud murió.

La segunda fase del ELN se inició con un proceso de reestructuración y una evaluación de la primera experiencia guerrillera. Como parte del proceso de evaluación, el cuadro del ELN Néstor Guevara viajó a Cuba para conversar con el Che sobre lo que había sucedido en Bolivia y Puerto Maldonado (entrevista, Guevara, 12/11/2005; Presencia, 1968: 6). En esta fase, en septiembre de 1965, el frente guerrillero Javier Heraud fue creado en el departamento de Ayacucho. Este período cierra en diciembre de 1965 cuando el ELN es derrotado en la provincia de La Mar del mencionado departamento.

La decisión de continuar la lucha guerrillera obligó al ELN hacer una investigación. De hecho, desde 1962, cuando el ELN fue fundado y se decidió construir unidades guerrilleras en los departamentos de Cusco, Junín y Cerro de Pasco, Perú había cambiado mucho. La democracia parlamentaria había regresado y el nuevo presidente, Fernando Belaúnde (elegido en junio de 1963), propuso una reforma agraria.

La investigación llegó a la conclusión de que no era posible organizar una guerrilla en el Cuzco y que el campo de acción futuro debería estar en la provincia de La Mar del departamento de Ayacucho (entrevista, Béjar, 24/03/2003; entrevista, Dagnino, 26/12/2003; entrevista, Elias, 20/08/2008).

En abril de 1965, unos 20 militantes del ELN viajaron a La Mar con el fin de establecer el frente guerrillero Javier Heraud (entrevista, Béjar, 31/03/2003; 14/07/2008; entrevista, Elías, 13/06/2003; entrevista, Ruíz, 21/06/2008; entrevista, Guevara, 26/07/2008). Cinco meses más tarde, se llevó a cabo la acción principal del ELN: el ataque y la ocupación de la hacienda Chapi el 25 de septiembre de 1965. La acción contra la hacienda no fue inesperada porque, según Héctor Béjar (entrevista, 21/07/2008), “Chapi era el símbolo de la dominación latifundista en toda la zona”. Además, la acción se había acordó con las comunidades campesinas de Chungui y Anjo.

El ataque a la hacienda pronto alertó al ejército y así apareció en octubre de 1965, “las primeras patrullas del ejército, pequeños grupos móviles que aparentan ser guerrilleros” (Bejar, 1969: 90) se presentó. Después del ataque a Chapi varias otras haciendas fueron asaltadas y “vaciadas”.

El 17 de diciembre de 1965 se llevó a cabo una batalla con el Ejército. Esta batalla fue decisiva y se produjo justamente cuando la guerrilla estaba preparándose para dejar el departamento de Ayacucho y, curiosamente, para ir al departamento de Cuzco, donde a finales de octubre una unidad de la guerrilla del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) dirigido por Luis de la Puente fue diezmada. Sólo Héctor Béjar y el militante del ELN Edgard de la Sota lograron escapar del combate mortal (entrevista, Béjar, 04/08/2008).

La tercera fase se inició después de la detención de Héctor Béjar en febrero de 1966 y abarca el período 1966-1967. Esta fase es describe en este artículo.

Nota:

A continuación presentamos un artículo que, muy lejos de las vacías afirmaciones vertidas por distintos “analistas”, Estados Unidos no abandonará su política injerencista sobre América Latina. El proyecto que los Estados Unidos y sus aliados europeos han desarrollado en las últimas décadas tiene como objetivo el dominio militar del planeta, como, hoy por hoy, lo muestran de la manera más trágica la guerra que han llevado sobre los pueblos del Medio Oriente.

        El Perú tiene el triste privilegio de tener el mayor número de bases militares estadounidenses, nueve en total, gracias a la política antinacional y entreguista de sus sucesivos gobiernos. Cumplimos con nuestro deber de alertar al pueblo peruano contra el injerencismo estadounidense, cuyo objetivo es controlar los recursos naturales, enfrentar a eventuales movimientos contestatarios y hacer frente a Estados que optan por salirse del control de los EU.

Enfrentemos esta política imperialista con mayor organización y movilización.

El Comité de Redacción.


Nueva Base Militar Estadounidense en Perú, y la Inserción Militar Cada Vez Mayor de EE. UU. en América Latina

Resumen Latinoamericano



Según el portal Reina de la Selva, ayer miércoles 28 de Diciembre, el Gobierno Regional de Amazonas (Perú), y el representante del Comando Sur Ing. Mino Swayne y el Ing. Cesar Panduro Ruíz, Representante Legal de Partenon Contratistas E.I.R.L, empresa procedieron a firmar el proyecto de base militar estadounidense camuflado bajo el nombre de Centro de Operaciones de Emergencia Regional- COER Amazonas.

En ese mismo portal se menciona: “Esta obra, será financiada por el Comando Sur o USACE (Comando Unificado de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos), gracias al convenio gestionado por el Gobierno Regional de Amazonas, para reforzar las capacidades de respuesta ante algún tipo de desastre provocado por la naturaleza o por la acción humana, y dado que, en nuestra región se producen desastres naturales con severas consecuencias.”

La obra demandará una inversión de $/. 1´351,779.06 (dólares) que incluye el diseño y la construcción del proyecto; que consta de un helipuerto de 625 metros cuadrados aproximadamente, un edificio de dos pisos, en donde funcionará el almacén de ayuda humanitaria de 1,000.00 metros cuadrados aproximadamente, y en el segundo piso funcionará el Centro de Operaciones de Emergencia Regional, igualmente, en un área 1,000.00 metros cuadrados aproximadamente, con sus operadores de módulos, como son de Logística, Comunicaciones, Monitoreo y Análisis, Operaciones, Evaluador, entre otros, además de sala de reuniones, sala de prensa, kitchenette, dormitorios para personal de reten y zona de parqueo de 800 metros cuadrados aproximadamente.” (Ver: http://www.reinadelaselva.com.pe/comando-sur-de-los-ee-uu-construira-local-del-coer-en-amazonas/)

Lo cierto es que los COER, se fueron cada vez instalando más en Perú desde el 2009, y según el medio de comunicación Cuba Debate, en los lugares donde estos se instalaron pese a estos argumentos, “no se identificaron riesgos de desastres”:(Ver: http://www.cubadebate.cu/especiales/2014/06/21/ciudades-ocupadas-la-presencia-militar-permanente-en-america-latina/#.WGWOolPhDIU).

De esta manera y bajo esta escusa, Estados Unidos sigue logrando obtener una mayor vigilancia sobre nuestra América Latina, tal como paso con Haití en 2014 tras el terremoto, que derivo en la ocupación militar comandada por este país bajo la ONU.

Todas estas bases u ocupaciones militares sean comandadas por la ONU, la OTAN o los COE, se suelen establecer principalmente por estos argumentos de cooperación y de ayuda en catástrofes naturales. Por ejemplo en el caso de Paraguay una de estas bases, COE, se instaló en Febrero del año 2014 en una zona fronteriza, la de Aguaray y años anteriores se instaló la base denominada Mariscal Estigarribia en un lugar fronterizo donde están las mayores reservas de agua dulce del planeta que es el Acuífero Guaraní.

Desde ya, no es casual que todo este control estadounidense sobre América Latina cuente con el apoyo de gobiernos locales como con el nuevo COE en Perú. En Argentina con Mauricio Macri también se pretendió instalar una base militar otra vez en un territorio estratégico como Tierra del Fuego, siempre desde ya con esta misma consigna de supuestamente evitar catástrofes (Ver:http://www.politicargentina.com/notas/201607/15580-preocupacion-por-la-posible-instalacion-de-bases-militares-estadounidenses-en-la-triple-frontera-y-ushuaia.html).

Y también gobiernos autodenominados “progresistas” como lo fue el gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner,  o  el Frente Amplio de Uruguay que votaron, (este último hace pocos días) por seguir manteniendo sus tropas militares en Haití dirigidas por Naciones Unidas desde el mencionado terremoto (Ver: http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/12/23/uruguay-prolonga-presencia-de-tropas-en-haiti/)  Además de que muchos de ellos han sancionados leyes como la Ley Antiterrorista.

Otros que se dicen ser gobiernos de la paz como el de Manuel Santos, que no solo en su territorio hay alrededor de 6 bases militares estadounidenses, sino que este año, justamente donde este presidente ganador del Premio Nobel de la Paz, por su “intención” de defender los acuerdos por la paz con las FARC-EP y poner fin a la guerra, planea y afirma un acuerdos de cooperación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte, con el fin de “combatir al terrorismo y al narcotráfico”, mismos argumentos que se usaron anteriormente para incrementar y o generar guerras bajo la intromisión de las principales potencias de occidente como ni más ni menos que Estados Unidos.

Es sabido que cada vez que intervino la OTAN como sudedió en países como Libia, Afganistán, entre otros bajo estos argumentos, lo único que genero fueron más guerras y la muerte de más de 20.000 personas incluidos civiles. (ver: http://www.telesurtv.net/news/Que-ha-pasado-con-el-acuerdo-de-cooperacion-Colombia-OTAN-20160304-0050.html y http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/destacados/infografia-lo-ha-hecho-la-otan-los-paises-intervenidos/).

Y no hay que olvidarse que en el caso peruano ya este país de por sí cuenta con la mayor cantidad de bases militares norteamericanas con 9 de estas. (Ver:https://puntodevistaypropuesta.wordpress.com/2015/02/24/atilio-boron-peru-tiene-9-bases-militares-de-eeuu-ademas-da-reabastecimiento-a-4ta-flota-eeuu/).


Con lo cual lo concreto es que Estados Unidos bajo nuevas estrategias y gobiernos siguen avanzando sobre América Latina, de los que tampoco hay que olvidarse su labor y cooperación en dictaduras recientes como las de Honduras y tantas situaciones de crueldades a los derechos humanos que se siguen profundizando.

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