viernes, 3 de julio de 2015

Literatura


Gris es Toda teoría[1]

(Segunda Parte)


Julio Carmona

1.6.2 La teoría del Realismo

ASÍ COMO HEMOS VISTO CON LA TENDENCIA teórica del Formalismo que hereda de los siglos anteriores (y en especial del inmediatamente anterior) el enfoque discriminante de lo social, haciendo de ese enfoque una síntesis, asimismo, el enfoque de la tendencia teórica del Realismo, iniciado en los siglos anteriores (y especialmente en el XIX), en el s. XX continuará desarrollando sus planteamientos.[2] Y fue así que la tendencia del Realismo, por su parte, encontró en el marxismo el cuerpo de principios que le dio sustento científico. Por supuesto que el marxismo no constituye, en sí mismo, una estética ni una poética (teoría del arte y teoría de la literatura, respectivamente); porque él es una doctrina[3] fundamentalmente política, pero entendida la política no sólo en su acepción más genérica: “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, ni en la comprensión más pedestre que la asume como la práctica oportunista o demagógica para una contienda electoral; el marxismo es una doctrina política en la acepción que le asignaba José Carlos Mariátegui (E-1980), cuando dice que: “dado el descrédito y degeneración de este vocablo en el lenguaje corriente, debo agregar que la política en mí es filosofía y religión.” (E-1980: 231).

En ese sentido es que Marx llegó a decir, según Franz Méhring: “No soy lo suficientemente bestia como para pasar insensible ante el dolor humano.” Por eso a Marx (y a sus discípulos) calza la famosa frase que dice: Nada de lo humano me es extraño. Y es en ese sentido que el marxismo tiene una visión de la vida social en su conjunto, de manera integral, como una “rica totalidad de múltiples determinaciones” y, por ende, la ve como una estructura en la que todas las partes son solidarias. Y, en efecto, la visión “estructuralista” del marxismo coincide con el estructuralismo contemporáneo en tanto ambos consideran que el objeto de estudio se interpreta como un todo cuyas partes se interrelacionan entre sí y determinan al conjunto, de tal manera que la modificación de una de ellas transforma al resto de las partes; pero el marxismo se diferencia del estructuralismo, en la medida que no aísla un objeto de estudio parcial del conjunto mayor en que está inserto, como hace el estructuralismo literario, por ejemplo, cuando separa la obra literaria de toda relación con la sociedad. Y este no es un criterio exclusivo del marxismo. Por ejemplo, Carlos Bousoño -que es un estudioso no marxista de la literatura- dice ‘todo lo que se relaciona con la vida tiene un carácter estructural’ y anota: “Ya que la vida no puede funcionar sino como un todo, esto es, como un organismo, en que cada elemento ha de estar al servicio del conjunto.” (E-1981: 37.) El marxismo, pues, desde esa perspectiva aporta a la estética y a la poética una concepción epistemológica que les permite enfocar sus objetos de estudio como estructuras relativamente autónomas. Y tienen esa ‘autonomía relativa’ porque a su vez son partes de una estructura mayor que es la sociedad, y están relacionadas con otras partes que también integran esa estructura matriz: la economía, la sociología, la filosofía, la historia, etc. Es en ese sentido que dice J. C. Mariátegui:

Declaro, sin escrúpulo, que traigo a la exégesis literaria todas mis pasiones e   ideas políticas (...). Pero esto no quiere decir que considere el fenómeno literario o artístico desde puntos de vista extraestéticos, sino que mi concepción estética se unimisma, en la intimidad de mi conciencia, con mis concepciones morales, políticas y religiosas, y que, sin dejar de ser concepción estrictamente estética, no puede operar independiente o diversamente. (E-1980: 231).

      Pero si ya hemos visto que un punto clave, el punto de partida -dijimos- de esa división del formalismo y el realismo es la división de la sociedad en grupos opuestos y hasta antagónicos, de ese punto decisivo se desprende otro definitorio (aparte de los condicionantes sociales, políticos y económicos): el ideológico, considerándolo como el conjunto de ideas que todo grupo social maneja y que constituye el arsenal del que se nutren los hombres particulares, porque no olvidemos que las visiones del mundo no son hechos individuales sino hechos sociales. Es por eso que destacábamos esas incisiones hechas por Ortega y Gasset, cuando oponía al arte realista, otro que él denomina “idealista.”[4]

1.6.2.1 Propuesta realista: la literatura refleja la realidad.- Y ese planteamiento del reflejo de la realidad es lo que vamos a tratar a continuación. Es un planteamiento que en el plano de la filosofía marxista (Lenin, E-1974) y en el de los estudios literarios (Helga Gallas, E-1971) se conoce con el nombre de la teoría del reflejo.[5]Según esta teoría, la obra literaria es un reflejo de la realidad. Pero no en un sentido mecánico, como mera repetición, como si se tratase de un espejo que “copia” las imágenes que se ponen delante de él. La obra en sí no sería el espejo sino el reflejo; en cuyo caso cabe preguntar, ¿quién, entonces, cumple el papel de espejo? Y la respuesta sería: la conciencia, la mente, la imaginación del autor, escritor o poeta. En esa conciencia se han ido -y se siguen- “almacenando” todos los materiales de la realidad que el escritor asimila por medio de sus sentidos. Son materiales que luego utilizará, selectiva y transformadoramente, al momento de ponerse a escribir. Tal vez no sea ocioso precisar que la realidad no es sólo lo social, también lo es el mundo natural; siendo ambos, lo social y lo natural, los dos grandes niveles que engloban toda la existencia del ser humano. La unión de ambos constituye lo que debemos entender por realidad. Y en ésta tenemos que ubicar incluso aquello que se considera irreal: los ideales (Dios, Justicia, Libertad, etc.), las ficciones (los fantasmas, los demonios, los mismos personajes literarios, etc.), es decir, es “ese vertiginoso infinito que lo comprende todo.”[6] De tal suerte, pues, que la realidad es el punto de partida (y el punto de llegada) de la literatura. No hay nada en ésta que no haya sido sacado de la realidad -siempre transformado- ni nada creado y transformado existe si no ha sido integrado a la realidad. Por más que alguien se esfuerce por convencer a la sociedad de que ha escrito el poema más hermoso del mundo, no logrará ser aceptado ni por el más ingenuo, si no le muestra el poema aludido. Y al hacerlo -al margen de su bondad artística-, recién dicho poema tendrá su existencia plena. La imagen del centauro o de la sirena (mitad hombre, mitad caballo, y mitad mujer, mitad pescado, respectivamente) no podrían habérsele ocurrido a alguien que no conociera independientemente caballos y pescados, hombres y mujeres reales. El trabajo ha consistido en combinar sus partes mentalmente, en fusionarlos en la imaginación. Y el centauro y la sirena “existen” como entes de ficción o como imágenes artísticas, aunque nunca nadie haya visto centauros y sirenas reales. Pero esa existencia, como ideas, ficciones o imágenes, no quiere decir que sean independientes de la realidad -naturaleza, sociedad, época o ideología- que les dio sustento.

El planteamiento teórico del reflejo sirve para explicar la literatura, en el sentido de mantener la relación que hay entre el poema y la realidad; para impedir que el poema sea escamoteado de la realidad, evitar que se lo convierta en un ente aislado, divinizado y esterilizado. Obsérvese cómo este peligro de convertir al poema en algo independiente de la realidad se da incluso en personas que parten del “reflejo” (que es el caso de MV.) Por eso decíamos que el reflejo es sólo el inicio, y no basta para establecer una teoría consecuente con la realidad, es decir, realista. Usar el reflejo para irse después al formalismo, no pasa de ser otra cosa -precisamente- que un malabarismo formalista: usado también “formalmente”, es decir, por pura fórmula. El reflejo o, mejor, la teoría del reflejo, debe servir para dar sustento a una explicación realista de la literatura, para fortalecer la tendencia del realismo, con todas las aristas teóricas que ella lleva aparejada: el estudio integral de los diversos niveles que dan forma a la obra, comenzando por su estructura formal, que tiene una explicación histórica y que es una manifestación social en tanto las técnicas literarias que permiten la construcción de esa estructura son herramientas que pertenecen a la sociedad[7], continuando con los indicios sociales existentes en la obra ya sea para rechazar o aceptar la sociedad en que se ubica; hasta llegar a otros niveles: psicológicos, históricos, morales, religiosos, etc., que deben ser tomados en cuenta si es que están presentes en la obra.  

Se trata, pues, de evitar que los poetas, los escritores, caigan en la soberbia y pretendan “competir con Dios”. Con esa soberbia no se hacen ningún favor ellos mismos -¡y, por supuesto, tampoco se lo hacen a la poesía!-, de esa manera -divinizándose- no hacen sino rebajar su poder humano que no es otro que el de transformar la realidad y enriquecerla con los productos de su trabajo humano, orgullosamente humano. Para concluir con esta visión del reflejo, vamos a transcribir una opinión de Roberto Fernández Retamar quien, ciertamente no es un defensor del formalismo, pero que, como veremos, tampoco tiene una visión clara sobre el reflejo, y que, sobre el particular, dice:

Expresiones como ‘reflejo de la realidad’, en relación con el arte, me ponen la carne de gallina. ¿Qué es ‘reflejo’? ¿Qué es ‘realidad’? Por ahí no vamos a ninguna parte.[8] Si una manzana se pone frente a un espejo, éste, dócil, refleja la imagen de una manzana. Pero si una manzana se pone frente a la poesía, ésta, extrañamente, ‘refleja’ ¡un poema! Aceptemos que el verbo no parece el más apropiado. Que la poesía tiene algo, tiene mucho que ver con la realidad que la rodea, es evidente. Pero que esa relación pueda reducirse a un ‘reflejo’ me parece por lo menos no tan evidente.

        Como puede verse, RF no está de acuerdo con la palabra (verbo) ‘reflejar’. Pero sus argumentos no son acertados. En primer término, porque -como ya dijimos al comienzo- no se trata de que el poema (o la poesía) esté cumpliendo la función de espejo, no. Y el mismo RF se contradice pues con su propio ejemplo llega a la conclusión de que ‘la poesía refleja un poema’. En efecto. Pero la “poesía”, antes de que se produzca el poema, ¿dónde está? ¡En la conciencia del poeta!: que es la que sirve de “espejo” para que en él se refleje ese poema en el que la manzana fue el estímulo.[9] Es éste el razonamiento que hay que hacer y no el que hace RF. Pero veamos que su cita continúa todavía de la manera siguiente:

      Recordemos este hecho obvio -dice-: ocurre un acontecimiento que impresiona al poeta; el poeta se sienta y escribe un poema. Ni el poeta ni nadie tiene interés en negar la relación entre ambas cosas. Incluso la relación determinante (parcialmente determinante) de la primera respecto de la segunda. Sucede, sin embargo, que el poema es, en sí mismo, un objeto, acrecienta la realidad: en lo adelante, para los demás (y para el propio poeta), la realidad es lo que era antes, más ese poema. ¿Es eso ‘reflejo’?[10]

         No es tan cierto que “ni el poeta ni nadie tiene interés en negar la relación entre ambas cosas.” Parece que RF se olvida de las teorías formalistas, artepuristas, idealistas que sí tienen interés en negar esa relación. Y por eso es que la teoría del reflejo insiste en ella (aunque parezca obvio.) Y, de otro lado, el hecho de que el poema pase a convertirse en un elemento que hace crecer a la realidad, eso no le quita su carácter de ser reflejo de ella. Seguramente el primer hombre que tuvo la idea de construir una silla, lo hizo luego de haberse sentado -por ejemplo- en una piedra (recordemos el famoso verso vallejiano: “¿Una piedra en qué sentarme no habrá ahora para mí?”) La idea de la silla es el reflejo de la piedra en la conciencia de ese hombre, y por el hecho de existir luego la silla como materialización de la idea, no quiere decir que deje de ser reflejo si seguimos el proceso de su producción. Lo mismo ocurre con el poema, cada uno en su nivel, pero sin olvidar que tan importante como el poema para el ser humano es la invención de la silla. Hay que perder la costumbre de divinizar a uno (tan propio de la formación ideológica de nuestra civilización occidental y cristiana) y minimizar a la otra (propio también de una concepción aristocrática del trabajo humano.)


[1]Parte de un verso de Goethe: “Gris es toda teoría, pero verde es el árbol dorado de la vida.”
[2]No olvidemos que, como precisa Arnold Hauser (E-1965, t.1: 17-18), esa bipolaridad de tendencias: la realista y la formalista tiene su inicio en los tiempos primitivos, es decir, en la prehistoria, en cuanto se refiere al arte en general, ya que, desde luego, la literatura aparecerá tardíamente (posterior a la aparición de la escritura) o sea que es, propiamente, histórica.
[3]Entendemos por doctrina al conjunto de principios de un movimiento, tendencia o escuela literaria o filosófica (inclusive religiosa.) 
[4] Y ésta sería la denominación más apropiada contraria al realismo (incluso ya fue planteada por Shelling. Cf. C. G. Jung, E-1960); pero como se confunde con la corriente filosófica de ese nombre, mejor se sigue usando el término de formalismo.
[5]Otros autores a los que se puede consultar sobre la teoría del reflejo son: Luckas (E-1965) y A. M. Korshunov (E-1973.)
[6]  Esta es una definición que hace MV, en: Cano Gaviria (C-1972), nada más que la plantea después de haber dicho “que el problema radica en la imposible definición de la realidad”, con lo que estaría desautorizando esa definición que hemos anotado arriba y que él inserta después de haber determinado que ‘es imposible de definir’. Y por supuesto esta contradicción sería venial en comparación con la que se genera al leer la definición de la realidad que hace en Historia de un deicidio, donde dice que la realidad es la obra de Dios. ¿En qué quedamos es posible o imposible de definir la realidad? En el siguiente capítulo tendremos oportunidad de ver cómo los planteamientos teóricos de MV coinciden plenamente con los de la tendencia formalista.
[7] Aunque hayan sido elaboradas inicialmente por un individuo: que usó materiales ofrecidos por la sociedad -las palabras, las ideas, el concepto mismo de literatura, etc.- y aunque después esas técnicas hayan sido modificadas, renovadas, innovadas por otros individuos: todas esas variaciones se las puede hacer sólo dentro de la sociedad.
[8]Esta conclusión es muy semejante a la de MV cuando dice que la realidad es imposible de definir.
[9]Para precisar la diferencia entre “reflejo” y “espejo” (o, en el mejor de los casos, para atribuir la cualidad del segundo a la conciencia humana -como hasta aquí lo venimos haciendo de manera figurada), debemos, más bien, relacionar la palabra “reflejo” con su equivalente “reflexionar”, como una acción de la conciencia, que equivale a pensar, meditar o, para decirlo con el diccionario, como “El examen detenido que hace el alma de una cosa”, para concluir el mismo diccionario que la reflexión sería “el juicio que resulta de ese examen”. De otro lado, Pierre Furter dice: “Reflexionar no es alienarme, sino distinguirme para mejor transformarme en sujeto de lo que hago. Esta doble relación (de la acción que anticipa la reflexión, de manera de dar a ésta su [9]Esta conclusión es muy semejante a la de MV cuando dice que la realidad es imposible de definir.
[10]RF, En TRILCE, Revista de poesía, Nº 14, Chile, diciembre 1968-enero 1969. pp. 40-41.

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