viernes, 3 de julio de 2015

Economía



Oro y Esclavitud en el Perú

César Risso


GRAN PARTE DE LA PRODUCCIÓN MUNDIAL DE ORO está destinada a corregir los problemas de precios y de Balanza de Pagos de los países imperialistas. Otra parte está destinada a halagar la vanidad de los burgueses, bajo la forma de joyas. El negocio del oro, la explotación capitalista de este mineral, tiene una serie de particularidades que lo distinguen de las demás mercancías.

        El valor de uso del oro monetario está dado por ser medio general de intercambio. Esto quiere decir que el oro como reserva de valor y medio de cambio representa la riqueza en general. Pero la verdadera riqueza está dada por los valores de uso (la utilidad de los bienes producidos) en los que se convierte la fuerza de trabajo. Lo que quiere decir que no es el oro sino el trabajo humano lo que constituye la verdadera riqueza.

        El valor de cambio del oro está dado por el número de horas que se ha destinado trabajo para obtenerlo, es decir, por la cantidad de trabajo socialmente necesario que contiene. Vale decir que el valor de cambio del oro no depende de sus propiedades naturales (físico-químicas).

        La forma en la que se da el negocio del oro, en parte, es una suerte de retorno al capitalismo mercantil o comercial. Los capitalistas imperialistas se desentienden (en parte) de la extracción del oro, y se dedican a las otras fases de este negocio. Es como si la materia prima naciese cuando el oro en bruto llega a sus manos, y cuentan desde ese momento la actividad respectiva.

Un caso característico de lo afirmado es el Perú: “El defensor de los Derechos Humanos de Perú estimó el año pasado que las minas ilegales e informales emplean directamente a 100.000 personas, e indirectamente a otras 400.000. Según estimaciones de expertos citados por Verité, estas minas producen entre el 15 y 22 por ciento de todo el oro del país, que tiene un valor de casi US$3 mil millones anuales.”[1]

        Evidentemente este oro se destina a las empresas de los países imperialistas.

        De la forma cómo llega el oro en bruto a las manos de estas empresas, las mismas no saben nada, o mejor dicho saben lo que les conviene, pues esto les permite obtener elevadas ganancias.

        Veamos el caso del Perú, y específicamente la región de Madre de Dios. Cuáles son las características de la actividad aurífera y de la explotación laboral. “En Perú la llamada ‘minería artesanal’ o ‘pequeña minería’ son particularmente importantes en la Región Madre de Dios, pero también se está incrementando de forma preocupante en otras regiones. En Madre de Dios se calcula que hay más de 30 000 mineros […]”[2]

        El régimen de explotación laboral es considerado como trata de personas. Esta caracterización nos dice poco sobre el asunto. Las diversas formas que adquiere esta primera fase del negocio del oro, se da en condiciones de esclavitud, la misma que se manifiesta en otras tantas formas. Una de ellas es por ejemplo el enganche por deudas. Sin embargo, le llamamos forma de explotación esclavista, porque los trabajadores no cobran sueldo alguno, salvo la entrega de 200 o 300 nuevos soles para el traslado a la zona específica. Estos trabajan largas jornadas, en condiciones infrahumanas, sin salud ni educación, sin medios de seguridad para la labor asignada, sin ningún tipo de protección frente a accidentes, expuestos a la contaminación por mercurio, etc.

        Cuando los trabajadores reclaman sus haberes, se les dice que se les pagará luego de tres meses. Al cabo de este tiempo, sin embargo, no se les paga lo que se ha pactado verbalmente. El reclamo airado de los trabajadores bajo esta condición se resuelve por el asesinato.

        Estas condiciones de trabajo dan cuenta de que estos trabajadores han sido llevados con engaños a trabajar para la minería ilegal en Madre de Dios. Ya en el lugar, se ven frente a la situación en la cual no tienen derechos. Y que todo lo que requieren para vivir se les cobra en montos mucho mayores que los correspondientes a su verdadero valor y precio. Con esto, se logra que estos queden atados por las deudas y a que se vean obligados a seguir trabajando para pagar lo adeudado.

        En resumen, los trabajadores captados por la minería ilegal de oro en Madre de Dios son temporalmente esclavos.

        Este régimen laboral que sería del gusto de la burguesía peruana y mundial, es un eslabón de la “cadena de valor”, como dicen actualmente los teóricos de la burguesía, de la producción de oro. Es decir, en las diversas etapas de la producción de este mineral, se requiere de su extracción, que es precisamente la que se cumple en Madre de Dios. Así, la burguesía imperialista, abarca toda la producción haciendo uso de formas pre capitalistas incorporadas al modo de producción capitalista. En cada fase de la cadena de producción, la burguesía recurre a las formas que le son más provechosas, como la esclavitud.

        Quienes señalan que esta es una actividad ilegal, y que es trata de personas, no se dan cuenta que muy parecida es la situación de los trabajadores peruanos en general. “En la propuesta de nuevas inversiones de este gobierno, que como hemos visto apuntan a generar ganancias para la burguesía, no se dice nada de la grave situación de los trabajadores con respecto a que la Remuneración Mínima Vital (RMV) está por debajo de la Canasta Básica Familiar; ni en relación a la tasa de incumplimiento de pago de la RMV, que es de 50% en promedio a nivel nacional; ni del exceso de horas trabajadas semanalmente, que en Lima Metropolitana y el Resto Urbano es en promedio de 73 horas, situación en la que se encuentra la tercera parte de los trabajadores”[3]; y que siendo legal, los trabajadores reciben menos de la Canasta Básica Familiar; además del caso de los trabajadores familiares no remunerados que trabajan en las microempresas.

        Estos son hechos de la situación laboral en el Perú. Pero esto no basta para la burguesía. Quieren además eliminar las vacaciones, gratificaciones, y demás derechos laborales. La suma de la situación actual de los trabajadores más la propuesta de la burguesía peruana de eliminar los “sobrecostos laborales”, dejaría a los trabajadores en una situación parecida a la de los trabajadores mineros de Madre de Dios, con la diferencia de que todo esto sería legal.

        Por esto la lucha de los trabajadores asalariados contra el capital es una lucha permanente, en la que los trabajadores tienen que estar atentos en la defensa de sus derechos y en la mejora de los mismos.

        Con respecto a quienes se ven afectados por la esclavitud temporal, la necesidad de estudiar el problema a profundidad radica en la posibilidad de pasar al socialismo. En la medida que estos trabajadores son esclavos temporales, difícilmente están en condiciones de organizarse para hacer frente a esta forma de explotación, que además pasa las fronteras del país. Se requiere por ello medidas que superen el sistema capitalista, partiendo del cambio de las relaciones sociales de producción, para desarrollar las fuerzas productivas de los sectores que alimentan laboralmente a la minería ilegal.

        Son básicamente pequeños agricultores, comuneros de la sierra y marginalmente nativos de la selva, a los cuales se suman los niños y adolescentes vendidos por sus familiares, la fuerza de trabajo empleada en esta actividad.

        La ley de la plusvalía es la que está en curso en esta problemática, la que responde a la ley del valor. El elevado precio del oro, más allá de sus oscilaciones, a nivel mundial, determina en qué se debe invertir el capital acumulado. Por ello, la extracción de oro en nuestro país, se expresa como una férrea necesidad, que puede enfrentarse con la legislación, que lo único que logrará es hacer más atractiva esta actividad. La ley del valor obliga a los capitalistas a triturar la carne humana hasta transformarla en oro; pues el oro es la representación de la riqueza en general. Pero lo es a condición de albergar una gran cantidad de trabajo socialmente necesario. Trabajo humano coagulado, materializado.

        No comemos ni bebemos oro, pero en la sociedad actual, con la división social del trabajo, donde todo lo que se produce adquiere forma de mercancía, el comercio es necesario, puesto que las mercancías son la expresión fenoménica del trabajo privado, resultado de la propiedad privada de los medios de producción. Pero este trabajo privado, en el momento del intercambio de mercancías, revela, al igualarlas, que son partículas del trabajo humano en general (como desgaste de nervios, músculos, etc.), y en consecuencia, que todo trabajo, no obstante aparecer bajo la forma de trabajo privado, no es otra cosa que trabajo de la sociedad en su conjunto, es decir, trabajo social.

        Pero la forma capitalista de producción, tiene la particularidad de que permite a los propietarios de los medios de producción, apropiarse de gran parte del trabajo de la sociedad, a través de la plusvalía, la misma que logra por medio de formas pre capitalistas como la esclavitud, y que condensa en el oro.

Esta esclavitud, se asemeja a la labor de las microempresas, en las que los familiares del jefe del hogar y microempresario (emprendedor le dicen con eufemismo) son obligados a trabajar sin remuneración, siendo los grandes beneficiados los medianos y grandes empresarios.

¿Cuál es el destino del oro que se obtiene en Madre de Dios? Son las empresas de los Estados Unidos, de Europa y de Asia. El canal comercial por el que llegan a estos lugares es por el momento Bolivia; pero este es solo el nexo, el intermediario.

Para superar las diversas formas de explotación del hombre por el hombre, tenemos que partir de las condiciones concretas de la explotación de la fuerza de trabajo en el Perú, en el marco de la explotación de la fuerza de trabajo a nivel mundial. Así se revelará que aunque se trata de formas pre capitalistas, como en el negocio del oro en determinadas regiones del Perú y del mundo, estas son parte de la cadena mundial del capitalismo, y que para superar estas formas de explotación, y cualquier otra, es necesario superar el capitalismo.



[1] http://es.insightcrime.org/analisis/como-el-comercio-de-oro-alimenta-la-esclavitud-moderna-en-peru
[2] Perú. Ministerio del Ambiente. Minería Aurífera en Madre de Dios y Contaminación con Mercurio. Una Bomba de Tiempo. Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana. 2011.
[3] http://creacionheroica1928.blogspot.com/2014/08/economia_68.html



El Capitalismo Senil y el Nuevo Caos Mundial

(Décima Parte)

Samir Amin

 

EL ÉXITO DEL CULTURALISMO se corresponde con las insufi­ciencias de la gestión democrática de la diversidad. Entiendo por culturalismo la afirmación de que las diferencias en cues­tión son "primordiales", deben ser "prioritarias" (en relación con las diferencias de clase, por ejemplo) y a veces hasta se las considera "transhistóricas", es decir, fundadas en inva­riantes históricas (a menudo éste es el caso de los culturalismos religiosos, que se deslizan entonces sin dificultad hacia el oscurantismo y el fanatismo).

El ejemplo perfecto de la falsa respuesta (reaccionaria) a un problema real (la desigualdad) está dado por la ideología anglosajona del "comunitarismo". Desear ingenuamente, aunque sea con las mejores intenciones, formas de "desarrollo comunitario" específicas, producidas supuestamente por la voluntad democrática expresada por las comunidades en cues­tión (por ejemplo, los antillanos de los suburbios de Londres o los hijos de inmigrantes árabes de Francia o los negros de los Estados Unidos), equivale a encerrar a los individuos en esas comunidades y, a la vez, a encerrar esas comunidades den­tro de los límites de los yugos jerárquicos que impone el sistema. No es más que una especie de apartheid no confesado.

El argumento que presentan los promotores de este mo­delo de "desarrollo comunitario" es, a la vez, de apariencia pragmatista ("hacer algo por los desposeídos y las víctimas que se aglomeran en esas comunidades") y democrático (las comunidades valoran afirmarse en su condición de tales). Es admisible el argumento según el cual muchos discursos uni­versalistas han sido y son aún pura retórica y no conducen a ninguna estrategia de acción eficaz que tienda a cambiar el mundo, lo cual implica evidentemente que hay que dirigir la atención a las formas concretas de lucha contra la opresión que sufre tal o cual grupo en particular. Pero esa opresión no puede eliminarse si para colmo se le da una clasificación, se constituye un marco que permite su reproducción, aunque sea en una versión mitigada.

La adhesión eventual a una comunidad que puedan expe­rimentar sus miembros, por respetable que sea en el plano abstracto, no deja de ser producto de la crisis de la democracia. Precisamente, el hecho de que se hayan erosionado la eficacia, la credibilidad y la legitimidad de la democracia hace que los seres humanos se refugien en las ilusiones de identidades particulares que podrían protegerlos. Hoy está pues en boga el culturalismo, es decir, la afirmación de cada una de esas comunidades (religiosa, étnica, sexual o de otro carácter), con sus propios valores irreducibles (es decir, sin alcance univer­sal). Y este culturalismo no es, como lo dije ya en otra parte, un complemento de la democracia, el medio de ponerla concretamente en práctica; sino que constituye, por el contrario, su antinomia.

Para ver con claridad en la jungla de las reivindicaciones de identidad, yo propondría un criterio que me parece esen­cial. Son progresistas las reivindicaciones que se articulan alrededor del combate contra la explotación social y en favor de una mayor democracia desplegada en todas sus dimen­siones. En cambio, todas las reivindicaciones que se presenten "sin programa social" (porque, supuestamente, esto ¡carecería de importancia!), "no hostiles a la mundialización" (porque ¡tampoco esto tendría importancia!) y, con mayor razón, si se declaran ajenas al concepto de democracia (acusado de ser "occidental") son francamente reaccionarias y sirven perfecta­mente a los objetivos del capital dominante. Además, éste lo sabe y apoya este tipo de reivindicaciones, hasta cuando los medios aprovechan su contenido bárbaro para denunciar a los pueblos que en realidad son las víctimas. Es decir, utiliza y hasta manipula sus movimientos.

Los hechos demuestran que la satisfacción de las reivindi­caciones llamadas étnicas, obtenida en estas condiciones, no hace prosperar la causa de la democracia y del progreso social. Por el contrario, hoy vemos en la ex Yugoslavia y en la ex URSS que sobre esta base se está constituyendo una nueva clase dominante autocrática y reaccionaria que se apodera de todos los poderes políticos y económicos para su exclusivo beneficio, y que cree poder legitimar ese monopolio mediante la defensa de "la etnia" que supuestamente aseguraría. El islam político cumple en otras latitudes funciones reaccionarias análogas, útiles a la dominación del capital transnacional.

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