viernes, 3 de julio de 2015

Historia



Sobre la Revolución de Túpac Amaru

(Séptima Parte)

Emilio Choy


LA LUCHA QUE SE PLANTEABA EN AQUEL tiempo era la de las manufacturas de los obrajes contra la avanzada industria inglesa decidida a dominar al mundo. En los hechos, sin embargo, la contribución británica no se cristalizó en ayuda de material bélico o fuerzas expedicionarias para golpear el virreinato más poderoso de la América del Sur. El objetivo británico era más limitado: ya que no era posible la conquista, que era factible en otros frentes más débiles, por lo menos aspiraba a desorga­nizar la producción, y estimulando el levantamiento indígena se hacía más difícil al virreinato limeño ayudar al virreinato de Nueva Granada y al de Buenos Aires, que tenían que defenderse de los ataques de in­gleses y portugueses. La misión de los partidarios de los ingleses era debilitar el centro peruano, que no sólo era más lejano, sino el más poderoso, para defender las posiciones portuguesas que se encontraban amenazadas por los españoles. Nueva Granada y Buenos Aires eran los flancos más débiles, contra los que se podía operar con mayores proba­bilidades por encontrarse en el Atlántico. Después de las fortificaciones militares que había hecho Amat, la costa peruana no era sitio en donde se podía cosechar muchos laureles, cuando había otros frentes en donde emplear con más provecho la armada de la rubia Albión.

Y aun en el caso de que el gobierno de Londres hubiese contado con mayores posibilidades, no habría ayudado a Túpac Amaru a lograr la independencia del Perú; tal hecho se revela nítidamente en una conversación que tuvo Pitt con el precursor Miranda, algunos años después de la rebelión de José Gabriel Condorcanqui. Miranda escribe que el primer ministro le aseguró:

"... si un sistema por el modo de la Francia se intentase in­troducir en el País, aseguro a usted (me replicó con viveza, dice Miranda) que más bien querríamos que los americanos españoles continuasen por un siglo súbditos obedientes baxo del opresivo gobierno del Rey de España, que verles sumergidos en las calami­dades del abominable sistema de los franceses".

Pitt se refería a la ideología republicana de la revolución francesa, que a su vez había sido influida por la gran revolución de la independencia de los Estados Unidos (14).

El gobierno de Gran Bretaña estaba en contra de los movimientos que podían mejorar las condiciones sociales, como la Revolución Francesa. Se opuso a ella con el mismo odio que a la Revolución Norteamericana. Por eso, de haber podido intervenir con fuerzas considerables en la costa del Pacífico de Sudamérica, no hubiese venido a mejorar la situación, sino a mantener las primitivas formas de dominación, retinándolas en el sentido de reemplazar las cadenas enmohecidas por otras mejores y más nuevas. Por eso su intervención se limitó a estimular una vasta insu­rrección encaminada a arruinar, pero no a destruir, las ricas colonias del imperio hispano. Alentaba una guerra del campesinado indígena en con­tra de sus amos, no para beneficiar a los rebeldes, sino para aprovecharse de ellos.

Lejos estaba del pensamiento de los estadistas ingleses el proyecto de fomentar la destrucción para ayudar a construir algo que fuese parecido a la república norteamericana. En este respecto hubo menos espíritu de cálculo, para no decir generosidad, en la actitud de Francia y España. La contribución militar y económica del pueblo francés en el triunfo de la revolución de Washington fue de importancia decisiva. La contribución de los españoles fue importante no sólo en el aspecto de golpear a los ingleses, militarmente, sino también en el esfuerzo de los españoles para organizar en forma ejemplar grandes colectas que fueron elogiadas por la esposa del general Washington (15).

Los ingleses, como eran comerciantes de astucia refinada, sólo desea­ban pueblos de organización vulnerable y no regidos por sistemas que fueran "abominables", como decía Pitt. Los criollos que también desea­ban controlar la política no coincidían, naturalmente, con los ingleses en estos planes, por más que afirmaron en sus pasquines que el "Rey de Inglaterra era amado por sus vasallos". El pueblo de Buenos Aires de­mostró, años después, que estaba resuelto a romper el dominio español, pero para ser independiente y no para ser dominado por los ingleses.

No se vaya a creer que el rechazo de la dominación por gobernantes rubios estuviese determinado por las diferencias religiosas o de nacionalidad. Los criollos habían alcanzado ya cierta madurez política y la tendencia de seguir el ejemplo de los Estados Unidos era fuerte aunque en forma no bien definida. La lucha por la independencia al lado de Túpac Amaru, significaba en cierto modo un retroceso. En lugar de una república en la que hubiesen participado criollos, mestizos e indios, se proclamaba una monarquía indígena; en lugar de mejorar las condiciones del campo y la ciudad, superando las formas coloniales, se perdían las manufacturas, aunque primitivas, para introducir la subordinación total a la producción de tejidos extranjeros.

Notas
[14] Archivo del General Miranda, tomo XV, 1938.

[15] Luis A. Eguiguren, ob. cit. t. II, pág. 200.

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