viernes, 19 de abril de 2013

Correspondencia



EN EL 2013: SE RECUERDAN LOS CIENTO VEINTIÚN AÑOS DE VIDA DE CÉSAR VALLEJO, LOS CIENTO DIECIOCHO DE JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, LOS CIENTO DOS DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS Y LOS SETENTA Y UNO DE JAVIER HERAUD


SI LA POESÍA "NO DICE NADA", ENTONCES DICE ALGO

Julio Carmona


MI ACTUAL AMIGO Y COLEGA EN LAS LETRAS -inicialmente condiscípulo en secundaria- Mario Gastelo Mundaca, me ha enviado, en archivo adjunto, un artículo de César Lévano, director del diario "La Primera", titulado, "Cuando poesía no dice nada"; su lectura me motivó a hacer las siguientes reflexiones que envío a Mario y comparto con un sector más amplio de mis contactos. Espero no herir susceptibilidades.

Mario, te agradezco, el envío. Y mi agradecimiento es por varios aspectos, porque no compro diarios (ni primeros ni últimos), desde que me di cuenta que sus titulares sintetizan sus textos, y aquellos los puedo ver por internet; además porque evito soplarme -en la mayoría de los casos- tantas cacografías similares a las denunciadas por el director de La Primera; o sea que la indigencia gramatical no es privativa de los "aprendices de poeta", y, finalmente, ya los noticieros de la TV -que también maltratan el idioma- se adelantan por la noche a las noticias del día siguiente, etc.

Entonces, resulta grato recibir mensajes como el tuyo, además con tan sugestivo título: "Cuando poesía no dice nada" que es una paráfrasis del famoso verso de Martín Adán (y digo 'paráfrasis', pues Adán lo escribe sin la conjunción de tiempo "cuando") y es paráfrasis que, además, atropella el sentido que le dio el gran poeta (que lo es, aunque yo sé que está en las antípodas de mi concepción poética).



Te escribo estas líneas para, a mi vez, "señalar defectos" del artículo en cuestión. Y el mayor que se debe destacar es su falta de visión dialéctica. Y recalco este aspecto porque su autor -César Lévano- siempre ha relevado -y creo que lo sigue haciendo- sus vínculos con el marxismo (aunque -en esto también hay que ser precisos- con ese "marxismo" domesticado y bien entornillado en el sistema). Y una prueba de lo antidialéctico del artículo en mención es hablar en términos "generales", englobando en un solo bloque a todos los aspectos de un fenómeno.

Por ejemplo, dice: "Se multiplican en estos tiempos libros y antologías de poesía que revelan una falta de respeto al arte de Vallejo y Neruda." Y ahí hay tres fenómenos por escindir: a) estos tiempos, b) libros y antologías, y c) poesía, y, aun dentro de cada uno, falta discriminar sus opuestos. En principio, porque es una situación inmemorial, que no solo se da "en estos tiempos": los críticos de todas las épocas siempre se han admirado por la constante y apabullante aparición de poetas. Pero en esa profusa cantidad -que, por lo demás, es alentadora pues el hecho de que más jóvenes se inclinen por escribir poesía evitará que lo hagan hacia la delincuencia o la antítesis de esta, la policía- pero en esa cantidad (decía) hay que "separar la paja del grano" con, por lo menos, el adjetivo indeterminado "algunos". De la otra forma se está metiendo en un solo saco a "todos" 'los libros y antologías que se multiplican en estos tiempos'. Y lo mismo se puede decir de "la poesía", hablar así de ella, en singular, es adoptar una posición metafísica, es admitir que la poesía es un ente único, preexistente al hombre, y de ahí a estatuir un solo canon y un solo lenguaje para "la poesía" no hay sino un paso.

Pero la cita continúa. Y, digamos que el lector del artículo se hace cargo del dislate, y asume que el autor se está refiriendo a la producción actual de poetas noveles, de quienes Lévano dice: "Asombra la falta de cultura y de gramática que revelan, así como su pobreza temática, limitada casi siempre a lo más cotidiano y sin vuelo. La hondura del ser y del estar brillan por su ausencia." Y, bueno, ya decía arriba, esa indigencia gramatical es muy amplia, incluidos algunos periodistas y, dentro de estos, algunos jóvenes, a quienes se debe instar a tener más cuidado en ese sentido (cultural y gramatical), pero dejándoles la libertad temática: una buena escritura releva la mediocridad temática, y esto también se da en la literatura, y con mayor razón si se trata de jóvenes. También, como digo arriba, hablar de una sola poesía lleva a discriminar los temas cotidianos (que alimentan a la gran poesía popular y que la idea de una "sola poesía" da por inexistente), temas cotidianos que -¿por qué no?- también contienen 'un ser y un estar' propios.

Pero, se dirá, es que Lévano está tratando de esa "poesía" que solo tiene defectos y ningún mérito, entonces, con mayor razón, no debe hablar de "poesía" sino de "malos engendros literarios", y ocuparse de estos es, más bien, ocioso; pues, no se está haciendo docencia, si después de las primeras generalizaciones, se lo sigue haciendo al negarse a precisar los nombres de los criticados; estos puede ser que nunca se den por enterados de que sus textos han sido comentados por Lévano. Pero si se diera el caso de que los autores, cuyo nombre se omite, pudieran identificar sus textos, entonces no se cumplirá la prevención siguiente de Lévano: "No voy a citar nombres, porque no es mi afán herir personas”, entonces él sabe que sus opiniones son hirientes, pero enseguida agrega que lo que quiere es “señalar defectos, buscando elevar el nivel de la poesía". Entonces, si fue así, debió comenzar por ahí, indicando que se trata de algunas personas (a quienes él no tiene el afán de herir) señalando sus defectos, y separando a esas personas de quienes no están en la condición de sentirse heridas, y cuya poesía no debe meterse en un solo saco con la otra "poesía"; y esa poesía sin comillas no necesita de "Lévanos" para ser elevada. Corolario: Si "la poesía no dice nada", entonces dice algo, y si ese algo no es poesía, entonces no digas nada de nada.

Pero Lévano insiste en su generalización y en su afán de hacer educación, a diestro y siniestro, pues, en lo que él considera "defectos de la poesía" cuyo nivel pretende elevar, son tan culpables los poetas malos como "los profesores, los comentaristas y los editores que contribuyen a la crisis", es decir, ahora resulta que toda la poesía está en crisis. Y la obvia conclusión es que el único que se percata de ello es Lévano. "Los profesores, los comentaristas y los editores", así, indiscriminadamente, todos son culpables.




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