jueves, 1 de mayo de 2025

Economía

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Fetichismo de la Mercancía y la Guerra Comercial

Marcelo Ñaupari

EN LA ÚLTIMA ARREMETIDA arancelaria de Estados Unidos contra el resto del mundo, se abrió un frente de disputa propagandística en el que algunos productores chinos mostraban los precios reales de sus productos. Muchos de los cuales aumentaban en más del 1000 % al llegar a Estados Unidos y ser comercializados bajo una marca local.

Se reaviva así el debate sobre el “fetichismo de la mercancía”, postulado con el que Marx explica cómo, en el capitalismo, se ocultan las verdaderas condiciones de explotación (las relaciones de producción), y parece que cada mercancía adquiere un valor mágico en sí misma, como si cobrara vida. En palabras de Marx:

“Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, no tenemos más remedio que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. Y a esto es a lo que yo llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este sistema de producción” (El capital, Libro I, Tomo I).

Pareciera que nos relacionamos con las mercancías y, por ende, con el vendedor en un intercambio acordado y “equitativo”, olvidando las condiciones de las personas que trabajaron para producirlas. Pensamos que el valor del producto está en el producto mismo y no en el trabajo invertido en éste.

Volviendo al ejemplo de la mercadería china, una vendedora (@lunasourcingchina) mencionaba en TikTok a un producto de la marca Lululemon que cuesta en Estados Unidos aproximadamente 98 dólares:

“Supongo que la mayoría de ustedes conoce el precio de Lululemon u otras grandes marcas… y adivinen qué, aquí en estas dos fábricas pueden conseguirlas por alrededor de 5 o 6 dólares…”

¿Qué es lo que compramos cuando compramos? En parte, esta pregunta ha sido desarrollada por los publicistas, quienes afirman que no compras una motocicleta, sino libertad; no compras un reloj, sino estatus…

Vivimos en un mundo en el que incluso la salud, el ecologismo y el supuesto comercio justo forman parte del fetichismo de la mercancía y al comprarlos disminuyen nuestra culpa de enriquecer a los mismos de siempre.

Este fenómeno explica por qué el valor de uso y el valor de cambio (precio) pueden ser tan distintos. Hemos creado un mundo que prioriza a las mercancías por sobre el ser humano, lo que ha elevado el dinero a un estatus todopoderoso y casi divino, ejemplificando esta tesis, ya que el dinero es la mercancía por excelencia.

No se trata de afirmar que existen relaciones justas de producción en China, todo lo contrario: se ocultan las verdaderas condiciones de los trabajadores en China, y el mundo, para poder vender productos baratos. En nuestro ejemplo se muestra la verdadera relación de producción entre los trabajadores y los grandes capitalistas chinos y estadounidenses que generan plusvalías exorbitantes.

Gastar más en un producto de lujo no significa ayudar a los trabajadores, solo enriquece aún más a los ricos. Además, el fetichismo no se limita a los artículos de lujo, sino a cada producto que adquirimos; compramos vegetales por la promesa de salud y la ilusión de apoyar a los productores, cuando ellos son los menos favorecidos en la cadena de valor. Esa es una de las más fuertes razones en las que se sostiene el capitalismo: el valor que asignamos a la mercancía justificando, o no queriendo ver, la explotación.

Como se ha visto, este es un fenómeno complejo que no puede simplificarse solo a los ejemplos aquí mencionados. Sin embargo, nos permite seguir debatiendo los fundamentos del sistema y, sobre todo, las respuestas que debemos plantearnos.

Primero de Mayo

¡Viva el Primero de Mayo! 

Primero de Mayo 

Manuel González Prada. 

SI LOS PROLETARIOS de América y Europa se congregaran hoy para únicamente celebrar la fiesta del trabajo, merecerían ser llamados ingenuos, infelices y hasta inconscientes, pues no harían más que sancionar su miseria y su esclavitud. Examinando bien los hechos, sin dejarnos alucinar por la fraseología de sociólogos oficiales y oficiosos, ¿qué diferencia hay entre el esclavo antiguo (que era la propiedad o la cosa del amo) y el trabajador moderno que sigue siendo el autómata o la máquina del patrón? Vemos una sola diferencia: en la Antigüedad el vencedor esclavizaba al vencido, francamente, proclamando el derecho de la fuerza, sosteniendo que unos habían nacido para mandar y otros para obedecer, mientras en las sociedades modernas el letrado y el capitalista explotan al ignorante y al obrero, hipócritamente, predicando la evangélica máxima del amor al prójimo, hablando de libertad, igualdad y fraternidad. 

El trabajo, tal como se halla organizado y tal como desearían conservarle los capitalistas, se reduce a la explotación de muchos por unos pocos, al sometimiento servil de la gran masa bajo la voluntad omnipotente de algunos privilegiados, a la eternización de un verdadero régimen de castas en que los de arriba gozan de luz y bienestar mientras los de abajo vegetan en la ignorancia y las privaciones. Ese trabajo manual (tan encarecido por los traficantes y los ociosos) no siempre dignifica y engrandece. Trabajar para recoger todo el fruto de su labor o hacerlo voluntariamente para transformar el Globo en una morada cómoda y salubre, concediéndose las horas necesarias al solaz, a la instrucción y al sueño, es digno del hombre; pero bregar y esquilmarse para que otros reporten los beneficios o hacerlo obligadamente para sólo dulcificar la vida de los amos, negándose el descanso indispensable, comiendo mal, durmiendo poco, vistiéndose de guiñapos y no conociendo más placeres que el trago de aguardiente y la procreación, es indigno del hombre. 

No faltan desgraciados que merced a ese régimen degeneran al punto de transformarse en animales de tracción y de carga, con la circunstancia de tener menos descanso y menos pitanza que el asno y la mula. Pero (qué mula ni qué asno! Hombres hay convertidos en algo inferior a las acémilas, en verdaderos aparatos que sólo realizan actos puramente mecánicos. Han perdido todo lo humano y, primero que nada, el instinto de la rebelión. No les hablemos de reclamar sus derechos, de pedir lo suyo, de adquirir la dignidad de hombres: no entenderán nuestras palabras y se volverán contra nosotros para defender a su verdugo y a su Dios –el capitalista. 

Felizmente la luz va penetrando en el cerebro de los proletarios y muchos comprenden ya que el 1 de mayo, para no ser una fiesta ridícula o pueril, debe significar algo más que la glorificación del trabajo. Se congregan hoy para recordar a los buenos luchadores que señalaron el camino y para reconocerse, estrechar las filas, cambiar ideas y acelerar el advenimiento del gran día rojo. Y decimos rojo, pues no incurriremos en la ingenuidad o simpleza de imaginarnos que la Humanidad ha de redimirse por un acuerdo amigable entre los ricos y los pobres, entre el patrón y el obrero, entre la soga del verdugo y el cuello del ahorcado. Toda iniquidad se funda en la fuerza, y todo derecho ha sido reivindicado con el palo, el hierro o el plomo. Lo demás es teoría, simple teoría. 

 

El Frente Único y el Primero de Mayo 

José Carlos Mariátegui 

EL 1° DE MAYO ES, en todo el mundo, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx: "Proletarios de todos los países, uníos". En esta fecha caen espontáneamente todas las barreras que diferencian y separan en varios grupos y varias escuelas a la vanguardia proletaria. 

El 1° de Mayo no pertenece a una Internacional: es la fecha de todas las Internacionales. Socialistas, comunistas y libertarios de todos los matices se confunden y se mezclan hoy en un solo ejército que marcha hacia la lucha final. 

Esta fecha, en suma, es una afirmación y una instalación de que el frente único proletario es posible y es practicable y de que a su realización no se opone ningún interés, ninguna exigencia del presente. 

A muchas meditaciones invita esta fecha internacional. Pero para los trabajadores peruanos la más actual, la más oportuna es la que concierne a la necesidad y a la posibilidad del frente único. Últimamente se han producido algunos intentos seccionistas. Y urge entenderse, un concretarse para impedir que estos intentos prosperen, evitando que socaven y que minen la naciente vanguardia proletaria del Perú. 

Mi actitud, desde mi incorporación en esta vanguardia, ha sido siempre la de un fautor convencido, la de un propagandista fervoroso del frente único. Recuerdo haberlo declarado en una de las conferencias iniciales de mi curso de historia de la crisis mundial. Respondiendo a los primeros gestos de resistencia y de aprensión de algunos antiguos y hieráticos libertarios, más preocupados de la rigidez del dogma que de la eficacia y la fecundidad de la acción, dije entonces desde la tribuna de la Universidad Popular: "Somos todavía pocos para dividirnos. No hagamos cuestión de etiquetas ni de títulos." 

Posteriormente he repetido estas o análoga palabras. Y no me cansaré de reiterarlas. El movimiento clasista, entre nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado, para que pensemos en fraccionarle y escindirle. Antes de que llegue la hora, inevitable acaso, de una división, nos corresponde realizar mucha obra común, mucha labor solidaria. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y sentimiento de clase. Esta faena pertenece por igual a socialistas y sindicalistas, a comunistas y libertarios. Todos tenemos el deber de sembrar gérmenes de renovación y de difundir ideas clasistas. Todos tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas "instituciones representativas". Todos tenemos el deber de luchar contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de defender la tribuna, la prensa y la organización proletaria. Todos tenemos el deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza indígena. En el cumplimiento de estos deberes históricos, de estos deberes elementales, se encontrarán y juntarán nuestros caminos, cualquiera que sea nuestra meta última. 

El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia, la variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el proletariado. La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el contrario la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no emplean sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes. 

Tratemos de sentir cordialmente el lazo histórico que nos une a todos los hombres de la vanguardia, a todos los fautores de la renovación. Los ejemplos que a diario nos vienen de fuera son innumerables y magníficos. El más reciente y emocionante de estos ejemplos es el de Germaine Berthon. Germaine Berthon, anarquista, disparó certeramente su revólver contra un organizador y conductor del terror blanco por vengar el asesinato del socialista Jean Jaurés. Los espíritus nobles, elevados y sinceros de la revolución, perciben y respetan, así, por encima de toda barrera teórica, la solidaridad histórica de sus esfuerzos y de sus obras. Pertenece a los espíritus mezquinos, sin horizontes y sin alas, a las mentalidades dogmáticas que quieren petrificar e inmovilizar la vida en una fórmula rígida, el privilegio de la incomprensión y del egotismo sectarios. 

El frente único proletario, por fortuna, es entre nosotros una decisión y un anhelo evidente del proletariado. Las masas reclaman la unidad. Las masas quieren fe. Y, por eso, su alma rechaza la voz corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca la voz optimista, cordial, juvenil y fecunda de los afirman y de los que creen. 

 

Admonición del 1º de Mayo 

José Carlos Mariátegui 

LA CONMEMORACIÓN del 1º de mayo, ha ido adquiriendo, en el proceso de la lucha por el socialismo, un sentido cada vez más profundo y preciso. Hace ya mucho tiempo que no se reduce a la conmemoración de los mártires de Chicago. Ese fue su punto de partida. Desde 1888 en que el Congreso de París instituyó esta conmemoración, el proletariado mundial ha recorrido una parte considerable del camino que conduce a la realización de sus ideales de clase. En este tiempo, se han sucedido, en su historia, muchas jornadas de luto y también muchas jornadas de gloria. La clase obrera ha entrado en su mayor edad. La crónica de su ascensión económica y política, registra siempre grandes acontecimientos, que impiden al proletariado limitar la significación del 1º de Mayo a una sola efemérides. La experimentación, la actuación del socialismo ha empezado desde 1918. Quedan aún por ganar las más difíciles y largas batallas. Pero, en la lucha, la clase obrera acrecienta incesantemente su capacidad para crear un nuevo orden: el orden socialista. 

El 1º de mayo, afirma todos los años la solidaridad internacional de los trabajadores. Es la fecha internacional, universal por excelencia. En su celebración coinciden las avanzadas del proletariado de los cinco continentes. En este hecho reside su mayor significación revolucionaria. Lo sienten bien los nacionalismos reaccionarios cuando, como el fascismo, en Italia, se empeñan en proscribir esta fecha del sentimiento de la clase trabajadora. Empeño inútil, porque nada dará un carácter más religioso y profundo a la conmemoración del 1º de Mayo en el espíritu de cada obrero, que la persecución y condenación reaccionarias. El fascismo está resucitando en Italia la edad heroica de las catacumbas. Este día transcurre hoy en Italia, sin comicios, sin huelga, sin himnos revolucionarios, sin banderas rojas; pero en mil hogares escondidos se jura, con más fervor y resolución que nunca, la fe en el socialismo. 

Hay que desterrar del 1º de mayo, todo lo que en mucho ha tenido, y tiene todavía, el rito mecánico de simple efemérides. La lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente. Trabajan por el advenimiento de una sociedad nueva los que todo el año disciplinada, obstinadamente, combaten por el socialismo; no los que en ésta u otra fecha sienten un momentáneo impulso de motín o asonada. 

Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de mayo representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el socialismo. Año tras año, esta fecha plantea cuestiones concretas, actuales. ¿Cuáles han sido los resultados y la experiencia de la acción desarrollada? ¿Cuáles son las tareas del porvenir? El problema que hoy se presenta, en primer plano, es sin duda, un problema de organización. La vanguardia obrera tiene el deber de impulsar y dirigir la organización del proletariado peruano, misión que reclama un sentido de responsabilidad, al cual no es posible elevarse sino en la medida en que se rompa con el individualismo anarcoide, con el utopismo explosivo e intermitente de los que antes, guiando a veces las masas, se imaginaban que se les conduce hacia un orden nuevo con la sola virtud de la negación y la protesta. Reivindiquemos íntegra, absolutamente, el derecho de asociación de los trabajadores, su libertad de organización legal, en las ciudades, las minas y las haciendas. Y asumamos la tarea de que la reclamación de este derecho, sea la afirmación de una capacidad. He aquí la obra por cumplir; he aquí la misión por absolver. Que el 1º de mayo sirva esta vez para que, comprendiéndolo, afirmemos, sin inútil declamación, la voluntad y la aptitud de realizarlas. 

 

González Prada, Mariátegui y el Primero de Mayo 

Eduardo Ibarra 

GONZÁLEZ PRADA pronunció una conferencia y escribió cinco artículos en conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores: Conmemorando el 1º de Mayo fiesta universal (1905); El intelectual y el obrero (conferencia dictada el 1º de mayo de 1905 en la Federación de Obreros Panaderos); El Primero de Mayo (1906); Primero de Mayo (1907); Primero de Mayo (1908); Primero de Mayo (1909). 

La conferencia El intelectual y el obrero forma parte del libro Horas de lucha (1908), mientras los artículos fueron publicados en la revista Los Parias, y más tarde incorporados al libro Anarquía. 

José Carlos Mariátegui escribió dos artículos sobre el tema: “El 1º de mayo y el frente único (1924) y “Admonición del 1º de mayo (1929). El primero fue publicado en El Obrero Textil, nº 59, y el segundo en Labor, nº 8. Ambos aparecen actualmente formando parte del libro Ideología y Política. 

Mientras Mariátegui era explícito en cuanto al frente unido de la clase (“El 1º de Mayo es, en todo el mundo, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados”), y absolutamente claro en cuanto a su objetivo (“Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de Mayo representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el socialismo”); el discurso de González Prada peca por momentos de retórica y es indefinido en cuanto al objetivo de la lucha proletaria, aunque, en descargo suyo, hay que recordar que, en el artículo “Conmemorando el 1º de mayo fiesta universal”, no se presentó tan indefinido: 


Lejos del socialismo depresor que, sea cual fuere su forma, es una manera de esclavitud o un remedo de la vida monacal; lejos también del individualista egoísta que profesa el ¡Dejar hacer, dejar pasar, y el cada uno para sí, cada uno en su casa”, divisamos una cumbre lejana donde leemos esta única palabra: ANARQUÍA”. 

Huelgan comentarios sobre el pretendido “socialismo depresor”, lo cual revela el anarquismo pradiano y, en el fondo, una posición contraria a la dictadura del proletariado. Entonces el anarquismo se consideraba una tendencia del socialismo y, por eso, el propio González Prada sostenía que “no hay socialismo sino muchos socialismos” (“Conmemorando el 1º de mayo…”). Sin embargo, más que ayer, hoy se sabe que el único socialismo verdaderamente revolucionario es el socialismo marxista-leninista. 

Por eso, mientras en “Antecedentes y desarrollo de la acción clasista”, José Carlos Mariátegui señaló que “Las primeras manifestaciones de propaganda ideológica revolucionaria son en el Perú, la que suscita, a principios del siglo actual, el pensamiento radical de González Prada” (Ideología y política), en 7 ensayos subrayó: “De su tiempo fue el materialismo histórico. Sin embargo, el pensamiento de González Prada, que no impuso nunca límites a su audacia ni a su libertad, dejó a otros la empresa de crear el socialismo peruano.” 

La benemerencia de algunas tendencias del socialismo reformista peruano es cosa reconocida en la literatura mariateguiana –y en la nuestra, dicho sea de paso–, pero esto no obsta para reconocer al mismo tiempo que, por sus consustanciales limitaciones, tales tendencias dejaron a otros –a Mariátegui y su grupo– la empresa de crear el Socialismo Peruano. 

Así, pues, Mariátegui y su grupo crearon los Fundamentos del Socialismo Peruano con su interpretación marxista de nuestra realidad concreta, una teoría de la revolución peruana y la fundación del PSP y de la CGTP. 

Entre el artículo de González Prada “El primero de mayo” (1909) y el artículo “El 1º de mayo y el frente único de Mariátegui”, mediaron quince años: período de decantación ideológica, de clarificación, de deslindes y alineamientos. Este proceso tuvo siete hitos: la pérdida de la hegemonía del anarquismo sindical en el movimiento obrero; la publicación de la revista Nuestra Época; la aparición del periódico La Razón; la escritura, en marzo de 1921, del artículo “El cisma del socialismo”, con el que Mariátegui dio prueba de su asimilación al marxismo-leninismo y, por lo tanto, dio el primer paso en la construcción del Socialismo Peruano; la conferencia La crisis mundial y el proletariado que, como es obvio, dio comienzo a la interpretación marxista de nuestra realidad; la fundación del PSP en octubre de 1928; la fundación de la CGTP en mayo de 1929. 

De la afirmación mariateguiana sobre González Prada en 7 Ensayos, citada arriba, se desprende nítidamente que, cuando el maestro habla de socialismo peruano, no está hablando del variopinto socialismo en general, sino del socialismo marxista en particular. 

Esto da al traste con la oportunista pretensión de amalgamar tras el término socialismo peruano al socialismo reformista de todo pelo con el socialismo marxista-leninista.   

El frente unido del proletariado, peruano e internacional, es una necesidad absoluta. Pero esta unidad debe servir a la lucha por el socialismo. Esta era la convicción de José Carlos Mariátegui, y es también la nuestra. 

Por eso nuestra celebración del 1º de Mayo no tiene un sentido de mera recordación de los mártires de Chicago, sino un sentido revolucionario. Esto explica el deslinde que contiene el presente artículo. 

Que el lector medite sobre los conceptos mariateguianos acerca del frente unido de los trabajadores y a propósito de su llamado a la lucha por el socialismo. 

 

Lucha Reivindicativa y Lucha Revolucionaria

César Risso

LA LUCHA REIVINDICATIVA del proletariado peruano, que hacemos extensiva a la lucha de todos los trabajadores, sometidos bajo una u otra forma a la explotación de los capitalistas, ha sido sobrepasada en estos últimos años por la confrontación con las actividades extractivas de las empresas transnacionales asentadas en nuestro país. Es el caso de los proyectos mineros Conga y Tía María, dos casos emblemáticos que están en curso.

        Esto pone en evidencia que la lucha reivindicativa está centrada actualmente no en la mejora de las condiciones de trabajo, es decir, en la lucha por la reducción de la explotación del trabajador bajo la forma asalariada por los capitalistas, sino en la lucha por la preservación del medio ambiente donde realizan sus actividades los pequeños agricultores, los comuneros de la sierra y los comuneros de la selva.

        Si bien es cierto esta situación permite organizar en frentes regionales a los pobladores para enfrentar a estas empresas y sus proyectos, uniendo a los obreros con los pequeños agricultores, con los comuneros de la sierra y de la selva, y con los diversos sectores de la pequeña burguesía; también es cierto que distrae al proletariado de la lucha directa contra el capital por la eliminación de la explotación de los trabajadores.

        Es necesario entonces hacer extensiva la crítica del capitalismo desde la situación de explotación del trabajador, por las bajas remuneraciones, por la ampliación de la jornada de trabajo, por la reducción de los derechos laborales, pasando por la crítica a la cultura burguesa en general, hasta la denuncia por la contaminación del medio ambiente, con el consiguiente envenenamiento de los trabajadores de las mismas empresas extractivas, y de los pobladores de las zonas donde se desarrollan estos proyectos.

        Tenemos la tarea de denunciar la ligazón que existe entre la explotación capitalista de los trabajadores y la contaminación del medio ambiente por parte de las empresas capitalistas. Esto debe dar como resultado la unidad de todas las luchas de los trabajadores, con el fin de enfrentar a la totalidad de la actividad capitalista en nuestro país, reconociendo que es justamente este sistema el que produce estos males.

        Esta responsabilidad del capitalismo en el deterioro del medio ambiente, que se expresa concretamente en la destrucción de los medios de vida de las comunidades nativas, así como de las comunidades campesinas, en la competencia por el recurso agua, etc., se da por la sed de ganancia de las empresas transnacionales de los países imperialistas: por la ley de la plusvalía.

        La lucha contra cada proyecto extractivo en particular, se transformará así en la lucha contra todos los proyectos extractivos en general, lo cual se transformará finalmente en la lucha contra todo el sistema capitalista, transformando la lucha reivindicativa en lucha revolucionaria.

        Esta lucha exige pasar de la organización local y regional de los trabajadores, a la organización nacional de los mismos. Si bien es cierto esta organización ya se ha dado, sin embargo no tiene la capacidad efectiva de dirigir a sus agremiados. Para ello es fundamental la propaganda socialista. Debemos entender la organización no solo como el organismo representativo burocráticamente de las masas trabajadoras, sino como la organización consciente, en el sentido de la asimilación del ideario clasista en la perspectiva de la transformación revolucionaria del capitalismo en socialismo.

        Debemos reconocer que la lucha contra todo el sistema capitalista para construir el socialismo exige la dirección proletaria. La pequeña burguesía no tiene la capacidad de dirigir la lucha contra el capitalismo debido a sus aspiraciones de clase, pero puede eventualmente significar un contingente, puesto en una situación de imposibilidad de desarrollar sus actividades por la agresión del capital imperialista, que tome conciencia de la necesidad de la derrota del capitalismo y de la construcción de un orden económico superior, sumándose así a la lucha directa contra el capital.

        La lucha, aparentemente espontánea, de las masas encabezadas por el proletariado, es el fruto de todo el trabajo previo de propaganda y organización, sin el cual estas luchas carecerán del objetivo histórico del proletariado: el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo.

        “Pasa, sobre todo, que a la revolución no se llega sólo por una vía fríamente conceptual. La revolución más que una idea, es un sentimiento. Más que un concepto, es una pasión. Para comprenderla se necesita una espontánea actitud espiritual, una especial capacidad psicológica.” (LA ESCENA CONTEMPORÁNEA. El Grupo Clarté. José Carlos Mariátegui)

        Para transformar el concepto, que expresa la necesidad de superación del capitalismo, en sentimiento, se debe desarrollar un arduo trabajo de educación socialista, de propaganda socialista. El sentimiento de las masas trabajadoras en la actualidad no es otra cosa que la interiorización de los conceptos desarrollados y propagandizados permanentemente en la lucha contra el capital. Y la “espontánea actitud espiritual”, y “una especial capacidad psicológica” son el resultado de las condiciones materiales de existencia de las clases explotadas en el sistema capitalista.

        Por ello J. C. Mariátegui afirma que “La premisa política, intelectual, no es menos indispensable que la premisa económica. No basta la decadencia o agotamiento del capitalismo. El socialismo no puede ser la consecuencia automática de una bancarrota; tiene que ser el resultado de un tenaz y esforzado trabajo de ascensión.” (DEFENSA DEL MARXISMO. Posición del Socialismo Británico. José Carlos Mariátegui)

        Para esto debemos ligar cada lucha concreta con el objetivo final. Y esta ligazón debe fundamentarse en la propaganda cotidiana en las diversas formas de lucha, haciendo conocido el socialismo.

        Los movimientos espontáneos de los trabajadores, no pasan de ser lucha defensiva, es decir, son la respuesta a una agresión de la burguesía, al aumento de la explotación capitalista. Para dar el paso fundamental en la superación definitiva del capitalismo, debemos desarrollar la lucha ofensiva, tomando la iniciativa en la lucha, en sus diversas formas; debemos organizar no solo el derrocamiento del capitalismo sino imaginar y desarrollar, en el programa de la revolución socialista en el Perú, las formas concretas en las que se llevará a cabo el ejercicio del poder de las amplias masas populares; las formas en las que se organizará la transición a la economía socialista, superando la explotación burguesa, y eliminando con ello toda forma de explotación del hombre por el hombre.

        José Carlos Mariátegui desarrolló de forma genial los mecanismos que conducen de la actitud individual y social a la lucha por un objetivo histórico, pero que a los hombres aparece como una labor práctica inmediata: “Para el hombre, como sujeto de la historia, no existe sino su propia y personal realidad. No le interesa la lucha abstractamente sino su lucha concretamente. El proletariado revolucionario, por ende, vive la realidad de una lucha final. La humanidad, en tanto, desde un punto de vista abstracto, vive la ilusión de una lucha final.” (EL ALMA MATINAL. La Lucha Final. José Carlos Mariátegui).

        “La muchedumbre, más aún que el filósofo escéptico, más aún que el filósofo relativista, no puede prescindir de un mito, no puede prescindir de una fe. No le es posible distinguir sutilmente su verdad de la verdad pretérita o futura. Para ella no existe sino la verdad. Verdad absoluta, única, eterna. Y, conforme a esta verdad, su lucha es, realmente, una lucha final.”

        “El impulso vital del hombre responde a todas las interrogaciones de la vida antes que la investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad de su mito. No le sería dable siquiera comprenderla. Pero generalmente encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir, combate. Nada sabe de la relativa insignificancia de su esfuerzo en el tiempo y en el espacio. Su instinto lo desvía de la duda estéril. No ambiciona más que lo que puede y debe ambicionar todo hombre: cumplir bien su jornada.” (EL ALMA MATINAL. La Lucha Final. José Carlos Mariátegui).

        Precisamente, en la actualidad, cumplir bien su jornada es luchar por el socialismo, convirtiendo así la lucha reivindicativa en lucha revolucionaria.

        Para esto tenemos la obligación de desarrollar un trabajo tenaz, permanente, y así “[…] las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo” (IDEOLOGÍA Y POLÍTICA. Principios Programáticos del Partido Socialista. José Carlos Mariátegui). 

 

La Comuna de París y el 1º de Mayo 

Eduardo Ibarra 

EL 18 DE MARZO de cada año se conmemora el aniversario de la Comuna de París de 1871, primera revolución socialista de la historia. Aunque derrotada, la Comuna de París sirvió para descubrir la forma de la dominación política del proletariado. Por eso, en la Introducción que escribió para la tercera edición alemana de La guerra civil en Francia, de Carlos Marx (1891), Federico Engels escribió: 


Ultimamente las palabras “dictadura del proletariado” han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado! 

La dictadura del proletariado es la forma de dominación política que, en un largo proceso histórico, viabilizará la extinción de las clases, de la lucha de clases y del Estado y, por lo tanto, la emancipación de la humanidad de toda explotación económica, de toda opresión política y de toda dominación ideológica del hombre por el hombre. Por eso la Comuna de París representa el Programa Máximo del proletariado, aunque, dadas las circunstancias objetivas y subjetivas (sobre todo subjetivas), sus medidas económicas quedaran por debajo de lo que es razonable esperar de cualquier revolución socialista. 

Así, pues, la dictadura del proletariado es una dictadura en extinción. 

Pero, si la Comuna de París representa el Programa Máximo del proletariado, ¿por qué el Día Internacional de los Trabajadores es el 1º de Mayo, y no el 18 de marzo? 

Después de la derrota de la Comuna de París, el movimiento obrero se vio ante la necesidad de realizar una labor lenta de educación y organización, y, así, la Asociación Internacional de los Trabajadores se propuso luchar por una legislación que mejorara las condiciones de vida de los trabajadores: subsidios de desempleo, protección social, etcétera, y especialmente por la instauración de la jornada de ocho horas. 

Mariátegui observó al respecto: 


La función de la segunda Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los partidos socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron, por consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas. 

En noviembre de 1884 se había celebrado en la ciudad de Chicago el “IV Congreso de la American Federation of Labor“, en el que se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a las patronales a respetar la jornada laboral de 8 horas para todos los trabajadores, y se hizo un llamado a defender este derecho. 

En 1886 la lucha de los trabajadores obligó al presidente Andrew Johnson a promulgar la ley “Ingersoll”, que reconocía la jornada laboral de 8 horas. Sin embargo las patronales no acataron la indicada ley y amenazaron a los trabajadores con el despido si se negaban a cumplir las prolongadas jornadas que ellos decidían arbitrariamente. Entonces el gobierno se hizo el desentendido. 

Pero los fortalecidos sindicatos se movilizaron ante semejante contubernio. Se convocó entonces una huelga general y, el primero de mayo de ese mismo año, los obreros paralizaron la producción en todo el país. 

Entonces el gobierno desató una brutal represión contra los trabajadores movilizaos y, después de varios días de enfrentamientos, el 4 de mayo, en medio de una huelga en la Haymarket Square de Chicago, una mano anónima arrojó una bomba contra las fuerzas policiales que intentaban disolver la manifestación por la fuerza, con un saldo de varios policías muertos. 

En tal circunstancia el gobierno detuvo y culpó a los principales dirigentes de la huelga, los que fueron sometidos a una parodia de juicio, calificándoseles de traidores al orden establecido y enemigos de la patria y finalmente condenados a muerte. 

De los ocho obreros enjuiciados, August Spies, Albert Parsons, Adolph Fischer y George Engel fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887. 

Entonces, el IV Congreso de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, acordó el 1º de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores en homenaje a los mártires de Chicago. 

El significado de esta fecha es que la clase obrera internacional tiene un común interés inmediato, de donde se desprende la necesidad de la solidaridad de clase. Mariátegui anotó al respecto: 


El 1º de Mayo es, en todo el mundo, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx: “Proletarios de todos los países, uníos. (Ideología y política). 

Por eso, en las notas preparatorias de su conferencia “El fracaso de la Segunda Internacional”, sustentada el 30 de junio de 1923, escribió: 


… soy partidario antes que nada del frente único proletario. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Causa común contra el amarillismo. Antes que agrupar a los trabajadores en sectas o partidos agruparlos en una sola federación. Cada cual tenga su filiación, pero todos el lazo común del credo clasista. (Historia de la crisis mundial) 

Por otro lado, el acuerdo de la Segunda Internacional acerca del Día Internacional de los Trabajadores expresa la teoría marxista acerca del papel de las masas en la historia y, específicamente, su posición contraria a todo egotismo sectario. El marxismo es la conciencia política del proletariado internacional, pero no todos los trabajadores son marxistas, y esto es algo que hay que tener en cuenta. 

El 1º de Mayo representa, pues, la lucha reivindicativa de la clase obrera y, precisamente por esto, su relación con el 18 de Marzo, aniversario de la Comuna de París, es la misma que existe entre el Programa Mínimo y el Programa Máximo del proletariado. 

Por lo tanto, de lo que se trata es de ligar la lucha reivindicativa de la clase obrera a la lucha por el socialismo. Por eso Mariátegui señaló: 


Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de mayo representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el socialismo. 

El socialismo: he aquí el objetivo del proletariado internacional y de los pueblos del mundo. 

Ciertamente solo el socialismo salvará a la humanidad, pues únicamente en sus condiciones económicas y sociales será posible crear poco a poco las premisas para la desaparición de las clases, de la lucha de clases y del Estado. 

Este es el camino abierto por la gloriosa Comuna de París, cuyos principios brillarán eternamente en la historia. 

01.05.2014. 

Internacionales

El Genocidio en la Franja de Gaza Debe Detenerse

Mahmoud Elalwani(*)

EL ATROZ CRIMEN cometido por las fuerzas de ocupación israelíes al bombardear en la ciudad de Gaza el Hospital Bautista, adscrito a la Iglesia Anglicana, y perpetrado el Domingo de Ramos, uno de los días más sagrados para los cristianos, constituye una flagrante violación de todos los valores religiosos y humanos. La destrucción del único hospital cristiano en la Franja de Gaza, que data del siglo XIX, representa un insulto directo a la comunidad cristiana en Palestina y en el mundo, un desprecio por la santidad de las festividades religiosas y un ataque a una institución humanitaria que atiende diariamente a cientos de personas enfermas y heridas. El ataque aéreo israelí contra la unidad de cuidados intensivos, la de emergencia y la farmacia no fue un accidente, sino más bien un crimen que se enmarca en una política deliberada de Israel para destruir todos los aspectos de la vida en la Franja de Gaza. El ejército de ocupación ha destruido intencionadamente 34 hospitales desde el comienzo de la agresión como parte de una política integral de aniquilación. El mundo no puede seguir permaneciendo en silencio ante el bombardeo de un hospital dedicado a salvar vidas con el agravante, si cabe, de hacerlo en un día sagrado, ya que constituye una puñalada en la conciencia de la humanidad que permanecerá indeleble en la memoria de la historia.

Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza no es solo una guerra de exterminio, es el resultado de una acción premeditada para eliminar al pueblo palestino de la existencia, desarraigarlo y borrarlo del mapa mediante la limpieza étnica, el genocidio, el hambre y el asedio. La ocupación israelí está practicando una política de tierra arrasada sin tener en cuenta las leyes internacionales ni las cartas humanitarias, utilizando el asedio impuesto a Gaza como herramienta para matar a los ciudadanos, impidiéndoles obtener las necesidades mínimas de vida, imposibilitando la entrada de alimentos, medicinas y agua potable, en un intento de matar la esperanza y quebrar la voluntad de sus habitantes. El objetivo de estos crímenes es imponer al pueblo de Gaza elegir morir por las bombas y de hambre o sufrir un desplazamiento forzado, lo que constituye un crimen y una catástrofe contra la humanidad y una flagrante violación de todas las convenciones internacionales que garantizan los derechos humanos y el derecho de los pueblos a vivir con dignidad.

La política arbitraria, bárbara e ilegal de la ocupación que exige el desplazamiento del pueblo palestino en lo que el gobierno de ocupación denomina “salida voluntaria”, está en completa contradicción con el derecho internacional, porque cualquier forma de salida que tenga lugar bajo el fuego de los bombardeos y de la guerra y bajo políticas que impiden la ayuda humanitaria y que utilizan el hambre como arma, constituye un desplazamiento forzado, un crimen de guerra, una violación de los derechos humanos y una violación del derecho internacional y del derecho internacional humanitario. Nuestro pueblo no solo se enfrenta a una ocupación colonial, también a un verdadero genocidio y a crímenes sistemáticos que buscan desarraigarlo de su tierra y destruir su tejido nacional. Por lo tanto, su resistencia pacífica no solo es legítima, sino que es una necesidad existencial, moral y humanitaria ante un proyecto de asentamiento colonial que ignora la existencia de los palestinos. El pueblo palestino se enfrenta a una alianza en la que los palestinos solo son números que deben borrarse, tierras que deben robarse y derechos que se pueden y se deben enterrar en silencio.

La comunidad internacional, el Consejo de Seguridad en particular, tiene plena responsabilidad por su incapacidad para proteger a los civiles y para detener el genocidio contra el pueblo palestino, así como por no poder permitir la entrada de toda la ayuda humanitaria y de socorro a los residentes de la Franja de Gaza. Las operaciones de socorro y reconstrucción deben comenzar de inmediato. Las iglesias del mundo, sus consejos y las instituciones religiosas y humanitarias deben pedir que se rompa el silencio internacional, que se condenen estos crímenes execrables, que se tomen medidas eficaces para proteger lo que queda de las instituciones humanitarias en la Franja de Gaza y se apoye al pueblo palestino que se enfrenta a una guerra de exterminio.

Es hora de que la comunidad internacional y el Consejo de Seguridad adopten una postura firme contra estas constantes violaciones y provocaciones israelíes y demuestren la seriedad y capacidad de decisión necesarias para aplicar las resoluciones de legitimidad internacional y para restablecer los derechos del pueblo palestino, en primer lugar, su derecho a la autodeterminación y al establecimiento de un Estado libre, independiente y soberano sobre las fronteras del 4 de junio de 1967, con Jerusalén Oriental como su capital.

 

(*) Mahmoud Elalwani es Embajador del Estado de Palestina en Bolivia.



¿La Guerra Mundial Comercial nos Llevará a la Militar?

Mahmoud Elalwani(*)

LA GUERRA COMERCIAL MUNDIAL ya ha comenzado; todo indica que el mundo se encuentra en una encrucijada histórica y sin precedentes que conducirá a una remodelación de los sistemas globales y de la relación del hombre con su entorno, en un intento de trazar un nuevo camino para el futuro.

El año 2025 comenzó con el nombramiento del presidente de Estados Unidos y su anuncio de implementar el lema “Estados Unidos primero”. Dicho lema refleja una tendencia a redefinir las prioridades de la política exterior e interior de Estados Unidos con el objetivo de proteger su economía, mejorar las oportunidades laborales de los estadounidenses y fortalecer la seguridad nacional estadounidense. Está basado en la idea de reducir los compromisos de Estados Unidos con sus aliados tradicionales, así como la reducción de su compromiso con las Naciones Unidas y con otras organizaciones internacionales que formaban parte del sistema global, lo que refleja su preferencia por los intereses nacionales directos frente a los compartidos con otros países, supone romper con las políticas tradicionales (económicas, comerciales y diplomáticas) que Estados Unidos adoptó durante las décadas anteriores y que hizo que al mismo tiempo hubiera una relativa estabilidad global.

La decisión de Trump de imponer aranceles a más de 180 países, incluidos sus aliados históricos, ha desconcertado al mundo entero durante las últimas semanas, siendo China el país que soporta la mayor subida de aranceles. Dichos aranceles se consideran los mayores de la historia y amenazan la estabilidad mundial, pudiendo conducir a una recesión económica mundial sin precedentes. El conflicto comercial entre Estados Unidos y China podría conducir a una separación económica entre ambos países, lo que desmantelaría las cadenas de suministro globales. Esto no sólo afectaría a ambos países, sino también al resto del mundo, incluidos países en los que Estados Unidos considera como alternativa para convertir sus cadenas de suministro.

Hoy nos encontramos en el umbral de la construcción de una nueva red de alianzas. Está claro que Estados Unidos ha considerado necesario formar una alianza o intentar controlar los países de Eurasia porque cabe la posibilidad de que haya llegado a la convicción de que esta medida es más importante para su seguridad futura que centrarse en Europa, porque ésta, debido a la guerra de Ucrania, está experimentando crisis internas, una crisis de deuda en algunos de sus países, un declive de su economía, el aumento de los precios de la energía y las diferencias políticas entre sus miembros y, por lo tanto, un declive de su papel geoestratégico en el escenario mundial. A pesar de todo esto, Europa todavía puede desempeñar un papel importante en el comercio mundial y está tratando de fortalecer su poder militar. Eurasia contiene la mayor parte de los recursos del mundo (produce aproximadamente el 60% de la producción mundial total), tiene el 70% de la población de la Tierra y cinco de sus países poseen armas nucleares capaces de crear un equilibrio militar que podría debilitar la hegemonía estadounidense. Una cuestión de este tipo requiere fortalecer el poder económico y tecnológico estadounidense en la región euroasiática y debilitar el poder económico chino que compite fuertemente con la economía estadounidense. El conflicto traerá de vuelta la Guerra Fría, y ello tendrá implicaciones para el liderazgo global en tecnología futura. Además, China ha vinculado directamente el sistema de liquidación transfronteriza con 10 Estados miembros de la ASEAN y algunos países del Medio Oriente al yuan digital, sin utilizar el sistema SWIFT que está dominado por el dólar, tratando de redefinir las reglas de implementación para la era de la moneda digital y adelantándose a Estados Unidos.

Al observar las declaraciones emitidas por los líderes mundiales últimamente, especialmente las estadounidenses y chinas, concluimos que ninguna de las partes está dispuesta a perder esta guerra. Si Estados Unidos no logra sus objetivos, perderá su capacidad de dominar la economía global y se fortalecerá la posición de China como el mayor productor del mundo; consecuentemente, aumentará la demanda del yuan como moneda para el comercio global y se incrementará la capacidad de China para fortalecer su presencia en Asia Central, Asia Oriental, África y América Latina, e incluso podría alcanzar una cooperación más fuerte con Europa. También convertirá a China en un país cualificado para liderar el grupo BRICS, expandir la Ruta de la Seda y mejorar la demanda de tecnología china (menos costosa que la estadounidense). Esto conducirá al colapso de la imagen de Estados Unidos como potencia reguladora global y a la desintegración del bloque occidental, algo que un país como Estados Unidos no puede aceptar para preservar su seguridad nacional y su posición global dominante. En ese caso, es posible que recurra al uso de la fuerza militar, desencadenándose así una tercera guerra militar mundial.

Sin embargo, si China pierde la guerra comercial con Estados Unidos, será un duro golpe económico y estratégico con importantes repercusiones a nivel interno e internacional. Entre ellas se incluyen una disminución del crecimiento económico chino, una desaceleración del desarrollo tecnológico, la salida de empresas internacionales del país, la interrupción de las cadenas de suministro globales, un aumento de los precios de los productos en los mercados globales, una pérdida de confianza en China como potencia en ascenso y, por ende, una pérdida de socios y una disminución de su capacidad para influir en la geopolítica global a favor de Estados Unidos a nivel mundial y a favor de la India en el sur y este de Asia. En el plano interno, el declive económico de China provocará una escalada de las tensiones sociales, lo que repercutirá en la estabilidad nacional y conducirá a un retorno al aislamiento político. China también podría verse obligada a exportar la crisis librando una guerra contra Taiwán, iniciando así una tercera guerra mundial.

La amenaza del estallido de una tercera guerra mundial hará de 2025 un año decisivo para el futuro de la humanidad. Sin embargo, esperemos que se recurra al diálogo y a la negociación en todas sus formas y que se active el papel de la Organización Mundial del Comercio para asegurar la justicia comercial, para regular el sector tecnológico de una manera justa y acordada por todas las partes, aunque sea a través de una tregua temporal hasta que se alcance una solución radical y para evitar al mundo crisis que podrían devastar su futuro.

 

(*)Mahmoud Elalwani es Embajador del Estado de Palestina en Bolivia.


Comentario de libros

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


El Partido del Proletariado en el Sentido Histórico y la Reconstitución

Cesar Risso

EN EL LIBRO de Eduardo Ibarra Algunas cuestiones sobre el Partido del proletariado y la reconstitución del Partido de Mariátegui1, se presenta una síntesis de la evolución del Partido del proletariado. Lo relevante de esta síntesis radica en que considera al partido del proletariado en el sentido histórico. Esto es, como la asunción de la misión histórica del proletariado.

Esta forma de concebir el Partido del proletariado encuentra expresión en Carlos Marx:

“He procurado, además, disipar el equívoco de que yo entendía por partido una organización muerta desde hace ocho años o la redacción de un periódico extinguido hace doce. No; yo siempre he entendido por partido el Partido, en el gran sentido histórico de esta palabra.”2

Pues bien, Eduardo Ibarra resume como sigue la evolución del partido del proletariado:

Grosso modo, puede decirse que, durante el siglo XIX, el partido proletario pasó por las siguientes etapas: el partido surgido espontáneamente, no homogeneizado por el marxismo, como fue el cartismo (existente desde antes del surgimiento del marxismo); el partido adherido al marxismo, como fue la Liga de los Comunistas; el partido carente de una determinada forma organizativa, como ocurrió durante el reflujo del movimiento obrero europeo entre 1850 y principios de la década de 1860; el partido-frente, como fue la Asociación Internacional de los Trabajadores; nuevamente el partido adherido al marxismo, como fueron el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, la Segunda Internacional, etcétera.”3

Aquí se destaca el carácter proletario del partido por la composición de sus militantes, que existía como un partido obrero independiente.

        Pero, si lo que se enfatiza es el carácter proletario del partido por la adhesión al marxismo, entonces

        “[…] en cuanto al partido marxista se refiere, es necesario subrayar una situación sui generis de su existencia: carente de organización, el partido marxista existió como el ala izquierda del movimiento cartista (Julián Harney, Ernest Jones, etc.); y lo mismo ocurrió en la Asociación Internacional de los trabajadores (Marx, Engels, etc.)”

Considerando ambos caracteres, nos dice Eduardo Ibarra que

“[…] puede decirse que, entre la segunda mitad de la década de 1830 y el año de 1871, la regla fue el partido-frente, y la excepción el partido marxista. Hoy ocurre lo contrario: la regla es el partido marxista, y la excepción el partido-frente […]”

La importancia de los conceptos expuestos en la evolución del partido proletario radica en que permite apreciar con mayor claridad la situación de la existencia del partido proletario en la actualidad, es decir, tomando en cuenta el Partido del proletariado en el sentido histórico.

Una de las cosas que pueden deducirse de lo expuesto por Eduardo Ibarra es que, desde la aparición del capitalismo, los obreros se vieron conducidos a organizarse para defender sus derechos. Esto, que se expresa como una necesidad, se nos aparece como una ley que se da en el desarrollo de las diferentes formas de organización de los obreros que empiezan a adquirir un nivel de consciencia cada vez más aguzado. Sin embargo, por sus propios medios los obreros solo podían llegar a organizarse para enfrentar las condiciones precarias en las que vivían, pero sin tener conciencia de clase, vale decir, sufriendo las consecuencias de una situación que no comprendían. Esta fue la situación del cartismo.

En el caso de la Liga de los Comunistas la situación cambia.

Sobre esto nos dice Eduardo Ibarra:

“[…] Engels señaló que la Liga de los Comunistas tuvo sus orígenes

‘… en «dos corrientes independientes»: de una parte, «un puro movimiento de los trabajadores», y, por la otra, «un movimiento teórico, proveniente de la desintegración de la filosofía hegeliana», asociado predominantemente con Marx. «El Manifiesto comunista de 1848», agregaba, «marca la fusión de ambas corrientes».”4

Sobre el particular, refiriéndose a la teoría socialista, Engels dice lo siguiente:

“El socialismo moderno es, en primer término, por su contenido, fruto del reflejo en la inteligencia, por un lado, de los antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y desposeídos, capitalistas y obreros asalariados, y, por otro lado, de la anarquía que reina en la producción. Pero, por su forma teórica, el socialismo empieza presentándose como una continuación, más desarrollada y más consecuente, de los principios proclamados por los grandes pensadores franceses del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos materiales económicos, hubo de empalmar, al nacer, con las ideas existentes.”5

Tomando ambas citas se tiene tanto la dialéctica hegeliana como el materialismo francés. Ambas expresiones filosóficas se unimismaron en el marxismo, lo que condujo a la comprensión cabal de la explotación capitalista, y así a dotar de conciencia de clase al proletariado.

En el Perú, la organización de los obreros empalmó con la asimilación y desarrollo del marxismo por parte de José Carlos Mariátegui. Así, la fusión del movimiento obrero independiente con el marxismo de Mariátegui se concretó en el Partido Socialista.

El proceso de Reconstitución del partido de Mariátegui requiere el reconocimiento de la existencia del partido del proletariado, que, por su carácter doctrinal, adherido al marxismo-leninismo y al pensamiento de Mariátegui, se encuentra sin una forma orgánica definida, disperso en pequeños colectivos e individuos.

Como señala Eduardo Ibarra, la ley de formación del partido proletario es la de pasar del partido de cuadros al partido de masas. Esto es, de la formación del partido del proletariado como un partido de cuadros ligado a las masas, a un partido de masas (militancia extensa de obreros y campesinos) y de cuadros, por la adhesión al marxismo-leninismo de sus militantes.

En la actualidad, en la lucha contra las diversas desviaciones en el seno del proletariado, se ha logrado desarrollar y expresar el contenido correcto de la Reconstitución. Así,

“Solo en la primera década del presente siglo se enderezó lo torcido en punto a la Reconstitución: hoy se sabe que esta tarea es un sistema cuyos componentes se encuentran intrínsecamente relacionados entre sí: 1) retoma de los Fundamentos del Partido de Mariátegui; 2) desarrollo de tales Fundamentos conforme a la situación actual; 3) enraizamiento en las masas y dirección de las mismas.”6

Como resultado de esta lucha por la defensa de los Fundamentos del Partido de Mariátegui, se tiene que

“En torno a tales elementos del sistema de la Reconstitución, ha habido una larga e intensa lucha que, finalmente, ha dado el fruto esperado: un concepto correcto de la Reconstitución y, por lo tanto, una base real, concreta, fructuosa para la acción de los Continuadores de Mariátegui.”7

Así pues, la forma específica que se puede vislumbrar es la que va del partido disperso a la unificación de los colectivos e individuos que adhieren al marxismo-leninismo y al pensamiento de Mariátegui, dando por resultado el Partido del proletariado que alcanza tal estatus como resultado del proceso de Reconstitución.

__________

(1) Eduardo Ibarra, Algunas cuestiones sobre el Partido del Proletariado y la Reconstitución del Partido de Mariátegui. Editorial Creación Heroica, octubre 2023.

(2) Franz Mehring, Carlos Marx. Carta de Carlos Marx a Freiligrath Págs. 299-300. Ediciones Grijalbo, 1967.

(3) Eduardo Ibarra, Ibidem, pág. 11.

(4) Ibidem, pág. 8.

(5) Federico Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico.

(6) Eduardo Ibarra, Ibidem, pág, 71.

(7) Ibid.

CREACIÓN HEROICA