viernes, 4 de septiembre de 2026

Filosofía

La Concepcion del Objeto y de las Tareas de la Filosofía a la Luz de los Trabajos de

Engels

P. V. Kopnin

LOS TRABAJOS DE ENGELS desempeñan un enorme papel —como lo subrayó con fuerza Lenin— en la formación y el desarrollo de la filosofía del materialismo dialéctico e histórico. Con la modestia que le era inherente, escribió en una de las notas aclaratorias de su trabajo Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: “Que antes y durante los cuarenta años de mi colaboración con Marx tuve una cierta parte independiente en la fundamentación y, sobre todo, en la elaboración de la teoría, es cosa que ni yo mismo puedo negar. Pero la parte más considerable de las principales ideas directrices, particularmente en el terreno económico e histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a Marx. Lo que yo aporté —si se exceptúa, todo lo más, un par de especialidades— pudo haberlo aportado también Marx sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido jamás lo que Marx alcanzó’’.1

La ciencia que se ocupa de la historia de la filosofía marxista-leninista, operando sobre la base de los principios leninistas para su estudio, ha establecido que Engels ocupa un lugar mucho más importante en la formación y la elaboración de la teoría —que ostenta legítimamente el nombre de Marx— en comparación con lo que él mismo evaluara en términos muy modestos. Esto se refiere, en especial, a la filosofía. Se puede correr el riesgo de afirmar que sin obras tales como el Anti-Dühring, Dialéctica de la naturaleza y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, no cabe concebir a la filosofía marxista, el materialismo dialéctico e histórico, como una doctrina integral. Ello, principalmente en lo que respecta a partes como la teoría del materialismo dialéctico, incluida la gnoseología, las investigaciones acerca de la dialéctica sobre la base de la generalización de los datos de las ciencias naturales del siglo XIX, etcétera.

No es casual que los pensadores burgueses contemporáneos y sus seguidores revisionistas pretendan quebrantar la filosofía marxista despojándola de la contribución que le hizo Engels. Si se consideran erróneas sus ideas o —como dicen algunos— “no marxistas” y aun “desnaturalizadoras” del marxismo, resulta entonces efectivamente mutilada la filosofía marxista, puesto que aquéllas completaron en gran medida los puntos de vista de Marx y dieron un poderoso impulso al desarrollo de las ideas filosóficas marxistas de finales del siglo pasado y de la primera mitad del presente. Estas ideas están vivas también en la actualidad y en torno de ellas se libra una aguda lucha entre las concepciones antagónicas del mundo que reflejan la lucha actual de clases en la sociedad.

 

1. ¿Es posible concebir una filosofía científica?

El estudio del objeto y del contenido del materialismo dialéctico ocupa un lugar destacado en el patrimonio filosófico engelsiano. El planteó este problema en estrecha relación con la comprensión de la filosofía en general y con su destino histórico. Las ideas de Engels sobre el objeto de la filosofía suscitan en la actualidad la atención general y provocan diferentes reacciones en los estudiosos contemporáneos. Se halla muy difundida entre los marxólogos burgueses la idea de que su concepción de la filosofía se aparta de los puntos de vista de Marx al respecto. La diferencia entre Marx y Engels en lo referente a sus enfoques de la filosofía —desde el punto de vista de los principios— tendría su origen primario en el pluralismo, el cual habría encontrado un reflejo más pleno en las actuales corrientes del pensamiento marxista. Tal diferencia se percibiría en lo siguiente: 1) Marx se habría ocupado preferentemente de los problemas de la filosofía de la sociedad mientras que su compañero habría desplazado el centro de la filosofía de la dialéctica de la vida social a la dialéctica de la naturaleza; 2) Engels habría reflejado el cientificismo en la filosofía mientras que Marx habría sido el portador del humanismo; 3) según Engels la filosofía sería la ciencia de las leyes más generales mientras que para Marx se trataría de la toma de conciencia del hombre sobre sí mismo; 4) Engels habría sido un materialista dialéctico mientras que Marx habría sido “un economista objetivista”, “un humanista-naturalista”, que empleó el término “materialismo” no en el sentido ontológico, sino simplemente como una expresión metafórica, y (5) la concepción filosófica engelsiana sería una prolongación de las tradiciones del materialismo iluminista francés, sobre todo en su versión holbachiana, al tiempo que el auténtico marxismo sería ante todo “el fruto y la continuación del idealismo clásico alemán”.

Nuestros adversarios ideológicos caracterizan la concepción filosófica de Engels como positivista, la cual habría servido de fuente teórica del dogmatismo y de las ulteriores deformaciones de la filosofía marxista. De aquí la tendencia manifestada, por ejemplo, por algunos filósofos yugoslavos agrupados en torno de la revista Praxis, a depurar a la filosofía marxista de las ideas engelsianas —y, junto con ellas, de las de Lenin— para arribar de este modo al “auténtico” Marx. "Es triste consignar —razona M. Kangra— cómo Engels interpretaba a Hegel, basándose en los aspectos más débiles de su Enciclopedia y en su concepción de la dialéctica. El resultado fue la Dialéctica de la naturaleza, incompatible con las premisas y con las ideas filosóficas esenciales de Marx. Hay que decir que esta línea tiene su raíz en la vieja metafísica... El fruto de todo esto es, pues... el llamado materialismo dialéctico e histórico”.2

Es así como las ideas del coautor del Manifiesto Comunista y el sentido de la filosofía marxista en general y, en particular, sobre el materialismo dialéctico, se convirtieron en un terreno de lucha que afecta a muchos campos de la actualidad ideológica.

Cuando se trata de dos pensadores como Marx y Engels y se procede a analizar el carácter y las particularidades de sus ideas filosóficas, no puede dejar de considerarse una circunstancia tan importante como la siguiente. En la elaboración de la concepción materialista dialéctica del mundo, cada uno de ellos, a la par que trabajaban en problemas generales, concentró su atención en algunas cuestiones específicas por cuyo estudio tenía mayor vocación. Por ejemplo, a Engels le atraían más la gnoseología y la dialéctica en el campo de las ciencias naturales mientras que a Marx lo seducían lo problemas económicos e históricos. Y esto no perjudicó en lo más mínimo la actividad teórica de ambos en la fundación de una concepción del mundo cualitativamente nueva y unitaria. Por el contrario, dicha circunstancia les dio la posibilidad de incluir en el campo de su análisis un material mucho más rico, proveniente de diferentes dominios de la ciencia, les permitió abarcar todas las facetas de la concepción materialista dialéctica del mundo.

No existe ninguna diferencia de principios entre ellos en la concepción del objeto mismo de la filosofía y en los fundamentos básicos de su elaboración, y no puede haber en el marxismo diferentes escuelas, distintas orientaciones, que se distinguen entre sí de manera cardinal en lo que respecta al punto de partida para enfocar y concebir el significado, el contenido y las tareas de la concepción científica del mundo, de sus leyes y categorías esenciales. Cuando surgen orientaciones de este tipo, ello revela un apartamiento de la concepción marxista y científica del mundo en dirección a alguna escuela filosófica burguesa.

Entre los fundadores del socialismo científico existe una profunda unidad en los principios básicos, en la concepción del objeto y las tareas de la filosofía. Uno de los principios rectores para Engels era la idea de que la filosofía, en su desarrollo, debía transformarse y convertirse en ciencia. El mismo, con toda su labor, posibilitó la transformación de la filosofía en un sistema de conocimientos científicos. La idea de la necesidad de que la filosofía se convierta en una ciencia está contenida en la propia definición engelsiana del materialismo dialéctico.

No sólo el materialismo dialéctico sino que toda la filosofía marxista plantea y resuelve sus problemas de una manera propia de la ciencia. El autor de Dialéctica de la naturaleza puso de relieve la diferencia entre la filosofía científica y la no científica, tomando en calidad de ejemplo los últimos razonamientos de E. Dühring.

Este consideraba que el objeto de la filosofía estaba dado por los principios de todo conocimiento y voluntad y por ello pretendía construir una filosofía que derivase de principios establecidos a priori, mediante el método especulativo, a la manera de los mejores modelos del pasado. Esta concepción de la filosofía fue sometida a crítica por Engels no en lo referente a la idea de que la filosofía formula principios, sino en lo que respecta a cómo lo hace y al significado de tales principios desde el punto de vista del modo científico de concebir la realidad.

"...Su análisis —escribe Engels acerca de Dühring— versa sobre  principios extraídos del pensamiento y no del mundo exterior, sobre los principios formales que deben aplicarse a la naturaleza y la humanidad y de  acuerdo con los cuales, en  consecuencia, deben conformarse la naturaleza y el hombre”.3 En la ciencia, los principios se desprenden no de la cabeza (el pensamiento) sino de la realidad mediante el uso de la cabeza,  “los principios no son el punto de partida de las investigaciones sino su resultado final... no son la naturaleza y el hombre quienes se ajustan a principios sino, por el contrario, los  principios son justos sólo en tanto que corresponden a la naturaleza y a la historia”.4

En relación con ello es que utiliza términos tales como “La filosofía como tal”, “la vieja filosofía” o “La filosofía como disciplina separada”. El empleo de esos términos tiene en vista no el contenido concreto de tal o cual sistema filosófico del pasado sin un determinado método del arte mismo de filosofar. Desde el punto de vista de algunas tesis aisladas, estos sistemas pueden tener cierto significado positivo, acertar en lo referente al verdadero desarrollo de determinados fenómenos de la naturaleza y la sociedad, pero está viciado el método general mismo para encarar la resolución de los problemas filosóficos y para la toma de conciencia de éstos (la metodología) porque sobre la base de él no es posible una concepción científica de la realidad. El desarrollo de dicha “vieja filosofía”, en lo fundamental, discurrió en dos direcciones vinculadas entre sí: la mística y la especulativa. La primera buscaba el camino hacia la verdad al margen de la razón; la segunda, reconocía el conocimiento racional; sin embargo, como señala Engels, sus representantes lo encaraban como “ideólogos puros”, que operaban a partir no de los hechos sino de principios construidos en la cabeza.

Desde tales posiciones, los representantes de la orientación especulativa arribaron a la creación de “sistemas filosóficos” sobre la base de algunos principios establecidos en forma apriorística. Este "demiurgo”, al no poseer el conocimiento concreto de toda la naturaleza y la historia, pero pretendiendo construir un sistema filosófico omnímodo que pudiese servir para todos los tiempos y para todos los pueblos, “se vio precisado a llenar la innumerable cantidad de lagunas con verdaderas invenciones: es decir, se vio obligado a fantasear en forma irracional, a ocuparse con ideologizaciones”.5

Engels consideraba que a mediados del siglo XIX, esta "filosofía como tal” (“la vieja filosofía”, “la filosofía como disciplina separada”) se extinguió por sí misma, llegó a su punto final. Ya no había más necesidad de una filosofía de ese tipo, se había   tornado innecesario cualquier “sistema” filosófico. “Cuando queremos inferir el tal esquematismo universal no de la cabeza, sino sólo mediante la cabeza, partiendo del mundo real, y los principios del ser partiendo de lo que es, no necesitamos filosofía alguna, sino conocimientos positivos del mundo y de lo que en él ocurre; y lo que entonces resulta no es tampoco una filosofía, sino una ciencia positiva”.6 Sin embargo, no era enemigo de los “sistemas” en general en el campo del conocimiento, sobre todo en el de la filosofía. La ciencia que funda una teoría necesariamente construye un sistema de conceptos; pero de este modo sólo pone de relieve el sistema de vínculos existentes entre los fenómenos que estudia y, por consiguiente, se disuelve la filosofía en tanto creadora de sistemas especulativos.

Tales ideas provocan los más variados comentarios en los medios filosóficos burgueses contemporáneos y se consideran, a menudo, como la evidencia de las supuestas posiciones positivistas engelsianas o de sus presuntas afinidades con ellas. Su “positivismo” fue una invención de los marxólogos burgueses, adoptada luego por algunos filósofos extranjeros que subjetivamente se consideran marxistas, los cuales   construyen sus concepciones sobre la base de la contraposición de las ideas de Marx a las de Engels.

Ya no hay más lugar para la filosofía: ¿qué significa esto? ¡Si es lo mismo que afirmaron los positivistas, los cuales destacaron el reemplazo de la filosofía por las ciencias positivas! En efecto, existe una semejanza exterior entre las reflexiones positivistas y las concepciones de Engels. Pero la filosofía mística y puramente especulativa está presta a declarar como positivista a cualquier concepción del mundo que opere sobre la base de un enfoque científico de la realidad. La concepción marxista de la filosofía, la cual fue desarrollada también por Engels, se distingue de manera radical no sólo de los sistemas especulativos sino también del desdén positivista hacia las peculiaridades del conocimiento filosófico. El positivismo no ha ahorrado palabras para desenmascarar el    carácter metafísico de la filosofía especulativa, pero no estaba en condiciones de superar, desde el punto de vista práctico, a esta concepción del mundo porque no ofrecía ninguna alternativa, al limitarse meramente a una pobre e inútil negación de la filosofía anterior.

Engels planteó el problema de un modo totalmente distinto. Al negar una filosofía, trabajaba en la elaboración de otra, liberada de los vicios del apriorismo, del "sistema”, etcétera. Para él, el fin de la vieja filosofía no significa de ningún modo la desaparición de toda filosofía, no significa su reemplazo por la suma de las distintas disciplinas científicas. Surge una nueva filosofía que se funda en el conocimiento positivo del mundo, la cual, por la propia fuerza que ello le proporciona, no se contrapone a las ciencias sino que ella misma se constituye en una forma de comprensión científica del universo. El materialismo dialéctico como negación "no es la mera restauración —escribe en su Anti-Dühring— del viejo materialismo, sino que se inserta en los permanentes fundamentos del primero todo el contenido mental de una evolución bimilenaria de la filosofía y de la ciencia natural, así como de esa misma historia de dos mil años. La filosofía es pues, aquí 'superada', es decir, ‘tanto superada cuanto conservada’; superada en cuanto a su forma, conservada en cuanto a su contenido real”.7

Por lo tanto, la filosofía es superada en lo que respecta a su forma, al tiempo que se conserva en lo que hace a su contenido real. La forma de la filosofía como disciplina separada de un enfoque científico de la realidad desaparece con el pasado; no se necesita ninguna filosofía que esté ubicada por encima de las demás ciencias. No obstante ello, una filosofía de esta índole subsiste aún hoy en el mundo burgués contemporáneo; pero, desde el punto de vista histórico, ha dejado de tener vigencia real y ha perdido su base racional de sustentación. Su lugar ha sido ocupado por la filosofía como conocimiento sustancial y positivo del mundo. Es decir, que se trata de una concepción del mundo, la cual no sólo conserva su significación sino que ve abrirse ante sí un vasto cauce para su desarrollo. Todo aquello que en la filosofía precedente tenía relación con la comprensión de un conocimiento de ese tipo se ha mantenido, se ha conservado en la nueva filosofía. A decir verdad, el conocimiento positivo que hallaba su lugar en la vieja filosofía no puede transferirse en su totalidad al materialismo dialéctico porque la filosofía de la antigüedad reunía todo el saber de su época, cosa que hoy ya no puede ocurrir. Una gran parte de la filosofía se desplazó hacia los dominios especializados de la ciencia, separándose de la filosofía y constituyendo determinadas disciplinas científicas. “Desde el momento — escribe Engels— en que se presenta a cada ciencia la exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas, se hace precisamente superflua** toda ciencia de la conexión total. De toda la filosofía anterior no subsiste al final con independencia más que la doctrina del pensamiento8 y de sus leyes, la lógica formal y la dialéctica. Todo lo demás queda absorbido por la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”.9

Esta tesis se ha prestado a las más diversas interpretaciones. Las más difundidas son aquellas que sostienen que Engels   limita la filosofía al estudio del pensamiento y, por consiguiente, fuera de la lógica formal y de la dialéctica no hay nada más en la filosofía ni puede haberlo. La realidad objetiva es el objeto únicamente de las disciplinas científicas especiales que versan sobre la naturaleza y la historia. Es indudable que esta interpretación, según la cual Engels sólo se diferencia de todo positivismo por el hecho de que, según él, la doctrina filosófica del pensamiento no se limita a la lógica formal sino que implica también e incluye en su interior a la dialéctica, no corresponde al espíritu de las concepciones engelsianas de la filosofía, tal como ellas surgen del conjunto de sus obras.

Ante todo, Engels no restringió a la dialéctica misma dentro de los límites de la doctrina del pensamiento sino que siempre entendió y señaló que se la debía definir como la ciencia de las leyes generales del movimiento, de todo movimiento y no sólo de aquél referido a las ideas, como la ciencia de las leyes más generales “del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento”,10 y no sólo esto. Además, nunca restringió a la propia filosofía marxista a los límites de la dialéctica; con frecuencia hablaba acerca del materialismo moderno, el cual “es... sencillamente dialéctico...,”11 En fin, para él, el materialismo dialéctico no está separado del histórico, de la concepción materialista de la historia, merced a la cual "se descubría el camino para explicar la conciencia del hombre a partir del ser del hombre, en vez de explicar, como  se había hecho hasta entonces, el ser del hombre partiendo de su conciencia”.12

En la vieja filosofía había algunas ideas que conservaban una significación racional en todas sus partes. Al subrayar el papel del viejo materialismo, Engels veía en su contenido un elemento permanente de verdad filosófica: los filósofos materialistas del pasado, en primer término, trazaron una justa línea filosófica en la concepción de la naturaleza y en lo que respecta al tratamiento de la sociedad, a veces en algunos momentos, se aproximaron a la concepción materialista de la historia. Pero, junto a estas ideas que tenían un sentido racional, en la vieja filosofía se conformó una doctrina independiente del pensamiento bajo la denominación de lógica formal y, asimismo, de dialéctica. En este caso, es particularmente evidente el resultado alcanzado por el movimiento de las ideas filosóficas, puesto que el análisis del modo de pensar y conocer se proyectó con fuerza hacia adelante, en especial gracias a los esfuerzos de Aristóteles y Hegel.13

Al subrayar en reiteradas oportunidades la idea de que “cuando las ciencias naturales e históricas asimilan la dialéctica, sólo entonces toda la costra filosófica —con la excepción únicamente de la teoría del pensar— se torna superflua**, se disuelve en las ciencias positivas”,14 F. Engels de ninguna manera se proponía disminuir la importancia de los resultados alcanzados por el pensamiento filosófico anterior, y reducir la filosofía misma pura y simplemente al estudio del pensamiento. Ante todo, entendía por “costra filosófica” no un determinado resultado concreto del conocimiento de la naturaleza y de la sociedad que hubiesen logrado los filósofos del pasado, en particular los materialistas, sino un método de filosofar, apartado de la ciencia, especulativo, la construcción de un   sistema de la naturaleza (también de un sistema de la historia y de un Derecho) derivado de una filosofía de la naturaleza. En efecto, de este sistema pasa a ocuparse la ciencia positiva, desembarazándose de dicha “costra”. ¿Cómo entender el hecho de que la “ciencia positiva” viene a ocupar el lugar de la vieja filosofía? El positivismo contrapone las ciencias positivas a la filosofía, entendiendo bajo esa denominación a las ciencias naturales y a la sociología concreta. A veces también se comprende su pensamiento en términos semejantes: ha llegado el fin de la filosofía; únicamente subsisten la teoría del conocimiento (la lógica formal y la dialéctica) y las disciplinas concretas de las ciencias naturales y humanas.

En realidad, la idea engelsiana es absolutamente distinta. El lugar de la filosofía, la cual, a pesar de algunos resultados positivos, estaba lastrada por un método no científico, lo ocupan las ciencias naturales e históricas. La ciencia de la historia tiene muchas ramas diferentes, secciones, entre las cuales se halla la filosofía misma, con su objeto y su método específicos.

En otras palabras, el reemplazo de la vieja filosofía, la premarxista, por la ciencia no sólo significa el establecimiento de las diferentes disciplinas de las ciencias naturales y humanas, sino también la transformación de la filosofía misma en una disciplina científica positiva sobre la naturaleza y la historia. Es decir, en el campo de la indagación tendiente a obtener un conocimiento objetivo y verdadero de las cosas y los procesos reales y sus leyes. En este sentido, la filosofía no debe distinguirse ni un ápice de las demás ciencias y necesita romper definitivamente con el misticismo y la especulación infundada. Pero, bajo tales condiciones la filosofía se mantiene en tanto dominio específico e independiente del conocimiento. Su objeto, sus tareas y sus funciones en la sociedad están determinados sobre la base de su situación peculiar respecto de las demás ciencias y formas de la conciencia social.

La historia indica que en el proceso de desarrollo de la filosofía se han enfrentado dos tendencias: la científica y la anticientífica. La primera apuntó a convertir a la filosofía en una variedad de la comprensión científica de la realidad mientras que la segunda, por el contrario, dirigió sus esfuerzos hacia el divorcio de la filosofía de las ciencias y hacia su contraposición. Esta tendencia anticientífica se expresó en forma particularmente neta en la línea irracionalista de la filosofía burguesa de fines del siglo XIX y de la primera mitad de la presente centuria. La “especificidad” del conocimiento filosófico, la peculiaridad de su objeto y su método, fueron erigidas en premisas sobre cuya base se realizó el divorcio entre la filosofía y las ciencias, no obstante que ya a mediados del siglo XIX esas particularidades fueron claramente precisadas.

El positivismo, que pretendía desarrollar la idea de la cientificidad de la filosofía dentro del marco de la concepción burguesa del mundo, aspiraba a introducirla dentro de un dominio especial del conocimiento, asimilando el objeto y el método de la filosofía a un campo parcial del conocimiento. Se propusieron distintas variantes de esta reducción: la filosofía está llamada sólo a ordenar, clasificar y sistematizar los conocimientos, a construir “un sistema general de conceptos del hombre” (Comte); la filosofía debe seguir ocupándose de la lógica de la ciencia, del análisis de su lenguaje (Carnap), etcétera. Los fenomenólogos, los representantes de la “filosofía de la vida” y los existencialistas tomaron la imposibilidad de una reducción de esa índole como prueba de la justeza de la contraposición entre la filosofía y el conocimiento científico, como índice del acierto de establecer una separación entre ambos. El marxismo —y, en particular, Engels— plantea el problema de una manera absolutamente distinta de lo que lo hacen los positivistas y los irracionalistas. Sólo una filosofía de este tipo puede servir como arma segura para la comprensión y la transformación práctica del mundo, la cual se desarrolla en el cuadro de una concepción científica de la realidad. Pero, en tales condiciones, la filosofía conserva su peculiaridad en tanto sistema del conocimiento científico que opera en calidad de determinada forma de la conciencia social.

___________

(*) Engels y la filosofía de Hegel, varios autores. Academia de ciencias de la URSS. Editorial PAIDOS, Buenos Aires. 1975.

(**) La expresión que aparece en el texto es “superfina”, pero consideramos que es un error de traducción.

(1) C. Marx y F. Engels: Obras Completas, Moscú, t. XXI, págs.  300-301, nota. Véase F. Engels: Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en C. Marx y F. Engels: Obras Escogidas, Buenos Aires, Cartago, 1957, pág. 702, nota.

(2) Praxis, 1966, n° 6, págs. 772-773.

(3) C. Marx y F. Engels: Obras Completas, Moscú, t. XX, pág. 33.

(4) Ibídem, pág. 34.

(5) Ibídem, pág. 630.

(6) Ibídem, pág. 36. Véase E. Engels: Anti-Dühring. México, Grijalbo, 1964, pág. 23.

(7) 7 C. Marx y F. Engels: Obras Completas. Moscú, t. XX, pág.  142. Véase F. Engels: Anti-Dühring. México, Grijalbo, 1964, pág. 129.

(8) El autor se refiere aquí a la teoría del conocimiento. [T.]

(9) Ibidem, pág. 11.

(10) Ibidem, pág. 131.

(11) Ibidem, pág. 11.

(12) C. Marx y F. Engels: Obras completas. Moscú, t. XX, pág. 26. Véase F. Engels: Anti-Dühring. México, Grijalbo, 1964, pág. 12.

(13) “...La investigación de las formas del pensamiento, de las categorías lógicas es una tarea muy grata y necesaria. Luego de Aristóteles, sólo Hegel se abocó a la resolución sistemática de este cometido” (C. Marx y F. Engels: Obras completas. Moscú, t. XX, pág. 566).

(14) Ibídem, pág. 526.

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