miércoles, 2 de enero de 2019

Lógica dialéctica

Análisis y Síntesis. La Teoría Como Forma de la Unidad del Análisis y la Síntesis

P. V. Kopnin

EL PENSAMIENTO NO ESTÁ CONSTITUIDO por juicios, conceptos y razonamientos sueltos, aislados, sino por sus sistemas. La formación de conceptos, juicios y razonamientos no es un objetivo en sí, sino tan solo un medio para que la mente reproduzca el objeto en toda su plenitud y objetividad. En el proceso real del pensamiento nos enfrentamos siempre con un sistema de conocimientos. Incluso la célula elemental del pensamiento, el juicio, es un sistema formado, por lo menos, del sujeto, del predicado y la cópula. Se entiende que el concepto y el raciocinio también constituyen un sistema determinado. Sin embargo, la sistematización del saber científico, realizada en juicios, conceptos y razonamientos, sigue desarrollándose en formas de pensamiento cuya esencia, cuya función básica en el proceso de su movimiento constituye.

        La lógica formal no se ha ocupado, ni puede ocuparse, de estudiar las formas de sistematización del saber, ya que no es incumbencia suya hacerlo. Este problema corresponde a la gnoseología. Como la lógica formal se limitaba a investigar los juicios, los conceptos y los raciocinios, se tenía la impresión de que el pensamiento se circunscribía a estas formas. Las formas complejas, como la hipótesis, por ejemplo, se presentaban como variantes del razonamiento. La lógica formal no podía proceder de otro modo, ya que el razonamiento es un foco en el cual convergen los juicios y los conceptos.

        T. Pávlov indica que en el estudio de las formas del pensar, la dialéctica no puede limitarse tan solo al concepto, al juicio y al razonamiento. Refiriéndose a las formas del pensamiento científico, escribe: Son formas del pensamiento científico el concepto, el juicio (y el razonamiento), un sistema científico especial y un método científico especial (incluyendo la hipótesis, el experimento científico y la estadística) y, finalmente, un sistema o una teoría filosófica sobre el mundo y un método filosófico lo más general posible (incluyendo la práctica social como criterio).”1

        En el caso dado, nos interesan las dos siguientes ideas de T. Pávlov: 1) el círculo de las formas discursivas es mucho más amplio de lo que se cree habitualmente; 2) el juicio, el concepto y el razonamiento se complementan con formas que son sistemas científicos, por consiguiente, el estudio de estas formas presupone que se conozca a fondo en ellas el proceso de sistematización de los conocimientos científicos.

        Se sobrentiende que la sistematización del conocimiento no es la simple adición de conceptos, juicios y razonamientos sueltos, la incorporación mecánica de unos a otros, sino una síntesis en su forma más alta. Por ello, la esencia de la sistematización del conocimiento científico y de sus formas se entiende si se vincula a la interpretación de la índole de la síntesis y a su relación con el análisis.

        Durante mucho tiempo el concepto de análisis y de síntesis no rebasaba el marco del razonamiento inductivo y deductivo, que habían surgido, al principio, en geometría como elementos de su método de demostración. Según Euclides, en el análisis de algo que se quiere investigar, este algo se considera indiscutible a fin de llegar a verdades realmente indiscutibles. En la síntesis, por el contrario, se parte de verdades realmente indiscutibles y se llega a lo que no era evidente.2

        El análisis y la síntesis, en este caso, aparecen como dos procedimientos opuestos de demostración deductiva; en el método analítico se deducen de lo desconocido, de lo no demostrado, tesis cuya veracidad quedó establecida anteriormente. En la síntesis por el contrario, las tesis que se quieren demostrar, se infieren de verdades indiscutibles. Además, de hecho, no se trata aquí de encontrar nuevas tesis verídicas, sino modos de demostrar tesis acabadas, obtenidas anteriormente; el propio movimiento de lo desconocido a lo conocido, y viceversa, es comprendido de un modo muy limitado, por cuanto no se trata de formar nuevas verdades científicas, sino tan solo de los modos de establecer su evidencia.

        Más tarde, la lógica abandonó esta idea puramente geométrica del análisis y la síntesis, ampliándose considerablemente su noción de esas operaciones. El análisis y la síntesis empezaron a oponerse como dos tipos distintos de la dinámica del pensar: el inductivo y el deductivo, es decir, las categorías del análisis y la síntesis adquirieron un significado lógico general más amplio como facetas de un método de pensamiento científico. Hobbes, por ejemplo, consideraba que “… todo método que empleamos para estudiar las causas de las cosas sirve bien para unir, bien para desunir, o es en parte copulativo y en parte disyuntivo. Habitualmente, el método disyuntivo se llama analítico y el copulativo, sintético”.3 Tanto un método como el otro están vinculados al raciocinio y equivalen al paso de lo conocido a lo desconocido (descubrimiento de la acción por medio de causas conocidas). Todo razonamiento ya une, y combina, ya divide, y descompone. Newton ha expresado con mayor nitidez el vínculo del análisis con la inducción y de la síntesis con la deducción, haciendo anteceder el análisis a la síntesis. El método analítico consiste en hacer experimentos, observaciones y en deducir de ellos conclusiones generales; gracias a este método se pasa de lo complejo a lo simple, de las acciones a las causas, de las causas particulares a otras más generales. El método de la síntesis, escribe Newton, “consiste en explicar, con ayuda de los principios, los fenómenos que estos principios originan y en demostrar las explicaciones”.4

        Así, pues, por medio del análisis se encuentran las verdades nuevas y por medio de la síntesis se argumentan, se demuestran.

        Aunque esta comprensión del análisis y de la síntesis constituye un avance, comparada con la puramente geométrica, también resulta limitada, por cuanto, primero, el análisis y la síntesis se acomodan en los marcos de diversas formas de raciocinio y, segundo, se presentan como procesos independientes: uno, como medio de obtención de la verdad, y el otro de su demostración, es decir, no se enuncia un concepto verdadero sobre el proceso sintético y los medios, las vías de su realización. La filosofía de Kant supuso cierto avance en la solución de este último problema.

        El planteamiento hecho por Kant del problema de la síntesis contiene ideas fértiles; entre ellas hemos de señalar la tesis de que todo conocimiento solo es posible como síntesis. Esta última, además, presume obligatoriamente la unión de los conceptos y las representaciones palmarias. “Sin sensibilidad, no nos serían dados los objetos, y sin el entendimiento, ninguno sería pensado… Estas dos facultades o capacidades no pueden trocar sus funciones. El entendimiento no puede percibir y los sentidos no pueden pensar cosa alguna. Solamente cuando se unen, resulta el conocimiento.”5

        La síntesis se produce siempre sobre una base (categorías, ideas); su misión es pensar lo múltiple único, pero no encajando las representaciones en un solo concepto, sino creando nuevos juicios, combinando los datos de las representaciones prácticas a base de las categorías: “Entiendo por Síntesis, en su más alta significación, la operación de reunir las representaciones unas con otras y resumir toda su diversidad en un solo conocimiento”6 La condición suprema, máxima de toda síntesis, de todas las categorías a base de las cuales se realiza, es la unidad de la autoconciencia como posibilidad de referir todas las representaciones a una sola: «yo pienso». “El enlace no existe, pues, en los objetos, y no puede tampoco derivarse de éstos por percepción alguna, y recibirse después en el entendimiento, sino que es únicamente una operación de éste, que a su vez es la facultad de enlazar a priori y de reunir la diversidad de las representaciones dadas a la unidad de la apercepción. Este principio es el más elevado de todo el conocimiento humano.”7 Según Kant en el objeto no hay nada que no esté en nosotros mismos: la síntesis, el enlace, es la única representación… “que no puede sernos dada por los objetos”.8

        Aquí es donde se manifiestan con particular evidencia todos los vicios del concepto kantiano de la síntesis, que se basa en el idealismo subjetivo y en el apriorismo. Kant niega la existencia de la causa objetiva de la síntesis. Por ello el conocimiento obtenido como resultado de la síntesis no tendrá el valor de una verdad objetiva, no será un conocimiento de las cosas entre sí. Es igualmente errónea l división hecha por Kant de la síntesis en pura y empírica, que también se deduce de su apriorismo. Kant no pudo superar la oposición metafísica, el divorcio, de la síntesis y el análisis. La síntesis se efectúa por sí misma, al margen del análisis. La síntesis posee su lógica llamada trascendental, y el análisis la suya: general o formal, precediendo la síntesis al análisis: “… no podemos representarnos nada enlazado con un objeto sin haberlo hecho antes nosotros mismos…”9 Por ello el análisis, de hecho, no participa en el avance del saber científico, en la formación de nuevos conceptos.

        La interrelación dialéctica del análisis y la síntesis en el proceso del conocimiento fue descubierta por Hegel, quien considera el conocimiento analítico y sintético como factores en la obtención de conocimientos verídicos.

        Hegel muestra, ante todo, la pobreza y el carácter abstracto de la definición dada al análisis  como del paso de lo conocido a lo desconocido y a la síntesis como del paso de lo desconocido a lo conocido. Cabe decir, observa Hegel, que “el conocer empieza, en general, con la falta de conocimiento, pues lo que ya se conoce, no se aprende a conocerlo”.10 Es igualmente correcta la afirmación contraria: “el conocimiento procede de lo conocido a lo desconocido” El conocimiento empieza por el proceso analítico que consiste “… en descomponer el objeto concreto dado, en aislar sus diferencias y comunicarle la forma de una universalidad abstracta”.11

        El análisis empieza por un cierto objeto concreto o singular (o tarea), que no se descompone fácilmente en el intelecto en sus partes integrantes, sino que se reduce a algo universal. Por ello la esencia del análisis consiste en establecer una identidad formal entre el objeto y la universalidad abstracta. El empirismo, que se caracteriza por erigir en absoluto el proceso analítico, conduce a una representación deformada de las cosas. “El objeto sometido a análisis –escribe Hegel– es considerado como una cebolla de la que se va quitando capa tras otra.”12 Al formular algunas definiciones abstractas, del objeto, éste, en toda su diversidad, no debe reducirse a definiciones tomadas por aislado o adicionadas.

        El conocimiento sintético en oposición al analítico “… procede hacia la comprensión de lo que existe, es decir, procede a captar la multiplicidad de las de las determinaciones en su unidad”.13 La síntesis, además, no se limita a unir los resultados del análisis, reproduciendo aquello que existía con anterioridad a él. En este caso el proceso analítico y el sintético, posterior a él, serían superfluos. Partiendo de lo universal en la síntesis se llega al conocimiento de lo singular como necesario universal. Los factores de este proceso sintético son: 1) la definición; 2) la división; 3) el teorema. La definición proporciona lo universal que es preciso separar; esto último se consigue en la división; en el teorema culmina el proceso sintético; lo particular se convierte en singular y se produce la unidad del concepto y la realidad.14

        Refiriéndose a la unidad del proceso analítico y sintético, Hegel señala que su elección no depende de la voluntad del sujeto pensante de atenerse a un método o a otro: “… de la forma de los propios objetos que deseamos conocer depende cuál de los dos métodos, que se infieren del concepto del conocimiento definitivo, tendremos que aplicar”.15

        La idea marxista del análisis y la síntesis está íntimamente vinculada a la de Hegel, aunque se diferencia por principio de ella, ya que no solo está exenta de apriorismo, sino también de todo el idealismo de la metafísica.

        La base objetiva del proceso analítico y sintético del conocimiento es la existencia de las múltiples formas de movimiento de la materia en medio de su unidad sustancial, interna y necesaria. Debido a que el propio mundo es la vez único y múltiple, hay en él identidad y diferencia; lo único existe en lo múltiple (lo idéntico en lo diferente) y lo múltiple en lo único (lo diferente en lo idéntico). El conocimiento debe aprehender la naturaleza del mundo objetivo, reflejar lo múltiple en lo único y lo único en lo múltiple; de aquí la necesidad de descomponer y unir en su unidad. “… el pensamiento consiste tanto en la separación de objetos de consciencia en sus elementos cuanto en la unificación de elementos correspondientes en una unidad. No hay síntesis sin análisis”.16

        La misión del análisis, lo mismo que de la síntesis, es reproducir el objeto en el intelecto, de acuerdo con la naturaleza y las leyes del propio mundo objetivo. Si el pensamiento se aparta de las leyes objetivas y efectúa el análisis y la síntesis en concordancia con leyes ajenas a la naturaleza del propio objeto (si extrae elementos que no existen en el objeto o bien aglutina aquello que está separado en el mundo material) se apartará de la verdad objetiva hacia la región de las construcciones intelectivas, creando formas arbitrarias. Como dice Engels: “… el pensamiento, sino quiere incurrir en arbitrariedades, no puede reunir en una unidad sino aquellos elementos de la consciencia en los cuales –o en cuyos prototipos reales– existía ya previamente dicha realidad. Si reúno los cepillos de los zapatos bajo la unidad ‘mamíferos’, no por ello conseguiré que tengan glándulas mamarias”. 17 Para el marxismo la causa de la actividad sintética del pensamiento no radica en la unidad trascendental de la apercepción en el intelecto, sino en la unidad material del mundo.

        El análisis y la síntesis tienen carácter creador, su resultado es el avance de nuestro saber. Mas la creación en el conocimiento no significa apartarse del mundo objetivo y de sus leyes, sino su aprehensión en toda su plenitud y objetividad. La actividad analítica y sintética del pensamiento humano es libre e ilimitada en el reflejo objetivo de los fenómenos de la realidad. No debe uno imaginarse que el proceso cognoscitivo transcurre del siguiente modo: primero se hace el análisis (sin la síntesis), y luego, a base del análisis, la síntesis. El vínculo entre el análisis y la síntesis es orgánico, intrínseco. Al hacer el análisis, sintetizamos, y la síntesis incluye el análisis como uno de sus elementos. El conocimiento no puede dar ni un paso adelante partiendo tan solo del análisis o de la síntesis. El análisis más elemental es imposible sin la síntesis, sin la unificación de los elementos analizados en algo único y la síntesis, como es lógico, incluye en calidad de elemento indispensable, la separación en un todo de sus elementos aislados.

        La actividad del análisis y la síntesis constituye un elemento indispensable de todo proceso de pensamiento; sin embargo, el vínculo dialéctico, la unidad del análisis y la síntesis se manifiesta con mayor claridad, plenitud y madurez en el proceso de formación y desarrollo de la teoría científica.18

        Se llama teoría una vasta esfera de conocimientos que describe y explica el conjunto de los fenómenos, que da a conocer las bases reales de todas les tesis enunciadas y que circunscribe leyes descubiertas en dicha esfera a un principio unificador único. Esta definición no agota todo el contenido del concepto de “teoría”, pero destaca lo principal, lo fundamental en él. Cuando se habla de teoría, se sobreentiende, ante todo, una esfera de conocimientos bastante amplia acerca de un objeto o de un conjunto de fenómenos. Mas el conocimiento no se divide en teorías de un modo mecánico, no se corta simplemente en trozos; tampoco se califica de teoría cualquier conjunto de tesis, por amplia que sea.

        Primero, se incluyen en una teoría los conocimientos que se refieren a un objeto (estrictamente determinada, vinculada orgánicamente por el conjunto de los fenómenos). Algunas tesis, que describen y explican los fenómenos de la Luna, no constituyen una teoría científica si se unen a datos científicos que se refieren al funcionamiento del corazón de las ranas. La aglutinación de los conocimientos en una teoría se efectúa, ante todo, por el propio objeto, por sus leyes. Esto determina el carácter objetivo de los nexos entre los diversos juicios, conceptos y raciocinios en la teoría.

        Pero no todo conjunto de proposiciones acerca de un objeto constituye una teoría. El conocimiento, para convertirse en teoría, ha de alcanzar en su desarrollo un determinado grado de madurez. Cuando el conocimiento incluye tan solo la selección y la descripción de los hechos reales que se refieren a un objeto determinado, no adquiere aún la forma de una teoría científica. La descripción no es más que un modo de enfocar la teoría, de preparar su creación, pero no es la teoría propiamente dicha. Aristóteles había indicado ya que el conocimiento equivale, ante todo, a descubrir las causas de los fenómenos. La teoría ha de englobar, además de la descripción de un determinado conjunto de hechos, su explicación, el descubrimiento de las leyes a que están supeditados. Por explicación no solo se entiende, claro está, el descubrimiento de la causa (la causalidad no es más que una partícula del vínculo universal), sino también de los nexos que, en general, están sujetos a leyes. Integran la teoría diversas tesis que expresan los vínculos regidos por leyes. Estas tesis, estas tesis, además, están aglutinadas por un solo principio general, que refleja la ley fundamental del objeto (o del conjunto de fenómenos). Si no existe el principio unificador, ningún gran conjunto de tesis científicas que reflejan las leyes lógicas puede constituir una teoría científica. Este principio es el que cumple la función sintetizadora fundamental en la teoría, el que aglutina las tesis integrantes (tanto las que describen como las que explican) en un todo único.

        Finalmente, es obligatorio para la teoría la argumentación (la demostración) de las tesis que la componen. Si no hay demostración, tampoco hay teoría.

        Los rasgos arriba enumerados caracterizan toda teoría, ya que constituyen lo necesario y suficiente para que el conocimiento se presente en forma de teoría. Sin embargo, las propias teorías suelen ser distintas.

        Se diferencian, ante todo, por el objeto que reflejan. La teoría matemática tiene sus peculiaridades que la distinguen de la teoría física, biológica, histórica, etc. Las peculiaridades específicas en la estructura, el desarrollo y la demostración de la teoría de una ciencia, inferidas del carácter de su objeto, se estudian por esa misma ciencia. La gnoseología proporciona los principios generales necesarios para el estudio de las peculiaridades de la estructura y el desarrollo de las teorías científicas.

        Las teorías se diferencian también por la amplitud de los fenómenos que abarcan y explican. Debido a ello pueden ser más o menos generales, cosa que tiene importancia para determinar el lugar de cada teoría en el sistema científico. La amplitud de la teoría depende, a su vez, del carácter de su principio unificador. Si este papel de principio lo cumple una ley fundamental de un elevado grado de generalidad, la teoría, construida sobre su base, tiene un carácter sumamente amplio. Además es fundamental para una teoría el modo de argumentación, de demostración que emplea. Hay teorías cuyas tesis se demuestran experimentalmente y otras cuyas tesis fundamentales se argumentan por medio de la deducción.

        Y, finalmente, el carácter de una teoría se determina por el grado de argumentación de su principio determinante. En unas teorías, hace las veces de este principio una tesis cuya veracidad ya está establecida; en otras, está argumentado hasta un grado mayor o menor de probabilidad. Estas últimas, como es natural, tienen menos importancia que la primera.

        Las diferencias entre las teorías señaladas más arriba, pueden servir de base para su clasificación. Sin embargo, la dialéctica considera que lo principal en el estudio de las teorías no es la descripción de las mismas y el establecimiento de las diferencias entre ellas, sino el descubrimiento del proceso de su formación y desarrollo, de los modos que emplea para sintetizar el conocimiento. ¿Cómo y de qué modo se aglutinan en una teoría única las diversas tesis científicas que caracterizan diversas facetas del objeto? ¿En qué momento el conocimiento se transforma en teoría? La respuesta a esta pregunta exige que se esclarezca la esencia y el papel de una forma del pensamiento: la idea.
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(1) Teodor Pávlov, La teoría del reflejo, Ediciones de Literatura Extranjera, Moscú, 1949, pág. 389.
(2) Esta noción del análisis y la síntesis figura en el libro XIII de Elementos del Euclides. (N. del A.)
(3) T. Hobbes, Obras escogidas, Gosizdat, Moscú-Leningrado, 1926, pág. 48.
(4) Isaac Newton, Principios matemáticos de filosofía natural (páginas selectas), Leningrado, 1929, pág. 58.
(5) Kant, Crítica de la razón pura, Lozada, Buenos Aires, pág. 198.
(6) Ibídem, pág. 218.
(7) Ibídem, pág. 253.
(8) Ibídem, pág. 238.
(9) Ibídem, pág. 237.
(10) Hegel, Obras, Ciencia de la lógica, Hachette, Buenos Aires, pág. 512.
(11) Ibídem, t. 1, pág. 332.
(12) Hegel, Obras, t. 1, Gosizdat, Moscú-Leningrado, 1939, pág. 333.
(13) Ibídem, t. VI, Hachette, Buenos Aires, pág. 521.
(14) “En la definición y la división, lo sintético es una vinculación tomada del exterior; lo que se ha hallado preexistente es llevado hasta la forma del concepto, pero, como hallado preexistente, todo el contenido es solo mostrado; el teorema, en cambio, tiene que ser demostrado.” (Hegel, t. VI, Hachette, Buenos Aires, pág. 536.)
(16) F. Engels, Anti-Dühring, Editorial Grijalbo, S. A., México, D. F., pág. 29.
(17) Ibídem, pág. 56.
(18) El término “teoría” no siempre tiene la misma significación. A veces se da el nombre de teoría a cualquier conocimiento. Se emplea este término al hablar de las relaciones recíprocas entre la teoría y la práctica. En nuestro caso entendemos por teoría no una forma específica cualquiera del conocimiento humano, sino el conocimiento en general, es decir, teoría viene a ser el sinónimo de conocimiento. En el capítulo presente empleamos este término en un sentido más restringido, como forma de pensamiento, que posee sus propias peculiaridades y que ocupa un determinado lugar en la dinámica del saber. (N. del A.)

Testimonio

Para Terminar un Año e Iniciar Otro. Diálogo Para un Recuerdo

Julio Carmona

El 07 de marzo de 2018, la «Casa de la Literatura Peruana» publicó el siguiente post en su página de Facebook:

LA ANÉCDOTA

Un 27 de octubre de 1948, a puertas del golpe de Estado del general Manuel A. Odría contra el presidente José Luis Bustamante y Rivero, un grupo de conocidos encontró al poeta Martín Adán bebiendo en el bar Zela. El autor de La casa de cartón bebía con ansiedad. Como estos amigos sabían que el vate era amigo de Bustamante, le informaron de la rebelión de este militar y que el golpe era inminente. Adán, ebrio, pero con gran lucidez, respondió: “Por fin el Perú ha vuelto a la normalidad”.»

Este post fue difundido, a su vez, por el poeta Roger Santiváñez, cuya página de Facebook tiene contacto con la mía. Y ahí lo leí (cuando ya había un primer comentario, que es el siguiente de Víctor Ruiz Velasco: Años antes, mientras Martín Adán vivía en Arequipa, donde se hizo amigo de Bustamante y Rivero, el poeta tuvo un vaticinio excepcionalmente certero: «En diez años usted será presidente, José Luis». Ojalá entonces hubiera visto cuál iba a ser el «final» de su mandato. Dato curioso: a Billinghurst, amigo de Abraham Valdelomar, también lo derrocaron. Entonces Valdelomar era cónsul en Roma. ¿Qué poeta será amigo de PPK?

Luego RS respondió a este comentario de la siguiente manera: Y cuando gobernaba Bustamante, amigos mutuos le pidieron a Martín Adán —tras hablar con el presidente— que fuera a verlo a Palacio sobre el tema de una chamba para el poeta. Adán concurrió a la cita que era a las 11 am. Pero Bustamante estaba ocupado por unas cosas urgentes y le pidió a su secretaria le dijera a Adán que esperara unos minutos. A las 11.30 Martín Adán se acercó a la secretaria y le confió: «Dígale a José Luis que debo irme: a las 12 sirven el almuerzo en el Hospital» (se refería al Larco Herrera) y desapareció volando. Sobre tu frase final querido Víctor Ruiz Velasco: muy buena pregunta, maestro).

El segundo comentario a la anécdota de Martín Adán la hice yo, y suscitó un diálogo que registro a continuación:

Julio Carmona ¿No es lo mismo que dijo Borges cuando dieron sus respectivos cuartelazos Videla y Pinochet? —Y Roger Santiváñez respondió: Buen dato querido Julio Carmona, no sabía eso, amigo mío.
Julio Carmona: Mi querido Roger Santiváñez a los poetas de la derecha se les respeta sus opiniones sobre poesía (porque toda visión de ella es respetable venga de donde venga), pero cuando opinan sobre política siempre se les sale el faschio.

Roger Santiváñez: De acuerdo pero en el caso de Adán su frase es irónica, burlona y tiene un sesgo crítico, mi estimado.

Julio Carmona: Así es, estimado poeta. Cuestión de interpretación. Pero de alguien que nunca se preocupó porque haya continuidad de gobiernos democráticos pues nunca protestó por las continuas dictaduras castrenses, también se puede interpretar su ironía como una ‘normalidad aceptada’. ¿Qué crédito de sesgo crítico queda para darle a alguien que si no protesta contra la esclavitud, está apoyando a los esclavistas? Respetable el poeta, pero —al menos para mí— no su sesgo crítico.

Roger Santiváñez: Esa es tu opinión como bien lo dices, mi querido Julio. No es la mía: para mí a un poeta lo que debe exigírsele es que escriba bien. Lo demás es política y no poesía amigo mío. Tú tienes la libertad de criticarlo desde tu punto de vista político, pero eso no tiene nada que ver con la poesía de Martin Adán, que es extraordinaria.

Julio Carmona: Eso mismo que dices tú lo he reiterado en mis comentarios anteriores. Para nada he criticado negativamente la poesía de MA. He criticado su opinión política. En otro contexto de análisis crítico literario sí doy mi opinión respecto de eso que tú llamas ‘extraordinaria poesía’, y que sin menospreciarla solo trato de ubicarla en su verdadera dimensión clasista.

Julio Carmona: Ok, Julio, tanto tú como yo ya expresamos nuestros puntos de vista. Te mando un abrazo en poesía siempre.

Julio Carmona: Siempre, en poesías...

A propósito de ese diálogo interesante y fructífero, aunque reiterativo de dos posiciones discrepantes respecto de lo que las personas consideran qué es aquello que se denomina «poesía», en singular —como lo hace Roger, cuando dice: «… un abrazo en poesía siempre», o como retruco yo, al retornar ese abrazo: «Siempre, en poesías…». A propósito de eso, recordé una escena a la que asistí, a fines de los años setenta del siglo pasado, y se dio en la casa de Miguel Gutiérrez, en un momento previo a la sesión del grupo Narración, en el que yo tenía la condición de colaborador. Alguien —no recuerdo exactamente quién de los reunidos— planteó el tema de si se podía exonerar a la poesía de Martín Adán de un análisis clasista, es decir, si se debía determinar o no su carácter de clase. Recuerdo, sí, que quien opinó en sentido negativo fue Gregorio Martínez, aduciendo más o menos el mismo criterio de Roger Santiváñez: que la poesía de MA es extraordinaria y que sus ideas políticas no la enturbian. El diálogo era alturado. Y aunque otras voces fueron discrepantes de esa posición, no hubo ninguna exacerbación de los ánimos. Y recuerdo que con ese mismo criterio de respeto a las opiniones contrarias, aunque sin pretender inclinar el fiel de la balanza, Miguel Gutiérrez, hizo el siguiente planteamiento: ‘Lo preocupante es que a fines de los años 30 y hasta mediados de los 40 [es decir en el lapso de dos acontecimientos cruciales para la humanidad y que conmovían a los espíritus más nobles de la intelectualidad mundial: la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial] Martín Adán no hizo ningún pronunciamiento, a pesar de que las noticias reportaban el derramamiento de sangre de miles de españoles y de millones de europeos, respectivamente. Y, más bien, prefirió preparar su enjundioso estudio académico De lo barroco en el Perú.’ Ese fue el comentario de MG. Y, luego, como la hora avanzaba, y ya estábamos todos los miembros del grupo, se dio por zanjado el episodio. Pero obsérvese que MG no cuestionó la posición «apolítica» de MA en relación con su poesía, sino con un trabajo de prosa reflexiva. Ahora, ya pasados los años, y después de haber analizado yo, no solo la prosa reflexiva de MG sino también su prosa narrativa posterior a su novela La violencia del tiempo, ahora puedo constatar que, en el fondo, MG cuestionaba al MA ciudadano pero no al poeta. Por supuesto, no se trata de «condenar» a un poeta por el hecho de que en su poesía estén ausentes las vicisitudes que acucian a las preocupaciones de la humanidad. Pero tampoco esa no intrusión en su «libertad creadora» impide o desautoriza a que se pueda buscar un esclarecimiento a esa abstención. Y, precisamente, sin descalificar su trabajo poético (excelente, admirable y hasta extraordinario, si se quiere) uno puede preguntarse, ¿por qué el poeta asumió esa actitud indiferente ante al sufrimiento de miles y de hasta millones de seres humanos? Y se puede responder con la misma frase con que el poeta MA reaccionó cuando le comunicaron que se había producido la destitución del Presidente Bustamante (amigo suyo) por la acción de un golpe de Estado militar: porque con esos genocidios el mundo volvió «a la normalidad». Pero, ¿qué es la normalidad? No solo los hechos evidentes y catastróficos (que caracterizan al sistema socio-político imperante). La normalidad también es el statu quo, es decir, la conformidad con el hecho de dejar las cosas tal como están para que no suceda algo fuera de la normalidad. Y ¿por qué alguien puede estar de acuerdo con la normalidad, con el statu quo? Porque el hecho de no estarlo puede conducir al riesgo de perder determinados privilegios que lo establecido le otorga. Y en este punto hay que reconocer que así como no existe una sola humanidad, tampoco existe una sola realidad social, política, económica y cultural y poética. Todo depende del color del cristal con que se mira. MA miraba esa realidad con los lentes de su clase social, aristocrático-burguesa, o sea que la miraba desde «una posición ligeramente oblicua en relación al universo» (E.M. Forster, cit. por MG, La generación del cincuenta, 1988: 82). Y por eso su poesía era el reflejo de esa parte de la humanidad, y mientras los acontecimientos del mundo no colisionasen con ella, lo que ocurriera con la otra parte de la humanidad que mira a esa realidad con anteojos de conciencia, diferentes y hasta opuestos e irreconciliables, lo mantenían sin cuidado. Y a MA le era más apremiante afinar su técnica poética (la misma que se suele calificar de excelente, admirable y extraordinaria) para mejor expresar la visión ideológica de su humanidad1 (no de toda la humanidad). Y en esto yo encuentro una cierta contradicción en quienes asumen esa calificación hiperbólica de la poesía de MA, pues son conscientes de que sus desplantes anecdóticos resumancierto tono ‘irónico, burlón y tienen un sesgo crítico’—como destaca RS—, porque en su «destino interviene el azar de la insularidad personal con la necesidad histórica de la declinación de un determinado orden social» —como asimismo refiere MG, Ibíd.) Es decir, que MAsesiente«ajeno» a la debacle de su mundo, y por eso no es su «fiador» ni su «notario», pero tampoco es su censor. Y esa posición «neutral» (aunque irónica y burlona) resulta ser condescendiente y, trágicamente, dulcificada.

Lo excelente, admirable y extraordinario de esa poesía no exonera a su productor de ser procesado (dándole a este término el sentido «judicial» que J.C. Mariátegui le da en su «Proceso de la literatura peruana»), porque la ignorancia de las leyes o exigencias humanas no exime a nadie de responsabilidad ni le da carta blanca para su incumplimiento.

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(1) Precisamente, en el libro citado, MG dice: «Adán enseña a trabajar la cláusula, utilizando de manera insólita los signos de puntuación, la enumeración caótica, la adjetivación profusa pero escogida y formas de relieve como la reiteración de una misma palabra, de un mismo adjetivo; enseña, asimismo, a registrar las sensaciones —olores, sabores, excrecencias— y a valerse de imágenes y metáforas para condensar el paisaje urbano» (p. 89).

Creación

Un Poema de Nazim Hikmet


 La Niña Muerta*

               
Soy yo quien golpea a tu puerta
A todas las puertas, a todas las puertas
Pero ustedes no pueden contemplarme
Es imposible ver a un niño muerto

Hace diez años largos
He muerto en Hiroshima
Pero sigo teniendo siete años
Los niños muertos dejan de crecer

Al principio se inflamaron mis cabellos
Mis manos y mis ojos ardieron después
Me convertí en un puñado de cenizas
Que el viento dispersó

Nada, nada les pido para mí
No podrían mirarme aunque quisieran
Una niña que ha ardido cual si fuera papel
No come caramelos

Yo golpeo y golpeo a cada puerta:
Dénme, denme una firma
Para que los niños no sean asesinados
Y coman caramelos


*Este poema fue musicalizado por el reconocido músico checoslovaco Vaclav Dobias. La canción fue interpretada y grabada por el gran cantante negro estadounidense Paul Robeson. (Nota del Comité de Redacción).

domingo, 2 de diciembre de 2018

Política

Nota:

Publicamos a continuación un capítulo del ensayo La Gran Revolución Socialista de Octubre: Conquistas, Distorsiones, Enseñanzas, pues, contra ciertas “interpretaciones” de la experiencia histórica de la primera revolución socialista triunfante, el autor precisa las principales lecciones que arroja esta experiencia para el proletariado revolucionario de todos los países.
       
He ahí una cuestión de actualidad.

01.12.2018.

Comité de Redacción.

Las Enseñanzas de la Revolución Rusa

Eduardo Ibarra

LA RESTAURACIÓN DEL CAPITALISMO en Rusia (así como en otros países), fue una grave derrota del proletariado, de la cual, sin embargo, es posible sacar algunas valiosas enseñanzas. Mencionemos las principales.

Primera enseñanza. La premisa estructural de la restauración del capitalismo es el Estado burocrático-militar, asentado en la condición inacabada de las relaciones de producción socialistas y en la parálisis de la democracia directa de las clases trabajadoras.

Segunda enseñanza. La premisa ideológico-política de la restauración del capitalismo es el ascenso del revisionismo al poder. El ascenso del revisionismo al poder es el ascenso de la burguesía al poder, y el ascenso de la burguesía al poder lleva a la restauración del capitalismo. Negar esta realidad es pretender borrar toda oposición entre el proletariado y la burguesía, entre el capitalismo y el socialismo, entre el marxismo-leninismo y el revisionismo. Brevemente, es pretender encubrir la dictadura de la burguesía burocrática y la restauración del capitalismo.

Tercera enseñanza. Mientras existan las clases (así no sean antagónicas), la dictadura del proletariado es necesaria. Incluso en las condiciones del socialismo avanzado no puede desaparecer la dictadura del proletariado y, por tanto, el Estado no puede extinguirse sino hasta que la desaparición de las clases y la situación internacional permitan el paso al comunismo.

Por eso Lenin señaló que «Para suprimir las clases, es preciso, primero, derribar a los terratenientes y a los capitalistas… Para abolir las clases, es preciso, en segundo lugar, suprimir la diferencia entre los obreros y los campesinos, convertir a todos en trabajadores.»

Cuarta enseñanza. La lucha de Lenin contra la burocracia en el Estado y en el propio Partido, no fue suficiente. Esto se comprende por el hecho de que la dictadura del proletariado era entonces una experiencia embrionaria, una experiencia prácticamente nueva. Pero en los años de 1950, no obstante la experiencia acumulada, tampoco fue suficiente la lucha de la dirección del PCUS. Esto se explica porque esta dirección ignoró la existencia de las clases y la lucha de clases en la sociedad soviética.

Ya en 1966, los comunistas chinos señalaron:

En la Unión Soviética, después del establecimiento de las relaciones socialistas de producción, no se emprendió seriamente la revolución cultural proletaria. (Véase Kostas Mavraquis, Sobre el trotskismo, Ediciones Calarcá, Colombia, 1976, p. 132).

Y, quince años después, Bob Avakian anotó:

… al terminarse la II guerra mundial, se planteó de manera descollante cuál sería el futuro camino de la Unión Soviética, es decir la cuestión del camino capitalista vs. el camino socialista. En cierto sentido, se podría decir que se trataba de retomar el camino socialista y que lograrlo hubiera requerido algo de la magnitud o parecido a la Revolución Cultural en China, pero eso no se dio, como todos sabemos. (¿Conquistar el mundo? Deber y destino del proletariado internacional, charla ofrecida en 1981 y publicada en 1982 en Revolución, edición especial, Nº 50, p. 25).

Es decir, con la tesis según la cual las clases antagónicas no existían ya en la URSS, la dirección del PCUS se mostró de espaldas a la salida correcta al dilema: ¿camino socialista o camino capitalista?

Pero lo negativo arrojó finalmente algo positivo: analizando la tragedia de la URSS y afrontando el mismo problema de quién vencerá a quién en la sociedad china, Mao llegó a la teoría de la revolución cultural proletaria como el método adecuado para avanzar la solución de las contradicciones de la dictadura del proletariado, o, para decirlo de otro modo, para impulsar la triple tarea de construir el socialismo, conjurar la restauración del capitalismo y desbrozar el camino al comunismo.

La revolución cultural es la movilización política de las amplias masas populares contra la burocracia estatal y partidaria y por la trasformación de la concepción del mundo de la gente; es la lucha por la democracia directa, es decir, por la absorción progresiva por las clases trabajadoras de las funciones del Estado; es el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción socialistas, de la ciencia y la tecnología, del arte y el deporte, en una palabra, es el desarrollo de la civilización socialista y, por tanto, de la lucha por la realización del comunismo.

Es, brevemente, la expresión más concentrada de la revolución permanente del proletariado.

Así pues, la transformación de la concepción del mundo de la gente es la condición ideológica del cumplimiento de la mencionada triple tarea.

Ahora bien, es claro que la transformación de la concepción del mundo significa precisamente que la gente asimile la concepción comunista del mundo; y, por supuesto, que la asimile no de forma estereotipada, sino de forma razonada y vívida.

Dicha transformación es necesaria porque, según señaló Lenin, en el socialismo el proletariado está hundido todavía en «la sicología tradicional de la sociedad capitalista», es decir, en el fondo, en la ideología burguesa.

Ello quiere decir que el proletariado trae consigo los hábitos y las viejas ideas de la sociedad capitalista.

Pero no solo el proletariado, sino en mayor grado todavía las demás clases trabajadoras, cargan con el fardo de la cultura burguesa; y qué decir tiene de los elementos burgueses que, en conjunto, constituyen una de las herencias más pesadas de la vieja sociedad.

Por tanto, la dictadura del proletariado tiene la tarea de transformar la concepción del mundo de los proletarios y demás clases trabajadoras y aun de los elementos burgueses mediante periódicas revoluciones culturales.
       
Así pues, sin la transformación de la concepción del mundo de la gente, no hay ni puede haber avance en la lucha por la supresión de todas las diferencias de clase en general, de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones de producción, de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.

Por tanto, sin la más completa masificación de la concepción comunista del mundo, no puede haber absorción progresiva de las funciones de los aparatos del Estado por las clases trabajadoras, o sea, no puede avanzarse el proceso de extinción del Estado y, por esto, no podría darse el paso al comunismo.

La comunización de la concepción del mundo de la gente es inversamente proporcional al proceso de extinción del partido.

El ritmo, las fases, las vueltas y revueltas del proceso de extinción del Estado dependen no solo de la acción consciente de los dirigentes de la dictadura del proletariado, sino también de las condiciones subjetivas de las masas trabajadoras, así como de las condiciones objetivas tanto nacionales como internacionales.

Pero fuese como fuese, incluso teniendo que volver a empezar cien veces, el camino inaugurado por la Revolución de Octubre terminará en la extinción del Estado, en la realización del comunismo, en la concreción del humanismo proletario en toda la faz de la  tierra.

Economía

Expectativas Económicas Burguesas y Encubrimiento Estadístico

César Risso

CON EL SIGUIENTE TITULAR “BCP: Economía peruana crecería 3,8% durante cuarto trimestre de 2018. Área de Estudios Económicos del BCP recorta proyección para 2018 de 4,0% a 3,7% y se mantiene cauto en expectativa de crecimiento para 2019”, el diario El Comercio da cuenta de cómo ve la burguesía peruana el posible resultado de la economía peruana para este año 2018.

      El crecimiento proyectado, al alza o a la baja, de acuerdo a lo proyectado originalmente, es en base al Producto Bruto Interno (PBI). Pero, el crecimiento del PBI como medida de la riqueza es un engaño. Puede crecer el PBI, pero qué parte crece. Si es la inversión extranjera directa (IED), entonces las utilidades salen del país. Es un drenaje, esto es, extracción de trabajo no remunerado a los obreros asalariados del Perú. Claro que parte del nuevo valor creado queda en manos de los trabajadores. De este ingreso, un porcentaje alto queda en manos de las mismas empresas. La parte de la nueva riqueza creada que se apropia el Estado por medio de los impuestos, favorece a las grandes empresas. La exoneración tributaria, y la eliminación del impuesto selectivo al consumo (ISC) a los casinos, es una de tantas pruebas del accionar del Estado en favor de la burguesía.

      De toda la riqueza creada por los trabajadores asalariados, estos mismos trabajadores, para acceder al disfrute de su esfuerzo, se ven obligados a pagar una parte de su ingreso para adquirir lo que ellos mismos han creado. Es decir, de un lado, sustracción de una parte del valor creado por los trabajadores por medio de la ganancia de las empresas; y, de otro lado, el pago a las empresas que se apropiaron de este nuevo valor creado. Apropiación bajo la forma de plusvalía, y apropiación bajo la forma física, de mercancías.

        Esta doble apropiación, que se expresa, de un lado, en la ganancia de la burguesía y, de otro, en la apropiación del resultado de la producción; al momento de ser adquiridas estas mercancías, los trabajadores asalariados pagan un valor que contiene la plusvalía que se apropia la burguesía; es decir, la burguesía realiza la plusvalía en la venta de las mercancías de las que se apropió, al recibir el pago del precio de las mercancías por los obreros asalariados.

        Esta situación expresa las formas en que la burguesía explota a los trabajadores asalariados.

        Pero las clases sociales tienen patria, esto es, están cobijadas por algún país, que en el caso de la burguesía imperialista, están bien protegidas en el bunker de cada país imperialista, de los países industrializados, que están debidamente armados, para defender los intereses de su burguesía.

        Así las cosas, los intelectuales burgueses tratan de explicar lo que acontece desde el punto de vista económico, con categorías que orientan el pensamiento hacia explicaciones erradas, que encubren la realidad.

        El amoldamiento de las categorías económicas subjetivas a los intereses de la burguesía y al encubrimiento de las diversas formas que adquiere la explotación del trabajo asalariado, es una labor que si bien sirve a sus propios intereses, no es algo consciente. Esto es, la misma burguesía vive engañada respecto de las causas objetivas del régimen de explotación capitalista.

        Veamos una de las medidas que se utilizan para establecer el avance económico de los países y del mundo. El PBI (producto bruto interno) mide el flujo de producción de bienes y servicios en un territorio y un periodo de tiempo determinados. Aquí lo central está en el carácter territorial de la producción.

        Si consideramos el PBI del Perú, en este se suma la producción dentro de nuestro territorio realizada por los factores tanto de origen interno (nacional) como de origen externo. Aquí de lo que se trata es de determinar qué parte corresponde a factores internos, y qué parte corresponde a factores externos. Si dejásemos en esta interrogante el asunto, estaríamos suscribiendo las tesis del nacionalismo burgués. Sin embargo, como parte del análisis, y con el ánimo de desenmascarar cómo los intelectuales burgueses encubren las causas de la explotación capitalista, por ahora esto basta.




        Como hemos afirmado, el PBI encubre la explotación de nuestro país por parte de la burguesía foránea. Esto podría verse mejor en el Producto Nacional Bruto (PNB). Pero resulta que solo se publica el dato numérico del PNB, mas no los componentes, de modo tal que no se pueda saber por medio de las estadísticas oficiales el nivel de explotación al que está sometido nuestro país.

        Como referencia, podemos apreciar que el periodo que va del año 2007 al 2017, del total del PBI, alrededor del 30% corresponde a las remuneraciones, en tanto que alrededor del 40% corresponde a las ganancias apropiadas por la burguesía.



        Estos datos, encubren además las condiciones de vida de los trabajadores asalariados. Encubren, por ejemplo, el aumento de la pobreza. Encubren el aumento del desempleo. Encubren la tragedia diaria que sufren los trabajadores en general. Que más da, si se trata solo de saber si crece o disminuye el PBI, y en función de esta proyección saber cuál es la perspectiva de ganancia que espera obtener cada burgués particular, y la burguesía como clase.

Internacionales

La Guerra en Yemen No Es Una Guerra, Es Una Masacre


LOS NÚMEROS SON ALUCINANTES: desde el inicio del conflicto en Yemen, se estima que 85.000 niños menores de cinco años han muerto de hambre y enfermedades extremas, según el último análisis de Save the Children, la organización internacional de salud y derechos humanos. Si bien los niños son los más afectados por el conflicto, 14 millones de personas corren riesgo de sufrir hambruna, según datos compilados por las Naciones Unidas.

Durante casi cuatro años Yemen, el país más pobre del mundo árabe, ha sido devastado por un sangriento conflicto entre los rebeldes hutíes y los partidarios del Gobierno internacionalmente reconocido de Yemen. En 2015, Arabia Saudita armó una coalición de estados árabes para luchar contra los hutíes, que incluía a Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Egipto, Marruecos, Jordania, Sudán y Senegal. Estos países han enviado tropas para luchar por tierra en Yemen con ataques aéreos.

Según informes, Irán ha enviado armamentos y asesores militares para ayudar a los hutíes, incrementando así su animosidad sostenida contra los saudíes. Además de luchar contra los hutíes en Yemen, los saudíes respaldan a los rebeldes que luchan contra el Gobierno de Bashar al-Assad, mientras que Irán tiene una fuerte influencia sobre el régimen de Assad. En el Líbano, mientras que Irán ha mostrado un fuerte apoyo a Hezbollah, Arabia Saudita apoya el Movimiento del Futuro Sunni, dirigido por el Primer Ministro del Líbano, Saad Hariri.

Sin embargo, la guerra de Yemen va más allá de un conflicto geopolítico saudí-iraní o suní-chiíta. Las demandas de los hutíes han sido principalmente económicas y políticas, tratando de sacar a los yemeníes de un ciclo de pobreza. Los ataques brutales e indiscriminados de la coalición liderada por los saudíes han dejado un país devastado, con millones de civiles luchando por sobrevivir.

Temiendo por sus vidas, más de 3 millones de yemeníes se han convertido en desplazados internos y casi 300.000 han buscado asilo en otros países, incluidos Yibuti y Somalia. Tanto los desplazados internos como los que se han ido a otros países a menudo carecen de nutrición y refugio adecuados. Según UNICEF el sistema de atención médica de Yemen está al borde del colapso.

Los que permanecen en el país deben hacer frente a los implacables ataques de la coalición, que no distinguen entre civiles y soldados. Además, en todo el país, las organizaciones de ayuda no pueden proporcionar la asistencia necesaria. Los hospitales han sido bombardeados, provocando decenas de muertes como resultado de los ataques y por haber quedado sin atención urgente.

Cerca de 15 millones de hombres, mujeres y niños no tienen acceso a la atención médica. Todavía no se ha controlado un brote de cólera que comenzó en octubre de 2016. No ayuda que la infraestructura saudí en Yemen, uno de los países más pobres del mundo, haya sido atacada continuamente por la coalición saudí.

Como consecuencia, 8,6 millones de niños en Yemen no tienen acceso adecuado a los servicios de agua, saneamiento e higiene. "Desde 2015, la escalada del conflicto solo ha exacerbado esta situación ya grave, con ataques y acciones militares en la infraestructura del agua y alrededor de ella que impiden que más personas accedan al agua potable segura", afirma UNICEF.

En agosto pasado, un informe de las Naciones Unidas sobre la situación en Yemen criticó duramente a todas las partes en el conflicto, pero culpó más a los ataques de la coalición saudita contra civiles yemeníes. Tres expertos de la ONU dijeron que la coalición liderada por Arabia Saudita no pudo encontrar en su lista de 30.000 sitios en Yemen un lugar "libre de ataques", incluyendo campos de refugiados y hospitales. Según el informe de los expertos, las restricciones que Arabia Saudita ha impuesto sobre la entrega de ayuda por mar o aire han tenido un impacto humanitario tan grave que "tales actos, junto con la intención requerida, pueden (*) constituir crímenes internacionales".

Hay algo patético al observar algunos de los países más poderosos del mundo: los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia que están tramando con el régimen criminal de Arabia Saudita para destruir el movimiento de resistencia de los hutíes en Yemen. En las últimas semanas cientos de ataques aéreos de la coalición liderada por Arabia Saudita en Hodeidah y sus alrededores han puesto en peligro la vida de 150.000 niños. Estas acciones de la coalición violan las normas humanitarias básicas y el estado de derecho. La guerra en Yemen es una masacre y es responsabilidad de la comunidad internacional defender la justicia ante tal tragedia.

(*) No compartimos el uso de la palabra “pueden”. Para nosotros, de acuerdo a los hechos anotados, las acciones de la coalición liderada por Arabia Saudita son crímenes internacionales que repudiamos absolutamente.

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.


Fuente: Rebelión
CREACIÓN HEROICA