domingo, 2 de diciembre de 2018

Política

Nota:

Publicamos a continuación un capítulo del ensayo La Gran Revolución Socialista de Octubre: Conquistas, Distorsiones, Enseñanzas, pues, contra ciertas “interpretaciones” de la experiencia histórica de la primera revolución socialista triunfante, el autor precisa las principales lecciones que arroja esta experiencia para el proletariado revolucionario de todos los países.
       
He ahí una cuestión de actualidad.

01.12.2018.

Comité de Redacción.

Las Enseñanzas de la Revolución Rusa

Eduardo Ibarra

LA RESTAURACIÓN DEL CAPITALISMO en Rusia (así como en otros países), fue una grave derrota del proletariado, de la cual, sin embargo, es posible sacar algunas valiosas enseñanzas. Mencionemos las principales.

Primera enseñanza. La premisa estructural de la restauración del capitalismo es el Estado burocrático-militar, asentado en la condición inacabada de las relaciones de producción socialistas y en la parálisis de la democracia directa de las clases trabajadoras.

Segunda enseñanza. La premisa ideológico-política de la restauración del capitalismo es el ascenso del revisionismo al poder. El ascenso del revisionismo al poder es el ascenso de la burguesía al poder, y el ascenso de la burguesía al poder lleva a la restauración del capitalismo. Negar esta realidad es pretender borrar toda oposición entre el proletariado y la burguesía, entre el capitalismo y el socialismo, entre el marxismo-leninismo y el revisionismo. Brevemente, es pretender encubrir la dictadura de la burguesía burocrática y la restauración del capitalismo.

Tercera enseñanza. Mientras existan las clases (así no sean antagónicas), la dictadura del proletariado es necesaria. Incluso en las condiciones del socialismo avanzado no puede desaparecer la dictadura del proletariado y, por tanto, el Estado no puede extinguirse sino hasta que la desaparición de las clases y la situación internacional permitan el paso al comunismo.

Por eso Lenin señaló que «Para suprimir las clases, es preciso, primero, derribar a los terratenientes y a los capitalistas… Para abolir las clases, es preciso, en segundo lugar, suprimir la diferencia entre los obreros y los campesinos, convertir a todos en trabajadores.»

Cuarta enseñanza. La lucha de Lenin contra la burocracia en el Estado y en el propio Partido, no fue suficiente. Esto se comprende por el hecho de que la dictadura del proletariado era entonces una experiencia embrionaria, una experiencia prácticamente nueva. Pero en los años de 1950, no obstante la experiencia acumulada, tampoco fue suficiente la lucha de la dirección del PCUS. Esto se explica porque esta dirección ignoró la existencia de las clases y la lucha de clases en la sociedad soviética.

Ya en 1966, los comunistas chinos señalaron:

En la Unión Soviética, después del establecimiento de las relaciones socialistas de producción, no se emprendió seriamente la revolución cultural proletaria. (Véase Kostas Mavraquis, Sobre el trotskismo, Ediciones Calarcá, Colombia, 1976, p. 132).

Y, quince años después, Bob Avakian anotó:

… al terminarse la II guerra mundial, se planteó de manera descollante cuál sería el futuro camino de la Unión Soviética, es decir la cuestión del camino capitalista vs. el camino socialista. En cierto sentido, se podría decir que se trataba de retomar el camino socialista y que lograrlo hubiera requerido algo de la magnitud o parecido a la Revolución Cultural en China, pero eso no se dio, como todos sabemos. (¿Conquistar el mundo? Deber y destino del proletariado internacional, charla ofrecida en 1981 y publicada en 1982 en Revolución, edición especial, Nº 50, p. 25).

Es decir, con la tesis según la cual las clases antagónicas no existían ya en la URSS, la dirección del PCUS se mostró de espaldas a la salida correcta al dilema: ¿camino socialista o camino capitalista?

Pero lo negativo arrojó finalmente algo positivo: analizando la tragedia de la URSS y afrontando el mismo problema de quién vencerá a quién en la sociedad china, Mao llegó a la teoría de la revolución cultural proletaria como el método adecuado para avanzar la solución de las contradicciones de la dictadura del proletariado, o, para decirlo de otro modo, para impulsar la triple tarea de construir el socialismo, conjurar la restauración del capitalismo y desbrozar el camino al comunismo.

La revolución cultural es la movilización política de las amplias masas populares contra la burocracia estatal y partidaria y por la trasformación de la concepción del mundo de la gente; es la lucha por la democracia directa, es decir, por la absorción progresiva por las clases trabajadoras de las funciones del Estado; es el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción socialistas, de la ciencia y la tecnología, del arte y el deporte, en una palabra, es el desarrollo de la civilización socialista y, por tanto, de la lucha por la realización del comunismo.

Es, brevemente, la expresión más concentrada de la revolución permanente del proletariado.

Así pues, la transformación de la concepción del mundo de la gente es la condición ideológica del cumplimiento de la mencionada triple tarea.

Ahora bien, es claro que la transformación de la concepción del mundo significa precisamente que la gente asimile la concepción comunista del mundo; y, por supuesto, que la asimile no de forma estereotipada, sino de forma razonada y vívida.

Dicha transformación es necesaria porque, según señaló Lenin, en el socialismo el proletariado está hundido todavía en «la sicología tradicional de la sociedad capitalista», es decir, en el fondo, en la ideología burguesa.

Ello quiere decir que el proletariado trae consigo los hábitos y las viejas ideas de la sociedad capitalista.

Pero no solo el proletariado, sino en mayor grado todavía las demás clases trabajadoras, cargan con el fardo de la cultura burguesa; y qué decir tiene de los elementos burgueses que, en conjunto, constituyen una de las herencias más pesadas de la vieja sociedad.

Por tanto, la dictadura del proletariado tiene la tarea de transformar la concepción del mundo de los proletarios y demás clases trabajadoras y aun de los elementos burgueses mediante periódicas revoluciones culturales.
       
Así pues, sin la transformación de la concepción del mundo de la gente, no hay ni puede haber avance en la lucha por la supresión de todas las diferencias de clase en general, de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones de producción, de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.

Por tanto, sin la más completa masificación de la concepción comunista del mundo, no puede haber absorción progresiva de las funciones de los aparatos del Estado por las clases trabajadoras, o sea, no puede avanzarse el proceso de extinción del Estado y, por esto, no podría darse el paso al comunismo.

La comunización de la concepción del mundo de la gente es inversamente proporcional al proceso de extinción del partido.

El ritmo, las fases, las vueltas y revueltas del proceso de extinción del Estado dependen no solo de la acción consciente de los dirigentes de la dictadura del proletariado, sino también de las condiciones subjetivas de las masas trabajadoras, así como de las condiciones objetivas tanto nacionales como internacionales.

Pero fuese como fuese, incluso teniendo que volver a empezar cien veces, el camino inaugurado por la Revolución de Octubre terminará en la extinción del Estado, en la realización del comunismo, en la concreción del humanismo proletario en toda la faz de la  tierra.

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