jueves, 1 de octubre de 2015

LITERATURA


Un Teórico Que No Quiere Serlo

(Segunda Parte)

Julio Carmona

VEAMOS CUÁL ES ESA ‘HIPÓTESIS’ a que hace referencia MV (y que ÁR critica.) No es otra que la de proponer las siguientes categorías explicativas del trabajo del novelista:
a. la existencia de ‘demonios’, para aludir a las experiencias vividas y convertidas en obsesiones subconscientes que impulsan el acto creador del novelista,1
b. convirtiéndose él mismo en una especie de Luzbel, es decir, un ‘rebelde ciego’, o sea, un insaciable destructor de la realidad,
c. acción destructiva que le permite realizar su empresa de ‘deicida’, es decir, de ‘asesino y suplantador de Dios’, empresa que consiste en
d. crear una ‘realidad ficticia’, un mundo alternativo y mejor al de la “realidad creada por Dios”, pero con los materiales saqueados a ésta.
Esa cualidad del ‘rebelde ciego’ o ‘Luzbel literario’ tendría su paradigma teórico-práctico en Gustave Flaubert, pues en el estudio ya citado La orgía perpetua, dice de él que “... haberse empeñado en semejante aventura —haber incurrido en el crimen de Luzbel: querer romper los límites, ir más allá de lo posible— es haber fijado un tope más alto a la novela y a la crítica.” (B-1975: 59.) Y, es más, tal vez la reticencia a ser considerado un teórico tenga relación con ese modelo paradigmático que gravita en su formación literaria (Flaubert) de quien dice que nunca “aplicó de manera dogmática” sus convicciones teóricas. Y añade que “Era un creador que a veces teorizaba, no un teórico que escribía novelas, y en el dominio de la creación, como en el de la historia, la práctica siempre desborda la teoría.” (B-1975: 222.) Pero veamos cómo sintetiza el mismo MV el ensayo teórico-crítico en cuestión:
El propósito de este ensayo —dice— no es analizar la vida y la obra de un narrador de talento, sino, más bien, intentar una descripción del proceso de la creación narrativa a partir de un autor concreto.
Es decir: ¡está contradiciendo lo que ha negado, al responder a ÁR! A éste le dijo: “no he pretendido jamás una definición ‘científica’ del novelista” (sino) “dejar en claro desde qué punto de vista, en función de qué convicciones básicas está hecha la aproximación al ‘caso’ y a la obra de García Márquez.” [‘Punto de vista’ y ‘convicciones básicas’ —insistimos— que constituyen una teoría, aunque no lo quiera MV.] Es decir, que, mientras a ÁR le dice que parte de lo general (‘punto de vista y convicciones básicas’) para llegar a lo particular (‘el caso, la obra de GM’, que allí es lo decisivo), en la otra aclaración vemos que plantea lo contrario: ‘la obra de GM’ (lo particular) ‘sirve de pretexto para una descripción del proceso de la creación narrativa’ (lo general, que aquí es lo decisivo.) Se trata de describir —continúa MV:
cómo nace la voluntad de creación, de qué experiencias se alimenta, mediante qué procedimientos transforma los materiales del mundo real en elementos del mundo ficticio y las similitudes y contrastes que estos dos mundos mantienen. En última instancia, este propósito, simple y al mismo tiempo atrevido, es mostrar qué es un novelista y cómo nace un mundo de ficción.
Hagamos un alto: referirse a dos preguntas tácitas ‘qué es un novelista’ y ‘cómo nace un mundo de ficción’ —y en el contexto de la cita— es estar haciendo una generalización teórica, pues —insistimos— el novelista particular es el ‘trampolín’ para caer en una generalización. Un poeta como T. S. Eliot (renuente a ser considerado un teórico, aunque más por un sentido de modestia) dice: “Las preguntas: ¿Qué es la poesía? ¿Es éste un buen poema?, constituyen las dos metas teóricas de toda labor crítica. No hay entusiasmo teórico que baste a responder a la segunda cuestión porque no hay teoría que vaya lejos si no se funda en una experiencia directa de la buena poesía; asimismo, nuestra directa experiencia de la poesía requiere de una buena cantidad de actividad generalizadora.” (E-1968: 30.) Y así lo confirma MV en la prosecución de la cita interrumpida:
[Ese propósito, dice] Es simple porque sólo quiere destacar, en la vida y obra de García Márquez, aquellos aspectos comunes a todo creador de ficciones [es decir, parte de lo particular para llegar a lo general, pero agrega MV], y está dispuesto, en aras de este afán ilustrativo del proceso y la naturaleza de la creación narrativa [lo general], a relegar a un segundo plano los aspectos más exclusivos de este autor y de esta obra [lo particular]. [Y concluye la síntesis] Es atrevido porque el supuesto básico de este trabajo contradice el principio teórico de moda según el cual la obra literaria debe ser analizada con prescindencia total de su autor.
(Es ésta una síntesis que aparece en la contratapa de Historia de un deicidio, y que, sin éxito, he buscado en el cuerpo del texto aludido, o sea que constituye un texto independiente, escrito, ex profeso, como reseña sintética del libro en cuestión.) Obviamente, si se dice estar partiendo de un ‘supuesto básico’ para contradecir un principio teórico, es lógico que también el ‘supuesto básico’ es teórico.
Vemos entonces que lo asegurado a ÁR, en la polémica, era una mentira.
MV era consciente de que estaba haciendo teoría: “definición ‘científica’ del novelista”. Pero no sólo eso constituye la mentira de MV, sino que ‘con ese propósito simple y atrevido’ está adoptando (es cierto que subrepticiamente) una posición teórica “realista” como crítico literario, en tanto dice explicar la obra de un autor (la suya incluida: Ver: El pez en el agua, C-1993) a partir de los hechos reales que lo han ido impresionando durante su existencia, a diferencia del principio teórico formalista, ‘que prescinde del autor’. [En el primer capítulo hemos descrito ambas teorías: del realismo y el formalismo.]
Ese ‘punto de vista’ y esas ‘convicciones básicas’ constituyen, pues, la “teoría literaria” medular de MV. Y esto es así, aunque él no lo quiera, porque configura —además— la misma metodología que usa en todos sus trabajos de estudio literario: desde su primera tesis académica de San Marcos, Bases para una interpretación de Rubén Darío2 [Lima, 1958] pasando por la otra, Historia de un deicidio [1971, sobre García Márquez: segunda tesis académica, España] y sobre Madame Bovary de Flaubert [1975] hasta el trabajo dedicado a Los miserables de Victor Hugo [2004].
Y el artículo de Américo Mudarra —citado a propósito de la tesis sobre Darío— contradice lo aseverado por MV en su respuesta a Ángel Rama de ‘no haberse propuesto dar una definición científica del novelista’, pues dice Mudarra que tal trabajo académico:
... explica las diversas causas que originan la vocación del escritor y las estrategias de construcción de una subjetividad artística, tomando el caso de Darío como paradigma. El valor de este trabajo académico (...) radica en presentarnos las bases para la interpretación de todo artista. (Op. cit. p. 167. Cursiva mía.)
Es decir, nos dice Mudarra que el método usado por MV es una generalización teórica, aunque parta de un caso particular. Y, por otro lado, Mudarra nos retrotrae a una observación hecha antes, en torno a los nexos de MV con la concepción teórica burguesa de la literatura, la autonomía formalista. Dice:
Darío es uno de los fundadores de la modernidad en Hispanoamérica; su vida y obra formalizan la autonomía del artista moderno y contribuyen decisivamente en la separación de la esfera artística de la moral y la política. Por ello, la elección de este literato como tema de tesis obedece a la búsqueda de referentes que legitimen la propia aventura del crítico. Construir su imagen recurriendo a una figura del pasado que alumbre su futuro. (Ibidem: 169.)3
Notas:
[1] “Los ‘demonios’ de su vida [del novelista] son los ‘temas’ de su obra” (B-1971:87.) Este tópico de los ‘demonios’ lo empezó MV aquí, en 1971 (Historia…). Refiriéndose a GM dice que su abuelo murió cuando García Márquez tenía ocho años: ‘Desde entonces no me ha pasado nada interesante’ [lo hace decir a GM, y agrega], asegura él y, desde el punto de vista de sus demonios, ésta es, en comparación con otras, una exageración moderada” (B-1971:28.) Y en la p. 87 agrega: “El proceso de la creación narrativa es la transformación del ‘demonio’ en ‘tema’.”
[2] Cf. Américo Mudarra Montoya, “Rubén Darío y la vocación del artista (Vargas Llosa lee a Darío)”, en: D-2001:167-171.
[3] Y, seguidamente, Mudarra establece la relación de ese primer trabajo con otros de la misma índole, teórico-crítica: “Esta tesis constituye el primer eslabón orgánico y extenso de su obra como crítico y ensayista literario”. Y aún agrega Mudarra: “Estas líneas de reflexión sobre la vocación del escritor prosiguen y se consolidan en Gabriel García Márquez: Historia de un deicidio.” (Ibídem)
Los Communard, Luchas Campesinas en Piura y Chincha, Siglo XIX: Narrativa e Historia
(Tercera y Última Parte)
Roque Ramírez Cueva
AL CONCLUIR LA PARTE DOS, escribimos que el accionar de los comuneros de Chalaco en la toma de la ciudad de Piura no tuvo un balance favorable a sus propósitos, fueron derrotados en un lapso breve que no llegó a las 48 horas; además de sugerir la falta de una dirección política que diera orientación correcta a dicho movimiento de masas campesinas. No fue a favor porque los campesinos terminaron baleados y un buen número terminó siendo masacrado e incinerado en una encerrona simple. No olvidemos que los comuneros habían usado una mejor táctica de engaño en su lucha contra las tropas invasoras, vencieron dos veces. Aún no hemos mencionado la segunda derrota infligida a la soldadesca de Lynch. Ver adelante.
Mientras los campesinos de la comunidad de Chalaco avanzaban en cabalgata a Piura, el prefecto de Piura Fernando Seminario y demás autoridades junto a los terratenientes planearon la defensa de la ciudad (1). Por eso cuando los comuneros ingresaron a Piura, no encontraron resistencia, la ciudad estaba desierta, la gente encerrada en las casonas, el prefecto y la tropa de gendarmes esperaron ocultos en algún punto fuera de la ciudad. Los Chalaco se hicieron de la ciudad fácilmente. Hubo pelea y ajusticiamiento de algunos piuranos despistados que no se guarecieron; los hacendados con astucia usaron a sus lacayos y sirvientes para hacer frente a la milicia de los campesinos, la estrategia de usar la masa contra la masa. No se sabe, pero la alimentación y otras vituallas debieron haber sido boicoteadas.
Cuando los gendarmes observaron que los campesinos habían gastado parte de sus balas y se estaban cansando de recorrer la ciudad en busca de autoridades, de los jueces que les quitaban las tierras en documentos de propiedad falsos e írritos, y posiblemente se descuidaron con la ingesta de bebidas y algo de licor, los fueron rodeando hasta lograr que un gran número de ellos se refugiara en una casona cercana a la plaza principal. Una vez encerrados los “serranos revoltosos”, el prefecto Seminario ordenó el incendio de la casona, fusilando a cuanto comunero pretendía salir de esa ratonera en llamas. Tampoco sabemos pero muertos los líderes, apresar y fusilar al resto de campesinos es seguro que no le fue difícil a la gendarmería comandada por el prefecto y los terratenientes.
Los comuneros cayeron en una simple trampa. ¿Fue exceso de confianza ante una aparente demostración de fuerza que no tuvieron ante las fuerzas de gendarmería y la mesnada de capataces de los hacendados? ¿Fueron invitados a parlamentar por el prefecto Seminario y con engaños fueron encerrados en una casona sin otras salidas que las entradas del frente? ¿No hubo disciplina en el cuidado del armamento, sobre todo de la munición? ¿No hubo plan de contingencia que permitiera el necesario descanso, alimentación y relevo de la milicia campesina? Algo de esto y más debió de suceder. Lo cual, dijimos, significó que no hubo una dirección política –y si hubo no fue la acertada- que orientara dicho accionar. Y esto posiblemente indica que los (o el) communard franceses no acompañaron la incursión de los comuneros andinos, en la prevención de que podrían ser identificados por ser extranjeros.
Pero sobre todo, se entiende que hubo algo de paternalismo, mesianismo y no se educó a líderes en el seno de la comunidad campesina (incluso considerando el bajo nivel o la nula escolaridad que poseían los campesinos hace más de cien años porque fue interés de los hacendados mantenerlos así) (2). Y solo se les envió con “instrucciones a cumplir según el manual de algún ideario”, sin prever las particularidades de los contextos en el área bélica de la ciudad ni los comportamientos de la milicia en dichos contextos. Y esto de las paternidades no es tan necio de pensar si recordamos que en las décadas del sesenta y setenta del siglo XX, los sindicatos y federaciones campesinos y obreros fueron dirigidos por líderes que salieron de la universidad o del magisterio.
No obstante, el análisis poco entusiasta de todos los párrafos anteriores, es importante rescatar esta lucha campesina, con asomos de insurgencia, sucedida a fines del siglo XIX en el departamento de Piura y que se replicó en otra región del país. Que hubo aporte foráneo sino internacional en estas luchas ya no es asunto de duda. Hubo dos movimientos dados en la misma época y años de la guerra contra Chile, ya se ha dicho, uno en el norte del país, Piura, y otro en el sur, Chincha, en los cuales los campesinos mostraron la misma organización, comportamiento y accionar en su lucha contra las tropas chilenas y contra la usurpación y expoliación de grandes latifundistas.
El general Andrés Avelino Cáceres, en sus memorias que escribió acerca de la Guerra contra Chile (3), en varios pasajes registra varias asonadas contra los latifundistas, en respuesta a los cientos de años de sobre expoliación en que se mantuvo al campesinado. La Guerra con Chile fue una ocasión para desatar las pasiones y sentimientos de aplicar la Ley de Talión. Sin embargo, aparte de tales resentimientos acumulados, hubo notorios movimientos insurreccionales que tuvieron la característica de la rebelión de masas organizadas y no espontáneas. Ante lo cual, los hacendados optaron por aliarse con el enemigo.
Un paréntesis nos es necesario para ir enlazando los hechos. En la parte dos dijimos que cuando a los gamonales les sobresaltó oír la consigna de ¡Viva la Comuna!, se perturbaron porque ellos se mantenían muy informados de lo que sucedía en el resto del país y el mundo. Prueba de ello, es el testimonio de Cáceres, En sus memorias (4) recuerda que ante la decapitación de soldados chilenos o peruanos, algunos comparaban esos sangrientos hechos con los años del terror en Francia, opinión que había recogido de un diario en Tarma del año de 1882.
Los terratenientes se unen con el enemigo, lo llaman y cobijan bajo su techo, mientras nobles patriotas lo enfrentaban, por un evidente lazo e interés de clase social, se sintieron amenazados por las rebeliones campesinas y no dudaron en ampararse en el ejército Chileno, quien por último imponía los prefectos. Así como los comuneros y/o campesinos de Piura y los esclavos negros de Chincha se unen entre sí, de caserío en caserío, trabajadores de una hacienda a otra por su afinidad de clase campesina. Los comuneros de la sierra de la región del centro establecen alianza con las milicias de Cáceres en defensa de sus intereses pero además del territorio de su nación, en particular de su vilipendiada mama pacha. La guerra estaba desestructurando su comunidad.
Esta percepción de sus intereses de clase y del sentimiento por su nación es lo que moviliza a los comuneros de Chalaco (Piura) para enfrentar al invasor chileno, primero; y luego, a los terratenientes costeños. Respecto de rechazar al invasor, ya narramos con detalle como lo vencieron en el sitio de la Quebrada de la Guerra, cerca a Pambarumbe. Y faltó relatar el otro encuentro donde los comuneros de Chalaco, Tamboya, Sábila y Yamango volvieron a infligir otra derrota a las mesnadas chilenas (5). Siguiendo la misma estrategia del choque anterior, emboscaron a otro contingente de Chilenos en el sitio de la quebrada de Visueta, cerca a Yamango.
En ambos enfrentamientos, parte de las tropas chilenas fueron vencidas dejando un reguero de muertos, los cuales fueron, en respeto a la tradición cristiana, enterrados en fosas clandestinas. Aunque en el segundo caso, de la Quebrada de Visueta, según el relato popular, los lugareños improvisaron un cementerio, el cual existió hasta los años 60 del siglo pasado. El relato popular nos informa los nombres o apellidos de los protagonistas en ambos sucesos (6).
Hay coincidencia en señalar que uno de los líderes notorios de los comuneros de Chalaco fue Vicente García y su hermano Lucas; junto a ellos Pedro Castillo, Román Barco, Carmen López, Luis Cruz, Lorenzo Sandoval, Jacinto Ramírez. Se mencionan también los apellidos de familias que participaron como los Barreto, Ruiz García, Peña Flores, Domínguez Cruz, Chumacero Calle, Jiménez etc. Varios de ellos ofrendaron su vida en la Toma de la ciudad de Piura, al momento de ser cercados por el Prefecto impuesto por los   chilenos, Fernando Seminario, vinculado al claudicador, el general Miguel Iglesias.   
Líneas atrás decíamos que Cáceres en sus “Memorias”, y en las memorias de su esposa doña Antonia Moreno, en la guerra contra Chile, se registran asonadas contra los latifundistas nacionales. Una de ellas, y de mayor implicancia, fue la rebelión de los esclavos de las haciendas de Chincha (7). “Alrededor de trescientos sublevados asaltaron el 23 de diciembre las tres haciendas más grandes del valle: San José, Hoja Redonda y Larán.”
E igual que en Piura, los campesinos negros del Sur, después de tomar las haciendas y ajusticiar a los administradores y un hacendado se dispusieron a marchar sobre el centro urbano, Chincha Alta, desde el cual ejercían su poder los terratenientes de la región. Las autoridades de la ciudad y los comerciantes en defensa de la ciudad les permitirían ingresar al centro de la plaza. Pero los campesinos sublevados conocían de estrategias y a la plaza sólo ingresó una pequeña avanzada, por eso al momento de ser baleados sólo murieron seis de ellos. El resto huyó de la ciudad y junto con el grueso del centenar de milicias se retiraron a las haciendas que controlaban. Luego hubo más enfrentamientos fuertes con las tropas de la “guardia nacional” –sic-(8)
Los campesinos no pudieron desarrollar a mayor nivel su lucha por el mismo problema que indicamos afectó a los comuneros de Chalaco, la dirección política del movimiento no fue la más acertada, aparte que aquí el contingente de las fuerzas del orden fue mayor, por su cercanía a Ica y Lima. Y bien, en lo que nos interesa confirmar las proposiciones, estos campesinos tuvieron vinculación con trabajadores agrícolas agremiados de otros “valles vecinos” desde antes de su rebelión (9).
Mas no fue una simple relación gremial, el historiador testigo privilegiado de la guerra, Vicuña Mackenna (10) afirma: “las proporciones de este movimiento son más grandes de lo que al principio se creyó y parece que reviste todos los caracteres de una cuestión de razas. [Léase de clases sociales] Los indios y negros unidos en contra de los blancos. Conócese que ha habido un trabajo sordo pero tenaz en que está de por medio el elemento comunista…”. En esos tiempos el ideario que se estaba difundiendo era el que enarbolaría el anarco sindicalismo (uno de sus intelectuales es Gonzales Prada) recién en la década de 1910, el ideario socialista que difundirá José Carlos Mariátegui no asomaba aún. Entonces, esa propaganda “comunista” de que se hablaba, sin duda, se debe a la labor que cumplieron los communard franceses llegados al país. (Corchete nuestro).
Acerca de las noticias y las interpretaciones que relacionaron al movimiento de los comuneros de Chalaco y Yamango, en Piura, con elementos foráneos que trajeron consigo idearios “revulsivos” o “comunistas” han quedado evidencias en el epistolario que se dirigieron entre terratenientes y altos funcionarios de un sector del gobierno. Francisco Eguiguren, Senador, intercambió misivas con su amigo, el Contralmirante Lizardo Montero; y en una de sus cartas, el primero le comenta desde Piura al Presidente Montero, afincado en Arequipa resistiendo al invasor en plena guerra de 1879, que los indios de la sierra piurana se han rebelado contra los hacendados.(11) El Dr. Lorenzo Huertas Vallejo, historiador y maestro de la Universidad de San Marcos, me refiere de manera oral que el influyente gamonal lambayecano de apellido Aspillaga, le escribe una carta al gobierno con sede  en la capital, informando de extraños sucesos, descontrol y desenfreno de los peones de Piura contra sus patrones.(12)
Los escritores se enteraron de estos hechos históricos y los recrearon en la ficción a su estilo y desde su comprensión del mundo, a la que ninguno es ajeno, quiéralo o no. El narrador Francisco Vega Seminario lo hizo desde la visión de alto funcionario del estado, fue embajador, y de su heredad latifundista, por eso presenta a los comuneros como tipos ebrios, asesinos y ladrones sin honra alguna, causantes de terror. Su descripción del suceso lo presenta en dos párrafos de la página cien de su novela Montoneras, donde los describe como tales (13). Es el único escritor que se expresa abiertamente a favor el punto de vista de la clase dominante confrontada en el conflicto narrado. Los otros escritores, de una u otra manera asumen como suya, en más o menos compromiso, la visión de los protagonistas populares. Seguiremos leyendo.
NOTAS:
(1) Maticorena Estrada, Miguel. Un movimiento social: Los Chalacos en Piura. “El Comercio” 7-Febrero. 1980.
(2) Cáceres, Andrés A.  Memorias de la guerra con Chile. Lima. 1979.
(3) Cáceres, Ibib. 
(4) Cáceres, Ibid.  “Hubo entonces sangrientas represalias y espantosas escenas de carnicería, que alguien comparó con lo visto en Francia durante la época del terror…”
(5) -Revista EPOCA. nº 315. Piura. Enero-Febrero de 2000. Pág. 40 -Los relatos populares y versiones de ancianos en Yamango y Chalaco, igual comentan de este suceso.
(6) Revista EPOCA. Ibid, Pág. 40
(7) Sotomayor, Carmela y Aranda Ramón. Sublevación de campesinos negros en Chincha. 1879. Edic. UNMSM. 1979.
(8) Sotomayor, Carmela. Ibid.
(9) Sotomayor, Carmela. Ibid.
(10) Mackenna, Vicuña, citado por Sotomayor Carmela y Aranda Ramón. Ibid. Pág. 48
(11) Carta de Francisco Eguiguren al Contralmirante Lizardo Montero. 1883. Fotocopia impresa del archivo que posee la historiadora Piurana, doña Isabel Ramos Seminario.
(12) Huertas Vallejo, Lorenzo. Versión oral ofrecida a RRC, autor del presente ensayo.
(13) Vegas Seminario, Francisco. Montoneras. Lima. Juan Mejía Baca & P.L. Villanueva editores. 1955.

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