jueves, 1 de octubre de 2015

POLÍTICA


Nota:

Entre otros escritos, publicamos a continuación uno de nuestro compañero Eduardo Ibarra, en el cual desenmascara más profundamente aún el liquidacionismo de Aragón.

Publicamos, asimismo, el artículo Marxismo y Revisionismo, donde Lenin analiza las diversas manifestaciones del revisionismo de su tiempo y sienta importantes bases para el análisis del revisionismo de cualquier período. El revisionismo es una desviación del marxismo, y esta realidad no desaparece porque se la silencie.

El lector podrá comparar –si no comparó ya– la posición de clase de Lenin con la posición oportunista de quienes encubren al revisionismo; la riqueza de pensamiento de Lenin con la pobreza de quienes como todo argumento esgrimen que en los primeros cuatro tomos de sus Obras Escogidas Mao no utilizó la palabra revisionismo; la consecuencia de Lenin con su convicción marxista con el renuncio al marxismo y por esto a toda lucha contra el revisionismo.

Lenin, a quien los García y los Aragón no les faltaría ganas de calificar de “cruzado anti-revisionista”, fue un consecuente luchador por la pureza del marxismo y contra su prostitución por los revisionistas, exactamente como los demás maestros del proletariado internacional y como nuestro José Carlos, maestro del proletariado peruano. 

01.10.2015.

Comité de Redacción.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

 
Nuevas Mentiras de Miguel Aragón y Mucho Más Que Eso

Eduardo Ibarra

EN UNO DE LOS ARTÍCULOS QUE HA publicado en las últimas semanas Miguel Aragón para desviar la atención de su impotencia para responder a la crítica de su antimariateguismo desembozado y su temperamento criollo (Contra el Liquidacionismo histórico; La Reunión de Barranco y el liquidacionismo histórico, La fullería de Miguel Aragón), pueden leerse estas mentiras: “En un sector muy reducido, pero no por ello despreciable, del pueblo, hay quienes consideran que en la actualidad el enemigo principal del pueblo peruano es el revisionismo. Los autodenominados  ‘cruzados antirevisionistas’, a los cuales se les puede contar con los dedos de una mano,  pretenden colocar en el centro del debate actual, la contradicción entre el supuesto ‘marxismo-leninismo’ de ellos, y un supuesto ‘revisionismo’ de los que no comparten sus ideas”.

Como se ve: 1) Aragón no presenta ninguna prueba de su acusación relativa al enemigo principal del pueblo peruano; 2) pretende hacer creer que nosotros mismos nos hemos “autodenominado” “cruzados antirrevisionistas”.

Pero ocurre que lo que hemos sostenido es que el revisionismo es  el “peligro principal en la construcción del partido y en el trabajo de masas” (La reconstitución y la política concreta II), y, obviamente, esto no tiene nada que ver con el “enemigo principal del pueblo peruano”.

Por otro lado, todo el mundo sabe que el calificativo de “cruzados antirrevisionistas” nos lo colgó Ramón García travestido de Eusebio Leyva (1).

Pues bien, en cuanto a que Aragón considera nuestro marxismo-leninismo como “supuesto”, no nos sentimos en la necesidad de defendernos, pues los lectores pueden comprobar nuestra filiación ideológica directamente en nuestra producción literaria.

Pero en cuanto a que suponemos ‘revisionismo’ [en quienes] no comparten [nuestras] ideas”, sí es necesario puntualizar algunas cosas.

Las únicas posiciones que hemos definido de una determinada manera son las del PCP-SL, las del grupo de Aragón y las del grupo de Jaime Lastra.

De las primeras hemos dicho que se trata de oportunismo de “izquierda”; de las segundas que se trata de liquidacionismo de derecha; y de las terceras, que se trata de oportunismo de derecha.

El oportunismo de izquierda del PCP-SL es una realidad que se revela en su tesis de que la situación revolucionaria en el Perú es permanente, en su tesis de la “militarización del partido”, etcétera, etcétera (ver El pez fuera del agua).

El liquidacionismo de derecha del grupo de Ramón García es una realidad que se revela en la negación del partido de clase, en la oposición a la Reconstitución, etcétera, etcétera (ver El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, Mariátegui y el leninismo, otros artículos).

El oportunismo de derecha del grupo de Lastra es una realidad que se revela en la idea de que el frente dirige al partido, en el seguidismo respecto a la creencia de que la acción legal municipal es el camino al socialismo, etcétera, etcétera (ver La reconstitución y el pensamiento de Mariátegui, La reconstitución y la política concreta, otros artículos).

Como se ve, en ningún caso hemos derivado las mencionadas calificaciones del mero hecho de que las tendencias aludidas no comparten nuestras ideas, sino del análisis del carácter de sus posiciones ideológicas y políticas.

Por lo demás, en CREACIÓN HEROICA hemos publicado escritos con cuyo contenido no estamos de acuerdo en parte o en todo, y, por supuesto, nunca se nos ha ocurrido calificar de revisionistas a sus autores. Esta actitud responde a nuestra convicción de que esta revista debe contribuir a centralizar el debate en el Socialismo Peruano, lo que no ha impedido ni tenía porqué impedir confutar “ideas discrepantes peligrosas” como la negación del marxismo-leninismo, la falsificación de la identidad doctrinal de Mariátegui, la tergiversación de la verdad histórica del PSP, la negación del partido de clase, etcétera.

        Esa ha sido nuestra actitud desde el principio, y en junio de 2014 la expresamos puntualmente (ver El espíritu criollo de Jaime Lastra).

        Ama llulla, pues, ama llulla, Aragón.

Más adelante, el conocido falsario repite servilmente a Ramón García anotando que en los primeros cuatro tomos de sus Obras Escogidas, Mao no “utilizó la categoría teórica ‘revisionismo’ para luchar contra las tendencias discrepantes que existían en el desarrollo de la revolución en China” (2).

Como se puede ver, la afirmación tiene un alcance mucho mayor que el de la calumnia que acabamos de desenmascarar, pues quiere decir que la urticaria que les provoca a los liquidadores el término revisionismo, oculta una cuestión de fondo: la negación del revisionismo.

En efecto, el argumento de García apunta a descalificar dicho término.

Pero veamos cómo se presenta la cuestión.

El hecho de que en los primeros cuatro tomos de las Obras Escogidas de Mao no aparezca el término revisionismo, no demuestra que el gran dirigente no tuviera en cuenta el concepto que el mismo encierra, sino únicamente que las diversas desviaciones del marxismo que surgieron en China en el período comprendido entre marzo de 1926 y setiembre de 1949 (fechas del primer y último escritos comprendidos en los aludidos tomos), fueron calificadas por su especificidad y no por su contenido fundamental.

Así por ejemplo, la desviación representada por Chen Duziu durante la primera guerra civil revolucionaria, fue definida como “oportunismo de derecha”, pues, entre otras cosas, negaba la hegemonía del proletariado. Por lo tanto, fue capitulacionismo respecto a la burguesía y, por esto, fue conocida también como “capitulacionismo de derecha”.

Pues bien, por cuanto, como señaló Lenin, la teoría de la lucha de clases constituye la base de la doctrina de Marx, entonces cualquier marxista puede darse cuenta de que el aludido capitulacionismo fue revisionismo.

Por lo tanto, en los mencionados tomos no se encuentra el término revisionismo, pero se encuentra el concepto: el capitulacionismo de derecha de Chen Duziu fue revisionismo, y contra este revisionismo luchó firmemente Mao.

También en Rusia diversas desviaciones del marxismo fueron calificadas por su especificidad: economismo, menchevismo, liquidacionismo, etcétera. Pero el economismo negaba la lucha política del proletariado, se prosternaba ante la espontaneidad del movimiento obrero y negaba el papel del partido proletario; el menchevismo, para decirlo en una palabra, adaptó la lucha de clases del proletariado al liberalismo; y el liquidacionismo negó el carácter clandestino del partido; así, pues, todas estas desviaciones fueron formas específicas de revisionismo (3).

Cuando en los prolegómenos de la primera guerra mundial y en el curso de la misma surgió el socialchovinismo, lo que ocurrió no fue otra cosa que la aparición de otra forma específica de revisionismo.

El liquidacionismo de derecha del grupo de Ramón García es, asimismo, una forma específica de revisionismo.

Lenin esclareció la relación entre la característica específica de una desviación y su contenido fundamental: “El carácter inevitable del revisionismo está condicionado por sus raíces de clase en la sociedad actual. El revisionismo es un fenómeno internacional. Para ningún socialista un poco enterado y reflexivo puede existir ni la más pequeña duda de que la relación entre los ortodoxos y los bernsteinianos en Alemania, entre los guesdistas y los jauresistas (ahora, en particular, los broussistas) en Francia, entre la Federación Socialdemócrata y el Partido Laborista Independiente en Inglaterra, entre De Brouckère y Vandervelde en Bélgica, los integralistas y los reformistas en Italia, los bolcheviques y los mencheviques en Rusia, es en todas partes, sustancialmente, una y la misma, pese a la gigantesca diversidad de las condiciones nacionales y de los factores históricos en la situación actual de todos estos países. La ‘división’ en el seno del socialismo internacional contemporáneo se desarrolla ya, ahora, en los diversos países del mundo, esencialmente, en una misma línea, lo cual muestra el formidable paso adelante que se ha dado en comparación con lo que ocurría hace 30 ó 40 años, cuando en los diversos países luchaban tendencias heterogéneas dentro del socialismo internacional único” (Marxismo y revisionismo, en Contra el revisionismo, compilación, Editorial Progreso, Moscú, s/f, pp.118-119) (4).

Es necesario agregar que de todos modos Mao utilizó el término revisionismo, y que fue un consecuente luchador anti-revisionista.

Por lo tanto, puede decirse que, al calificar una desviación por su característica específica, Mao sabía perfectamente cuál era su contenido fundamental.

Profundizando a García, Aragón agrega: “De manera similar, revisar con mayor atención todavía, cuantas veces José Carlos Mariátegui utilizó y escribió esa expresión “revisionismo” en las 230 páginas del libro Peruanicemos al Perú, en las 352 páginas del libro 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, y en las 285 páginas del libro Ideología y Política

Es notorio –y hay que subrayarlo especialmente– que Aragón se ha cuidado de mencionar el libro Defensa del marxismo, lo cual, sin duda alguna, revela una actitud sesgada.

Contra esa actitud, se levanta el hecho de que el citado libro es la expresión más alta de defensa del marxismo-leninismo en nuestro medio, y, al mismo tiempo, la expresión más sólida de lucha contra el revisionismo. Con ese texto Mariátegui sentó las bases de la construcción ideológica del PSP, y, de esta forma, demostró su condición de consecuente luchador anti-revisionista.

Hay que subrayar también que, en Ideología y política, libro que sí menciona Aragón, Mariátegui escribió: “Falcón olvida que el Estado demo-liberal es el órgano de la clase capitalista. Su revisionismo lo mueve a prescindir de la existencia o la realidad de las clases y más aún de su conflicto” (p.230). 

En los primeros cuatro tomos de las Obras de Mao no se encuentra, en efecto, la palabra revisionismo, pero, como se ha podido ver, sí el concepto. Y clamar por la palabra como lo hacen García, Aragón y otros liquidadores, no es más que una expresión del más chato culto a los libros, y, por lo tanto, una muestra de que el autor del sensacional descubrimiento no es capaz de calar en el fondo de la cuestión y sus seguidores tampoco (5).

Varias veces Aragón ha subrayado nuestra pequeña dimensión orgánica a fin de descalificarnos (6). Esta vez ha dicho: “sector muy reducido”, “se les puede contar con los dedos de una mano”.

De esa forma, intenta silenciar nuestra dimensión en el plano de las ideas: como es de conocimiento general, desde hace tiempo –y precisamente contra la campaña antimariateguiana del grupo liquidacionista– venimos defendiendo la identidad doctrinal de Mariátegui, la verdad histórica del PSP, la vigencia del partido de clase, entre el análisis de cien cosas más, y, obviamente, ello no es poco.

Por lo tanto, es un hecho que la lucha contra el desborde del liquidacionismo de derecha ha avivado el pensamiento teórico de los marxistas peruanos con alguna fecundidad y algunas conquistas.

Blandiendo el revisionismo contra el marxismo; el Mariátegui falsificado contra el Mariátegui verdadero; el PSP adulterado contra el PSP auténtico; el partido-amalgama contra el partido de clase; Aragón se ha dado siempre de bruces contra nuestros argumentos (como ahora mismo) terminando casi siempre escondiendo la cabeza bajo el ala (como, por ejemplo, recientemente ante los artículos mencionados al principio de las presentes notas).

Pues bien, si está demostrado documentadamente que el PSP aprobó su programa en algún momento del período setiembre-diciembre de 1929; que, por esto, el marxismo-leninismo fue acordado como la base ideológica de su unidad; que la Reunión de Barranco constituyó el Comité Ejecutivo del Partido; que en marzo de 1930 se intentó fundar públicamente el PSP como partido de cuadros; que, dado el proceso real de constitución del PSP, la Reunión de Barranco se presenta como su Reunión Fundacional; ¿por qué Aragón niega todos estos hechos con verdadera obcecación?

¿Por qué, por último, ha llegado al extremo de negar la propia existencia histórica del PSP?

¿Por qué, pues, si, todo presumido, ha dicho que ha hecho “una nueva relectura, ordenada y profunda”, de los documentos relativos al PSP? (7).

Notas

[1] La falta de argumentos, llevó a García a hacer mofa de la consustancial cualidad anti-revisionista de todo marxista consciente, y, como se ve, Aragón repite servilmente la actitud. Por otro lado, es menester señalar que la inveterada costumbre de este personaje de mentir, y, específicamente, de calumniar a sus contradictores, es una cuestión desenmascarada anteriormente no solo por nosotros, sino también por activistas de otras tendencias.

[2] Obsérvese el eufemismo encubridor de Aragón: “tendencias discrepantes”, en lugar de tendencias oportunistas.

[3] Lenin señaló: “el ‘economismo’, de los años 1895-1902, el ‘menchevismo’ de 1903-1908 y el liquidacionismo de 1908-1914 no son otra cosa que la forma o variedad rusa del oportunismo y del revisionismo” (Quien mucho corre, pronto para, en Contra el revisionismo, Editorial Progreso, Moscú, s/f, p.186). Así, pues, también el oportunismo de Den Duzio no fue más que una forma o variante china del revisionismo, y como ella hubo otras en la patria de Mao.

[4] Por lo demás, Lenin señaló: “Las dos tendencias, incluso los dos partidos del movimiento obrero contemporáneo, que tan claramente se han escindido en todo el mundo en 1914-1916, fueron observados por Engels y Marx en Inglaterra durante varios decenios, aproximadamente entre 1858 y 1892” (El imperialismo y la escisión del socialismo, en Contra el revisionismo, p.341). Y, todo marxista suficientemente informado, sabe que los fundadores empeñaron “una guerra implacable” contra el oportunismo, que, entre 1877 y 1879, se transformó en “una guerra furiosa”.

[5] No hace mucho, sin embargo, Aragón tuvo la desvergüenza de acusarme de culto a los libros por defender una tesis vigente de Mariátegui.

[6] Como es notorio, nuestra tendencia es aquella que adhiere al marxismo-leninismo y al Camino de Mariátegui, que, como se puede constatar, no es muy pequeña que digamos. En el marco de esta tendencia, El COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI es una forma organizativa entre otras.

[7] Si es una “nueva relectura”, quiere decir que ha leído tales documentos tres veces. Por eso llama la atención que no haya entendido lo que ha leído, y si entendió ¿cómo es posible, entonces, que diga tantos disparates juntos?

 
08.09.2015.
 


Marxismo y Revisionismo

Lenin
UN CONOCIDO AFORISMO DICE QUE si los axiomas geométricos chocasen con los intereses de los hombres, seguramente habría quien los refutase. Las teorías de las ciencias natura­les, que chocaban con los viejos prejuicios de la teología, provocaron y siguen provocando hasta hoy día la lucha más rabiosa. Nada tiene de extraño, pues, que la doctrina de Marx, puesta directamente al servicio de la educación y organización de la clase de vanguardia de la sociedad moder­na, señale las tareas de esta clase y demuestre que es inevitable la sustitución —en virtud del desarrollo económico— del régimen actual por un nuevo orden de cosas; nada tiene de extraño que esta doctrina haya tenido que conquistar en lucha cada paso dado en la senda de la vida.
Huelga hablar de la ciencia y la filosofía burguesas, enseñadas de un modo oficial por catedráticos oficiales para embrutecer a las nuevas generaciones de las clases pudientes y "amaestrarlas" contra los enemigos de fuera y de dentro. Esta ciencia no quiere ni oír mencionar el marxismo, al que declara refutado y destruido; contra Marx arremeten con igual celo tanto los hombres de ciencia jóvenes, que ha­cen carrera rebatiendo el socialismo, como los ancianos se­niles, que guardan el legado de toda clase de "sistemas" caducos. Los avances del marxismo, la difusión y el arraigo de sus ideas entre la clase obrera provocan inevitablemente la reiteración y el enconamiento de esos ataques burgueses contra el marxismo, el cual sale más fortalecido, más tem­plado, con más vida de cada una de sus "destrucciones" a manos de la ciencia oficial.
Mas tampoco entre las doctrinas vinculadas a la lucha de la clase obrera y difundidas sobre todo entre el proleta­riado ganó el marxismo de golpe, ni muchísimo menos, sus posiciones. Durante el primer medio siglo de su existencia (desde la década del 40 del siglo XIX), el marxismo impugnó las teorías que le eran profundamente hostiles. En la pri­mera mitad de la década del 40, Marx y Engels saldaron cuentas con los jóvenes hegelianos radicales, que abrazaban el idealismo filosófico. A fines de esta década pasa a primer plano la lucha en el terreno de las doctrinas económicas, la lucha contra el proudhonismo. Esta lucha culmina en la década del 50: crítica de los partidos y de las doctrinas que se habían dado a conocer en el turbulento año 1848. En la década del 60, la lucha se desplaza del campo de la teoría general a un terreno más cercano al movimiento obrero pro­piamente dicho: expulsión del bakuninismo de la Interna­cional. A comienzos de la década del 70 descuella en Ale­mania, por breve tiempo, el proudhonista Mülberger; a fines de esta década, el positivista Dühring. Pero la influen­cia de uno y otro en el proletariado es ahora insignificante en extremo. El marxismo alcanza ya el triunfo absoluto sobre todas las demás ideologías del movimiento obrero.
Hacia la década del 90 del siglo pasado, este triunfo estaba ya consumado en sus rasgos fundamentales. Hasta en los países latinos, donde se mantenían más tiempo las tradiciones del proudhonismo, los partidos obreros estruc­turaron en la práctica sus programas y su táctica sobre ba­ses marxistas. Al renovarse —en forma de congresos internacionales periódicos— la organización internacional del movimiento obrero, ésta se colocó al punto y casi sin lucha, en todo lo esencial, en el terreno del marxismo. Pero cuando el marxismo hubo desplazado a todas las doctrinas más o menos coherentes que le eran hostiles, las tendencias alber­gadas en ellas buscaron otros caminos. Cambiaron las for­mas y los motivos de la lucha, pero ésta continuó. Y el segundo medio siglo de existencia del marxismo (década del 90 del siglo pasado) comenzó por la lucha de una corriente antimarxista en el seno del propio marxismo.
Esta corriente debe su nombre al ex marxista ortodoxo Bernstein, que es quien más alborotó y ofreció la expresión más acabada de las enmiendas hechas a Marx, de la revi­sión de Marx, del revisionismo. Incluso en Rusia, donde el socialismo no marxista se mantuvo lógicamente el mayor tiempo —a causa del atraso económico del país y del pre­dominio de la población campesina, oprimida por los ves­tigios feudales—, incluso en Rusia, este socialismo se con­vierte a ojos vistas en revisionismo. Y lo mismo en el pro­blema agrario (programa de municipalización de toda la tierra) que en las cuestiones generales programáticas y tácticas, nuestros socialpopulistas sustituyen cada vez más con "enmiendas" a Marx los restos agonizantes y caducos del viejo sistema, coherente a su modo y profundamente hostil al marxismo.
El socialismo premarxista ha sido derrotado. Continúa la lucha, pero ya no en su propio terreno, sino en el terreno general del marxismo, a título de revisionismo. Veamos, pues, cuál es el contenido ideológico del revisionismo.
En el campo de la filosofía, el revisionismo iba a remol­que de la "ciencia" académica burguesa. Los catedráticos "retornaban a Kant", y el revisionismo seguía los pasos a los neokantianos; los catedráticos repetían, por milésima vez, las vulgaridades de los curas contra el materialismo filosófico, y los revisionistas, sonriendo con indulgencia, balbuceaban (repitiendo ce por be el último manual) que el materialismo había sido "refutado" hacía mucho tiempo. Los catedráticos trataban a Hegel de "perro muerto" y, predicando ellos mismos el idealismo, sólo que mil veces más mezquino y trivial que el hegeliano, se encogían de hombros con desdén ante la dialéctica, y los revisionistas se metían tras ellos en la charca del envilecimiento filosófico de la ciencia, sustituyendo la "sutil" (y revolucionaria) dialéctica con la "simple" (y tranquila) "evolución". Los catedráticos se ganaban su sueldo del Estado acomodando sus sistemas, tanto los idealistas como los "críticos", a la "filosofía" medieval imperante (es decir, a la teología), y los revisionistas se acogían a ellos, esforzándose en hacer de la religión un "asunto privado", mas no con relación al Estado moderno, sino al partido de la clase de vanguar­dia.
Huelga decir cuál era la significación real clasista de semejantes "enmiendas" a Marx: la cosa es clara de por sí. Señalaremos solamente que Plejánov fue, dentro de la socialdemocracia internacional, el único marxista que hizo, desde el punto de vista del materialismo dialéctico consecuente, la crítica de aquellas increíbles vulgaridades expuestas por los revisionistas. Es tanto más necesario subrayarlo con ener­gía por cuanto en nuestros días se hacen tentativas profundamente erróneas para hacer pasar por bueno el viejo y reaccionario fárrago filosófico so capa de criticar el oportunismo táctico de Pleánov.
Pasando a la economía política, debe señalarse, ante todo, que en esta esfera las "enmiendas" de los revisionistas eran muchísimo más variadas y minuciosas. Los revisionistas procuraban sugestionar al público con "nuevos datos del desarrollo económico". Decían que en la agricultura no se opera en absoluto la concentración y el desplazamiento de la pequeña producción por la grande, y que en el comercio y la industria transcurre con suma lentitud. Decían que las crisis son ahora menos frecuentes y graves y que era probable que los consorcios y los trusts diesen al capital la posibili­dad de superarlas por completo. Decían que la "teoría de la bancarrota", hacia la cual marcha el capitalismo, carece de fundamento debido a la tendencia a suavizar y atenuar las contradicciones de las clases. Decían, por último, que no estaría de más enmendar también la teoría del valor de Marx conforme a Bóhm-Bawerk.
La lucha contra los revisionistas en torno a estas cuestio­nes reavivó el pensamiento teórico del socialismo internacio­nal con la misma fecundidad que veinte años antes había hecho la polémica de Engels con Dühring. Los argumentos de los revisionistas fueron analizados con hechos y cifras en la mano. Se demostró que los revisionistas embellecían constantemente la pequeña producción actual. La superio­ridad técnica y comercial de la gran producción sobre la pequeña no sólo en la industria, sino también en la agricul­tura, queda probada con datos irrefutables. Pero, en la agricultura, la producción mercantil está mucho menos desarrollada, y los estadísticos y economistas actuales no saben, por lo general, destacar las ramas (y, a veces, incluso las operaciones) especiales de la agricultura que expresan cómo ésta va siendo englobada progresivamente en el inter­cambio de la economía mundial. La pequeña producción se sostiene sobre las ruinas de la economía natural gracias al empeoramiento infinito de la alimentación, al hambre crónica, a la prolongación de la jornada de trabajo y al de­terioro y peor cuidado del ganado; en suma, gracias a los mismos medios con que se sostuvo también la artesanía contra la manufactura capitalista. Cada paso adelante de la ciencia y de la técnica socava, inevitable e inexorablemente, los cimientos de la pequeña producción en la sociedad capitalista. Y la tarea de la economía política socialista con­siste en investigar todas las formas de este proceso, no pocas veces complejas e intrincadas, y demostrar al pequeño productor que le será imposible sostenerse bajo el capita­lismo, que la situación de las haciendas campesinas en el régimen capitalista es desesperada, y se precisa que el cam­pesino adopte el punto de vista del proletariado. En el problema que tratamos, los revisionistas incurrieron en el pecado científico de hacer una síntesis superficial de algu­nos hechos entresacados unilateralmente, desvinculándolos de todo el régimen del capitalismo, y en el pecado político de exhortar o impulsar inexorablemente al campesino, de un modo voluntario o involuntario, a adoptar el punto de vista del propietario (es decir, el punto de vista de la bur­guesía), en vez de impulsarle hacia el punto de vista del proletario revolucionario.
El revisionismo salió aún peor parado de la teoría de las crisis y de la teoría de la bancarrota. Sólo gentes de lo más miopes, y sólo durante un período muy breve, pudieron pensar, bajo el influjo de unos cuantos años de auge y pros­peridad industrial, en revisar las bases de la doctrina de Marx. La realidad se encargó de demostrar muy pronto a los revisionistas que las crisis no habían fenecido: tras la pros­peridad vino otra crisis. Cambiaron las formas, la sucesión y el cuadro de las distintas crisis, pero éstas seguían siendo parte inseparable e ineludible del régimen capitalista. Los cártels y los trusts reunían sus industrias y acentuaban a la vez, a la vista de todos, la anarquía de la producción, la inseguridad económica del proletariado y la opresión del capital, exacerbando así, en un grado nunca visto, las con­tradicciones de las clases. Los modernos trusts gigantescos han venido justamente a demostrar, de modo bien palpable y en proporciones muy extensas, que el capitalismo marcha hacia la bancarrota, tanto en el sentido de las crisis políticas y económicas aisladas como en el del completo hundi­miento de todo el régimen capitalista. La reciente crisis financiera de Norteamérica y la espantosa agravación del paro en toda Europa, sin hablar ya de la inminente crisis industrial, de la que ya despuntan no pocos síntomas, han hecho olvidar las últimas "teorías" de los revisionistas a todo el mundo, tal vez incluso a muchos de ellos mismos. Lo que no debe olvidarse son las enseñanzas que esta velei­dad de los intelectuales ha dado a la clase obrera.
En cuanto a la teoría del valor, baste decir que, aparte de alusiones y añoranzas muy vagas, por Bohm-Bawerk, los revisionistas no han aportado aquí absolutamente nada ni dejado, por tanto, ninguna huella en el desarrollo del pen­samiento científico.
En el campo de la política, el revisionismo intentó revi­sar lo que constituye realmente la base del marxismo, o sea, la teoría de la lucha de las clases. La libertad política, la democracia y el sufragio universal destruyen la base de la lucha de las clases —nos decían los revisionistas— y desmienten la vieja tesis del Manifiesto Comunista de que los obreros no tienen patria. Puesto que en la democracia impera la "voluntad de la mayoría", no debemos ver en el Estado, según ellos, el órgano de dominación de una clase ni negarnos a hacer alianzas con la burguesía progresista, socialreformista, contra los reaccionarios.
Es indiscutible que estas objeciones de los revisionistas formaban un sistema bastante ordenado de concepciones, a saber: las harto conocidas concepciones liberales de la burguesía. Los liberales han dicho siempre que el parla­mentarismo burgués suprime las clases y las diferencias entre ellas, ya que todos los ciudadanos sin excepción tienen derecho al voto y a la gestión pública. Toda la historia europea de la segunda mitad del siglo XIX, y toda la histo­ria de la revolución rusa a comienzos del siglo XX enseñan de manera palpable cuán absurdas son tales concepciones. Lejos de atenuarse, las diferencias económicas se acentúan y acrecientan con las libertades del capitalismo "democrá­tico". El parlamentarismo no suprime el fondo opresor de clase de las repúblicas burguesas más democráticas, sino que lo pone al desnudo. Ayudando a instruir y organizar a contingentes de la población incomparablemente más nu­tridos que los incorporados antes a la participación activa en los acontecimientos políticos, el parlamentarismo no da solución a las crisis ni a las revoluciones políticas; más bien exacerba al máximo la guerra civil durante estas re­voluciones. Los acontecimientos de París en la primavera de 1871 y los de Rusia en el invierno de 1905 mostraron con meridiana claridad cuán inevitable es dicho exacerbamiento. La burguesía francesa no vaciló un instante, para aplastar el movimiento proletario, en pactar con el enemigo de toda la nación, con las tropas extranjeras que habían devastado a su patria. Quien no comprenda la ineludible dialéctica interna del parlamentarismo y de la democracia burguesa, dialéctica que lleva a zanjar el litigio por la violencia masiva con más rudeza aún que en tiempos anteriores, jamás sabrá desplegar una propaganda y una agitación consecuentes, basadas en este parlamentarismo y ajustadas a los princi­pios, que preparen verdaderamente a las masas obreras para participar victoriosas en tales "litigios". La experiencia de las alianzas, de los convenios, de los bloques con el libera­lismo socialreformista en Europa Occidental y con el re- formismo liberal (demócratas constitucionalistas) en la revolución rusa, muestra de manera suasoria que estos con­venios no hacen sino ofuscar la conciencia de las masas, mermando el alcance real de su lucha, en vez de extenderlo, al unir a los que luchan con los elementos menos capaces de pelear, con los elementos más vacilantes y traidores. El millerándismo francés —la mayor experiencia de aplica­ción de la táctica política revisionista a gran escala, nacio­nal de verdad— nos ha ofrecido una muestra práctica de lo que vale el revisionismo, y el proletariado del mundo entero jamás la olvidará.
El complemento natural de las tendencias económicas y políticas del revisionismo era su actitud ante el objetivo final del movimiento socialista. "El fin no es nada; el mo­vimiento lo es todo"; esta frase proverbial de Bernstein expresa la esencia del revisionismo mejor que muchas y largas disertaciones. Determinar de cuando en cuando la conducta que se debe seguir, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamen­tales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo y sacrificar estos intereses cardinales por ventajas reales o supuestas del momento: ésa es la política revisionista. Y de su esencia misma se desprende con toda certidumbre que esta política puede adoptar formas infini­tamente diversas y que cada problema un tanto "nuevo", cada viraje un tanto inesperado e imprevisto de los aconte­cimientos —aunque este viraje sólo altere la línea funda­mental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto —, dará lugar siempre, ineluctablemente, a tal o cual variedad de revisionismo.
La irrevocabilidad del revisionismo se debe a su raigambre clasista en la sociedad contemporánea. El revisionismo es un fenómeno internacional. A ningún socialista algo enterado y habituado a pensar le puede caber la menor duda de que la relación entre ortodoxos y bernsteinianos en Alema­nia, entre guesdistas y jauresistas (ahora broussistas sobre todo) en Francia, entre la Federación Socialdemócrata y el Partido Laborista Independiente en Inglaterra, entre de Brouckére y Vandervelde en Bélgica, entre integralistas y reformistas en Italia y entre bolcheviques y mencheviques en Busia es, en el fondo, la misma en todas partes, pese a la gigantesca diversidad de condiciones nacionales y factores históricos en la situación actual de todos estos países. La "divisoria" que cruza el seno del socialismo inter­nacional contemporáneo hoy ya, en los di-versos países del mundo, es, en realidad, una misma línea, lo cual patentiza el inmenso paso adelante que se ha dado en comparación con lo que había hace treinta o cuarenta años, cuando en los diversos países pugnaban tendencias heterogéneas dentro de un socialismo internacional único. Ese "revisionismo de “izquierda" que se perfila hoy en los países latinos con el nombre de "sindicalismo revolucionario" se adapta asimismo al marxismo, "enmendándolo": Labriola en Italia y Lagardelle en Francia aducen a cada paso al Marx mal comprendido para apelar al Marx bien comprendido.
No podemos detenernos a examinar aquí el contenido ideológico de este revisionismo, que dista mucho de estar tan desarrollado como el revisionismo oportunista y que no se ha internacionalizado, que no ha reñido ni una sola batalla práctica importante con el partido socialista de ningún país. Por eso nos limitaremos a ese "revisionismo de derecha" que hemos esbozado antes.
¿En qué estriba la irrevocabilidad de este revisionismo en la sociedad capitalista? ¿Por qué es más profundo que las diferencias dimanantes de las particularidades naciona­les y del grado de desarrollo del capitalismo? Lo es porque, en todo país capitalista, existen siempre, al lado del pro­letariado, extensos sectores de pequeña burguesía, de peque­ños propietarios. El capitalismo nació y sigue naciendo sin cesar de la pequeña producción. El capitalismo vuelve a crear indefectiblemente toda una serie de "sectores medios" (apéndices de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres diseminados por todo el país, porque así lo exige la gran industria, por ejemplo, la de bicicletas y automó­viles, etc.). Estos nuevos pequeños productores se ven arro­jados también, de manera tan indefectible, a las filas del proletariado. Es completamente natural que la mentalidad pequeñoburguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez, en las filas de los grandes partidos obreros. Es completamente natural que deba suceder así, y así sucederá siempre hasta que se llegue a las peripecias de la revolución proletaria, pues sería un craso error creer que es necesaria la proletarización "completa" de la mayoría de los habitantes para que se pueda hacer esa revolución. Lo que hoy estamos experimentando, con frecuencia en mero plano ideológico —las impugnaciones de las enmiendas teóricas hechas a Marx—, y lo que hoy sólo se manifiesta en la práctica con motivo de ciertos problemas parciales, sueltos, del movi­miento obrero —como discrepancias tácticas con los revi­sionistas y escisiones relacionadas con ello—, lo tendrá que experimentar sin falta la clase obrera, en proporciones incomparablemente mayores, cuando la revolución proletaria exacerbe todos los problemas en litigio y concentre todas las discrepancias en los puntos de mayor importancia para determinar la conducta de las masas, obligando a separar en el fragor del combate a los enemigos de los amigos y a prescindir de los malos aliados para asestar golpes demoledores al enemigo.
La lucha ideológica que el marxismo revolucionario llevó contra el revisionismo a fines del siglo XIX no es más que el preludio de las grandes batallas revolucionarias del proletariado, que, pese a todas las vacilaciones y debilidades de la pequeña burguesía, avanza hacia el triunfo completo de su causa.



La Revolución Cubana y las Intervenciones del Imperialismo Norteamericano en la Década del Sesenta en América Latina

Jan Lust

EL EFECTO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA en los políticos y militares de los Estados Unidos fue, como en el caso de la izquierda revolucionaria latinoamericana, muy impactante y, posiblemente, el efecto fue más fuerte. La Revolución Cubana, como otras grandes revoluciones del siglo pasado, ayudó a que las fuerzas contrarrevolucionarias pudieran mejorar sus políticas e instrumentos de represión. En su ‘Discurso en la conmemoración del 30 de noviembre’ Che Guevara afirma: “Nuestra lucha victoriosa trajo dos consecuencias: el despertar de los pueblos de América que vieron que se podía hacer la revolución, que palparon cómo se podía hacer una revolución, cómo no estaban cerrados todos los caminos y cómo no era indispensable el mantenerse constantemente recibiendo los golpes de los explotadores, y cómo aquel camino podía ser no tan largo como pensaron algunos dirigentes de los partidos que están llevando la lucha tesoneramente contra las oligarquías y contra el imperialismo en cada país; y, al mismo tiempo abrimos los ojos del imperialismo. El imperialismo empezó a prepararse también para ahogar en sangre las nuevas Cuba que pudieran existir. Y antes de morir ya Kennedy había dicho que no admitiría nuevas Cuba en el continente, y lo han reiterado sus sucesores que, además son lobos de la misma camada, así que no habría por qué pensar que fueran a tener una filosofía diferente. Pero, además de reiterarlo, han demostrado sus intenciones de llevar a cabo esa acción, llevarla a cabo no solamente en América sino en todos los países del mundo en que se creara la lucha, desarrollara la lucha revolucionaria”.
  
        El factor sorpresa de un golpe en un lugar inesperado, bajo condiciones políticas imprevistas y con un método inesperado que fue elemental en la victoria de la Revolución Cubana, se había ido. Regis Debray, filósofo francés y en los años sesenta un declarado partidario de la lucha guerrillera, señaló en su ‘América Latina: problemas de estrategia revolucionaria’: “Cuba ha elevado el nivel de preparación material e ideológica de la reacción imperialista en menos tiempo que el de las vanguardias revolucionarias. Si hoy, y en menor plazo, el imperialismo ha extraído más ventajas de la Revolución Cubana que las fuerzas revolucionarias, esto no debe -mucho lo dudamos- a que posea una superior inteligencia. El imperialismo está en mejores condiciones de llevar a la práctica más rápidamente las enseñanzas que ha extraído de la Revolución Cubana, porque dispone de todos los medios materiales de la violencia organizada, más el influjo nervioso que le presta su instinto de conservación”.

En este artículo narramos algunos de los principales efectos que han tenido la Revolución Cubana sobre la política exterior de los Estados Unidos en relación con América Latina. La sección 1 está dedicada a la Alianza para el Progreso. En la sección 2 analizamos  la política contraguerrillera norteamericana y en la sección 3 discutimos las diferentes doctrinas norteamericanas que fueron elaborados en relación con la amenaza de “una segunda Cuba”. El artículo cierra con una reflexión sobre las intervenciones norteamericanas y la aceptación de eso por parte de los gobiernos latinoamericanos.

1. La Alianza para el Progreso

La política de los Estados Unidos dirigida a evitar “una segunda Cuba” tenía un lado socioeconómico y un lado militar. La política socioeconómica hacia América Latina se plasmó en el tratado Alianza para el Progreso. El componente militar se reflejó en la extensión de la ayuda militar, la creación de unidades de contraguerrilla e intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Ambas partes de la política latinoamericana de los Estados Unidos eran las dos caras de una misma moneda. En los años 1958-1961 la ayuda militar a América Latina aumentó de 48 a 91 millones de dólares.

        La Alianza para el Progreso fue firmado por todos los países de América Latina, excepto por Cuba, el 17 de agosto de 1961 en Punta del Este (Uruguay). Los siguientes objetivos de este tratado fueron identificados: el ingreso nacional per cápita tendría que aumentarse anualmente con 2.5%, la base económica debería ampliarse, los precios deberían estabilizarse, la economía tenía que industrializarse, la productividad en el sector agrícola debería incrementarse, la esperanza promedio de vida debería aumentar, viviendas de bajo costo tendrían que ser construidas, un mercado común latinoamericano debería crearse y las transferencias financieras deberían ser controladas. Con el fin de alcanzar estos objetivos, los Estados Unidos se obligaban a proveer en diez años un monto de 20 mil millones de dólares. Igualmente, los países de Europa Occidental y Japón se comprometieron de dar apoyo financiero. La “ayuda” fue por un 90% de préstamos.

        La Alianza para el Progreso fue, por supuesto, criticada por Cuba. En la ‘Segunda Declaración de La Habana’ se lee: “Los pueblos saben que en Punta del Este, los cancilleres que expulsaron a Cuba se reunieron para renunciar a la soberanía nacional; que allí el Gobierno de Estados Unidos fue a sentar las bases no solo para la agresión a Cuba, sino para intervenir en cualquier país de América contra el movimiento liberador de los pueblos; que Estados Unidos prepara a la América Latina un drama sangriento; que las oligarquías explotadoras, lo mismo que ahora renuncian al principio de la soberanía, no vacilarán en solicitar la intervención de las tropas yanquis contra sus propios pueblos, y que con ese fin la delegación norteamericana propuso un comité de vigilancia contra la subversión en la Junta Interamericana de Defensa, con facultades ejecutivas, y la adopción de medidas colectivas”.

        La Alianza para el Progreso fue un tratado que encajaba perfectamente en la estrategia global de los Estados Unidos porque no solamente trataba de eliminar las condiciones objetivas para la revolución y suprimir movimientos revolucionarios, sino también intentó mantener y profundizar la hegemonía norteamericana en América Latina ampliando su base política y extendiendo los mercados para sus productos. La Alianza para el Progreso se centró en el mantenimiento y la profundización del sistema capitalista a través de la modernización de la producción y la desaparición gradual de las relaciones de producción precapitalistas en el campo.

2. La política contraguerrillera norteamericana

La injerencia norteamericana en los asuntos internos de América Latina se amplió y fue más abierta después de la reunión en Punta del Este. En septiembre de 1961, se crearon los Boinas Verdes, unidades especiales de contraguerrilla del Ejército. Y en octubre de 1961 se inició en la Argentina, en la Escuela Superior de Guerra, las primeras capacitaciones en la guerra contrarrevolucionaria interamericana.

El 18 de enero de 1962, se creó el Grupo Especial de la Contrainsurgencia con la participación de, entre otros, el procurador general, el jefe de las Fuerzas Armadas, la CIA, el Departamento de Estado, el Ministerio de Defensa y el Asistente Especial del presidente para asuntos de seguridad nacional. El grupo tenía que asegurar que, frente a la guerra de guerrillas, el Ejército y las agencias norteamericanas que trabajaron en el extranjero como la Agencia para el Desarrollo Internacional, estarían equipados material y doctrinalmente. Además, debía coordinar entre las agencias gubernamentales y acelerar la implementación de las decisiones políticas en el campo de la contrainsurgencia, e iniciar y supervisar la investigación de nuevas ideas, doctrinas y técnicas para fines de contrainsurgencia. En el mismo año se fundó en Panamá la Academia Inter-americana de Policía, controlada por la CIA. Este “centro educativo” se ocupaba, principalmente, de la capacitación en la contrainsurgencia. La policía fue considerada como la primera línea de defensa contra los movimientos insurgentes.

Las actividades de contraguerrilla de los Estados Unidos se resumen en el Plan Latinoamericano Operación Seguridad. Consistía en cinco puntos:

1. El entrenamiento de tropas (oficiales, suboficiales y soldados de América Latina) en la lucha de contraguerrilla. Uno de estos centros de capacitación estuvo en Panamá y llegó a ser conocido como la Escuela de las Américas (SOA), con sede en Fort Gulick. En el 1961, se inició allí el primer curso de contrainsurgencia. Entre el 1961 y 1964, 16.343 militares latinoamericanos recibían capacitación en la SOA. Los cursos cubrían todos los aspectos de contrainsurgencia, desde temas militares, paramilitares y políticos hasta tópicos sociológicos y psicológicos. También se enseñaba cómo llevar a cabo operaciones en la selva. Había cursos de dos a cuarenta semanas.

2. La guerra psicológica.

3. La derrota militar de la guerrilla.

4. La derrota política de la guerrilla. Eso tenía que ver, por ejemplo, con la detección y el uso de las diferencias políticas e ideológicas dentro del movimiento guerrillero o sugerir en la propaganda que las derrotas sufridas por los guerrilleros fueron errores políticos de la organización combatiente.

5. Dar instrucciones para la llamada reintegración de las zonas subversivas. Un elemento esencial para eso era el despliegue de tropas para la Acción Cívica. Su objetivo era: (a) separar la población de las fuerzas armadas revolucionarias y (b) dar al ejército la dirección de una determinada área para la eliminación de cualquier desarrollo revolucionario.

En enero de 1962, Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americano (OEA). El Gobierno se había declarado marxista-leninista y eso era incompatible con los “propósitos y principios del Sistema Interamericano” decía una de las resoluciones adoptadas durante una reunión de consulta de los ministros de Relaciones Exteriores de los estados miembros de la OEA en Uruguay. También se decidió encargar al consejo de la OEA establecer un comité compuesto por expertos de diferentes países que a petición de cada estado miembro individual, tendría que dar consejos de cómo lidiar con las actividades subversivas y su preparación, por causa de la intervención de China y la antigua Unión Soviética que amenazan la paz y la seguridad nacional. Aunque desde marzo de 1960 los Estados Unidos estaban realizando diferentes intentos para derrocar el gobierno revolucionario de Cuba y con los cuales, entonces, rompieron con los “principios” de la OEA, no era, por supuesto, un punto de discusión o de crítica.

En marzo de 1963, los Estados Unidos tomaron una serie de medidas que deberían reducir la libertad de movimiento de los revolucionarios. En el Caribe, por ejemplo, se introducía un sistema de vigilancia y los países de América Central y el Caribe recibían recursos financieros para proteger su costa. En el caso de América Latina en conjunto, las operaciones de inteligencia fueron mejoradas con el objetivo de evitar salidas ilegales y dificultar la entrada al país por grupos u organizaciones con intenciones revolucionarias, etcétera. En una reunión de los primeros ministros de los países centroamericanos en abril de 1963 y en la cual también participó una delegación norteamericana, se decidió entre otros: “2. Recomendar a sus gobiernos, tomar medidas para impedir el movimiento clandestino de armas a los países del Istmo -países de América Central-, entre ellos instrucciones específicas aduaneras para intensificar la inspección de la mercancía entrante y saliente en los puertos, aeropuertos y fronteras para evitar el contrabando de armas, establecer medidas estrictas de seguridad y de responsabilidad con respecto a las armas y municiones que han sido proporcionadas a sus fuerzas armadas y las fuerzas del orden. 3. Recomendar a sus gobiernos la adopción y la implementación, lo antes posible, de medidas efectivas para prevenir actividades de carácter subversivo que pueden ser promovidas por la propaganda de Castro o agentes en cada uno de los países de América Central. 4. Recomendar a los gobiernos de Centroamérica y Panamá para establecer, tan pronto como sea posible, una organización en cada estado con el único propósito de contrarrestar la subversión comunista en el área de América Central y Panamá. Estas organizaciones serán los principales responsables de: a. Detectar, controlar y contrarrestar las acciones y los objetivos de los miembros, organizaciones, simpatizantes y colaboradores del partido comunista. b. Ayuda mutua y el intercambio de información sobre los movimientos de personas o grupos, propaganda, fondos y armas para fines subversivos comunistas”. En julio de 1964, los estados miembros de la OEA fueron ordenados a romper sus relaciones diplomáticas, comerciales y consulares con Cuba.


3. Los golpes contra gobiernos democráticos

En marzo de 1964, el presidente de Brasil João Goulart fue una de las primeras víctimas de la “nueva” política latinoamericana de los Estados Unidos. Igual como en 1954 con el presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, las propuestas del presidente brasilero para llevar a cabo una reforma agraria no fueron toleradas por Washington. El 31 de marzo, el general Humberto de Alencar Castello, apoyado por la CIA, perpetró un golpe de estado. El 4 de noviembre de 1964, el presidente reformista boliviano Víctor Paz Estensoro fue depuesto por el general René Barrientos.

        El ataque abierto del imperialismo a gobiernos que querían mejorar las condiciones de vida de sus pueblos que, para tales efectos, afectaban los intereses de los capitalistas estadounidenses, y el intento de Washington para aplastar el movimiento popular antiimperialista, se reflejaron en distintas doctrinas. En 1963, se formuló la llamada doctrina Kennedy. De acuerdo con el presidente de los Estados Unidos, “los estados americanos deben estar preparados para acudir en ayuda de cualquier gobierno que la pida para evitar una toma de poder más vinculada a la política del comunismo extranjero que a un deseo interno de cambio. Mi país está dispuesto a hacer esto. Nosotros en este hemisferio, también debemos utilizar cada recurso a nuestro alcance para impedir el establecimiento de otra Cuba en este hemisferio”. La doctrina Mann de 1964, que lleva el nombre del jefe del departamento de asuntos interamericanos en el Departamento del Estado, Thomas Mann, proporcionaba a los responsables políticos de la Casa Blanca una orientación política en cuanto a las condiciones reales y los acontecimientos concretos. Los regímenes dictatoriales deberían ser reconocidos cuando estos sustituyeron gobiernos “pro-comunistas” y, por lo tanto, defenderían los intereses norteamericanos. La doctrina continuó la política de reconocimiento y el aprecio de dictadores en tal medida, que la formalizó como parte de la política exterior oficial de los Estados Unidos. En 1953, el dictador peruano Manuel Odría recibió una alta condecoración militar norteamericana, la Legion of Merit, y en 1954 fue el turno del dictador venezolano Marcos Pérez. La doctrina Johnson de 1965 era un paso más allá de la doctrina que desarrolló Thomas Mann porque decía que los Estados Unidos tenían que prevenir efectivamente que se estableciera un régimen “comunista” en el Hemisferio Occidental.
La política externa de Washington llegó en 1965 a un nuevo clímax, después Guatemala de 1954. Finales de abril de 1965, los Estados Unidos decidieron invadir a la República Dominicana. Las propuestas económicas del presidente Juan Bosch perjudicaron los intereses estadounidenses.

El ataque a la República Dominicana puede ser visto como el sello de la obra imperialista de los Estados Unidos en esos años. Su intervención militar fue enmascarada por el apoyo que recibieron de casi todos los países de América Latina. Las decisiones adoptadas en enero de 1962 en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, parecieron haber sido solamente propaganda. En una de estas resoluciones se leía que los estados miembros de la OEA “reiteran su adhesión a los principios de autodeterminación y de no intervención, como los estándares guía de las relaciones entre las naciones americanas.

4. Palabras finales

El apoyo de la OEA a la intervención en la República Dominicana, mostró, como se lee en la ‘Segunda Declaración de La Habana’, que este organismo se había convertido realmente en “un ministerio de colonias yanquis, una alianza militar, un aparato de represión contra el movimiento de liberación de los pueblos latinoamericanos”. También dejó en claro que los gobiernos latinoamericanos predicaban la no intervención cuando los problemas en un país eran controversias entre facciones de la clase dominante. Sin embargo, si las estructuras de poder estaban en juego y la lucha de clases se intensificaba, nadie tenía problemas con una intervención.



El Pesimismo de
Juan Croniqueur
(Tercera Parte)
                                                    

                                                               Jorge Oshiro


NO ES TANTO EL PESIMISMO COMO fórmula lograda, como producto sintético que mueve a escribir al poeta que "la voz de Schopenhauer adoctrina", sino los pensamientos fundamentales del autor del «Mundo como Voluntad y Representación» que aquí en los poemas y en las cartas a Ruth se cristalizan implícitamente.

Para Schopenhauer la 'Voluntad de Vivir' es el fundamento de la existencia. Ella es la fuerza o potencia original, el primer motor que pone en movimiento todo lo existente, tanto en el mundo corporal como en el mundo del pensamiento. La Voluntad es libre pues no hay otra voluntad fuera de ella. La Voluntad es voluntad de vida y la reproducción (sexual) es su motor íntimo. El intelecto es su sirviente.

        ¿Cuál es la relación entre esta Voluntad (como totalidad) y la voluntad individual? El individuo obedece simplemente el impulso de su naturaleza, es decir él es meramente el ejecutor de la Voluntad.

El individuo no es libre pues él obedece las leyes naturales, que para el filósofo alemán no son otra cosa que la objetivización de la Voluntad.   Allí encontramos la raíz del mal existente en el mundo. La especie es todo, el individuo nada. Esto es la raíz de todo el dolor en el mundo. En una carta de Juan Croniqueur decía el poeta:

"El dolor de vivir invade los espíritus y despierta en ellos el deseo de buscar en la muerte la consolación ansiada".

Se aprecia que para Juan Croniqueur como para Schopenhauer el dolor toma un lugar central en la vida en general. La vida será definida por el dolor. Este tiene una dimensión ontológica. Lo positivo decía el alemán es el dolor; para el poeta peruano el dolor es la única verdad:

"¿Has sufrido Ruth? Entonces eres espíritu que ha sentido la vida. El dolor es la única verdad".

Y en otra carta a la misma Ruth dice el poeta:

"¿Por qué soy triste? ¿Quién sabe nunca el origen de estas cosas? Mi tristeza tiene vieja genealogía. Mi alma está de antiguo triste porque el dolor es la única verdad de la vida".

Es necesario acentuar que el dolor para el poeta no es un mero hecho o un estado de ánimo (él no se pregunta "¿Por qué estoy triste?, sino "¿Por qué soy triste?)   

"El dolor es purificador. En mí ha hiperestesiado todas mis aptitudes artísticas, todas mis sutilezas espirituales".

Para el poeta el dolor va aún más lejos en su significado. En cuanto que es purificador define al ‹hombre auténtico› frente al ‹vulgar›:

"Yo he sufrido y sufro probablemente más. Sufro un casi aislamiento, una absoluta soledad. Si fuera un pobre diablo no sufriría".

Por lo tanto el dolor constituye para el poeta el núcleo más íntimo de lo humano. Poner el dolor y el sufrimiento en el núcleo de lo humano es rechazar manifiestamente la definición del hombre como 'ser racional'. Este rechazo lo hace de Schopenhauer al caracterizar al intelecto como ‹sirviente› de la Voluntad. En este sentido también escribe el poeta peruano:

"Tengo la mala suerte de que mi corazón influya en mi vida definitivamente y que mi cerebro en cuanto a mi vida se refiere no influya en nada" (Subr.JO).

El 'corazón' es la expresión del dominio de la Voluntad sobre el Entendimiento del individuo y éste puede hacer poco o nada contra la voluntad, tal como lo expresa el autor de la carta a Ruth. Para el filósofo del pesimismo, la Voluntad es voluntad de la Naturaleza y que los individuos son solamente instrumentos de su impulso recreativo. La Naturaleza en su totalidad es libre, no así el individuo; de allí el radical pesimismo pues el hombre está condenado a la pasividad. El joven poeta asume esta tesis:

"Un cansancio muy grande e impreciso...Una abulia indolente que me veda luchar/ y que me sume en la estéril lasitud de soñar".

Y en la carta citada anteriormente:

"¡Oh si yo tuviera por lo menos voluntad! ­Si no fuera un abúlico! ­Si no sufriera esta abrumadora pereza!"

 Y allí donde termina el dolor y el sufrimiento, allí mismo comienza el aburrimiento. De tal manera que la vida es una única oscilación entre el dolor y el sufrimiento. El joven Mariátegui escribe en la carta del 2 de abril,

"me encontraba en el peor estado de ánimo que es posible imaginar. Tan aburrido que a pesar de mi obligación de hacerlo, no quise escribir nada para la edición de hoy".

Una semana después:

"El sábado tuve un día triste y aburrido".

Y al final de un soneto:

"Mi vida en este instante tiene un vulgar teorema:

a las seis de la tarde el landó y el cinema, a las siete el fastidio y a las ocho el cocktail".

Para Schopenhauer no le queda al hombre otra cosa que la negación de la voluntad:

"El ascetismo como una ruptura de principios con la Voluntad es el medio; el fin es el estado a donde llegaron los santos después de la completa extinción de la Voluntad y que lo llamaron éxtasis. En realidad este fin solamente puede ser descrito negativamente como lo hace el Budismo en la idea de Nirvana".

Ideas como éxtasis, imagen de la fuga de mundo son numerosas en los poemas de Juan Croniqueur. Así por ejemplo:

"Un neurótico amor...que me ha anestesiado, sin curar mi dolor" («Spleen»); "Tu amor es mi morfina...Y no quiero saber si me envenena/ esta morfina que al dormir mi pena/ nirvanizará mi melancolía" («Morfina»).

Schopenhauer propone dos salidas de escape a "la miseria infinita que es la vida", como decía Juan Croniqueur. Una de ellas es el camino estético, y sobre todo la música. El joven poeta peruano coincide también aquí con el filósofo alemán:

"Este arbitrario y triste peregrino,... quiere loaros,
          y deja su nirvana por cantaros, ....     
         Quiere que su canción tenga un divino 
         y milagroso don de simularos
         escalinata azul de arpegios claros-
         la matinal salutación de un trino" («Elogio»)

Y sobre todo el siguiente soneto:

"Tu piano es un anciano confidente,
          que guarda con amor en el arcano
          de un sonambulismo indiferente
          las voluptuosidades de tu mano.
          Yo he turbado su sueño penitente
          donde vive su ritmo soberano,
          y he escuchado religiosamente
          la sonora alma lírica del piano".

(«Elogio de tu clave»).



Sobre la Campaña Chapa tu Choro

Santiago Ibarra

SEGÚN LAS ENCUESTAS, la gran mayoría de personas percibe que el mayor problema del país es la inseguridad ciudadana. En parte, esta percepción de la ciudadanía nace de la realidad (del robo callejero y del robo a viviendas, especialmente), en parte del impacto que tiene sobre la población una estrategia política y mediática de dejar hacer y de exageración encaminada a exacerbar el miedo y el sentimiento de desprotección estatal en la población. Esto ha sido señalado por varios analistas.

En el Perú, luego de la derrota de los movimientos subversivos, infundir miedo en la población para que voten por ellos en las elecciones es una estrategia del fujimorismo en las diferentes contiendas electorales. Pero además ha sido y es una estrategia colectiva del sistema de partidos para desviar la atención pública de las políticas económicas antipopulares que se vienen implementando desde 1990.

Desde hace un tiempo atrás, al fantasma de la subversión se le ha sumado el peligro de la delincuencia, de la inseguridad ciudadana. Hace unas pocas semanas atrás la señora Cecilia García Rodríguez, fujimorista y empresaria huancaína, probable candidata al Congreso Nacional en las próximas elecciones generales, inició una campaña mediática llamada “Chapa tu choro Perú”, que luego ha sido llamada también como “Chapa tu choro y déjalo paralítico”, “Chapa tu choro y masácralo” o “Chapa tu choro y déjalo parapléjico”. De ahí en adelante hemos tenido en el país diferentes acciones espontáneas encaminadas a atrapar e incluso a linchar y asesinar a los “choros”, como ha sucedido recientemente en la ciudad de Trujillo, donde un adolescente de 17 años de edad ha sido baleado después de que robara un celular.

Vamos a diferenciar entre la campaña propiamente dicha y las acciones espontáneas de la población que, indignada, desde tiempos lejanos atrapa al ladrón para escarmentarlo públicamente. Este es otro aspecto del problema que no va a ser objeto de análisis en el presente artículo, sólo diremos que la campaña Chapa tu choro se monta en parte en estas prácticas populares, y de otro lado, diremos también que la gente lleva adelante esas prácticas porque el Estado no actúa, no está presente, e incluso la población siente una profunda desconfianza en sus instituciones (Policía Nacional, Poder Judicial y Fiscalía), porque son ineficientes e impera corrupción.   

Debe llamar la atención que en el debate público los medios de comunicación y una parte de los partidos políticos de derecha separan absolutamente el problema de la delincuencia de las condiciones económico-sociales de existencia. Se soslaya que históricamente en países socialistas, como Cuba, y en países capitalistas donde ha podido desarrollarse el Estado de bienestar y por tanto donde a la unilateral lógica del capital se le ha impuesto ciertos límites, como en Francia, la conducta delictiva no ha podido desarrollarse.

Así, este modo de enfocar la conducta delictiva permite mantener a la población concentrada en su seguridad, haciéndole olvidar problemas como la reducción de la tasa de crecimiento económico del Perú, la falta de empleo, la falta de ingresos para cubrir una canasta básica familiar, la calidad de la educación que reciben nuestros hijos en las escuelas públicas o las paupérrimas rentas de jubilación. Ni qué decir de la atención que se le presta a problemas como la siempre postergada industrialización y la dependencia del país respecto a la exportación de minerales.       

Los analistas pueden aducir que la conducta delictiva es absolutamente disfuncional para la “buena sociedad” y que por eso debe recibir un tratamiento basado básicamente en el enfoque de seguridad. Muy bien. No hay que estar especialmente dotado para entender que la conducta delictiva es perjudicial para la sociedad. Pero también es absolutamente disfuncional el hambre, la desnutrición, la deficiente educación que se recibe en las escuelas públicas. Ya Marx advertía a mediados del siglo XIX y como él otros destacados pensadores, que la acumulación de capital traía consigo necesariamente empobrecimiento material y empobrecimiento espiritual. La historia ha corroborado largamente esta afirmación. Pero frente a estos problemas que también son disfuncionales y que son caldo de cultivo para la aparición de la conducta delictiva nuestros analistas no dicen absolutamente nada.

Porque admitir la relación entre la conducta delictiva y las condiciones económico-sociales de existencia sería admitir la necesidad de ir más allá del capitalismo. Nada más lejos de los fines que persiguen los que buscan exacerbar el miedo en la población. Sus objetivos son mucho más pedestres: que la población vote por el fujimorismo, que no ponga atención a sus problemas económicos, que pida seguridad. Precisamente cada vez más figuras políticas se pronuncian a favor de que los militares salgan a las calles a controlar la seguridad.  

Hay que estar muy conscientes de que esta movilización irresponsable y maquiavélica del miedo, de las pasiones, construye un marco ideal para el surgimiento de movimientos verdaderamente desquiciados de “limpieza social”, como acertadamente ya ha señalado un articulista en un medio escrito. No es que este fenómeno vaya a producirse en el corto plazo, pero lo cierto es que la campaña Chapa tu choro podría engarzar perfectamente con un movimiento más amplio de esa naturaleza. El asesinato del adolescente de 17 años de edad en la ciudad de Trujillo y el hecho de que según las encuestas hasta el 22% de la población de más bajos recursos estaría dispuesta a linchar al que delinque hasta matarlo debe recordárnoslo. 
       En resumen, la campaña Chapa tu choro es una campaña reaccionaria porque busca movilizar el miedo y el sentimiento de desprotección de la población para hacerla votar por candidatos de derecha, los cuales se presentan como los guardianes y salvadores de la gente. Además, esa campaña busca excluir de la agenda política el tratamiento de las cuestiones económicas y sociales que afectan la vida de los peruanos. Lo cierto es que esas campañas no van a dar solución al problema, y que, al contrario, lo que se debe hacer es  impulsar otras salidas, con la participación de los movimientos y las organizaciones sociales, en las distintas zonas de Lima y el resto del país, como la ejecución de programas integrales de tratamiento de la conducta delictiva.

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