miércoles, 7 de octubre de 2015

EDICIÓN EXTRAORDINARIA 87 ANIVERSARIO DEL PSP


Nota:

El 87 Aniversario del PSP es una circunstancia propicia para un estimulante intercambio de ideas, para un acto celebratorio común, para el encuentro de los continuadores de Mariátegui en la acción conjunta por la Reconstitución.

En celebración de este nuevo Aniversario del PSP, publicamos varios trabajos de nuestro compañero Eduardo Ibarra y una compilación de citas de José Carlos Mariátegui sobre el PSP.

El primer trabajo es inédito; los restantes no. El  conjunto da una idea de la justa lucha que ha llevado adelante nuestro compañero contra el liquidacionismo de derecha.

El desenmascaramiento de esa forma específica de revisionismo ha permitido profundizar nuestra comprensión del PSP y perfilar mejor una teoría del partido de masas como una de las formas posibles del partido de clase.

Estos hechos pueden servir y deben servir para la necesaria concentración de los continuadores de Mariátegui en el esfuerzo por la Reconstitución y la unidad revolucionaria del pueblo peruano. 

En ese sentido, tenemos plena seguridad de que la presente literatura estimulará la reflexión y la toma de posición de los agonistas conscientes del Socialismo Peruano.

07.10.2015.
 

COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI.



¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

 

 
En el 87 Aniversario de la Fundación del PSP

 

Eduardo Ibarra
 

I
 

DESLINDANDO CON HAYA, LOS FUNDADORES, con Mariátegui a la cabeza, señalaron en la carta colectiva de abril de 1928: “Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación [a la formación del Apra], constituimos de hecho -y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas…” (1).

 
Como se ve, medio año antes de la Reunión de Barranco, los fundadores señalaron que constituían “de hecho” “un grupo o Partido Socialista”, no obstante que entonces no estaban “formalmente” constituidos como una u otra cosa.

Esa distinción entre lo factual y lo formal, esa preeminencia que los fundadores le daban a la realidad esencial sobre la realidad fenoménica, es especialmente importante para entender el significado histórico de la Reunión del 7 de octubre de 1928.

En efecto, formalmente, la Reunión de Barranco constituyó el “grupo organizador del Partido”. Esto es indiscutible. Sin embargo, dado el curso seguido por el proceso de Constitución, dicha Reunión aparece de hecho como la Reunión Fundacional del PSP. Esto también es indiscutible.
 

II

José Carlos Mariátegui fue un dirigente marxista-leninista.

Efectivamente, al proponer, en su proyecto de programa, el marxismo-leninismo como la base de unidad ideológica del PSP, puso en claro su personal filiación doctrinal.

Sin embargo, el grupo liquidacionista que encabeza Ramón García niega el marxismo-leninismo de Mariátegui (2).

El Partido Socialista del Perú fue un partido marxista-leninista: la Reunión de Barranco aprobó, en primera instancia, la base de unidad propuesta por Mariátegui y, en 1929, al acordar el programa del Partido, el Comité Ejecutivo la ratificó definitivamente.

No obstante, el grupo liquidacionista niega la filiación marxista-leninista del PSP (3).

Por su filiación, el PSP fue un partido doctrinaria y orgánicamente homogéneo.

Pero el grupo liquidacionista pretende vender la idea de que el PSP fue un partido con dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles, es decir, un partido doctrinaria y orgánicamente heterogéneo (4).

En pocas palabras, el PSP fue un partido de clase.

Empero, con su falacia de que fue un partido doctrinariamente variopinto, el grupo liquidacionista le niega dicho carácter.

En suma, los liquidadores falsifican la filiación doctrinal de Mariátegui y la verdad histórica del PSP, porque creen que así pueden pasar su proyecto de “una organización de proyección nacional” con todo tipo de oportunismo y revisionismo.

De esa forma utilizan a Mariátegui y al PSP como coartada. Pero, claro está, a un Mariátegui y a un PSP previamente falsificados.

De esa forma han renunciado a la Reconstitución. 

III

Los documentos que prueban la filiación marxista-leninista de Mariátegui y la homogeneidad doctrinal y orgánica del PSP son tan incontestables, que su negación por parte del grupo liquidacionista no puede atribuirse a incapacidad intelectual, sino a una actitud premeditada de sus dirigentes de falsificar la verdad histórica.

Como es obvio, esa actitud revela una absoluta deshonestidad y expresa descomposición ideológica y moral (5).

IV

En el 87 Aniversario de la Fundación del Partido Socialista del Perú, nos ratificamos en la defensa intransigente de la Creación Heroica de Mariátegui, y,  con énfasis particular, en la defensa de la filiación marxista-leninista de Mariátegui y de la verdad doctrinal y orgánica del PSP.

        Igualmente, nos ratificamos en la necesidad de desarrollar la Creación Heroica de Mariátegui y especialmente la teoría del partido del proletariado peruano.

V

Lenin escribió: “Si aún se pueden tolerar unas suelas delgadas y endebles cuando se tiene que caminar por las calles urbanizadas de una pequeña ciudad de provincias, cuando hay que subir a una montaña son imprescindibles unas suelas gruesas y bien herradas” (La bancarrota de la II Internacional, ibídem, p.267).

        Defender y desarrollar la Creación Heroica de Mariátegui; defender el partido de clase; llevar hasta el fin la Reconstitución; construir el frente unido del pueblo peruano; es subir a una montaña.   

        Así, pues, en el contexto de la crisis del capitalismo mundial y de la agudización de la lucha de clases tanto a escala nacional como internacional, los continuadores conscientes de Mariátegui escalamos la alta montaña que es construir los instrumentos materiales de la revolución.

        Desde luego, el trayecto no es recto ni fácil; por el contrario, es tortuoso y difícil.

        Pero, de todos modos escalamos… 

De suyo se comprende que subir a una montaña tan magna no es ni puede ser tarea exclusiva del Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui ni de ningún otro organismo por separado.

Por eso, si no ahora, mañana o pasado mañana, los agonistas del Socialismo Peruano nos encontraremos en el camino.

Entonces, y solo entonces, será posible coronar la construcción de los instrumentos materiales de la revolución.

Y cuando hayamos logrado eso, podremos exclamar: ¡HEMOS ALCANZADO LA CIMA DE LA MONTAÑA!

Notas

[1] Martínez, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.301. Cursivas nuestras. Es menester señalar que la carta colectiva fue redactada por Mariátegui.

[2] De esa forma los liquidadores se suman, con verdadera desvergüenza, al coro de quienes niegan la conocida filiación doctrinal del maestro.

[3] Es indiscutible, por lo tanto, que los liquidadores se oponen a lo fundamental de la parte doctrinal del programa del PSP: la adhesión al marxismo-leninismo.

[4] Esa falacia, en realidad, es de Julio Portocarrero y Hugo Pesce. Lo que hace García es repetirla servilmente, lo que demuestra que ni siquiera tiene el mérito de la originalidad.

[5] Esa descomposición será motivo de tratamiento específico en otro lugar.   
 

07.10.2015.
 

 

Mariátegui Sobre el PSP*


(Compilación de Citas)

 

. “Se constituye el Comité [de Propaganda y Organización Socialistas] con la adhesión de Del Barzo y algunos obreros próximos a él y de los dos grupos de estudiantes… que han tomado parte hasta entonces en la agitación obrera. El grupo tiende a asimilarse a todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo, sin exceptuar aquellos que provienen del radicalismo gonzáles-pradista y se conservan fuera de los partidos políticos. Una parte de los elementos que lo componen, dirigida por Luis Ulloa, se propone la inmediata transformación del grupo en partido; la otra parte, en la que se cuentan precisamente los iniciadores de su fundación, sostienen que debe ser mantenido como Comité de Propaganda y Organización Socialistas, mientras su presencia  no tenga arraigo en las masas. El período no es propicio para la organización socialista; algunos de los elementos del comité redactan un periódico: ‘Germinal’, que adhiere al movimiento leguiísta; Mariátegui, Falcón y sus compañeros se separan, finalmente, del grupo que acuerda su aparición como partido el 1º de Mayo de 1919” (Ideología y política, p.99).

 

. “Mariátegui regresa en este tiempo [1923] de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase” (Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, en Ideología y política, p.100).

 

. “Todos los elementos responsables y autorizados de nuestra tendencia ideológica, están con nosotros, en el trabajo de dar vida a una agrupación definida, realista, de masas” (carta de J.C. Mariátegui a Moisés Arroyo Posadas del 30 de julio de 1929, en Correspondencia, Empresa Editora Amauta, Lima, 1984, t.II, p.611).

 

. “… no cejaré en el empeño de dar vida a un partido de masas y de ideas, el primer gran partido de masas y de ideas de toda nuestra historia republicana” (carta de J.C. Mariátegui a César Vallejo del 14 de octubre de 1929, en Anuario Mariateguiano, Nº1, EEA, Lima, 1989, p.146).

 

. “Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, constituimos de hecho -y organizaremos formalmente- un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas” (carta colectiva, escrita en abril de 1929 y fechada el 10 de julio del mismo año, en Martínez, Apuntes para una Interpretación Marxista de Historia Social del Perú, t.II, p. 301.

 

. “3º- La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas” (Martínez, Apuntes, t.II, p. 398).

 

.  “El P.S. es un partido de clase y por consiguiente repudia toda tendencia que signifique fusión con las fuerzas u organismos políticos de las otras clases” (moción aprobada por el C.C. en la Reunión del 4 de marzo de 1930, ibídem, pp.511-512).

 

. “El capitalismo se encuentra en su estadio imperialista. Es el capitalismo de los monopolios, del capital financiero, de las guerras imperialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias brutas. La praxis del socialismo marxista en este período es la del marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (Ideología y Política, p.160).

 

. “Dígale a Seoane que no he sabido nunca si recibió la carta que hace varios meses le dirigí acompañándole copia de los puntos aprobados del programa del P.S.” (carta del 10 de marzo de 1930 a José Malanca, en Correspondencia, t.II, p.738.).

 

. “El socialismo no puede ser actuado sino por un partido de clase; no puede ser sino el resultado de una teoría y una práctica socialistas” (Temas de Nuestra América, p. 69)

 

*La presente compilación, posiblemente incompleta, sirve, de todos modos, para demostrar que el proyecto de partido de Mariátegui fue el de un partido de clase bajo la forma de partido de masas. (Nota del Comité de Redacción).

 
 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!
 

 

El Partido de Masas y de Ideas de José Carlos Mariátegui
 

E.I.
 

I

EN CARTA A MOISÉS ARROYO POSADAS del 30 de julio de 1929, José Carlos Mariátegui escribió: “Todos los elementos responsables y autorizados de nuestra tendencia ideológica, están con nosotros, en el trabajo de dar vida a una agrupación definida, realista, de masas” (1). Y en carta a César Vallejo del 14 de octubre del mismo año, agregó sobre su proyecto de partido: “… no cejaré en el empeño de dar vida a un partido de masas y de ideas, el primer gran partido de masas y de ideas de toda nuestra historia republicana” (2).

Este proyecto de un partido de masas y de ideas, notablemente avanzado en lo ideológico-teórico y no consumado en lo político-orgánico por causas externas a Mariátegui, puede observarse en los cuatro aspectos del contenido del Partido Socialista del Perú.

1. En lo ideológico. Como se sabe, José Carlos Mariátegui fundamentó la línea ideológica del PSP. Así, en el artículo Henri de Man y la “Crisis Del marxismo”, originalmente publicado en Variedades el 7 de julio de 1928, sostuvo: “Lenin aparece, incontestablemente, en nuestra época como el restaurador más enérgico y fecundo del pensamiento marxista, cualesquiera que sean las dudas que a este respecto desgarren al desilusionado autor de Más allá del Marxismo. La revolución rusa constituye, acéptenlo o no los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporáneo. Es en ese acontecimiento, cuyo alcance histórico no se puede aún medir, donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista” (3).

En el artículo La filosofía moderna y el marxismo, originalmente publicado en la misma revista el 22 de setiembre de 1928, escribió: “Con lenguaje bíblico el poeta Paul Valery expresaba así en 1919 una línea genealógica: ‘Y éste fue Kant que engendró a Hegel, el cual engendró a Marx, el cual engendró a…’ Aunque la revolución rusa estaba ya en acto, era todavía muy temprano para no contentarse prudentemente con estos puntos suspensivos, al llegar a la descendencia de Marx. Pero en 1925, C. Achelin los reemplazó por el nombre de Lenin. Y es probable que el propio Paul Valery, no encontrase entonces demasiado atrevido ese modo de completar su pensamiento”. “El materialismo histórico reconoce en su origen tres fuentes: la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. Este es, precisamente, el concepto de Lenin. Conforme a él, Kant y Hegel anteceden y originan a Marx primero y a Lenin después -agregamos nosotros- de la misma manera que el capitalismo antecede y origina al socialismo” (4).

En octubre de 1928, dejó programáticamente sentado: “El capitalismo se encuentra en su estadio imperialista. Es el capitalismo de los monopolios, del capital financiero, de las guerras imperialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias brutas. La praxis del socialismo marxista en este período es la del marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (5).

En el artículo Emmanuel Berl y el proceso de la literatura francesa contemporánea, originalmente publicado en Variedades el 22 de mayo de 1929, ratificó su adhesión al marxismo-leninismo: “Lenin nos prueba, en la política práctica, con el testimonio irrecusable de una revolución, que el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx” (6).

Pues bien, esta adhesión al marxismo-leninismo se concretó en lucha contra el revisionismo, como lo testimonian, por ejemplo, el libro Defensa del Marxismo y el Programa del Partido (7).

2. En lo teórico. Como se sabe, José Carlos Mariátegui fundamentó la línea teórica del PSP. En julio de 1925, llamó a aplicar “un método científico al examen de los problemas peruanos” (8). Y, en carta a la redacción del Boletín de la UPGP, enero 1927, ya sin recurrir al lenguaje esópico, renovó su llamado: “Hace año y medio propuse la organización de una especie de seminario de estudios económicos y sociológicos, que se proponga en primer término la aplicación del método marxista al conocimiento y definición de los problemas del Perú. Hoy renuevo mi propósito” (9).

Pero, ya en julio de 1925, había puntualizado “Que hay que empezar por estudiar y definir la realidad peruana. Y que hay que buscar la realidad profunda: no la realidad superficial” (10). Y que de lo que se trata no es de obtener “interesantes y variados retazos de la realidad nacional”, sino de construir “un cuadro de la realidad entera” (11), es decir, una teoría de la realidad y la revolución peruanas.

Precisamente lo central del pensamiento de Mariátegui es:

a) el método de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución peruana;

b) una teoría de la cuestión nacional;

c) una teoría del desarrollo del capitalismo en condiciones de semicolonialidad y semifeudalidad;

d) una teoría de la relación del Perú con la civilización occidental;

e) una teoría de la relación de lo indígena originario con la civilización occidental en el marco de nuestra realidad concreta;

f) una teoría sobre la proyección histórica de la comunidad campesina;

g) una concepción del Partido Socialista del Perú;

h) una estrategia revolucionaria de masas;

i) una teoría del carácter de la revolución peruana;

j) una teoría del proceso de la revolución proletaria mundial (12).

3. En lo político. Como se sabe, José Carlos Mariátegui fundamentó la línea política del PSP. En el estrecho marco del presente escrito, sin embargo, no podemos sino señalar algunos de los elementos más importantes de la misma.

Tempranamente, en 1920, el maestro observó: “En virtud de una orden del día de Serrati, el partido declaró su adhesión a la Internacional de Moscú y, en consideración al programa de Génova superado por los acontecimientos y por las condiciones internacionales creadas por la guerra, introdujo en él varias reformas. Conforme a estas reformas, el partido conceptúa que los instrumentos de dominación del estado burgués no pueden en ninguna forma transformarse en órganos de liberación del proletariado. Que a ellos deben ser opuestos nuevos órganos proletarios -consejos de obreros, de campesinos, etc.-, que, funcionando por ahora bajo la dominación burguesa como instrumentos de lucha, serán mañana los órganos de transformación social y económica del orden de cosas comunista. Que el régimen transitorio de la dictadura del proletariado debe marcar el paso del poder de la burguesía a los trabajadores” (13). 

En 1921, anotó: “Turati y su fracción observan que dos son las concepciones socialistas de la actualidad, basadas naturalmente en una diversa apreciación del instante histórico. La primera es la concepción maximalista de que frente a la crisis burguesa, la acción socialista debe ser exclusivamente insurreccional y revolucionaria. Y la segunda es la concepción evolucionista de que la acción socialista debe ser constructiva y no debe despreocuparse de los problemas de la crisis sino, más bien, trabajar porque aboquen a soluciones socialistas o semisocialistas. En suma, que el socialismo debe preparar dentro de la sociedad actual las bases de la sociedad futura” (14).

En 1925, escribió: “Una revolución no puede ser predicha a plazo fijo. Sobre todo, una revolución no es un golpe de mano. Es una obra multitudinaria. Es una obra de la historia. Los comunistas lo saben bien. Su teoría y su  praxis se han formado en la escuela y en la experiencia del materialismo histórico. No es probable, por ende, que se alimenten de ilusiones” (15).

También en 1925, observó: “Los hechos se encargaron de demostrar a los radicales chilenos que los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria” (16).

En 1928, sostuvo: “la praxis marxista… propone precisamente la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza” (17).

En 1929, apuntó: “… una revolución continúa la tradición de un pueblo, en el sentido de que es una energía creadora de cosas e ideas que incorpora definitivamente en esa tradición enriqueciéndola y acrecentándola. Pero la revolución trae siempre un orden nuevo, que habría sido imposible ayer. La revolución se hace con materiales históricos; pero, como diseño y como función, corresponde a necesidades y propósitos nuevos” (18).

En 1930, mantuvo: “Cuando la revuelta aspiró a transformarse en una revolución, se sintió impotente por falta de fusiles, de programa y de doctrina” (19).

Así, pues, en el pensamiento de José Carlos Mariátegui:

a) la conquista del poder político es la premisa de la economía socialista;

b) la estrategia revolucionaria implica el partido de clase bajo la forma de partido de masas, el frente unido del pueblo y el ejército revolucionario;

c) la concreción de estos instrumentos de lucha constituye una obra multitudinaria;

d) la revolución continúa la tradición del pueblo, pero responde a algo nuevo: el socialismo.

4. En lo orgánico. Como se sabe, José Carlos Mariátegui fundamentó la línea organizativa del PSP. Así, en setiembre de 1928, señaló que la revolución rusa “ha producido un tipo de hombre pensante y operante” (20). De esta forma precisó el tipo de militante que requiere el Partido.

En octubre del mismo año, escribió: “La organización de los obreros y campesinos con carácter netamente clasista constituye el objeto de nuestro esfuerzo y nuestra propaganda, y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional” (21).

Esta concepción de la composición social del Partido era nueva en el movimiento comunista internacional, y constituye uno de los dos aspectos de la concepción mariateguiana del partido de clase bajo la forma de partido de masas.

En el mismo mes, agregó el maestro: “De acuerdo a las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas” (22).

Este es el otro aspecto de la concepción mariateguiana del partido de clase bajo la forma de partido de masas.

En conclusión, en el pensamiento de Mariátegui el concepto de partido de masas quiere decir partido de clase bajo la forma de partido de masas; y, el concepto de partido de ideas, quiere decir partido adherido a la verdad universal del marxismo-leninismo y dotado de una teoría de la realidad y la revolución propias y de una teoría del proceso de la revolución mundial.   

José Carlos Mariátegui propuso el nombre de Socialista para el Partido, en primer lugar, porque en el Perú de su tiempo no se había producido aún la degeneración reformista del socialismo, como ya había ocurrido en Europa y en algunos países de América Latina, y, por esto, aquel nombre no designaba una posición oportunista, y, en segundo lugar, porque el mismo facilitaba la fundación pública, legal, de la organización política del proletariado. En otras palabras, el maestro entendió que el nombre de Socialista obraba exactamente como el nombre de Comunista. Prueba de ello es que estableció el marxismo-leninismo como la base de unidad del Partido y acordó la moción de su afiliación a la Internacional Comunista (23).

De los cuatro acuerdos tomados por la Reunión de la Herradura, realizada el 16 de setiembre de 1928, uno de ellos decía: “3º- El Comité Ejecutivo del Partido Socialista estará formado por la ‘célula secreta de los siete’” (24).

La mención de esta célula ha suscitado, a lo largo del tiempo, distintas interpretaciones, como por ejemplo la que quiere ver en ella un compartimiento especial permanente, encargado de mantener los principios marxistas en el seno de un partido con una militancia ideológicamente heterogénea. Esta interpretación es incorrecta. La “célula secreta de los siete” se explica por el hecho de que las circunstancias obligaron en un principio a sostener la estabilidad del proyecto mariateguiano en el grupo de elementos entre los cuales se habían forjado especiales lazos de recíproca confianza (25).

Por eso, para la Reunión de la Herradura, “Fueron escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento, una buena dirección al Partido que se trataba de fundar” (26). Y no hay razones para dudar de la veracidad de estas palabras.

Así, pues, la “célula secreta de los siete” tuvo como finalidad asegurar el éxito del proyecto mariateguiano, consistente en construir un partido de clase bajo la forma de partido de masas, es decir, un partido doctrinariamente homogéneo (27).

Por eso, en la reunión del 7 de octubre de 1928, conocida como la Reunión de Barranco, José Carlos Mariátegui fue nombrado Secretario General; Julio Portocarrero Secretario Sindical; Ricardo Martínez Secretario de Propaganda; Bernardo Regman Tesorero; y Avelino Navarro y César Hinojosa fueron agregados a la Secretaría Sindical (28).

En consecuencia, no es admisible la idea según la cual Mariátegui planteó un compartimiento especial, secreto, de carácter permanente, que debía reproducirse en todas las instancias orgánicas, es decir, prácticamente como un partido secreto dentro de un partido legal.

Una idea así está en absoluta contradicción con la literatura de Mariátegui sobre el partido; con su posición adversa a la fundación de un partido con “todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo” (29); con su proyecto de un partido ideológicamente definido, teóricamente realista y políticamente de masas; o sea, con el carácter marxista-leninista del Partido Socialista del Perú.

El Partido de Mariátegui fue, pues, un partido doctrinariamente homogéneo.

Por eso, en la polémica con Haya, el maestro anticipó: “Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, constituimos de hecho -y organizaremos formalmente- un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas” (30).

Por eso la Reunión de Barranco aprobó la moción, redactada por Mariátegui, en la que, entre otras cosas, se sostiene: “3º- La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas” (31).

A solicitud de esta reunión, en la cual, además de “los siete”, participaron dos nuevos elementos, Luciano Castillo y Chávez León, José Carlos Mariátegui redactó el Programa del Partido, en el cual, en consuno con los demás fundadores, estableció el marxismo-leninismo como la base de su unidad.

El Partido de Mariátegui fue, pues, un partido doctrinariamente homogéneo.

Pero, la discusión habida en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana entre la delegación peruana y el resto de delegaciones a propósito del Partido Socialista del Perú, dio lugar a la leyenda de dos compartimientos en el proyecto mariateguiano. Como es de conocimiento general, dicha discusión comprendió un amplio círculo de problemas: oportunidad de la fundación del partido, su nombre, su doctrina, su composición social, su programa, su ligazón con las masas y su estatus. Veamos cada una de estas cuestiones.

En cuanto a la oportunidad de la fundación, Mariátegui señaló: “Se constituye el Comité [de Propaganda y Organización Socialistas] con la adhesión de Del Barzo y algunos obreros próximos a él y de los dos grupos de estudiantes… que han tomado parte hasta entonces en la agitación obrera. El grupo tiende a asimilarse a todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo, sin exceptuar aquellos que provienen del radicalismo gonzáles-pradista y se conservan fuera de los partidos políticos. Una parte de los elementos que lo componen, dirigida por Luis Ulloa, se propone la inmediata transformación del grupo en partido; la otra parte, en la que se cuentan precisamente los iniciadores de su fundación, sostienen que debe ser mantenido como Comité de Propaganda y Organización Socialistas, mientras su presencia  no tenga arraigo en las masas. El período no es propicio para la organización socialista; algunos de los elementos del comité redactan un periódico: ‘Germinal’, que adhiere al movimiento leguiísta; Mariátegui, Falcón y sus compañeros se separan, finalmente, del grupo que acuerda su aparición como partido el 1º de Mayo de 1919” (32).

Por su parte, Portocarrero, uno de los dos delegados peruanos a la Conferencia, afirmó: “Sabemos que con su constitución [del Partido] corremos riesgo, pero ello es un proceso largo, que tiene su historia, que ya ha venido elaborándose” (33).

A su turno, el delegado estadounidense, Simons, dijo que “Un Partido Comunista se constituye sobre la base del programa de la Internacional Comunista y con los elementos que están de acuerdo con este programa, aunque agrupe solamente una parte del proletariado. Es un error considerar que no se puede formar el Partido porque no todo el proletariado adherirá al mismo” (34).

En cuanto al nombre, Mariátegui señaló que “En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva su grandeza” (35). 

Pero Portocarrero afirmó: “Dejo constancia, compañeros, que el partido socialista es solamente una táctica” (36). “Queremos constituir el partido socialista para polarizar una serie de elementos que pueden actuar entre las masas” (37).

Y el delegado de la Internacional Comunista, Luis, dijo que “Nuestros camaradas deben esforzarse por modificar sus planes concernientes a la creación de un Partido Socialista” (38).

En cuanto a la doctrina, Mariátegui señaló: “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (39).

Pero Portocarrero sostuvo: “¿El Partido Socialista es la expresión de nuestro pensamiento, de nuestra línea? El partido socialista lo hemos constituido como táctica, como medida de ligazón con las masas. No venimos a decir que el partido socialista es la expresión profunda de los que luchamos por los intereses del proletariado” (40).

Y el delegado argentino, Codovilla, dijo: “En un principio, los compañeros sostenían que el partido socialista no sería bolchevique, que tendría programa máximo y mínimo, y que sería un partido amplio, justamente para impedir que los reformistas tomaran la iniciativa de su creación y pudieran hacer de él un partido de oposición burguesa”. “Ellos quieren impregnarlo de la ideología marxista” (41).

En cuanto a la composición social, Mariátegui señaló: “1º- La organización de los obreros y campesinos, con carácter netamente clasista, constituye el objeto de nuestro esfuerzo  y nuestra propaganda y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional” (42).

Pero Portocarrero declaró: “… hemos creído conveniente constituir un partido socialista que abarque la gran masa del artesanado, campesinado pobre, obreros agrícolas, proletariado y algunos intelectuales honestos” (43).

Y, el delegado Luis dijo que “El proletariado debe tener un partido, pero no un partido compuesto de tres clases” (44).

En cuanto al programa, Mariátegui señaló que éste “… debe ser una declaración doctrinal” y, después de fundamentar sus principios doctrinarios y de establecer las Reivindicaciones Inmediatas, agregó que “Los grupos estrechamente ligados que se dirigen hoy al pueblo, por medio de este manifiesto, asumen resueltamente, con la conciencia de un deber y una responsabilidad histórica, la misión de defender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organización, a costa de cualquier sacrificio. Y las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo” (45).

Pero los delegados peruanos, en lugar de presentar a la Conferencia el Programa del Partido, redactado por Mariátegui, presentaron el programa redactado por Ravines a nombre de la célula de París (46).

Y, el delegado Codovilla dijo: “Al proletariado se le educa diciéndole claramente lo que nos proponemos, demostrándole que toda nuestra acción, por pequeña que sea, tiende siempre a un solo fin: a la revolución. Para eso no se precisan ni programas máximos ni mínimos; basta el programa comunista que es el de la revolución social” (47).

En cuanto a la estructura, Mariátegui señaló que “El Comité procederá a la organización de comités en toda la república y de células en todos los centros de trabajo, con relaciones estrictamente disciplinadas” (48).

Pero Portocarrero afirmó: “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista” (49).

Y, el delegado Luis, dijo: “Si el Partido Socialista no es más que una máscara legal para el Partido Comunista, podemos encarar este método, pero para nuestros camaradas no es lo mismo. Quieren formar y desarrollar paralelamente dos partidos proletarios. Uno secreto, ilegal, reservado para los iniciados al pequeño grupo seleccionado de comunistas ya conscientes; otro, público, legal, ampliamente abierto a los elementos intelectuales, que no serían admitidos en el Partido Comunista, es decir, a los elementos simpatizantes de la pequeña burguesía, cuya ideología no es comunista, que no ofrecerían garantía para el progreso del Partido Comunista. No se trata, pues, de una máscara legal del Partido Comunista, sino de un segundo partido proletario cuya base social será algo más amplia que la del Partido Comunista y cuyo programa algo menos completo, menos revolucionario, más reformista, o por lo menos, más confuso. Y nuestros compañeros esperan controlar el segundo partido mediante el primero” (50).

En cuanto a la ligazón con las masas, Mariátegui escribió que “el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas” (51).

Pero Portocarrero sostuvo: “Si con nuestro grupo podemos controlar el partido y dirigir sus acciones, ¿no es acaso un medio bueno de ligazón con las masas?” (52).

Y, el delegado Luis dijo que “Nuestros camaradas deben… plantearse el problema de la ligazón con las masas, sobre la forma de un bloque obrero y campesino” (53).

En cuanto al estatus del partido, Mariátegui señaló que “La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, para crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fundación pública de esta agrupación” (54).

Pero Portocarrero afirmó: “Dejo constancia, compañeros, que el partido socialista es solamente una táctica; eso no quita que nosotros no hagamos el intento de aprovechar la situación de semilegalidad en el momento electoral” (55).

Y, el delegado de la Internacional Juvenil Comunista, Peters, dijo que “Nuestros camaradas del Perú proponen la creación de un ‘partido socialista’ y argumentan diciendo que este partido no será más que la máscara legal del Partido Comunista, pero los mismos camaradas del Perú se refutan, cuando nos dicen que ese partido socialista tendrá una composición social amplia, que será formado por obreros, campesinos, pequeño burgueses, etc. En suma, no se trata de ‘una máscara legal’, sino de otro partido político más ‘accesible’, como dicen los mismos camaradas peruanos”. “Cread, a pesar de todas las dificultades, un partido comunista ilegal… que podrá, también estudiar los medios legales para la creación de organizaciones auxiliares de masas” (56).

Pues bien, el debate reseñado demuestra, en primer lugar, que los delegados peruanos no plantearon el proyecto mariateguiano de un partido de clase bajo la forma de partido de masas, y, en segundo lugar, que, como consecuencia de ello, los delegados de los otros partidos no criticaron mayormente más que los argumentos de circunstancia presentados por Julio Portocarrero y Hugo Pesce.
 

II
 

Actualmente, ocurre que, algunas personas demasiado desenvueltas, pretenden ignorar la concepción mariateguiana del PSP y, a título de seguirla, plantean una concepción flagrantemente distinta (57). Veamos esto.

1. En lo ideológico. En el artículo El partido de Mariátegui, Ramón García plantea que “los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros universales habidos y por haber”.

De ese modo la adhesión a la verdad universal es formulada como marxismo y nada más que como marxismo.

Pero eso es erróneo en sí mismo, pues deja en la sombra el desarrollo de la teoría del proletariado y, además, está en abierta oposición al planteamiento de José Carlos Mariátegui, quien, consciente de que “Lenin aparece, incontestablemente, en nuestra época como el restaurador más enérgico y fecundo del pensamiento marxista” y que es en la revolución rusa “donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista”, llegó a la conclusión irrecusable de que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios”, por lo que programáticamente estableció que “El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha”.

Es claro que la formulación de nuestra adhesión a la verdad universal es una necesidad de expresión del desarrollo de esta verdad y de nuestras fundamentales diferencias en concepción y métodos con las diversas corrientes del oportunismo y el revisionismo, y, por esto, formular esa adhesión con la sola palabra marxismo significa abrir las puertas al confusionismo ideológico.

El partido del proletariado no sólo tiene que ser un partido adherido al marxismo en todo su desarrollo, sino que, además, debe expresar debidamente esta adhesión. Por eso, escamotear la obligatoriedad del reconocimiento del marxismo-leninismo, es negar el método de Mariátegui.

2. En lo teórico. En este terreno es necesario señalar únicamente que Ramón García ha procedido a tergiversar no pocas cuestiones fundamentales dirimentes de José Carlos Mariátegui, como por ejemplo los conceptos de socialismo, socialismo peruano, partido de masas y de ideas, marxismo-leninismo, creación heroica, Camino de Mariátegui, con todo lo cual niega la integración de la verdad universal del marxismo-leninismo y nuestra realidad particular, integración originalmente alcanzada con el pensamiento de Mariátegui. Esta actitud revela una utilización oportunista de la piedra angular del marxismo peruano.

3. En lo político. Como se sabe, Ramón García propone un municipio que tiene “que ser una corporación de trabajo, Legislativa y Ejecutiva a la vez”, y que, además, “tiene que planificar su economía, asumiendo sus funciones de producción, administración y gobierno. En síntesis, tiene que ser la célula económica de la nueva sociedad” (58).

Pero esta última frase no se corresponde con aquella otra que aparece en el mismo lugar y, según la cual, “el nuevo municipio es el ‘por dónde empezar’ de la lucha por el cambio social” (subrayado en el original), pues, si este es el por dónde empezar, entonces lo que se propone en realidad es que “el nuevo municipio” tiene que ser la célula económica de la sociedad actual (59). Por eso en el grupo liquidacionista se sostiene que organizar municipios con las características anotadas es construir “los gérmenes del socialismo”.

Además, según sus promotores, los “nuevos municipios” están ligados a estas “reivindicaciones básicas”: “derecho a la vida digna material y espiritual”, “derecho al trabajo emancipado” (60), “derecho al cambio social”.

Pero ocurre que “la vida digna material y espiritual” no es posible en el capitalismo, sencillamente porque en esta sociedad el trabajo es trabajo alienado y alienante. El nuevo municipio y la vida digna material y espiritual son posibles únicamente en el socialismo. Esto debe saberlo todo marxista (61).

Considerar que en el marco del “nuevo municipio” (que debe “planificar” la economía capitalista local), es realizable la emancipación del trabajo, encierra la idea de que el paso al socialismo puede ser el resultado de la acción legal municipal y, por lo tanto, la vieja tesis revisionista de la transición pacífica.

Levantar el “derecho al trabajo emancipado” puede tener eficacia solo como elemento de propaganda. Pero, con su equívoco planteo, el grupo liquidacionista crea ilusiones en las masas trabajadoras y embellece al capitalismo.

Finalmente, levantar el “derecho al cambio social” (62) sirve nada más como elemento de agitación, pues la revolución no es una cuestión de derecho sino de situación revolucionaria y acción dirigente del Partido (63). En resumidas cuentas, el planteamiento de los “gérmenes del socialismo” (“nuevos municipios”), es completamente contrario a la justa observación mariateguiana de que “la praxis marxista… propone precisamente la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza”.

4. En lo orgánico. El material humano con el que cuenta el grupo de Ramón García no es precisamente “pensante y operante”, sencillamente porque, a lo largo de décadas, ha demostrado un evidente seguidismo –y hasta servilismo–, que, como se ha visto en los últimos tiempos, sus cultores tratan de encubrir con un criollo juego de palabras y aun llenándose la boca con palabras sobre el factor humano.

García ha sostenido que “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primer gran partido de masas e ideas (sic) de toda nuestra historia republicana’” (64).

Pero decir que el primer nivel es una “facción orgánica y doctrinariamente homogénea”, equivale a decir que el segundo nivel no lo es. Y, un partido que no es doctrinariamente homogéneo tanto vertical como horizontalmente, es un partido doctrinariamente heterogéneo, es decir, no es ni puede ser un partido de clase.

La interpretación de García de la concepción mariateguiana del PSP reduce, pues, lo doctrinariamente homogéneo (“marxismo” sin leninismo) a un nivel secreto, restringido, y lo masivo aparece como un nivel público formado por militantes doctrinariamente disímiles.

Esta interpretación niega el hecho histórico de que el proyecto de José Carlos Mariátegui fue construir un partido ideológicamente definido, teóricamente realista y políticamente de masas, es decir, un partido marxista-leninista, o sea, un partido de clase bajo la forma de partido de masas.

Con su falsa interpretación, García pretende, pues, la fundación de una organización con “todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo, sin exceptuar” toda clase de oportunistas. De ahí su renuncia al leninismo. De ahí su intención de llamarla partido socialista. De ahí su expectativa en las tendencias oportunistas que pululan en nuestro medio. 

Pero ocurre que el partido del proletariado es doctrinaria y organizativamente excluyente: acuerda el marxismo-leninismo como el aspecto general de su base de unidad, porque rechaza toda suerte de oportunismo y revisionismo. 

Por eso una moción aprobada por el C.C. en la Reunión del 4 de marzo de 1930, establece: “El P.S. es un partido de clase y por consiguiente repudia toda tendencia que signifique fusión con las fuerzas u organismos políticos de las otras clases” (65).

Generalizando su falsa interpretación del PSP, García ha escrito que “El problema que enfrentó JCM es el mismo que el proletariado enfrenta desde hace más de un siglo: cómo relacionar la teoría (Programa Socialista) con la práctica (Partido-Frente). Este es el gran dilema entre disolución (desintegración) o dilución (integración), que enfrenta todo partido proletario en el mundo entero”. “Si el Programa de acción está ligado al Programa Prospectivo, de hecho se logra la dilución” (66).

Pero, en realidad, José Carlos Mariátegui solucionó el problema del Partido de un modo distinto a como cree García. Esto ya ha quedado claro. Pero la afirmación de que el problema implicado en la relación teoría-práctica es uno que “enfrenta el proletariado desde hace más de un siglo”, encierra, ni más ni menos, la peregrina idea de que un partido doctrinariamente heterogéneo es la solución a este problema, y, por esto, constituye la completa negación de la concepción leninista del partido proletario, sustentada en ¿Qué hacer?, libro que existe “desde hace más de un siglo”.

Como es de conocimiento general, en dicho libro Lenin dio solución a tres problemas fundamentales, a saber: 1) la relación entre la espontaneidad de las masas y la conciencia comunista; 2) entre la política tradeunionista y la política comunista, y 3) entre los métodos artesanos de trabajo y la organización revolucionaria.

De ese modo proporcionó al proletariado internacional la concepción del partido de clase como un partido doctrinariamente homogéneo y, por lo tanto, como un partido-vanguardia, como un partido dirigente. Esta concepción leninista del partido proletario tiene un valor universal. Y está vigente, no obstante la sibilina pretensión de negarla.

La dilución de la organización del Partido en el socialismo no está determinada por un partido doctrinariamente heterogéneo en el capitalismo.

En octubre de 1885, Federico Engels señaló: “Hoy, el proletariado alemán ya no necesita de ninguna organización oficial, ni pública, ni secreta; basta con la simple y natural cohesión que da la conciencia del interés de clase, para conmover a todo el imperio alemán, sin necesidad de estatutos, de comités, de acuerdos ni de otras formas tangibles” (67).

Evidentemente, el cofundador del marxismo se equivocó, pues, en las condiciones del capitalismo, el proletariado alemán (como el proletariado de cualquier otro país) tenía y tiene todavía necesidad de una organización política. Pero si la aserción de Engels no es válida para la sociedad capitalista, en cambio sí lo es para la sociedad socialista. En efecto, en las condiciones del socialismo, la organización del partido no es ya necesaria, basta con la simple y natural cohesión que da la conciencia del interés de clase para que el Partido, en el gran sentido histórico de la palabra, pueda dirigir la lucha por la realización del comunismo.

Por lo tanto, la dilución de la organización del Partido está determinada por las particulares condiciones del socialismo, y, por esto, hay que entenderla como desconcentración orgánica e integración de los elementos de vanguardia tanto al aparato del Estado como al movimiento revolucionario de las masas (68).

Por otro lado, en la medida en que la aplicación del programa depende absolutamente de la práctica de la militancia, un partido doctrinariamente heterogéneo como el que pretende García, es decir, un partido con una militancia mayoritariamente variopinta en lo doctrinario, no es ni puede ser garantía de ligazón entre el Programa Mínimo y el Programa Máximo.
 

III
 

De la comparación entre las posiciones de José Carlos Mariátegui y los argumentos esgrimidos por la delegación peruana a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, lo central, lo esencial, lo fundamental, lo decisivo, es que, mientras el maestro dejó sentado que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha”; Portocarrero afirmó: “¿El Partido Socialista es la expresión de nuestro pensamiento, de nuestra línea? El partido socialista lo hemos constituido como táctica, como medida de ligazón con las masas. No venimos a decir que el partido socialista es la expresión profunda de los que luchamos por los intereses del proletariado”. “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista”.

Este contraste demuestra, pues, que, mientras Mariátegui afirmaba el carácter marxista-leninista del PSP, Portocarrero sostenía que este carácter lo tenía únicamente el “grupo” secreto, es decir, que mientras el maestro postulaba un partido orgánica y doctrinariamente homogéneo, Portocarrero postulaba un partido de dos niveles: uno secreto, orgánica y doctrinariamente homogéneo, y otro masivo, orgánica y doctrinariamente heterogéneo.

Es justamente esta concepción de Portocarrero y Pesce, la que García, con palabras más, palabras menos, pretende hacer pasar como si fuese de José Carlos Mariátegui, como si fuese la solución al problema “que el proletariado enfrenta desde hace más de un siglo”.

Así, pues, esta versión antojadiza del Partido de Mariátegui, basada en torpes especulaciones, aderezada por García, circula libremente, no obstante que hay publicada abundante documentación propia de Mariátegui que demuestra lo contrario: el PSP fue un partido marxista-leninista, y no un partido marxista a secas; un partido doctrinariamente homogéneo, y no un partido de dos niveles orgánicos doctrinariamente diversos; un partido de clase, y no un partido-amalgama.              

La frase “reivindicar el Partido Socialista” –frase de García– no significa, pues, reivindicar el Partido de Mariátegui, sino utilizar el rótulo de socialista para hacer factible un partido doctrinariamente heterogéneo, un partido a lo Portocarrero-Pesce, un partido pluriclasista, un partido antimariateguiano.

Ese proyecto de partido: 1) reniega la teoría leninista del partido; 2) reniega la concepción mariateguiana del PSP; 3) reniega la exigencia mariateguiana de demarcar netamente los campos con respecto al oportunismo; 4) reniega la independencia ideológica, política y orgánica del proletariado.

Por lo tanto, reniega también la exigencia leninista de sacarse la camisa sucia y ponerse ropa limpia, por la sencilla razón de que propone sacarse la camisa del comunismo, bastante sucia por cierto, para ponerse la camisa más sucia todavía del socialismo.

Así, pues, el proyecto de Mariátegui de un partido de clase bajo la forma de partido de masas es una cosa y el proyecto de partido de García es otra cosa. Esto es absolutamente claro.

En conclusión, y para decirlo de una vez por todas, plantear un partido con un nivel secreto, orgánica y doctrinariamente homogéneo, y otro nivel masivo, orgánica y doctrinariamente heterogéneo, ES REVISIONISMO EN CUESTIONES DE ORGANIZACIÓN, O, MÁS EXACTAMENTE, LIQUIDACIONISMO DE DERECHA, FORMA ESPECÍFICA DE REVISIONISMO.


Notas

[1] Correspondencia, Empresa Editora Amauta, Lima, 1984, t.II, p.611.

[2] Anuario Mariateguiano, Nº1, EEA, Lima, 1989, p.146. Obsérvese que tanto esta afirmación como aquella otra contenida en la carta a Arroyo Posadas, se refieren al partido de masas como algo por crearse. El 7 de octubre de 1928, sin embargo, el propio Mariátegui había definido el carácter de clase del PSP (ver numeral 3 de la Moción aprobada por la Reunión de Barranco). Es claro, por lo tanto, que, con sus afirmaciones, aparentemente contradictorias, Mariátegui dio cuenta de la relación entre la esencia del Partido (su carácter de clase) y una de sus formas posibles (partido de masas). Entre otras cosas, el presente libro estudia esta relación.

[3] Defensa del marxismo, EEA, Lima, 1985, pp.21-22. Negritas en el original; cursivas nuestras. Es menester tener en cuenta que estos conceptos datan de tres meses antes de la fundación del PSP y de la escritura del Programa del Partido. Ciertamente con aquello de “el restaurador más enérgico y fecundo”, Mariátegui expresó dos cosas: a) que, contra su adulteración por los ideólogos de la Segunda Internacional, Lenin restauró los principios del marxismo; b) que, precisamente por esto, pudo desarrollar la teoría marxista. Para disipar cualquier duda, el lector puede releer lo que, a modo de conclusión, añadió Mariátegui pocas líneas después: “Es en ese acontecimiento [la Revolución Rusa]… donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista” (elipsis y cursivas nuestras).

[4] Ibídem, p.39. Cursivas nuestras. Es necesario tener presente que estos juicios datan de dos semanas antes de la fundación del PSP y de la escritura del Programa del Partido.

[5] Ideología y política, EEA, Lima, 1975, p.160. Cursivas nuestras.

[6] Defensa del marxismo, p.126. Cursivas nuestras. Como se ha visto, las aserciones de José Carlos Mariátegui no dejan margen a dudas acerca de su convicción de que el leninismo es un desarrollo de valor universal del marxismo.

[7] Aunque al publicar el proyecto de programa escrito por Mariátegui, Martínez de la Torre lo tituló Programa del Partido, al comentarlo utilizó la frase “principios programáticos” (ver Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, pp.398 y 402). Pues bien, en su momento los editores de Ideología y política optaron por utilizar la mencionada frase, y por esta razón el texto mariateguiano aparece en dicho libro bajo el título de Principios programáticos del Partido Socialista (p.159). En adelante, el citado tomo del libro de Martínez será aludido como Apuntes.

[8] Peruanicemos al Perú, EEA, Lima, 1986, p.77. Cursivas nuestras.

[9] Martínez, Apuntes, p.272. Cursivas nuestras.

[10] Peruanicemos al Perú, p.78.                                                                                                                                                                                                                                      

[11] Ibídem, p.77.

[12] Como es obvio, hasta hoy esta cuestión no ha sido sistemáticamente estudiada, por lo que es una tarea pendiente.

[13] Cartas de Italia, EEA, Lima, 1987, p.71-72. Cursivas nuestras.

[14] Ibídem, p.189. Cursivas nuestras.

[15] La escena contemporánea, EEA, Lima, 1987, p.135.

[16] Temas de nuestra América, EEA, Lima, 1986, p.143.

[17] Defensa del marxismo, p.26. Elipsis nuestra.

[18] Temas de nuestra América, 1986, p.93.

[19] Ideología y política, pp.186-187.

[20] Defensa del marxismo, p.44. Negritas en el original.

[21] Martínez, Apuntes, p.397.

[22] Ibídem, p.398.

[23] Para captar cabalmente lo afirmado, es necesario tener en cuenta lo que sigue. En el editorial Aniversario y balance, setiembre 1928, Mariátegui escribió: “El trabajo de definición ideológica nos parece cumplido. (…) Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista socialista” (Ideología y política, p.247. Elipsis nuestra). Y, en su tesis Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, precisó: “‘Amauta’, en su Nº17, el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de ‘definición ideológica’, afirmándose, categóricamente, marxista” (ibídem, p.104). Es sabido que, en el lenguaje mariateguiano, marxismo quiere decir marxismo-leninismo, y que la palabra Socialista como nombre del partido, encerraba un concepto idéntico al que encierra la palabra Comunista: “no existe entre los dos términos más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios” (Mariátegui, Figuras y aspectos de la vida mundial, t.III, EEA, Lima, 1970, p.165). Esto era completamente cierto, pues entonces no se había producido aquí la degeneración del socialismo, tal como anotó el maestro en el editorial citado arriba. La propuesta del marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP fue aprobada, en primera instancia, por “el grupo organizador del Partido” en la Reunión de Barranco, y, posteriormente, por el Comité Ejecutivo del Partido (CEP) en una reunión de setiembre de 1929. La aprobación en primera instancia tiene su prueba en los siguientes testimonios de Martínez de la Torre: “A fin de unificar doctrinariamente el pensamiento y la acción de los grupos iniciales del Partido Socialista, Mariátegui elaboró los siguientes puntos programáticos que fueron remitidos a las células del país y del extranjero” (Apuntes, t.II, p.398). “Sobre estos principios programáticos se inició, no sólo el trabajo práctico, sino el proceso de unificación ideológica, el proceso para la elaboración de una teoría y una acción conscientemente disciplinada y emprendedora” (ibídem, p.402). La aprobación por el CEP tiene su prueba en esta confesión de Juan Paiva: “El 7 de setiembre del año pasado, pocas horas de que me redujeran a prisión, el C.E. del P. discutía los puntos programáticos y, recuerdo que en esa ocasión no hubo una sola objeción sustancial en cuanto al fundamento teorético del programa” (carta a Ravines del 18 de mayo de 1930, ibídem, p.510. Cursivas nuestras). Y en esta afirmación del propio Mariátegui: “Dígale a Seoane que no he sabido nunca si recibió la carta que hace varios meses le dirigí acompañándole copia de los puntos aprobados del programa del P.S.” (carta a José Malanca del 10 de marzo de 1930, Correspondencia, t.II, p.738. Cursivas nuestras).

[24] Martínez, Apuntes, p.397.

[25] Como se sabe, no pocas veces la fundación de un partido proletario ha significado basar inicialmente las relaciones orgánicas en los lazos de confianza recíproca desarrollados en el trabajo común.

[26] Martínez, Apuntes, p.397.

[27] En la carta colectiva, escrita en abril de 1928, aunque fechada el 10 de julio del mismo año, Mariátegui anotó: “no podemos, en virtud del sentido mismo de nuestra cooperación, entender el Apra como partido, esto es, como una facción orgánica y doctrinariamente homogénea” (Martínez, Apuntes, p.300. Cursivas nuestras). Este fue, pues, el concepto que el maestro tenía del partido en general y, en particular, del partido proletario. Esta fue la concepción del partido de clase que plasmó en el Partido Socialista del Perú.

[28] Esta información aparece en Martínez, Apuntes, p.397. Como se ve, no aparece mencionado Fernando Borjas, posiblemente por descuido.

[29] Ideología y política, p.99. Esta frase, escrita por Mariátegui en 1929, encierra una justa crítica al Comité de Propaganda y Organización Socialistas, pues, como se sabe, este organismo fue un conglomerado de diversas tendencias del socialismo reformista.

[30] Martínez, Apuntes, p.301. Negritas nuestras.

[31] Ibídem, p.398. Negritas nuestras. En el lenguaje marxista, el término partido de clase se deriva no del origen obrero de sus militantes, sino de su adhesión al marxismo-leninismo.

[32] Ideología y política, p.99. Elipsis nuestra.

[33] Martínez, Apuntes, p.423.

[34] Ibídem, p.423.

[35] Ideología y política, p. 249.

[36] Martínez, Apuntes, p. 423.

[37] Ibídem, p.422.

[38] Ibídem, p.425.

[39] Ideología y política, t.13, p.160.

[40] Martínez, Apuntes, p.422.

[41] Ibídem, pp.427-428 y 429.

[42] Ibídem, p. 397. Cursivas nuestras.

[43] Ibídem, p.420.

[44] Ibídem, p.432.

[45] Ideología y política, t.13, pp.159 y 164.

[46] En una carta del 25 de junio de 1929 dirigida al grupo de París a fin de informarle del estado de las labores en la Conferencia Comunista de Buenos Aires, Hugo Pesce confesaba que, “Con respecto al programa, hemos leído a los compañeros el Proyecto de Programa enviado por Ud. en fecha 29 de Diciembre próximo pasado. Ha sido aprobado en su contenido, con unas cuantas modificaciones formales. Sin embargo, hemos acordado redactarlo en forma más amplia, contemplando otras particularidades” (Martínez, Apuntes, p.484). Como se sabe, las Tesis sobre la acción por desarrollar en el Perú, de las que formaba parte el aludido programa, “no fueron aceptadas en su totalidad por el grupo de Lima” (ibídem, p.335). Los puntos 5 y 6 de este proyecto de programa, dicen: “5º- Armamento inmediato de los obreros y campesinos y transformación del ejército y de la policía en milicia obrera”. “6º- Instauración de los municipios de obreros, campesinos y soldados, en lugar de la dominación de clase de los grandes propietarios de la tierra y de la iglesia” (ibídem, p.421). “Armamento inmediato…”, “Instauración de los municipios obreros, campesinos y soldados…”. Esto revelaba una concepción ultraizquierdista, insurreccionalista e inmediatista de la revolución. Así, pues, lo más probable es que los citados puntos estuvieran en el centro del desacuerdo del grupo de Lima. Por eso, la presentación del programa del grupo de París en el Congreso de Buenos Aires permite captar la inconsecuencia de los dos delegados peruanos. Por otro lado, llama la atención que Pesce escribiera que este proyecto “Ha sido aprobado en su contenido”. ¿”Aprobado en su contenido”? ¿Quiénes lo aprobaron? ¿Cuándo? El proyecto del grupo de París data de diciembre de 1928, o sea de dos meses después de que “el grupo organizador del Partido” aprobara, en primera instancia, el proyecto de programa de Mariátegui, y que se sepa, solo en setiembre de 1929 el CEP comenzó a discutir los proyectos de programa.

[47] Martínez, Apuntes, p.430.

[48] Ibídem, p.398. Al lado de esta afirmación, hay que tener en cuenta aquella otra que aparece en el punto 4 del Programa del Partido, pues así queda claro que el PSP fue la materialización del marxismo-leninismo. Esto revela el verdadero sentido de la frase acerca de las “relaciones estrictamente disciplinadas”. 

[49] Ibídem, p.423.

[50] Ibídem, p.424.

[51] Ibídem, p.398.

[52] Ibídem, p.422.

[53] Ibídem, p.425. Elipsis nuestra.

[54] Ideología y política, p.164.

[55] Martínez, Apuntes, p.423.

[56) Ibídem, pp.425 y 426. Elipsis nuestra.

[57] Aquí nos limitamos a plantear nuestra crítica a Ramón García, cabeza del grupo que, dada su negación del partido de clase, mencionaremos en adelante como el grupo liquidacionista. Nuestra crítica al modelo del PCP-SL la hemos realizado en el libro El pez fuera del agua. Crítica del ultraizquierdismo gonzaliano.

[58] Municipio y estado, mimeo.

[59] En la revista Polémica, año II, Nº4, marzo-mayo, 2002, pp.14-15, apareció publicado el artículo que comento, pero bajo la firma de Germán Vulcano. Allí se puede ver que, en lugar de decirse que el “nuevo municipio” “tiene que ser la célula económica de la nueva sociedad”, se dice que “tiene que ser la célula económica de la sociedad”, es decir, no se dice “de la nueva sociedad”. ¿Error de la revista? ¿Modificación del autor? Sea como fuere, lo cierto es que la versión de Polémica expresa con exactitud la verdadera idea de García, que se revela en la frase “el nuevo municipio es el por ‘dónde empezar’ de la lucha por el cambio social”, pues, si este es el por dónde empezar, quiere decir entonces que el llamado nuevo municipio debe empezar por ser la célula económica de la sociedad actual, lo que se evita decir francamente. Esta reestructuración del Estado burgués en sus bases municipales está inspirada en la teoría de “reformas estructurales” del Palmiro Togliatti revisionista. Para percatarse de esto, el lector puede consultar el trabajo Una vez más sobre las divergencias entre el camarada Togliatti y nosotros (Proletarios de todos los países, uníos para luchar contra nuestro enemigo común, ELE, Pekín, 1963, pp.263-315). 

[60] En el artículo Plan de publicación, aparecido en Polémica, año II, Nº5, p.20, García plantea el derecho al trabajo emancipado como una reivindicación inmediata, pues se refiere a él precisamente bajo el subtítulo Frente unido. Reivindicaciones básicas. 

[61] Si el trabajo emancipado y, por lo tanto, la vida digna material y espiritual fuesen realizables en el capitalismo –ilusión que se desprende del hecho de que ambas reivindicaciones son consideradas por el grupo liquidacionista como inmediatas–, entonces ¿para qué el socialismo? Por lo demás, quede dicho que el “trabajo digno”, “vida digna”, etcétera, son conceptos que la burguesía internacional ha levantado para deslucir las banderas del socialismo, pero que, no obstante esto, el proletariado puede y debe agitarlas en la lucha democrática, aunque consciente de que el verdadero trabajo digno y la verdadera vida digna comienzan con el socialismo.

[62] Los conceptos de cambio social, cambio, cambios estructurales y proceso de cambios, son utilizados profusamente tanto por el reformismo como por la propia burguesía. Por eso es necesario precisar que la teoría marxista del desarrollo histórico comprende el concepto de revolución para designar la ruptura con las relaciones de producción caducas, es decir, para designar el desplazamiento en el poder político de una clase por otra, el paso de una formación social a otra superior. En el prólogo a Contribución a la crítica de la economía política, Marx escribió: “En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o -lo cual sólo constituye una expresión jurídica de lo mismo- con las relaciones de producción dentro de las cuales se habían estado moviendo hasta ese momento. Esas relaciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras de las mismas. Se inicia entonces una época de revolución social”. Contra este concepto, en 1923 el sociólogo positivista Ogburn introdujo el de cambio social. El III Congreso Sociológico Internacional, realizado en 1956, fue especialmente dedicado al tema de “cambios sociales”, y escenario de una particular apología del concepto de cambio social por parte del sociólogo alemán L. von Wise, quien argumentó que el mismo presupone “una estimación más prudente y escéptica de los cambios vitales y sociales en la vida de la humanidad y de las diferencias entre generaciones”. La Alianza para el Progreso levantó el concepto cambio social al objeto de oponerse al ejemplo de la Revolución Cubana, y el reformismo representado por la CEPAL lo levantó también a fin de distraer a las masas populares. Así, dicho concepto ha hecho carrera en la literatura burguesa y reformista, así como también sus parientes cambio, cambios estructurales y proceso de cambios. Desde hace un par de décadas por lo menos, un sector de la izquierda ha levantado el concepto cambio social, con el ánimo de hacer accesible a las masas populares la idea de la transformación de la sociedad. Por eso, es necesario señalar que el mismo tiene un carácter neutro, y que, por esta razón, no es científico. Así, pues, quienes lo utilizan deberían saber que, en rigor, no es intercambiable con el concepto científico de revolución sino en determinado contexto verbal muy específico. Deberían saber, pues, pero, por cierto, muchos no lo saben y, en consecuencia, en relación al término cambio social, es menester recordar esta aserción mariateguiana: “a Haya no le importa el lenguaje; a mí sí; y no por preocupación literaria sino ideológica y moral” (Correspondencia, t.II, p.491).

[63] Es decir la cuestión no se presenta como que la revolución es posible solo si el pueblo de un país cualquiera tiene conciencia de que tiene derecho a la revolución. La Comuna de París, la Revolución Rusa, la Revolución China, etcétera, no se produjeron porque los pueblos parisino, ruso, chino, etcétera, consideraron que tenían derecho a la revolución, sino porque, al margen de toda consideración jurídica, se rebelaron ante la explotación económica y la opresión política.

[64] La creación heroica de José Carlos Mariátegui, Editora Perú Nuevo, Lima, 2008, p.22. Esta idea ha empezado a concretarse con la constitución del nivel secreto. En una carta del 28 de octubre de 2009 a Luis Anamaría, Miguel Aragón reveló dicha constitución en los términos siguientes: “En toda esta confusión, que ellos han armado y en la cual se debaten, están entremezclando su intrascendente “Conferencia Consultiva Política”, con su llamamiento a crear un nuevo partido, o mejor dicho, a formalizar abiertamente, la constitución del partido que ellos ya formaron el 6 de febrero, en aplicación de la propuesta de Ramón [García] del partido de dos niveles: uno ‘secreto’, y otro ‘de masas y de ideas’. (Revisar folleto del 7 de octubre de 2008)”. “En la red hay abundante material, que confirma esta hipótesis, y es fácilmente demostrable, incluso identificando a quienes han incluido en el primer nivel y en el segundo nivel. Basta con revisar las direcciones a las cuales van dirigidos los mensajes que periódicamente envía… desde el mes de febrero. Los que estamos en esa relación (preparada expresamente por Ramón) de más de 20 nombres, según ellos, conformamos ‘el partido de masas y de ideas’, entre los cuales nos han incluido a ti y a mí, al lado de otros compañeros, la mayoría de los cuales son destinatarios de este mi comentario”. “¿Y quiénes conforman el partido secreto constituido el 6 de febrero? La respuesta es muy fácil deducirla, son precisamente los que No aparecen en esa relación de envios (sic), comenzando por…, seguidos de los sumisos peones ya conocidos. A… le han asignado la tarea de divulgar los documentos de Ramón entre lo que ellos consideran ‘el partido de masas y de ideas’, y a otra persona, le han encargado divulgar los mismos documentos, entre los miembros del ‘partido secreto’. En computación eso se llama ‘comandos por defecto’”. Pues bien, el tono de reproche de Aragón no puede impedir reconocer que sus declaraciones son toda una confesión de parte, sencillamente porque él es activista de la tendencia de García. Tenemos, pues, que el grupo liquidacionista cuenta ya con una instancia secreta desde el 6 de febrero de 2009. Esta instancia secreta es la dirección adelantada de la propuesta “organización de proyección nacional” y, de hecho, todos los eventos realizados desde entonces (seminarios, etc.), han sido promovidos por ella con el objeto de constituir el nivel público de tal organización. El hecho de que los miembros del grupo liquidacionista se esfuercen en hacer creer a los demás que tales eventos resultan de “una iniciativa de frente único”, da la medida del engaño a que someten a las diversas tendencias. A este respecto –y otros concomitantes–, el lector acucioso puede consultar nuestros artículos Acerca del Cuarto Seminario del Revisionismo Peruano y Acerca de la Demagogia de una Carta Abierta, publicados en la revista digital CREACIÓN HEROICA. Por razones obvias, en lo citado de Aragón hemos desagregado los nombres que él menciona.

[65] Martínez, Apuntes, pp.511-512. Cursivas nuestras. Estas cursivas enfatizan que la adhesión al marxismo-leninismo fue una realidad en todas las instancias orgánicas del PSP. Esto es una prueba más de que Mariátegui no concibió su partido como un partido de “dos niveles”. Sin embargo, contra esta realidad, en el libro La organización del proletariado, García escribió que “… todos estuvieron de acuerdo en constituir, dentro de la organización, los grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido” (Ediciones Bandera Roja, Lima, 1967, p.197). Es evidente, por lo tanto, que todo lo que hace ahora el mencionado personaje, es darle continuidad a su falsificación de la verdad histórica del PSP. Pero sus antojadizas y torpes especulaciones se han venido abajo con la demostración de que el PSP fue un partido doctrinariamente homogéneo. Es un hecho iluminador que, a Mariátegui, observador zahorí, no se le pasara la lección del fracaso de algunas tentativas de formar un partido de dos niveles, como se había intentado en su tiempo en Panamá, Bolivia, Ecuador, Brasil y Colombia.  No obstante las esclarecedoras afirmaciones de Mariátegui, citadas en el presente trabajo, desde hace años García y sus repetidores desenvuelven una campaña que tiene el doble objetivo de negar la verdad universal del marxismo-leninismo y el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP. Así por ejemplo, Gustavo Pérez, operador furibundo de dicha campaña, en el artículo La formación socialista revolucionaria italiana de Mariátegui y la ortodoxia socialista rusa, intenta negar el marxismo-leninismo sosteniendo, de entrada, que “Es una constatación práctica, que Mariátegui no se autodenominó ‘marxista-leninista’ y se declaró simplemente ‘Marxista convicto y confeso’…, que tituló solo ‘Defensa del marxismo’ a uno de sus mas (sic) importantes libros, escrito precisamente en defensa del marxismo revolucionario, y que solo hiciese dos (o 3) alusiones al ‘marxismo-leninismo’ en toda su obra, entre ellas las que figuran en el Programa del Partido Socialista del Perú, que el (sic) constituyese”. De este modo establece la premisa que pone en evidencia la intención con la cual, al final del artículo, cita la siguiente afirmación de Mariátegui: "Lenin no es un ideólogo sino un realizador. El ideólogo, el creador de una doctrina carece, generalmente, de sagacidad, de perspicacia y de elasticidad para realizarla. Toda doctrina tiene, por eso sus teóricos y sus políticos. Lenin es un político: no es un teórico". Pues bien, quienquiera que lea esta cita movido por la pasión de captar la verdad, tiene que darse cuenta de que los términos ideólogo y teórico no aparecen allí en su acepción habitual, sino en un sentido especial: designando a quien es “creador de una doctrina”. Así, en el contexto verbal dado, Marx es, obviamente, el ideólogo (“el creador de una doctrina”), y, como consecuencia, Lenin es, también obviamente, el político (el realizador de la doctrina de Marx). La afirmación mariateguiana encierra, pues, una verdad elemental: Marx fue el creador de la doctrina comunista, mientras Lenin fue un realizador de la misma. Pero, ¿acaso Marx no fue también, al mismo tiempo, un político, en el sentido habitual de la palabra? Y, ¿acaso Lenin no fue también, al mismo tiempo, un teórico, igualmente en el sentido habitual de la palabra? Entonces, la comprensión objetiva, correcta, honrada de la afirmación mariateguiana, no niega ni puede negar que, en el marco del sentido habitual de los términos teórico y político, Marx aparezca también como político y Lenin aparezca también como teórico. Obras del valor de Materialismo y empiriocriticismo, Cuadernos filosóficos, El imperialismo, fase superior del capitalismo, ¿Qué Hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, El estado y la revolución, entre otras, prueban que Lenin desarrolló el marxismo, precisamente realizando la doctrina de Marx. Esto es, asimismo, una verdad elemental. Ahora bien, la utilización dolosa que hace Pérez de la afirmación mariateguiana, está enderezada a silenciar el hecho de que, en el Programa del Partido, el maestro definió la identidad doctrinal del PSP y, por lo tanto, la suya propia. Esta definición aparece, pues, como es notorio, no en un artículo, donde, por lo general, Mariátegui evitaba la jerga partidaria, sino en un documento fundamental del Partido Socialista del Perú, donde, como es lógico, no le era posible ahorrarse un lenguaje doctrinalmente exacto. Esto es una constatación práctica. Así, pues, el silenciamiento que pretende Pérez tiene por destino manifiesto negar que el leninismo es “la nueva etapa marxista”, es decir, que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios” (Mariátegui). La utilización dolosa de la cita del maestro es, por cierto, un caso –entre otros– en que la tergiversación de una afirmación suya es enderezada a negar otra afirmación suya también. Es el truco de utilizar a Mariátegui contra Mariátegui. Es el truco de parapetarse detrás de su autoridad. Es el truco de utilizarlo como coartada. El padre de este truco es Ramón García, quien, utilizándolo sin ningún escrúpulo, ha impuesto en su grupo la negación de la identidad marxista-leninista de Mariátegui y el PSP. Esta negación (derivada de la negación del marxismo-leninismo) es un intento por sentar una base para un partido-amalgama. Ciertamente la actitud de García es de una clamorosa deshonestidad: achaca a Mariátegui sus propias posiciones revisionistas; intenta macular al maestro con tales posiciones; no tiene el valor elemental de plantearlas a nombre propio; no tiene el coraje de sostener, desde su posición revisionista, que Mariátegui se equivocó al adherir al marxismo-leninismo y al establecerlo como base de unidad del PSP. Respecto a estas cuestiones, en más de dos décadas García no ha hecho más que esgrimir falacias. Contra la feroz y torpe campaña antileninista y antimariateguiana del grupo liquidacionista, SE ALZA EL MARXISMO-LENINISMO DE MARIÁTEGUI Y EL PSP COMO UNA MONTAÑA INELUDIBLE.

[66] La creación heroica de José Carlos Mariátegui, p.23. Negritas en el original.

[67] Marx-Engels: Obras Escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1980, t.III, p.201.

[68] Por lo tanto, el Estado socialista, es decir, el Estado en extinción, aparece como un Estado-Partido y el movimiento revolucionario de las masas como un Partido-Movimiento. Y, en ambos casos, el Partido aparece como un partido en extinción.

 
16.05.2008.




¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

 
 

Mariátegui y el Leninismo

 
E.I.

 

I

EN EL DEBATE EN CURSO EN EL MOVIMIENTO popular, hay quienes pretenden que José Carlos Mariátegui no fue marxista-leninista. Analicemos, pues, esta pretensión.

En el Capítulo I de la primera parte de Defensa del marxismo, el maestro sostuvo que el leninismo es un desarrollo del marxismo, y, en los Capítulos IV y XV del mismo libro, señaló la ligazón indisoluble entre el marxismo y el leninismo.

Decir que “Lenin aparece, incontestablemente, en nuestra época como el restaurador más enérgico y fecundo del pensamiento marxista” y, además, que es en la revolución rusa “donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista”, es señalar que el leninismo es un desarrollo del marxismo en nuestra época.

Decir que “el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx”, es señalar que Lenin llevó adelante los principios de Marx, y que, por esto mismo, desarrolló su teoría.

Es extraordinariamente expresivo, pues, que, en un libro consagrado a defender el marxismo de las tentativas liquidacionistas del revisionismo, Mariátegui dedicara a Lenin tan sustanciosos conceptos.

Esos conceptos explican que, en el Programa del Partido, estableciera el marxismo-leninismo como su base de unidad, con lo cual, como es obvio, puso en claro su personal identidad doctrinal.

En Mariátegui, pues, el término marxismo no tiene la limitación de significar únicamente la concepción de Marx, y esto permite entender qué quiso decir y qué dijo efectivamente con su declaración de ser “marxista convicto y confeso”.

II

En una Encuesta, realizada por Angela Ramos y publicada originalmente en Mundial el 23 de julio de 1926, Mariátegui señaló: “el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación” (1).

No obstante, en un reciente debate sobre el tema que nos ocupa, hemos constatado las vueltas que han dado alrededor de los datos algunos de sus participantes, sin haber sido capaces de llegar a la interpretación. Esto vale especialmente para Miguel Aragón, quien, en carta a Jaime Lastra del 3 de febrero de 2008, dejó escrito: “La exposición de las razones, por las cuales considero que no es correcto afirmar ‘Mariátegui comunista’ o ‘Mariátegui marxista-leninista’, escapa a los límites de esta breve respuesta”. Y que, en carta a Santiago Ibarra de un día después, dejó anotado: “usted afirma: ‘En mi criterio, y como consta en documentos históricos, escritos por el propio Mariátegui, él fue marxista-leninista. Así de simple’”. “Bueno, pues, ese es su criterio, yo lo respeto. Ni yo, ni nadie, tenemos ningún derecho a prohibirle su opinión. Pero ese NO era el criterio de Mariátegui, salvo que usted presente pruebas documentales en las cuales Mariátegui se declara ‘marxista-leninista, con la misma precisión y claridad que se declaró ‘marxista convicto y confeso’ en los ‘7 Ensayos’ e ‘Ideología y Política’” (subrayados, negritas y mayúsculas en el original).

¿Comprende el lector? En negro sobre blanco, Aragón sostiene que no hay pruebas documentales de la filiación marxista-leninista de Mariátegui. Ebrio de citas, se muestra, pues, incapaz de elevarse hasta la interpretación del pensamiento orgánico del maestro sobre la teoría del proletariado, y, por esto, se refugia en el supuesto negado de que no hay prueba documental alguna de su filiación en el sentido indicado. Según su estrecha óptica, si Mariátegui no dijo en primera persona que era marxista-leninista, entonces no fue marxista-leninista; si dijo que era “marxista convicto y confeso”, entonces solamente fue marxista (2).

Pero, como al que no es capaz de elevarse al nivel de la interpretación y pide pruebas documentales, hay que darle pruebas documentales, lo remitimos a Aragón al Programa del Partido, donde el propio Mariátegui estableció, con precisión y claridad, el marxismo-leninismo como la base de unidad de su partido y, por lo tanto –hay que repetirlo  como su personal filiación doctrinal. Este es el documento histórico al que Santiago Ibarra se ha referido, pero, por lo visto, su contradictor, que pide pruebas documentales, sólo ve las que, interpretadas a capricho, convienen a su interesado punto de vista, no obstante haber proclamado que lee “con los dos ojos” y que busca “la verdad en los hechos”.

No es correcto, pues, empeñarse en negar la identidad marxista-leninista de José Carlos Mariátegui, levantando una declaración suya en primera persona que tiene su explicación en el hecho, anotado anteriormente, de que, con la palabra marxismo, hacía referencia a la teoría de Marx y a su desarrollo por Lenin, así como, si vemos el concepto y no la palabra, al titular Socialista a su partido estaba definiéndolo Comunista.

En la misma Encuesta, el maestro señaló también: “Lo que siempre me habría aterrado es traicionarme a mí mismo. Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca” (3).

Y, en su artículo Réplica a Luis Alberto Sánchez, publicado originalmente en Mundial el 11 de marzo de 1927, confutó así los reparos del literato conservador: “Sólo rectificaré, de paso, por el equívoco que pudiese engendrar, el concepto de que lo más mío está en ‘Amauta’. Siento igualmente mío lo que escribo en esta revista, y en cualquiera otra, y ninguna dualidad me es más antipática que la de escribir para el público o para mí mismo. No traigo, como es mi deber, a esta revista, tópicos extraños a la sección en que el propio director de ‘Mundial’ ha querido situar mis estudios o apuntes sobre temas nacionales y menos aún traigo arengas de agitador ni sermones de catequista; pero esto no quiere decir que aquí disimule mi pensamiento, sino que respeto los límites de la generosa hospitalidad que ‘Mundial’ me concede y de la cual mi discreción no me permitiría nunca abusar” (4).

Ahora, pues, puede comprenderse que la tentativa de negar la adhesión de Mariátegui al marxismo-leninismo, significa poner en tela de juicio su sinceridad, su coherencia, su integridad, pues si él mismo definió el carácter marxista-leninista del PSP, ¿cómo así pudo no ser marxista-leninista en su doble condición de fundador y Secretario General de dicho partido?

Sin duda, el argumento de Aragón es tan falaz como el de su mentor Ramón García, quien recurre a un argumento estadístico para negar el marxismo-leninismo de Mariátegui (5).

Entre paréntesis: su estilo lagotero ha conducido a Aragón a declarar que él respeta el criterio de que el maestro fue marxista-leninista (respetar implica consideración, deferencia, acatamiento, veneración, miramiento), contraviniendo así este agudo aserto dialéctico del maestro: “No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas”. De manera, pues, que, si Aragón considera que el reconocimiento de la filiación marxista-leninista de Mariátegui es una idea mala, no debería respetarla. Pero, está claro que, en su espíritu, la lagotería puede más que la dialéctica (6).

Por nuestra parte, declaramos enfáticamente que no respetamos en absoluto la mala idea según la cual Mariátegui no fue marxista-leninista.

Y, en tanto son los individuos los portadores de las ideas, hay que subrayar el hecho de que algo anda mal en Aragón para obstinarse en falsificar la identidad doctrinal del fundador del PSP.

Justifico esta afirmación, recordando que, en su polémica con Luis A. Sánchez, Mariátegui señaló que polemizaba “poco con los individuos y mucho con las ideas”, pero no dijo, como es obvio, que no polemizaba en absoluto con los individuos.

En el presente escrito hemos polemizado, como ha podido ver el lector, con una idea manifiestamente errónea, profundamente negativa y altamente peligrosa. Sólo faltaba que agregáramos una breve alusión a la actitud mental que la promueve.

Si todavía hoy existen algunos personajes de rancia ideología que niegan, con verdadero furor y utilizando los más disparatados argumentos, que Mariátegui fuera marxista, resulta que ahora hay “marxistas” que se obstinan en negar su condición de marxista-leninista.

Esto, desde todo punto, es una constatación que es todo un llamado de atención a los elementos conscientes del Socialismo Peruano.
 

Notas

[1]  La novela y la vida, EEA, Lima, 1987, p.156.

[2] Es un hecho histórico que el marxismo-leninismo fue la base de unidad del PSP, pero Aragón lo niega sin más. ¿Y cuál es su argumento? Escamoteando los términos de la cuestión, dice que si aquello fuese cierto, entonces Mariátegui habría sido un “militante inconsecuente”, pues no hacía propaganda de dicha base ideológica. Se imagina nuestro personaje, seguramente, que el maestro hubiera tenido que terminar sus escritos con un sonoro ¡viva el marxismo-leninismo! (“arengas de agitador”) o extenderse en discursos generales sobre el marxismo-leninismo (“sermones de catequista”). Es impresionante, pues, que, no obstante haber dicho que lee a Mariátegui desde hace más de cuarenta años, no se haya percatado de su adhesión explícita al leninismo (Defensa del Marxismo, Programa del Partido), y, menos todavía, de la esencia de la cuestión: el desarrollo del leninismo plasmado en su pensamiento.

[3] Ibídem, p.155.

[4] Ideología y política, p.220.

[5] En verdad, a este respecto –como a otros– lo que hace Aragón es seguir ciegamente a García, quien, como se ha visto, niega el marxismo-leninismo como la verdad universal del proletariado, como la base de unidad del PSP y como la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui, en términos tan equívocos como los siguientes: “… de las tres consignas básicas [de la Revolución de Octubre], sólo queda el Marxismo-Leninismo, pero cada vez más limitada geográficamente a la URSS. Este término sólo se encuentra dos veces en la obra de JCM, y ambas indicando el método marxista, no la doctrina. Y menos como nueva época. No es casual que su obra se llame Defensa del Marxismo, a secas, y no, por ejemplo, Defensa del Marxismo-Leninismo” (El movimiento comunista). Esta sesgada negación del marxismo-leninismo y de la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui y el PSP, demuestra que lo que hace García, a su vez, es ir tras los talones de quienes, en el extranjero y en el país, llevan a cabo desde hace décadas una cruzada contra el leninismo.

[6] Este estilo les sirve a Aragón y a los demás miembros de su tendencia para intentar neutralizar a sus críticos. Pero además, es una cortina de humo con la que intentan ocultar su irrefrenable tendencia a agraviar, denigrar, calumniar, de todo lo cual puede hacerse una gruesa antología.

 
06.02.2008.
 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

 

El Nombre del Partido
 

E.I.

 

I

EN SU FAMOSO EDITORIAL Aniversario y balance, José Carlos Mariátegui afirmó con toda claridad: “En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido” (1). Esto fue escrito en setiembre de 1928. El 7 de octubre del mismo año, el maestro fundaba el Partido Socialista del Perú y, en consecuencia, es claro que este nombre tiene su explicación en la citada afirmación.

II

En su tiempo, Marx y Engels evitaron el término socialista para denominar al Partido, pues este término era utilizado por algunas tendencias burguesas, pequeño burguesas y hasta feudales que, por este solo hecho, lo habían desacreditado. Por eso optaron por el término comunismo, y, así, titularon Manifiesto del Partido Comunista al programa doctrinario que la Liga de los Comunistas les había encomendado, y en el cual, como se sabe, criticaron el socialismo feudal, el socialismo pequeño burgués, el socialismo alemán o socialismo “verdadero”, el socialismo burgués y el comunismo crítico-utópico.

Aparentemente, razones de demarcación política obligaron a los fundadores a renunciar a la utilización del término socialista como nombre del Partido.

Federico Engels escribió: “en 1887, el socialismo continental era casi exclusivamente la teoría formulada en el Manifiesto. Y así, la historia del Manifiesto refleja hasta cierto punto la historia del movimiento obrero moderno desde 1848. Actualmente es, sin duda, la obra más difundida, la más internacional de toda la literatura socialista, el programa común de muchos millones de obreros de todos los países, desde Siberia hasta California”. “Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista. En 1847, se comprendía con el nombre de socialista a dos categorías de personas. De un lado, los partidarios de diferentes sistemas utópicos, particularmente los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, que no eran ya sino simples sectas en proceso de extinción paulatina. De otra parte, toda suerte de curanderos sociales que aspiraban a suprimir, con sus variadas panaceas y emplastos de toda suerte, las lacras sociales sin dañar en lo más mínimo al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases ‘instruidas’. En cambio, la parte de los obreros que, convencida de la insuficiencia de las revoluciones meramente políticas, exigía una transformación radical de la sociedad, se llamaba entonces comunista. Era un comunismo apenas elaborado, sólo instintivo, a veces un poco tosco; pero fue asaz pujante para crear dos sistemas de comunismo utópico: en Francia, el ‘icario’, de Cabet, y en Alemania, el de Weitling. El socialismo representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero. El socialismo era, al menos en el continente, muy respetable; el comunismo era precisamente lo contrario. Y como nosotros ya en aquel tiempo sosteníamos muy decididamente el criterio de que la ‘emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma’, no pudimos vacilar un instante sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Y posteriormente no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella” (2).

El hecho, pues, de que, por una parte, el socialismo fuera “un movimiento burgués” y el comunismo “un movimiento obrero” y, por otra, de que Marx y Engels sostuvieran “el criterio de que ‘la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma’”, determinó que el Manifiesto apareciese con el título de Manifiesto del Partido Comunista.

Pero, entonces, quiere decir que las razones que llevaron a los fundadores a elegir la denominación de Partido Comunista no fueron político contingentes sino de principio. Por eso, se comprende que Engels señalara: “posteriormente no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella”.

Marx habló de “la primera fase de la sociedad comunista” y de “la fase superior de la sociedad comunista” (3). Pero después el término socialismo se consagró como denominación de la primera fase de la sociedad futura y, así, el término comunismo vio reducido su referente a la segunda fase.

A propósito de ello, Lenin hizo el siguiente comentario: “… la diferencia científica entre el socialismo y el comunismo es clara. A lo que se acostumbra a denominar socialismo, Marx lo llama la ‘primera’ fase o la fase inferior de la sociedad comunista. En tanto los medios de producción se convierten en propiedad común, puede emplearse la palabra ‘comunismo’, siempre y cuando que no se pierda de vista que éste no es el comunismo completo” (4).

La transformación de los medios de producción en propiedad común, justifica, pues, la terminología de Marx, quien, precisamente, fundamentó científicamente la diferencia entre la primera y la segunda fase de la sociedad comunista. Esta diferencia científica determina la diferencia científica entre los términos comunista y socialista como nombres del partido y, en general, la diferencia entre el primero de estos términos y todos los otros que han servido o pueden servir circunstancialmente como nombres del partido proletario.

Lenin planteó: “La humanidad sólo puede pasar del capitalismo directamente al socialismo, es decir a la propiedad común de los medios de producción y a la distribución de los productos según el trabajo de cada cual. Nuestro Partido va más allá: afirma que el socialismo deberá transformarse inevitablemente y de modo gradual en comunismo, en cuya bandera campea este lema: ‘De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades’” (5). Por eso afirmó: “Debemos llamarnos Partido Comunista, como se llamaban Marx y Engels” (6).

Como se ve, entre las aserciones de Engels y de Lenin sobre el nombre del partido proletario, existe una evidente comunidad de ideas y un indiscutible hilo conductor: el nombre científicamente exacto del partido se deriva del contenido fundamental del marxismo: la misión histórica del proletariado, y no de ninguna otra cosa. Es decir el nombre de Partido Comunista es el nombre científicamente exacto, porque expresa nuestra adhesión al Programa Máximo del proletariado revolucionario: la realización del comunismo.

Puede decirse, entonces, que el concepto de comunismo supone, antecede, abarca el concepto de socialismo. Por lo tanto, somos socialistas porque somos comunistas, porque vamos más allá de la distribución de los productos según el trabajo de cada cual, porque luchamos por realizar el gran lema “de cada cual, según su capacidad; a cada cual según su necesidad”.

Lenin recordó: “En el prólogo a la edición de sus artículos de la década de 1870 sobre diversos temas, predominantemente de carácter ‘internacional’ (Internationales aus dem Volksstaat), prólogo fechado el 3 de enero de 1894, es decir, escrito año y medio antes de morir Engels, éste escribía que en todos los artículos se emplea la palabra ‘comunista’ y no la de ‘socialdemócrata’, pues por aquél entonces socialdemócratas se llamaban los proudhonistas en Francia y los lassalleanos en Alemania” (7).

Y citó este aserto del cofundador del marxismo: “Para Marx y para mí era, por tanto, sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan elástica. En la actualidad, la cosa se presenta de otro modo, y esta palabra (‘socialdemócrata’) puede, tal vez, pasar (mag pacieren), aunque sigue siendo inadecuada (unpassend) para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista, y cuya meta política final es la superación total del Estado y, por consiguiente, también de la democracia. Pero los nombres de los verdaderos partidos políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda” (8).

En la última década del siglo XIX, el término socialdemócrata, inadecuado como nombre del Partido, podía, en efecto, “tal vez, pasar”. Por eso, como señaló Lenin, “… Marx y Engels se resignaron a admitir conscientemente el término inexacto y oportunista de ‘socialdemocracia’. Porque entonces, después de derrotada la Comuna de París, la historia había puesto al orden del día una labor lenta de organización y educación. No cabía otra. Los anarquistas no sólo no tenían ninguna razón teóricamente (y siguen sin tenerla), sino tampoco desde el punto de vista económico y político. Apreciaban erróneamente el momento, sin comprender la situación internacional: el obrero inglés corrompido por las ganancias imperialistas, la Comuna de París aplastada, el movimiento nacional-burgués que acababa de triunfar (1871) en Alemania, la Rusia semifeudal sumida en un letargo secular…”. “Marx y Engels tuvieron en cuenta certeramente el momento, comprendieron la situación internacional y las tareas de la aproximación lenta hacia el comienzo de la revolución social” (9).

Lenin señaló que “El nombre de ‘socialdemocracia’ es científicamente inexacto, como demostró Marx reiteradas veces, en Crítica del programa de Gotha en 1875, y como repitió Engels, en un lenguaje más popular, en 1894”, y señaló, además, que “la segunda parte de la denominación de nuestro Partido (socialdemócrata) tampoco es exacta desde el punto de vista científico. La democracia es una de las formas del Estado, y nosotros, los marxistas, somos enemigos de todo Estado” (10).

Pues bien, ¿por qué Lenin subrayó que la segunda parte de la denominación, la palabra demócrata, tampoco es exacta? Evidentemente, porque la primera parte, la palabra social (apócope de la palabra socialismo) no es exacta. El nombre científicamente exacto del partido proletario es el de Comunista. Pero si la palabra socialista no es científicamente exacta como nombre del Partido, la palabra democracia, a más de inexacta, después de la revolución burguesa de febrero de 1917 se convirtió en una anteojera para el pueblo revolucionario. Esta era y sigue siendo la diferencia entre las dos palabras que componían entonces el nombre del partido de Lenin.

Como se ve, Marx y Engels, primero, y Lenin después, hubieron de admitir temporalmente otros nombres que impusieron determinadas condiciones concretas. Esto significa que, dadas ciertas circunstancias, lo político contingente se impone sobre lo principista, y, como es lógico, de esta manera se abre una contradicción entre el contenido del partido y su nombre, contradicción más o menos flagrante según sea el caso.

Sin embargo, como señaló Lenin, “… la cuestión del nombre del Partido es incomparablemente menos importante que la cuestión de la posición del proletariado con respecto al Estado…” (11), y, en consecuencia, en determinadas circunstancias pueden admitirse nombres científicamente inexactos, a condición de que “… el Partido no desconozca la inexactitud científica de su nombre y que éste no le impida desarrollarse en la dirección certera” (12). Pero esto no quiere decir que el nombre del partido no tenga ninguna importancia. En realidad, tiene una gran importancia.

Lenin escribió: “No hay más salida que la revolución del proletariado”. “Y en un momento así, en que esta revolución comienza, en que da sus primeros pasos… la mayoría… de los líderes ‘socialdemócratas’, de los parlamentarios ‘socialdemócratas’, de los periódicos ‘socialdemócratas’ –y son precisamente estos los órganos creados para influir sobre las masas–, traiciona al socialismo, vende al socialismo y deserta al campo de ‘su’ burguesía nacional”. “Esos líderes han confundido a las masas, las han desorientado y engañado”. “¡Y se pretende que nosotros fomentemos ahora ese engaño, que lo facilitemos, aferrándonos a esa vieja y caduca denominación, tan podrida ya como la II Internacional!”. Y finalizó: “Pero nosotros queremos transformar el mundo”. “Y tenemos miedo de nosotros mismos. No nos decidimos a quitarnos la camisa sucia a que estamos ‘habituados’ y a la que hemos tomado ‘apego’”. “Mas ha llegado la hora de quitarse la camisa sucia, ha llegado la hora de ponerse ropa limpia” (13).

Es decir Lenin desahució el término compuesto socialdemócrata (las palabras socialismo y democracia) y propuso el nombre de Partido Comunista, pero, no obstante esto, siguió utilizando el término socialismo, aunque únicamente para designar la teoría marxista, el movimiento marxista, la revolución del proletariado y la primera fase de la sociedad comunista.

Parece, pues, un contrasentido que al comunismo científico se le conozca también con el nombre de socialismo científico, y al término socialismo no se le reconozca como nombre científicamente exacto del partido proletario. Pero la cuestión se plantea en realidad de otro modo: por expresar la meta del proletariado revolucionario, el término comunismo es el nombre científicamente exacto de la teoría marxista. 

Después de la primera guerra mundial la degeneración de los partidos de la Segunda Internacional determinó que los partidos revolucionarios del proletariado adoptaran por lo general el nombre de Comunista. Inclusive el punto 18 de las Condiciones de ingreso en la Internacional Comunista, estableció que “… todos los partidos que deseen ingresar en la Internacional Comunista deben cambiar su título. Cada uno de los partidos que desee entrar en la Internacional Comunista debe llevar este título: Partido Comunista de tal país (Sección de la III Internacional Comunista). La cuestión del título no es sólo formal, sino una cuestión de gran importancia política. La Internacional Comunista ha declarado una lucha decidida a todo el mundo burgués y a todos los partidos socialdemócratas amarillos. Es necesario que para cada trabajador de filas sea totalmente clara la diferencia entre los partidos comunistas y los viejos partidos oficiales ‘socialdemócratas’ o ‘socialistas’, que han traicionado la bandera de la clase obrera” (14).

Desechado definitivamente el nombre de socialdemócrata, a partir de la Tercera Internacional los partidos proletarios utilizaron, pues, el nombre de Partido Comunista, pero en algunos casos también los de Partido Socialista, Partido del Trabajo y Partido de los Trabajadores.

Circunstancias muy concretas determinaron que algunos partidos adoptaran otros nombres distintos al de Comunista. El partido del proletariado albanés, por ejemplo, originalmente llamado Partido Comunista de Albania, cambió este nombre por el de Partido del Trabajo de Albania en noviembre de 1948 en oportunidad de su I Congreso. “Esta modificación estaba relacionada con el contenido social de la población del país y del Partido y no alteraba en nada el carácter ni los objetivos de éste. Los campesinos constituían en Albania la mayoría, un 80 por ciento de la población. Esto se reflejaba igualmente en el Partido, cuya inmensa mayoría de militantes eran trabajadores del campo” (15).

Por su parte, el Partido Comunista de Viet Nam adoptó el nombre de Partido Comunista de Indochina en octubre de 1930 y, en oportunidad de su II Congreso en febrero de 1951, volvió a cambiar su nombre por el de Partido de los Trabajadores de Viet Nam: “Se decidió dejar actuar públicamente al partido con el nombre de Partido de los Trabajadores de Viet Nam” (16).

Como se ve, en el primer caso la razón fue la composición social de la población y del propio partido, y en el segundo la necesidad de actuar públicamente. Pero ocurre que, el Partido Comunista de China, por ejemplo, no cambió de nombre, no obstante actuar en un país donde el ochenta por ciento de la población era campesina y, como resultado de esto, un porcentaje más o menos igual de su militancia tenía el mismo origen social.

Estos hechos merecen, pues, un cuidadoso análisis.


III
 
En el Perú de las primeras décadas del siglo pasado, el término socialista aparecía apropiado para darle nombre al Partido, no por razones de principio sino por razones político contingentes.

¿Cuáles fueron estas razones? Tres muy concretas:

1) la incipiente conciencia política de la clase obrera. Con esto tiene que ver esta declaración de Mariátegui de 1927: “Extraviarse en estériles debates principistas, en un proletariado donde tan débil arraigo tienen todavía los principios, no serviría sino para desorganizar a los obreros cuando de lo que se trata es, justamente, de organizarlos” (17);

2) Mariátegui pensaba en un partido con un estatus legal. En octubre de 1928 escribió: “La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, para crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fundación pública de esta agrupación”. (18); y,

3) el socialismo apenas comenzaba aquí su proceso histórico y, por lo tanto, conservaba su antigua grandeza.

El planteamiento mariateguiano era, pues, correcto. Pero Mariátegui murió en abril de 1930, la reunión del Comité Central del 20 de mayo del mismo año cambió el nombre del partido y hasta su rumbo político y, poco después, la facción reformista de Castillo usufructuó el nombre de Partido Socialista.

En un comentario sobre cierta opinión vertida por el médico español Gregorio Marañón,  José Carlos Mariátegui sostuvo: “En el hombre de ciencia y de cátedra, de espíritu liberal y humanista, que concede sin reservas al partido socialista de su patria, con un certificado de salud, un testimonio de simpatía y confianza, y que predica como un ideal de su tiempo la eugenesia, la palabra comunismo puede suscitar supersticiosas aprensiones, aunque la práctica del único Estado comunista del mundo -la URSS- le enseñe que no existe entre los dos términos más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios, y por la necesidad práctica eventual de distinguir estos dos campos con dos rótulos diversos” (19).

Esto escribió Mariátegui un año y tres meses después de haber fundado el Partido Socialista y, como se ve, sigue la lógica de aquella otra afirmación suya en Aniversario y balance, transcrita en el primer párrafo del presente escrito. Por lo tanto, si, según señaló, entre los términos socialismo y comunismo no existe más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios, entonces se entiende que, al titular Socialista a su partido, estaba expresando su condición de Comunista.

La necesidad, pues, de distinguir entre reformistas y revolucionarios, determinó que el rótulo de socialismo terminara designando a los primeros y el rótulo de comunismo a los segundos. Pero ¿por qué fue así precisamente, y no al revés? Porque el término comunismo designa el Programa Máximo del proletariado revolucionario y, en consecuencia, es algo más que un rótulo: es el nombre científicamente exacto del Partido, o sea, el nombre que designa con toda exactitud la meta de realizar el gran lema “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”.

La burguesía -pequeña, mediana o grande- puede aceptar y acepta de hecho, en las condiciones del régimen capitalista, la propiedad social bajo la forma de comunidad campesina, cooperativa y empresa estatal, pero de ninguna manera la propiedad común de los medios de producción y, por esto, algunas tendencias del reformismo se bautizan socialistas, pero no comunistas. Y por eso, hoy por hoy, hay socialismo burgués, pero no comunismo burgués.

De hecho (y a pesar de lo afirmado arriba sobre el nombre científicamente exacto de la teoría marxista), en el habla cotidiana lo mismo da decir, por ejemplo, socialismo científico que comunismo científico, pero, en cambio, no da lo mismo decir movimiento socialista que movimiento comunista, pues en el mundo actual, donde hasta Internacional Socialista tenemos, el primer término sirve para designar el movimiento reformista y el segundo para designar el movimiento revolucionario. Por eso decimos movimiento comunista (internacional o nacional) y no movimiento socialista (internacional o nacional).

En el marco del actual conflicto entre reformistas y revolucionarios, los términos socialismo y comunismo no son intercambiables, pero en las circunstancias históricas particulares como las del Perú de las primeras décadas del siglo pasado, el primero de dichos términos se presentaba adecuado como nombre del Partido, pues el proceso histórico del socialismo apenas comenzaba. En cambio, con respecto a la teoría marxista y a la revolución proletaria, los mencionados términos son intercambiables.

Desde luego, el término socialismo podrá recuperar su vieja grandeza, mañana, cuando las necesidades de demarcación política hayan desaparecido. Pero la desaparición de estas necesidades solo será posible en el comunismo, es decir, cuando la lucha contra el oportunismo haya concluido. El mañana al que se refirió Mariátegui es, pues, el mañana comunista, y en modo alguno el presente.

En su primera conferencia en la UPGP, junio 1923, Mariátegui afirmó: “Una parte del socialismo se ha afirmado en su orientación social-democrática, colaboracionista; la otra parte ha seguido una orientación anti-colaboracionista, revolucionaria. Y esta parte del socialismo es la que, para diferenciarse netamente de la primera, ha adoptado el nombre de comunismo”. “Aquí, como en Europa, los proletarios tienen, pues, que dividirse… en colaboracionistas y anticolaboracionistas, en reformistas y maximalistas”. “Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas” (20).

Con estas tajantes afirmaciones, Mariátegui tomó posición con respecto al nombre del Partido y al Estado. Pero tomar posición sobre estas cuestiones en el plano general, no es todavía tomar posición sobre las mismas en el plano nacional. Por eso puede decirse que la posición de Mariátegui sobre el nombre del Partido se tradujo –esta es la palabra precisa– en la siguiente afirmación que aparece nada menos que en el Acta de Constitución del Partido: “De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas” (21).

Condiciones concretas, pues, y, además, actuales, lo que significa que fueron las condiciones peruanas de los años veinte del siglo pasado las que llevaron a Mariátegui a la convicción de la pertinencia del nombre de Partido Socialista; y su posición respecto al Estado peruano se expresó en todas las líneas y entrelíneas de sus escritos sobre la realidad peruana.

Por lo tanto, Mariátegui no negó el nombre científicamente exacto del partido proletario ni su pertinencia en otros países, e, incluso, no negó tampoco que, un cambio en la situación nacional, podía, tal vez, favorecer otro nombre del Partido. Así, pues, concretamente, la posición del partido de Mariátegui con respecto al Estado no estaba en serio conflicto con su nombre, pues entonces el socialismo recién comenzaba aquí su proceso histórico y, en consecuencia, conservaba su antiguo prestigio. Este es un caso ejemplar en que Mariátegui mostró su dominio de la dialéctica.
 

IV
 

En un conjunto de cuatro artículos publicados bajo el título común de Por qué socialista, Ramón García presenta algunos argumentos para solventar su propuesta de “reivindicar el Partido Socialista”. Examinemos, pues, estos argumentos.

Pero antes una cuestión especialmente importante. En el artículo El movimiento comunista, García escribe que “Fallecido JCM, el nuevo S.G. Eudocio Ravines envió el 09.05.30 una carta a Luciano Castillo y otros disidentes, firmada a nombre del Partido Socialista. Sólo el 20.05.30 se adoptaría el nombre de Partido Comunista. Es decir, JCM nada tuvo que ver con el cambio de nombre del Partido Socialista”.

Compartimos esta apreciación, cuya verdad histórica se sostiene en toda la lucha interna desde octubre de 1928 hasta mayo de 1930.

Pues bien, Mariátegui escribió: “El capitalismo ha dejado de coincidir con el progreso” (22). Y en otra parte sostuvo: “Capitalismo o Socialismo. Este es el problema de nuestra época” (23).

Y García cita estas afirmaciones, y comenta: “Ésta es precisamente la base para sostener el nombre de Partido Socialista” (24). Incluso insiste: “si el socialismo es el llamado a reemplazar el capitalismo, se entiende entonces el porqué del nombre de Partido Socialista” (25).

Pero ocurre que, como hemos visto, el argumento de Mariátegui para sostener el nombre de Partido Socialista es uno y único (y suficiente): “En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido” (26).

El porqué de Mariátegui es, pues, distinto al porqué de García.

Mariátegui tuvo la prudencia de sostener el nombre de Partido Socialista en un justo argumento político contingente, que precisó con estas palabras que repetimos: “De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista…”.

En cambio García, en su afán de parecer sólido, comete la imprudencia de “interpretar” ciertas afirmaciones de Mariátegui en un sentido que no tienen en realidad y, por este camino, llega a una conclusión general, válida para todos los países, independiente de toda situación particular: “[el problema de nuestra época es] la base para sostener el nombre de Partido Socialista”; “si el socialismo es el llamado a reemplazar el capitalismo, se entiende entonces el porqué del nombre de Partido Socialista”.

De este modo García tergiversa el pensamiento de  Mariátegui en punto a las razones del nombre fundacional del PSP y, por esta vía, niega la tesis de Marx, Engels y Lenin sobre el nombre científicamente exacto del Partido. Se entiende, pues, porqué en sus cuatro artículos y en la introducción a los mismos elude tomar posición explícita sobre esta cuestión (27).

En consecuencia, no sorprende que, tratando de sustentar su interpretación de ciertas afirmaciones de Mariátegui, llegue a decir que “Sólo cinco de los catorce partidos en el Poder llevan el nombre de Partido Comunista”, y que esta “realidad internacional le da la razón a Mariátegui” (28). Esto fue escrito en 1988.

¿Es cierto esto? No, no es cierto, pues, como ha quedado claro, Mariátegui no propuso el nombre de Partido Socialista sino para el Perú de su tiempo y, a lo sumo, para aquellos otros países donde el proceso histórico del socialismo igualmente comenzaba, lo cual, sin duda, no era el caso de los países europeos precisamente.

Por lo demás, hay un otro aspecto del problema en el cual García no ha reparado. La afirmación mariateguiana de que el problema de nuestra época es capitalismo o socialismo es completamente correcta. Pero también sería correcto afirmar que este problema es capitalismo o comunismo, pues el socialismo no es sino la primera fase de la sociedad comunista. Por lo tanto, esta formulación del mencionado problema es tan legítima como la de Mariátegui y, por vía de consecuencia, también el nombre de Partido Comunista sería tan legítimo como el de Partido Socialista. Sin embargo, hablando exactamente, la cosa no va por allí: como ha quedado sentado, el nombre científicamente exacto del Partido se deriva del contenido fundamental del marxismo, de la misión histórica del proletariado, de la meta de realizar el comunismo, y los otros nombres científicamente no exactos se derivan de circunstancias particulares que no aconsejan el nombre de Partido Comunista. 

En la Presentación de Amauta”, Mariátegui escribió: “No se mire en este caso a la acepción estricta de la palabra. El título no traduce sino nuestra adhesión a la Raza, no refleja sino nuestro homenaje al Incaismo. Pero específicamente la palabra ‘Amauta’ adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez” (29).

Y García comenta: “Igual hizo con la palabra socialista. La creó otra vez” (30).

Pero ocurre que Mariátegui planteó claramente que a la palabra amauta la iban a crear otra vez, porque con la revista a la que daba nombre adquiría “una nueva acepción”. Y agregó el maestro: “El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. Pero consideraremos siempre al Perú dentro del panorama del mundo. Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación políticos, filosóficos, artísticos, literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo” (31).

Esta es la nueva acepción que adquirió la palabra amauta al ser incorporada a un proyecto socialista.

En consecuencia, la afirmación de Mariátegui de que “la palabra ‘Amauta’ adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez”, tuvo verdadero sentido y se justificó plenamente.

Pero, con la palabra socialismo, no ocurrió lo mismo. Esta palabra fue utilizada por primera vez en un libro del socialista utópico francés Pedro Leroux publicado en el año 1833, o sea en el marco de la tradición del socialismo utópico, es decir, del socialismo no proletario y, al ser transformado este socialismo en socialismo científico, cobró, como es lógico, una nueva acepción y, de este modo, para decirlo con Mariátegui, fue creada otra vez. Desde entonces la palabra socialismo pertenece al lexicón marxista con un determinado significado, y esto quiere decir que, al dar nombre al partido del proletariado peruano, dicha palabra no adquirió ninguna nueva acepción y, por consiguiente, no fue creada otra vez. Lo que ocurrió entonces fue algo mucho más simple: desacreditada en Europa por designar la degeneración reformista, en el Perú de Mariátegui aparecía todavía como adecuada para denominar al Partido, pues el socialismo apenas comenzaba aquí su proceso histórico y, por lo tanto, su grandeza (es decir su vieja acepción adquirida al ser incorporada al lexicón marxista) se conservaba intacta. El propio Mariátegui sostuvo esto expresamente. Por eso la frase de García, “Lo mismo hizo con la palabra socialista. La creó otra vez”, no tiene ningún asidero.

Después de escribir que el nombre de Partido Socialista obedeció a una cuestión de táctica (32), García muestra ahora una evidente aprensión con respecto a esta palabra. En la introducción a sus cuatro artículos, pregunta: ‘¿Es cierto que fue por táctica?’. Y hace esta pregunta porque, como se ha visto, él cree que el nombre de Partido Socialista no obedeció a una situación concreta particular. Pero, como se ha visto también, el argumento uno y único de Mariátegui (“En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido…”) y su incontrovertible precisión (‘De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú…’), demuestran que su decisión de denominar Socialista al Partido obedeció a una situación concreta particular, es decir, que fue una decisión táctica. Y, naturalmente, no hay porqué temerle a la palabra por el solo hecho de que conocidos oportunistas la hayan utilizado en medio de argumentos que pretenden que el nombre fundacional del Partido fue un error. Por supuesto, no fue un error, tal como lo hemos sostenido arriba, es decir, la decisión de Mariátegui no fue una táctica errónea sino una táctica correcta. Pero considerar que el nombre de Partido Socialista, acordado en setiembre de 1928, se desprende del problema de nuestra época y, por lo tanto, del hecho de que el socialismo sucede al capitalismo, son lucubraciones de García, y con ellas nada tiene que ver Mariátegui.

Mariátegui escribió: “El Perú es un país de rótulos y de etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido”. “El título preocupará posiblemente a algunos. Esto se deberá a la importancia excesiva, fundamental, que tiene entre nosotros el rótulo” (33).

Precisamente con su idea de “reivindicar el Partido Socialista” en unas circunstancias históricas marcadamente distintas a las que justificaron este nombre en los años veinte del siglo pasado, García se ha revelado prisionero de la importancia excesiva, fundamental, que tiene entre nosotros el rótulo. De este modo ha seguido lo que fue contingente y no lo que es sustancial en Mariátegui: su método

Los hechos anotados hasta aquí son la base para impugnar los argumentos presentados por García en su propósito de justificar en el Perú actual el nombre de partido socialista.

Después de citar de Aniversario y Balance que la palabra socialismo guardará su grandeza “mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación, que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido”, García exclama: “¡Palabras proféticas!” (34).

¿Proféticas? ¿Por qué proféticas? ¿Qué hechos actuales son la realización de las palabras de Mariátegui para que García hable de “palabras proféticas”? Ciertamente, aquellas palabras mariateguianas, escritas en setiembre de 1928, fueron el anuncio público, alusivo, del nombre que ese mismo mes la Reunión de La Herradura le daba al Partido, y, por lo tanto, en modo alguno pueden ser tomadas como proféticas.

En consecuencia, la exclamación de García tiene un otro sentido. De hecho, revela su creencia de que el mañana del que habló Mariátegui es el Perú actual (y hasta el mundo actual), es decir que, para él, han desaparecido las necesidades de demarcación entre reformistas y revolucionarios, y, por consiguiente, no es necesario distinguir concepciones y métodos con dos títulos distintos. Pero esto es falso de toda falsedad, como lo sabe todo marxista. Tanto como ayer, las necesidades de demarcación con respecto al oportunismo están vigentes en el mundo entero, y lo estarán mientras haya lucha de clases. Y habrá lucha de clases durante toda la época del imperialismo y de la revolución proletaria.

Por otro lado, García afirma que, “Respecto al Partido, ahora se acepta diversidad de nombres”. Pero ¿de qué partido habla? Preguntamos, porque, cuando Lenin se planteó el problema de “cómo debe denominarse nuestro Partido”, se refirió a un partido marxista y no a un partido oportunista cualquiera. Y cuando Mariátegui afrontó el mismo problema, se refirió también a un partido marxista y no a un partido oportunista cualquiera.

Pero, en su afán de encontrar pruebas de su aserción, García intenta pasar como marxistas a partidos ideológica y políticamente descompuestos hasta la médula, como el Partido Socialista Unificado de Alemania, el Partido Comunista de Checoslovaquia, el Partido Comunista de la Unión Soviética, la Liga de los Comunistas de Yugoslavia, etcétera.

Más todavía, en el colmo del menosprecio por el factor ideológico como el determinante del carácter de clase de un partido, llega a decir que “El Partido de Marx, el Partido de Alemania, se llama precisamente Partido Socialista” (35).

Sin embargo, contra esa arbitraria afirmación, se alza el hecho histórico de que el partido de Marx fue el Partido Socialdemócrata Alemán, que, después de fallecidos los fundadores del comunismo científico, se transformó en un partido completamente revisionista y, por esto, dejó de ser el partido de Marx y Engels.

Como se ha visto arriba, el cofundador del marxismo sostuvo que “los partidos se desarrollan y el nombre queda”. Pero también los partidos pueden no desarrollarse sino degenerar. Precisamente la inmensa mayoría de los partidos que García menciona en su artículo El movimiento comunista, cayeron al pantano del revisionismo y sus nombres quedaron. En consecuencia, mal puede hablarse de ellos como ejemplos de que “ahora se acepta diversidad de nombres” (36). Por el contrario, el hecho de que, de esos partidos, quedaran los nombres de Socialista y de Comunista, fue un factor que contribuyó a confundir a las masas. Y, por lo que se puede ver, no sólo a las masas.

La degeneración reformista de los partidos de la Segunda Internacional que impuso después de la primera guerra mundial designaciones específicas en Europa, impuso también con el tiempo iguales designaciones en América Latina. Partidos socialistas ligados a la Segunda Internacional se fundaron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX: en 1896 en Brasil y Argentina; en 1904 en Cuba; en 1910 en Uruguay; en 1912 en Chile, por ejemplo. Pero estos partidos resultaron tan oportunistas como la Segunda Internacional y, por esto, de sus filas se apartaron los elementos que fundaron partidos comunistas ligados a la Tercera Internacional. De entonces a esta parte, partidos socialistas han ejercido y ejercen el gobierno no sólo en Europa (demostrando su condición de partidos al servicio de la burguesía imperialista), sino también en nuestro continente (demostrando su reformismo en unos casos y su pro-imperialismo en otros).

Por lo demás, desde 1951 la Internacional Socialista agrupa a partidos que, en sus respectivos países, compiten con otros partidos conservadores en la defensa del sistema capitalista y que, como es notorio, forman un movimiento bien financiado, bien organizado, bien extendido y bien publicitado.

En un mundo donde la información está globalizada más que ayer y más todavía que anteayer, la domesticada actuación del oportunismo socialista está en la conciencia de las clases trabajadoras de todos los países del mundo. En el nuestro, el reformismo del Partido Socialista de Castillo, primero, y, ahora, el reformismo del Partido Socialista Peruano, por ejemplo, evidencian igualmente que bajo el nombre de socialismo se esconde nada menos que la negación del revolucionarismo proletario.

Desde hace décadas, pues, tanto en Europa como en América, el nombre de socialista sirve para embotar la conciencia política del proletariado y llevar a las masas por el camino del más mediocre reformismo. Ciertamente la camisa del socialismo está sucia.

Los excesos de la represión en los tiempos de Stalin, la intervención soviética en Hungría y Polonia, el muro de Berlín, la escisión en el movimiento comunista internacional, la guerra chino-vietnamita, la controversia albano-china, la barbarie camboyana, la guerra chino-vietnamita, la caída del revisionismo (que en la conciencia ordinaria de las masas pasó como caída del comunismo), la derrota de varias luchas armadas en Asia y América Latina y, en el plano nacional, la oportunista actuación de varios partidos comunistas y la barbarie senderista, han creado una situación general adversa al comunismo. Ciertamente la camisa del comunismo está sucia.

Estos hechos determinan que actualmente en la escena mundial y, en particular en la peruana, no se justifiquen las denominaciones de Socialista y de Comunista para el partido del proletariado, salvo consideración subjetiva. Y, como es obvio, una consideración de tal naturaleza se distingue por hacer caso omiso de los hechos. En el caso que nos ocupa, no es difícil identificar los hechos que, de todos aquellos mencionados arriba, ha omitido García. Pero subrayemos solamente dos, suficientemente expresivos.

García sostiene: “… en la reunión del C.C. del 07.09.29, JCM reafirmó la denominación de Partido Socialista. Sólo se opusieron Jacinto Paiva y Luciano Castillo” (37).

Pero esto es referir la historia de un modo incompleto. Después del fallecimiento de Mariátegui, la facción reformista de Castillo usufructuó el nombre de Partido Socialista. García silencia este hecho.

El Partido Socialista Revolucionario (es expresivo que este partido, además de Socialista, se apellidara Revolucionario) estuvo comprometido, no obstante su apellido, en el apoyo al gobierno corporativo de Velasco y, como es de conocimiento común, representaba una posición oportunista en el movimiento popular. García silencia este hecho.

Con las disculpas del caso, recordaremos una vez más que Mariátegui señaló claramente que entre los términos socialista y comunista “…no existe…” “…más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios…”.

Entonces, actualmente ¿existe o no un conflicto originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios y, por lo tanto, existe o no la necesidad de distinguir los dos campos con dos rótulos diversos? Como es evidente, este cisma y esta necesidad existen en Europa desde, digamos, la primera guerra mundial, en algunos países de América Latina desde la década de 1920, y, concretamente en el Perú, desde que la facción reformista de Castillo usufructuó el nombre de Partido Socialista. Y es un hecho que, este cisma y esta necesidad, no han desaparecido sino que siguen existiendo en todo el mundo y, en muchos casos, de un modo aun más marcado.

Pero ocurre que, en el marco de esta necesidad de distinguir a reformistas y revolucionarios con los términos socialistas y comunistas, respectivamente, García promueve precisamente el rótulo que designa a los reformistas. Pero se entiende que así haya procedido, pues, contrariando a Mariátegui, considera que el nombre de Partido Socialista no se derivó de una situación concreta particular, sino del problema de nuestra época, consideración con la que, además, contraría también, al mismo tiempo, a Marx, Engels y Lenin.

Desde luego, no está vedado manifestarse contra ciertas concepciones de los maestros del proletariado, siempre y cuando que estas concepciones sean erróneas o, en su defecto, que su verdad haya caducado históricamente. Pero cualquier marxista sabe que las concepciones de Marx, Engels y Lenin sobre el nombre científicamente exacto del partido proletario no son erróneas ni están anticuadas, así como también que la concepción de Mariátegui sobre el nombre fundacional del partido no fue errónea sino correcta, aunque, por razones explicadas arriba con toda exactitud, su aplicación no sea ahora pertinente.

Mariátegui no negó el nombre científicamente exacto del partido proletario y acordó el nombre de Partido Socialista porque era concretamente apropiado en las condiciones nacionales de su tiempo.

Sin embargo, teniendo en cuenta lo esclarecido hasta aquí, es un hecho que los “socialistas” de ahora no saben que el nombre de su partido es científicamente inexacto y políticamente inadecuado. Y es científicamente inexacto por razones que sería ocioso repetir, y es políticamente inadecuado porque después de casi ochenta años de proceso histórico del socialismo entre nosotros, con Partido Socialista de Castillo, Partido Socialista Revolucionario, Partido Socialista Peruano y Partido Socialista de los Trabajadores de por medio (para no referirnos sino al plano nacional), no tiene ningún fundamento válido pretender que el nombre de Partido Socialista es pertinente en el Perú de hoy.

García declara: “Para el m.c.n. también ha llegado la hora de quitarse la camisa sucia. Ha llegado la hora de ponerse ropa limpia. Ha llegado la hora de fijar la posición del proletariado respecto al Estado. Debemos ponernos ropa limpia” (38).

¿Y qué ropa propone? Pues la ropa del socialismo, lo cual, por cierto, equivale a proponer sacarnos la ropa sucia del comunismo para ponernos la ropa más sucia todavía del socialismo. Y, sin embargo, su grupo se ha puesto esta camisa sumamente sucia. 

Pues bien, cualquier marxista que haya asimilado el marxismo “en su esencia misma como teoría del desarrollo de la humanidad”, tiene que saber:

1) que la necesidad de demarcación política respecto al oportunismo socialista que pulula en el mundo globalizado de hoy, es una necesidad completamente vigente;

2) que la camisa del socialismo está sucia y que, por lo tanto, ponérsela hoy día como distintivo de la identidad ideológica del proletariado revolucionario es facilitar el engaño de las masas;

3) que no tener en cuenta estas dos cuestiones equivale a no tener en cuenta la realidad objetiva, y no tener en cuenta la realidad objetiva es caer en subjetivismo.

Desde luego, todo colectivo tiene el derecho de llamarse como quiere. Pero es evidente que, al no tener ninguna base que lo justifique realmente, el nombre de partido socialista aparece hoy en día como un intento de utilizar al Partido de Mariátegui como coartada. Empero, como en este mundo hay quienes pretenden tener la razón hasta cuando no la tienen, los “socialistas” pueden seguir con la camisa sucia que visten.

Por otro lado, ¿cómo se entiende aquello de que “ha llegado la hora de fijar la posición del proletariado respecto al Estado”? Con el término proletariado García no se refiere a la clase obrera sino al movimiento comunista nacional. En consecuencia, lo que sugiere con su afirmación, es que en el Perú se da el curioso caso de un movimiento comunista que no tiene una posición revolucionaria con respecto al Estado, cuando, como lo sabe todo marxista que haya asimilado el marxismo “en su esencia misma como teoría del desarrollo de la humanidad”, el movimiento comunista es movimiento comunista justamente porque tiene una posición revolucionaria con respecto al Estado.

Por lo tanto, la frase de García resulta siendo un contrasentido y, de hecho, no tiene ningún contenido que no sea su creencia de que, con excepción suya, todos los demás -individuos, grupos y organizaciones- estamos requeteperdidos en la estratósfera, esperando, para volver a pisar tierra, “la hora” de una especie de revelación comunista, perdón, “socialista”, que nos ilumine para comenzar, por fin, a ser revolucionarios.

Ciertamente García se ha equivocado, y se ha equivocado porque ha hecho caso omiso de los hechos y utilizado abusivamente ciertas afirmaciones de Mariátegui. Por eso puede decirse que no ha sabido distinguir lo subjetivo de lo objetivo. Por eso, hay que decir que, sobre el punto, en sus cuatro artículos NO HA DICHO LA VERDAD, TODA LA VERDAD, NADA MÁS QUE LA VERDAD.

El nombre del Partido es incomparablemente menos importante que la cuestión de la posición del proletariado con respecto al Estado, pero, de todos modos, esta cuestión no es sólo formal, sino una cuestión de gran importancia política. Por eso hay que agregar que el nombre de Partido Socialista, promovido por García, está en abierto conflicto con la posición que sostiene en el papel con respecto al Estado.

Escamotear la tesis de Marx, Engels y Lenin sobre el nombre científicamente exacto del partido proletario y, encima, tergiversar a Mariátegui en punto a las razones que justificaron el nombre fundacional del Partido, no es poco. Por eso era necesario decir las cosas como son, y no silenciarlas.

V

Los términos socialista y comunista están profundamente desacreditados ante las masas. Esto es un hecho. Por otro lado, los nombres de Partido del Trabajo y Partido de los Trabajadores, no se conservan tampoco muy limpios que digamos. ¡Nos hemos quedado sin ropa limpia!

Pero, en una circunstancia así, hay que tener presente la observación que hace Lenin en Un paso adelante, dos pasos atrás: “[hay que saber elevarse] al punto de vista de que, en la lucha política, hay que elegir a veces el mal menor”.

En la actualidad, el mal mayor tiene dos nombres: “socialismo” y “comunismo”. Y el mal menor también tiene dos nombres: “Partido del Trabajo” y “Partido de los trabajadores”.

No podemos, pues, hoy por hoy, llamar a nuestro Partido ni Comunista ni Socialista. Comunistas y socialistas se han llamado durante décadas enteras la mayoría de partidos que estuvieron en el poder y terminaron restaurando el capitalismo. También se llaman, actualmente, comunistas y socialistas, partidos que han echado raíces en el sistema capitalista. Y, en un mundo informativamente globalizado como el actual, todo ello existe como si estuviera en las puertas de nuestras casas.

Pero tampoco podemos llamarnos Partido de los Trabajadores, pues este nombre tiene el inconveniente de ser el nombre del partido en el gobierno en el vecino Brasil, que, como es de conocimiento general, aplica una mal disimulada política pro-imperialista. Queda, pues, en principio, el nombre de Partido del Trabajo.

Este nombre, obviamente, no dice mucho, pero puede permitir no cargar con el pasivo de los partidos socialistas y comunistas y, al mismo tiempo, marcar diferencia con respecto al mencionado partido brasilero. La situación mundial y nacional nos permite sugerir este nombre, pues, de todos modos, representa la actividad permanente de las clases explotadas, que son, justamente, las clases por cuyos intereses inmediatos e históricos luchamos. Puede pasar, pues, como nombre provisorio de un colectivo marxista, que, en cuanto tal, tiene, como no puede ser de otro modo, una posición revolucionaria con respecto al Estado. No obstante, no queremos dogmatizar nuestra propuesta, y estamos abiertos a aceptar una mejor, si la hubiera.  
 

VII
 

Actualmente la palabra comunismo está desacreditada ante las amplias masas populares. La desacreditaron el oportunismo en general y el revisionismo en particular. Pero, incluso así, sigue siendo legítimamente usada para designar la teoría marxista, el movimiento marxista y la sociedad futura. En consecuencia, así como la palabra socialismo en el Perú de Mariátegui, la vieja y grande palabra comunismo conserva, a pesar de todo, su grandeza, y la guardará intacta en la historia, mañana, cuando la lucha revolucionaria de los comunistas termine por convencer a las masas de la justeza de su lucha y de su meta.
 

Notas

[1]  OC, t.13, Empresa Editora Amauta, Lima, 1975, p.249.

[2]  Prefacio a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto Comunista. Cursivas en el original. Negritas nuestras.

[3]  Crítica del programa de Gotha, en OE en tres tomos t.III, Editorial Progreso, Moscú, 1980, p.15.

[4]  El estado y la revolución, ELE, Pekín, 1975, pp.120-121. Cursivas en el original.

[5]  Las tesis de abril, Editorial Progreso, Moscú, 1966, p.51.

[6]  Ibídem.

[7]  El estado y la revolución, p.99. Cursivas en el original.

[8]  Ibídem. Cursivas en el original.

[9]  Las tesis de abril, p.53. Cursivas en el original.

[10] Ibídem, pp.51-52. Cursivas en el original.

[11] El Estado y la revolución, p.100.

[12] Ibídem, pp.99-100.

[13] Las tesis de abril, pp.53-54 y 55. Cursivas en el original. Elipsis nuestras.

[14] La organización del proletariado, Ediciones Bandera Roja, Lima, 1967, p.260.

[15] Historia del Partido de Albania, Casa Editora Naim Frashëri, Tirana, 1971, pp.346-347.

[16] Historia del Partido de los Trabajadores de Viet Nam, Ediciones Movimiento, Medellín, 1973, p.57.

[17] OC, t.13, p.113.

[18] Ibídem, p.164. Hay que precisar que el estatus legal del PSP no conculcaba su carácter clandestino. El partido clandestino puede tener, al mismo tiempo, un estatus legal.

[19] OC, t.18, EEA, Lima, 1970, pp.165-166.

[20] OC, t.8, pp.21-22. Elipsis y cursivas nuestras.

[21] Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t. II, Lima, 1974, p.398. En adelante Apuntes.

[22] Defensa del marxismo, EEA, Lima, 1987, p.37

[23] OC, t.13, p.249.

[24] El socialismo peruano.

[25] El lexicón octubrino.

[26] OC, t.13, p.249. Cursivas nuestras.

[27] Decimos “explícita”, porque es un hecho que, implícitamente, reniega el nombre científicamente exacto del Partido.

[28] El lexicón octubrino.

[29] OC, t.13, p.238.

[30] El movimiento comunista.

[31] OC, t.13, p.239.

[32] La organización del proletariado, p.198.

[33] OC, t.13, p.238.

[34] El partido de Mariátegui.

[35] El movimiento comunista.

[36] Ibídem.

[37] Ibídem.

[38] El partido de Mariátegui.

 
06.04.2007.

 

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