domingo, 1 de marzo de 2015

Historia


(Segunda Parte)


Emilio Choy


A pesar de que Lewin, en su obra Túpac Amaru, cita documentos en que se comprueba la existencia de británicos como colaboradores del caudillo indio, considera que la ayuda de Gran Bretaña no existió en forma concreta de armamentos ni expediciones militares. Esto era lógico; los británicos estaban demasiado ocupados en otros frentes de lucha, como la América del Norte, en donde habían empeñado fuertes recursos militares para impedir la independencia de las colonias. Pero el eje de la contienda estaba en la guerra que tenía que enfrentar Inglaterra contra Francia y España, las que estaban ligadas por el famoso Pacto de Familia, que en el fondo revelaba la dependencia de España con relación a la influencia económica de los franceses en el imperio de Carlos III.

En muchos aspectos, el gobierno de Carlos III, si no era un virrei­nato, era un aliado sometido a los dictados de Versalles, como Portugal en muchos momentos de su historia con relación a Londres. Esta de­pendencia hacía inevitable que España y Francia enfrentasen juntas a los ingleses. Los frentes de batalla fueron tan amplios que abarcaban territorios lejanos como la India, Filipinas, las Indias Occidentales. En esta lucha los españoles y franceses se encontraron con un aliado, que poco antes de 1776 era un enemigo: las colonias norteamericanas.

Los colonos que mandaba Washington constituyeron la aparición de una fuerte agrupación revolucionaria que al lograr la ayuda del gobierno absolutista de los Borbones, estaba ayudando a fortalecer a Francia en la lucha contra Gran Bretaña, el enemigo común. Pero la contradicción aparece en el hecho de que los gobiernos de Francia y España, a pesar de ser regímenes antirrepublicanos, estaban contribuyendo a liberar la república norteamericana, que con su fortalecimiento sería una amenaza para las posesiones tanto españolas como francesas en América del Norte y el Caribe. Pero más podían las exigencias inmediatas que los peligros del porvenir. Esto lo entendían bien ciertos gobernantes franceses y españoles. Estos últimos, con el conde Aranda, planearon crear reinos independientes en América gobernados por príncipes de la casa real.

Si bien es cierto que la ayuda inglesa no consistió en armamentos ni en expediciones militares, es evidente, por los documentos que cita Lewin, que los británicos no estuvieron ausentes en la revolución de Túpac Amaru. Existen aún documentos que no ha podido publicar Francisco Loayza, pero en el IX tomo de su colección nos anticipó un docu­mento que nos revela la presencia de un agente de Gran Bretaña: Miguel de Montiel, que habilitó con mercaderías inglesas a Túpac Amaru. El dato lo suministra el texto del interrogatorio a que fue sometido don Bernardo de La Madrid (2), que era conocido por José Gabriel, y que fue enviado por éste como embajador para gestionar la entrega del Cusco. La Madrid declaró que:

“… los expresados Figueroa Ortigosa y Romualdo sirvieron de intérpretes, y le aclararon lo que decía Micaela Bastidas en lengua india, por no entenderla el que declaraba, diciendo: Que hacía más de tres años que tenía proyectado, su marido (Túpac Amaru), la sublevación del Reino; que cuando se restituyó de Lima, habló al paso por Huarochirí con los caciques de dicha provincia, tratándoles sobre la misma sublevación: que cuando regresó de Lampa el Rebelde dijo a este declarante que había escrito a Lima a su apoderado Mariano (Barreda), que lo dejase todo por la mano, y se viniese con él a Tinta; que en otra ocasión oyó decir al Rebelde, a su mujer, u otro de la casa, que no tiene presente, que un tal Montiel, cajonero o mercader en Lima, había habilitado al rebelde Túpac Amaru con ocho mil o más pesos, y que había escrito a éste se viniese con él a Tinta." (3).

Acerca de este Montiel, Loayza escribe en su nota:

"Sobre Miguel Montiel (según documentos que poseemos y que publicaremos después) existen más que presunciones de que jugó rol de gran importancia en la Revolución de 1780. Un rol trascendental, algo misterioso. Montiel estuvo en Inglaterra, cua­tro años antes que ésta estallara. De allá trajo de vuelta al Perú, un año después, gran cantidad de mercaderías, las mismas que pasaron a manos de José Gabriel Túpac Amaru, y que éste dis­tribuyó entre sus principales adeptos". "¿Acaso fue tal la forma como Inglaterra ayudaba a los intentos de rebeldía de los pueblos esclavizados de América?"

En el país de la Confederación Iroquesa, una de cuyas tribus se radicara en la región central de Nueva York, en el valle de San Lorenzo, el valle de Onondanga y otros lugares del noroeste de los Estados Unidos, los iroqueses eran buenos comerciantes, empleaban los artefactos que les suministraban los ingleses, sobre todo las armas, para cambiarlos por pieles que lograban en sus correrías de caza. Los ingleses se esmeraron en utilizarlos contra los franceses y las tribus que eran aliadas de éstos. Las mercaderías aunque no siendo armas, eran medios para hacer la guerra. Las derrotas que Inglaterra causó a Francia y España no sólo se debieron al poder de sus armas, sino a la caudalosa fabricación de pro­ductos que la revolución industrial había hecho posible, producción que permitió asimismo, que Inglaterra pudiera llevar adelante una guerra que abarcaba tantos continentes; y si no pudo mantener la dominación sobre los Estados Unidos, en cambio llevó adelante sus planes de expansión colonial en otros frentes.

Notas
[2] Bernardo de la Madrid era un español europeo, fue nombrado por Túpac Amaru como embajador ante los notables de la ciudad del Cusco, quedándose con el bando realista.
[3] Boleslao Lewin, Túpac Amaru, Editorial Claridad, pág. 118; Loayza, Mártires y heroínas, t. IX, págs. 123-124.

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