domingo, 1 de marzo de 2015

Comentario de Libros


Octavio Paz:
“El Laberinto de la Soledad”

(Cuarta Parte)


Julio Roldán


Esto implicó crear o imitar una estructura social y política que se remataba en el partido de la Revolución y en el Estado de la Revolución. Estado regulador, dirían unos, Estado de compromiso otros y Estado corporativo unos terceros. Paz dice: "Todo esto explica la marcha sinuosa del Estado y su deseo de `de no romper el equilibrio´. Desde la época de Carranza, la Revolución mexicana ha sido un compromiso entre fuerzas opuestas: nacionalismo e imperialismo, obrerismo y desarrollo industrial, economía dirigida y régimen de `libre empresa´, democracia y paternalismo estatal."

A pesar de todo, Paz destaca como unos de los mayores cambios de la Revolución, que dicho sea de paso fue una de las tantas acciones de búsqueda de su ser, el que el mexicano, sin abandonar su soledad, se ha abierto al mundo. Leamos: "En esa búsqueda hemos retrocedido una y otra vez, para luego avanzar con más decisión hacia adelante. Y ahora, de pronto llegamos al límite: en unos cuantos años hemos agotado todas las formas que poseía Europa. No nos queda sino la desnudez o la mentira."

Adentrándose en un mundo de ruptura y de sentirse solo en el mundo, la existencia del ser está en el centro mismo de la vida, termina: "Pues tras este derrumbe general de la Razón y la Fe, de Dios y la Utopía, no se levantan ya nuevos o viejos sistemas intelectuales, capaces de albergar nuestra angustia y tranquilizar nuestro desconcierto; frente a nosotros no hay nada. Estamos al fin solos. Como todos los hombres. Con ellos, vivimos el mundo de la violencia, de la simulación y del `ninguneo´: el de la soledad cerrada, que si nos defiende nos oprime y que al ocultarnos nos desfigura y mutila. Si nos arrancamos esas máscaras, si nos abrimos, si, en fin, nos afrontamos, empezaremos a vivir y pensar de verdad. Nos aguardan una desnudez y un desamparo. Allí, en la soledad abierta, nos espera también la trascendencia: las manos de otros solitarios. Somos, por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de todos los hombres."

Por último, en Nuestros días, Paz hace una revisión de los acontecimientos político-sociales nacionales e internacionales, para subrayar que como consecuencia de la revolución mexicana, el mexicano ha dado un salto de la "soledad cerrada" a la "soledad abierta", del nacionalismo al internacionalismo, de la aldea al universo.

El trabajo se cierra (con algo parecido a la Vuelta a la noria idea central de su famoso poema Piedra de sol) volviendo al comienzo. El colofón es titulado sugestivamente: Dialéctica de la soledad. Colofón que, sólo hasta un determinado punto, es una síntesis del primer capítulo. Lo esencial en este acápite es que Paz abre su entraña filosófica por un lado y por otro da un salto del mundo meramente mexicano y latinoamericano para internarse en las profundidades del ser del hombre universal.

Analiza en principio el drama de la soledad. Del hombre abandonado a su suerte; pero a la vez atado a su historia. Al ser humano en guerra constante con sus rupturas y uniones. Al hombre que descansa sobre su razón y que vuela con su fantasía. Al ser humano mezcla de pasado y de futuro que lo atraen y lo expulsan simultáneamente.

Además del tema de La soledad, desarrolla de igual modo el tema del amor sexual, el amor en general, el doble significado de la soledad y termina con el Dios de todos los Dioses, en éste y en todos los mundos, el hombre sobre la Tierra. Hombre que no es más que un hacerse constante y un rehacerse permanente, nadando y remando en sus tres dimensiones.

Sobre el tema de la soledad y con alguna influencia del Dasein (ser ahí o estar) existencialista, sostiene: "Todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos; y más: todos los hombres están solos. Vivir, es separarnos de lo que fuimos para internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el fondo último de la condición humana. El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. Su naturaleza (...) consiste en un aspirar a realizarse en otro. El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. Por eso cada vez que se siente a sí mismo se siente como carencia de otro, como soledad."

Expuesto el problema de la soledad humana como una condición de la misma, con evidente influencia de Alfred Adler, plantea que en la intimidad de la soledad, en el fondo de los fondos del hombre, subyace en permanente competencia con esta soledad el sentimiento de comunidad. Sus palabras: "Todos nuestros esfuerzos tienden a abolir la soledad. Así, sentirse solo posee un doble significado; por una parte consiste en tener conciencia de sí; por la otra, en un deseo de salir de sí. La soledad, que es la condición misma de nuestra vida, se nos aparece como una prueba y una purgación, a cuyo término angustia e inestabilidad desaparecerán. La plenitud, la reunión,  que es reposo y dicha, concordancia con el mundo, nos esperan al fin del laberinto de la soledad."

En el segundo punto sobre la casi imposibilidad del amor, desde la perspectiva del hombre y en base a La teoría del otro, escribe: "Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre `lo otro´, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y la excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirlo en objeto, en ser aparte y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según nuestra Simone de Beauvoir, pero jamás puede ser ella misma."

Luego desde la otra perspectiva, de la femenina, continúa: "Nunca es dueña de sí. Su ser se escinde entre lo que es realmente y la imagen que ella se hace de sí. Una imagen que le ha sido dictada por la familia, la clase, escuela, amigas, religión y amante. Su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas inventadas por el hombre. El amor no es un acto natural. Es algo humano y, por definición, lo más humano, es decir, una creación, algo que nosotros hemos hecho y que no se da en la naturaleza. Algo que hemos hecho, que hacemos todos los días y que todos los días deshacemos."

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