domingo, 1 de marzo de 2015

Ciencias Naturales


El Hombre Como Primate

(Tercera Parte)


M.F. Niesturj


Particularidades distintivas características del cuerpo humano que no se encuentran en relación directa con la marcha erecta.

En el aspecto exterior, a las particularidades distintivas del cuerpo humano pertenecen, por ejemplo, la reducción vellosa de la piel y el dimosfirmo sexual fuertemente expresado. Entre los rasgos somatológicos aislados mencionaremos los siguientes: el intenso desarrollo de la parte cerebral de la cabeza, pero débil de la facial; los pabellones de las orejas casi inmóviles, cuyos tamaños no testimonian; frente alta y recta; cejas bien trazadas; nariz exterior fuertemente desarrollada; surco bien expresado en el labio superior o filtro, o el surco nasobucal; parte de la mucosa transitoria de los labios intensamente desarrollada o rebordeada entre las partes de la mucosa propiamente dicha y la piel, llamada vulgarmente labio; mentón sobresaliente; en la parte delantera del cuello, por la línea media, prominencia angular del cartílago tiroideo o manzana de Adán, que es más notable por el exterior y perceptible fácilmente en los hombres; en el tronco dos pezones aislados situados comparativamente bajo (en la marcha del desarrollo embrionario se desplazan en sentido caudal, y en los monos, en sentido craneolateral); posición más anterior de los órganos genitales; ausencia de cola; en la extremidad superior el dedo gordo está fuertemente desa­rrollado; las uñas son anchas y planas; en la inferior las uñas son también anchas y planas, siendo deformadas en los meñiques.

La piel vellosa en el hombre es muy original: a la par con su reducción gene­ral, en el cuerpo tiene lugar el desarrollo característico de mechones de pelo en las fosas axilares y en el pubis. En la cabeza el pelo es espeso, teniendo la pro­piedad de crecer constantemente; la barba, bigotes y cejas están privados de pe­los olfatorios o vibrisas, cuyos rudimentos unas veces se notan en los embriones. La reducción de mechones de vibrisas en una serie de primates va de los primates inferiores (4-5), a través de los monos inferiores (3-4), a los antropoides (2-3), y se encuentra en relación inversa respecto al grado de desarrollo de las líneas y dibujos papilares en las palmas y plantas. La convergencia de los pelos en la mano hacia el codo tiene lugar en el hombre, al igual que en la mayor parte de los an­tropoides. La piel vellosa del hombre puede ser deducida, sin dificultad, de aque­lla que es propia de los antropoides africanos, según Miller (1931). En relación con la reducción de los vellos es de señalarse el reforzamiento de la pigmentación cutánea y la gran mutabilidad del color de la piel en el hombre.

Las diferencias sexuales en el hombre se manifiestan en el peso, longitud y proporciones del cuerpo, en la piel vellosa y el tegumento cutáneo, y también en las distintas particularidades de la estructura interna. La mujer, en promedio, es 8 kg más ligera y 9 cm más baja que el hombre; la piel vellosa en ella está desa­rrollada más débilmente, y el tejido adiposo subcutáneo es más consistente; el pelo en la cabeza es más espeso y crece más intensamente, el pelo en el pubis, en su parte superior, presenta un borde horizontal; en la mujer los hombros son más estrechos, la cintura es más expresada, la pelvis es más ancha, los pies, con fre­cuencia, son en forma de "X", se acercan en las rodillas (genu varum); por lo común, no hay luz entre las caderas; las nalgas están desarrolladas fuertemente; la lordosis lumbar está más expresada; el tronco es relativamente más largo que en el hombre; los pies, por lo visto, son algo más cortos; el centro de gravedad está algo más abajo; la musculatura está menos desarrollada; la fuerza física es, aproximadamente, 1/3 menor que la masculina; la voz, en promedio, es más alta, en una octava. En las mujeres las glándulas mamarias tienen un desarrollo particular, mientras que en las hembras de los antropoides y monos inferiores sólo se destacan los pezones, y la parte glandular se hincha un poco antes del parto, sólo durante la lactación, pero casi no se nota. El dimorfismo sexual en el hombre con respecto al peso y tamaños del cuerpo está desarrollado más débil­mente que en el gorila o el orangután, pero es más fuerte en las glándulas mama­rias, piel vellosa y tejido adiposo subcutáneo. Nuestros antepasados, al juzgar por los hallazgos de sinántropos, ya tenían el dimorfismo sexual expresado. Su reforzamiento ulterior, en los estadios de monos-hombres y neanderthalenses, probablemente le favoreció el proceso de la selección sexual (Darwin, 1935).

Las particularidades de la estructura interna características para el hombre, que no se encuentran en relación directa con la marcha erecta, se observan en lo­dos los sistemas de los órganos. En el sistema urogenital (Hill, 1958) se puedo señalar una gran cantidad de papilas en el riñón, ausencia del huesillo sexual en el pene y su forma singular (según la cual el hombre está más cerca al gorila); en el sexo femenino, los labios mayores están muy fuertemente desarrollados y el himen virgen.

Para los órganos digestivos del hombre (Hill, 1958) es característico lo si­guiente: la lengua intensamente desarrollada; el apéndice vermiforme de longi­tud media; los dientes que manifiestan las modificaciones de su forma y la reduc­ción en relación con el debilitamiento general del aparato masticatorio: caninos (G) que se unen estrechamente con I y P, la corona de los caninos es pequeña y la raíz no es proporcionalmente larga, habiéndose conservado hasta ahora las for­mas antepasadas de los antropoides con sus caninos que sobresalían de las filas dentales; los premolares (P) están colocados estrechamente, su corona y raíces están comprimidas en sentido anteroposterior (mediodistal) y no en el bucal-lingual, como en los monos; los últimos molares están reducidos en tamaños y no siempre salen (M 3/3). La fórmula dentaria es 2.1.2.3; en total hay 32 dientes, como en todos los monos catarrinos; en mucha gente hay menos dientes, hasta 28. La fórmula dentaria filogenética es I 1/1, I 2/2, G, P 3/3, P 4/4, M 1/1, M 2/2, M 3/3. En los antepasados cretáceos de los primates habían 44 dientes: 3.1.4.3; en el transcurso de la evolución desaparecieron los terceros incisivos (I 3/3) y premolares mesiales (P 1/1 y P 2/2). A consecuencia de la compresión de los pre­molares P, en la mandíbula del hombre el número de raíces se redujo gracias a la fusión: en P3 dos raíces hay en el 50% de casos; en P4, en el 2%; raras veces hay 3 raíces; aún con menos frecuencia hay dos raíces en los P inferiores.

Para el hombre es característico el dibujo en cruz de los surcos en la super­ficie masticadora de los molares M que procede del dibujo del driopiteco. Como en los antropoides, en los molares superiores el protocónido y el metacónido es­tán unidos por una cresta de esmalte que va oblicuamente.

En los órganos de la respiración se observa: el débil desarrollo de los ventrí­culos laríngeos, el desarrollo singular de las cuerdas vocales verdaderas, dispues­tas entre las alas del cartílago tiroideo y las apófisis vocales de los cartílagos aritenoides; las cuerdas vocales son parte de los conos elásticos del ligamento cricotiroideo, constan de fibras elásticas, tienen un borde libre fino y agudo me­dial, se tensan por el músculo tiroaritenoideo, que se encuentra en las mismas. En el sistema vascular se tienen las siguientes particularidades: la arteria hume­ral va profundamente (y no superficialmente, acompañada del nervio mediano, como en los monos catarrinos); el sistema linfático está diferenciado más fuerte­mente (48 grupos de glándulas) que en los chimpancés (20) o en el macaco rhesus (15).

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