viernes, 2 de enero de 2015

Política



Contra el Liquidacionismo Histórico


Eduardo Ibarra


En una carta a Gustavo Pérez del 4 de noviembre del año que ha concluido, Miguel Aragón ha sostenido lo siguiente: “El frente unido  en nuestro país existe desde 1905 hasta el presente. Mientras que el partido del proletariado peruano hasta el presente nunca ha existido, y no ha existido porque todavía no era ni es necesario. La  constitución del partido del proletariado peruano es una tarea del futuro cuando su existencia sea realmente necesaria, cuando la maduración de las condiciones objetivas y subjetivas así lo reclamen y lo exijan, y no cuando a un caudillo personalista se le ocurra como uno de sus  ocasionales caprichos”.

        En lo que toca a Mariátegui, esta afirmación representa la extensión del liquidacionismo al campo de la historia, y, por esto, un intento de borrar de la memoria colectiva del pueblo peruano la verdad histórica del PSP.

Desde la publicación de la citada carta a la fecha, ha pasado casi un mes y, como puede constatarse, en el grupo liquidacionista de derecha que dirige Ramón García nadie se ha alzado críticamente contra semejante negación del PSP, lo cual prueba, una vez más, que la ideología que rige las relaciones internas de dicho grupo es el liberalismo burgués. Pero, desde luego, esta constatación no tiene porqué extrañar a nadie, pues es imposible esperar que quienes tergiversan el carácter marxista-leninista de la Creación Heroica de Mariátegui salgan a defender esta Creación en su materialización como Partido Socialista del Perú.
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Puesto que, como se sabe, el que calla otorga, puede suponerse con razón que en el mencionado grupo se asume semejante negación: el silencio otorgador de sus miembros no es cuestión reciente, pues viene de hace tiempo: de noviembre de 2013, cuando Aragón negó la verdad histórica de los acuerdos de la Reunión de la Herradura, e incluso de antes: desde que García empezó a falsificar la verdad doctrinal y orgánica del PSP, a falsear la verdad ideológica de la Creación Heroica de Mariátegui y a tergiversar cuestiones fundamentales dirimentes de esta Creación.

El pensamiento de Mariátegui expresa la fusión de la verdad universal del marxismo-leninismo (“El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha”) con la práctica de la revolución peruana (“aplicación del método marxista al conocimiento y definición de los problemas del Perú”).

Así, pues, el pensamiento de Mariátegui es pensamiento de clase, pensamiento proletario, pensamiento de partido. Por eso puede decirse que el PSP fue su materialización organizativa.

Por lo tanto, negar la existencia histórica del PSP es negar la Creación Heroica de Mariátegui.

Esta negación se expresa en el hecho de que el grupo liquidacionista niega la filiación marxista-leninista de Mariátegui, del Socialismo Peruano, del PSP. Esta realidad, demostrada una y otra vez, no puede dejar de percibirse por el hecho de que tal grupo se empeña en utilizar a Mariátegui y a su Partido como coartada a fin de intentar pasar de contrabando sus posiciones oportunistas y revisionistas.

Pero el liquidacionismo histórico de Aragón presenta además una actitud afrentosa con respecto a Mariátegui. Ciertamente la expresión “y no cuando a un caudillo personalista se le ocurra como uno de sus  ocasionales caprichos”, está enfilada contra García, pero, en la medida en que, según su autor, en los años veinte el partido del proletariado peruano “todavía no era… necesario”, entonces aquello de “caudillo personalista” y de “ocasionales caprichos” le cae también a Mariátegui.

Así, pues, Aragón ha pasado de la negación de la verdad histórica de los acuerdos de la Reunión de la Herradura, a la negación de la existencia misma del PSP.

Esta negación del PSP y aquella afrenta a Mariátegui –así como muchas otras posiciones antimariateguianas oportunamente desenmascaradas– pintan de cuerpo entero al grupo liquidacionista.

Si las clases reaccionarias intentan siempre borrar de la memoria de los pueblos sus tradiciones revolucionarias, el oportunismo busca siempre falsificar dichas tradiciones y, ahora, concretamente, el grupo liquidacionista busca borrar de la memoria del pueblo peruano la verdad histórica del PSP y la verdad ideológica y teórica de la Creación Heroica de Mariátegui.

De hecho, nadie ha ido más lejos en la campaña antimariateguiana: ni Ravines con su “desaumatización”, ni Del Prado con su revisionismo, ni Paredes con su liquidacionismo de fines de los años 1960.

Del liquidacionismo de “izquierda” de los años 1970 al liquidacionismo de derecha de hoy, es el derrotero del grupo que encabeza Ramón García.

Como acabamos de ver, este liquidacionismo ha sido extendido ahora al campo de la historia. Pero también al campo del frente unido, como veremos en otro lugar.

La Creación Heroica de Mariátegui, teórica y orgánica, es la piedra basal vigente del Socialismo Peruano y, por esto, la piedra de toque que separa a marxistas de oportunistas. Por eso, ningún esfuerzo del grupo liquidacionista de derecha ni ningún silencio pusilánime de nadie podrá borrar su realidad de la conciencia de nuestro pueblo.

Defendiendo la existencia histórica del PSP y la verdad doctrinal de la Creación Heroica de Mariátegui, el presente artículo proporciona la necesaria información a la Izquierda Peruana acerca del límite extremo a que ha llegado el grupo liquidacionista en su campaña antimariateguiana, en su descomposición ideológica, en su consunción moral.

01.01.2015.


Nota del autor:

Publico a continuación un fragmento del artículo Comentario a Algunas “Observaciones”, escrito el 10.11.13, a fin de que el lector sepa desde cuándo viene el liquidacionismo histórico de Aragón, y un fragmento del artículo Comentario al Libro “Memorias desde Némesis” por Abimael Guzmán, que da cuenta de la primera forma que asumió el liquidacionismo de Ramón García. De este modo el lector terminará de comprender perfectamente de qué estamos hablando y de quiénes estamos hablando.



A Propósito de Algunas “Observaciones”

(Fragmento)

Eduardo Ibarra


II

Por otro lado, Aragón señala que “los editores del Blog Creación Heroica (BCH) han cometido un error de ligereza, al incluir dentro de los textos  del PSP los "Acuerdos de la Reunión de la Herradura". Y digo "error de ligereza", porque la difusión de ese documento ha debido ir acompañada, por lo menos,  de un mínimo comentario explicativo, salvo que los editores de BCH, con su silencio, que los hace cómplices, estén demostrando su total aceptación de la validez histórica del mencionado texto”.

Dejando aparte por ahora la gratuita acusación que aparece en la afirmación, la misma no pasa de ser una conjetura.  Como se ha visto, Aragón pone en tela de juicio lo que ambiguamente llama “la validez histórica” de los acuerdos tomados en la Reunión de la Herradura (2).

Pero ocurre que, en 1948, es decir en el año en que fueron publicados los Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú (libro donde precisamente aparecen los Acuerdos de la Reunión de La Herradura), con excepción de Avelino Navarro –quien murió alrededor de nueve años antes–, vivían aún los otros participantes de dicha Reunión: Martínez de la Torre, Julio Portocarrero, César Hinojosa, Fernando Borja y Bernardo Regman. Así, pues, si Martínez hubiera desnaturalizado, tergiversado, torcido los acuerdos de la Reunión, cualquiera de los nombrados hubiera podido desmentirlo, lo que no ocurrió entonces ni después.

El argumento que presenta Aragón para dar piso a su conjetura es una falacia: el hecho de que Mariátegui no escribiera después nada acerca de la Reunión de La Herradura –Reunión preparatoria de la Reunión fundacional de Barranco–  no prueba que los Acuerdos de la primera de estas reuniones no sean ciertos. Tampoco escribió nada Mariátegui sobre la Conferencia Comunista de Buenos Aires de 1929, y este silencio no prueba que los Acuerdos y Conclusiones de este evento no fueran igualmente ciertos.

Como se ve, en su propósito de cuestionar el proyecto de Ramón García de un partido de “dos niveles”, Aragón pone en tela de juicio los Acuerdos de la Reunión de La Herradura, y, de manera especial, aquel sobre la “célula secreta de los siete”.

Mas, para demostrar la improcedencia del proyecto de García, basta demostrar –como precisamente lo hemos hecho nosotros en varios artículos– que el pretendido partido de “dos niveles” es un reciclaje de la concepción de partido levantada por Julio Portocarrero y Hugo Pesce en la Conferencia Comunista de Buenos Aires, concepción absolutamente contraria a la de Mariátegui, quien, precisamente en el Programa del partido (Principios programáticos…), señaló que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (Ideología y política, p.160).

Así, pues, Mariátegui no sostuvo que la “célula secreta de los siete” adoptaba el marxismo-leninismo, sino que el Partido –de arriba abajo y de lado a lado– adoptaba este método revolucionario.

Tan es así, que Martínez anotó: “A fin de unificar doctrinariamente el pensamiento y la acción de los grupos iniciales del Partido Socialista, Mariátegui elaboró los siguientes puntos programáticos que fueron remitidos a las células del país y del extranjero” (Apuntes…, t.II, p.398).

“A fin de unificar doctrinariamente…”, es decir, desde un principio el marxismo-leninismo fue la base de unidad del PSP.

Esto significa, pues, que Mariátegui definió y construyó el PSP como un partido de clase.

        Quienes plantearon el marxismo-leninismo como la base de unidad de un nivel secreto en el Partido fueron Julio Portocarrero y Hugo Pesce. En la Conferencia de Buenos Aires el primero sostuvo: “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista” (Martínez, Apuntes…, t.II, p.422.).

        Esta concepción del PSP es lo que sostiene Ramón García desde 1967 hasta la fecha (ver La organización del proletariado, p.197, nota al pie de página, y La creación heroica de José Carlos Mariátegui. 80 Aniversario, p.22) (3).

        El fondo de la cuestión del Partido es su carácter: si el marxismo-leninismo es la base de su unidad, entonces es de clase. Pero si tiene dos niveles y uno de ellos, el secreto, tiene como base de unidad un marxismo sin leninismo, y el otro, el público, no tiene ninguna base doctrinal, como ocurre en el proyecto de García, entonces no es de clase (4).

        De esta esencia del problema Aragón no dice absolutamente nada, pues, como es de conocimiento general, seguidistamente comparte la idea de García de un partido-amalgama, es decir, de un partido del socialismo en general y no del socialismo marxista-leninista en particular.

        Así, pues, su divergencia con García en punto al partido de “dos niveles” aparece como una divergencia puramente organizativa. Por eso no llama la atención que solo vea el aspecto orgánico de la cuestión: el “Sistema organizativo caudillista y ‘argollero’, antidemocrático y antisocialista”. Por lo tanto, si García le restara a su proyecto aquello de los “dos niveles”, Aragón podría sumarse al mismo tranquilamente.

        Por otro lado, la constitución de una “célula secreta de los siete”, que debía copar el Comité Ejecutivo del Partido, tiene su prueba en el hecho de que, precisamente en la Reunión de Barranco, los integrantes de dicha célula coparon el “Grupo Organizador del Partido”.

        Otro acuerdo de la Reunión de La Herradura fue “Convocar a una nueva reunión en la cual se incorporará a otros elementos”, y, precisamente, la Reunión de Barranco incorporó a Luciano Castillo y a Chávez León.

        Otro acuerdo fue “Ayudar a la célula de oposición sindical que Julio Portocarrero había organizado para realizar las tareas y directivas fijadas en el V Congreso de la I.S.R”, y, precisamente, la Reunión de Barranco constituyó la Secretaría Sindical y eligió al mencionado camarada como responsable de la misma.

        Otro acuerdo fue darle al partido el nombre de Partido Socialista del Perú, y, precisamente, la Reunión de Barranco aprobó este nombre.

        En fin, la Reunión de la Herradura fue una preparación de la Reunión de Barranco en tres aspectos: en lo ideológico, con la adhesión a la Tercera Internacional, lo que luego se expresó en la adopción del marxismo-leninismo (ver Programa del Partido); en lo orgánico, con el copamiento por la “célula secreta de los siete” del Grupo Organizador del Partido; en el trabajo masivo, con la constitución de la Secretaría Sindical.

        Este es el cordón umbilical entre la Reunión de La Herradura y la Reunión de Barranco, entre la preparación de la fundación del Partido y la fundación misma.

        ¿Podría alguien, en su sano juicio, ver en este cordón umbilical algo extraño a la ideas de Mariátegui? ¿Los Acuerdos de la Reunión de la Herradura fueron una maquinación de Martínez de la Torre y, por lo tanto, Mariátegui fue ajeno a la elección del nombre del Partido, a su afiliación a la Tercera Internacional, a la constitución de la Secretaría Sindical, a la constitución de la “célula secreta de los siete”, a la incorporación de otros elementos?

        Es de conocimiento general que Mariátegui participó de la Reunión Fundacional de Barranco. Pues bien, el primer Acuerdo de esta Reunión concretizó el tercer Acuerdo de la Reunión de La Herradura. Como también es de conocimiento general, la Reunión de Barranco aprobó la Moción presentada por Mariátegui. Pues bien, los numerales 1, 2 y 4 de esta Moción responden en su espíritu al numeral 2 de la Reunión de La Herradura, así como el numeral 3 responde en su espíritu al numeral 1 de esta Reunión. 

        Esta es la resonancia que tuvieron los Acuerdos de la Reunión de La Herradura en los Acuerdos de la Reunión de  Barranco.

        Así, pues, poner en duda los Acuerdos de la Reunión de La Herradura (sea considerándolos apócrifos, sea negando su valor histórico), es cuestionar los Acuerdos de la Reunión de Barranco.

        Por otro lado, es oportuno señalar que la “célula secreta de los siete” no fue concebida como una instancia orgánica permanente, sino solo como una medida temporal a fin de garantizar una dirección estable y solvente del proceso de constitución del PSP (5).

        Por eso Martínez señala que para la Reunión de La Herradura “Fueron escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento, una buena dirección al Partido que se trataba de fundar” (Apuntes…, t.II, p.397). 

        Por eso uno de los acuerdos de la Reunión de La Herradura reza así: “Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas” (ibídem).

        Quienes después pretendieron que dicha célula tenía un carácter permanente, dando lugar así a la concepción de un partido de “dos niveles”, fueron Julio Portocarrero y Hugo Pesce en la Conferencia Comunista de Buenos Aires (6). Esta pretensión fue asumida luego por Jorge del Prado y, como ya quedó claro, desde 1967 por Ramón García.

        Como se ha podido ver, la afirmación de Aragón acerca de los Acuerdos de la Reunión de La Herradura no pasa de ser una conjetura.

        En consecuencia, no hemos cometido ningún “error de ligereza” respecto a dichos acuerdos. Por el contrario, es precisamente Aragón quien ha cometido la ligereza de acusarnos de complicidad sobre la base de una simple conjetura.

Notas
[2] Decimos “ambiguamente”, porque en el contexto de la carta, la frase de Aragón puede entenderse de distintas maneras: como que se refiere a los acuerdos como tales acuerdos (“ese texto es de dudosa procedencia”), o, en su defecto, como que los mismos no tienen ningún valor histórico (“la validez histórica del mencionado texto”). En el primer caso, lo que querría decir Aragón es que los Acuerdos de la Reunión de La Herradura son apócrifos; en el segundo, que tales Acuerdos no tienen ninguna trascendencia para el proletariado peruano. En este caso, la frase de Aragón significaría que la afiliación de “la célula inicial del Partido” “a la III Internacional”, la elección del nombre de Partido Socialista del Perú, el apoyo a la célula de oposición sindical organizada por Julio Portocarrero, el propósito de copar la Dirección del Partido con los elementos de su “célula inicial” y la intención de incorporar a otros elementos a las filas partidarias, fueron acuerdos ciertos pero sin ningún valor histórico.
[3] Con una diferencia: mientras en 1967 García sostenía dos estructuras en el Partido, pero sin postular ninguna diferencia doctrinal entre ambas, ahora también sostiene dos estructuras, pero pretendiendo una diferencia doctrinal entre las mismas: el nivel secreto debe ser doctrinariamente homogéneo, y el nivel público debe ser doctrinariamente heterogéneo. De este modo ha pasado de una fórmula puramente orgánica a una fórmula marcadamente doctrinal, subastando así la independencia ideológica y organizativa del proletariado, es decir, liquidando al Partido como partido de clase. Así, pues, de su liquidacionismo de izquierda de los años 1970, García ha pasado a su actual liquidacionismo de derecha. Esto es, como lo hemos señalado en otro lugar, revisionismo en cuestiones de organización.
[4] En el proyecto de García no es el marxismo-leninismo sino un marxismo a secas la base de unidad del nivel secreto, y el nivel público no tendría ninguna base de unidad doctrinal, es decir, sería doctrinalmente variopinto. Por eso este proyecto es de un partido de masas no de clase, contrario por principio al PSP que, conforme al planteamiento de Mariátegui, hubiera tenido que ser un partido de masas con carácter de clase, o, para decirlo de otro modo, un partido de clase bajo la forma de partido de masas.
[5] Es decir la “célula secreta de los siete” fue una fórmula puramente orgánica, cuya utilidad muy probablemente hubiera tenido que cesar en marzo de 1930 cuando debió producirse la fundación pública del Partido. A este respecto puede verse Mariátegui y el Partido Socialista del Perú (borrador), del suscrito.
[6] Pero en estos delegados el recurso temporal de la “célula secreta de los siete” no solo apareció como permanente, sino también como un nivel orgánico doctrinalmente diferenciado del resto de la militancia partidaria. Como se ha visto, esto es lo que sigue Ramón García, lo que demuestra que ni siquiera tiene el mérito de la originalidad.

10.11.13.




Comentario al libro Memorias desde Némesis por Abimael Guzmán

(Fragmento)

Eduardo Ibarra

Por otro lado, Memorias desde Némesis tiene el mérito, entre otros, de dar cuenta de los antecedentes de un hecho actual: como seguramente se sabe, desde hace un tiempo Sergio –es decir Ramón García, quien firma como Ragarro, y que, para decir aquello que no tiene el coraje de suscribir con su nombre, se embozó hace ya casi dos años tras el seudónimo de Eusebio Leyva– pretende levantar cabeza fundando un partido-amalgama dirigido desde la sombra por un puñado de “marxistas” no leninistas.

Es, pues, pertinente transcribir lo que de García y su “grupo bolchevique” sostiene, documentadamente, Abimael Guzmán.

“El Comité Regional de Lima (denominado 14 de junio, como José Carlos Mariátegui el de Ayacucho, o Túpac Amaru el de Cuzco, de manera no sujeta a las normas comunistas), en la década del sesenta, sirvió de base a Sotomayor, primero; posteriormente copada su dirección por paredistas, fue utilizado contra la Juventud Comunista y, finalizando el decenio, en 1969, en plena lucha del Partido y la Facción Roja contra el liquidacionismo de derecha, apoyaba a Paredes. Sin embargo, una parte del mismo apoyó la defensa del Partido asumida en el II Pleno; pero el Comité quedó muy debilitado y desarticulado, correspondiendo a los camaradas de Lima la tarea de reagrupar la militancia y organizarla. En ese caldo de cultivo y circunstancias surgió el liquidacionismo de ‘izquierda’ encabezado por Sergio y Manuel; liquidacionismo cuya esencia y parte de sus posiciones ideológicas y políticas, era aniquilar el Partido aislándolo de las masas y la lucha de clases, así como el liquidacionismo de derecha aniquilaba el Partido disolviéndolo en las masas. La Facción Roja y el ‘Grupo bolchevique’ convergieron en la defensa del Partido en la VI Conferencia, en la lucha contra la destrucción de la organización partidaria clandestina perpetrada por el liquidacionismo de derecha y, principalmente, en la defensa de la vida, de la existencia del Partido en el II Pleno (1970). No obstante, en este evento ya surgieron las contradicciones entre ambos en relación con el fascismo, para los autodenominados ‘bolcheviques’ el fascismo en esencia era represión; las contradicciones se irían desarrollando hasta su solución el año 1975, tras antagonizarse”. “En 1970 Sergio escribió ‘Fortalecer nuestras filas’. Documento en que plantea la ‘estabilidad del capitalismo’ y reduce la base de unidad a legado de Mariátegui; así como soslaya el trabajo campesino, el poner el peso del Partido en el campo para sustentar el trabajo militar y, aprovechando los cambios y problemas surgidos el 69 y 70, incluso sin considerarlos cuestiona el traslado de la Dirección planteado el 67 como parte de poner el centro en el campo (cuestionando, pues, el correcto planteamiento de 1967, sin proponer cómo resolver el problema en las nuevas condiciones, ya que evidentemente no se podía el 70, tras la división del Partido, hacer el traslado en las mismas condiciones que el 67). Todo esto sin más fundamento que generalidades, sin ver las condiciones específicas de nuestra revolución, invocando sólo abstractamente la experiencia internacional, y, menos aún, ver la larga perspectiva como el Presidente Mao enseña”. “Igualmente, en editorial de Bandera Roja Nº 44, sacada bajo su responsabilidad en Lima, con el título ‘Contra el fascismo, contra el liquidacionismo, llevar la lucha hasta el fin”’, Sergio desenvuelve un plan programático-político diferente al del II Pleno. En él, a la vez que soslaya la Gran Revolución Cultural Proletaria, plantea que los ejércitos ya no le sirven al imperialismo y que el fascismo es la ‘contrarrevolución más feroz’ que destruye todo tipo de organización; mientras el capitalismo burocrático lo entiende sólo como capitalismo de Estado; calla que la ley agraria 17716 sienta bases para la corporativización y reduce el II Pleno a la gran polémica”. “En el mismo número de Bandera Roja, en artículo ‘Reconstituir las organizaciones populares’, redactado por Manuel, se soslaya el pensamiento maotsetung, la línea política, el campesinado y se centra en llamar a ‘prepararse para soportar la represión política’. Así, se mostraba terror ante el fascismo y pérdida de perspectiva; fondo común de los liquidadores de ‘izquierda’ basado en su ‘fascismo es violencia’ que ‘barre todas las organizaciones’, vieja posición revisionista”.

“En el Balance de la Reconstitución del Regional 14 de junio del PCP (1972) se sistematiza el liquidacionismo de ‘izquierda’: apartándose más del II Pleno, se reduce toda la actividad partidaria a ‘crítica y preparación’. Estas, aparte de sustentarse en la supuesta existencia de ‘estabilidad del capitalismo’, aunque no lo diga expresamente, constriñe la ‘crítica’ al estudio el desarrollo de las ideas marxistas en el Perú (sobre este punto elaboraron un esquema), olvidando aplicar el pensamiento de Mariátegui a la situación concreta y desarrollar su línea política; mientras que la ‘preparación’ la entiende y practica como separación, más acentuada aún, de las masas y la lucha de clases, reduciendo la actividad ‘orgánica’ a pequeños de intelectuales en cenáculo al margen de la tempestad y la contienda para que el fascismo, que ‘todo lo barre’ según ellos, no los tocara; a la vez que su preocupación fundamental el ‘papel del individuo en la historia’ y la ‘militancia como forma de vida’ devenían en ‘anarquismo señorial’. Así el liquidacionismo de ‘izquierda’ se enrumbaría más hacia la derecha hasta la deserción de sus dos cabezas en 1975, después de derrotada su oposición al desarrollo de los organismos generados”.

“De esta manera debatió el Pleno (el III, julio 1973) el carácter del Gobierno Militar en 1973 y las posiciones que se daban frente a él; planteándose además la siguiente interrogante: ¿Es el fascismo esencialmente violencia? Hay quienes sostienen, decía, que el fascismo es, en esencia, violencia, que la violencia es la característica esencial que lo define; esta es la posición de revisionistas y revolucionaristas, de lo cual derivan que el régimen de Velasco Alvarado no es fascista sino revolucionario y reformista, respectivamente. Esta posición es oportunista y falsa, reducir el fascismo simplemente a violencia no correspondió ni al anterior a la segunda guerra mundial, menos al posterior a ella; el fascismo en esencia es la negación del sistema de gobierno demoliberal (no de la dictadura burguesa), y el que lleve adelante sus planes por la violencia no es sino el camino para defender y mantener el viejo orden según sus necesidades y circunstancias, así el fascismo de Hitler, Mussolini, Franco y otros recurrió a la más desenfrenada y brutal violencia. Por otro lado, piénsese que el Estado es la ‘violencia organizada’ y que la doble política reaccionaria ha potenciado inmensamente la violencia contrarrevolucionaria en la época del imperialismo. Mas lo anterior no niega el carácter de clase del Estado ni la ciencia política de sus objetivos; ni tampoco que la violencia elevada a nivel de guerra sea la forma principal para resolver las contradicciones fundamentales y trascendentes del mundo social. Tal fue, en líneas generales, el debate sobre este importante problema en el III Pleno”.

“Fue la reunión plenaria [el IV Pleno] en que más ampliamente y a fondo se combatieron las posiciones del liquidacionismo de ‘izquierda’; el centro de la lucha de dos líneas estuvo en el trabajo de masas, principalmente contra la oposición de estos a desarrollar organismos generados. Sin embargo, claro está que, tras los planteamientos organizativos e incumplimiento socavador de los acuerdos del III Pleno, por el liquidacionismo de ‘izquierda’ estaban sus posiciones políticas sobre la ofensiva corporativista del Gobierno y, en esencia, su concepción del fascismo como violencia incontenible que todo lo barre y desaparece. Para ellos, pues, no era posible desarrollar la construcción orgánica, menos aún el trabajo de masas, porque consideraban que se venía un ‘baño de sangre’ y sólo cabía esperar que pasara la tormenta fascista; criterios sostenidos, precisamente, cuando la lucha popular ponía término al repliegue de las masas. Estos nuevos liquidadores, profundizando sus criterios anteriores habían devenido en practicantes acérrimos del ocultismo y pregoneros en corrillos de ‘basta línea’. Pero las posiciones del liquidacionismo de ‘izquierda’ fueron barridas, ya que sus sustentadores en cenáculos no fueron capaces de sostenerlas y menos defenderlas en el Comité Central. No hubo, por lo demás, sanción alguna, contra nadie, en el IV Pleno; la Facción Roja llevó adelante exitosamente la sesión y los acuerdos se tomaron por unanimidad”.

“El V Pleno del Comité Central marcó no sólo el desarrollo de la línea proletaria, sino igualmente el término de la lucha contra el liquidacionismo de ‘izquierda’ cuyas posiciones habían sido barridas ya en el IV Pleno, como viéramos, y además totalmente derrotado en la lucha de masas, principalmente en los organismos generados, que analizaremos a continuación. Más aún, sus dos conspicuos representantes se marcharon del Partido: Sergio, después de los sucesos de febrero del 75 en Lima, pidió licencia por un año en carta dejada al viajar (no está demás mencionar que en el Partido Comunista no hay licencias), sin retornar hasta hoy: y Manuel no concurrió al Pleno pese a ser citado y comprometerse a asistir, comunicó su alejamiento por carta. Así, pues, ni el V Pleno ni otro evento los expulsó, ni los sancionó; simplemente se registró su deserción”.

“Tampoco tiene fundamento alguno que se haya ‘expulsado a la mitad del Comité Regional 14 de junio’; y esto es así, sencillamente, porque tal Comité no tenía militancia organizada; el liquidacionismo de ‘izquierda’ desmontó la organización. Fue precisamente después del V Pleno que se organizó el Comité y volvió a marchar orgánica y regularmente”.

Todo esto es historia del PCP. Pero, de este conjunto de cuestiones examinadas por Abimael Guzmán, es pertinente destacar aquí las siguientes:

1) Ya en los años setenta Ramón García intentó aniquilar el Partido aislándolo de las masas y la lucha de clases;
2) para ello, desmontó la organización del Comité Regional de Lima, donde tenía influencia; 

3) con el editorial de Bandera Roja Nº 44 planteó un plan programático-político diferente al del II Pleno;

4) redujo toda la actividad partidaria a “crítica y preparación”, constriñendo lo primero al estudio del desarrollo de las ideas marxistas en el Perú, y practicando lo segundo como separación de las masas y la lucha de clases;

5) fue practicante acérrimo del ocultismo y pregonero en corrillos de “basta línea”.

Puntualización especial merece la deserción de Ramón García y Manuel Montañez de las filas del Partido. En el artículo Las cinco caídas de yo el supremo, el primero se pavoneó sosteniendo que “fue expulsado, con pelos y señales, primero por el PC-U, segundo por el PC-BR, tercero por el PC-SL”. Pero ocurre que lo último no es cierto, y en su oportunidad se lo hicimos saber a los activistas del Socialismo Peruano.

La verdad del caso es la siguiente: “No hubo… sanción alguna, contra nadie, en el IV Pleno”; ni el V Pleno ni otro evento los expulsó, ni los sancionó; simplemente se registró su deserción”. Esta es, pues, la verdad histórica de los hechos que García intenta silenciar con la cínica mentira de que fue expulsado del PCP-SL.

En el mismo artículo –y enseguida de lo citado arriba– García siguió pavoneándose: “Ciertamente, ciertamente, el Supremo resultó también otro ‘Duro de Matar’”.

Pero la verdad es esta: “la Facción Roja llevó adelante exitosamente la sesión [el IV Pleno] y los acuerdos se tomaron por unanimidad. Es decir, ¡el “Duro de Matar” capituló ante las posiciones de Guzmán y votó por ellas en contra de las suyas propias!

Y, después de ello y de la violenta asonada del 5 de febrero de 1975, no solo desertó del Partido sino también de toda práctica política: en unos meses más cumplirá ¡cuarenta años de inoperancia!

Por otro lado, es un hecho que, debido a su carácter liquidacionista, el proyecto de partido de García está muerto. Y no por homicidio, sino por suicidio.

Para adelantarnos a cualquier malicioso reparo, transcribimos la siguiente cita de nuestro artículo A propósito de algunas “observaciones”, escrito el 10.11.13: “mientras en 1967 García sostenía dos estructuras en el Partido, pero sin postular ninguna diferencia doctrinal entre ambas, ahora también sostiene dos estructuras, pero diferenciándolas en el sentido indicado: el nivel secreto debe ser doctrinariamente homogéneo, y el nivel público debe ser doctrinariamente heterogéneo. De este modo ha pasado de una fórmula puramente orgánica a una fórmula marcadamente doctrinal, subastando así la independencia ideológica y organizativa del proletariado, es decir, liquidando al Partido como partido de clase. Así, pues, de su liquidacionismo de izquierda de los años 1970, García ha pasado a su actual liquidacionismo de derecha. Esto es, como lo hemos señalado en otro lugar, revisionismo en cuestiones de organización”.

Por su parte, Manuel Montañez “no concurrió al Pleno [al V] pese a ser citado y comprometerse a asistir, [y] comunicó su alejamiento por carta”. De esta forma expresó la misma impotencia de García.

Es menester agregar, respecto al punto, algo que seguramente Guzmán no sabe. En el verano de 1975, con su liquidacionismo de “izquierda” bajo el brazo, García intentó levantar tienda propia, pero fracasó (testimonio de Enrique Zapater).

Por lo tanto, en unas circunstancias en que el antagonismo con su liquidacionismo era orgánicamente tratado como contradicción no antagónica, su escisionismo aparece como escisionismo de un liquidador de “izquierda”. Este es el fondo de la cuestión.

Por eso su apelación, directa o indirecta, a la idea de un “escisionismo positivo” para justificar su injustificable deserción, no pasa de ser una burda maniobra para consumo de incautos.

Por lo demás, los otros liquidacionistas desertaron también siguiendo así el mal ejemplo de sus cabecillas. Por eso Guzmán aclara en su libro: “Tampoco tiene fundamento alguno que se haya ‘expulsado a la mitad del Comité Regional 14 de junio’; y esto es así, sencillamente, porque tal Comité no tenía militancia organizada”.

Así, pues, si en los años setenta Ramón García pretendió liquidar el Partido aislándolo de las masas, ahora pretende hacer lo mismo disolviendo su carácter de clase en una organización de masas doctrinariamente variopinta.

22.05.2014.




El Socialismo Heroico y Creador:
«Defensa del Marxismo»

                                                              (Décimo Primera Parte)

                                                                      Jorge Oshiro


El sentido heroico y creador del socialismo

Todos los que como el escritor belga propalan un socialismo con acento ético pero basados en principios humanitarios, en vez de contribuir de algún modo a la elevación moral del proletariado, dice Mariátegui,

"trabajan inconscientemente, paradójicamente contra su afirmación, como una fuerza creadora y heroica, vale decir contra su rol civilizador".

Al el comienzo de este importante capítulo retoma Mariátegui dos puntos fundamentales de su concepción de la ética del socialismo: la elevación de la moral del proletariado y la fuerza creadora y heroica del proletariado en construcción del socialismo.

        Y esta fuerza creadora recibe aquí el nombre de "rol civilizador". Es importante aquí esta denominación pues Mariátegui hace coincidir el concepto de "civilización" no con la técnología y la ciencia como su uso corriente así lo designa, sino con la ética.

        Lo cual alude implícitamente a una intención profunda del revolucionario peruano: no era la "modernización" de la sociedad lo que más le interesaba, sino la creación de un hombre "de nuevo tipo", es decir, la creación de una nueva civilización, superior moral y éticamente a la civilización tecnológica y científica del capitalismo.

        Pero esta concepción de la ética mariateguiana no debe confundirse con el "socialismo moral":

"Por la vía del socialismo "moral" y de sus pláticas antimaterialistas, no se consigue sino recaer en el más estéril y lacrimoso romanticismo humanitario, en la más decadente apologética del "paria", en el más sentimental e inepto plagio de la frase evangélica de los pobres de espíritu".

El primer elemento característico de este "socialismo moral" es su oposición al materialismo marxista, a su análisis económico de la sociedad capitalista. Así deviene este socialismo en un proceso abstracto y descansa en las buenas intenciones de sus autores.

        El segundo elemento de este "romanticismo humanitario" es la acentuación del papel del paria en la construcción de este movimiento. Tiene al "paria-masa" como objeto y no como sujeto de la historia; no es una masa que se libera ella misma, es una masa más o menos amorfa a liberar. El sujeto propuganador de este socialismo sería para Mariátegui, otra clase social, no el proletariado. Esto significa

"retrotraer al socialismo a su estación romántica, utopista, en que sus reivindicaciones se alimentaban, en gran parte, del sentimiento y la divagación de esa aristocracia que, después de haberse entretenido...en disfrazarse de pastores y zagalas, y en convertirse a la Enciclopedia y el liberalismo, soñaba con acaudillar bizarra y caballerescamente una revolución de descamisados y de ilotas".

Frente a estas ilusiones románticas se eleva el materialismo marxista:

"Marx descubrió y enseñó que había que empezar por comprender la fatalidad de la etapa capitalista y, sobre todo, su valor".

El acento de este párrafo se encuentra en los términos "fatalidad de la etapa capitalista" y su "valor". El primer punto no debe llevarnos al mal comprendido de que en todas partes del globo debe instalarse primeramente "la etapa capitalista" con su burguesía según el modelo europeo.

        Como se ha visto en el capítulo anterior, esta etapa capitalista no coincide necesariamente con el papel histórico de la clase burguesa. Para Mariátegui esta etapa capitalista puede y debe ser llevada a cabo, en países como el Perú, como un momento de su desarrollo por el socialismo.

        Es decir en países donde la burguesía ha sido débil y no ha tenido la fuerza histórica de llevar a su país hacia el desarrollo maduro de las relaciones capitalistas de producción, el proletariado debe asumir esta responsabilidad histórica. El "fatalismo económico" no es un fatalismo de la voluntad, sino expresa más bien la necesidad de las marchas de los pasos en la historia, en la cual las relaciones capitalistas de producción ocupa un lugar importante.

        Este "fatalismo económico" se opone contradictoriamente al subjetivismo romántico que partiendo de la concepción de una voluntad no causada, pretende construir una sociedad de las buenas intenciones, ignorando simplemente las relaciones concretas de producción.

        El socialismo marxista parte de estas relaciones concretas de producción y construye la ciudad del futuro a base de estas relaciones preexistentes y no ignorándolas. Por otro lado esta conciencia de las relaciones económicas preexistentes no viene sin una cierta admiración de la obra realizada por la burguesía revolucionaria:

"El proletariado sucedía a la burguesía en la empresa civilizadora. Y asumía esta misión, consciente de su responsabilidad y capacidad -adquiridas en la acción revolucionaria y en la usina capitalista - cuando la burguesía, cumplido su destino, dejaba de ser una fuerza de progreso y cultura".

Frente al romanticismo de los aristócratas "quienes repudiaban, cual una abominación, la obra capitalista"(op.cit.), pues en su nostalgia de "los tiempos pasados" eran incapaces de valorar el presente concreto y se escapan en las ilusiones de una utopía antihistórica,

"la obra de Marx", afirma Mariátegui, "tiene cierto acento de admiración por la obra capitalista".

Y en verdad es suficiente leer los dos primeros capítulos del Manifiesto para llegar a esta conclusión. Pero esta admiración es limitada por la historia, pues la burguesía, revolucionaria en un momento histórico, perdió su energía vital, se hizo conservadora en el momento posterior y decayó. Pero esto no impide, según nuestro autor que

"El Capital, al par que da las bases de una ciencia socialista, es la mejor versión de la epopeya del capitalismo".

Hay que distinguir, por lo tanto, entre las relaciones de producción capitalistas y la burguesía usufructuaria de estas relaciones. Y sobre todo hay que distinguir en los momentos históricos de esta burguesía y su papel específico en los diversos períodos de su desarrollo.

Hay que distinguir entre burguesía revolucionaria creadora de la epopeya capitalista y la otra decadente, como hay que diferenciar al proletariado satisfecho de su suerte presente con el proletariado creador y heroico, constructor del socialismo. Y entre ambos lo que los distingue es según Mariátegui su fuerza moral.

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