lunes, 1 de septiembre de 2014

Filosofía

Interacción de los Contrarios en el Desarrollo

(Segunda Parte)

S. Meliujin


SI NOS FIJAMOS EN LA ESTRUCTURA DE LA MATERIA, veremos que la idea de la unidad de contrarios se confirma con la máxima brillantez en el hecho de la existencia de partículas y antipartículas. A casi toda partícula le corresponde determinada antipartícula, que se distingue de ella por el signo de la carga eléctrica o del momento magnético. Las partículas y las antipartículas no pueden existir conjuntamente durante un largo período de tiempo, ya que durante las colisiones interactúan entre sí de modo que desaparecen como tales, transformándose en fotones u otros microobjetos. Las antipartículas se originan artificialmente, pero solo durante las reacciones nucleares de gran energía, por ejemplo, en aceleradores potentes o en los rayos cósmicos. Debido a ello, la unidad de esos contrarios en la microestructura de la materia puede ser temporal y relativa únicamente. Pero en la escala del cosmos puede ser constante.

De los datos teóricos de la física actual se deduce que los átomos construidos por antipartículas tienen la misma estabilidad que los átomos corrientes. En los núcleos de esos átomos habrá antiprotones y antineutrones, y en torno de los núcleos girarán positrones en vez de electrones. Si la cantidad de esos átomos es muy elevada, constituirán un antimundo entero. Por ahora resulta imposible distinguir un antimundo semejante de la sustancia del mundo corriente a base tan sólo de los datos espectrales, ya que las características espectrales de los átomos dependen del cuarto grado de la carga eléctrica y son, por consiguiente, iguales para toda clase de átomos. La existencia de dichas formas de la materia podrá descubrirse por algunos otros efectos. En las regiones donde la sustancia del antimundo entre en colisión con la sustancia corriente habrán de producirse potentes procesos de transformación de partículas materiales en radiación; la región dada será entonces una fuente de elevada radiación de ondas electromagnéticas y partículas cósmicas. Hasta la fecha, sin embargo, no se ha conseguido descubrir las regiones donde la radiación pueda ser producida por semejantes procesos. Por ello, la hipótesis del antimundo no está directamente confirmada por ahora; sin embargo, ya no se duda de su sentido objetivo, pues se desprende lógicamente de todo el aparato teórico de la física moderna del microcosmos, que ha sido profundamente confirmado por la práctica.

¿Cómo se realiza en el ejemplo citado la idea de la unidad de los contrarios? Si examinamos una partícula cualquiera en nuestro mundo y alguna partícula de carga opuesta en el antimundo, veremos que, pese a ser opuestos, no constituyen una unidad, pues pertenecen a sistemas completamente distintos y en la practica no interactúan entre si. Sus relaciones no serán contradictorias.

        La unidad de contrarios se producirá en el caso solamente de que la partícula y la antipartícula entablen una acción directa y recíproca entre sí, cosa que puede ocurrir durante la generación artificial de las antipartículas. Mas esa unidad será relativa y temporal, ya que los pares de partículas opuestas se convierten bien en radiación electromagnética, bien en otros microobjetos.

        Sin embargo, no debemos olvidar que toda partícula integra el cuerpo macroscópico y éste forma los sistemas cósmicos. Estos últimos pueden interactuar directamente con los sistemas correspondientes del antimundo y, en ese caso, la unidad de los contrarios continuará todo el tiempo que se quiera, siempre que no se produzca la colisión directa de esos sistemas. De este modo, la unidad de los contrarios, que radica en las leyes del microcosmos, se realiza directamente en la escala del cosmos.

        En la estructura de la materia lo continuo y lo discontinuo constituyen las oposiciones más importantes. Estas propiedades de los objetos materiales se encuentran e constante interacción recíproca. Su unidad se manifiesta en algunos aspectos. Cualquier cuerpo macroscópico que parece continuo por su estructura está constituido en realidad por numerosas partículas discretas. Las propias partículas discretas son formaciones de materia sumamente complejas, que poseen propiedades corpusculares y ondulatorias y están indisolublemente unidas a diversos campos. Los electrones, por ejemplo, se manifiestan en su interacción recíproca, durante su absorción y radiación, como partículas; pero su movimiento en el espacio y su dispersión, al pasar la reja de difracción, están supeditados a leyes ondulatorias. La corriente de electrones después de su dispersión forma en la pantalla un cuadro de interferencia, que se produce sólo al dispersarse las ondas, pero no las partículas.

        Esta unidad de propiedades corpusculares y ondulatorias es posible únicamente en el movimiento de las micropartículas y se refleja en las correlaciones de la mecánica cuántica. La mecánica cuántica determina para cada micropartícula una cierta longitud de onda, que depende de su masa y velocidad de movimiento. La longitud de onda expresa la región de la posible localización espacial de la partícula, en virtud de lo cual los microobjetos no pueden considerarse como formaciones discretas claramente determinadas, poseedoras de dimensiones geométricas absolutamente exactas e invariables. Las dimensiones reales de los microobjetos dependen de su velocidad y del carácter de su recíproca interacción; por ello la idea del carácter discreto
De la partícula debe completarse con la de su continuidad.

        La unidad de lo continuo y lo discontinuo se manifiesta en la conexión entre las partículas y los campos. Cada micropartícula no existe por separado, sino que interactúa constantemente con diversos campos que agrupan las partículas en sistemas más complejos. El campo no es algo exterior con relación a la partícula, sino que está íntimamente unido a su microestructura. Algunas propiedades importantes de las partículas representan las constantes de su relación con los campos correspondientes. Así, la masa es la característica de la conexión de las partículas con el campo gravitacional; la carga eléctrica es la constante de su vínculo con el campo electromagnético, y las cargas mesónicas, propias de algunas partículas, expresan sus nexos con los campos mesónicos. Como dichas propiedades son inseparables de las partículas, deducimos de ello la indisoluble unidad de las partículas y los campos. El campo viene a ser la continuación, por decirlo así, exterior de la esencia interna de las micropartículas y resulta imposible señalar con exactitud el límite donde acaba la propia partícula y comienza su campo exterior. Por ejemplo, el radio del protón se valora en 710-14 cm, pero esa magnitud tiene un valor relativo, ya que caracteriza la región donde está distribuido el campo mesónico que forma parte íntimamente de la estructura del protón. Sin embargo, todos los campos son una forma de materia que está distribuida sin interrupción en el espacio. Por tanto, los microobjetos que existen realmente constituyen, en relación con su distribución espacial, la unidad de lo continuo y lo discontinuo.

        Gracias a esas peculiaridades de los microobjetos, su esencia interna es una unidad de lo finito y lo infinito. La partícula, como formación discreta, se caracteriza siempre por un número finito de grados de libertad. A diferencia de ello, el campo electromagnético y gravitacional representa sistemas materiales donde el número de grados de libertad es infinito; para describirlos se necesitaría una infinita multitud de parámetros. Ahora bien, como los campos son inseparables de las partículas, todo microobjeto, en relación con los grados de libertad, representa de hecho la unidad de lo finito y lo infinito.

        La unidad de los contrarios dados se observa igualmente en otro plano. Toda micropartícula es inagotable en su estructura y está compuesta por una cantidad infinita de ciertos elementos de la materia, cualitativamente distintas, con un número infinito de propiedades. Sin embargo, esa infinita multitud de elementos se unifica en una determinación cualitativa única, ya que, con respecto a otras formas de la materia, cada micropartícula es una formación íntegra de la materia.

        La unidad de lo finito y lo infinito se observa igualmente en la distribución espacial de los microobjetos y de todos los demás cuerpos. Es sabido que todo cuerpo material ocupa un volumen de espacio limitado. Sin embargo, el campo creado por el cuerpo dado tiende a una difusión ilimitada en el espacio. El campo radiado se lleva siempre una parte de la materia que constituye el cuerpo dado y asegura así su conexión con otros cuerpos. Gracias a la acción de los campos, el cuerpo finito pone de manifiesto su existencia en sistemas materiales tan alejados de él como se quiera. La propia posibilidad de conocer las propiedades de sistemas cósmicos extremadamente alejados se basa, precisamente, en el hecho de que los objetos materiales, en su distribución espacial, representan la unidad de o finito y lo infinito.


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