lunes, 1 de septiembre de 2014

Documentos

Unión Nacional de Historia de Cuba (UNIHIC)

Resoluciones
Congreso Provincial de Historia
La Habana
16, 17 Y 18 de Enero del 2014


XXI Congreso Nacional de Historia

(Cuarta Parte)

X

“La Revolución Cubana: 55 años de Victorias HistóricasFundamentos y Declaración


Fundamentos


El historiador marxista inglés Eric Hobsbawm, describió a las revoluciones como “puntos de ruptura”, en tanto “incidentes en el cambio macrohistórico” (5). El cambio macrohistórico que impulso la Revolución Cubana está constituido a lo interno por la consolidación del proceso de expresión y desarrollo realmente popular, culto, soberano e independiente de la nación cubana. Ningún pueblo contemporáneo ha llegado tan lejos en la construcción de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad como el pueblo de Cuba. Negar esta tesis es un reto imposible de lograr si se obra con conocimiento y honestidad.

En nuestro entorno caribeño, latinoamericano y mundial, el cambio macrohistórico se expresó en el proceso de descolonización e independencia de la región y del llamado Tercer Mundo, que venía prolongándose desde los tiempos precursores de las luchas decimononas por la primera independencia latinoamericana. En ese marco, la Revolución Cubana constituyó un punto de ruptura sobresaliente. La historia cubana desde entonces se imbricó con un sustantivo protagonismo en el escenario mundial y hemisférico, donde se desenvolvía el multilateral conflicto capitalismo-socialismo de la llamada Guerra Fría, en una región conmocionada por la colosal agresividad de la política contrarrevolucionaria de los Estados Unidos.

Cuba no se encontraba en el último lugar de América Latina en su nivel de desarrollo, no obstante su situación dejaba mucho que desear. En una encuesta realizada en 1957 por una institución católica, sobre el nivel de vida del obrero agrícola, se obtuvieron escalofriantes resultados de una muestra seleccionada de 2 500 familias: No disponían como promedio de más de 25 centavos diarios, para comer, vestir y calzar. El 60% vivían hacinados en bohíos de techo de guano, y piso de tierra, de uno o dos ambientes, sin servicio ni letrina sanitaria, ni agua corriente. El 90% se alumbraban con queroseno. El 3% no tenían alumbrado de ninguna clase. Solo un 11% de las familias encuestadas tomaban leche, un 4% comían carne y el 2% consumían huevos. El 14% padecían o habían padecido de tuberculosis. El 13% había contraído la tifoidea. Y un 36% confesaban estar parasitado, lo que quiere decir que el porcentaje real es mucho más alto. El 44% no había asistido jamás, a una escuela. El 43% era analfabeto. Esos datos coinciden bastante con los arrojados por el Censo de Población y Vivienda de 1953. Según este Censo 738 mil cubanos, el 33,4% de la fuerza de trabajo del país estaba en condiciones de desempleo o subempleo.

Cuba era probablemente el país más dependiente y subordinado a intereses de los Estados Unidos, que se oponían a cualquier intento desarrollo endógeno, incluso en el contexto del régimen capitalista. El ascenso de las fuerzas revolucionarias al poder, creó las bases para remodelar la sociedad; pero los sueños y la voluntad política, han tenido que realizarse y actuar, como es obvio, sobre un contexto históricamente conformado.

El ataque del imperio

Con la Revolución, la nación se trazó como tarea impostergable, el rescate de sus recursos naturales y productivos, que estaban en poder de los monopolios estadounidenses, la burguesía dependiente y la oligarquía proimperialistas; la defensa y consolidación de su soberanía e independencia nacional, y el derecho a un camino propio. La búsqueda de un modelo cubano de reproducción y organización de la vida social, nos remitirá ante todo a la condición de país subdesarrollado, tempranamente bloqueado y asediado por los Estados Unidos, la mayor potencia imperialista y la más agresiva de la historia.

El país se vio obligado a enfrentar y vencer la política de terrorismo de Estado que puso en acción la guerra económica y el bloqueo más prolongado de la historia. El daño económico ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos hasta abril del 2013, considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, asciende a 1 157 327 000 000 dólares estadounidenses. Los daños humanos que produce el bloqueo son incalculables. El bloqueo de hecho es la más masiva y extensa violación de los derechos humanos que se ha producido y mantiene en el mundo de postguerra, a pesar de la crítica de la Asamblea General de las Naciones Unidas durante 22 años consecutivos, sustentada en el voto en contra mayoritario de los Estados miembros de la organización. El 76% de los cubanos han vivido bajo sus efectos devastadores desde su nacimiento.

Junto con la guerra económica, Cuba ha resistido durante 55 años, una sistemática y agresiva política de invasión mercenaria, espionaje, subversión política ideológica, guerra química y biológica, asesinatos y atentados terroristas, organizada, planificada y dirigida por el Gobierno de Estados Unidos y su Agencia Central de Inteligencia (CIA). En el 2010 esas acciones sumaban 5,577 víctimas, con 3,478 cubanas y cubanos muertos y 2,099 incapacitados. En tanto Cuba ha estado obligada a realizar importantes esfuerzos y erogaciones de recursos para defender la vida y paz de los ciudadanos, la estabilidad del Estado, su independencia y soberanía.

A pesar de enfrentar el escenario más adverso del mundo -llamado por las instituciones internacionales “en desarrollo”-, en los primeros cincuenta años de la Revolución el esfuerzo inversionista empleo un estimado de 118 000 millones de pesos, con una tasa de crecimiento anual del 5,7%. Estas inversiones se destinaron en un 50% a obras de infraestructura e inversiones sociales, un 31% fueron a la industria y un 19% a la agricultura. En medio siglo el Producto Interno Bruto (PIB) cubano, creció a un ritmo anual del 3,3%. Hay países con más altos indicadores, pero muy pocos pueden sustentar que sus cifras se alcanzaron sin la explotación y enajenación de las grandes mayorías, sin la polarización extrema de la riqueza, que caracteriza el crecimiento en el mundo capitalista. Con un proyecto de desarrollo que priorizó la sostenibilidad medioambiental y la defensa del ecosistema, alejándonos cada vez más de las prácticas depredatorias impuestas por el modelo extractivista y acrecentadas frente a los déficits y urgencias del subdesarrollo, reforestando el territorio, cuidando sus aguas y mares, protegiendo la flora y la fauna.

La historiografía revolucionaria está llamada a criticar las lecturas apologéticas y/o justificativas, pero hay verdades inobjetables: Hemos alcanzado resultados significativos en la eliminación de la pobreza y el hambre, en índices de salud y educación que son de referencia mundial, en la promoción de la igualdad de género, en la libertad y el bienestar equitativo, en el consenso social, en la participación democrática de los ciudadanos en las decisiones de gobierno, en la reversión del deterioro ambiental y la recuperación de la maravillosa naturaleza de nuestro archipiélago, y en el desarrollo de la cooperación internacional con un centenar de países del Tercer Mundo: ¿cuánto más no habríamos podido hacer sin los colosales obstáculos a nuestro desarrollo y los enormes costos humanos y financieros, que nos ha impuesto la agresión económica y política del imperio? Tenemos todas las razones de ciencia y moralidad, para sustentar este tipo de interrogantes ante quienes se cuestionan la obra de la Revolución.

Si el acento en otros momentos fue el de invasiones mercenarias, planes de atentado contra nuestros dirigentes, ataques de diverso tipo contra el territorio nacional o la denominada guerra por los caminos del mundo contra los intereses revolucionarios cubanos en el exterior; el recrudecimiento del bloqueo y la subversión política e ideológico-cultural enfilada contra nuestra sociedad, en particular hacia las jóvenes generaciones, caracteriza los embates que en la actualidad nuestro Partido, Estado y pueblo deben enfrentar y vencer. El Programa Cuba de la USAID creado en 1995, ha gastado más de 250 millones de dólares en sus planes contrarrevolucionarios, a lo que se suman 20 millones anuales que aprueba la administración del Presidente Barak Obama, solo para acciones subversivas. ¿Tienen en cuenta esta realidad quienes critican lo que denominan “lentitud” gubernamental en la aplicación de los cambios en curso y las medidas que son imprescindibles poner en acción?

El internacionalismo

Cuba ha compartido sus recursos y resultados. Es incuestionable el aporte que el proceso cubano ha realizado y realiza al movimiento antimperialista, internacionalista, socialista y comunista latinoamericano y mundial, en la gesta descolonizadora africana, en la derrota de la filosofía racista y el régimen imperialista del apartheid, así como en la creación de un nuevo movimiento de colaboración y solidaridad internacional Sur-Sur, a favor de la educación, la salud pública, la defensa civil, el avance de la revolución científico técnica y la cultura de paz. El internacionalismo ha sido y es consustancial a la Revolución Cubana.

Desde el propio año de la liberación en 1959, comenzaron las tareas internacionalistas. Entonces se apoyó a los revolucionarios dominicanos y nicaragüenses, que se organizaban para enfrentar las dictaduras pro yanquis de Rafael Leónidas Trujillo (1891-1961), y Luis Somoza Debayle (1922-1967). Trescientos cincuenta mil cubanos cumplieron misiones como combatientes internacionalistas, y otros 270 mil lo han hecho en calidad de especialistas en servicio de cooperación con 154 naciones desde el año 1963. La mayoría fueron al continente africano desde 1965 a colaborar con la independencia de las naciones de sus ancestros esclavos.

Cincuenta mil cubanos realizaron la más masiva acción de colaboración civil de que se tenga memoria, como alfabetizadores, profesores, médicos y constructores en Angola. Más de 26 000 profesores han prestado sus servicios docentes en 31 países, destacándose en las campañas de alfabetización en Nicaragua y también en Angola. Los profesionales de la salud han salvado más de 60 mil vidas mediante la “Misión Barrio Adentro” en Venezuela. El programa oftalmológico Misión Milagro-en cooperación con Venezuela-, ha devuelto, desde el 2004 hasta la fecha, la visión a más de un millón 2000 mil pacientes de 32 países de América Latina y el Caribe. Más de cuatro millones de personas que eran analfabetas en América Latina, Canadá, España, África y Oceanía, escriben y leen en su lengua, gracias a la colaboración cubana. Nuestro país ha formado unos 50 mil galenos, y se aspira a diplomar a 100 mil, para más de cien países. Ha graduado 1 200 especialistas de 71 países en deportes y cultura física.

La dimensión humanista del combatiente y trabajador internacionalista, acercaron el prototipo de hombre y mujer socialistas. Los valores de la familia cubana crecieron en la entrega internacionalista de sus hijos. Las misiones en América Latina hicieron que la espada de los libertadores volviera a dar batallas, que nuestra pertenencia latinoamericana y caribeña se renovara y enriqueciera, que este socialismo antillano fuera más martiano y bolivariano. África por su parte, fue el reencuentro nutricio con las etnias que nos crearon como pueblo de mestizajes de piel y sentimientos, allí rescatamos la cultura y filosofía de nuestra africanía, sellada con el regreso victorioso, de los internacionalistas, y con la honrosa sepultura en la Patria de los que cayeron en cumplimiento de la misiones de combate y civiles.

Hay quienes nos reclaman el “alto costo” de la solidaridad cubana. No vamos a abandonar a nuestros hermanos por un plato más de lentejas. No vamos a renunciar a compartir el pan con los más necesitados, y sobre todo, a unir, integrar y relanzar con más solidaridad e internacionalismo, el frente latinoamericano y mundial antimperialista. Cuba por demás se integra a su región, en base a los proyectos multinacionales de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), y al creciente proceso de unidad política, económica y cultural que está en curso.

Mirar hacia dentro

La historiografía revolucionaria debe resolver definitivamente las lecturas triunfalistas. La inobjetable victoria de nuestra sobrevivencia y de las calidades alcanzadas por la sociedad cubana, no significan el desconocimiento y/o la subvaloración de los acumulados negativos, y en particular los deterioros provocados por la aguda crisis económica del Período Especial. El crecimiento de la población en riesgo de pobreza y la precariedad de la vida material, han impactado tanto la vida espiritual como la hegemonía ideológico cultural socialista. Asimismo la obligada reintroducción de las relaciones de mercado y la acumulación de riqueza en varios sectores, plantean el reto desde las relaciones materiales objetivas, de la reconstitución de sectores burgueses y de la presencia de los valores y la ideología individualista, cosificadora y consumista del capitalismo contemporáneo.

En el orden político, la masiva agresión de los Estados Unidos ha tenido impacto en varios órdenes, quizás el más importante sea la práctica de justificar errores, que no necesariamente están a la cuenta del bloqueo y la actividad enemiga. El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz con meridiana claridad precisó en noviembre del 2005, el peligro de perder la Revolución por nuestros propios errores. Y con su consecuente optimismo histórico precisó: …muchos han dicho: ‘La Revolución no puede; no, esto es imposible; no, esto no hay quien lo arregle.’ Pues sí, esto lo va a arreglar el pueblo, esto lo va a arreglar la Revolución, y de qué manera. ¿Es solo una cuestión ética? Sí, es primero que todo, una cuestión ética; pero, además, es una cuestión económica vital (6).

La más valiosa significación de la Revolución la definió Fidel, un mes después del triunfo de 1959: “Esta Revolución ha significado, en primer lugar, no solo que el pueblo es libre, no solo que se acabó el crimen, no solo que se acabaron los atropellos, las torturas, los golpes, las humillaciones que constantemente estaba sufriendo cualquier ciudadano: significa que el pueblo ha llegado al poder“(7). Con ese poder el pueblo cubano ha vencido obstáculos tremendos y se ha mantenido firme frente al imperio ante cuyos designios hay quienes se ponen de rodillas. Con ese poder el pueblo cubano se apresta a perfeccionar participativamente sus mecanismos de gestión política y social, para resolver los problemas de desarrollo y crecimiento humano. Sabe que la relación pueblo, trabajadores, intelectualidad revolucionaria -liderazgo, Partido -gobierno, Estado, para ser exitosa y cumplir su misión histórica, debe ser un complejo de realidades y categorías, más que enlazadas o articuladas, plenamente integradas, por la más profunda democracia socialista, por el ejercicio real y directo del poder popular.

El ideal socialista, en tanto aspiración y utopía posible, es hoy más que nunca una necesidad, ya que sus principios de racionalidad y justicia entroncan con las vías de solución para los graves problemas que afronta la humanidad. La Revolución Cubana redefine y replantea el socialismo en el siglo XXI, no sólo desde todas las experiencias anteriores y actuales, sino también y ello resulta definitorio para todos los tiempos como un hecho de lucha, de constante y diario combate desenajenador del hombre, la mujer y sus circunstancias, un hecho de principios, tenacidad, un acontecimiento de lucha de clases, en el que a cada ataque del imperialismo, sus asociados y subordinados locales, se contesta con nuevas y más sólidas medidas revolucionarias.

La sociedad cubana tiene la ventaja y el mérito histórico de haberse mantenido alejada de la locura caótica del capitalismo neoliberal, de poseer y desplegar la cultura nacional, y forjar desde los valores humanistas martianos y socialistas, una clase obrera y una masa de trabajadores revolucionarios, donde se destaca un masivo contingente de profesionales de la ciencia, la educación y la tecnología -más de un millón de graduados universitarios-. Las cubanas y cubanos y sus liderazgos –los históricos y los nuevos-, acumulan una vasta experiencia de esfuerzos y sacrificios, de resistencias y logros, de reveses y rectificaciones, que en su conjunto han hecho posible la persistencia y viabilidad de la Revolución, han preservado la independencia y la dignidad nacional, la soberanía sobre los fundamentales recursos naturales y humanos, el sistema político y la propiedad social socialista. Estas son las fortalezas del socialismo cubano en el siglo XXI, variables todas que en su cualidad histórica, conforman una base objetiva segura, para encarar el desafío de crear un modelo de desarrollo ecológico, cultural y socialmente sustentable, avanzar en la eficiencia económica, incrementar la producción, satisfacer las necesidades de prosperidad material y espiritual de la población, mantener y acrecentar los niveles alcanzados de justicia social, y perfeccionar nuestra institucionalidad y ejercicio político, con una mayor y más efectiva participación decisoria de las masas.

Herencias y compromisos

La Revolución Cubana heredó y se enorgullece del protagonismo que en la historia de la nación ejercieron hombres y mujeres insignes como del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes del Castillo, la Madre de la Patria Mariana Grajales Cuello, el Héroe Nacional José Martí Pérez, Antonio Maceo Grajales, Máximo Gómez Báez, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras Holmes, Blas Roca Calderío, Abel y Haydée Santamaría Cuadrado, Frank País García, Camilo Cienfuegos Gorriarán, Melba Hernández, Celia Sánchez Manduley, Vilma Espín Guillois, Juan Almeida Bosque y muchos otros destacados revolucionarios. Asumimos el papel de las personalidades en la Historia revolucionaria, como expresión de la necesidad y voluntad de las masas populares, y en tanto nos reconocemos como revolución y patria en estos 55 años, en esa fuerza telúrica que ha sido y es la acción y el pensamiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Privilegia además a la Revolución Cubana el haber contado junto a Fidel, con pensadores y revolucionarios de magnitud histórica del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara de la Serna.

Es de vieja data el esfuerzo por satanizar todo lo que sirva de sustento a este hermoso proyecto de realidades revolucionarias, empezando por las ideas que lo nutren. Las fuerzas imperiales no consiguieron, ni conseguirán desarmar las grandes utopías, los grandes sueños que reclaman esfuerzos en pos de su realización, ni reducir a revolución fracasada la que tiene entre sus símbolos al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Medio siglo de Revolución, los años que le han seguido y los que continuarán no son cuestión del pasado. La Revolución Cubana es ahora mismo cuestión de futuro.

La historiografía y los historiadores

Estamos lejos de disponer de una reconstrucción rigurosa del período histórico iniciado a partir de 1959. Desde el 2008, la Unión Nacional de Historiadores de Cuba en la capital, realiza con una periodicidad anual los talleres Historia de la Revolución Cubana, iniciativas similares se desarrollan en otras provincias. Somos parte de un esfuerzo de sistematización, estudio e interpretación de la historia nacional y local de estos últimos 55 años. Declaramos nuestro compromiso con esta tarea de ciencia y conciencia, y exhortamos a darle continuidad con una mayor participación de nuestros asociados y de la comunidad académica cubana.

Estamos conscientes de que la historiografía revolucionaria, tiene el deber insoslayable de nutrir con verdades tangibles y razones suficientes, el universo cognoscitivo y patriótico de las presentes y futuras generaciones, y aportar a la prospectiva del socialismo cubano. Sin claridad histórica, no hay proyecto- país que se sustente científica, política y espiritualmente.

Frente a la actual ofensiva de subversión política e ideológica y la renovada campaña de tergiversación de la historia de la nación y en particular de la Historia de la Revolución, debemos intensificar nuestro aporte comprometido con los valores y la ideología del socialismo cubano, y desde el partidismo con la verdad histórica, profundizar la labor desmitificadora y ofensiva de los historiadores revolucionarios.

Tanto para aportar a la construcción colectiva, como en el enfrentamiento a la actividad contrarrevolucionaria, se impone el balance, la cohesión y concentración de recursos e inteligencias, el apoyo gubernamental y el trabajo en equipo.

DECLARACIÓN

Las historiadoras e historiadores participantes en el Congreso Provincial de Historia de La Habana, proponemos que el XXI Congreso Nacional de Historia a realizarse en abril próximo en la ciudad de Camagüey, se pronuncie por evaluar y sustentar la trascendencia histórica que para la consolidación de la nación tuvo el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959.

NOS DECLARAMOS comprometidos con la obra de la Revolución, con sus logros, con la estrategia política aprobada en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), y con los objetivos acordados en el Primera Conferencia Nacional del PCC.

En tanto intelectuales patriotas, somos protagonistas activos de esta extraordinaria Revolución. Herederos de historiadores y combatientes revolucionarios insignes como Emilio Roig de Leuchsenring y Julio Le Riverend Brusone, sabemos que la crítica académica fundamenta, acompaña, tributa y proyecta, pero nunca sustituye al hecho histórico concreto que vivimos, y en tanto, ASUMIMOS las tareas militantes, y el heroísmo cotidiano de la construcción y defensa de la patria socialista. DECLARAMOS que la voluntad de defender el socialismo en Cuba, como lo ha ratificado el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de la República y Primer Secretario del PCC en expresión de la decisión de la nación, resulta en sí un hecho político-cultural, y sobre todo un deber histórico. Por ello nos afirmamos con Fidel, Raúl y el Partido, junto al pueblo revolucionario y patriota, principal obra y resultado de la Revolución.

Los maestros, profesores e investigadores, museólogos, documentadores, arqueólogos, periodistas, y demás especialistas que nos agrupamos en la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, ratificamos la validez contemporánea y hacemos nuestra para el Siglo XXI, la consigna histórica surgida frente al terrorismo y la barbarie del sabotaje de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), al el buque francés La Coubre, en marzo de 1960: Patria o Muerte. Venceremos!

Notas:

(5) Eric Hobsbawm: La revolución en la historia. En: Roy Porter y Mikulas Teich (eds.), Crítica, Barcelona., 1990., p 19
(6) Ver: Fidel Castro Ruz: Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, Granma ; La Habana, 18 de noviembre del 2005, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/
(7) Discurso en la concentración popular de Guantánamo, 3 de febrero de 1959. El pensamiento de Fidel Castro. Selección temática, t. 1, v. 2, pp. 389-390.

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