lunes, 1 de septiembre de 2014

Economía

Cambios y Grietas en la Economía Mundial y la Rivalidad Entre las Grandes Potencias.
Lo Que Está Pasando y Qué Consecuencias Podría Traer*

(Tercera Parte)


Raymond Lotta


La  Unión Europea Como Potencial Rival al Dominio de Estados Unidos

SE ESTÁN OPERANDO GRANDES CAMBIOS EN LA configuración de poder económico entre las grandes potencias. Se pueden detectar nuevas grietas en la economía mundial. El imperialismo estadounidense aún es la potencia económica y militar principal en la economía mundial, pero su posición se está erosionando, y están surgiendo potenciales rivales.

La ampliación y la consolidación de la Unión Europea es un rasgo que está definiendo este paisaje económico cambiante, siendo al ascenso de China quizá el más dinámico de los grandes movimientos tectónicos que se están dando en la economía mundial (ver la Parte 2 de esta serie).

La Unión Europea (UE) es un bloque económico altamente desarrollado de países capitalistas e imperialistas en el continente europeo. En los últimos 15 años, la UE ha alcanzado niveles más altos de integración financiera y económica y fortalecido su posición internacional. Está creciendo el importante papel del euro, la moneda de 15 integrantes de la UE, en las finanzas y comercio del mundo. La UE ha estado imponiéndose con más energía  en el mundo y aumentando su capacidad militar.

La naturaleza y las posibles implicaciones de la expansión y el fortalecimiento de la UE relativa a la rivalidad entre las grandes potencias es el tema de la Parte 3 de esta serie.

I. El Fin de la Guerra Fría y la Ampliación de la UE

La UE ha trabajado en sociedad y alianza con el imperialismo estadounidense en asuntos militares y en foros internacionales como la Organización Mundial de Comercio. Europa occidental recibe enormes entradas de capital estadounidense, y Estados Unidos recibe enormes entradas de capital de Europa occidental. A su vez, la UE representa un desafío competitivo creciente y grande al imperialismo estadounidense dentro del actual marco mundial dominado por el mismo imperialismo estadounidense.

La interpenetración de factores económicos y no económicos afectará la manera en que se desarrolla el desafío de la UE:
  • La evolución de la OTAN, la alianza militar encabezada por Estados Unidos en que importantes países de la UE participan.
  • El elemento dinámico de las relaciones de la UE con Rusia y China, dos potencias en ascenso en la economía mundial las que se están convirtiendo en socios comerciales aún más importantes de la UE.
  • Las guerras por imperio en el Medio Oriente y Afganistán, en que el imperialismo oesteeuropeo está fuertemente metido con Estados Unidos, y cuyos desenlaces están lejos de decididos.
  • El choque global entre un anticuado imperialismo que domina y explota al mundo y un anticuado fundamentalismo islámico el que ha crecido en respuesta a los embates del imperialismo pero que no presenta ninguna solución liberadora ni real al imperialismo. En Europa, el reaccionario fundamentalismo islámico está cobrando peso e influencia en algunos sectores de los inmigrantes.
  • Los efectos de las luchas sociales en Europa hoy y en el mundo, y el potencial de que surja lucha revolucionaria y afecte la situación en los países de la UE y en el mundo en conjunto.

Antecedentes: La Unión Europea

La Unión Europea no es un estado único, pero tampoco es una coalición amorfa o informal de potencias. Es una unión única de estados imperialistas en Europa occidental que ha gestionado las estructuras legislativas, administrativas y políticas como para regular su funcionamiento como bloque. Su núcleo dirigente consta de las grandes potencias imperialistas oesteeuropeas: Alemania, Francia y el Reino Unido. Alemania y Francia son los impulsores político-económicos principales del bloque.

En 1991, la UE contaba con 12 estados integrantes. Pero el colapso de la Unión Soviética imperialista y su bloque en 1989-91 ocasionó nuevas posibilidades para el imperialismo oesteeuropeo. Alemania Occidental, entonces ya la principal potencia económica del continente europeo, absorbió a Alemania Oriental. La UE se orientó hacia el este e incorporó a países como Polonia y Hungría, y países de la región báltica.

Así fue la dialéctica de los años 1990: el imperialismo estadounidense metió a la mayoría de los países esteeuropeos del antiguo bloque soviético en la alianza encabezada por sus fuerzas armadas, la OTAN; los imperialistas oesteeuropeos metieron a la mayoría de estos países en   económica de la UE.

La UE aún consta de economías específicas con estructuras de clases específicas y clases dominantes capitalistas o imperialistas específicas. Pero se ha vuelto un bloque más cohesionado y poderoso. Ha creado diversos organismos para coordinar políticas y ejercer poderes entre los países que conforman el bloque. Desde 1995, creció de 15 a 27 integrantes; ha surgido como un mercado que rivaliza en tamaño con el de Estados Unidos; y ha desarrollado una moneda que tiene el potencial de desafiar al dólar estadounidense en el mundo.

En cuanto a tamaño, los estados oesteeuropeos individuales no pueden competir en el frente económico con el imperialismo estadounidense. Pero como una entidad altamente integrada única, la UE puede competir a nivel global. En resumen, con la expansión y la consolidación de la UE, Estados Unidos hoy está ante un centro industrial, financiero y político formidable y grande.

En el frente cultural, la UE se presenta como un capitalismo cosmopolita, civilizado e ilustrado. Esto es parte de su arsenal ideológico en sus esfuerzos de fortalecer su posición político-económica en el mundo.

Mientras tanto, la UE aprieta los controles sobre los inmigrantes, torea con el imperialismo estadounidense por ventaja económica en América Latina, utiliza sus conexiones coloniales históricas y forja nuevas relaciones de dependencia neocolonial, al servicio de sus necesidades internacionales; por ejemplo, inversiones y operaciones militares en África para amarrar fuentes de energéticos y materias primas. La UE también ha formado parte de la subcontratación de tortura de parte del imperialismo estadounidense y su “guerra contra el terror”. Los integrantes de la UE han albergado cárceles secretas de la CIA.

II. La UE Fortalece su Mano Competitiva

La UE ha tomado medidas para ampliar y unificar más un mercado común y, en esta conexión, para elevar la rentabilidad y para aumentar la competitividad del capital basado en la UE en el marco de la economía imperialista mundial.

A. Agenda de competitividad y “fuerza de trabajo flexible”

Esto ha encerrado una ola de reformas “neoliberales”. El neoliberalismo se refiere a las medidas y programas que abren más las economías nacionales a flujos más libres del capital, privatizan las industrias paraestatales, desregulan los mercados de trabajo y eliminan las restricciones sobre las condiciones de explotación y contratación de la fuerza de trabajo asalariada, y que recortan las prestaciones sociales, etc. Este proceso ha estado en marcha en Estados Unidos desde los años 80.

En el tercer mundo, los organismos financieros internacionales dominados por Estados Unidos, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, supervisaron la reestructuración neoliberal brutal y polifacética de economías. Este proceso abrió cancha para la mayor penetración del capital imperialista, p.e., de Europa occidental. Además, socavó la agricultura local en grandes regiones del tercer mundo y aceleró un proceso sin precedente de urbanización caótica y masiva.

El capital oesteeuropeo ha estado aplicando su propia agenda de reforma neoliberal desde los años 90: más flexibilidad en contrataciones y despidos, mayor utilización de trabajadores eventuales y recortes salariales.

En Francia, están en marcha planes para ampliar la semana laboral legal a más de 35 horas. En Alemania, para aumentar la productividad de los trabajadores, se han recortado varias formas de “coparticipación” de los sindicatos en las fábricas. Alemania es el exportador líder del mundo. Se ha mantenido esta posición en parte tomando medidas para disminuir los costos de la mano de obra, y los salarios reales han estado cayendo por siete años consecutivos (1998-2006). En Francia, se ha recortado el apoyo oficial a la educación y a programas de colocación en empleos, y tales medidas han sido un importante blanco de protestas. Se han recortado las prestaciones de bienestar social, como pensiones para los jubilados, en una buena parte de Europa.

La agenda competitiva de la UE ha abarcado fusiones de grandes empresas en empresas más grandes, como en la industria de acero, el apoyo a sectores industriales estratégicos y la promoción de empresas líder. Por ejemplo, la UE creó EADS, la empresa aeroespacial a nivel de Europa, que fabrica el Airbus y compite en todo el mundo con Boeing.

Esta agenda de “competitividad” también ha abarcado medidas para restringir la libertad de movimiento del capital estadounidense en el mercado más abierto e integrado de Europa. Por ejemplo, la Cía. Microsoft ha sido acusada de prácticas monopólicas. El capital europeo ha procurado coartar al capital estadounidense en el mundo. Esta agenda ha tenido formas complejas y a veces disfrazadas, tales como los pleitos entre Estados Unidos y la UE sobre normas ambientales o controles sobre la importación de productos agrícolas modificados con bioingeniería.

B. El papel especial de Europa oriental

La integración de los países esteeuropeos a la UE ha sido una fuente de ventaja competitiva del capital oesteeuropeo en el mercado mundial. Unas clases capitalistas plenamente desarrolladas gobiernan las economías esteeuropeas, y algunas de estas clases invierten capital en el tercer mundo. Pero están en una relación subordinada a las clases dominantes más grandes y más poderosas de la UE. El capital extranjero, sobre todo el oesteeuropeo, domina a los sectores estratégicos de estas economías, como el transporte, las finanzas y las telecomunicaciones. Los bajos costos de la mano de obra con los altos niveles de capacitación que quedan de los años bajo los soviéticos representan un importante imán para inversiones.

La UE ha reestructurado e integrado las economías esteeuropeas en cadenas de producción globales y a nivel regional. Los trabajadores esteeuropeos tienen peores condiciones laborales y escalas salariales menores, junto con programas sociales menos generosos, que en la población de muchos países de Europa occidental. En Eslovaquia, el salario de la industria automotriz es un octavo de aquel de Alemania, y pronto se espera que la productividad de esta industria (encabezada por Volkswagen y Peugot) sea la más alta del mundo. Así, la absorción de Europa oriental por la UE ha aumentado la competitividad y rentabilidad del bloque.

La UE —muy en particular el imperialismo alemán que está muy interesado en Europa oriental y los Balcanes— ha hecho fuertes inversiones en la reconstrucción del transporte, energía y otra infraestructura de Europa oriental. Este proceso ha sido costoso y ha tenido un papel importante en la disminución de los índices de crecimiento de Alemania. Pero esta actualización infraestructural también es una parte importante de un fortalecimiento largoplacista de un mercado continental más integrado y competitivo en que Alemania es el ancla económica de un bloque más cohesionado de la UE.

En términos estratégicos, Europa oriental también tiene importancia para las ambiciones geopolíticas de la UE. En términos geográficos, está más cerca a Rusia, que surte una buena parte de los energéticos los energéticos que necesita Europa occidental, y por eso Europa oriental es una especie de amortiguador. Además, la penetración económica oesteeuropea representa cierto contrapeso al dominio militar estadounidense en Europa oriental.

C. La fuerza de trabajo inmigrante en la “Fortaleza Europa”

En las economías más abiertas que necesitan mano de obra tanto altamente calificada como de menores calificaciones y una fuerza de trabajo más “flexible” (con cambios de empleo entre trabajos y sectores de la economía y menos seguridad laboral), la fuerza de trabajo de los inmigrantes tiene un papel particular en los mercados laborales reestructurados.

Se calcula que de 5 a 6.5 millones de trabajadores indocumentados viven y trabajan hoy en Europa. Representan una “fuerza de trabajo trasnacional ilegalizada”, en los sectores agrícola, de construcción, servicios domésticos y de otra índole. Según un reciente estudio de tres académicos progresistas, algunos de estos sectores “probablemente se vendrían abajo si no tuvieran acceso a la mano de obra inmigrante no regulada de bajo costo”. A menudo, estos trabajadores indocumentados no pueden conseguir el salario mínimo ni trabajar bajo contrato.

Hoy, las autoridades amenazan con obligar a los inmigrantes a llevar tarjetas de identificación especiales y con establecer bancos de datos con información biométrica. Francia aplicará pruebas del ADN a los nuevos inmigrantes que entran a su territorio. En muchos casos, la histeria xenofóbica contra los inmigrantes en el ambiente después del 11-S tiene formas antiárabes y anteislámicas. Es también parte del discurso oficial; Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, ganó las elecciones en parte con una plataforma de aplicar “medidas duras” contra los inmigrantes después de las rebeliones de los jóvenes inmigrantes contra la brutalidad policial y discriminación social en 2005.

Los gobiernos de la UE están orgullosos de las nuevas medidas para fortificar las fronteras contra los inmigrantes “ilegales”. ¿Los resultados? Las autoridades españolas informan que en 2006, seis mil personas murieron ahogadas en el Atlántico en la travesía a las Islas Canarias (parte de España) desde África occidental, donde las flotas comerciales europeas han sobreexplotado los bancos de pescado y destruido la vida de los pescadores africanos. En 2006, cientos de inmigrantes más murieron asfixiados en contenedores de carga, camiones y barcos de carga.

III. Las Ambiciones Geopolíticas de la UE

La UE ha estado expandiéndose, y tiene una compulsión de aumentar su influencia internacional y su competitividad, para poder prosperar como potencia geoeconómica en la economía mundial en la cual todavía domina el imperialismo estadounidense y han surgido nuevos competidores y rivales en el sistema mundial. También es posible que este marco económico mundial dominado por Estados Unidos pueda padecer sacudidas importantes. Éstas, en combinación con otros factores (p.e., reveses militares), pueden generar nuevas oportunidades para que las potencias en ascenso como China y la UE salten a posiciones de mucho más fuerza.

En el frente geopolítico, la UE está teniendo un papel internacional más agresivo. Ha estado impulsando charlas en el Medio Oriente. Supervisó las elecciones en el Congo en 2006. Asumió el mandato de la ONU en la ocupación de los Balcanes occidentales.

El grueso de la capacidad militar estratégica global de la UE está en la OTAN. Pero uno de los efectos inesperados del colapso de la Unión Soviética es que “el triunfo del Occidente” dio origen a una Europa occidental con menos dependencia militar del imperialismo estadounidense, pues ya no había un bloque soviético poderoso y militarizado en la frontera con Europa occidental en el contexto del mayor conflicto entre los bloques encabezados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Dominique Moisi, una académica geopolítica y asesora en política de Francia, dio esta descripción: “A la configuración de la guerra fría de un Occidente y dos Europas” la está reemplazando “una Europa y dos Occidentes”10 .

La UE ha establecido o expandido varias “fuerzas de intervención” multinacionales; una meta de referencia es tener 60 mil soldados a la espera para misiones en el exterior de hasta un año de duración. La UE ha estado expandiendo su industria militar, invirtiendo en el caza de combate Eurofighter y aviones de largo alcance. Ha desarrollado un sistema de navegación satelital europeo (Galileo). Éstas son iniciativas conjuntas a nivel de Europa. La UE también ha estado tratando de desarrollar una estructura de mando general.

Nada de eso puede igualar, ni siquiera se aproxima a igualar, al peso militar del imperialismo estadounidense hoy. Pero la proyección más enérgica de la UE está dándose al tiempo que Estados Unidos está reduciendo sus fuerzas en Europa, mientras que se están desenvolviendo los planes más ambiciosos de la UE en despliegues militares, sobre todo de parte de Alemania. Además, la UE tiene “los haberes industriales” para sustentar una rápida militarización.

Pero hay otro elemento: Rusia. La UE tendría un poder geopolítico notablemente mayor en una alianza con Rusia, con su aún formidable poderío militar. Ésta es una especie de baza, pero muy real, sobre todo en vista de la mayor dependencia de Europa occidental de las fuentes de energéticos de Rusia.

Rusia ya surte más de un cuarto del gas natural que consume Europa occidental, y va en aumento esta proporción. De otro lado, Rusia tiene una fuerte dependencia del mercado europeo: de la UE, Rusia recibe el 75% de sus ingresos por concepto de exportaciones11 . El capital alemán es la mayor fuente de crédito para las gigantes petroleras y de gas rusas (y el ex canciller alemán, Gerhard Schröder, ahora es presidente de la junta supervisora de una filial de la gigante rusa de gas natural GAZPROM)12 . A su vez, para no tener que depender de Rusia, las trasnacionales europeas han estado buscando una presencia independiente en Asia central.

Se pregunta: ¿llevará la accidentada relación con Rusia en energéticos a un reposicionamiento y colaboración más amplios de estas dos potencias en el mundo?

La UE también está sacando provecho de sus lazos históricos de dominación y explotación de África a fin de obtener energéticos y reducir su dependencia de Rusia. Últimamente, las trasnacionales europeas han representado el 60% de las nuevas inversiones en las empresas petroleras y de gas de África occidental. Royal Dutch Shell es el productor extranjero líder en Nigeria. Ha sido blanco de protestas y ataques armados de la población en respuesta a sus actividades de perforación que traen pocos beneficios para las comunidades vecinas pero sí una enorme destrucción ambiental13 .

IV. El Euro y el Dólar: Rivalidad en Medio del Tumulto Financiero

El euro ha estado jugando un papel mayor como moneda mundial. La integración monetaria regional de la UE ha generado una ventaja en escala y eficiencia para el capital europeo globalizado. Después de su establecimiento en 1999-2000, el euro se ha vuelto la moneda más grande y única que rivalice al dólar estadounidense como la divisa mundial. La mayor importancia del euro se desprende del poder de la UE y de la erosión de la posición financiera mundial de Estados Unidos. El dólar ha estado bajo enormes presiones a la baja debido a los enormes déficits contraídos por Estados Unidos y la reciente turbulencia financiera en Estados Unidos.

El potencial impacto mundial del euro se sintetiza en la introducción a una compilación de artículos sobre el euro hecha por analistas convencionales: “Como la divisa que soporta el peso del declive del dólar estadounidense desde su sobrevaloración a fines de los años 90, el valor y administración del euro es crucial para poder ajustar los desequilibrios internacionales. Como competidor y colaborador de largo plazo con el dólar, el euro da pie al potencial de un sistema monetario internacional bipolar, que presenta retos y oportunidades sin precedentes para aquellos que formulan la política económica”14 . El euro ya ha rebasado al dólar como moneda principal del mundo en el mercado mundial de bonos.

Todo eso no niega la posibilidad de que el dólar vuelva a surgir. Es importante tener en mente que la fuerza del dólar y su papel como moneda de las reservas y transacciones del mundo no es meramente una función del poder económico del imperialismo estadounidense. La “confianza en el dólar” también tiene que ver con el dominio militar global del imperialismo estadounidense, a los vínculos militares y de seguridad entre los tenedores extranjeros de dólares y el imperialismo estadounidense (tal como en el caso de un país como Arabia Saudita) y a la estabilidad general del capitalismo estadounidense y sus mercados financieros altamente desarrollados en relación a los peligros políticos y económicos en otras partes.

De otra parte, una tendencia más gradual de largo plazo hacia un “sistema monetario bipolar” no niega el potencial de un masivo abandono del dólar y el súbito estallido de caos financiero, quizá de una magnitud no vista desde los años 30. Una combinación de sucesos económicos y cambios políticos podría provocar un ataque de esta clase contra el dólar. Por ejemplo, China podría dejar de financiar la deuda del Tesoro estadounidense al nivel que lo ha estado haciendo hasta ahora y podría diversificar sus reservas de divisas con la correspondiente disminución de sus reservas en dólares.

La crisis financiera que estalló en Estados Unidos a inicios de 2008 ha golpeado a los organismos y mercados financieros de Europa occidental. Pero he aquí un punto aparentemente claro: el euro está cobrando terreno competitivo contra el dólar y con mayor frecuencia se considera una moneda internacional de reservas y transacciones.

V. Conclusión: ¿Alianza Transatlántica en Transición?

Después de la II Guerra Mundial, el imperialismo estadounidense  modeló las estructuras estatales de Europa y penetró profundamente las formaciones sociales en ese continente, p.e., en el frente cultural. En la expansión después de la II Guerra Mundial, se profundizaron los lazos de inversión y comercio entre Estados Unidos y Europa y el mayor marco geopolítico dominado por Estados Unidos restringió los desafíos estratégicos del imperialismo oesteeuropeo. Este proceso continuó después del colapso de la Unión Soviética. Además, el Reino Unido, que es integrante de la UE, tiene una “relación especial” con Estados Unidos, lo que afecta el maniobreo entre la UE y Estados Unidos.

Pero los actuales arreglos políticos y económicos del mundo no están grabados en piedra. Pueden evolucionar en nuevas direcciones y cambiar radicalmente en relación a importantes movimientos geoeconómicos y geopolíticos. De nuevo, el factor ruso ocupa un lugar de peso. Puede que la UE se encuentre dividida entre los sectores de sus clases dominantes imperialistas que piden una capacidad militar europea más robusta y aquellos que aún quieren apoyarse en la alianza de la OTAN. Un importante paso de China para conseguir más iniciativa en la economía mundial y/o forjar una alianza más estrecha con Rusia afectaría profundamente los caminos hacia un papel geopolítico mundial mayor o menor de la UE.

En junio de 2008, el gobierno francés anunció una reorientación de su política de seguridad hacia relaciones más profundas con la OTAN. Pero nótese con detenimiento: esto representó un acercamiento hacia la OTAN y la UE, junto con el apuntalamiento de la capacidad de la UE de planear y conducir sus propias operaciones militares.

Las contradicciones entre Francia y Alemania, las fuerzas núcleo de la UE, y Estados Unidos, en torno a la guerra de Irak han estado muy agudas. Ha habido otras contradicciones; por ejemplo, en 2005 estalló una disputa cuando la UE suspendió el embargo de armamento impuesto sobre China después del levantamiento de estudiantes y obreros de 1989 en Tiananmen. Aunque haya más unidad (en apariencia), como presionar a Irán, también es cierto que se están dando las rivalidades al interior de la alianza de la OTAN.

La UE tiene necesidad y libertad. Parece que su estrategia general es de “esperar el momento propicio”: promover una mayor integración institucional en el bloque de la UE, buscar amarrar alianzas más estrechas con otras grandes potencias y sacar provecho de las dificultades y reveses del imperialismo estadounidense. Pero las tendencias globales subyacentes y los acontecimientos imprevistos, internos y externos, de este bloque afectarán el ritmo, dirección y papel más enérgico de la UE.

Notas
1. Sobre el conflicto entre el imperialismo occidental y el fundamentalismo islámico y cómo se oponen entre sí mientras que se refuerzan mutuamente, ver Bob Avakian, Forjar otro caminowww.revcom.us.
2. Para más detalles sobre el desarollo y la naturaleza de la UE, ver Peter Dicken, Global Shift, quinta edición (Nueva York: Guilford, 2007), capítulo 6; y Jozsef Borocz y Mahua Sarkar, “What is the EU?,” International Sociology, junio de 2005, Vol. 20 (2), pp. 153-73.
3. Ver Dick Marty, Secret Detentions and Illegal Transfers of Detainees Involving Council of Europe States: 2nd Report (7 junio 2007), http://assembly.coe.int.
4. Un análisis marxista de los orígenes y la lógica del neoliberalismo se halla en David Harvey, Neoliberalism (Londres: Oxford: 2005).
5. Perry Anderson, “Depicting Europe,” London Review of Books, 20 septiembre 2007, www.lrb.co.uk.
6. Anderson, “Depicting Europe.”
7. Sobre la UE y Europa oriental, ver Dorothee Bohle, “The EU and Eastern Europe: Failing the Test as a Better World Power,” Socialist Register 2005: The Empire Reloaded (Londres: Merlin, 2004), pp. 300-12; Jozsef Borocz, “How Size Matters: The EU as a Geopolitical Animal,” 2005, http://web.uvic.ca/europe.
8. Markus Euskirchen, Henrik Lebruhn y Gene Ray, “The Changing European Border Regime,” Monthly Review, noviembre de 2007, pp. 41-42
9. Sobre la biometría y el “control de la inmigración”, ver “Special Report on Migration,” The Economist, 5 enero 2008, pp. 8-10
10. Dominiqe Moisi, “Reinventing the West,” Foreign Affairs, noviembre-diciembre de 2003, www.foreignaffairs.org. Sobre la mayor rivalidad entre Estados Unidos y la UE desde la guerra de Kosovo de 1999, ver Kees Van Der Pijl, Global Rivalries From the Cold War to Iraq (Londres: Pluto, 2006), pp. 287-90.
11. Quentin Perret, “Wither Gazprom? The EU and Russia’s Gas,” www.diploweb.com, 1 noviembre 2007.
12. John Vinocur, “For Schroder and Putin, Linkup No Coincidence,” International Herald Tribune, 3 enero 2006.
13. Sobre las inversiones de la UE en energéticos en África, ver Michael T. Klare, Rising Powers, Shrinking Planet (Nueva York: Metropolitan Books, 2008), pp. 155-57.
14. Ver el resumen, Adam Posen, comp., The Euro at Five: Ready for a Global Role? Informe especial 18, Peter G. Peterson Institute for International Economics, 2005, www.iie.com.


Mutaciones del Capitalismo en la Etapa Neoliberal (II)
Ascendentes, Intermedios y Periferia

(Cuarta Parte)



Rusia e India


LA RECUPERACIÓN DE RUSIA ES MUY VISIBLE. La era Putin ha contrarrestado la desintegración social, el derrumbe económico y la pérdida de posiciones internacionales que sucedieron a la implosión de la URSS. Pero se suelen resaltar los contrastes entre ambos períodos omitiendo las continuidades. El presidente ruso consolidó las nuevas clases capitalistas, que la vieja burocracia forjó saqueando los bienes del estado. Ese descarado vaciamiento desembocó durante el período de Yeltsin en la bancarrota del rublo [15].

Putin limitó esos excesos restaurando el orden que se requiere para el funcionamiento del capitalismo. Reconstruyó el poder del estado mediante un régimen autoritario, asentado en la fatiga con la caótica situación precedente. Introdujo reglas para la acumulación y consolidó la concentración del negocio energético y financiero en manos de un reducido de acaudalados. También afianzó cierto control estatal sobre los rentistas para recomponer el consumo y la inversión. Esta acción incluyó la detención de varios millonarios.

El nuevo poder político vertical se basa en el fraude y la persecución de opositores, pero logró varios triunfos electorales. Este caudal de votos es utilizado para reforzar el sometimiento político de una clase obrera huérfana de tradiciones y prácticas de auto-organización.

El legado de varias décadas de totalitarismo burocrático continúa obstruyendo la conformación de sindicatos y agrupaciones de izquierda, a pesar de la enorme desigualdad social y la creciente pérdida de ilusiones en el capitalismo [16].

Sobre este trasfondo de pasividad y desmoralización popular, Putin recrea una ideología nacionalista que enaltece los liderazgos providenciales y las antiguas tradiciones de supremacía eslava. Intenta reconstruir el papel sub-imperial de Rusia en el entorno geográfico del viejo zarismo.

Las masacres contra los chechenos fueron el punto de partida de esta acción. Contaron con la implícita colaboración de Occidente, que perpetra crímenes semejantes en la lucha contra “el enemigo terrorista”.

Pero esa complicidad no atenuó la creciente tensión de Rusia con el imperialismo norteamericano, que intentó aprovechar el colapso de la URSS para exterminar a su viejo rival. Estados Unidos rodeó el país con misiles de la OTAN para forzar la liquidación del gran arsenal soviético.
Putin comprendió que ese desarme imposibilitaría forjar un sistema capitalista medianamente sólido e inició una reacción defensiva de reconstrucción del poder bélico. Intervino en Georgia, desplegó efectivos en Asia Central, participa en las negociaciones de Siria y anexó Crimea frente al golpe de Ucrania.

Con estas acciones consolida la autonomía estatal que los grandes capitalistas necesitan para afianzar sus inversiones. Estos sectores dividen sus simpatías entre Estados Unidos y Europa, mientras derrochan fortunas en Berlín, Londres o Nueva York. Una fuerte tradición soviética de intervención en los problemas globales es utilizada por la elite actual. Aprovechan la diplomacia para apuntalar los negocios.

Rusia recupera espacio porque mantiene una enorme estructura bélica, que no supervisa el imperialismo colectivo. Esta gravitación militar y no el florecimiento económico explican su resurgimiento internacional. La crisis global afectó al país más que a otros emergentes. No ha reconstruido la estructura industrial del pasado y se afianza una enorme dependencia de las exportaciones de gas y petróleo.

También India participa del ascenso de los emergentes por el lugar geopolítico que ocupa en un convulsivo sub-continente asiático. Es la gran potencia de una región conmocionada por diferendos fronterizos, demandas separatistas y ambiciones localistas. La omnipresencia de su ejército contrapesa la convulsión de Sri Lanka, las tensiones de Bangla Desh, los conflictos con Nepal y la ola de terror talibán. Condiciona el irresuelto status de Cachemira, al cabo de cuatro guerras con Pakistán y las disputas fronterizas con China luego del choque militar de 1962. El status de Tíbet se mantiene irresuelto.

Las clases dominantes gestionan un conglomerado de más de 1000 millones de personas, en 28 estados, 7 territorios, 18 idiomas oficiales, varias religiones y comunidades que cohabitan en una estructura de castas. Las estructuras estatales formalmente seculares están corroídas por la multiplicidad de choques sectarios y por sangrientas explosiones de nacionalismo. Este tembladeral queda habitualmente encubierto por el discurso celebratorio que presenta a la India como una democracia estable y multicultural [17].

Pero el gran cambio geopolítico ha sido el giro pro-norteamericano de clases dirigentes que adoptaron el credo neoliberal. El desplome de la URSS y la posterior complicidad del ejército pakistaní con los talibanes favorecieron esa confluencia con Estados Unidos.

Las inversiones yanquis saltaron en menos de veinte años de 76 a 4000 millones de dólares. India ya formaba parte del selecto club atómico mundial, pero ahora cuenta con un aval del Pentágono, que anteriormente estaba focalizado en su rival pakistaní [18].

En la última década la economía india registró elevadas tasas de crecimiento y alumbró varias multinacionales de peso global. También logró cierta expansión en la informática, especialmente en los servicios de software. Pero sus actividades de sub-contratación se mantienen muy distantes de los epicentros de la revolución digital. Cualquier comparación de patentes o niveles de rendimiento con Estados Unidos confirma esa brecha [19].

Al igual que China, el resurgimiento de India está acompañado de un sentimiento de renacer milenario de civilizaciones, que ocupaban lugares preponderantes hasta el siglo XVIII. Pero el crecimiento actual del país no es comparable al desarrollo de su vecino. La industria continúa operando en eslabones intermedios no integrados, con alta dependencia de insumos externos y pagos de royalties. La productividad es baja y la infraestructura es muy obsoleta.

Las diferencias con China son más categóricas en el plano social. El país cuenta con el mayor número de multimillonarios recientes y una numerosa clase media. Mantiene al 77 % de la población en estado de pobreza y el 40% de niños con insuficiencia de peso. La lucha contra el hambre ha fracasado y 100.00 campesinos se suicidaron en 1996-2003 por angustias de subsistencia. La histórica exclusión social persiste a una escala gigantesca. Cuatro de cada diez persona no son saben leer, ni escribir y en el índice de desarrollo humano el país está ubicado en el lugar 126 [20].

El proceso actual de acumulación enfrenta dos límites ausentes en las centurias precedentes. India no puede descargar su población sobrante en corrientes de emigración (como hizo Europa hacia América) y sufre un desempleo agravado por la innovación tecnológica.
Estos obstáculos tienden a acentuarse por la actual presión neoliberal para flexibilizar el mercado laboral y privatizar empresas públicas. Pero esta agresión comienza a afrontar una resistencia que puede modificar todos los datos del país.

Sudáfrica y Turquía

Sudáfrica es otro caso de gravitación geopolítica creciente, luego de la heroica lucha popular que permitió sepultar el sistema político racista. Pero esa gesta -simbolizada en la figura de Mandela- dio lugar a una transición pactada que consolidó la supremacía de las minorías enriquecidas.

La cooptación de una elite negra al poder aportó a las clases dominantes una nueva proyección regional que facilitó cierto crecimiento económico. La desaparición del aislado régimen del Apartheid permitió consolidar un área de libre-comercio y afianzar una economía industrializada, que absorbe el 70% de toda la electricidad del África Subsahariana.

Esta reubicación estratégica explica la incorporación de Sudáfrica al núcleo de los BRICS. Rusia o India tienen un PBI cuatro veces superior y la diferencia se extiende a 16 veces con China. En este terreno el país es incluso superado por Corea, Turquía o Indonesia. Su extensión geográfica y población son inferiores a Argentina o Irán y tiene competidores de peso como Nigeria dentro del continente. Pero sólo el régimen post-Apartheid ofrece las estructuras requeridas para un liderazgo regional.

Durante el siglo XX las empresas sudafricanas combinaron la expansión regional con el belicismo y el racismo. Los colonos blancos convertidos en clase dominante afrikaneer se asociaron con las empresas mineras para asumir ese rol de gendarme. Utilizaron intensamente el poder militar gestado durante la sustitución de importaciones [21].

Con el fin de esa dominación se extinguieron las ambiciones de expansión externa, pero no la gravitación de la principal economía de la región. La nueva elite negra promueve el capitalismo neoliberal bajo el emblema de un “renacimiento africano”.

Un líder histórico de los trabajadores mineros (Cyril Ramaphosa) se ha convertido en director de grandes empresas, en un país que ya no es repudiado por sus vecinos. Sudáfrica es el niño mimado del FMI y del Banco Mundial. Sus dirigentes despliegan retóricas progresistas en la ONU, mientras actúan como socios confiables de Estados Unidos [22].
Pero este giro neoliberal ha desgarrado a Sudáfrica. Desde 1996 la combinación de privatizaciones y apertura comercial con la eliminación de las restricciones al desplazamiento de personas, generó una caótica urbanización que ha ensanchado la polarización social [23].

El desempleo se duplicó y afecta al 36% de la población. La desigualdad se ubica al tope de los índices mundiales (Gini 0,73). Los desastres en la provisión de agua, la precariedad de la vivienda y la degradación de la educación son mayúsculos. El salario se ha estancado con la generalización de agencias que intermedian en la contratación laboral . En el 87% de las tierras que monopolizan los granjeros blancos subsisten formas encubiertas de servidumbre.

Las modalidades extremas del desarrollo desigual y combinado que generó el Apartheid no han desaparecido. Ese sistema articulaba capitalismo y pre-capitalismo, mediante una excepcional subsistencia de formas de coerción extra-económica. El trabajo temporario y migrante que conectaba a los sectores modernos y atrasados de la economía se ha remodelado y recrea las viejas fracturas [24].

Sudáfrica también padece la erosión de su base energético-minera tradicional. Ese complejo se ha internacionalizado manteniendo su primacía (23% del PBI y 60% de las exportaciones). Pero el extractivismo está agotando los recursos del subsuelo al cabo de varios intentos fallidos de diversificación.

Por estas razones la crisis global ha impactado más en Sudáfrica que en otras economías equivalentes. Hay cierta fuga de capitales en un marco de tensiones sociales y masacres mineras que recuerdan las terribles represiones del pasado.

También el caso de Turquía ilustra como despunta una sub-potencia regional por su gravitación geopolítico-militar. Las clases dominantes han desarrollado en las últimas décadas una estrategia de expansión en el mundo árabe y el mediterráneo.

Esta política se asienta en un despliegue militar que desborda las fronteras (ocupación de Chipre) y se refuerza con la opresión interna de la minoría kurda. Los derechos nacionales de este sector son rechazados a punta de fusil, ignorando la opinión mayoritaria de la propia población turca. Al cabo de treinta años de resistencia el gobierno debió aceptar el inicio de negociaciones, ante el establecimiento de regiones autónomas kurdas en Irak y Siria [25].

En Turquía la coerción interna y las ambiciones expansivas son políticas de estado, actualmente retomadas por una administración islámica conservadora. Sus dirigentes asumieron hace once años con promesas que no cumplieron de renovar el nacionalismo autoritario del Kemalismo.

Recrean especialmente el proyecto sub-imperial de lograr la supremacía regional frente a Irán, Egipto y Arabia Saudita. Por eso preservan la tradición despótica de una gran burocracia sometida a la tutela militar. El fin de la dictadura no erradicó los vestigios del totalitarismo y los poderes efectivos del Parlamento son muy débiles [26].

El neo-otomanismo persiste como ideología histórica de sectores dominantes que atravesaron por toda la variedad de estadios imperiales y semicoloniales. Actualmente adaptan esa tradición a un proyecto de inserción en la mundialización neoliberal, asentado la supremacía regional.

Con esa estrategia Turquía forma parte de la OTAN, tolera en su territorio las actividades del Pentágono y participa en las incursiones de Afganistán, Somalia e Irak. Pretende actuar como socio y no como un vasallo de Estados Unidos. Con la misma intención brindó sostén a los islamistas que participaron en la guerra de Siria.

La burguesía turca abraza el neoliberalismo con ese horizonte geopolítico. Se ha beneficiado con un crecimiento del 8% anual del PBI que ubicó al país en un status mediano, con varias corporaciones de peso. Pero los nubarrones que actualmente afectan a todas las economías intermedias amenazan este ascenso.

Los nuevos sectores del islamismo librecambista han desplazado a las viejas fracciones proteccionistas laicas, pero todos dejaron atrás la etapa desarrollista para propiciar la apertura comercial. Buscan ingresar en la Unión Europea con el activo apoyo de los medios de comunicación y la Bolsa.

Estados Unidos avala esta incorporación por las mismas razones que alentó el ingreso de los países del Este europeo a esa comunidad. Pero resulta muy difícil lograr un consenso dentro del Viejo Continente para incluir a una potencia autónoma tan opresiva y poco secular [27].

El gobierno islámico esperaba usufructuar de las revueltas árabes para exportar su modelo de conservadurismo neoliberal. Pero la conmoción que vive la zona terminó contagiando al país y la Plaza Taksim de Estambul se convirtió en un espejo de la Plaza Tahir de El Cairo. Una marea de manifestantes ocupó ese lugar durante semanas para rechazar las restricciones religiosas y la brutalidad policial [28].

Esta reacción puso de relieve el descontento con la cirugía neoliberal, que existe en un país agobiado por las agresiones sociales y los retrocesos democráticos. Este desafío erosionó la capacidad del gobierno para proyectar su modelo de islamismo conservador y apuntalar la supremacía regional frente a los rivales de Irán, Egipto y Arabia Saudita. Turquía quedó incorporada a las revueltas que pretende desactivar.

La regresión de la periferia

La crisis global ha impactado en la periferia clásica. Afecta duramente a las economías que exportan bienes básicos, adquieren productos elaborados y sufren el saqueo de sus recursos naturales.

Estos países no cuentan con los amortiguadores que utilizan las economías intermedias para atemperar un contexto internacional desfavorable. Quedaron muy golpeados por las condiciones políticas adversas que impuso el neoliberalismo, al eliminar los contrapesos que limitaban la polarización mundial. El desmoronamiento del bloque socialista y la pérdida de conquistas obreras en el Primer Mundo facilitaron la ampliación de esa brecha.

La periferia está conformada por las economías que sufren un empobrecimiento mayúsculo. En los polos extremos del ingreso persisten diferencias abismales. El PBI per cápita de Congo (231 dólares) o Burundi (271 dólares) se ubica a años-luz de su equivalente en Mónaco (114.232 dólares) o Estados Unidos (48.112 dólares). Estas fracturas se ampliaron significativamente durante las últimas décadas, puesto que la brecha que separa el ingreso per cápita de las regiones más ricas y más pobres aumentó entre 1973 y 1998 de 13.1 a 19,1. Existen numerosos cálculos de esta expansión geométrica de la fractura de ingresos que separa a los primeros y últimos 40 países del ranking global [29].

La acumulación del capital a escala global siempre se desenvolvió en una división internacional del trabajo, que genera transferencias de recursos de la periferia hacia el centro. En la etapa neoliberal esta dinámica polarizadora se mantuvo modificando las localizaciones de este proceso. El despegue de ciertas zonas se consumó en desmedro de otras, a través de intercambios desiguales y procesos de recreación del subdesarrollo [30].  

Esta polarización se verifica en forma dramática en el agravamiento del hambre. Esta tragedia social se acentuó desde el 2003 por el ciclo ascendente que registran los precios de los alimentos. Hasta el 2008 esa carestía se concentraba en los cereales y ciertas oleaginosas, pero en la actualidad abarca a todos los productos. En diciembre del 2010 el índice de precios de la FAO superó su máximo histórico.

Las expectativas en un descenso de esas cotizaciones por la desaceleración económica global no se han verificado. La cifra total de hambrientos ronda los 1200 millones de personas, pero la amenaza se extiende a 2.500 millones que subsisten en condiciones de pobreza. Basta recordar como esa carestía influyó en el debut de los levantamientos árabes (“una intifada del pan”), para notar el impacto social del problema.

Existen tres explicaciones de la continuada inflación de los alimentos. La primera atribuye el comportamiento alcista a la formación de burbujas, gestadas con la especulación de los precios a futuro de los cereales. Esta operación ha canalizado los excedentes de liquidez que genera la falta de oportunidades de inversión en los países desarrollados.

Las obscenas apuestas con bienes primordiales para la vida humana es un juego cotidiano en Estados Unidos. Antes del 2000 el mercado de futuro de estos productos estaba regulado y se desenvolvía con estrictas exigencias de información de las posiciones de los traders. Estas regulaciones fueron abolidas y la actividad fue abierta al ingreso de los fondos que operan en el corto plazo.

Las inversiones llegaron en masa y en el 2007 el monto de esas transacciones promedió 9 billones de dólares. Los financistas perfeccionaron posteriormente su acción y ya no suscriben contratos a futuro. Compran y venden siguiendo el vaivén diario de las commoditties, sin comprometerse nunca con la posesión física del producto. Simplemente manejan los contratos mediante derivados financieros, que multiplicaron seis veces su presencia en el sector entre el 2002 y el 2008 [31].

Los grandes bancos ( BNP Paribas, Deutsche Bank, JP Morgan, Morgan Stanley, Goldman Sachs) se especializaron en esta actividad para recuperar beneficios luego del crack del 2008 y estuvieron directamente involucrados en brusco aumento del precio de los tres alimentos que cubren el 75% del consumo básico mundial (maíz, arroz y trigo) [32].

Un segundo enfoque estima que la valorización de los alimentos es consecuencia de las actividades que aprecian indirectamente los productos básicos (como los biocombustibles). Estos desarrollos incrementan los costos de los insumos y acentúan el agotamiento del suelo. Los precios de los alimentos trepan, además, al compás del encarecimiento del petrolero, el transporte o la irrigación. El mismo impacto genera la expansión de los supermercados que inflan la demanda con nuevos hábitos de consumo.

Finalmente otra explicación estima que la apreciación de los alimentos es un problema estructural, derivado de la demanda ejercida por los nuevos compradores asiáticos. Aunque la oferta se ha expandido junto al incremento de la productividad agrícola, consideran que la nueva dieta de millones de consumidores impacta sobre los precios.

Es probable que estas tres visiones expliquen aspectos complementarios del mismo fenómeno. En los próximos años quedará esclarecido cual ha sido el principal determinante de la carestía alimenticia. Sean maniobras financieras, actividades competitivas o brechas estructurales entre producción y consumo el resultado es el mismo: agravamiento de la tragedia del hambre.

El trasfondo de este flagelo ha sido la mundialización neoliberal, que impuso una reconversión agrícola tan favorable a la exportación como nociva para los cultivos tradicionales. Esa transformación benefició al agro-bussines, socavó la seguridad alimentaria, destruyó al campesinado y acentuó el éxodo rural.

Las normas de libre-comercio que impuso la OMC forzaron la especialización exportadora de muchas economías periféricas, que se convirtieron en compradoras netas de productos básicos. Perdieron sus reservas nacionales de alimentos y quedaron desguarnecidas frente al ciclo actual de encarecimiento. Esta desprotección favoreció a varias economías desarrolladas que descargaron sus excedentes sobre comunidades arruinadas por la destrucción del auto-consumo. 

La desnutrición constituye la manifestación más aguda de la regresión padecida por el Tercer Mundo. Estas economías soportan la depredación de los recursos codiciados por las grandes empresas transnacionales. El petróleo, los minerales, el agua y los bosques son blancos principales del atraco.

¿Despunta África?

África Sub-sahariana ha sido el mayor escenario de tragedias sociales. Allí se localizaron los terribles dramas de refugiados, m igraciones masivas y masacres étnicas.

El desangre generado por las guerras locales se cobró tres millones de muertos. En los años 80 y 90 la región sufrió un declive de la esperanza de vida (58 años en 1950 a 51 años en el 2000). Este cuadro dantesco fue consecuencia de incontables disputas por la apropiación de los recursos naturales.

Las batallas entre caciques para controlar los recursos exportables provocaron el colapso total de varias sociedades (Ruanda, Somalia, Liberia, Sierra Leona). Otras se desangraron por el coltán (Republica del Congo) o por la apetencia de diamantes, cobre y petrolero (Costa de Marfil, Sudán y Angola). La batalla por esos botines reavivó antiguas rivalidades étnicas, regionales y confesionales, promovidas por elites que frustraron el proceso de descolonización de los años 60-70 [33].

No es cierto que África sufrió estas desgracias por su “marginación del mundo”. Es la región más integrada y subordinada a la división internacional del trabajo. La tasa de comercio extra-regional en proporción al PBI (45,6%) es muy elevada en comparación a Europa (13,8%) o Estados Unidos (13,2%). El problema radica en la forma que históricamente adoptó esa integración.

Durante la esclavitud África sufrió una hecatombe demográfica que redujo dramáticamente su población. En el periodo colonial (1880-1960) se generalizó el pillaje y los pequeños campesinos fueron sometidos al cultivo de exportaciones tropicales. La breve experiencia de descolonización nacionalista (1960-75) quedó rápidamente sepultada por el neoliberalismo, que renovó el ciclo de inserción primarizada. Pero la etapa actual incluye varias novedades.

En primer lugar se está consolidando la formación de un capitalismo negro, integrado por socios locales de las empresas extranjeras que capturan una porción del recurso depredado. En muchos países se han reformado los códigos de minería y petróleo para acrecentar esa tajada, que nutre también un proceso de acumulación primitiva. Por eso ha ganado importancia la participación de las burguesías locales de ciertos países. Sudáfrica lidera este grupo, pero también Nigeria amplia su gravitación.

En segundo lugar la llegada de China ha modificado los equilibrios de las elites dominantes con Estados Unidos y las viejas potencias coloniales. Un nuevo jugador ha ingresado en el continente para comprar enormes volúmenes de materias primas y ofrecer créditos de infraestructura sin las condicionalidades del Banco Mundial. La nueva burguesía africana más vinculada a Occidente disputa con los partidarios de estrechar la asociación con un gigante asiático, que no carga con la rémora de ex potencia colonial.

En tercer lugar se ha producido un significativo cambio en la coyuntura económica de la última década. La tasa de crecimiento comenzó a repuntar y en el 2000-09 alcanzó un promedio del 5,1% anual, que supera la media mundial (3%) y se ubica muy lejos de la regresión de 1980-90. Este aumento acompaña el fuerte incremento en las inversiones extractivas, que saltaron de 7 a 62 billones, en un marco de generalizada transformación agrícola. Las importaciones aumentan 16% anual y los términos de intercambio mejoraron un 38% en comparación al 2000-12 [34].

Estas modificaciones han alterado el clima ideológico de “afro-pesimismo” que presentaba el desgarro del continente como un destino inexorable. Ahora prevalece una variante opuesta de “afro-optimismo” que difunden las elites neoliberales, para augurar un futuro venturoso. Si la primera teoría justificaba el saqueo recurriendo a la auto-flagelación y las reflexiones cínicas, la segunda lo aprueba como un precio de salida del subdesarrollo [35].

Esta última visión se difunde junto a todo tipo de fantasías sobre la inminente masificación de las clases medias. Olvidan recordar los abismos sociales vigentes en los países de mayor crecimiento. El 60 % de la población es pobre en Angola o Nigeria. Este mismo porcentual de habitantes vive en villas de emergencias en todo el continente, que en un 80% carecen de agua potable. Además, el desempleo entre los jóvenes promedia el 60%.

En el campo la situación es más dramática por la gran presión demografía sobre tierras cultivables, con reducidas reservas de agua renovables en un marco de gran deforestación [36].

Desempleo árabe, explotación en Oriente

Otro ejemplo de las desventuras de la periferia se localiza en el mundo árabe. El incendio político que conmocionó a esta región en los últimos tres años obedece a múltiples causas. Pero varias décadas de neoliberalismo furioso han sido determinantes de la pobreza, el estancamiento y la desigualdad que desencadenaron ese estallido.
La región ha padecido un récord de desempleo, disimulado con el asistencialismo que distribuyen los regímenes rentistas. Las privatizaciones y la flexibilidad laboral generaron fracturas sociales mayúsculas [37].

Las presiones para reducir el gasto social y eliminar subsidios a los alimentos empujaron en Medio Oriente a millones de jóvenes al desamparo. No pueden subsistir en sus países y tienen vedada la emigración a Europa. Estos desposeídos encendieron las revueltas, cuando un vendedor tunecino se inmoló para protestar contra las prohibiciones a la venta callejera [38].

Al igual que África esa región tuvo un corto período de florecimiento nacionalista en los años 60. Esa experiencia se agotó por la incapacidad que demostraron esos procesos para erradicar la dominación parasitaria de los grandes capitalistas. El neoliberalismo agravó posteriormente la explosiva combinación de subdesarrollo y rentismo [39].

Un tercer caso de regresión periférica se sitúa en los países de Asia, que no participan de la onda expansiva generada por China y las economías intermedias. Esas zonas sufren los terribles índices de pobreza multi-dimensional que mide el PNUD. El último reporte de ese organismo destaca que el 51% de la población mundial afectada por la miseria extrema, se encuentra en el Sur de Asia y el 15% en el Este de ese continente.

Pero semejante grado de pobreza se está convirtiendo en un imán para las empresas transnacionales, que buscan nuevos proveedores de fuerza trabajo barata. Un sector mano de obra intensiva como la industria textil es el gran barómetro de esta tendencia [40].

La primera oleada de deslocalización en la fabricación de confecciones se afincó en los años 70 en Corea, Taiwán, Singapur y Hong Kong. El segundo movimiento se ubicó en los 80 en Indonesia, Siri Lanka, Filipinas, Bangladesh y Tailandia. En las últimas décadas se verifica una tercera secuencia de inversiones en Camboya, Laos, Birmania y Bangla Desh.

El nivel de superexplotación obrera que imponen las grandes marcas y sus contratistas es aterrador. Una gran campaña de protesta bajo la sigla “Ropa Limpia Internacional” denuncia las atrocidades que predominan en esos talleres.

Un ejemplo de este drama se vive en Bangladesh. El PBI creció sostenidamente desde los años 90 hasta convertir al país en el tercer exportador mundial de ropa. Ya hay 4000 fábricas que contratan a 3 millones de obreros. Se trabaja entre 12 y 14 horas respirando polvo, en pequeñas habitaciones, mal iluminadas y sin ventilación. Los empresarios locales operan con márgenes estrechos y trasladan esa presión sobre los trabajadores, que sufren la represión y el asesinato de sindicalistas.

Esta situación se transformó en noticia internacional cuando 250 personas murieron por el derrumbe de una fábrica carente de protecciones laborales. Las crónicas periodísticas trazaron numerosas analogías con las condiciones de trabajo infrahumanas vigentes en Inglaterra, durante el debut de la revolución industrial [41].

Con pobreza, desempleo, salarios ínfimos y superexplotación, la periferia carga con las consecuencias más duras del período neoliberal. ¿Pero qué tipo transformaciones predominaron en esta etapa? ¿Y cuáles son las interpretaciones teóricas de esos cambios?

RESUMEN:

China asciende al status de economía central. El salto histórico en su industrialización le otorgó un impensable rol internacional en el rescate del sistema financiero. Pero no logra concretar el giro hacia el consumo interno. La sustitución de las reformas mercantiles por el capitalismo ha generado sobre-inversión, especulación bancaria y polarización social.

La expansión económica global comienza a obstruir la estrategia geopolítica defensiva de China, acentuando las disputas entre las elites de la Costa y del Interior. La restauración capitalista está muy avanzada pero no ha concluido, mientras persisten tendencias equivalentes a la asociación y al choque con Estados Unidos.

Las economías intermedias que ascienden se ubican en un escalón inferior. Varias sub-potencias regionales con ambiciones sub-imperiales recobran incidencia sin forjar bloques comunes. Actúan dentro del orden neoliberal y es erróneo caracterizarlas utilizando criterios financieros de corto plazo.

Rusia recompone el estado frente al despojo de los oligarcas para estabilizar la acumulación, forjando un dique de contención a la OTAN. El crecimiento de India no se aproxima al desarrollo chino en una zona desgarrada y saturada de conflictos bélicos. En un marco de gran desempleo y desigualdad, la cooptación de una elite negra al pos-Apartheid ha potenciado la proyección de Sudáfrica. El expansionismo neo-otomano es el soporte del crecimiento neoliberal de Turquía.

La brecha global de ingresos se ensancha empobreciendo a la periferia. La desnutrición se acentúa por el encarecimiento de los alimentos que generó la reconversión capitalista del agro.

Un capitalismo negro despunta en África luego de sangrientas guerras por el botín de los recursos naturales. Arriban nuevas potencias y se enriquecen las elites locales. El mundo árabe continúa sufriendo una gran expoliación que en Asia es sinónimo de superexplotación.

NOTAS
[15] Kagarlistky, Boris. “El estado ruso en la era del imperio norteamericano”. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
[16] Boudraitskis, Ilya. “Poutine ou le chaos”, Inprecor 581-582, fevrier-mars-avril 2012
[17] Anderson, Perry. “The Indian Ideology”, Counterpunch, december 2012, www.threeessays.com. Chakraverty, Clea. Búsqueda de una identidad para el siglo XXI, Le Monde Diplomatique, enero 2007.
[18] Varadarajan, Siddharth., “India ávida de reconocimiento”, Le Monde Diplo, noviembre 2008.
[19] Shie Vincent, Meer Craig, “The rise of knowledge in dependency theory: the experience of India and Taiwan”, Review of Radical Political Economics, vol 42, n 1, 2010.
[20] - Bulard, Martine. India recupera su jerarquía, Le Monde Diplomatique, enero 2007.
[21] Bond, Patrick. “South African subimperial accumulation”, The accumulation of capital in Souhtern Africa, Rosa Luxemburg Political Education Seminar 2006, Johnnesburg, 2007.
[22] Saul, John. “Globalización, imperialismo, desarrollo”. El nuevo desafío imperial, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires 2005.
[23] Bond Patrick, Desai Aswin, “Explaning uneven and combined development in South”, Africa, in Permanent Revolution: Results and Prospects 100 Years, Pluto Press, 2006
[24] Skinner Caroline, Valodia Imraan, “Two economies?” , The accumulation of capital in Souhtern Africa, Rosa Luxemburg Political Education Seminar 2006, Johnnesburg, 2007.
[25] Mohamed Hasan, “Entrevista”, luchainternacionalista.org 08/05/2013
[26] Çağlı, Elif. “On Sub-imperialism: Regional Power Turkey”, Marksist Tutum marxist.cloudaccess.net, August 2009.
[27] Anderson Perry, The New Old World, Verso, London, 2009, (pag 392-472).
[28] Rodríguez Olga, “Turquía”, eldiario.es, 6-6-2013.
[29] Economía mundial: “un abismo de riqueza entre países ricos y pobres”, 1 0/11/2013 www.argenpress.info.
[30] El fundamento de este proceso en: Wallerstein, Immmanuel. “Marx y el subdesarrollo”, Zona Abierta, Madrid, n 38, 1986, Madrid.
[31] Ghosh, Jayati. “Precio”, www.pagina12.com 18/11/2012
[32] Toussaint, Eric. “La banca especula con materias primas y alimentos”, 20-3-2014, www.vientosur.info
[33] Hobsbawm, Eric. Naciones y nacionalismo desde 1780, Crítica, 2000, Barcelona, cap 5.
[34] Nanga, Jean. “Afrique subsaharienne et ses croissances”, Inprecor 592-593, mars-avril-mai 2013. Nanga, Jean. “Ogre Chinois en Afrique”, Les Autres voix du plante, octubre 2010
[35] Kabunda, Mbuji. “África y los africanos en el espejo”, 21/6/2013, alainet.org/active
[36] Batou, Jean. Redeploiment de l´imperialisme francais en Afrique 15/1/2014, www.contretemps.eu
[37] Achcar, Gilbert. “ Le Peuple veut”, 29/4/2013www.contretemps.eu
[38] Petras, James. “Las raíces de las revueltas árabes y lo prematuro de sus celebraciones” www.rebelion.org, 06/03/2011.
[39] Nuestra visión en: Katz, Claudio. “De la primavera al otoño árabe”, , Cuadernos de Marte, Revista Latinoamericana de Sociología de la Guerra, Facultad de Ciencias Sociales UBA, Buenos Aires, año 3, n 5, julio-diciembre 2013.
[40] - Amin Samir, Houtart François, Tandon Yash,  Dierckxsens Wim,  Founou-Tchuigoua Bernard , Tablada Carlos,  Padilla Mariela, World Forum of Alternative, “Audacity to Build a New Paradigm In The Face Of the Contemporary Crisis of Capitalism”, Preparatory document for the South/South Forum 2012/2013, Quito, 5-5-12.
[41] Sales i Campos Albert, “Los trapos sucios de la moda global”, Brecha, 3-5.2013.

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«Economía y Filosofía en el Capital de Marx: La Teoría Laboral del Valor»


II Parte:

Resumen de El Capital de Marx:
Los Tres Libros


(Novena Parte)

 

Diego Guerrero

IX. Tasa y masa de plusvalor. Este breve capítulo muestra las relaciones cuantitativas entre la tasa y la masa de plusvalor y explica las posibles variaciones (aumento o disminución) de las magnitudes en que se descompone la “masa del plusvalor” (P). Así:
  
donde p y v son el plusvalor y el capital variable diarios; V, la suma total de capital variable; t’ y t, el plustrabajo y el trabajo necesario diarios; f el valor de una fuerza de trabajo media; y n el número de obreros utilizados. Marx enfatiza que no se puede suplir el crecimiento de n o V mediante un aumento constante de p’ (= p/v), que presenta “límites infranqueables”. Y también —algo en verdad importante— que “el trabajo que el capital total de una sociedad pone en movimiento día por día, puede considerarse como una jornada laboral única” de la sociedad. Asimismo, es importante saber qué debemos entender por un capitalista (por oposición al “pequeño patrón”, que es una figura “híbrida” entre capitalista y obrero): debe tener un nivel de vida suficientemente superior a la de un obrero común y ser capaz de reconvertir en capital una parte importante del plusvalor obtenido, y todo ello “sin participar directamente en el proceso de producción”.
Como el capital tiene el “mando” sobre el trabajo, al que impone una “relación coactiva”, se convierte en el mejor “productor de laboriosidad ajena” y “succionador de plustrabajo”, lo cual será aun más cierto cuando cambie el modo técnico de producción, sustituyéndose la situación en la que el obrero es quien emplea los medios de producción por su contraria, en la que “son los medios de producción los que emplean al obrero”.

 Sección Cuarta: La producción del plusvalor relativo

Las secciones IV y V del libro I tienen que ver con el plusvalor relativo, pero mientras la IV presenta este plusvalor por oposición al plusvalor absoluto, la V los presenta conjuntamente. La sección IV contiene cuatro capítulos, el primero dedicado al “Concepto del plusvalor relativo” (cap. X), y los tres siguientes a los distintos “procedimientos particulares” para su obtención: “Cooperación” (cap. XI), “División del trabajo y manufactura” (Cap. XII), y “Maquinaria y gran industria” (el larguísimo capítulo XIII).
El plusvalor relativo tiene que ver con el hecho de que la fracción no pagada del trabajo puede aumentar incluso si “la jornada laboral se mantiene constante”. Así, podemos representar esquemáticamente esta posibilidad advirtiendo que, con una duración ac constante, el plusvalor aumenta cuando baja el valor de la fuerza de trabajo (el trabajo necesario), desplazando el segmento ab hacia la izquierda (hasta ab’):
  
Esto no se consigue normalmente reduciendo el salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo —aunque también puede ocurrir—, sino mediante un aumento de la “fuerza productiva”, o productividad, del trabajo; que a su vez se consigue revolucionando el modo de producción en cuanto tal (es decir, desde el punto de vista técnico, en cuanto proceso laboral). Este aumento de la productividad debe darse en los sectores que producen los elementos del capital variable (abaratamiento directo del consumo obrero) o del constante (pues su abaratamiento redunda en medios de consumo más baratos), pero no tiene este efecto cuando se trata de bienes que entran sólo en el consumo de los capitalistas. Cuando se abarata un elemento del capital, su valor “individual” —dicho entre comillas pues el auténtico valor es siempre un valor “social”— baja en relación con su valor social (en el sentido de “medio”); y esta diferencia constituye para el capitalista individual un “plusvalor extra”, que existirá incluso cuando el precio de venta individual, aun estando por encima de ese valor individual, se sitúa por debajo del valor y el precio social. Esto significa que ese trabajo de fuerza productiva excepcional opera como “trabajo potenciado”, que genera más valor por unidad de tiempo que el trabajo social medio. Esto hace que, en un primer momento, el capitalista que usa el nuevo método de producción reciba una fracción mayor de la jornada del obrero como plusvalor. Pero al generalizarse ese método —y la competencia se impondrá siempre a todos los productores del sector como una necesidad o “ley coactiva”—, el plusvalor extra desaparecerá.
El valor de las mercancías, y por tanto también el de la fuerza de trabajo, evolucionará en razón inversa al aumento de productividad, mientras que el plusvalor relativo lo hará, por tanto, en razón directa. O sea: la tendencia intrínseca del capital es al abaratamiento de la mercancía y, por su medio, al abaratamiento del obrero, pero y no debe interpretarse que la “economización de trabajo” hecha posible por la creciente productividad tiene por objeto la reducción de la jornada laboral. En el capitalismo, su único objetivo es la disminución del tiempo necesario del obrero mismo; por eso, a veces se alcanza este resultado sin la mediación del abaratamiento de la mercancía.
XI. Cooperación. Para entender mejor la industria capitalista moderna —que Marx llama “gran industria” y define simplemente como “industria mecanizada” o “maquinizada”— hay que distinguirla adecuadamente de sus dos precedentes históricos inmediatos: la industria “gremial” (el “taller del maestro artesano”) y la “manufacturera”. Entre estas dos últimas no sólo hay un cambio cuantitativo —que lo hay, ya que la manufactura amplía el volumen y la escala de la producción, poniendo así las bases para la producción capitalista que, desde el principio, exige un número grande de obreros—, sino cualitativo. Y ello por dos razones. En primer lugar porque, al aumentar el número de trabajadores, facilita que la “magnitud media” que es el trabajo social se obtenga como “promedio de muchas y diversas magnitudes individuales”, de forma que ahora la “jornada laboral conjunta” dividida por el número de obreros es “en sí y para sí una jornada de trabajo social medio”, y las divergencias individuales se reducen a simples “errores” estadísticos. La jornada individual es ahora realmente una parte alícuota (por ejemplo, un doceavo) de la jornada conjunta. Y para el productor individual la “ley de la valorización” sólo existe realmente cuando pone en movimiento desde el principio este trabajo social medio. En segundo lugar, los medios de producción se consumen ahora colectivamente —es decir, se convierten en condiciones de trabajo “social”, o condiciones “sociales” de trabajo—, de forma que estas economías de escala permiten rebajar el consumo de capital constante por unidad de producto y, por tanto, el valor unitario de las mercancías.
Marx lo define así: “la forma del trabajo de muchos que, en el mismo lugar y en equipo, trabajan planificadamente en el mismo proceso de producción o en procesos de producción conexos, se denomina cooperación”. Este conjunto, que coopera en una “operación indivisa”, “crea” en realidad una nueva fuerza productiva: la “fuerza de masas”, que surge de la “fusión” de fuerzas y la emulación características del hombre como animal “social”. Por otra parte, el capital paga las fuerzas de trabajo individuales que componen el “obrero social”, pero no la fuerza “social” del “organismo laborante” combinado, de la que se apropia gratuitamente. Este “obrero colectivo”, o “combinado”, o “cooperativo”, logra acortar las fases del proceso de producción —eliminando interrupciones, simultaneando varias en el tiempo— y, con ello, permite que cada obrero se despoje de sus “trabas individuales” y desarrolle su capacidad laboral “en cuanto parte de un género”. Por supuesto, ello exige que aumente la magnitud del capital que contrata a esos obreros, de forma que la “concentración de masas mayores de medios de producción en manos de los capitalistas individuales” se convierte en condición “material” (no sólo “formal”) para la cooperación de los asalariados.
La cooperación de muchos exige ahora una “dirección”, un “mando” —como en una orquesta—, y su sometimiento a la valorización capitalista genera una “resistencia” mayor por parte de esta masa de trabajadores, que debe ahora “controlarse” y “doblegarse” por el capital. Esta dirección es por tanto “dual”: no sólo “planifica” la actividad, sino que la somete a su “autoridad despótica”, para lo que se vale de un “ejército” de oficiales (managers) y suboficiales (capataces) que contribuye a asegurar el “mando supremo” del capital. Esta fuerza “social” aparece como fuerza productiva del capital, como forma “específica” del proceso “capitalista” de producción que, frente a los “trabajadores independientes” y los “pequeños patrones”, permite avanzar hacia la subsunción “real” del trabajo bajo el capital. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, “en su figura simple” —es decir, en cuanto a su contenido de “producción en gran escala”—, esta cooperación “simple” existe en todas las formas sociales precapitalistas (pueblos cazadores, Egipto clásico, etc.), así como, ya en el capitalismo, en los “comienzos aún artesanales de la manufactura” y en la “agricultura en gran escala” del periodo manufacturero.

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