domingo, 9 de junio de 2013

Política


Nota Explicativa:

La lucha ideológica en defensa de la verdad universal del marxismo-leninismo, del pensamiento de Mariátegui y del estilo proletario de debate, hace necesario revelar a los ojos de nuestros lectores el oportunismo, los métodos criollos y el egotismo burgués del grupo que dirige Ramón García y, además, algunas notas del derrotero de este personaje. Publicamos, pues, en esta oportunidad, los artículos Radiografía de un Confusionista (31.07.10), La Verdad Sea Dicha (12.11.11) y Ramón García o la Manipulación IV (12.08.12).

El Comité de Redacción.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

Radiografía de un Confusionista

 Eduardo Ibarra

I

LA ACUSDACIÓN DE SER EL SUSCRITO UN SOCIALISTA, en el sentido oportunista del término, y de haber estado involucrado en la defección de “los bolcheviques” en 1975, me colocó, como es obvio, en la ineludible necesidad de establecer la verdad relativa a ambas cuestiones. Por eso, el 11 del presente publiqué el artículo Nota sobre una verdad histórica, y, ahora, es decir, veinte días después, puedo decir que el silencio de mis calumniadores parece indicar que los argumentos presentados han sido convincentes, salvo que alguna antojadiza declaración posterior pretenda lo contrario. Discutía, pues, en mi artículo, con tales senderistas, pero, por la naturaleza de los hechos esclarecidos, ha salido Gustavo Pérez con un artículo en el que, en la misma forma deleznable de los aludidos, ha lanzado contra mi persona las más burdas calumnias, al mismo tiempo que ha tratado de justificar lo injustificable: la defección de “los bolcheviques”.

Analizaré, pues, su artículo, graciosamente titulado El “pez fuera del agua” muere por su boca, pero, antes, recapitularé algunos hechos que marcan los últimos años de su derrotero político, de manera que los lectores no informados o insuficientemente informados sepan quién es Pérez y qué papel cumple en su facción.

En mi artículo Radiografía de una Falsificación, 28.10.07, había quedado claro que tanto Miguel Aragón como Gustavo Pérez mutilan a Federico Engels a efecto de sustentar el nombre de socialista para el Partido. Pero en su artículo Falsificación de una radiografía o la “solidaridad” infraterna, 01.11.07, Pérez escribió que “ni el suscrito ni Aragón, citamos mutiladamente a Engels”. Por eso, en el artículo Respuesta a Gustavo Pérez, 21.11.07, hube de dejar verificada la mencionada mutilación.

En el artículo Puntos sobre algunas íes, 24.02.08, aludí críticamente la deplorable inconducta de Aragón en la revista Alma Matinal, cumpliendo así la responsabilidad de criticar un hecho absolutamente inadmisible en el Socialismo Peruano, pues no es posible que alguien cometa un acto reñido con la ética marxista, y, encima, pretenda no ser criticado. Pero en una carta del 04.03.09, Pérez intentó encubrir la inmoralidad de su correligionario. Por eso, el 17.03. del mismo año, César Risso hubo de dar prueba testimonial de la deplorable inconducta de Aragón.

En el artículo Miguel Aragón o el cinismo, 12.02.09, refuté las burdas calumnias del mencionado señor contra Santiago Ibarra y el suscrito, puse al descubierto sus criollas maniobras, critiqué su temeraria afirmación acerca de una supuesta “bancarrota de la Internacional Comunista” y desenmascaré su mistificación del marxismo al contaminarlo con una fuerte dosis de materialismo mecanicista. Pero, en aquella misma carta del 04.03.09, Pérez silenció todas las calumnias, todas maniobras y todos los desaguisados de su amigo. Por eso, en el artículo Gustavo Pérez o la artería, 02.04.09, hube de señalar este silenciamiento.   

En el artículo Acerca de la propuesta de un partido minga, 01.02.10, quedaron reveladas, una vez más, la tergiversación que hace Ramón García de la verdad del Partido Socialista del Perú y la negación que comete del ¿Qué hacer? de Lenin. Pero en el artículo Lenin, Mariátegui y el partido de masas, 28.03.10, Pérez trató de encubrir ambos despropósitos, aunque, torpe como es, más bien terminó revelándolos más crudamente. Por eso, en Un artículo revelador, 12.04.10, hube de subrayar puntualmente este hecho.

Como se ve, o, mejor dicho, como lo puede ver cualquier persona que quiera ver, Pérez cumple en su facción el indigno papel de encubrir mutilaciones, tergiversaciones, maniobras, calumnias, inmoralidades y oportunismos, que él, por supuesto, comparte servilmente.

II

Pues bien, siguiendo su camino, ahora Pérez pretende una vez más confundir a los activistas del movimiento urdiendo algunas patrañas, lo que, como siempre, hace sin ningún escrúpulo. Examinemos, pues, esta cuestión.

En el movimiento, es ampliamente conocida mi posición y la de mi tendencia sobre el nombre del Partido de Mariátegui, pero, por si acaso, reseñaré algunas citas al respecto.

“En el Perú de las primeras décadas del siglo pasado, el término socialista aparecía apropiado para darle nombre al Partido, no por razones de principio sino por razones político contingentes. ¿Cuáles fueron estas razones? Tres muy concretas: 1) la incipiente conciencia política de la clase obrera (con esto tiene que ver esta declaración de Mariátegui de 1927: “Extraviarse en estériles debates principistas, en un proletariado donde tan débil arraigo tienen todavía los principios, no serviría sino para desorganizar a los obreros cuando de lo que se trata es, justamente, de organizarlos”; 2) Mariátegui pensaba en un partido legal (en octubre de 1928 escribió: “La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, para crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fundación pública de esta agrupación”); 3) el socialismo apenas empezaba aquí su proceso histórico y, por tanto, conservaba su antigua grandeza. (El nombre del partido, 06.04.07).

“Mariátegui tuvo una posición definida ante la escisión del movimiento proletario europeo. En el campo del socialismo, es decir, del movimiento socialista en general, se había producido una división entre reformistas y revolucionarios, conservando los primeros el nombre de socialistas y adoptando los segundos el de comunistas. Esta división, como no pudo ser de otro modo, tuvo una justificada repercusión mundial. Por eso el maestro señaló que aquí, en el Perú, “como en Europa, los proletarios tenían que dividirse en colaboracionistas y anti-colaboracionistas, en reformistas y maximalistas”, es decir, en socialistas y comunistas. Pero, realista como era, consideró que, por razones muy concretas, el partido del proletariado peruano podía denominarse Socialista. Es claro, por tanto, que esta denominación equivalía a la de Comunista” (Una vez más sobre el nombre del partido, 30.05.08)

“Dadas las condiciones concretas del Perú del decenio de 1920, el Partido podía y debía llamarse Socialista. Podía, porque aquí no se había producido aún la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo y, por tanto, esta palabra conservaba su grandeza, es decir, su núcleo de significación. Y debía, porque esta palabra facilitaba el proyecto de la fundación legal del Partido” (Apuntes sobre el socialismo peruano, nota 7, 10.05.08).

Huelga subrayar que estas citas, entre otras que pueden traerse, demuestran de un modo irrefutable que el suscrito y su tendencia reconocen la corrección del nombre dado por Mariátegui a su Partido.

Pero, confusionista como es, Pérez ha tratado de engañar a los activistas del movimiento: “No es pues por ingenuidad o error que la tendencia ‘Ibarrista’ reniegue del nombre original de Socialista dado por Mariátegui a su Partido”.

En el movimiento, es ampliamente conocida mi adhesión y la de mi tendencia al socialismo proletario, así como mi deslinde y la de mi tendencia con el socialismo oportunista, pero, por si acaso, reseñaré algunas citas al respecto.  

“En un comentario sobre cierta opinión vertida por el médico español Gregorio Marañón, Mariátegui sostuvo: “En el hombre de ciencia y de cátedra, de espíritu liberal y humanista, que concede sin reservas al partido socialista de su patria, con un certificado de salud, un testimonio de simpatía y confianza, y que predica como un ideal de su tiempo la eugenesia, la palabra comunismo puede suscitar supersticiosas aprensiones, aunque la práctica del único Estado comunista del mundo -la URSS- le enseñe que no existe entre los dos términos más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios, y por la necesidad práctica eventual de distinguir estos dos campos con dos rótulos diversos” (t.18, pp.165-166). Esto escribió Mariátegui un año y tres meses después de haber fundado el Partido Socialista y, como se ve, sigue la lógica de aquella otra afirmación suya en Aniversario y balance, transcrita en el primer párrafo del presente artículo, aunque ahora -es necesario subrayarlo- el término reivindicado es el de comunismo, lo que debe hacer pensar a más de uno” (El nombre del partido).

“La necesidad, pues, de distinguir entre reformistas y revolucionarios, determinó que el rótulo de socialismo terminara designando a los primeros y el rótulo de comunismo a los segundos. Pero ¿por qué fue así precisamente, y no al revés? Porque el rótulo de comunismo designa el Programa Máximo del proletariado revolucionario y, en consecuencia, es algo más que un rótulo: es el nombre científicamente exacto del Partido, o sea, el nombre que designa con toda exactitud la meta de realizar el gran lema “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”. La burguesía -pequeña, mediana o grande- puede aceptar y acepta de hecho, en las condiciones del régimen capitalista, la propiedad social bajo la forma de comunidad campesina, cooperativa y empresa estatal, pero de ninguna manera la propiedad común de los medios de producción, y, por esto, algunas tendencias del reformismo se bautizan socialistas, pero no comunistas. Y por eso hay socialismo burgués, pero no comunismo burgués” (ibídem).

“Ocurre que, en el marco de esta necesidad contingente de distinguir a reformistas y revolucionarios con los rótulos de socialistas y comunistas respectivamente, Ramón García ha promovido precisamente el rótulo que designa a los reformistas. Pero se entiende que así haya procedido, pues, contrariando a Mariátegui, considera que el nombre de Partido Socialista es una cuestión que se deriva no de una situación concreta particular, sino del problema de nuestra época, consideración con la que, además, contraría también, al mismo tiempo, a Engels y a Lenin” (ibídem).

“García declara: “Para el m.c.n. también ha llegado la hora de quitarse la camisa sucia. Ha llegado la hora de ponerse ropa limpia. Ha llegado la hora de fijar la posición del proletariado respecto al Estado”. Debemos ponernos ropa limpia” (El partido de Mariátegui). ¿Y qué ropa propone? Pues la ropa del socialismo, lo que, por cierto, equivale a proponer sacarnos la ropa sucia del comunismo para ponernos la ropa más sucia todavía del socialismo. Y, sin embargo, un sector del movimiento comunista nacional se ha puesto esta camisa particularmente sucia” (ibídem).

“Pues bien, cualquier marxista que haya asimilado el marxismo ‘en su esencia misma como teoría del desarrollo de la humanidad’, tiene que saber: 1) que la necesidad de demarcación política respecto al oportunismo socialista que pulula en el mundo globalizado de hoy, es una necesidad completamente vigente; 2) que la camisa del socialismo está sucia y que, por lo tanto, ponérsela hoy en día como distintivo de la identidad ideológica del proletariado revolucionario es facilitar el engaño de las masas; 3) que no tener en cuenta estas dos cuestiones equivale a no tener en cuenta la realidad objetiva, y no tener en cuenta la realidad objetiva es caer en subjetivismo” (ibídem).

“Como puede constatarse, en la literatura mariateguiana el término socialismo aparece con distintos significados según el contexto verbal y el contexto de situación en que es utilizado, así como, referido al partido, aparece con un significado invariable. Pongamos, pues, algunos ejemplos que confirman este aserto” (Apuntes sobre el socialismo peruano).

“En la conferencia La crisis mundial y el proletariado peruano, Mariátegui señaló que ‘una parte del socialismo se ha afirmado en su orientación social-democrática, colaboracionista; la otra parte ha seguido una orientación anti-colaboracionista, revolucionaria. Y esta parte del socialismo es la que, para diferenciarse netamente de la primera, ha adoptado el nombre de comunismo’. Evidentemente, en esta afirmación el término socialismo aparece, en primera instancia, en su significado más amplio, más elástico, más dilatado, es decir, designando tanto al bando reformista como al bando revolucionario del proletariado, pero después, en el marco de la diferencia entre el marxismo y el oportunismo, aparece implícitamente designando al segundo” (ibídem).

“En el editorial Aniversario y balance, Mariátegui señaló que ‘En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido’. Evidentemente, en esta afirmación el término socialismo aparece explícitamente como sinónimo de reformismo, pero, referido al contexto de aquellos países donde la degeneración del socialismo no se había producido todavía, aparece conservando intacta su grandeza, es decir, conservando inmaculado su núcleo de significación, o sea, como intercambiable con el término comunismo” (ibídem).

“En la medida en que en el Perú de los años 1920 no se había producido la degeneración del socialismo porque éste recién empezaba aquí su proceso histórico y por cuanto el proyecto de Mariátegui comprendía la fundación legal del partido, en el Acta de Constitución del PSP aparece esta expresiva puntualización: “DE ACUERDO A LAS CONDICIONES CONCRETAS ACTUALES DEL PERÚ, el Comité concurrirá a la constitución de un Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas” (ibídem).

“Obsérvese que las importantes y decisivas afirmaciones de Engels (‘Para Marx y para mí, por tanto, era sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan elástica’; ‘esta palabra [la palabra compuesta socialdemócrata, de la que, como es obvio, es parte la palabra socialista]… sigue siendo inadecuada… para un partido cuyo programa económico NO ES UN SIMPLE PROGRAMA SOCIALISTA EN GENERAL, SINO UN PROGRAMA DIRECTAMENTE COMUNISTA’, son directamente escamoteadas por Aragón” (mayúsculas agregadas) (Una vez más sobre el nombre del partido, nota 6). 

“EN EL PERÚ DE HOY Y EN EL MARCO DE LA NECESIDAD DE DIFERENCIAR NETAMENTE LOS CAMPOS CON EL OPORTUNISMO, Ramón García y sus repetidores utilizan el término socialismo en su significado más elástico, más dilatado, más general y, así, mezclan oportunismo con marxismo, revisionismo con marxismo, reformismo con revolucionarismo. Y, por cuanto el problema del nombre del Partido, tal como se presenta en la actualidad, está inscrito PRECISAMENTE DENTRO EL MARCO DE AQUELLA NECESIDAD DE NETA DIFERENCIACIÓN, PUEDE ENTENDERSE ENTONCES CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA PROPUESTA DE UN PARTIDO SOCIALISTA” (ibídem).

“García utilizaba y utiliza los términos Socialismo y Socialismo Peruano en su significado más elástico, más general, más dilatado, tergiversando así a Mariátegui y, de este modo, no desagraviaba el nombre de Partido Socialista ni mucho menos, sino que reivindicaba la palabra socialista sólo para designar la amalgama de revolucionarios y reformistas, de marxistas y revisionistas en una sola organización partidaria. De manera que. al proponer un partido socialista, García no comete un simple error, sino una verdadera desviación de la Creación Heroica de Mariátegui” (Acerca de la propuesta de un partido minga, 01.02.10.).

“García plantea ahora que “Se requiere de un nombre propio, siguiendo la pauta de Amauta”, y es claro que plantea esto, en primer lugar, en relación al nombre de socialista, que ha dejado atrás, y, en consecuencia, su homenaje a la tradición indígena aparece como contraria a la tradición hispánica, en la medida en que encierra la idea de que cualquier nombre castellano para el Partido no es propio, y, en segundo lugar, en relación a lo extranjero, y, por consiguiente, es claro que cae en la originalidad a ultranza. Ya hemos señalado que el título del Partido no es su forma y, por esto, plantear un nombre propio con el argumento con el que lo hace García, no pasa de ser una preocupación literaria y anárquica” (ibídem).

“De hecho, la afirmación de que “Se requiere de un nombre propio, siguiendo la pauta de Amauta”, encierra la sibilina idea de que Mariátegui se equivocó al denominar Socialista a su Partido, pues, al no seguir este nombre “la pauta de Amauta”, no habría sido un “nombre propio”. Dicho en otros términos, encierra la idea de que el maestro cometió un plagio” (ibídem, nota 15).

“Parece, pues, un contrasentido que al comunismo científico se le conozca también con el nombre de socialismo científico, y al término socialismo no se le reconozca como nombre científicamente exacto del partido proletario. Pero la cuestión se plantea en realidad de otro modo: por expresar la meta del proletariado revolucionario, el término comunismo es el nombre científicamente exacto de la teoría marxista” (El nombre del partido).

Huelga subrayar que estas citas, entre otras que pueden traerse, demuestran de un modo irrefutable: 1) que hay socialismo proletario y socialismo oportunista; 2) que defiendo las razones dadas por el propio Mariátegui para denominar Socialista a su Partido; 3) que rechazo la tergiversación de estas razones que hace la facción de Pérez; 4) que en el marco de sus núcleos de significación, las palabras socialismo y comunismo aparecen como intercambiables; 5) que, en su sentido más elástico, sin embargo, la palabra socialismo, en las actuales condiciones nacionales y mundiales, no sirve para marcar las diferencias de concepción y métodos entre marxismo y oportunismo, sino más bien para confundirlas; 6) que, precisamente, la facción de Pérez utiliza la palabra socialismo en este sentido dilatado, y, de este modo, designa un movimiento ideológica y políticamente variopinto; 7) que, por tanto, utiliza dicha palabra en un sentido contrario al que tiene en la literatura mariateguiana referida al Partido (PSP) y al movimiento (Socialismo Peruano); 8) que rechazo el golpe bajo contra Mariátegui que significa insinuar que el nombre de Partido Socialista no fue un “nombre propio”.   

Pero, confusionista como es, Pérez ha tratado de engañar a los activistas del movimiento: “son éstos precisamente [los socialistas oportunistas] quienes han puesto sobre el tapete el nombre de Socialista y no Comunista que Mariátegui diese a su Partido y las reales razones que tuvo para ello”. “[Los socialistas oportunistas] retoman el nombre que precisamente J.C. Mariátegui diese al Partido, que él fundase el 07 de Octubre de 1928 (nombre original que ha sido reconocido históricamente en el movimiento socialista peruano, por ‘tiros y troyanos’), y se llaman así mismos, socialistas, convictos y confesos, con el mismo orgullo que lo hiciera Mariátegui”.

En el movimiento, es ampliamente conocida mi posición y la de mi tendencia sobre el Partido Socialista del Perú, pero, por si acaso, reseñaré algunas citas al respecto.

“Mariátegui murió en abril de 1930, la reunión del Comité Central del 20 de mayo del mismo año cambió el nombre del partido y hasta su rumbo político y, poco después, la facción reformista de Castillo usufructuó el nombre de Partido Socialista” (El nombre del partido).

“Así pues, el Grupo Organizador del Partido no se resolvió en el Partido Socialista del Perú, sino en el Partido Comunista, que resultó siendo la negación del proyecto de Mariátegui en más de un punto. Entre el Grupo Organizador del Partido Socialista del Perú y el CC de la Reunión de Santa Eulalia no hubo más cordón umbilical que la presencia de los ex-miembros de la célula secreta de los siete, que, por lo demás, hacía tiempo que había dejado de funcionar como tal. Contrariamente al Grupo Organizador del PSP, la adhesión del PCP al marxismo-leninismo fue una adhesión dogmática, su adhesión a la Tercera Internacional fue una adhesión seguidista y su política concreta respondió a una concepción sectaria que terminó desconociendo en la teoría y en la práctica la composición social del Partido y destruyendo los frutos del trabajo de masas realizado por Mariátegui, es decir, liquidando el carácter de masas del Partido” (Mariátegui y el Partido Socialista del Perú).

“A pesar de la defección de la absoluta mayoría de los miembros del Grupo Organizador del PSP, sus fundamentos ideológicos, teóricos y políticos establecidos por Mariátegui siguieron existiendo como tendencia en el seno el Partido Comunista, no obstante la campaña desatada por Ravines contra el “mariateguismo”. Esto es un hecho histórico, y no reconocerlo haría de la lucha de la militancia por retomar el pensamiento de Mariátegui (y sus resultados en la década de 1960), algo demasiado místico. Por eso, sin extraviarnos en los rótulos, es razonable señalar que el Partido Comunista fue la continuación orgánica del Grupo Organizador del PSP, aunque en una versión distinta al proyecto mariateguiano. Por eso, la acción de la tendencia mariateguiana que actuó en el Partido Comunista, intermitentemente y con aciertos y errores, pero, en última instancia, defendiendo el pensamiento del maestro, constituye un hecho fundamental para la comprensión de la historia de la organización política del proletariado peruano” (ibídem).

“La realidad de las cosas ha demostrado que, en el plano teórico, la reconstitución partidaria ha significado, durante casi cuatro décadas, la lucha por esclarecer los caracteres del Partido Socialista del Perú, sencillamente porque de lo que se trataba y se trata todavía, es de reconstituir el Partido de Mariátegui, y no el que se derivó de la Reunión de Santa Eulalia del 20 de mayo de 1930” (Mariátegui y el Partido Socialista del Perú).

“Tal como señalamos en el estudio que da nombre al presente libro, Mariátegui construyó el Partido Socialista del Perú como un partido de clase bajo la forma de partido de masas y de ideas, marxista-leninista, adherido al internacionalismo proletario, con una justa concepción de la revolución y una correcta estrategia revolucionaria de masas, y lo concibió con una militancia pensante y operante y un estatus legal” (ibídem).

“En consecuencia, es claro que hay que retomar esta concepción mariateguiana del partido del proletariado peruano, pero teniendo en cuenta las condiciones de nuestro tiempo. La reconstitución debe, pues, concluir con la refundación del Partido de Mariátegui como partido de clase bajo la forma de partido de masas y de ideas, adherido a la teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y al internacionalismo proletario, con una justa concepción de la revolución, una correcta estrategia revolucionaria de masas, una militancia pensante y operante y, dada la legalidad vigente, con un estatus legal” (ibídem).

“El trabajo de investigación de los orígenes de la organización del proletariado ha conducido a la verdad de que la base de unidad del PSP fue el marxismo-leninismo. Pero García y sus repetidores se empeñan en negar esta base de unidad y, como si esto fuera poco, niegan también la filiación marxista-leninista de Mariátegui” (Acerca de la propuesta de un partido minga).

“El trabajo de investigación de los orígenes de la organización del proletariado ha conducido a la verdad de que Mariátegui tuvo una posición anti-revisionista consecuente, y que, por esto, no construyó el Partido con marxistas y revisionistas. Pero García y sus repetidores silencian el revisionismo y, así, su proyecto de partido (con el nombre de socialista hasta ayer, con el de minga hoy) es una amalgama de marxistas y revisionistas” (ibídem).

“El trabajo de investigación de los orígenes de la organización del proletariado ha conducido a la verdad de que Mariátegui planteó claramente que ‘la praxis marxista… propone… la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza’. Pero García y sus repetidores niegan este principio planteando construir “los gérmenes del socialismo” en las condiciones de la sociedad capitalista” (ibídem).

“El trabajo de investigación de los orígenes de la organización del proletariado ha conducido a la verdad de que el PSP fue un partido doctrinariamente homogéneo. Pero García y sus repetidores niegan esta verdad histórica procurando hacer pasar como de Mariátegui la concepción de Julio Portocarrero y Hugo Pesce de un partido de ‘dos niveles’” (ibídem).

“El concepto de Reconstitución es correcto en principio, y esto, como hemos sostenido arriba, es un mérito de Abimael Guzmán, que García se lo mezquina. El proletariado peruano tiene en el PSP el modelo de su partido, y su irrenunciable tarea histórica es reconstituir este partido de acuerdo a las condiciones actuales. El hecho de que el mismo Guzmán, promotor original de la Reconstitución, se desviara de su contenido, es un problema distinto, como también es un problema distinto que García, formalmente seguidor durante cuarenta años de la Reconstitución, igualmente se haya desviado de su contenido, ¡y hasta haya renunciado al concepto mismo! Por cuanto el propio proceso histórico de la revolución pugna por hacer realidad la Reconstitución del Partido de Mariátegui, las mencionadas defecciones no son nada para impedirla. El concepto de Reconstitución es completamente actual. La gran tarea histórica de Reconstituir el Partido de Mariátegui está vigente (ibídem).

“García, pues, ha renunciado a la Reconstitución, y esto tiene algo de sentido, pues su proyecto de partido de “dos niveles” es apenas un reciclaje del modelo de partido propuesto por Julio Portocarrero y Hugo Pesce en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires en junio de 1929, y, por tanto, nada tiene que ver con el PSP, modelo de partido proletario fundado por Mariátegui. Por tanto, al renunciar a la Reconstitución, García ha abandonado incluso formalmente la tarea de reconstituir el Partido de Mariátegui. Por eso ahora plantea “una organización de proyección nacional” con toda clase de oportunistas y toda clase de revisionistas. De hecho su fracaso individual lo haya llevado a esto. Pero la Reconstitución es la Reconstitución del Partido Socialista del Perú de acuerdo a la realidad actual, o no es nada” (ibídem).

“Es sabido que el PCP (Unidad) ve con malos ojos a Stalin y es por completo contrario a Mao. Es sabido que, más allá de su retórica, el PCP (Patria Roja) no tiene una posición esclarecida ante la verdad universal. Es sabido que el PCP (Sendero Luminoso) tiene una posición delirantemente maoísta y que, además, incluye el llamado pensamiento Gonzalo como parte de la verdad universal. Es sabido que el Partido Socialista Peruano tiene una posición ambigua ante el leninismo y que no reconoce a Stalin ni a Mao. Y, en este mar de oportunismo y revisionismo, García y sus repetidores reducen la denominación de la teoría proletaria a la sola palabra marxismo, con lo que pretenden sentar una base para su integración con las mencionadas organizaciones (y algunas otras por el estilo). En esto consiste la dilución-integración de García, es decir que, su dilución, empieza por ser dilución de la teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao en un marxismo a secas, y sólo después, y precisamente por ello, termina siendo dilución orgánica bajo la forma de integración de distintas tendencias oportunistas y revisionistas. Lenin planteó la dilución de la organización del partido y la integración de sus militantes al movimiento revolucionario de las masas en las condiciones de la sociedad socialista, mientras García plantea la dilución del partido y la integración de sus militantes a toda clase de oportunistas y revisionistas en las condiciones de la sociedad capitalista. Esta constatación prueba que la dilución de García no tiene nada que ver con la dilución de Lenin. De hecho, su propuesta de “una organización de proyección nacional” conculca la independencia de clase del proletariado, subasta su autonomía ideológica y orgánica, y, por esto, resulta siendo REVISIONISMO EN CUESTIONES DE ORGANIZACIÓN” (ibidem).

Huelga subrayar que estas citas, entre otras que pueden traerse, prueban de un modo irrefutable: 1) mi adhesión al modelo de partido legado por Mariátegui; 2) mi rechazo a la tergiversación de la verdad ideológica y organizativa del PSP que hace la facción de Pérez; 3) mi crítica al abandono de la reconstitución del Partido de Mariátegui y su reemplazo por la idea de integrar en un solo partido toda clase de oportunismo y revisionismo; 4) mi convicción de que la solución al problema de la organización política del proletariado peruano consiste en reconstituir el Partido de Mariátegui de acuerdo a las condiciones actuales.

Pero, confusionista como es, Pérez ha tratado de engañar a los activistas del movimiento: “No es pues por ingenuidad o error que la tendencia ‘Ibarrista reniegue del nombre original de Socialista dado por Mariátegui a su Partido, sino que ello implica tomar posición con el Partido distinto fundado a partir del 20 de Mayo de 1930, posición que precisamente comparte con los senderistas”.

En el movimiento, es ampliamente conocida mi posición sobre la verdad universal y su denominación, pero, por si acaso, reseñaré algunas citas al respecto.

“El pensamiento de Mao tiene valor universal y, por tanto, puede hablarse de maoísmo. Ahora bien, es de conocimiento general que el mundo ha experimentado grandes cambios, pero no ha cambiado la época y, así, el aporte de Mao al marxismo, con ser todo lo grande que es, no corresponde a una nueva época histórica y, por tanto, en rigor no es correcto hablar de maoísmo” (El pez fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano, p.31).

“El término marxismo-leninismo está vigente, pero presenta la limitación de dejar por fuera a Engels, Stalin y Mao. El término marxismo-leninismo-maoísmo no es correcto, porque, a diferencia del marxismo y el leninismo, el pensamiento de Mao no representa una época en el desarrollo de la teoría proletaria. En cambio la denominación de esta teoría como la teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, expresa el desarrollo general del marxismo hasta hoy y, además, un justo reconocimiento a todos los representantes del proletariado internacional, sin subestimar o menospreciar a ninguno” (ibídem, pp.233-234).

“¿Cómo debe denominarse, entonces, la teoría del proletariado? Por su carácter, debe denominarse comunismo científico; por las épocas en su desarrollo, debe denominarse marxismo-leninismo; y, por la nomenclatura de sus representantes, debe denominarse teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao (ibídem, p.38).

“Como es de conocimiento general, en los años de la revolución cultural los comunistas chinos acuñaron el término ‘pensamiento Mao Tsetung’, lo cual es una falta gramatical, pues no aparece ahí la preposición de, que indique pertenencia (en este error hemos estado involucrados todos durante un tiempo). Pero ocurre que en vez de rectificarse, el senderismo ha persistido en esta falta al hablar de ‘pensamiento Gonzalo’. El término ‘pensamiento Gonzalo’ constituye, pues, una flagrante transgresión de la gramática castellana” (ibídem, p.46).

Huelga subrayar que estas citas, entre otras que pueden traerse, demuestran de un modo irrefutable: 1) que no asumo el término marxismo-leninismo-maoísmo; 2) que no asumo el término pensamiento Mao Tsetung; 3) que reconozco como correctas, en distintos sentidos y diversas medidas, las siguientes denominaciones de la teoría proletaria: a) marxismo-leninismo; b) teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao; c) comunismo científico (o socialismo científico); 4) que, por expresar todo el desarrollo del marxismo hasta hoy y cumplir con la exigencia mariateguiana de expresar netamente nuestra identidad doctrinal a fin de marcar nuestras diferencias en concepción y métodos con el oportunismo, considero que la denominación de la teoría proletaria como la teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin Mao, es la más apropiada en la actual situación política nacional y mundial.

Pero, confusionista como es, Pérez ha tratado de engañar a los activistas del movimiento: “mientras la tendencia liderada por Eduardo Ibarra formula el deslinde con el denominado ‘ultraizquierdismo gonzalista’ y su fundamento ‘marxista-leninista-maoísta’, desde las posiciones del ‘marxismo-leninismo-Pensamiento Mao Tse Tung’ (¡Vaya una sutil diferencia!)”.

III

Es así, pues, como Gustavo Pérez falsifica, manipula, mistifica, miente, retuerce los hechos a fin de cumplir su proterva intención de engañar a los activistas del movimiento y, según parece, muy especialmente a los miembros del Movimiento José María Arguedas y del Movimiento Todas las Voces, pues específicamente menciona en su artículo a estas organizaciones.

De esta forma, por completo ajena al marxismo y especialmente a la ética marxista, Pérez se ha revelado, ante el movimiento y el público en general, como un falsario recalcitrante, como un confusionista contumaz, como un desvergonzado impenitente.

Así pues, su deshonestidad intelectual y su cinismo político aparecen tan evidentes, que cualquiera que asuma sus patrañas estaría descendiendo a su nivel.

IV

Pues bien. Veamos ahora en qué consiste la pretendida defensa de Pérez de “las tesis originales de Mariátegui”. En el artículo que examino, el pretendido defensor ha dejado escrito: “Es precisamente a éstos socialistas (sic) a quienes va dirigido el ‘deslinde de los senderistas, pues son éstos (sic) precisamente quienes han puesto sobre el tapete el nombre de Socialista y no Comunista que Mariátegui diese a su Partido, y las reales razones que tuvo para ello así como el carácter Socialista y no Nacional Democrática (solo antiimperialista y antifeudal), que éste (sic) diese a la Revolución Peruana, la propia característica del Partido, de las fuerzas integrantes del Frente Unido, y del nuevo semi-Estado con que se reemplazaría el Estado burgués”.

Pero ocurre que Pérez tergiversa sin ningún rubor no pocas de las “tesis originales de Mariátegui”. Recapitulemos, pues, algunas de estas tergiversaciones.

1. Mariátegui tituló a la organización política del proletariado Partido Socialista del Perú, porque entendió que, en las condiciones nacionales de su tiempo, el término Socialista equivalía al de Comunista. Pero, al negar las razones que tuvo Mariátegui para denominar Socialista a su Partido, Pérez niega, al mismo tiempo, toda sinonimia de este término con el término Comunista, y, así, repite la palabra Socialista, utilizada por Mariátegui, pero niega el concepto que ella encierra en la literatura del maestro referida al partido (PSP) y al movimiento (Socialismo Peruano). Esto constituye una flagrante negación de la tesis mariateguiana.

2. Mariátegui consideró que la revolución peruana es una revolución socialista con dos etapas. Por eso, defendiendo esta tesis, en el ensayo Mao y Mariátegui, 07.10.02, argumenté: En su famoso editorial Aniversario y balance, setiembre 1928, Mariátegui sostuvo: “La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra, agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: ‘anti-imperialista’, ‘agrarista’, ‘nacionalista-revolucionaria’. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos”. Y en los Principios programáticos del Partido Socialista, octubre del mismo año, dejó sentado: “Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria”. ¿Contradicción? No, en modo alguno, pues, por un lado, el socialismo, efectivamente, supone, antecede, abarca la revolución democrática, y supone, antecede y abarca la revolución democrática, porque la dirección del proletariado en esta revolución es el factor que garantiza su transformación en revolución proletaria. Por eso Mariátegui precisó: “Sólo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa, que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir”. Por eso en la hoja de vida Del autor, llevada por la delegación peruana al Congreso Constituyente de la Confederación Sindical Latinoamericana, realizado en Montevideo en mayo de 1929, así como a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, realizada en Buenos Aires en junio del mismo año, escribió estas precisas palabras: “Prepara actualmente un libro sobre política e ideología peruana, que será la exposición de sus puntos de vista sobre la Revolución Socialista en el Perú”. Y esta definición de la revolución peruana es correcta, sencillamente porque “… somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo…”. Pero es indudable que, al mismo tiempo, es necesario distinguir lógica e históricamente la revolución democrático burguesa de la revolución socialista proletaria en la medida en que una y otra son cualitativamente distintas. Pues bien, considerada en su conjunto, ¿cómo puede denominarse la revolución peruana? Cuando decimos “revolución de nueva democracia”, indicamos la primera etapa de dicha revolución y su perspectiva histórica. Y cuando decimos “revolución socialista”, indicamos su segunda etapa con prescindencia absoluta de la primera. Pero si dijéramos que la revolución peruana es una “revolución socialista con dos etapas”, estaríamos denominándola teniendo en cuenta precisamente su proceso general y, sin duda, sin menoscabo de la indiscutible diferencia lógica e histórica existente entre la revolución democrático burguesa y la revolución socialista proletaria, o, mejor dicho, sin menoscabo de la diferencia entre su etapa democrática y su etapa proletaria. En abono de esta denominación de la revolución peruana como “socialista con dos etapas”, concurre la circunstancia de que: 1) ya en su etapa democrática, nuestro problema agrario tiene una solución socialista debido a la supervivencia de la comunidad campesina y a la existencia de grandes empresas agrícolas de tipo capitalista; 2) la lucha contra la burguesía es una lucha socialista; y, 3) el proceso general de la revolución está dirigido por el proletariado. Esto demuestra, pues, que en determinadas condiciones históricas se entrelazan algunos elementos democráticos y socialistas, de manera tal que la revolución democrática realiza algunas tareas de la revolución socialista y la revolución socialista culmina algunas tareas de la revolución democrática. Ya en junio-julio de 1905 Lenin había señalado que “en una situación histórica concreta se entrelazan los elementos del pasado y del porvenir, se confunden uno y otro camino. El trabajo asalariado y su lucha contra la propiedad privada existen también bajo la autocracia, nacen incluso en el régimen feudal. Pero esto no nos impide en lo más mínimo distinguir lógica e históricamente las grandes fases del desarrollo. Pues todos nosotros contraponemos la revolución burguesa y la socialista, todos nosotros insistimos incondicionalmente en la necesidad de establecer una distinción rigurosa entre las mismas, pero ¿se puede negar acaso que se entrelacen en la historia elementos aislados, particulares de una y otra revolución? ¿Acaso la época de las revoluciones democráticas en Europa no registra una serie de movimientos socialistas y de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura revolución socialista en Europa no tendrá todavía mucho que hacer para culminar lo que ha quedado sin terminar en el terreno de la democracia?”. Esto significa que la relación entre la revolución democrática y la revolución proletaria no se limita a una sucesión ininterrumpida, sino que, en determinadas circunstancias, incluye un verdadero entrelazamiento de elementos democráticos y socialistas particulares, dependiendo el grado y la forma de este entrelazamiento de la situación histórica general concretamente dada. Mao utilizó el término nueva democracia por primera vez en diciembre de 1937, y con él expresó el concepto de “revolución antiimperialista y antifeudal de las grandes masas populares bajo la dirección del proletariado”. De acuerdo a Mao, esta revolución, en la medida en que, por su contenido social, es una revolución democrático-burguesa, desbroza “el camino al desarrollo del capitalismo”; sin embargo, en la medida en que está dirigida por el proletariado, “abre precisamente un camino aún más amplio al desarrollo del socialismo”. Así, pues, la revolución de nueva democracia “es la preparación necesaria para la revolución socialista, y la revolución socialista es la dirección inevitable para el desarrollo de la revolución democrática”. Entre una y otra no existe pues una muralla china: ambas constituyen un proceso único e indivisible. Ahora bien, con el desarrollo del capitalismo burocrático, Mao amplió su concepto de nueva democracia en el sentido de que consideró este capitalismo un blanco más de la revolución y, por esto, en marzo de 1948, redefinió la revolución china como “una revolución de las amplias masas populares, dirigida por el proletariado, contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático”. Esto explica que veinte años después de publicar Sobre la nueva democracia, enero 1940, en sus Notas de lectura sobre el Manual de economía política de la Unión Soviética, hiciera esta aclaración: “Durante el período de la guerra de Liberación de China nosotros llamamos, no sólo a luchar contra el imperialismo y el feudalismo, sino también contra el capitalismo burocrático. La lucha contra el capitalismo burocrático reviste un doble carácter: por una parte se combate al capital comprador, lucha que entra en el marco de la revolución democrática y por otra parte, se combate a la gran burguesía, lucha que sí forma parte de la revolución socialista”. “Es erróneo, por tanto, pensar que después de la Liberación ‘la revolución china ha formado parte de la revolución democrática; sólo después se fue convirtiendo, poco a poco, en una revolución socialista’”.

Pero Pérez borra de un plumazo el entrelazamiento de las dos etapas de la revolución peruana: “el carácter Socialista y no Nacional Democrática (solo antiimperialista y antifeudal) que éste [Mariátegui] diese a la Revolución Peruana”. De este modo tergiversa la teoría mariateguiana acerca del carácter socialista con dos etapas de nuestra revolución.

3. En cuanto a “la propia característica del Partido”, todo marxista que conoce la verdad histórica del PSP, sabe que Mariátegui constituyó un partido de clase que debía asumir la forma de un partido de masas. De clase, porque estaba basado en el marxismo leninismo: “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú lo adopta como su método de lucha” (Principios programáticos del Partido Socialista del Perú). Que debía asumir la forma de un partido de masas, porque. 1) “La organización de los obreros y campesinos, con carácter netamente clasista, constituye el objeto de nuestro esfuerzo y nuestra propaganda y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional”; 2) “el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas” (Acuerdos de la Reunión de Barranco, en Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, pp.397-398). Pero en su literatura partidaria, y aun indirectamente en un artículo sobre la revolución mexicana, Mariátegui puso el acento en el carácter de clase de su partido a fin de que su concepto de un partido de masas y de ideas no fuese confundido con un partido tipo socialdemócrata. Por eso, en Antecedentes y desarrollo de la acción clasista recordó: “Mariátegui regresa en ese tiempo [en 1923] de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase”. Por eso, en el numeral 3 de la moción aprobada por la Reunión de Barranco se lee: “La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento [el Comité] se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas” (Martínez, ibídem, p.398). Por eso, la moción aprobada por la Reunión del 4 de marzo señala: “El P.S. es un partido de clase” (ibídem, p.487). Por eso, el 19 de marzo de 1930 mantuvo: “El socialismo no puede ser actuado sino por un partido de clase” (t.12, p.69).

Pero, como es de conocimiento común, no hace mucho Pérez ha dicho que “Una lectura atenta de este numeral del Acta [del numeral 3 de la moción aprobada por la Reunión de Barranco], da cuenta de que en el se reconoce la necesidad de la creación de un Partido ‘de clase’, pero que, de ‘acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú’, concurrirá a la constitución de un Partido ‘basado en las masas obreras y campesinas organizadas’. Es decir que las condiciones concretas actuales del Perú requerían no de un Partido de clase sino de uno basado en las masas obreras y campesinas, lo que acredita que éstas condiciones concretas, a que hace referencia Mariátegui en este párrafo, no son justificatorias del nombre SOCIALISTA para el Partido sino simplemente de su composición social, lo que no se apreciaba correctamente por la cita mutilada o fragmentada del texto de Mariátegui” (Mariátegui, Lenin y el Partido de masas). 

De este modo, con calumnia contra mi persona de por medio, Pérez falsifica la concepción mariateguiana del PSP.

V

Como se sabe, estas tergiversaciones “de las tesis originales” de Mariátegui no son las únicas ni son exclusivas de Pérez, pues su facción como tal facción ha falsificado a Mariátegui en varios respectos fundamentales, entre ellos el primero y el tercero tratados en el numeral anterior.  Veamos, pues, ahora, algunas de estas falsificaciones.

1. Es conocida la torpe y feroz campaña que, desde hace muchos años, llevan a cabo los miembros de esta facción contra la filiación marxista-leninista de Mariátegui. Con los argumentos más sesgados y falaces, tratan de presentar a Mariátegui como un marxista no leninista y como un socialista no comunista. 

Pero, como es de conocimiento general, Mariátegui: 1) estableció el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, con lo cual, como es obvio, definió su propia identidad doctrinal; 2) señaló, en el plano del núcleo de significación de los términos considerados, que “no existe entre los dos términos [socialismo y comunismo] más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios, y por la necesidad práctica eventual de distinguir estos dos campos con dos rótulos diversos”, con lo que probó que, cuando tituló Socialista a su Partido, lo estaba definiendo Comunista, y, por tanto, cuando se definía socialista se estaba definiendo comunista. Estas constataciones dan al traste con la oportunista campaña que, expresiva y sintomáticamente, no ha encontrado, en la facción de Pérez, un solo contradictor más o menos consistente. Esto demuestra que no existe ahí una lucha ideológica activa, o, más bien, que todos comparten la mistificación de la personalidad doctrinal de Mariátegui. Pero, fuera de tal facción, la torpe campaña ha sido desbaratada en los artículos ¿Mariátegui contra Mariátegui?, Puntos sobre algunas íes, Mariátegui y el leninismo, Mariátegui y la base de unidad del partido y Apuntes sobre el socialismo peruano.

2. Ramón García dice que “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los 7’); externamente aspiraba a ser ‘el primer gran partido de masas e ideas de toda nuestra historia republicana” (Aniversario 80 (5), 2.09.07). 

Pero, ocurre que esta es una afirmación sin fundamento, y, por esto, constituye una flagrante falsificación de la verdad histórica del PSP, al mismo tiempo que todo un trastrueque, pues pretende hacer pasar como de Mariátegui la concepción del Partido que Julio Portocarrero y Hugo Pesce levantaron en la Conferencia Comunista de Buenos Aires de 1929. Sin embargo, esto no ha sido denunciado ni criticado en la facción de Pérez, sencillamente porque ahí no existe ni la claridad de pensamiento ni la personalidad política necesarias para llevar adelante una lucha activa contra semejante tergiversación. 

En una carta a Luis Anamaría del 28.10.09, Miguel Aragón reveló que la facción de Pérez se aprestaba a formalizar “abiertamente la constitución del partido que ellos ya formaron el 6 de febrero [de 2009] en aplicación de la propuesta de Ramón [García] del partido de dos niveles : uno ‘secreto’, y otro ‘de masas y de ideas’”. No comentaré aquí una cuestión que el autor de la carta dice más adelante acerca de este “partido de dos niveles”, pues, por lo pronto, sólo es menester indicar que, por dicha carta, el movimiento ha quedado informado de que existe un “nivel secreto” que, por ser tal, dirige o pretende dirigir despóticamente a un conjunto ideológicamente heterogéneo de incautos. Pero, como se sabe, la tergiversación de la verdad histórica del PSP ha sido desenmascarada en los artículos El partido de masas y de ideas de Mariátegui, Acerca de la propuesta de un partido minga y Un artículo revelador

3. Utilizando la palabra socialismo en su sentido más dilatado, la facción de Ramón García incluye en su proyecto de partido (y en la concepción del movimiento), una variopinta gama de oportunismos y revisionismos. 

Por eso, al rehabilitar a Arroyo Posadas (quien, como escribí en Apuntes sobre el socialismo peruano, “tuvo especial responsabilidad en la política derechista que durante décadas caracterizó la acción del Partido Comunista, y que, ‘a los 60 años’, es decir, en 1966, o sea, en el contexto de la polémica entre marxismo y revisionismo, hacía ya un tiempo que había tomado partido por el segundo”), rehabilita de hecho al revisionismo criollo, o, más exactamente, al revisionismo criollo supuestamente mariateguiano, como por ejemplo el Jorge del Prado de 1943 que publicó el artículo Mariátegui, marxista-leninista, fundador del Partido Comunista Peruano, cuyo contenido, sobre poco más o menos, es el mismo que el contenido del artículo A propósito del artículo “El populismo en el Perú”, de V, Miroshevski, de Arroyo Posadas, oportunistamente elogiado en los artículos Moisés Arroyo Posadas, 1991, y Moisés Arroyo Posadas en el 89 aniversario de su nacimiento, 1995, ambos debidos a la pluma del rehabilitador Ramón García. 

Pero además, al considerar como “socialista” al antimarxista Luis E. Valcárcel, García demuestra que su “movimiento socialista” es más bien uno que sería más exacto denominar novodemocrático, neodemocrático, de nueva democracia o democrático burgués de nuevo tipo, pues así se estaría designando el movimiento que representa lo que Mariátegui llamó la “etapa democrático-burguesa” de la revolución peruana, y, al mismo tiempo, se evitaría el confusionismo que ocasiona el uso elástico del término socialismo. 

Por otra parte, quede dicho que, con el nombre que sea, el proyecto de un partido que integre las diversas organizaciones oportunistas y revisionistas que activan en la escena nacional, ha sido ya fundadamente criticado en los artículos El partido de masas y de ideas de Mariátegui, Apuntes sobre el socialismo peruano y Acerca de la propuesta de un partido minga.

A esta mistificación de la identidad doctrinal de Mariátegui y a estas tergiversaciones de cuestiones fundamentales dirimentes de su pensamiento, la facción de Pérez, como se sabe, agrega otras relativas a las mismas cuestiones, y aún otras más referentes a la verdad universal. De hecho, la mistificación de Mariátegui y su obra que comete dicha facción constituye un intento de pasar gato por liebre, de utilizar tendenciosamente al maestro del proletariado peruano, de arrastrar al movimiento por un camino oportunista.

VI

Ramón García defeccionó ante la lucha interna en el Partido en 1975, y que con él defeccionaron también todos sus viejos seguidores.  

En efecto, en el referido año, y hasta muchos años después, García consideraba que el PCP era el partido que había fundado Mariátegui. Toda su literatura publicada sobre el tema en la revista Punto de Vista así lo prueba, y muy especialmente su serie El proceso de la nueva democracia, de la cual basta citar estas afirmaciones: “[en la década del sesenta] la segunda generación realiza dos importantes certámenes, la IV Conferencia, enero de 1964, y la V Conferencia, noviembre de 1965” (nº4, p.28). “En enero de 1969, la tercera generación política del proletariado peruano irrumpe en la escena realizando la VI Conferencia, certamen que actualmente signa todo el proceso de la nueva democracia, con el planteamiento de la Base de Unidad Partidaria y la Reconstitución” (ibídem, p.29). 

Estas afirmaciones fueron publicadas en marzo-abril de 1983, o sea ocho años después de la famosa defección. De nada le sirve a García haber sostenido entonces que, “Es en la década del 70 que la tercera generación resuelve en teoría el problema de la BUP tomando el Camino de Mariátegui como su eje, y el problema de la Reconstitución tomando el Camino de Mariátegui como su base” (ibídem). También Abimael Guzmán sostuvo que “Retomar el Camino de Mariátegui es Reconstituir el Partido Comunista, su Partido; es trabajar por su construcción ideológico-política, desarrollando los fundamentos que le diera su fundador y es, simultáneamente, pugnar por su construcción organizativa reajustando lo orgánico a lo político” (Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, t.I, p.91). 

Como se ve, ambas afirmaciones, a pesar de que una apela al “Camino de Mariátegui”, y la otra a “los fundamentos que le diera Mariátegui” al Partido, no significaban ninguna distinción entre el PSP fundado el 7 de octubre de 1928 y el PCP fundado el 20 de mayo de 1930. La idea de que el PCP resultó siendo la negación del PSP, se dibujó únicamente entrado el siglo XXI. Por tanto, en el momento en que García presentó su carta, por interpósita persona, a la S.G. del Partido, en su conciencia existía la idea de que la estaba presentando a la S.G. del Partido de Mariátegui, y  por esto renunció a su cargo pero no al partido mismo y solicitó una licencia de un año que, huelga decirlo, suponía su reincorporación. Sin embargo, ésta no se produjo, y, así, su licencia se convirtió de hecho en renuncia. De este modo defeccionó ante el Partido, mostrando, además, su deslealtad con respecto a sus propios seguidores. Esto está claro para cualquier persona con dos adarmes de seso. Pero, como sus seguidores también defeccionaron a lo largo de 1975, la mala conciencia no les permite asumir una actitud crítica ante García.

En la Presentación al libro El movimiento obrero de 1919, Mariátegui escribió: “Los juicios del autor sobre el confusionismo y desorientación de que fatalmente se resentía la acción obrera, en esa jornada y sus preliminares, me parecen demasiado sumarios. Martínez de la Torre no tiene a veces en cuenta el tono incipiente, balbuceante, instintivo de la acción clasista de 1919. Después de su victoriosa lucha por la jornada de ocho horas, es ésa la primera gran agitación del proletariado de Lima y el Callao, de carácter clasista. La dirección del movimiento no puede presentar la línea severamente sindical, revolucionaria, que Martínez de la Torre echa de menos en ella. Por su juventud, Martínez de la Torre no aporta un testimonio personal de la lucha del 19. Juzga los hechos a la distancia, sin relacionarlos suficientemente con el ambiente histórico dentro del cual se produjeron. Prefiero hallarlo intransigente, exigente, impetuoso, a hallarlo criollamente oportunista y equívoco”.

Precisamente, Gustavo Pérez ha pretendido justificar la injustificable defección de García y sus viejos seguidores, ocurrida en 1975, con una idea que apenas se ha perfilado en esta primera década del siglo XXI, es decir, alrededor de treinta años después: “Preguntamos ¿Cuál Partido? ¿El fundado por Mariátegui el 07 de Octubre de 1928 o el constituido a partir del 20 de Mayo de 1930, a su muerte y con tesis fundamentales distintas a las defendidas por él? Resulta evidente que se trata de este último”.

Es así, pues, como Pérez aparece, ante el movimiento y los lectores en general, como criollamente oportunista y equívoco.

Como dice la Nota sobre una verdad histórica, “ningún argumento puede justificar semejante defección. Y como ya entonces García hizo un intento de levantar tienda aparte (cosa que no pudo consumar), es claro que su defección implicó una acción escisionista, lo que quedó probado también por los hechos posteriores: no se reincorporó al partido en febrero de 1976, como hubiera tenido que hacer de acuerdo a los términos de su licencia. Como es de conocimiento común, desde entonces y hasta ahora mismo, dirige por correspondencia a su facción”. “La defección de García significa tres cosas: 1) que se engañó a sí mismo; 2) que engañó al partido; 3) que de hecho renunció al partido. Todo esto, al parecer, le pesa de algún modo en su conciencia, pues, a lo largo de los años, ha tratado varias veces de justificarse de forma indirecta, recurriendo a diversos argumentos y hasta a verdaderos juegos de palabras, pero, por supuesto, nada de esto le sirve. Por eso resultó gracioso que en el egotista artículo Las cinco caídas de yo el supremo, se pavoneara diciendo que lo habían expulsado del PCP-SL “con pelos y señales”, cuando la verdad monda y lironda es que cualquier expulsión formal que pudiera haber (y no hay prueba de que la haya), sale sobrando por cuanto ya con anterioridad había renunciado al partido”. “Así, pues, demostró no tener la fibra revolucionaria necesaria para defender sus posiciones ahí donde tenía que haberlas defendido. Y como sus viejos seguidores demostraron exactamente lo mismo al proceder de forma similar, entonces no puede dejarse de señalar que tanto el primero como los segundos le allanaron el camino a Abimael Guzmán, así sólo sea porque de algún modo no hubieran compartido su posterior oportunismo de izquierda. Esta es la responsabilidad que tienen ante el partido, la clase, el pueblo, el Socialismo Peruano”. “En el ensayo Mariátegui y el Partido Socialista del Perú, el suscrito resaltó este hecho histórico: “13. En la Reunión del CC del 1 de marzo de 1930, Mariátegui renunció a la Secretaría General y propuso la elección de un nuevo Secretario. Pero no renunció al Partido, ni formalmente ni de hecho. Es decir, no le rehuyó a la lucha interna, no obstante que, ya entonces, sabía que la mayoría se orientaba por desechar el nombre de Socialista para el Partido, e, incluso, por la asunción de una política concreta distinta a la suya. Esto quiere decir que el maestro –maestro también en esto– asumió orgánicamente la defensa de sus posiciones”. “Pero, como se ha visto, este ejemplo de espíritu de partido, este ejemplo de fibra revolucionaria del maestro del proletariado peruano, no fue seguido por García y sus viejos partidarios”.

Como se ve, o, mejor dicho, como lo puede ver cualquier persona que quiera ver, Gustavo Pérez cumple en su facción el indigno papel de encubrir no sólo mutilaciones, tergiversaciones, maniobras, calumnias, inmoralidades y oportunismos, sino también defecciones.

VII

Oscuros sentimientos y maligna intención han movido a Pérez a montar las patrañas que se han caído a pedazos con el presente artículo. Bajas pasiones y retorcidas ideas lo han llevado a la grotesca situación de mostrarse en toda su miseria moral ante el movimiento y el público en general. Ciertamente el odio altera los sentidos y, así por ejemplo, como epígrafe de su artículo, Pérez cita una frase de la Nota Bene que, no hace mucho, presidió la publicación de seis artículos del suscrito, y la hace aparecer firmada por Santiago Ibarra. Pero la verdad es que dicha Nota fue consensuada y está firmada por un Comité de cuatro compañeros, el Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (B), y no personalmente por el que menciona Pérez. Es decir que ahí donde aparece el nombre de nuestro Comité, Pérez leyó Santiago Ibarra. Esto prueba el odio visceral que lo conduce a una creciente desconexión con la realidad cada vez que se trata de alguna cuestión relativa a nuestras personas y, en general, a nuestra tendencia.

En ese estado de odio desaforado en que se encuentra, ya desde hace tiempo, Pérez ha revelado la intención de su artículo: aprovechar el momento de deslinde con el senderismo, a raíz de la publicitada bravata de esta tendencia en la Universidad Mayor de San Marcos, para, con la vil patraña de un supuesto llamado a un frente nuestro con ella, malquistar al movimiento con mi tendencia y mi persona en particular. Pues bien, el párrafo de la Nota Bene, en el que Pérez, con lupa pegada al ojo, intenta ver un tal llamado, reza así: “Pero, mientras así se desenmascaraba el revisionismo de Ramón García y sus repetidores, ¿qué hacían aquellos senderistas que se han desgañitado motejando falsamente al c. Eduardo Ibarra de “socialista”? Es claro que todo el “aporte” de estos senderistas a la lucha contra este rebrote del revisionismo criollo ha sido utilizar como insulto la palabra socialista. Es decir, no han aportado a esta lucha ni una sola idea, lo que es una demostración más de su impotencia teórica”. 

Esto quiere decir que el Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (B) señaló: 1) que los senderistas habían acusado al suscrito de socialista oportunista; 2) que más bien el suscrito ha llevado una lucha resuelta contra el socialismo oportunista; 3) que en esta lucha los senderistas se han reducido a utilizar la palabra socialista como insulto, y que esta actitud adjetiva demuestra su impotencia teórica. En consecuencia, cualquier persona con un mínimo de inteligencia, puede ver que, en el párrafo citado, lo que hay es la constatación objetiva de un dato de la realidad, y que, por esto, sólo a un obtuso, o a un falsario, puede ocurrírsele que alguien, sea el que fuere, puede pretender llamar a la impotencia teórica a un frente para luchar contra el rebrote del revisionismo criollo que representa la facción de Pérez. Mi tendencia se ha bastado a sí misma para desenmascarar este revisionismo, y para completar esta obra no necesita hacer ningún frente con elementos incapaces de hilvanar dos ideas. Pero la mutilación que comete Pérez del párrafo de la Nota Bene, la manipulación que hace de lo poco que de él cita o refiere y la mala fe que lo anima, le ha permitido decir: “De allí que los llame, en la práctica, a hacer frente para luchar contra estos ‘socialistas’”.

Pues bien, desenmascarada la patraña, sólo me resta hacer una acotación. Pérez ha escrito que “Bajo el título de ‘Nota Bene’, Santiago Ibarra [ya sabemos que no ha sido este compañero] hace pública una nota realmente reveladora, que pese a su brevedad clarifica a quienes (sic) él y la tendencia que lidera su padre, Eduardo Ibarra, consideran enemigos, y a quienes (sic) consideran más próximos a ellos, dentro del movimiento socialista peruano”. 

Pero esta declaración es nada más que otra patraña con la que el citado pretende consumar su intención de aislar políticamente a mi tendencia. En el artículo Apuntes sobre el socialismo peruano, dejé escrito: “Si bien es cierto que tácticamente es posible actuar lado a lado con el oportunismo, no es posible confundirse con él en el marco de un mismo partido que pretende ser la vanguardia del proletariado, y que, por esto, se propone la toma del poder”. Por eso tengo que señalar puntualmente que el enemigo, o, mejor dicho, los enemigos, son otros: el imperialismo, la gran burguesía intermediaria, el gamonalismo, y que, no obstante que el revisionismo es enemigo del marxismo, mientras actúe en el seno del pueblo, y no en el de las clases explotadoras, aparece más bien como rival. Pero hay más. Como se ha visto unas pocas líneas arriba, Pérez ha escrito: “y a quienes consideran más próximos a ellos, dentro del movimiento socialista peruano” (subrayado mío). Pues bien, el suscrito y su tendencia tienen esclarecida su posición ante el senderismo, pero, por lo visto, Pérez, declarado antisenderista, considera, como se ve, que el senderismo está “dentro del movimiento socialista peruano”. Entonces, por tanto, en consecuencia, ergo, luego, ¡Pérez y su facción comparten una situación de frente unido con el senderismo!

VIII

El artículo de Pérez que comento fue publicado en un blog con una “nota breve” de Edgar Bolaños que transcribo:

“Tacna Comunitaria estuvo de visita en El Alto, ciudad de más de 1 millón de habitantes, situada al oeste de Bolivia a una altitud de 4.000 msnm en la meseta altiplánica y en el área metropolitana de La Paz, capital de Bolivia. En este conglomerado de inmigrantes del resto del país, en especial recién llegados de las áreas rurales y algunos miles de peruanos que buscan una oportunidad en "la urbe". Entre estos últimos, después de una intensa búsqueda, el lente fotográfico de nuestro reportero logró captar la renovada imagen del celebérrimo autor del libro El Pez fuera del Agua. Foto que damos difusión para el delirio de los miles de fans del ex – flaco. La imagen prueba, sin lugar a dudas, lo que ocurre cuando el Pez vive fuera del agua”.

“De otra parte, Gustavo Pérez Hinojosa, nos regala un enjundioso ensayo –muy polémico por cierto- que revela las verdaderas intenciones del Pez fuera del agua. Leer entrelíneas, atar cabos y descubrir las verdaderas intenciones es oficio que no encuentra obreros sin esfuerzo. Don Gustavo es uno de esos especimenes (sic) al que no se le puede vender pescado podrido”.

T. 09 julio 2010

La foto de la que habla el autor de la nota presenta a un hombre grotescamente gordo y en ropa de baño. De este modo ha tratado de ridiculizar al suscrito, pero, por supuesto, ante los ojos del movimiento, todo lo que ha logrado con ello es poner al descubierto su bajeza, su impotencia, su espíritu mediocre.

Tan obtuso es Bolaños, o tan falsario, que el artículo de Pérez, que documentadamente se ha revelado como un triste libelo, le parece “un enjundioso ensayo”. Tan odiador es, que también sus alterados sentidos le hacen asumir la patraña de un llamado a un frente con los senderistas. Tan confusionista es, que no llama la atención que elogie a otro confusionista: “Don Gustavo es uno de esos especimenes al que no se le pueden vender pescado podrido”.

Es así como, movido también por oscuros sentimientos y maligna intención, Bolaños ha descendido al nivel de Pérez, y, de esta forma, ha puesto en evidencia su verdadera fisonomía mental.

IX

Desde hace tiempo sé que El pez fuera del agua le causó una especial urticaria a los senderistas, pero sólo ahora he constatado que le ha causado lo mismo a los socialistas oportunistas. Si fuera mal pensado como éstos, diría que unos y otros han hecho un frente contra el libro, pues, como es notorio, se han dado la mano en la inútil pretensión de fulminarlo. Pero, por supuesto, no procederé como los oportunistas.

Casi no es necesario decir que El Pez fuera del agua es una crítica multilateral del senderismo, y marxistas peruanos y extranjeros más objetivos que aquellos que descargan alfilerazos contra su resonancia, han encontrado en sus páginas una crítica al senderismo bastante más seria que otras. Por lo demás, Pérez -para sólo hablar de su caso- ya no se acuerda que, en ocasión de la publicación del libro en la Internet, en carta dirigida a Santiago Ibarra sostuvo que “el texto es completamente actual” y que “es necesario continuar en la búsqueda del editor”. Pero, ¿para qué extenderme? El Pez fuera del agua se defiende solo, pese a la limitación de no ser un libro orgánico. 

X

Tanto el libelo de Pérez como la medianía de su publicista Bolaños, dan cuenta no sólo de la descomposición ideológica de la facción a que ambos pertenecen, sino, al mismo tiempo, de su descomposición moral. A todos consta que, por una parte, los activistas de esta facción se llenan la boca de normas de conducta y hasta uno de ellos anda publicando recetas de moralina, mientras, por otra parte, y como es de conocimiento general, han recurrido y recurren a los más grotescos métodos criollos para imponer sus posiciones y, ante las fundadas críticas a estos métodos, pero también a su revisionismo y a su egotismo burgués, explotan en insultos, calumnias y bajezas. Pérez y Bolaños apenas son dos botones de muestra de esta doble moral.

Ciertamente cada persona, tendencia y grupo que forma el movimiento, tiene todo el derecho y, al mismo tiempo, todo el deber de tomar posición resuelta y definida: 1) ante las patrañas de Gustavo Pérez; 2) ante sus tergiversaciones de las tesis de Mariátegui; 3) ante la mistificación del pensamiento de Mariátegui que hace su facción; 4) ante el revisionismo envuelto en papel celofán que esta facción trata de vender; 5) ante su afán de integrar en una sola organización todo tipo de oportunismo y revisionismo; 6) ante sus métodos criollos; 7) ante su egotismo burgués.

Estas siete cuestiones son, obviamente, una negación flagrante de la Creación Heroica de Mariátegui, una negación flagrante del Socialismo Peruano, una negación flagrante del Camino de Mariátegui.

Pero, como es lógico, para esta toma de posición se requiere de una condición sine qua nom: SER ATEO, es decir, no creer en dioses ni en el cielo ni en la tierra. Por tanto, más temprano que tarde se sabrá quiénes son ateos en el movimiento y quiénes no, quiénes tienen la mente emancipada y quiénes no, quiénes son capaces de reconocer la verdad en los hechos y quiénes no.




 
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

La Verdad Sea Dicha


Eduardo Ibarra


I
DEBO PROTESTAR CONTRA LA UTILIZACIÓN que ha hecho Rebeca Montes de mi persona en su afán de encubrir la defección de Ramón García en el verano de 1975.

Como se comprenderá, para fundamentar mi protesta, no tengo más remedio que reseñar algunos episodios de mi experiencia en el periodo de la guerra interna, señalar algunas cosas relativas a Ondina Gonzales y, por último, examinar el caso de Ramón García.

En el año 1986 estuve preso durante nueve meses por la perversa acusación de un activista del PCP-SL. En estas circunstancias, las discrepancias con el mencionado partido se desarrollaron dramáticamente hasta que, un día, fui amenazado de muerte. Luego de recobrar mi libertad en noviembre, fui nuevamente detenido el mes siguiente, aunque por breve lapso, luego de lo cual se me sometió a una vigilancia ininterrumpida durante algunas semanas. En 1992 fui amenazado de muerte por segunda vez y, debido a otra perversa acusación, detenido nuevamente en marzo de 1993, saliendo en libertad quince días más tarde por falta de pruebas.

Como se ve, por un lado tenía sobre mí la amenaza de muerte del senderismo y, por otro, la vigilancia y el acoso de la policía secreta. Entonces hacía un tiempo que el centro de gravedad de la acción senderista había empezado a ser progresivamente trasladado a las ciudades, y principalmente a Lima. Eran los días en que el PCP-SL se sentía ad portas de tomar el poder y, una parte de sus militantes (la más acalorada) hablaba de listas negras y amenazaba a troche y moche. Paralelo a esto, la policía continuaba acosándome (incluso presionaba a los funcionarios de mi centro de trabajo para que me expulsaran del mismo). En estas circunstancias extremas, me exilié. Así preservé mi vida.

En 1982 (si no recuerdo mal) Ondina Gonzales fue detenida, pero, a falta de pruebas, fue puesta en libertad algunos días después. Seguramente el riesgo de ser detenida otra vez con imprevisible resultado (en muchos casos la DINCOTE sembraba “pruebas”), hizo que se exiliara. Así preservó su libertad.

El caso de Ramón García es completamente distinto. En el verano de 1975 (en febrero, según me parece recordar), renunció a su cargo en el CC del Partido, solicitó una licencia por un año y se fue del país.

En la carta del 16 de marzo de 1930, que Luciano Castillo y sus seguidores le enviaron a Mariátegui, se lee: “… tenemos que hacer renuncia del cargo que se nos había señalado en los Comités Central y Ejecutivo…”.

Todos sabemos que esta renuncia se convirtió después en una renuncia de facto al Partido. En el verano de 1976, Ramón García no cumplió con reincorporarse al Partido, tal como hubiera tenido que hacerlo de acuerdo a los términos de su licencia, y, por esto, su renuncia al cargo también se convirtió en una renuncia de facto al Partido. La analogía con Castillo y sus seguidores no es, pues, ni antojadiza ni tendenciosa ni perversa. Simplemente es inevitable, y demuestra que el oportunismo de todos los tiempos nunca actúa con franqueza. Esto enseña la experiencia del Socialismo Peruano.

Rebeca Montes ha escrito que “El c. RG viajó a Colombia, porque fue la única manera que encontró para preservar su libertad y su vida que estaba (sic) en peligro, durante los años de la bohemia subversiva…” (subrayado nuestro).

Pero ocurre que, como lo sabe todo el mundo, la “bohemia subversiva” tuvo su inicio recién el 17 de mayo de 1980, o sea ¡cinco años y tres meses después de que García abandonara el país!

La sencilla verdad es, pues, que en 1975 al mencionado no lo vigilaba nadie, no lo acosaba nadie, no lo amenazaba nadie, no lo perseguía nadie, y, por tanto, su libertad y su vida no corrían ningún peligro. Tan burdo es el amaño, como se puede ver, que a su autora tendría que causarle bochorno. Y también a García.

Perseguido únicamente por el fantasma de su debilidad de espíritu, García hizo maletas y tomó las de Villadiego (esto le consta a decenas y decenas de luchadores sociales). Y se fue lejos, bien lejos, en primer lugar para que sus seguidores no le pidieran explicaciones, y, en segundo lugar, para convertirse en un jefe político de gabinete, en un insólito jefe político. Así, pues, quienquiera que tenga un adarme de espíritu crítico, tiene que convenir en que su fuga del Partido fue una INMENSA COBARDÍA.

Esta es la verdad, la verdad monda y lironda, probada, absolutamente innegable y visible incluso para un ciego.

Pero, entonces ¿por qué algunos personajes se empecinan en encubrir la defección de García? Pues, sencillamente, porque ellos hicieron lo mismo: como en una estampida, se apartaron todos del Partido en el mismo absoluto silencio, es decir sin defender absolutamente sus ideas. Así, encubrir la defección de García es para ellos disimular su propia defección. En palabras más precisas aún, tanto García como sus viejos seguidores capitularon ante la lucha interna, y, así, de algún modo le facilitaron las cosas a Abimael Guzmán, y esto, como lo he señalado en otro lugar, comporta una responsabilidad ante la clase, la revolución, el socialismo, la historia.

Anotaré un aspecto más de la cuestión. La defección de García fue incluso un acto de deslealtad con respecto a sus propios seguidores. Tengo fresca todavía en la memoria la imagen de uno de ellos que, sin alcanzar a comprender la sorpresiva defección, completamente desconcertado, no sabía qué decir, aunque, recuperado de su confusión un tiempo después, hizo circular una truculenta historia que apuntaba a justificar a su alter ego. De esta historia (urdida por García mismo o por su seguidor) no se deducía en absoluto que la vida del primero estuviera en peligro, pero, misteriosamente, presentaba a Abimael Guzmán como el autor de una celada que buscaba comprometer su libertad.

La falsedad de esta historia, sin embargo, se revela en el hecho de que, a través de los años, se han ensayado otras distintas, como la reciente de Rebeca Montes, tan mal maquinada sin embargo, que le ha hecho un flaco favor a su defendido.

Incluso algunos activistas de la tendencia revisionista se inventan lo que pueden. No hace mucho, por ejemplo, uno de ellos presentó otra historia acerca del porqué García renunció al Partido, pero, después de ser confutada la misma, su autor quedó como Martínez después de la crítica que le hiciera Mariátegui en la presentación al libro El movimiento obrero en 1919.

El lector serio, acucioso, responsable ante la clase y ante sí mismo, puede consultar el artículo El proyectado viaje a Buenos Aires de Mariátegui, publicado hace un tiempo en el blog CREACIÓN HEROICA, y, de este modo, comprobar cómo Mariátegui –baldado, vigilado, acosado, reprimido, amenazado y en minoría en el CC– luchó, no obstante todo ello, precisamente allí donde tenía que luchar, el Partido, tanto contra el derechismo como contra el dogmatismo, legándonos así un ejemplo imperecedero de coraje y consecuencia, y, consiguientemente, puede comprobar asimismo, por comparación, que en 1975 (cuando pidió licencia) y 1976 (cuando no cumplió con reincorporarse al Partido) Ramón García se mostró absolutamente distinto y tremendamente distante del luminoso ejemplo de Mariátegui.

No, querida Rebeca, te has equivocado profundamente: tienes que reconocer que el caso de García no es análogo al de Ondina y al mío propio. Puedes, claro está, seguir inventado todas las historias que quieras para intentar silenciar la famosa defección, PERO NO TIENES NINGÚN DERECHO A UTILIZAR LA PERSONA DE NADIE PARA MONTAR LA PATRAÑA.

II

Ramón García y yo hemos sido objeto de un curioso diagnóstico médico del ingeniero Miguel Aragón: a la distancia, como un prodigioso gerontólogo, nos ha diagnosticado “crisis de senilidad”. Ni más ni menos.

A mí, sin duda, para descalificar mis críticas a sus posiciones oportunistas y, en general, a las posiciones oportunistas de su tendencia. Pero atribuir a “crisis de senilidad” estas críticas -que tienen su inicio en la segunda mitad de los años 1970 y que se han desarrollado hasta hoy de la manera más fundamentada– revela únicamente la falta de argumentos de Aragón. A mis 64 años de edad, en el marco de la doctrina, no me “aqueja” más “mal mental” que la convicción de defender el marxismo contra la ideología burguesa y el revisionismo y a Mariátegui contra sus detractores abiertos y encubiertos (entre los cuales ocupan un lugar Aragón y García). Dicho esto, no hace falta que agregue nada más.

A García, huelga decir que para explicarse algunas opiniones suyas contrarias a Lenin, Mao y Mariátegui, “muchas actitudes de su actual comportamiento” y “la evidente “deshonestidad intelectual” en la que está cayendo en los últimos años”.

Pues bien, hay que aclarar, sin embargo, que esa deshonestidad y, en general, las cuestiones que Aragón critica en García, no son cosas de “los últimos años”. El oportunismo, los métodos criollos y el egotismo burgués del segundo (para llamar a las cosas por sus nombres), son realidades que vienen desde los años 70 del siglo pasado. En efecto, en la primera mitad de esta década, luchando contra el liquidacionismo de derecha de Paredes, García cayó en el otro extremo, en el liquidacionismo de izquierda, para, en la segunda mitad de la misma, empezar a transitar el pantanoso camino del revisionismo, cosa que hace hasta hoy. Por lo demás, su vergonzosa fuga del Partido entraña dos cosas: 1) su egotismo de poner su persona por encima del Partido; 2) su deshonestidad al engañarlo con aquello de la licencia por un año.

Estas verdades (que Aragón no es capaz de percibir), demuestran, pues, que el extravío de García no es nada nuevo, aunque, como es evidente, con el paso del tiempo se ha acentuado considerablemente. Pongamos dos ejemplos de su revisionismo.

En el número 2 de la revista Punto de Vista, 1982, García escribió: “… Jruschov levantó dos argumentos incontestables: la necesidad de cambios y los errores de Stalin. Así pudo paralizar toda resistencia. El revisionismo subió al Poder. Pero ¿significa esto un cambio de color en el país entero?” (p.7).

Aquello de “El revisionismo subió al Poder” muestra que García rechazaba el revisionismo jruschoviano, pero aquello de “¿significa esto un cambio de color en el país entero?”, revela su idea de que el revisionismo en el poder no restaura el capitalismo, sino que sigue construyendo el socialismo, negando así el principio marxista según el cual la superestructura tiene una autonomía relativa que le permite reaccionar en uno u otro sentido sobre la base económica.

El revisionismo es producto de la influencia de la ideología burguesa en el proletariado. Es una forma específica de ideología burguesa. Por eso el ascenso del revisionismo al poder significó el ascenso de la burguesía al poder. Y ¿qué función podía cumplir la burguesía en el poder sino la de restaurar el capitalismo? Esta realidad es lo que García intentaba –intenta todavía– ocultar con su tendenciosa interrogante y algunos argumentos espurios. Así, pues, rechaza “los dos todos” y “las tres pacíficas”, pero encubre la restauración del capitalismo, es decir, la función restauradora del revisionismo en el poder, ¡de la burguesía en el poder! Esto es revisionismo.

Por otro lado, en el artículo El partido de Mariátegui, 1988, García escribió: “Pero también hay evidentes divergencias. Por ejemplo, la discusión hasta bizantina acerca de si la doctrina se denomina Marxismo-leninismo o Marxismo-leninismo-maoísmo. Así, la posición respecto al marxismo se entiende como la lucha por un guión más o un ismo menos. Y más marxista se considera quien se considere más marxista-leninista o más marxista-leninista-maoísta. Esta discusión podría obviarse si se considera que Marx y Engels fundaron la concepción marxista de la historia, Lenin y Stalin iniciaron la transformación socialista del mundo, y Mao y JCM universalizaron el marxismo en tanto doctrina y método. Así, los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros universales habidos y por haber”.

Cualquier lector se dará cuenta de que lo que está tratando García en la cita es la cuestión de la denominación de la doctrina. En este marco, como se ve, no habla en absoluto del desarrollo alcanzado por el marxismo con los continuadores, que es precisamente de lo que hubiera tenido que hablar para plantear científicamente la cuestión. Engels señala que la concepción de Marx “No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación”. Pero García –insisto– no hace ni la más mínima alusión a las conquistas teóricas alcanzadas por los continuadores a partir de los puntos de partida y el método que les ofrecía la concepción marxista del mundo.

Más aún: con la afirmación de que “Esta discusión [sobre la denominación de la doctrina] podría obviarse si se considera que Marx y Engels fundaron la concepción materialista de la historia, Lenin y Stalin iniciaron la transformación socialista del mundo, y Mao y JCM universalizaron el marxismo en tanto doctrina y método”, escamotea completamente el desarrollo universal del marxismo, pues lo que dice de Lenin y Stalin representa una conquista práctica y lo que dice de Mao y Mariátegui representa una conquista propagandística.

Por tanto, cuando dice “Esta discusión podría obviarse”, está diciendo “esta discusión podría obviarse porque no hay ningún desarrollo universal del marxismo”. Es claro, entonces, que, precisamente tratando la cuestión de la denominación de la doctrina, García reduce el marxismo a la concepción de Marx y Engels, y que esto le sirve para plantear alegremente que “los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros habidos y por haber”.

Aquí, sin embargo, como resulta obvio, lo de “maestros habidos y por haber” suena engañoso, pues ¿qué maestros son esos que, con excepción de Marx y Engels, que “fundaron la concepción marxista de la historia”, los demás se limitaron a aplicarla y a propagandizarla?

En Los fundamentos del leninismo, Stalin señaló que “Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo…” (cursivas nuestras).

Por consiguiente, está fuera de discusión que la concepción del mundo de los continuadores tiene por base la concepción del mundo de los fundadores, pero, al mismo tiempo, también está fuera de discusión que los primeros concretaron aportes teóricos a partir de la concepción de los segundos.

Así pues, el marxismo ha tenido un desarrollo de valor universal, y ES ESTE DESARROLLO, PRECISAMENTE ESTE DESARROLLO, Y NINGUNA OTRA COSA, LO QUE DETERMINA SU DENOMINACIÓN CONTEMPORÁNEA. Pero, como se ha visto, García escamotea completamente este desarrollo, y, así, pretende hacer creer que la denominación de la doctrina es un asunto puramente formal (“un guión más o un ismo menos”). Y tan torcido es su procedimiento, que imputa a los demás este formalismo (“la posición respecto al marxismo se entiende como la lucha por un…”), cuando la verdad pura y simple es que es él precisamente quien entiende así el problema, haciendo manifiesto, de este modo, su bizantinismo que, con igual procedimiento, imputa también a los demás.

En conclusión, García escamotea el reconocimiento de los aportes de los continuadores, reconocimiento obligatorio para cualquier partido proletario, no sólo por la razón teórica arriba señalada, sino también por la razón política de diferenciar marxismo de oportunismo, marxismo de revisionismo, tal como enseñó Mariátegui que tiene que hacerse.

Por supuesto, García sabe por qué y para qué escamotea el desarrollo del marxismo, por qué y para qué escamotea la relación de este desarrollo con la cuestión de la denominación de la doctrina: tal cosa le permite hablar de un marxismo a secas, y este marxismo a secas le permite promover un partido doctrinariamente heterogéneo, o sea, un partido “marxista” no leninista, un partido no de clase, un partido-amalgama, un partido-mezcolanza, un partido de “todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo, sin exceptuar” toda suerte de detractores de los continuadores: desde trotskistas por la “izquierda”, hasta revisionistas por la derecha. Toda esta sofistería de García es revisionismo.

Hay, desde luego, muchísimos otros ejemplos que pueden anotarse, pero aquí bastan los dos analizados. En todo caso, el lector puede consultar los artículos donde hemos examinado la cuestión.

Pues bien, cuando García escribía lo que hemos citado, no llegaba a los sesenta años, y, por tanto, sus afirmaciones mal pueden atribuirse a una “crisis de senilidad”. Y si se comprende, como seguramente se comprende, que sus recientes desaguisados, criticados por Aragón (y en general todas sus actuales posiciones oportunistas) no son otra cosa que la continuación de lo que le viene desde atrás, entonces se comprenderá también que lo que padece García es más bien una CRISIS IDEOLÓGICA.

Y ¿cuál es la actitud de Aragón ante las posiciones de García? No hace tres años confesó que estaba de acuerdo con el “90%” de ellas. Por eso su crítica se limita a los métodos criollos y al egotismo burgués (“ego individualista” le llama), y no toca en absoluto las cuestiones fundamentales dirimentes. Por eso dice que lo que le pasa a García apenas es una cuestión de “olvido y confusión”. Por eso su crítica es lateral, subsidiaria, circunscrita, limitada y, por tanto, limitante. POR ESO ES UNA “REBELIÓN DE RODILLAS”.

Y no es que Aragón no tenga razón en su crítica, la tiene, como la tienen también otros activistas de su tendencia que han criticado diversos aspectos de la conducta de García, pero, mientras ninguno de ellos tenga la capacidad de calar en el carácter revisionista de sus posiciones relativas a la VERDAD UNIVERSAL (negación del marxismo-leninismo), a MARIÁTEGUI (mistificación de su identidad ideológica y tergiversación de su obra), a la ESTRATEGIA POLÍTICA (“nuevo municipio”) y al PARTIDO (negación del partido de clase y del modelo de partido que representa el PSP), y continúen, por tanto, repitiendo su discurso ideológico-político (hay repetidores y repetidores en la tendencia revisionista), su crítica no tendrá mayor trascendencia, y, por tanto, no contribuirá a defender el marxismo del revisionismo ni a Mariátegui de sus detractores abiertos y encubiertos. Todo lo contrario: SEGUIRÁN COMPROMETIDOS CON EL REVISIONISMO Y CON LA TERGIVERSACIÓN DE LA OBRA MARIATEGUIANA.

En consecuencia, de no ser capaces de romper con semejante situación, más tarde o más temprano tendrán que asumir su responsabilidad ante la clase, la revolución, el socialismo, la historia.

Por lo expuesto, es evidente que la crítica de Aragón tiene la nota de su limitación ideológica y política que, como es lógico, le impide llegar a la verdadera raíz de lo que critica. Por eso su discusión con García apenas es una discusión entre dos matices del revisionismo.

Pero, tal vez pueda decirse que por algo se comienza. En todo caso, la “rebelión de rodillas” de Aragón es, en último análisis, mejor que LA SERVIDUMBRE DE OTROS.

III

El proyecto de García es el de un partido de “dos niveles”: uno secreto y restringido, y otro público y masivo. El nivel secreto, es decir la instancia orgánica secreta, es, naturalmente, la verdadera Dirección en dicho proyecto, y, ocurre que esta Dirección existe desde hace tres años (Aragón reveló esto con pelos y señales), por lo que fácilmente se comprende que es ella precisamente la que, por interpósitas personas, ha promovido el llamado Seminario del Socialismo Peruano, al propósito de concretar la segunda instancia orgánica del proyecto –instancia pública, como se ha dicho, pero, al mismo tiempo, subalterna, como lo puede entender cualquiera. Por eso Pérez declaró hace poco que lo que esperaba del Seminario era la unidad partidaria de los organismos concurrentes, y no la formación de un frente. Por eso también, Ramón García se apresuró a escribir un artículo en el que sostiene la importancia del partido, pero limitándose a plantear la cuestión en su generalidad, y no concretamente, o sea, absteniéndose de decir que lo que busca es fundar la instancia pública que deberá ser dirigida (léase manipulada) por la instancia secreta. Hay que entender, sin embargo, que García no podía hablar así de claro, PUES ELLO HABRÍA SIGNIFICADO RECONOCER LA EXISTENCIA DE LA INSTANCIA SECRETA DE SU PROYECTO.

El “Seminario del Socialismo Peruano” tiene, pues, el mismo objetivo que tuvo el famoso “Comité 80”, y que, como lo sabe todo el que quiere saberlo, fue escenario del más burdo hegemonismo del grupo revisionista, y que, por esto, entre otras cosas, terminó sin alcanzar su objetivo en el plano organizativo. Pero, al parecer, algunos organismos, conformados por activistas honestos, pero también ingenuos, no han aprendido la lección, y, nuevamente, se han avenido al plan partidario de dicho grupo (me llama la atención de manera especial que compañeros experimentados como Jaime Lastra y Mauricio Domínguez hayan caído otra vez en la falta de criterio de participar activamente en semejante plan).

Pero, por lo visto, dicha ingenuidad no es mucha (o es poquísima o, incluso, no existe), pues, de entrada nomás, los organismos invitados definieron, CON TODA RAZÓN, que lo que quieren no es partido sino frente, razón por la cual el Seminario ha significado ya UN NUEVO FRACASO DEL PLAN PARTIDARIO DEL GRUPO DE GARCÍA.

Como es de conocimiento general, García ha renunciado abiertamente a la tarea de reconstituir el Partido de Mariátegui, y quienquiera puede comprender que esto quiere decir que su proyecto de partido es cualquier cosa menos un partido como el que propuso el maestro. El proyecto de un “partido de masas” con una instancia secreta y otra abierta, es, pues, uno a lo Portocarrero-Pesce y no al estilo de Mariátegui, y, por tanto, contrario por principio al partido de clase magistralmente fundamentado por Lenin en el ¿Qué hacer? En esta línea, García levanta la frase “partido de masas y de ideas”, pero niega el concepto que encierra en Mariátegui, y, así, es obvio que lo que pretende es engañar a los activistas del movimiento.

Mariátegui definió y defendió el carácter de clase de su partido de masas, el PSP, desde su regreso al país en 1923 hasta los últimos días de su ejemplar vida (ver Antecedentes y desarrollo de la acción clasista y Principios programáticos del Partido Socialista, en Ideología y Política; Carta Colectiva, Acuerdos de la Reunión de Barranco y Moción Aprobada por la Reunión del 4 de Marzo de 1930, en el tomo dos de Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú; carta de Mariátegui a Mario Nerval del 28 de junio de 1929, en el tomo dos de Correspondencia; y el artículo Al margen del nuevo curso de la política mexicana, en Temas de nuestra América). 

En consecuencia, la tarea de los marxistas conscientes es RECONSTITUIR EL PARTIDO DE MARIÁTEGUI TENIENDO EN CUENTA LAS CONDICIONES ACTUALES. Esto significa construir un partido de clase bajo la forma de partido de masas, es decir, un partido marxista-leninista, adherido al internacionalismo proletario, con una correcta concepción de la revolución, una justa estrategia revolucionaria de masas, una militancia pensante y operante y, dadas las condiciones de legalidad, con un estatus legal.

Ciertamente, hoy por hoy la cuestión del partido es la cuestión fundamental dirimente. Es la cuestión en la que se expresan concentradamente todas las otras contradicciones. ¿Qué tipo de partido debe ser el partido del proletariado peruano? He aquí el problema. He aquí la contradicción principal en el movimiento.

Esta contradicción, concretamente hablando, se presenta como una contradicción entre quienes plantean un partido de clase bajo la forma de partido de masas y quienes plantean un partido de masas sobre el contenido de un partido no de clase; entre quienes promueven un partido al estilo de Mariátegui y quienes promueven un partido a lo Portocarrero-Pesce; entre quienes luchan por un partido marxista-leninista y quienes luchan por un partido “marxista” a secas (léase revisionista).

Entonces, por tanto, en consecuencia, ergo, está claro que esta contradicción tiene por causa y contenido LA CONTRADICCIÓN ENTRE EL SOCIALISMO PERUANO Y EL REVISIONISMO PERUANO.





 
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

Ramón García o la Manipulación IV


Eduardo Ibarra


EN UNA SERIE DE ARTÍCULOS PUBLICADOS en los últimos meses, Ramón García ha utilizado el siguiente subtítulo común a todos ellos: “De Activista a Activista”. Como es forzoso, hay que confrontar la frase con los hechos a fin de saber si encierra una verdad o una mentira.

En el verano de 1975, RG afrontó la disyuntiva de demostrar espíritu de partido o desertar de las filas partidarias. Como es de conocimiento general, optó por desertar de las filas partidarias.

Esa deserción lo puso inmediatamente ante la disyuntiva de ponerse a la cabeza de sus seguidores para organizarlos o desertar de la práctica política (1). Como es de conocimiento general, optó por desertar de la práctica política (2).

De los fundadores a los continuadores, el movimiento marxista internacional ha dado ejemplo de unidad de teoría y práctica. Al mismo tiempo que teorizaban sobre filosofía, economía política, socialismo científico y otras esferas del conocimiento, tanto los primeros como los segundos realizaban un ingente trabajo práctico, organizativo, y Engels hasta participó en una lucha armada, por lo que le llamaban “el general”. Lenin y Stalin estuvieron siempre al frente de la lucha revolucionaria en la Rusia zarista, intervinieron activamente en la revolución de octubre, estuvieron a la cabeza de la lucha del poder soviético por su supervivencia y por construir el socialismo. Mao igualmente se mantuvo al frente de la lucha revolucionaria de su pueblo durante más de cincuenta años, y es relevante señalar específicamente que, a los 73 años de edad, desató la Gran Revolución Cultural Proletaria, conduciéndola personalmente durante una década. Todos los maestros fueron, pues, verdaderos activistas del proletariado internacional, y en todos los países del mundo los militantes comunistas y los dirigentes de los partidos proletarios han sabido integrar teoría y práctica.

El fundamento filosófico de la unidad de la teoría y la práctica es la onceava tesis de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Claramente Marx privilegia aquí la práctica sobre la teoría, pues la transformación del mundo depende directamente de la actividad material-objetiva y no de la actividad teórico-espiritual. Pero lo que dijo Marx es que hay que interpretar para transformar, que hay que teorizar para practicar, que hay que tener la actitud de participar tanto en el trabajo teórico como en el trabajo práctico.

En su Defensa del marxismo (fíjese el lector en qué libro precisamente), José Carlos Mariátegui escribió: “… la revolución rusa, en Lenin, Trotsky y otros, ha producido un tipo de hombre pensante y operante…”. “Marx inició este tipo de hombre de acción y de pensamiento” (p.44). Y agregó en otro lugar del mismo libro: “Berl distingue y separa los tiempos de acción de los tiempos de espera, distinción que para el ‘revolucionario profesional’, de que habla Max Eastman, no existe. El secreto de Lenin está precisamente en su facultad de continuar su trabajo de crítica y preparación sin aflojar nunca en su empeño, después de la derrota de 1905, en una época de pesimismo y desaliento. Marx y Engels realizaron la mayor parte de su obra, grande por su valor espiritual y científico, aun independientemente de su eficacia revolucionaria, en tiempos que ellos eran los primeros en no considerar de inminencia insurreccional. Ni el análisis los llevaba a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis” (p.118. Cursivas nuestras).

Por eso, en el marxismo, el término activista encierra un concepto integral. Las dos características fundamentales del militante comunista son su posición de clase (adhesión a la verdad universal del marxismo-leninismo) y su actividad integral (unidad de teoría y práctica). Así pues, ES ACTIVISTA DEL PROLETARIADO REVOLUCIONARIO QUIEN ADHIERE AL MARXISMO-LENINISMO E INTEGRA TEORÍA Y PRÁCTICA.

En los años sesenta, Che Guevara renunció a su cargo en el CC del PCC, a su cargo de Ministro de Economía y, poniendo los intereses colectivos de su proyecto por encima de sus intereses personales, dejó a su familia para llevar la revolución a otras regiones del mundo. Esto fue un caso paradigmático de consecuencia con las propias ideas, y da la talla histórica del heroico guerrillero.

En nuestro medio, José Carlos Mariátegui es ejemplo imperecedero de unidad de teoría y práctica, de pensamiento y acción. Baldado, vigilado, acosado, reprimido, amenazado, continuó, al frente del PSP, su labor teórica y su actividad práctica hasta los últimos días de su existencia. La conclusión es que Mariátegui fue un revolucionario integral, y esto da la medida de su talla histórica.

Pero Ramón García se limita a leer y escribir desde hace casi cuarenta años (redondeando, el doble del tiempo de su militancia en el Partido). Así pues, al autocalificarse de activista, está falseando la realidad, está intentando encubrir su teoricismo, su renuncia a la práctica. DE ESE MODO INTENTA ENGAÑAR A LOS AGONISTAS DEL PROLETARIADO PERUANO.

RG no cumple, pues, con ninguna de las dos características fundamentales del militante: su posición de clase se revela en su renuncia al marxismo-leninismo y su actividad unilateral lo revela como INOPERANTE.

En las cuatro últimas décadas de su vida (el doble del tiempo de su militancia en el Partido), RG ha puesto sus intereses personales por encima de los intereses colectivos de su grupo, demostrando así una escasa moral. Esta escasa moral da la medida de su pequeñez mal disimulada por un artificioso traje de grandeza: hace siete años se proclamó “Yo el Supremo”. En el movimiento, ESTA AUTOPROCLAMACIÓN ES LA MÁS HUACHAFA EXPRESIÓN DE EGOTISMO BURGUÉS JAMÁS VISTA.

Para decirlo brevemente, nadie puede ser considerado como activista si no realiza una actividad teórico-práctica. La unilateralidad respecto a esta cuestión no es marxismo. ES REVISIONISMO.

Por lo que parece, algunos activistas no han captado todavía el revisionismo de RG en la esfera de la teoría, pero es seguro que podrán captar su revisionismo en la esfera de la práctica, pues su ruptura con toda práctica política desde hace casi cuarenta años (el doble del tiempo de su militancia en el Partido) ES VERDADERAMENTE CLAMOROSA.

En el movimiento marxista se predica con el ejemplo. José Carlos Mariátegui predicó con el ejemplo de su personalidad integral. Pero RG ha fracturado en su persona la unidad de pensamiento y acción desde hace casi cuarenta años (el doble del tiempo de su militancia en el Partido), y, por tanto, no tiene ninguna autoridad moral para exigir a nadie integrar teoría y práctica. En sus labios toda charla sobre esta integración representa un caso de  demagogia (2).

Este es el personaje que quiere imponer sus posiciones oportunistas y revisionistas al resto de organizaciones, tendencias y activistas. Este es el personaje que, a título de unidad, quiere que organizaciones y tendencias se disuelvan para formar una sola organización sin marxismo-leninismo, con un Mariátegui mixtificado, una táctica reformista. Este es el personaje que pretende un partido de masas, no de clase, con una instancia secreta que mangonee a aquellos que caigan en la trampa de incluirse en el anunciado partido socialista.

En su artículo El grupo Clarté, Mariátegui suscribe este concepto de Barbusse: “Admitir una solución de continuidad entre la teoría y la práctica, abandonar a sus propios esfuerzos a los realizadores, AUNQUE SEA CONCEDIÉNDOLES UNA AMABLE NEUTRALIDAD, ES DESERTAR DE LA CAUSA HUMANA” (3).

Pues bien, los más serviles miembros del grupo revisionista admiten la solución de continuidad entre la teoría y la práctica que comete Ramón García desde hace casi cuarenta años, y, así, tanto este personaje como sus aludidos seguidores desertan de la causa humana.

En el mismo texto, Mariátegui señala con razón: “No es posible entregarse a medias a la Revolución. La revolución es una obra política. Es una realización concreta. Lejos de las muchedumbres que la hacen, nadie puede servirla eficaz y válidamente. La labor revolucionaria no puede ser aislada, individual, dispersa. Los intelectuales de verdadera filiación revolucionaria no tienen más remedio que aceptar un puesto en una acción colectiva” (4).

Pero desde hace casi cuarenta años (el doble de tiempo de su militancia en el Partido), RG se encuentra lejos de las muchedumbres que luchan contra la explotación y la opresión, y, por esto, no ocupa ningún puesto en la acción de su grupo: es conocido el hecho de que durante todo ese tiempo se ha limitado a leer y escribir. Todo esto prueba que, incluso como intelectual, García, por decisión propia, está separado de la lucha de clases en su aspecto político, que es el que decide los destinos de la clase.

Si RG no hubiera intentado encubrir su deserción de la práctica política autocalificándose de activista, no hubiera sido objeto de la presente crítica. PERO, COMO ES LÓGICO, EN EL MOVIMIENTO NO ES POSIBLE ADMITIR LA MENTIRA, EL ENGAÑO, LA MANIPULACIÓN.

Desde luego, RG, intelectual de gabinete, puede continuar autocalificándose de activista y puede, incluso, incluir la frase en la recopilación de sus artículos bajo la forma de libro, PERO LO QUE CUENTA ES QUE YA HA SIDO DESENMASCARADO EN SU INTENCIÓN DE MANIPULAR LA CONCIENCIA DE LOS ACTIVISTAS, Y, POR ESTO, APARTE SUS MÁS SERVILES PARTIDARIOS, NO PODRÁ ENGAÑAR A NADIE MÁS.

Y, como no puede ya pasar como activista, dejémoslo en su pedestal de cristal, para emplear una imagen con la que a él mismo le gusta ironizar a sus críticos. Imagen que le cae al pelo, pues es INOPERANTE desde hace casi cuarenta años (el doble del tiempo de su militancia en el Partido).


Notas:
[1] Es inevitable señalar que, en el mismo momento en que RG desertaba del Partido y de toda práctica, Abimael Guzmán se ponía a la cabeza de sus seguidores y en cinco años remataba su reconstitución. Cualquiera, pues, puede discrepar de los presupuestos de su reconstitución (y el que escribe estas líneas discrepa de los mismos, como bien se sabe), pero no puede negar que Guzmán fue consecuente con sus ideas, mientras García fue absolutamente inconsecuente con las suyas: no sólo desertó del Partido y de la práctica política, sino que, al mismo tiempo, fue desleal con sus propios seguidores. Pero el 1º de enero del presente el servilismo ha querido encubrir con un sofisma la deserción de RG de la práctica política. En una introducción al artículo Begin the beginning, ha escrito que “A casi 30 años de los hechos (1983), nos preguntamos qué proyecto o paradigma de partido fracasó en aquél entonces”. El autor de este sofisma sugiere, pues, que lo que fracasó fue el tipo de partido que se quiso construir, y por tanto no hay responsables. Pero, si así fuese, ¿cómo se explicaría, entonces, que Guzmán y sus seguidores pudieron construir, en menos de una década, un partido semejante al proyecto de partido que RG postulaba por lo menos hasta 1985? Pudieron, porque Guzmán se puso a la cabeza de sus partidarios, quienes, por su parte, mostraron la voluntad y la capacidad necesarias. Por otro lado, repitiendo irreflexivamente a Mariátegui, el servilismo habla de “la construcción del primer gran partido de masas y de ideas de toda nuestra historia republicana”, sin percatarse de que el primer gran partido de masas y de ideas de toda nuestra historia republicana ha sido el Apra, realidad que se consumó después de la muerte de Mariátegui. Mariátegui no dijo “de toda la historia del proletariado peruano”, sino “de toda nuestra historia republicana”, es decir, habló en general y, además, en unas circunstancias en que, justamente, no existía en la república peruana un solo partido de masas y de ideas. Y ¿quién, que no se haga el ciego, puede negar que el Apra es un partido de masas y de ideas? El grupo revisionista no ha reparado en esta realidad, porque está bloqueado por su desesperado afán de servirse de afirmaciones de Mariátegui para seducir a algunos ingenuos. En otros artículos he hecho la crítica del proyecto de partido del grupo revisionista, y, por tanto, aquí basta señalar que este proyecto es el de un partido de masas, no de clase, es decir, un partido completamente distante y absolutamente distinto al partido de clase magistralmente fundamentado por Lenin, completamente distante y absolutamente distinto al partido de clase bajo la forma de partido de masas de Mariátegui. Agregaremos una sola cosa: este proyecto de partido de masas, no de clase, del grupo revisionista, TIENE YA ALREDEDOR DE VEINTISIETE AÑOS DE ANTIGUEDAD.
[2] En la segunda mitad de los años setenta, uno de los más cercanos seguidores de RG, refunfuñó así ante sus requerimientos de que desarrollase el trabajo organizativo: “si cree que es fácil, que regrese al país, pues”. Más de diez años después, en carta publicada en el semanario Cambio, RG declaró solemnemente que iba a regresar “a la pachamama”. Pero, acostumbrado a su poltrona extranjera, no lo hizo. Así hasta ahora.
[3]  La escena contemporánea, p.155. Las mayúsculas son nuestras.
[4] Ibídem, pp.153-154.







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