domingo, 1 de febrero de 2015

Política


El Socialismo Heroico y Creador:
«Defensa del Marxismo»

                                                (Décimo Segunda Parte)
               
                                                                                                             Jorge Oshiro

                                    
El rechazo y la crítica acerba de Mariátegui contra la burguesía no descansa en un principio a priori y metafísco anti-burgués. Descansa en el hecho histórico de su decadencia moral. Mariátegui no rechaza a una "burguesía en sí", su rechazo obedece al concreto proceso de erosión vital de esta clase.

    De la misma manera que él no es un partidario de un "proletariado en sí" sino por su misión y responsabilidad histórica que él tiene y sus posibilidades reales de cumplir estas tareas históricas. De la misma manera Mariátegui no es defensor de "los pobres" por su calidad de pobres:

"Los marxistas no creemos que la empresa de crear un nuevo orden social, superior al orden capitalista, incumba a una amorfa masa de parias y de oprimidos, guiadas por evangélicos predicadores del bien".

Mariátegui es consciente de la tarea gigantesca que implica la creación de un orden nuevo, que exige todas las energías creadoras disponibles. Pero estas energías creadoras serán solamente eficiente en una voluntad colectiva, como lo afirmaba el joven Gramsci.[1] Lo cual implica un grado muy alto de organización social y política de la clase en cuestión.

"La energía revolucionaria del socialismo no se alimenta de compasión ni de envidia. En la lucha de clases, donde residen todos los elementos de lo sublime y heroico de su ascensión, el proletariado debe elevarse a una "moral de productores", muy distante y distinta de la "moral de esclavos" (Subr.JO).

"En la lucha de clases", dice Mariátegui, y no "después de la lucha de clases debe elevarse a una moral de productores". Es decir el proceso de cambio sustancial no se da después de la toma del poder, del cual Mariátegui no alude en ningún momento.

    El proletariado no debe esperar instalarse en el Estado socialista para empezar a transformarse. Esto implicaría que el Estado socialista es una entidad "exterior" al propio movimiento revolucionario, construído por una masa con moral de esclavos.

    La elevación de la moral de los trabajadores en una "moral de productores" se da en la lucha de clases presente, es decir dentro del sistema de explotación capitalista.

    La "revolución cultural", dentro del cual la revolución moral es piedra de toque, no puede esperar la toma del poder. La revolución cultural es un proceso anterior y abarcante, dentro del cual la toma del poder es un momento, trascendental, pero un momento al fin.

    Y todo este proceso es un proceso colectivo, de multitudes. Por eso dirá  Mariátegui que el "socialismo a partir de Marx aparecía como la concepción de una nueva clase", por lo tanto desde el comienzo acentúa este carácter colectivo del socialismo:

"El proletariado no ingresa en la historia políticamente sino como clase social; en el momento que descubre su misión de edificar, con los elementos allegados por el esfuerzo humano, moral o amoral, justo o injusto un orden social superior".

Volvemos a encontrar una vez más esta reiteración constante en el pensamiento mariateguiano: la moral del esfuerzo y no tanto la moral del talento o del genio aislado. Es el esfuerzo mancomunado, colectivo de una clase consciente de su misión el centro motor de su pensamiento:

"Y esta capacidad no ha arribado por milagro. La adquiere situándose sólidamente en el terreno de la economía, de la producción".

Es decir en la fábrica, en la disciplina del trabajo colectivo. Así complementa Mariátegui la tesis planteada ya en «Los Siete Ensayos» en referencia a las comunidades campesinas como el primer núcleo básico de las relaciones humanas en la sociedad futura del Perú.

                 Notas finales

El marxismo mariateguiano podría denominarse, siguiendo a Labriola, una versión latinoamericana de la "filosofía de la praxis". La comunidad de los pensamientos filosóficos de estos pensadores así lo muestran.

    El papel central del concepto de trabajo, entendido como esfuerzo; la relación de esta idea con el otro concepto central, el deseo y la relación de ambos con el tercer concepto fundamental, la vida, forman el núcleo de este parentesco.

    Un parentesco que parte de una misma intuición original sobre el hombre y su situación en la realidad, articulada por primera vez por Spinoza en el siglo XVII y continuada dos siglos después por Marx en sus fundamentales tesis sobre Feuerbach.

    De la Totalidad a la Particularidad, de la Vida al Pensamiento, de la Comunidad al Individuo, del Sentimiento a la Conciencia, de la Praxis a la Teoría, el Hombre dentro de la Naturaleza y no fuera ni sobre ella, son algunos temas esenciales de este parentesco entre el filósofo italiano y el revolucionario peruano.

    Para Labriola, como decíamos en la primera parte de este trabajo, el socialismo no podía ser una "crítica externa" al movimiento de las cosas sino "sino el hallazgo de la autocrítica que está  en las cosas mismas", la autocrítica de la propia realidad.

    Pero la realidad es también realidad humana, y los hombres concretos son partes de ella. De allí que para Mariátegui el cambio de la realidad no podía ser de ninguna manera concebida sin el cambio revolucionario del propio hombre. Pero de todo el hombre y no solamente de su conciencia; de todos los hombres (la multitud) y no solamente de una élite.

    Buscar el cambio revolucionario del hombre implicaba a su vez re-descubrirlo:

re-descubrir sus sentimientos, reprimidos profundamente por un sistema racionalista, tecnológico y cientifista;

re-descubrir la Naturaleza reducida a una totalidad inerte, pasiva y explotada;

re-descubrir el propio cuerpo convertido en aparato, objeto, cosa;

re-descubrir la contemplación desplazado por un "activismo productor" burgués cada vez más ciego y vacío;

re-descubrir los auténticos deseos humanos, desnaturalizados por un frenético comsumismo de mercancías;

re-descubrir la dimensión del "Ser" postergado y reprimido por el ciego y sediento "Haber",

re-descubrir el original sentimiento de comunidad humana eruida sistemáticamente por un miope individualismo, obsesionado por el Poder y el Prestigio;

re-descubrir el lenguaje vivo y viviente contra la dictadura de la Letra muerta de la cultura libresca.

    Este esfuerzo de redescubrimiento de lo original implicaba una visión hacia atrás para ver mejor hacia adelante. Había que reconquistar para el hombre moderno lo que el capitalismo había reprimido y en parte destruido: el pensamiento mítico.

    «Defensa del marxismo» sigue, como en todo el conjunto de la obra, esta línea. El marxismo, en esta perspectiva, no podía reducirse a ser una ciencia, él tenía que confrontarse y dar una respuesta coherente a todo lo humano, a todos los deseos primarios y a todas las prácticas de los hombres, que sobrepasan el estrecho horizonte del mundo científico.

    El socialismo no podía -ni puede- reducirse a proclamar su carácter científico y desconocer los otros niveles de lo humano. El socialismo tenía por lo tanto que redescubrir al propio Marx, en cuanto defender la tesis que este movimiento era fundamentalmente un gran esfuerzo por fundar una nueva praxis de los hombres y por lo tanto un "nuevo tipo de hombre", de allí que Mariátegui designe a Marx no como un científico del socialismo, sino como un profeta.

    La creación del socialismo por lo tanto no podía ser solamente una actividad científica, sino y sobre todo un esfuerzo que iba mucho más lejos y que envolvía lo anterior, tenía que ser heroico y creador.



Comentario a "Los Doctores del Marxismo" por César Vallejo


Eduardo Ibarra 
                                                                                             
La literatura proletaria en el Perú tiene en César Vallejo a su más alto representante. Poeta genial, además de sus cinco célebres libros de poesía: Los Heraldos NegrosTrilcePoemas en ProsaPoemas Humanos y España, Aparta de mí este Cáliz, escribió relatos y cuentos como Escalas y Paco Yunque; novelas como Fabla Salvaje y El Tungsteno; ensayos como Rusia en 1931. Reflexiones al Pie del KremlinEl Arte y la Revolución y Contra el Secreto Profesional; dramas como Lock-outEntre las Dos Orillas Corre el RíoPiedra Cansada, entre otras obras.

    El artículo Los Doctores del Marxismo es parte del ensayo El Arte y la Revolución, escrito entre los años 1929 y 1930. En su propio lenguaje, Vallejo defiende en este artículo el método marxista de análisis concreto de la situación concreta, el alma viva del marxismo. Así, exige que el marxismo sirva a la vida. Y, consecuentemente, reclama defenderlo y propagarlo “en su esencia”, siguiendo “de cerca los cambios de la vida y las transformaciones de la realidad”. Esta es, según señala, la forma “de rectificar siempre la doctrina”. Hay que advertir que, defensor intransigente del método marxista, Vallejo utiliza en su artículo el término doctrina como equivalente a conjunto de elementos teóricos, es decir, como sinónimo de teoría. De suerte que su frase puede leerse como rectificar siempre los elementos teóricos que no calzan con la realidad concreta y aportar con nuevos elementos teóricosSi no fuese así, ¿cómo podría entenderse, entonces, que el propio Vallejo califique al marxismo como “el verdadero y único espíritu revolucionario de estos tiempos”? (El Arte y la Revolución, Mosca Azul Editores, Lima, 1973, p.76).
   
    Congruente con su defensa del método marxista, Vallejo critica la actitud de quienes “persiguen la realización del marxismo al pie de la letra, obligando a la realidad histórica y social a comprobar literal y fielmente la teoría del materialismo histórico -aun desnaturalizando los hechos y violentando el sentido de los acontecimientos”. Con esta aserción desenmascara la actitud de quienes se apegan, por comodidad o insolvencia, a “la forma y la letra” del marxismo, y que, por esto mismo, no hacen sino ponerse “un zapato de hierro. A estas personas, señala Vallejo, “ningún esfuerzo les está exigido ante la vida y sus vastos y cambiantes problemas”, pues “les es suficiente que, antes de ellos, haya existido el maestro que ahora les ahorra la obligación y la responsabilidad de pensar por sí mismos y de ponerse en contacto directo con las cosas”. Por eso califica a los dogmáticos de “marxistas formales o esclavos de la letra”.

    Pero, al mismo tiempo, Vallejo sostiene que “defender y propagar” el marxismo “en su esencia” es tarea que cumplen “únicamente los hombres libres”. ¿Quiénes son los hombres libres? Es indudable que, Vallejo, marxista convencido, considera que tales hombres son aquellos que asumen el marxismo como guía para la interpretación y transformación de la realidad.

    Es, pues, en esta defensa del método marxista y en esta crítica del dogmatismo donde reside el mérito del artículo de nuestro Cholo Vallejo.

    Por otro lado, hay que señalar, sin embargo, que no siempre nuestro poeta es exacto en la terminología que utiliza. Incluso, su inexactitud oscurece a veces la univocidad del concepto. Esta es la limitación que presenta Los Doctores del Marxismo. Pero, no obstante ello, es destacable el empeño de Vallejo en luchar contra el dogmatismo, mal del estilo de estudio en el movimiento revolucionario.  
   
    Creemos oportuno señalar que entre el artículo de Vallejo y el artículo de Mao Contra el Culto a los Libros, escrito en mayo de 1930, existe una notoria semejanza en cuanto a la crítica al dogmatismo. Así por ejemplo, si Vallejo señala que los dogmáticos interpretan el marxismo “literalmente”, Mao observa que “hay gente que, en una discusión, siempre dice ´muéstreme dónde está escrito en el libro’”. Esta actitud es, sin duda, la de los “marxistas formales” (Vallejo); es, precisamente, una actitud “formalista” (Mao).
   
    En conclusión, puede decirse que Vallejo esclareció que necesitamos del marxismo, pero no de la esclavitud a su letra; que necesitamos de los libros marxistas, pero no de su culto.

    Y, sin embargo, hay quienes están esclavizados a la letra del marxismo, y por esto son incapaces de aplicar el método marxista al conocimiento y definición de los problemas del Perú; hay quienes llevan un zapato de hierro, y por esto su práctica es extraña al sentido histórico del movimiento de las masas.

    ¿Calza el lector un zapato de hierro? ¿Es un esclavo de la letra? Si eres un esclavo de la letra ¿no sería mejor que te emancipes?

    La posición antidogmática de Vallejo explica en parte la extraordinaria calidad que alcanzara su creación poética, considerada con justicia como una de las expresiones más altas de la literatura proletaria mundial. Con tanta mayor razón entonces para que cada mílite del Socialismo Peruano valore y asimile la actitud antidogmática de nuestro gran Vallejo.


     [1] Ver Apéndice 7.1

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