jueves, 14 de noviembre de 2013

Política



¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


Contribución a la Teoría de las Generaciones del Socialismo Peruano


Eduardo Ibarra



El Concepto de Generación en Marx y Engels

Marx y Engels escribieron: “… debemos comenzar señalando que la primera premisa de toda existencia humana y también, por tanto, de toda historia, es que los hombres se hallen, para ‘hacer historia, en condiciones de poder vivir. Ahora bien, para vivir hace falta comer, beber, alojarse bajo un techo, vestirse y algunas cosas más. El primer hecho histórico es, por consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades, es decir, la producción de la vida material misma, y no cabe duda de que es éste un hecho histórico, una condición fundamental de toda historia…” (1).

También escribieron: “La historia no es sino la sucesión de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas productivas transmitidas por cuantas la han precedido; es decir, que, por una parte, prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que, por otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, lo que podría tergiversarse especulativamente, diciendo que la historia posterior es la finalidad de la que la precede…” (2).

Estos juicios nos sugieren algunas ideas que pasamos a exponer.

Como se ha visto, Marx y Engels se refieren a la sucesión de las generaciones en relación a la condición fundamental de toda historia: la producción de la vida material.

Aquí, pues, la sucesión generacional tiene como determinante un hecho que trasciende la sociedad de clases, es decir, que comprende también la era de la comunidad primitiva y la era del comunismo. En este marco el concepto de generación se presenta en su máxima generalidad. Esta generalidad marca el concepto de generación histórica.

Pero, ya en este marco, la sucesión generacional encierra dos aspectos: 1) el biológico (surgimiento de una nueva generación); y, 2) el cultural (modificación de las circunstancias anteriores mediante una actividad diversa) (3).

Como se ha visto también, los fundadores subrayan que, por una parte, cada generación prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras, por otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa.

¿Es cierto esto? Sí y no. No, si se parte del criterio de que más o menos cada veinticinco años los individuos prosiguen en condiciones completamente distintas la actividad precedente y modifican las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, como si se tratase de una ley natural.

Sí, si se tiene en cuenta que, cada cierto tiempo, en principio indeterminado, un conjunto de individuos responde positivamente ante el surgimiento de la necesidad objetiva de modificar  las circunstancias.

Así pues, para los fundadores el concepto de generación alude a los individuos que asumen la tarea de modificar las circunstancias dadas, sin que sean determinantes sus edades.

En consecuencia, es claro que, según su parecer, la sucesión generacional no está marcada por un lapso de tiempo biológicamente determinado.

En conclusión: no son los individuos los que determinan la necesidad de modificar cada veinticinco años las condiciones dadas mediante una actividad diversa, sino el surgimiento de la necesidad objetiva de modificar tales condiciones lo que determina que cada cierto tiempo, en principio indeterminado, los individuos realicen una tal actividad.

Así, la sucesión generacional se presenta no como un hecho biológico, sino como un hecho cultural.

 La consideración de que la sucesión generacional se produce cada veinticinco años, da lugar al concepto que podemos llamar de generación cronológica, mientras la consideración de que cada cierto tiempo, en principio indeterminado, un conjunto de individuos acomete la necesidad de modificar las circunstancias, da lugar al concepto que podemos llamar de generación cultural (4).
     
El concepto de generación cronológica expresa la idea de que los individuos que han cumplido veinticinco años de edad constituyen una generación en condiciones de suceder a la generación precedente (5), independientemente de si a la sazón haya surgido o no la necesidad de una modificación de las circunstancias.
     
En cambio, el concepto de generación cultural expresa la idea de que, ante el surgimiento de la necesidad de modificar las circunstancias, los individuos que responden positivamente a ella forman una generación, independientemente de sus fechas de nacimiento.

       En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels señalaron: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases” (ya se sabe que esta afirmación alude a las sociedades posteriores a la comunidad primitiva).

Aquí, pues, como es obvio, la sucesión generacional tiene como determinante la lucha de clases. En este marco, como es obvio también, el concepto de generación tiene una generalidad menor.

Por lo tanto, así como en el plano de la historia en general el hecho determinante del surgimiento de una generación cultural es una actividad diversa que modifica las condiciones de producción, así también en el plano de las sociedades clasistas el hecho determinante de la aparición de una generación cultural es el surgimiento de una tarea nueva de alguna clase social. Este es el concepto de generación política.

Vistas así las cosas, resulta claro que la generación política es una generación cultural, o, si se quiere, una forma de generación cultural.

Puesto que el concepto cronológico de generación expresa el mero hecho de la sucesión generacional cada veinticinco años, no da cuenta de lo esencial de un proceso en cualquier campo de la actividad humana: filosofía, ciencia, tecnología, política, literatura, arte, etc. Por eso su utilidad es limitada.

En cambio el concepto de generación cultural expresa el hecho esencial del acometimiento por un conjunto de individuos de una nueva tarea en el proceso de cualquier campo de la actividad humana. Por eso tiene una gran utilidad.

Si el motor de la historia de las sociedades clasistas es precisamente la lucha de clases y no la sucesión generacional, el motor de la historia del partido proletario es la lucha entre dos líneas y no la sucesión generacional. Este es el hecho esencial tanto en el proceso interno del Socialismo Peruano como en el del Socialismo Mundial (6).

Establecidos los conceptos de generación histórica, generación cultural, generación política y generación cronológica, no es menester introducirnos aquí en los vericuetos conceptuales sobre el tema de autores como por ejemplo Feuer, Mendel, Tapscott, Chisholm, Bauman, Maffesoli, etcétera.

Nuestro propósito es modesto: precisar el significado específico con que Mariátegui utilizó el término generación al definir la primera generación del Socialismo Peruano.
 
El Concepto de Generación en Mariátegui.

En la década de 1920 el maestro utilizó el término generación para referirse a algunos conjuntos de personas representativas, y, en 1928, elaboró un concepto específico de este término a fin de definir la primera generación del Socialismo Peruano.

Veamos el proceso que llevó a esta elaboración.

En el marco de la poesía, el maestro anotó en 1924: “Los juegos florales me han comunicado con la nueva generación de poetas peruanos” (7). Más adelante sostuvo: “Algunos artistas de la nueva generación comprenden ya que la torre de marfil era la triste celda de un alma exangüe y anémica. Abandonan el ritornello gris de la melancolía, y se aproximan al dolor social que les descubrirá un mundo menos finito” (8).

En estas afirmaciones se observa una progresión conceptual: primero Mariátegui utiliza el término generación en forma inclusiva (“la nueva generación de poetas peruanos”), y, después, señala su fisura interior (“algunos artistas de la nueva generación). Es claro que en esta última afirmación destaca lo ideológico. 

En un marco político general, señaló el maestro: “Gonzáles Prada [léase la generación radical] no interpretó este pueblo, no esclareció sus problemas, no legó un programa a la generación que debía venir después. Mas representa, de toda suerte, un instante –el primer instante lúcido–, de la conciencia del Perú. (…) En la prosa de Páginas Libres, entre sentencias alambicadas y retóricas, se encuentra el germen del nuevo espíritu nacional” (9).

En esta aserción se constata un concepto cultural del término generación: el radicalismo fue la generación que protestó contra el abatimiento moral derivado de la Guerra del Pacífico, el colonialismo cultural supérstite y las condiciones de las clases trabajadoras, particularmente del campesinado indígena.

En el mismo marco, subrayó: “La generación ‘futurista’ –como paradójicamente se le apoda–, señala un momento de restauración colonialista y civilista en el pensamiento y la literatura del Perú” (10).

Aquí se constata lo mismo: la generación “futurista” es definida por la cuestión política alrededor de la cual se agruparon sus integrantes.

Luego, en el marco de la literatura, señaló a propósito del movimiento “colónida”: “… no era siquiera un haz de temperamentos afines; no era al menos propiamente una generación” (11). “’Colónida representó una insurrección –decir una revolución sería exagerar su importancia– contra el academicismo y sus oligarquías, su énfasis retórico, su gusto conservador, su galantería dieciochesca y su melancolía mediocre y ojerosa. Los colónidas virtualmente reclamaron sinceridad y naturalismo. Su movimiento, demasiado heteróclito y anárquico, no pudo condensarse en una tendencia ni concretarse en una fórmula. Agotó su energía en su grito iconoclasta y su orgasmo snobista” (12). “Su nexo era una protesta; no una afirmación. (…). Tendieron a un gusto decadente, elitista, aristocrático, algo mórbido” (13). “La bizarría, la agresividad, la injusticia, y hasta la extravagancia de los ‘colónidos’ fueron útiles. Cumplieron una función renovadora. Sacudieron la literatura nacional” (14). “El ‘colonidismo’ negó e ignoró la política. Su elitismo, su individualismo, lo alejaban de las muchedumbres, lo aislaban de sus emociones. Los ‘colónidos’ no tenían orientación ni sensibilidad políticas. La política les parecía una función burguesa, burocrática, prosaica. La revista Colónida era escrita para el Palais Concert y el jirón de la Unión” (15). “El fenómeno ‘colónida’ fue breve. Después de algunas escaramuzas polémicas, el ‘colonidismo’ tramontó definitivamente” (16). “[Valdelomar, quien marcó la tónica del movimiento ‘colónida’] extrajo sus temas y sus emociones más delicadas de la humilde y rústica tierra natal” (17).

Como se ve, aquí Mariátegui conceptúa el “colonidismo” en función de  una cuestión cultural: el gusto decadente de su literatura, su apoliticismo, su individualismo, función renovadora en la literatura nacional, índole nativa de los temas valdelomarianos.

Reseñando la sucesión generacional en el marco general de la sociedad peruana, Mariátegui ratificó su concepto cultural del término: “Ya hemos visto cómo a una generación o, mejor dicho, a un movimiento radical que reconoció su líder en Gonzáles Prada, siguió un movimiento neo-civilista o colonialista que proclamó su patriarca a Palma. Y cómo vino después un movimiento ‘colónida’ precursor de una nueva generación. Pero eso no quiere decir que toda la literatura de este largo período corresponda necesariamente al fenómeno ‘futurista’ o al fenómeno ‘colónida’” (18).

Esta aserción equivale a decir que, en el desenvolvimiento ideológico de la república –de la república, no del proletariado–, en las primeras décadas del siglo veinte se plantearon en el orden del día cuestiones que expresaban el nivel alcanzado por la lucha de clases: la protesta gonzáles-pradista, la restauración civilista, y, en el plano de la literatura, la insurrección “colonidista” “contra el academicismo y sus oligarquías”.

Por otro lado, en la medida que toda la literatura del período no correspondía ni al “futurismo” ni al “colonidismo”, Mariátegui señaló que “Al margen de los movimientos, de las tendencias, de los cenáculos y hasta de las propias generaciones, no han faltado en el proceso de nuestra literatura casos más o menos independientes y solitarios de vocación literaria” (19).

Era el caso de, por ejemplo, Pedro Zulen, acerca del cual anotó: “Reivindiquemos para Pedro S. Zulen, ante todo, el honor y el mérito de haber salvado su pensamiento y su vida de la influencia de la generación con la cual le tocó convivir en su juventud” (20). Aquí el maestro se refiere, obviamente, a la generación “futurista”. Y agregó: “Tampoco lograron seducirlo el decadentismo y el estetismo de la generación ‘colónida’” (21).

El caso de Pedro Zulen, como el de aquellos que el maestro llama “independientes”, ilustra muy bien su concepto cultural de generación. Pedro Zulen –para solo hablar de su caso– fue, como se sabe, contemporáneo de la “generación futurista”. Esta generación fue un episodio en el desenvolvimiento ideológico y político de la burguesía peruana. La contemporaneidad de Pedro Zulen, pues, con dicha generación (“haber nacido en fechas próximas”), no hizo que fuera parte de ella, pues, por su pensamiento, (“educación e influjos culturales y sociales” distintos) nada tuvo que ver con su influencia: fue, más bien, Pedro Zulen, un caso en el desenvolvimiento ideológico y político del pueblo peruano.

En el marco específico de la clase obrera, Mariátegui sostuvo: “Las primeras manifestaciones de propaganda ideológica revolucionaria son en el Perú las que suscita, a principios del siglo actual, el pensamiento radical de Gonzáles Prada. Poco tiempo después de que Gonzáles Prada se separa definitivamente de la política, fracasado el experimento del Partido Radical, aparecen los primeros grupos libertarios. Algunos obreros, que se interesan por estas ideas, entran en contacto con Gonzáles Prada, a quien su decepción de la lucha política empuja a una posición anárquica. Se constituyen pequeñas agrupaciones libertarias, que se limitan a iniciar la propaganda de sus ideas, sin proponerse por el momento ninguna otra acción. Gonzáles Prada colabora, con seudónimo o sin firma en eventuales hojas ácratas… ”. “La Federación de Panaderos ‘Estrella del Perú’, se presenta como el primer gremio en el cual influyen las ideas revolucionarias. Es en una actuación de los panaderos donde Gonzáles Prada pronuncia, el 1º de Mayo de 1905, su discurso sobre los Intelectuales y el Proletariado…” (22).

Tenemos, pues, que la primera generación de activistas políticamente definidos de las clases trabajadoras fue de filiación anarquista. Mérito histórico de esta generación fue la formación de los primeros sindicatos obreros y la conquista de la jornada de 8 horas. 

Mariátegui anotó: “Pero terminado el experimento ‘colónida’, los escritores que en él intervinieron, sobre todo los más jóvenes, empezaron a interesarse por las nuevas corrientes políticas. Hay que buscar las raíces de esta conversión en el prestigio de la literatura política de Unamuno, de Araquistain, de Alomar y de otros escritores de la revista España; en los efectos de la predicación de Wilson, elocuente y universitaria, propugnando una nueva libertad; y en la sugestión de la mentalidad de Víctor M. Maúrtua cuya influencia en el orientamiento socialista de varios de nuestros intelectuales casi nadie conoce. Esta nueva actitud espiritual fue marcada también por una revista, más efímera aún que Colónida: Nuestra Epoca. En Nuestra Epoca, destinada a las muchedumbres y no al Palais Concert, escribieron Félix del Valle, César Falcón, César Ugarte, Valdelomar, Percy Gibson, César A. Rodríguez, César Vallejo y yo. Este era ya, hasta estructuralmente, un conglomerado distinto del de Colónida. Figuraban en él un discípulo de Maúrtua, un futuro catedrático de la Universidad: Ugarte; y un agitador obrero: del Barzo. En este movimiento, más político que literario, Valdelomar no era ya un líder. Seguía a escritores más jóvenes y menos conocidos que él. Actuaba en segunda fila” (23).

En el mismo texto precisó: “En Lima, algunos escritores que del estetismo d’annunziano importado por Valdelomar habíamos evolucionado al criticismo socializante de la revista España, fundamos hace diez años Nuestra Epoca, para denunciar, sin reservas, y sin compromisos con ningún grupo y ningún caudillo, las responsabilidades de la vieja política. En Lima, algunos estudiantes, portavoces del nuevo espíritu, crearon hace cinco años las universidades populares e inscribieron en su bandera el nombre de Gonzáles Prada” (24).

Esta fue la generación que, en el marco de la república, sucedió al “colonidismo”, y que, no obstante sus limitaciones, significó una ruptura y un avance en la conciencia del pueblo, pues, contrariamente a los “colónidos”, sus componentes se orientaron a la política y a las masas trabajadoras y, así, sucedieron también a la generación anarquista en el marco de la clase obrera (25). Mérito histórico de esta generación fue haber contribuido a las luchas por la jornada de las ocho horas y por la reforma universitaria.

Ciertamente la “nueva generación” europea –la generación del “nuevo espíritu”– influyó en extensas capas sociales de América Latina. Mariátegui dejó constancia de esto: “… en este proceso de la nueva generación nosotros mismos nos sentimos en causa. La onda espiritual, que recorrió después de la guerra las universidades y los grupos literarios y artísticos de la América Latina, arranca de la misma crisis que agitaba a la juventud de 1919, coetánea de André Chamson y Jean Prevost en la ansiedad de una palingenesia. Dentro de las diversas condiciones de lugar y hora, la revolución de 1919 no es un fenómeno extraño a nuestro Continente” (26).  

En el Perú, la “nueva generación” estuvo representada por el discurso gonzáles-pradista de sus discípulos, los activistas de la reforma universitaria, la UPGP y el criticismo socializante (27).

Como veremos enseguida, llegado el momento Mariátegui deslindó tajantemente con esta generación.

La Primera Generación del Socialismo Peruano

Es de conocimiento general que Mariátegui regresó de Europa “con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase” (28).

En la conferencia La crisis mundial y el proletariado peruano, expresó su propósito al señalar la premisa ideológica de la constitución del partido del proletariado peruano: “Aquí, como en Europa, los proletarios tienen que dividirse… en colaboracionistas y anticolaboracionistas, en reformistas y maximalistas” (29). “Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas” (30).

De este modo dejó en claro que su proyecto no era constituir un partido del socialismo en general, sino un partido del socialismo marxista en particular.

Pero, consciente de las condiciones concretas nacionales, inicialmente Mariátegui desarrolló su labor de propaganda en el marco de la “nueva generación”.

Por eso en la Presentación de Amauta señaló: “Esta revista, en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida, de renovación.  A los fautores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas. Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento –intelectual y espiritual– adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de ‘Amauta’ entra en una fase de definición” (31). “[Amauta] es la voz de un movimiento y una generación”. “‘Amauta’ cribará a los hombres de la vanguardia –militantes y simpatizantes– hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración”. “‘Amauta’ no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. (…) En el prólogo de mi libro ‘La Escena Contemporánea’, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna”. “El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos” (32).

La fase de definición de la que habló el maestro concluyó en setiembre de 1928. Por eso en el dirimente editorial Aniversario y balance escribió: “El trabajo de definición ideológica nos parece cumplido. En todo caso, hemos oído ya las opiniones categóricas y solícitas en expresarse. (…) La primera jornada de ‘Amauta’ ha concluido. En la segunda jornada, no necesita ya llamarse revista de la ‘nueva generación’, de la ‘vanguardia’, de las ‘izquierdas’. Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista socialista” (33). “‘Nueva generación’, ‘nuevo espíritu, ‘nueva sensibilidad’, todos estos términos han envejecido. Lo mismo hay que decir de estos otros rótulos: ‘vanguardia, ‘izquierda’, ‘renovación’. Fueron nuevos y buenos en su hora. Nos hemos servido de ellos para establecer demarcaciones provisionales, por razones contingentes de topografía y orientación. Hoy resultan ya demasiado genéricos y anfibológicos. Bajo estos rótulos, empiezan a pasar gruesos contrabandos. La nueva generación no será efectivamente nueva sino en la medida en que sepa ser, en fin, adulta, creadora” (34).

Concluido, pues, el proceso de definición ideológica, Amauta se afirmó categóricamente marxista. Prueba al canto: en la tesis Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, el maestro subrayó puntualmente: “‘Amauta’, en su Nº 17, el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de ‘definición ideológica’, afirmándose, categóricamente, marxista” (35).

Por eso, nadie que lea con rectitud, puede dudar del significado que tiene la palabra socialismo en la siguiente aserción mariateguiana: “En nuestra bandera, inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico)”.

De esta manera, pues, Mariátegui afirmó la independencia ideológica y organizativa del proletariado revolucionario.

Como se ha visto, el maestro definió explícitamente la primera generación del Socialismo Peruano como una generación “adulta, creadora”.

¿Qué quiso decir con estas palabras? Lo que quiso decir se infiere del hecho de que, precisamente en el contexto de su deslinde con la generación del “nuevo espíritu”, escribió que “Lenin, Trotsky, Stalin, procedían de una generación madura”, y que “la obra concreta” de los comunistas rusos fue “la creación positiva de la U.R.S.S.” (36).

Adulta-madura, creadora-creación: el lector perspicaz puede darse perfecta cuenta de qué quiso decir y qué dijo efectivamente Mariátegui con las primeras palabras de cada una de tales parejas verbales (37).

La definición de la primera generación del Socialismo Peruano expresaba, pues, en dos palabras, lo que expresaban la definición de Amauta como categóricamente marxista (setiembre de 1928) y el establecimiento del marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP (octubre del mismo año).

En conclusión: la primera generación del Socialismo Peruano fue la generación “adulta, creadora”, categóricamente marxista-leninista, cuya obra central fue la creación del Partido Socialista del Perú, como materialización de la unidad de la verdad universal y nuestra realidad concreta alcanzada con el pensamiento de Mariátegui.

Este es, pues, el concepto mariateguiano que define la primera generación del Socialismo Peruano (38).

Por consiguiente, todos aquellos que se mantuvieron al margen de dicha obra central, no pueden ser considerados como miembros de la primera generación del Socialismo Peruano en el sentido marxista del término, que es el sentido en que Mariátegui lo utilizó cuando, en la Advertencia a los 7 Ensayos, declaró su enérgica ambición “de concurrir a la creación del socialismo peruano”, así como cuando, en el dirimente editorial Aniversario y balance, sostuvo que no quería que “el socialismo sea en América calco y copia”, sino “creación heroica” (39).

Esto es lo que enseña el análisis concreto de nuestra realidad concreta.

Las Generaciones Posteriores del Socialismo Peruano
Ciertamente la definición mariateguiana de la primera generación del Socialismo Peruano, da la pauta para discernir las generaciones posteriores. 

Muerto el maestro en abril de 1930 y puesto a un lado su legado teórico y orgánico por la desviación izquierdista encabezada por Eudocio Ravines, la tarea interna de la militancia fue retomar su Creación Heroica a fin de restablecer las premisas teóricas y orgánicas de la lucha por el poder.

Precisamente en torno a la lucha por retomar la Creación Heroica de Mariátegui, se cribó la segunda generación del Socialismo Peruano.

No obstante, a pesar de los avances, después de ochentaitrés años de lucha en el sentido indicado, no se ha consumado la tarea de retomar la Creación Heroica de Mariátegui. Esto es una apreciación compartida entre quienes, en el movimiento marxista nacional, no tienen la mala costumbre de autoengañarse (40).

      Retomado, pues, el concepto mariateguiano de la primera generación del Socialismo Peruano, cae por su propio peso que la esencia de la cuestión es lo ideológico-político y que, por lo tanto, los representantes de la aludida generación como de las posteriores, no pueden ser sino los representantes de la lucha del marxismo-leninismo contra el oportunismo y el revisionismo y por la toma del poder.

Así pues, en el Socialismo Peruano el concepto cultural de generación da cuenta de una generación de onda larga (41), que,  por supuesto, comprende las generaciones cronológicas que han luchado y luchan por retomar y desarrollar la Creación Heroica de Mariátegui.

Esto es lo que enseña el análisis concreto de nuestra realidad concreta.

La Mistificación de las Generaciones del Socialismo Peruano

Con su definición de la primera generación del Socialismo Peruano, Mariátegui subrayó la independencia de la primera generación del socialismo marxista con respecto a la primera generación del socialismo reformista. Lo subrayó expresamente y, además, basta saber leer la praxis mariateguiana, para entender que también lo subrayó, como lo hemos indicado arriba, con el establecimiento del marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP.
     
Pero ocurre que Miguel Aragón, Ramón García, etcétera, amalgaman ambas generaciones, y las amalgaman porque no parten de lo ideológico-político sino de la intención de borrar toda demarcación entre el socialismo marxista y el socialismo reformista.

De tal forma sus generaciones resultan siendo generaciones del socialismo en general, y no concretamente del socialismo marxista.

Por otro lado, es un hecho que García ha levantado el concepto de generación para silenciar el concepto de lucha entre dos líneas (42). De esta forma escamotea la esencia del proceso interno del Socialismo Peruano: la lucha del marxismo-leninismo contra el oportunismo y el revisionismo.

Así pues, en el examen del proceso del Socialismo Peruano, García prioriza el fenómeno sobre la esencia, lo descriptivo sobre lo analítico, lo cuantitativo sobre lo cualitativo, lo cronológico sobre lo ideológico-político.

El resultado de ello es que 1) niega el concepto mariateguiano de generación del Socialismo Peruano; 2) silencia el carácter de clase del PSP; 3) intenta reemplazar el Socialismo Peruano de Mariátegui por su propio “socialismo peruano”; 5) pretende sentar una base para un partido del variopinto socialismo en general.

La presencia de Magda Portal, Ciro Alegría, Luis Valcárcel, Pedro Zulen, Dora Mayer y Castro Pozo en el listado de la “Primera Generación 1920-1945”, dizque del Socialismo Peruano, preparado por Aragón y publicitado por García en un libro suyo, es prueba irrefutable de nuestro aserto (43).

Dicho listado da, pues, la pauta de lo que pueden ser los listados de las generaciones posteriores, una vez que Aragón se anime a completarlas. 

Tiene razón el marxista italiano Antonio Melis cuando, en el artículo Clase, generación y pueblo en el pensamiento de José Carlos Mariátegui, señala: “[El mito de la nueva generación] pertenece a la obra Defensa del Marxismo, escrita para refutar el célebre panfleto de Henri de Man Au-delà du marxisme… Se trata de una significativa denuncia de las coartadas generacionales, que pertenece a un  momento histórico preciso de la polémica marxista, pero que no me parece excesivo y forzado considerar de discreta actualidad en el momento en que se advierte la tendencia, a falta de otros méritos, a presentar la partida de nacimiento como testimonio de fe revolucionaria. Contra todo alarde juvenil, de exaltación indiscriminada y a menudo instrumental de los nuevos alistamientos, el autor afirma la prioridad de la opción clasista, que destruye las frágiles unidades registrales y separa, frente a las elecciones calificadoras, “la paja del grano”, según el propósito de Amauta” (44).

A la coartada de García y sus repetidores de presentar, en cierto marco, la partida de nacimiento como testimonio de pertenencia al Socialismo Peruano, le oponemos la pertinencia del criterio de clase, que separa la paja del grano, el socialismo reformista del socialismo marxista, el marxismo a secas del marxismo-leninismo, el oportunismo y el revisionismo de la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao.


Notas:
[1]  La ideología alemana, Editorial Grijalbo, México, 1987, p.28.
[2]  Ibídem, p.49.
[3]  La Real Academia de la Lengua Española ofrece una acepción del término generación que contempla los dos aspectos señalados: “conjunto de personas que por haber nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos”.
[4]  El término cultural es empleado aquí en estricta oposición a lo biológico.
[5] La sicología evolutiva supone que a la edad de veinticinco años los individuos alcanzan su madurez sicológica e intelectual.
[6]  El concepto de lucha de clases tiene un carácter científico. Por lo tanto, el concepto de lucha entre dos líneas, reflejo de la lucha de clases en el seno del partido proletario, tiene también un carácter científico. Tanto la lucha de clases como la lucha entre dos líneas son expresiones específicas de la dialéctica: una en el plano de la sociedad, otra en el del pensamiento. Por consiguiente, postular un concepto de generación que expresa la realidad esencial de la lucha entre dos líneas, es postular un concepto cualitativo.
[7]  T.11, Lima, 1980, p.15.
[8]  Ibídem, p.19.
[9]  7 Ensayos, Lima, 1994, p.255.
[10]  Ibídem, p.275.
[11] Ibídem, p.282. Esto fue escrito en junio de 1926. En febrero de 1925, Mariátegui había hablado de “la generación ‘colónida’” (t.11, p.38). Sin embargo, lo que hay que resaltar en estas líneas es que, al negar finalmente que el “colonidismo” fuera una generación, su argumento fue de orden cultural: la heterogeneidad temperamental de sus integrantes. 
[12] Ibídem, pp.281-282.
[13] Ibídem, p. 282.
[14] Ibídem.
[15] Ibídem, pp.283-284.
[16] Ibídem, p.283.
[17] OC, t.11, p.52.
[18] OC, 7 Ensayos, p.291.
[19] Ibídem. 
[20] T.11, p.38.
[21] Ibídem.
[22] T.13, p.96. Elipsis nuestras.
[23] 7 Ensayos, p.284.
[24] 7 Ensayos, pp.253-254.
[25] Las lecciones ex cátedra de Víctor Maúrtua, la revista Nuestra Época, El Comité de Propaganda y Organización Socialistas, el Partido Socialista Peruano, la revista El Socialista, el diario La Razón, la UPGP hasta antes del ciclo de conferencias de Mariátegui, fueron expresiones del variopinto socialismo reformista. La aserción de Mariátegui en el sentido de que en la revista Nuestra Época “se esboza una tendencia fuertemente influenciada por España, la revista de Araquistain”, obliga a puntualizar que esta revista estuvo ligada al Partido Socialista Español, afiliado a la Segunda Internacional.
[26] Defensa del marxismo, p.112. En este mismo libro, Mariátegui señaló sobre la “nueva generación”: “Un sentimiento mesiánico, romántico, más o menos difundido en la juventud intelectual de post-guerra, que la inclina a una idea excesiva, a veces delirante, de su misión histórica, influye en la tendencia de esta juventud a encontrar al marxismo más o menos retrasado, respecto de las adquisiciones y exigencias de la ‘nueva sensibilidad’. En política, como en literatura, hay muy poca sustancia bajo esta palabra. Pero esto no obsta para que la ‘nueva sensibilidad’ que en el orden social e ideológico prefiere llamarse ‘nuevo espíritu’, se llegue a hacer un verdadero mito, cuya justa evaluación, cuyo estricto análisis es tiempo de emprender, sin oportunistas miramientos” (ibídem, p.111). Y agregó más adelante: “El mito de la nueva generación de la revolución del 19, ha perdido mucho de su fuerza. Sin duda, la guerra señaló una ruptura, una separación. La derrota del proletariado, en no pequeña parte, se debe al espíritu adiposamente parlamentario, positivista, demoburgués de sus cuadros, compuestos en el 90 por ciento por gente formada en el clima prebélico. En la juventud socialista se reclutaron los primeros equipos de la Tercera Internacional. Los viejos líderes, los Ebert y los Kautsky en Alemania, los Turati y los Modigliani en Italia, los Bauer y los Renner en Austria., sabotearon la Revolución. Pero Lenin, Trotsky, Stalin, procedían de una generación madura, templada en una larga lucha. Y hasta ahora la ‘abstracción triunfante de la revolución del 19’ cuenta muy poco en la historia, al lado de la obra concreta, de la creación positiva de la U.R.S.S.” (ibídem, pp.115-116).
[27] Como señaló el propio Mariátegui, la nueva actitud espiritual fue marcada también por la revista Nuestra Época. Esto significa que en la generación del “nuevo espíritu” se daba la presencia de una tendencia socialista, en el sentido general del término.
[28] T.13, p.100.
[29] T.8, pp.21-22. Elipsis nuestra.
[30] Ibídem, p.22.
[31] T.13, p.238.
[32] Ibídem, pp.237, 238 y 239. Elipsis nuestra.
[33] T.13, p.247. Elipsis nuestra.
[34] Ibídem.
[35] Ibídem, p.104. Negritas nuestras.
[36] Defensa del marxismo, pp.115-116.
[37] Seguramente teniendo en cuenta su experiencia personal de haberse asimilado al marxismo-leninismo rompiendo así con su inicial socialismo a lo Araquistain, el maestro escribió que la “nueva generación” solo podía ser realmente nueva si hacía el mismo camino.
[38] Hablando de la generación de Riva Agüero, Mariátegui señaló que “En ninguna generación se presentan esta uniformidad, esta unanimidad” (7 Ensayos, p.293). Esta observación es particularmente válida para las generaciones del Socialismo Peruano, las cuales, como se sabe, han tenido sus fisuras y sus escisiones. Pero esta realidad demuestra únicamente que la homogeneidad nunca es un absoluto, y que lo es menos todavía en un partido donde se lleva una lucha ideológica activa. 
[39] Por lo demás, es expresivo el hecho de que ninguno de los socialistas reformistas que venían de las experiencias de Nuestra Época, el Comité de Propaganda y Organización Socialistas, La Razón, etcétera, fuera convocado por el grupo de Mariátegui a las labores fundacionales del PSP. La razón fue simple: no eran adherentes del marxismo-leninismo y estaban comprometidos con otras corrientes o proyectos políticos.
[40] La periodización de la historia del partido en: 1) lucha por la Constitución; 2) lucha por el establecimiento de la Base de Unidad; 3) lucha por la Reconstitución, no es correcta. La Constitución significó una lucha en cuatro planos: ideológico, teórico, político y organizativo. En consecuencia separar la lucha por el establecimiento de la Base de Unidad de la lucha por la Reconstitución, encierra la idea de que la primera lucha comprendió lo ideológico-teórico-político, mientras la segunda se limita a lo organizativo. Exactamente como la lucha por la Constitución, la lucha por la Reconstitución comprende también una lucha en los cuatro planos señalados. Por eso puede decirse que el concepto de Reconstitución vino muy tarde como acuerdo orgánico, pues como acción concreta tuvo su punto de arranque en el momento en que los militantes marxista-leninistas iniciaron la lucha por retomar la Creación Heroica de Mariátegui después de que Ravines consumara la “desamautización” del Partido.
[41] Así como al sostener Mariátegui que "El mestizaje necesita ser analizado, no como cuestión étnica, sino como cuestión sociológica", y que, como cuestión sociológica, "El color de la piel se borra como contraste; pero las costumbres, los sentimientos, los mitos, –los elementos espirituales y formales de esos fenómenos que se designan con los términos de sociedad o de cultura- reivindican sus derechos” (7 Ensayos, p.343), así también nosotros, al sostener el concepto de generación cultural, estamos planteando que la generaciones en el Socialismo Peruano deben ser analizadas no como cuestión biológica, sino como cuestión ideológico-política. Así pues, del mismo modo como en Mariátegui el concepto de mestizaje se autonomiza de lo puramente racial, en nosotros el concepto de generación se autonomiza de lo puramente biológico. De esta forma hacemos que la esencia del Socialismo Peruano reivindique sus derechos.
[42] Prueba nuestro aserto el hecho de que desde hace más de dos décadas ha desaparecido de su literatura el concepto de lucha entre dos líneas. Lo prueba también su intención de tomar el centenario de la revista Nuestra Época como el centenario del Socialismo Peruano, siendo que el centenario de dicha revista es una cosa y otra cosa es el centenario del Socialismo Peruano, es decir, del Marxismo-Leninismo Peruano.
[43] Adónde va el Perú, Editorial Perú Integral, Lima, 2001, p.61. Un análisis detallado de la impertinencia oportunista de considerar a Magda Portal como representante de la primera generación del Socialismo Peruano se encuentra en el libro inédito El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, así como un análisis igualmente detallado de los otros casos se encuentra en el libro La creación heroica de Mariátegui y el socialismo peruano. Planteamiento de la cuestión, también inédito. Por lo demás, cabe subrayar en estas líneas que el concepto de generación que maneja el grupo revisionista es una verdadera camisa de fuerza: primera generación de 1920 a 1945; segunda generación de 1945 a 1970; tercera generación de 1970 a 1995; cuarta generación de 1995 a 2020. Es decir, es un concepto meramente cronológico, que, utilizado como es utilizado, le sirve a dicho grupo para escamotear la esencia ideológico-política del proceso interno del Socialismo Peruano.
[44] Leyendo Mariátegui 1967-1998, Empresa Editora Amauta, Lima, 1999, p.280.

         10.03.13.




¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


A Propósito de Algunas “Observaciones”


Eduardo Ibarra


I

En carta a César Risso, y no a Creación Heroica, Miguel Aragón ha hecho algunas “observaciones” a la publicación en estas páginas, en oportunidad del 85 Aniversario de la fundación del Partido Socialista del Perú, de tres documentos de este Partido.

De estas observaciones nos enteramos el sábado 9 del presente, al recibirlas de César Risso.

Como se sabe, la publicación de los aludidos documentos fue precedida de unas notas en las que, entre otras cosas, señalamos: “Tanto los Acuerdos de la Reunión de La Herradura como los Acuerdos de la Reunión de Barranco han sido tomados del libro de Martínez de la Torre Apuntes Para Una Interpretación Marxista de Historia Social del Perú, tomo 2, pp.397-398. El documento Principios Programáticos del Partido Socialista, ha sido tomado del tomo 13 de las Obras Completas de Mariátegui, pp.159-164.”

Los editores de las Obras Completas de Mariátegui señalan a propósito de los Principios Programáticos…: “Se reproduce de Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, de Ricardo Martínez de la Torre, Tomo II, págs.398 a 404, Empresa Editora Peruana S.A., Lima, 1948” (Ideología y política, p.159, nota al pie de página).

Esta afirmación explica por qué los Principios programáticos… aparecieron en Creación Heroica sin los dos párrafos y las tres consignas con que aparecen en el libro de Martínez de la Torre.

Esta ausencia resultó, pues, de no haber cotejado la versión de Ideología y política con la de los Apuntes

En el cotejo –se entiende que posterior a la publicación de los documentos–, hemos observado que los dos párrafos aludidos rompen un poco la unidad estilística del texto, y que probablemente por esto los editores de las OC consideraron que no se debían a la pluma de Mariátegui.

Esto no es una conclusión sino apenas una observación-hipótesis, y, por lo tanto, no modifica la situación.

La situación es que tales párrafos están en la versión de los Apuntes…, y, mientras no se demuestre la observación-hipótesis señalada, es coherente ajustarse a la tal versión.

Por lo tanto, rectificaremos el error (1).

En el cotejo, hemos constatado asimismo que, mientras en  Apuntes… el título del documento es el de Programa del Partido, en Ideología y política es el de Principios programáticos del Partido Socialista, y, además, que, mientras en la versión de Ideología… aparece el subtítulo Reivindicaciones inmediatas, en la de los Apuntes… simplemente no aparece. 

Asumo, pues, como se ve, públicamente y en primera persona, la responsabilidad del error por un elemental sentido de consecuencia con la ética marxista.

II

Por otro lado, Aragón señala que “los editores del Blog Creación Heroica (BCH) han cometido un error de ligereza, al incluir dentro de los textos  del PSP los "Acuerdos de la Reunión de la Herradura". Y digo "error de ligereza", porque la difusión de ese documento ha debido ir acompañada, por lo menos,  de un mínimo comentario explicativo, salvo que los editores de BCH, con su silencio, que los hace cómplices, estén demostrando su total aceptación de la validez histórica del mencionado texto”.

Dejando aparte por ahora la gratuita acusación que aparece en la afirmación, la misma no pasa de ser una conjetura.  Como se ha visto, Aragón pone en tela de juicio lo que ambiguamente llama “la validez histórica” de los acuerdos tomados en la Reunión de la Herradura (2).

Pero ocurre que, en 1948, es decir en el año en que Martínez publicó sus Apuntes…, vivían aún, según tenemos entendido, los restantes participantes de dicha Reunión: Julio Portocarrero, Avelino Navarro, César Hinojosa, Fernando Borja y Bernardo Regman. Así pues, si Martínez hubiera desnaturalizado, tergiversado, torcido los acuerdos de la Reunión, cualquiera de los nombrados hubiera podido desmentirlo, cosa que no ocurrió ni entonces ni después.

El argumento que presenta Aragón para dar piso a su conjetura es una falacia: el hecho de que Mariátegui no escribiera después nada acerca de la Reunión de la Herradura –Reunión preparatoria de la Reunión fundacional de Barranco–  no prueba que los Acuerdos de la primera de estas reuniones no sean ciertos. Tampoco escribió Mariátegui nada sobre la Conferencia Comunista de Buenos Aires de 1929, y este silencio no prueba que los Acuerdos y Conclusiones de este evento no sean igualmente ciertos.

Como se ve, en su propósito de cuestionar el proyecto de Ramón García de un partido de “dos niveles”, Aragón pone en tela de juicio los Acuerdos de la Reunión de la Herradura, y, de manera especial, aquel que menciona la “célula secreta de los siete”.

Mas, para demostrar la improcedencia del proyecto de García, no hace falta poner en duda los acuerdos de dicha Reunión. Para ello basta demostrar –como precisamente lo hemos hecho nosotros en varios artículos– que el pretendido partido de “dos niveles” es un reciclaje de la concepción de partido levantada por Julio Portocarrero y Hugo Pesce en la Conferencia Comunista de Buenos Aires, concepción absolutamente contraria a la de Mariátegui, quien, precisamente en el Programa del partido (Principios programáticos…), señaló que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (Ideología y política, p.160).

Así pues, Mariátegui no sostuvo que la “célula secreta de los siete” adoptaba el marxismo-leninismo, sino que el Partido –de arriba abajo y de lado a lado– adoptaba este método revolucionario.

Tan es así, que Martínez anotó: “A fin de unificar doctrinariamente el pensamiento y la acción de los grupos iniciales del Partido Socialista, Mariátegui elaboró los siguientes puntos programáticos que fueron remitidos a las células del país y del extranjero” (Apuntes…, t.II, p.398).

“A fin de unificar doctrinariamente…”, es decir, desde un principio el marxismo-leninismo fue la base de unidad del PSP.

Esto significa, pues, que Mariátegui definió y construyó el PSP como un partido de clase.

           Quienes plantearon el marxismo-leninismo como la base de unidad de un nivel secreto en el Partido fueron Julio Portocarrero y Hugo Pesce. En la Conferencia de Buenos Aires el primero sostuvo: “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista” (Martínez, Apuntes…, t.II, p.422.).

            Esta concepción del PSP es lo que sostiene Ramón García desde 1967 hasta la fecha (ver La organización del proletariado, p.197, nota al pie de página, y La creación heroica de José Carlos Mariátegui. 80 Aniversario, p.22) (3).

           Pero el fondo de la cuestión es el carácter del Partido: si el marxismo-leninismo es la base de su unidad, entonces es de clase. Pero si tiene dos niveles y uno de ellos, el público, el masivo, no tiene el marxismo-leninismo como base de su unidad, como ocurre en el proyecto de García, entonces no es de clase (4).

           De esta esencia del problema Aragón no dice absolutamente nada, pues, como es de conocimiento general, seguidistamente comparte la idea de García de un partido-amalgama, es decir, de un partido del socialismo en general y no del socialismo marxista-leninista en particular.

           Así pues, su divergencia con García en punto al partido de “dos niveles” aparece como una divergencia puramente organizativa. Por eso no llama la atención que solo vea el aspecto orgánico de la cuestión: el “Sistema organizativo caudillista y ‘argollero’, antidemocrático y antisocialista”. Por lo tanto, si García le restara a su proyecto aquello de los “dos niveles”, Aragón podría sumarse al mismo tranquilamente.

           Por otro lado, la constitución de una “célula secreta de los siete”, que debía copar el Comité Ejecutivo del Partido, tiene su prueba en el hecho de que, precisamente en la Reunión de Barranco, los integrantes de dicha célula coparon el “Grupo Organizador del Partido”.

           Otro acuerdo de la Reunión de la Herradura fue “Convocar a una nueva reunión en la cual se incorporará a otros elementos”, y, precisamente, la Reunión de Barranco incorporó a Luciano Castillo y a Chávez León.

            Otro acuerdo fue “Ayudar a la célula de oposición sindical que Julio Portocarrero había organizado para realizar las tareas y directivas fijadas en el V Congreso de la I.S.R”, y, precisamente, la Reunión de Barranco constituyó la Secretaría Sindical y eligió al mencionado camarada como responsable de la misma.

            Otro acuerdo fue darle al partido el nombre de Partido Socialista del Perú, y, precisamente, la Reunión de Barranco aprobó este nombre.

            En fin, la Reunión de la Herradura fue una preparación de la Reunión de Barranco en tres aspectos: en lo ideológico, con la adhesión a la Tercera Internacional, lo que se expresó luego en la adopción del marxismo-leninismo (ver Programa del Partido); en lo orgánico, con el copamiento por la “célula secreta de los siete” del Grupo Organizador del Partido; en el trabajo masivo, con la constitución de la Secretaría Sindical.

            Este es el cordón umbilical entre la Reunión de la Herradura y la Reunión de Barranco, entre la preparación de la fundación del Partido y la fundación misma.

            ¿Podría alguien, en su sano juicio, ver en este cordón umbilical algo extraño a la ideas de Mariátegui? ¿Los Acuerdos de la Reunión de la Herradura fueron una maquinación de Martínez de la Torre y, por lo tanto, Mariátegui fue ajeno a la elección del nombre del Partido, a su afiliación a la Tercera Internacional, a la constitución de la Secretaría Sindical, a la constitución de la “célula secreta de los siete”, a la incorporación de otros elementos?

             Es de conocimiento general que Mariátegui participó de la Reunión Fundacional de Barranco. Pues bien, el primer Acuerdo de esta Reunión concretizó el tercer Acuerdo de la Reunión de la Herradura. Como también es de conocimiento general, la Reunión de Barranco aprobó la Moción presentada por Mariátegui. Pues bien, los numerales 1, 2 y 4 de esta Moción responden en su espíritu al numeral 2 de la Reunión de la Herradura, así como el numeral 3 responde en su espíritu al numeral 1 de esta Reunión. 

              Esta es la resonancia que tuvieron los Acuerdos de la Reunión de la Herradura en los Acuerdos de la Reunión de  Barranco.

             Así pues, poner en duda los Acuerdos de la Reunión de la Herradura (sea considerándolos apócrifos, sea negando su valor histórico), es cuestionar los Acuerdos de la Reunión de Barranco.

             Por otro lado, es oportuno señalar que la “célula secreta de los siete” no fue concebida como una instancia orgánica permanente, sino solo como un recurso temporal a fin de garantizar una dirección estable y solvente del proceso de constitución del PSP (5).

              Por eso Martínez señala que para la Reunión de la Herradura “Fueron escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento, una buena dirección al Partido que se trataba de fundar” (Apuntes…, t.II, p.397). 

              Por eso uno de los acuerdos de la Reunión de la Herradura reza así: “Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas” (ibídem).

              Quienes después pretendieron que dicha célula tenía un carácter permanente, dando lugar así a la concepción de un partido de “dos niveles”, fueron Julio Portocarrero y Hugo Pesce en la Conferencia Comunista de Buenos Aires (6). Esta pretensión fue asumida luego por Jorge del Prado y, como ya quedó claro, desde 1967 por Ramón García.

              Como se ha podido ver, la afirmación de Aragón acerca de los Acuerdos de la Reunión de la Herradura no pasa de ser una conjetura.

              En consecuencia, no hemos cometido ningún “error de ligereza” respecto a los mismos. Por el contrario, es precisamente Aragón quien ha cometido la ligereza de acusarnos de complicidad sobre la base de una simple presunción.

III

El proyecto de Ramón García de un partido de “dos niveles” merece una puntualización. Este proyecto no es un invento de los críticos de García sino una realidad en marcha. El propio Aragón, cometiendo infidencia, hizo pública la fundación del nivel secreto del partido de García, incluso mencionando los nombres de quienes forman dicho nivel.

Así pues, fundado ya el nivel secreto y en plena actividad desde hace casi cinco años, lo que le resta a García es fundar el nivel público de su partido. Para esto, como se sabe, ha promovido y promueve seminarios y eventos donde poder pescar algunos incautos. Con el señuelo de su “socialismo peruano” (negación del Socialismo Peruano de Mariátegui) y el señuelo de constituir “un partido de clase” (su proyecto es de un partido no de clase, como está demostrado), ha pretendido y pretende sorprender a las diversas tendencias y organizaciones de izquierda (7).

Por lo tanto, no se necesita ser un genio para darse cuenta de que el nivel secreto, en plena actividad, es la Dirección del partido de García, y, desde luego, no puede haber nada más antidemocrático y antimarxista que la pretensión de amalgamar las diversas tendencias y organizaciones en un partido de masas bajo la dirección de unos elementos embozados en una instancia ajena y contraria a la potestad eleccionaria de los militantes.

El proyecto de un partido de masas de García se presenta, pues, como un partido donde las masas que se incorporarían a su estructura pública estarían dirigidas por unos cuantos encapuchados.

En consecuencia, cualquier marxista puede discernir perfectamente que dicho partido no solo que no sería un partido de clase, sino tampoco un partido de masas en la acepción marxista del término (8). 

Aragón ha dicho que “los editores de BCH deberián (sic) fijar una posición definida sobre el ‘partido de dos niveles’".

Parece, pues, que el mencionado se empeñara en silenciar algo que no puede silenciar por más que haga: precisamente hemos sido nosotros los que hemos demostrado que el partido de “dos niveles” no responde en absoluto a la concepción de partido de Mariátegui. Mencionemos algunos artículos que prueban esta verdad: El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui; Un artículo revelador; Primera vez tragedia, segunda vez farsa; De cómo Ramón García tergiversa a Mariátegui; Ramón García o la manipulación III; El concepto mariateguiano de partido de masas y de ideas; Acerca del cuarto seminario del revisionismo peruano; Algo más que una respuesta a Miguel Aragón.

Pues bien, en años, Ramón García ni ninguno de sus repetidores ha sido capaz de contestar nuestra crítica con argumentos, y no reiterando meras afirmaciones. Ahora, pues, que, desde el seno mismo de su tendencia, Aragón plantea también una crítica a dicho proyecto –aunque limitándose al incierto argumento de que los Acuerdos de la Reunión de la Herradura son “dudosos”–, tal vez García y sus repetidores sigan sumidos en el silencio, porque, ¿cómo podría defenderse el indefendible proyecto de un partido de “dos niveles” sin que los defensores se hundan más profundamente aún en el revisionismo en cuestiones de organización?

IV

Aragón es una de las personas que más machaconamente habla de un “estilo de debate” virtuoso, pero solo para negarlo ¡incluso en los propios textos donde alardea sobre el mismo!

Así por ejemplo, en la carta a César Risso que comentamos, nos acusa de un “silencio, que [nos] hace cómplices”, porque, según dice, aceptamos “la validez histórica” de los Acuerdos de la Reunión de la Herradura.

Pero hay que preguntarle al gratuito acusador: ¿cómplices de qué, si lo que él afirma de dichos acuerdos es apenas una suposición? ¿Cómo es posible que se atreva a hacer una semejante acusación sobre la base de una simple suposición? ¿Qué móvil lo ha conducido a proceder tan alegremente? Aragón, pues, como se ve, acusa, a izquierda, sin ninguna base real, en otra expresión de su “estilo de debate” sin “acusaciones a diestra y siniestra”.

Por otro lado, llamamos la atención sobre el hecho de que nuestro gratuito acusador conoce perfectamente los artículos mencionados arriba, y su intención de silenciarlos y presentarnos así como que no tenemos una posición definida frente al proyecto de un partido de “dos niveles”, es otra perla de su “estilo de debate”.

De pasada, tenemos que señalar que Aragón no ha escrito nada sustancial sobre el proyecto de un partido de “dos niveles”, limitándose a este respecto a echar sombras sobre los Acuerdos de la Reunión de la Herradura, a revelar la fundación del nivel secreto del partido de García y los nombres de los elementos que lo conforman y, por último, a calificar de “delincuente” a uno de tales elementos. ¡Oh virtuoso “estilo de debate” el de Aragón!

           Pero el “estilo de debate” de Aragón es nada más que un caso en el marco de la membresía de su tendencia: allí, desde Ramón García hasta Domingo Suarez, todos llegan a enronquecerse proclamando virtuosismo mientras se desbordan en imputaciones, insultos, falacias, mentiras, calumnias, maniobras, etc. En su carta a César Risso, el propio Aragón se ha encargado de probar una vez más esta moralina, esta doblez, esta trampa (7).

Y había que señalar el hecho, pues semejante esquizofrenia se ha extendido fuera de su tendencia, haciendo víctimas incluso entre algunos de los activistas de mi tendencia, donde ha cobrado ribetes especiales que analizaremos en otro lugar.

Pero ese engañoso “estilo de debate” –que incluye lagotería como diversivo y como pantalla– solo puede confundir a quienes no tienen capacidad de análisis y que, por esto, no pueden orientarse en la maraña que tiende dicho estilo. Para decirlo en otras palabras, a quienes no son capaces de encontrar la verdad en los hechos, entre los cuales están las propias ideas, pues estas también son hechos sociales.

Hace tiempo hemos reivindicado el derecho del proletariado a llamar a las cosas por sus nombres y a combatir el oportunismo sin cobardes miramientos. Ahora ratificamos esta reivindicación.
         
V

Queremos terminar señalando que no es cierto que el frente unido del pueblo peruano sea la “tarea prioritaria del presente”.

           La palabra prioritario da cuenta de la precedencia de algo con respecto de otra cosa que depende o procede de ello. Por lo tanto, con su afirmación, Aragón pretende que el frente es o debe ser anterior al partido y que el partido depende o procede del frente.

           Pero esto no es cierto. En el presente período, la tarea prioritaria del proletariado y el pueblo peruanos es llevar hasta el fin la Reconstitución del Partido de Mariátegui. Ningún marxista puede tener la menor duda acerca de esto.

           Por eso, plantear la prioridad del frente con respecto del partido, expresa una concepción frentista, concepción que, en mi tendencia, ha cobrado la forma grotesca de que “el frente dirige al partido”. Esto, sin ninguna duda, es una desviación de derecha, que analizaremos también en otro lugar.

           La construcción orgánica del Frente Unido del Pueblo Peruano es una tarea de primera importancia. Acerca de esto no cabe la menor duda. Pero, como es indiscutible, la construcción del Frente es tarea del Partido.


Notas:
[1] Mientras en mi caso el error ha tenido por causa un exceso de confianza en los editores de las OC de Mariátegui, en estos el error es de otra índole. Aun así, hay que otorgarles la posibilidad de que expliquen su omisión y a qué se debió el cambio del título del documento programático redactado por José Carlos Mariátegui. 
[2] Decimos “ambiguamente”, porque en el contexto de la carta, la frase de Aragón puede entenderse de distintas maneras: como que se refiere a los acuerdos como tales acuerdos, o, en su defecto, como que los mismos no tienen ningún valor histórico. En el primer caso, lo que querría decir Aragón es que los Acuerdos de la Reunión de la Herradura son apócrifos; en el segundo, que tales Acuerdos no tienen ninguna trascendencia para el proletariado peruano. En este caso, la frase de Aragón significaría que la afiliación de “la célula inicial del Partido” “a la III Internacional”, la elección del nombre de Partido Socialista del Perú, el apoyo a la célula de oposición sindical organizada por Julio Portocarrero, el propósito de copar la Dirección del Partido con los elementos de su “célula inicial” y la intención de incorporar a otros elementos a las filas partidarias, fueron acuerdos ciertos pero sin ningún valor (sin ninguna “validez histórica”).
[3] Con una diferencia: mientras en 1967 García sostenía dos estructuras en el Partido, pero sin postular ninguna diferencia doctrinal entre ambas, ahora también sostiene dos estructuras, pero pretendiendo una diferencia doctrinal entre las mismas: el nivel secreto, restringido, es homogéneo, y el nivel público, masivo, debe ser heterogéneo. De este modo ha pasado de una fórmula puramente orgánica a una fórmula marcadamente doctrinal, subastando así la independencia ideológica y organizativa del proletariado, es decir, liquidando al Partido como partido de clase. Así pues, de su liquidacionismo de izquierda de los años 1970, García ha pasado a su actual liquidacionismo de derecha. Esto es, como lo hemos señalado ya en otros lugares, revisionismo en cuestiones de organización.
[4] En el proyecto de García no es el marxismo-leninismo sino el marxismo a secas la base de unidad del nivel secreto, y el nivel público no tendría ninguna base de unidad doctrinal, es decir, sería doctrinalmente variopinto. Por eso este proyecto es de un partido de masas no de clase, contrario por principio al PSP que, conforme al planteamiento de Mariátegui, hubiera tenido que ser un partido de masas con carácter de clase, o, para decirlo de otro modo, un partido de clase bajo la forma de partido de masas.
[5] Es decir la “célula secreta de los siete” fue una fórmula puramente orgánica, cuya utilidad muy probablemente debió cesar en marzo de 1930 cuando debió producirse la fundación pública del Partido. A este respecto puede verse Mariátegui y el Partido Socialista del Perú (borrador).
[6] Pero en estos delegados el recurso temporal de la “célula secreta de los siete” no solo apareció como permanente, sino también como un nivel orgánico doctrinalmente diferenciado del resto de la militancia partidaria. Como se ha visto, esto es lo que sigue Ramón García.
[7] Estos dos señuelos fueron lanzados en el cuarto seminario llevado adelante por el grupo revisionista con el demagógico nombre de “cuarto seminario del socialismo peruano”.
[8] Precisamente con su pretensión de ser un partido de masas, el proyecto de un partido de “dos niveles” de Ramón García es la más flagrante tergiversación del concepto mariateguiano de partido de masas y de ideas.
[9] Es oportuno señalar que, otra característica del “estilo de debate” de Aragón es que tiene dos varas: una para medir a sus adversarios políticos –entre ellos el suscrito, a quien ha insultado y calumniado en más de una oportunidad– y otra para medir a sus amigos. Por eso, cuando Gustavo Pérez cometió la más grosera y oportunista tergiversación del numeral 3 de los Acuerdos de la Reunión de Barranco, Aragón no dijo absolutamente nada. En general, la trampa de los miembros del grupo revisionista consiste en que, cuanto más se desbordan en insultos y métodos criollos, más proclaman un estilo de debate virtuoso, es decir, mientras más se desvían del estilo de Mariátegui, más utilizan el diversivo y la pantalla de un estilo de debate virtuoso que no siguen en absoluto. En el Socialismo Peruano es necesario centralizar las ideas correctas vengan de donde vengan (así vengan de un negador de la filiación  marxista-leninista de Mariátegui y del PSP como es Aragón), así como también desechar las ideas incorrectas, igualmente vengan de donde vengan (de un familiar, amigo, compadre, o del “más grande marxista-leninista-maoísta viviente” o de “Yo el Supremo”).

         10. 11.13.
 


El Programa del Partido

José Carlos Mariátegui


El programa debe ser una declaración doc­trinal que afirme:

1º—El carácter internacional de la economía contemporánea, que no consiente a ningún país evadirse a las corrientes de transformación sur­gida de las actuales condiciones de producción.

2ºEl carácter internacional del movimiento revolucionario del proletariado. El Partido Socia­lista adapta su praxis a las circunstancias con­cretas del país; pero obedece a una amplia visión de clase y las mismas circunstancias nacionales están subordinadas al ritmo de la historia mun­dial. La revolución de la independencia hace más de un siglo fue un movimiento solidario de io­dos los pueblos subyugados por España; la re­volución socialista es un movimiento mancomu­nado de todos los pueblos oprimidos por el ca­pitalismo. Si la revolución liberal, nacionalista por sus principios, no pudo ser actuada sin una estrecha unión entre los países sudamericanos, fácil es comprender la ley histórica que, en una época de más acentuada interdependencia y vinculación de las naciones, impone que la re­volución social, internacionalista en sus princi­pios, se opere con una coordinación mucho más disciplinada e intensa de los partidos proleta­rios. El manifiesto de Marx y Engels condensó el primer principio de la revolución proletaria en la frase histórica: "¡Proletarios de todos los países, uníos!".

—El  agudizamiento  de las contradicciones de la economía capitalista. El capitalismo se desarrolla en un pueblo semi-feudal como el nuestro, en instantes en que, llegado a la etapa de los monopolios y del imperialismo, toda la ideología liberal, correspondiente a la etapa de la libre concurrencia, ha cesado de ser válida. El imperialismo no consiente a ninguno de es­tos pueblos semi-coloníales, que explota como mercado de su capital y sus mercaderías y co­mo depósito de materias primas, un programa económico de nacionalización e industrialismo. Los obliga a la especialización, a la monocultura. (Petróleo, cobre, azúcar, algodón, en el Perú). Crisis que se derivan de esta rígida determina­ción de la producción nacional por factores del mercado mundial capitalista.

4°—El capitalismo se encuentra en su estadio imperialista. Es el capitalismo de los monopo­lios, del capital financiero, de las guerras impe­rialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias brutas. La praxis del socialismo marxista en este período es la del marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del impe­rialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha.

- La economía pre-capitalista del Perú republicano que, por la ausencia de una clase burguesa vigorosa y por las condiciones nacio­nales e internacionales que han determinado el lento avance del país en la vía capitalista, no puede liberarse bajo el régimen burgués, enfeuda­do a los intereses imperialistas, coludido con la feudalidad gamonalista y clerical, de las taras y rezagos de la feudalidad colonial.
  
El destino colonial del país reanuda su proceso. La emancipación de la economía del país es posible únicamente por la acción de las ma­sas proletarias, solidarias con la lucha anti­imperialista mundial. Sólo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa-burguesa, que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir.

-El socialismo encuentra lo mismo en la subsistencia de las comunidades que en las gran­des empresas agrícolas, los elementos de una so­lución socialista de la cuestión agraria, solución que tolerará en parte la explotación de la tie­rra por los pequeños agricultores ahí donde el yanaconazgo o la pequeña propiedad recomien­dan dejar a la gestión individual, en tanto que se avanza en la gestión colectiva de la agricul­tura, las zonas donde ese género de explotación prevalece. Pero esto, lo mismo que el estímulo que se preste al libre resurgimiento del pue­blo indígena, a la manifestación creadora de sus fuerzas y espíritu nativos, no significa en lo absoluto una romántica y anti-histórica tenden­cia de reconstrucción o resurrección del socia­lismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas, y del cual só­lo quedan, como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo pre­supone la técnica, la ciencia, la etapa capitalis­tas; y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civiliza­ción moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación d­e estas conquistas en la vida nacional.

7°—Sólo el socialismo puede resolver el pro­blema de una educación efectivamente democrá­tica e igualitaria, en virtud de la cual cada miem­bro de la sociedad reciba toda la instrucción a que su capacidad le de derecho. El régimen educacional socialista es el único que puede apli­car plena v sistemáticamente los principios de la escuela única, de la escuela del trabajo, de las comunidades escolares, y en general de todos los ideales de la pedagogía revolucionaria contemporánea, incompatible con los privilegios de la escuela capitalista, que condena a las clases a la inferioridad cultural y hace de la instrucción superior el monopolio de la riqueza.

8º- Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista.

9º- El Partido Socialista del Perú es la van­guardia del proletariado, la fuerza política que asume la tarea de su orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase.

Anexas al programa se publicarán proyectos de tesis sobre la cuestión indígena, la situación económica, la lucha antiimperialista, que después del debate de las secciones y de las enmiendas que en su texto introduzca el Comité Central, quedarán definitivamente formuladas en el Primer Congreso del Partido.

Desde el manifiesto el Partido dirigirá un llamamiento a todos sus adherentes, a las masas trabajadoras, para trabajar por las siguientes reivindicaciones inmediatas:

Reconocimiento amplio de la libertad de aso­ciación, reunión y prensa obreras.

  Reconocimiento del derecho de huelga para todos los trabajadores.

  Abolición de la conscripción vial.

  Sustitución de la ley de la vagancia por los artículos que consideraban específicamente la cuestión de la vagancia en el anteproyecto del Código Penal puesto en vigor por el Estado, con la sola excepción de esos artículos, incompati­bles con el espíritu y el criterio penal de la ley especial.

  Establecimiento de los Seguros Sociales y de la Asistencia Social del Estado.

  Cumplimiento de las leyes de accidentes del trabajo, de protección del trabajo de las muje­res y menores, de la jornada de ocho horas en las faenas de la agricultura.

  Asimilación del paludismo en los valles de la costa a la condición de enfermedad profesional, con las consiguientes responsabilidades de asistencia para el hacendado.

  Establecimiento de la jornada de siete horas en las minas y en los trabajos insalubres, pe­ligrosos y nocivos para la salud de los tra­bajadores.

  Obligación de las empresas mineras y petro­leras de reconocer a sus trabajadores, de modo permanente y efectivo, todos los derechos que les garantizan las leyes del país.

  Aumento de los salarios en la industria, la agricultura, las minas, los transportes maríti­mos y terrestres y las islas guaneras, en pro­porción con el costo de la vida y con el derecho de los trabajadores a un tenor de vida más elevado.

  Abolición efectiva de todo trabajo forzado o gratuito; y abolición o punición del régimen semi-esclavista en la montaña.

  Dotación a las comunidades de tierras de la­tifundios para la distribución entre sus miem­bros en proporción suficiente a sus necesidades.

  Expropiación, sin indemnización, a favor de las comunidades, de todos los fundos de conventos y congregaciones religiosas.

  Derecho de los yanaconas, arrendatarios, etc., que trabajen un terreno más de tres años conse­cutivos, a obtener la adjudicación definitiva del uso de sus parcelas, mediante anualidades no superiores al 60 por ciento del canon actual de arrendamiento.

  Rebaja, al menos en un 50 por ciento de este canon, para todos los que continúen en su con­dición de aparceros o arrendatarios,

  Adjudicación a las cooperativas y a los cam­pesinos pobres de las tierras ganadas al culti­vo por las obras agrícolas de irrigación.

  Mantenimiento en todas partes, de los dere­chos reconocidos a los empleados por la ley res­pectiva. Reglamentación por una comisión partitaria, de los derechos de jubilación, en forma que no implique el menor menoscabo de los estable­cidos en la ley.

  Implantación del salario y sueldo mínimo.

  Ratificación de la libertad de cultos y ense­ñanza religiosa, al menos en los términos del artículo constitucional y consiguiente derogato­ria del último decreto contra las escuelas no católicas.

  Gratuidad de la enseñanza en todos sus gra­dos.

  Estas son las principales reivindicaciones por las cuales el Partido Socialista luchará de in­mediato. Todas ellas corresponden a perentorias exigencias de la emancipación material e inte­lectual de las masas. Todas ellas tienen que ser activamente sostenidas por el proletariado y por los elementos conscientes de la clase media. La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, pa­ra crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fun­dación pública de esta agrupación. Los grupos estrechamente ligados que se dirigen hoy al pueblo, por medio de este manifiesto, asumen resueltamente, con la conciencia de un deber y una responsabilidad histórica, la misión de de­fender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organización, a costa de cualquier sacrificio. Y las masas trabajadoras de la ciu­dad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones repre­sentamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo.

!Viva la clase obrera y campesina del Perú!
!Viva el proletariado mundial!
!Viva la revolución social!







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