lunes, 1 de agosto de 2016

Literatura

Mario Vargas Llosa: De la Ambivalencia al Absolutismo y el Exclusivismo Ideológicos


Julio Carmona



ES ESTA UNA POSTURA QUE LE SIRVE a MV para manipular a sus personajes, de acuerdo con sus intereses personales. Y es algo que aquí nos proponemos confutar. Pero antes veamos cómo se manifiesta. MV acostumbra a plantear posiciones absolutistas, algo así como expresar verdades que no necesitan demostración. Por ejemplo, en algún momento dice que sólo el trabajo de los novelistas a dedicación exclusiva “cristaliza en obras bien logradas”: «La literatura —dice— demanda entrega absoluta y sólo cuando se la asume así cristaliza en obras logradas.» (D-2004: 98.) Y MV sabe que ese tipo de novelistas es la absoluta minoría, al menos en nuestro país. Según eso, ya se entiende cuál es el corolario de tal afirmación: el trabajo de la mayoría de los novelistas peruanos ‘no ha cristalizado en obras bien logradas’. Sin embargo, hay que advertir que ese tipo de afirmaciones tajantes, absolutistas y exclusivistas las admite cuando es él quien las sostiene. Pero no ocurre así cuando son otros los que asumen esas posiciones absolutistas. A pesar de que él ha llegado a plantear, incluso, una advertencia en contra de ese tipo de actitudes: «El exclusivismo —dice— hace brotar la irrealidad.» (B-1975: 28.)[1] Es más, una opinión complementaria a esa advertencia que se cuida del exclusivismo es la siguiente:

        «Una constante en el pensamiento occidental es creer
que existe una sola respuesta verdadera para cada problema humano y que, una vez hallada esta respuesta, todas las otras deben ser rechazadas por erróneas.» (C-1983: 410.)

Según esta declaración, podría pensarse que MV habrá de ser consecuente con la actitud tolerante que subyace a ella; pero no es así, pues cuando él incurre en ese exclusivismo olvida ponerla en práctica, a pesar de sus declaraciones ‘principistas’ en contrario, que él resuelve incluso en premisa ideológica, cual es el caso de la siguiente: «Se habrá notado que en lo relativo a los modelos sigo una política maximalista y liberal: todo me convence, salvo el exclusivismo.» (B-1975: 130.) Y veamos cómo este rechazo se lo aplica a otros, y cómo él mismo se exonera de su aplicación. Por ejemplo, se permite admitir flexibilidad en los criterios abstractos y, así, dice que: «No importa que un ensayo literario se aparte del objeto de su estudio para hablar de otros temas, siempre y cuando el resultado justifique el desplazamiento». Pero de esta apreciación —que la hace para referirse al ensayo de Sartre sobre Flaubert— pasa a hacerle a éste la siguiente reconvención: «Lo raro, en un fervoroso de lo concreto y lo real, como Sartre, es que buena parte del libro sea especulación pura, con un ancla muy débil en la realidad.» (Op. cit.: 55.)[2] Y, en realidad, lo que debió advertir MV es que, en sus propuestas de teorización literaria prefiere diluirse en divagaciones irracionalistas «con un ancla muy débil en la realidad», no obstante haberse presentado también como ‘un fervoroso de lo concreto y lo real’. Ese fervor por lo concreto y lo real, dice MV

«me ha hecho preferir desde niño las obras construidas          como un orden riguroso y simétrico (...) sobre aquellas que deliberadamente sugieren lo indeterminado (...) prefiero a Tolstoi que a Dostoievski, la invención realista a la fantástica, y entre irrealidades la que está más cerca de lo concreto que de lo abstracto.» (B-1975: 18-19.)

Esa tendencia a reconvenir las pretensiones absolutistas, por parte de MV, se da hasta en las afirmaciones más simples, como —por ejemplo— el no estar de acuerdo conque ‘ciertos temas sólo pueden abordarse de una manera específica’. Y pongo este ejemplo porque él mismo le hace una rectificación, en tal sentido, a García Márquez. Dice de éste que afirmó alguna vez que:

«Los novelistas ‘testigos’ de la violencia [en Colombia] fracasaron porque ‘estaban en presencia de una gran novela, y no tuvieron la serenidad ni la paciencia, pero ni siquiera la astucia de tomarse el tiempo que necesitaban para aprender a escribirla’. ¿En qué consistió la falla formal  de estas novelas sobre la violencia? (Pregunta MV, y dice:) La respuesta de García Márquez es ejemplarmente arbitraria: ‘Probablemente, el mayor desacierto que cometieron quienes trataron de contar la violencia, fue el de haber agarrado —por inexperiencia o por voracidad— el rábano por las hojas’. [Y acota MV:] Abordaron la violencia de frente, se extraviaron en la descripción de ‘los decapitados, de los castrados, las mujeres violadas, los sexos esparcidos y las tripas sacadas’, olvidando que ‘la novela no estaba en los muertos... sino en los vivos que debieron sudar hielo en su escondite’. [Y concluye MV:] La estrategia debía consistir, pues, no en la descripción de la violencia misma, sino de sus consecuencias, en la pintura del ‘ambiente de terror’ que esos crímenes provocaron.»

Nótese que GM está atenuando la generalización de su criterio, con la locución adverbial «probablemente» (que nosotros hemos puesto en cursiva), y a pesar de que dice que quienes actuaron así lo hicieron «por inexperiencia o por voracidad» (también puestos en cursiva por nosotros), lo que indica que el hecho mismo de abordar así la violencia no está siendo negado de manera absoluta por GM, puesto que alguien con mayor experiencia o menos desesperación, probablemente lo hubiera hecho bien. Es más, en las primeras líneas de la cita GM ha dicho: «Los novelistas “testigos” de la violencia [en Colombia] (...) no tuvieron la serenidad ni la paciencia, pero ni siquiera la astucia de tomarse el tiempo que necesitaban para aprender a escribirla», o sea que él no niega que —cubriendo esas condiciones— el tratamiento del tema de la ‘violencia directa’ pueda cuajar en buenas novelas. No obstante, MV absolutiza el criterio de GM y llega a la siguiente conclusión:

«La tesis es arbitraria porque no se puede establecer a   priori las ventajas o desventajas de una técnica narrativa. Con el método indirecto que preconiza García Márquez se pueden escribir también muy malas novelas de la violencia, y, a la inversa, no se puede excluir que con el método directo la violencia social y política produzca una ficción admirable» (op. cit., 133-134.)

Pero el mismo criterio debió aplicar MV a su opinión de que sólo los ‘escritores a dedicación exclusiva’ pueden escribir ‘obras logradas’. Porque también puede ocurrir esto último con otros que lo hagan «a tiempo parcial». Pero ese planteamiento lo expone de manera mucho más contundente en un trabajo crítico-teórico primigenio: «Sebastián Salazar Bondy y la vocación del escritor en el Perú» (1966), en donde utiliza la metáfora de «la solitaria» para describir a la literatura:

«Todos los escritores saben que a la solitaria hay que conquistarla y conservarla mediante una empecinada, rabiosa asiduidad. (...) Si no se la sirve y alimenta diariamente, la solitaria se resiente y se va» (B-1983: 89-113.)

Y obsérvese que la comparación no coincide con lo comparado porque la «solitaria bicho» no abandona al huésped nunca, salvo por expulsión medicinal. O sea, que la coherencia metafórica obliga a pensar que la «solitaria poética» seguirá viviendo con el escritor aunque éste la alimente precariamente debido a que tiene que compartirla con otras actividades. Lo que pasa es que MV no tolera que se le hagan las reconvenciones que él les hace a otros. Veámoslo a través de otro ejemplo. Él dice que son discutibles «las teorías que defienden una literatura edificante por sus resultados. No son necesariamente las historias felices y con moraleja optimista las que levantan el espíritu y alegran el corazón de los lectores.» (B-1975: 26. Cursiva del autor.)Pero obsérvese que, así, él está dando mayor validez a la actitud opuesta, y que toma de Flaubert, pues éste —dice— «repitió toda su vida que escribía para vengarse de la realidad [y que] eran sobre todo las experiencias negativas las literariamente estimulantes» (op. cit.: 105); lo que es también discutible puesto que para algunos escritores y lectores sí puede ser admitido aquello que él niega. Y en esto MV sí es coherente, pues esta restricción se la hace a Flaubert, a propósito de esta frase: «Les beaux sujets font les oeuvres médiocres» («Los bellos temas hacen las obras mediocres»), y MV dice: «Exageraba, por supuesto, pues “un beau sujet” bien ejecutado puede producir una obra extraordinaria.» (Op. cit.: 248.)[3] Y no obstante esta reconvención que le hace a Flaubert, él incurre en la misma exageración, pues cuando plantea la posibilidad de que los «buenos recuerdos» puedan ser admitidos como estimulantes para escribir, inmediatamente la descarta, pues dice que «No sólo los buenos recuerdos que la nostalgia convierte en heridas abonan una ficción» [entonces no hay salida: ‘los buenos recuerdos siempre se convertirán en heridas’, y, definitivamente] «son sobre todo las llagas que todavía supuran en el espíritu, los demonios que espolean y vivifican la imaginación de un escritor.» (Op. cit.: 127.)

        ¿Por qué tantas incongruencias? ¿Por qué reprocha a otros ese tipo de conclusiones tajantes y absolutistas, pero las admite para sí? ¿Por qué no se aplica él la misma reconvención? ¿Por qué deben ser mejores —como él afirma— las novelas ‘con historias infelices y con moraleja pesimista’ (pese a que ha sugerido lo contrario)? Ahora bien, volviendo a su ‘generalización sobre la literatura edificante y optimista, que produce obras mediocres’, en realidad lo que está haciendo es devaluar a la tendencia del realismo, atribuyéndole la exclusividad de una visión optimista de la realidad y sugiriendo la existencia de otro realismo pesimista (lo que debe rectificarse, pues no hay tal clasificación del realismo; éste es uno solo), pero haciendo prevalecer al formalismo, en tanto se sabe que éste es esencialmente pesimista. Y, desde luego, recusa al realismo (que él llama optimista) porque —de otra manera— vería perder piso a su propuesta teórica de la «relación viciada con la realidad» que, según él, debe tener como base todo novelista:

«para mí —dice MV—, ninguna parte de mi vida en que fui   feliz ha sido productiva literariamente (...) Realmente, si yo hubiera sido feliz o más feliz de chico o adolescente, no hubiera sido escritor. Y si en algún momento yo pasara a ser un hombre feliz, si eso es posible, si eso existe, estoy seguro de que dejaría de escribir. Para mí, la felicidad y la literatura son incompatibles.»[4]

De esa manera MV pretende establecer una relación dialéctica entre él y la realidad. Pero, en el fondo es una relación metafísica, en tanto ni la felicidad ni la infelicidad son absolutas, y, por lo tanto ambas se dan en la relación hombre/realidad; el pretender hacer eterna o absoluta a una de ellas es irreal. El pensamiento dialéctico no acepta el aislamiento de los hechos que la experiencia nos presenta en constantes entrelazamientos y condicionamientos recíprocos. El pensamiento dialéctico no admite antítesis radicales y artificiales allí donde, justamente, la realidad nos presenta una evidente interpenetración de elementos contrarios. Esa aparente visión dialéctica de MV, de moverse entre contradicciones absolutas y ficticias, responde, en verdad, a una contradicción muy íntima de su personalidad e ideología, que no es sino expresión de lo que Ángel Rama llama su ‘fanatismo literario’, es decir, producto de su radical individualismo fundamentalista.[5] Y éste es el que, finalmente, explica por qué incurre en errores tan elementales como el siguiente: En la misma Orgía perpetua,  MV le reconviene a Flaubert la siguiente apreciación: Las mujeres —dice Flaubert— ‘prennent leur cul pour leur coeur’ (sic),[6]e inmediatamente MV hace la rectificación: «No veo por qué no podría decirse lo mismo de los hombres: suelen también hacerse fraudes, disimularse los sentidos y confundir su corazón con su ‘cul’ (o el equivalente.)» (B-1975: 33.) Pero, si se observa bien, no es pertinente recusar esa opinión de Flaubert con el argumento de que ‘algo similar se da en los hombres’, pues no viene al caso; porque la opinión de Flaubert no establece esa bifurcación, es decir, no está eximiendo a los hombres. En todo caso, la observación de MV pudo pasar por señalar que eso no se da en todas las mujeres, y no que también se da en los hombres; porque lo resaltante es que, tanto entre las mujeres como entre los hombres, no es aplicable a todos. Y, en este caso, la observación de no tener el menor sentido dialéctico alcanza tanto al padre como al hijo: a Flaubert y a MV. Y su raigal pesimismo —de ambos— lo ratifica, porque —al decir de Bertolt Brecht—: «Nunca he hallado un hombre sin sentido del humor que pudiera comprender la dialéctica», porque para Brecht la vida en sí misma es contradictoria y, por lo tanto, mucho más divertida y complicada de lo que admitiría alguien «que ha convertido a la literatura en su único destino.» (MV, C-2004: 98.) Y en el caso de un novelista que declara tener una relación viciada con la vida —aunque escriba con humor— siempre transmitirá una visión unilateral de la misma.




[1]Y en la novela Historia de Mayta llega a la misma conclusión: «Cuando se persigue la pureza, en política, se llega a la irrealidad.» (p. 52.)
[2]Sobre el particular, el crítico Daniel Castillo Durante rectifica estas apreciaciones de MV respecto a Sartre, y concluye diciendo que: «estratégicamente, el ensayo de Vargas Llosa recurre al registro sentimental para reivindicar, en última instancia su derecho a veto.» «Teoría de las pasiones y literatura: por una crítica libertina», en: Forgues-D-2001: 198.
[3] Nótese que es similar a la atingencia que le hace a GM. Pero, asimismo obsérvese que también se podría aplicar esa reconvención a su teoría de que el novelista es un ‘rebelde ciego’: ¿por qué todo escritor de novelas debe ser un «rebelde ciego». «La primera obligación del escritor es la crítica de la realidad que le rodea y que el amor o la solidaridad no deben oscurecer jamás su visión crítica de las cosas.» (C-2004: 74.) Ver también que el mismo tema lo sostiene —con vehemencia absolutista— en el artículo «Albert Camus y la moral de los límites» en: C-1983: 231-252.
[4]Germán Carnero Roque, Alfredo Barnechea y Abelardo Sánchez León, «Vargas Llosa y su maldita pasión», en: C-2004: 105.
[5]En la autobiografía El pez en el agua, MV admite como elemento constitutivo de su personalidad ese ‘exclusivismo’ que —hemos visto— minimiza teóricamente. Dice: «Con mi apasionamiento y exclusivismo de siempre, Félix y Lea se convirtieron en una ocupación a tiempo completo.» (C-1993: 239.)
[6]La traducción literal es: «Las mujeres asumen su culo por su corazón.» Y la palabra coeur ha debido escribirla así: cœur. La o y la e fusionadas.

Internacionales

China: Del Socialismo a la Restauración Capitalista

Pao-yu Ching*



¿Para quién se produce?

"En el plano económico, el primer elemento en la economía socialista es que su meta principal es satisfacer las necesidades de las masas. El segundo es que el desarrollo debe basarse en el autosostenimiento. Para que satisfacer las necesidades de las masas sea la meta fundamental de la economía es preciso transformar toda la economía, que está al servicio de la producción mercantil y del beneficio, en otra donde las empresas producen para satisfacer las necesidades de las masas".

        Puesto que en 1956 la industria de China fue transformada en propiedad pública, las empresas no tenían una contabilidad autónoma y los salarios de los trabajadores dependían directamente del Estado. Por lo tanto la empresa no podía bajar salarios ni despedir trabajadores.

        "Los salarios no eran muy elevados, pero tampoco era elevado el costo de vida. El alquiler de la vivienda costaba un yuan; y los servicios públicos —electricidad, gas, etc.,—, menos de un yuan. Todos los gastos de salud estaban cubiertos, y lo mismo el cuidado de los niños. Los trabajadores se jubilaban a los 55 años y las trabajadoras a los 50, con el 75% del salario".

        La propiedad colectiva en la agricultura era diferente de la propiedad pública en la industria. Cada comuna —dentro de la cual estaban las brigadas y dentro de ellas los equipos de producción— era autosuficiente. Se garantizaba la cuota de grano para alimentación, independientemente de si se era viejo o joven, enfermo o sano. Las comunas tenían asistencia médica, educación y otros servicios.

        "Esto es lo que denominamos hacer de las necesidades de las masas la principal meta de la producción. Es muy distinto de las corporaciones privadas capitalistas, donde el salario de los trabajadores es un costo, que es preciso reducir al mínimo. En la economía socialista, por el contrario, siendo la meta satisfacer las necesidades de las masas, los salarios de los trabajadores son la meta. Por lo tanto, en la medida en que crece la producción deben crecer los salarios de los trabajadores".

        Otro rasgo del desarrollo socialista es el autosostenimiento y el basarse en las propias fuerzas: la financiación debe provenir de fuentes internas y no de préstamos de organismos financieros internacionales como los que asfixian a los países subdesarrollados, que terminan tributando más al exterior que lo que reciben en préstamo y sufren las políticas imperialistas de "ajuste estructural".

        "Para poder ser independientes del imperialismo es preciso asegurar el autosostenimiento y seguir la línea de basarse en las propias fuerzas, y para ello asegurar el ahorro interno para financiar la producción. Si se tiene muy poca industria, hay que basarse en la agricultura para generar el excedente que permita financiar el proceso de industrialización".

        En China la colectivización del campo —primero los equipos de producción, después las brigadas y finalmente las comunas—, permitió un gran salto en el desarrollo agrícola, mejorar y fertilizar la tierra, y encarar grandes trabajos de irrigación. El desarrollo de la agricultura generó el excedente para financiar la industrialización, y a su vez la industria pudo vender fertilizantes, maquinaria agrícola y otros materiales para incrementar la producción agrícola.

La dirección del proletariado

"Políticamente, el desarrollo se refiere a la dirección del proletariado, basado en una estrecha alianza obrero-campesina. Sin la colectivización del campo hubiera sido imposible para los trabajadores lograr la alianza obrero-campesina".

        Desde 1958, con el proceso de formación de las comunas, el programa concreto de colectivización del campo pasó por la elevación gradual de los precios de los granos por el Estado y la reducción gradual de los precios de los insumos que los campesinos compraban a la industria urbana —fertilizantes, tractores, etc.— y de los impuestos agrícolas, así como por el financiamiento para la construcción de obras de irrigación en gran escala (las de pequeña escala las financiaban los campesinos por sí mismos).

        Sin embargo, para que los trabajadores pudieran imponer su dirección, debían pasar a ser los dueños de su propio país, y manejar y administrar su propia fábrica.

        "Esta fue una gran lucha entre dos líneas en el Partido, entre Mao y Liu Shaochi. Mao estaba a favor del empleo permanente y un mayor control por parte de los trabajadores. En cambio Liu Shaochi mandó una misión a la Unión Soviética, que volvió diciendo: "deberíamos tener contratos laborales, por un año o dos..., y, habiendo tanta gente en el campo, si vienen a la ciudad, podríamos pagar salarios más bajos".

        Esta fue una lucha muy dura, que se concretó en 1960 en el gran complejo siderúrgico de Anshan. Allí promovieron la dirección de los obreros en la producción mediante tres métodos: 1) la participación de los obreros en la administración y de los administrativos y gerentes en el trabajo productivo; 2) la eliminación de los reglamentos irracionales (sanciones, etc.) buscando la automotivación de los propios trabajadores para desarrollar la producción y construir un nuevo país; 3) generar innovaciones tecnológicas con la triple integración de cuadros, obreros y técnicos. En marzo de 1960, la "Constitución de Anshan" fue señalada por Mao como el camino a seguir en las fábricas de toda China.

        Sin embargo, por la resistencia de los dirigentes de muchas fábricas esto no se generalizó hasta la Revolución Cultural.

Valores socialistas vs. valores capitalistas

"Los valores socialistas implicaban ir reduciendo las diferencias entre la ciudad y el campo —y entre la agricultura y la industria—, entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, y entre el hombre y la mujer".

        Por su larga historia de feudalismo, la educación como un modo de ascenso social estaba profundamente enraizada en la mentalidad del pueblo chino. Había que cambiar esa historia, donde los trabajadores y los campesinos producen el excedente, con eso los intelectuales van a estudiar, y luego vienen y dirigen a los obreros y los campesinos. Entonces el estudiante, que es mantenido por la sociedad con el excedente productivo ¿a quién sirve con sus conocimientos?

        Cuando la Revolución Cultural estalló, las escuelas se pararon y se desarticularon. Y luego se impuso un sistema por el cual, luego de la primera etapa de la escuela secundaria los egresados secundarios van al campo o a la fábrica; y luego son las organizaciones de fábrica y las de la comuna las que dicen: "estos jóvenes tienen que ir a estudiar, porque van a servir al pueblo con sus conocimientos". Son ellos quienes los eligen.

        Los intelectuales se pusieron furiosos, porque durante tanto tiempo nunca se les había dicho lo que tenían que hacer; al contrario, eran ellos los que decían lo que la gente debía hacer.

        Otro valor socialista es la cooperación y no la competencia. En la China socialista las distintas empresas cooperaban entre sí: no había propiedad intelectual ni royalties.

La restauración capitalista

El socialismo no fracasó: fue derrotado. Los contrarrevolucionarios tomaron el poder.

        Cuando Deng Xiaoping tomó el poder junto con sus sostenedores en 1979 privatizó las empresas públicas; y entre los años '80 y 1997 fueron despedidos más de la mitad de los obreros de las empresas públicas. Muchos de ellos no tenían medios de vida y pasaron a engrosar el sector informal y el trabajo en negro de la economía. En algunas ciudades, la tasa de desempleo llegó al 50 por ciento. Y se desmanteló totalmente el sistema de salud.

        Pero ya antes de la privatización de las empresas públicas, hacia 1984, procedieron a la disolución de las comunas en el campo, para disolver la alianza entre los obreros y los campesinos. Nuevamente, cada familia campesina pasó a tener una pequeña parcela. Toda la infraestructura de irrigación fue poco a poco deteriorándose. Mucha gente en el campo ya no pudo autosostenerse, y la juventud pasó a migrar a las ciudades: primero algunos millones, después 10, después 100, y ahora ya son 200 millones de migrantes. Muchos fueron a trabajar en las industrias de exportación de donde provienen las mercancías chinas tan baratas, porque trabajan 13 o 14 horas y cobran salarios bajísimos. Uno de los grandes problemas para los trabajadores son las heridas y los accidentes de trabajo, incluyendo la muerte en el trabajo.

        Las trabajadoras mujeres están en condiciones aún peores que los varones. Muchas veces se les promete contrato en la gastronomía pero luego son llevadas a la prostitución en las ciudades. La venta de mujeres y el trabajo en el servicio doméstico para las familias ricas comienza a ser muy común.

        El gobierno es absolutamente corrupto. Las coimas y sobornos en el aparato militar son gigantescos. Les regalan computadoras, televisores... Les pagan la coima con una tarjeta de débito.

        Hay mucha furia y enojo: China es como un montón de leña seca, que basta una chispa para que se incendie. Hay huelgas, pero son locales. Honda tuvo que parar, porque hubo una  huelga de 18.000 trabajadores. De modo que el futuro para el gobierno burgués no es muy brillante: están muy preocupados. Pero los obreros y campesinos necesitan organizarse. Sino, habrá muchas luchas pero no obtendremos ninguna victoria.
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*Exposición del sábado 29 de mayo de 2010 de la doctora Pao-yu Ching, economista y profesora emérita en el Marygrove College en Detroit y profesora en la Universidad de Maryland. Pao-yu Ching expuso en primer lugar en qué consiste el desarrollo socialista en sus dimensiones económica, política e ideológica, para contrastarlo con el desarrollo capitalista, basándose en la China revolucionaria de 1949-1978 y la posterior restauración capitalista.

Filosofía

Posición del Materialismo Dialéctico en el Problema de la Infinitud del Espacio y el Tiempo*
S. Meliujin

LA FILOSOFÍA DEL MATERIALISMO DIALÉCTICO fue la que dio la solución más profunda al problema de la infinitud del espacio y el tiempo. Engels recogió y ordenó en sus obras las ideas más valiosas expuestas al particular por la filosofía anterior, sobre todo por Kant y Hegel. Sin embargo, Engels no se limitó a repetir las tesis ya enunciadas, sino que dio un gran paso en la comprensión del problema. Al mismo tiempo, sometió a una severa crítica las concepciones idealistas expuestas por Kant, Hegel y otros filósofos sobre la infinitud del mundo.

        Las opiniones de Hegel sobre la esencia del espacio y el tiempo eran sumamente contradictorias. Por una parte, consideraba que el espacio y el tiempo no son el fondo exterior de los fenómenos, sino las condiciones radicales de existencia, y criticaba las ideas de la infinitud irracional. Mas, por otra parte, admitía, con un criterio idealista, que la existencia es posible fuera del tiempo, y señalaba un cierto comienzo del tiempo en relación con la materia. El punto de partida del sistema filosófico hegeliano era el concepto de la idea absoluta (absoluta, según la atinada expresión de Engels, por la mera razón de que Hegel no puede decir absolutamente nada concreto sobre ella). Esa idea absoluta o espíritu existe inicialmente en un estado invariable y homogéneo. Luego, debido a las contradicciones internas en él producidas, empieza a desarrollarse y forma la naturaleza. La idea se “enajena” y pasa a otra existencia, al estado de naturaleza. A continuación se desenvuelve en forma de naturaleza y de sociedad humana, hasta que vuelve en estado de espíritu, es decir, en el pensamiento y en la historia, a sí misma. No nos detendremos en los detalles del sistema hegeliano. Señalaremos únicamente que, según su autor, el tiempo empieza sólo en la segunda etapa de existencia del espíritu absoluto, cuando éste engendra la naturaleza; antes, el tiempo no existe.

        “La idea, el espíritu –escribe Hegel–, está por encima del tiempo, ya que constituye el propio concepto del tiempo. El espíritu es eterno, existe en sí y para sí, no es arrastrado por el flujo del tiempo, porque no se pierde en un aspecto del proceso.” (Hegel)

        “…Tan sólo los objetos de la naturaleza están subordinados al tiempo, en tanto que son finitos; lo verdadero, la idea, el espíritu, es, por el contrario, eterno.” (Hegel)

        No es difícil distinguir en estas concepciones un dogma religioso débilmente velado. La “enajenación” de la idea y su tránsito a la naturaleza no es otra cosa que la creación del mundo. Por lo que se refiere a la afirmación de que el tiempo es inaplicable al espíritu, coincide plenamente con el dogma religioso sobre Dios como un ser fuera del tiempo, que creó el tiempo a la vez que la naturaleza. Hegel, que admite formalmente la infinitud del espacio, hace pasar de contrabando la idea del carácter finito del tiempo y de la creación del mundo.

        No menos contradictorias e inconsecuentes son las concepciones de Kant, que fluctúa constantemente entre el idealismo y el materialismo. Por una parte, en su teoría cosmogónica, Kant razona la idea del desarrollo de la naturaleza basándose en el tiempo y expone la profunda hipótesis del “gran Universo”, infinito en el espacio. Mas, por otra parte, Kant pone en duda la veracidad del conocimiento humano y no considera suficientemente demostrada la infinitud del espacio y el tiempo. Esas fluctuaciones toman cuerpo en las antinomias o contradicciones insolubles que, según Kant, son propias de la razón humana. Una de esas antinomias se refiere precisamente al espacio y al tiempo. Kant considera igualmente demostrable la tesis de que el mundo no tiene principio en el tiempo y es infinito en el espacio y la de que tiene principio en el tiempo y límite en el espacio. Las demostraciones de ambas tesis son interesantes y originales, aunque contradictorias y un tanto forzadas. Engels analiza esas contradicciones de Kant en el Anti-Dühring,el criticar a Dühring, quien negaba la infinitud del espacio y el tiempo utilizando casi literalmente la argumentación de Kant, pero presentándola como suya propia. Kan razonaba del siguiente modo:

        “Tesis: el mundo tiene principio en el tiempo y está limitado en el espacio. Demostración: En efecto, si admitimos que el mundo no tiene principio en el tiempo, hasta cada momento dado habrá transcurrido una eternidad y, por consiguiente, ha transcurrido una serie infinita de estados sucesivos de cosas en el mundo. Pero la infinitud de cada serie consiste precisamente en que jamás puede terminar por medio de una síntesis sucesiva. Por lo tanto, la infinita serie universal ya pasada es imposible; de aquí se deduce que el comienzo del mundo es condición indispensable de su existencia; esto es lo primero que se quería demostrar.” (F. Engels, Anti-Düring)



        Kant demuestra la limitación del mundo en el espacio utilizando la hipótesis de la finitud del tiempo, que se admite por demostrada. Para que las partes del espacio infinito puedan unirse en un todo sería preciso un tiempo infinito, que ya tendría que haber pasado, pues admitimos la infinitud del espacio no como un proceso que continúa, sino como algo ya culminado y existente de hecho. Pero antes se había demostrado que el tiempo es finito y, por consiguiente, el mundo no puede ser infinito, sino que está enmarcado por ciertos límites.

        La premisa inicial de este argumento encierra ya lo que se quiere demostrar. Kant dice que en cada momento dado la serie infinita de estados transcurridos debe estar terminada, es decir, admite límite para el tiempo. Pero la existencia del límite es precisamente lo que se pretendía demostrar. Es cierto que Kant refiere ese límite al final y no al comienzo, mas eso no tiene gran importancia, pues lo que tiene fin debe tener, inevitablemente, principio, ya que el concepto de principio y fin están indisolublemente unidos entre sí y no existen el uno sin el otro. Por consiguiente, la propia premisa, relativa a la terminación de la serie matemática, contiene el objeto de la demostración. Una serie infinita no terminada continuaría en el futuro ilimitado, y por consiguiente ería imposible hablar de su comienzo en el pasado.

        Igualmente contradictoria resulta la demostración de que el espacio es limitado, ya que se basa en la aceptación de la finitud del tiempo.

        Es interesante señalar que Kant expone acto seguido demostraciones opuestas, que también considera irrefutables:

        “La antítesis dice: «El mundo no tiene ni principio ni término en el espacio: es infinito tanto en relación con el tiempo como en relación con el espacio».” Demostración: … “Supongamos que el mundo tenga principio. Como el principio es un estado al que antecede un tiempo cuando el objeto dado no existía, el comienzo del mundo debería estar precedido por un tiempo en el que no había mundo, es decir, un tiempo vacío. Pero en el tiempo vacío es imposible la aparición de ninguna cosa, ya que ninguna parte de ese tiempo contiene, con preferencia ante otra parte, ninguna condición diferenciada de la existencia frente a la de la no existencia. Por consiguiente, algunas series de cosas en el mundo pueden tener comienzo, pero el propio mundo no puede tenerlo y es infinito respecto al tiempo transcurrido.” (Hegel)

        Hegel demostró brillantemente la inconsistencia de este argumento. También en este caso Kant toma por base lo que se quiere demostrar. Afirma que el comienzo del mundo y la existencia real deben ir precedidos por algún otro tiempo y otra existencia, que él califica de vacío. El tiempo habitual lo continúa en el pasado, hace que penetre en el tiempo vacío, lo elimina y hace que continúe existiendo hasta el infinito. El dogma religioso, comparado con ese supuesto, resulta incluso más consecuente, ya que niega la existencia de todo tiempo anterior a la creación del mundo y manifiesta que el propio acto de la creación es lógicamente inexplicable e irracional.

        Con la misma inconsistencia demuestra Kant la infinitud del mundo en el espacio. Para Kant, la finitud del Universo es imposible porque el mundo, en ese caso, “se encontraría” en un espacio vacío e ilimitado y tendría cierta relación con él; pero esa relación del mundo con algo que no es un objeto es nada” (Hegel). Por lo tanto, hay que admitir que el mundo es infinito.

        También en este caso incurre en una petición de principio, al admitir la existencia de un espacio fuera de los límites del mundo, que tiene relación con ese espacio, que parece formar parte de él y continúa hasta lo infinito. Tanto la tesis como la antítesis parten de la admisión de un cierto límite que al mismo tiempo no es límite, ya que existe algo fuera de él. Kant veía una contradicción irresoluble en que ambas tesis se demostrasen de idéntico modo: la única solución era para él el negar la realidad objetiva del espacio y del tiempo, declarándolas formas apriorísticas, condiciones subjetivas de la intuición sensible. En nuestra conciencia puede haber contradicciones, pero en el mundo objetivo no existen.

        No puede ser más evidente el carácter metafísico e idealista de esas concepciones. La realidad objetiva del espacio y del tiempo viene demostrada por toda la práctica social e histórica de la humanidad, lo mismo que la existencia en el mundo de contradicciones multiformes, que constituyen la fuerza motriz del desarrollo. Y la circunstancia de que Kant se confundiese entre las contradicciones por él mismo creadas y fuese incapaz de resolverlas con argumentada lógica, no prueba todavía que el espacio y el tiempo carezcan de realidad objetiva. Es imposible demostrar la infinitud del tiempo tal como lo pretendía Kant, es decir, suponiendo que si el tiempo tuviese comienzo le habría antecedido algún otro tiempo. La infinitud del tiempo nos la demuestra, ante todo, el principio de que la materia y su movimiento son increados e indestructibles, principio que constituye una ley fundamental de la naturaleza y se halla confirmada por todos los datos de la ciencia y de la práctica.

        En efecto, si suponemos que el tiempo tuvo un comienzo, habremos de admitir la existencia de un estado del mundo sin tiempo. En dicho estado no podía existir movimiento alguno de la materia, ya que el movimiento presupone espacio y tiempo; y éste, según lo convenido, no existía. Como no había movimiento, la materia no podía tener propiedad alguna ni tampoco interactuar, ya que las interacciones se producen siempre como movimiento y las propiedades de los cuerpos son el resultado de sus interacciones. Pero la materia no puede existir sin propiedades, pues su existencia sin ellas es imposible. Por consiguiente, antes del comienzo del tiempo no podía existir ni materia ni movimiento. Se comprende fácilmente que “entonces” tampoco podía haber espacio, ya que el espacio real representa la extensión de la materia y esta última, como se ha dicho ya, no podía existir. Así, pues, al no haber tiempo resulta imposible toda existencia. Mas la no existencia, por su propio sentido, representa lo que no es nada y de lo que nada puede surgir. Por consiguiente, si el mundo no hubiese existido alguna vez, si no existiesen el tiempo y el espacio, tampoco podrían haber surgido. Y como la realidad del mundo es indudable, queda plenamente refutada la posibilidad de un comienzo de tiempo.

        La única objeción a esto no se apoya en argumentos lógicos y científicos, sino en el punto de vista religioso, pues la religión admite la creación sobrenatural e irracional del mundo a la vez que la creación del espacio y el tiempo. Esa objeción no se basa en ninguna prueba; se trata de un dogma, que ha de ser creído y no comprendido. Con el mismo fundamento podríamos afirmar que el mundo no existe realmente y que todo cuanto observamos no es más que un sueño. Algunos filósofos llegan justamente a esa conclusión (P. Jordan, Physics of the 20th century, N.Y., 1944). Pero si en nuestros razonamientos partimos de los datos de la ciencia y de la práctica, habremos de admitir inevitablemente la realidad objetiva de que la materia y el movimiento son increados e indestructibles, y de ahí la eternidad de la existencia del mundo en el tiempo y el espacio. La materia es la sustancia de las cosas, infinita e inagotable en sus propiedades, que se modifica constantemente en virtud de su existencia y que no precisa de ningún impulso exterior para ponerse en movimiento.

        Veamos ahora cómo puede demostrarse que el espacio es infinito. El argumento de los materialistas antiguos –la posibilidad del avance ilimitado más allá de la supuesta frontera del mundo– es correcto en principio, pero no exacto científicamente, ya que encierra, en forma tácita, la idea metafísica de la infinitud como repetición ilimitada de unas y las mismas operaciones y fenómenos. Sin predeterminar el contenido concreto de la infinitud del espacio, lo más lógico, a nuestro juicio, sería deducirla de la infinitud de la propia materia como sustancia del mundo. En la naturaleza existe una cantidad infinita de materia y esa materia posee ilimitada extensión. ¿Cómo demostrar que la cantidad de materia en el mundo es infinita? Del siguiente modo. Podemos descubrir la limitación de algo sólo en el caso de que podamos salir fuera de él y pasar a la región de otros fenómenos. Pero, en relación con la materia, esa operación es irrealizable de por sí, ya que en la naturaleza no existe nada más que la materia en sus múltiples formas. Y como es imposible rebasar los límites de la materia, no puede hablarse de su limitación, de lo cual se deduce que la materia es infinita.

        La idea de la infinitud del espacio es íntimamente contradictoria desde el punto de vista lógico. En efecto, la suposición de que el espacio es finito se deduce tácitamente de la existencia de cierto límite para el espacio, ya que la finitud de algo se puede demostrar en el caso de poder demostrar sus límites. Pero la propia definición de límite significa que se ha conseguido franquearlo y pasar a una región más amplia. Como esta operación puede repetirse infinitas veces, deducimos que el espacio es infinito.

        La idea del materialismo dialéctico sobre la infinitud del espacio y el tiempo se distingue radicalmente de la idea metafísica. En la física clásica se consideraba que el tiempo fluye independientemente de todas las modificaciones de la materia. Era un tiempo “puro”, sin mezcla alguna y, por lo tanto, verdadero. Newton formuló una concepción semejante, que fue compartida por casi todos los sabios hasta que apareció la teoría de la relatividad. Tal idea del tiempo entraña las contradicciones íntimas más arriba examinadas.

        La única manera de salvar esas contradicciones es relacionar el tiempo con el proceso de transformación de la propia materia. El tiempo es precisamente aquello que representa dicho proceso en el aspecto de su sucesión.

        No obstante, sería erróneo considerar el tiempo y los cambios en las relaciones de causa y efecto, es decir, plantear si el tiempo es la causa de los cambios o éstos la causa del tiempo. Los conceptos de causa y efecto son completamente inaplicables en este caso. Pues si consideramos que los cambios son la causa del tiempo, habremos de admitir que el tiempo puede surgir después de los cambios y, por tanto, que también éstos han ocurrido fuera del tiempo: sabemos que la causa es siempre independiente del efecto y le antecede. Igualmente erróneo sería afirmar que el tiempo es la causa de los cambios, ya que no se comprende en absoluto lo que puede representar el tiempo antes de los cambios. De aquí que el concepto de causa y efecto sea inaplicable al tiempo y a los cambios, que éstos no puedan hallarse en relación de causa y efecto.

        Lo más correcto, a nuestro juicio, sería considerar el tiempo como una forma de existencia de la materia que expresa el proceso de su transformación sucesiva. El tiempo es la duración de los objetos materiales en su propia existencia, duración que depende de las relaciones del cuerpo dado con otros cuerpos, así como del carácter de los procesos que en él se efectúan. El ritmo de esos procesos puede ser distinto para los diversos sistemas materiales, de forma que los sistemas que se mueven a grandes velocidades unos respecto de otros, o cualitativamente distintos por sus leyes internas, tampoco poseerán el mismo tiempo propio. Esta importante conclusión de la teoría de la relatividad ha sido ilustrada antes con detalle tomando el ejemplo de la desintegración de los mesones y otros procesos posibles con velocidades próximas a la velocidad de la luz. También tiene gran importancia en la Cosmología, para comprender el desarrollo del Universo en el tiempo. La infinitud del tiempo no debe comprenderse en el sentido de que en todo el Universo rige un tiempo único, del cual han transcurrido ya infinitas cantidades. La teoría de la relatividad afirma que ese tiempo único para todo el Universo no existe. Como la velocidad de propagación de interacciones es finita, los sucesos simultáneos en un sistema de coordenadas no serán simultáneos en otro sistema que se mueva con relación al primero; el ritmo del tiempo será distinto en dichos sistemas.

        Así, pues, la eternidad del tiempo no ha de comprenderse en el sentido de que el Universo es infinitamente viejo en un cierto flujo único de tiempo. La hemos de comprender, ante todo, en el sentido de que la materia, increada e indestructible, tuvo y tendrá una existencia infinita, independientemente del ritmo temporal en que cambien sus formas concretas.

        “Lo infinito es una contradicción –escribía Engels– y está lleno de contradicciones. Es ya una contradicción que lo infinito se componga solamente de magnitudes finitas y, sin embargo, así es” (F. Engels, Anti-Düring). Si lo infinito no se compusiera de magnitudes finitas, no podría existir, pues no sería real. “Precisamente porque lo infinito es contradictorio, constituye un proceso infinito que se desarrolla sin limitación en el tiempo y el espacio. El término de esa contradicción significaría el fin de lo infinito.” (F. Engels, Anti-Düring)

        El materialismo dialéctico niega asimismo la interpretación metafísica de la infinitud del espacio, según la cual por mucho que nos adentremos en el Universo siempre encontraremos relaciones espaciales homogéneas, con idénticos cuerpos y leyes ya conocidas por nosotros. Semejante homogeneidad estructural no es tan evidente, ni mucho menos. La unidad del mundo no se debe comprender en el sentido de que su estructura es uniforme. Por el contrario, la unidad del mundo presupone que es inagotable, tanto en el sentido de sus formas espacio-temporales como en cuanto a las leyes del movimiento de la materia. La Física actual nos proporciona muchas pruebas concretas de ese carácter inagotable, pero, hasta ahora, solamente en el plano teórico.
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(*) Tomado del libro “El problema de lo finito e infinito”, de S. Meliujin, segunda parte, capítulo I: Base filosófica del problema de la infinitud del espacio y el tiempo. Editorial Grijalbo, México, 1960.

Comentario de Libro

Proposición del Libro Inkas y Filósofos de V. Mazzi. Sistemas Comunicativos y Registrales Diferentes

(Primera parte)

Roque Ramírez Cueva.



EN DIVERSAS SOCIEDADES OCCIDENTALES Y ASIÁTICAS el invento de la escritura y sus varios soportes –papel, cuero, fibra vegetal, piedra, etc.- fue el medio por el cual se pudo mantener y conservar latente la memoria oral, las ideas y saberes orales y los datos contables, también memorizados antes de la aparición de este revolucionario invento. A las sociedades humanas a partir de su condición de Estado les era imposible seguir desarrollando sus estructuras, por tanto su poderío, sin el esencial aporte de este instrumento guarda memoria, ahora se concibe como guarda y registro de información. Aparte de las ideas y saberes empíricos, las sociedades tuvieron que guardar, preservar y registrar conocimientos y pensamientos que iban camino a dejar el empirismo, ahí es donde los propios hombres se inventaron la escritura.

Respecto del Tawantisuyu era factible no imaginar sino dar por cierta la existencia de un sistema de escritura. La dimensión de este estado con casi 12 millones de personas, un vasto territorio (casi medio sub continente sudamericano), más un extenso y complicado sistema administrativo obligaba a dar por cierto la existencia de dicho sistema. La interrogante que se imponía obviamente era ¿es posible desarrollar y regimentar un estado de estructuras enormes e intrincadas sólo con el ejercicio de la memoria? NO, es y ha sido la respuesta de los sabios y de los que tenemos sentido común.

Sin embargo, los historiadores, los arqueólogos y otros hombres inquietos por el saber han tratado de buscar sin éxito evidencias de algún tipo de escritura ideográfica, jeroglífica, alfabética o de signos geométricos (tal como ensayaron Victoria de la Jara y Burns). En algún momento de la difusión del saber nuestro, se aceptó con optimismo la proposición  de un tipo de escritura con signos geométricos (Burns), pero no pudo demostrarse sus formas de funcionamiento, ni se logró la decodificación de un texto básico. Así, en ese esfuerzo por encontrar un tipo de escritura de los Inkas parecido o aproximado a los hallados en fragmentos líticos, en papiros, en códices, en rollos de papel no se ha dado un resultado que la devele.

A mi modesto entender, el error mayor fue considerar que existían sólo estos tipos de escritura o  sistemas comunicativos, porque eso es la escritura, un gran y mejor sistema comunicativo  en relación al oral. O tal vez, precisamente porque no se ha comprehendido a la escritura como un sistema comunicativo y registral. En el caso del Perú, el yerro –de investigadores europeos- se alentó además por el hecho de observar a la sociedad tawantisuyana como similar a la azteca, en tanto eran próximas en el espacio y tiempo, asumiendo razones étnicas, de estructuras de estado, de tecnologías (diferentes a las europeas), y como los aztecas y mayas desarrollaron un tipo de escritura ideográfica plasmada en códices, se consideraría por cierto posible que en el Tawantisuyu habría una escritura similar.

Casi nadie percibió o imaginó que el sistema comunicativo y registral en tiempo de los Inkas podría o tendría que ser distinto y diferente a los ya existentes (comentados atrás) en los demás continentes. Es decir, pocos vislumbraron que la forma de guardar la memoria y conservar información y conocimiento podía ser también de otra forma, en base a una tecnología y signos no comunes, no estandarizados con la escritura alfabética o ideográfica. En esta premisa se desdeñó  aquello diferente que estuvo siempre ante nuestros ojos y alcance de manos: el Khipu con un soporte de cuerdas que contiene un sistema comunicativo estructurado en base a nudos y tonos cromáticos, ambos direccionales (vertical u horizontal). Hasta el momento se aceptaba que el Khipu permitía el registro sólo de datos contables.

¿Por qué no se entendía que el khipu era más que un instrumento de registro contable? ¿Por qué no se concebía que el khipu pudiera ser un sistema comunicativo? Tal vez no se prestó atención al entorno de sus evidencias, las cuales los cronistas dan testimonio objetivo de su presencia. Estos rastros se observan en el signo lingüístico, en los archivos y/o bibliotecas y en los registros de censos y tributación. Leamos sólo un par de ejemplos.

El cronista Juan Diez de Betanzos, en Summa y Narración de los Inka (1) menciona el uso de objetos u cosas que comunican de lo que ofrece –hoy sería lo que se vende- o produce la persona o familia que coloca tales símbolos frente a su vivienda (hoy son reemplazados por el aviso, el afiche, la pancarta, el letrero):

“y supiese la vida de cada uno y de qué vivía y qué ganados criaba y el que criaba ganados tuviese colgadas en su puerta insignias dello como era alguna pata o quijada de oveja [llama o alpaca]” (corchete nuestro)

Estas insignias, en la España del siglo XV, como vemos, eran tenidos como signos, símbolos (lingüísticos) que comunicaban de alguna actividad que se realizaba o producía. Los mismos signos fueron usados en el Tawantisuyu a pedido de la administración como refuerzo de un sistema comunicativo mayor. Aun en el siglo actual subsisten estos signos que nos comunican determinada actividad como la bandera blanca en las ventas de chicha, el manojo de hojas de yuca o camote frente a la casa del agricultor, la hoja de plátano para la venta de tamales, etc.

En las crónicas igual se da testimonio de la existencia de locales institucionales que cumplían la función de ser archivos o bibliotecas (según el punto de vista). El español Agustín de Zárate (2) nos da fe acerca de casas especiales dedicadas a conservar y exhibir los khipu (que eran tenidos –ya se dijo- como libros contables) a cargo de funcionarios especializados llamados Khipukamayuq:

“…;y en cada provincia hay personas que tienen cargo de poner memoria por estas cuerdas las cosas generales, que llaman quippo camaios, y así, se hallan casas públicas llenas de estas cuerdas, las cuales con gran facilidad da a entender el que las tiene a cargo, aunque sean de muchas edades [antiguas] antes de él” (corchete nuestro)

Además, por los cronistas nos informamos que los gobernantes del Tawantisuyu se preocuparon por desarrollar políticas de control de la población con fines tributarios y de asistencia pública, mediante censos. Y de esto hicieron un registro técnico, descriptivo y explicativo en los khipu. Santillán (3) ofrece el siguiente testimonio:

“Porque se preciaban los ingas de saber cuántas ánimas había dejado de su señorío y gobierno, y cuantas en cada edad, y cuánto se multiplicaban; y cómo iban multiplicándose los indios y entrando en edad para poder ser tributarios, los acrescentaba curacas y señores, porque de la dicha edad no había de tener ningún curaca más número de cien indios tributarios”

Como bien afirma Mazzi (4) “el khipu … distingue jerarquía de valores en el censo para los tributos, le permite vislumbrar un saber contable inventado y desarrollado para gobernar extenso territorio”.

Entonces, dijimos, no se prestó atención a estas huellas periféricas que desde las crónicas nos advertían de la presencia de un sistema comunicativo diferente al estándar de la escritura. Pero, bueno, a propósito de Mazzi, su nombre completo es Víctor Mazzi Huaycucho, investigador del pensamiento autóctono, es quien fundamenta la proposición de que el Khipu es un sistema comunicativo y registral capaz de contener información contable y guardar historias, narraciones e ideas reflexivas de nivel filosófico. Es uno de los pocos que nos da una respuesta acerca de que los Inka pudieron gobernar tan extenso territorio, gracias a este sistema comunicativo y registral, cuyo soporte son las cuerdas que contienen signos en nudos y colores. Tal proposición la realiza en su libro Inkas y Filósofos (Mazzi, 2016).

Según la investigación de Mazzi H. el cronista  “Sarmiento indica que no encontró un sistema de escritura tal como lo tenían en España, pero anotó que los khipucamayuq tenían un sistema comunicativo alternativo muy eficiente”. Sarmiento de Gamboa da testimonio que la información registrada en los khipu, si bien quedaba archivada, guardada, preservada, de ningún modo se ocultaba, no se le consideró secreto de estado. Por el contrario, se le difundió y trasmitió de una generación a otra entre los funcionarios especialistas en ejecutarla y administrarla, se le dio acceso a los hijos de  éstos, a las familias nobles de las panaka cusqueñas y regionales. Se le difundió desde el aspecto e interés  que, aparte de registrar información contable, narraba sucesos importantes, cuando no eventos históricos. Sarmiento Gamboa (5), dice:

“…refiriendo las cosas antiguas pasadas hasta sus tiempos, repitiéndoselas muchas veces, como quién lee lección en cátedra, haciéndolos repetir las tales lecciones historiales a los oyentes, hasta que se les quedaran en la memoria fijas. Y así cada uno de sus descendientes iba comunicando sus anales  por esta orden dicha, para conservar sus historias y hazañas y antigüedades y los números de la gente, pueblos y provincias, días, meses y años, batallas…”

Este contador, no es el único que testimonia la función comunicativa del khipu y la difusión de sus datos contenidos entre las familias de la nobleza, generación tras generación. El cronista religioso Cristóbal de Molina (6) menciona sobre los Khipu que “estos iban de generación en generación mostrando lo pasado y empapándolo en la memoria a los que habían de entrar, que por maravilla no se olvidaban cosa por pequeña que fuese”

Lo interesante de esta proposición es conocer que en los khipu se registró y preservó todo tipo de información y conocimiento, todo saber proveniente de tecnología hecha, todo razonamiento, todo pensamiento reflexivo y filosófico, todo dato astronómico, histórico, y cultural; además de todo tipo de información contable. Mazzi, citando a Molina (2008:19) sustenta que fue el Inka Pachacuti quien estableció otras funciones al khipu, aparte de las contables:

“Este Inka fue el primero que empezó a poner cuenta y razón en todas las cosas y el que, quitó y dio cultos y ceremonias; y el que hizo los doce meses del año, dando nombre a cada uno y haciendo las ceremonias que en cada uno de ellos hacen, porque no obstante que antes que reinasen sus antecesores tenían meses y años por sus  khipu, no se regían con tanto concierto…"

Las fuentes tomadas de los cronistas  por V. Mazzi Huaycucho son abundantes, las mencionadas atrás y las que se mencionen adelante en esta nota argumentativa, han sido seleccionadas de su libro Inkas y Filósofos, publicado recién en el pasado Junio (2016).

A propósito del Tawantisuyo, en su estructura socio-económica de corte imperial, llegó a desarrollar y erigirse como una sociedad avanzada, entre otros factores, debido a los conocimientos e información   registrados y difundidos mediante los khipu. Según Mazzi es Cabello de Balboa, aparte de otros cronistas, quien da a entender que los khipu y sus cultores y artífices –los khipucamayuq- cumplen similar función a la cumplida por los escritores (escribanos les llamarían en España) y contadores. Cabello de Balboa, lo testimonia de esta manera:

“…[los indios] antiguos comenzaron  a usar de ciertos nudos dados en ciertos hilos de colores varios, y según era lo que pretendían, y querían entender de los tales nudos, y hilos así era el color que anudauan a la grandeza y diferencia de el nudo (o nudos) que hacían, y había oficiales tan expertos en esta manera de conocer y anudar como hay entre nosotros Escribanos, y contadores liberales…”.

En otras palabras -reiterativas-, si se compara a los khipucamayuq con aquellos que escriben en Europa, llamados escribanos, se puede inferir que la escritura alfabética de los españoles fue ejercitada como estructura comunicativa para registrar información y el conocimiento que se quisiese conservar para uso posterior inmediato u mediato. Esta estructura de comunicación en la sociedad tawantisuyana fue cumplida sin duda alguna por el Khipu.

De esta noción, Mazzi nos muestra mayores evidencias, al referirse a los testimonios dados por el cronista Joseph de Acosta. Decimos que sin duda es este cronista, quién con una percepción visionaria “sostiene que el khipu suple eficazmente la ausencia de letras” (Mazzi, 2016). Leamos, el texto donde da fe el propio cronista De Acosta:

“…Y en cada manojo de éstos, tantos nudos y nuditos, y hilillos atados; unos colorados, otros verdes, otros azules, otros blancos, finalmente tantas diferencias, que así nosotros [españoles] de veinte cuatro letras guisándolas en diferentes maneras sacamos tanta infinidad de vocablos, así éstos de sus nudos y colores, sacaban innumerables significaciones de [muchas] cosas.” (Corchetes de Mazzi)

Hasta aquí nos detenemos, concluyendo que el khipu es un sistema comunicativo y registral, en una segunda parte seguiremos opinando e infiriendo sobre los Khipu, según la lectura que suscita el libro Inkas y Filósofos de Víctor Mazzi Huaycucho. Siendo casi lego en filosofía, afronto con mayor opción –modestia aparte- los otros temas del citado libro, como el de los khipu y sus funciones comunicativas.

Notas:

Las citas 1, 2, 3, 4, 5, 6, y las citas del propio Mazzi Huaycucho y otras referencias han sido tomadas de su libro Inkas y Filósofos, Lima. Ediciones del mismo autor. 2016. Leyendo el libro las ubicarán. No es formal, mencionarlo de este modo, pero se sugiere leer todos los capítulos del libro.

Creación

Un Poema de Manuel J. Castilla*


Copajira


                La montaña, minero,
                        que siempre estuvo quieta
                        sigue ahora tus pasos
                        y tú no te das cuenta.

                        La copajira lima,
                        lima piedra por piedra
                        y queda, si te has ido,
                        comiéndose tu huella.

                        A veces, cuando duermes,
                        en noche alta se llega
                        y hace herrumbre de todo
                        el sueño que destrenzas.

                        La montaña camina
                        pero sin que la sientas.
                        Espuma de la herrumbre
                        la copajira, espera.



*Poeta argentino. Entre otros, ha publicado los siguientes poemarios: Agua de Lluvia; Luna Muerta; La Niebla y el Árbol; Copajira; Cantos del Gozante. (Nota de la Redacción).
CREACIÓN HEROICA