viernes, 3 de julio de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!



Izquierda y Derecha

 

E. I.

 

I

 

Los dos términos que dan título al presente artículo han sido desahuciados por algunos intelectuales burgueses con el espurio argumento de que son anacrónicos. Según ellos, en el mundo no existe ya la contradicción entre capitalismo y socialismo, y, en consecuencia, en todos los países ha desaparecido la división de las fuerzas políticas en izquierda y derecha. Con esta falacia buscan borrar de la conciencia de las clases trabajadoras toda precisa demarcación entre revolución y reacción. Por otro lado, hay quienes utilizan los mencionados términos de una manera abusiva, es decir, sin tener en cuenta su estricto significado. Finalmente, hay también quienes, so capa de su origen, pretenden expulsar ambos términos del lexicón marxista o, cuando menos, descalificar el término izquierda como denominación de las fuerzas revolucionarias.

 

Ciertamente estas son razones suficientes para intentar un esclarecimiento de tales cuestiones.

 

En la Convención Nacional francesa de 1791, los jacobinos, que luchaban por liquidar el feudalismo, ocuparon el lado izquierdo del foro, mientras los girondinos, que seguían el camino de la conciliación con la monarquía, ocuparon el lado derecho. De esta azarosa circunstancia se tomó la costumbre de llamar izquierda a los jacobinos y derecha a los girondinos. En consecuencia, ambos términos adquirieron un contenido político preciso: empezaron a designar las dos tendencias fundamentales de la burguesía francesa del siglo XVIII: la  tendencia revolucionaria y la tendencia oportunista.

 

Ahora bien, la clase feudal era entonces la derecha por antonomasia. En consecuencia, en la época de que tratamos, en el seno del pueblo eran de izquierda quienes luchaban por liquidar la sociedad feudal y establecer la sociedad burguesa, mientras eran de derecha quienes conciliaban con la monarquía. Esto quiere decir que, desde un principio, ambos términos definieron la posición de las distintas fuerzas políticas en el seno del pueblo por su posición ante el poder político vigente. Y, precisamente en esto reside el quid de la cuestión.

 

En virtud pues de su adquirido contenido político, los términos izquierda y derecha cobraron carta de ciudadanía más allá de los marcos de la Francia dieciochesca, y hasta terminaron trascendiendo los marcos de la lucha de la burguesía contra el feudalismo.

 

Así, los dichos términos fueron asimilados al lexicón marxista, y precisamente en la literatura del partido bolchevique. En el ¿Qué Hacer? (escrito entre 1901 y 1902), Lenin sostuvo:

 

La comparación de las dos tendencias existentes en el seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina –la Montaña– y la girondina)  fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo fue Plejánov. Los demócratas-constitucionalistas, los “sin título” y los mencheviques gustan aún ahora de hablar del  “jacobinismo” en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día prefieren callar u... olvidar el hecho de que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia.

                                         

Y, en 1904, mantuvo en otro lugar:

 

De por sí el hecho de la división del Congreso (del partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y oportunista, no sólo no representa aún nada terrible ni nada crítico, sino ni siquiera absolutamente nada anormal. (Un paso adelante, dos pasos atrás).

 

De manera pues que, ya a principios del siglo XX, los términos izquierda y derecha estaban consagrados en el lexicón marxista y, como hemos visto, los mismos designan las dos tendencias fundamentales en el seno del proletariado (y por extensión en el seno del pueblo): la tendencia revolucionaria, que lucha por liquidar el capitalismo y reemplazarlo por el socialismo; y la tendencia oportunista, que lucha por atenuar algunas expresiones extremas del capitalismo, pero no por liquidarlo como sistema económico-social.

 

Con estos términos ha sucedido, pues, lo que Engels señala con toda razón en su famoso Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: las palabras valen no «lo que deberían denotar por su origen», sino lo que «significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real».

 

II

 

Exactamente como ayer la clase feudal fue la derecha por antonomasia, hoy la clase burguesa es la derecha por antonomasia. Por consiguiente, en nuestra época cualquier fuerza política en el seno del pueblo se define como de izquierda o de derecha en función de su posición ante al poder político de la burguesía.

 

Los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay, del Partido de los Trabajadores en Brasil, del Partido Socialista Unificado de Venezuela, del Movimiento al Socialismo en Bolivia, entre otros, son considerados por algunos como de izquierda. Pero la verdad es que, en rigor, ninguno de esos gobiernos es de izquierda, pues no tienen más horizonte que reformar el capitalismo.

 

No obstante, es un hecho que, con arreglo a su empleo real, el término izquierda ha cobrado una nueva acepción: designa también a las fuerzas políticas reformistas. Entonces, como consecuencia de ello, es menester aclarar que tales fuerzas son, en realidad, la izquierda de la derecha, pues, objetivamente, cumplen la función de sostener el sistema capitalista mediante su maquillaje.

 

Existe, pues, una diferencia sustancial entre la izquierda que lucha por liquidar el capitalismo y la izquierda que lucha por retocarlo, entre la izquierda revolucionaria y la izquierda reformista, entre la izquierda auténtica y la izquierda espuria.

 

Por otra parte, hay quienes creen decir algo muy profundo con aquello de que el marxismo «no es de derecha ni de izquierda, sino de avance». Con esto niegan que, con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real, el término izquierda encierra el concepto de avance, y el término derecha encierra el concepto de conservación. Ocurre, por lo tanto, que el marxismo es la doctrina de izquierda por antonomasia, sencillamente porque de su aplicación por el movimiento revolucionario dimana el avance histórico de la humanidad hacia su emancipación.

 

Contra la pretensión reaccionaria, hay que reivindicar los términos izquierda y derecha como conceptos políticos que dan cuenta del revolucionarismo y el conservadurismo, respectivamente; contra la maniobra oportunista de cubrirse detrás del término izquierda, hay que reivindicar su estricto significado revolucionario; contra la pretensión de descalificar ambos términos que tipifican las fuerzas políticas opuestas en el mundo actual, hay que reivindicar la acertada observación de Engels según la cual las palabras valen por lo que «significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real», pues el árbol del lenguaje vivo es siempre más verde que cualquier consideración etimológica.

 

Nota

[1] De hecho, la última pretensión comentada es un caso de negación de la semántica diacrónica.

 

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