Nota:
El presente artículo es una contribución a la construcción orgánica del Partido y, particularmente, a la reconstitución del partido de Mariátegui. El artículo analiza cada una de las cuestiones importantes de la construcción orgánica del Partido, entre las cuales destacamos aquí aquella que trata de la organización partidaria como materialización de la doctrina, materialización que no hay que entender como que ella se expresa solamente en las estructuras del Partido sino también, al mismo tiempo, en los militantes, quienes deben ser la encarnación de la doctrina tanto en su pensamiento como en su acción: adhesión incondicional al marxismo-leninismo, capacidad de fusionar la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana, capacidad de orientarse independientemente ante cada problema y de actuar mancomunadamente en la actividad partidaria.
Lo que hemos sostenido sobre el artículo “La línea política general del Partido”, vale también para el artículo que publicamos ahora: si hace falta, serán perfilados mejor algunos de sus pasos, agregaremos algunos argumentos o desagregaremos algunas afirmaciones o, en su defecto, mantendremos los términos del texto a fin de aprobarlo como documento básico de la Reconstitución.
El artículo será publicado en partes y se recomienda a los lectores debatirlo colectivamente.
01.06.2026.
Comité de redacción.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y
Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
La Línea Orgánica del Partido
(Segunda
Parte)
Eduardo
Ibarra
EL PARTIDO COMO un sistema único de organizaciones. Lenin sostiene, con toda razón, que “el partido debe ser una suma (y no una simple suma aritmética, sino un complejo) de organizaciones.” (Un paso adelante, dos pasos atrás). Este principio da cuenta de la singularidad del aspecto organizativo del Partido, principio que hay que saber defender ante cualquier particularismo (autonomismo, localismo, etcétera). Como hemos visto, la unidad orgánica del Partido tiene su fundamento en el marxismo-leninismo, pues de otro modo tal unidad apenas sería una unidad mecánica, una simple suma aritmética, como pretende el liquidacionismo. Por eso Lenin agregó que “el partido, como destacamento de vanguardia de la clase, [es imperativo que] reúna el máximum de organización posible y solo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un grado mínimo de organización”. El Partido proletario debe ser, pues, un complejo de organizaciones, o sea, una unidad de organizaciones del más variado tipo en intrínseca identidad ideológica: desde aquellas organizaciones que constan de revolucionarios profesionales, reducidas, conspirativas, hasta aquellas otras conformadas por revolucionarios no profesionales, amplias, no conspirativas. Lo opuesto a esto es un partido difuso, disperso, fragmentado, como actualmente se presenta en nuestro medio, por lo cual es más justo llamarle movimiento. Hacer que, con el pretexto que sea, esta situación persista, es no tener conciencia de la necesidad de un partido como un sistema único de organizaciones, de un partido centralizado.
El principio del Partido como un sistema único de organizaciones, es la tercera cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer.
La estructura orgánica del Partido. El principio de organización del Partido es el centralismo democrático. Este principio fue establecido ya en los Estatutos de la Liga de los Comunistas (ver el libro Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui); es decir, no es algo nuevo que haya surgido en nuestra época.
En esencia, el centralismo democrático es la centralización de las ideas correctas; así, el prestigio de estas ideas se traduce en el prestigio de sus más destacados representantes y, por lo tanto, debe significar la concentración de dichos representantes en las diversas instancias de dirección del Partido y, finalmente, el prestigio de las ideas correctas y de sus representantes se traduce en el prestigio del Partido entre la clase y el pueblo.
Así las cosas, se entenderá que el centralismo democrático no puede tener por base sino la cualidad pensante y operante de los militantes; sin esta base no es realizable un verdadero centralismo democrático.
En consecuencia, para actuar como una máquina de combate, el Partido tiene que observar una única disciplina que se expresa en la subordinación del militante a la organización, de la minoría a la mayoría, del nivel inferior al superior y de todo el Partido al Comité Central. El órgano supremo de dirección del Partido es el Congreso Nacional; entre Congreso y Congreso, dicho órgano es el Comité Central.
La estructura orgánica del Partido no es una camisa de fuerza que aherroje la iniciativa de los militantes. En su marco, todo militante tiene el derecho a criticar y hacer sugerencias a los organismos y dirigentes de todos los niveles. Si un militante está en desacuerdo con alguna resolución o instrucción de algún organismo del Partido, puede pasar por encima de la dirección inmediata y plantear su opinión a los niveles superiores como el Comité Central. Esto significa que en el Partido está garantizado el derecho a la disensión, siempre que el mismo se ejerza para contribuir a la unidad del Partido y no conlleve una intención localista, autonomista o escisionista. Así, la estructura orgánica del Partido debe hacer realidad tanto el centralismo como la democracia, tanto la disciplina como la libertad, tanto la unidad de voluntad como la vivacidad y la satisfacción moral individual. En la relación entre el centralismo y la democracia, el aspecto principal es el centralismo.
En el Partido la dirección es colectiva y la responsabilidad es individual. Todo dirigente debe tener presente siempre este principio organizativo, pues la dirección colectiva equivale al pensamiento unificado del Partido, así como la responsabilidad individual representa el papel del individuo en la historia.
En el marco de la lucha de clases y de la lucha entre las dos líneas, el militante puede cometer errores y es inevitable que esto ocurra. El método para corregir los errores es la crítica y la autocrítica. Si el que ha cometido un error es consciente del mismo, tiene lugar la autocrítica; caso contrario tiene curso la crítica. En principio, hay que saber distinguir entre los errores graves que tienen consecuencias de largo alcance y los errores menores cuyos efectos tienen un corto alcance. Por otro lado, la autocrítica no es autoflagelo, así como la crítica no es condena. Tanto en la crítica como en la autocrítica, hay que buscar las causas gnoseológicas del error cometido, sus raíces sociales y las condiciones históricas en que se ha producido. Pero, en todos los casos, hay que evitar “la hipocresía de la autocrítica”, así como la crítica “como ataque”. Solo si se procede conforme a los preceptos aquí expuestos, la crítica y la autocrítica pueden contribuir a la cohesión y la unidad del Partido.
En la lucha entre las dos líneas la situación es distinta. Aquí se trata de defender el marxismo-leninismo contra el dogmatismo y el revisionismo, el pensamiento de Mariátegui contra su tergiversación abierta o encubierta y la línea política general del Partido contra cualquier línea contraria; en otras palabras, de lo que se trata es de defender la unidad del Partido. Por consiguiente, aquí no tienen cabida el amiguismo, el seguidismo, la componenda. Aquí solo cabe el desenmascaramiento de los detractores de la doctrina marxista y de los tergiversadores de Mariátegui. Solo esta lucha contribuye a la defensa de las bases de unidad partidaria y a llevar adelante la Reconstitución. Esto es así porque la filosofía del marxismo es la lucha, no la conciliación.
El centralismo democrático como el principio de organización del Partido es la cuarta cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer.
El sistema orgánico del Partido. Liquidada la semifeudalidad, el relativo crecimiento del capitalismo agrario y dada la tendencia demográfica que indica que alrededor del setenta por ciento de la población vive en las ciudades, el campo ha dejado de ser el centro de la actividad del Partido, sin embargo de lo cual no ha perdido su importancia. Por estas tres razones, desde hace ya un buen tiempo el centro de la actividad del Partido es la ciudad. En esta situación, la forma principal de lucha es la acción directa de las masas y la lucha electoral aparece únicamente como una forma de acción que debe contribuir al desarrollo de la lucha directa de las masas, verdadero cauce de la revolución. Por lo tanto, la forma principal de organización a impulsar es el frente unido del pueblo peruano (ver el folleto Por la construcción del frente unido revolucionario del pueblo peruano). Desde luego, las demás formas de lucha y de organización de las amplias masas populares, son también necesarias e importantes, pero todas ellas deben servir al desarrollo y fortalecimiento del frente unido.
Así, pues, el contenido del sistema orgánico del Partido no debe responder a la lucha electoral sino a la necesidad de organizar la revolución en el marco de la lucha directa de las masas, y solo en este marco la lucha electoral puede cumplir su papel en relación a la lucha y a la organización masivas.
El sistema orgánico del Partido es la quinta cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer.
El trabajo orgánico del Partido. El trabajo orgánico del Partido tiene como premisa la aplicación de los métodos de dirección marxista-leninistas, lo que implica una lucha permanente contra los métodos artesanales. Lenin señala que, en el plano de la organización, los métodos artesanos corresponden a una concepción no marxista tanto en lo que se refiere al trabajo interno del Partido como en lo que se refiere a su trabajo entre las masas. En cuanto a los métodos de dirección, se requiere una organización centralizada que, obviamente, no puede formarse en el curso del movimiento espontáneo. Esta organización centralizada, dirigida por un núcleo de revolucionarios profesionales y de dirigentes políticos capaces, tiene por misión dirigir a las masas trabajadoras, unir sus luchas en una sola fuerza contra la dictadura de la burguesía y conducirlas en la lucha revolucionaria.
El trabajo de masas del Partido tiene como premisa el principio de que la revolución la hacen las masas y que el papel del Partido es dirigirlas. En el trabajo de masas el trabajo clandestino dirige al trabajo legal y ambos tipos de trabajo deben desarrollarse en indisoluble relación. Al mismo tiempo, en el trabajo de masas es necesario luchar contra todas las formas de espontaneísmo que comporten una determinada influencia de la ideología burguesa.
Asimismo, es indispensable luchar contra todas las expresiones del espíritu pequeño burgués (afán de figuración, individualismo, irresponsabilidad, etc.) e inculcar en las masas el espíritu proletario (modestia, trabajo colectivo, responsabilidad, etc.)
El objetivo del trabajo de masas es lograr la hegemonía entre las mismas y dirigirlas en la lucha por la toma del poder. Para ello es necesario “combinar lo general con lo particular” (Mao), es decir que, ante cualquier situación y cualquier tarea, hay que hacer un llamamiento general y al mismo tiempo ejecutar concreta y directamente el trabajo que corresponda a efecto de avanzar el trabajo de masas en el ámbito correspondiente.
A manera de conclusión, puede decirse que los militantes, de arriba bajo, deben comprender que solo es posible aprender a dirigir dirigiendo.
El trabajo orgánico del Partido es la sexta cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer.
Tipo de militante que requiere el Partido. Como es de conocimiento común, Mariátegui sostiene que la revolución Rusa produjo un tipo de hombre pensante y operante y que Marx inició este tipo de hombre de pensamiento y de acción (ver Defensa del marxismo). Este es un principio marxista-leninista.
¿Qué significa que el militante del Partido debe ser pensante y operante? Significa que debe encarnar el marxismo-leninismo y ser capaz de aportar en la actividad teórica y práctica del Partido. Un militante que no sea pensante es fácil víctima del engaño ajeno y propio, y un militante que no sea operante es una rémora en el trabajo común.
El estilo de trabajo de cada militante y, por lo tanto, del Partido en su conjunto, consiste en integrar la teoría con la práctica, mantener vínculos estrechos con las masas populares y practicar la crítica y la autocrítica.
El tipo de militante que requiere el Partido es la séptima cuestión de su línea orgánica que había que esclarecer.
Corolario. Desde los tiempos de la Liga de los Comunistas, el partido proletario es una organización legislativa-ejecutiva (ver el libro Algunas cuestiones sobre el partido del proletariado y la reconstitución del partido de Mariátegui).
De hecho, ningún partido proletario puede pasárselas sin unos Estatutos que normen su vida orgánica. Sin Estatutos el Partido caería fácilmente en la anarquía, y en modo alguno podría construirse de arriba abajo, mantener su carácter clandestino, ser un sistema único de organizaciones, sostener su estructura orgánica, su sistema orgánico, su trabajo orgánico, su trabajo de masas, su cualidad de organización legislativa-ejecutiva. Brevemente, en modo alguno podría ser la materialización de la doctrina marxista-leninista.
Por eso, los principios de organización del Partido aparecen en sus Estatutos como el marxismo-leninismo organizado.
Todo lo expuesto en el presente artículo es una base de la lucha por reconstituir el partido de Mariátegui. Esta lucha es sumamente compleja y difícil y solo puede ser coronada con el éxito si los partidarios de la Creación Heroica de Mariátegui tienen la más ardiente convicción de que deben actuar organizadamente y con la más absoluta consecuencia.
10.02.2026.
Nota:
El
artículo que sigue es una clara identificación del problema central que afronta
el proletariado peruano para resolver la cuestión de su vanguardia política: la
reconstitución del partido de Mariátegui. Por eso, el artículo es una
contribución a la necesidad de comprender que para que cada quien pueda aportar
realmente a llevar hasta el fin la Reconstitución, tiene que empezar por
reconocer dónde está la defensa, la actualización y el desarrollo del
pensamiento de Mariátegui, y dónde está la tergiversación de dicho pensamiento
y, por lo tanto, la oposición, abierta o encubierta, a la tarea de la Reconstitución.
Decir ser partidario del pensamiento de Mariátegui y, a la vez, ponerle el
hombro y aun las espaldas a los tergiversadores de Mariátegui, solo revelaría
una patética inconsecuencia con el marxismo peruano encarnado en Mariátegui,
así como con la lucha por reconstituir su partido.
El
artículo ha sido modificado en su título y en su texto presenta algunos cambios
–muy pocos, por cierto– que precisan mejor algunas ideas.
01.05.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
La Cuestión del Partido
es la Cuestión Dirimente
(Primera Parte)
E. I.
I
YA EN LOS en años veinte del siglo pasado la cuestión del partido del proletariado se destacó como una de las más importantes, si no la más importante,(1) que se discutieron en el seno del pueblo peruano. Esta discusión expresó la confrontación entre la posición del proletariado revolucionario y la pequeña burguesía oportunista.
En efecto, en 1927 Haya de la Torre propuso transformar el Apra, frente unido existente entonces solamente en el papel,(2) en un partido político al estilo del Kuomintang chino:
El Apra es partido, alianza y frente. ¿Imposible? Ya verá Ud. que sí. No porque en Europa no haya nada parecido no podrá dejar de haberlo en América. (Carta del 20 de mayo de Haya a Mariátegui, José Carlos Mariátegui Correspondencia; en adelante, Correspondencia).
En cambio, José Carlos Mariátegui propuso un partido marxista-leninista, un partido de clase:
Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de
trabajar por la organización de un partido de clase. (Ideología y política).
tenemos la obligación de reivindicar el derecho de la clase obrera a
organizarse en un partido autónomo. (Correspondencia).
Los elementos de
izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, [a la formación del Apra]
constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido
Socialista, de filiación y orientación definidas… (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista
de historia social del Perú; en adelante, Apuntes).
3º-La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. (Martínez, Apuntes).
En estas citas de ambos debatientes demuestran que Haya postulaba un partido doctrinariamente heterogéneo que engullera a los marxistas-leninistas y sobre cuya variopinta membresía planearía él como un egocéntrico caudillo, y que, contrariamente a este proyecto, Mariátegui reivindicaba el proyecto de un partido de clase del proletariado.
En la reunión del 7 de octubre de 1928 se constituyó el “grupo organizador del Partido Socialista”, acontecimiento que, teniendo en cuenta el desarrollo partidario en el período que comienza en la fecha indicada y termina en marzo 1930, aparece ante la historia como la Reunión Fundacional del Partido Socialista del Perú.
Así, pues, la lucha en el período 1927-1930 en torno a la cuestión del partido, tuvo como resultado una victoria teórica y práctica del proletariado revolucionario sobre la pequeña burguesía oportunista.
Como es sabido, después de la muerte de Mariátegui el Partido abandonó los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del Partido Socialista del Perú y, de esta forma, su acción fue desviada, ora hacia la izquierda, ora hacia la derecha.
Pero, desde luego, aquellos Fundamentos quedaron vivos en la lucha del proletariado consciente como el basamento del partido que Mariátegui había concretado, como el tipo de partido que requiere el proletariado peruano para realizar sus ideales de clase.
II
En la Sexta Conferencia del Partido (enero de 1969), se tomó el acuerdo de reconstituir el partido de Mariátegui. No obstante, el liquidacionismo de derecha encabezado por Saturnino Paredes se opuso desde un principio a dicha tarea. Como consecuencia, la cuestión del partido volvió a aparecer en la primera línea del debate. ¿Un partido legal o un partido clandestino? ¿Un partido de clase o un partido doctrinariamente heterogéneo? ¿Un partido con la capacidad de acometer todas las forma de lucha y de pasar sin solución de continuidad de una forma principal de lucha a otra forma principal de lucha o, en su defecto, un partido construido alrededor de una forma principal de lucha con prescindencia o casi con prescindencia de las demás formas de lucha y sin la capacidad de pasar de una forma principal de lucha a otra forma principal de lucha? He ahí la cuestión.
En octubre de 1975, Abimael Guzmán escribió sobre la Reconstitución:
Retomar el Camino de Mariátegui es Reconstituir el Partido Comunista, su Partido; es trabajar por su construcción ideológico-política, desarrollando los fundamentos que le diera su fundador y es, simultáneamente, pugnar por su construcción organizativa reajustando lo orgánico a lo político. Reconstituir el Partido hoy, en síntesis, es impulsar su reconstitución Retomando a Mariátegui y apuntando al desarrollo de la guerra popular. (“Retomemos a Mariátegui y reconstituyamos su partido”).
En esta cita vemos que Guzmán mantiene correctamente que la Reconstitución significa desarrollar “los fundamentos que le diera” Mariátegui al Partido. Pero también vemos que sostiene que la Reconstitución debe hacerse “apuntando al desarrollo de la guerra popular”, y esto no era correcto Es decir, si bien por un lado Guzmán acertaba con aquello de desarrollar “los fundamentos” establecidos por Mariátegui, por otro lado vemos que se equivocaba al concebir la Reconstitución como una tarea a llevarse a cabo alrededor de la preparación y desarrollo de la guerra popular (y no en torno a la organización de la revolución, concepto más amplio que el de guerra popular y que, por lo tanto, engloba este último concepto), idea que había planteado ya, con mayor precisión, en el artículo “Reconstituir el Partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia”, publicado un poco antes de la Sexta Conferencia.
Sin embargo, esta concepción militarista y, por lo tanto, limitada y limitante de la Reconstitución,(3) terminó imponiéndose en las filas partidarias.
Pero, después, la derrota de la aventura militar del PCP-SL significó, como cuestión de fondo, el fracaso de la “reconstitución para la guerra popular”. Hoy el PCP-SL no existe como partido,(4) y si, siguiendo el llamado de Guzmán, alguna de sus facciones habla de una “segunda reconstitución”, ninguno de sus activistas sabe a ciencia cierta cuál es su contenido y cuál su camino.(5)
En la segunda mitad de los años ochenta, el grupo encabezado por Ramón García propuso, aunque entonces todavía en otros términos, la “dilución-integración” del PCP-SL, el PCP-BR, PCP-PR y su propio grupo (después consideró a otras organizaciones más). Desde entonces García hizo de todo para concretar su concepción liberal que tuvo sus expresiones más nefandas en su intención de fusionarse con el PCP-Unidad, en su renuncia a la reconstitución del partido de Mariátegui y en su desvergonzada apuesta por un partido doctrinariamente heterogéneo de “dimensión nacional”, es decir, con la participación de toda clase de oportunistas y revisionistas. De esta forma renegó completamente la Reconstitución, o sea, los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del partido de Mariátegui (ver nuestro libro La creación heroica de Mariátegui y el socialismo peruano. Planteamiento de la cuestión, capítulo “Una nota reveladora”, nota 3).
Este resultado de la evolución de las ideas de García con respecto al partido del proletariado peruano significó la bancarrota de su proyecto de un partido amalgama.
Desde hace aproximadamente dieciséis años, el grupo encabezado por Jaime Lastra ha desarrollado una actividad de tipo partidista y de tipo frentista sin una base marxista-leninista y, concomitante con esto, una actividad que se caracteriza por combatir a los marxistas partidarios de la Reconstitución, mientras se rodea de algunos renegados del marxismo-leninismo y adversarios abiertos de la Reconstitución.(1) Como se sabe, en agosto de 2024 Lastra intentó fundar “un núcleo de dirección” con la participación de liquidadores y marxistas, y, de esta forma, renegó el partido de clase y cayó en liquidacionismo de derecha (ver el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI y nuestros artículos “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno” y “Carlos Moreno pretende tapar el sol con un dedo”, publicados en este blog). Desenmascarada esta negación del partido de clase, este nuevo matiz de liquidacionismo, desesperados hasta las cachas Lastra y Moreno procuraron silenciar los hechos con una evidente pobreza argumentativa y una vergonzosa miseria moral. La caída del grupo de Lastra en el liquidacionismo significó la bancarrota de su idea liberal según la cual “No es Malo” ser marxista (así a secas), trotskista, fidelista, guevarista, etcétera, que, in nuce, expresaba ya, desde hacía mucho, su irresistible propensión a la conciliación, a la metafísica, al contubernio. y que, como no podía ser de otro modo, terminó en liquidacionismo.
Por lo expuesto, puede decirse que en la historia del Partido ha habido tanto discontinuidad como continuidad. La discontinuidad estuvo representada por la hegemonización alcanzada por el oportunismo en el CC en la reunión de mayo de 1928, hegemonización que, como se sabe, duró hasta la realización de la Cuarta Conferencia Nacional (1964). La continuidad está dada por los siempre vigentes Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por Mariátegui, y que, como también se sabe, fue, a lo largo del tiempo, la base sobre la cual los militantes marxista-leninistas lucharon, ya en los años sesenta con un conocimiento más amplio de aquellos Fundamentos, potenciándose así, cada vez más, su lucha hasta que, finalmente, retomaron el pensamiento de Mariátegui como la piedra angular de su base de unidad.
III
En mayo de 1929, José Carlos Mariátegui dejó escrito estos esclarecedores conceptos:
Para pensar con libertad, la primera condición es abandonar la preocupación de la libertad absoluta. El pensamiento tiene una necesidad estricta de rumbo y objeto. Pensar bien es, en gran parte, una cuestión de dirección o de órbita. (Defensa del marxismo, p. 126).
El pensamiento marxista tiene pues necesidad de rumbo y objeto, de dirección y órbita, si no quiere extraviarse en el extenso cuadro de debates existentes por doquier y, particularmente, si no quiere perderse ante la cuestión del partido.
En “Sobre la contradicción”, Mao escribió:
En el proceso de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones y, de ellas, una es necesariamente la principal, cuya existencia y desarrollo determina o influye en la existencia y desarrollo de las demás contradicciones.
El proceso de la lucha entre el marxismo-leninismo y las desviaciones del mismo contiene muchas contradicciones en los planos de la filosofía, la economía, la política, la organización. Desde 1969 este proceso de lucha tiene su expresión concentrada en la confrontación entre quienes defienden el partido de clase y quienes lo niegan, entre quienes luchan por la reconstitución del partido de Mariátegui y quienes se oponen abierta o encubiertamente a esta histórica tarea, es decir, entre quienes defienden el marxismo-leninismo y quienes aplican el liberalismo, entre quienes defienden, actualizan y desarrollan el pensamiento de Mariátegui y quienes lo tergiversan manifiesta o solapadamente.
Como hemos visto, ya en los años veinte del siglo pasado Mariátegui proporcionó una solución concreta al problema del tipo de partido que requiere el proletariado peruano. Concretamente, esta solución se encuentra en los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos establecidos por el propio Mariátegui, como también hemos visto.
En consecuencia, quienes no son capaces de pensar con libertad, de pensar con rumbo y objeto, y, por lo tanto, no son capaces de darle a su pensamiento una dirección y una órbita, es decir, que no son capaces de comprender que, hoy por hoy, el problema central del proletariado peruano es la cuestión del partido, fácilmente pueden ser víctimas del engaño ajeno y propio: de una retórica mentirosa y fanfarrona (engaño ajeno) y de no enfocar el pensamiento en el problema central como es la cuestión del partido (engaño propio).
Se comprenderá, entonces, que actualmente la posición de partidos, grupos y tendencias está determinada por la posición ante la cuestión del partido. ¿Partido de clase, o partido amalgama? ¿Reconstitución del partido de Mariátegui o negación de esta tarea? He aquí la cuestión dirimente que separa a marxista-leninistas de oportunistas.
En consecuencia, todo marxista-leninista tiene que discernir determinadas posiciones frente a la Reconstitución: la que ha renegado de esta tarea (Ramón García y seguidores); la que postula una “segunda reconstitución” pero sin saber a ciencia cierta de qué se trata (activistas ligados a lo que fue el PCP-SL); la que se llena la boca de la palabra reconstitución, pero que en realidad reemplaza el marxismo por el liberalismo, tergiversa el pensamiento de Mariátegui y, congruente con estos descarríos, todo lo que hace es abonar la idea de un partido doctrinariamente heterogéneo (Jaime Lastra y algunos más); la que nunca ha asumido la tarea de la reconstitución y mantiene una posición ambigua frente al pensamiento de Mariátegui (PCP-PR y tendencias desprendidas de su seno).
Es menester destacar que quien cacarea sobre la Reconstitución pero cuya actividad tiene por contenido la idea de un partido amalgama, no posee, como resulta obvio, la virtud de la coherencia, que es lo mínimo que se le puede pedir a cualquier persona. Esta falta de coherencia es doblez, misma que, sin duda alguna, oculta oposición a la Reconstitución. Es el caso de Lastra.
Ahora, pues, el proletariado revolucionario y la pequeña burguesía oportunista, disfrazada esta vez de “marxista”, vuelven a confrontarse en torno a la cuestión del partido. En consecuencia, todo marxista-leninista realmente convencido de su filiación, con la personalidad suficiente y la intrepidez revolucionaria necesaria para luchar contra los enemigos abiertos y encubiertos del marxismo, del pensamiento de Mariátegui, del partido de clase y de la Reconstitución, tendría que tomar posición por quienes, consecuentes con la defensa de estas cuatro cuestiones, han logrado una acertada actualización y un evidente desarrollo del pensamiento mariateguiano. Pero quien se traga las regurgitaciones de García y los sapos de la retórica de Lastra, todo lo que estaría haciendo es mostrar que su adhesión al marxismo, al pensamiento de Mariátegui y a la Reconstitución, es pura impostura.
Notas
[1]
En “Punto de vista anti-imperialista” Mariátegui dejó escrito que el Apra era,
en 1928, “un plan de frente unido” y no una “organización en marcha efectiva”.
[2]
Ciertamente lo menos que puede pedírsele a cualquier persona es coherencia
entre lo que dice y lo que hace. Pero Lastra, que grita a los cuatro vientos la
palabra reconstitución, en los hechos publicita ideas contrarias al marxismo,
al pensamiento de Mariátegui y, por lo tanto, a la Reconstitución, así como, al
mismo tiempo, adula y publicita a los sustentadores de tales desviaciones (ver,
a más de los artículos recomendados en el presente artículo, estos otros: “La
reconstitución y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra”, “El falso marxismo-leninismo
de Jaime Lastra”, “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”, todos
publicados en este blog).
[3]
Es expresivo que, ya en prisión, analizando el fracaso de su proyecto militar,
Guzmán escribiera que “faltó trabajo político”.
[4]
El responsable número uno de la desaparición del PCP-SL es, obviamente, el
propio Guzmán, y no hay manera de negar esta precisión.
[5]
Puede suponerse, no sin base, que la aludida “segunda reconstitución” es “para
la lucha electoral”. En prisión Guzmán se quejó en un escrito (que los
“senderistas” conocen perfectamente) de que toda la acción de su partido
refluía en guerra popular y se preguntó quién representa al pueblo en las
elecciones. Esta queja es sumamente expresiva.
Nota:
Este artículo precisa los resultados, diametralmente opuestos, que ha determinado la implementación de las dos líneas y los dos caminos que han contendido –que contienden todavía en cierto grado– en el proceso de la lucha por la reconstitución del partido de Mariátegui. Cualquier marxista consciente tiene que reconocer que el liquidacionismo terminó por renunciar abiertamente a la Reconstitución o, agitando demagógicamente este término, promueve en realidad un partido doctrinariamente variopinto y, por esto, contrario al partido de Mariátegui. El artículo que sigue es, pues, una contribución al esclarecimiento de la lucha entre las dos líneas en lo que respecta a la Reconstitución.
01.04.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
Dos Líneas, Dos Caminos, Dos Resultados
E. I.
LA LUCHA POR la constitución del Partido implicó una Línea y un Camino para obtener un Resultado Histórico: la fundación del Partido Socialista del Perú.
La línea asumida por Mariátegui y los demás fundadores, fue la Línea del marxismo-leninismo, el Camino fue la construcción de una teoría de la realidad y la revolución peruanas, la crítica del pensamiento burgués y de todas las desviaciones del marxismo tanto en la actividad partidaria como en el trabajo político de masas y la concentración de los elementos que representaban aquella Línea. Solo así fue posible alcanzar el Resultado Histórico buscado: la Constitución del Partido Socialista del Perú, vanguardia del proletariado peruano.
En consecuencia, los Continuadores de Mariátegui no pueden sino asumir la Línea del marxismo-leninismo y el Camino de llevar adelante una consecuente lucha contra el pensamiento burgués y las desviaciones del marxismo y concentrar a los elementos que representan dicha Línea a fin de alcanzar el Resultado Histórico que se busca: la Reconstitución del partido de Mariátegui.
Sin embargo, ocurre que existen dos Líneas, dos Caminos y dos Resultados en relación a la Reconstitución.
Por un lado, tenemos el liquidacionismo que, como se comprenderá, intenta liquidar el partido de clase y con ello llevar al despeñadero la Reconstitución; y tenemos a un contingente de Continuadores de Mariátegui empeñados en llevar la Reconstitución hasta el fin.
Existen dos matices del liquidacionismo: el grupo encabezado por Ramón García, que, como es de conocimiento común, ha renunciado formalmente a la Reconstitución y que promueve un partido doctrinariamente heterogéneo; y el grupo encabezado por Jaime Lastra que, como también es de conocimiento común, mantiene en su discurso la palabra reconstitución, mientras su práctica abona la fundación de un partido amalgama.
Entre uno y otro matiz del liquidacionismo existen dos diferencias a destacar. Primera diferencia: mientras el grupo de García tiene desarrollada una extensa teoría, lo que no niega ni puede negar su liquidacionismo, pues siendo el problema del partido la cuestión dirimente, su posición es contraria al partido de clase y, por lo tanto, contraria a la Reconstitución; el grupo de Lastra tiene una teoría deficitaria tanto por su cantidad como por su calidad: en este último aspecto puede constatarse una evidente superficialidad, una demagogia indigna y una solapada promoción de un partido doctrinariamente variopinto. Segunda diferencia: mientras el grupo de García ha renunciado abiertamente a la Reconstitución, tarea que ha suplantado por la constitución de “una organización de proyección nacional” con la participación de revisionistas de toda laya; el grupo de Lastra utiliza la palabra reconstitución como cubierta de su práctica de concentrar en sus medios de propaganda a algunos elementos representativos de un partido doctrinariamente heterogéneo y promover reuniones doctrinariamente variopintas a espaldas de las cuales trama la constitución de un partido amalgama como ya ocurrió en agosto de 2024. Desde luego, quedan fuera de estas observaciones los marxistas que participan en tales medios y en tales reuniones que, por ingenuidad política, le ponen las espaldas a Lastra para que cabalgue sobre ellas.
Así, pues, la Línea de ambos matices de liquidacionismo no es el marxismo-leninismo sino el liberalismo, su Camino no es la concentración orgánica de los que representan dicha Línea sino la amalgama con toda suerte de oportunismo y, así las cosas, su Resultado no pudo ser sino la negación, abierta en un caso, encubierta en otro, de la Reconstitución del partido de Mariátegui.
Contrariamente a los liquidadores, desde su aparición en 2010 el Blog CREACIÓN HEROICA se ratificó en la Línea del marxismo-leninismo y en el Camino de defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui y sentar así las bases de la concentración orgánica de los adherentes de aquella Línea y de aquel Camino.
Como Resultado de aquella ratificación, en agosto de 2025 un contingente de Continuadores de Mariátegui dejó constituido el COMITÉ DE COORDINACIÓN POR LA RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO DE MARIÁTEGUI (CCRPM), que significó el paso de la lucha por la Reconstitución a una fase superior de su desarrollo.
Este es el Resultado, hasta hoy, de la lucha por la
reconstitución del partido de Mariátegui. Falta, desde luego, un largo espacio
de tiempo para hacer posible la realización del Congreso Reconstituyente del
Partido. El análisis de los diversos aspectos, los diferentes problemas y las
numerosas tareas implicados en esta nueva fase de la Reconstitución, exigen
tratamiento específico.
17.01.2026.
¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!
Acerca de las
Contradicciones Antagónicas en el Seno del Pueblo
E. I.
Para tener una visión completa de las contradicciones existentes en el seno del pueblo, no solo es necesario tener en cuenta las contradicciones no antagónicas, sino también las contradicciones antagónicas. Aunque la adopción de una táctica correcta implica la consideración de una serie de factores nacionales e internacionales, ella es posible solo si se parte de una correcta comprensión de las contradicciones no antagónicas y las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo.
En febrero de 1957, Mao señaló:
Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de clase. (Obras escogidas, t. V).
Como es de conocimiento común, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo está determinada por las contradicciones de un determinado período histórico, particularmente por su contradicción principal. Lenin señalaba que en toda nación moderna hay dos naciones. Por eso, puede decirse que en el actual período la contradicción principal en el Perú es entre la nación peruana, de una parte, y la gran burguesía intermediaria y el imperialismo de otra (la burguesía intermediaria no tiene sentido nacional). Así, pues, la nación de la que aquí hablamos, está conformada por la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la porción de la burguesía nacional (o burguesía media), que se opone al imperialismo en la medida en que éste impide el desarrollo del capitalismo nacional. La contradicción entre esta nación, de una parte, y la gran burguesía y el imperialismo, de otra, es una contradicción antagónica, y no puede tener su resolución sino en la conquista del poder político por las clases trabajadoras.
De manera pues que, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo es la línea demarcatoria que separa a quienes luchan por resolver revolucionariamente la contradicción principal y quienes desenvuelven una actividad limitada a procurar algunas reformas en el marco del régimen capitalista.
La lucha por la resolución de la contradicción principal no puede alcanzar el éxito sino sobre la base de la unidad de las clases trabajadoras en un frente revolucionario. Este frente debe presentar la necesaria correspondencia entre su programa y la posición política de sus militantes, así como la aplicación de una justa táctica en cada situación concreta de la lucha de clases.
Como señalaron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, «las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante.» Así, el reformismo en el seno del pueblo es, precisamente, un producto de la influencia de la ideología burguesa. Por eso, el reformismo no va más allá del régimen capitalista, pues apenas se propone algunos cambios compatibles con el mantenimiento de sus fundamentos: precisamente por eso es reformismo. En consecuencia, el reformismo no es parte de la identidad fundamental de los intereses de las clases que conforman el pueblo; por el contrario, representa una posición antagónica con respecto a dicha identidad, tanto en lo teórico como en lo estratégico.
Lo mismo puede decirse de las desviaciones del marxismo. Como se sabe, el marxismo es la ideología del proletariado, clase dirigente de las clases trabajadoras, la cual, en consecuencia, encarna, más que ninguna otra clase, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. Las desviaciones del marxismo son el resultado de la influencia de la burguesía entre el proletariado y las clases trabajadoras en general y, por esto, no hacen parte de aquella identidad fundamental.
Lenin subrayó:
El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios. («Quien mucho corre, pronto para»).
Específicamente sobre el liquidacionismo, el jefe bolchevique sostuvo:
las desviaciones del marxismo las engendra
la “contrarrevolución burguesa”, las engendra “la influencia burguesa en el
proletariado”. (…) el liquidacionismo
es una desviación “peligrosa” del marxismo, una desviación contra la actual es
necesario luchar, que refleja “la influencia burguesa en el proletariado. (…)
Los intereses de la burguesía, cuyo estado de espíritu es contrario a la
democracia, y, en general, contrarrevolucionario, exigen la liquidación, la disolución del viejo
Partido del proletariado. (…) El liquidacionismo no es solamente la liquidación
(es decir, la disolución, la destrucción) del viejo Partido de la clase obrera;
es también la destrucción de la
independencia de clase del proletariado,
la corrupción de su conciencia por las ideas burguesas. («La decisión de 1910»).
… el liquidacionismo desde la derecha, o liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, fue un viraje hacia el liberalismo. (…) debe estar claro para todos lo absurdo y ridículo de pensar en la posibilidad de “unir” o “conciliar este grupo [el grupo liquidacionista] con el partido obrero marxista. («Marxismo y liquidacionismo»).
Como
consecuencia, el conductor de la Revolución Rusa estableció la línea marxista
en el movimiento obrero:
La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas. («El imperialismo y la escisión del socialismo»).
¿Cuál es la esencia de los citados juicios y de la línea de Lenin para el movimiento obrero mundial? ¿Cuál es su fondo filosófico? La esencia de tales juicios y de tal línea, su fondo filosófico, es que, en el seno del pueblo, existen no solo contradicciones no antagónicas sobre la base de la identidad fundamental de sus intereses de clase, sino también contradicciones antagónicas entre el revolucionarismo y el reformismo, entre el marxismo y el oportunismo. Estas contradicciones se dan sobre la base de la no identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo y los intereses de clase del reformismo y el oportunismo; es decir, las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo son formas específicas del antagonismo entre el proletariado y la burguesía.
A propósito del antagonismo entre el marxismo y el
oportunismo, Mao precisó:
Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en realidad son enemigos. Declaramos abiertamente que lo son, que la contradicción que nos enfrenta a ellos es una contradicción entre nosotros y el enemigo. (Obras escogidas, t. V).
Esta
cita les alcanza también a los reformistas. Así, los oportunistas y los
reformistas que, desde un punto de vista formal actúan en el seno de las clases
trabajadoras, son enemigos en la medida en que mantienen una posición contraria
a la revolución, motivo por el cual se encuentran fuera de la identidad
fundamental de los intereses de clase del pueblo. El hecho de que oportunistas
y reformistas actúen en el seno de las clases populares, solo puede confundir a
quienes no abordan el problema desde la posición del proletariado y desde el
punto de vista de la dialéctica marxista. Mao sostuvo:
[Los derechistas] son del pueblo en un tercio de sí mismos, y de la contrarrevolución en los dos tercios restantes. (Ibídem).
A algunos marxistas blandengues o más o menos blandengues, estas palabras de Mao (que les alcanza asimismo a los reformistas) pueden parecerles demasiado fuertes. Pero es cierto: los derechistas y los reformistas son tales porque sus posiciones son contrarias a la revolución. Socialmente, actúan en el seno del pueblo y, por esto, algunos de ellos se ven forzados a utilizar una fraseología revolucionaria; pero, ideológica y políticamente, son agentes de la influencia de la burguesía entre las clases trabajadoras. Precisamente es el caso de los liquidadores, quienes utilizan un lenguaje marxista con el cual embaucan a algunas personas, siendo que lo que hacen en realidad es introducir el liberalismo en el seno del pueblo, precisamente en cuestiones tan fundamentales como el partido y el frente unido. En efecto, los liquidadores absolutizan las contradicciones no antagónicas en el seno del pueblo y, así, diluyen las contradicciones antagónicas; es decir, encubren este último tipo de contradicciones y, sobre esta base, promueven un partido doctrinariamente heterogéneo y un frente amalgama con la participación de reformistas y oportunistas. Todo esto es liberalismo. ¿A quién sirve este liberalismo? Ciertamente no al proletariado, sino a la burguesía.
Por lo expuesto, se entenderá que, en cuanto a la organización política del proletariado,
Es absurdo seguir considerando el oportunismo como un fenómeno interior de Partido. (…) Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la “unificación” (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca temporalmente agudo dolor. (Lenin, «El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional»).
En cuanto al frente unido, desde los años sesenta el Partido enfatizó que el frente no es para compartir con revisionistas y trotskistas. Esto está vigente hoy más que nunca.
El frente revolucionario del pueblo peruano no puede ser solamente el frente de las organizaciones de izquierda, sino fundamentalmente de la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la porción de la burguesía nacional que se opone al imperialismo; este frente debe tener como base la alianza obrero-campesina. En consecuencia, no es posible la construcción de un frente unido revolucionario con la pequeña burguesía reformista y con oportunismos de todo jaez.
Por eso, si la reconstitución del Partido de Mariátegui es posible únicamente sin el revisionismo y contra el revisionismo (el liquidacionismo es una forma específica de revisionismo); la construcción del frente unido revolucionario es posible únicamente sin el reformismo y contra el reformismo, sin el oportunismo y contra el oportunismo.
Resumiendo: no obstante actuar en el seno del pueblo, tanto el reformismo como el oportunismo son productos de la influencia de la ideología burguesa entre las clases trabajadoras y, por esto, sus posiciones son contrarias a la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. Sin embargo, ¿qué hace el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo? Pues, como está probado, postula un partido doctrinariamente heterogéneo, aunque lo niegue de la boca para afuera y con artimañas absolutamente contrarias a la moral revolucionaria; así como promueve también un frente amalgama con la participación de revisionistas, trotskistas y otras hierbas; es decir, niega que
las desviaciones del marxismo… las engendra “la influencia burguesa en el proletariado”; [niega que] El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios; [niega que] Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en realidad son enemigos; [niega que] Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la “unificación” (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso; [niega que] La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él.
Si la independencia de clase del partido proletario está dada por su adhesión al marxismo-leninismo y, por lo tanto, por la lucha contra el oportunismo y su depuración de las filas partidarias; el carácter revolucionario del frente unido está dado por la correspondencia necesaria entre el programa revolucionario y la posición política revolucionaria de sus militantes. En el Perú de hoy, son revolucionarios todos aquellos que, respondiendo a la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, luchan por la conquista del poder, y no simplemente por algunas reformas. Ningún programa revolucionario que pueda existir en el papel es pasible de implementarse si los militantes del frente no son revolucionarios, sino reformistas y oportunistas.
Sin embargo, en la medida en que los reformistas y oportunistas «son del pueblo en un tercio de sí mismos», en algunas circunstancias pueden actuar a favor de una u otra reivindicación concreta, o incluso de un conjunto de reivindicaciones concretas y, en estos casos, el frente revolucionario puede y debe actuar conjuntamente con ellos, pero preservando en todo momento su independencia política y orgánica.
Es decir, por aquello de que los reformistas (la izquierda de la derecha) y los oportunistas (la derecha de la izquierda), son de «la contrarrevolución en los dos tercios restantes» de sí mismos, lo que no puede hacerse es incorporarlos a las filas del frente unido revolucionario. Incorporar a estas filas a reformistas y oportunistas es negar el principio de la correspondencia necesaria entre el programa y la militancia del frente y, naturalmente, esto sería oportunismo, así como es oportunismo compartir con ellos en un frente cualquiera en las condiciones históricas consideradas en el presente artículo.
En conclusión, el liberalismo disfrazado de
marxismo-leninismo encubre el antagonismo entre el revolucionarismo y el
reformismo y entre el marxismo y el revisionismo, y, de esta forma, socava la
identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano y da paso al
liberalismo encarnado en la oportunista idea de la «unidad» con tuti quanti, idea que, dados aquel
encubrimiento y aquella socavación, se revela, para cualquier marxista que sea
capaz de pensar, como una flagrante amputación de la dialéctica marxista y un
evidente oportunismo en el trabajo frentista.
Nota:
El
artículo que sigue plantea la cuestión central del tipo de militante que
requiere llevar hasta el fin la reconstitución del partido de Mariátegui. Por
eso constituye una contribución a un apropiado entendimiento de la
Reconstitución y, al mismo tiempo, un impulso al cumplimiento práctico de esta
alta tarea.
01.11.2025.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
Forjar un Amplio Contingente
de Continuadores de Mariátegui
E. I.
SIN UN AMPLIO contingente de Continuadores de Mariátegui, no sería posible llevar hasta el fin la Reconstitución. Esto es evidente de por sí.
Pero ¿qué es un Continuador de Mariátegui? Y, ¿qué significa forjar un amplio contingente de Continuadores de Mariátegui?
En la lucha contra los opositores a la reconstitución del partido de Mariátegui, tempranamente se constataron entre los mismos cuatro cuestiones completamente contrarias al marxismo: liberalismo burgués, silenciamiento del antagonismo entre el marxismo y el revisionismo, no reconocimiento del antagonismo en el seno del pueblo y el uso de métodos criollos.
Promover, como lo hacen el grupo encabezado por Ramón García y el grupo encabezado por Jaime Lastra, un partido doctrinariamente heterogéneo, es introducir el liberalismo burgués en las filas del partido, es decir, es intentar reintroducir en las filas partidarias el pus del revisionismo.
Promover este tipo de partido falseando la verdad histórica del partido de Mariátegui, es recurrir a un método criollo que, por lo demás, es un caso entre otros muchos que pueden verificarse.
Etcétera, etcétera.
Como se sabe, finalmente el grupo de García renunció públicamente al marxismo-leninismo y a la reconstitución del partido de Mariátegui y, desde entonces, postula un partido-amalgama con la participación de todo tipo de oportunismo. Incluso, hace algunos años intentó unificarse con el PCP-Unidad, representante clásico en nuestro medio del revisionismo jruschoviano-brezhneviano.
En la misma línea, el grupo de Lastra, aunque en su discurso habla del marxismo-leninismo, el partido de clase, la Reconstitución, todos sus pasos prácticos, concretos, lo conducen al partido doctrinariamente heterogéneo. Por eso, en agosto de 2024 pretendió fundar un organismo de tipo partidario con la participación de liquidadores (grupos de García y Lastra) y marxistas (CRJCM), como paso inicial para la constitución de un partido-amalgama.
En el trabajo frentista, el grupo de García promueve un
“frente electoral” orientado a ser gobierno, y lo mismo hace el grupo de
Lastra.
Pero, si el partido de reconstituye PARA LA REVOLUCIÓN, el frente unido del pueblo peruano debe constituirse también PARA LA REVOLUCIÓN. El “frente electoral” está centrado precisamente en la lucha electoral, y pretender “hacer” la revolución desde el gobierno, es una idea profundamente equivocada. Por lo tanto, el frente unido del pueblo peruano no debe estar centrado en la lucha electoral sino en la lucha directa de las masas, así en la situación dada la lucha electoral tenga una particular importancia. En la situación dada, la forma principal de lucha es la lucha directa de las masas y la forma principal de organización es la organización frenteunionista de las masas (ver nuestro folleto “Por la construcción del frente unido del pueblo peruano”).
Así, pues, si el grupo de García ha renunciado hace años a la Reconstitución, el grupo de Lastra intenta llevarla al despeñadero.
Negar la crítica a semejante intento, como, en su desesperación, procuró hacerlo Lastra al decir que los hechos que dan cuenta de tal intento no son hechos sino “alucinaciones” de sus críticos, es una expresión de descomposición ideológica, una muestra de impotencia, un método criollo de la peor especie, una prueba de deshonestidad.
Etcétera, etcétera.
Mao señaló:
El marxismo-leninismo conlleva, entre otras cosas, la moral revolucionaria del proletariado. (Obras escogidas, t. V, p. 386).
Es
claro pues que, por los vergonzosos métodos criollos que usan a raudales, los
miembros de los dos grupos liquidacionistas mencionados arriba, no tienen
ninguna moral revolucionaria.
Por eso, es obvio que los promotores del liberalismo burgués, de un partido-amalgama, de un “frente electoral” y de los métodos criollos, no son ni pueden ser Continuadores de Mariátegui
También señaló Mao:
Creo que debemos trabajar honestamente; sin una actitud así nada se puede realizar en el mundo. (Obras escogidas, t. III, p. 41).
Precisamente los liquidadores han mostrado y continúan mostrando una extrema deshonestidad, y, como señala Mao, sin honestidad no se puede realizar nada en el mundo; por lo tanto, tampoco la reconstitución del Partido. Por eso, los liquidadores no son ni pueden ser Continuadores de Mariátegui.
Para ser Continuador de Mariátegui, se requiere, en primer lugar, estar adherido realmente a la verdad universal del marxismo-leninismo, a la verdad particular de la Creación Heroica de Mariátegui y a la línea política general de la revolución peruana.
En segundo lugar, es necesario desenvolver la crítica a quienes, en relación a la cuestión del partido y a la cuestión del frente unido, han suplantado el marxismo-leninismo con el liberalismo burgués; es decir, es necesario contribuir a la reconstitución del partido de Mariátegui y a la construcción del frente unido revolucionario del pueblo peruano.
En tercer lugar, se requiere estar consciente del carácter de clase del marxismo-leninismo y de la Creación Heroica de Mariátegui (pues ambos sirven al proletariado) y con el principio de la unidad de la teoría y de la práctica (principio que sostiene el carácter práctico del marxismo-leninismo). Brevemente, se requiere ser pensantes y operantes. Ser pensante significa tener la capacidad de orientarse por sí mismo conforme los principios del marxismo-leninismo; ser operante es saber actuar en conformidad con la acción colectiva del Partido.
En cuarto lugar, es necesario ser parte de la defensa, la actualización y el desarrollo de la Creación Heroica de Mariátegui y contribuir así al establecimiento de la base teórica de la Reconstitución.
En quinto lugar, se requiere buscar la verdad en los hechos.
En sexto lugar, se necesita estar ligado a las masas, ser aplicador del centralismo democrático y practicar permanentemente la crítica y la autocrítica.
En séptimo lugar, se requiere ser impulsor de la unidad y la cohesión necesarias para realizar la acción mancomunada, y oponerse a todo fraccionalismo y a todo anarquismo señorial.
En octavo lugar, se necesario ser luchadores contra la introducción en las filas de vanguardia del estilo filisteo de la burguesía de la adulación, las lisonjas mutuas y el protagonismo individualista, tanto en las relaciones internas como en las relaciones externas; o sea, es necesario desplegar el espíritu proletario, la disciplina consciente, la participación activa en la lucha contra el dogmatismo y el revisionismo (especialmente contra el liquidacionismo, forma específica de revisionismo).
En noveno lugar, se requiere estudiar sobre todo la realidad actual, propagandizar las ideas marxistas y organizar las fuerzas de la revolución.
En décimo lugar, es necesario ser consecuente con la lucha por la Reconstitución.
Sin duda, se requieren asimismo otras cualidades, pero, teniendo en cuenta la tarea de la Reconstitución, las anotadas son las principales.
Forjar un amplio contingente de Continuadores de
Mariátegui significa, pues, forjar un contingente de luchadores con las
características anotadas. ¡Precedamos en consecuencia!
03.10.2025.
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