jueves, 4 de junio de 2026

Stalin

Stalin. Historia y Crítica de una Leyenda Negra

(28)

Domenico Losurdo

Del «democratismo socialista» al Gran terror

 

Superada la «noche de San Bartolomé» que supone la colectivización forzada de la agricultura, con los terribles costes sociales y humanos que ésta conlleva, parece resurgir la política aperturista que ya conocemos. Después de la victoria sobre los kulaks, observa Kaganovich en septiembre de 1934 -es necesario «pasar completamente a la legalidad» y «educar a nuestra población en la conciencia socialista del derecho»; sí, sin la educación masiva de «160 millones de personas en el espíritu y conciencia del derecho» no es posible realizar «la consolidación de nuestra legalidad»355. Todavía más necesario por el hecho de que -afirma Stalin- en la URSS «no existen ya clases antagonistas». Y por lo tanto, no hay más motivos para retrasar la introducción del «sufragio universal, directo e igual, con voto secreto», «sufragio universal sin ninguna restricción»356. Deben ser por lo tanto rechazadas las enmiendas a la nueva Constitución, que proponen «privar de derechos electorales a los sacerdotes, a los ex-Guardias Blancos, a todos los "ex" y personas que no desarrolla un trabajo de utilidad pública». Y no tiene sentido tampoco querer conceder a estos grupos «solamente el derecho de elegir, sin el de ser elegidos»; del mismo modo en que conviene rechazar la propuesta de «prohibir la celebración de las ceremonias religiosas». Es posible ya avanzar hacia el «democratismo socialista»357.

 

No se trata solamente de propaganda, que desde luego juega aquí un papel importante. Estamos frente a una perspectiva que suscita una dura polémica con Trotsky, que identifica en el «liberalismo de Stalin» el abandono del «sistema de consejos» y el retorno a la «democracia burguesa», dentro de la cual, eliminadas las diferencias de clase, el sujeto es el «ciudadano» en su abstracción. Se entiende este giro: «la primera preocupación de la aristocracia soviética es la de desembarazarse de los Soviets de obreros y de los soldados del Ejército rojo»358.

 

Es clara la antítesis entre las dos perspectivas. Una vez sorteado el peligro que supone para la independencia del país un campo atrasado, hegemonizado por los kulaks y capaz de bloquear el flujo de suministros hacia la ciudad y el ejército, y quedando fijada la dictadura ejercida por el partido comunista, Stalin no tiene ningún interés en intensificar ulteriormente el conflicto político y social. Es el mismo apremio por la industrialización a marchas forzadas el que lo empuja a solicitar la promoción a puestos de responsabilidad en la fábrica y en la sociedad de elementos «sin partido». Es inadmisible asumir respecto a ellos una actitud de rechazo: «no hay nada más estúpido ni más reaccionario»; «nuestra política no consiste en absoluto en la transformación del partido en una casta cerrada», es necesario realizar el máximo esfuerzo en ganar para la causa del desarrollo industrial y tecnológico del país a especialistas, ingenieros y técnicos de la «vieja escuela»359.

 

Por otro lado, no es posible promover el desarrollo industrial y tecnológico sin incentivar también en el plano material la formación de obreros y técnicos especializados; de aquí la polémica contra la «nivelación "izquierdoide" de los salarios». Sólo tomando distancias de una tosca igualación retributiva es posible introducir una «organización del trabajo» más eficiente y acabar con la fluctuación de la fuerza-trabajo, sobre todo la más cualificada que se desplaza de una fábrica a otra en busca de una remuneración mejor y menos reducida. Además del igualitarismo y el desánimo de los trabajadores más cualificados y productivos, la política de incentivos debe acabar también con la falta de responsabilidad colectiva para introducir sin embargo el principio de «responsabilidad personal»360.

 

Es precisamente en este momento cuando maduran las condiciones para el estallido de la tercera guerra civil, la que diezmará las mismas filas bolcheviques. La postura de Trotsky es muy dura respecto a lo que define como «neo-NEP». Sí, en el PCUS se está produciendo un «giro a la derecha» cada vez más acentuado, con el favorecimiento de los «estratos superiores del pueblo» y el contraataque de los kulaks: la burocracia «está lista para hacer concesiones económicas a los campesinos, a sus intereses y a sus tendencias pequeño-burguesas». Más en general: también el «giro hacia el mercado», «cálculo monetario» y el aumento consiguiente del coste de la vida; lejos de avanzar hacia el socialismo y hacia la superación de las desigualdades y de la división en clases, la sociedad soviética está cada vez más caracterizada por «nuevos procesos de estratificación en clases»361. A esta involución en el plano interno correspondería, en lo que respecta a la política internacional, la renuncia a toda perspectiva revolucionaria e internacionalista por parte de la «burocracia conservadora y mezquinamente nacional de la Unión Soviética»362.

 

Ahora «¡el único principio-guía es el statu quo!», como se confirma por «el ingreso de la Unión Soviética en la Sociedad de naciones»363.

 

Obviamente, ni a Stalin ni a Trotsky se les escapa la gravedad creciente de la situación internacional, pero diferentes y contrapuestas son las respuestas que proporcionan al problema. En primer lugar se trata de concentrarse en el desarrollo económico y tecnológico de Rusia, retejiendo en la medida de lo posible las fracturas provocadas por la Revolución de octubre y por la colectivización del campo, y presentando al partido comunista como guía de la nación en su conjunto. La condición de estabilidad y equilibrio así alcanzada en el interior puede permitir al mismo tiempo impulsar una política de alianzas en el plano internacional apta para garantizar la seguridad de la URSS- Para Trotsky, sin embargo, por impetuoso que pueda ser el desarrollo industrial de la Rusia soviética, ésta podrá derrotar la agresión de los países imperialistas más avanzados sólo si cuenta con el apoyo del proletariado en los países agresores364. Por tanto, el acomodamiento con la burguesía en el plano interior e internacional no solamente constituye una traición sino que impide al país de Octubre atraer hacia sí al proletariado revolucionario internacional, único capaz de salvarlo. El choque entre estas dos perspectivas es inevitable. Kírov es asesinado el 1° de diciembre de 1934; el pacto franco-soviético es del 2 de mayo de 1935: entre estas dos fechas se coloca la amplia intervención arriba citada de Trotsky (¿A dónde está llevando la burocracia estalinista a la URSS?) que es publicado el 30 de enero de 1935 y que es una dura requisitoria contra la «neo-NEP» interna e internacional.

 

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(355) En Chlevnjuk (1998), p.  174.

(356) Ibid, p. 88 (= Stalin, 1952, p. 642).

(357) Ibid, pp. 87 y 89 (= Stalin, 1952, pp. 641 y 643).

(358) Trotsky (1988), pp. 653 y 664.

(359) Stalin (1971-73), vol. 13, pp. 61-2 y 69 = Stalin, 1952, pp. 427-8 y 434).

(360) lbid, pp. 51-5 (= Stalin, 1952, pp. 419-22).

(361) Trotsky (1988), pp. 568 y 570-5

(362) Trotsky (1997-2001), vol. 3, p. 437.

(363) Trotsky (1988), p. 569.

(364) lbid, pp. 930-1.

 

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