Stalin.
Historia y Crítica de una Leyenda Negra
(28)
Domenico
Losurdo
Del «democratismo socialista» al Gran terror
Superada la «noche de San Bartolomé»
que supone la colectivización forzada de la agricultura, con los terribles
costes sociales y humanos que ésta conlleva, parece resurgir la política
aperturista que ya conocemos. Después de la victoria sobre los kulaks, observa
Kaganovich en septiembre de 1934 -es necesario «pasar completamente a la
legalidad» y «educar a nuestra población en la conciencia socialista del
derecho»; sí, sin la educación masiva de «160 millones de personas en el
espíritu y conciencia del derecho» no es posible realizar «la consolidación de
nuestra legalidad»355. Todavía más necesario por el hecho de que
-afirma Stalin- en la URSS «no existen ya clases antagonistas». Y por lo tanto,
no hay más motivos para retrasar la introducción del «sufragio universal,
directo e igual, con voto secreto», «sufragio universal sin ninguna
restricción»356. Deben ser por lo tanto rechazadas las enmiendas a la
nueva Constitución, que proponen «privar de derechos electorales a los
sacerdotes, a los ex-Guardias Blancos, a todos los "ex" y personas
que no desarrolla un trabajo de utilidad pública». Y no tiene sentido tampoco querer
conceder a estos grupos «solamente el derecho de elegir, sin el de ser elegidos»;
del mismo modo en que conviene rechazar la propuesta de «prohibir la celebración
de las ceremonias religiosas». Es posible ya avanzar hacia el «democratismo
socialista»357.
No se trata solamente de propaganda, que
desde luego juega aquí un papel importante. Estamos frente a una perspectiva
que suscita una dura polémica con Trotsky, que identifica en el «liberalismo de
Stalin» el abandono del «sistema de consejos» y el retorno a la «democracia
burguesa», dentro de la cual, eliminadas las diferencias de clase, el sujeto es
el «ciudadano» en su abstracción. Se entiende este giro: «la primera
preocupación de la aristocracia soviética es la de desembarazarse de los Soviets
de obreros y de los soldados del Ejército rojo»358.
Es clara la antítesis entre las dos
perspectivas. Una vez sorteado el peligro que supone para la independencia del país
un campo atrasado, hegemonizado por los kulaks y capaz de bloquear el flujo de
suministros hacia la ciudad y el ejército, y quedando fijada la dictadura
ejercida por el partido comunista, Stalin no tiene ningún interés en
intensificar ulteriormente el conflicto político y social. Es el mismo apremio
por la industrialización a marchas forzadas el que lo empuja a solicitar la
promoción a puestos de responsabilidad en la fábrica y en la sociedad de
elementos «sin partido». Es inadmisible asumir respecto a ellos una actitud de
rechazo: «no hay nada más estúpido ni más reaccionario»; «nuestra política no
consiste en absoluto en la transformación del partido en una casta cerrada», es
necesario realizar el máximo esfuerzo en ganar para la causa del desarrollo
industrial y tecnológico del país a especialistas, ingenieros y técnicos de la
«vieja escuela»359.
Por otro lado, no es posible promover
el desarrollo industrial y tecnológico sin incentivar también en el plano material
la formación de obreros y técnicos especializados; de aquí la polémica contra
la «nivelación "izquierdoide" de los salarios». Sólo tomando
distancias de una tosca igualación retributiva es posible introducir una
«organización del trabajo» más eficiente y acabar con la fluctuación de la
fuerza-trabajo, sobre todo la más cualificada que se desplaza de una fábrica a
otra en busca de una remuneración mejor y menos reducida. Además del
igualitarismo y el desánimo de los trabajadores más cualificados y productivos,
la política de incentivos debe acabar también con la falta de responsabilidad
colectiva para introducir sin embargo el principio de «responsabilidad
personal»360.
Es precisamente en este momento cuando
maduran las condiciones para el estallido de la tercera guerra civil, la que
diezmará las mismas filas bolcheviques. La postura de Trotsky es muy dura
respecto a lo que define como «neo-NEP». Sí, en el PCUS se está produciendo un
«giro a la derecha» cada vez más acentuado, con el favorecimiento de los
«estratos superiores del pueblo» y el contraataque de los kulaks: la burocracia
«está lista para hacer concesiones económicas a los campesinos, a sus intereses
y a sus tendencias pequeño-burguesas». Más en general: también el «giro hacia
el mercado», «cálculo monetario» y el aumento consiguiente del coste de la
vida; lejos de avanzar hacia el socialismo y hacia la superación de las
desigualdades y de la división en clases, la sociedad soviética está cada vez
más caracterizada por «nuevos procesos de estratificación en clases»361.
A esta involución en el plano interno correspondería, en lo que respecta a la
política internacional, la renuncia a toda perspectiva revolucionaria e internacionalista
por parte de la «burocracia conservadora y mezquinamente nacional de la Unión
Soviética»362.
Ahora «¡el único principio-guía es el
statu quo!», como se confirma por «el ingreso de la Unión Soviética en la
Sociedad de naciones»363.
Obviamente, ni a Stalin ni a Trotsky
se les escapa la gravedad creciente de la situación internacional, pero diferentes
y contrapuestas son las respuestas que proporcionan al problema. En primer
lugar se trata de concentrarse en el desarrollo económico y tecnológico de
Rusia, retejiendo en la medida de lo posible las fracturas provocadas por la
Revolución de octubre y por la colectivización del campo, y presentando al
partido comunista como guía de la nación en su conjunto. La condición de estabilidad
y equilibrio así alcanzada en el interior puede permitir al mismo tiempo impulsar
una política de alianzas en el plano internacional apta para garantizar la
seguridad de la URSS- Para Trotsky, sin embargo, por impetuoso que pueda ser el
desarrollo industrial de la Rusia soviética, ésta podrá derrotar la agresión de
los países imperialistas más avanzados sólo si cuenta con el apoyo del
proletariado en los países agresores364. Por tanto, el acomodamiento
con la burguesía en el plano interior e internacional no solamente constituye
una traición sino que impide al país de Octubre atraer hacia sí al proletariado
revolucionario internacional, único capaz de salvarlo. El choque entre estas
dos perspectivas es inevitable. Kírov es asesinado el 1° de diciembre de 1934; el
pacto franco-soviético es del 2 de mayo de 1935: entre estas dos fechas se
coloca la amplia intervención arriba citada de Trotsky (¿A dónde está llevando la
burocracia estalinista a la URSS?) que es publicado el 30 de enero de 1935 y
que es una dura requisitoria contra la «neo-NEP» interna e internacional.
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(355)
En Chlevnjuk (1998), p. 174.
(356)
Ibid, p. 88 (= Stalin, 1952, p. 642).
(357)
Ibid, pp. 87 y 89 (= Stalin, 1952, pp. 641 y 643).
(358)
Trotsky (1988), pp. 653 y 664.
(359) Stalin (1971-73), vol. 13, pp.
61-2 y 69 = Stalin, 1952, pp. 427-8 y 434).
(360) lbid, pp. 51-5 (= Stalin, 1952,
pp. 419-22).
(361) Trotsky (1988), pp. 568 y 570-5
(362) Trotsky (1997-2001), vol. 3, p.
437.
(363) Trotsky (1988), p. 569.
(364) lbid, pp. 930-1.
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