jueves, 4 de junio de 2026

Filosofía

Bernstein y el Materialismo

Jorge Plejanov

EN EL NÚMERO 34 de “Neue Zeit” el señor Bernstein ha publicado la segunda parte de sus “Problemas del socialismo”, y en ellas analiza "en qué medida es realista el socialismo contemporáneo y en qué medida es una ideología”1. El método que aplica el autor a esta investigación me parece absolutamente inapropiado. Por tal motivo, me propongo criticar este método en un artículo ulterior. Aquí me interesa tan sólo el llamado del señor Bernstein —la vuelta a Kant “hasta cierto punto”. “Profano en la teoría del conocimiento —dice el señor Bernstein— no pretendo aportar a la cuestión tratada nada más que un pensamiento de profano. Pero me siento obligado a reconocer que mi interés directo por Kant ha sido suscitado por un artículo de Konrad Schmidt en el erudito apéndice del “Vorwaerts”2.

Impulsado, pues, y apoyado por la prosa filosófica del señor Konrad Schmidt, Bernstein comunica a los otros profanos que “un materialismo puro o absoluto es exactamente tan espiritualista como un idealismo puro o absoluto. Ambas posiciones se limitan a dar por supuesto, aunque desde puntos de vista diferentes, que el pensamiento y la existencia son idénticos. Al fin de cuentas, estas posiciones sólo se diferencian por sus formas de expresión. Por el contrario, los nuevos materialistas apoyan sus principios tan resueltamente en el punto de vista de Kant como lo han hecho la mayoría de los más grandes investigadores de la naturaleza en nuestros días”.

Estas conclusiones son sumamente interesantes. Pero ¿qué es este “materialismo puro o absoluto”? El señor Bernstein no tiene respuesta a esto; en vez de responder, cita en una nota la definición de uno de los “nuevos” materialistas, que habla totalmente “en el sentido de Kant”: “Sólo creemos en el átomo”3.

Evidentemente, según la opinión del señor Bernstein, los materialistas “puros o absolutos” no podrían aceptar de ninguna manera el pensamiento que se acaba de citar, y la forma en que se expresa: “¿En qué medida” encuentra un apoyo este concepto de Bernstein en la historia de la filosofía? That is the question. Este es el problema.

¿Dónde debemos situar a Holbach? ¿Entre los materialistas “puros” o entre los “nuevos”? Evidentemente, entre los primeros. Pero ¿qué pensaba Holbach sobre la materia?

Las citas siguientes habrán de aclararnos este punto.

“No conocemos la esencia de ningún objeto, si por la palabra esencia entendemos algo que constituye la naturaleza propia de éste; conocemos tan sólo la materia a través de las sensaciones y las ideas que suscita en nosotros; a continuación nosotros la juzgamos, bien o mal, de acuerdo con la constitución de nuestros órganos”4 (Holbach).

Y más adelante:

“Para nosotros es materia lo que excita de alguna manera nuestros sentidos externos —y las propiedades que atribuimos a las diversas sustancias dependen de las distintas impresiones o cambios que ellas producen en nosotros”5.

He aquí otra cita breve y característica:

“No conocemos ni la esencia ni la verdadera naturaleza de la materia, aunque estamos en condiciones de definir algunas de sus propiedades y cualidades de acuerdo a la forma en que obra sobre nosotros”6

Interroguemos ahora a otro materialista “puro”: Helvecio, ¿Tiene la materia la capacidad de sentir? Helvecio contesta a esta pregunta —de la cual se ocuparon muchos filósofos franceses del siglo XVIII, y a la cual habremos de volver más adelante— de la siguiente manera: “Sobre este punto se ha discutido mucho tiempo. Tan sólo muy tarde se ha llegado a formular la pregunta —¿sobre qué se discute exactamente?— y a tener de la palabra “materia” un concepto más exacto. Si en esta discusión se hubiera comenzado por definir exactamente el sentido de la palabra materia, entonces habríamos descubierto que los hombres, por así decirlo, son los creadores de la materia"7. Esto me parece mucho más claro que la expresión: “Sólo creemos en el átomo”.

Yo he expuesto las ideas filosóficas de Holbach y Helvecio en mi libro Ensayos Sobre la Historia del Materialismo. Por esta razón no he de ocuparme ahora más detalladamente de tales ideas. Tan sólo habré de observar que para Helvecio la existencia de los cuerpos fuera de nosotros es únicamente verosímil. Helvecio se burla de las “fantasías filosóficas”. En su opinión, debemos marchar junto a la observación y detenernos en el momento en que ésta ya no es posible, teniendo el valor de ignorar lo que aún no se puede conocer.

Robinet, autor del libro De la Nature, señala: “Nosotros, por nuestra naturaleza, no somos capaces de conocer lo que constituye la esencia de un objeto; dada nuestra constitución no contamos con medio alguno para conocerla. El conocimiento de las esencias (des essences) está más allá de nuestras fuerzas”.

En otra parte de la obra citada, Robinet escribe: “Sobre su propia esencia el alma no sabe más que sobre las otras esencias. Tan poco puede penetrar dentro de sí misma como dentro de la masa del cuerpo a ella unido, cuyas fuerzas de crecimiento no siente y no se ve”. ¿Acaso no está esto dicho plenamente en el sentido de Kant?

Escuchemos ahora a La Mettrie, ese enfant perdu de la filosofía materialista, un hombre que asustaba a los más audaces por su audacia. La Mettrie observa:

“La esencia del alma del hombre y de los animales nos es desconocida y siempre lo será, del mismo modo que la esencia de la materia y del cuerpo... Pero si bien no tenemos ninguna idea de la esencia de la materia, en cambio nos vemos forzados a reconocer las cualidades que descubrimos en la materia con nuestros sentidos externos”8.

En su Abrégé des Systémes La Mettrie escribe, al hacer una crítica de la filosofía de Spinoza:

“Nuestra alma no llega a conocer los objetos exteriores: tan sólo conoce algunas propiedades aisladas de ellos, totalmente relativas y abstractas. En último término, la mayoría de nuestros sentidos o nuestras ideas dependen hasta tal punto de nuestros órganos que también los primeros cambian cuando los últimos experimentan, por su parte, cambios”9.

En este punto, uno de los materialistas más “absolutos”, como vemos, habla también plenamente en “el sentido de Kant”. Y ante semejantes declaraciones resulta cómica en sumo grado la proposición “Sólo creemos en el átomo”, que el señor Bernstein cita como algo absolutamente "nuevo”.

¿Es posible que el señor Bernstein imagine que Friedrich Engels no sabía que sólo creemos en el átomo? Hay que suponer que Engels sabía esto perfectamente10. Pero esto no le impidió combatir a la filosofía kantiana y escribir las siguientes líneas en su trabajo sobre Feuerbach: “Y si los neo-kantianos intentan remozar en Alemania la concepción de Kant, y los agnósticos quieren hacer lo mismo con la concepción de Hume en Inglaterra (donde no ha llegado nunca a morir del todo) estos intentos hoy, cuando aquellas doctrinas han sido refutadas en la teoría y en la práctica desde hace tiempo, representan científicamente un retroceso, y prácticamente no son más que una manera de aceptar el materialismo por debajo de cuerda y renegar de él públicamente”11.

¿Es posible que el señor Bernstein aduzca en contra de esto que el mismo Engels no ha comprendido claramente el punto tratado?

El señor Bernstein ha vivido muchos años en la cercanía de Friedrich Engels,12 pero no ha comprendido la filosofía de éste. Él, que ha estado en condiciones de hurgar con ambas manos en el rico tesoro del gran pensador, ha debido leer un articulito cuasi-filosófico del señor Konrad Schmidt para interesarse en las cuestiones filosóficas y formularse la pregunta: ¿en qué consiste exactamente la filosofía de mi maestro? Lo que es peor aún, le ha bastado enterarse de un par de paralogismos del señor Schmidt para echar por la borda toda esta filosofía. No es verosímil, pero así es. ¡Es muy penoso para la doctrina de Marx y Engels! ¡Y es muy penoso, principalmente, para el mismo señor Bernstein!

Pero, sea como fuere, no tenemos el más mínimo deseo de seguir el consejo de este “crítico” cuando nos invita a “volver a Kant”. Por el contrario, somos nosotros quienes le hacemos un llamado: ¡de vuelta... al estudio de la filosofía!

Al recomendarnos “la vuelta a Kant”, el señor Bernstein intenta apoyarse en el artículo del señor Stern: El materialismo económico y el materialismo de las ciencias naturales, publicado en Neue Zeit.13 Stern es incomparablemente más competente en el terreno filosófico que Bernstein, y sus artículos han merecido la plena atención de nuestros lectores.

Mientras el señor Bernstein “hasta cierto punto” nos lleva de vuelta a Kant, el señor Stern nos habla del viejo Spinoza y propone la vuelta a la filosofía de este noble y genial pensador judío. Esto es otra cosa, algo mucho más razonable que la invitación del señor Bernstein. En verdad, tiene importancia y es interesante la investigación del problema que consiste en saber si hay algo común entre las ideas filosóficas de Marx y Engels y las de Spinoza.

Ante todo, para tener la posibilidad de responder correctamente a esta pregunta, debemos aclarar cómo entiende la auténtica esencia del materialismo el señor Stern. Stern escribe:

"El materialismo de las ciencias naturales, cuyo representante fue en la antigua Grecia Demócrito y su escuela, en el siglo pasado los enciclopedistas y en nuestros tiempos Karl Vogt, Ludwig Büchner, etc., y el materialismo económico de Marx y Engels, a pesar de tener un nombre en común, representan dos teorías distintas, vinculadas a distintas zonas del pensamiento. La primera incluye la explicación de la naturaleza, en particular la de la relación entre la materia y el espíritu; la segunda propone una explicación de la historia, de la marcha y los acontecimientos de la misma y, en tal forma, constituye una teoría sociológica”.

No es así de ningún modo.

En primer lugar, la filosofía de los “enciclopedistas” no se limitaba a investigar la relación entre la materia y el espíritu; por el contrario, intentaba al mismo tiempo explicar la historia por medio de una concepción materialista. En segundo lugar, Marx y Engels fueron materialistas no sólo en el terreno de la investigación histórica, sino que también lo fueron respecto de la concepción de la relación entre el espíritu y la materia. Finalmente, es del todo erróneo poner en la misma canasta al materialismo de los “enciclopedistas” y al de Vogt y de Büchner. También puede decirse que estos dos materialismos son “dos teorías completamente distintas”.

"El pensamiento básico de la filosofía natural materialista —continúa diciendo Stern— se expresa al decir que la materia es algo absoluto y existe eternamente; todo lo espiritual (lo psíquico: sentimientos, percepciones, voluntad, pensamiento) es un producto de la materia. La materia encierra fuerzas infinitas (Stoff und Kraft) que, sus líneas generales pueden equipararse al movimiento, también eterno. Gracias a la interacción de las diversas fuerzas en los complejos organismos animales, surge en ellos el espíritu, el cual desaparece asimismo al extinguirse el organismo. Todo es transitorio —también lo son los deseos y las acciones de los hombres— está regido por la ley de causalidad y depende de causas materiales”.

De esta manera se presenta a Stern la doctrina materialista. ¿Está en lo cierto? ¿Es posible aplicar, por ejemplo, estas definiciones suyas al materialismo de los enciclopedistas?

Conviene previamente, antes de responder, hacer la observación de que, en este caso, la designación de “enciclopedistas” es totalmente inexacta y se presta a confusiones. De ningún modo puede decirse que todos los enciclopedistas hayan sido materialistas. Por otro lado, en la Francia del siglo XVIII hubo materialistas que no escribieron ni una sola línea de la Enciclopedia14. Basta como prueba nombrar al mismo La Mettrie.

Sea dicho esto de pasada. Lo esencial consiste aquí en que ni los materialistas entre los “enciclopedistas” ni La Mettrie pensaban que todas las fuerzas de la materia podían ser reducidas al movimiento. El señor Stern, evidentemente, ha sido inducido a un error por las palabras de personas que, a pesar de su desconocimiento de la historia del materialismo, no pueden privarse del placer de hablar de él. Esto se puede demostrar inmediatamente del modo más irrecusable.

En esta ocasión he de empezar por ceder la palabra a La Mettrie.

El lector ya sabe que el concepto de materia de La Mettrie está totalmente alejado —como el cielo de la tierra— de cualquier tipo de dogmatismo. Pero de todos modos debemos detenernos un poco más en su filosofía.

La Mettrie era simplemente un cartesiano, que de modo consecuente pensaba y enriquecía su inteligencia con todos los conocimientos biológicos de su tiempo. Descartes había afirmado que los animales no son otra cosa que máquinas, es decir, que en ellos no existe en absoluto eso que se llama vida psíquica. La Mettrie cree bajo palabra la opinión de Descartes y observa que, si Descartes tiene razón, entonces el hombre no es más que una máquina, puesto que no hay ninguna diferencia esencial entre el hombre y el animal. De aquí el título de su célebre libro, L’Homme Machine (El hombre máquina). Pero como el hombre no está desprovisto en ningún modo de vida psíquica, La Mettrie llega más adelante a la conclusión de que también los animales están dotados de vida psíquica. De aquí proviene el título de otra de su obra: Les animaux plus que machines. Por otra parte, La Mettrie pensaba que el mismo Descartes, en secreto, compartía esta opinión. “Pues si bien franca y claramente nos asegura que entre el hombre y los animales existe una diferencia esencial, es evidente que esto constituye una simple escapatoria, una figura estilística, etc.” Y aunque La Mettrie define al hombre como una máquina, al proceder así no quiere de modo alguno que ‘‘todas las fuerzas de la materia puedan ser reducidas al movimiento”. Por el contrario, con esto desea expresar Mettrie algo completamente distinto. En su opinión, el pensamiento es una de las propiedades de la materia. “Hasta tal punto — escribe—; me parece el pensamiento no separado de la materia organizada, que lo tengo nada más que por una propiedad de esta última, como la electricidad, la fuerza motriz, la impenetrabilidad, la dilatación, etcétera”.15

El señor Stern, sin duda, afirmará basándose en esto que para La Mettrie el pensamiento es tan sólo una propiedad de la materia orgánica, y que en esto radica precisamente el talón de Aquiles de todo materialismo. “Es totalmente inexplicable —escribe en el artículo citado— el modo en que aparece la sensación (elemento básico de la vida psíquica) en la célula viva de repente, como un disparo de revólver; es menester llegar a la conclusión que también a los cuerpos inorgánicos les es inherente un psiquismo mínimo y simple que crece y se complica a medida que se asciende por la escala de los seres vivientes.” Así es. Pero La Mettrie nunca ha afirmado lo contrario. Aquí se limita a plantear la cuestión, sin decidirse a darle respuesta definida. “Es menester convenir —escribe— en que no sabemos si la materia posee una capacidad directa de sensación o tan sólo una capacidad de adquirirla por influencia de cambios que son propios tan sólo de los cuerpos orgánicos”.16

En su obra L’Homme plante (El hombre planta) expresa La Mettrie su pensamiento de modo algo distinto y esto lo vuelve más definido. “Entre todos los seres vivos — escribe— el hombre es el más dotado de alma, como tenía que ser, y la planta es el ser que posee el grado mínimo de alma.” En este pensamiento radica esencialmente toda la teoría de la materia animada. Pero La Mettrie desecha esta teoría, arguyendo que “el alma” de los vegetales y minerales es algo absolutamente rudimentario. “¿De qué alma me habláis? —exclama— ¡Un alma que no tiene ningún impulso, ningún deseo, ninguna pasión, ningún defecto o virtud, y que no se ve afectada por ninguna preocupación respecto de las necesidades del cuerpo!”.17

El señor Stern pasa a comentar el XIII Teorema de la Segunda Parte de la Ética de Spinoza, en donde se dice que todos los individuos (individua) están animados en diverso grado (quamvis diverais gradibus)18.

El lector comprende ahora que para La Mettrie tiene una importancia decisiva el grado de animación. Un ser inanimado era para él un ser en el cual la capacidad de sensación no se había elevado hasta un cierto mínimo. Y si La Metrie declara que “el pensamiento” es el fruto de la organización, al expresarse así quiere decir que tan sólo en los "individuos” orgánicos se encuentran las formas relativamente elevadas de “animación”.

Es por tal motivo que no veo ninguna diferencia esencial entre el spinozismo y el materialismo de La Mettrie.

¿Cómo se presenta el problema para los "enciclopedistas”?

“La primera capacidad que encontramos en el hombre viviente, y que es menester separar de todas las otras —dice Holbach— es la sensibilidad (es decir, la sensación. N. del A.)

“Por incomprensible que nos parezca a primera vista esta capacidad, descubrimos de todos modos, al realizar una investigación más ceñida, que tal capacidad es un producto de la naturaleza y de las propiedades de un cuerpo orgánico, del mismo modo que la fuerza de la gravedad, el magnetismo, la elasticidad, etc., son productos de la naturaleza o propiedades de los cuerpos... Algunos filósofos sostienen que la sensación es una propiedad general de la materia; en el caso dado sería inútil investigar de dónde procede esta propiedad suya, que nos es conocida a través de sus manifestaciones. Si aceptamos semejante hipótesis, es posible entonces diferenciar dos clases de percepciones, del mismo modo que en la naturaleza se distinguen dos clases de movimiento —uno conocido bajo el nombre de fuerza viva y otro que se llama fuerza de inercia— una clase activa o viva de percepción, y otra pasiva o inerte. En el último caso la animación de la sustancia se produciría tan sólo en ausencia de obstáculos que le impidan ser activa y receptiva. En una palabra: la percepción representa ya una propiedad que puede ser trasmitida, como el movimiento, y adquirida mediante la organización, ya una propiedad inherente a toda materia. En un caso y en el otro el receptáculo no puede ser una sustancia incorpórea, como se concibe al alma humana”.19

El señor Stern puede ver por sí mismo que la filosofía materialista de Holbach no tiene nada en común con la doctrina que él atribuye a los "enciclopedistas”.

Holbach sabía muy bien que no todas las fuerzas de la materia pueden ser reducidas al movimiento y nada tiene que decir en contra de la hipótesis de “una materia inanimada”; pero Holbach no se detiene en esta hipótesis, pues su atención es atraída por otra tarea. Holbach se esfuerza, ante todo, por presentar pruebas de que no es necesario presuponer la existencia de una sustancia incorpórea para explicar los fenómenos de la vida psíquica...20.

Demos un paso más. Holbach no fue el único autor del “sistema de la naturaleza”. Diderot fue un notable colaborador de esta obra. Diderot era materialista, ¿Qué clase de materialismo era el de este hombre, a quien con más derecho que a ningún otro se puede dar el nombre de “enciclopedista”?

Diderot demostró tener vínculos con Spinoza en el breve artículo “Spinosiste”, impreso en el tomo decimoquinto de la Enciclopedia.

"No se debe —escribe Diderot— confundir a unos y otros, a los viejos con los nuevos spinozistas. Los últimos parten del principio fundamental de que la materia es capaz de sentir y afirman este pensamiento poniendo el ejemplo del huevo, un cuerpo sin vida, en estado de transformación continua, invariable bajo el influjo de un calor creciente, que se convierte en un ser vivo dotado de sensación, y también se refieren al crecimiento de cada animal, que en un principio es tan sólo un simple punto y sólo gracias a la asimilación de sustancias vegetales y otras, que le sirven de alimento, aumenta de tamaño y llega a ser un cuerpo vivo y sensible. De aquí se extrae la conclusión de que existe tan sólo la materia y de que su existencia constituye la explicación suficiente de todos los fenómenos. En lo referente al resto, ellos sustentan firmemente todas las conclusiones del antiguo spinozismo.”

De todo esto no se desprende claramente cuál es la opinión de Diderot sobre la primacía del nuevo spinozismo en comparación con el antiguo. Pero es absolutamente indudable que Diderot consideraba al spinozismo una doctrina justa, y que no temía las conclusiones que se derivan de ella. En términos generales, puede decirse que Karl Rosenkranz tenía toda la razón cuando escribía en su conocido libro Obras y Vida de Diderot (t. 1, pág. 149): “Un spinozismo secreto —que se inicia especialmente con Boulainvilliers— se puede reconocer en todos los franceses que han pasado del sensualismo al materialismo...”

¿Y cuál es la actitud de los materialistas del siglo XIX hacia el problema que nos interesa?

Ludwig Feuerbach consideraba con mucha prevención a los materialistas franceses del siglo XVIII. “No hay nada más falaz —escribe— que atribuir el origen del materialismo alemán al Système de la Nature o incluso al paté de foie trufado de La Mettrie”.21 De todos modos, el mismo Feuerbach tenía ambos pies plantados sobre el terreno del materialismo francés.

Así, por ejemplo, escribe en su trabajo Del espiritualismo y del materialismo: “Para el pensador abstracto... el pensamiento es un acto independiente del cerebro, pero para el médico es una actividad cerebral”22. Es esto justamente lo que deseaba demostrar La Mattrie en su obra L’Homme machine. “La medicina, la patología general, constituyen la patria y el origen del materialismo”, escribe Feuerbach un poco más adelante23. Exactamente lo mismo afirma La Mettrie. Todos saben que la propia enfermedad sirvió a La Mettrie de punto de partida para sus reflexiones sobre la relación entre alma y cuerpo.

“Pero la medicina no constituye el origen de un materialismo descabellado y abstracto, sino... de un materialismo inmanente que se sostiene en nombre del ser humano —dice Feuerbach—. Justamente este es el punto de vista de Arquímedes en la discusión entre materialismo y espiritualismo, dado que en tal discusión no se habla, al fin de cuentas, de La divisibilidad o no divisibilidad de la materia, sino de la divisibilidad e indivisibilidad del hombre... No de la materia que se encuentra fuera del hombre, sino de la materia que se encuentra en el cerebro humano. En una palabra, en esta discusión se habla tan sólo —cuando se lleva a cabo con la participación de la cabeza— de la cabeza del hombre”24

Del mismo modo consideran esta disputa La Mettrie, Holbach y muchos otros materialistas entre los “enciclopedistas”. Y justamente por haber sido esta su opinión es que ellos, salvo excepciones muy escasas, adoptaron una actitud bastante indiferente hacia la teoría de la “animación” de esa materia que “se encuentra en el cerebro humano”. El punto de vista de Feuerbach al respecto también era el de los materialistas franceses.

Al mismo tiempo, es indiscutible que Feuerbach deseaba marchar junto con los materialistas hasta un punto determinado, y no más allá. Feuerbach declaró repetidas veces que la verdad no estaba para él “ni en el materialismo, ni en el idealismo, ni en la filosofía, ni en la psicología”! ¿De dónde provenía este rechazo de la teoría, que constituye esencialmente su visión peculiar?

Engels lo ha explicado: “Feuerbach identificaba al materialismo con la forma peculiar que adquirió esta visión del mundo en un determinado momento histórico: exactamente en el siglo XVIII.” En lo que se refiere propiamente al materialismo francés, Feuerbach lo confundía “con esa versión degradada y vulgarizada de materialismo del siglo XVIII que sigue existiendo en las cabezas de los naturalistas y médicos y que se encontraba en la década 1850-60 en Büchner, Vogt y Moleschott”25. Voy más lejos que Engels y digo: “Feuerbach no sabía que en el siglo XIX él era el auténtico restaurador del materialismo del siglo XVIII, y un representante de dicho materialismo con todos sus méritos y con todas sus insuficiencias”26.

Feuerbach sostenía la opinión —compartida en la actualidad por el señor Stern— de que los materialistas franceses reducían todas las fuerzas de la materia al movimiento. Yo ya he demostrado que este punto de vista es absolutamente falso y que al respecto los materialistas franceses no fueron más “materialistas” que el mismo Feuerbach. Pero el rechazo por parte de Feuerbach del materialismo francés merece mucha atención, puesto que caracteriza tan fuertemente su propia concepción del mundo como la concepción del mundo de Marx y Engels.

Según Feuerbach, el origen del conocimiento es, en psicología, totalmente diferente de su origen en fisiología. Pero ¿en qué consiste la diferencia entre estas dos fuentes del conocimiento? Feuerbach nos da una respuesta muy característica. “Lo que para mí es, subjetivamente, un acto espiritual, tiene también en sí mismo un carácter objetivo, es un acto material, perceptible”27. Como vemos, esto es Lo mismo que dice el señor Stern: “Así, por ejemplo, el hambre —considerada desde un punto de vista material— es una insuficiencia de ciertos jugos corporales; considerada desde el punto de vista psíquico, el hambre es una sensación de insatisfacción; la hartura, desde un punto de vista material, la supresión de una insuficiencia del organismo y, desde el punto de vista psíquico, es una sensación de satisfacción.” El señor Stern es, pues, un spinozista. Ergo... Feuerbach también participa del punto de vista de Spinoza.

Y, en realidad, no cabe ninguna duda de que Feuerbach fue tan spinozista como lo fue en su tiempo Diderot.

Basta releer las obras de este filósofo con cierta atención, basta tener tan sólo un concepto claro del desarrollo de la filosofía moderna —empezando con Spinoza y terminando con Hegel— para no dudar de esto ni un solo minuto. “Spinoza es el verdadero culpable de la actual filosofía especulativa, Shelling es su restaurador y Hegel su realizador” —dice en uno de sus más notables trabajos—28. “El secreto”, el verdadero sentido del spinozismo —según Feuerbach— es la naturaleza. “¿Qué significado tiene, después de un prolijo examen, eso que Spinoza llama lógica o metafísicamente la sustancia y —teológicamente— Dios? No otra cosa que la naturaleza”. Este es el lado más fuerte de Spinoza y constituye su “importancia y mérito históricos”. (La naturaleza es también “el secreto” de Feuerbach. N. del A.) Pero Spinoza no estaba en condiciones de romper con la teología. “La naturaleza no es para él la naturaleza; la esencia sensible y antiteológica de la naturaleza es para él tan sólo una esencia abstracta, metafísica y teológica... Spinoza convierte a la naturaleza en una divinidad.” En esto consiste su insuficiencia fundamental. Feuerbach corrige esta insuficiencia del spinozismo reemplazando el sive por el aut. “No el «Deus sive natura», sino el «Aut Deus aut natura» es la palabra verdadera; cuando se identifica a Dios con la naturaleza... nos quedamos sin Dios y sin naturaleza y tan sólo con un místico anfibio hermafrodita”29.

Ya hemos visto que justamente fue este el reproche de Diderot al spinoziamo en el artículo “Spinozist” de la Enciclopedia. El señor Stern puede sostener que Spinoza no merecía este reproche, pero esto aquí no nos atañe. Aquí nos ocupamos de dar una respuesta al problema que consiste en saber qué relación tiene la filosofía de Feuerbach con la filosofía de Spinoza. La respuesta debe rezar así:

La filosofía materialista de Feuerbach fue engendrada por el spinozismo, del mismo modo que la filosofía de Diderot.

Pasemos ahora a Marx y Engels.

Estos escritores fueron durante algún tiempo entusiastas adherentes de Feuerbach. Engels escribía: “Todos estábamos en éxtasis (después de la aparición de La Esencia del Cristianismo. N. del A.) y todos nos volvimos en ese entonces discípulos de Feuerbach. Con qué entusiasmo saludó Marx la nueva concepción y cuán fuertemente influyó sobre él —a pesar de todos sus reparos críticos— puede apreciarse en el libro La Sagrada Familia.30

Pero ya en febrero de 1845 el penetrante genio de Marx descubrió la “falla principal” del materialismo de Feuerbach. Esa falla principal consiste en que en este filósofo “el mundo objetivo real, percibido por los sentidos, es considerado tan sólo bajo la forma de un objeto o de una visión, y no bajo su aspecto práctico, no de modo subjetivo”31. Esta crítica se convirtió en el punto de partida de una nueva fase en el desarrollo del materialismo y llevó a la explicación materialista de la historia. El prefacio a la Crítica a la Economía Política contiene lo que podría llamarse los “prolegómenos a toda sociología futura que pueda presentarse como ciencia”.

Pero debe observarse que la crítica de Marx-Engels no ataca el punto de vista fundamental del materialismo de Feuerbach, sino todo lo contrario.

Cuando Engels escribe que “es menester expulsar del campo de los materialistas a todos aquellos que tienen a la naturaleza por el comienzo fundamental”32 (ver su trabajo Ludwig Feuerbach), no hace más que repetir las palabras de Feuerbach: “La relación verdadera del pensamiento con la existencia consiste tan sólo en que la existencia es el sujeto y el pensamiento es el predicado; el pensamiento es un producto de la existencia, y ésta no lo es de aquél.”33 Y como el punto de vista de Feuerbach era el punto de vista de un spinozista, resulta claro que la concepción filosófica de Engels, identificable con la suya, no podía ser diferente.

Hablando estrictamente, la tesis según la cual el pensamiento deriva de la existencia y no la existencia del pensamiento, no está de acuerdo con la doctrina de Spinoza. Pero el “pensamiento” al cual se hace referencia aquí es “la conciencia humana”, es decir, “la forma más elevada de pensamiento” y hacer anteceder la existencia a este pensamiento no excluye de ninguna manera la “materia animada”. Para convencerse de ello basta leer la página 236 del segundo tomo de las Obras de Feuerbach, y las páginas 21 y 22 del trabajo de Engels sobre Ludwig Feuerbach. Todos conocen el desprecio con que se ha expresado Engels del materialismo de Karl Vogt, Moleschott, etc. Justamente es este el materialismo al cual se le puede reprochar que reduce todas las fuerzas de la materia al movimiento. Estoy convencido de que la publicación de los manuscritos que constituyen la herencia literaria de Marx y de Engels habrá de arrojar nueva luz sobre este punto34. Mientras esto no ocurra, habré de afirmar con plena convicción que Marx y Engels en el período de su evolución nunca abandonaron el punto de vista de Spinoza35. Y esta convicción mía se basa, entre otras cosas, en el testimonio personal de Engels.

En el año 1889, después de visitar la Exposición Internacional de París, me dirigí a Londres con el propósito de entablar conocimiento personal con Engels. Tuve el placer de mantener con él, durante una semana entera, prolongadas conversaciones sobre diferentes temas prácticos y teóricos. En una ocasión, nuestra conversación tocó temas filosóficos. Engels juzgó con severidad el hecho de que Stern hablara de modo impreciso sobre “la filosofía materialista de la naturaleza”. “Entonces — pregunté yo—, en su opinión, el viejo Spinoza tenía razón al decir que el pensamiento y la extensión no son otra cosa que dos atributos de una sustancia igual.” “Por supuesto —contestó Engels—, el viejo Spinoza tenía toda la razón”.

Si mis recuerdos no me engañan, a nuestra conversación asistió el conocido químico Schorlemmer y P. B. Axelrod. Schorlemmer ya no está entre nosotros, pero el otro participante aún goza de buena salud y, en caso de necesidad, no se negará a confirmar la exactitud de mi versión.

Debo añadir aún dos palabras. En su prefacio al trabajo sobre Feuerbach se refiere Engels, entre otras cosas, a la “sopa ecléctica” que se brinda a los oyentes de las universidades alemanas bajo el nombre de filosofía36. Durante la vida de Engels esta notable sopa aún no había sido ofrecida a los obreros alemanes. Ahora Konrad Schmidt se ha puesto a distribuirla entre ellos. Justamente es el gusto de esta sopa que ha “excitado” tan felizmente al señor Bernstein. Konrad Schmidt ha creado una escuela. Por lo tanto, no es superfluo un análisis de esta sopa ecléctica mediante un reactivo enérgico: la filosofía de Marx y Engels. Es lo que habré de hacer en un artículo venidero.37

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(1) Se refiere al artículo de Bernstein “Das realistische und das ideologische Moment dea Sozialismus. Probleme dea Sozialismus’', 2, serie II. (“El aspecto realista y el aspecto ideológico del socialismo. Problemas del socialismo*'), publicado en “Die Neue Zeit”, nº 34, del 27 de mayo de 1898, págs. 225-232, y n’ 39, del 25 de junio, págs. 338-395.

(2) Se refiere al comentario de Konrad Schmidt sobre un libro de M. Kronenberg, “Kant, Sein Leben und seine Lehre", Manchen, 1897 (Kant: su vida y su doctrina, Munich, 1897), publicado en la tercera separata del “Vorwaerts” del 17 de octubre de 1897.

(3) Bernstein cita el libro de Strecker, “Welt un Menschheit" (Mundo y humanidad).

(4) Ver Holbach, “Sistema de la naturaleza" (ed. rusa), 1940, p. 273. La numeración de Plejánov es errónea: en la versión original la cita no está en la p. 1, sino en la p. 91.

(5) Ibíd., p. 25.

(6) Ibíd., p. 289.

(7) Ver Helvecio, “Del espíritu" (ed. rusa), 1938, págs. 22-23. Ibíd., II, p. 116 (ed. de 1781).

(8) Ver La Mettrie, "Tratado del alma” (Obras escogidas) (ed. tusa), 1925, págs. 45 y 47.

(9) Ver La Mettrie, “Resumen de los sistemas filosóficos" (Obras escogidas) (ed. rusa), pág. 159.

(10) Plejánov atribuye aquí erróneamente a Engels la aceptación de la idea de que sólo creemos en el átomo. Engels, del mismo modo que Marx, se basaba en la teoría materialista del reflejo, la cual reconoce la cognoscibilidad de la materia en su esencia. Plejánov hace una concesión al agnosticismo en esta formulación, que se une en él a otro error: la aseveración de que nuestras representaciones no son copias, reflejos de las cosas, sino jeroglíficos, signos de loa objetos.

(11) Ver K. Marx y F. Engels, “Obras", t. II (ed. rusa), 1955, pág. 352.

(12) E. Bernstein fue desde 1881 redactor del órgano del partido Socialdemócrata alemán —el "SozialDemokrat”—, que se editaba en Zúrich. En 1888 Bernstein se trasladó a Londres, en donde por influencia del trade-unionismo y la literatura económica burguesa empezó a inclinarse hacia el revisionismo. Su primera intervención abierta como “crítico” del marxismo se produjo hacia fines de la última década del siglo.

(13) Jakob Stern, “Der okonomische und der naturphilosophische Materialismos”, “Die Neue Zeit", 1897, Bd. II, n’ 36, 5-VI, S. 301-304.

(14) La “Enciclopedia o Diccionario de las Ciencias, las Artes y los Oficios” fue publicada en la segunda mitad del siglo XVIII (1751-1780). Diderot y D’Alembert se propusieron como objetivo de la lucha contra el “viejo orden” y el clericalismo, el desarrollo de una ciencia, una filosofía y un arte progresistas.

(15) Ver La Mettrie, Él hombre máquina (Obras escogidas), (ed rusa), pág. 226.

(16) Ver La Mettrie, Tratado del alma (Obras escogidas), (ed. rusa), pág. 55.

(17) Ver La Mettrie, El hombre planta (Obras escogidas), (ed. rusa), pág. 245.

(18) Ver B. Spinoza, Ética (ed. rusa), 1932, pág. 47.

(19) Ver Holbach, “Sistema de la naturaleza", 1940 (ed. rusa), págs. 65-66.

(20) En el texto alemán se lee: “La existencia de lo que el cristianismo llama alma".

(21) Ver L. Feuerbach, “Sobre el esplritualismo y el materialismo" (Obras filosóficas escogidas), (ed. rusa), t. I, 1955, pág. 508.

(22) Ibíd., págs. 512-513.

(23) Ibíd., pág. 517.

(24) Ibíd.

(25) Citas del estudio de Engels, "Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana".

(26) En el texto alemán la frase continúa así: “...su odio noble, orgulloso, revolucionario a toda “teología" y su inclinación hacia el idealismo cuando se trata de explicar fenómenos y procesos sociales".

(27) Ver L. Feuerbach, "Contra el dualismo del cuerpo y el alma, la carne y el espíritu” (Obras filosóficas escogidas), (ed. rusa), t. L págs. 213-214.

(28) Todas las citas de esta página y la anterior han sido tomadas del cuarto tomo de las “Obras de Feuerbach", en la edición alemana publicada en Leipzig en 1847, de su trabajo “Geschichte der neuero Philosophie von Bacon, von Verulam, bis Benedict Spinoza, VII, Benedict Spinoza”.

(29) Ibid.

(30) Ver F. Engels, “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”.

(31) K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach".

(32) Ver K. Marx y F. Engels, “Obras escogidas", t. II (ed. rusa), pág. 350.

(33) Ver L. Feuerbach, “Tesis fundamentales para la reforma de la filosofía” (Obras filosóficas escogidas), (ed. rusa), t. I, pág. 128.

(34) Ver K. Marx, “Tesis de doctorado. La diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la filosofía de la naturaleza de Epicuro".

(35) Plejánov, al subrayar aquí el punto de partida común del materialismo promarxista y el actual materialismo (al encarar el problema fundamental de la filosofía) no discrimina las diferencias esenciales que separan al marxismo del materialismo pre-marxista. Al respecto comete un error cuando vincula el materialismo de Spinoza al punto de vista filosófico de Marx y Engels. En su ensayo “Sobre la supuesta crisis del marxismo”, Plejánov dice que "...el materialismo actual no representa nada más que un spinozismo más o menos consciente de sí”.

(36) Ver K. Marx y F. Engels, “Obras escogidas” (ed. rusa), t. II, pág. 340.

(37) En el texto alemán se menciona el título propuesto para este futuro artículo; “Friedrich Engels y Konrad Schmidt”.


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